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Traidor, inconfeso y martir

Chapter 7: ESCENA IV
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About This Book

The drama unfolds as a masked traveler and a young woman arrive at an inn and soon provoke suspicion, rivalries, and official scrutiny that escalate into interrogation, public accusation, and judicial consequences. Told in verse across three acts, the piece moves between intimate domestic scenes and formal proceedings, following how personal loyalties, social honor, and political pressures collide. Plot developments hinge on questions of identity and credibility, while motifs of deception, reputation, and conscience shape characters’ choices and propel the work toward a moral and legal reckoning.

ACTO PRIMERO


Antesala de una posada de Valladolid. Puerta en el fondo, que da al exterior. Dos a la izquierda, que dan al interior. Ventana a la derecha.

ESCENA PRIMERA

BURGOA, que aparece; un CRIADO, que sale por el fondo.

Criado

Señor amo.

Burgoa

¿Qué hay?

Criado

Un hombre.

Burgoa

¿Qué quiere?

Criado

Veros.

Burgoa

Que pase.

Criado

Entrad aquí, seor hidalgo.

ESCENA II

BURGOA y el MARQUÉS, embozado.

Marqués

Buenas noches.

Burgoa

Dios le guarde.

Marqués

¿Eres tú el huésped?

Burgoa

Yo soy.

Marqués

¿Luis Burgoa?

Burgoa

Y Nao d’Andrade.

Marqués

¿Portugués?

Burgoa

Lo canta el nombre:

De Alfontes en el Algarbe.

Marqués

Paisanos somos.

Burgoa

¿Sois vos

también?...

Marqués

Escúchame y cállate.

Burgoa

Callo y escucho.

Marqués

Esta noche

vendrá a pedirte hospedaje

en esta posada un hombre,

cuyas señas voy a darte

para que no le equivoques.

Edad, cuarenta años; traje

negro, cabello rapado,

barba crecida, semblante

pálido, mirada de águila,

sonrisa triste, andar grave.

Burgoa

Con tantas señas, señor,

que le equivoque no es fácil.

Marqués

Aún faltan más; una dama

en su compañía trae

de apenas diecisiete años,

y haciendo veces de paje,

viene sirviéndoles a ambos

un veterano de Flandes,

en quien, por más que se afana

por tosco labriego en darse,

se revelan a la legua

las costumbres militares.

Lo mismo sea sentirles

a tus puertas acercarse,

con luz y sombrero en mano

saldrás hasta los umbrales:

mandarás de sus caballos

cuidar, y sus equipajes

subir a los aposentos

mejores que puedas darles.

Les servirás a su antojo

los más sabrosos manjares,

y los vinos más añejos,

y entretanto que ocuparen

cuarto en tu posada, en ella

no recibirás a nadie.

Yo toda entera la alquilo

para ellos. Ahí va parte

del gasto que hacerte puedan;

cuando esa suma se acabe,

te rellenaré esa bolsa:

lo que sobre, para gajes

del huésped y de los mozos.

Adiós, y silencio, Andrade.

Burgoa

Un momento, caballero,

¿Y si ese hombre preguntare

quién paga su gasto?

Marqués

Nada

digas.

Burgoa

¿Y si se obstinase

en saberlo?

Marqués

Guardarás

silencio, y la cuenta al darme,

tu silencio y sus porfías

pondrás como cantidades

en guarismos, y yo solo

veré las sumas totales.

Pero ten cuenta, Burgoa:

porque el oro que aquí ganes

crecerá con tu prudencia

y te se irá con tu sangre;

porque indiscreciones de oro

con hierro es bien que se atajen,

y fortuna que se canta

siempre se la lleva el aire.

Burgoa

Señor...

Marqués

Adiós, que no quiero

que aquí si llegan me hallen.

(Vase).

ESCENA III

BURGOA; después DON CÉSAR

Burgoa

¡Aventura más extraña!

alguna apuesta, algún lance

de amor: pero ¿qué me importa

a mí? Lo que es indudable

es que el bolsillo está lleno

de doblillas; ¿para gajes

las que sobren? ¡Bah! lo menos

ciento por veinte. Adelante.

Don César

(Saliendo).

Buenas noches.

Burgoa

¿Qué se ofrece?

Don César

Hablar con el dueño.

Burgoa

Habladle.

Don César

¿Eres tú?

Burgoa

Yo mismo.

Don César

¿Estamos

solos?

Burgoa

Sí.

Don César

Atento estame.

Tres personas a tu puerta

vendrán muy pronto a apearse;

un hombre galán, de pálido

rostro y de noble talante,

una dama tan hermosa

como pintan a los ángeles,

y un escudero que tiene

mezcla de asistente y paje.

Dale lo mejor que tengas,

como a príncipes regálales:

lo que no poseas, cómpralo,

y en el precio no repares.

Ahí tienes doscientos pesos

en oro: cuando los gastes

en su servicio, me pides

más, y si sobran, por gajes

te los embolsas, con ceros

sumas y cuentas cabales.

Burgoa

Caballero, perdonad:

pero habéis llegado tarde.

Don César

No te entiendo.

Burgoa

Un embozado

que salía cuando entrabais

os ha ganado la mano;

y para esos personajes

por quien os interesáis,

con palabras semejantes

a las vuestras ha alquilado

y pagado el hospedaje

de mi casa con el oro

de este bolsillo: miradle.

Don César

¿Y quién es ese embozado?

Burgoa

No le conozco.

Don César

¿Su traje,

su porte, ni sus palabras

indicios no pueden darte

de quién sea?

Burgoa

No, señor

militar; ni su semblante

vi jamás, ni haber oído

recuerdo en ninguna parte

su voz.

Don César

¿Es joven o viejo?

Burgoa

¿No le habéis visto?

Don César

En la calle

estaba ya cuando yo

llegaba a tu puerta, y casi

no puse atención en él.

Burgoa

Es un señor respetable,

de barba gris, noble y rico.

Don César

¿Noble y rico? ¿De qué sabes

que lo es si no le conoces?

Burgoa

Dan en él lo muy bastante

a conocer la riqueza,

su oro y modo de darle,

y la nobleza, además,

de su tono y de sus frases,

el aroma que se exhala

de su valona y sus guantes.

Don César

Pues, señor, ¡cómo ha de ser!

Dijiste bien, llego tarde.

Réstame, pues, solamente

mis ofertas reiterarte:

emplea ese oro a gusto

de quien lo da, y lo que falte

yo lo abono: y a otra cosa,

que el tiempo vuela. Melquiades,

acomoda los caballos

en la cuadra.

Burgoa

Dispensadme,

capitán; no puede ser.

Don César

¿Por qué?

Burgoa

Porque no hay vacante

un solo pesebre en ella.

Don César

Pues en ese caso dame

un cuarto a mí y una cama,

y que se vaya Melquiades

con los caballos.

Burgoa

Tampoco

puedo serviros.

Don César

¡Bergante!

¿Intentas burlas conmigo?

Burgoa

¡Dios me libre de burlarme

de tan gallardo mancebo!

Mas tengo orden terminante

de aquel embozado incógnito

de no recibir a nadie

por esta noche en mi casa,

más que a ellos. Excusadme,

pues, capitán.

Don César

(Se sienta).

Pues entonces

dame un bocado que el hambre

me satisfaga y un trago

que me remoje las fauces.

Burgoa

Señor, todo está comprado,

y nos cansamos en balde.

Pues que por esos viajeros

os interesáis, dejadles

libre la casa, y no hagáis

que yo a mi palabra falte.

Don César

El caso es que a mí me importa

en esta casa quedarme

por esta noche, y es fuerza

que me quede.

Burgoa

Pues en grave

compromiso me ponéis

si os quedáis, y por mi parte

por cuantos medios me ocurran

estoy dispuesto a evitarle.

Don César

¿De modo que te propones

en la plazuela plantarme

en una noche como esta,

con frío tal, oro y hambre?

Burgoa

Sí, señor.

Don César

¿Sin más razones?

Burgoa

Os llevo dadas bastantes.

Don César

Pues señor, lo siento mucho;

mas fuerza es que te se alcance,

pues no eres tonto, que cuando

muestro empeño semejante

en hospedarme en tu casa,

no vine para marcharme

de ella otra vez despedido

como un buhonero errante.

Burgoa

Pues mirad cómo ha de ser.

Don César

Así: toma, y lee si sabes.

(Le da un papel).

Burgoa

¿Y qué es esto?

Don César

Lee.

Burgoa

(Leyendo).

«Dará

Luis Burgoa Nao d’Andrade

alojamiento en su casa

número dos de la calle

de la Antigua, al capitán

del primer tercio de Flandes

don César de Santillana,

con seis jinetes».

Don César

Cabales.

Burgoa, en nombre del rey

vas a ofrecerme de balde

lo que por oro me niegas.

Burgoa

La boleta haré que os cambien

a cualquier costa.

Don César

Será

trabajo inútil; es tarde.

Burgoa

No importa, tengo dineros

y muy buenas amistades

hoy en el Ayuntamiento.

Don César

Pues Burgoa, no las canses

inútilmente esta noche;

porque a más de que es mi padre

juez de la chancillería,

y de casa y corte alcalde,

tengo seis hombres

y un escudero, incapaces

de obedecer otras órdenes

que las que yo quiera darles,

que del umbral de la puerta

no permitirán que pases.

Conque cede a mis razones,

que son a fe terminantes,

y dame luz, cena y cuarto,

que con ese personaje

misterioso, seré yo

solamente el responsable

de todo, en nombre del rey.

Burgoa

Callo al rey.

Don César

Y muy bien haces,

que contra el rey nadie es cuerdo

en oponerse. Melquiades,

toma luz y desensilla

a Bayardo: a acomodarme

voy en algún cuarto bajo,

para que cuando llegaren

esos huéspedes, en casa

ya pagada no me hallen.

Burgoa

Capitán, pues no hay remedio,

yo os ruego, con la más grande

humildad, que os alojéis

en una sala que cae

al huerto que tengo a espalda

de la casa.

Don César

Que me place

te digo el alojamiento.

Vamos allá.

Burgoa

(Los dos a la puerta).

Hacia esta parte

y en el fin del corredor

veréis una puerta grande

que da sobre esta escalera:

tomad el farol que arde

en el descanso; bajadla,

y Andrés os dará la llave

de vuestro cuarto, y decidle

que a vuestras gentes os llame.

Yo os enviaré buena cena

y fuego.

Don César

Dios te lo pague.

(Vase).

ESCENA IV

BURGOA; después DON RODRIGO

Burgoa

Santillana y capitán,

y de los tercios de Flandes

y con la boleta en regla

y espada de gavilanes,

¿quién le resiste? El incógnito

se hará cargo del percance,

y tendrá su compañía

que sufrir y resignarse.

Contra el rey nadie es valiente.

Don Rodrigo

(Entrando).

¡Ah de esta casa!

Burgoa

Adelante.

Don Rodrigo

¿Sois el dueño de ella?

Burgoa

Soy

Luis Burgoa.

Don Rodrigo

Dios le guarde.

Burgoa

Mil gracias; lo mismo digo.

¿Qué se ofrece?

Don Rodrigo

Que oiga y calle.

Esta noche a esta posada

vendrá un viejo a apearse

con una dama encubierta

y un escudero; hospedadles

con mucho agrado y servidles

sin dudar cuanto demanden:

su gasto corre por cuenta

del rey, y desde el instante

en que vuestra casa ocupen,

de ellos, de sus equipajes

y cuanto les pertenezca,

seréis vos el responsable.

Dejaréis entrar a todos

los que por él preguntaren:

a todos, quienquier que fueren;

mas no dejaréis a nadie

volver a salir. Abajo

tenéis unos militares

alojados, y las órdenes

competentes voy a darles

para que os presten auxilio,

y en caso de apuro guarden

las puertas. Conque silencio

y adiós; volveré más tarde.

Burgoa

Señor, vuestra autoridad,

sea cual fuere, excusadme

que os pregunte a quién la honra

tengo de hablar.

Don Rodrigo

Al alcalde

Rodrigo de Santillana.

Burgoa

¡Jesucristo!

Don Rodrigo

Dios le guarde.

ESCENA V

Burgoa

¡Dios nos asista! Con un

Santillana era bastante

para su mal; pero ¿juntos

el capitán y el alcalde

pisándoles los talones?

Ya, ya están frescos los tales

viajeros. Los Santillanas...

Raza de réprobos; aves

de mal agüero; golillas

todos; búhos de las cárceles

y de las horcas, que solo

pronosticar pueden males.

Santillanas..., ¡fuego en ellos

y en quien a casa los trae!

No hay portugués que no tenga

con ellos cuentas. Mas baste,

que Dios dirá. Gente llega.

¡Andrés!

(Al ir a entrar por el fondo, sale Arbués de viaje, enlodado).

ESCENA VI

BURGOA y ARBUÉS

Arbués

No hay que incomodarse,

patrón; somos gente llana

mis amos y yo, y a nadie

gustamos de dar que hacer.

¿Hay aposentos capaces,

limpios y con buenas camas

para una dama, su padre,

su escudero y dos criados?

Burgoa

Sí, señor, los hay; y tales

que no habrá en palacio muchos

que en lo limpio les alcancen.

Arbués

Pues poned en uno luces

para la dama.

Burgoa

Que bajen;

voy a mandar por los trastos

que traigáis.

Arbués

Que no se cansen

vuestros mozos; ya los nuestros

suben con los equipajes.

(Suben los mozos con baúles).

¿Dónde los pondrán?

Burgoa

Allí,

en esos cuartos.

Arbués

(A los mozos).

Llevadles,

pues.

Burgoa

¿Y la dama?

Arbués

Se está

despidiendo de su padre.

Burgoa

¿Pues qué, no se queda en casa

con ella?

Arbués

Sí, mas tiene antes

que entregar unos breviarios

a un primo suyo que es fraile

en San Pablo, y tardará

tal vez, mas no hay que esperarle.

Burgoa

Marta, Ginés, a esa dama

alumbrad.

(Sale doña Aurora).

Arbués

Ya llegan tarde,

patrón.

Burgoa

¡Qué! ¿Sin aguardar

que la sirvan?...

Arbués

Si es más ágil

que un lancero, y nunca se anda

con cumplimientos.

ESCENA VII

ARBUÉS, BURGOA y DOÑA AURORA

Burgoa

(Aparte).

(Buen talle,

garboso andar, y ¡qué hermosa!

Dijo bien cuando a los ángeles

la comparó el capitán).

Doña Aurora

¿Sois el huésped?

Burgoa

Ordenadme,

señora; yo soy.

Doña Aurora

¿Hay fuego

en mi aposento?

Burgoa

Y bujía,

y puede vueseñoría

disponer de él desde luego

y de toda mi posada.

Os mandaré a mi mujer

que os sirva.

Doña Aurora

No es menester;

yo me sirvo sola, y nada

necesito. ¿Arbués?

Arbués

Señora.

Doña Aurora

Cuando vuelva, aunque sea tarde,

me avisarás.

Arbués

A la hora

en que llegue.

Doña Aurora

(A Burgoa).

Dios os guarde.

Burgoa

¿Tomaréis un refrigerio,

un tentempié, para abrigo

del estómago?

Doña Aurora

¿No os digo

que nada quiero?

(Vase por la izquierda).

Burgoa

¡Qué imperio!

ESCENA VIII

ARBUÉS y BURGOA

Burgoa

¿Y vos no cenáis?

Arbués

Poco ha

que comimos y costumbre

no tenemos.

Burgoa

A la lumbre

podéis venir, que la habrá

buena en el hogar.

Arbués

No tengo

frío; podéis sin reparos

cuando queráis acostaros;

porque mi amo, os lo prevengo,

de que le sirva no gusta

nadie más que yo, que sé

sus mañas.

Burgoa

Tenéis a fe

buen trabajo.

Arbués

¡Bah! Se ajusta

cada cual al que le toca

en esta vida: yo estoy

a su servicio y le doy

cumplimiento..., y punto en boca,

que tengo sueño. Dejad

la llave a mano y a abrir

bajaré, cuando venir

le sienta; que echen, mandad,

pienso a los caballos, yo

de este sillón haré lecho.

Burgoa

¿Dormiréis ahí?

Arbués

¿Pues no?

Es costumbre y ya estoy hecho.

Burgoa

Pues para cuando me acueste

ahí queda la llave, y vos

os gobernaréis.

Arbués

Adiós,

pues.

Burgoa

Descansad. (¡Mala peste

me coja si yo me acuesto

sin ver a ese hombre quedar

dentro de casa!).

(Vase).

Arbués

Cerrar

no está demás.

(Cierra la puerta del fondo).