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Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (1 de 3) cover

Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (1 de 3)

Chapter 112: CAPÍTULO CX.
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About This Book

Un testigo presencial narra en primera persona su viaje desde Castilla al Nuevo Mundo y su participación en la campaña de conquista, relatando batallas, escaramuzas, marchas, negociaciones con pueblos indígenas y la ocupación de plazas y ciudades. Ofrece descripciones detalladas de episodios militares, disputas entre capitanes, penurias, saqueos y el establecimiento de encomiendas y asentamientos, así como recuerdos cotidianos de la tropa. El relato combina crónica cronológica y anécdotas personales, buscando corregir versiones oficiales y reivindicar la experiencia y méritos de quienes tomaron parte en la empresa.

CAPÍTULO CX.

CÓMO PÁNFILO DE NARVAEZ LLEGÓ AL PUERTO DE SAN JUAN DE ULÚA, QUE SE DICE LA VERACRUZ, CON TODA SU ARMADA, Y LO QUE LE SUCEDIÓ.

Viniendo el Pánfilo de Narvaez con toda su flota, que eran diez y nueve navíos, por la mar, parece ser junto á las sierras de San Martin, que así se llaman, tuvo un viento de norte, y en aquella costa es traviesa, y de noche se le perdió un navío de poco porte, que dió al través; venian en él por capitan un hidalgo que se decia Cristóbal de Morante, natural de Medina del Campo, y se ahogó cierta gente, y con toda la más flota vino á San Juan de Ulúa; y como se supo de aquella grande armada, que para haberse hecho en la isla de Cuba, grande se puede llamar, tuvieron noticia della los soldados que habia enviado Cortés á buscar las minas, y viénense á los navíos del Narvaez los tres dellos, que se decian Cervantes el chocarrero, y Escalana, y otro que se decia Alonso Hernandez Carretero; y cuando se vieron dentro en los navíos y con el Narvaez, dice que alzaban las manos á Dios, que los libró del poder de Cortés y de salir de la gran ciudad de Méjico, donde cada dia esperaban la muerte; y como caminan con el Narvaez y les mandaba dar de beber demasiado, estábanse diciendo los unos á los otros delante del mismo general:

—«Mirá si es mejor estar aquí bebiendo buen vino que no cautivo en poder de Cortés, que nos traia de noche y de dia tan avasallados, que no osábamos hablar, y aguardando de un dia á otro la muerte al ojo.»

Y aun decia el Cervantes, como era truhan, so color de gracias:

—«Oh Narvaez, Narvaez, que bienaventurado que eres é á qué tiempo has venido, que tiene ese traidor de Cortés allegados más de setecientos mil pesos de oro, y todos los soldados están muy mal con él porque les ha tomado mucha parte de lo que les cabia del oro de parte, é no quieren recebir lo que les da.»

Por manera que aquellos soldados que se nos huyeron eran ruines y soeces, y decian al Narvaez mucho más de lo que queria saber.

Y tambien le dieron por aviso que ocho leguas de allí estaba poblada una villa que se dice la villa rica de la Veracruz, y estaba en ella un Gonzalo de Sandoval con sesenta soldados, todos viejos y dolientes, y que si enviase á ellos gente de guarda, luego se darian, y le decian otras muchas cosas.

Dejemos todas estas pláticas, y digamos cómo luego lo alcanzó á saber el gran Montezuma cómo estaban allí surtos los navíos, y con muchos capitanes y soldados, y envió sus principales secretamente, que no lo supo Cortés, y les mandó dar comida y oro y plata, y que de los pueblos más cercanos les proveyesen de bastimento; y el Narvaez envió á decir al Montezuma muchas malas palabras y descomedimientos contra Cortés, y de todos nosotros que éramos unas gentes malas, ladrones, que veniamos huyendo de Castilla sin licencia de nuestro Rey y señor, y que como tuvo noticia el Rey nuestro señor que estábamos en estas tierras, y de los males y robos que haciamos, y teniamos preso al Montezuma, para estorbar tantos daños, que le mandó al Narvaez que luego viniese con todas aquellas naos y soldados y caballeros para que le suelten de las prisiones, y que á Cortés y á todos nosotros, como malos, nos prendiesen ó matasen, y en las mismas naos nos enviasen á Castilla, y que cuando allá llegásemos nos mandaria matar; y le envió á decir otros muchos desatinos; y eran los intérpretes para dárselos á entender á los indios los tres soldados que se nos fueron, que ya sabian la lengua.Y demás destas pláticas, le envió el Narvaez ciertas cosas de Castilla.

Y cuando Montezuma lo supo, tuvo gran contento con aquellas nuevas; porque, como le decian que tenian tantos navíos é caballos é tiros y escopetas y ballesteros, y eran mil y trescientos soldados, y dende arriba creyó que nos perderia.

Y demás desto, como sus principales vieron á nuestros tres soldados (que traidores bellacos se pueden llamar) con el Narvaez y veian que decian mucho mal de Cortés, tuvo por cierto todo lo que el Narvaez envió á decir; y toda la armada se la llevaron pintada en dos paños al natural.

Entónces el Montezuma le envió mucho más oro y mantas, y mandó que todos los pueblos de la comarca le llevasen bien de comer, é ya habia tres dias que lo sabia el Montezuma, y Cortés no sabia cosa ninguna.

É un dia yéndole á ver nuestro capitan y á tenelle palacio, despues de las cortesías que entre ellos se tenian, pareció al capitan Cortés que estaba el Montezuma muy alegre y de buen semblante, y le dijo qué tal se sentia, y el Montezuma respondió que mejor estaba; y tambien, como el Montezuma le vió ir á visitar en un dia dos veces, temió que Cortés sabia de los navíos, y por ganar por la mano y que no le tuviese por sospechoso le dijo:

—«Señor Malinche, ahora en este punto me han llegado mensajeros de cómo en el punto donde desembarcastes han venido diez y ocho navíos y mucha gente y caballos, é todo nos lo traen pintado en unas mantas; y como me visitastes hoy dos veces, creí que me veniades á dar nuevas dello; así que no habreis menester hacer navío; y porque no me lo deciades, por una parte tenia enojo de vos de tenérmelo encubierto, y por otra me holgaba porque vienen vuestros hermanos, para que todos os vais á Castilla é no haya más palabras.»

Y cuando Cortés oyó lo de los navíos y vió la pintura del paño se holgó en gran manera, y dijo:

—«Gracias á Dios, que al mejor tiempo provee.»

Pues nosotros los soldados era tanto el gozo, que no podiamos estar quedos, y de alegría escaramuzaron los caballos y tiramos tiros; é Cortés estuvo muy pensativo, porque bien entendió que aquella armada que la enviaba el gobernador Velazquez contra él y contra todos nosotros.

Y como supo que era, comunicó lo que sentia della con todos nosotros, capitanes y soldados, y con grandes dádivas y ofrecimientos que nos haria ricos á todos nos atraia para que tuviésemos con él, y no sabia quien venia por capitan; y estábamos muy alegres con las nuevas y con el más oro que nos habia dado Cortés por via de mercedes, como que lo daba de su hacienda, y no de lo que nos cabia de parte, y viendo el gran socorro é ayuda que nuestro Señor Jesucristo nos enviaba.

É quedarse ha aquí, é diré lo que pasó en el real de Narvaez.