Pero nada era tan curioso como la literatura de los excursionistas de la Union Americana, que se hacian notar por sus preocupaciones gastronómicas, su entusiasmo por el brandy (como la cosa mejor posible en Montanvers), sus lamentaciones sobre las mulas que habian cabalgado, ó algun dolor de estómago que les acongojara, y sus recuerdos consagrados á la lejana patria. Brillaba entre todos esos americanos (que se mostraban muy convencidos de su importancia) un cierto «ciudadano del Estado libre de Massachusetts,» cuya muestra literaria hubiera sido digna de figurar en una coleccion especial de barbaridades insignes.
Si la fuente del rio Aveiron es interesante por varios motivos y ha provocado serias investigaciones científicas, la nevera de Bossons, situada hácia el sur de Chamonix, y las vecinas cascadas de los Peregrinos y el Dard, nos llamaron de preferencia la atencion por sus agrestes paisajes. ¡Con cuánto gozo recorrimos el valle, siguiendo la márgen izquierda del Arve y cruzando los humildes caseríos de Praconduit, Barraz y Favrans, que demoran entre praderas lustrosas, plantaciones de lino y pequeños bosques de alisos y abedules! ¡Con cuánto gozo tambien nos internamos en las vecinas selvas, sombrías y llenas de magníficos rumores, que suben en planos inclinados hácia las montañas! Bajo de aquellas cúpulas de negra verdura, sostenidas por los altos mástiles de los abetos, los senderos cruzan un terreno sembrado de peñascos graníticos y rocas erráticas, surcado por saltadores arroyuelos cuyas armonías se confunden en la espesura del bosque con los ecos de los lejanos mugidos de las vacas, los sonoros repiques de las campanillas que llevan en el cuello las cabras, mulas, vacas, etc., el estruendo mas lejano de las cascadas y los torrentes que se despeñan de lo alto de las montañas, y los recónditos pios de algunos pajaritos saltando de rama en rama y buscando su alimento en las semillas de los abetos.
La cascada de los Peregrinos es determinada por un torrente que, descendiendo á saltos y casi perpendicularmente por entre las fracturas del cerro, recoge sus aguas en una especie de taza granítica, en el fondo de una rambla profunda, destrozada y sombría, y se lanza luego en semicírculo á una hondura de 50 metros, escondiendo su hermoso chorro entre una vegetacion enteramente agreste. Al lado de la cascada, entre ella y el grueso torrente del Dard, reside durante el verano una pobre paisana, en una humilde choza situada como un mirador sobre el alto peñascal, Su oficio es vender á los excursionistas algunos ligeros comestibles y refrescos y esa multitud de pequeñas curiosidades artísticas, vegetales y minerales que aparecen reunidas en modestos museos en todos los sitios concurridos de Saboya y Suiza.
Mas arriba se ostenta en toda su majestad la vasta nevera de Bossons, en tanto que en lo alto de las rocas y de las asperezas de un bosque desolado por los hielos brilla al lado de la nevera la cascada del Dard, dividida en dos caídas, una de 13 metros de altura y otra de 50. En el fondo de esos despeñaderos demoran los pueblecitos ó caseríos de Bossons y los Peregrinos ó Nant, tranquilos y pobres, rodeados de bosques y praderas. Mas abajo se desarrolla el valle, luciente de lozanía, rico en flores y perfumes, y salpicado de animales de cria cuyo movimiento desigual por las tortuosas márgenes del Arve completa el encanto de aquel bellísimo paisaje.
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CAPITULO V.
LA HOYA DEL ALTO RODANO.
El camino de la «Cabeza-Negra.»—El canton de Valais.—El Valle del
Dranza y Martigny.—El Ródano.
El trayecto que média entre el valle de Chamonix y el del alto Ródano es en extremo interesante, si no bajo su aspecto social (curioso pero subalterno), bajo el punto de vista geológico y topográfico. Allí el viajero se encuentra totalmente rodeado de los magníficos cuadros de la naturaleza alpestre, de tal manera análogos, aunque multiformes, que no se percibe muy fácilmente la transicion al pasar del país monárquico de Saboya á la republicana Suiza.
Caballeros en dos robustas y pacientes mulas y guiados por un excelente muletero, hombre sencillo, inteligente, locuaz, benévolo y muy conocedor del país y de sus tradiciones,—como son casi todos los guias saboyardos,—emprendímos la marcha de Chamonix á Vevey, tomando el camino de la Cabeza-Negra. Es este el ménos elevado y grandioso, pero mas seguro que el del «Cuello-de-Balme», páramo encumbrado donde las borrascas son frecuentes, casi repentinas y temibles en todo caso. La via, que es solo de herradura, gira durante un trayecto de 9 ó 10 kilómetros por el valle del Arve, remontándolo. Poco á poco se va estrechando entre las altas montañas; algunas aldeas, como la muy graciosa de Argentière, se destacan en la planicie y van quedando atras. El lindo valle de Chamonix sigue su curso ascendente, regado por el Arve, hasta el pié de las montañas de Balme. El viajero, torciendo hácia el N. O., comienza á trepar las faldas pedregosas, áridas y tristes y los boquerones abruptos que médian, en la serranía del «Brevent» y las Agujas-Rojas, entre la hoya del Arve y la del Trient, tributarios del Ródano en sentido opuesto.
La vegetacion artificial, las rústicas praderas y los graciosos chalets ó casas de campo alpinas, han desaparecido. Todo á los ojos del viajero es salvaje y solemne. Allí se camina por el fondo de gargantas profundas, ó por encima de faldas muy arrugadas, que se van eslabonando en tortuosos giros, conduciendo al viandante de sorpresa en sorpresa. Donde quiera se alzan peñascos colosales como de una sola pieza, de oscura tinta y medroso aspecto, ora desgarrados en sus flancos por los derrumbes, ora desnudos como torres ó bastiones de fortalezas titánicas, ó cubiertos de malezas y bosques de abetos diezmados por los huracanes.
Poco despues se llega al punto culminante de esas gargantas solitarias, determinándose la opuesta direccion de los sistemas hidrográficos. La hoya del Agua-Negra, riachuelo atormentado que mas abajo reune sus aguas á las del Trient, se abre allí con toda su salvaje hermosura de paisajes, encerrada entre la serranía del Brevent, que va á terminar en Balme, y la que, arrancando en ella del nevado de las Agujas-Rojas, se dirige hácia el norte para terminar en el valle del Ródano, presentando en su curso los bellos nevados del Buet y del grupo de montañas llamado Diente ó Muela-del-Mediodía. El riachuelo del Agua-Negra (L'eau-noire) desciende atropellado y espumoso por un lecho profundo, entrecortado por grandes peñascos de granito y bancos de esquisto arcilloso negro que le dan su turbio color. Donde quiera se multiplican los mas románticos grupos de colinas, faldas arrugadas, ramblas hondísimas y cavernosas y empinados peñascos, en medio de los cuales, al estruendo de numerosas cascadas, á la sombra de bosques vírgenes de abetos y en el fondo de lindas praderas en miniatura, demoran algunas pobres aldeas en las mas pintorescas situaciones.
He ahi la Valorsina, aldea que vive arrullada por los rumores de la Agua-Negra, que recibe el tributo del Barberina, torrente que á corta distancia del camino ostenta los íris de una bellísima cascada de 100 metros de altura. En breve comienza el territorio del canton suizo de los Valles (Valais). La via remonta desfiladeros espantosos, orillando el cerro estupendo de la Gran-Gradería (Le Gros-Perron), base del pico que tiene el nombre de «Cabeza-Negra.» El camino, abierto á pico en la inmensa roca sobre el borde de abismos que amedrentan, pasando hasta por un socavon tallado laboriosamente, hace mucho honor á los Suizos, que manifiestan sumo interes por las vias de comunicacion. Al volver un recodo del desfiladero se encuentra la union de las estrechas gargantas ú hoyas del Agua-Negra y del Trient, riachuelo que desciende del extremo setentrional de los nevados que forman la cadena del Monte-Blanco.
Dos horas despues, cuando se ha salvado el cuello de Forclaz (á 1,516 metros de altura), el viajero pierde de vista esa gran cadena de nevados que queda atras, al sur; los bosques de abetos desaparecen de la via totalmente; las áridas gargantas, los peñascos, abismos y torrentes profundos se alejan; el panorama que se ofrece á los ojos del viandante es enteramente distinto del que ha contemplado con recogimiento: es risueño, apacible y grandioso al mismo tiempo.
La Saboya ha terminado, y el país suizo, lleno de encanto y majestad, desarrolla sus contrastes de ricos y complicados valles y montañas colosales y abruptas. Es el canton vallesino el que allí cautiva las miradas.
El canton de los Valles ó Valais está comprendido entre dos grandes cadenas de los Alpes: la que al sur continúa la del Monte-Blanco y, partiendo límites entre Italia y Suiza, va á bifurcarse en las alturas que médian entre Gries, Fibia, y Mutthorn, separando allí á los cantones del Tesino, los Grisones y los Valles, y la que al norte se desprende del nudo colosal de montañas llamado Diechterhorn, donde tiene sus fuentes el Ródano, y con el nombre general de «Alpes Berneses» va á terminar con una de sus ramificaciones en los contrafuertes de los Diablerets, cerca del lago Leman, entre los cantones de Valles y Vaud. La vasta hoya intermediaria de esas grandes cadenas es la del alto Ródano, que abarca en su totalidad al Canton de que me ocupo. Su territorio es de una hidrografía y orografía tan bifurcadas ó complejas, que en realidad es un conjunto de 41 valles mas ó ménos considerables, surcados por rios todos convergentes hácia el valle central del Ródano. Esa multiplicacion de contrafuertes, valles y rios casi paralelos entre sí y perpendiculares á la línea del Ródano, haciendo juego con las estupendas montañas que sirven de elemento generador del sistema orográfico, le da al canton de Valais, visto desde las alturas, el aspecto mas variado, interesante y pintoresco. Ese canton, que es el tercero de la Confederacion por su extension territorial, numera unos 90,800 habitantes y mide una longitud de 178 kilómetros, de oriente á poniente, por una latitud de 17 kilómetros, de sur á norte.
El Valais es relativamente uno de los cantones pobres de la Confederacion, y bajo un aspecto el ménos afortunado. Exclusivamente agrícola como es, carece de industria y de comercio propio; si bien su desarrollo económico va siendo ya notable, á virtud del ferrocarril que, partiendo de las orillas del lago Leman y remontando el curso del Ródano, llega ya hasta Sion (la capital del Canton) y será continuado hasta salir á la alta Italia por la via del Simplon. No muy tarde se podrá ir de Paris á Milan en ferrocarril, al traves de todas las montañas de Suiza (el Jura, los Alpes, etc.) y de las de la alta Italia. Las viñas ó la produccion de vinos, suaves en lo general, constituyen la base de la agricultura vallesina, y en segundo lugar los cereales, las legumbres y frutas, algunos granos y las modestas crias de ganado vacuno.
El canton de los Valles es, por desgracia, el país clásico del coto y el idiotismo, enfermedades horribles, sobre todo la segunda, que tienen allí los mas aflictivos caracteres. Acaso esa espantosa calamidad (porque en el mundo todo es una cadena de compensaciones) es la causa principal de las virtudes que distinguen á los Vallesinos. El sentimiento de caridad y fraternidad es allí profundo, y el espíritu de dulce y benévola hospitalidad es proverbial y comun. El triste espectáculo de los idiotas (cretins) séres que, si fuese permitida una frase grosera y que puede parecer impía, podrían ser designados con el nombre muy exacto de huevos movidos de la especie humana; ese espectáculo, digo, es profundamente doloroso para el observador filántropo. Esos séres nacidos para la inaccion, fetos hasta la hora de la muerte, en quienes todas las facultades del alma y del corazon parecen ausentes ó en eterno sueño, como si Dios les hubiese negado su inefable soplo, y en cuyas masas inertes el sol mismo parece ser impotente para producir una emocion, han provocado naturalmente una tierna solicitud muy propia para perpetuar las mas dulces inclinaciones. La necesidad de asistir y cuidar á esas criaturas sin vida, como bienaventuradas, y la humildad de carácter que el coto y el idiotismo han inspirado á los pacíficos habitantes del Valais, han alimentado allí las ideas piadosas, las costumbres benévolas, las tradiciones llenas de poesía religiosa, la sencillez en los gustos, la modestia en todas las aspiraciones, y cierta tendencia al ascetismo y la beatitud contemplativa, que dan á las poblaciones una fisonomía particular.
Donde quiera se ven en los caminos públicos, á cortas distancias, dos objetos que llaman mucho la atencion, revelando la índole de los Vallesinos: nichos de piedra establecidos á la vera del camino, conteniendo pequeños altares con Cristos y estatuas de la Vírgen ó de santos, cuajados de votos ó reliquias y guirnaldas de flores y muy venerados por los paisanos; y al lado del nicho sagrado, ó por lo ménos de una cruz, una fuente bien conservada ó una canal de abeto al aire libre, que lanza sobre algun receptáculo de piedra ó madera un hermoso chorro de agua cristalina y deliciosa. El nicho ó la cruz revela el sentimiento profundamente religioso de aquellas gentes; la fuente indica la prevision caritativa, en beneficio del viandante y sus caballerías.
Hasta hace poco tiempo las gentes de los campos alimentaban ciertas preocupaciones groseras que les eran muy nocivas. Creian, por ejemplo, que el nacimiento de un idiota en la familia era una verdadera felicidad, una muestra de la proteccion divina, puesto que el idiota alejaba del hogar muchas calamidades y nacia condenado á purgar con su miserable estupidez é inaccion los pecados de toda la familia. Así, los paisanos léjos de procurar la extirpacion de la enfermedad la sostenian. Hoy esas preocupaciones ó han desaparecido totalmente en algunos lugares, ó en otros se han debilitado tanto que en breve estarán extinguidas. El tráfico con los extranjeros y los demas habitantes de Suiza, el desarrollo dado á la enseñanza primaria y las vias de comunicacion, los esfuerzos hechos por la autoridad pública y las sociedades filantrópicas á fin de extirpar las dos enfermedades, y el despertamiento moral que se va produciendo en esas poblaciones, á virtud de las instituciones democráticas que rigen al Canton y exigen el concurso activo de todos los ciudadanos, van combatiendo con muy buen suceso aquellas calamidades. Ellas son de orígen complejo, puesto que las causas no solo existen en la exposicion de los lugares á los vientos frios de los nevados, la naturaleza de las aguas y del aire atmosférico y un vicio tradicional ó hereditario en la constitucion orgánica, sino tambien en el desaseo, la vida sedentaria y las preocupaciones.
La historia del canton de Valais (cuyo último dominador extranjero fué Napoleon) es poco interesante, aunque las luchas de sus partidos han sido bien tormentosas y sangrientas, á causa de la tenacidad de los anteriores obispos y señores feudales en mantener sus privilegios, monopolios y tiranía, excluyendo al pueblo del bienestar y del gobierno. La constitucion enteramente democrática del Canton data de 1839, y no obstante la reaccion aristocrática de 1844, pasajera, el país continúa regido por instituciones liberales y hombres amigos de la democracia. Agregaré que las lenguas que se hablan en el Canton son la francesa y alemana, bastante alteradas ó convertidas en dialectos ó patués.
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Al descender del cuello de Forclaz hácia la llanura de Martigny, el espectáculo que se domina con la vista es tan grandioso como pintoresco. Al frente se ven las complicadas serranías de los Alpes berneses, cubiertas de abetos ó praderas en sus faldas, ó mostrando algunos flancos y picachos desnudos, y en cuyas mas altas eminencias brillan como coronas de diamante los nevados de «Diablerets, Arbelt, Strubel, etc.» En el fondo se ve el valle del Ródano, violentamente truncado en ángulo recto, y los valles convergentes del «Dranza»,—rio que desciende de la cadena suizo-italiana y desemboca en el Ródano cerca de Martigny,—y del Trient, que sale de entre su laberinto de montañas salvajes á engrosar el mismo Ródano un poco mas abajo de la confluencia del Dranza. Por último, al derredor y bajo el paso mismo del viajero, se desarrolla una vasta complicacion de faldas muy accidentadas que ofrecen tres órdenes superpuestos de vegetacion y de paisajes: arriba, en las crestas de los cerros, espesos bosques vírgenes de abetos y pinos, cuya tinta oscura tiene una severidad casi solemne; en el centro descienden, en cien planos inclinados, estrechas hondonadas, vallecitos risueños y lucientes planicies entrecortadas, bosques de avellanos silvestres, hayas y otros árboles de las alturas inferiores, é innumerables huertos y plantaciones de nogales, castaños, cerezos, perales y otros muchos árboles frutales, cultivados entre sementeras de heno, lino, papas y legumbres variadas, árboles que, ora sombrean el camino alineados en calles interminables de tupidas bóvedas, ora se muestran dispersos en mil grupos irregulares, dando á la campiña la mas pintoresca variedad en las formas y las tintas de la vegetacion.—Abajo, en fin, se extienden los viñedos tapizando vastas extensiones, tanto en las colinas y faldas mas vecinas á los valles como en estos mismos, salpicados de villas y aldeas del mas gracioso y original aspecto.
Despues de atravesar la pequeña villa (bourg) de «Martigny», de poco mas de 1,000 vecinos, situada al pié de una montaña y de las ruinas soberbias de un antiquísimo castillo feudal, la via gira enteramente por la llanura del valle del Dranza. Al cabo de veinte minutos el viajero va á reposarse en «Martigny-la ciudad» de los ardores del sol y las fatigas de una marcha de diez horas hecha á discrecion de la mazorral mula. Esa pequeña ciudad, la segunda localidad del Canton, cuenta apénas unos 1,100 vecinos. Se halla situada al pié de la serranía que separa los valles del Ródano y el Dranza y casi en la confluencia de los dos rios, en el centro de una alegre, fértil y bien cultivada llanura. No obstante la originalidad que se nota en la estructura de sus casas y los puentes vecinos, la ciudad de por sí no ofrece interes ninguno, sino como centro del movimiento agrícola del bajo Valais.
Dos horas despues tomamos un tren del ferrocarril, recientemente inaugurado entónces, que conduce á las márgenes del Leman. La campiña es notablemente variada. Dominado y estrechado el valle por los contrafuertes de las dos opuestas serranías, que bajan casi hasta tocarse en San-Mauricio por los estribos del grupo del Mediodía y el de Morcles, donde quiera se ofrece el bello contraste de los inmensos murallones alpestres, de severo aspecto y vegetacion sombría; los grandes derrumbes que surcan las faldas de los cerros; el curso atropellado del Ródano, cuyas cenicientas aguas desbordan sobre la llanura pedregosa, produciendo pequeñas ciénagas, y las alegres plantaciones de todo género en cuyo fondo se destacan numerosas aldeas, no sin gracia en su aspecto, pero desnudas de interes. La bella cascada de Pissevache, producida por el torrente ó riachuelo de Sallenche, que se despeña con estrépito entre gargantas salvajes, llama la atencion por sus formas caprichosas. Mide la caída 64 metros de elevacion, y su espectáculo es de muy agradable efecto sobre la llanura.
San-Mauricio, villa antiquísima y de aspecto enteramente feudal, con 1,250 habitantes, es la única localidad que llama la atencion en todo el trayecto de Martigny al puerto de Boveret en el lago Leman.
Algunos excursionistas muy aficionados á ciertas antiguallas suelen detenerse allí para ver algunas curiosidades de poco valor. En ese punto el ferrocarril se bifurca, con el Ródano de por medio: la línea de la ribera izquierda va á terminar en Boveret; la de la márgen derecha, que es muy reciente, sigue su curso por Bex, Aigle y Villeneuve, costea la ribera setentrional del Leman, por Verey, y sigue por Losana en direccion á varios cantones de la Suiza central y occidental. Un vapor nos condujo, en momentos en que una recia tempestad amenazaba en el lago, de Boveret á Vevey, ciudad interesante y curiosa del canton ó Estado de Vaud.
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CAPITULO VI.
EL CANTON DE VAUD.
Territorio y poblacion del Canton.—Su historia;—sus instituciones; —sus producciones;—sus institutos.—La ciudad de Vevey y su panorama.—Objetos interesantes y curiosos.
Si el lector ha acogido con benevolencia el plan que me he propuesto seguir al trazar los rasgos principales de los cantones suizos, en lo moral y material, me permitirá que antes de hablar de las tres ciudades principales de Vaud, que tuve ocasion de visitar, indique brevemente las condiciones características de esa pequeña pero muy interesante república confederada.
El territorio de Vaud (en aleman Waadtland ó Waadt), que es por su extension el cuarto en la Confederacion, pertenece en su mayor parte á la region intermedia ó de alti-planicies ondulosas del centro de Suiza. Limitado del lado meridional por la convexidad del lago Leman, su extremo superior arranca en el valle del alto Ródano, y el inferior toca en los límites de Ginebra, extendiéndose desde las alturas de los Alpes berneses, en la nevera de Diablerets, hasta las del Jura, en las cimas de Mont-d'Or y Dôle, de la frontera francesa. Ese territorio tiene los mas irregulares contornos, partiendo límites en el alto Ródano y los Alpes con los cantones de Valles y Berna, y en la planicie central, al E., N. O, y N., con el de Neuchâtel.
Aunque dentro del Canton existen en totalidad tres pequeños lagos, uno de ellos (el de Joux) de segundo órden, los mas interesantes para Vaud son los de Leman, Neuchâtel y Morat, en que tiene una parte muy considerable de riberas. Mide el territorio vaudense, en su mayor longitud, 100 kilómetros, de N. E. á S. O., encerrando una área de 3,850 kilómetros cuadrados. En su suelo, sumamente risueño y fértil y admirablemente cultivado, llama mucho la atencion la baja y pequeña cadena de montañas del Jorat. Esta, con sus graciosas inflexiones, determina no solo el sistema hidrográfico del Canton, sino tambien las mil ondulaciones pintorescas de los vallecitos y colinas, los planos inclinados y montuosos y las entrecortadas planicies de la parte central del país. Esa cadena, destinada por la naturaleza á mantener el equilibrio entre dos grandes sistemas hidrográficos, nace en Vevey casi sobre la orilla del lago, lo costea siguiendo la direccion E. O. hasta adelante de Losana, y luego se dirige al N. O., apartándose del Leman, hácia Sarraz, al pié de los primeros contrafuertes del Jura. De ese modo, el Jorat es el lazo de union trasversal entre los Alpes berneses y los montes jurásicos.
Bellísima por sus formas y vegetacion,—que ofrecen donde quiera los mas risueños paisajes,—la cadena del Jorat, cuya elevacion alcanza rara vez á 1,000 metros, es interesante por la demarcacion á que da lugar en la agricultura, y por la separacion que produce entre las aguas que vierten sobre el lago Leman, para ir al Mediterráneo, y las que tienden hácia la hoya del Aar para descender por el Rin al mar del Norte, en direccion absolutamente opuesta. El rio Venoge que, como sus tributarios, nace en las montañas del Jura y afluye al Leman, entre Morges y Ouchy, es el único centro hidrográfico de alguna consideracion que corresponde á la hoya del Ródano. Al lado opuesto de los montes de Jorat corren: el Orbe, cuyas aguas son la base principal del lago de Neuchâtel, y el Broya (Broye), que riega los cantones de Vaud y Friburgo, forma el pequeño lago de Morat y afluye luego al de Neuchâtel. El Sarina, centro hidrográfico de Friburgo, riega tambien una pequeña parte de Vaud en la region montañosa de los Alpes berneses.
Si en las extremidades del Canton, es decir en las montañas alpinas y jurásicas, la composicion geológica, la vegetacion, la agricultura, la ganadería, la industria y las costumbres tienen respectivamente las condiciones comunes á las altas regiones de Suiza, en la parte central, doble regazo de los montes del Jorat, todo tiene un aspecto que alegra la vista y seduce al viajero,—todo sigue las leyes físicas y económicas de las planicies secundarias. Allí se manifiesta la vida en todas partes, llena de poesía, frescura y lozanía.
El territorio está naturalmente dividido en tres regiones que tienen su aspecto y vegetacion particulares. En la montañosa, principalmente del lado del Jura, se ven ricos prados naturales, poblados de pastores, ganados, queserías y chalets, y de extensos y espesos bosques de pinos, hayas y abetos explotados para el comercio de maderas. En las faldas y planicies ondulosas del sistema jorático, innumerables plantaciones de tabaco, cereales, lino y cáñamo, plantas oleaginosas y medicinales, crias de excelentes caballos, y bellísimos bosques ó huertos de árboles frutales muy aprovechados, tales como la higuera, el almendro, el olivo, el castaño, el manzano y el nogal. Por último, sobre la ribera del Leman (y en parte sobre las de los lagos de Neuchâtel y Morat) se extiende una ancha faja de mas de 50 kilómetros de longitud, cuyo suelo se compone de colinas suaves y planos inclinados hácia el lago; faja enteramente cubierta de viñedos innumerables y salpicada de villas ó pequeñas ciudades, aldeas, caprichosos caseríos y graciosas quintas ó habitaciones campestres. Es sobre esa larga faja que demoran casi todos los centros de poblacion mas importantes, cuyos campanarios, casas y terrazas se miran en el límpido y azul espejo del Leman. La explotacion de bancos de sal gemma y fuentes saladas y de ricas minas de asfalto, mármoles, hierro, piedras importantes, azufre, hulla y otras sustancias, le da tambien al Canton, en notable proporcion, el carácter de minero[14].
[14] Se hace tambien en las montañas un considerable cultivo de genciana, sustancia que se destila y exporta en gran cantidad.
La poblacion de Vaud, que en 1837 era de 183,582 individuos, y en 1850 de 199,575, subió en 1860 á 213,606. Cerca de la vigésima parte se compone de ciudadanos de otros cantones y unos 3,500 extranjeros. La religion reformada ó calvinista es la que profesa la inmensa mayoría de los habitantes, en términos que solo cuatro pequeños distritos son principalmente católico-romanos, no excediendo su número de unos 7,000 en todo el Canton y de 400 el de los judíos. Si bien se hablan algunos dialectos en que entran mas ó ménos las lenguas francesa y alemana y algunas palabras de idiomas indígenas extinguidos, el frances es el idioma social y oficial de los Vaudenses. Sinembargo, no es difícil distinguir por el acento la diferencia entre un habitante del país y un frances.
La poblacion de Vaud se distingue por su moralidad, su amor á la paz y el trabajo, su carácter dulce y honrado, su espíritu de investigacion, independencia personal, fraternidad ilustrada y liberalismo democrático. Admira realmente la calma y sinceridad de conciencia con que el pueblo vaudense delibera y resuelve, reunido en comicios, sobre los intereses públicos, y el entusiasmo perseverante con que se sostienen allí, en todas las ciudades y villas, numerosas asociaciones científicas, literarias, industriales, patrióticas, etc., que gozan de plena libertad y ejercen fecunda accion sobre el progreso moral, intelectual y material. Los ferrocarriles y caminos, la navegacion de los lagos, las escuelas populares, los colegios, museos y bibliotecas, los institutos de caridad, beneficencia, crédito y economía, y cuantos pueden distinguir á una sociedad civilizada, son atendidos con gran solicitud por las autoridades y los ciudadanos, y no hay progreso que no encuentre acogida simpática entre los Vaudenses, dignos émulos de los Ginebrinos.
La historia de Vaud tiene mucha analogía con la de Ginebra: la misma sucesion de conquistas y dominaciones bajo los Romanos, los Bárbaros, los Francos y Burguiñones, los condes de Saboya, los obispos y condes del país, y los Franceses desde 1798 hasta 1814. Sinembargo, Vaud estuvo sometido en los últimos siglos (de 1536 á 1798) á la dominacion de Berna, que no llegó á pesar sobre Ginebra. La revolucion francesa independizó al país de Vaud respecto de Berna, haciéndolo figurar en diversas combinaciones de Napoleon. Así, de 1798 á 1803 fué primero República lemánica; despues hizo parte de la República rodánica (bajo la proteccion francesa), y al cabo fué Canton independiente confederado á Suiza. Su constitucion con este carácter data de 1803, ratificada luego por los tratados de 1815. Por lo demas, los Vaudenses han sido poco belicosos, como lo indica la ausencia de fortificaciones en sus principales ciudades, excepto en Losana (donde las han demolido) y en la pequeña ciudad interior de Romont.
La poblacion vaudense está muy esparcida en los campos y en pequeñas ciudades, aldeas y distritos, circunstancia que explica bien el esmero con que están cultivadas todas las campiñas, graciosamente salpicadas de casas de labor y alegres quintas.
El Canton está dividido en 19 circúitos político-judiciales, 60 círculos electorales con jueces de paz, y 388 distritos ó comunes con municipalidad, aparte de las aldeas que, por su pequeñez, carecen de personalidad política. Así, el término proporcional es de unos 500 habitantes por distrito.
Los centros político-sociales mas importantes del Canton son diez, de los cuales siete corresponden á la hoya del Ródano y tres á la del Aar ó el Rin. Los primeros son:
Losana, ciudad algo industrial, que cuenta cerca de 20,500 habitantes.
Vevey, centro muy fabril y comercial, con 5,500.
Morges, ciudad comercial, con 3,500.
Bex, situada en el valle del Ródano y notable por sus salinas, con 3,200.
Nyon, con 2,600, y Rolle con 1,400 en la ribera del Leman.
Villa-nueva, con 1,300, puerto importante del extremo oriental del lago y punto de escala para el comercio que toma la via que conduce de Ginebra á Milan por el Simplon.
En las comarcas interiores solo tienen importancia algunas pequeñas ciudades: Iverdun, con 3,800 habitantes, situada en el extremo meridional del lago de Neuchâtel, notable como punto de escala comercial y de la navegacion por vapor; Moudon, con 2,450 vecinos, una de las mas antiguas ciudades de Suiza, y Romont, plaza fortificada (con 1,250) muy frecuentada por los agricultores á causa de sus férias de ganado y caballos.
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El canton de Vaud estuvo en 1814 á punto de perder su autonomía, y para salvarla hubo de hacer el sacrificio de algunas libertades.
Hasta 1830 conservó su primera constitucion cantonal, pero la impulsion dada al movimiento liberal en Europa por la revolucion francesa de julio, provocó en Vaud una reforma democrática exigida por el pueblo en masa. Con todo, la reforma de 1831 pareció mas tarde insuficiente, y en 1845 una nueva revolucion hizo surgir la constitucion vigente hoy que es completamente democrático-republicana[15].
[15] En 1861 se ha votado una importante reforma constitucional mas avanzada aún en el sentido democrático.
Conforme á ella todos los hijos ó vecinos permanentes del Estado, de edad de 23 años, son ciudadanos y ejercen la soberanía en comicios ó asambleas, ó eligiendo sus representantes. El pueblo se ha reservado el poder constituyente y solo delega la autoridad legislativa, ejecutiva y judicial, en los negocios generales. En los distritos que tienen ménos de 600 habitantes, ejerce el poder administrativo y legislativo propio un Gran-Consejo, enteramente patriarcal y democrático, que se compone de todos los jefes de familia mayores de 25 años. En los distritos de mayor poblacion, la autoridad legislativa es confiada á un Consejo comunal de eleccion popular, compuesto de 25 á 100 vecinos; y la administracion y policía están a cargo de una municipalidad presidida por un sindico.
Los circúitos en que se divide el Estado son administrados por prefectos. El poder legislativo cantonal reside en un Gran Consejo, compuesto de 195 miembros elegidos popularmente por los círculos, el cual se reune en Losana dos veces por año en sesiones ordinarias, sin derecho á remuneracion. Los poderes de los representantes duran cuatro años. El Gran Consejo nombra los diputados á las Cámaras de la Confederacion y los altos funcionarios, entre estos los 9 miembros del Consejo de Estado, que ejerce el poder ejecutivo por períodos de seis años. Esos 9 consejeros deben salir del seno del Gran Consejo, y ellos nombran anualmente de entre sí el presidente ó jefe del gobierno. El órden judicial está bajo la dependencia del cuerpo legislativo. El Estado atiende á todas sus necesidades con un presupuesto anual de unos 550,000 pesos.
En Vaud están abolidas desde hace algunos años las penas de muerte, trabajos forzados en presidio, vergüenza pública y confiscacion. El sistema penitenciario es enteramente análogo al de Ginebra, y el bello panóptico de Losana es el primero que se ha fundado en Europa. Los vaudenses y demas residentes gozan de la mas amplia libertad de religion, publicidad, instruccion, locomocion, asociacion, etc. Excepto las vias de comunicacion y la enseñanza pública gratúita, que el Estado sostiene, las manifestaciones de la actividad social pertenecen á la iniciativa privada. Es tan grande el interes que allí se tiene por el progreso de la instruccion pública que casi no hay una ciudad que no tenga su biblioteca bien surtida, su museo y muchos institutos y colecciones importantes. Hay en el Estado cerca de 800 escuelas primarias, 10 colegios comunales y 22 escuelas secundarias, unas clásicas y otras politécnicas. Allí se mira con particular atencion la ciencia económica, y no ha muchos meses[16] que Losana reunió un congreso y un concurso de economistas europeos para combinar el mejor sistema de impuestos. Es muy pequeña en el Estado la minoría de los individuos que carecen de alguna instruccion.
[16] En 1861.
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De las localidades de Vaud en que tocamos, tres nos llamaron particularmente la atencion y á ellas reduciré algunas rápidas observaciones.
Vevey, donde desembarcamos al atravesar el Leman desde Boveret, es una ciudad tan graciosa por su estructura, su admirable situacion y sus bellos paisajes de las cercanías, como interesante por su movimiento social. Arrancando desde la ribera misma del lago, en cuyas ondas baña sus pequeños muelles, sus elegantes quintas, terrazas y jardines y los muros de muchas de sus casas, se extiende primero sobre un terreno llano de poca extension y luego trepa por en medio de viñedos y huertos hasta la colina que la domina, la cual sirve de asiento á la catedral de San-Quintin y varias obras de un antiguo castillo, limitados por una gran terraza que sombrean frondosos olmos y castaños. Al pié de los muros que sostienen la ciudad del lado del lago se balancean en las ondas numerosos barquichuelos barnizados con vivos colores, y de todas partes se levantan mil rumores llenos de poéticas armonías. El hotel mismo de las «Tres-Coronas» en que nos alojamos, extiende sus terrazas elegantes hasta el lago, repletas de flores y arbustos, entre otros el naranjo, el jazmin y el habano de hojas lanceoladas, plantas que crecen al aire libre y en plena tierra, como en los climas meridionales.
Vevey, rodeada de ondulosas colinas y lindas laderas, y en cuyas cercanías son numerosos los bellos puntos de vista y agradables paseos, ofrece uno de los mas encantadores panoramas que se pueden imaginar, sobre todo si se la contempla desde la terraza ó la encumbrada torre de San-Quintin, monumento gótico de estilo muy sencillo y severo. Al pié se desarrolla la ciudad como un jardin de los mas variados contornos y colores; despues se extiende el vasto lago, tranquilo y murmurante, lleno de luz y poesía y surcado por numerosos vapores, buques de vela y barcas y faluchos de remos, y limitado en su márgen meridional por la barrera abrupta, rocallosa y severa por su sombría vegetacion, que forman las montañas de Saboya ó de la antigua provincia de Chablais. En la ribera misma, al pié de esas montañas, se ven las pequeñas localidades de Meillerie y San-Gingolfo (donde comienza la nueva frontera de Francia), puertos dominados por los contrafuertes y las altas cimas del Diente-de-Oche y Chaumeny. Mas léjos se levanta el magnífico grupo nevado del Diente-del-Mediodía y detras y al S. E., en un inmenso horizonte de colosos de granito, las inextricables y estupendas montañas que forman las cadenas del Monte-Blanco y el San-Bernardo. Nada mas majestuoso en su género que esas montañas empinadas casi verticalmente sobre el lago, cubiertas de bosques seculares y sombríos, con algunas praderas naturales en las estrechas faldas, salpicadas de numerosísimos chalets ó casas de pastores que de léjos parecen microscópicas moradas de animales alpestres.
Si se torna la mirada á derecha é izquierda, sobre la costa misma de Vevey, se ve donde quiera un enjambre pintoresco de casas de campo y viñedos entrecortados por cercas de palos, y sostenidos en anchos anfiteatros de muchos escalones por pretiles ó muros de construccion sólida y sencilla que impiden los derrumbes del terreno. Aquello es una inmensa ola de sarmientos que las brisas encrespan, y cuyo verde claro hace el mas gracioso juego con el azul turquí resplandeciente del lago y las lejanas tintas oscuras de las montañas. Es imposible no sentirse profundamente seducido por los encantos de ese incomparable panorama, lleno de risueña poesía, de promesas de amor y dulce movilidad en su conjunto y sus pormenores. No es, pues, extraño que Vevey sea en Europa una de las residencias predilectas de los extranjeros que viajan en solicitud no de los placeres del juego, las vanidades del lujo y las emociones violentas, sino de la calma de la naturaleza, la dulzura del clima y los goces moderados y delicados. Baste decir que Vevey ha sido visitada con delicia por Voltaire y J. J. Rousseau, Byron y Víctor Hugo y mil viajeros eminentes.
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Aquella ciudad sorprende bajo el punto de vista social, no solo al hijo de las comarcas solitarias ó salvajes de Colombia sino tambien á los habitantes de las capitales europeas. En Europa, en lo general, una localidad de 5,000 habilantes es un átomo; y sinembargo, son muchas las ciudades de 25 á 30,000 vecinos que carecen de verdadera cultura. En Suiza, donde, á excepcion de las montañas, todo es pequeño, gracioso y esmerado, las pequeñeces valen mucho y los pormenores son todo. Es ciertamente admirable hallar en la modesta ciudad de Vevey, de poco mas de 5,500 habitantes, un gran número de institutos y todas las comodidades de la vida, que regularmente no se encuentran sino en las grandes ciudades muy avanzadas en civilizacion. Si las condiciones físicas del país han favorecido ese desarrollo, no puede negarse que la libertad individual y colectiva, la bondad de las instituciones y el espíritu de independeneia y dignidad que engendra el calvinismo, aliado á las generosas cualidades de la raza francesa, son las causas principales.
En efecto, Vevey contiene, entre otras cosas interesantes: dos bibliotecas, la una religiosa y popular y la otra de la ciudad, con 13,000 volúmenes; un número muy considerable de colegios, escuelas, hospitales, hospicios y otros institutos de enseñanza y beneficencia; varios pequeños museos ó colecciones científicas, literarias y artísticas; tres círculos, con gabinetes de lectura; muy buenos edificios para todos los servicios públicos; excelente alumbrado de gas, muelles y mercados; centenares de talleres y pequeñas fábricas, y una multitud de sociedades que atienden á los intereses literarios, religiosos, económicos, etc. Son muy notables entre ellas las de mosqueteros, arcabuceros y carabineros, que se ejercitan en el tiro,—instituciones esencialmente nacionales y muy interesantes por su carácter político-social en Suiza, donde cada ciudadano es un soldado en reserva y las montañas hacen vivir al cazador.
Vevey no solo es un centro de primer órden en el Estado, en la produccion y exportacion de vinos (blancos y muy suaves, del género Champaña), sino que es notable por la explotacion de mármoles y otros objetos minerales, la fabricacion de relojes, joyas y máquinas, el comercio de maderas y la cria de gusanos de seda. Asi, aunque por su poblacion es la segunda ciudad vaudense, es la primera por su industria y comercio.
Entre las asociaciones libres de Vevey hay una que, ademas de ser curiosa por las tradiciones y costumbres que mantiene, da la medida del interes que allí se toma por la agricultura, y de la fecundidad del espíritu de asociacion: hablo de la Abadía de los Viñadores, congregacion muy antigua de los cultivadores de viñas y propietarios mas interesados en ellas. Teniendo por divisa las palabras Ora y trabaja, su objeto no es otro que el de favorecer la prosperidad de las viñas y sus cultivadores. Así, todos los años envia comisionados á recorrer minuciosamente los viñedos del distrito, y en virtud de sus informes la congregacion discierne premios á los cultivadores que mas se distinguen y toma las medidas necesarias para mejorar el cultivo, ensanchar el comercio de vinos veveisinos y extirpar toda enfermedad ó mal que pueda atacar á los viñedos. No es ménos curiosa la Fiesta de los viñadores, que estos celebran cinco ó seis veces en cada siglo, en las épocas de grandes cosechas,—fiesta que, según nos contaron, ofrece las mas singulares escenas de costumbres, y tiene cierto carácter pagano que la hace muy original en la época presente.
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CAPITULO VII.
VAUD Y NEUCHATEL.
Losana y sus cercanías.—Sus monumentos é institutos.—De Losana á Iverdun.—Iverdun.—El lago de Neuchâtel.—El Canton.—Su historia.—Sus instituciones y productos.—El régimen comunal.—La ciudad de Neuchâtel.—Un panorama suizo.
El sol de la tarde brillaba con melancólica hermosura sobre las crestas de las montañas jurásicas y el lago y las campiñas riberanas, cuando nos embarcamos en el vapor Aigle y nos dirigimos hácia el puerto de Ouchy, costeando la ribera setentrional. Las brisas rizaban las ondas del lago, resplandeciente y lleno de murmullos deliciosos, como agitaban las guirnaldas de tupidos sarmientos en los viñedos de la costa; y en el fondo de ellos, á 100 metros de distancia, vimos destacarse cinco ó seis pueblecitos ó aldeas llenos de gracia en sus pormenores, y como descendiendo de sus suaves colinas en pintoresco desórden, para bañar en el lago los festones y las terrazas de sus alegres casitas. Cada uno de esos pueblecitos parece el original de uno de esos pesebres ó nacimientos tan populares en las sociedades españolas en el mes de Navidad.
Ouchy, pequeño caserío de la ribera, sombreado por hermosas arboledas y rodeado de quintas elegantes, jardines y parques, es el puerto de Losana. Allí mismo, ó á muy corta distancia, existió la antigua Lausanium, destruida en el año de 563 por el choque violento de las aguas del lago, producido por la caída de una montaña en la ribera opuesta. Los habitantes, aterrados, buscaron el sitio mas alto de la comarca vecina y en él fundaron á Losana, con increíble capricho, á tres kilómetros de distancia de Ouchy. Un ómnibus nos condujo inmediatamente á esa ciudad, por un amplio camino, que en realidad es una inmensa calle orillada por quintas suntuosas y terrazas, parques de espeso follaje y jardines cargados de perfumes.
La ciudad, cortada en el fondo por dos arroyos que se juntan en profundas ramblas, demora sobre tres colinas y sus faldas interiores y estrechos vallecitos intermedios. Así sus formas son tan irregulares y complicadas que llegan hasta la extravagancia. Sus calles, casi todas estrechas, oscuras, tortuosas y muy pendientes, forman un laberinto de cuestas que obligan á subir ó bajar en todo caso. No ha mucho la comunicacion entre las calles de las tres colinas era muy lenta y penosa; pero luego el magnífico puente Pichard (que reposa sobre una doble arcada y mide 180 metros de longitud, de una colina á otra), algunas calles que faldean esas colinas y los hermosos caminos de ruedas y paseos exteriores, han mejorado mucho la ciudad y facilitado el movimiento de las gentes y de los carruajes.
Nada mas extraño que el contraste que ofrecen los primorosos contornos de Losana (donde todo respira alegría y el horizonte se abre en derredor lleno de encantos), contornos que son enjambres de jardines y elegantes quintas, y el aspecto interior de la ciudad, feo y repelente en lo general, á pesar de algunos graciosos edificios modernos. Losana se compone de tres partes muy distintas, que revelan su orígen ó la época de su fundacion: la una, la mas alta, es la Cité ó Ciudad propiamente dicha, donde se establecieron en la edad media el obispo y los canónigos. Allí se hallan la Catedral, el antiguo palacio episcopal y el castillo fuerte de los viejos tiempos, ya desmantelado y trasformado. El aislamiento del pequeño mundo clerical era tan completo, que una muralla separaba la ciudad ó fortaleza eclesiástica del barrio aristocrático y el mercantil ó plebeyo. En aquellos tiempos en que la iglesia era militante y cada obispo un soberano mas ó ménos poderoso, el templo tenia por lo común el aspecto ó la posicion de una fortaleza, y cada canónigo tenia el aire de un combatiente.
Los nobles edificaron sus residencias sobre la colina de Bourg (la Villa), miéntras que los negociantes y plebeyos, los verdaderos ciudadanos, se establecieron en la ladera de San-Lorenzo y las honduras pantanosas de la Palud, formando el arrabal ó faubourg, es decir la falsa-villa. De ese modo, como dice un autor muy entendido en la materia, regían simultáneamente en la triple ciudad tres derechos: el canónico en la ciudad; el germánico en la villa noble; y el derecho popular ó revolucionario, preludio de la democracia, en los arrabales de la vecindad ó burgosía, organizados en numerosas cofradías, según las industrias, y regidos por las libertades conquistadas palmo á palmo en la lucha tenaz contra los señores feudales, y no pocas veces contra el alto clero tambien.
La reunion de las tres partes de Losana no se efectuó sino en 1481, y poco despues la ciudad entera se constituyó segun los principios de todas las ciudades libres de Suiza, gobernada por un gran consejo y aliada con Berna y Friburgo. Mas tarde la muralla divisoria desapareció enteramente, y así como la reforma religiosa niveló el derecho de las conciencias, nobles y plebeyas, las revoluciones políticas pusieron al pueblo en posesion de su soberanía.
En Suiza, país tan visitado por los excursionistas europeos, se encuentra á cada paso algun sitio que conserva el recuerdo de uno ó mas personajes célebres. Asi, el hermoso hotel Gibbon en que nos hospedamos, y cuya situacion es muy feliz para contemplar el panorama del Leman, ocupa el lugar de un antiguo jardin donde el ilustre historiador inglés de aquel nombre escribió, según afirman, en 1787, las últimas páginas de su bella «Historia de la decadencia y ruina del imperio romano». Voltaire se encantaba con su residencia en Losana, y allí se reunieron con frecuencia muchos hombres ilustres, tales como Fox, Mercier, Raynal, Servan, Brissot y Zímmermann. El extraordinario Byron, el bardo atrevido inspirado por la terrible musa del resentimiento y del orgullo herido, escribió, según cuentan, en dos dias, detenido en Ouchy, su magnífico poema del «Prisionero de Chillón.»
Si el tránsito por las calles interiores dé la ciudad es desigual y desapacible, á causa, de las subidas y bajadas, la tristeza de las callejuelas tortuosas y el aspecto poco agradable de la generalidad de los edificios, muy al contrario, el espectáculo que se domina desde los puntos culminantes de las colinas es encantador, sea que se abarque con la vista la extension del lago y de las montañas que lo rodean, coronadas á lo léjos de nevados, sea que se torne la mirada en derredor de la ciudad misma, por su risueño término, ó en direccion á los graciosos montes del Jorat. Todo ese país circunvecino forma un admirable paisaje, comprendido entre aquellos montes y el lago, repletos de viñedos y otras plantaciones y salpicado en todas partes de jardines y parques, huertos de simétrica verdura, quintas que reposan sobre elegantes terrazas, é innumerables casitas campestres que parecen desgranadas de los pueblos vecinos.
Losana tiene pocos monumentos importantes como obras históricas y de arte superior, pero no carece de todo interés bajo ese aspecto. Una gradería de 300 escalones de piedra, pendiente casi como una escala, conduce del centro de la ciudad á la cima ó pequeña alti-planicie donde tienen su asiento la Catedral, el Colegio académico (especie de Universidad cantonal), el viejo Castillo, resto de construcciones feudales, donde reside el Consejo de Estado, y las «Casas cantonales», donde se reune el Gran Consejo y funciona el Tribunal del Estado. Amigo como soy de las comparaciones y de buscar la significacion de los contrastes, confieso que me sentí encantado al recorrer esa pequeña alti-planicie, en cuyos edificios veia la prueba del progreso humano y de los triunfos de la democracia.
En efecto, la historia entera de los pueblos parece concretarse en la coexistencia actual de aquellos edificios. La catedral, símbolo del cristianismo, subsiste allí despues de nueve siglos, y representa la renovacion de las sociedades y la inmortalidad de los principios esenciales del cristianismo, puesto que, habiendo sido en sus primeros siglos catedral católico-romana, el pueblo la convirtió en catedral reformada, sin mas operacion que la de suprimir las imágenes y algunos símbolos. El templo queda siempre venerable, porque representa la libertad de la conciencia humana en su culto de adoracion al Ser Supremo, El castillo feudal, fundado para sostener la dominacion despótica sobre los pueblos, es hoy el asilo de otro poder, de un Consejo que ejerce la autoridad basada en la ley, inspirada por el derecho común, limitada por el deber y la opinion. Los bastiones y las otras obras de la antigua fortaleza clerical, donde un tiempo reinara la autoridad que se llamaba infalible y monopolizaba el saber, han desaparecido para dar lugar al Colegio académico, símbolo de la libre discusion y de la universalidad de la luz intelectual. En fin, ese pueblo que en un tiempo se viera reducido a sus pantanos del fondo de Losana, ha luchado sin tregua, y al fin, escalando la colina «sagrada», ha plantado en la cima su bandera y edificado su palacio, donde legisla el Gran Consejo en nombre de la soberanía, la libertad y la igualdad del pueblo.
La catedral es considerada con razón como una de las mas hermosas de Suiza, lo que no es mucho decir, sinembargo, porque ese país no brilla, en la generalidad de sus ciudades, por los monumentos de arquitectura superior. Sus mejores monumentos son sus montañas y sus lagos, donde el Suizo se manifiesta pastor y fabricante, libre, independiente, laborioso, honrado y sencillo. Aquella catedral, fundada en el año 1,000, construida en el siglo XIII y reconstruida en parte a principios del XVI, ofrece en sus formas y adornos el contraste de varios estilos de arquitectura gótica, Su mayor elevacion es de 60 metros, por 93 de longitud, y su forma es la de cruz latina, tan usada en las catedrales de la edad média. En una de sus torres (la que esta completa) contiene los archivos del Estado, y en el interior del templo se encuentran no pocas bellezas de escultura y algunas curiosidades históricas. Desde lo alto de la terraza (á 47 met. de altura sobre el suelo del templo) dominada por el beffroi ó torre-atalaya, se contempla uno de los mas bellos panoramas de Suiza.
En la parte baja de la ciudad se encuentra la Casa municipal, y no léjos de ella el Hospital cantonal, edificios importantes pero sin interés artístico. Losana es notable por sus numerosos institutos de enseñanza, beneficencia, etc., y entre los primeros es muy digno de atencion el mencionado Colegio académico. Este contiene cerca de 50,000 volúmenes en dos bibliotecas (la una cantonal y la otra de los estudiantes), un excelente gabinete de física, el museo cantonal (bien provisto y ordenado), la escuela normal, etc. Como se ve, la pintoresca Losana, cuyos habitantes muy simpáticos se distinguen por su moralidad y amabilidad, es bien digna de ser la capital de uno de los mas prósperos y estimables Estados de la Confederacion, que puede figurar como un modelo en Europa.
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De Losana a Iverdun el ferrocarril recientemente construido toca en cuatro ó cinco pequeñas localidades ó estaciones que carecen de todo interés; pero gira por en medio de campiñas pintorescas y risueñas (cortando los montes del Jorat) cuyo aspecto hace muy gratas las pocas horas del trayecto. Es un país accidentado por multitud de pequeñas colinas y suaves ondulaciones, que determinan una sucesion caprichosa de llanuritas y vallecitos llenos de lozanía, poblados de huertos, diversas plantaciones y bosques productivos, en cuyo fondo se destacan muy graciosamente las casas campestres del estilo peculiar de Suiza.
Se echa de ver que el bienestar reina en esas campiñas, al reparar la dulce y contenta fisonomía de los campesinos, la pulcritud y propiedad de sus vestidos, la belleza candorosa de las mujeres, la robustez algo rubicunda de los niños, el órden y holgura de las habitaciones, y el esmero con que son cultivadas las tierras. Y esas gentes, realmente sencillas, nada tienen de rústicas sinembargo: saben leer, escribir y calcular, en lo general, comprenden sus derechos y deberes civiles y políticos, y tienen esa conciencia de su personalidad que les viene de la libertad, del trabajo independiente y de las prácticas sencillas y austeras de la religion reformada. En el seno de esas poblaciones laboriosas el sacerdote es un hermano, un verdadero pastor, porque no domina ni explota las conciencias, tiene instruccion sólida, vive modestamente, sin aspiraciones políticas, ni á ser canónigo ni obispo, es padre de familia, y como tal sus intereses están en perfecta armonía con los de los ciudadanos.
Iverdun demora sobre la márgen derecha y una pequeña isla del Orbe, á muy corta distancia de la desembocadura de ese pequeño rio en el lago de Neuchâtel y al extremo de una fértil y bien cultivada llanura. Esa ciudad ha adquirido notable incremento de pocos años acá, a causa del ferrocarril que la comunica con Losana, Morges y Ginebra, que se acaba de ligar con otro que de allí gira por Neuchâtel en direccion á Solera y Basilea. Como la ensenada que forma el Orbe es el puerto de los vapores y las barcas de remolque ó vela que navegan el lago, el movimiento comercial de Iverdun es considerable. Compónese la ciudad de tres grandes calles paralelas, en su parte principal, y solo es notable en cuanto á su estructura por las formas extrañas y el color amarillento de las casas, y un antiguo castillo feudal flanqueado en sus cuatro esquinas por torreones de severo aspecto.
Iverdun esta rodeada de hermosas arboleda y paseos, y así tan pequeña como es (con solo 3.800 habitantes) se distingue por la posesion de una biblioteca pública, un colegio, un hospital, varias escuelas y casas de educacion y varios institutos de beneficencia y economía. En Suiza no hay una ciudad, por pequeña que sea, que no posea—como las mejores pruebas de civilizacion, fraternidad é interes por la cosa pública—estos elementos: una ó mas bibliotecas públicas, museo mas ó ménos surtido y ordenado, caja de ahorros, colegio, numerosas escuelas, hospital y hospicio. En vista de esto es fácil comprender por qué el pueblo suizo es uno de los mas honrados, libres é instruidos que se conocen, relativamente á la estrechez de su territorio, lleno de obstáculos, inhabitable en mucha parte y encerrado entre montañas en el centro de Europa.
Iverdun conserva piadosamente la memoria del célebre Pestalozzi, fundador del método de enseñanza primaria mas popular y fecundo: hombre pobrísimo (como casi todos los grandes benefactores) cuya vida fué una serie de actos de abnegacion en obsequio de la infancia ignorante y desvalida. Fué en esa humilde ciudad donde Pestalozzi ensayó y probó durante muchos años la excelencia de su método; y todavía subsiste allí una casa de educacion dirigida por uno de sus discípulos.
En Iverdun nos embarcamos á bordo de un bonito vapor para surcar el lago hasta Neuchâtel. Sus ondas de color verde claro son bellísimas, aunque no comparables con las del Leman. La ribera del lado derecho ó N. E. es triste y desapacible, y en sus rocas abruptas y elevadas, de estratificacion caliza, que las ondas golpean con violencia, se ve casi reinar la soledad, porque los puertos son rarísimos y la poblacion escasa. Pero del lado S. O. el aspecto de la ribera y las colinas y montañas circunvecinas es pintoresco y animado. Por allí gira el ferrocarril de Neuchâtel, cuya construccion ha exigido en muchos trechos costosos trabajos de mina en las rocas, ó nivelaciones entre las ondas del lago. Desde sus playas cascajosas el terreno se levanta en planos inclinados y muy ondulosos, enteramente cubiertos de viñedos; pequeñas y graciosas poblaciones lo salpican[17] situadas sobre la ribera, y luego, elevándose en una sucesion de colinas mas ó ménos empinadas y rocallosas, va á confundirse con las montañas del Jura, cuyos mas bajos estribos y contrafuertes bajan hasta el lago mismo arrojando por sus hondas ramblas algunos arroyos. Esas montañas tienen un aspecto infinitamente ménos majestuoso que las alpinas, siendo mas bien risueñas por sus menudas formas y vegetacion variada.
[17] La mas notable es la villa de Grandson, perteneciente á Vaud, que tiene 1,500 habitantes.
El lago de Neuchâtel (en aleman Neuenburger-See) da riberas á cuatro cantones circunvecinos: Vaud, Neuchâtel, Berna y Friburgo; mide 27 kilómetros de longitud de sur á norte, por 6 de anchura, y contiene de área 242 kilómetros cuadrados. Su profundidad es considerable, pero no excede de 150 metros; y es muy notable por sus frecuentes y violentas borrascas, bastante peligrosas para la navegacion porque son casi siempre repentinas y los puertos carecen de abrigo.
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Antes de hablar de la ciudad de Neuchâtel, una de las mas graciosas de Suiza (aunque casi todas demoran á orillas de lagos ó de rios, en situacion muy pintoresca), resumiré las mas importantes nociones relativas al Canton ó Estado. El territorio neuchâtelés se extiende en su region baja sobre las dos terceras partes de la ribera occidental del lago, y siguiendo la orilla izquierda del rio Thiele, que es el desaguadero de aquel, abarca una pequeña porcion de la ribera tambien occidental del vecino lago de Biena (Bienne), que es en cierto modo la reproduccion reducida del de Neuchâtel. De resto, el Canton se extiende sobre las tres cadenas paralelas del Jura, y aunque contiene algunos estrechos valles intermedios es esencialmente montañoso. Parte límites al O. con Francia, al S. con el canton de Vaud, al N. con el de Berna, y al E. tiene el lago de por medio respecto del canton de Friburgo. Su mayor longitud es de 43 kilómetros, su mayor latitud de 20, y contiene en su área 7,678 kilómetros cuadrados. La poblacion del Canton alcanzó en 1860 á 87,847 habitantes, incluyendo unos 15,000 suizos de otros cantones y mas de 3,000 extranjeros, la mayor parte franceses. La igualdad de lengua y religion (francesa y reformada) hace que Neuchâtel, Vaud y Ginebra formen un grupo de pueblos completamente análogos. En todos tres domina plenamente en las instituciones el radicalismo democrático, la industria es homogénea en tres de los ramos principales (fabricacion de relojes, produccion vinícola y corte de maderas), y las costumbres y el carácter y espíritu de los habitantes los hacen muy análogos. En realidad se pudiera definir á los Ginebrinos, Vaudenses y Neuchâteleses, llamándolos: Franceses serios. Si la religion reformada les ha inspirado el espíritu de independencia personal y creencia razonada y profunda, la república democrática los ha fortalecido en el amor á la libertad y el horror por el tutelaje oficial.
La historia del canton de Neuchâtel (Castillo-nuevo, nombre derivado de su orígen feudal) es tambien análoga á la de Ginebra y Vaud, en cuanto á los Francos, el antiguo reino de la segunda Borgoña, las luchas con los condes de Saboya y los Berneses, etc. A virtud de enlaces de familia de los antiguos dominadores de Neuchâtel y Valengin, la casa francesa de Orleans-Longueville poseyó el país como suyo hasta el principio del siglo XVIII. Extinguida entónces esa familia, presentáronse muchos pretendientes, y entre estos el pueblo neuchatelés (ya que por entónces ninguno podia vivir sin señor) tuvo el acierto de escoger al mas lejano, y por lo mismo el ménos, temible: el rey de Prusia, Federico I. Esta dinastía dominó suavemente el principado hasta el principio del presente siglo, en que hubo de cederlo al imperio frances. Napoleon, que entre otras habilidades tenia la muy famosa de regalar Estados y pueblos como cajas de tomar rapé, dispuso del país (en 1805) para constituírle un patrimonio al mariscal Berthier. El tratado de 1814 le dió á Neuchâtel-Valengin un carácter mixto, haciéndolo entrar en la Confederacion helvética como Estado ó Canton libre, y devolviéndolo en su gobierno interior al rey de Prusia. Desde esa época hasta 1848 gozó de una constitucion bastante liberal y benéfica; pero el interes de la independencia arrastró al pueblo neuchâtelés á la revolucion general de ese año; no sin que ántes, en 1831, hubiese estallado una insurreccion que fué reprimida por los Prusianos.
El pueblo se dió en 48 una constitucion democrática ó radical, y aunque el rey de Prusia continuaba llamándose príncipe de Neuchâtel y reclamando sus pretendidos derechos (anulados por el mismo pueblo que se los concediera en 1707) la independencia del Canton era efectiva de hecho y tenia que serlo. En 1857 se suscitó una grave cuestion diplomática que amenazó producir la guerra entre Prusia y Suiza; pero las grandes potencias intervinieron, Francia ofreció su mediacion, y aunque el rey de Prusia conserva su vano título de «príncipe de Neuchâtel,» como otros se llaman «reyes de Jerusalem,» la absoluta autonomía del Canton, como Estado federal, quedó reconocida. El pueblo votó directamente la Constitucion en 1858, y esta rige en el país á satisfaccion de sus habitantes.
Conforme á ella el pueblo es soberano, y se gobierna por sí en los negocios comunales y por el sistema representativo en los generales del Canton, siguiendo reglas análogas á las de Ginebra y Vaud. Todos los ciudadanos son hábiles para los empleos públicos, están sujetos al servicio militar y soportan las contribuciones con igualdad proporcional. La Constitucion abolió las antiguas regalías de los señores feudales, sin perjudicar á los propietarios de tierras, así como los títulos, privilegios y distinciones nobiliarias. Todos los ciudadanos son iguales ante la ley, y la Constitucion les garantiza la libertad absoluta de religion y culto, el derecho de peticion, asociacion, uso de armas y libre establecimiento en el Canton, la libertad de la prensa y la seguridad individual, con el domicilio, la correspondencia y la propiedad inviolables.
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El canton de Neuchâtel es esencialmente fabricante, en términos que su fabricacion es una de las mas valiosas del mundo, relativamente á su poblacion y territorio. En efecto, el Canton fabrica en sus tres centros principales, anualmente, cerca de 300,000 relojes de oro, plata, acero, etc., y un número muy considerable de péndulos, cronómetros y otros instrumentos análogos y de música, física y matemáticas. Tiene ademas numerosas fábricas de papel, telas de algodon impresas, cuchillería, artículos de hierro y cobre, encajes, guantes y otros objetos de bonetería. La sola industria de relojería (introducida en el país en el siglo XVII) ocupa á cerca de 11,000 obreros. La pequeña ciudad de Chaux-de-Fonds produce por sí sola mas de 250,000 relojes; el resto es fabricado en Locle y Neuchâtel.
En seguida de la fabricacion figuran en considerable valor los productos de las viñas (vinos blancos muy suaves y estimados), de la extraccion de maderas en los extensos bosques de las montañas (pinos, abetos, hayas y encinas), de la cria de ganados muy apreciables, en las praderas naturales, y del cultivo de cereales, árboles frutales, etc. El comercio es activo, y el Canton no solo tiene la navegacion de los lagos y buenas carreteras, sino que mantiene comunicaciones hácia Francia y los demas cantones por medio de cuatro ferrocarriles.
Los principales centros del Canton, como he indicado, son: Neuchâtel, la capital, que cuenta unos 10,300 habitantes,—ciudad donde tiene su foco el pequeño partido conservador ó aristocrático; Chaux-de-Fonds, con 14,500, (bonita ciudad que es el centro del radicalismo y de la prensa activa del Canton, y el que sostiene mas extensas relaciones con Francia), y Locle, que tiene 8,800 habitantes. Así, tres localidades nomas reunen el 38% de la poblacion cantonal, hecho que se produce en mayor ó menor proporcion en todos los Estados manufactureros ó fabricantes, donde es inevitable la concentracion de grandes masas de obreros, sobre todo cuando las tierras son escasas ó están en pocas manos. La altura de esas tres ciudades es muy diversa: así, la de Neuchâtel sobre el nivel del mar es de 480 metros en su parte mas alta; miéntras que Locle y Chaux-de-Fonds, situadas en la region montañosa, tienen respectivamente 921 y 1,000 metros de elevacion.
Locle fabrica principalmente relojes y encajes. Chaux-de-Fonds es una ciudad de considerable movimiento y que no pocas veces ha sido el asilo, como Ginebra, de franceses proscritos. Allí se oye sin cesar el ruido de mil martillos y todo es actividad en los talleres y forjas. Acaso sus mayores progresos y su rara perfeccion y prontitud en la fabricacion dependen principalmente de la division del trabajo, llevada allí hasta sus últimas consecuencias. Cada obrero trabaja en una sola operacion, mas ó ménos sencilla, de manera que un péndulo ó reloj representa el concurso de centenares de obreros. Estos trabajan en sus casas por tarea, con taller ú obrador propio, sin descuidar á sus familias y aprovechando el concurso de estas. Su independencia personal es tan evidente como su moralidad. Y sinembargo de esa independencia y division, como un reloj se compone de tan numerosas piezas, su complicacion misma establece la solidaridad ó comunidad de intereses de todos los obreros. Acaso uno de esos relojes es la mejor manifestacion de esa verdad profunda de la armonía de las cosas y las sociedades, que concilla y hace coexistir perfectamente la personalidad del hombre y la solidaridad social, donde quiera que la libertad permite y favorece la plena accion de esa ley de la naturaleza.
En efecto, de esa situacion resulta en Chaux-de-Fonds este hecho notable: que en todo caso una crísis comercial ó industrial afecta igualmente á todos los empresarios y obreros, haciendo comun la desgracia, lo mismo que en los años de prosperidad la ventaja es comun. De ese modo el capital no puede dar la ley al salario, ni viceversa, y sus relaciones son las del interes legítimo fundado en la libre competencia y la independencia y dignidad del trabajo.
Es aquí el caso de indicar un rasgo característico de muchos de los cantones, ó casi todo el pueblo suizo, que ofrece el medio de dulcificar la situacion del obrero en los tiempos de crísis. En Suiza la organizacion política ha seguido el movimiento lógico y natural de las leyes que presiden á la conglomeracion social,—muy al contrario de Francia y otras naciones donde el Estado, absorbiéndolo todo, ha hecho del distrito (que es la realidad) una ficcion puramente administrativa, y de la nacion una causa en vez de un efecto. En Suiza, el comun ó distrito es mas que la base fundamental de la sociedad política, es la sociedad misma. Los distritos, gozando de su autonomía primitiva y natural, se han aglomerado para fortalecerse, formando el Canton ó Estado, y no para limitar ó abdicar su vitalidad propia. Los cantones, despues de muchos años y aun siglos de plena soberanía, armonizando sus intereses bajo el punto de vista de la nacionalidad, se han confederado para estrechar y simplificar sus relaciones, asegurar cierta solidaridad y hacerse respetar como una potencia. Pero en realidad la vida del ciudadano suizo está en el distrito comunal. Es allí donde él se siente realmente soberano (en su parte respectiva), adherido á la sociedad por derechos, deberes é intereses, y miembro activo de una confraternidad.
Los derechos y deberes políticos que se refieren á la Confederacion son comunes en toda ella, sin distincion de domicilio; pero el suizo de Zuric, Berna ó Ginebra, aunque ligado al de Chaux-de-Fonds por esos vínculos, es realmente extraño á la comunidad neuchâtelesa, en tanto que no acepta el compromiso local. Allí el vecino comunal es mucho mas que el ciudadano confederado, porque los vecinos constituyen verdaderamente Una familia. Cada cual tiene el deber de la residencia ordinaria, de servir al distrito de cierto modo, contribuir constantemente para el fondo comun de socorros ó aseguros mutuos. Y cada cual tiene el derecho, en caso de enfermedad, invalidez, miseria ó falta de trabajo, de obtener la proteccion directa y eficaz de la comunidad. Así, cada uno de esos distritos es en rigor y por sí solo una república democrática, libre en su vida interior, al mismo tiempo que una asociacion de aseguros mutuos; sin que eso obste para que los ciudadanos se interesen vivamente por la prosperidad del Canton y la Confederacion.
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La ciudad de Neuchâtel, situada en la desembocadura del Seyon, demora en la falda de una montaña considerable y montuosa que es uno de los mas grandes contrafuertes de la cadena oriental del Jura, y se levanta en graciosos anfiteatros, despues de cubrir una angosta faja de terreno llano sobre la ribera del lago. Pocas ciudades he conocido en Europa tan pintorescas y llenas de capricho como Neuchâtel, que algunos comparan por su situacion á Nápoles. Ceñida en la ribera por lujosas arboledas, que al mirarse en las ondas sombrean las playas y terrazas, y coronada en la parte superior por las guirnaldas de sus lindos jardines y los tupidos festones de sarmientos, parece una ciudad de casas de baños y de recreo sembrada en el fondo de un jardin, rica en colorido y arrullada por los rumores del lago y las brisas generosas de las montañas que la dominan.
Y sinembargo, si se observan los rasgos particulares, recorriendo el interior, se encuentran dos tipos diferentes. En la parte llana, á lo largo de la ribera, hallais alegres puertos á donde llegan numerosos barquichuelos; en uno de aquellos humean las chimeneas de los vapores y se amontonan las barcas veleras y de remolque, repletas de mercancías. Allí veis calles espaciosas, limpias y bien niveladas, casas elegantes, bonitos hoteles, edificios monumentales, tiendas vistosas y cafés bulliciosos, en fin, la ciudad moderna y confortable. Si echais á andar hácia los arrabales, encontrareis las calzadas que sirven de carreteras y paseos, orilladas por bellísimas quintas en que el gusto artístico de la arquitectura hace juego con la magnificencia de los jardines y la gracia de los pequeños parques.
Si penetrais en la parte antigua, que arranca en la base misma de la montaña y se eleva en desiguales escalones, encontrareis calles de severo aspecto, callejuelas tortuosas y pendientes, construcciones de estilo semi-gótico, los talleres de la industria, fuentes tradicionales de extraña forma y coronadas por gigantes de piedra muy característicos, representando soldados del siglo XV armados hasta los dientes. En fin, en la cima de una colina rocallosa, el viejo castillo feudal, curioso monumento establecido en el siglo XIII por uno de los condes Bertoldos, y casi á su lado la catedral (la fortaleza del clero), edificio de estilo gótico del segundo período, fundado en el siglo X y reconstruido en el XII.
Aparte de esos monumentos curiosos, Neuchâtel tiene varios modernos que son bien estimables por su arquitectura y su objeto. Citaré entre estos la hermosa Casa municipal, el Hospital de la ciudad, el de Pourtalès (del nombre de su fundador), de servicio universal, el Templo-nuevo y el Gimnasio. Este contiene el colegio cantonal y un bellísimo museo particularmente curioso por sus colecciones suizas de historia natural, en que los animales figuran en la actitud de la vida y según sus costumbres. Esa pequeña ciudad (que ha producido artistas muy notables, como Calame, Moritz y Osterwald, especial en la construccion de panoramas en relieve) contiene colecciones particulares de pinturas que son muy estimables; y se hace notar ademas de lo que llevo indicado, por sus dos bibliotecas públicas, su escuela normal, su excelente caja de ahorros, las sociedades Bíblica y Filarmónica, y numerosas escuelas gratúitas y establecimientos de beneficencia y crédito.