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Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (2 de 3) cover

Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (2 de 3)

Chapter 9: CAPÍTULO CXIX.
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About This Book

Un relato en primera persona que registra la campaña de conquista en la Nueva España desde la perspectiva de un participante, combinando crónicas de combates, maniobras políticas entre capitanes españoles y negociaciones con autoridades indígenas. Describe tensiones internas, envíos de mensajeros y obsequios, arrestos y disputas entre líderes, además de operaciones militares y movimientos de tropas. Incluye observaciones sobre costumbres, riquezas y geografías encontradas, junto con comentarios sobre la conducta, motivaciones y estrategias de los implicados. Alterna episodios narrativos con recuerdos detallados que buscan justificar acciones y dejar constancia testimonial del autor.

CAPÍTULO CXIX.

CÓMO VINO ANDRÉS DE DUERO Á NUESTRO REAL Y EL SOLDADO USAGRE Y DOS INDIOS DE CUBA, NABORÍAS DEL DUERO, Y QUIÉN ERA EL DUERO Y Á LO QUE VENIA, Y LO QUE TUVIMOS POR CIERTO Y LO QUE SE CONCERTÓ.

Y es desta manera, que tengo de volver muy atrás á recitar lo pasado.

Ya he dicho en los capítulos más adelante destos que cuando estábamos en Santiago de Cuba, que se concertó Cortés con Andrés de Duero y con un contador del Rey, que se decia Amador de Lares, que eran grandes amigos del Diego Velazquez, y el Duero era su secretario, que tratase con el Diego Velazquez que le hiciesen á Cortés capitan general para venir en aquella armada, y que partiria con ellos todo el oro y plata y joyas que le cupiese de su parte de Cortés; y como el Andrés de Duero vió en aquel instante á Cortés, su compañero, tan rico y poderoso, y so color que venia á poner paces y á favorecer á Narvaez, y en lo que entendió era á demandar la parte de la compañía, porque ya el otro su compañero Amador de Lares era fallecido; y como Cortés era sagaz y manso, no solamente le prometió de dalle gran tesoro, sino que tambien le daria mando en toda la armada, ni más ni ménos que su propia persona, y que, despues de conquistada la Nueva-España, le daria otros tantos pueblos como á él, con tal que tuviese concierto con Agustin Bermudez, que era alguacil mayor del real de Narvaez, y con otros caballeros que aquí no nombro, que estaban convocados para que en todo caso fuesen en desviar al Narvaez para que no saliese con la vida é con honra y le desbaratase; y como á Narvaez tuviese muerto ó preso, y deshecha su armada, que ellos quedarian por señores y partirian el oro y pueblos de la Nueva-España; y para más le atraer y convocar á lo que dicho tengo, le cargó de oro sus dos indios de Cuba; y segun pareció, el Duero se lo prometió, y aun ya se lo habia prometido el Agustin Bermudez por firmas y cartas; y tambien envió Cortés al Bermudez y á un clérigo que se decia Juan de Leon, y al clérigo Guevara, que fué el que primero envió Narvaez, y otros sus amigos, muchos tejuelos y joyas de oro, y les escribió lo que le pareció que le convenia, para que en todo le ayudasen; y estuvo el Andrés de Duero en nuestro real el dia que llegó hasta otro dia despues de comer, que era dia de pascua de Espíritu Santo, y comió con Cortés y estuvo hablando con él en secreto buen rato; y cuando hubieron comido se despidió el Duero de todos nosotros, así capitanes como soldados, y luego fué á caballo otra vez adonde Cortés estaba, y dijo:

—«¿Qué manda vuestra merced? Que me quiero ir.»

Y respondióle:

—«Que vaya con Dios, y mire, señor Andrés de Duero, que haya buen concierto de lo que tenemos platicado; si no, en mi conciencia (que así juraba Cortés), que ántes de tres dias con todos mis compañeros seré allá en vuestro real, y al primero que le eche lanza será á vuestra merced si otra cosa siento al contrario de lo que tenemos hablado.»

Y el Duero se rió, y dijo:

—«No faltaré en cosa que sea contrario de servir á vuestra merced.»

Y luego se fué, y llegado á su real, diz que dijo al Narvaez que Cortés y todos los que estábamos con él sentia estar de buena voluntad para pasarnos con el mismo Narvaez.

Dejemos de hablar deso del Duero, y diré cómo Cortés luego mandó llamar á un nuestro capitan que se dice Juan Velazquez de Leon, persona de mucha cuenta y amigo de Cortés, y era pariente muy cercano del gobernador de Cuba Diego Velazquez; y á lo que siempre tuvimos creido, tambien le tenia Cortés convocado y atraido á sí con grandes dádivas y ofrecimientos que le daria mando en la Nueva-España y le haria su igual; porque el Juan Velazquez siempre se mostró muy gran servidor y verdadero amigo, como adelante verán.

Y cuando hubo venido delante de Cortés y hecho su acato, le dijo:

—«¿Qué manda vuestra merced?»

Y Cortés, como hablaba algunas veces muy meloso y con la risa en la boca, le dijo medio riendo:

—«Á lo que, señor Juan Velazquez, le hice llamar es, que me dijo Andrés de Duero que dice Narvaez, y en todo su real hay fama, que si vuestra merced va allá, que luego yo soy deshecho y desbaratado, porque creen que se ha de hacer con Narvaez; y á esta causa he acordado que por mi vida, si bien me quiere, que luego se vaya en su buena yegua rucia, y que lleve todo su oro y la fanfarrona (que era muy pesada cadena de oro), y otras cositas que yo le daré, que dé allá por mí á quien yo le dijere; y su fanfarrona de oro, que pesa mucho, llevará al hombro, y otra cadena que pesa más que ella llevará con dos vueltas, y allá verá qué le quiere Narvaez; y en viniendo que se venga, luego irán allá el Sr. Diego de Ordás, que le desean ver en su real, como mayordomo que era del Diego Velazquez.»

Y el Juan Velazquez respondió que él haria lo que su merced mandaba, mas que su oro ni cadenas que no las llevaria consigo, salvo lo que le diese para dar á quien mandase; porque donde su persona estuviere, es para le siempre servir, más que cuanto oro ni piedras de diamantes puede haber.

—«Ansí lo tengo yo creido, dijo Cortés, y con esta confianza, señor, le envio; mas si no lleva todo su oro y joyas, como le mando, no quiero que vaya allá.»

Y el Juan Velazquez respondió:

—«Hágase lo que vuestra merced mandare.»

Y no quiso llevar las joyas, y Cortés allí le habló secretamente, y luego se partió, y llevó en su compañía á un mozo de espuelas de Cortés para que le sirviese, que se decia Juan del Rio.

Y dejemos desta partida de Juan Velazquez, que dijeron que lo envió Cortés por descuidar á Narvaez, y volvamos á decir lo que en nuestro real pasó: que dende á dos horas que se partió el Juan Velazquez, mandó Cortés tocar el atambor á Canillas, que ansí se llamaba nuestro atambor, y á Benito de Veguer, nuestro pífaro, que tocase su tamborino, y mandó á Gonzalo de Sandoval, que era capitan y alguacil mayor, que llamase á todos los soldados, y comenzásemos á marchar luego á paso largo camino de Cempoal; é yendo por nuestro camino se mataron dos puercos de la tierra, que tienen el ombligo en el espinazo, y dijimos muchos soldados que era señal de vitoria; y dormimos en un repecho cerca de un riachuelo, y sendas piedras por almohadas, como lo teniamos por costumbre, y nuestros corredores del campo adelante, y espías y rondas; y cuando amaneció, caminamos por nuestro camino derecho, y fuimos á hora de medio dia á un rio, adonde está ahora poblada la villa rica de la Veracruz, donde desembarcan las barcas con mercaderías que vienen de Castilla; porque en aquel tiempo estaban pobladas junto al rio unas casas de indios y arboledas; y como en aquella tierra hace grandísimo sol, reposamos allí, como dicho tengo, porque traiamos nuestras armas y picas.

Y dejemos ahora de más caminar, y digamos lo que al Juan Velazquez de Leon le avino con Narvaez y con un su capitan que tambien se decia Diego Velazquez, sobrino del Velazquez, gobernador de Cuba.