WeRead Powered by ReaderPub
Traidor, inconfeso y martir cover

Traidor, inconfeso y martir

Chapter 46: ESCENA X
Open in WeRead

Explore more books like this:

About This Book

The drama unfolds as a masked traveler and a young woman arrive at an inn and soon provoke suspicion, rivalries, and official scrutiny that escalate into interrogation, public accusation, and judicial consequences. Told in verse across three acts, the piece moves between intimate domestic scenes and formal proceedings, following how personal loyalties, social honor, and political pressures collide. Plot developments hinge on questions of identity and credibility, while motifs of deception, reputation, and conscience shape characters’ choices and propel the work toward a moral and legal reckoning.

ESCENA X

GABRIEL, DOÑA AURORA, DON RODRIGO, DON CÉSAR, el DOCTOR N. y ALGUACILES. A la parte exterior de la puerta, soldados. Después, el Verdugo

Alguacil

Las seis.

Gabriel

Partamos, pues.

Doña Aurora

¡Virgen María!

Gabriel, ¿qué es esto?

Gabriel

Mi destino, Aurora.

Doña Aurora

¡Tu destino!... ¡Mi mente se extravía!

Alguacil

(Anunciando).

El verdugo del rey.

(Se presenta el Verdugo con el dogal en la mano).

Doña Aurora

¡Dios mío! ¡Ahora

lo comprendo!... ¡Ay de mí!...

(Se desmaya en los brazos de don César, que la coloca en el sillón).

Don César

¡Mísera!

Gabriel

El día

concluye. Vamos, pues me faltaría

valor para dejarla si volviera

en sí. Pronto, marchemos.

Doctor

(A Gabriel, poniéndose a su lado).

Vos, conmigo.

Gabriel

Es inútil.

Doctor

Mirad.

Gabriel

Todo es en vano.

Doctor

¿Sin confesión iréis?

Gabriel

Ha que os lo digo

cuatro semanas ya.

Doctor

¿No sois cristiano?

Gabriel

Porque lo soy, si a confesarme accedo,

os tendré que decir lo que no puedo.

Velad por ella, capitán; se encierra

en ella sola cuanto amé en la tierra.

Don Rodrigo

Señor...

Gabriel

No os fatiguéis; empresa es vana.

Llegó, rey o impostor, mi último día

y moriré cual debo, Santillana.

Si impostor, con impávida osadía,

y si rey, con fiereza soberana.

(Vase, y todos tras él).

ESCENA ÚLTIMA

DON RODRIGO, DOÑA AURORA y DON CÉSAR

Don Rodrigo

A concebir mi mente no se atreve

de la verdad el espantoso arcano.

Por ser y por no ser perecer debe,

sí; pero no mi desdichada mano

a ciegas al patíbulo le lleve.

César, dame esa joya.

Don César

Cuando muera.

Don Rodrigo

Sepamos antes la verdad entera,

César.

Don César

Padre, excusad vana porfía;

con su secreto perecer quería

y he de cumplir su voluntad postrera.

Don Rodrigo

¡César!

Don César

Se lo juré.

Doña Aurora

(Volviendo en sí).

¡Ay! ¿Quién hablaba

aquí? ¿Sois vos, don César? ¡Qué terrible

pesadilla!

Don César

(Aparte).

(¡Infeliz!).

Doña Aurora

Sí, yo soñaba

sin duda... ¡Eran quimeras! Mas ¡qué horrible

sospecha! Ese silencio..., esa tristeza...

¿Qué sucede? ¡Ay de mí! Los pensamientos

no acierto a combinar en mi cabeza.

¿Y Gabriel? Aquí estaba unos momentos

hace. ¿Y Gabriel? Decid: ¿dónde está ahora?

¿Dónde está? Yo he soñado que venían

por él. Mas ¡qué rumor!...

(Ruido de voces dentro; doña Aurora se abalanza a la ventana,
que abre, a pesar de don César que intenta impedírselo
).

Don César

Tened, Aurora;

tened, no os asoméis.

Doña Aurora

¡Ah! Me querían

engañar.

(Se asoma).

Allí va. Luces, soldados,

gente... ¡Ay! Yo veo, pero no concibo

lo que veo... Me envuelve el pensamiento

una niebla, un vapor calenturiento,

y no sé comprender lo que percibo.

Allí va. ¿Pero dónde se lo llevan

sin mí? Se paran... ¡El afán me ahoga!

¿Qué palos son aquellos que se elevan

allí? ¿Quién es aquel que con él sube?

¿Qué le ponen al cuello?... Es una soga.

¡Dios mío! Rasga la sangrienta nube

que me ofusca la mente... Un sacerdote.

¡Ah! Le van a matar... ¡Desventurados,

deteneos!... ¡Gabriel!... ¡Y yo, insensata,

que lo miraba estúpida! Malvados,

tened... Las manos sin oírme le ata.

(Volviéndose de repente a don Rodrigo).

Pero vos, ¡miserable!, que sois hombre,

venid..., gritad..., gritad..., alma cobarde,

conmigo... ¡Deteneos! Santillana,

gritad, a mí no me oyen, ¡en el nombre

de Dios! Gritad..., le quitan la escalera...

Gritad.

Don Rodrigo

Sí, que se salve aunque yo muera.

(Se acerca a la ventana y grita).

¡En el nombre del rey!...

Doña Aurora

¡Ay, es ya tarde!

(Cayendo de rodillas junto a la ventana).

Don César

(Dando el relicario a don Rodrigo).

¡Tomad: sepamos la verdad postrera!

(Don Rodrigo toma y abre con ansia el pliego y el relicario que le da don César. El relicario contiene un papel y un retrato envuelto: el pliego varios papeles. Lo primero que lee don Rodrigo es el papel del relicario: después registra con ansia los papeles del pliego, y después desenvuelve el retrato; todo con la mayor agitación y ansiedad. Doña Aurora permanece unos momentos de rodillas y se acerca después al grupo que forman don Rodrigo y don César).

Don Rodrigo

(Leyendo).

«En nombre de Dios. Quienquier que fueres,

juez, sacerdote o asesino, pena

de excomunión después que lo leyeres,

arroja al fuego este papel. El muerto

ha sido el rey don Sebastián».

Doña Aurora

¡A buena

hora lo ves, imbécil asesino!

Don Rodrigo

(Registrando el pliego).

Mi firma. Una escritura..., mi contrato

de boda...

(Desenvuelve el retrato).

Y esta, doña Inés Aldino.

Doña Aurora

(Quitándoselo).

¡Mientes! Es de mi madre ese retrato.

Don Rodrigo

(Tendiéndole los brazos).

¡Hija mía!

Doña Aurora

(Rechazándole).

¿Tu hija?... Eso tan solo

me faltaba. ¡Hija tuya! Alucinarme

quieres con ese nombre; mas el dolo

miserable comprendo. No lo intentes.

Tú no has podido la existencia darme.

Mientes, viejo feroz; dime que mientes.

Tú para que su muerte te perdone

me llamas hija tuya; mas te engañas.

Nada hay en mí que tu maldad abone;

para ti solo hay odio en mis entrañas.

Don Rodrigo

(De rodillas).

¡Hija mía!

Doña Aurora

¡Otra vez! No me lo digas,

no me lo expliques; comprender no quiero

que el ser infame que en tu seno abrigas

me pudo dar el ser. Muerta primero.

Don Rodrigo

(Asiéndola del vestido).

¡Calla, hija mía!

Doña Aurora

Suelta, no me sigas.

Don Rodrigo

¡Huyes de mí!

Doña Aurora

Por siempre.

Don Rodrigo

¿Me abandonas?

Doña Aurora

Como a mi madre tú.

Don Rodrigo

¿Nada en mi abono

te dice el corazón? Que me perdonas

dime.

Doña Aurora

Mi madre, contra ti, ante el trono

de Dios, venganza pide.

Don Rodrigo

¡Horrendo encono!

Doña Aurora

Si eres mi padre tú, ¿por qué te extrañas

del infernal rencor que arde en mis venas?

La que tiene tu sangre en sus entrañas,

solo puede tener sangre de hienas.

Suéltame, pues, de tu sangrienta mano.

Mi padre era Gabriel, y su asesino

y el de mi madre, tú.

Don Rodrigo

Pero el destino

te une hoy a mí.

Doña Aurora

(Desprendiéndose de él).

Lo intentarás en vano.

Muerta mejor que a tu existencia unida.

Reniego, huyo de ti; mi ser olvida

y el nombre de hija que tan mal empleas;

y ¡ojalá que infeliz como ellos seas!,

y ¡ojalá en mi lugar, fiero homicida,

de mi madre y Gabriel, junto a ti veas

la doble aparición toda tu vida!

(Don Rodrigo cae desplomado. Doña Aurora se va por la puerta
del fondo. Don César la sigue tristemente. Cae el telón
).

FIN DEL DRAMA