WeRead Powered by ReaderPub
Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (2 de 3) cover

Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (2 de 3)

Chapter 5: CAPÍTULO CXV.
Open in WeRead

About This Book

Un relato en primera persona que registra la campaña de conquista en la Nueva España desde la perspectiva de un participante, combinando crónicas de combates, maniobras políticas entre capitanes españoles y negociaciones con autoridades indígenas. Describe tensiones internas, envíos de mensajeros y obsequios, arrestos y disputas entre líderes, además de operaciones militares y movimientos de tropas. Incluye observaciones sobre costumbres, riquezas y geografías encontradas, junto con comentarios sobre la conducta, motivaciones y estrategias de los implicados. Alterna episodios narrativos con recuerdos detallados que buscan justificar acciones y dejar constancia testimonial del autor.

CAPÍTULO CXV.

CÓMO EL GRAN MONTEZUMA PREGUNTÓ Á CORTÉS QUE CÓMO QUERIA IR SOBRE EL NARVAEZ, SIENDO LOS QUE TRAIA DOBLADOS MÁS QUE NOSOTROS, Y QUE LE PESARIA MUCHO SI NOS VINIESE ALGUN MAL.

Como estaba platicando Cortés con el gran Montezuma, como lo tenian de costumbre, dijo el Montezuma á Cortés:

—«Señor Malinche, á todos vuestros capitanes é compañeros os veo andar desasosegados, é tambien he visto que no me visitais sino de cuando en cuando; é Orteguilla el paje me dice que quereis ir de guerra sobre esos vuestros hermanos que vienen en los navíos, é que quereis dejar aquí en mi guarda al Tonatio; hacedme merced que me lo declareis, para que si yo en algo os pudiere servir é ayudar, lo haré de muy buena voluntad. É tambien, señor Malinche, no querria que os viniese algun desman, porque vos teneis muy pocos teules, y esos que vienen son cinco veces más; é ellos dicen que son cristianos como vosotros é vasallos de ese vuestro Emperador, é tienen imágenes y ponen cruz, é les dicen Misa, é dicen é publican que sois gentes que venistes huyendo de Castilla de vuestro rey y señor, é que os vienen á prender ó á matar; en verdad que yo no os entiendo. Por tanto, mirad primero lo que haceis.»

Y Cortés le respondió con nuestras lenguas doña Marina é Jerónimo de Aguilar, con un semblante muy alegre, que si no le ha venido á dar relacion dello, es como le quiere mucho y por no le dar pesar con nuestra partida, é que por esta causa lo ha dejado, porque así tiene por cierto que el Montezuma le tiene voluntad.

É que cuanto á lo que dice, que todos somos vasallos de nuestro gran Emperador, que es verdad, é de ser cristianos como nosotros, que sí son; é á lo que dicen que venimos huyendo de nuestro Rey y señor, que no es así, sino que nuestro Rey nos envió para velle y hablalle todo lo que en su Real nombre le ha dicho é platicado, é á lo que dice que trae muchos soldados é noventa caballos é muchos tiros é pólvora, é que nosotros somos pocos, é que nos vienen á matar é prender, Nuestro Señor Jesucristo, en quien creemos é adoramos, é Nuestra Señora Santa María, su bendita Madre, nos dará fuerzas, y más que no á ellos, pues que son malos é vienen de aquella manera.

É que como nuestro Emperador tiene muchos reinos é señoríos, hay en ellos mucha diversidad de gentes, unas muy esforzadas é otras mucho más, é que nosotros somos de dentro de Castilla, que llaman Castilla la Vieja, é nos nombran por sobrenombre castellanos; é que el capitan que está ahora en Cempoal y la gente que trae que es de otra provincia que llaman Vizcaya, é que tienen la habla muy revesada, como á manera de decir como los otomís tierra de Méjico; é que él verá cuál se los traeriamos presos; é que no tuviese pesar por nuestra ida, que presto volveriamos con vitoria.

É lo que ahora le pide por merced, que mire que queda con él su hermano Tonatio, que así llamaban á Pedro de Albarado, con ochenta soldados; que despues que salgamos de aquella ciudad no haya algun alboroto, ni consienta á sus capitanes é papas hagan cosas que sean mal hechas, porque despues que volvamos, si Dios quisiere, no tengan que pagar con las vidas los malos revolvedores; é que todo lo que hubiere menester de bastimentos, que se los diesen; é allí le abrazó Cortés dos veces al Montezuma, é asimismo el Montezuma á Cortés; é doña Marina, como era muy avisada, se lo decia de arte que ponia tristeza con nuestra partida.

Allí le ofreció que haria todo lo que Cortés le encargaba, y aun prometió que enviaria en nuestra ayuda cinco mil hombres de guerra, é Cortés le dió gracias por ello, porque bien entendió que no los habia de enviar; é le dijo que no habia menester su ayuda, sino era la de Dios nuestro Señor, que es la ayuda verdadera, é la de sus compañeros que con él íbamos; é tambien le encargó que mirase que la imágen de nuestra Señora é la cruz que siempre lo tuviesen muy enramado, é limpia la iglesia, é quemasen candelas de cera, que tuviesen siempre encendidas de noche y de dia, é que no consintiesen á los papas que hiciesen otra cosa; porque en aquesto conoceria muy mejor su buena voluntad é amistad verdadera.

É despues de tornados otra vez á se abrazar, le dijo Cortés que le perdonase, que no podia estar más en plática con él, por entender en la partida; é luego habló á Pedro de Albarado é á todos los soldados que con él quedaban, é les encargó que guardasen al Montezuma con mucho cuidado no se soltase, é que obedeciesen al Pedro de Albarado; y prometióles que, mediante Dios, que á todos les habia de hacer ricos; é allí quedó con ellos el Clérigo Juan Diaz, que no fué con nosotros, é otros soldados sospechosos, que aquí no declaro por sus nombres; é allí nos abrazamos los unos á los otros, é sin llevar indias ni servicio, sino á la ligera, tiramos por nuestras jornadas por la ciudad de Cholula, y en el camino envió Cortés á Tlascala á rogar á nuestros amigos Xicotenga y Masse-Escaci é á todos los más caciques, que nos enviasen de presto cuatro mil hombres de guerra; y enviaron á decir que si fueran para pelear con indios como ellos, que sí hicieran, é aun muchos más de los que les demandaban, é que para contra teules como nosotros, é contra bombardas é caballos, que les perdonen, que no los quieren dar; é proveyeron de veinte cargas de gallinas; é luego Cortés escribió en posta á Sandoval que se juntase con todos sus soldados muy prestamente con nosotros, que íbamos á unos pueblos obra de doce leguas de Cempoal, que se dicen Tampaniquita é Mitalaguita, que ahora son de la encomienda de Pedro Moreno Medrano, que vive en la Puebla; é que mirase muy bien el Sandoval que Narvaez no le prendiese, ni hubiese á las manos á él ni á ninguno de sus soldados.

Pues yendo que íbamos de la manera que he dicho, con mucho concierto para pelear si topásemos gente de guerra de Narvaez ó al mismo Narvaez, y nuestros corredores del campo descubriendo, é siempre una jornada adelante dos de nuestros soldados grandes peones, personas de mucha confianza, y estos no iban por camino derecho, sino por partes que no podian ir á caballo, para saber é inquirir de indios de la gente de Narvaez.

Pues yendo nuestros corredores del campo descubriendo, vieron venir á un Alonso de Mata, el que decian que era escribano, que venia á notificar los papeles ó traslados de las provisiones, segun dije atrás en el capítulo que dello habla, é á los cuatro españoles que con él venian por testigos, y luego vinieron los dos nuestros soldados de á caballo á dar mandado, y los otros dos corredores del campo se estuvieron en palabras con el Alonso de Mata é con los cuatro testigos; y en este instante nos dimos priesa en andar y alargamos el paso, y cuando llegaron cerca de nosotros hicieron gran reverencia á Cortés y á todos nosotros, y Cortés se apeó del caballo y supo á lo que venian.

Y como el Alonso de Mata queria notificar los despachos que traia, Cortés le dijo que si era escribano del Rey, y dijo que sí; y mandóle que luego exhibiese el título, é que si le traia, que leyese los recados, é que haria lo que viese que era servicio de Dios é de su Majestad; y si no le traia, que no leyese aquellos papeles; é que tambien habia de ver los originales de su Majestad.

Por manera que el Mata, medio cortado é medroso, porque no era escribano de su Majestad, y los que con él venian no sabian qué le decir; y Cortés les mandó dar de comer, y porque comiesen reparamos allí; y les dijo Cortés que íbamos á unos pueblos cerca del real del señor Narvaez, que se decian Tampanequita, y que allí podia enviar á notificar lo que su capitan mandase; y tenia Cortés tanto sufrimiento, que nunca dijo palabra mala del Narvaez, é apartadamente habló con ellos y les untó las manos con tejuelos de oro, y luego se volvieron á su Narvaez diciendo bien de Cortés y de todos nosotros; y como muchos de nuestros soldados por gentileza en aquel instante llevábamos en las armas joyas de oro, y otros cadenas y collares al cuello, y aquellos que venian á notificar los papeles les vieron, dicen en Cempoal maravillarse de nosotros; y muchos habia en el real de Narvaez, personas principales, que querian venir á tratar paces con Cortés y su capitan Narvaez, como á todos nos veian ir ricos.

Por manera que llegamos á Panguaniquita, é otro dia llegó el capitan Sandoval con los soldados que tenia, que serian hasta sesenta; porque los demás viejos y dolientes los dejó en unos pueblos de indios nuestros amigos, que se decian Papalote, para que allí les diesen de comer; y tambien vinieron con él los cinco soldados parientes y amigos del licenciado Lúcas Vazquez de Aillon, que se habian venido huyendo del real de Narvaez, y venian á besar las manos á Cortés; á los cuales con mucha alegría recibió muy bien; y allí estuvo contando el Sandoval á Cortés de lo que les acaeció con el Clérigo furioso Guevara y con el Vergara y con los demás, y cómo los mandó llevar presos á Méjico, segun y de la manera que dicho tengo en el capítulo pasado.

Y tambien dijo cómo desde la Villa-Rica envió dos soldados como indios, puestas mantillas ó mantas, y eran como indios propios, al real de Narvaez; é como eran morenos, dijo Sandoval que no parecian sino propios indios, y cada uno llevó una carguilla de ciruelas á vender, que en aquella sazon era tiempo dellas, cuando estaba Narvaez en los arenales, ántes que se pasasen al pueblo de Cempoal; é que fueron al rancho del bravo Salvatierra, é que les dió por las ciruelas un sartalejo de cuentas amarillas.

É cuando hubieron vendido las ciruelas, el Salvatierra les mandó que le fuesen por yerba, creyendo que eran indios, allí junto á un riachuelo que está cerca de los ranchos, para su caballo, é fueron é cogieron unas carguillas dello, y esto era á hora del Ave-María cuando volvieron con la yerba, y se estuvieron en el rancho en cuclillas como indios hasta que anocheció, y tenian ojo y sentido en lo que decian ciertos soldados de Narvaez que vinieron á tener palacio é compañía al Salvatierra, y despues les decia el Salvatierra:

—«¡Oh, á qué tiempo hemos venido, que tiene allegado este traidor de Cortés más de setecientos mil pesos de oro, y todos seremos ricos; pues los capitanes y soldados que consigo trae, no será ménos sino que tengan mucho oro!»

Y decian por ahí otras palabras.

Y desque fué bien escuro vienen los dos nuestros soldados que estaban hechos como indios, y callando salen del rancho, y van adonde tenia el caballo, y con el freno que estaba junto con la silla le enfrenan y ensillan, y cabalgan en él.

Y viniéndose para la villa de camino, topan otro caballo manco cabe el riachuelo, y tambien se lo trujeron.

Y preguntó Cortés al Sandoval por los mismos caballos, y dijo que los dejó en el pueblo de Papalote, donde quedaban los dolientes; porque por donde él venia con sus compañeros no podian pasar caballos, porque era tierra muy fragosa y de grandes sierras, y que vino por allí por no topar con gente del Narvaez; y cuando Cortés supo que era el un caballo de Salvatierra se holgó en gran manera, é dijo:

—«Ahora braveará más cuando lo halle ménos.»

Volvamos á decir del Salvatierra, que cuando amaneció é no halló á los dos indios que le trujeron á vender las ciruelas, ni halló su caballo ni la silla y el freno, dijeron despues muchos soldados de los del mismo Narvaez que decia cosas que los hacia reir; porque luego conoció que eran españoles de los de Cortés los que les llevaron los caballos; y desde allí adelante se velaban.

Volvamos á nuestra materia: y luego Cortés con todos nuestros capitanes y soldados estuvimos platicando cómo y de qué manera dariamos en el real de Narvaez; é lo que se concertó ántes que fuésemos sobre el Narvaez diré adelante.