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Traidor, inconfeso y martir

Chapter 37: ESCENA PRIMERA
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About This Book

The drama unfolds as a masked traveler and a young woman arrive at an inn and soon provoke suspicion, rivalries, and official scrutiny that escalate into interrogation, public accusation, and judicial consequences. Told in verse across three acts, the piece moves between intimate domestic scenes and formal proceedings, following how personal loyalties, social honor, and political pressures collide. Plot developments hinge on questions of identity and credibility, while motifs of deception, reputation, and conscience shape characters’ choices and propel the work toward a moral and legal reckoning.

ACTO TERCERO


Sala de juicio en la cárcel de Madrigal; decoración ochavada; puerta en el fondo, balcón a la derecha; al mismo lado, en la segunda caja, puerta del calabozo de Gabriel; puerta a la izquierda de otros calabozos; mesa con papeles, plumas, etc.

ESCENA PRIMERA

DON RODRIGO y el ESCRIBANO sentados a la mesa. GABRIEL, al otro lado, en un sillón, reclinado tranquilamente y como ajeno a lo que pasa a su alrededor.

Escribano

Señor, no duerme.

Don Rodrigo

¡Y qué mal

halláis en que esté despierto!

Escribano

Que escucha.

Don Rodrigo

Es un hombre muerto;

que escuche o no, ya es igual.

Seguid leyendo.

Escribano

(Tomando un papel de la mesa).

Un oficio

del doctor don Juan de Llanos.

Don Rodrigo

¿Qué dice?

Escribano

Que siendo vanos

interrogatorio y juicio,

mandó dar a fray Miguel

el día cinco tormento.

Don Rodrigo

¿Y qué dijo?

Escribano

Que era invento

suyo lo de que Gabriel

fuese el rey de Portugal,

y que le movió a este engaño

el intento de hacer daño

al rey don Felipe.

Don Rodrigo

Mal

salió. Leed.

Escribano

(Otro papel).

Petición

de la nominada Aurora.

Don Rodrigo

¿Y qué pide esa señora?

Escribano

Ver a su padre.

Don Rodrigo

Ocasión

llegará de que le vea

cuando ya esté confirmada

su sentencia, y no haya nada

que temer de que así sea.

Escribano

(Otro papel).

Novena solicitud

del preso llamado Arbués.

Don Rodrigo

¿Qué solicita?

Escribano

Que pues

vivirá poco, en virtud

de haberle dado tormento,

se quisiera despedir

de su amo antes de morir.

Don Rodrigo

No ha lugar, hasta el momento

de la real confirmación

de su sentencia, si vive.

Escribano

(Otro papel).

Una carta que os escribe

un anónimo.

Don Rodrigo

Cuestión

diaria: amenazas, fieros

contra mí y contra los jueces;

juramentos y sandeces

de rebeldes o embusteros.

Adelante.

Escribano

(Una carta).

Para el juez

don Rodrigo Santillana;

carta que hoy por la mañana

llegó de Madrid.

Don Rodrigo

¡Pardiez!

¿Y así os estabais con ella?

Dadme acá.

Escribano

Tomad, señor.

Don Rodrigo

De César.

(Leyendo).

«Del portador

mañana sobre la huella

partiré; media jornada

ante mí llegará a esa;

ni puedo darme más priesa,

ni hasta hoy el rey hizo nada».

¡Gracias a Dios que tocamos

con el fin de ese proceso!

Llevaos vos todo eso,

escribano.

Escribano

¿Os esperamos?

Don Rodrigo

Afuera; y si algún correo

de la corte de Madrid

llega, que suba decid

al punto.

Escribano

Está bien.

(Vase el Escribano).

ESCENA II

GABRIEL y DON RODRIGO

Don Rodrigo

(Aparte).

(Deseo

salir de este laberinto

de una vez, y de ese hombre

a quien no hay nada que asombre...

Me repugna por instinto

su faz sombría, su calma

imperturbable, su irónica

conversación, su sardónica

sonrisa eterna en el alma

me infunde honda inquietud;

no me acusa la conciencia

de nada; di la sentencia

con severa rectitud,

conforme a ley; mas presiento

que hay en todo esto un arcano

que sondar pretendo en vano,

y deja sin complemento

la obra de la justicia.

Exhala ese hombre satánico

no sé qué de frío y pánico...

creo que me maleficia.

En fin, poco resta ya.

Si el rey la sentencia envía

firmada, el último día

es hoy que calor le da).

¿Dormís, señor Espinosa?

Gabriel

Casi, casi, señor juez.

Don Rodrigo

¿Cansado estáis?

Gabriel

¡Psé!

Don Rodrigo

¿Tal vez

sufrís dolor?

Gabriel

Poca cosa.

Don Rodrigo

Aquí estaréis menos mal

que en la torre.

Gabriel

Así, así.

Don Rodrigo

Que apreciarais más creí

mi caridad.

Gabriel

Me es igual.

Don Rodrigo

¿Tal vez me guardéis rencor

por la cuestión?

Gabriel

¡Brava pena,

por Dios!

Don Rodrigo

La prueba fue buena.

Gabriel

Pudo haber sido mejor.

Don Rodrigo

Confieso que fue cruel

el tormento.

Gabriel

Pero inútil.

Don Rodrigo

¿Lo creéis prueba tan fútil?

Gabriel

Ya lo veis.

Don Rodrigo

Volver a él

podemos aún.

Gabriel

Volvierais

a ver lo que visteis ya.

Don Rodrigo

La segunda vez quizá

vuestro silencio rompierais.

Gabriel

Sería inútil fatiga;

y ahora que hablamos de esto:

de hoy para entonces protesto

contra todo cuanto diga,

y ya podéis calcular

que si en negar doy después

lo dicho, el tormento es

cuento de nunca acabar.

Don Rodrigo

¡Por Dios que sois hombre fuerte,

y gastáis bizarro humor!

Gabriel

Soy terco y sufro el dolor;

soldado soy, y a la muerte

voy como iba a la pelea.

Más despacio o más aprisa

hallarla es cosa precisa,

mas temerla es cosa fea.

Don Rodrigo

Vuestra fortaleza envidio;

mas noto en vos ha un momento

tristeza y decaimiento.

¿Qué tenéis?

Gabriel

Que me fastidio.

Don Rodrigo

¡Que os fastidiáis!

Gabriel

Sí, ¡a fe mía!

Tres meses ha que aquí estoy,

y lo mismo hacemos hoy

que hicimos el primer día.

«Traed ante mí a Gabriel».

Vuelta vos a preguntar,

vuelta yo a no contestar.

«Al calabozo con él».

Vuelve a amanecer el día,

y vuelta a sacar al preso,

y vuelta a leer el proceso,

y vuelta a nuestra porfía.

«Hablad, señor Espinosa».

«No quiero, señor alcalde».

«Que habéis de hablar». «Que es en balde».

Y siempre la misma cosa.

No hubo más que la semana

en que me disteis tormento

que variara..., y ya me siento

casi bueno, Santillana.

Don Rodrigo

Me amedrenta, ¡vive Dios!,

vuestra eterna sangre fría.

Gabriel

También me amedrentaría

a mí si fuera que vos.

Don Rodrigo

Vuestra osada impavidez

cada día toma creces.

Gabriel

Sí; parecemos a veces

el reo vos y yo el juez.

Don Rodrigo

Es que a veces hallo en vos

un misterio que me espanta.

Gabriel

Es que tal vez se levanta

tras mí la sombra de Dios.

(Pausa).

Don Rodrigo

Yo creo, señor Gabriel,

que no es Dios, es Satanás

quien de vos está detrás

y os dejáis llevar por él.

¿A qué hombre de sano seso

no hartarán vuestras pesadas

continuas balandronadas

que llenan vuestro proceso?

¿Qué son, pues, vuestras preñeces

y siniestras reticencias?

Gabriel

Tembladlas si son sentencias;

reídlas si son sandeces.

Don Rodrigo

Pues bien, hablad de una vez;

si ese secreto fatal

existe en vos, hacéis mal

de ocultarlo a vuestro juez.

Si sois quien juzgan, decid:

«Yo soy...», probadlo y mañana...

Gabriel

(Variando de tono).

¿Cuándo vendrá, Santillana,

el capitán de Madrid?

Don Rodrigo

Hoy mismo.

Gabriel

¡Gallardo mozo!

¿Le queréis mucho?

Don Rodrigo

¡Pues no,

si es mi hijo!

Gabriel

También yo

le quiero bien, y me gozo

con su vista. ¿No tenéis

más hijos que él?

Don Rodrigo

Nada más.

Gabriel

¿Ni los tuvisteis jamás?

Don Rodrigo

Las preguntas que me hacéis,

Espinosa...

Gabriel

Son sencillas.

Don Rodrigo

No sé qué se me figura

que hay en ellas...

Gabriel

¿Por ventura

os pregunto maravillas?

Tenéis un hijo mancebo,

y si hubisteis os pregunto

más que él: no hay en el asunto

de mi cuestión nada nuevo.

Don Rodrigo

¡Jamás podré conseguir

arrancar de vuestra faz

ese sarcasmo tenaz!

¿Qué me tenéis que decir?

Acabemos, Espinosa.

Esa burlona altivez

que excita en mí alguna vez

una duda misteriosa,

¿qué significa? Parece

que no os habéis convencido

de que juzgado habéis sido,

de que ya no os pertenece

vuestra acotada existencia,

y de que según la ley,

no falta sino que el rey

confirme vuestra sentencia.

¡Parece que en vuestro pecho

hay una firme esperanza

que os da audacia y confianza

contra esa ley!

Gabriel

Es un hecho.

Don Rodrigo

¿Creéis que no firmará

el rey?

Gabriel

Esa es cuenta suya:

Dios por sus obras le arguya.

¿Le habéis vos escrito ya

que pido verle?

Don Rodrigo

Y respuesta

aguardo; ¿mas si apeláis

al rey en vano?

Gabriel

Me ahorcáis,

y se concluyó la fiesta.

(Don Rodrigo mira a Gabriel con asombro;
Gabriel permanece sereno
).

Don Rodrigo

Sospéchome que estáis loco.

Gabriel

Tal vez.

Don Rodrigo

Aunque más bien creo

que es otro vuestro deseo.

Gabriel

¿Cuál creéis?

Don Rodrigo

Ir poco a poco

dilatando la sentencia,

dando a entender que aún hay más

que esperar de vos.

Gabriel

Quizás.

Don Rodrigo

Pues os protesto en conciencia

que hoy tendrá fin vuestro afán;

si el rey no manda otra cosa,

morís hoy por Espinosa

o por rey don Sebastián.

Basta ya de dilaciones,

harto estoy de toleraros,

y me es ya en mengua trataros

con tales contemplaciones.

Vos sois un villano artero,

un taimado embaucador

que esperáis suerte mejor

dándoos por un caballero.

¡Un necio, que aguarda en vano

negándose a confesar,

que nunca le han de matar

como a un infame pagano

sin confesión! Mas caéis

en un miserable error:

si no queréis confesor,

sin confesor moriréis.

Y no tenéis que cansaros,

no me habéis de aventajar;

si os obstináis en callar,

yo me obstinaré en ahorcaros.

¿Ahora os reís?

Gabriel

(Riéndose).

¡Sí, por Dios!

Y no he muerto ya de hastío,

porque, como ahora, me río

mil veces.

Don Rodrigo

¿De qué?

Gabriel

De vos.

Don Rodrigo

¿De mí? En vuestra audacia loca

os olvidáis, a mi ver,

que os puedo mandar poner

una mordaza en la boca.

Gabriel

Verme mudo os diera pena;

de que es, estoy persuadido,

mi voz para vuestro oído

el cantar de la sirena.

¡Mordaza! De vuestros fieros

a pesar, si lo procuro

de veras, estoy seguro,

señor juez, de adormeceros.

Ya me parece, ¡pardiez!,

que comenzáis a turbaros

y no he hecho más que miraros.

Os voy a decir, buen juez,

lo que pasa en vuestro pecho:

a fuerza de ir y volver

sobre quién soy, de mi ser

un fantasma os habéis hecho.

Ser superior me imagina

vuestra razón exaltada,

y mi voz y mi mirada

os deslumbra y os fascina.

Todo se os vuelven antojos;

si os miro fijo a la cara,

os turbáis como si echara

fuego o sangre por los ojos.

Si en paz llevando mi suerte

alejo de mí el pesar,

creéis que voy a evitar

con algún filtro la muerte.

Si de vuestros hijos hablo

y por ellos os pregunto,

no parece sino asunto

de vendérselos al diablo.

Si levanto un poco más

estando solos la voz,

cual de una bestia feroz

teméis, y os echáis atrás.

Y si al hablarme con saña

vos, os hablo con violencia,

os dobláis en mi presencia

como ante el viento la caña.

Tan hondo y siniestro influjo

he adquirido sobre vos,

que, ¡no os lo demande Dios!,

me estáis suponiendo brujo.

No parece, Santillana,

sino que sabéis que puedo

haceros temblar de miedo

cuando me diere la gana.

¿Y no es verdad, don Rodrigo,

no es verdad que mi semblante

os está siempre delante,

que andáis, que soñáis conmigo?

¿No es verdad que se os alcanza

que tendrá alguna razón

al mostrar mi corazón

tan osada confianza?

¿No es verdad que todo cabe

en hombres, y que, tal vez,

en vuestra vida de juez,

hay algún secreto grave

que creéis hundido vos

en la eternidad oscura,

y que teméis por ventura

que me lo revele Dios?

¿No es verdad que cuando a solas

hablo con vos, don Rodrigo,

va vuestra alma en lo que os digo

como nave entre las olas,

esperando de un momento

a otro verse sumergida

por la mar embravecida

de mi airado pensamiento?

¿No es verdad que habéis cruzado

una vez el Portugal,

y cerca de Setubal,

en mitad de un despoblado,

un monasterio habéis visto

cuya sagrada vivienda

fue teatro de una horrenda

profanación?

Don Rodrigo

¡Jesucristo!

Gabriel

¿No es verdad que cuando clavo

mis ojos en vuestro rostro

os hielo el alma y os postro

a mis pies como un esclavo?

De rodillas, Santillana,

vuestra vida está en la mía,

viviréis más que yo un día:

si yo muero hoy, vos mañana.

Don Rodrigo

¡Dios me valga!

(Don Rodrigo se arrodilla).

Gabriel

¡Calla! ¿Y vos

lo tomáis como os lo digo?

Si esto es farsa, don Rodrigo,

serenaos, ¡vive Dios!

Don Rodrigo

¿Conque es decir?...

Gabriel

Que divierto

mi fastidio, Santillana.

Don Rodrigo

(Furioso).

No haréis lo mismo mañana.

Gabriel

(Con calma).

Ahorcándome hoy, no por cierto.

ESCENA III

DICHOS y el ALGUACIL

Alguacil

Su merced, el capitán

Santillana.

Gabriel

¡Que nos cae

del cielo!

Don Rodrigo

Y que el fallo trae

del rey.

Gabriel

Fin de nuestro afán.