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Tres novelas ejemplares y un prólogo cover

Tres novelas ejemplares y un prólogo

Chapter 17: VIII
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About This Book

Una colección formada por un prólogo tratado como novela y tres relatos breves que combinan ficción y ensayo para examinar la naturaleza de la realidad literaria y humana. El autor diferencia un realismo externo de una realidad íntima y creativa, sostiene que la vida novelística brota del querer ser o del querer no ser, y plantea una teoría de los diversos yoes que configuran la identidad. A lo largo de la obra se alternan narración y reflexión metaficcional sobre la creación artística, la autenticidad de los personajes y la recreación del lector.

VIII

Juan se paseaba por la habitación como enajenado. Sentía pesar el vacío sobre su cabeza y su corazón. Los gemidos y quejumbres de Berta le llegaban como de otro mundo. No veía al señor Lapeira, a su suegro, sentado en un rincón obscuro a la espera del nieto. Y como el pobre Juan creía soñar, no se sorprendió al ver que la puerta se abría y entraba por ella... ¡Raquel!

—¿Usted?—exclamó don Pedro poniéndose en pie.

Raquel.—¡Yo, sí, yo! Vengo por si puedo servir de algo...

Don Pedro.—¿Usted, servir usted? ¿Y en este trance?

Raquel.—Sí, para ir a buscar algo o a alguien... Qué sé yo... No olvide, don Pedro, que soy viuda...

Don Pedro.—Viuda, sí; pero...

Raquel.—¡No hay pero! ¡Y aquí estoy!

Don Pedro.—Bueno; voy a decírselo a mi mujer...

Y luego se oyó la conversación de Raquel y doña Marta.

Doña Marta.—Pero, por Dios, señora...

Raquel.—¿Qué, no soy una buena amiga de la casa?

Doña Marta.—Sí, sí; pero que no lo sepa..., que no le oiga...

Raquel.—Y si me oye, ¿qué?

Doña Marta.—Por Dios, señora, más bajo..., que no le oiga..., más bajo...

En aquel momento se oyó un grito desgarrador. Doña Marta corrió al lado de su hija, y Raquel se quedó escuchando al silencio que siguió al grito. Luego se sentó. Y al sentir, al poco, que pasaba Juan a su lado, le detuvo cogiéndole de un brazo y le interrogó con un «¿qué?» de ansia.

Don Juan.—Una niña...

Raquel.—¡Se llamará Raquel!

Y desapareció la viuda.