—Oh, no; entre buenos compañeros se debe alternar. Por otra parte, U. como extraajero tendrá mas gusto en hallarse junto á la portezuela para observar mejor los campos.
No me hice rogar, tanto mas cuanto que asi el buen tio podia viajar con mas tranquilidad. Los tontos zelos de mi vecino me procuraban una ventaja de posicion con que no habia contado. Desde entonces, aunque de rato en rato se renovaba la conversación, pude entregarme á la contemplacion de las llanuras solitarias de Castilla, de una completa analogía con las de la Mancha y demás provincias de la Castilla oriental ó nueva.
Nada mas rico por su naturaleza ni mas triste y monótono que aquella comarca, donde la antigua inmobilidad española se muestra con todos sus rasgos característicos. La provincia de Madrid habia terminado en las alturas de la Sierra, donde un leon de piedra demarca el límite de las dos Castillas. Desde allí la carretera comienza á cortar la provincia de Segovia, una de las mas atrasadas de España por la insuficiencia de sus vias de comunicacion. El terreno va descendiendo en escalones de colinas rocallosas y planos inclinados, cuyo aspecto es triste y desapacible. Después de algunas ventas ó elementos de microscópicos centros de poblacion, dejando á un lado la pequeña villa de las Navas de San-Antonio, el horizonte se abre y las llanuras aparecen á la vista en casi toda su extensión. Por último, la vía toca en el pueblo de Villacastin (de 1,500 almas) y en el de Labajos (de 900 habitantes); penetra en San Chidrian al territorio de la provincia de Avila, separándose cerca de allí de la carretera que conduce á las Asturias, y al pasar por la villa de Martin-Muñoz (que cuenta 1,000 habitantes) cortando de nuevo una punta de la provincia de Segovia, el viajero se encuentra en plena llanura, rodeado de un vastísimo horizonte.
Las poblaciones que atraviesa la vía están en completa armonía con las llanuras. En todas ellas se ven las casas viejas de aspecto miserable y aflictivo; las calles sin pavimento alguno, ó atrozmente empedradas, llenas de fango y mugre; los enjambres de mendigos asaltando á los viajeros si la diligencia se detiene un momento siquiera. Vestidos que acongojan, capas patibularias, figuras extrañas y repelentes por su conjunto; y todo eso ¡cosa singular! contrastando con el tipo de una raza distinguida, inteligente, honrada y de índole dulce, en cuyo seno abundan las bellas fisonomías y las organizaciones robustas. El hábito de la mendicidad, del abandono, de la imprevision y la mugre se revela allí en todas las formas exteriores de una sociedad que tiene superiores cualidades latentes, que para desarrollarse no aguardan sino el impulso del comercio y de la libertad.
Una vez que se desciende completamente á la llanura, el terreno, sin ninguna de esas inflexiones que lo hacen pintoresco, no es mas que una pampa de cereales casi totalmente desierta. Si de trecho en trecho se ven algunos pequeños viñedos, ó rebaños de ovejas casi insignificantes, apénas sirven para hacer resaltar mas, como excepciones, la monótona uniformidad de las inmensas plantaciones de trigo, cebada, judias, habas y garbanzos que cubren el terreno. Si á muy largas distancias se ven algunos centros de poblacion, lo demas está desierto, como en la Mancha, sin un árbol, una casa ó un modesto cortijo. Si á la izquierda se ven á considerable distancia, del lado de Salamanca, los contrafuertes avanzados de la Sierra de Guadarrama que se dirige hácia Portugal, y á la derecha (norte) se alcanzan á divisar las pálidas eminencias de la sierra que separa á Castilla de la hoya del Ebro: al occidente, en la direccion de Valladolid y Zamora, el horizonte no tiene casi límites. La mirada se pierde en la contemplacion de un inmenso desierto de gramíneas cultivadas por la naturaleza sola, opulento de verdura y de gérmenes de progreso, pero triste, sin un ruido, sin animacion, sin movimiento social alguno. Los castellanos son un pueblo ahogado entre ondas interminables de cereales. Allí la naturaleza vive sin sonreir, y el hombre vegeta durmiendo ú bostezando.
La riqueza de ese pais, esencialmente agrícola, es inapreciable. Solo le faltan los medios y la libertad para dar salida á sus productos y regenerarse por el cambio. El dia que los obtenga, la Vieja Castilla podrá ser un emporio. Si el canal de Castilla, las nuevas carreteras y los ferrocarriles que están en construccion ó en via de ejecucion, crearán el primer elemento de prosperidad, solo una legislacion liberal, que rompa las ligaduras del comercio interior y exterior, completará la regeneracion económica y moral de los castellanos.
Uno de los rasgos mas característicos de esa poblacion (para la cual la vida no es mas que un hábito) es la impasibilidad, que raya á veces en un estoicismo bárbaro. Durante casi todo el dia el viento y la lluvia batian la desolada llanura; y sin embargo, donde quiera que alcancé á ver un rebaño me llamaron la atencion dos séres en infalible asociacion en el centro de cada uno: el pastor y el perro guardian. Cada perro dormia cerca de su dueño con la misma filosofía de este, que se destacaba immóbil, sin hacer caso de la lluvia y el viento. Un pañuelo apénas le cubría la cabeza, miéntras que todo el cuerpo se escondia bajo el embozo de una capa vieja de paño burdo amarillento (especie de estameña); y si alguna vez salía de su inmobilidad era solo para señalar con la mano al impasible perro alguna oveja que se alejaba demasiado del grupo. El obediente bruto llenaba su deber con lentitud, y el hombre seguia fijo como una estaca, centinela mudo de un campo desierto y de un rebaño de excelente índole. La misma escena se me ofreció diez ó doce veces.
A 143 kilómetros de Madrid, en el fondo de la extensa llanura, se encuentra la pobre y vieja villa de Olmedo, primera poblacion de la provincia de Valladolid en la vía que yo llevaba. Olmedo, célebre por dos batallas en las viejas guerras civiles de España, cuenta apénas unos 13,000 habitantes. Un tiempo ciudad fortificada y de alguna importancia, hoy no llama la atención del viajero sino por sus ruinas, sus murallas desmanteladas, su soledad y tristeza, á pesar de su mediano comercio de maderas.
Los paraderos donde la diligencia se habia detenido sucesivamente eran tan detestables que yo no habia podido tomar alimento ninguno de provecho. Los garbanzos cocidos, las habas guisadas, el tocino y los chorizos me perseguian sin misericordia; y aunque algunos vasos de vino de Aranda y de Toro me habian confortado un poco, tenia la pena de no poder entretener el apetito con el cigarro por consideracion á la sobrina del buen cura. Ello es que yo tenia una hambre de primer órden, que se avivaba con cierto olorcillo á buen queso y exquisita conserva de melocoton que se escapaba de la maleta del cura. Él y su sobrina aprovechaban para refocilarse los momentos en que yo bajaba de la diligencia en busca de alguna cosa tolerable.
La situacion me hizo comprender que era preciso apelar á la diplomacia. Restablecí la conversación sobre el clero y logré interesar al digno cura castellano. Por fin le hice saber que en Nueva Granada habia corrido yo graves peligros como periodista, á causa de la energía con que, discutiendo la cuestión del clero, habia defendido los verdaderos intereses de la religion, ó de la pureza del cristianismo y la independencia del sacerdocio. Yo decia enteramente la verdad, pero me guardé bien de decirle á mi compañero que mis enemigos habian sido precisamente los malos clérigos y los fanáticos, ni de entrar en pormenores sobre el modo como yo entendía los verdaderos intereses del clero católico y de la religion. Ello es que el tio se enterneció, y luego luego me invitó á participar de sus sabrosas provisiones, que me probaron el buen gusto gastronómico de mis compañeros. Si los zelos vulgares me habian procurado un buen asiento, el espíritu de corporación del cura viajero socorrió muy oportunamente mi situación estomacal. Debo decir, para descargo de mi conciencia, que desde aquel momento la gratitud me hizo olvidar toda cavilación maliciosa acerca del parentesco de mis compañeros de viaje.
Desde Olmedo hasta Valladolid (en un trayecto de 43 kilómetros) la carretera, enteramente nueva, gira por una comarca tan solitaria que no se toca sino en cuatro pueblecitos enteramente insignificantes, uno de ellos situado á la orilla izquierda del Duero, rio angosto y profundo pero muy subalterno hasta el punto donde, á pocas leguas de distancia, se le reune el Pisuerga. La noche estaba ya bien avanzada cuando pasábamos por enfrente de Simancas, tan famosa por su archivo histórico riquísimo en preciosos documentos. A las once llegábamos á Valladolid, y el buen cura y su sobrina se despidieron con la mayor amabilidad, dejándome un grato recuerdo de las ventajas de viajar en diligencia con los curas que tienen sobrinas.
Como se ve, en todo un trayecto de 189 kilómetros, entre Madrid y Valladolid, la carretera gira por una línea de pueblos muy aislados que apénas reunen un total de 19,500 habitantes á lo sumo, no obstante que la via es una de las mas importantes. Ese solo hecho da la medida de la escasez de poblacion en España y de su viciosa distribucion, principalmente en las Castillas.
La provincia de Valladolid, de territorio casi totalmente llano y situada entre las de Segovia, Avila, Salamanca, Zamora, Leon, Palencia y Búrgos, es la trigésima cuarta de España en el órden de poblacion, contando apénas 244,000 habitantes, Aparte de Valladolid, que tiene 41,869, no hay mas localidades de alguna importancia en la provincia que Olmedo, Medina-de-Rio-seco (con 4,500 habitantes), Benavente (que cuenta 4,550) y Medina-del-Campo, con 4,238. El resto de la poblacion está diseminado en muchos pueblos de 300 á 2,000 vecinos, pero los campos están donde quiera casi completamente desiertos, sea por causa de los hábitos sedentarios de todos los castellanos, sea porque la naturaleza de su agricultura (cereales y viñas principalmente) no exige la misma asiduidad en la consagracion al cultivo, que imponen otras producciones, sea en fin por la falta de buenos caminos vecinales que mantengan comunicaciones frecuentes entre los distritos.
La ciudad de Valladolid, tan célebre por su universidad, está situada á la márgen izquierda del rio Pisuerga, á poca distancia de algunos grupos de colinas bajas y redondas que interrumpen graciosamente la llanura para determinar en cierto modo el valle de aquel rio. Este, que tiene sus fuentes en la sierra de Reinosa, el Bornesga que nace en las montañas de Leon, y el Tormes, procedente de la sierra que domina á Salamanca, son los principales afluentes del Duero, centro hidrográfico de la vastísima hoya de la Vieja Castilla y el antiguo reino de Leon, comprendida entre los Pirineos (prolongados hasta las Asturias y Galicia), la Sierra de Guadarrama y la que liga esas dos cadenas separando las hoyas del Ebro y el Duero.
Valladolid es quizas la ciudad española que hace resaltar mejor el contraste de la vieja y la moderna España. En el centro está la Valladolid de las tradiciones, de la inmobilidad, del egoismo, del aislamiento,—la Valladolid gótica, sombría, de un carácter severo, triste, feudal y frailesco. En los arrabales ha ido surgiendo la Valladolid moderna, con tendencias visibles á la comodidad, la elegancia, el movimiento, la luz, la actividad económica, el aseo y el buen gusto.
En la primera parte se ven: casas de menguado y repelente aspecto, calles sucias, tortuosas y estrechas, callejones sin salida, plazas de arcadas sombrías y arquitectura pesada y empírica, torreones góticos y monumentales, numerosas iglesias medio arruinadas pero venerables por sus bellas fachadas cuajadas de trabajos artísticos; miéntras que el aspecto de las gentes y el movimiento mesurado de todos los objetos en las calles y plazas revela la tenacidad de los hábitos, el abandono y la fria austeridad de las costumbres. Donde quiera vestidos sombríos y uniformes, bandas de mendigos, mugre, viejos asnos errando por las calles entre la basura, muchachos vagamundos, gentes deteniéndose ó asomándose á mirar al forastero como un animal curioso,—en una palabra, la vida casi primitiva ó tradicional de la España castellana, con casi todos los caractéres que Lesage hizo resaltar magistralmente en su Gil Blas de Santillana.
Al contrario, en los arrabales ó la parte moderna de Valladolid se ven: hermosos paseos, espléndidas arboledas á la márgen del Pisuerga, los trabajos preparatorios de la estacion del ferrocarril que se adelanta, la animacion y el movimiento de carros en las cercanías de la cabeza del canal de Castilla, anchas y bien alineadas calles, casas hermosas y elegantes, nuevas construcciones que indican un rápido acrecentamiento de la ciudad, y todas las señales de una próxima regeneracion social.
Aquellas hermosas arboledas de la playa del Pisuerga, que me parecieron un prodigioso esfuerzo progresista en Valladolid, contribuyeron á probarme la tenacidad de los viciosos hábitos españoles. Es inexplicable el odio que los castellanos profesan á la naturaleza en sus mas simpáticas y atractivas manifestaciones. Todo lo que en ella es risueño, alegre y delicioso, desagrada á la mayor parte de las poblaciones españolas que no recibieron fuertemente la infusion del elemento arábigo. Los árboles, el agua, las brisas, el cielo, la frescura y la libertad de las campiñas repugnan á esa raza sedentaria, cuyos hábitos la han mantenido fiel á las sacristías, el silencio, la inmobilidad, el desaseo, los rincones, las sombras, los portales, el horror á la luz y á la vida en todo. Así es que la mayor parte de los vecinos de Valladolid detestan las deliciosas alamedas con que la autoridad pública los ha obsequiado, y en vez de ir á buscar allí el sol, el aire puro, los perfumes y las alegrías de la vegetacion, y los rumores de las aguas, prefieren aglomerarse bajo los sombríos portales del centro, ó errar perezosamente en las calles infectas y tristísimas donde se pudrieron sus antepasados en el mismo abandono.
Valladolid, la Pintia de los Romanos, trae su nombre, segun se dice, de su fundador, un moro llamado Olid (Valle de Olid), y ha sido la patria de muchos personajes ilustres de España. Entre los contemporáneos debo citar al célebre poeta Zorrilla, que ha tenido tanta popularidad entre los amigos del romanticismo de formas y lenguaje. Es bien sabido que en esa ciudad sucumbió en la miseria y perseguido, en 1506, el inmortal Colon, á quien debió España sus mejores glorias. La casa que habitó el heróico revelador del Nuevo Mundo se conserva aún, y es propiedad de sus descendientes colaterales, que llevan el título de duques de Veraguas. Ese monumento humilde, que debería ser un precioso museo especial y figurar como una de las mas interesantes reliquias de la vieja España civilizatriz, apénas es conservado como la casa mas vulgar.
Lo que he dicho sobre los rasgos generales de Valladolid indica bien la naturaleza de sus monumentos, pertenecientes casi todos al estilo gótico, y los mas notables al florido ó de transición del siglo XV, precursor del Renacimiento. La catedral, que jamas ha sido terminada, es obra del famoso Juan de Herrera en todo lo que tiene de elegante, y de Churriguera (el infeliz fundador del mal gusto en España) en cuanto tiene de pesado, frio y chocante; pero es por su fachada un modelo, en Castilla, de la arquitectura dórica en contraste con la gótica. No pude visitar el interior, porque en España es muy raro hallar abiertas las puertas de los templos en horas que no son las de oficios religiosos.
La iglesia de San Pablo, costeada por el famoso Torquemada de candelosa recordacion, no conserva de su carácter primitivo sino la fachada, porque el interior es un asilo de presidiarios. En España los cuarteles y presidios han heredado, en lo general, á los frailes que habitaron los conventos suprimidos; pero es justo decir que las bibliotecas, los museos y las oficinas de administracion han tenido su parte en la herencia. Valladolid tuvo la bobería de veinte conventos de monjas y diez y nueve de frailes, sin perjuicio de las numerosas capillas y las iglesias parroquiales. La fachada de San Pablo es verdaderamente un prodigio de escultura en cuya contemplacion puede uno embelesarse durante muchas horas. Admira la increible paciencia de los artistas y la finura portentosa de sus cinceles guiados por una feliz inspiracion.
Al lado de San Pablo llama la atencion otra iglesia menos arruinada, la de San Gregorio, notable por su bella fachada y algunos detalles del interior (en el patio y la escalera) muy característicos del estilo gótico en sus dos últimos siglos. Allí está establecida la Gobernacion de la provincia. A poca distancia se ven la casa en que nació el funesto Felipe II (á quien Víctor Hugo ha llamado el buho de la España inquisitorial), la casa en que se hizo el matrimonio de los Reyes Católicos, y la que sirvió de prision al célebre favorito Don Alvaro de Luna, ejecutado en Valladolid en 1453.
El museo, monumento social de cuya posesion se enorgullecen los vecinos de Valladolid, me pareció el lugar mas adecuado para un auto de fe contra las herejías artísticas. Si se exceptúa la biblioteca (14,000 volúmenes), unos treinta cuadros regulares ó muy buenos (entre mas de mil que nada valen), una sillería esculpida de bastante carácter aunque sin finura, y algunas pocas medallas y curiosidades artísticas, lo demas debería ser condenado al fuego como una degradacion del arte, que solo puede servir para pervertir el gusto y mantener groseras preocupaciones. La gran masa del museo se compone de mamarrachos abominables, en lienzo, en tabla ó en estatuas, procedentes de las sacristías de muchos conventos, cuyos moradores, á lo que parece, no se preocupaban sino con la representacion material de Cristo, la Virgen, los santos, los judíos, etc., sin cuidarse del interes divino de la religion ni del social del arte, excluido del feticismo bárbaro de las poblaciones.
Tambien llaman la atencion en Valladolid el viejo palacio castellano y otros mas modestos, que tienen la apariencia de cárceles; la plaza Mayor, cuyas arcadas tienen el tipo especial de su época; una de las cuatro puertas de la ciudad (la de Madrid) verdaderamente monumental, y San Benito, edificio grandioso convertido de convento en fortaleza. De resto, la ciudad cuenta importantes institutos de instrucción y beneficencia, y se echa de ver que el espíritu moderno va poco á poco penetrando al corazon de la antigua corte castellana. No muy tarde la modificacion será profunda y casi completa, y Valladolid (que puede hoy contener 100,000 habitantes) se elevará al rango de ciudad española de primer órden.
Su movimiento comercial es ya considerable, gracias al canal de Castilla y las demas nuevas vias de comunicación. Esa ciudad es el centro de una vastísima produccion de trigos, cuyas harinas van teniendo ventajosa salida por el puerto de Santander y algunos otros de la costa cantábrica. Aparte de esa produccion, son notables entre las agrícolas las de vinos, lanas y maderas. Valladolid es tambien un centro de fabricacion, aunque muy inferior. Ademas de sus grandes molinos hidráulicos y los muchos de viento, que dan al comercio fuertes valores en harinas, contiene fábricas de tejidos burdos (estameñas, etc.), de papel, sombreros de fieltro y otros artículos de menor importancia. De resto ninguna otra cosa llama la atencion en la actualidad. Lo pasado es triste pero venerable en muchos de sus rasgos. Lo porvenir será una época de resurrección para Valladolid.
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CAPITULO III.
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PALENCIA Y SANTANDER.
El canal de Castilla.—La provincia de Palencia y su capital.—Alar-del-Rey; las fuentes del Ebro.—El rio Besaya.—La provincia de Santander.—La ciudad y su bahia.
No obstante el notabilísimo interés que tiene Búrgos (ciudad de 26,000 almas apénas) por su admirable catedral, su Cartuja y otros monumentos góticos, así como por su aspecto de viejo españolismo tan marcado, preferí dirigirme á Santander, por Palencia, para conocer una region interesante donde va desarrollándose activamente el comercio español. Búrgos, por lo que tengo entendido, no se hace notable sino por la exuberancia de dos objetos: los primores de arquitectura gótica y los mendigos. Yo estaba ya satisfecho de monumentos y hastiado de mendigos. Queria ver en la region castellana el movimiento social, y eso determinó mi itinerario.
Habla viajado en España sucesivamente en vapores, ferrocarriles y diligencias, y en una trotona locomotiva de cuatro patas por los cerros de Guadarrama. Quise servirme de otro vehículo, y por eso me embarqué en un bote, tirado por dos caballos, que navega el canal de Castilla. Su extremidad meridional arranca en Valladolid, y la setentrional en Alar-del-Rey, pasando la línea por Palencia. Ese canal es alimentado por las aguas del bello rio Carrion, afluente del Pisuerga, y cuyo origen dista poco del de este último. Despues de rodear en parte á Palencia, el Carrion verifica su reunion con aquel á poca distancia al sur de esa ciudad. Es por ese canal que se exportan hácia Santander las harinas centralizadas en Valladolid; sin tal via de comunicacion, muy embarazosa sin embargo, los pueblos de esa parte de Castilla se hallarían mucho mas miserables de lo que están.
Mide el canal unos 45 kilómetros de longitud en la parte comprendida entre Valladolid y Palencia, y como 70 entre Palencia y Alar-del-Rey. Su anchura constante es de unos 11 metros, con 7 piés de profundidad. Se cuentan 10 esclusas ó compuertas en solo aquella parte. Esa bella obra fue comenzada por órden de Cárlos IV y continuada por Fernando VII. La parte comprendida entre Alar y Palencia está en servicio desde 1809; la otra solo desde 1833. Se acongoja el viajero al oir la relacion de los horribles martirios de que fué teatro aquel canal, construido por los presidiarios, de los cuales hubo millares de víctimas del trabajo y los crueles tratamientos. Pero ese sentimiento de dolor se convierte en indignacion al recordar que muchos de los pretendidos presidiarios no fueron sino leales patriotas, atrozmente perseguidos por sus opiniones liberales y condenados á la infamia y la muerte de los trabajos forzados sin fórmula de juicio ó inocentes de todo delito. Fernando VII hizo, pues, del canal de Castilla un inmenso é inmundo cadalso. Pero mas tarde los llamados moderados inventaron la proscripcion á Filipinas para no escandalizar á la Europa con el espectáculo de las víctimas.
Aunque las tres líneas paralelas que describen el Pisuerga, el canal y la carretera, le dan alguna animacion al paisaje, este es en lo general monótono y triste. El viaje es lento, pero no carece de distraccion. Aparte del placer que me causaban las conversaciones de los muchos castellanos compañeros de viaje, manifestándose todos inteligentes, habladores, chistosos y de excelente índole, los objetos del tránsito me interesaban. Ora me llamaban la atencion los numerosos molinos y alguna que otra fábrica á orillas del canal; ora las barcas viajeras cargadas de harina ó de mercancías extranjeras y rieles de ferrocarril; ya algunos pequeños pueblos vecinos, algunos cordones de colinas cubiertos de viñas, ó grupos de bodegas al aire libre; ya los bellos paisajes del valle del Pisuerga, en pintoresca sucesion desde la llanura de Valladolid hasta Palencia, que el canal domina enteramente desde léjos. La línea del ferrocarril que se está construyendo, para ligar á Valladolid con Santander, por Palencia y Reinosa, corre tambien por la orilla misma del canal en largo trecho.
Entre los pocos pueblos que demoran en la vecindad del canal, solo es notable Dueñas (que pasa por ser de orígen céltico), con 4,300 vecinos, y abundante en producción de granos y buenos vinos. Los demas son casi insignificantes y de un aspecto generalmente pobre y desgraciado.
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La provincia de Palencia tiene apenas 185,970 habitantes, sin mas centro importante de poblacion que la capital, que cuenta cerca de 13,000. La extensa y fértil llanura que rodea á Palencia es muy pintoresca y de esmerado cultivo. Si sus campiñas están todas cubiertas de cereales, sus alrededores interesan y sonrien ostentando hermosas arboledas ó graciosos huertos de frutales fecundados por el rio Carrion. La ciudad es tan antigua que su origen es desconocido, y no solo es célebre por haber sido el asiento de muchos concilios españoles, sino también por el recuerdo de sus heróicas mujeres que, habiendo combatido á los Ingleses en tiempo del rey Don Pedro, ganaron el privilegio de usar bandas de oro en el tocado, á estilo de las de los caballeros. Llama la atencion allí, en la puerta meridional, una lápida del sepulcro de los hijos de Pompeyo, descubierta por una casual excavacion en la ciudad.
Palencia tiene sin duda «el colorido local» ó el aspecto general de las viejas ciudades españolas, pero tiene condiciones especiales que la hacen apreciable. Sus calles son generalmente rectas, espaciosas y limpias, y sus casas (de dos pisos casi todas) no tienen el aire repelente de la parte antigua de Valladolid. La calle principal es muy curiosa por sus dos filas de arcadas interminables, á cuya sombra se ven las tiendas y los almacenes que centralizan toda la actividad comercial de la ciudad.
El único monumento importante es la Catedral, pero ella sola vale por muchos monumentos. Es de una arquitectura gótica muy elegante y graciosa, como lo exigía la época de su construcción, y se la considera con justicia como una de las mas bellas y espaciosas catedrales de España. Comenzada al principio del siglo XIV, fué terminada á fines del XVI, por lo que no es extraño que algunos de sus detalles interiores pertenezcan al Renacimiento. Consta de tres naves, sostenida la central por veinticuatro columnas. El atrevimiento, la ligereza, la gracia y el buen gusto son sus distintivos. Aparte de las mil preciosidades de las naves, del claustro, de las altas galerías, las capillas, etc., su coro, que es de mucho mérito en todos sentidos, contiene un órgano superior de 11,000 tubos, curioso por la particularidad de dos figuras de moros, en bronce, que cantan á duo, el uno en tenor y el otro en bajo, obra de un ingenioso lego de San Francisco de Rio-seco. Si la reja, esculturas y sillerías del coro y el altar mayor son riquísimas y de gran mérito, la enorme custodia y su tabernáculo son de un trabajo admirable y de muchísimo valor. El doble templete y la custodia que reposa en él fueron trabajados por seis artistas superiores bajo la dirección del famoso Juan de Benavente. Esa catedral es, sin disputa, la mas graciosa y elegante de España, en su interior, pero la ménos caracterizada en cuanto al aspecto sombrío y solemne de las construcciones góticas.
Palencia es también un centro de fabricacion, y algunas de sus mantas de lana, de vivos y graciosos colores, tienen mucha reputacion en España. Produce ademas cobertores, paños burdos, loza y cueros curtidos. La población es sana y robusta, pero las costumbres están sumamente atrasadas todavía. Ya vendrán con los ferrocarriles el movímiento y el progreso, al recibir los palencianos la infusion de los buenos hábitos franceses y el impulso que procuran las nuevas necesidades de la vida social.
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No pude tener idea ninguna de la vasta comarca que se extiende desde Palencia hasta Alar, porque la diligencia me condujo durante una noche oscura, y me amaneció al tocar en la estación del ferrocarril recientemente establecido. Alar-del-Rey es un caserío insignificante de por sí. Toda su importancia le viene de la cabeza del canal de Castilla y la estación de la primera sección del ferrocarril que conduce á Santander. Tomé inmediatamente el tren, que hizo en dos horas el trayecto hasta Reinosa, de 51 kilómetros, tocando en cinco pueblos intermedios sin interes ninguno. En Alar terminaron las llanuras de la Vieja Castilla, limitadas por los primeros estribos de las montañas que continuán los Pirineos, llamadas «montañas de Búrgos» y tambien «montes de Reinosa.» El suelo es desde aquel punto sumamente variado y pintoresco, sembrado de verdes y redondas colinas, y surcado de numerosos riachuelos cristalinos á cuyas orillas hay un cultivo esmerado. Arriba se ven las altas cimas montuosas y los picachos graníticos de un aspecto majestuoso, y mas altas aún se ostentan las lejanas eminencias de la cordillera coronadas de nieves perpetuas.
Aquella comarca, de suelo suavemente ascendente y entrecortada por bajos cerros, es en extremo curiosa como elemento determinante de dos sistemas hidrográficos. Los estribos de la cordillera se bifurcan y entrecruzan tomando formas particulares que corresponden á cierta lógica de inclinacion y giro, como si se buscasen mutuamente para componer una cadena secundaria destinada á ser la generatriz maravillosa de todo el singular sistema orográfico de la península. Los risueños vallecitos se multiplican, sucediéndose en giros tortuosos y ascendentes, y al cabo el ferrocarril atraviesa el cordon de colinas ó cerros que média entre las aguas que se inclinan hacia Castilla, recogidas por el Pisuerga, y las que se dirigen en sentido casi opuesto buscando los valles del Ebro para ir á formar la base hidrográfica de los antiguos reinos de Navarra y Aragon y del principado de Cataluña.
Nada mas risueño, mas poético y pintoresco que aquellos vallecitos regados por el Ebro casi en sus fuentes, surcados de arroyos cristalinos que forman á veces miniaturas de lagos, poblados de lindos grupos de álamos, encinas y sáuces, y cubiertos de graciosas sementeras que hacen un juego encantador con las casitas rústicas, las verdes praderitas y las colinas de planos inclinados. El ferrocarril salva el Ebro varias veces por sólidos y elegantes puentes de hierro, y termina su primera seccion en Reinosa, pueblo de 2,900 habitantes graciosamente situado en el fondo de una llanura, casi al pié de los altos contrafuertes de la cordillera, y á menos de tres kilómetros del origen del Ebro. Reinosa debe su importancia no solo al hecho de ser el punto de escala para el comercio muy considerable de harinas, vinos, aguardientes y trigos entre Santander y el interior de Castilla, sino tambien á su abundante produccion propia en cereales, maderas y crias de ganados.
En Reinosa habia que tomar de nuevo la diligencia para ir hasta Corrales, punto del valle marítimo del rio Besaya donde comenzaba la segunda sección del ferrocarril. Toda la parte intermediaria estaba en construcción, trabajando simultáneamente muchísimos obreros en mejorar la carretera y preparar la via del ferrocarril. No he visto jamas (ni en Suiza, el país de lo pintoresco por excelencia) un paisaje tan animado, tan gracioso é interesante como el que pude observar en todo el trayecto de Reinosa á Corrales, no ménos instructivo que agradable.
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Casi al salir de Reinosa comienza un admirable laberinto de colinas y cerros de encanto sin igual, que se destacan ya abruptos, ya redondos, ya en planos inclinados, produciendo una infinidad de quiebras ó profundas ramblas por cuyas faldas y honduras va caracoleando la carretera, llevando al viajero de sorpresa en sorpresa. A cada vuelta ó revuelta cree uno imposible hallar paso por en medio de tan complicadas montañas que tienen el aspecto mas risueño. Donde quiera colinas verdes, relucientes y frescas, pobladas en sus cimas de tupidos bosques de encinas enanas, y en el resto de rústicas casitas y alegres sementeras de variadas tintas. Donde quiera abismos de verdura y vallecitos microscópicos donde murmura algun arroyuelo saltador. La vida campestre aparece en aquellos parajes con toda su dulce sencillez, su apacible alegría y su poética variedad de armonías.
Al cabo la via llega al punto culminante en las montañas, produciéndose allí una doble inclinacion de faldas montuosas, cuyas aguas giran en opuesto sentido. Las unas se inclinan al oriente en busca del Ebro; las otras concurren á formar el lindo rio Besaya, centro del pequeño valle marítimo de Santander. El aspecto de la hoya del Besaya era riquísimo de colorido y vitalidad. Un país enteramente distinto de cuantos habia recorrido en España, y particularmente en Castilla, se ofrecia á mi contemplación. En vez del abandono y la incuria, de la holgazanería, el servilismo del hábito, la imprevision y los usos frailescos, veia la animacion del trabajo, el gusto avanzado en las construcciones, el esmero en el cultivo, la pulcritud en todo, la alegría en los semblantes y los vestidos, el amor á las flores manifiesto en graciosos jardincitos, la vida expansiva en todas sus formas campestres.
El Besaya, que al principio no es sino un bello torrente, corre en lo general por una hoya tan estrecha hasta Corrales, que su latitud média no excede de unos 80 ó 100 metros. Por la una márgen gira la carretera, y por la otra el ferrocarril en construccion, hasta un punto donde se cruzan salvando el rio para trocar las bases de su curso. El rio corre por un lecho profundo y sumamente pedregoso, y las dos vias, talladas ámbas en la roca viva á alturas muy considerables y sostenidas por enormes baluartes, dominan donde quiera un abismo y están dominadas por las moles paralelas de los altos cerros, de formacion caliza, granítica y de arenisca petrificada en partes, y en otras compuestos de aglomeraciones esquistosas. De trecho en trecho se destacan peñascos colosales ó picachos abruptos, ó bien se producen altísimas murallas tajadas verticalmente, donde se ven con mucho interes, ora las grandes vetas brillantes y azulosas de las rocas graníticas, ora las severas estratificaciones de los sedimentos de caliza y arenisca, ó los complicados relieves de pizarra ó rocas esquistosas,—ora, en fin, los verdes festones de lianas y helechos descolgándose sobre los abismos, ó los lucientes matorrales de encinas enanas que vegetan en las sinuosidades de los cerros, flotando al viento como si se desprendiesen de las rocas para volar sobre las ondas espumantes del riachuelo.
El Besaya, sucesivamente engrosado por numerosos arroyuelos y torrentes, es de un capricho encantador. Unas veces, sumamente estrechado en su curso por las paredes de la rambla, salta y se retuerce sobre un lecho de grandes rocas, precipitándose en cien cascadas eslabonadas y produciendo mil ecos sonoros. Otras, ensanchándose el abra para producir los mas preciosos vallecitos, el rio murmura dulcemente sobre un lecho de guijarros de colores, entre hileras de álamos blancos y árboles frutales, regando risueñas praderitas y sementeras, en cuyo fondo se destacan sobre ondulantes planos inclinados las casas pintorescas de los campesinos. Tan presto recibe el rio brillantes cascaditas, que brincan de lo alto de las rocas laterales en uno ó mas escalones, ó descienden en hilos perpendiculares por los muros tajados, como se bifurca en canales artificiales cuyas aguas dan impulso á numerosos molinos atrevidamente construidos sobre los abismos que dominan el cauce.
Un interminable cordon de carros cargados de harina y trigo, ó mercancías extranjeras, tirados por yuntas de bueyes, le daba grande animacion á la carretera; miéntras que en el lado opuesto se veían los escombros de las rocas voladas por la mina, y los numerosos obreros trabajando en las alturas abruptas en la nivelacion del terreno, la apertura de muchos túneles y el establecimiento de algunos rieles. Aquel doble movimiento comercial é industrial armonizaba perfectamente con la actividad de los molinos, las escenas agrícolas y el aspecto de las muchas pequenas poblaciones situadas en la márgen izquierda del rio.
Dondequiera veia las gentes trabajando: los hombres como carreteros y en otras duras faenas; las mujeres conduciendo el arado, desyerbando ó aporcando las sementeras de hortalizas; los chicos cuidando de algunos pequeños rebaños; las buenas viejas hilando bajo el umbral de sus casitas ó en el fondo de un jardín. El trabajo de las mujeres en la agricultura es muy raro en la mayor parte de España, pero muy común ó habitual en las provincias vascongadas, Navarra y sus asimilables. La de Santander, que siempre ha figurado como accesoria del reino de Castilla, y que lo es por la lengua, pertenece en realidad á un sistema etnográfico de transicion, como intermediario del país vasco y el castellano. Sea por razon de la topografía, sea por otras causas, Santander es una provincia mas semejante por su aspecto general á las vascongadas que á las de Castilla.
Desde luego, en la hoya del Besaya no se ve un solo mendigo, ningun ser inútil, nada que indique miseria. Allí todo sonrie, denotando un modesto bienestar, y cada pueblo es un enjambre de casas graciosamente rodeadas de huertos y jardines; con gentes bien vestidas, de bella raza, de fisonomías francas, risueñas, inteligentes y amables que brindan robustez y contento. Si la lengua y muchos rasgos de costumbres no mantuviesen la unidad, podría decirse que al entrar á la provincia de Santander se sale de la España gótica ó castellana. Evidentemente los Pirineos han determinado profundas diferencias, que la proximidad del Océano, al occidente, contribuye á fortificar.
En Corrales volví á tomar el tren del ferrocarril, despues de un trayecto de 49 kilómetros entre ese punto y Reinosa, faltándome otro de 33 para llegar á Santander. Toda esa via, cuya longitud total desde Alar es de 133 kilómetros, ha sido emprendida por una compañía anónima de capitalistas de Santander, estimulados por el interes de la industria y el comercio, que no han necesitado del auxilio extranjero en lo relativo á fondos. Y sin embargo, la obra no costará ménos de seis millones de pesos en su totalidad. Ella, como esfuerzo progresista y como obra de ingeniatura, es una de las mas bellas que pueden hacer honor al espíritu industrial moderno. Es realmente asombroso el establecimiento de un ferrocarril en medio de aquel laberinto de montañas, de tan fuerte inclinación y corto trecho relativamente, donde el arte ha tenido que vencer obstáculos formidables, trazando la via sobre los abismos en el seno de rocas estupendas, multiplicando túneles y puentes y dominando la naturaleza con el poder sublime de la ciencia secundada por el arte y el dinero. Yo querría poder traer allí á los colombianos que creen que los Andes los han condenado á la inmobilidad, y decirles: «Ved los prodigios que realiza la ingeniatura cuando la apoyan el dinero y una voluntad firme y perseverante.»
En Corrales el valle del Besaya se ensancha, sembrado de pueblos, casas de campo muy bonitas, bosques importantes, huertos, jardines, fábricas numerosas y sementeras muy variadas. El paisaje es extenso y hermosísimo, el bienestar se revela en todas partes, y un ambiente particular, libre y fortificante, hace adivinar la proximidad del Océano, que penetra por en medio de montañas escalonadas hasta la ria de Besaya ó bahía de Santander. El ferrocarril llega hasta el puerto mismo por una calzada construida entre las aguas de la bahía, desarrollándose á la vista un magnifico paisaje.
La provincia de Santander, muy rica por sus extensos bosques naturales y casi totalmente montañosa, es una de las mas bellas comarcas marítimas de España. Su poblacion total alcanza á 214,441 habitantes, distribuidos en las campiñas y en numerosos pueblecitos, con excepcion de la capital, que cuenta 28,907. La hoya, que tiene por base ó centro la bahía de Santander, es una de las mas bellas formaciones orográflcas que he visto en España.
Una península montañosa de 65 kilómetros de circunferencia se avanza hácia el Océano, formando un semicírculo por el lado nordeste, cerrado al opuesto por otro órden de montañas cuya costa determina la formacion completa de la bahía. En el fondo de ese semicírculo demora la elegante ciudad de Santander, recostada contra las faldas de las montañas que, descendiendo en ondulantes gradaciones, cubiertas de plantaciones y coronadas de bosques naturales, vienen á bañar en las ondas del mar cantábrico sus estribos ó colinas relucientes de verdura, destacando por la costa sus peñascos gigantescos que producen donde quiera graciosas y pequeñas ensenadas. Al frente se extiende una línea semejante de rocas que orillan la ria y el mar, con multitud de primorosos vallecitos y colinas tapizados de sementeras y casas de campo cuyo núcleo es el pueblo de Santoña, puerto militar y de comercio con unos 1,800 habitantes. Detras se van levantando las montañas en anfiteatro hasta producir las más graciosas formaciones y los mas pintorescos paisajes.
Santander es una ciudad fortificada, sin que por eso pueda llamarse una plaza fuerte. Ella es esencialmente comercial, en términos que después de Cádiz y Sevilla es el puerto mas importante que en la actualidad tiene España en el Atlántico. No ha muchos años que vegetaba en la inaccion, apesar de sus ventajas hidrográficas, siéndole superior el de Bilbao; pero el canal de Castilla por una parte, que le ha acarreado las harinas del interior, y por otra el reciente ferrocarril, las nuevas carreteras en varias direcciones, y sus comunicaciones por buques de vapor con los demas puertos del Océano y con los de Cuba, le han procurado un desarollo rápido y que no se detendrá en mucho tiempo.
La ciudad, por falta de terreno suficiente, se ha extendido á lo largo de la costa, en un triple cordon de casas; de manera que es larga y angosta, con sus bonitos arrabales desperdigados caprichosamente sobre las colinas entre huertos y graciosas alamedas. La parte antigua, sin ser repugnante ni fea, tiene un terreno desigual, y es allí donde se ven la catedral, la cárcel, el teatro y otros edificios públicos. La parte moderna, muy elegante y simétrica, es como la fachada de la ciudad, extendida á lo largo de los muelles del puerto, desde la estacion del ferrocarril hasta el extremo sud-oeste. Se compone de tres calles paralelas, muy pulcras y regulares, destacándose para dominar la bahía una larga fila de casas muy hermosas, de aspecto frances moderno, perfectamente iguales, de muros de piedra y cinco pisos, y adornadas de graciosos balcones, con algunos miradores y gabinetes volados.
Todo tiene en Santander un aspecto agradable y simpático de frescura, actividad y progreso. La dársena y los muelles son obras estimables, la abundancia de tiendas y almacenes es considerable, el movimiento comercial y marítimo reina en todas partes, y en la bahía se balancean numerosos buques de vela y vapores con banderas de todas las naciones principales. Los hoteles y cafés, los círculos de sociedad, los paseos públicos, el teatro, etc., etc., revelan bien que los habitantes de Santander comprenden el buen gusto, la necesidad del comfort y todos los progresos del espíritu moderno. Debo exceptuar lo relativo á los alimentos, en que se conservan los antiguos hábitos de repetir las comidas, teniendo una frailesca á medio día, asi como la suculenta cena á las nueve de la noche.
Las costumbres tienen allí un doble sello, porque son como el término medio, ó mejor dicho, la transición de lo español á lo francés. Así, las señoras llevan conjuntamente la mantilla española y la manteleta ó el chal frances, ó bien una combinacion de ámbas piezas; y usan para salir á la calle indiferentemente la gorra parisiense ó el bellísimo tocado español, tan sencillo como propio para hacer lucir una rica y negra cabellera. Los hombres mantienen frecuentemente la capa, á despecho del paltó que va debajo; y las gentes de las clases obreras (las mujeres campesinas sobre todo) gustan mucho de las telas de colores vivos que contrastan. En las habitaciones, en la estructura de las casas y en casi todas las manifestaciones sociales, se ve patente la invasión de lo frances, la modificación que produce el contacto frecuente con el extranjero.
Santander no tiene monumentos que merezcan mencion especial: su Catedral, sin ser despreciable, no es realmente una obra artística. Allí lo que interesa es el movimiento comercial é industrial. Santander envia las harinas castellanas á la Habana y algunas veces á Inglaterra, y exporta tambien algunos vinos y otros artículos de poco valor. Tiene una manufactura considerable de tabacos, por cuenta del Estado, algunas fábricas de papel de colgaduras, de quincallería y de lonas y cordajes para la marina. A pesar de la falta de terreno para las construcciones fáciles, esa ciudad está destinada á prosperar mucho, gracias á su ferrocarril, sus comunicaciones marítimas y el canal de Castilla. Sus riquísimos bosques le prometen á la provincia una fecunda explotacion de maderas de construccion.
Santander me ofreció una nueva prueba del contraste que hay en toda España entre la generosa benevolencia y el espíritu hospitalario de la sociedad por una parte, y el espíritu inquisitorial, reglamentario y embrollon que, por otra, distingue á la administración española, entrabada en su accion y entrabando la de todo el mundo por las mas viciosas instituciones. Habia perdido en la diligencia, en Alar-del-Rey, una cartera de viaje conteniendo todos mis valores y papeles, y al caer en cuenta de ello me encontré en Santander sin los elementos indispensables para viajar: dinero, pasaporte y recomendaciones. Un generoso compañero de viaje me suministró cuanto pude necesitar, sin tener ninguna garantía de mi parte, y su excelente familia me favoreció finamente y me abonó para obtener nuevo pasaporte; miéntras que, gracias al telégrafo, un estimable banquero de Madrid me hizo dar los fondos necesarios para volver á París. ¡Pero qué de diligencias y dificultades para lograr el consabido pasaporte! Papel sellado, peticiones escritas, declaraciones, ratificaciones, filiacion y la intervencion de cinco ó seis empleados diferentes fueron indispensables para probar que yo era yo y tener licencia para salir de España con destino á Francia.
En honor de la probidad española debo decir que mi cartera pareció intacta, en la misma diligencia, al cabo de algunos días, y me fue benévolamente remitida á París. No se crea que este es un ejemplo aislado. Salvo en algunas regiones oficiales y en todo lo que se refiere al contrabando (delito de orígen oficial tambien) la probidad española tan proverbial no ha disminuido en nada. En cuanto á la hospitalidad, ella es una virtud universal en España. Allí no es inhospitalaria sino la legislacion en todos sus ramos.
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CAPITULO IV.
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LAS PROVINCIAS VASCONGADAS
La ria del Nervion.—Idea de las tres provincias.—Bilbao.—Los Pirineos vascongados.—Vitoria.—Tolosa y San Sebastian.—El valle del Bidasoa.
Un bonito barco de vapor que hacia rumbo para Bayona me condujo á Bilbao. El mar de Cantabria estaba agitado, como sucede casi siempre, pero no tanto que pudiese impedirme la contemplacion deliciosa, desde el puente, de la costa de Santander, áspera, rocallosa y arrugada por numerosas colinas. Vese en las cercanías del mar el gracioso pueblo de Castro, situado en una pequeña eminencia; y despues de tres horas de navegacion marítima, se comienza á entrar en la ria de Bilbao, formada por el Nervion, en forma de larga y estrecha bahía, que permite á las aguas del Océano penetrar hasta los muelles de la ciudad.
Esa ria es una de las formaciones topográficas mas lindas y agradables que un viajero puede encontrar en las comarcas marítimas de Europa. A uno y otro lado se ostentan altas montañas (las del sud-este mucho mas considerables) que van descendiendo en faldas pintorescas, grupos de verdes colinas y planos inclinados, y arrojan sobre el Nervion algunos bonitos rios como el Buceña, del lado izquierdo; el Galindo (del mismo), por el cual baja el hierro bruto de las minas vizcaínas, para ser fundido y purificado en las fundiciones establecidas sobre la márgen de la ria; y el Luchana procedente de las montañas del nor-oeste, cuyo puente echado junto á la confluencia fué campo de un sangriento combate en 1836, en la guerra civil promovida por los carlistas. La ria es tan estrecha que su desembocadura no excede de 200 metros, y en la parte superior la anchura média es de unos 40 á lo sumo. Pero es profunda, está muy bien canalizada y sus muelles de uno y otro lado son tan completos, que la hacen parecer una inmensa calle fluvial desde el mar hasta Bilbao.
Todo es allí pequeño pero gracioso, interesante y útil. Se siente uno poseido de cariño y estimacion hácia los vizcainos al entrar nomas en esa encantadora ria, Todo predispone el ánimo á la observacion atenta; todo indica que aquel país está poblado por una raza activa, emprendedora, que tiene personalidad y conciencia de su destino; todo presenta á los ojos del viajero el sello profundo de la libertad, fecunda en progreso y bienestar. Allí comienza una España enteramente distinta de la gótica: es la España céltica, de fuertes analogías con la francesa gálica; la España laboriosa, republicana, independiente, individualista,—en una palabra, la España vascongada,—el mas pequeño, pero el mas interesante bajo el punto de vista social, de los cuatro pueblos distintos que componen la nacion española.
Desde Santurcel pueblo situado en la desembocadura, la ria está rodeada de pueblos sumamente pintorescos, cuyas formas tienen mucha semejanza con las de las aldeas suizas. Citaré entre esas localidades á Portugalete (la mas importante), Sestao, Sajona, Desierto, Olaviada, San-Vicente y Buceña. Donde quiera se encuentran numerosas barcas ancladas, esperando la marea para subir ó bajar, y se ven las señales de un movimiento comercial considerable. En las alturas de las montañas descuellan los hermosos bosques; mas abajo las faldas y colinas ostentan un cultivo esmeradísimo y variado. Hácia las márgenes de la ria el suelo está sembrado de lindas casas de campo que imitan los chalets de Suiza, de elegantes iglesitas en medio de jardines, de ricas arboledas y huertos, y de fábricas diversas y algunas fundiciones de hierro.
A medida que uno se acerca á Bilbao, el paisaje tiene un aspecto, mas animado todavía. Comienzan los arrabales de la ciudad, formando una gran calle, cuya base es el Nervion, orillado por dos largas hileras de casas pintorescas que dominan los muelles. Al subir el vapor todas las gentes se asoman ó detienen, saludan, gritan alegremente y le dan al cuadro entero el aspecto mas interesante, y simpático. Francia y Suiza parecen estar igualmente representadas allí.
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El admirable pais, montañoso, de raza inteligente, laboriosa y belicosa; que en España tiene el nombre de Provincias (comprendiendo la de Navarra y las tres vascongadas) tiene una poblacion total de 710,912 habitantes que se distribuyen así:
Navarra, con 297,422
Vizcaya con 160,599
Guipúzcoa, con 156,493
Alava, con 96,398
Así, pues, el pequeño país vascongado propiamente dicho, cuenta por sí solo 413,490 almas, poblacion sumamente condensada, si se considera que el territorio mide apenas 6,038 kilómetros cuadrados (inhabitables en mucha parte), lo que da la proporcion de 68-2/5 habitantes por kilómetro cuadrado, densidad igual á la de Italia.
Puesto que voy hablando de todo el país vascongado, permítaseme resumir las observaciones generales que puede hacer respeto de su condicion, antes de hablar particularmente de Bilbao y otras localidades importantes. Las provincias vascongadas y la de Navarra habian conservado hasta 1833 un régimen especial de gobierno que les daba una verdadera autonomía administrativa. La muerte de Fernando VII, dando lugar a la caida del absolutismo provocó la larga y sangrienta guerra civil tan conocida, apareciendo Navarra y las provincias vascongadas como elementos principales del partido carlista. Este hecho considerado superficialmente, ha dado orígen á la errónea opinion de que aquellos puebles son ó eran partidarios del absolutismo. Verdad es que el célebre guerrillero Zumalacárregui y los demas jefes del movimiento eran absolutamente carlistas, y querian por lo mismo la conservacion del antiguo régimen. Pero no sucedía lo mismo en cuanto á las poblaciones. Para ellas la cuestion era principalmente social, aunque influia en su opinion un cierto espíritu de amor á las tradiciones, favorable al pretendiente Don Cárlos. Pero en definitiva, la tradicion de la monarquía era para los pueblos un principio histórico íntimamente ligado á la tradicion de las libertades ó fueros municipales que los monarcas habian respetado.
El partido constitucional de España, aspirando á la libertad en la unida, trabajaba en cierto modo contra su propia causa al querer fundar un gobierno parlamentario pero central, puesto que su triunfo debia producir la absorcion de la independencia municipal de las provincias, y por lo mismo la anulacion de esas libertades impropiamente llamadas fueros. Los navarros, vascongados, catalanes, etc., al combatir bajo la bandera de Don Cárlos, lo hacian, pues, mas bien por sostener su autonomía que por apoyar el absolutismo. Es por eso que, desde que Espartero y Cabrera celebraron el famoso convenio de Vergara, que garantizó su autonomía á los navarros y vascongados, la guerra terminó por sustraccion de materia, y esos pueblos, especialmente los últimos, entraron con gusto en la via del gobierno constitucional y no han vuelto á inspirar temores de revueltas.
Es que, en realidad, aquellas províncias constituyen una pequeña república anexa á España, de condiciones muy especiales en todo: en instituciones y costumbres, como en industria, en el tipo de la raza, en la lengua y las formas íntimas de la vida social. Allí no hay ejército ni gendarmería militar, pasaportes ni aduanas, monopolios ni impuestos indirectos, patentes de privilegio, ni aristocracias, ni reclutamientos, ni conscripciones, ni reglamentacion de la vida por la autoridad, ni policia (en la acepcion inquisitorial), ni inciativa oficial en los trabajos sociales, ni gobiernos empresarios ó especuladores, ni nada, en una palabra, de lo que constituye la organizacion política y social de España.
Cuando ocurre una guerra nacional, las Provincias suministran un contingente proporcional, pero sin que en su formacion intervenga el gobierno de la reina. De resto, no es permitido reclutar á nadie, y los pueblos vascongados y navarros gozan de plena exencion en el servicio de guerra y marina. Tampoco pesan sobre ellos los impuestos nacionales; de manera que todo comercio es franco y toda industria libre. Los pueblos tienen su sistema especial y voluntario de contribuciones (directas y moderadas) con que sostienen su culto y administracion municipal, y contribuyen para la nacion con una cuota ó subvencion en masa, que se fija en el presupuesto de la monarquía.
Las diputaciones provinciales, de origen enteramente popular, son las que legislan sobre policía, reparten el contingente militar (en caso de guerra exterior) y determinan la cuota de imposicion de cada distrito para pagar la subvencion. En lo demas los pueblos son enteramente libres en su administracion propia, el individuo goza de plena autonomía, y el órden social se mantiene sin la presencia de ningun soldado ni gendarma, por el simple equilibrio natural de los intereses legítimos. Allí se practica en toda su pureza el sencillo principio democrático: los hombres son todos perfectamente iguales en su libertad de hacer todo lo que no violenta ó contraría el derecho de los demas. Y como el tránsito, el comercio, la industria, la enseñanza, etc., son hechos inocentes, hay libertad entera para viajar, comerciar, trabajar, instruirse, etc.
Me contraeré un poco mas á las provincias vascongadas, porque no he visitado ninguna porcion de la de Navarra.
Si Bilbao es una ciudad esencialmente comercial, y la provincia de Vizcaya es muy notable por sus minas de hierro, la masa total de las tres provincias es tan agrícola como fabricante. Su agricultura (consistente en granos principalmente; sin perjuicio de una considerable explotacion de maderas) es admirable por su pulcritud y progreso, por la habilidad con que aprovecha hasta los mas pequeños rincones y pliegues del terreno, por el aspecto de bienestar que revela, la encantadora belleza que da á los campiñas, y la influencia saludable que ejerce sobre la condicion social. La propiedad territorial está de tal modo repartida entre la poblacion, que son raros los campesinos no propietarios del terreno que cultivan, ó los ciudadanos que no son dueños de las casas que habitan en las localidades. De ahí resulta que el interes personal obra poderosamente en la mejora de la agricultura, como la libre competencia favorece los progresos de las fábricas y del comercio.
Todo lo que es susceptible de cultivo esta cultivado allí, y el individuo, independiente por su libertad y su bienestar, se siente con la conciencia de su dignidad; y como tiene la nocion profunda de sus derechos; tiene igualmente la de sus deberes. Así, la administracion de justicia es casi nula, en lo criminal, porque los delitos son rarísimos; y como la autoridad no se ingiere en lo que es puramente personal, sus funciones son muy sencillas, y lejos de ser contrariadas todo el mundo las apoya. Si hay en el mundo un pueblo que merezca los títulos de libre y dichoso, ninguno como el de las provincias vascongadas.
Una prueba muy perentoria de lo que hace allí el interes individual y social sin trabas, la han dado los bilbaínos hace poco tiempo. Santander emprendió su ferrocarril, que debia darle la ventaja sobre Bilbao, en cuanto al comercio, exterior; al mismo tiempo que esta plaza se veia amenazada de decadencia, por haberla reemplazado Alicante, casi totalmente, en la famosa pesca de bacalao. Los bilbaínos se dijeron: «Hagamos con nuestros propios recursos un ferrocarril que nos ponga en comunicacion con Madrid y Burdeos, ligándolo al que debe pasar por Irun y Búrgos.» La suscricion quedó abierta inmediatamente, y en una semana los vecinos de Bilbao llenaron la suma de 3,500,000 pesos presupuesta. ¡Y Bilbao cuenta apénas 16,200 habitantes! Solo uno de los suscritores faltó despues al suministro de los fondos: era un castellano.
El territorio vascongado es tan sumamente montañoso, que no tiene ni un solo valle de dimensiones algo notables, a excepcion de la llanura de Vitoria y la hoya del Bidasoa cerca de San Sebastian. Todo aquel país es un enjambre de montañas bastante elevadas y complicadísimas, de colinas y faldas que se bifurcan, cruzan ó reúnen caprichosamente, de angostos y profundos vallecitos y de planos inclinados, en cuyo seno se producen á cada paso los más lindos paisajes naturales y agrícolas. Desde algunas altas eminencias de los Pirineos vascongados se puede contemplar un panorama de hermosura incomparable. En efecto, se ven de un lado los colosales picos abruptos y las altas cimas montuosas rodeando las cumbres resplandecientes de los grandes Pirineos cubiertas de nieves perpetuas; mientras que en el fondo se extiende un mar de verdura cuyas ondas soberbias son las montañas y colinas que sobresalen entre abismos de bosques y cereales, y al occidente se dilata el Océano, el hermoso mar cantábrico, sublime como la imágen lejana del infinito.
Si la agricultura produce principalmente granos y frutas, con algún ganado y abundancia de legumbres, la fabricacion, aunque variada, consiste principalmente en los trabajos do quincallería, que son valiosos y estimables. Hay también en las tres provincias muchos molinos harineros, telares para lanas, fábricas de papel y de otros artículos de menor importancia. Así, pues, todos los ramos de produccion están representados en aquellas provincias, los unos en dos puertos principales, los otros en las muy numerosas localidades (sólidamente construidas) y en las campiñas que las rodean.
La raza pobladora de esas comarcas es céltica pura en su gran masa, y conserva su lengua especial[5] con tanta fidelidad que una gran parte de la población no habla el español ó lo habla muy mal. El dialecto vascongado, muy semejante al vasco francés, no tiene casi analogía ninguna con la lengua española. Su acentuación es áspera y prolongada, con suma abundancia de palabras compuestas, muy largas, de extensa significación, como eran las de la lengua mejicana ó azteca. Bien conocidos son los nombres vascongados de familia, tan esdrújulos y crespos, recargados de rr, uu, zz y diptongos que enredan la lengua del que no está habituado á la pronunciacion. Los vascongados no cecean el español.
Las constituciones son vigorosas y resistentes, las fisonomías francas y despiertas, los cuerpos de talla generalmente levantada. Abundan los ojos azules, los cabellos rubios y las mejillas rosadas; y en todos los hábitos se nota la sencillez y un candor muy atractivo unido á la inteligencia práctica de las cosas. La instruccion elemental está bastante difundida, mucho mas que en la generalidad de la nacion española, cuyas masas son deplorablemente ignorantes aún en las grandes ciudades. La salud de la poblacion vascongada es superior, y la estadística indica todos los años un aumento satisfactorio.
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Despues de las indicaciones generales que acabo de hacer, me limitaré á mencionar, para no abusar de la paciencia del lector, los objetos que mas me llamaron la atencion en las localidades vascongadas que pude visitar.
Bilbao, situada á 290 kilómetros N.N.O. de Madrid, en el fondo del estrecho y lindo valle del Nervlon, está protegida contra todos los vientos y tiene un delicioso clima. Aunque de orígen antiguo (relativamente) pues fué fundada en 1300, es una linda ciudad, sobre todo en su aspecto exterior. Sí en algo participa del estilo español antiguo (como sucede en la curiosa plaza cerrada de vastas y sombrías arcadas, que abrigan tiendas elegantes y cafés) se manifiesta el carácter de las gentes en la pulcritud, la decencia y el bello pavimento de todas las calles y plazas. Los bellos puentes, los excelentes muelles, las tupidas arboledas que las dominan, las casas modernas tan elegantes, las fuentes públicas abundantes y cañerías hábilmente establecidas, el movimiento social y comercial, los numerosos buques atracados á los muelles, las columnas de humo de las fábricas, los buenos institutos de enseñanza y escuelas prácticas, los establecimientos de beneficencia: todo oso y otros signos patentes de progreso, bienestar y armonía popular, contribuye á inspirar una viva simpatía en favor de Bilbao, haciendo ver que allí la civilización reposa sobre bases sólidas y nada artificiales.
Bilbao, tan célebre por su famoso Consulado que expidió las Ordenanzas de comercio muy conocidas en los pueblos españoles, se ha distinguido por su liberalismo, heróicamente probado en tres sitios memorables durante la guerra civil en que casi todos los pueblos vascongados eran carlistas. Fue allí que sucumbió el terrible Zumalacárregui; el tipo acabado de los guerrilleros en España. La importancia de las exportaciones é importaciones (en relacion con Europa y América) ha determinado el establecimiento de cinco ó seis consulados extranjeros en Bilbao; y sus condiciones especiales le han creado astilleros de bastante actividad.
De paso haré una observación que puede parecer pueril, pero que prueba lo que vale la libertad. En Bilbao hay manufacturas libres de tabacos, y los superiores cigarros que alli compré fueron los únicos buenos que pude fumar en España, donde el monopolio produce la ventaja de dar malo y caro al consumo el mejor tabaco del mundo. La misma observación hice respeto de la sal. Pregunté si la pasión del juego era general ó al menos bien notable en Bilbao, y me persuadí de que no era así. Alli no hay jugadores. ¿Por qué? La explicación es sencilla: 1º porque siendo el trabajo enteramente libre, la vagancia no tiene razón de ser, y la opinión pública obra con energía contra el juego; 2º porque no habiendo loterías (como recurso fiscal) no existe la escuela pública, popular y autorizada por el gobierno para educar á las masas en el amor al juego.
Por lo qué hace á la mendicidad, ella no existe en Bilbao ni los demás pueblos vascongados. No vi ni un solo mendigo, y supe que en muchos pueblos la cárcel permanecía frecuentemente cerrada. La mendicidad tiene en España sus fronteras perfectamente demarcadas. Donde la libertad falta, aquella reina con toda su repélente deformidad. En las provincias vascongadas ó está proscrita por la líbertad y el bienestar, ó tiene una forma que la hace cambiar de carácter. Los pobres de solemnidad que suele haber, no mendigan, sino que son recogidos y amparados dignamente por la caridad común.
Habiendo salido de Bilbao durante la noche, no me fué posible conocer las comarcas vecinas, en la via que conduce á Victoria. Solo pude notar que la carretera, girando por el terreno mas montañoso que puede darse, es una obra superior que prueba que todos los obstáculos naturales se vencen con la voluntad. El ferrocarril, que estaba trazado y nivelado, era infinitamente mas notable por las dificultades que habia que superar. Esa será una bella obra, que honrará tanto á los ingenieros como á los bilbaínos.
Eran las seis de la mañana cuando la diligencia llegaba á las alturas de la pequeña villa de Ochandiano, situada casi en el corazon de los Pirineos vascongados. Había tocado sucesivamente en nueve pequeños pueblos, de los cuales los mas notables son: Zornoza (2,000, habitantes), y Durango (3,000), situado á orillas del bonito rio de su nombre, en una pequeña llanura. En el término oriental de Ochandiano (que cuenta 1,165 vecinos) comienza la provincia de Alava y concluye la de Vizcaya. El paisaje que pude contemplar allí era encantador y casi sublime. El fondo del vallecito en que demora el pueblo estaba perfectamente cubierto de nieblas, miéntras que las faldas de la sierra de Urquida y demas montañas vecinas ostentaban su apacible verdura de bosques y sementeras, suavemente iluminadas por el resplandor de los rayos del sol que doraban las crestas empinadas. Era como un lago de leche cuyas ondas reposaban en el asiento de una inmensa taza de esmeralda. Todo murmuraba y sonreia en derredor, miéntras que al pié todo era misterio bajo el sudario que cubria una parte del lecho de Flora todavía dormida en el fondo del valle.
Villareal es el primer pueblo que se encuentra al penetrar en la provínola de Alava, cruzando los laberintos montañosos de la cordillera. La via va descendiendo por entre bellísimos paisajes hácia el valle del rio Zadorra afluente del Ebro, y en breve se tiene á la vista la preciosa llanura que rodea á Vitoria, sembrada de una multitud de pequeños pueblos enteramente agricultores.
Vitoria, tan famosa durante la guerra civil de España, es la capital de Álava. En sus cercanías se ve el campo de una de las mas sangrientas y notables batallas de la guerra de la independencia, ocurrida en 1813. La importancia de Vitoria, como villa y plaza fuerte, data de 1181, y su incorporacion á la monarquía castellana, de 1209. Es una ciudad cercada de murallas, feísima y repugnante en su parte muy antigua, pero graciosa y alegre en su parte moderna. Tiene dos bellos paseos con arboledas, uno interior y otro exterior, y algunos buenos edificios notables por su arquitectura, como el hospicio, el teatro y la casa municipal. La Plaza nueva es bonita y curiosa por su elegancia y simetría. La población es relativamente considerable, pues asciende á 18,710 habitantes.
Vitoria es considerablemente fabricante, al mismo tiempo que muy agrícola. Sus campos son muy pintorescos por las numerosísimas huertas de hortalizas que los cubren, los caseríos y las aguas abundantes. Pero sus nieblas frecuentes la hacen desapacible ó triste muchas veces, cubriendo con su velo todas las bellezas del panoramai.
Desde Vitoria hasta Mondragon (siguiendo la gran carretera que conduce á la frontera de Francia), se reproducen en su aspecto general los rasgos de los pueblos y paisajes vizcaínos. Había atravesado por tercera vez los Pirineos vascongados, tocando en ocho pueblecitos que cuentan un total de poco mas de 4,000 vecinos. Donde quiera el mismo estilo de construcciones de pura piedra, tan sencillas que los muros de las casas no tienen generalmente argamasa que las una, sino que se sostienen por el aplomo y el tallado de la piedra. Donde quiera también las costumbres dulces, casi patriarcales, al lado de la actividad industrial y agrícola. Mondragon, villa de 2,500 vecinos, es uno de los pueblos mas interesantes del tránsito.
Desde que se cruza la cordillera se produce un pequeño sistema hidrográfico distinto, que tiende hacia el golfo de Gascuña, teniendo por principales elementos los bellos ríos llamados Deva, Arga, Bolívar, etc. Después la via toca en Vergara (célebre por el convenio que puso fin á la guerra civil) y otros diez pueblos de mayor ó menor importancia, con un total de 7,900 habitantes, y la diligencia se detiene en la ciudad de Tolosa, que cuenta 7,639.
Tolosa, en otras épocas capital de la provincia de Guipúzcoa, está situada á orillas de los ríos Oria y Arages. La regularidad de sus nueve calles rectas que se cruzan, encerradas dentro de las murallas; el capricho de sus diez barrios exteriores; la alegría de su valle, surcado por numerosas corrientes y cuajado de árboles frutales y hortalizas, y la importancia de sus fábricas y de algunos edificios públicos, le dan un aspecto agradable. Tolosa tiene el cuarto lugar entre las ciudades vascongadas, por su poblacion y condiciones sociales.
Desde Tolosa hasta San Sebastian, en un trayecto de 23 kilómetros, la vía toca en tres pueblos (con 2,886 vecinos) graciosamente situados á orillas del Oria, pequeño rio que caracolea por el fondo de frescos y risueños vallecitos, entre las faldas de muchos cerros, donde los numerosos y pulcros caseríos, los bosques de las cumbres y el esmerado cultivo de los campos producen un conjunto de paisajes á cual mas pintorescos y variados.
Al cabo se sale, al valle marítimo de San Sebastian, ciudad notable por sus baños, por sus fortificaciones y sobre todo por la muy curiosa formación hidrográfica que la rodea. Demora en una península al pié de un alto peñasco qué cierra por un lado el pequeñito lago marítimo (lugar de los famosos baños) en donde desemboca el rio Urumea, que baña el valle de Loyola, y el de San Sebastian. Esta bonita ciudad, capital de la provincia de Guipúzcoa, cuenta cerca de 16,000 habitantes; es de una singular regularidad á causa de su moderna reconstruccion, pues fue destruida por las tropas hispano-inglesas, en 1813, en la guerra contra Napoleón. Plaza de bastante animación comercial, se distingue por su aspecto de elegancia y gusto, y su posición le procura hermosísimas vistas sobre los Pirineos, el valle de Loyola y el Océano.
En breve la carretera toca en el pueblo de Rentería, sigue por entre montañas, á alguna distancia de Fuenterrabía (pequeña ciudad de 2,134 vecinos, famosa en la historia militar de España), situada hácia la desembocadura del Bidasoa, y conduce á la villa de Irun (de mas de 5,500 habitantes), último pueblo del territorio español. Allí los pasaportes salen á luz y reciben una nota que le cuesta cinco francos al viajero, sin perjuicio de registros y derechos al pasar la frontera. El Bidasoa corre manso y cristalino por un bonito valle, arrastrando en gran cantidad las maderas que produce Navarra. Naturalmente llama la atencion la isla de los Faisanes por la sola circunstancia de haber sido el teatro de ese famoso tratado de Don Luis de Haro, que en 1689 puso fin á la guerra de sucesion y dió lugar al advenimiento de los Borbones en España.
El centro de un largo puente sobre el rio es en aquella parte la línea fronteriza. No deja de ser curiosa la escena social que allí se ve, como en todas las fronteras de Europa, y que prueba la insensatez del egoismo de los gobiernos, empeñados en hacer artificiales las relaciones de los pueblos, sustituyendo la desconfianza inquisitorial á la espontaneidad de los intereses. Aquel puente parece un símbolo de union entre las dos naciones; pero los piquetes de soldados, guardas y gendarmas que estacionan en las dos extremidades, como mirándose de hito en hito y representando la desconfianza egoista de cada gobierno, me parecieron protestas vivientes contra la idea natural y social representada por la piedra muda del puente. La piedra se mostraba mas fraternal que los hombres.
Dominado por esta última impresion, entré á Francia con tristeza, dejando un suspiro do fraternal cariño á la patria de mis mayores, un tiempo conquistadora y enemiga de la mia, pero hoy algo reconciliada con esta por el trascurso del tiempo y el influjo de la civilizacion.
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