—Pero esas gentes que viven en los pisos altos ¿cómo pueden habitar tan espantosa madriguera?—le dije á mi interlocutor.
—Ellas viven donde les conviene, me respondió,—solo que, siendo menos miserables, pueden pagar alojamiento en las piezas altas, sin que por eso sea su degradacion muy inferior á la de los mendigos de los subterráneos. En esas piezas altas tienen sus puntos de reunion los caballeros de industria subalternos; ahí duermen los limpiabotas y los saltimbancos de menor cuantía, las fruteras de calle, los vendedores de baratijas, los músicos de callejuela, y multitud de vagos de diversas clases que no son literalmente mendigos; ahí esconden sus andrajos los rateros de alguna importancia y los pillos que especulan con las intrigas de los seductores; ahí descansan de su larga fatiga del dia, despues de doce ó diez y seis horas de trabajo, millares de esos pobres obreros ambulantes de pequeño salario, así como los repartidores de diarios y sus semejantes; y por último, ahí tienen su hogar envilecido las innumerables prostitutas y meretrices que hormiguean por las calles de Londres, pero que, por su fealdad, su edad ú otras circunstancias, no pertenecen sino á la plebe de las infames.
—Toda esta inmensa y heterogénea turba se levanta por la mañana, entumecida y macilenta, y al sentir el ruido cercano de los coches que circulan por las calles opulentas, recuerda que es en medio de su bullicio donde puede encontrar las limosnas y los desperdicios de la sociedad, ó la fácil explotación del orgullo, de los vicios ó la credulidad de los que se tienen por dichosos. Entonces, la chusma entera se cierne sobre Londres como una nube de cuervos, y el barrio de San-Gil queda desierto durante todo el dia….
Habíamos recorrido tres callejuelas y algunos patios y laberintos, y mi compañero, temeroso de que nos extraviásemos sin encontrar salida, me dijo:
—Salgamos de este país maldito. Lo que U. ha visto es suficiente, porque todo es igual, cuando no peor.
Cuando salimos á la plaza de Trafalgar, nos parecía que en realidad resucitábamos, ó que salíamos si no de un sepulcro, del infierno de una pesadilla estranguladora.
* * * * *
¿Podía Inglaterra permanecer indiferente á ese profundo malestar, cuando la gangrena se manifestaba principalmente en el corazon de sus mas grandes ciudades manufactureras y comerciales? No! Inglaterra es el pais del egoísmo y del orgullo, pero esos mismos sentimientos que la deslustran le dieron la conciencia del peligro y la fuerza de aplicarse á conjurarlo. Ese mal crónico y profundo de la miseria y del vicio, fruto de la ignorancia de las masas, de la desigualdad de las condiciones sociales y de las leyes de privilegio, se palpaba y se palpa aún con suma intensidad, no solo en Londres, sino en Liverpool, Birmingham, Leeds, Manchester, Glasgow y otros de los grandes centros de población y movimiento industrial. El cangro abarcaba con sus fibras y raices todas las entrañas de la sociedad…. Se creyó posible disolverlo con emolientes y todo el mundo se puso á la obra de la beneficencia y la instrucción. Noble error, en cuanto á la primera parte de la obra. La miseria, el vicio que ella engendra, y el crimen que se deriva del vicio, no son mas que efectos de una causa orgánica. Si la instrucción prepara á la virtud, es impotente por sí sola para producirla: ella necesita por auxiliares la libertad, la justicia y el trabajo. La beneficencia no es mas que un bálsamo: alivia ó cálmalos dolores, pero deja subsistir el mal.
He ahí lo que ha sucedido en Inglaterra. El grito de desesperacion y agonía lanzado por la muchedumbre extenuada, corrompida ó culpable, despertó á los ricos ó afortunados de Inglaterra en 1847, y ese pueblo, que en todas sus manifestaciones es grande y fuerte, pero siempre fiel á las tradiciones y antipático á las reformas radicales, levantó donde quiera templos magníficos á la beneficencia bajo todas las formas anodinas, derramando el oro á montones para conservar su opulencia misma. La ruda Inglaterra sintió el peligro inminente de una profunda conmoción social, y tuvo vergüenza de su deshonor, publicado por todos los viajeros que estudiaban á fondo la organización tradicional de la poderosa Albion.
Hoy gasta Inglaterra mas de 35 milliones de pesos anualmente en solo las atenciones visibles de la beneficencia pública. Una suma tan enorme, y sinembargo tan insuficiente ¿qué es lo que revela? Si prueba la increíble riqueza de las clases acomodadas, revela aún mas la enormidad de la indigencia en que viven las otras clases,—es decir, la espantosa desigualdad con que, por la influencia secular de instituciones viciosas, se ha podido repartir el bienestar.
Despues de haber sondado el abismo de putrefaccion que se llama Saint-Giles y de haber escuchado las relaciones mas lamentables acerca de White-Chapel y los demás antros de la miseria en Londres, quise conocer lo que los afortunados hacen para conjurar el cataclismo que los amenaza. El contraste de los edificios es curioso. Se ven los grandes hospitales al lado de los grandes bancos; los hospicios repletos de gentes socorridas cerca de los almacenes repletos de mercancías, y las escuelas primarias y de artes y oficios á pocos pasos de las colosales fábricas. Todo eso establece el conjunto romántico de la vida y la muerte, de la opulencia y la desventura, de la especulacion y la caridad. Tal parece como si los capitalistas quisieran decir al observador: «Esas casas de asilo que se tocan con nuestros bancos son las válvulas de seguridad para nuestros tesoros; nuestros gastos de beneficencia figuran en nuestros libros como gastos de conservacion;—y cada guardián ó enfermero de esos hospicios y hospitales, cada preceptor de una de esas escuelas de harapientos (Raghed—Schools) es un obrero que trabaja indirectamente en servicio de nuestras especulaciones.»
Tal es el carácter de la beneficencia en Londres. Allí se gastan sumas enormes en hospicios, casas de asilo, hospitales y escuelas gratuitas de enseñanza elemental y de artes y oficios,—y estos establecimientos, en general, le hacen honor á Inglaterra. Pero todo eso es impotente: el mal sigue y el número de los indigentes aumenta sin cesar, no obstante el oro que se gasta para oponerle una barrera. Habladles á esos poderosos propietarios de tierras, á los altivos gobernantes, y á cuantos tienen en sus manos la fortuna y la fuerza,—habladles de una reforma decisiva que cambie la organizacion social para abrir campo á la regeneracion de las masas indigentes, ó de un sistema de emigracion gratuita bien dirigido para enviar á los demás puntos del globo los brazos que la industria necesita con urgencia,—y os responderán negativamente. Rechazarán la emigración por orgullo nacional, considerándola como humillante para el pueblo inglés,—y resistirán la reforma radical por egoísmo personal y orgullo de casta ó dé posicion social, como un trastorno de las leyes naturales, como el advenimiento de una igualdad absurda y disolvente.
Así, por conclusion de este capítulo, diré que he deducido de mis rápidas observaciones en Londres una conviccion desoladora: como el mal de la miseria es profundo, radical, inmenso, el remedio debe ser lo mismo; y como el remedio actual, por grande y ostentoso que sea en sus formas, es ineficaz en sustancia, la Inglaterra no tiene mas que tres caminos posibles para salir de la situacion presente: ó una reforma social completa y sin restriccion; ó la organizacion oficial de la emigracion gratúita, descargándose de millones de individuos sobrantes en su suelo, en beneficio de la poblacion del Nuevo Mundo (donde el trabajo los rehabilitaría); ó una revolucion terrible que aniquilaría por muchos años la opulencia de la Gran Bretaña.
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CAPITULO III.
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EL TAMESIS EN LONDRES.
Los puentes, la navegacion y las márgenes del gran rio.—Las Casas del Parlamento.—Westminster.—La Torre de Lóndres.—Los Docks del comercio.—El Túnel,—Greenwioh; el Hospital militar—El Leviatan en obra.
Si la Inglaterra ostenta en todas sus grandes ciudades comerciales y manufactureras la espontaneidad, la grandeza y todas las condiciones de un pueblo positivista, vigoroso y libre, en ninguna parte se revela ella mejor que en los objetos acumulados sobre las orillas y las ondas del Támesis. Sus parques y jardines admirables demuestran su universalidad de relaciones y su lujo de ostentacion, así como el Museo Británico es el testimonio del poder que alcanza la infatigable investigacion del viajero. La catedral gigantesca de San Pablo no es un monumento de la arquitectura sino del orgullo de un gran pueblo. El Palacio de Cristal es la prueba de su poder de apropiacion cosmopolita; y la Abadía de Westminster, la Torre de Lóndres y el Palacio del Parlamento, que dominan el Támesis, son mas bien los testimonios de la soberbia aristocrática. Por último, la Bolsa, el Banco nacional y los monumentos de las plazas de Lóndres revelan todo lo que hay de opulencia y de gloria, de culto á la riqueza y al patriotismo en ésa nacion maravillosa.
Todo eso es magnífico, y á cada uno de esos monumentos consagraré algunas pinceladas. Pero, lo repito, donde la Inglaterra, por medio de su metrópoli, revela mejor sus verdaderas condiciones como pueblo comercial, marítimo y manufacturero, en proporciones colosales, es en el Támesis. Sus diques estupendos (docks), con vastísimos almacenes de depósito; sus puentes admirables tendidos en diversas formas sobre el opulento rio; su maravilla del Tunnel (lujosa inutilidad que admira); sus millares de vapores, de navíos mercantes y de guerra, y de botes costaneros ó pescadores, que cubren literalmente la superficie del rio; sus grandes fábricas, cuyas altísimas chimeneas ciernen sus nubes de negro humo y de vapor entre las nieblas que vagan sobre las ondas; su espléndido Hospital militar de Greenwich, sin igual en el mundo; su monstruo marino de hierro llamado Leviatan, y sus innumerables astilleros de construccion naval y hermosos muelles sobre una y otra márgen,—todo eso le da al Támesis un aspecto de universalidad, de grandeza y de vida que aturde al viajero y le obliga á respetar la fuerza de ese gran pueblo que, sentado sobre un lecho de carbon de piedra y separado del mundo entero por los mares, ha llevado á todas las regiones su bandera, su opulencia y su audacia, y ha hecho de su capital la metrópoli económica de la humanidad, la Babilonia inescrutable de la civilizacion industrial.
Recorramos rápidamente las grandezas del Támesis.
La ciudad de Lóndres cuenta sobre el Támesis apenas once puentes, desde las alturas de Chelsea hasta las cercanías de los Diques, donde se ostenta el puente monumental llamado London bridge.
Cualquiera pensaría que esas once vías fijas de comunicacion entre las dos grandes porciones de la ciudad son insuficientes para la enorme poblacion sedentaria y el inmenso cúmulo de viajeros que se cruzan en Lóndres en todas direcciones; y en efecto, aquellos puentes, sobre todo el de London que es libre; están siempre tan colmados de gentes y vehículos de trasporte, que las comunicaciones se hacen muchas veces casi imposibles.
Pero la libertad del Támesis es una necesidad imperiosa que se opone á la multiplicacion de los puentes, porque es en ese rio fabulosamente agitado y rico, donde Lóndres tiene su vida ó su corazon. Por otra parte, las facilidades que ofrece la navegacion por medio de los vapores y faluchos, compensan aquel inconveniente, manteniendo á lo largo y al traves del rio una cuádruple corriente de pasajeros que hormiguean por millares y millares por enmedio de los puentes ó bajo sus colosales arcos.
De los once puentes de Lóndres cuatro me llamaron principalmente la atencion por su novedad: el London bridge, que liga la City con el inmenso barrio de Barmondsey, del sur;—el de Southwark, situado un poco mas arriba;—el de Waterloo, que da sobre el Strand;—y el de Hungerford, inmediatamente superior. El de Vauxhall, cuyo servicio data de 1816, es un sólido y hermoso puente, pero no llama particularmente la atencion, así como el de Westminster.
Esas obras son tan poderosas por su extension y el cúmulo de trabajo que ha entrado en ellas, que los cuatro puentes nomas de London, Waterloo, Southwark y Vauxhall han costado 20 millones de pesos. El primero es de una estructura monumental, de un atrevimiento admirable, y ofrece una vista espléndida sobre el Támesis y gran parte de la ciudad. Fué reconstruido en 1831, tiene 782 piés ingleses de longitud y unos 80 de anchura; es todo de granito, compuesto de tres enormes arcos casi horizontales de un mérito arquitectónico insuperable.
El de Southwark fué terminado en 1819; es todo de hierro y su masa gigantesca está dividida también en tres arcos de los cuales el del centro mide un espacio de 240 piés. El de Waterloo se compone de nueve arcos, cada uno de 120 piés de diámetro, es todo de piedra, data de 1817, y costó un millon de libras esterlinas. Ese puente es un verdadero monumento de arquitectura moderna, tiene una hermosura pintoresca, y es en su género uno de los mejores de Europa. Por último, el puente de Hungerford es colgante ó suspendido sobre dos estribos, uno de los cuales sirve de embarcadero muy ingenioso, descendiendo á la mitad del Támesis por grandes graderías, y tiene un aspecto tan elegante como singular. Como en Inglaterra el gobierno jamas es empresario de vias de comunicacion ó cosas semejantes, el paso de los puentes no es gratúito, excepto en el de London.
El espectáculo que ofrece el Támesis, bajo el aspecto de la navegacion, es incomparable: aquello no solo impone, admira y entusiasma, sino que aturde. Como ese rio es la vida de Lóndres y aún del comercio del mundo, sus ondas no están aprisionadas sino por las dos altísimas hileras de edificios, de manera que no hay muelles de mampostería para la carga y descarga de las mercancías. El rio es libre para todo el mundo y los cargamentos descienden sobre los botes desde las puertas y ventanas de los almacenes que dominan el Támesis en incalculable número. En cuanto á los pasajeros, ellos entran y salen de los vapores y los botes ó faluchos, ya llegando hasta la orilla misma, cuando la marea lo permite, ya pasando por una serie de viejas barcas formando puente y que terminan en muelles de madera establecidos hácia el centro del rio.
El Támesis de por sí es un rio de muy mediano caudal, sobre todo á los ojos del viajero que acaba de surcar en el Nuevo Mundo rios colosales profusamente encadenados. En Lóndres el Támesis tiene la anchura média de 250 metros, que disminuye bastante hácia Chelsea y aumenta hasta 400 abajo del Tunnel. La profundidad média es de 2 metros, que disminuye mucho cuando las mareas se retiran, y llega hasta 7 y medio bajo el puente de Lóndres en la mas alta marea. Así, la navegacion de los vapores y grandes buques está sujeta, en lo general, al flujo y reflujo del mar del Norte, que recibe las ondas del Támesis.
Cuando la marea sube, se ve un interminable cordon de navíos marítimos de todas las naciones, remontando el rio á remolque de pequeños vapores hasta llegar á los Diques de Lóndres, esos almacenes colosales de madera y piedra que guardan en su seno los tesoros del mundo comercial. Entónces el espectáculo hace comprender el secreto de la grandeza británica y del progreso de todos los pueblos,—la libertad, que hace aglomerar sobre un solo rio millares y millares de navíos y vapores, entre cuyos arbolajes y ennegrecidas chimeneas flotan al viento del libre cambio las banderas cosmopolitas que distinguen sobre los mares á todos los pueblos de la humanidad. Con cuánto placer ví agitarse sobre un solo bergantin la bandera tricolor de mi querida pero pobre patria!… Yo la saludé con respeto y amor, entonando en el fondo de mi corazon un himno de gratitud á los fundadores de la independencia de mi pais! Era una sola, entre mil banderas distintas, pero una sola me bastaba….
Es incalculable, sin ocurrir á una laboriosa estadística, el número de botes y faluchos de todas clases que pueblan y surcan en un incesante hormigueo las ondas del Támesis. Que el lector que nunca ha viajado imagine un lago en cuya superficie entera se cierne una inmensa falange de aves acuátiles de todos colores y dimensiones para nadar en la mas pintoresca confusion, y, prescindiendo del efecto que hacen los arbolajes, las velas y las humeantes chimeneas de los vapores, se tendrá una idea aproximativa del aspecto general del Támesis.
Si Lóndres tiene en su laberinto de calles un enjambre de millares de ómnibus para el servicio de la multitud, y de pequeños coches de alquiler, en el Támesis tiene tambien un servicio permanente de buques, que llamaré vapores-ómnibus, y una nube de góndolas ó faluchos para la travesía, que equivalen á millares de puentes flotantes. De trecho en trecho hay muelles avanzados de madera que sirven de estaciones, y á cada diez minutos llega de subida ó de bajada un vapor, largo, delgado y ligero como una anguila, que lanza de su seno una multitud de pasajeros, recoge otra, hace silbar su locomotiva y se escapa caracoleando con maravillosa destreza por entre los estrechos intersticios que dejan los botes y navíos que tapizan las ondas,
Las comunicaciones son tan excesivamente baratas y la regularidad de los viajes á lo largo del río, hasta abajo de Greenwich, es tan completa, que un paseo por el Támesis reune todas las condiciones deseables por el pasajero negociante ó el viajero curioso. En esas rápidas peregrinaciones todo interesa, hasta el menor objeto;—todo llama la atencion, y el paseante va admirando, en una sucesion de sorpresas é impresiones diferentes, cuanto contiene el Támesis de pintoresco ú magnífico, de opulento ú singular desde la una hasta la otra extremidad de Lóndres. Fué así como pude ver, al pasar y apénas exteriormente, muchos suntuosos ó interesantes monumentos, ya que me faltaba tiempo para un estudio minucioso de Lóndres, en mi primera visita.
Comenzando la peregrinación desde el pié del puente de Battersea, arriba de Chelsea, para terminarla por una visita á Greenwich, hé aquí lo que mas me llamó la atencion.
A la izquierda vi sobre la orilla destacarse los árboles del pequeño parque en cuyo fondo se ostenta el famoso hospital de Chelsea, edificio gigantesco y que, por su interior y la manera como está servido, pasa con justicia por ser uno de los primeros hospitales del mundo. Bajo el punto de vista del aseo, la comodidad, la extension y el órden, no hay en Europa hospitales que puedan rivalizar con los de Inglaterra. Tal parece como si esa nacion, ostentosa en todo, hubiese querido alojar lujosamente aún á los inválidos y miserables acogidos á la caridad pública.
Un poco abajo del enorme puente de Vauxhall está la penitenciaria de Millbank (Mill, molino,—bank, casa), testimonio grandioso de ese espíritu de progreso que anima hoy á Inglaterra en favor de los sistemas y actos humanitarios. La Gran Bretaña, la Suiza, Bélgica y Baden son los únicos Estados de Europa que han sabido emprender la aplicacion á su suelo del régimen penitenciario de la Union Americana, á fin de llegar á la abolicion completa de la pena de muerte (esa grande infamia de las sociedades feudales que deshonra la civilizacion, insultando á Dios y la naturaleza humana), y de sostituir á la penalidad salvaje del dolor físico y de la degradacion, la influencia de la soledad moderada que enseña, del arrepentimiento que purifica al extraviado, y del trabajo que fortifica su organizacion y rehabilita su alma y su nombre ante la sociedad y ante Dios.
La penitenciaria de Millbank debe quizas su nombre á la forma singular del edificio, pues tiene la figura de una rueda horizontal de molino (mill), compuesto de un cuerpo central y sexágono que sirve de eje y seis cuerpos separados entre sí tocando con el centro, de manera que el todo se parece á una estrella ó una rueda de seis aspas. Segun se me informó, la penitenciaria produce los mas benéficos resultados, reposando en el principio de la combinacion del aislamiento con el trabajo en comun.
Casi tocando con el antiguo puente de Westminster se ostenta el famoso edificio moderno que sirve de recinto al Parlamento británico, y detras se destacan las dos enormes torres de la Abadía de Westminster, el panteon consagrado a los glorias nacionales y el mas grandioso y bello monumento de la Gran Bretaña, tanto por su arquitectura como por su riqueza interior y su importancia histórica.
El Palacio del Parlamento, que es muy nuevo y ha reemplazado al que se incendió en 1834, tiene una grandeza de formas que corresponde á la de la influencia que ejercen sobre la política del mundo la elocuencia y las leyes de los 900 representantes de la corona, la nobleza y el pueblo de la Gran Bretaña que se reúnen allí.—La fachada es monumental, inmensa y de proporciones góticas, que constituyen una de esas estupendas pero desgraciadas imitaciones que la extravagante ó ecléctica arquitectura moderna hace de las románticas é incomparables creaciones del arte popular de la edad media. Aquella es una obra que asombra por su magnificencia, pero que carece de la misteriosa majestad de la poesía artística.
El interior vale mucho mas que el exterior, pues el Palacio que sirve de Areópago á la nacion inglesa, no solo es inmenso y complicado, sino que tiene notables riquezas de valor artístico y lujo de decoraciones. Ese palacio es digno del pueblo inglés, aunque en mi opinion sus legisladores debian haber sido mas modestos en tanto que hubiese en el seno del país miserias que curar y prevenir. El lujo de las naciones es tan culpable como el de los individuos, cuando contrasta con algun testimonio de ignorancia ó miseria.
En el límite del opulento barrio del Strand está situado, sobre el muelle contiguo al magnífico puente de Waterloo, el famoso palacio de Somerset, cuya construccion fué emprendida por el fastuoso cuanto desgraciado duque del mismo nombre, ministro de Eduardo VI, que despues de haber gobernado altivamente á Inglaterra fué depuesto en 1549 y decapitado en 1552. El palacio, que tiene tambien por su actual aplicacion el nombre de «Colegio del Rey», tiene una extensa y hermosa fachada de arquitectura complicada y mixta, y se destaca de entre las aguas del Támesis con el doble aspecto de un palacio real suntuosísimo y una fortaleza desarmada y elegante.
Casi inmediatamente despues del London Bridge, domina el rio con sus altos muros de sencilla arquitectura el enorme edificio de la Aduana (Custom-House), que es el palacio real del algodon, los frutos de la India y todo lo que producen las cinco partes del mundo. Este edificio no es en manera alguna un monumento, pues su arquitectura no ha consultado el arte, sino la solidez, la comodidad y el orden, como conviene á un establecimiento de esa clase. Pero su interior es en extremo interesante, por el órden admirable que reina en la distribucion de las localidades, según su aplicacion á todas las necesidades de una aduana.
En seguida de Custom-House, se alcanzan á ver, empinadas por encima de sucios edificios y almacenes de desordenada construccion, las complicadas torres, almenas y pequeñas fortalezas que constituyen aglomeradas lo que se llama la Torre de Lóndres, que es uno de los monumentos mas históricos de Inglaterra. De todo el conjunto de antiguos edificios que lleva ese nombre comun y absurdo, el mas notable es el que tiene la especial denominacion de la Torre-Blanca (the White-Tower) Este solo compartimiento tiene una circunferencia de 3,156 piés. El monumento entero fue fundado en 1066 por Guillermo el Conquistador para la defensa de Lóndres, compuesto de una gran torre central y trece pequeñas que la rodeaban, de las cuales algunas no existen.
La Torre de Lóndres ha sido el teatro de los mas terribles dramas políticos, mucho peores aún que los de la Bastilla de París. Es en esa gran tumba de piedra donde han terminado su carrera de prosperidades, de glorias ó de crímenes muchos príncipes, gobernantes y poderosos. Alcázar sombrío de la historia de un gran pueblo, esa torro es un recuerdo permanente que después de ocho siglos de peripecias sangrientas hace comprender, con la pasmosa elocuencia del granito histórico y ennegrecido por el tiempo, cuan horrible es á veces la justicia de los reyes, y cuan vanas son siempre las promesas de la ambicion y la fortuna.
Hoy la Torre de Londres no es una fortaleza, sino apenas un museo de guerra,—es decir, el museo de la muerte;—ó sea una lápida de la tumba de ocho siglos de violencias, de crímenes y de gloriosas revoluciones tambien. Una dé las torres se llama la sangrienta: fué en su recinto donde tuvo lugar el horrible asesinato de los hijos de Eduardo IV, en 1488. En otra de esas torres, la llamada de Wakefield, fue asesinado otro rey—Enrique VI. Nada ha sido mas común en la historia de Inglaterra que las ejecuciones de reyes y reinas, por obra de los de la misma familia. No sé por qué hacen los reyes tanto escándalo cuando ven que los pueblos, imitándolos, se hacen los ejecutores. El oficio de verdugo ha comenzado por ser aristocrático, y al fin, los pueblos lo han repudiado dejándolo á los dictadores, los reyes, los inquisidores y los togados, como cosa que les pertenece en propiedad.
Casi pensaba omitir en esta relación algunos pormenores relativos al primero de los monumentos que dominan el Támesis,—la Abadía de Westminster,—no obstante su importancia, porque me he propuesto no describir sino lo que haya visto. No tuve tiempo para recorrer todo el interior de aquella catedral de las glorias británicas, que es el reverso de la Torre de Lóndres. El aspecto exterior es de una magnificencia imponderable, consideradas la fachada y las torres, pues el cuerpo del edificio es muy sencillo. La iglesia data del principio del siglo XI, y es en ella donde tiene lugar la coronación de los monarcas de la Gran Bretaña.
Como he dicho ántes, Westminster es el Panteon de las grandes figuras de Inglaterra, en la ciencia, la literatura, la oratoria, el gobierno, la guerra, la marina, la poesía, las bellas artes y todo lo que puede abrir el camino á la inmortalidad. Con todo, Westminster ha dado asilo a notabilidades de muy dudosa ortografía, muchas de las cuales han pagado mas bien que merecido el pasaporte para descansar en algunas de las gloriosas tumbas de la venerable catedral de los muertos y de los reyes, poblada de estatuas, bustos y obras soberbias de escultura.
Una de las mas notables de esas obras es la gran tumba de Eduardo IV, cuajada de esculturas magníficas, y que tiene una forma singular por las torres circulares que la encuadran. Son muy interesantes tambien las tumbas de Eduardo el confesor, rey anglo-sajon,—de Enrique III y Enrique V,—de la desgraciada cuanto terca María Stuart, y de Isabel, su sobrina, su rival y verdugo,—de Jacobo I de Inglaterra,—Cárlos II, hijo de un monarca decapitado por sentencia de su pueblo,—y de Jorje II, que engrandeció á su patria con el apoyo de los talentos de Walpole y el primer Pitt.
El cuerpo principal ostenta en sus naves laterales los monumentos consagrados á los hombres de genio. Allí, en el lado del norte están las tumbas de Pitt, Burke, Sheridan, Fox, Canning (ese gran protector de la independencia de las Repúblicas Colombianas), de Robert Peel, el afortunado ejecutor de la gloriosa reforma comercial que ha hecho la fuerza y opulencia de la Gran Bretaña, y en fin, de todos los hombres de estado mas eminentes. En una de las capillas, cerca de las tumbas reales, están las de Buckingham (raza de favoritos y ministros, algunos mártires de su ambicion), y de Monk, ese Judas militar de la democracia británica.
En el lado meridional de la misma Iglesia están los sepulcros y bustos de los escritores, poetas y artistas, desde el admirable Shakspeare hasta los mas recientes. Son notables por su significacion los monumentos de los famosos actores dramáticos Garrick y Kemble, soberanos de la escena. ¡Cuán grato es encontrar bajo un mismo panteon, al lado de las tumbas de los soberanos de la tierra y de los hombres de estado y generales victoriosos, las de los poetas y artistas, humildes hijos de la nada, pero levantados por su genio y por la conciencia de los pueblos a ser los monarcas de la luz, del sentimiento y de la gloria, y vivir eternamente en la memoria de la humanidad! El pueblo inglés, aunque preocupado por las tradiciones aristocráticas, sabe ser justo, y eleva á sus hijos inspirados al alcázar de los reyes, para probarle al mundo que al fin el pueblo es el verdadero rey, porque es en su seno que reside la potencia del genio.
Los Docks, lo repito, son la creacion característica de Lóndres, el monumento típico de la grandeza comercial de los Ingleses. Estudiar los museos, los palacios, las bibliotecas y los parques de Lóndres es detenerse ante las manifestaciones soberbias del lujo de la civilizacion, mas aristocrática en la Gran Bretaña que en ningun otro pais. Pero contemplar sus Docks, principalmente los de Lóndres y Liverpool, es asistir al movimiento de las arterias de ese pueblo mercantil y cosmopolita por excelencia. Allí se ve, por decirlo así, palpitar el corazon de Inglaterra,—revelarse toda la energía, toda la fuerza de su vitalidad,
Desde la vecindad ó el pié mismo de la Torre de Lóndres hasta muy abajo de la vuelta de Greenwioh, es decir, hasta el fin de la isla artificial llamada «Isla de los Perros,» las dos márgenes del Támesis están casi literalmente cubiertas de Docks, complicados en inmenso laberinto, y astilleros ó grandes canteras de construcciones navales, Primero se encuentran los de Santa Catarina contiguos á la Torre de Lóndres; poco mas abajo siguen los llamados particularmente London Docks, de una magnificencia admirable; descendiendo algunas millas aun, en el vértice de la «Isla de los Perros,» se encuentran los enormes diques «de las Indias Orientales.» El resto de la isla se puede decir que es un solo dique dividido en innumerables compartimientos ó cavidades.
Ademas, en la vasta porcion de Lóndres que se extiende al frente de la City, del lado sur del Támesis, hay en la especie de península de Rotherhithe una multitud de grandes diques de no menor importancia que los de la banda setentrional. Es á esos depósitos universales á donde llegan las mercancías de todo el mundo en los navíos que remontan el Támesis, y á donde afluyen los productos de las fábricas y minas inglesas para ser embarcados á bordo de esos mismos navíos y enviados á todos los puertos marítimos del globo. Así, cerca de cada grupo de Docks, hay una grande estacion de ferrocarriles, y por lo mismo la comunicacion marítima y fluvial está íntimamente ligada á la terrestre, consultándose ante todo la economía y la rapidez de las operaciones comerciales.
No me fué posible examinar de cerca otros Docks que los de Santa-Catarina y Lóndres, ni tenia precision de visitar los demas, puesto que aquellos son los mas completos, aunque los de las Indias Orientales son los mas considerables.
El Dock tiene por base la márgen del Támesis, cuyas aguas lo alimentan constantemente y le facilitan la entrada y la salida de los buques en los momentos en que las mareas suben. El Dock se compone de una inmensa alberca de mampostería, muy profunda y dividida mas ó ménos regularmente en compartimientos que se comunican ó incomunican, segun que se abren ó cierran, por medio de máquinas, las enormes compuertas de hierro y madera. Estas funcionan estableciendo entre dique y dique el nivel de las aguas interiores estancadas, con el de las exteriores del Támesis, y un ancho canal de mampostería, que mide la cala de los navíos, les da entrada ó salida con la mayor facilidad y en pocos minutos.
El laberinto de albercas ó diques penetra al corazon de la ciudad por en médio de vastos muelles planos y altísimos edificios, y de este modo se produce el extraño fenómeno de una ciudad flotante compuesta de navíos de todos tamaños metida literalmente en el seno de la ciudad de piedra y ladrillo que se llama Lóndres. Los buques entran allí con tres objetos, pagando un moderadísimo derecho: 1º descargar sus valores en los vastísimos almacenes de depósito; 2º carenarse y ponerse á cubierto de todo accidente que pueda sobrevenirles en la mitad del Támesis, evitando embarazar la navegacion; y 3º buscar en los mismos depósitos (stocks) la carga de retorno que necesitan.
De todo eso resulta que los Docks están siempre colmados por centenares y aún millares de navíos de todo porte cuyo conjunto ofrece el espectáculo mas admirable. Una infinita red de cascos, arbolajes en interminable bosque, banderas de todas las naciones, etc., etc., se extiende por todo el laberinto de diques, cuyo aspecto es al mismo tiempo sombrío y pintoresco en alto grado. Al derredor, sobre los muelles, se destacan las alas de inmensos almacenes, provistos de sótanos ó subterráneos para los vinos y otros muchos artículos, y es allí donde se depositan todos los valores que el comercio de Lóndres hace girar por medio del Támesis.
¡Y qué movimiento el que reina en aquel escenario de la industria! Aquí, los grupos de marineros se destacan sobre los altos puentes ó las vergas de sus navíos, llamando la atencion por sus vestidos, dialectos y tipos diferentes, que corresponden á todas las regiones; y en medio de esos grupos circulan millares y millares de obreros, unos trabajando en la carga y descarga y la conduccion de los efectos, y otros ocupados en obras de carpintería ó en la carena de los buques. Allá se agitan los negociantes y corredores en mil especulaciones de simple crédito, ó de compra-venta, cuando no en el exámen de las mercancías; y todo es actividad, trabajo, movimiento incesante en aquella Babilonia de gentes, buques y mercancías.
El Dock no es solo un establecimiento comercial y creado para el servicio de la navegacion: es tambien un elemento poderosísimo de crédito. Desde el instante en que la mercancía entra al depósito en el Dock, queda avaluada por peritos, asegurada y bajo la responsabilidad de los empresarios del mismo Dock. El propietario de la mercancía recibe un documento (warrant) que acredita su propiedad, con expresion de la cantidad, calidad, valor, etc., y debe pagar un derecho de depósito. Con ese documento puede ir á cualquier banco, si no quiere ó no puede vender la mercancía, y obtener, obligándola en garantía, todos los fondos equivalentes que necesita para sus especulaciones; sin perjuicio de poderla enagenar luego á mejor precio, quedando la deuda á cargo del comprador. Es incalculable el bien que semejante institucion hace al comercio y la industria, multiplicando los capitales y las transacciones por medio del crédito.
Los Docks «de las Indias Orientales» son enormes. Es allí donde se acumula esa famosa escuadra pacífica, si se me permite la expresion, compuesta de millares de navíos de grandes dimensiones, que alimentan el comercio entre Inglaterra y las regiones del Indostan y la China que han sido explotadas hasta ahora por la compañía de las Indias. Contemplando aún de léjos el bosque colosal de mástiles de aquellos buques nomas, puede tenerse una idea de la opulencia de esa compañía y de la magnitud de sus especulaciones.
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Al frente de los Docks de Lóndres está el famoso puente subterráneo llamado el Tunnel, obra audaz y grandiosa de un ingeniero frances, Brunel, que fué construido con el objeto de establecer la comunicacion entre las dos márgenes del rio. Como los barrios fronterizos son muy activos, contando centenares de miles de obreros, y no era posible echar un puente sobre el Támesis sin impedir la navegacion á los grandes buques, se ocurrió al puente subterráneo. Desgraciadamente ha sido inútil para la comunicacion, por causas locales, y despues de tan prodigiosos esfuerzos y de gastar en la obra 3,070,000 libras esterlinas, ha quedado reducida al carácter de curiosidad ó monumento de la audacia del genio y de la grandeza industrial de Inglaterra.
El Tunnel es una cavidad practicada bajo las aguas del Támesis, separada apénas por una capa de tierra de 15 piés de espesor. La bóveda se compone de dos galerías paralelas, de muchísimas arcadas, con una longitud de 1,300 piés, y se desciende á las extremidades perpendicularmente, del nivel de las calles de Lóndres, por medio de enormes escaleras de caracol. Una de las galerías ha sido destinada á tiendas de curiosidades, mercerías, cosmoramas, etc., que producen el mas curioso contraste con la sombría majestad de la bóveda iluminada por el gas. Aquello es curioso y admira mucho, pero el viajero que visita semejante monumento no puede explicarse cómo un pueblo tan práctico y previsor como el inglés pudo acoger la idea de una empresa tan absurda bajo el aspecto industrial como fabulosa bajo el de la ciencia y la tenacidad.
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A unos diez kilómetros del puente de Lóndres, sobre la márgen del Támesis, se encuentra la pequeña pero muy visitada y graciosa ciudad de Greenwich, interesante por diversos motivos. Desde la terraza del muelle y los edificios vecinos se goza de una vista admirable, pues no solo se alcanza á ver una inmensa porcion del Este de Lóndres y se domina el curso del Támesis en algunas millas, sino que se admira al frente la selva de mástiles que se destaca de todos los Docks en la Isla de los Perros.
Greenwich cuenta unas 8,800 casas de habitacion con cerca de 30,500 almas: y como tiene un magnífico parque dependiente del antiguo palacio real y varias curiosidades, contando con un ferrocarril hácia Lóndres, que pasa todo por debajo de arcadas, y el servicio permanente de los vapores, los habitantes de la metrópoli han hecho de esa pequeña ciudad uno de sus paseos favoritos, así como de Windsor y Richemond. El parque de Greenwich es el Saint-Cloud de los vecinos de Lóndres.
En el fondo de ese hermoso parque se levanta el famoso observatorio astronómico, cuya cúpula tiene unos 250 piés de elevacion sobre el nivel del Támesis. El edificio contiene una riquísima coleccion de instrumentos y trabajos de astronomía y marina, y aunque los Ingleses se sirven con frecuencia del meridiano establecido sobre la catedral de San Pablo, el de Greenwich no ha perdido nunca su importancia científica. Ese monumento, que ha servido al mundo entero, fué fundado por Cárlos II y terminado en 1675.
El vasto edificio principal del famoso Hospital de inválidos de la marina, fué en su principio un palacio de residencia real creado por Enrique VI.—Cárlos II lo reconstruyó mucho mas tarde, y al fin Guillermo III lo convirtió en Hospital de la marina británica, en 1705. El palacio tiene la majestad del tamaño y de la sencillez, pero es de una arquitectura pasada y fría, sin ningun mérito artístico notable en su exterior.
Todo el Hospital se compone de varios grandes cuerpos enteramente separados por anchas calles, y reinan en todo su conjunto y sus detalles el órden mas admirable, el aseo, la comodidad y la dignidad. Habia unos 3,000 inválidos cuando visité el establecimiento, y se me informó que ademas de esos, que son internos, muchos millares de externos recibian pensiones y servicios del Hospital.
Visité detenidamente la capilla, el museo, el refectorio, las cocinas y despensas y tres de los dormitorios en los dos grandes edificios principales, y en todos esos sitios recogí las mas gratas impresiones. La capilla, espaciosa, seria y sencilla como todos los templos de los protestantes, no contiene cuadro ni adorno alguno. Como allí no se reunen los hombres sino para leer la Biblia, orar y ensalzar á Dios, sin confundirlo con el hombre bajo forma alguna, ni rodearle de ídolos rivales, la ausencia de imágenes y santos y de todo lujo ú adornos, es absoluta. Nada me parece tan digno de la religion como esa soberanía exclusiva acordada en el templo á la idea de Dios y al Evangelio,—tan distante de la impiedad que esteriliza el alma, como de la idolatría miserable que la degrada, haciéndola caer en un paganismo contrahecho, que no tiene siquiera la poesía y la espontaneidad del paganismo griego y romano.
El Museo de los inválidos es en cierto modo la hoja de servicios de la marina británica,—orgullo y gloria de los viejos marinos llenos de cicatrices. Cada cual en el mundo tiene su punto de vista especial; así, no es extraño que, miéntras un inválido erudito me explicaba con todo el entusiasmo posible lo mismo que cada día explica á todos los viajeros curiosos, considerando como semi-dioses á los personajes mas históricos, yo maldecia interiormente el genio destructor de esos gloriosos filibusteros á quienes las naciones llaman almirantes cuando les dan el encargo de ir á ensangrentar los mares con sus atroces combates, no contentos los gobiernos con ensangrentar la tierra. Digan lo que quieran los señores marinos, para mí no será nunca Nelson otra cosa que un heróico y sublime devastador del Océano, como Drake un gran pirata, y Napoleon el Atila de la Europa, matador de la libertad.
Aunque los Ingleses no se pican mucho de fuertes en las bellas artes ni de selectos en sus colecciones de cuadros en los museos públicos, el museo del Hospital contiene algunas cosas buenas. No faltan allí frescos de mérito real, y algunos cuadros (entre los muchos de combates navales históricos para Inglaterra, ó de retratos de famosos marinos) de indisputable valor artístico. De resto, el salon contiene muchas reliquias, modelos de navíos, armas, instrumentos náuticos y todo lo que, interesando á la marina de guerra, se refiere á los hechos históricos mas notables.
El refectorio, las cocinas y las despensas del Hospital admiran por el órden con que todas las operaciones están arregladas para consultar la higiene, comodidad y economía del establecimiento. Las cocinas sobre todo, servidas apénas por unos pocos brazos perfectamente, brillan por el esmalte de sus hornillas y su menaje, con limpieza incomparable. El vapor y las máquinas lo hacen todo, y allí se confeccionan las comidas como se hacen en una fábrica cualesquiera manufacturas. Todo es regular como lo exige la accion mecánica del hierro agitado por el vapor, y todo conduce allí á hacer bendecir los progresos de una ciencia que atiende con maternal solicitud á todas las necesidades del hombre.
Si los inválidos tienen en Greenwich una admirable vista, paseos hermosos, su templo, su museo, refectorio y todo su menaje comun inmejorable, no es ménos cómoda y feliz la situacion particular de cada uno en los extensos dormitorios ó alojamientos. Puede decirse que cada cual tiene su casa propia, así como tienen sus buenos vestidos confortables y característicos.
Los dormitorios son anchas y extensas galerías situadas en pisos altos, con mucha luz, aire puro y libre, y una soberbia vista desde las ventanas. A cada lado de la galería hay una fila de alcobas independientes, cada una con su puerta sobre el centro del salon, y habitada exclusivamente por un inválido, con todo su menaje particular. Algunos trabajan espontáneamente en fabricar curiosidades de mano que venden á los visitantes de la ciudad; pero todos gozan de las ventajas de la comunidad y del aislamiento al mismo tiempo, y son tan dichosos cuanto su situacion física se lo permite. Ellos, como ancianos é inútiles, viven de recuerdos, y si alguna vez interrumpen su apacible calma es entusiasmados por sus propias narraciones de combates navales.
No es de extrañarse que la Inglaterra sea poderosa en los mares, puesto que, ya que lanza á sus hijos á morir ó vivir como proscritos en las soledades del Océano, les ofrece asilo para la vejez, cuando cansados de matar y llenos de cicatrices ó mutilados horriblemente, necesitan reposar la frente azotada durante muchos años por los huracanes y las trombas marinas.
Muy cerca del muelle de Greenwich estaba anclado el enorme coloso marítimo llamado Leviatan, la mas soberbia y la mas errada ostentacion del orgullo inglés, como soberano de los mares. Habia olvidado proveerme de un billete de entrada, y por eso no pude ver el monstruo sino exteriormente, todavía en construccion en el interior, y por lo mismo muy incompleto.
Muchas descripciones del Leviatan han circulado en la prensa del mundo, y no las repetiré aquí, tanto mas cuanto que no quiero hablar sino de lo que veo. La impresion que me produjo aquel gigante fué la del asombro, y la admiracion hácia el poder de asociacion y de industria de los Ingleses, capaces de emprenderlo todo y de realizar todo lo que emprenden. El Leviatan, no siendo mas que un buque mercante ó de trasporte, es tan gigantesco que costó mas de cinco millones de pesos. Baste decir, como término de comparacion, que al lado del Leviatan se veía como un pigmeo un enorme navío de tres puentes, de primer órden, anclado allí constantemente y que sirve de hospital para los marinos extranjeros. Al pasar por el pié del gigante de hierro (que respira por siete enormes chimeneas) yendo á bordo de uno de los vapores ordinarios del Támesis, veia las gentes que estaban sobre el último puente del Leviatan como se ven sobre la alta eminencia de una catedral los campaneros repicando. Uno de esos vapores del Támesis pasa por junto al Leviatan como una inquieta hormiga por el pié de un elefante inmoble y adormecido. Tal es la proporcion.
Sinembargo, temo que ese navío se reduzca á ser en los mares lo que el Tunnel en la tierra: un monumento de fuerza y perseverancia, tal vez inútil por su excesiva grandeza, aunque siempre glorioso.
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CAPITULO IV.
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JARDINES Y MONUMENTOS.
El Jardín Botánico;—el Zoológico.—El Coliseo,—El Museo
Británico.—San-Pablo.
Si Lóndres tiene poquísimos monumentos antiguos ó modernos que merezcan la atencion por los tesoros de su arquitectura, cuenta algunos establecimientos que son verdaderas maravillas de la civilizacion moderna. Entre estos ocupan un lugar eminente los jardines científicos. Lóndres, el país de la niebla y la tristeza, es sinembargo la ciudad clásica de los espléndidos jardines artificiales. En ellos se revelan no solo el gusto y la sencillez encantadora que imita la naturaleza, sino tambien la opulencia y la universalidad de relaciones de Inglaterra.
Es proverbial la habilidad de los Holandeses en horticultura. Es en medio de sus lagunas marítimas que ha nacido el gusto por los estudios y refinamientos de ese arte encantador, y es la Holanda, sin disputa, la que ha hecho adelantar mas ese género de agricultura. Francia, Inglaterra, Bélgica y Rusia, han sido las mas felices imitadoras; y sinembargo, los jardines zoológico-botánicos de Amsterdan y Amberes son mas recientes que el de Paris, sin cederle por eso en mérito. Si Paris y las dos ciudades belga y holandesa que he citado, y Berlin y San Petersburgo, han avanzado tanto en sus museos de historía natural y botánica, Inglaterra puede gloriarse de no tener rivales todavía por sus jardines de Londres, que son tan perfectos cuanto el estado de la ciencia y de los viajes y el arte lo permiten.
Los jardines privados de Londres en las casas aristocráticas son numerosísimos y espléndidos. Y fuera de Lóndres, en Richemond, Windsor y otros lugares pintorescos tienen una magnificencia afamada. No hablaré sino de los que conocí personalmente,—el Zoológico y el Botánico, que ocupan el parque vastísimo del Regente en el Oeste de Lóndres.
A primera vista, al penetrar en esos inmensos museos vivientes de historia natural y de botánica, se comprende que aquella es la obra del espíritu industrial, fruto de la libre iniciativa y de la expansión que es propia de los pueblos que gozan de instituciones liberales. Como la autoridad no figura como empresaria en ningún establecimiento de carácter Industrial, ó aunque sea complejo, el órden, la economía ilustrada, la grandeza y la perfeccion se ostentan en cada objeto que el viajero contempla. El interés individual hace maravillas donde quiera, y sus obras en Inglaterra contrastan con la incuria y el desarreglo de las análogas que en otros paises dependen exclusivamente de la autoridad. En esa misión de iniciativa ó de poder de la opinión todo es grande, todo refleja la fuerza de un pueblo colosal, perseverante y puntilloso. Penetremos en los jardines científicos de Londres y hallaremos un espectáculo digno dé admiración.
En la época en que los visité el invierno apénas concluia; la vegetación al aire libre estaba muerta, y faltaban por lo mismo todos los encantos del bosque y el jardín; que dependen de la naturaleza. Pero en compensacion, el arte maravilloso, la abundancia de objetos en el escenario y los mil grupos de pequeños arbustos melancólicos de hojas persistentes, ó de plantas acuáticas, hacían un juego muy interesante. El parque del Regente tiene como unos 80 acres de superficie, y está surcado en toda su extension por un ancho y hermoso lago y canales de navegacion é irrigacion, cuyas aguas alimentan las fuentes, los estanques, los arroyos y todos los receptáculos que las conservan para los animales y la vegetacion. Dividido en tres partes, la una es propiamente un pequeño y hermoso parque sombreado por árboles seculares y magníficos; las otras dos contienen separadamente el jardín Zoológico y el Botánico.
En el segundo se encuentra, durante la primavera, la mas variada y completa coleccion de plantas raras, representantes de la vegetacion del mundo entero. Allí nada hay de ménos ni de mas; todo lo que es vulgar está desechado, y en vez de la inútil profusion de árboles ó plantas de un solo género, cada familia, cada especie y cada género están representados por las mas hermosas muestras, en corto número y con un órden perfecto de clasificacion. El visitante puede hacer un verdadero estudio de la botánica cosmopolita, siguiendo paso á paso los grupos científicamente preparados al aire libre ó en invernáculos,—dentro de las aguas de los estanques pintorescos de agua dulce ó marina,—ó sobre los emparrados, enrejados y techos que les dan protección á las lianas, enredaderas parásitas y plantas trepadoras de todo género.
La falta de abundante vegetación exterior, que era efecto de las nieves del invierno, me hizo buscar de preferencia los invernáculos de cristal. Esos palacios de Flora, construidos por el hombre para dar abrigo y calor á la naturaleza, son verdaderamente espléndidos. Allí cada planta, la palmera colosal, como la humilde violeta japonesa, vive lujosamente, con toda la frescura, la belleza, el brillo, el perfume y los tesoros que les dan el sol, las brisas y el rocío en los climas ardientes ó templados á que pertenecen. La arquitectura grandiosa de los invernáculos, y las condiciones que cada uno tiene, según el grupo de plantas que abriga, para darles el grado de luz, calor, libertad, humedad y tierra especial que necesitan, favorecen maravillosamente el crecimiento, la nutrición fecunda, la reproducción y la conservación de todas las especies interesantes.
Bajo las bóvedas tibias y perfumadas de los invernáculos, el visitante asiste á un espectáculo encantador de magnificencia y contrastes. Yo recorria allí todas las regiones de la tierra, en cuanto á su vegetacion, con solo trasladarme sucesivamente de un invernáculo á otro. Admiraba la flora europea de todas las latitudes, educada en cierto modo por la civilizacion, embellecida con el arte, en cuanto este puede embellecer la naturaleza. Adivinaba los desiertos de África, retostados por un sol ardiente que mantiene la, vegetacion como febricitante en su lecho de arena calcinada,—y asistia á las escenas suntuosas de las selvas y montañas asiáticas, donde todo es exuberante y voluptuoso, por el tamaño, los colores, los perfumes, las formas y el crecimiento de las plantas, como de los animales; donde todo maravilla y aturde,—dando la idea de un mundo semi-bárbaro, inmenso, cuya grandeza provoca la codicia de los pueblos gastados y empobrecidos por el tiempo en Occidente.
Pero nada llenaba tanto mi espíritu y mi corazon como la vista de los grupos de plantas colombianas. Allí se alza la palmera cerosa do los Andes, que vive azotada por los huracanes de los páramos, como la que mora en los valles ardientes y produce el marfil vegetal ú otras materias. Lo mismo el arbusto crespo, oscuro y melancólico de las alturas pobladas por los líquenes, que el árbol aromático y gentil de las faldas y planicies intermedias, ó la liana estupenda y la planta enana de hoja monstruosa, que crecen en la humedad y la espesura sombría de las selvas, en las márgenes ardientes de los grandes rios. Yo creia vivir en Colombia, respirar su aire vigoroso, contemplar su cielo espléndido, calentarme con su fuego, ó levantarme sobre sus cordilleras empinadas, devorar sus frutas deliciosas y embriagarme con los perfumes de ese mundo de luz, de fuerza y majestad natural que habia dejado del otro lado del Océano.
En presencia de esos portentos de la ciencia, del arte y del comercio y los viajes, y agitado por tan profundas impresiones, sentí duplicarse mi fe en el progreso infinito y fortalecerse mi creencia en la mancomunidad de todos los pueblos en la obra inmensa de la civilizacion. ¿Para qué ese lujo de plantas de todo el globo en prodigiosa variedad? ¿Qué significa esa asamblea universal de verdura, de perfumes, de colores, de formas singulares, de familias de la vegetacion de todas las regiones? ¿Es solo en servicio de la ciencia y la industria que el viajero naturalista recoge del uno al otro polo los matices vivientes del manto con que la naturaleza cubre el seno de la tierra? No! Cada familia y cada especie, cada grupo de la Flora representa allí la unidad, la armonía, la vida progresiva y la fecundidad de la creacion, concurriendo al servicio de la humanidad, segun el destino que el clima le da á cada uno de los objetos que la inteligencia humana puede aprovechar.
Esa centralizacion ó reunion de todas las plantas, sublime asamblea cosmopolita, es la imagen de la unidad en la civilizacion, de la gran mancomunidad de derechos, mision é intereses que liga á todas las razas, las naciones y las generaciones que figuran en el movimiento de la humanidad.
Los pueblos son como las plantas: miradas aisladamente, los rasgos característicos asoman, los contrastes son vigorosos, el antagonismo aparente es sensible; pero consideradas en los invernáculos, en un grandioso conjunto que las reune sin confundirlas, aparece patentemente la suprema armonía que las enlaza á todas y les da la perfeccion de la hermosura y la grandeza.
El jardin Zoológico tiene el triple ínteres del arte en la distribucion, la hermosura vegetal y el movimiento animal que revela la vida de las innumerables familias sometidas al poder ó al servicio del hombre. La concurrencia de visitantes es siempre muy considerable, y los grupos movibles y variados a que ella da lugar aumentan el ínteres de la escena. No pretendo hacer una descripcion completa de aquellos jardines, cosa imposible para el que apenas ha podido recorrerlos durante algunas horas. Así, solo indicaré algo de lo que fijó mas mi atencion.
La coleccion en todo su conjunto es inmensa y de una maravillosa variedad, conteniendo solo dos ó tres individuos de cada especie y género para no complicar el estudio que puede hacerse de todas las familias. El órden reina en todas partes, consultando simultáneamente las exigencias de la nomenclatura científica y los hábitos y condiciones de las especies.
Aquí se halla el visitante en presencia de los animales feroces, debidamente clasificados; mas allá admira los grandes rumiantes de primer órden; acá una familia, allí otra por grupos homogéneos, y en circos, chozas, jaulas y alojamientos especiales; de manera que, con el auxilio de los rótulos claros y precisos y del severo arreglo que preside á todo, se puede seguir un curso de zoología en todos sus ramos, superficial, es cierto, cuando no se tienen los conocimientos necesarios, pero bastante para darle á un observador que no conoce la ciencia una idea general de las formas, la manera de alimentacion, crecimiento, reproduccion, etc., de cada animal, y de las costumbres, necesidades y destino que, segun su clima, su talla, configuracion, piel y demas circunstancias, les ha asignado la previsora y admirable naturaleza á todas sus criaturas susceptibles de movimiento espontáneo.
No hay duda que la admirable coleccion de fieras, de mamíferos de todas clases, ofensivos ó inofensivos, de rumiantes, monos, etc., etc., es maravillosa, y que el visitante goza mucho admirando las corpulentas girafas de ojo melancólico; los elefantes, hipopótamos y rinocerontes monstruosos; el enorme tigre de Bengala, de fisonomía traidora; el grande oso blanco del norte en eterna agitacion; el leon de Numidia, de mirada indiferente y sombría; el triste orang-utang, caricatura de hombre degradado, que parece afligirse de su inferioridad y su mudez; el curioso bizonte; el corpulento búfalo crinado; la linda y esquiva zebra, y tantos otros animales en extremo interesantes y curiosos. Todos esos grupos llaman la atencion por su ferocidad, ó su inteligencia, ó su corpulencia, ó Sus particularidades. Pero lo mas acabado y bello en el jardin Zoológico, ó al menos lo que mas interesó mi curiosidad, fué la inmensa variedad ornitológica,—el pequeño palacio de los peces y animales marinos y la coleccion de los reptiles. Es talvez en esas grandes familias, hijas del viento, de las aguas y de las grietas sombrías, donde mejor se revela todo lo que la ciencia y los viajes han podido avanzar, y todo el poder de domesticacion que el hombre es capaz de ejercer sobre el reino animal entero.
Al pasar por delante de las vastas pajareras al aire libre, que son los palacios enrejados de innumerables lindísimas aves, un torrente de las mas variadas armonías se difunde en el viento, formando el concierto mas encantador. Allí todo es movimiento, alegría, canto inagotable, como si los millones de voces de la creacion tuvieran sus ecos en el seno de las lucientes jaulas. Los mas bellos y distintos colores, las mas inesperadas combinaciones de formas y matices en increible asociacion, atraen las miradas del visitante, haciéndole tener por momentos la ilusion de que un artista caprichoso en extremo es el que ha pintado esos millares de alas, cabezas, picos y colas donde el oro, la esmeralda, el rubí, el lápiz-lázuli y cien tintas primorosas alternan y se combinan para hacer brillar el plumaje del inquieto pájaro.
En el gran salon de bóveda de cristal y temperatura cálida, que cubre á los pájaros parlantes y silbadores mas ruidosos, la armonía se pierde en el confuso eco del inmenso ruido que hace la gran familia de los papagayos multicoloros. Algo como la locura de una orgía ó el estrépito de un claustro de colegiales aturde en ese santuario alegre de los gayos turpiales, mirlos; toches, pericos, loros, guacamayos y demas análogos, que forman con sus plumajes pintorescos una interminable y movible sucesion de arcos iris, de sombras y luz, y tienen una gran sonata de mil flautas y flajolés en desacuerdo. Aquello hace reír, divierte, aturde y enloquece, como un remedo de la algarabía humana en un mercado público,
Sobre grandes grupos de rocas (cerca de los estanques donde nadan los anfibios mamíferos ó los ánades innumerables, entre preciosas plantas) alzan las cabezas, admirados unos, escrutadores otros, indiferentes aquellos ó desconfiados los mas, los buitres, los condores gigantescos de los Andes, las águilas de los Alpes y todas las demas aves de presa. Al ver á esas soberanas del viento reducidas á la esclavitud, me parecia asistir al espectáculo del orgullo humano sometido y vejado. El águila parece haber depuesto la altivez de sus dias de libertad, y su ojo se fija en el cíelo y en los perfiles de las rocas artificiales; con la codicia del que condenado á ver de cerca un tesoro no puede alcanzarlo jamas.
Confieso que sentí despecho y tristeza al contemplar el palacio de los cuadrumanos. ¿Qué cosa es un mono sino un remedo, una caricatura de este mono sublimo que se llama el hombre? Todo el espíritu de imitacion y ostentacion, la vanidad, la inquietud, la curiosidad insaciable y otras cualidades parecidas que tiene el hombre, son el distintivo del mono;—prescindiendo de ciertas tentaciones traviesas y malignas en que los monos no nos llevan mucha ventaja a los animales parlantes de espíritu inmortal. A veces pienso que Dios, al crear en el mono nuestra caricatura, haciendo eternamente muecas, ha querido ofrecernos el espejo del ridículo á que conducen las vanidades de la vida. Y bajo este aspecto, no hay duda que el mono es un preceptor muy importante; solo que, como sucede siempre, los discípulos no hacemos caso de la leccion y nos burlamos del maestro en caricatura.
La galería de los reptiles no es ménos abundante y curiosa que las mencionadas; y lo que mas llama la atencion allí es el estado de mansedumbre á que llegan entre sus lechos de arena y celosías de alambres y cristal esos terribles envenenadores del desierto, condenados á arrastrarse, por el pecado original de la serpiente corruptora de Eva y su compañero. Muy resentida debe de haber quedado la familia de la corruptora, puesto que sus interesantes miembros no desperdician la oportunidad de hincarle el colmillo á cualquier descendiente de la crédula Eva, que no sea domesticador de profesion. ¡Qué profesión! Lo mismo valdría vivir domesticando un fraile mejicano, un guerrillero de ley ó un recaudador de peajes. Y sinembargo…. ¡lo que es el hombre!… las serpientes se aplacan, y aquellos no se domestican nunca!
Es cosa averiguada que la serpiente es inofensiva durante una larga parte de cado año, en que reposa y duerme, y que su agresion requiere casi siempre alguna provocacion, y obedece á intermitencias producidas por el frio, el calor, el hambre ó el estado sexual. Y esos fenómenos, que la ciencia explica por el análisis del organismo animal, se patentizan fácilmente en las galerías zoológicas. Allí el observador puede leer en la mirada del reptil, sobre todo del enorme boa, las gradaciones de la irritabilidad. Hay algo en el ojo, el aliento y los movimientos espirales de ese monstruo, que atrae, fascina y magnetiza, como la tentacion del pecado, y que al mismo tiempo cede á la influencia magnética del hombre. He visto en las serpientes del jardin de Lóndres contrastes muy curiosos de expresion (segun las personas que las miraban de cerca), y que me han hecho pensar mucho en los fenómenos del magnetismo animal y la electricidad, explicándome ciertas singularidades que algunos suponen fabulosas, pero que son perfectamente exactas. El olor y algunas otras cosas influyen mucho respecto de los reptiles. Así, notaba con admiracion que las culebras cambiaban de actitud, agitándose ó adormeciéndose, mirando con mansedumbre, con desconfianza ó con ira, alejándose ó acercándose, escondiéndose ó descubriéndose mas ó menos, según la diferente impresion que les producía la presencia ó la mirada, el olor, la voz ó la fisonomía de los concurrentes. Tal vez un dia la ciencia demostrará que no es la inteligencia ó un instinto espontáneo lo que induce al animal á ejecutar bajo la atmósfera del hombre ó en cualquiera situacion estos ó los otros actos, que hacen vacilar al filósofo entre hipótesis mas ó ménos aventuradas; sino que solo la accion de un fluido magnético ó eléctrico, comun á todos los objetos de la creación (aunque con diversas inflexiones de intensidad, residencia y modo de obrar), produce las analogías y los fenómenos que hacen creer en la comunidad de inteligencia. Y el día que la ciencia física demuestre eso, si no es un delirio, la psicología habrá avanzado inmensamente, iluminando el camino de la humanidad, donde reinan todavía las tinieblas de la hipótesis.
El palacio de cristal destinado á los peces y animales marinos de pequeña talla, y principalmente á los moluscos, es pequeño pero primoroso. Allí cada grupo se encuentra en una urna trasparente, viviendo en su elemento y entre las rocas, las arenas y la vegetacion del fondo del mar. Los corales y otros animales arborescentes, los moluscos mas bellos, y todo lo que hay de caprichoso, admirable y diminuto en ese mundo de vidas misteriosas que se agita bajo las ondas, aparece allí en miniatura y de bulto, á la vista del visitante, para revelarle muchas de las maravillas del océano. Todo eso tiene una infinita poesía, un encanto indefinible, que patentiza el sistema de las compensaciones creado por la naturaleza, y la suprema prevision con que cada órgano de respiracion, de movimiento ó de nutricion ha sido arreglado para corresponder á las necesidades propias de la region ó el elemento en que vive el animal.
Al dejar el espléndido jardin Zoológico de Lóndres (para cuya descripcion completa serían necesarios muchos volúmenes) me hacia una reflexion sobre la mancomunidad de la industria y la ciencia física, y de estas y la moral, ó mejor dicho, de todos los hechos que representan el progreso humano. A primera vista ese magnífico jardin ó paraíso mixto de Lóndres no es mas que un establecimiento científico, un estímulo para las excursiones del naturalista, y un elemento de especulacion, y de recreo. Pero observando atentamente se encuentra que aquello es ademas una escuela práctica de moral y una enseñanza filosófica para los pueblos. ¿Por qué?—fácil es demostrarlo con tres reflexiones que vienen naturalmente al espíritu.
La multitud que visita esos lugares incesantemente, adquiere un hábito de sociabilidad con los animales que le suaviza muy notablemente las costumbres y pasiones. Lo que el hombre no comprende, respecto á sus deberes sociales, acostumbrado á estar siempre en relacion casi exclusiva con su especie misma, lo aprende al observar la sociabilidad de los animales entre sí y respeto del hombre, que es su señor y generalmente su estúpido tirano. Todo el mundo se acerca y rivaliza en agasajos con los brutos domesticados, y cada cual tiene su preferido, á quien obsequia en cada visita con golosinas que el pobre animal recibe con gratitud y cariño. Si en general el elefante, las girafas, los camellos, las zebras y otros brutos igualmente curiosos reciben los homenajes de la mayor parte de la turba, no faltan amadores ó aficionados que tienen su oso, ó su tigre, ó su boa predilecto. Una verdadera emulacion caritativa se establece allí, y una visible correspondencia de amor entre el hombre y el animal. ¡Cuántos habrá que no teniendo en el mundo ningun vínculo de ternura, sino pesares y desengaños, van al jardin Zoológico á cultivar una dulce amistad con este ó el otro animal, segun las analogías de inclinaciones! Lo que mas se observa allí es que los ancianos, las mujeres y los niños son los mas afectuosos y caritativos con los animales; cosa natural si se considera la benevolencia y sociabilidad que distingue á los dos extremos de la vida, y á la mujer, que es su lazo de union.
Por otra parte, los concurrentes se habitúan á ver que todos los animales, aún los mas feroces, son tratados con dulzura por los empleados del establecimiento, mostrándose infinitamente mas accesibles y dóciles á la benevolencia que al rigor. De ese espectáculo se deriva toda una enseñanza filosófica que es y debe ser la base de toda legislacion penal. Si la fiera misma cede á los medios suaves ¿podrá sostenerse como aplicable al hombre el sistema draconiano,—el régimen de la violencia, del dolor, de la venganza, de la severidad excesiva y de las penas preventivas? No sin razon la posteridad ha considerado á Montesquieu y Buffon como apóstoles de una misma causa humanitaria;—el uno analizando el espíritu de las leyes de los hombres, y el otro investigando y revelando las leyes y las propiedades de la sociabilidad del animal.
Creo que donde quiera que un jardín Zoológico figure como ornamento de una sociedad y testimonio de las conquistas del hombre sobre la naturaleza, la moralidad recibirá un gran servicio, y la enseñanza de la beneficencia y la dulzura tendrá fecundos resultados.
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Al frente del parque del Regente, sobre la misma calle ó avenida, se encuentra un curioso edificio,—el Colosseum,—que en otro tiempo era muy concurrido y ha perdido casi toda su importancia. El cuerpo principal es una inmensa y altísima rotunda doble, de construccion muy particular, que figura como una pirámide en el centro de un globo.—La parte baja y central contiene un bazar de curiosidades para vender á los visitantes, donde hay conciertos permanentes, cosmoramas y otras diversiones instructivas. La pirámide ó el cuerpo que cubre el centro tiene una estupenda elevacion, y el visitante sube á la cima por escaleras de caracol que hacen pensar en los Titanes escalando el cielo, ó por medio de una maquinaria ingeniosa que levanta suavemente docenas de curiosos, produciendo la misma sensacion de uno de esos sueños de encantamientos en que algun poder misterioso nos lleva á las regiones aéreas.
A una altura muy considerable se detiene el visitante, sobre un balcon circular, para asistir á un admirable espectáculo de arte y perspectiva. La ciudad entera de Lóndres, tal como se la ve desde la cima exterior del Colosseum, está pintada con todos los perfiles y colores de su fisonomía y todos los cuadros que revelan su movimiento diario, sobre la concavidad de la enorme rotunda, cubierta por un techo de cristal, que rodea y abarca al cuerpo ó edificio central donde está colocado el observador. Así, recorriendo todo el balcon circular del centro, se van registrando sucesivamente todas las partes unidas que componen en un solo cuadro circular todo el inmenso panorama de Lóndres. La perspectiva es tal, que la ilusion es completa. Me creia conducido por Asmodeo en alas del viento para ir registrando el escenario entero, sin los inconvenientes de la niebla que cubre casi continuamente á Lóndres. Aquella obra colosal de pintura, quo consumió muchos años de fatigas de un artista aristocrático, aunque ha sido despues superada por trabajos mas perfectos y de otro órden, merece siempre admiracion.
Subiendo un poco mas en el edificio central, la bóveda se cierra, y afuera, sobre un balcon circular al aire libre, el espectador registra el original del cuadro interior, es decir el inmenso Lóndres, en cuyas calles hormiguean millones de hombres que parecen insectos y millares de millares de vehículos; en cuyo rio se cruzan los vapores, los navíos, los botes y las góndolas en asombrosa multitud; y de cuyos centenares de miles de chimeneas se desprenden las negras columnas de humo ó las blancas espirales de vapor que componen el manto lúgubre ó sudario que ha de envolver algunos momentos despues á la metrópoli gigantesca del comercio y la navegacion, de la industria y el movimiento, de la suprema opulencia y de la suprema degradacion y miseria…. La contemplacion de esa capital, desde tan alto observatorio, causa un vértigo semejante al que producen el movimiento y la faz del océano; y el observador que busca hechos y enseñanzas útiles no puede ménos que hacerse las mas contradictorias reflexiones acerca del modo como el bienestar se encuentra, no diré repartido, sino clasificado entre las grandes capas de la sociedad…. Lóndres es la ciudad-escuela por excelencia, porque abriga en su hirviente seno todos los elementos de la lucha terrible empeñada entre la civilizacion y la barbarie, es decir: la justicia y la iniquidad, el goce fecundo y la miseria.
El Colosseum contiene otras muchas curiosidades que, en general, son muy inferiores á las de otros establecimientos mas nuevos. Su verdadera maravilla es la Gruta artificial de estalactitas, imitando la de Fingal, si no recuerdo mal. Es una admirable caverna construida con cristalizaciones y rocas porosas, larga y estrecha, iluminada de un modo fantástico que produce efectos singulares de luz y sombra, llena de infiltraciones que hacen caer las gotas de agua por entre millares de cornisas truncadas, columnas retorcidas, pedestales rotos, grietas luminosas ú oscuras, alquitraves, molduras, relieves y todos esos primores de arquitectura caprichosa que el artista invisible produce en las cavernas, las cataratas, los torrentes, etc., sin mas buril que la gota de agua cristalina, la paja ó el chorro estrepitoso, cuyo eterno curso ó golpe taladra, hiende, labra y modula todas las rocas;—imágen pintoresca del pensamiento humano obrando sobre la inmensa roca del error.
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El Museo Británico es, sin disputa, un grandioso monumento que refleja la gloria, el poder y el cosmopolitismo de la Gran Bretaña;—y, prescindiendo de su carencia de buenos cuadros de pintura y frescos, cosa general en casi todos los establecimientos públicos de Lóndres, puede decirse que no tiene rival en el mundo, bajo muchos aspectos. Si el edificio es espléndido, y el órden, la comodidad, la claridad y la clasificacion exacta reinan en todas partes, tanto en el Museo mismo como en la magnífica biblioteca anexa,—no brilla ménos el interior por la abundancia y maravillosa universalidad de las colecciones, y la perfeccion de los métodos de direccion y conservacion.