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Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (2 de 3) cover

Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (2 de 3)

Chapter 15: CAPÍTULO CXXV.
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About This Book

Un relato en primera persona que registra la campaña de conquista en la Nueva España desde la perspectiva de un participante, combinando crónicas de combates, maniobras políticas entre capitanes españoles y negociaciones con autoridades indígenas. Describe tensiones internas, envíos de mensajeros y obsequios, arrestos y disputas entre líderes, además de operaciones militares y movimientos de tropas. Incluye observaciones sobre costumbres, riquezas y geografías encontradas, junto con comentarios sobre la conducta, motivaciones y estrategias de los implicados. Alterna episodios narrativos con recuerdos detallados que buscan justificar acciones y dejar constancia testimonial del autor.

CAPÍTULO CXXV.

CÓMO FUIMOS GRANDES JORNADAS, ASÍ CORTÉS CON TODOS SUS CAPITANES COMO TODOS LOS DE NARVAEZ, EXCEPTO PÁNFILO DE NARVAEZ, Y SALVATIERRA, QUE QUEDABAN PRESOS.

Como llegó la nueva referida cómo Pedro de Albarado estaba cercado y Méjico rebelado, cesaron las capitanías que habian de ir á poblar á Pánuco y á Guacacualco, que habian dado á Juan Velazquez de Leon y á Diego de Ordás, que no fué enemigo dellos, que todos fuesen con nosotros; y Cortés habló á los de Narvaez, que sintió que no irian con nosotros de buena voluntad á hacer aquel socorro, y les rogó que dejasen atrás enemistades pasadas por lo de Narvaez, ofreciéndoles de hacerlos ricos y dalles cargos; y pues venian á buscar la vida, y estaban en tierra donde podrian hacer servicio á Dios y á su majestad, y enriquecer, que ahora les venia lance; y tantas palabras les dijo, que todos á una se le ofrecieron que irian con nosotros; y si supieran las fuerzas de Méjico, cierto está que no fuera ninguno.

Y luego caminamos á muy grandes jornadas hasta llegar á Tlascala, donde supimos que hasta que Montezuma y sus capitanes habian sabido cómo habiamos desbaratado á Narvaez, no dejaron de darle guerra á Pedro de Albarado, y le habian ya muerto siete soldados y le quemaron los aposentos; y cuando supieron nuestra vitoria cesaron de dalle guerra; mas dijeron que estaban muy fatigados por falta de agua y bastimento, lo cual nunca se lo habia mandado dar Montezuma; y esta nueva trujeron indios de Tlascala en aquella misma hora que hubimos llegado.

Y luego Cortés mandó hacer alarde de la gente que llevaba, y halló sobre mil y trecientos soldados, así de los nuestros como de los de Narvaez, y sobre noventa y seis caballos y ochenta ballesteros y otros tantos escopeteros; con los cuales le pareció á Cortés que llevaba gente para poder entrar muy á su salvo en Méjico; y demás desto, en Tlascala nos dieron los caciques dos mil hombres, indios de guerra; y luego fuimos á grandes jornadas hasta Tezcuco, que es una gran ciudad, y no se nos hizo honra ninguna en ella ni pareció ningun señor, sino todo muy remontado y de mal arte; y llegamos á Méjico dia de señor San Juan de Junio de 1520 años, y no parecian por las calles caciques, ni capitanes, ni indios conocidos, sino todas las casas despobladas.

Y como llegamos á los aposentos que soliamos posar, el gran Montezuma salió al patio para hablar y abrazar á Cortés y dalle el bien venido, y de la vitoria con Narvaez; y Cortés, como venia vitorioso, no le quiso oir, y el Montezuma se entró en su aposento muy triste y pensativo.

Pues ya aposentados cada uno de nosotros donde soliamos estar ántes que saliésemos de Méjico para ir á lo de Narvaez, y los de Narvaez en otros aposentos, é ya habiamos visto é hablado con el Pedro de Albarado y los soldados que con él quedaron, y ellos nos daban cuenta de las guerras que los mejicanos les daban y trabajo en que les tenian puesto, y nosotros les dábamos relacion de la vitoria contra Narvaez.

Y dejaré esto, y diré cómo Cortés procuró saber qué fué la causa de se levantar Méjico, porque bien entendido teniamos que á Montezuma le pesó dello, que si le pluguiera ó fuera por su consejo, dijeron muchos soldados de los que se quedaron con Pedro de Albarado en aquellos trances, que si Montezuma fuera en ello, que á todos les mataran, y que el Montezuma los aplacaba que cesasen la guerra; y lo que contaba el Pedro de Albarado á Cortés, sobre el caso era, que por libertar los mejicanos al Montezuma, é porque su Huichilóbos se lo mandó porque pusimos en su casa la imágen de Nuestra Señora la Vírgen Santa María y la Cruz.

Y más dijo, que habian llegado muchos indios á quitar la santa imágen del altar donde la pusimos, y que no pudieron quitalla, y que los indios lo tuvieron á gran milagro, y que se lo dijeron al Montezuma, é que les mandó que la dejasen en el mismo lugar y altar, y que no curasen de hacer otra cosa; y así, la dejaron.

Y más dijo el Pedro de Albarado, que por lo que el Narvaez les habia enviado á decir al Montezuma, que le venia á soltar de las prisiones y á prendernos, y no salió verdad; y como Cortés habia dicho al Montezuma que en teniendo navíos nos habiamos de ir á embarcar y salir de toda la tierra, é que no nos íbamos, é que todo eran palabras, é que ahora habian visto venir muchos más teules, ántes que todos los de Narvaez y los nuestros tornásemos á entrar en Méjico, que seria bien matar al Pedro de Albarado y á sus soldados, y soltar al gran Montezuma, y despues no quedar á vida ninguno de los nuestros é de los de Narvaez, cuanto más que tuvieron por cierto que nos venciera el Narvaez.

Estas pláticas y descargo dió el Pedro de Albarado á Cortés, y le tornó á decir Cortés que á qué causa les fué á dar guerra estando bailando y haciendo sus fiestas y bailes y sacrificios que hacian á sus Huichilóbos y á Tezcatepuca; y el Pedro de Albarado dijo que luego le habian de venir á dar guerra, segun el concierto tenian entre ellos hecho, y todo lo demás que lo supo de un papa y de dos principales y de otros mejicanos; y Cortés le dijo:

—«Pues hanme dicho que os demandaron licencia para hacer el areito y bailes.»

É dijo que así era verdad, é que fué por tomalles descuidados; é que porque temiesen y no viniesen á dalle guerra, que por esto se adelantó á dar en ellos; y como aquello Cortés le oyó, le dijo, muy enojado, que era muy mal hecho, y grande desatino y poca verdad; é que pluguiera á Dios que el Montezuma se hubiera soltado, é que tal cosa no la oyera á sus ídolos; y así le dejó, que no le habló más en ello.

Tambien dijo el mismo Pedro de Albarado que cuando andaba con ellos en aquella guerra, que mandó poner á un tiro que estaba cebado fuego, con una pelota y muchos perdigones, é que como venian muchos escuadrones de indios á le quemar los aposentos, que salió á pelear con ellos, é que mandó poner fuego al tiro, é que no salió, y que hizo una arremetida contra los escuadrones que le daban guerra, y cargaban muchos indios sobre él, é que venia retrayéndose á la fuerza y aposento, é que entónces sin poner fuego al tiro salió la pelota y los perdigones y mató muchos indios; y que si aquello no acaeciera, que los enemigos los mataran á todos, como en aquella vez le llevaron dos de sus soldados vivos.

Otra cosa dijo el Pedro de Albarado, y esta sola cosa la dijeron otros soldados, que las demás pláticas sólo el Pedro de Albarado lo contaba; y es, que no tenia agua para beber, y cavaron en el patio, é hicieron un pozo y sacaron agua dulce, siendo todo salado tambien.

Todo fué muchos bienes que nuestro Señor Dios nos hacia.

É á esto del agua digo yo que en Méjico estaba una fuente que muchas veces y todas las más manaba agua algo dulce; que lo demás que dicen algunas personas, que el Pedro de Albarado, por codicia de haber mucho oro y joyas de gran valor con que bailaban los indios, les fué á dar guerra, yo no lo creo ni nunca tal oí, ni es de creer que tal hiciese, puesto que lo dice el Obispo fray Bartolomé de las Casas aquello y otras cosas que nunca pasaron; sino que verdaderamente dió en ellos por metelles temor, é que con aquellos males que les hizo tuviesen harto que curar y llorar en ellos, porque no le viniesen á dar guerra; y como dicen que quien acomete vence, y fué muy peor, segun pareció.

Y tambien supimos de mucha verdad que tal guerra nunca el Montezuma mandó dar, é que cuando combatian al Pedro de Albarado, que el Montezuma les mandaba á los suyos que no lo hiciesen, y que le respondian que ya no era cosa de sufrir tenelle preso, y estando bailando irles á matar, como fueron; y que le habian de sacar de allí y matar á todos los teules que le defendian.

Estas cosas y otras sé decir que lo oí á personas de fe y que se hallaron con el Pedro de Albarado cuando aquello pasó.

Y dejallo hé aquí, y diré la gran guerra que luego nos dieron, y es desta manera.