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Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie cover

Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie

Chapter 22: QUINTA PARTE. LAS ANDALUCÍAS.
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About This Book

A Colombian traveler recounts an Atlantic voyage that begins with river journeys along the Magdalena and visits to coastal towns, proceeds through shipboard episodes and storms, and continues with extended stays in England and France. The narrative follows routes from London to Paris, then through Burgundy, Lyon and the Rhone valley into southern France, before entering Spain to describe Catalonia, Valencia, Madrid, Toledo, La Mancha and extensive Andalusian landscapes and cities such as Granada, Seville, Córdoba and Cádiz. Observations alternate among monuments, urban life, commerce, industry, social types, local customs and reflective comparisons about Spain’s condition and institutions.

Tembleque es un punto importante en las comunicaciones interiores de España, pues no solo pasa por allí el principal ferrocarril, sino que de ese centro parten las carreteras que conducen por un lado hacia Granada y Málaga, Cordoba, Sevilla y Cádiz, y por otro á Ciudad Real y Badajoz, por el centro de la hoya del Guadiana. Con un caserío casi miserable, un terreno llano, pobre y pantanoso, y dominado al sur por los cerros de Toledo, Tembleque no ha comenzado á resucitar sino á virtud del ferrocarril de Alicante. Su poblacion alcanza apénas á unos 4,000 habitantes, de vivir estacionario en su mayor número, no obstante la produccion de cereales, vinos, algun ganado lanar y varias fábricas de paños burdos y salitre.

Al comenzar mi viaje á la Andalucía quiso la fortuna protegerme. Almorzando en la cantina (ó buffet) de la estacion de Tembleque, hallé que mis compañeros de diligencia iban á ser dos caballeros franceses que viajaban por placer. No podian hablar ni una palabra en español, y parecian ser sujetos de distincion, capaces de agradar é instruir á un compañero. Su itinerario era igual al mio, y tenian para mí la ventaja de no ser parisienses. Yo deseaba muchísimo conocer en la intimidad el tipo del Frances distinguido de provincia, porque en lo general no estaba muy pagado del hombre de mundo parisiense. Queria instruirme tambien en las cosas relativas á la vida provincial en Francia, viajar asociado á personas inteligentes y observar la manera como los Franceses juzgan á España. Quedamos, pues, convenidos en que yo sería su intérprete y en que nos trataríamos como viejos amigos. Ellos correspondieron tan bien á mis deseos, que hoy, al cabo de mucho tiempo, veo en ámbos dos personas que no me dejarán nunca olvidar cuanto hay en Francia de bueno y honorable.

La casa ambulante llamada «diligencia» partió arrastrada por diez mulas que saltaban como demonios, conduciendo unos 17 huéspedes á discrecion de 13 brutos (suponiendo que los conductores merezcan ser clasificados con las mulas). En breve salvamos los Montes de Toledo por una de sus mejores abras, y nos hallamos en plena Mancha, en la grande hoya ó planicie que tiene por centro al rio Guadiana, comprendida entre las serranías de Toledo y Morena, y prolongándose por la Estremadura, al occidente, hácia Portugal. Toda esa vasta region que cruzábamos de norte á sur, es mas bien una serie de planicies mas ó ménos extensas que una gran planicie ó valle. Donde quiera el terreno está entrecortado, ora por estribos de las serranías laterales, que se avanzan hácia el centro, ora por cordones ó grupos aislados de pequeñas colinas que limitan el horizonte.

Las serranías que dominan la comarca, desnudas y casi totalmente estériles, la sequedad del terreno, su composicion general de aluviones diferentes en la parte llana, las multiplicadas colinas en declive, y la manera como giran los vientos sobre tan vasta fosa encerrada por todos lados entre serranías; todo eso ha determinado no solo la naturaleza de las producciones de la Mancha, sino tambien el aislamiento, la inmobilidad, las costumbres y el espíritu de las poblaciones manchegas. No he visto jamas soledades mas extrañas. Allí se reunen la idea de la opulencia y la de la desolacion, del hambre y la abundancia, de la vida y la muerte. No hay en España una comarca que revele tan claramente como la Mancha la funesta accion de los malos gobiernos españoles, la incapacidad de los partidarios del aislamiento, los vicios de las instituciones monásticas y todo lo que constituyó el pasado de la sociedad española.

El suelo de la Mancha, arenoso-arcilloso en lo general (exceptuando las rocas de caliza y granito en las montañas) es un inmenso filtro. Donde quiera que no hay pantanos (y estos son numerosos) la sequedad exterior del terreno es absoluta; las corrientes de agua rarísimas. Las aguas penetran fácilmente la capa exterior arenosa y se detienen en otra mas espesa de arcilla, superpuesta á sedimentos muy sólidos. De ahí viene que miéntras el agua falta casi completamente en la superficie, se la encuentra con facilidad y en abundancia haciendo excavaciones ó aljibes, llamados en el país norias. El agua, saturada de las sales aglomeradas en los sedimentos calizos interiores, sale á torrentes (para perderse otra vez si se le da curso) por medio de sogas de cerda sumergidas en los aljibes, unidas á un mecanismo rudimentario que mueve alguna mula vieja volteando sin cesar al derredor del pozo. Es curioso para el viajero ver en la mitad de una llanura desierta y abandonada uno de esos pozos, que tienen como la forma exterior de un horno, donde la impasible mula da vueltas y vueltas para hacer surgir el agua, sin que nadie la guie. El hábito tiene allí el lugar del hombre; el animal trabaja sólo hasta por dias enteros.

Siendo el terreno tan húmedo en el interior y seco en su capa exterior, y surcado por colinas y planos inclinados, que son como los estribos ondulosos de las serranías, se determinan tres géneros de produccion bien demarcados. En los cerros, y las colinas ásperas, como en las llanuras estériles, pacen grandes rebaños de ovejas, cuya lana ofrece valores considerables y alimenta algunos telares en las poblaciones en que se fabrican paños y telas muy ordinarias para el consumo mismo de los manchegos. En las bajas colinas y pendientes suaves crecen los ricos y extensos viñedos escalonados frecuentemente en forma de anfiteatros; ó se alzan pequeños olivares que aumentan con su tinta gris la melancolía de los paisajes uniformes. Por último, en las llanuras ondulan océanos de trigo, cebada, avena y centeno, que al soplo del viento producen en el vasto horizonte los mas bellos reflejos de esmeralda ú oro, segun el estado de las sementeras. Tal es la Mancha, como país agrícola, en sus principales caractéres.

Pero no sin razon he llamado océanos las plantaciones de cereales. La Mancha da la idea del mar por su uniformidad de aspecto, como por su inalterable soledad y su tristeza que acongoja. Ni un canto, ni un relincho, ni un eco en las llanuras! Aquella comarca es un inmenso cementerio, con toda la desolacion y la fertilidad de los campos…de la muerte…. El viajero anda leguas y leguas y no ve una casa, ni un sér humano, ni una vaca ó animal doméstico. Entre una y otra poblacion no hay mas que el desierto. Allí no existen la vida campestre, ni el paisaje sencillo y gracioso de la casa rústica, ni el campesino, en la estricta acepcion de la palabra. No hay mas que ciudades, villas y campos abandonados. ¿Quién cultiva, pues?—¿quién cuida de esas interminables plantaciones de cereales y esos olivares y viñedos?—La naturaleza. El hombre es un vago ú mendigo que duerme ó pide limosna, miéntras que la naturaleza lo hace todo. Donde quiera reina el silencio….

La tristeza domina en la Mancha aún en las cercanías de las poblaciones, donde está concentrada toda la vida social. Despues de atravesar vastas campiñas donde no se ve un árbol, ni uno solo, ni mas que tierra y cielo, al acercarse á una poblacion se comienza á ver por todos lados un enjambre de norias y molinos de viento, dispersos en las llanuras al derredor del caserío; al mismo tiempo que se distinguen en alguna pequeña eminencia vecina multitud de montículos de tierra, con puertecitas enanas y una especie de cúpula tosca en la parte superior, que tienen el aire de sepulturas de indios (las huacas colombianas) ó de grupos de hornos. Son las bodegas de los vinos manchegos, cavadas en la tierra al aire libre y cielo abierto, que corresponden por su estado primitivo á la vida estacionaria de las poblaciones de la Mancha.

Todo se encuentra allí tal como lo halló Don Quijote en sus caballerescas peregrinaciones. Las Maritornes abundan y son las mismas; Sancho asoma la cara por todas partes, siempre conservador, malicioso, bonachon y reacio al movimiento; los molinos de viento se mueven con la misma regularidad que en la época en que el ilustre Manchego lo apostrofaba y alanceaba sin piedad; los mulos y los asnos, los aparejos, las capas, las mantas, los muebles, cuanto es visible allí, mantiene con fidelidad las tradiciones reveladas por el inmortal prisionero de Argamasilla. Creo que los alcaldes rebuznan hoy en los mismos tonos que los dos que hicieron decir á Cervantes:

«No rebuznaron en balde El uno y el otro alcalde,»

Los siglos han pasado por encima de la Mancha, sin modificarla en nada, como si el Tiempo se hubiera dicho:—«Hay comarcas que es mejor no meneallas

Con excepcion de Manzanares, villa de mas de 10,000 habitantes, donde, gracias al cercano riachuelo Azner, hay algunas alamedas vergonzantes que sorprenden al viajero en esas soledades, las demas poblaciones parecen vivir como en el desierto. Donde quiera la mugre, la vetustez, el abandono y la ruina; casas horribles, pesadas y deformes, con portones enormísimos y ventanas microscópicas; calles tortuosas, sin pavimento, con profundos lodazales ó montones de piedras en desórden; un silencio sepulcral en todas partes; edificios arruinados y ausencia de artes y comercio; bandas de mendigos hambrientos, en número fabuloso, que vagan por las calles como espectros, espiando con ansia la llegada de una diligencia para caer sobre los viajeros, rodearles en gavilla, oprimirles, y acribillarles literalmente, hasta obtener de todos y cada uno algun cuarto ú ochavo, un pedazo de pan ú otra cosa; todo acompañado del mas horrible clamoreo que imaginarse pueda.

Cada una de aquellas poblaciones es un término medio entre las ruinas, el cementerio y la cloaca, donde reinan la miseria, la inanicion, la estúpida vagancia, la supersticion, la envidia y el hambre…. Es doloroso y repugnante ver cómo se insultan y maltratan mútuamente aquellos innumerables mendigos, de todos sexos y edades, disputándose los viajeros como presas de campaña,—medio cubiertos de horribles harapos, cuyo aspecto es doblemente triste por la tinta amarillenta de las telas de lana que sirven de vestido comun.

¿Cómo explicar esa espantosa miseria y esa inmobilidad de tantas poblaciones en el seno de vastísimas campiñas de una fertilidad prodigiosa? El aislamiento, los malos ejemplos y las malas instituciones lo explican todo. Los conventos, haciendo de la ociosidad y la mendicidad costumbres venerables á los ojos de la muchedumbre ignorante y supersticiosa, han degradado en todos sentidos á esos pueblos tan favorecidos por la naturaleza en algunas cosas. En cuanto al Gobierno, debo repetir la frase que en otro lugar he emitido. «Él ha hecho el papel del perro del hortelano.» Partiendo de la idea del monopolio y la centralizacion, ha querido reglamentarlo todo. Impotente, no ha hecho nada; egoista, no ha dejado hacer; amigo del aislamiento, ha cerrado la puerta á las comunicaciones. La Mancha ha podido ser muy rica y feliz con solo dar salida al enorme producto de sus tierras, casi espontáneo, en cereales principalmente, y en vinos, aceite, lanas y otros artículos. Pero enclavada entre serranías, sin caminos, sin libertad de cambio ni de industria, y viciada la poblacion por hábitos de ociosidad y obediencia pasiva, la vida de la Mancha (si la vegetacion puede llamarse vida) se ha concentrado en las ciudades y villas. Así, los campos han quedado desiertos, sin casas, ni árboles, ni irrigacion; y en las poblaciones se ha perpetuado la miseria por la concentracion de brazos ociosos.

Y esa concentracion, que se nota en las dos Castillas principalmente, ha sido, á su turno, la causa de la persistencia de los malos gobiernos. El hombre del campo es, en lo general, el mas independiente, en igualdad de circunstancias, ya por la vida que lleva y el influjo de la naturaleza que le rodea, ya porque la accion de la autoridad le alcanza ménos. Concentrada la poblacion en las ciudades y villas, no solo se acaba la vida entre pueblo y pueblo, sino que, siendo mas inmediato y activo el peso de la autoridad sobre muchedumbres ignorantes y abyectas, la obediencia pasiva las amolda á toda tiranía, las degrada del todo, y la centralizacion absoluta se hace mas fácil de establecer y mas durable. Creo haber encontrado la clave de casi todos los fenómenos sociales que distinguen á las Castillas de la España catalana, morisca y vascongada, en esa diferencia sustancial que se nota en la manera en que la poblacion se ha concentrado ó distribuido.

Una vez cruzada la serranía de los Montes de Toledo, dejando atras, al norte, la grande hoya del Tajo, el vasto panorama parecia ser el mismo, porque hay una singular semejanza entre esa hoya y la del Guadiana. Yendo á todo trote, veíamos á lo léjos distintamente con el auxilio del anteojo, sobre una eminencia, recostada á un contrafuerte de la serranía que acabábamos de cortar, la antiquísima ciudad de Consuegra, de unos 9,000 habitantes (perteneciente á la provincia de Toledo); allí quedan aún los restos de grandes obras romanas, y se destacan sobre una colina abrupta los escombros de un antiguo castillo que pasa por ser obra de Trajano. Pásase luego por la villa de Madridejas, que cuenta unos 7,000 habitantes, y cuyo tipo no requiere descripcion, porque en la Mancha todo es uniforme. Despues de esa villa termina la provincia toledana y comienza adelante la de Ciudad-Real, que tiene su límite meridional en el centro de la Sierra-Morena.

Vense á la izquierda de la via los pobres pueblos de Herencia y Camuñas; cortase la garganta montuosa llamada Puerto-Lapiche, donde vegetan entre colinas rocallosas unos quinientos paisanos de Sancho Panza; se cruza la triste comarca de Villalta, donde chapotean como patos solitarios otros 227 manchegos, entre lagunas sin desagüe; y en la mitad de una fértil pero mal cultivada llanura se da con Manzanares, villa importante, que tiene algunas huertas en sus egidos, pero que produce sinembargo ménos manzanas que mendigos. Eran ya las diez de la noche cuando llegamos, hambrientos y molidos, á la ilustre Valdepeñas, ilustre por sus vinos populares, que no por otra cosa. Cualquiera podría pensar que los 10,800 habitantes de ese valle-de-peñas vivirían medio achispados, tomando el gusto á sus pipas y haciendo de cada bodegon una Cápua. Nada de eso en España los pueblos que beben ménos vino son los que mas lo producen; su sobriedad es singular, y casi todos prefieren el uso de aguas de mala calidad.

La mesa estaba servida en el parador de las diligencias, y hacia los honores una hostelera de mal humor, término medio entre doña Dulcinea y Maritornes, que nos abrumó con gallinas y perdices compuestas de todos los modos imaginables, y los consabidos garbanzos cocidos, tan sólidos como piedras de macadamizar. Allí bebí el peor vino de Valdepeñas que encontrara en España, «En casa del herrero azada de palo». Con excepcion de las grandes ciudades, donde en algunos hoteles ó fondas se sirve con gusto, España es un país donde la mesa es una cuestion de cantidad mas bien que de calidad. Aquel es un pueblo sobrio y frugal, y sinembargo el gusto de los hosteleros consiste en aglomerar montones de platos, sin orden ni discernimiento, como si solo se tratara de hartar al huésped ó viajero. De ahí resulta muchas veces el efecto contrario, porque muchos platos no son sino ediciones distintas del primero que entra en la escena gastronómica.

No habíamos acabado de limpiarnos la boca cuando el implacable Mayoral nos llamó á la diligencia. Era preciso hacer la digestion á saltos, despues de haber comido en abreviatura bajo el régimen gallináceo ¡Imposible dormir en aquella cueva que se llama berlina, tieso como estaca y sacudido atrozmente por el armatoste que, tiene por piloto al Mayoral! Pasamos por Santa-Cruz-de-Mudela, poblacion de 5,500 almas, silenciosa como una tumba, entre las sombras de la noche; y al tocar en Almuradiel (con unos 600 habitantes) comenzamos á trepar las encrucijadas de la Sierra-Morena, donde por tanto tiempo tuvo sus altares el dios Caco, entre desfiladeros horribles y formidables peñascos de granito. Aquellos tiempos han pasado enteramente; el salteador de estilo heróico ha cerrado sus estudios en casi toda la península española, y su herencia ha sido recogida en las ciudades por hijos mas distinguidos y civilizados. Sierra-Morena está mas tranquila que una iglesia cerrada, y los que ejercian su industria allí han sido desbancados por Ministros de Estado, jugadores de Bolsa, contrabandistas aristocráticos, canónigos vendedores de bulas, diputados y otros personajes ilustres y de intachable honorabilidad, que persiguen con rigor y energía el vicio, la vagancia, el delito…y el dinero.

Nada mas grandiosamente vago, romántico y solemne que la escena que se ofrece á los ojos del viajero en el centro de Sierra-Morena, en el silencio de la noche y sin luna. La diligencia rueda con estrépito por calzadas construidas á pico á orillas de estupendos precipicios, produciendo en los senos oscuros de las montañas mil ecos diferentes. Los enormes cerros de granito, desnudos, abruptos, despedazados á veces, entrelazados en laberinto, separados por abismos profundos y espantosos, destacando acá y allá picos, y conos, y cúpulas y moles gigantescas, cubiertos en partes de tristes matorrales, de blancas flores y de musgo y helechos; las sombras y los claros que se proyectan, segun las inflexiones del terreno; el frio de la noche; el ruido de los torrentes en las profundidades; la soledad medrosa de aquellos parajes que parecen guaridas de bandidos ó de fieras y aves de rapiña: todo eso le da á la escena los mas sombríos caractéres y un interes extraordinario.

Al ver aquellas formidables barreras de granito se comprende la tenaz y secular resistencia de las dos razas que lucharon durante ocho siglos, apoyándose y defendiéndose una y otra con el poder de la naturaleza y disputando el terreno palmo á palmo, en las gargantas estrechas de las serranías. Así mismo, al observarlas se encuentra alguna excusa (aunque sofística) al régimen de aislamiento que por tantos siglos ha predominado en España.

La Mancha habia terminado, y en nuestra via habíamos tocado, despues de Tembleque, con una poblacion total de 34,500 habitantes aglomerados en siete localidades[3]. Ya habíamos pasado las horribles gargantas de Despeña-perros(!!); el alba iba á empezar á difundir su vaga claridad. Rendidos de sueño y de cansancio dormitábamos ya, en una especie de pesadilla y de sopor, cuando se abrió el horizonte al mediodía. La hermosa Andalucía, el país del amor y del arte, de la fecundidad y del trabajo, comenzaba en las alturas de Santa-Elena.

* * * * *

QUINTA PARTE.

LAS ANDALUCÍAS.

* * * * *

CAPITULO I.

* * * * *

JAEN Y GRANADA.

Panorama general.—Las colonias de Carlos III.—Baylen.—Jaen y sus campiñas.—De Jaen á Granada.—Idea general de Granada.—Curiosidades de la ciudad.

Habíamos andado hasta cerca de Santa-Elena, 210 kilómetros desde Madrid, y nos faltaban 218 para completar los 428 de la distancia entre Granada y Madrid. Pero ¡qué diferencia en el aspecto de las dos comarcas! Atras quedaba la raza goda, la sociedad castellana, genúina representante da la vieja España. Adelante, algunos bellos grupos originarios de la raza germánica, y luego todo un pueblo profundamente modificado por la infusion de la sangre árabe y las tradiciones de la actividad industrial y del genio artístico de las grandes tribus orientales y africanas.

En Santa-Elena, pequeña poblacion moderna de unos 600 habitantes, las montañas parecen abrirse para dar paso á la vida; el cielo es ya mas bello, el aire mas delicioso, y la naturaleza sonrie. Apénas hace un siglo que la Sierra-Morena era un desierto, una inmensa sucesion de encrucijadas espantosas, sin ninguna señal de vida, de industria ni de comercio. Cárlos III (el único rey liberal y positivamente bueno que ha tenido España) resolvió hacer surgir la vida de en medio de aquellas soledades, fundando en la Sierra colonias importantes de agricultores vigorosos, para lo cual no solo se sirvió de los Españoles, sino que hizo llevar inmigrados alemanes, muchos de ellos protestantes, propios para dar saludables ejemplos y favorecer un fecundo cruzamiento de razas. Es á esas medidas que se debe la existencia de siete nuevas poblaciones en la Sierra-Morena.

Almuradiel, situada al lado setentrional, es la primera. Las otras seis, correspondientes á la alta Andalucía (provincia de Jaen) son: Santa-Elena, las Navas-de-Tolosa (célebre por la batalla que en 1212 ganó allí el rey Alfonso VIII contra el rey moro Aben-Mahomed), la Carolina (que recibió su nombre de Cárlos III), Carboneros, Aldea-del-Rio y Guarroman. La poblacion total de las seis colonias andaluzas asciende á 7,400 individuos, de los cuales 4,728 corresponden á Carolina. Nada mas interesante que el contraste de esas poblaciones y sus campos vecinos, con el aspecto del país que la vista registra en todas direcciones. El espectáculo es hermoso y suministra la prueba del poder del hombre para crear la riqueza, aún en medio de una naturaleza ingrata, cuando se tiene voluntad para luchar y vencer los obstáculos.

A derecha é izquierda los ojos no descubren sino cerros desnudos y tristes, contrafuertes formidables de la Sierra, destrozados, revueltos, tajados en sus inmensas moles graníticas, ó multiplicándose en laberintos de rígidas colinas y laderas. El panorama parece casi todo un océano de arrecifes, negros, pardos, grises, y a veces rojizos, como si antiquísimas conmociones volcánicas los hubiesen desparramado entre abismos. Al frente, á mas de 240 kilómetros de distancia, se ve la grandiosa Sierra-Nevada, corriendo de oriente á poniente, semejante en todo (ménos en sus nieves blanquísimas) á la Morena; y se alcanza á columbrar vagamente el sitio en que demora la morisca ciudad de Jaen, recostada al pié de uno de los prolongados contrafuertes de la estupenda y escarpada barrera. En el fondo se ve una vasta extension de terreno desigual surcado por el turbio Guadalquivir, donde alternan las colinas multiformes, las pequeñas planicies, los planos inclinados, las angostas llanuras entrecortadas por barrancos y los risueños vallecitos que forma el rio en sus vueltas y revueltas caprichosas, descendiendo por un cauce profundo y arcilloso, entre grandes y tajadas rocas graníticas en varios trechos.

Por último, si se mira mas cerca, retirando la vista de la faja tortuosa del Guadalquivir (á cuyas márgenes demoran Ubeda, Baeza y Andújar), se registra una serie de planos inclinados, colinas y fértiles cañadas de lujosa vegetacion y esmeradísimo cultivo, por donde gira la carretera en busca de Baylen. Por todas partes graciosos cortijos con vastas arboledas que orillan el camino ó deslindan las heredades; corrientes cristalinas y bulliciosas que parecen dejar con alegría las asperezas de la Sierra para ir de salto en salto á llevarle al Guadalquivir sus murmurios y sus perlas líquidas; extensos viñedos sobre las mas desnudas colinas y los cerros; innumerables plantaciones de hortalizas, cereales y semillas; considerables extensiones pobladas de hileras simétricas de olivos; árboles frutales á la vera de la ruta y en los alegres huertos; aquí un molino de olivas, allá unas vacas paciendo en el barbecho, cerca de la casita pintoresca; grupos de labradores sencillos y contentos, trabajando juntos hombres y mujeres, ancianos y niños; en todas partes verdura, aguas saltadoras, flores, un sol vivificante, sombras deliciosas, trabajo, actividad, robustez, vida, alegría y bienestar.

El viajero desciende con placer por aquellos planos inclinados, saludando á la Andalucía como una tierra de amor y prosperidad; y aunque se echa de ver que hay mucho aún que mejorar ó hacer, y que aquellas poblaciones están apénas en la infancia, se les perdona todo defecto en gracia de las cualidades que revelan. Cuando las razas han cumplido su mision, en sus épocas respectivas, segun la medida de su temple y su índole, necesitan, para no deteriorarse, de cruzamientos que las rejuvenezcan y les impriman nuevo aliento. La grande obra de la raza española en la civilizacion fué la conquista del Nuevo Mundo. Cumplida esa grandiosa y trascendental epopeya, el pueblo español ha debido buscar su fuerza y sus elementos de actividad en alianzas con otras familias de la humanidad, so pena de descender. Esta verdad se revela en España así en lo grande como en lo pequeño. Donde quiera que hay mezcla de razas,—en Cataluña, en Andalucía y las provincias vascongadas,—se ve la fuerza, la actividad, la vida; así como la debilidad y el estancamiento se manifiestan en las Castillas, Galicia y las Asturias, donde la raza se ha mantenido casi totalmente pura.

En las poblaciones de la Sierra-Morena hice, en pequeño, la misma observacion. Allí la sangre alemana se ha mezclado con la hispano-arábiga, resultando un conjunto de familias robustas, inteligentes, laboriosas, pacíficas y de hermoso tipo. Yo me complacia en mirar, de paso, los graciosos grupos de chiquillos, vestidos con bastante aseo, rosados, rubios, ligeros, saltando como pajarillos al derredor de la diligencia, en las calles principales de Carolina y las demas poblaciones, ofreciéndonos á los viajeros flores y frutas; en tanto que las abuelas y mamás, sentadas á las puertas de sus casas, nos miraban con una curiosidad benévola, sin suspender por eso las labores de mano ó el movimiento del huso infatigable. Allí no nos pidieron limosna, no obstante que en Andalucía, por causas que luego indicaré, hay también en las ciudades y villas gran número de mendigos.

Fuera ya de los contrafuertes de la Sierra y casi en el fondo del valle onduloso del Guadalquivir, demora la antigua villa de Baylen, sobre un plano inclinado, rodeada de altas colinas y en medio de vastos olivares que constituyen allí la principal riqueza. Baylen es un poblachon feo, desigual, sucio, de calles tortuosas (tipo español antiguo legítimo, pues data nada ménos que del año 729), con una poblacion de poco mas de 8,000 almas, algunas fábricas de objetos muy secundarios, una fuerte produccion de aceite (muy mal preparado, como casi todo el de España) y numerosos telares de lienzos comunes. Allí se almuerza mal, se come peor, el vino es malejo, y se desea seguir la marcha apriesa.

Muy cerca de la villa se extiende el campo desigual donde tuvieron lugar el 16 y 19 de julio de 1808 el combate y la famosa batalla de «Baylen», que fueron las bases de la independencia española en la lucha contra Napoleón. Si se tienen en cuenta la mediana capacidad militar del General Castaños, vencedor allí, la mala calidad de sus tropas, la enorme superioridad de las francesas, por su número, calidad y posicion en el campo de batalla, y las aptitudes del mariscal Dupont, que las mandaba, se hallará que acaso no ha carecido de fundamento la opinion de que la pérdida completa del ejército frances se debió á la traicion. Allí quedaron 40,000 franceses vencidos casi sin combatir: 3,000 muertos, 20,000 prisioneros, entre ellos siete generales, muchos miles dispersos, 45 cañones y todos los pertrechos en poder de Castaños.

Mis dos compañeros, como leales franceses, suspiraban al atravesar el campo de Baylen.

—No crea U.,—me decian ámbos con noble sinceridad,—que nos hace suspirar el recuerdo de la derrota; no. Es que Baylen no es para nosotros sino una página vergonzosa de la historia de Francia, manchada por una guerra inícua, de perfidia y usurpacion, empeñada contra un pueblo hermano, á despecho de la nacion francesa.

—Entónces no hay por qué recordar el suceso con pesar. Esa iniquidad no puede gravar la conciencia de la Francia revolucionaria; ella pesa sobre la memoria del déspota que, nacido de la revolucion, le volvió la espalda y oprimió al mundo con el peso de su espada.

—Es verdad,—me contestó Mr. B….,—pero la historia es la historia, y el vulgo confunde frecuentemente la obra de los déspotas con la de los pueblos.

Pasamos en breve el Guadalquivir, profundo, lento y silencioso, por un bello puente colgante echado sobre colosales rocas; tocamos, á unos 16 kilómetros de Baylen, en el pueblo de Menjibar, situado en terreno fértil y con unos 1,600 habitantes; y atravesando campos rugosos y bastante cultivados generalmente, dimos, á unos 36 kilómetros adelante, con la curiosa ciudad de Jaen, de situacion pintoresca, dominada por un alto cerro sobre cuya cima se ostenta un viejo castillo, formidable un tiempo y hoy felizmente arruinado, así como las murallas y demas fortalezas que circuyen la poblacion.

Jaen, ciudad de tercer órden en España, por sus proporciones, cuenta 21,520 habitantes, generalmente pobres, no obstante la aptitud del país para una multitud de producciones importantes, como vinos, aceite, granos y materias minerales. Todo aquel pais, esencialmente montañoso, aunque desnudo de vegetacion espontánea, abunda en inmensos depósitos de fierro, plomo, plata, mercurio, carbon de piedra, mármoles superiores, etc., que entran en la composicion mineralógica de las dos Sierras que surcan las Andalucías. Y sinembargo, la minería está apénas comenzando á ser una verdadera industria, la agricultura no avanza y los habitadores de Jaen son muy pobres. Todo depende de la falta de comunicaciones, pues con excepcion de la carretera general no hay sino malísimos caminos y veredas casi impracticables para un comercio regular. España es un país prodigiosamente rico por sus elementos; pero la riqueza indígena sin el cambio nada vale.

Me es imposible describir á Jaen, porque apénas logramos allí veinte minutos de descanso. El viajero que quiere detenerse en un punto intermedio, se expone á no seguir su viaje en muchos dias, porque los asientos de las diligencias son tomados en las ciudades que sirven de puntos de partida. La estructura general de Jaen, antigua residencia de un virey ó reyezuelo moro, es esencialmente morisca, como debe suponerse. Por todas partes calles estrechas y tortuosas empedradas con grandes guijarros de rio, un terreno desigual, fuentes abundantes (porque los Moros amaban mucho el agua), casas con azoteas y miradores, galerías de arquitos en forma de herradura, ó con troneras muy reducidas, y extrañas y caprichosas construcciones. La catedral de Jaen es afamada por algunos preciosos pormenores, pero su conjunto exterior carece de carácter, lo que la hace mas curiosa, revelando la sucesion de varios estilos. La base fué la gran mezquita, y como encima le aglomeraron obras góticas y del Renacimiento, resultó una jerigonza de arquitectura, original y especialísima en la España moruna.

Sigue el camino su curso hácia Granada por el fondo de un angosto y encantador vallecito, formado por el riachuelo llamado rio-de-Jaen, afluente del Guadalquivir, como todas las corrientes que median entre Sierra-Morena y Sierra-Nevada. En medio de aquel laberinto de lomas y de cerros desnudos y escarpados, donde alternan las formaciones graníticas formidables con los estratos calizos, las capas esquistosas trastornadas, los bancos de arenisca y los barrancos volcánicos, que parecen de hierro occidado, el valle tiene un encanto singular, por los rumores del riachuelo, los alegres huertos que lo matizan, los grupos elegantes de álamos blancos, los pequeños viñedos que á veces se ven como descolgando sus sarmientos sobre las barrancas, los dispersos olivos y otros árboles frutales, los islotes de corta duracion que se producen en el variable cauce, y los pequeños grupos de cabras que ramonean saltando sobre las laderas ásperas que dominan el paisaje.

Después de pasar por algunas ventas medio desiertas, que sirven para relevar los tiros, dimos á unos 36 kilómetros de Jaen con el pueblo llamado Campillo-de-Arenas, de 1,900 habitantes, situado en una pequeña planicie, de la cual y las colinas vecinas se saca algun partido para la produccion general de Andalucía, que consiste en vinos, aceite, frutas y granos principalmente. Varios cortijos y ventas se suceden luego, completándose en el tránsito desde el centro de Sierra-Morena hasta Granada, sobre la ruta, un total de mas de 40,650 habitantes, casi todos pertenecientes á la provincia de Jaen. La noche habia llegado, enteramente oscura, y eran las doce cuando hacíamos pié en la calle principal de Granada.

Las ocho provincias de raza hispano-arábiga (Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Huelva, Jaén, Málaga y Sevilla), que componen propiamente la vasta y montuosa región de las Andalucías, comprendida entre la Sierra-Morena, el Mediterráneo y el Atlántico,—tienen una poblacion total de 2.921.102 habitantes, los mas industriosos de España (en su masa general) después de los Catalanes. Las capitales de esas ocho provincias reúnen 446.342 vecinos (la sexta y media parte de la población andaluza),—y en esa cifra corresponden á la ciudad de Granada 68.743 individuos. Si hubiera de hacerse un estudio comparativo y minucioso de la manera en que la población se ha distribuido en España, se obtendría mas de una enseñanza interesante.

Prescindiendo de Cataluña, país tan excepcional, se ve, por ejemplo, una profunda diferencia en la fisonomía y las condiciones estadísticas de dos grandes regiones que se tocan: las Andalucías, y la Nueva Castilla con Estremadura. Geográficamente, la primera de esas divisiones es bastante inferior á la otra; topográficamente, las Andalucías, apesar de la ventaja comercial de sus costas marítimas, tienen una gran desventaja respecto de Nueva Castilla y Estremadura. En esta región el suelo es mucho mas igual, espontáneo, asombrosamente fértil y propio para variadas y muy valiosas producciones. En las Andalucías, con excepción de las llanuras de Sevilla y la Vega de Granada, los valles son muy reducidos en lo general, el terreno es donde quiera desigual, rocalloso, surcado por laberintos de cerros, de grandes serranías, de colinas bruscas y profundas ramblas. Así, la parte habitable y explotable de las Andalucías es muy reducida en comparación á su extensión geográfica.

Y sinembargo, donde quiera que puede crecer alguna planta, que puede sostenerse una producción cualquiera, se la ve aparecer en Andalucía, aprovechando hasta los mas pequeños vallecitos ó las mas limitadas planicies. Y como el terreno está entrecortado prodigiosamente por las innumerables inflexiones orográficas, se ha producido un raro fenómeno: la vida aparece en todos los intersticios explotables del pais, pero condenada por la naturaleza, temporalmente, al aislamiento. En las vastas planicies de la Estremadura, la Mancha y el alto Tajo, la naturaleza ha permitido la acumulacion y comunicacion fácil de grandes masas sociales, asi como la continuidad del cultivo en muy extensa escala. Y con todo, las regiones altas no pueden sostener la comparacion social y económica con las Andalucías, apesar de ciertas ventajas provenientes de los centros políticos y religiosos (Madrid y Toledo) y otras que no son despreciables.

¿En qué consiste la gran superioridad efectiva, de las Andalucías? ¿Es por la mayor fertilidad?—No. ¿Es por la mayor extensión de terreno explotable?—Menos. ¿Es por virtud de las comunicaciones marítimas?—Ellas solo favorecen directamente á los pueblos de las costas. ¿Es por la infusión de la sangre africana en la raza primitiva de España?—¿Es porque las instituciones de la feudalidad, del absolutismo posterior y del catolicismo romano no pudieron implantarse en las Andalucías tan hondamente como en las Castillas?—Sin pretender dar la solución, no puedo menos que reconocer la energía del contraste y el interés que esos fenómenos tienen para el estadista. Por mi parte diré que la observacion rápida de esos contrastes me ha confirmado, mas que la lectura de muchos libros, en mi creencia liberal.

Granada misma, comparada con la Granada histórica moruna, es un testimonio elocuente en favor de la doctrina de la justicia, la tolerancia y el progreso. Situada hacia el lado setentrional del valle primoroso que riega el Jenil, al pié de dos altas colinas; estribos de la serranía que divide el Darro, que corre por un lecho profundo, Granada tiene una de las posiciones mas pintorescas, mas encantadoras que el gusto oriental haya podido escoger en Andalucía para asiento de una capital.

Casi en el vértice que forma la Sierra-Nevada al sudeste de Granada, nace el lindo Jenil, cuyas ondas escasas y anchas vegas han inspirado á tantos poetas; recorre la llanura ó afamada Veya, que tiene como 40 kilómetros de circunferencia, y recoge las aguas que bajan de la sierra en el Dilao, el Monachi, el Alfacas, el Darro y otros riachuelos que fecundan el pais. La Sierra forma al este y sur una especie de semicírculo, desprendiendo un ramal de cerros y colinas en cuya base está reclinada la rara cuanto poética Granada entre dos cordones de alturas separados por el Darro. El uno ostenta sobre sus lomas superpuestas la Alhambra y el Jeneralife; el otro, el mas occidental, le hace frente en línea paralela y da asiento sucesivamente á las capillas y el seminario del Monte Santo y al extraño barrio del Albaicin, poblado por familias de Gitanos. Del pié de la Alhambra y el Albaicin se extiende la ciudad sobre las dos márgenes del Darro y la derecha del Jenil, descendiendo en plano inclinado hacia la Vega.

Nada mas extraño que la fisonomía de esa ciudad, simultáneamente gótica, árabe y gitana,—artista y fabricante,—religiosa y voluptuosa,—rica y harapienta,—llena de jardines y de miserias,-bella y horrible,—animada y cadavérica,—esperanza y escombro al mismo tiempo. Allí todo es contrastes,—conjunto de los tipos mas diversos,—rasgos de la mas compleja fisonomía social que—puede hallarse. Si se ven algunas calles y alamedas espaciosas y alegres, la gran masa de la ciudad está cortada por callejuelas sucias, tortuosas, oscuras, empedradas con guijarros, estrechísimas, complicadas en laberinto, completamente moriscas. Si se oye al pasar el martilleo de los talleres ó el ruido de los telares ó pequeñas fábricas de distintos objetos, se siente también á cada paso el clamoreo de las bandas de mendigos harapientos y escuálidos.—Si se admiran las maravillas del arte divino, se siente una profunda tristeza al sondear la prostitucion que mina á algunas clases.—Si se contemplan con recogimiento las iglesias católicas, llenas de pompa y majestad, se admiran los mil detalles de los palacios de la voluptuosidad oriental.—Si se aprecia el tipo franco, hermoso y despierto del andaluz de la mejor raza, se lee toda una historia de miserias y delitos, de persecuciones y dolores profundos. En la figura bronceada, en el ojo magnífico y salvaje, en la sonrisa orgullosa pero triste del Gitano….

Con decir que Granada es la síntesis de la historia y la sociedad hispano-arábiga, se indica lo que es en su estructura material esa ciudad. Muchos pormenores preciosos, en el orden de las dos civilizaciones; un conjunto extraño, feo pero muy interesante, contradictorio y triste; y todo encuadrado en un marco admirable de hermosuras naturales. Un teatro, numerosos cuarteles, algunos institutos de instrucción, beneficencia y culto, industrias medianas, juego, prostitución,—de todo y para todo; tal es el tipo que ofrece la masa general. En eso no hay en Granada cosa que llame la atención. Su interés está en los pormenores, y bajo este aspecto Granada es la mas curiosa de las capitales de España,—mas que Toledo y Sevilla mismas que son tan interesantes. Así, para adquirir una idea completa de las cosas, como artista, seria preciso residir meses enteros en Granada.

Cuando se deja el laberinto de las sucias callejuelas, ó se desciende del triste barrio del Albaicin, ó se abandonan los cafés públicos (mal servidos pero siempre llenos de gente), ó los hoteles ó fondas (donde el huésped sufre hambres por la imposibilidad de acomodarse con detestables alimentos), el forastero puede encontrar compensaciones en los paseos públicos llamados los salones. Si el mal gusto se manifiesta en las fuentes que adornan el principal, la pompa y el esplendor de aquella inmensa bóveda de verdura son incomparables. Un vasto salón al aire libre, de mas de 300 metros de longitud y unos 40 de anchura, se extiende al extremo de la calle principal entre ella y el Jenily el Darro. No he visto jamas una basílica de verdura comparable á esa. El sol no puede penetrarla con sus rayos, y al pasearse uno por allí, embriagado por mil perfumes, entre las filas de colosales olmos y otros árboles, cuyos troncos son las columnas de la mas suntuosa bóveda,—y codeándose con los grupos de hombres y mujeres en cuyas fisonomías se ve la expresión del árabe,—no puede menos que evocar todos los recuerdos de la historia de Granada.

Aquellas mujeres de mirada ardiente y sonrisa seductora; aquellos vestidos, pintorescos unos, otros ampulosos y atrevidos; aquellas capas flotantes, que acompañan infaliblemente en sus horas de pereza al Español; los ecos lejanos de instrumentos que convidan al placer; los vastos jardines que se extienden allí hacia el Jenil, cuajados de jazmines, granados, rosas y claveles, cuyos aromas embriagan positivamente; las brisas tibias que alegran el corazon, y varios incidentes que llaman la atención en las costumbres: todo parece dar la idea de los amores ardientes, de las pasiones vigorosas, del abandono y la voluptuosidad del oriental. Pero llega la noche, y á las nueve no mas aquella ciudad que se movía, que incitaba á las fuertes emociones, parece como dormida. A esa hora el silencio es casi completo, y el viajero que vaga en las calles solitarias se cree como errante en un vasto cementerio. ¿Qué hacen las gentes á esa hora?—¿Trabajan en sus casas ó talleres, ó venden en sus tiendas, ó rezan?… No sé si hacen casas muy malas ó muy buenas; lo que sé es que vegetan.

Entre los objetos públicos que llaman la atencion en el centro de la ciudad, merecen mencion (aparte de la catedral, de que luego hablaré) no solo algunas iglesias curiosas y algunos edificios antiguos de formas singulares, sino tambien: el teatro, el museo y el Sacatin. No hay para qué asegurar que Granada tiene sus inevitables circos españoles: el de los toros y el de los gallos. El teatro, aunque sin lujo ninguno, es muy bonito, pero generalmente mal servido, como casi todos los teatros de España, en lo que toca al drama y la comedia. En Granada, como en todas las ciudades de España, observé una notable vulgaridad en la gran mayoría de los actores. El torero—ese artista de la muerte—es donde quiera elegante, bello, magnífico en su clase. El actor, con raras excepciones, es plebeyo, bufon con brutalidad, y no sabe interpretar las nobles inspiraciones del poeta.

En el teatro de Granada (obra que se debe al general frances Sebastiani, que gobernó el país por cuenta y riesgo de Napoleon) vi ejecutar operetas y bailes de estilo frances que me parecieron soberanamente ridículos. El francesismo exagerado no produce en España sino caricaturas. No he visto en materia de coreografía nada tan gracioso como una española bailando el bolero, la jote ó la cachucha; pero tampoco he visto nada tan ridículo (en todas las ciudades españolas) como esas salerosas peninsulares haciendo las evoluciones inventadas (para desgracia del arte) por las bailarinas parisienses. El cuerpo rollizo, vigoroso y torneado de la española no se presta á las aéreas fantasías (casi de puro espectáculo) de la bailarina francesa, que necesita de inventar mil fascinaciones y figuras para disimular su flacura y fealdad y ostentar al mismo tiempo su agilidad y su gracia de gesto y movimientos.

El museo de Granada contiene, entre muchas cosas insignificantes, varias preciosidades de la época de los Moros, y algunas obras de pintura muy superiores. En lo general la Andalucía es un país muy rico en tesoros de esa clase, y despues del admirable museo de Madrid en ninguna parte de España se pueden hallar tan bellos cuadros como en Granada, Sevilla y otras ciudades andaluzas. ¡Qué de tesoros de Murillo y Ribera, de Cano, Palomino, Zurbarán, Herrera y muchos otros maestros, dispersos en todo ese país del amor voluptuoso y del arte delicado!

Una cosa notable en Granada: en la plaza llamada del Campillo, dominada por el teatro, se ostenta un monumento consagrado á la memoria del Talma español,—el ilustre Isidoro Máiquez, hijo de Granada, como el triple artista Alonso Cano y el poeta dramático Lope de Rueda. Pero ese monumento no ha sido elevado por la España, sino por tres artistas, herederos en parte del genio de Máiquez: los dos Romea y Doña Matilde Diez.

El Sacatin, que he mencionado, es un curiosísimo edificio moruno que le da su nombre á un barrio donde tiene su residencia el comercio. Compónese de un conjunto de construcciones homogéneas, ligadas entre sí, de modo que forman una sola manzana, pero divididas por callejuelitas iguales ó pasadizos, que se cortan en ángulos rectos, formando una especie de red de líneas regulares. Por todas partes el Sacatin presenta filas de tiendas y almacenes, en dos órdenes ó pisos paralelamente, y es allí donde se acumula no solo todo lo que figura en los cambios ordinarios del comercio, en materia de géneros, mercería y quincallería, sino tambien una multitud de objetos de arte y productos de los talleres y fábricas nacionales. El Sacatin, pues, no solo da la muestra de la industria local y la medida del comercio, sino que interesa mucho por su colorido local, su tipo moruno y las costumbres que allí se revelan. En el fondo de esos pasajes, llenos de labores y arabescos, de columnitas de jaspe y curiosidades, es donde son mas pintorescos los grupos populares, y donde la granadina, de ojos negros, vivos y picantes, ejercita con mas arte sus provocaciones para con el extranjero y sus pequeñas astucias de mercader.

Dicen los cronistas que hasta la época del último rey moro Granada tenia hasta 400,000 habitantes, con mas de 16 kilómetros de circunferencia, y que estaba completamente circuida de murallas, y estas contaban hasta mas de mil torres para su defensa. Puede que haya bastante exageracion en esas cifras; pero á juzgar por las proporciones actuales de Granada, donde centenares de casas están desiertas y se encuentran ruinas por todas partes, no hay duda de que la poblacion existente es sumamente inferior á la que puede caber. Hoy no quedan de ese millar de torres (si lo hubo) mas que señales, con algunas fortalezas en escombros, algunos torreones aislados é inútiles, y vestigios muy diminutos de las murallas que circundaban la famosa capital del imperio morisco. Poco y casi nada le queda al presente, de tantas glorias y de tanta opulencia. Solo la historia es rica, por los tesoros del pasado. El fanatismo religioso, la incuria de los gobiernos y los pueblos, las malas instituciones y el tiempo han destruido mil primores y grandes cosas que el genio oriental habia atesorado en la preciosa Granada.

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CAPITULO II.

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GRANADA MONUMENTAL Y SOCIAL.

La Alhambra.—La vega de Granada.—El Jeneralife.—La Catedral.—La
Cartuja.—El Albaicin.—Los Gitanos en Granada.

Subamos á las fortalezas de la Alhambra y los jardines y retretes desiertos del Jeneralife. Pero antes, que el lector me permita, una vez por todas, una advertencia.

Como viajero, he buscado en España y otros paises de Europa todas las impresiones, todos los objetos que pudieran darme simultáneamente goces morales profundos y la idea general del estado de la civilización en cada pueblo. Pero como narrador de viajes, me es imposible describir todo lo que me ha impresionado: 1º porque soy incompetente para los trabajos técnicos (los de ciencias físicas y bellas artes); 2º porque la tendencia principal de mis estudios se refiere á la condicion social de las grandes masas mas que á sus especialidades etnológicas y artísticas.

Que no se me pidan, pues, descripciones minuciosas de monumentos y curiosidades, que pueden hallarse en los libros ad hoc escritos por artistas-literatos, como Teófilo Gautier y otros. No me es dado ofrecer sino impresiones, ni quiero emitir sino reflexiones propias, sean ó no equivocadas. No he podido estudiar la Alhambra ni otros monumentos como artista, sino bajo su punto de vista social, único que puede estar á mi alcance.

Subiendo la alta colina de la izquierda del Darro, por entre callejuelas estrechas, sucias, caprichosas y casi arruinadas, habíamos llegado al pié de la gran puerta monumental que da entrada á la ciudadela ó vastísima fortaleza de la Alhambra. En todo el derredor una falda muy pendiente separa la planicie de la colina de las profundidades del Darro y los altos barrios de la ciudad. Despues, como un inmenso cinturon de piedra, arrancan del seno circular de la falda los enormes torreones y los estupendos muros que aislan la planicie, presentándola sobre el horizonte de Granada como una corona de rocas y verdura que se destaca en el aire. A la derecha de la puerta principal se levantan las masas enormes de la Alcazaba y la torre de la Vela: á la izquierda las torres Bermejas casi arruinadas. Média entre los dos lados un vastísimo espacio, un abismo como de 60 metros, que en tiempo de los Moros estuvo salvado por un puente colosal, suspendido en el aire y que tenia sus estribos ó extremidades en la Alcazaba y las Bermejas! Aquello debió ser prodigioso….

Entramos, y todo un mundo de pompa y armonías, y memorias solemnes, y ruinas y animacion de la naturaleza, se ofreció á nuestros ojos. Yo no tenia idea, excepto en las grandes selvas colombianas, de un lujo de vegetacion semejante. Desde la puerta hácia el interior, en una extension de varias centenas de metros, se prolonga un bosque de árboles seculares y suntuosos, bajo cuyo follaje la sombra es absoluta. Ese bosque está dividido en muchas calles magníficamente macadamizadas, á cuyos lados corren y saltan arroyos cristalinos que forman una música deliciosa. Ni un rayo del sol penetra bajo aquellas cúpulas sagradas donde vaga el genio de toda una raza, de toda una civilización extinguida…. A la derecha, entre pabellones de yedra y tupidos arbustos y colosales olmos, se destacan las murallas y los torreones de la línea interior de fortificaciones que separaba la Alhambra propiamente dicha de los vastos jardines de la ciudadela. A la izquierda se extienden algunas quintas (entre ellas la muy famosa de un rico banquero, Sr. Calderon), rodeadas de cármenes ó huertos y jardines, donde se ostenta cuanto hay de mas delicado y bello, de mas aromático y voluptuoso en la vegetacion andaluza. Aquel paraíso de perfumes, de sombras, de verdura y armonías está habitado por centenares de ruiseñores que silban dulcemente al acercarse la noche. Se quisiera vivir allí largos años, en un incesante recogimiento de amor, de contemplacion y poesía….

Se pasa bajo el pórtico de la fortaleza, dejando el bosque poblado de misteriosas armonías, y el viajero se encuentra en el extenso patio de los Aljibes. En el centro las cisternas cuya cavidad subterránea es inmensa: al sur la Alcazaba, la torre y plataformas de las Prisiones, y en avanzada la altísima torre de la Vela; al norte el Palacio de verano á la derecha, una ancha calle á la izquierda, que conduce al poblado ó ciudadela, y en el centro el palacio de Cárlos V, ruina colosal y noble que occupa una pequeña parte del sitio que cubriera el Palacio de invierno de los reyes moros. Donde quiera escombros gigantescos, desolacion y tristeza;—el esqueleto colosal del prodigio militar y artístico de una civilización….

Al subir por entre rotos muros las empolvadas escaleras del sombrío edificio de las Prisiones, resuenan los pasos del extranjero en el seno de la mole granítica y de ladrillo durísimo, produciendo ecos recónditos que parecen los lamentos de las víctimas un tiempo amontonadas bajo aquellas bóvedas tremendas. Cuando se sale á la vasta plataforma de aquel sepulcro inmenso, y se respira el aire libre bajo el cielo poético de Granada, se siente como una especie de resurreccion. Subimos á la torre de la Vela, impacientes por abarcar el asombroso horizonte que se contempla desde allí. Fué en esa altura estupenda donde tremoló por primera vez el estandarte de los reyes católicos, el 2 de enero de 1492, para anunciar á todos los habitantes de la Vega que el reinado de Boabdil habia terminado.

Renuncio á la pretension de revelar las hondas emociones que me dominaron durante la contemplacion de aquel espectáculo admirable. Miré en derredor, dí un grito de supremo placer, me así del borde del altísimo bastion para no caer, porque un vértigo me arrebataba, y mudo, tembloroso, sin aliento, sentí una lágrima que se me escapaba como el mas puro homenaje…. Es que estaba mirando la imágen de mi Patria!

En efecto, habida consideracion á las distancias y proporciones y á los pormenores característicos, nada hay que ofrezca tan rara semejanza en el conjunto como la Vega de Granada con sus serranías, vistas desde la Alhambra, y la llanura de Bogotá, circundada de cerros, contemplada desde las alturas de "Monserrate." Razon tuvo el conquistador de mi patria para llamarla Nueva Granada, y aún darle á su capital el nombre de Santafé, en recuerdo de la villa de los reyes católicos (que se alcanza á ver desde la Alhambra) donde nació el atrevido Gonzalo Jiménez de Quesada.

El panorama que se registra con la mirada desde la torre de la Vela es superior á cuanta hermosura puede imaginarse. Al pié se extiende la ciudad de Granada, descendiendo en plano inclinado, hácia la llanura, llena de caprichos, de interesantísimos detalles, de arboledas magníficas á trechos, de torres y monumentos de variadas formas; acariciada por el Jenil de un lado; cortada por el Barro del otro, y rodeada de una inmensa cintura de cármenes (huertos, jardines y casas de campo) donde se ostenta la mas lujosa vegetacion. A la derecha se levanta el estribo de serranía donde se admiran las bellezas del Monte-Santo y el barrio de Albaicin, arrabal subterráneo donde vive bajo las rocas, en la miseria y el abatimiento, la raza misteriosa de los Gitanos; y en el fondo del abre que separa ese cerro del de la Alhambra y el Jeneralife, desciende por entre jardines, molinos y bosques de frutales el Barro caprichoso, tan presto arroyo miserable como torrente caudaloso.

Después, en el fondo del panorama, la Vega primorosa,—donde un tiempo ostentaran en las justas su brío, su galantería y sus odios y ambiciones los Abencerrajes y Zegries, y donde probara una raza intelligente los prodigios del trabajo en el arte de la agricultura y en la ingeniosa actividad de la fabricacion. La Vega de Granada es literalmente un mar de verdura, en cuyo fondo resaltan numerosas poblaciones, alcanzándose á distinguir entre otras Santafé, las dos Gávias, Churriana, Almilla y Alendin. Los grupos de esas poblaciones hacen un juego muy gracioso con las arboledas en fila que indican el curso de los caminos y riachuelos y el deslinde de las heredades, con las plantaciones de cereales, de moreras, naranjos, avellanos, limoneros, granados, olivos, almendros y otros muchos frutales, y con las mil casas campestres y los primorosos cármenes del paraíso granadino.

Por último, todo ese paisaje esplendente se ve encuadrado por las montañas de la Sierra-Nevada, donde en la cima de los anfiteatros de colinas y planos inclinados, y sobre inmensos pedestales abruptos de granito y mármol se destaca, como el lomo fulgurante de un mar de plata, el cordon de eminencias coronadas de nieve perpetua, que parece estar enviándole á la Europa los reflejos del sol abrasador de África…. En uno de esos anfiteatros de cerros se nota el del Suspiro del Moro, desde cuya cima dicen que el vencido Boabdil lanzó la última mirada y el postrer adiós á la gentil Granada, ya conquistada por las huestes de Isabel y Fernando….

Descendimos de la torre de la Vela para entrar al santuario del arte voluptuoso de los orientales, haciendo el mas raro contraste con el palacio de Cárlos V. ¡Qué de páginas de civilizaciones distintas, trazadas con piedra sobre una misma colina! En las torres Bermejas y de la Vela, la arquitectura fenicia y la romana; en la Alcazaba, la arquitectura árabe del segundo período; en la Alhambra (Palacio de verano) el estilo florido y refinado del tercer período; y en el palacio arruinado de Cárlos V la arquitectura clásica del Renacimiento. Asi, en solo un espacio reducido, cuántas razas y civilizaciones distintas tienen su representacion!

Se adivina la estupenda grandiosidad que debió tener la parte mas importante de la Alhambra (el palacio de invierno)con solo saber que el vasto edificio llamado hoy «palacio de Cárlos V» apénas ocupa como una cuarta parte del lugar que estuviera cubierto por el edificio principal de la Alhambra, que fué destruido por la orgullosa vanidad del rey emperador. Hoy el edificio no tiene mas que sus muros y fachadas magníficas, sus arcadas interiores y los elementos del suntuoso palacio. Su forma exterior es cuadrada, pero en el interior es perfectamente circular, como si se hubiese querido establecer allí un circo romano. Aquella espléndida ruina llama mucho la atencion, pero no interesa como el palacio de verano, porque el viajero llega solo preocupado con lo que tiene el carácter de morisco ú oriental.

La primera impresion que se siente al penetrar en el famoso recinto es de desilusion. Se han ponderado tanto las maravillas de la Alhambra y su grandiosidad, que al visitarla se la encuentra muy inferior á las descripciones hechas por los viajeros entusiastas. Desde luego, la maravilla de hoy no es mas que un detalle de lo que fué la residencia de los reyes de Granada y su corte; y aunque de algunos años acá se trabaja en restaurar el palacio de verano, que se desplomaba en ruinas y ha sido devastado por bárbaros visitadores de todos los paises, se encuentran patios y salones cuyo estado no corresponde á lo que los artistas y anticuarios han creido que debió contener el palacio.

Me sería preciso escribir centenares de páginas (y mal escritas) si quisiese indicar minuciosamente todo lo que hay de suntuosidad, de capricho, de refinamiento pintoresco, de riqueza y adornos de arte y de especialidad de estilo, en aquellos patios embaldosados con mármol y llenos de aguas y delicias, como los de los Arrayanes y los Leones; aquellos muros cuajados de arabescos primorosos; aquellos pavimentos brillantes y cubiertos de azulejos y mosaicos caprichosos; aquellos artesonados de cedro que parecen bordados por el buril de una hada; aquellas bóvedas y cielos rasos y techumbres de diversas formas, en yeso modelado, entre cuyas molduras de colores vivísimos resuenan cien ecos singulares; aquel grupo de leones de mármol que parecen estar contando al mundo de hoy los amores de las sultanas y esclavas del harem; aquellos salones de maravillosas filigranas en estuco, que guardan en su recinto mil memorias, bajo los nombres de sala de los Embajadores, de las Hermanas, de la Justicia, de los Abencerrajes (que hace evocar las sombras de las víctimas), de la Reina, de Lindaraja, etc.; aquellos jardines repletos de fuentes y arrayanes y naranjos; aquellos baños de alabastro y retretes de la voluptuosidad; aquella mezquita que recuerda toda una religion poética y sublime; aquellos complicados pasadizos, sótanos y escaleras en laberintos; y aquellos miradores aéreos suspendidos sobre abismos para que las reinas y princesas moras pudiesen contemplar los cármenes del Darro, las colinas vecinas y la ciudad y su vega, bañándose con deleite en la luz de las mañanas y en las ráfagas de aromas y armonías que exhalaban los huertos, jardines y arroyos y aves mil, en las faldas que la Alhambra domina con sus murallas y torreones, sus azoteas y celosías.

Si se me preguntase cuál es en resúmen mi opinion respecto del palacio de verano, diría, á riesgo de no agradar á los artistas admiradores ni á los españoles que se jactan de un monumento debido á una civilizacion perseguida por la España católica: Lo que resta de la Alhambra, que es una fraccion nomas, es curiosísimo, pero no grande ni noble: es lindo, pero no bello. Allí todo revela al esclavo, no al verdadero artista; todo es profundamente voluptuoso y artificioso; todo habla á los sentidos, á las pasiones brutales (el amor lúbrico, el juego, el odio y la venganza); nada hay que se dirija al pensamiento, al alma divina,—nada que sea noble, delicado y sublime. La Alhambra no es la obra de un pueblo artista, como eran las iglesias góticas de la misma época, sino la obra automática del obrero-esclavo, obedeciendo á un mandato concebido por un amo, á quien dominara el instinto del deleite, el hábito de la autoridad suspicaz, vengativa y sensual.

En lo general, aunque se ven variedades graciosas en los colores y las formas de los adornos, el trabajo que se ostenta en todos los salones y recintos de la Alhambra es tan homogéneo en su genio ó su estilo, y aún en su ejecucion, que no revela riqueza de fantasía en el artista, sino la mano paciente de un artesano imitando un modelo invariable, ó sirviéndose de moldes para estampar en el yeso los labrados ó arabescos. La piedra no hace allí ningún papel en lo que toca al arte; casi todo esta en yeso ó materia plástica, y en los trabajos de madera la riqueza de labor es subalterna. Esa consideracion disminuye mucho el valor comparativo de los primorosos pormenores del palacio. Al recorrerlo, el alma no experimenta ninguna emocion, y se sienten casi los estremecimientos de la carne como si detras de cada puerta estuviese dormida entre flores y perfumes, sobre un lecho de mármol, una princesa ó esclava desnuda, de ojos ardientes y cabellera de ébano….

Pero hay una cosa singular en la Alhambra, y es, que engaña de todos modos, produciendo diversas impresiones, segun las visitas que se le hacen y el estado de espíritu del extranjero. El que no ha leído nada sobre la Alhambra se maravilla al verla. El que ha leido las descripciones de Washington Irving, Teófilo Gautier y otros escritores, encuentra la realidad inferior, en el primer momento, y sale de la Alhambra bastante desilusionado. Pero si vuelve al día siguiente y mira todo aquello, y lo medita para adivinar el pasado que desapareció, se adquiere una idea mejor, y á cada visita se siente que la Alhambra crece en la imaginación y tiene mas y mas encantos. Por último, si se la contempla desde la altura superior del Jeneralife, y se recorre todo el terreno circunvecino, la Alhambra aparece al espíritu en toda la grandiosidad de su conjunto que fue, y las apreciaciones varían.

Nosotros subimos á la Alhambra en cuatro días diversos, por lados y caminos diferentes, y buscando todas sus faces ó sus puntos de vista. Considerada desde el cerro del Albaicin ó desde el Jeneralife, las impresiones son distintas. Desde el primer punto se la ve original, soberbia y pintoresca. Desde el segundo se la comprende completamente, hallándola grandiosa, estupenda y muy compleja.

El Jeneralife era la casa de campo, en cierto modo, de la Alhambra. Tiene su asiento en una colina superior, inmediata á la planicie de la Alhambra, y está, á su turno, dominado por otra colina mas alta, donde antes existia una fortaleza que el mariscal Soult hizo volar durante la guerra de Napoleón, y cuyas escasas ruinas se encuentran aún dispersas en la loma. Por el pié del escombro baja un arroyo artificial que prodiga sus aguas salladoras al Jeneralife, la Alhambra, los cármenes vecinos y Granada. A una profundidad enorme corre el Darro, y, sinembargo, fué de ese riachuelo que, desde muchas leguas de distancia, trajeron corrientes abundantes á sus palacios y jardines los laboriosos Moros, esos amantes del sol y de las aguas juguetonas.

El edificio del Jeneralife está fuera de las fortificaciones de la Alhambra, aunque estuvo ligado por viaductos aéreos. Era allí donde reposaban y se bañaban las princesas, las damas de corte y las esclavas, gozando con infinita voluptuosidad bajo un cielo admirable, entre mil perfumes, rumores y caprichos, en albercas y tinas de mármol, y teniendo al derredor el horizonte mas encantador del mundo. El Jeneralife se compone de un laberinto de glorietas, pabellones, miradores, fuentes caprichosas, baños, huertos, jardines y mil primores artificiales, donde fueron profusamente aglomerados y bien dispuestos los ricos marmóles y jaspes, los bellos estucos, los delicados arabescos, los lindos azulejos, las cascadillas, las terrazas, los grupos de arrayanes, naranjos, jazmines, granados y rosales formando las mas graciosas figuras, y cuanto era característico del arte oriental, tan hábil en la disposición de los colores, la orientación de los edificios, la distribución de las aguas y el cultivo de las plantas.

Desde allí se tiene la idea completa de la Alhambra, que debió sor una obra inmensa, formidable y de muy variadas condiciones. Una primera línea de fortificaciones, destacada bajo los bordes de la circunferencia de la planicie, lo encerraba todo: la ciudadela y los palacios, los parques y jardines y el Jeneralife. Otra linea mas formidable en su conjunto, con muchos torreones de trecho en trecho, separaba á la Alhambra y la ciudadela de los parques, el Jeneralife, etc.; y por último, los palacios mismos de las residencias de la Corte estaban separados de la masa que componía la ciudadela, dividida en muchas calles con jardines, donde sin duda habitaban las familias cortesanas y acaso una parte de la guarnicion. Hoy todo está casi en ruinas, con excepcion del palacio de verano y la gran mezquita; hay muchos espacios vacíos, los torreones se han derrumbado, los jardines interiores están en esqueleto, y en las calles de esa pequeña ciudad cortesana encerrada entre fortalezas, muchas casas están desiertas y otras no son habitadas sino por familias miserables y mendicantes.

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La catedral de Granada, que data de los siglos XV y XVI, aunque grandiosa y espléndida en su género y de una admirable riqueza de ornamentacion y pormenores, es, segun mi gusto, inferior á las demas catedrales de España, en cuanto al conjunto. Tengo una pasion decidida por la sombría solemnidad, la originalidad y el atrevimiento de las catedrales góticas, porque son monumentos típicos, populares y en armonía con el recogimiento severo de la religion. Pero me repugnan en los templos los refinamientos escolásticos y afeminados del Renacimiento, que hacen evocar la memoria del paganismo. La catedral de Granada, mandada construir por los Reyes Católicos, es del mas puro estilo del Renacimiento, combinando los tipos de sus diversos órdenes. Es un monumento grandioso, de proporciones muy majestuosas, pero pesado en su masa, sin audacia en las formas y de una regularidad que, interesando en el primer momento, acaba por ser monótona.

Una inmensa nave que hace su semicírculo en el fondo y abraza los dos costados, forma las naves laterales, y otras tres en el centro completan la vasta construccion. Un coro central en mala hora concebido, interrumpe el cuerpo del edificio, quitándole mucho de su majestad, y, exceptuando algunos relieves de un hermoso frontispicio-altar do mármoles soberbios, solo llama la atencion por sus dos órganos colosales, cuyos tubos parecen querer penetrar la techumbre para lanzar al cielo sus solemnes melodías. El altar mayor, situado en el centro de un vasto círculo formado por columnas y bastiones que sostienen la gran cúpula del templo, es de una magnificencia suntuosa. Nótase allí un famoso arco inclinado, atrevida creación impuesta al artista por la necesidad de la perspectiva; y hay en todas las cornisas y los arcos circulares una profusion de relieves de gran valor que hacen un efecto excelente sobre el fondo de los frescos debidos á artistas muy notables, como el famoso Palomino.

La capilla de las Reyes contiene allí, entre muchas riquezas de ornamentación, dos tumbas monumentales de mármol blanco, asombrosamente preciosas por sus líneas delicadas, su inmensa labor y sus relieves de un gusto artístico insuperable. La una de esas tumbas es la de Isabel y Fernando, con sus cuerpos íntegros en relieve; la otra de Felipe I y Juana la loca, de iguales condiciones. De resto, la catedral entera está llena de primores; su riqueza de mármoles en todos los pavimentos, los altares y muros, es prodigiosa,—como en todas las catedrales españolas (no siempre con buen gusto en la distribución); y entre multitud de bellos frescos, de infinitos adornos y cuadros al óleo de bastante mérito, se distinguen dos pequeños de Murillo, uno de Herrera el viejo y varios del infatigable Alonso Cano.

Un curioso espectáculo me llamó la atención, al recorrer la ciudad hacia extramuros, en solicitud de la Cartuja, el Albaicin y el Monte-Santo. Me había prometido ver á los Gitanos en su barrio y contemplar sus extrañas danzas en medio de las ruinas de la Alhambra. Había conocido un dia, en el Jeneralife, al capitán de los Gitano de Granada, hablando con él para que nos hiciese preparar una danza, objeto que provoca mucho la curiosidad de los viajeros. El capitán, albéitar de profesión, me había impresionado vivamente, haciéndome simpatizar con su raza. Fino y comedido, con una fisonomía en que parecían disputarse la expresión típica, el orgullo y la humildad fingida, la indiferencia y la amabilidad; alto, delgado y enhiesto; llevando con garbo su capa azul oscura de vueltas de terciopelo carmesí, y su sombrero de fieltro algo inclinado sobre la frente; con un acento vibrante y suave, un ojo profundamente negro, vivo y ardiente, pero velado por instantes, y marchando con seguridad y presteza,—aquel hombre me ofrecia el tipo de una raza bellísima, que ha conservado en medio de su degradación en Europa la tradicion de la mas hermosa estirpe de la India proscrita.

Al atravesar una espléndida plaza, interesante por recuerdos históricos, dimos con una esplanada vecina, llena de gente y animales. Celebrábase en aquel momento un mercado característico de los Gitanos. Todos los vendedores eran de esa raza, mientras que los compradores pertenecían á la nacional. Donde quiera grupos de gente, de vestidos caprichosos ó tristes. Por acá los hombres tratando caballos, mulas y asnos, y aun alguno que otro perro; por allá las mujeres, vendiendo sartenes, olletas y toda clase de objetos de metal. Durante los dias comunes el Gitano anda por los campos y cortijos recogiendo animales de servicio doméstico, ya comprados, ya recibiéndolos en comisión; en tanto que las mujeres y los muchachos de la raza colectan á ménos precio los útiles de menaje mas ó menos deteriorados, en las casas subalternas de la poblacion. El barrio de los gitanos es así el depósito de mil ruinas animadas ó inanimadas. Aquellas gentes, especiales en el arte tradicional de estañar y remendar, acomodan y rejuvenecen el enjambre de trastos viejos; y, no menos especiales en manejos de veterinaria (mas ó menos empírica, pero hábil en cuanto á las apariencias), trasforman el potro recalcitrante y el asno que parecía inservible. La reventa de esas mercancías, en cuyo valor hay mucho de artificioso, y la venta de algún carbón y otros artículos traídos de las montañas, constituyen los mercados especiales de los gitanos de Granada.

La curiosidad de examinar los tipos de esa raza nos hizo mezclarnos entre los grupos. Como mis dos compañeros de viaje y yo teníamos que hablar siempre en francés, los gitanos, al considerarnos extranjeros, creyeron por un momento que podrían hacer negocio,

—Eah, dijo uno de ellos al compatriota mas cercano,—ofréceles la jaca á esos chorlos, y si la quieren apriétales el molde.

—Ya, pues,—repuso el otro, con una sonrisa maliciosa,—mientras nosotros observábamos un caballito de garbosa apariencia, que relinchaba con mucho brío.

—Eh, señorito; añadió el chalan, con el acento mas meloso;—píntele usté el ojo á esa jaca, y dígame si hay un primor mas cuco en toas leas Andalucías,

—Cierto que es muy bonita la jaca,

—Ah-¿Usté se despresa en español? No parecia….

—¿Y por qué no? le respondí, ¿Cuánto vale la jaca?

—Media bicoca, señorito; por ciento cincuenta duros….

—Es muy cara.

—Ah, señor! si usté supiera lo que vale la yegua!… Es mas fina que una perla; y tal madre tal hijo.

—Entonces la jaca es muy mala.

—Puah! qué está usté rezándome! Y el padrote….

—La verdad: la yegua fina da mal potro, si el caballo es bueno.—Yegua ordinaria, sabrosa jaca, dice el proverbio de los chalanes.

—Ah! este señorito sabe el negocio.—Eh! tiempo perdio!

Y me volvió la espalda con soberana indiferencia, seguro deque no habría negocio. El Gitano es así. Cuando espera ganar tratando, su palabra es melosa y su fisonomía elástica; pero cuando no se promete nada del que se le acerca, su mirada se apaga, su frente se contrae revelando un orgullo brutal y egoista, y vuelve á su silencio, que parece encubrir la antipatía instintiva de una raza respecto de todas las europeas.

Aquellas vocea ásperas y fisonomías bronceadas y casi repelentes nos llamaron mucho la atención. El color del gitano español, único tipo de esa raza que hasta ahora he visto, es semejante al de una pasta de café bruñida, por regla general, aunque algunos tienen una tinta mas oscura, Labios muy delgados, llenos de astucia y malicia, mirada rápida, movimientos fáciles, y en toda la persona un aire de tristeza profundamente concentrada; un no sé qué sombrío, algo que parece vacilar entre la indiferencia y el desden, el odio y el pesar: tales son sus rasgos. ¡Pobre raza, llena de cualidades enérgicas, que la Europa no ha pensado en educar y mejorar, sino en proscribir, condenándola á los vicios de la vida nómade! ¡Qué de misterios en esa extraña raza, perpetuándose sola al través de los siglos, como privada de la atmósfera común de la civilizacion, y sin patria ni hogar!