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Viajes de un Colombiano en Europa, segunda serie cover

Viajes de un Colombiano en Europa, segunda serie

Chapter 10: CAPITULO IV.
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About This Book

El autor recorre detalladamente Suiza, Saboya, la región del Rin y Bélgica, ofreciendo descripciones orográficas de lagos y valles, reseñas históricas y análisis de instituciones cantonales, y panoramas urbanos de ciudades como Ginebra, Berna, Zúrich, Basilea, Heidelberg, Francfort, Colonia, Amberes y Bruselas. Combina observaciones naturales —glaciares, ríos y lagos— con notas sobre costumbres, industria, agricultura, navegación y vida social, además de reflexiones sobre la civilización moderna y escenas de viaje, instituciones culturales y monumentos. La obra organiza impresiones por regiones y localidades, mezclando información práctica y curiosidades anecdóticas.

Vencido Napoleon, todas sus obras de artificio político se fueron á tierra. Los coligados invadieron á Suiza para penetrar á Francia; el acta de mediacion fué abolida, y el partido aristocrático quiso recuperar su antigua posicion. Al cabo de dos años de agitaciones é incertidumbre la Dieta de Zuric expidió la constitucion del 7 de agosto de 1815, llamada Pacto federal, que restableció la vieja nacionalidad suiza. Entretanto, el Congreso europeo de Viena habia acordado resoluciones muy importantes respecto de la Confederacion, entre otras la de hacer ingresar como cantones federales los de Ginebra, Neuchâtel y Valais (ó Valles), poco ántes dominados por Napoleon. Así, Suiza quedó compuesta definitivamente de 22 cantones, formando un cuerpo de nacion cuya inviolabilidad y neutralidad fueron por primera vez solemnemente reconocidas por las potencias europeas en el Congreso de Paris.

Si bien los cantones reformaron, en su mayor número, sus constituciones particulares, en 1830, bajo el influjo de la segunda revolucion francesa, la Constitucion federal no sufrió alteracion ninguna hasta setiembre de 1848, á virtud del triunfo de la revolucion radical sobre la liga del Sonderbund. Los 22 cantones, aunque ligados por el pacto federal, se hallaban profundamente divididos por cuestiones políticas y sociales, económicas y religiosas. No solo habia tres ó cuatro razas en antagonismo, sino tambien dos religiones y sobre todo dos principios que se excluian: el democrático y el aristocrático. El catolicismo aristocrático era preponderante ó absoluto en casi todos los cantones de raza alemana; miéntras que el liberalismo protestante predominaba en los de raza ó infusion latina: contraste singular y curioso, que tuvo sinembargo sus excepciones.

En 1841 Ginebra realizaba su revolucion radical ó democrática, que se reprodujo en 46. En 1844 el canton de Valles respondia con una reaccion aristocrática, y luego la guerra civil se hizo general. Ella habia sido provocada por la liga separada (Sonderbund), verdadera confederacion dentro de la Confederacion, que tomó por pretexto la expulsion de los Jesuitas y otras medidas liberales de la Dieta nacional. Los cantones de Friburgo, Lucerna, Schwyz, Urí, Unterwalden, Valles y Zug hicieron esa liga particular para defenderse mutuamente y resistir á la autoridad y las reformas de la Confederacion, y esta tuvo que apelar á la fuerza para disolver el Sonderbund en 1847.

En breve Friburgo se rindió al general Dufour, sin combatir; Lucerna capítulo despues de dos dias de pelea, y los demas cantones disidentes se sometieron bajo condiciones. El triunfo de la revolucion radical, sostenida principalmente por los cantones de Ginebra, Vaud, Berna, Zuric y Tesino, hizo necesaria una reforma definitiva. La Constitucion federal del 12 de setiembre de 1848, aceptada desde su sancion por quince y medio cantones, lo fué poco despues por los seis y medio restantes. Las reformas interiores y liberales de los que habian hecho la revolucion fueron seguidas de las que hicieron en sus constituciones, de 1848 á 1850, diez de los otros cantones. Las últimas reformas en sentido liberal han tenido lugar en Neuchâtel, Tesino y Vaud, en 1858, 59 y 61.

* * * * *

Si las constituciones cantonales son en su gran mayoría muy liberales, la de la Confederacion nada ó poco deja que desear, en punto á libertades políticas y personales, igualdad y elementos de fuerza y armonía. Gracias á ella el país ha hecho grandes progresos en los doce últimos años, consolidando sus instituciones de todo género y adquiriendo respetabilidad en el mundo, apesar de su pequeñez como territorio y poblacion.

La Constitucion garantiza á todos los Suizos la igualdad de derechos y deberes, la libertad de la prensa, de la industria, del tránsito, del domicilio, de asociacion y del ejercicio de todo culto cristiano; manteniendo así vínculos estrechos de union y comunidad, sin perjuicio de la autonomía comunal y cantonal. Los cantones tienen el deber de ajustar sus constituciones al principio republicano, representativo ú democrático, y respetar el derecho público de la Confederacion. El ejército es federal, como el sistema monetario y de pesas y medidas, los correos y las relaciones exteriores que afectan á la nacionalidad entera; de modo que las facultades reservadas al gobierno federal en nada vulneran la autonomía de los Estados ó cantones.

Ningún país en el mundo tiene una organizacion tan natural y lógica como la de Suiza. Allí la nacionalidad no es mas que una síntesis, un elemento de fuerza comun respecto del extranjero. El distrito es la verdadera forma social de los Suizos, la forma íntima y elemental. Cada distrito tiene su autonomía, sus bienes propios, sus ciudadanos o vecinos y su régimen de vida fraternal. La sociedad suiza no está realmente sino en la entidad comunal. Lo demas es accesorio ó de interes secundario. Es para atender á los intereses secundarios, que requieren cierta fuerza y respetabilidad, que los distritos se han aglomerado en cantones. Es para alcanzar la fuerza puramente internacional que los cantones se han confederado como potencia europea.

Al hablar de cada canton indicaré los rasgos particulares que los distinguen. En cuanto á la Confederacion, su gobierno es ejercido por tres divisiones del poder, de las cuales la fundamental emana, en parte, del sufragio universal. El poder legislativo está á cargo de una Asamblea federal compuesta de dos Cámaras: el Consejo de los Estados, especie de Senado, cuyos 44 miembros representan á los cantones en razón de 2 por cada canton, y uno por cada medio canton; y el Consejo nacional ó Cámara de Diputados, elegidos por los cantones en razón igual de su poblacion. El poder Ejecutivo lo ejerce un Consejo federal compuesto de siete miembros elegidos cada tres años por las Cámaras reunidas, uno por un canton á lo mas. De su seno sale el presidente de la Confederacion, nombrado anualmente por la misma Asamblea nacional. En fin, el poder Judicial es ejercido por un Tribunal federal, tambien de orígen parlamentario, asociado en ciertas ocasiones á un jurado.

La Confederacion se compone de 22 cantones, de los cuales dos están divididos en medios cantones con administracion y representacion distinta. La mayor parte tienen el mismo nombre que sus capitales respectivas. Su rango, en el órden en que han entrado á la Confederacion, en el siguiente:

1° Urí (capital Altorf)—2° Schwyz—3° Unterwalden, dividido en los
medio-cantones de Obwalden (c. Sarnen) y Nidwalden (c. Stans)—4°
Lucerna—5° Zuric—6° Zug—7º Glaris—8º Berna—9º Solera—10
Friburgo—11 Basilea, dividido en los medio-cantones de Basilea-ciudad y
Basilea-campaña (c. Liesthal)—12 Schaffhouse—13 Appenzell—14
San-Gall—15 Grisones (c. Coira ó Coire)—16 Argovia (c. Aarau)—17
Turgovia (c. Frauenfeld)—18 Tesino (capitales Bellinzona, Locarno y
Lugano)—19 Vaud (c. Losana)—20 Valais ó Valles (c. Sion)—21
Neuchâtel—22 Ginebra.

Al terminar esta narracion presentaré á los lectores un cuadro comparativo de los cantones, según su extension territorial, poblacion, razas y religiones, naturaleza de industrias é instituciones. Por ahora, lo expuesto basta para tener una idea general.

* * * * *

CAPITULO III.

GINEBRA.

Geografía del Canton.—El lago Leman.—Resúmen histórico.—Estructura general de Ginebra.—Sus condiciones políticas y sociales.—Monumentos é instituciones públicas.—Las casas de prision.—Ginebra como centro social europeo.

No sin razón decia Voltaire, haciendo resaltar la pequeñez física de Ginebra en contraste con su alto valor social, que «cuando él sacudia su peluca en aquella ciudad, cubria de polvo á todo el canton.» Jamas un puñado de tierra encerrado en tan estrechos horizontes fué mas encantador por su aspecto, ni mas ampliamente fecundo para la civilizacion, por sus genios eminentes y sus esfuerzos seculares en servicio de la libertad. En mis excursiones en Europa no he visitado pueblos que me hayan inspirado tantas simpatías como el ginebrino en Suiza y el vascongado en España. Es realmente extraordinario ese fenómeno social de tanta grandeza moral relativa, contenida en un recinto, tan estrecho, casi microscópico, cual es el canton ó Estado federal de Ginebra.

A virtud de la reciente anexion de Saboya á Francia (que ha sido uno de esos actos de justicia y progreso que la diplomacia suele consumar por medios disputables) el canton de Ginebra se halla hoy completamente enclavado entre una curva de fronteras francesas, cuyo círculo no es interrumpido sino por las aguas del lago Leman y el extremo meridional del canton de Vaud, uno de los mas extensos y prósperos de la Confederacion. Mide el territorio ginebrino unos 33 kilómetros en su mayor longitud, de oriente á poniente, por 15 kilómetros de anchura, de sur á norte, conteniendo la superficie total de 242 kilómetros cuadrados. Su clima es generalmente suave y apacible, habida consideracion á la latitud y á la orografía del país circunvecino; sus terrenos son poco fértiles, pero hábil y totalmente cultivados; sus horizontes reducidos, pero admirablemente bellos y seductores. La ciudad de Ginebra tiene apénas una elevacion máxima de 375 metros sobre el nivel del mar, lo que le permite no solo poblar sus términos de mieses, frutas y legumbres, sino tambien cultivar sus graciosos viñedos, que le dan al panorama en las riberas del lago, en las colinas cercanas y en los valles del Ródano y el Arve, una melancolía que seduce y cautiva, al lado de los mas alegres paisajes campestres.

Desde la ciudad misma, subiendo á las torres de su catedral, que desde lo alto de su colina domina todo el paisaje como el atalaya del lago, se registra con la mirada todo el territorio del Canton, así como las faldas y los contrafuertes mas ó ménos distantes de las montañas de la Saboya setentrional (Faucigny) y del Jura. Al sur se ven los valles del Ródano y el Arve, que se confunden á corta distancia de Ginebra, girando en direccion á la baja Saboya ó las provincias de Annecy y Chambery, y dominados por los contrafuertes alpinos y jurásicos, ostentándose en sus hoyas las gracias de la vegetacion artificial y las praderas, las altas curvas de los bosques de pinos y los grupos de algunas poblaciones. Al oriente, una sucesion de suaves faldas y colinas arranca desde la ribera misma del lago para irse levantando y detenerse á bastante distancia al pié de la cadena de Voirons, ondulosa y cubierta de praderas que han reemplazado los antiguos bosques del lado occidental, pero abruptas y severas por su vegetacion salvaje en el costado opuesto. Esa cadena es el término del encrespado y áspero sistema orográfico de las antiguas provincias de Chablais y Faucigny, comprendidas entre la hoya del Arve y el lago Leman.

Al poniente, los planos inclinados, sus estrechos vallecitos, las colinas, las faldas empinadas y al fin los altísimos cerros se van sucediendo en bellos y entrecortados anfiteatros, desde las ondas del lago basta las crestas culminantes del Jura. Todo ese panorama topo-orográfico es de un efecto maravilloso, en contraste, ó mejor dicho, haciendo juego con el lago; pues si en el fondo se ve la angosta y larga superficie azul, mas arriba se ostenta la faja de viñedos, de alegres huertos, graciosas quintas y caprichosas sementeras; faja de mil colores que sube basta encuadrarse en el marco sombrío, soberbiamente majestuoso de la alta vegetacion jurásica (los bosques de pinos y abetos) y de las rocas de composicion caliza que descuellan en algunos picos. Por último, al norte se dilatan, entre líneas de irregulares contornos, las ondas luminosas, prodigiosamente azules y trasparentes del lago, unas veces violentamente sacudidas por los huracanes que soplan de los Alpes, otras dormidas y murmurantes, gimiendo frecuentemente bajo la quilla de algun vapor ó bergantin, inmóbiles como un inmenso espejo en que se refleja todo el esplendor de los azules é infinitos abismos del cielo. Y esas ondas, que siempre arrebatan ó cautivan, van á detenerse en el marco pintoresco de las riberas y colinas del canton de Vaud, ondas terrestres de luciente verdura.

El lago de Ginebra ó Leman es, sin disputa, el mas hermoso y útil de los que contiene Suiza, rivalizado apénas por el de Constanza bajo el punto de vista comercial. Teniendo en su totalidad la forma de un arco ó media luna, cuyas extremidades inclinadas al E. y al S. O. se hallan en Villa-nueva (Villeneuve) y Ginebra, es decir hácia la entrada y la salida del Ródano, sus riberas se estrechan entre Ivoire (Saboya setentrional) y el cabo que determina el pequeño golfo largo y angosto. La parte superior se llama el «gran lago»; la inferior el «pequeño lago» ó el de Ginebra propiamente dicho. Su mayor longitud es de 71 kilómetros, y su anchura máxima de 14—4 kilómetros, entre Evian (puerto y pequeña villa de Saboya) y Morges, villa del canton de Vaud; conteniendo una superficie total de 1,430 kilómetros cuadrados. La profundidad varía mucho, pues llega en el centro del lago hasta 350 metros (prodigiosa en un lago cuyas montañas mas vecinas son poco elevadas en lo general), miéntras que entre Nion y Ginebra nunca excede de 97 metros.

Abunda todo el lago en peces (como 30 especies) y en pájaros de especies mucho mas numerosas; ofreciendo la pesca ocupacion lucrativa á muchas gentes. Las aguas son de un azul turquí admirable, sin igual tal vez, y de tal trasparencia que se alcanza á ver perfectamente el fondo á muchos metros de profundidad. Esta profundidad enorme, los fenómenos singulares de las corrientes interiores, y la accion de los contrarios vientos que dominan el lago, impiden que sus aguas se congelen nunca, aun en los inviernos mas rigorosos, excepto en las orillas, donde se acumulan escarchas. No se tiene memoria de que la congelacion total haya tenido lugar sino dos veces, en los siglos VIII y IX.

Las tempestades del lago son muy terribles y funestas á veces; pero los fenómenos de calma y violencia, de crecidas y disminuciones de volúmen, se producen y suceden con extraordinaria rapidez. Cuarenta y dos rios afluyen á las riberas del Leman, suaves y arenosas del lado setentrional, rocallosas, abruptas y fuertemente empinadas del lado de Saboya. De esos rios los mas considerables son: el Ródano, desde luego, que por sí solo equivale al mayor número de los otros, y el Dranza (que no se debe confundir con el Dranza afluente del Ródano), rio que despues de surcar las rudas montañas de Chablais, desemboca entre Thonon y Evian. El mismo Ródano es el único desaguadero del lago, escapándose como una ancha cinta de lázuli, á la altura de 368 metros sobre el nivel del mar, al traves de Ginebra, de cuya circunstancia deriva su nombre la ciudad, según la etimología céltica de gin, salida, y av, rio.

Es tan enorme la masa de arenas graníticas y calizas y limo que el Ródano acumula en el Leman, hácia su entrada y su salida, que cada dia crecen los bancos peligrosos en las cercanías de Ginebra, y las aguas se retiran de Villa-nueva, surgiendo una llanura de aluviones en el extremo superior; al mismo tiempo que las ondas invaden la ribera setentrional ó del canton de Vaud. Es curioso el contraste del Ródano superior é inferior: el primero, vomitando sobre la cuenca del lago sus turbiones de lodo ceniciento; el segundo, saliendo del lago purificado y límpido, como si hubiese de simbolizar la pureza de las costumbres y claridad de las libres instituciones de Ginebra y Vaud. Esa circunstancia, que tambien se nota en otros lagos, como los de Brienz y Thun, se explica por la existencia, en el fondo, de una sustancia purificante y colorante que obra como reactivo poderoso.

La navegacion del Leman es activa, extensa y muy valiosa. A parte de las innumerables góndolas ó faluchos que pueblan todos los puertos concurridos, y particularmente el de Vevey y la dársena extensa de Ginebra, navegan en todas direcciones buques de vapor, cuyo movimiento es incesante, para el solo trasporte de pasajeros[2]. En cuanto al tráfico de mercancías (prescindiendo de las numerosísimas barcas pescadoras) se hace por tres clases de buques de vela: bergantines, barcas de puente completo, y cocheras, ó barcas de una forma singular, descubiertas en gran parte y destinadas al trasporte de maderas, combustible y materiales de construccion.

[2] El primer vapor, con el nombre glorioso de Guillermo Tell, fué echado al agua en Ginebra en 1823. La fecha es significativa.

La República de Ginebra, que durante siglos estuvo reducida á la ciudad de ese nombre, se acrecentó en 1816, á virtud de los tratados de Viena y Paris que le anexaron quince distritos saboyardos y seis franceses. La poblacion del canton ha subido (en 1860) á 83,345 habitantes, de los cuales mas de 9,000 son ciudadanos de otros Estados de la Confederacion, y unos 12,000 extranjeros,—franceses hoy en su mayor número. La sola capital contiene 41,415 habitantes, que hacen de Ginebra la primera ciudad de la Confederacion. Aunque en el Estado dos tercios de los habitantes profesan la religion reformada ó del rito llamado calvinista, y los católico-romanos componen, con unos 1,000 judíos, el otro tercio, en la capital la mayoría de reformados no está en la misma proporcion. Por lo demas, si bien á cada paso se oye en las conversaciones el acento aleman-suizo, italiano, inglés (por la abundancia de viajeros), y aun el roman mismo, dialecto que se habla en los Grisones, la lengua francesa es la oficial y comun para todos los habitantes.

Ginebra ha tenido una historia tan tormentosa y difícil como fecunda, sufriendo, como todos los pueblos de la raza de los Alobroges, las invasiones y dominaciones sucesivas de los Romanos, los Bárbaros del siglo V, los Burguiñones, Ostrogodos y Francos, los Suizos y Saboyardos mismos y últimamente los Franceses republicanos en 1798. Dominada por los Romanos hasta el año de 426, fué alternativamente una de las capitales de los Burguiñones, luego capital del reino de los Francos hasta mediados del siglo IX, y del segundo reino de Borgoña hasta casi mediados del XI, poseída por los sucesores de Carlomagno; cayendo despues bajo la autoridad mas alternativa aún de sus obispos soberanos y de los condes y duques de Saboya, que se la disputaron entre sí con tenacidad, no ménos que á los Ginebrinos mismos.

Si desde el principio del siglo XVI el pueblo comenzó á luchar por su independencia contra obispos y condes, la reforma religiosa fué la que le aseguró su autonomía civil, lo mismo que su emancipacion respecto de Roma. Gracias á Calvino, que regularizó el movimiento y consolidó sus resultados, Ginebra se hizo la metrópoli del protestantismo reformado y la base de la organizacion republicana en el sur de Suiza[3]. Admira la energía con que esa pequeña ciudad, rodeada de enemigos y aislada entre sus fortificaciones, pudo hacer respetar su nacionalidad hasta 1798, servir de asilo seguro á todos los proscritos y perseguidos en el continente, aun en presencia del poderoso Luis XIV, y glorificarse como centro fecundo de civilizacion, actividad económica y propaganda literaria, política y religiosa. Al poner el pié en Ginebra, sobre la ribera de su lago, no se puede ménos que contemplar alternativamente la isla microscópica contigua al gran puente, llamada de Juan Jacobo Rousseau, el punto no lejano que indica la situacion de Ferney, en uno de los planos inclinados que remontan hácia el Jura, y las altas eminencias que escalara Saussure con el barómetro en la mano;—objetos que hacen evocar las glorias mas conspicuas de la literatura, la filosofía y la ciencia, en que Ginebra ha tenido tan envidiable parte.

[3] Con todo, las luchas continuaron hasta 1602, época en que el duque de Saboya perdió toda esperanza de recuperar á Ginebra. Llamábanse entónces Mamelucos los partidarios de los obispos y condes, y Eigenossen ó aliados por juramento, los defensores de la independencia. Ese nombre aleman, pronunciado Higenós, dió orígen al de Huguenots, con que se llamó á los calvinistas ó reformados.

Desde mediados del siglo XVI hasta 1816 Ginebra no careció de su independencia sino durante los diez y seis ó diez y siete años de la dominacion francesa, á cuyo torrente no pudieron resistir ni los mas grandes imperios. Incorporada á la Confederacion suiza al caer Napoleon, la república ginebrina continuó su antigua marcha, regida por instituciones que se alejaban bastante de la democracia y de la tolerancia religiosa. La huella de Calvino habia quedado profundamente marcada en la Aténas del protestantismo reformado. Andando los tiempos, la clase mas alta del país habia constituido una aristocracia ú oligarquía intolerante y privilegiada, y para destruir su poder el pueblo emprendió una lucha tenaz, que se manifestó por revoluciones mas ó ménos incompletas y poco fecundas en 1830, 41 y 43, hasta triunfar definitivamente en 46. La organizacion radical data de 47, y en los trece años de gobierno popular y libre que desde entónces ha tenido Ginebra ha hecho las mas bellas conquistas en la via del progreso.

El gobierno de ese Estado es democrático-representativo. Todo ciudadano mayor de 21 años es elector y elegible. La Constitucion garantiza á todos los habitantes la plena libertad de religion y culto[4], así como la de la prensa, del tránsito, de la industria, la enseñanza, la peticion y asociacion, la inviolabilidad del domicilio y la correspondencia. Allí la autoridad no invade con sus reglamentos la esfera de la actividad y del derecho individual; sin que por eso les falte una proteccion eficaz á la instruccion primaria y profesional, la beneficencia pública, las vias de comunicacion y algunos otros objetos de primer interes. Como los ciudadanos saben que el poder reside en sus manos, en su opinion, la prensa tiene la mas notable actividad y variedad para servir todos los intereses, y las juntas y sociedades de todo género son muy numerosas y frecuentes. El principio de asociacion tiene las mas fecundas aplicaciones en la política, como en las letras, el comercio, la industria, etc. Acaso, con excepcion de Stuttgard y Leipzic, ciudades alemanas cuyo movimiento de publicidad es vastísimo, no hay en Europa ninguna ciudad que, relativamente á sus proporciones, haga un uso tan extenso, variado y fecundo de la prensa, como Ginebra.

[4] Excepto, por desgracia, á los judíos.

El Canton es gobernado conforme al principio de la separacion completa de los poderes, aunque todos emanan del voto popular, directa ó indirectamente; y el régimen municipal es muy libre. El poder legislativo lo ejerce en todo el Canton una Asamblea ó Gran Consejo de eleccion bienal y popular, que se compone de 93 miembros. El ejecutivo está á cargo de un Consejo de Estado, cuyos miembros, de igual duracion, son nombrados por el Gran Consejo. En Ginebra no hay tropa permanente ni jerarquías militares. Todos los ciudadanos de 20 á 50 años son miembros de la milicia del Estado, que presta su servicio cuando la autoridad la llama, y de cuyo seno sale un contingente anual para el modesto ejército federal. No hay gendarmería: la policía es invisible, porque no tiene distintivo ninguno, ni incomoda á quien hace uso de su derecho, ni se hace sentir sino por los servicios eficaces que presta. Si se comete algun delito en la calle, todo el mundo le presta su concurso voluntario á la autoridad para reprimirlo y aprehender al culpable. En realidad, la policía en Ginebra es obra de los ciudadanos, y son ellos los que, guiados por el interes comun de la libertad y del honor del Estado, mantienen el órden mas perfecto, en armonía con la mas completa libertad personal en cuanto puede ser inocente y lógica. En todos los lugares públicos de Ginebra se ve una tabla ó cartulon con esta leyenda: «Estando los paseos públicos destinados á la utilidad y el placer de todos, el Consejo administrativo (el de la ciudad) los pone bajo la salvaguardia de los ciudadanos.» Hay en esas palabras de admirable simplicidad, de las cuales los Ginebrinos se muestran muy dignos, toda una teoría ó enseñanza profunda y universal de moral y política, de economía social y legislacion y de filosofía histórica.

Si la etnografía del pueblo ginebrino explica el predominio en él y en todas sus manifestaciones literarias, de la lengua francesa, su genio político, industrial y social y sus instituciones corresponden á un curioso amalgama de elementos diversos. Las emigraciones europeas de gentes superiores, atraidas á Ginebra por la libertad que esa república garantizaba en tiempos de despotismo universal (no obstante la antigua distincion de cinco clases de ginebrinos) han introducido allí la sangre y el genio de otros pueblos, de tal modo que abundan mucho los apellidos alemanes, italianos, ingleses y aun españoles, y los tipos de diversas razas, mas ó ménos confundidos. Esto le da á Ginebra un notable carácter de cosmopolitismo. En ninguna parte mas que allí es tan manifiesto ese fenómeno de fisiología social,—tan frecuente en el mundo y sinembargo casi siempre olvidado por la historia,—de la trasformacion moral de una raza casi por la sola virtud de sus instituciones.

Ciudad en otro tiempo reducida, por las necesidades de la defensa, al aislamiento material dentro de sus bastiones y fortalezas, Ginebra se ha hecho luego cosmopolita,—refugio de todo idea proscrita y de todo hombre perseguido,—acogiendo todo lo bueno de la civilizacion, practicando resueltamente la democracia, penetrando en todas las esferas de la actividad intelectual, yendo á buscar hasta en el Nuevo Mundo la fórmula moderna de la filosofía penal. Raza esencialmente francesa por su orígen, su lengua y sus tradiciones, el pueblo ginebrino tiene las cualidades sin los defectos del genio frances. Posee el espíritu de investigacion, simultáneamente analítico y generalizador, la tendencia cosmopolita en las aspiraciones, el sentimiento artístico, literario y generoso en alto grado, y no poco de esa jovialidad expansiva y elástica, de esa facultad de asimilacion, que distinguen al Frances. Pero carece de ese instinto funesto de centralizacion, de esa idolatría respecto de la autoridad,—servilismo que abdica la iniciativa individual ante la del gobierno,—de esa ligereza en las costumbres é indiferencia para con las convicciones tenaces, que han contrariado la adquisicion de la libertad en el seno de la sociedad francesa. El Ginebrino cultiva con esmero todo lo que tiene algo de artístico y delicado: la pintura, la escultura, la música, el grabado, la relojería, la joyería y hasta la disecacion de vegetales y animales curiosos. Pero ha sabido aliar el arte con la industria, sus disposiciones poéticas y altamente francesas, con la seriedad y profundidad de investigacion y el sentimiento severo de la personalidad ó del derecho individual, característico de las razas germánicas[5].

[5] Es tan inseparable de esas razas el espíritu de independencia personal, que siempre me ha parecido que un Aleman (ó sus asimilables) que no profesa en religion la doctrina del libre exámen, es un hombre incompleto y contradictorio.

¿De donde proviene ese feliz amalgama? Evidentemente de la accion del protestantismo reformado (cuyos abusos é intolerancia de otros tiempos estoy muy léjos de aprobar) el cual, creando la nocion y el hábito del libre exámen, de la creencia razonada y profunda (sin materialismo pagano) y de la autonomía personal, ha modificado fuertemente los instintos latinos y franceses de la raza, sostenidos por las tradiciones y la lengua.

En Ginebra todas las manifestaciones sociales armonizan, haciendo un juego seductor: las poéticas perspectivas del territorio y el lago; los caprichos de las antiguas construcciones feudales; la elegancia suntuosa de la arquitectura moderna; los bellos museos y bibliotecas abundantemente provistas; las casas de correccion y penalidad; las fábricas y los vapores, cuyas chimeneas humeantes contrastan con las lindas fachadas, los templetes y jardines de las innumerables quintas situadas entre parques magníficos en las cercanías del lago; el movimiento mercantil de las calles y los muelles; las pacientes labores de 8 ú 9,000 artistas, que trabajan en la fabricacion de 150,000 relojes de oro por año, en muchos grabados excelentes (en piedra, madera y metal), en la elegante y delicada joyería, las esculturas y pinturas, y en la preparacion de muchos instrumentos científicos, musicales, industriales, etc. Todo ese conjunto de manifestaciones de actividad agrada en esa ciudad de estructura semi-feudal y semi-moderna, cuyos habitantes, al eco de los silbidos de las locomotivas en los vapores del lago y en dos ferrocarriles, trabajan con empeño por demoler todas las fortificaciones y reemplazarlas con monumentos, jardines, fábricas, arboledas, muelles y barrios enteros elegantes y pulcros. Eso llama la atencion del viajero, cautiva sus miradas y le hace respetar una civilizacion que, desarrollándose bajo la influencia de la libertad, demuestra que la grandeza de un pueblo no consiste en la masa de su poblacion nativa y la extension de su territorio, sino en la fecunda energía y la armonía de sus progresos.

Ginebra está dividida por el Ródano en dos partes desiguales. En el vértice del lago, á los dos lados de la islita sombreada por hermosos árboles en que se destaca la estatua de Rousseau, se escapa el Ródano en dos brazos bajo de un extenso puente de madera, produciendo un islote cubierto de casas y molinos, baños de natacion, etc., que reposan sobre estacadas. A la márgen derecha se extiende el barrio de San Gervasio, lleno de fábricas, almacenes y relojerías, dominado por la estacion de los ferrocarriles que giran hácia Francia, Losana y Neuchâtel, y ostentando en los malecones y muelles, en las riberas del lago y del rio, hileras de casas espléndidas y hoteles que parecen palacios suntuosos, y mas léjos un enjambre de graciosas ú opulentas quintas, parques, huertas y jardines. Es en una de las calles antiguas de ese barrio que se encuentra la sombría casucha de dos pisos donde nació Juan Jacobo.

La ciudad propiamente dicha se extiende á lo largo de la márgen izquierda del lago y del rio, presentando en gran parte de la línea una vasta fachada de hermosos edificios modernos. Despues de cubrir la ribera, trepa hasta la cima de una colina casi abrupta, formando un laberinto de callejuelas, cuestas y graderías rígidas, de antigua y extravagante construccion, en cuyo centro se levantan la catedral, el palacio del Gobierno, la casa de detencion y otros edificios públicos, y gira un extenso paseo sobre las murallas de las antiguas fortificaciones. Por último desciende hácia el sud-este, y se dilata en una planicie ligeramente accidentada, entre el Ródano, el valle del Arve y las colinas del oriente que se desprenden de los contrafuertes saboyardos. Es allí donde, al derredor de la Puerta-Nueva, se encuentran los jardines públicos, el teatro, el conservatorio de música, el museo Rath, el palacio electoral y las construcciones mas recientes, y donde va surgiendo la nueva Ginebra que, libre del obstáculo de las fortificaciones, se extenderá indefinidamente hasta ligarse con Carouge, villa de 4,500 habitantes situada sobre la márgen izquierda del Arve.

Nada mas delicioso que un paseo en coche por la ribera izquierda del lago, en direccion á Collonge, al traves de quintas y parques bellísimos, huertos, jardines y viñedos, y dominando con la vista el soberbio panorama del lago y las montañas del Jura; ó bien, mecido suavemente en una góndola por el vaiven de las azules ondas del lago, surcar su superficie á las nueve de la noche, cuando las estrellas fulguran en el fondo de un magnífico cielo, se despiertan las brisas nocturnas cargadas de perfumes, y se ve á lo léjos en la ribera el vasto semicírculo de luz que producen las hileras de faroles en todos los muelles, á cuya línea se sobreponen las mil luces caprichosas de la parte antigua de la ciudad que se levanta en anfiteatros irregulares sobre la colina. Ginebra tiene entónces tanta poesía y su lago tan arrobadora seduccion en sus reflejos múltiples, sus rumores vagos, su trasparencia deslumbradora y sus ondulaciones suavísimas, que uno se siente como encantado por un sueño y trasportado á regiones muy lejanas de los Alpes y el Jura.

Si el Ginebrino se distingue del Frances por la seriedad y circunspeccion, careciendo de esa viveza retozona y esa agudeza de chiste que llaman esprit; si su acento es duro y su frances muy defectuoso (en la generalidad de la clase media y las masas); y si los tipos fisonómicos, aunque revelando mucha inteligencia, son apacibles y carecen de la energía de líneas propia de las razas puras, posee tambien cualidades muy estimables. Entusiasta por los intereses públicos y las bellas causas; sobrio de palabras y grave en sus convicciones; laborioso y persuadido de la nobleza del trabajo, sus costumbres son puras, sin gazmoñería ninguna, y en todos sus actos manifiesta tener la conciencia igual del derecho y del deber. En Ginebra no se ve un solo mendigo ni un hombre ebrio, y á excepcion de los que viajan por recreo ninguno está desocupado allí. El verbo frances flaner[6] tan característico de Paris, no tiene significacion en Ginebra.

[6] Pasar el tiempo como un gandul, paseándose por los lugares públicos sin objeto y con curiosidad insustancial.

Como obras de arte, los monumentos de esa ciudad no son de mucho interes. Si los modernos de la Puerta-Nueva y algunos otros son elegantes y bien adecuados á sus objetos, los antiguos son de una arquitectura sólida, pesada y fría. El jardin botánico, aunque pequeño y relativamente nuevo, es gracioso y está bien provisto y mantenido. Las colecciones del Museo académico son abundantes y valiosas. Ademas de la Biblioteca pública, que contiene mas de 40,000 volúmenes impresos y 500 manuscritos, algunos de estos muy interesantes ó curiosos[7], la Sociedad de lectura posee un gabinete superior en que hay 35,000 volúmenes impresos y un surtido de 140 periódicos de todas clases. El museo Rath, fundado por el general de este nombre, contiene una notable coleccion de obras de escultura y pintura, antiguas y modernas. La Academia ó universidad es digna de toda estimacion. Ginebra, siendo tan pequeña, posee ademas: un observatorio astronómico, un conservatorio de música, varios colegios secundarios, un arsenal, una excelente máquina hidráulica que funciona en el Ródano para el servicio de la ciudad, y numerosos establecimientos de enseñanza primaria, beneficencia, crédito y economía. El Canton tiene el mérito de contar en sus escuelas primarias de 7,000 alumnos que reciben anualmente la instruccion elemental.

[7] Por ejemplo: un manuscrito de Ciceron, iluminado, las homilías de San Agustin, escritas en el siglo VI, y algunos volúmenes de cartas autógrafas, sermones y manuscritos de Calvino.

Como era natural, nada me llamó tanto la atencion en Ginebra como las casas de correccion ó penalidad. La pena de muerte está abolida allí desde hace muchos años, y Ginebra es tal vez el segundo Estado europeo que ha adoptado el régimen penitenciario de los Estados Unidos. Aunque hay algunas diferencias entre las dos penitenciarias de Ginebra, su sistema de administracion se basa en los principios de la legislacion penal filosófica: el aislamiento, el trabajo, la vigilancia, la economía y el estímulo ofrecido á la enmienda del culpable, Ensayaré describirlos, según las observaciones que pude hacer en una visita á cada establecimiento.

La casa de Detencion tiene un doble objeto: es penitenciaria para las mujeres, cuya reclusion puede durar hasta por largos años, según la gravedad del delito, y es lugar de simple correccion para los varones que, desde la edad de diez años, son condenados á detencion celular hasta por un año, por delitos, si son mayores de edad, ó por crímenes, si el reo es un menor. El edificio, construido en 1842, tiene la forma de un cuadrilongo regular, dividido en tres compartimientos de cuatro pisos, inclusive el del nivel de la calle. En el centro están la entrada, la sala de recibo, la oficina del director, las habitaciones de este y los demas empleados, y la cocina y demas piezas del servicio doméstico. A la derecha está el departamento de los hombres, que puede contener hasta 120 detenidos, y á la izquierda el de las mujeres, capaz para 112[8], análogos en todo, separados y simultáneamente vigilados. El local de los hombres que visité, es un salon de altísimo techo, cuyas celdas ocupan solo una ala, superpuestas en cuatro hileras ó pisos que se comunican por escaleras y corredores angostos, girando en el interior del salon como en un teatro. De este modo, situándose en cualquier punto se registran todos los corredores y las puertas de las celdas. Ademas de esos cuatro pisos hay otro subterráneo en que se hallan los calabozos para el encierro de los que, por una conducta en extremo rebelde y reprensible, merecen el castigo adicional y transitorio de una reclusion mas severa. Esos calabozos son completamente oscuros y carecen de ventilacion. Detras del edificio están cercados por altas y sólidas murallas los patios á donde salen los reclusos, de uno en uno y por turno, á descansar y gozar del sol, del aire puro y algun ejercicio.

[8] Cuando estuve allí habia 80 reclusos, número que es el ordinario, y 30 reclusas solamente.

Cada detenido se encuentra en su celda trabajando, obligado á una tarea de mínimum fijo, y constantemente vigilado. Frecuentemente, cuando la conducta de algunos detenidos es muy buena y se considera necesario asociarlos, dos ó tres trabajan juntos en una celda, sin perjuicio de dormir siempre separados. Las celdas tienen bastante luz y reciben aire puro por ventanas de fierro altas y muy sólidas. Cada detenido tiene, ademas de los materiales y útiles de trabajo, su cama, una silla y algunos muebles indispensables que le permiten comer, dormir, etc., en aislamiento absoluto. Cada puerta de celda tiene practicado un pequeño y sencillo aparato que permite vigilar al detenido sin que este se aperciba de ello. El director y tres empleados subalternos bastan para la administracion puntual y rigorosa del establecimiento. Los detenidos se ocupan en la fabricacion de zapatos, esteras y otros objetos sencillos y de consumo popular, y los productos son destinados á cubrir los gastos del establecimiento y formar un fondo de economías para cada detenido, según el valor de su trabajo. La predicacion y enseñanza religiosa que se da á los reclusos es austera, inteligente y afable.

Si el encierro en el calabozo, la privacion transitoria de alimentos, del paseo en los patios, etc. son medios de coercision ó represion adicional, tambien tiene el recluso estímulos poderosos para meditar en su delito, arrepentirse y moralizarse. En caso de buena conducta, dando pruebas de arrepentimiento, obtiene mayor participacion en el fruto de su trabajo, permiso para trabajar en compañía de uno ó dos mas, pero siempre en silencio, y una reduccion de pena que puede llegar hasta la mitad de su duracion legal. Nótase que las reincidencias son rarísimas entre los varones adultos, y algo frecuentes entre las mujeres y los púberes ó impúberes cuando no obtienen ocupacion segura al salir de la prision. Por lo demas, en el establecimiento reinan el órden, el silencio, la pulcritud y la economía. El director y uno de los celadores me manifestaron la conviccion profunda de la eficacia del sistema en todos sentidos; aunque reconocían, como otras personas, la necesidad de que el régimen celular tenga su complemento en una institucion social que permita ofrecerle instruccion y trabajo por algun tiempo al recluso libertado, á fin de que, siéndole suave la transicion del encierro y el trabajo forzado á la libertad con el trabajo libre pero inseguro, se conjuren los peligros de la reincidencia. Llegará un dia, no lo dudo, en que las sociedades civilizadas reconocerán que la fecunda correccion del culpable y el deber supremo de la justicia exigen la íntima correlacion de tres instituciones: el lugar de castigo, la escuela, y el taller ó cosa parecida; y que el poder social no tiene plena autoridad para castigar, sino á condicion de instruir y moralizar al culpable, y abrirle, una vez arrepentido, la via infinita de toda rehabilitacion: la del trabajo, y la independencia personal.

La Casa Penitenciaria tiene formas y condiciones distintas, no obstante la comunidad del sistema. El edificio tiene la forma exterior de una media rueda de carro de tres radios y horizontal. En el centro está la fachada, que da sobre un vestíbulo de tres pisos correspondientes á los del interior. La parte interna y baja del vestíbulo es semicircular, y paralela á la gran semicircunferencia descrita por dos altos murallones igualmente paralelos entre sí que, separados por una callejuela, encierran toda la fortaleza. Del centro á la circunferencia se extienden como radios dos edificios iguales y cuadrilongos y otra construccion intermedia coronada por una cúpula, separados por muros que encierran cuatro patios. Todos ellos y las murallas del contorno están á cubierto de las miradas exteriores y dominados por la cúpula y algunas ventanas para ejercer la vigilancia. La oficina del director y de su ayudante se halla en el interior del peristilo, y en el centro del arranque de los radios están los intersticios que permiten observar á los presos y comunicar órdenes al traves de los muros, sin ser visto. De los tres pisos de esos radios el inferior contiene los talleres de trabajo, y los dos superiores las celdas de habitacion de los reos, miéntras que en la parte central se hallan los locales destinados al servicio de los empleados. Debajo del despacho, al nivel de los patios, están el locutorio para las visitas á los reos, la oficina y otras piezas de menaje.

El edificio entero, al parecer complicado, pero en realidad muy sencillo, costó apénas 30,000 pesos y solo exige un gasto anual de 5,000, á lo sumo, como déficit del producto que deja, respecto de los gastos, el trabajo de los reclusos. Puede contener 56 reos, á juzgar por el número de celdas; pero jamas se ha colmado y ordinariamente no tiene sino unos 46. De este número que habia cuando visité la Penitenciaria, 12 eran reincidentes: solo 7 pertenecian al canton de Ginebra (donde hay libertad, instruccion y actividad industrial) y la mayoría de reclusos se componia de saboyardos, pertenecientes á una poblacion excesivamente pobre, ignorante, sin industria, comercio ni comunicaciones, encerrada entre los Alpes y las líneas de aduanas. El gran número de los reclusos representaba los crímenes de hurto y robo, crímenes que, en la generalidad de los casos, no indican perversion, sino miseria y falta de instruccion y trabajo. El número de protestantes y católico-romanos del Canton se equilibra en la Penitenciaria, aunque en la totalidad hay gran mayoría de católicos.

Cada reo duerme en su celda en absoluto aislamiento. Las celdas son pequeñas pero suficientes, muy limpias y bien ventiladas, alumbradas por la luz natural, y provistas de los modestos muebles necesarios. Los reclusos trabajan y toman los alimentos en comun guardando silencio absoluto, y divididos en secciones según su criminalidad. Hacen tres comidas por dia, abundantes, sencillas y sanas, y despues de cada una de ellas salen por turno a pasar media hora al aire libre en alguno de los patios. Solo un caso de evasion ha ocurrido hasta ahora, y eso por negligencia de un celador. Jamas recluso alguno ha perdido la razon ni atentado contra los guardianes. El encierro total sin trabajo ni luz, y la privacion temporal de alimentos ó cama en que dormir, son los medios coercitivos ó de represion. El trabajo de los reclusos consiste en fabricar zapatos y esteras ó pilar granos. Cada uno de los talleres comunes es vigilado interiormente por un celador que gana, ademas de la manutencion y el alojamiento, tres francos diarios. El director, un ayudante ó secretario y esos celadores son los únicos empleados activos del establecimiento, y lo sirven muy bien. Los capellanes concurren los domingos á hacer los oficios religiosos y morales, sin perjuicio de su concurso accidental.

Cuando un recluso se hace merecedor de consideraciones, se le permite recibir de tiempo en tiempo la corta visita de algun deudo. Esta se verifica en un locutorio, al traves de una reja de alambre fino, que permite la conversacion y el cambio de miradas, bajo la vigilancia del celador presente, pero que impide todo contacto y comunicacion de cartas, dinero, armas, etc. Se llevan libros que hacen constar escrupulosamente todos los hechos de la economía interior y las observaciones sobre la estadística y moralidad de los reclusos. Según esos documentos, si la conducta de un reo es irreprensible obtiene un tratamiento menos rigoroso y una rebaja de condena, que llega hasta la mitad. Esas rebajas son muy frecuentes. En cuanto al producto del trabajo, el sistema es análogo al de la Casa de Detencion, pero una parte se destina á socorrer, si son pobres, á los hijos, padres, ó consorte del recluso. La Penitenciaria sirve solo para los condenados, por crímenes ó delitos graves, á mas de un año de reclusion celular. El máximum de la duracion es de 20 años, aplicado solo en casos de reincidencia en crímenes muy graves.

Lo que mas me llamó la atencion en la Penitenciaria fué la capilla, local de extrema sencillez, sin adornos ningunos y provisto de bancas en anfiteatro. Allí los reclusos son divididos en secciones, según su criminalidad. En el fondo, junto á la modesta cátedra del capellan, está un pequeño altar reducido á un Cristo, la imágen de la Vírgen y los vasos y objetos necesarios para el culto romano. Ese altar está provisto de un cortinaje oscuro y espeso. Cuando los reclusos católico-romanos están en la capilla, el altar está descubierto y funciona el sacerdote respectivo. Cuando á su turno asisten los protestantes, se cubre el altar y no queda á la vista sino la Biblia sobre la mesa. Así, el mismo púlpito y local sirven al sacerdote y al pastor. Jamas en mi vida habia encontrado un espectáculo social tan sublime como el de esa humilde capilla, igualmente consagrada al servicio de dos comuniones religiosas que han ensangrentado la tierra con sus luchas impías. ¡Qué profunda enseñanza de espiritualismo en la religion, de noble sencillez en el culto, de fraternidad y tolerancia, de universalidad en la idea religiosa,—sin parar mientes en las diferencias de símbolos y formas,—de verdadero cristianismo, en fin! Enseñanza escondida en el fondo de una prision,—símbolo de la igualdad de la conciencia ante el deber y la justicia,—para inculcarle al culpable la nocion de la fraternidad en Dios y en el hombre, del derecho igual de todos, cuya violacion constituye precisamente lo que se llama falta, delito ú crímen!

Al dejar á Ginebra, llevaba no solo una impresion de profundo respeto por ese pequeño Estado de filósofos, artistas y hombres libres é industriosos, sino tambien una especie de consuelo y confianza en el porvenir de la humanidad. ¡Qué de grandes ejemplos y altísimas inspiraciones le debe la civilizacion europea a ese pequeñisimo pueblo que, habituado á fabricar relojes y ejercitar el libre exámen, parece tener en su genio la regularidad severa del cronómetro y la expansion independiente de las organizaciones libres! Allí han nacido, para gloria de las letras y de las ciencias de todo género, naturalistas audaces y pacientes como Saussure y Candolle; jurisconsultos como Burlamaqui; historiadores como Sismondi y Mallet; economistas como Juan B. Say y el mismo Sismondi; hombres de Estado como Necker; literatos como madama Necker, Topffer y Cherbuliez; artistas distinguidos, pensadores filósofos como el inmortal Rousseau!

* * * * *

CAPITULO IV.

LOS ALPES SABOYARDOS.

Los compañeros de viaje.—La hoya del Arve.—El valle de Chamonix.—El grupo del Monte-Blanco.—Las neveras.—Contrastes naturales y curiosidades.

Un enorme carruaje abierto, dividido en tres compartimientos y conteniendo unas 23 personas, aparte de los equipajes, debia conducirnos por el valle del Arve hácia Chamonix, al pié del grupo colosal de montañas en cuyo centro se ostenta la admirable cúpula del Monte-Blanco. Los ingleses, como sucede en todos los sitios, vehículos y líneas de excursion, estaban en mayoría, representados principalmente por una media docena de young ladies robustas, rubias, rosadas y vestidas caprichosamente.

Soberanamente fastidiado siempre con las espesas brumas, la vida uniforme y el aislamiento geográfico de su opulenta isla, el Inglés es eminentemente cosmopolita, por razon higiénica, por genio y tradicion, y por curiosidad, frecuentemente pueril. Hasta en el último rincon del mundo y sobre las mas altas cimas se le encuentra,—imperioso, exigente, intratable, cuando no necesita de los demas, lacónico, frio, cargado de bastones, paraguas y mil enseres, impasible cuando los demas se conmueven, afeitado y perfumado en regla aun en el fondo de los precipicios y las neveras, y ataviado con su singular vestido de un solo color y un solo corte, que á fuerza de ser uniforme toca en la extravagancia. Fino, caballeroso, hospitalario y cumplido en su isla (at home), el Inglés se hace duro en país extranjero, medio salvaje á veces, porque el orgullo de su raza y su nacionalidad le da la conciencia de que á todas partes lleva su patria consigo, es decir con su derecho individual, su nombre y su bolsa. De ahí su carencia absoluta de elasticidad y tolerancia para acomodarse en país extranjero á los usos de los demas pueblos y á las necesidades de las circunstancias. Es ciertamente curioso ese fenómeno de trasformacion moral que se verifica en el Inglés, viajero tan apegado á la idea de la patria, y al mismo tiempo tan adicto á los viajes que le alejan del suelo patrio.

El Frances, al contrario, hombre de espíritu mas bien que de convicciones, de expansion indefinida mas que de hábitos, socialista por excelencia, deja la patria al cruzar la frontera de Francia, y encuentra una adoptiva, provisoria y ad hoc donde quiera que se le presenta un medio de sociabilidad, un círculo de ideas. De ese modo, se asimila con admirable facilidad todas las condiciones de vida, y acepta con el mejor humor todas las situaciones posibles, lo mismo en los Campos Eliseos de Paris que en el fondo de una selva americana, ó de un desierto de Africa. Es por eso que, cuando se viaja en Europa entre ingleses y franceses, se ve siempre á los primeros silenciosos, esquivos, encerrándose en su personalidad rigorosa; miéntras que los otros entran desde luego en el amplio carril de la conversacion desembarazada y múltiple, llegando fácilmente hasta la jovialidad.

Estas observaciones, que por ser personales nada tienen de nuevas ú originales sinembargo, y que he confirmado en todas mis excursiones, me vinieron desde luego á las mientes al seguir, en la diligencia de Ginebra, la carretera que conduce á Chamonix. La conversacion era tan animada entre nosotros y dos ó tres franceses y algunos suizos de la misma raza, como notable el silencio contemplativo de los ingleses. Llamónos la atencion particularmente un ministro ó pastor protestante del canton de Vaud, que viajaba muy modestamente con su hija,—una inteligente y graciosa señorita de diez y seis años,—con ánimo de hacer fructuosas excursiones á pié. Era un hombre de modales finos, lleno de modestia y distincion en su porte, sencillo, tolerante y filósofo, fuertemente empapado en el sentimiento de la fraternidad y caridad cristianas, amigo de la buena conversacion y la discusion, observador atento, entusiasta por todas las bellezas naturales, de instruccion general y sólida y particularmente adicto á la geología, la física, la botánica y la historia natural. Su hija, tan instruida como amable, tan candorosa como inteligente, le acompañaba siempre en sus peregrinaciones. A pié, provistos de bastones y de un modestísimo ajuar de viaje, habian recorrido juntos las mas interesantes regiones de la Suiza central, escalado las alturas del Jura, las neveras del Oberland bernés, etc., recogiendo plantas curiosas y haciendo atentas observaciones. Llevaban la intencion de recorrer en parte las neveras del Monte-Blanco y visitar todas las curiosidades naturales de Chamonix. Raras veces he viajado con un compañero tan instructivo como ese digno pastor vaudense, que me pareció uno de los mas bellos tipos del sacerdocio moderno.

Doce horas mortales de diligencia y coche debíamos soportar para hacer el trayecto de 90 kilómetros hasta Chamonix, entre espesas nubes de polvo y bajo los rayos de un sol que parecia tropical. De otro modo no es posible admirar las bellezas de tan variados paisajes que ofrece la via. Ella es poco interesante hasta Bonneville, capital que fué de la antigua provincia de Faucigny, con 1,500 habitantes. Es allí donde, cerca de las montañas de Môle y atravesando por un hermoso puente el Arve para remontar su márgen izquierda hasta Cluses, el viajero comienza á contemplar de cerca las hermosuras de los Alpes. El rio corre por el fondo de una hoya profunda formada por altos contrafuertes ó cordones de montañas ásperas, sobre un lecho pedregoso, llevando en sus revueltas ondas una espesa disolucion de arenas graníticas y calizas que le dan su tinta cenicienta.

A veces la hoya se ensancha en vastos pliegues y severas curbas, y el valle se presenta lleno de ondulaciones y pequeñas colinas, donde brillan al sol limpios viñedos, hermosas mieses y verdes legumbres, ó se extienden en tupidos tapices algunas pequeñas praderas que van á perderse al pié de los barrancos estratificados de caliza, ó de las rígidas y verticales rocas graníticas que parecen amenazar al viajero desde lo alto de sus bastiones formidables. En otras partes, el valle se estrecha: la carretera gira sobre el borde de alguna falda ó barranca que domina las ondas del rio; este salta, se disloca y retuerce espumante sobre su revuelto lecho de pedriscos; los cerros se levantan á uno y otro lado como murallas colosales, ofreciendo las mas románticas formas en sus altas cavernas, sus rugosos relieves, sus enormes grietas verticales; sus derrumbes, sus picos desiguales y severos, sus cascadillas que se lanzan al valle en delgados hilos para convertirse en menudo polvo argentino, sus matorrales ásperos y tristes flotando casi al viento y apénas adheridos á los intersticios de las rocas, y sus franjas superpuestas de un verde sombío,—guirnaldas de abetos enhiestos que las nieves respetan en las montañas de los Alpes, dejándoles su eterna majestad. Y por en medio y encima de todo eso, se abre un cielo esplendoroso, y á lo léjos, al oriente, se alcanza á ver, sobre un enjambre de colosos de granito coronados de hielo, la cúpula del Monte-Blanco, digno baluarte de dos grandes naciones,—Italia y Francia,—soberana de aquel mundo de magníficos horrores que llaman los Alpes!

En toda la hoya del Arve abundan los sitios salvajes, las curiosidades naturales y los puntos de vista encantadores. Como la sociedad es allí muy poco interesante, la naturaleza, llena de fuerza y majestad, es el primer actor. Poblacion pobre, raza sin tipo bien determinado, aunque tradicionalmente valerosa, los saboyardos de ese valle inspiran cierta simpatía compasiva, sin que sus localidades llamen la atencion del viajero. Gentes sencillas, resignadas á los rigores de su clima y amantes de sus montañas, viven sin admirar las bellezas de su suelo, hablan muy mal frances y no piensan en la política del mundo. Solo suspiraban, antes de la anexion á Francia, por una situacion que les permitiese mejorar de condicion económica. En toda la ruta, Bonneville y Sallanches son las únicas localidades de alguna importancia.

En San-Martin, pobre pero graciosa aldea del valle de Sallanches, dejamos la diligencia para tomar un cochecito de cuatro asientos, y en breve, acompañados por el estimable pastor protestante, comenzamos á alejarnos de la orilla del Arve, siguiendo por su lado derecho, y á trepar la pendiente cuesta de Chede. Desde sus altos recodos veíamos los abismos inmensos en cuyo fondo se despeña el rio, iracundo y desbocado, despertando con el ruido de sus cascadas los mil ecos de las montañas. El camino gira, entónces á la altura de Servoz, por entre laberintos de peñascos destrozados y bosques seculares y espesos de pinos y abetos, donde yacen dispersas esas rocas erráticas que han sido uno de los misterios de la geología,—revelaciones del poder asombroso de las neveras viajando sobre las faldas de los cerros. En el fondo del bosque brama el Arve, torrente furioso allí, y donde quiera reina la majestad de la naturaleza salvaje. Al cabo, el bosque termina, el terreno se nivela, el Arve presenta un curso ménos tormentoso, las montañas se abren un poco, y el valle de Chamonix, tapizado de flores, helechos y gramales, y poblado de mieses y animales de cria, se desarrolla seductor, dominado á un lado y otro por estupendos peñascos ó cerros de granito, bosques elevados de abetos y pinos, y mares de hielo que tienen la triste solemnidad de la desolacion.

El valle de Chamonix, situado a cerca de 1,000 metros de elevacion sobre el nivel del mar, mide una longitud de 20 á 25 kilómetros del N.-E. al S.-O., y una anchura de 1,500 á 2,000 metros. Súrcalo en toda su extension el Arve, rio que, naciendo en las heladas alturas del cuello de Balme, se acrecienta fuertemente con las aguas que arrojan al valle las inmediatas neveras que lo dominan. Encerrado entre montañas estupendas y abruptas, el valle ofrece los mas raros contrastes de alegría risueña y salvaje aspereza, de rústica tranquilidad y de grandiosidad en las formas y desolacion en algunos objetos. Al poniente, las neveras faltan del todo: cerros altísimos, cubiertos de negros bosques de pinos y abetos, en su mayor extension, se alzan á hundir en las nubes sus severos picos ó conos graníticos, y presentan á trechos esos derrumbes espantosos, rastros de los catástrofes de la primavera que se llaman avalanchas Al lado opuesto del valle se levantan los contrafuertes del Monte-Blanco, revueltos, despedazados por innumerables y gigantescas grietas, aterradores de hermosura y severidad,—ora terminando en neveras que derraman sobre el valle sus ondas congeladas; ora cubiertos de ásperas malezas, helechos y bosques de abetos; ora aguzándose en sus cimas en penachos extravagantes y agujas colosales, desnudas y sombrías,—para servir de apoyo á un inmenso anfiteatro de invisibles montañas y neveras cuyo pináculo es la cabeza admirable del Monte-Blanco. Hay tanta majestad en aquel mundo de granito y hielo, que casi es un atrevimiento injurioso el aspirar á describirlo de cualquier modo.

La aldea de Chamonix ocupa el centro mismo del valle á igual distancia de las neveras llamadas de Bois y Bossons, que son las mas próximas á la planicie. La poblacion en toda ella se reduce á Chamonix y cinco ó seis caseríos pobrísimos, con 2,000 habitantes á lo sumo. Chamonix es literalmente un pueblo de hoteles y posadas, mas ó ménos confortables y de apariencias mas ó ménos seductoras. Los edificios son todos de granito con pisos de tablas.—Cuando termina el verano, época en que el valle es visitado por muchos millares de curiosos, Chamonix queda reducido á unos 500 ó 600 vecinos: todo el ruido de mulas y coches se disipa; los hoteles quedan totalmente desiertos, y el valle vuelve á la sepulcral desolacion del invierno. Frecuentemente la nieve es tan abundante en ese tiempo y los derrumbes de los cerros son tan temibles, que las gentes duran dias enteros incomunicadas y reclusas, porque las casas se cubren de nieve por todos lados en capas muy espesas. La vida es entónces bien triste y miserable en aquel desierto de hielo.

En Chamonix se encuentran casi todas las comodidades que el viajero puede apetecer. Donde quiera se ven tiendas ó pequeños museos de objetos de arte en mármol, granito, madera, hueso, etc., y muestras de la flora, la fauna y la geología de aquellas montañas, que los viajeros compran por curiosidad y por llevar recuerdos de sus excursiones. Chamonix es en realidad un pueblo de guias ó conductores de viajeros, que prestan su servicio por turno rigoroso, son propietarios de mulas aperadas y viven asociados en su profesion, conforme á un reglamento de la autoridad. Durante la primavera todos esos hombres son agricultores. En los meses de verano pasan á ser guias y muleteros, sin descuidar por eso sus labores. Cuando el invierno suprime esos medios de actividad, se consagran á los trabajos domésticos y fabrican objetos artísticos; ó bien se van á buscar trabajo en Ginebra y otras ciudades. No omitiré decir que, en su gran mayoría, los habitantes del valle se distinguen por dos cualidades muy notables: la probidad mas acrisolada, y la ventaja de saber leer por lo ménos, corrientemente. Esto hace honor á esos sencillos montañeses tanto como al Gobierno de Cerdeña que hasta 1860 los regia, interesándose sobre todo en favorecer la instruccion primaria y las vias de comunicacion y excursion.

Son numerosas é interesantes las excursiones que puede hacer el viajero curioso en Chamonix. Las ménos fatigantes son las de las neveras de Bois y Bossons, que se hacen en coche ó á pié como simples paseos. Las de los altos cerros llamados Jardin, Brevent y Buet no son tolerables sino para los que gustan de muy fuertes emociones y saben marchar á pié con energía. En fin, las del Mar-de-hielo y la Flégère son las preferidas por los que desean observar de cerca los nevados y aman las excursiones á caballo ó en silla de manos. Nosotros[9] resolvimos trepar al Montanvers por la mañana, en solicitud del «Mar-de-hielo», y visitar por la tarde, á pié, las cascadas de los Peregrinos y el Dard y la nevera de «Bossons.»

[9] Cuando hablo en plural me refiero á mi esposa y yo.

Nada mas curioso y pintoresco que la escena que se ofrece á la vista en el pueblo de Chamonix, desde las cuatro ó cinco de la mañana, cuando los centenares de viajeros que pueblan los hoteles y se renuevan sin cesar, como hormigas ávidas é inquietas, comienzan á emprender sus excursiones. Las mas altas cimas de la cadena de Monte-Blanco, cuya cúpula no es posible ver desde Chamonix, brillaban ya iluminadas por los argentinos rayos del sol, en tanto que en el valle, á las cuatro y media de la mañana, vagaban todavía las últimas sombras de la noche. Donde quiera reinaba el movimiento: en las puertas de los hoteles, en las calles vecinas y en los afueras del pueblo. Enormes mulas, lerdas y toscas pero de suma resistencia y solidez, y habituadas á caminar según su instinto y voluntad por los mas agrios desfiladeros y páramos, aguardaban á sus caballeros y amazonas prosáicas, modestamente ataviadas; en tanto que muchos peones cargueros alistaban sus sillas de manos para trasportar á las señoras enfermas ó incapaces de montar.

Al salir de Chamonix se dispersaban, en largos é irregulares cordones y en muy distintas direcciones, mas de 250 excursionistas, provistos de los mas variados atavíos y venidos desde las extremidades de Rusia, las llanuras de Alemania, las Islas británicas ó las ciudades y selvas del Nuevo Mundo, para rendir homenaje á las magnificencias de los Alpes. Hácia las alturas del Jardin, Brevent, etc., se dirigian los aficionados á las peregrinaciones pedestres, las mas duras pero tambien las mas libres, fructuosas y económicas. Eran en su mayor número jóvenes resueltos, acaso contando demasiado con sus fuerzas, y marchaban con regularidad, provistos de largos bastones de abeto, sólidamente calzados, vestidos con mucha sencillez, y llevando algunos sobre las espaldas ligeros morrales que contenian el humilde ajuar del peregrino. El mayor número de los excursionistas se encaminaban hácia Montanvers para ver el Mar-de-hielo, ó hácia la vasta nevera, mucho mas lejana, de la Flégère. Era curioso ver á casi todos los ingleses cabalgando como si anduviesen de paseo en Hyde Park, ú otro de los parques favoritos de los fashionables de Lóndres; provistos de sombreros negros de alta copa, lentes ó binóculos, elegantes bastoncitos, delgados botines de charol, levitas ó fracs de aparato, corbatas blancas ó rojas, chales de fina gasa para defender contra los rigores del viento y el sol sus delicadas y afeitadas mejillas, y delgados guantes de cabritilla. Un pequeño grupo de tres insulares fastidiados, acompañados por tres ó cuatro guias, emprendia nada ménos que ir á escalar el Monte-Blanco para sacudir en sus hielos el esplin, pasar por encima del inmenso lomo y descender á los valles del Piamonte.

Esa manía enteramente británica se va generalizando mucho, por desgracia, entre los hijos de Albion, sin que sean bastante á reprimirla ni el ridículo que acompaña á los que ostentan ese salvaje y estéril heroismo, sin coronarlo de buen éxito, ni las terribles catástrofes que han ocurrido con frecuencia en las soledades y los abismos del Monte-Blanco. La audacia fria y terca de los excursionistas de los precipicios sería muy honorífica, si el objeto de esos extravagantes espliníticos fuese hacer estudios y descubrimientos que prestasen servicios importantes á la ciencia. Pero esta no entra por nada en semejantes empresas. Los héroes de los hielos van por pura vanidad á despeñarse en las neveras y sepultarse bajo de los bancos de hielo. Su único anhelo es lograr que los periódicos de Europa le digan al mundo: «Mr. Tal y Mr. Cual han hecho el prodigio de pasar, sanos y salvos, del valle de Chamonix al Piamonte, por encima del Monte-Blanco.» O en último caso: «Mr. Tal y Mr. Cual han perecido tristemente en uno de los precipicios del Monte-Blanco; y sus compañeros Mr. Mengano y Mr. Perensejo, han tenido la satisfaccion de salvarse con las piernas rotas.»

La subida desde el valle de Chamonix hasta el sitio llamado «Hospicio de Montanvers» es larga y laboriosa. El áspero sendero serpentea por entre enormes peñascos, bosques mas ó ménos tupidos de abetos y pinos, enmarañadas malezas y pedriscos tapizados de musgo y helechos enanos. A medida que se trepa la empinada falda, el valle se hace mas interesante por sus contrastes de claridad brillante y oscuras sombras, de vegetacion artificial y salvaje, de variadas tintas. En el fondo corre el Arve por un lecho gris y pedregoso, como un torrente de ceniza y lodo, produciendo islas despedazadas y cubiertas de alisos, y tristes playas que muestran la desolacion causada por las violentas avenidas del fin de la primavera y el principio del verano. Al pié de la nevera de Bois se ve el pobre caserío del mismo nombre, que parece como amedrentado por el peligro de que lo arrope algun derrumbe de la onda cristalizada que lo domina.

La impresion que se siente al llegar al pequeño hotel que corona la cuesta de Montanvers[10] es profunda y sorprendente para el viajero que llega por primera vez al «Mar-de-hielo.» Desde la eminencia en que está situado el edificio, batido frecuentemente por violentos huracanes y dominando un abismo, se ve el panorama mas tristemente hermoso y severo que las montañas pueden ofrecer. Una especie de valle ó golfo larguísimo y estrecho, que termina en el caserío de Bois y trepa en plano inclinado hácia el corazon de los Alpes para ligarse á todas las encrucijadas del Monte-Blanco, constituye el fondo de la hoya profundísima producida por dos cordones de cerros ó contrafuertes estupendos. Sus cimas, á uno y otro lado, ora desnudas, ora cubiertas de hielo y nieve, se despedazan en enjambres de agujas, picos, conos truncados, soberbios obeliscos, pirámides y cúpulas de los mas extraños relieves y el mas severo aspecto. Mas arriba se destacan en lontananza gigantes mas y mas colosales, cuyas cabezas refulgentes se pierden en las vagas ondulaciones de las nubes[11]. En unos trechos los hielos descienden hácia el golfo congelado, en desiguales latitudes, como las puntas desgarradas de un encaje terminando una inmensa colgadura de armiño. En otros, los peñascos graníticos se presentan desnudos, ennegrecidos, destrozados por enormes grietas verticales, de cuyas bocas surgen mil torrentes ó cascadas, ó salpicados de manchas de pinos y abetos enanos, cuya tinta sombría hace el mas soberbio contraste con la vastísima sábana de hielo que va á perderse en las vagas perspectivas del cielo. En el fondo del abismo,—frio, silencioso y desolado como una inmensa tumba de hielo,—están las ondas revueltas y cristalizadas de ese golfo que se llama la Mer-de-glace.

[10] Traduccion literal, Subiendo hácia, acaso porque aquella via es una de las que conducen al Monte-Blanco.

[11] Si los cercanos picos, tales como el del Sombrero y la aguja de Bochard no son muy notables por su elevacion, los que se ostentan detras ó continúan la cordillera en direccion al Sur, alcanzan las siguientes elevaciones sobre el nivel del mar: la aguja del Fraile, 3,858 met.; la de Dru, 3,906; la Verde, 4,081; las de Charmoz, 2,783; la del Greppond, 3,670; las de Blaitière y Plan, 3,688; la del Mediodía, 3,916; la del Tacul, 4,625; el Monte-Blanco, 4,811.

Los geólogos que han estudiado atentamente esa y otras neveras[12] han apelado á diversas hipótesis, mas ó ménos fundadas, para explicar la extraña formacion que con tanta propiedad ha recibido el nombre mencionado. Su aspecto es efectivamente el de «un mar que, despues de una gran borrasca, se hubiese congelado repentinamente en el momento de comenzar á calmarse, pues toda la superficie es una sucesion de bancos ondulosos de nieve que imitan exactamente no las grandes olas del Océano irritado, pero sí las de un mar mediterráneo.» Todo hace creer que esa forma es debida á lentas y seculares aglomeraciones producidas por la accion combinada de la presion atmosférica, la tendencia de gravitacion de los bancos y depósitos de hielo y nieve, la fuerza poderosa de las corrientes subterráneas, las condiciones químicas del suelo y de las rocas, y la facultad explosiva del cristal de hielo comprimido en todas direcciones. Aterra y maravilla el pensar en los misterios de vida, de organismo mineral, que se agitan bajo la inmobilidad aparente de esas neveras allá en las profundidades insondables de los abismos subheláneos.

[12] Es de notarse que, así como la vegetacion alpestre y andina difiere enteramente, las neveras de los Alpes no tienen semejanza de composicion y vitalidad con los nevados de los Andes.

Todavía acompañados por nuestro consabido pastor vaudense, que hacia la peregrinacion á pié con su hija, descendimos del «Hospicio», [13] muy paso á paso, para ir á contemplar de cerca la nevera, que tiene allí como 550 metros de latitud. Sintiéndonos poco dispuestos á llevar nuestra curiosidad hasta el extremo de exponer la vida en la travesía de toda la nevera, vimos al pastor protestante alejarse con su animosa hija, marchando lentamente, apoyados en sus largos bastones y escalando los bancos ó colinas de hielo para pasar al lado opuesto del golfo congelado y descender por otra via. Apénas nos atrevimos á caminar por entre aquellos abismos de cristal en un trayecto de 80 á 90 metros. Nos conducian dos guias que, con el auxilio de hachas y picos, iban practicando en el hielo pequeñas hendeduras que nos servian de escalones para trepar hasta la cima de alguna onda ó colina. Si, visto en su conjunto y de léjos, el «Mar-de-hielo» no tiene la nitidez y tersura de los altos nevados de la cadena, porque los derrumbes y los vientos cubren la superficie de una capa terrosa, de cerca el aspecto de las hondas es de una hermosura sorprendente.

[13] A 885 met. de altura sobre Chamonix.

Donde quiera esas ondas están destrozadas ó separadas por grandes grietas de insondable profundidad, en cuyo seno surgen y se deslizan ó saltan como surtidores mil filtraciones, cascaditas y arroyuelos caprichosos, cuyas aguas purísimas van á perderse en recónditas cavidades donde se elabora un rio, el Aveiron, compuesto de innumerables é invisibles torrentes. Aquellas grietas, donde al caer ó deslizarse hay muy rara esperanza de salvacion, ofrecen los mas bellos variantes de colores, reflejos, cortes y relieves: en unas partes, blancos y fúlgidos cómo el diamante pulido, ó azules como el cielo; en otras, verdes ó cristalinos como las ondas de un lago, ó ligeramente sonrosados como los pálidos pétalos del lirio silvestre.

Aquel espectáculo tiene una majestad imponente y sublime, que humilla y hace enmudecer en el primer momento, como una de las mas solemnes manifestaciones de la pujanza, la maravillosa eternidad reproductiva y los misterios de la naturaleza, siempre viva, trabajando y progresando aun bajo las formas en que se la cree muerta ó inanimada. Pero al pasar la primera impresion de sorpresa, de respetuoso horror y admiracion material, la meditacion se abre campo: el alma, como resbalando sobre la superficie de aquel Mediterráneo de hielo, se remonta por encima de las soberbias cúpulas hasta lo infinito del cielo; aspira á cosas mas grandes que las visibles en el mundo, á sondear horizontes mas dilatados; se fortifica y ensancha con su secreta y vaga aspiracion, y comprende toda la grandeza y divinidad de este sér, en apariencia tan pequeño, que se llama el Hombre,—sér que no solo ha tenido genio y audacia para estudiar y adivinar los misterios de la Creacion, sino que, siendo materialmente un átomo al pié del Monte-Blanco, tiene el poder de alzarse por encima de ese coloso formidable hasta darle la mano á Dios, confundiéndose con él en la idea de la inmortalidad y la nocion de lo infinito….

Para convencernos una vez mas de que lo risible se halla comunmente muy cerca de lo sublime, el pequeño hotel de Montanvers, á donde volvímos poco despues, nos llamó la atencion con sus curiosidades. La sala principal contenia un verdadero museo artístico y alpestre, donde cada viajero compraba algunas graciosas fruslerías. Pero mas que todo nos interesó un libro ó registro de excursionistas, mueble infalible en todos los sitios de esa clase, como en los museos, las bibliotecas y otros establecimientos públicos y privados de las ciudades. Cada visitante es invitado á inscribir su nombre en ese registro, que viene a ser no solo un elemento curioso de estadística, sino tambien un objeto de gran valor por los millares de autógrafos que reune, cuando concurren personajes eminentes, y por las curiosas observaciones morales á que puede prestarse. Pusímonos á hojear el consabido registro y hallamos tan interesantes extravagancias que no pudimos ménos que reir á carcajadas. ¡Cómo se revelan en esos libros las vanidades humanas y las diferencias de los tipos sociales! Las firmas de rusos eran de un laconismo severo. Las inglesas, uniformes como hechas en molde, contenían á veces observaciones de una singular candidez como estas: «Chamonix is a very beautiful country!—John Belton.»—«I am very happy indeed;—William Carter.» Las de italianos abundaban en citas de versos de Dante, Ariosto y otros poetas ilustres. Las francesas aparecian no pocas veces acompañadas de breves comentarios burlándose de los anteriores firmantes; siendo notable sobre todo las dos siguientes. A continuacion de un desahogo pasablemente insípido de un viajero anónimo que lamentaba la ausencia de su adorada, un tal P. Farnel habia escrito: «Monsieur l'amoureux, vous mentez; l'amour est une bêtise ou un mensonge.» En otra página decia otro, bajo la firma de Un Parisien, estas filosóficas palabras: «Tous ceux qui mettent leurs signatures dans ce livre sont des bêtes, y compris le soussigné.»