ESCENA X
GABRIEL, DOÑA AURORA, DON RODRIGO, DON CÉSAR, el DOCTOR N. y ALGUACILES. A la parte exterior de la puerta, soldados. Después, el Verdugo
Alguacil
Las seis.
Gabriel
Partamos, pues.
Doña Aurora
¡Virgen María!
Gabriel, ¿qué es esto?
Gabriel
Mi destino, Aurora.
Doña Aurora
¡Tu destino!... ¡Mi mente se extravía!
Alguacil
(Anunciando).
El verdugo del rey.
(Se presenta el Verdugo con el dogal en la mano).
Doña Aurora
¡Dios mío! ¡Ahora
lo comprendo!... ¡Ay de mí!...
(Se desmaya en los brazos de don César, que la coloca en el sillón).
Don César
¡Mísera!
Gabriel
El día
concluye. Vamos, pues me faltaría
valor para dejarla si volviera
en sí. Pronto, marchemos.
Doctor
(A Gabriel, poniéndose a su lado).
Vos, conmigo.
Gabriel
Es inútil.
Doctor
Mirad.
Gabriel
Todo es en vano.
Doctor
¿Sin confesión iréis?
Gabriel
Ha que os lo digo
cuatro semanas ya.
Doctor
¿No sois cristiano?
Gabriel
Porque lo soy, si a confesarme accedo,
os tendré que decir lo que no puedo.
Velad por ella, capitán; se encierra
en ella sola cuanto amé en la tierra.
Don Rodrigo
Señor...
Gabriel
No os fatiguéis; empresa es vana.
Llegó, rey o impostor, mi último día
y moriré cual debo, Santillana.
Si impostor, con impávida osadía,
y si rey, con fiereza soberana.
(Vase, y todos tras él).
ESCENA ÚLTIMA
DON RODRIGO, DOÑA AURORA y DON CÉSAR
Don Rodrigo
A concebir mi mente no se atreve
de la verdad el espantoso arcano.
Por ser y por no ser perecer debe,
sí; pero no mi desdichada mano
a ciegas al patíbulo le lleve.
César, dame esa joya.
Don César
Cuando muera.
Don Rodrigo
Sepamos antes la verdad entera,
César.
Don César
Padre, excusad vana porfía;
con su secreto perecer quería
y he de cumplir su voluntad postrera.
Don Rodrigo
¡César!
Don César
Se lo juré.
Doña Aurora
(Volviendo en sí).
¡Ay! ¿Quién hablaba
aquí? ¿Sois vos, don César? ¡Qué terrible
pesadilla!
Don César
(Aparte).
(¡Infeliz!).
Doña Aurora
Sí, yo soñaba
sin duda... ¡Eran quimeras! Mas ¡qué horrible
sospecha! Ese silencio..., esa tristeza...
¿Qué sucede? ¡Ay de mí! Los pensamientos
no acierto a combinar en mi cabeza.
¿Y Gabriel? Aquí estaba unos momentos
hace. ¿Y Gabriel? Decid: ¿dónde está ahora?
¿Dónde está? Yo he soñado que venían
por él. Mas ¡qué rumor!...
(Ruido de voces dentro; doña Aurora se abalanza
a la ventana,
que abre, a pesar de don César que intenta
impedírselo).
Don César
Tened, Aurora;
tened, no os asoméis.
Doña Aurora
¡Ah! Me querían
engañar.
(Se asoma).
Allí va. Luces, soldados,
gente... ¡Ay! Yo veo, pero no concibo
lo que veo... Me envuelve el pensamiento
una niebla, un vapor calenturiento,
y no sé comprender lo que percibo.
Allí va. ¿Pero dónde se lo llevan
sin mí? Se paran... ¡El afán me ahoga!
¿Qué palos son aquellos que se elevan
allí? ¿Quién es aquel que con él sube?
¿Qué le ponen al cuello?... Es una soga.
¡Dios mío! Rasga la sangrienta nube
que me ofusca la mente... Un sacerdote.
¡Ah! Le van a matar... ¡Desventurados,
deteneos!... ¡Gabriel!... ¡Y yo, insensata,
que lo miraba estúpida! Malvados,
tened... Las manos sin oírme le ata.
(Volviéndose de repente a don Rodrigo).
Pero vos, ¡miserable!, que sois hombre,
venid..., gritad..., gritad..., alma cobarde,
conmigo... ¡Deteneos! Santillana,
gritad, a mí no me oyen, ¡en el nombre
de Dios! Gritad..., le quitan la escalera...
Gritad.
Don Rodrigo
Sí, que se salve aunque yo muera.
(Se acerca a la ventana y grita).
¡En el nombre del rey!...
Doña Aurora
¡Ay, es ya tarde!
(Cayendo de rodillas junto a la ventana).
Don César
(Dando el relicario a don Rodrigo).
¡Tomad: sepamos la verdad postrera!
(Don Rodrigo toma y abre con ansia el pliego y el relicario que le da don César. El relicario contiene un papel y un retrato envuelto: el pliego varios papeles. Lo primero que lee don Rodrigo es el papel del relicario: después registra con ansia los papeles del pliego, y después desenvuelve el retrato; todo con la mayor agitación y ansiedad. Doña Aurora permanece unos momentos de rodillas y se acerca después al grupo que forman don Rodrigo y don César).
Don Rodrigo
(Leyendo).
«En nombre de Dios. Quienquier que fueres,
juez, sacerdote o asesino, pena
de excomunión después que lo leyeres,
arroja al fuego este papel. El muerto
ha sido el rey don Sebastián».
Doña Aurora
¡A buena
hora lo ves, imbécil asesino!
Don Rodrigo
(Registrando el pliego).
Mi firma. Una escritura..., mi contrato
de boda...
(Desenvuelve el retrato).
Y esta, doña Inés Aldino.
Doña Aurora
(Quitándoselo).
¡Mientes! Es de mi madre ese retrato.
Don Rodrigo
(Tendiéndole los brazos).
¡Hija mía!
Doña Aurora
(Rechazándole).
¿Tu hija?... Eso tan solo
me faltaba. ¡Hija tuya! Alucinarme
quieres con ese nombre; mas el dolo
miserable comprendo. No lo intentes.
Tú no has podido la existencia darme.
Mientes, viejo feroz; dime que mientes.
Tú para que su muerte te perdone
me llamas hija tuya; mas te engañas.
Nada hay en mí que tu maldad abone;
para ti solo hay odio en mis entrañas.
Don Rodrigo
(De rodillas).
¡Hija mía!
Doña Aurora
¡Otra vez! No me lo digas,
no me lo expliques; comprender no quiero
que el ser infame que en tu seno abrigas
me pudo dar el ser. Muerta primero.
Don Rodrigo
(Asiéndola del vestido).
¡Calla, hija mía!
Doña Aurora
Suelta, no me sigas.
Don Rodrigo
¡Huyes de mí!
Doña Aurora
Por siempre.
Don Rodrigo
¿Me abandonas?
Doña Aurora
Como a mi madre tú.
Don Rodrigo
¿Nada en mi abono
te dice el corazón? Que me perdonas
dime.
Doña Aurora
Mi madre, contra ti, ante el trono
de Dios, venganza pide.
Don Rodrigo
¡Horrendo encono!
Doña Aurora
Si eres mi padre tú, ¿por qué te extrañas
del infernal rencor que arde en mis venas?
La que tiene tu sangre en sus entrañas,
solo puede tener sangre de hienas.
Suéltame, pues, de tu sangrienta mano.
Mi padre era Gabriel, y su asesino
y el de mi madre, tú.
Don Rodrigo
Pero el destino
te une hoy a mí.
Doña Aurora
(Desprendiéndose de él).
Lo intentarás en vano.
Muerta mejor que a tu existencia unida.
Reniego, huyo de ti; mi ser olvida
y el nombre de hija que tan mal empleas;
y ¡ojalá que infeliz como ellos seas!,
y ¡ojalá en mi lugar, fiero homicida,
de mi madre y Gabriel, junto a ti veas
la doble aparición toda tu vida!
(Don Rodrigo cae desplomado. Doña Aurora se va
por la puerta
del fondo. Don César la sigue tristemente. Cae el
telón).
FIN DEL DRAMA