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Viajes de un Colombiano en Europa, segunda serie cover

Viajes de un Colombiano en Europa, segunda serie

Chapter 16: CAPITULO X.
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About This Book

El autor recorre detalladamente Suiza, Saboya, la región del Rin y Bélgica, ofreciendo descripciones orográficas de lagos y valles, reseñas históricas y análisis de instituciones cantonales, y panoramas urbanos de ciudades como Ginebra, Berna, Zúrich, Basilea, Heidelberg, Francfort, Colonia, Amberes y Bruselas. Combina observaciones naturales —glaciares, ríos y lagos— con notas sobre costumbres, industria, agricultura, navegación y vida social, además de reflexiones sobre la civilización moderna y escenas de viaje, instituciones culturales y monumentos. La obra organiza impresiones por regiones y localidades, mezclando información práctica y curiosidades anecdóticas.

CAPITULO X.

LA REGION DEL OBERLAND.

De Berna á Thun.—Una reflexion sobre la civilizacion moderna.—La villa de Thun.—Magnificencias de su lago.—Unterseen é Interlaken.—El tipo de las paisanas.—El Lütschina.—Grindelwald.—Las neveras y sus grutas.—Escenas sociales.—La vida campestre.

Al tomar el tren que debia conducirnos por el ferrocarril que gira de Berna á Thun, atraidos por el interes del Oberland y sus lagos, fuímos agradablemente sorprendidos por un sistema de wagones ó carruajes que no conocíamos aún, y que mas tarde hallamos adoptado en otros cantones suizos, así como en Wurtemberg y otros Estados alemanes. Era simplemente la aplicacion, en pequeña escala, del sistema de comunidad democrática que, como es sabido, existe en los ferrocarriles de los Estados Unidos de América. En Berna los wagones suntuosos de Alemania, llamados de primera clase, no tienen cabida, y casi todas las gentes de buena sociedad entran en los de segunda. Estos son wagones inmensos, con dos filas de asientos arreglados como las bancas de un teatro, separadas por un pasadizo por donde circulan los viajeros y los empleados conductores que mantienen la vigilancia. En vez de los ocho ó diez viajeros que van encerrados en los wagones de Francia, Inglaterra, etc., en Suiza se reunen cuarenta, cincuenta ó mas en un solo carruaje, y el viajero curioso de observar el país puede salir a la pequeña plataforma que se halla entre cada dos wagones y desde allí contemplar con arrebato ú embeleso las magnificencias del paisaje. El sistema de ese viaje en comun tiene la doble ventaja de mantener la vigilancia de los conductores, á fin de que los viajeros no cometan imprudencias, y que no puedan ocurrir desórdenes y crímines como los que han tenido lugar en muchos ferrocarriles de Europa; y la de establecer entre los que viajan cierta familiaridad cortés y pasajera que hace mas entretenido el viaje y permite el cambio de noticias y observaciones instructivas.

Sinembargo, es preciso reconocer que tal sistema sería inaceptable en los viajes largos ó de mas de cinco horas, en los cuales el viajero desea tener independencia y, al sentirse fatigado, reposar con comodidad. La promiscuidad de los grandes wagones no se acomoda en rigor sino á las costumbres democráticas, y bajo este aspecto me pareció perfectamente suiza. Confieso que el incidente, fútil en apariencia, me dió lugar á una reflexion que, en mi concepto, contiene toda la síntesis de la civilizacion. El ferrocarril, el periódico, el buque de vapor, el telégrafo eléctrico, las exhibiciones industriales, artísticas, etc., y los congresos científicos internacionales, son evidentemente los símbolos ó caractéres distintivos del presente siglo, puesto que en el fondo no significan sino libre competencia, comunidad de intereses, publicidad y cosmopolitismo. La universalidad es, pues, la condicion esencial de todas esas manifestaciones del progreso.

Pero es evidente que si la universalidad hubiese de llevar consigo la uniformidad, la civilizacion se hallaría estancada en breve por falta de personalidad en cada uno de los grandes grupos humanos, y que el espectáculo del progreso se haría tristemente monótono. A ese mal se opone la libre accion de los pueblos, felizmente, y es por esto que la libertad de todos los pueblos interesa mucho á la humanidad entera. En efecto, cada pueblo, según su genio particular, sus recursos y las condiciones de su territorio, se sirve á su modo del instrumento universal de progreso, dándole su fisonomía propia y local; y es de la múltiple y simultánea aplicacion de tantas fuerzas desiguales que resulta la grande armonía de la civilizacion. Así, todos los pueblos civilizados tienen periódicos, es decir, un instrumento comun y universal, pero cada cual les da á los suyos un estilo, una forma y tendencia que lo revelan y le conservan su fisonomía propia, su personalidad. Todos viajan por ferrocarriles y en vapores, pero cada pueblo, según su índole y su territorio, adopta el sistema parcial que mejor le conviene, sin que por eso desaparezca ó sufra la armonía general. ¿No es muy interesante y bello este fenómeno? Por mi parte, á despecho de los que vierten tantos improperios contra el materialismo y la indiferencia del presente siglo, admiro y bendigo en él la creacion venturosa de la alianza entre el cosmopolitismo humano y la personalidad de los pueblos, y entre esta y la del individuo.

Que el lector me disimule esta digresion, de que no he podido prescindir ántes de decirle que de Berna á Thun, remotando el risueño valle del Aar central ó sub-lacustre, el viajero se siente subyugado por el encanto indefinible que atesora la Suiza central. El rio serpentea con rapidez como una inmensa y tortuosa veta de lázuli entre festones de graciosa y límpida verdura; las planicies se desarrollan en mil ondulaciones primorosas; las praderas, los bosques y las plantaciones alternan formando como interminables é irregulares tableros de damas; los caseríos, las aldeas y los rústicos cortijos se destacan donde quiera en pintoresca diseminacion; y bajo un cielo de verano, admirablemente sereno en algunos dias y mas azul que el de las regiones bajas de Europa, se contempla con arrobamiento ese mundo de colosos de hielo, semillero de rios y torrentes, de lagos y cataratas, salpicado de formidables torreones de granito levantados por el arquitecto invisible y divino, y ceñido por anchas fajas de vegetacion sombría y terrazas y anfiteatros admirables, que se llama el Oberland bernés.

En dos horas llegamos á la villa de Thun, asentada graciosamente sobre las márgenes del Aar al pié de una montaña ó colosal peñasco que tiene el mas romántico aspecto. No era nuestro ánimo detenernos en Thun, villa que cuenta mas de nueve siglos de existencia, y que no carece de interes por las excursiones á que convidan sus cercanías. Haré notar solamente á propósito de ese lugar, por donde no hicimos mas que pasar, que teniendo apénas 3,400 habitantes (todos reformados) posee una biblioteca de mas de 7,000 volúmenes con numerosos é interesantes manuscritos, excelentes escuelas, un hermoso hospital y otras ventajas análogas. Esto es característico de Suiza, donde bajo las formas de lo pequeño se encuentran donde quiera las mejores cosas de la civilizacion, gracias á las inspiraciones que la libertad ha dado al genio nacional, y al espíritu de emulacion desarrollado por la autonomía federativa y municipal de los pueblos.

* * * * *

En el puerto del Aar, situado en el centro de la villa, tomamos el vapor que debia conducirnos por el lago de Thun hasta el pintoresco istmo interlacustre donde demoran Unterseen é Interlaken. Despues de algunos minutos de navegacion remontando el rio, por en medio de primorosas quintas y hoteles que orillan y dominan las dos márgenes, penetramos al lago. Confieso que no tenia idea de la suprema hermosura semi-salvaje que se desarrolla sobre el estrecho horizonte de la cuenca del lago. Verdad es que en Suiza se anda de sorpresa en sorpresa. El conjunto parece tener ciertas formas generales que se resumen en montañas y nevados, rios y lagos, cascadas y torrentes, praderas y chalets, risueñas campiñas y graciosas ciudades y aldeas; y sinembargo, no hay dos objetos de esos que se parezcan: la diversidad de aspectos y formas es infinita, y esto es precisamente lo que difunde el encanto en toda la Suiza.

Los lagos de Ginebra y Neuchâtel nos habian parecido muy bellos é interesantes bajo todos aspectos; pero en ellos hay no sé qué de civilizado, de regular y cadencioso, que agrada mucho pero no sorprende. En los lagos de Thun y Brienz la naturaleza es áspera, sombría y de una melancolía grandiosa. Allí se siente el soplo de las neveras mas penetrante; los rumores son mas acentuados; las cuencas de los lagos tienen, permítaseme la expresion, mucho de personal, privativo y soberanamente original. Así como los lagos Leman y de Neuchâtel tienen un aspecto frances, los de Thun y Brienz lo tienen aleman. Se echa de ver, aunque no se supiera, que las aguas del Leman están destinadas á regar un país frances y perderse en un mar meridional ó latino; miéntras que las del Aar, pasando por románticas cuencas, han de llevarle su tesoro al Rin, el gran rio germánico, y al mar del Norte, como símbolo de esa grande y bella raza alemana, soñadora, individualista, profundamente original, semi-salvaje por su carácter y encumbrada y nebulosa por su espíritu.

Mide el lago de Thun, desde su extremo superior en la isla de Wissenau hasta el inferior, donde se destaca entre magníficos árboles el elegante castillo moderno de Schadau, una longitud de 18 ½ kilómetros por 3,606 metros de anchura, y tiene en su mayor profundidad 234 metros. Sus brisas son variables pero generalmente tranquilas; su altura sobre el nivel del mar es de 586 metros, y sus aguas son de un color verde-azul muy hermoso. En el lago de Thun como en el de Brienz se observa el mismo fenómeno de coloracion que en el Leman, aunque en distinto grado. En efecto, ademas de 19 torrentes, casi todos cristalinos, que recibe en sus márgenes el lago de Thun, su caudal se acrecienta por la ribera izquierda con las aguas muy turbias del Kander y el Simmen reunidos, rios algo considerables que descienden, por estrechas gargantas y angostos valles, de las neveras situadas al sur del grupo resplandeciente de Jungfrau. Pero todas esas aguas, turbias como las del Aar en la region superior, pierden su tinta cenicienta al confundirse en el magnífico recipiente de granito que las trasforma en tranquilas ondas de esmeralda azulosa.

El espectáculo es tranquilo, imponente y completamente rústico. No obstante la irregularidad de los contornos, casi se domina toda la extension del lago de un extremo al otro, y el viajero sorprendido que surca las dormidas ondas á bordo de un vapor, por el centro del valle líquido, se siente rodeado por la majestad de una naturaleza pomposa en su conjunto y alternativamente risueña ó severa en sus rasgos. En derredor se alza un cerco de peñascos abruptos, unos escalonados, otros unidos en poderosas cuchillas, altas montañas arrugadas y ásperos y enormes bastiones de titanes. La cuenca es tan cerrada que apénas deja ver un pedazo del cielo, al mismo tiempo que por entre el abra determinada por el valle del Aar se ve la espléndida mole de Jungfrau reverberando como una inmensa urna de plata….

Pero ese poderoso cerco de montañas graníticas que arrancan desde las ondas mismas, donde bañan sus piés para elevar sus crestas y picos á considerables alturas, tiene un aspecto en que todo interesa, en que lo salvaje y rudo se combina con lo gracioso y apacible. Arriba se ve asomar unas veces la calva cabeza de una roca formidable por entre las grandes manchas formadas por los bosques de abetos que remedan las naves sombrías de las catedrales góticas. Mas abajo las faldas aparecen á trechos cubiertas con las alfombras frescas y tupidas de algunas praderas, ó de repente se ve una rambla estrecha y profunda por cuyos agrios peñascales se precipita algun torrente, saltando de roca en roca en luminosos torbellinos de perlas y espumas y regalando á las brisas su eterno concierto de salvajes rumores. En fin, hácia las márgenes se ven donde quiera graciosísimas aldeas, unas trepadas como centinelas del lago sobre el recuesto de alguna loma, otras sobre la ribera misma, adormecidas á los suspiros de las ondas, á la sombra de algun peñasco enorme, en el fondo de un puertecito en miniatura donde se balancean suavemente algunos barquichuelos toldados con telas de color azul.

Ningún ruido se escapa de esas aldeas donde la vida parece deslizarse en eterna paz, en la dulce calma de la humildad que nada ambiciona. Así, es vivísimo el contraste que hacen con aquel silencio sublime los silbidos prolongados y agudos de la válvula del vapor, al acercarse a algun puerto, los ecos de la música, producidos por una pequeña banda de aficionados, y las conversaciones á bordo entre gentes de todos los países y de diversas condiciones, explicando sus impresiones simultáneamente en las lenguas de Cervantes y Voltaire, de Milton y Goethe, de Dante y Camoens, en medio de aquel paisaje que tiene todo el sello de una originalidad, solemnidad y rusticidad eminentemente poéticas….

* * * * *

Desembarcamos en Neuhaus, á poca distancia de la desembocadura del Aar, y allí tomamos un cochecito que nos condujo en veinte minutos á Interlaken, pasando por Unterseen, situado en el centro del valle de Baedeli, es decir del istmo que media entre los lagos de Thun y Brienz. Unterseen, pequeña villa de cerca de 1,400 habitantes, que despues recorrimos á pié, no ofrece particularidad ninguna, si bien son curiosas algunas de sus viejas casas de madera de un aspecto que el tiempo y el humo de los hogares han hecho casi sombrío. Es en el extremo superior ó el arrabal de Aarmuhle que comienza la porcion del valle verdaderamente bella, donde se halla el grupo de semi-palacios, tiendas graciosas y jardines que se llama Interlaken (Entre-lagos).

Tal parece como si lo que hay de mas culto y elegante entre los excursionistas de Europa se hubiera dado cita para ir á encontrarse durante algunos dias de cada verano en aquel lindo sitio, que parece un pedazo de algunos de esos elegantes arrabales compuestos de palacios y quintas que se ven en los alrededores de Lóndres, Paris y Berlin. En efecto, desde la salida del arrabal de Aarmuhle comienza una hermosa alameda que va á terminar en el puerto de los vapores del lago de Brienz, compuesta de dos filas de magníficos olmos y nogales, detras de las cuales se extienden lustrosas praderas y se destacan formando calle veinticinco ó treinta hoteles de construccion elegante, rodeados de jardines, terrazas y pabellones de verdura; hoteles que alternan en su larga fila con numerosas casitas de artístico aspecto, donde el viajero encuentra tiendas de perfumería y objetos de viaje, armas y una gran profusion de pequeños museos compuestos de vistas de tipos y paisajes, curiosidades alpestres, cristales tallados, juguetes y muebles nacionales trabajados con madera, hueso, marfil, cuerno, etc., y curiosas muestras de los bordados y tocados del país.

Cada uno de esos hoteles está siempre repleto de viajeros que se suceden y renuevan sin cesar, llegando de todas las comarcas de Europa y dispersándose en direcciones diversas; y por la gran alameda como por los jardines y prados vecinos circulan sin cesar los alegres y apuestos grupos de viajeros, ya visitando las tiendas para comprar curiosidades; ya paseando á caballo ó en ligeros cochecitos en solicitud de los admirables paisajes de las montañas vecinas; ya haciéndose recíprocas visitas, yendo al tiro de carabina, ó dirigiéndose por las mañanas á la elegante Casa de conversacion á tomar los zueros medicinales, ó por las noches á bailar, divertirse, y no pocas veces amontonarse, á horas avanzadas, al derredor de la carpeta verde, plaga inevitable de casi todos los sitios á la moda en Europa durante los veranos.

Es curioso ver el contraste que forman allí los acicalados dandys ingleses con los paisanos berneses, y los vestidos encantadores de las hijas del país, llenos de gracia, candor y originalidad, con los ampulosos y espléndidos trajes de seda ó de ricos linones que arrastran allí las leonas de Lóndres y Paris, barriendo el suelo con sus colas pontificales, y ofreciendo al viento de los nevados solitarios materia para trabajar con brio en las monumentales crinolinas. Se ha dicho siempre que los hombres se revelan comiendo y jugando; y en verdad que nada es mas propio para juzgar á las razas europeas, en su conjunto, que uno de esos banquetes ó comidas de table d'hôte que ofrecen los grandes hoteles, sobre todo en Interlaken, á orillas del Aar, en medio de dos preciosos lagos y ante la majestad de las montañas y los nevados del Oberland.

La mesa, muy buena y barata en Interlaken, estaba espléndidamente servida, en el hotel de los Alpes, donde nos habíamos hospedado, y mas de 150 personas teníamos asiento allí. Se hablaba en todos los idiomas y aun en dialectos, pero el inglés y el frances estaban en enorme mayoría.

Los Ingleses sobre todo tienen particular predileccion por Interlaken. Los franceses trataban de política ó referian sus excursiones, riendo con llaneza y hablando ruidosamente y casi todos á un tiempo, pero siempre corteses, galantes y procurando agradar, por instinto y hábito. Los ingleses, ó guardaban un silencio desdeñoso, como si estuvieran fuera de su esfera, ó comian mucho y bebian mas, sin hacer caso de nadie ni preocuparse con ninguna galantería, ó conversaban sobre cosas profundamente insustanciales; pero unos y otros querian ser los primeros servidos en todo caso y ponderaban candorosamente el gusto de todo plato con su inevitable very nice que les sirve para lodo. Es curioso observar que el Inglés en todo país extranjero tiene el privilegio de mirar, with reluctance, todo lo social, y encontrar que toda cosa comible es very nice y todo objeto físico, aun la piedra mas insignificante, very beautiful indeed.

Nada nos agradó tanto en esas horas de banquete ó mesa comun como el gracioso tipo de las mujeres que servian, pues en Interlaken el servicio de la mesa es femenino y esta proscrita la peste de los garçons vestidos de baile, tiesos y ceremoniosos como dandys de cocina. La linda muchacha bernesa que servia la parte de la mesa en que nos hallábamos tenia el tipo mas simpático y se nos grabó mucho en la memoria. Que el lector me permita retratarla, y tendrá idea de las paisanas de Interlaken, semejantes en lo mas notable á las del resto del canton de Berna.

Era la chica una apuesta jóven de 22 á 24 años, sencilla, candorosa y muy servicial, de mediana talla, pelo de un rubio casi amarillento, cara ovalada, fina y sonrosada, ojos de un bello azul oscuro, grandes y tímidos, nariz delicada y preciosa boca. Su complicado y elegantísimo vestido, que era el del país, se componia de una camisa de muselina muy blanca, sin cuello, graciosamente plegada en el pecho, con anchas mangas abombadas hasta la mitad de los brazos; un corpino de seda violeta con ribetes azules, abotonado por delante y muy avanzado hácia abajo, llegando solo hasta la altura de la mitad del pecho y la espalda, y sujeto con unas cadenas de plata en forma de calzonarias; estas se desprendian de los hombros, por dos piezas de seda azul que los cubrian, y caian pendientes hasta abajo de la cintura, sobre enaguas muy plegadas y nada ampulosas, de una especie de muselina de color de castaña, que salian debajo del corpiño. Agregad á eso un lindo chal de listas azules atado al cuello en forma de corbata con el nudo atras, una rosa natural prendida del borde superior del corpiño, un espeso moño de hermosas trenzas ceñido por una ancha cinta negra en forma de corona, dos redes de seda negra en los brazos atadas con cintas arriba de los codos, bajando hasta los puños y dejando ver la redondez y la frescura de esos miembros, y en fin un par de botines calzando sencillamente dos piés enanos: agregad esos pormenores, digo, y tendreis completo el atavío de una paisana de Interlaken.

* * * * *

Entre las diversas excursiones muy interesantes que se pueden hacer hácia las montañas nevadas, tales como las de Grindelwald, Lauterbrunnen, Kandersteg, etc., escogimos la primera, esperando, no sin razón, encontrar variadas y muy gratas impresiones. El camino, que es carretero, aunque difícil y muy pendiente cuando trepa las montañas, atraviesa el valle, y pasando por delante de tres ó cuatro aldeas rodeadas de bosques y vergeles, casi por el pié de una colina donde se destacan aún las ruinas del castillo de Unspunnen, penetra al estrecho valle del Lutschine, riachuelo que desciende á saltos, atormentado y espumante, por un lecho de grandes rocas y peñascales. En breve el valle se va estrechando entre empinadas y ásperas montañas de salvaje aspecto, donde descuellan cien picos abruptos entre bosques magníficos de abetos, y el viajero contempla con arrebato sucesivamente los soberbios nevados de la Jungfrau [19], del Monch, el Eiger y el Wetterhorn.

[19] La Jóven Doncella: llamado así porque hasta 1811 nadie habla podido escalarlo y hollar sus blanquísimas nieves.

Despues se encuentra la confluencia de los dos riachuelos del mismo nombre de Lütschina, llamado el uno blanca (Weisse), que baja de las alturas de Lauterbrunnen, y el otro negra (Schwarze,) que desciende, por la derecha del Eiger y su base, de las neveras de Grindelwald. Pasamos el ruidoso riachuelo y comenzamos a subir lentamente, por encima de la márgen derecha del Lütschina negro, la cuesta que conduce al alto vallecito objeto de nuestra excursion. Confieso que jamas en mi vida habia experimentado tan suprema felicidad como en aquellos momentos. Tenia delante y en derredor todas las hermosuras de una naturaleza severa, salvaje, grandilocuente por sus rumores y su aspecto, deslumbradora y preñada de infinita poesía; y á mi lado, soñando despierta como y o, la mujer adorada, la compañera y el ángel guardián de mi vida….

El cochero nos parecía invisible; creíamos que alguna fuerza nos arrastraba como por encanto: tal era el embeleso de nuestra completa contemplacion de la naturaleza. A cuántos séres no habrá hecho dichosos la admirable Suiza! Habíamos olvidado enteramente la sociedad y sus pasiones, sus luchas, miserias y pesares, y solo sentíamos nuestras almas empapadas de amor y de ese sentimiento infinitamente religioso que se llama la adoracion de lo bello y lo sublime….

La cuesta caracoleaba por entre lomas y peñascos, en el centro de una angosta garganta formada por colosales y desnudas moles de granito, cercadas en sus bases por bosques seculares de abetos. De trecho en trecho encontrábamos algun rústico chalet solitario aguardando que el otoño hiciese volver sus habitantes, ó veíamos alguna praderita medio escondida en medio de los bosques. En el fondo del abismo bramaba el torrente, sacudiendo su parda y espumante melena, colérico y oprimido, contra cada peñasco que le cerraba el paso para procurarle una caída. Y arriba … un cielo maravillosamente bello, como un lago Leman suspendido en la atmósfera, coronando y arropando las cúpulas de los nevados, que nos parecian los tronos resplandecientes y severos del genio de la Suiza….

Al llegar al onduloso vallecito de Grindelwald la escena cambió notablemente, ofreciéndonos un bello cuadro de contrastes. Nos habíamos apeado del ligero cochecito delante del elegante hotel del Águila (Eiger) de formas enteramente nacionales. Detras de nosotros, en la direccion del lago de Brienz, teníamos una formidable barrera de montañas casi desnudas y de aspecto rudo. A nuestra izquierda se extendia, hácia el N.-E., lo que se llama el valle, que es una sucesion de planos inclinados, ascendentes hácia lejanas neveras, muy accidentados y cubiertos de aldeas y chalets en gracioso desórden, pequeñas praderas y muchas plantaciones de legumbres, árboles frutales y cereales. Al frente se ostentaban como dos gigantes el soberbio nevado del Eiger, al S., redondo en su base, y al N.-E. el Mettenberg, teniendo en medio, en la parte baja, la nevera inferior de Grindelwald, que descendía hasta el fondo del valle, y en la parte superior los nevados Viescherhorner, cerrando el horizonte como una fortaleza colosal de cristal ó de plata. En derredor tentamos el pueblo de Grindelwald, que cuenta casi 3,000 habitantes (todos reformados); y nos halláiamos a 1,550 metros de altura, casi en el centro del valle, que mide 20 kilómetros de longitud y 5 de anchura.

La nevera nos atraía poderosamente con la solemne fascinacion de su hermosura, y la contemplábamos á la distancia de 1,500 metros con infinito encanto. Un guia nos condujo á pié hasta los primeros bancos de hielo. Queríamos ver de cerca la fuente ó salida del Lütschina-negro y penetrar en las grutas de hielo, magníficas alcobas de cristal que la naturaleza fabrica en masa y que los paisanos se encargan de perfeccionar para seducir al viajero curioso. El espectáculo de la salida del grueso torrente es realmente bello. El banco inmenso de hielo, pardo y onduloso, se detiene repentinamente á la vera del valle, formando una alta muralla que parece cortada á pico. Bajo su borde se abre la boca sombría del abismo de misterios que se esconde bajo la montaña de hielo, y por la abertura abovedada sale como una furia el torrente, repentino y atormentado cual si lo vomitase algun gigante abrumado por el peso de la inmensa mole cristalina. Es un rio sin principio visible, rio de torbellinos y borbotones espumantes y de rocas de hielo desprendidas de los abismos interiores, que salta en ondas frenéticas sobre un lecho de pedriscos grises y arenas graníticas, haciendo un ruido ensordecedor que contrasta mucho con la majestad silenciosa de la gran fábrica helada de torrentes.

Comenzamos á trepar lentamente, sobre los bancos de hielo para llegar, por en medio de profundas grietas, hasta la gruta principal abierta en el fondo de una ancha hendedura en forma de callejón. Descendimos y entramos por la boca principal. La cavidad de la gruta era apénas de unos cinco piés de anchura y nueve de elevacion, y seguia un giro tortuoso, en una longitud de 35 metros. Teníamos encima de nuestras cabezas una capa de hielo de 50 piés de espesor, y en el extremo interior de la gruta habian practicado, aprovechando una grieta, un conducto de tres piés de cavidad por donde entraba la luz y se subia, con el auxilio de una escalera de palos, hasta salir el aire libre sobre la superficie de la nevera.

Las paredes y el techo de la gruta tenian una hermosura luminosa increíble; por todas partes se escapaban hilos de agua purísima como cascadillas de perlas sonrosadas, y los muros presentaban colores muy variados, ya el blanco de la esmeralda pálida ó el blanco mate de la nieve, ¡Qué indifinible emocion la que sentímos allí, cogidos de la mano, en aquella atmósfera de la mas deliciosa frescura, bajo esa bóveda de cristal húmedo y tornasolado, aislados del mundo entero y en inefable arrobamiento!… Nuestro guia habia trepado por la escalera para darnos el ejemplo; por eso no pudo percibir si un eco delicioso del interior de la gruta era producido por el rumor de las cascadillas microscópicas, ó por un ósculo de infinito amor que habia saludado aquella mansion de los misterios de la naturaleza…. Cuando salimos á lo alto de la escalera nos parecia que habíamos vivido en cinco minutos diez años de ventura desconocida.

* * * * *

Una hora despues, cuando reposábamos en el hotel del Águila, comiendo frutas, deliciosa leche, miel de abejas y riquísimo queso auténtico del valle, vímos desfilar sucesivamente por delante del hotel una procesion de paisanos y una carabana de ingleses excursionistas, que nos llamaron la atencion. El contraste vale la pena de una breve descripcion.

La carabana de ciudadanos de la Gran Bretaña se componia de diez ó doce individuos. Bajaban de las altas montañas, á donde habian ido á hacer una excursion, y venían á paso lento, caballeros en enormes y pacientes mulas, montados en sillas del país bastante rústicas y de notables dimensiones. Todos vestían casaca, pantalon, corbata y chaleco negros, como si vinieran de un entierro, y soportaban los picantes rayos del sol con singular filosofía, cubiertos con sus sombreros negros de ala plana y copa encumbrada, enteramente como si anduvieran de paseo por Regent Street ó Hyde Park. Dos ó tres mas cuidadosos de sus personas traían paraguas abiertos; otros dos bajaban armados de grandes anteojos de larga vista, y los demas, completamente dandys, empuñaban flexibles bastoncitos fashionables, con las manos finamente cubiertas con guantes amarillos de cabritilla. Es incuestionable que el tipo inglés se presta mucho á la risa en sus excursiones de todo género; pero tambien es preciso reconocer que en esa filosofía altanera que le distingue aun en medio de los abismos alpinos, el Inglés no manifiesta, en el fondo, otra cosa que dos fuertes y bellos sentimientos: el de la personalidad, que se sobrepone á los usos ajenos, y el de la patria, que le hace tener la ilusion de que al andar por un valle de los Alpes se está paseando en su parque de Inglaterra ó su calle favorita.

La interesante procesion de paisanos salia de la iglesia principal (era domingo) y se dirigia, silenciosa pero de buen humor, hácia una casa donde se iba á celebrar una boda. Mas de trescientos paisanos de uno y otro sexo desfilaron por delante de nosotros, por pares ó en pequeños grupos. Los hombres, en lo general de talla mas que mediana, delgados y bien musculados, eran notables por el mirar franco de sus ojos azules, sus fisonomías rudas pero sencillas, abiertas y simpáticas, y el andar lento y seguro. Vestian todos calzon angosto y chupa de paño burdo, color de castaña ó pardo, sombreros de paja, pintados de negro, de alas angostas y copas monumentales á estilo de cubiletes; y calzaban gruesos botines claveteados ó zuecos de madera bien trabajados. Cada cual llevaba en la boca una enorme pipa de porcelana con pinturas, empatada en una caña negra ó amarilla de un pié de longitud y pendiente del labio inferior sin apoyo ninguno de la mano.

En cuanto á las mujeres, sus fisonomías eran mas dulces y sus vestidos verdaderamente graciosos. Todas tenian cabelleras abundantes de un rubio color de oro, atadas por fuera de las cofias formando enormes roscas, ó pendientes sobre las espaldas en espesas trenzas con grandes lazos de cintas negras. Si el mayor número de las paisanas no llevaban en la cabeza sino sus grandes cofias negras con anchos encajes de punto, muchas tenian coronas de enormes rosas artificiales. Usaban todas corpiño y enaguas de paño negro ó color de castaña, con mangas, pechera y delantal de muselina ó indiana blanca. Así mismo, todas revelaban su benignidad de carácter y su modesto bienestar en sus redondas carnes, sus rosadas mejillas, su risa candorosa y afable y sus ojos azules llenos de dulzura.

Toda esa poblacion de Grindelwald tiene sus habitaciones fijas en el valle, pues á pesar de su altura y de la vecindad de los nevedos está protegido contra muchas borrascas. En el verano cultivan unos los campos, y otros suben á las montañas á cortar maderas ó cuidar los rebaños y fabricar quesos. En el invierno descienden á su distrito y aldeas del valle, y miéntras los mas fuertes se ocupan en bajar de las montañas las maderas cortadas, los demas se encierran en sus casas á trabajar bordados y encajes, fabricar curiosidades de madera, tallar y pulir cristales, etc.

El dia declinaba y era preciso volver á Interlaken: montamos otra vez en nuestro cochecito y emprendímos la bajada, dando un saludo de admiracion al espectáculo prodigiosamente bello y variado que con tanta delicia habíamos contemplado.

* * * * *

CAPITULO XI.

EL CANTON DE UNTERWALDEN.

El lago de Brienz.—Giessbach.—Brienz.—El valle de Meyringen.—El cuello de Brünig.—Los valles de Sarnen.—Un paisaje de parroquia.—Condiciones históricas, sociales y políticas del Canton.

El cielo estaba lleno de luz y esplendor y las brisas de la mañana rizaban las ondas y nos llegaban de las montañas cargadas de los ricos aromas que emanan de los bosques de abetos, cuando subíamos á bordo de un gracioso vaporcito, que en breve comenzó á cortar como un cisne pardo las bellas aguas del lago de Brienz. Mas de cuarenta pasajeros nos hallábamos sobre el puente de popa, y no pocos iban apiñados hácia la proa. Algunos iban directamente á desembarcar en Brienz, en el extremo superior del lago; otros debian detenerse en el puertecito intermediario de Boenigen; los del mayor número íbamos á visitar de paso, durante algunas horas, la bellísima cascada de Giessbach. A la derecha veíamos distintamente la ancha faja cenicienta de las aguas del Lütschina, afluyendo sobre la ribera izquierda del lago como un reguero de ceniza echado sobre el verde tapiz de una pradera. Mas adelante, del mismo lado, pasamos casi tocando con la primorosa islita de Boenigen ó Schnecker-Insel (Isla-de-los-caracoles), que parece una miniatura fabricada por ondinas.

El lago de Brienz, perfectamente análogo por su color al de Thun y producido por el mismo rio Aar, es de los ménos considerables entre los de primer órden, pero el mas profundo de todos los de Suiza. Mide apénas unos 15 kilómetros de longitud, de N.-O. á S.-E., por 6 de anchura, y su profundidad llega hasta la prodigiosa medida de 600 metros en algunos puntos. El lago recibe algunos torrentes, de los cuales el mas curioso es el que da salida á las aguas del Faulen-seeLago-podrido), situado encima de las montañas, torrente que perdiéndose en cavidades subterráneas no reaparece sino en el momento de arrojarse al lago de Brienz. Las montañas que determinan la cuenca de este son mucho mas ásperas, salvajes y elevadas que las del lago de Thun, y se levantan repentinamente en estupendos murallones tajados á pico que parecen amenazar desplomarse sobre las ondas. Sinembargo, en la circunferencia prolongada de la cuenca se ven unos diez ó doce pueblecitos, de los cuales los mas notables son los de Brienz y Boenigen, con una poblacion total de cerca de 7,000 habitantes: unos pintorescamente trepados sobre las lomas abruptas y al pié de tupidos bosques de abetos, y otros reposando muellemente sobre las riberas del lago.

Al aproximarnos á la cascada de Giessbach el espectáculo nos sorprendió por su gracia imponderable. Allí no hay nada de esa majestad imponente y sublime de la catarata de Tequendama, capaz, como otras de Colombia, de hacer profundamente poeta y religioso á un ateo (si es que puede haber alguno) con solo mostrarle el colosal prodigio de la Creacion. No: el interes de la de Giessbach, como de las mejores cascadas suizas, está en la gracia, el capricho, la variedad encantadora. En su presencia se puede amar, conversar, reir y galantear; miéntras que delante del Tequendama no es permitido sino contemplar con asombro, admirar y meditar en lo infinito.

Al saltar al puertecito de Giessbach, casi al pié mismo de la cascada, todos los pasajeros nos dispersamos por las diversas encrucijadas de la cuesta, ávidos de emociones que contentasen nuestra curiosidad. La montaña, cubierta de espesos bosques, se abre en un recuesto que produce en cierto modo un vallecito, á unos 60 ó mas metros de altura sobre el lago, teniendo su límite inferior en el peñasco enorme que domina la ribera, y elevándose del lado interior por la espesa montaña hasta una altura bien considerable. En el extremo de ese recuesto se halla un elegante hotel precedido de hermosas terrazas, y al frente de él se precipita la cascada, dando saltos estrepitosos por entre vastas alcobas de verdura sombría tapizadas de líquenes y musgos. Allí cada viajero va sitúandose sucesivamente en los balcones ó miradores de piedra que permiten de trecho en trecho contemplar de cerca la cascada.

El torrente se precipita de lo alto de la montaña por una abra estrecha, semejante á un enorme chorro que se lanzase de una azotea por entre balcones de piedra cuajados de guirnaldas y cubiertos con flotantes cortinajes de severa verdura. Compónese la cascada de una sucesion de catorce caidas ó cascadas, de proporciones y aspectos diferentes, formando como una inmensa escalera de torbellinos y de peñascos, sobre los cuales se lanzan las aguas en brillantes plumajes, en enormes chorros ó en espirales cristalinas y nubes tornasoladas de menuda lluvia Si el conjunto, visto de frente, es encantador, se experimenta suma delicia al situarse debajo de uno de los mas enormes peñascos, donde gira un pasadizo practicado en la concavidad de la roca; sintiéndose uno arropado por el turbion que salta por encima, formando una soberbia boveda líquida y espumante que se encuadra primorosamente en el doble marco de los bosques.

El contraste es muy sensible si se aleja uno de la cascada para subir hasta el mirador que se encuentra sobre el borde de la roca poderosa que se destaca sobre la ribera del lago. Desde allí se abarca con la mirada un paisaje soberanamente bello. A la derecha, al N.-O., se ve el valle superior del Aar ó de Hasli, la entrada del turbio rio al lago, y Brienz y algunos otros pueblos; á la izquierda, el lindo valle de Interlaken, y mas léjos el lago de Thun; al frente, una inmensa fortaleza de montañas de rústica majestad; en el fondo, la extension total del lago, silencioso, dormido y solitario, que parece como indiferente á la cólera del torrente de Giessbach que le lanza sus chorros espumantes, y cuya tranquilidad engañosa fascina al viajero maravillado, que á la sombra de los abetos contempla el abismo de esmeralda líquida que tiene á sus piés. Añadid á todo eso los silbidos de la locomotiva de algun vapor que atraviesa el lago, despertando los ecos de aquellos senos de granito y proyectando entre el cielo y las ondas su blanquísimo penacho de humo, y tendreis el cuadro completo que estimulaba nuestra admiracion.

* * * * *

Brienz es una pequeña villa de unos 1,800 habitantes, bastante animada y curiosa, gracias á su comercio considerable de excelentes quesos, su fabricacion de esculturas y curiosidades de madera, su viejo castillo arruinado, sus renombradas cantatrices de canciones nacionales, y su vecina cascada de Muhlbach que mide 360 metros de altura. En Brienz nos detuvimos apénas el tiempo necesario para tomar un refrigerio y hacer enganchar un carricoche que debia llevarnos por el valle del Aar en direccion al canton de Unterwalden, pasando por el cuello de Brünig. Al llegar al pié de la montaña, al extremo de un puente que atraviesa el Aar, nos apeamos de la pequeña tartana: el cochero se convirtió en muletero y guia, dejó el carruaje á la vera del camino carretero, ensilló los dos robustos y lerdos caballos del tiro, montamos y comenzamos á trepar la cuesta, encerrada entre modestos cortijos é hileras de nogales corpulentos.

Despues de una hora de marcha lenta y perezosa por un sendero pedregoso y rudo, subímos á un estrecho volador que ceñia el costado del cerro. Toda vegetacion artificial habia desaparecido, y caminábamos al traves de enormes derrumbes que las nieves y las lluvias producen, al pié de manchas de abetos deteriorados por los huracanes. Mirando hácia atras contemplábamos el romántico panorama del lago de Brienz; abajo teníamos el gracioso valle de Hasli (en cuyo centro demora Meyringen) surcado por el Aar y dominado por altísimos muros de montañas perpendiculares, á uno y otro lado.

Era interesante el contraste de los objetos que componian el cuadro. El Aar estaba muy crecido y, saliendo de madre, habia inundado con sus ondas grises muchas porciones del valle, arrastrando chozas y cercas destrozadas, montones de piezas de madera, árboles enteros y algunos animales. En el resto del valle todo era alegre y risueño, gracias á las variadas sementeras y los pueblos, caseríos y cortijos dispersos en todo sentido. Arriba, al S.-E., se destacaban á lo léjos los magníficos nevados de donde surge el Aar; mas cerca, en el segundo término de la perspectiva, enjambres de montañas cubiertas de abetos; y en el primer término, dominando el valle, se alzaba como una muralla artificial, inmensa, la roca desnuda y de tintas melancólicas por donde se precipitan paralelamente de grandes alturas, como cintas de acero bruñido, las bellas cascadas de Oltschibach, Wandelbach y Falchernbach[20]. Así, el cuadro era un conjunto de desolación, tristeza, majestad y pintorescos paisajes, resumiendo diversos géneros de poesía.

[20] La terminacion bach significa en aleman cascada ó torrente.

Por lo demas, el valle de Hasli, en cuya region superior nace el Aar y termina el territorio del canton de Berna, es uno de los mas renombrados de Suiza. Tiene la particularidad, según la crónica y las observaciones hechas, de que toda su poblacion se compone de los restos de dos razas puras, originarias del Norte, á virtud de una inmigracion de 6,000 Suecos y 1,200 Ostfrisones que fué á establecerse en el valle en el siglo V. Toda esa poblacion, hermosa y de tipo vigoroso, profesa la religion reformada, miéntras que al lado opuesto de la montaña que íbamos trasmontando la religion católica domina con la misma exclusion.

Acaso entre los fenómenos sociales no hay ninguno mas curioso y digno de atencion que el de la geografía de las religiones, tan misteriosa en apariencia. En Suiza, mas que en ningún otro país de Europa, léjos del artificio actual de las religiones convencionales, se puede observar ese fenómeno en el seno de poblaciones rústicas y sencillas. En efecto, se ve que entre dos valles separados por alguna montaña secundaria, ó en una planicie cortada por un riachuelo, de un lado reina sin competencia el catolicismo y del otro el calvinismo. Y sinembargo la topografía, las producciones y los climas son exactamente iguales ó semejantes, la raza y la lengua unas mismas, y las diferencias de instituciones y costumbres poco sensibles. ¿Qué influencia ha podido determinar la absoluta discordancia religiosa? Evidentemente la accion ó presion histórica de los gobiernos. Por mucho que se diga en contrario, son los gobiernos los que hacen á los pueblos, y es por eso que la responsabilidad de los primeros es infinitamente mayor que la de los segundos.

Que el lector me disimule esta digresion moral (acaso inoportuna desde el corazón de una montaña) y se digne acompañarnos á trasmontar el cuello de Brünig; dejando de la hoya magnífica de los Cuatro-Cantones, al traves de una selva llena de rumores, de ricas, y salvajes bellezas, de majestad y misterio.

La selva era inmensa y su hermosura solo comparable con la poesía de su soledad. Caminábamos sin ver ni un rayo del sol poniente, bajo bóvedas y pabellones interminables de verdura sombría reposando sobre columnatas colosales de abetos, revestidas de líquenes y musgos. Ningún ruido extraño se mezclaba al eco de las pisadas de nuestros caballos y á ese rumor vago, sin causa visible pero eterno, que es la voz misteriosa de las florestas. Pero de tiempo en tiempo sentíamos las explosiones causadas por las minas en las rocas que taladraban en el fondo de la selva algunos peones, abriendo un camino carretero por en medio de abismos. Despues volvía á reinar el silencio, cuando no lo interrumpía por momentos el canto melancólico y gutural de nuestro guia, y, caminando con recogimiento, nos creímos errantes en un mundo enteramente salvaje…. ¡Error! á nuestro lado, por encima de nuestras cabezas, iba tambien de árbol en árbol, escondiéndose bajo las ramas, un compañero, un espíritu invisible, que acaso nos iba diciendo algo al oído sin que pudiésemos percibir su admirable lenguaje ni adivinar su pensamiento. ¿Quién era ese misterioso compañero? Era simplemente el alambre del telégrafo eléctrico, alambre que, animado como nosotros por un fluido y un pensamiento, por el alma natural y social, atestiguaba la presencia de la civilizacion en el fondo de la selva solitaria….

Cada pueblo, como he dicho no ha mucho, se revela en su manera de adoptar los grandes progresos de la civilizacion. La refinada Francia y la positiva Inglaterra hacen girar sus alambres eléctricos por larguísimas series de postes artificiales, barnizados y llenos de piezas de loza ó cristal que aislan el fluido y separan los alambres. En Suiza no se toman la pena de ejecutar esos trabajos; los telégrafos se acomodan á todos los caprichos de la topografía, y las series de sus postes son las columnatas naturales de sus bosques de abetos, los mas lujosos salones de la poética Suiza.

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Habíamos entrado al territorio del canton de Unterwalden cuando descendíamos la montana de Brünig, en direccion al precioso vallecito de Lungern. El sol se habia escondido detras de la mole gigantesca de ásperas montañas que se extienden desde el grupo de Giswylerstock hasta el cerro de Pilatos. En algunos puntos de la vía, donde la floresta se aclaraba un poco, asomaba un pedazo del horizonte inferior y podiamos destinguir perfectamente la configuracion de los valles y lagos que desde el pié del Brünig se dirigen hácia la hoya caprichosa, irregular y magnífica del lago de Lucerna ó los Cuatro-Cantones.

El canton de Unterwalden se compone de dos medio-cantones ó cantones gemelos, que giran paralelamente en la direccion del S.-E. al N.-O., teniendo en su conjunto un aspecto simultáneamente severo y gracioso, por la yuxtaposicion de las montañas y contrafuertes que los surcan en todas direcciones y de sus numerosos y risueños vallecitos, en algunos de los cuales se encuadran pequeños lagos del mas poético aspecto. Los dos gemelos de aquel país tienen muy desiguales proporciones: así, el medio canton inferior de Nidwalden (Valles-de-Abajo) apénas abarca la cuarta parte del territorio total, y carece de lagos exclusivos, si bien tiene riberas en los de los Cuatro-Cantones y Alpnach. La cadena de montes de Kernwald los divide, pero su fraternidad se mantiene hasta en los nombres de sus principales rios, llamados ámbos Aa [21]. El territorio de los dos medio-cantones se extiende desde los magníficos nevados del Titlis, al E. hasta el monte Pilatos, al O., y desde las alturas de Bothorn, al S., hasta la ribera izquierda del lago de los Cuatro-Cantones, al N., cerca del célebre sitio de Grütli; partiendo límites así con los cantones de Urí, Berna, Lucerna y Schwyz, y midiendo 48 kilómetros en su mayor longitud, 36 en su mayor anchura y 687 kilómetros cuadrados de área total.

[21] Palabra céltica que significa agua, y que con la adicion de una r (aar) significa corriente de agua ó rio.

El medio-canton que teníamos mas á la vista y que íbamos á recorrer en lo mas notable era el de Obwalden (Valles-de-Arriba), que tiene su capital propia. Desde lo alto de la montaña velamos la hoya estrecha y muy risueña del Aa superior, en cuyo fondo aparecian, con esa serenidad melancólica de las aguas que no reflejan ningún rayo de luz, los lagos de Lungern, Sarnen y Alpnach[22], eslabonados entre sí por la cinta graciosa del Aa, como tres placas desiguales de aluminium en un magnífico brazalete de esmalte imitando esmeralda. Nada mas apacible y gracioso en su género que el vallecito de Lungern, rodeado de muy altas montañas por tres lados, como una calle sin salida, y cuyas praderitas verdes y lustrosas se encuadran maravillosamente en el marco sombrío de los bosques de abetos surcados por algunos derrumbes. El pueblo de Lungern, que cuenta poco mas de 1,400 habitantes, está como disperso en el fondo del vallecito y al pié de las suaves faldas que remontan hácia la montaña de un lado, mostrando en todos sus objetos la gracia y el candor de sus vecinos. Mas abajo se encuentra el lago, de un kilómetro de longitud ó poco mas, y unos 250 metros de anchura, cuya graciosa cuenca formada por peñascos está rodeada de praderitas y cortijos.

[22] El lago de Alpnach, que en otro tiempo estuvo, sin duda, completamente aislado, ha degenerado en golfo del de los Cuatro-Cantones.

En otro tiempo ese pequeño lago era mas considerable, pero los vecinos de Lungern, que carecen de terrenos arables suficientes, quisieron disecarlo para destinar su lecho al cultivo. Desde 1790 hasta 1836 se ejecutaron de tiempo en tiempo trabajos costosos, y se logró practicar en la roca una galería subterránea de 439 metros de longitud que debia darles salida á las aguas. Pero la galería no fué practicada á una profundidad suficiente, y aunque una zona considerable de la cuenca quedó libre, bajando mucho el nivel de las aguas, jamas se pudo aprovechar parte ninguna del lecho. El lago quedó diminuto y deteriorado, se gastó en balde trabajo y dinero, y la agricultura nada ganó.

Recorriendo á pié las praderitas de Lungern, por en medio de graciosas casitas y cortijos, nos sentímos atraidos por un pequeño paisaje encantador, digno de fijar el pincel del mejor artista. Una modesta iglesia, rodeada por su cementerio y algunos huertecitos de árboles frutales; á un lado una linda casa de paisanos, resaltando sobre el rico y florido tapiz de grama; del otro un arroyuelo cristalino que iba por entre cercas de palos á hundirse en una ramblita cubierta de festones para darle movimiento á un aserrío de tablas; y en el centro, en una plazoleta, un grupo de mujeres y niños con sus atavíos originales,—tales eran los elementos del gracioso cuadro. Nada mas sencillo, mas comun en apariencia, y sinembargo, nada mas completo como cuadro social y de la naturaleza suiza.

La puerta principal de la iglesia estaba abierta de par en par, porque se acercaba la hora de las oraciones de la tarde, y desde afuera se veia la profusion de ornamentos candorosamente pintorescos que distinguen á las iglesias católicas en los distritos rurales[23]. El cementerio no tenia muros, sino cercas de madera en forma de rústicas barandas, que le daban la apariencia de un jardin. En el interior se veian numerosos y humildísimos sepulcros casi á flor de tierra, en medio de los cuales se destacaban innumerables cruces negras coronadas de guirnaldas, y con hojas negras de laton en que se veian en letras blancas ó amarillas los nombres de los que reposaban en la paz de la inmortalidad. Era notable la abundancia de nombres españoles, tan queridos en los países alemanes, tales como María, Isabel, Luisa, Mariana, Gertrúdis y Francisca. En solo un pequeño espacio contamos mas de 15 Marías, lo que nos indicó la poética predileccion particular por la Vírgen. Es que la religion tiene sus sexos como las almas que la alimentan. El cementerio era literalmente un jardin: jardin admirablemente armonioso de flores, cruces y sepulcros. ¿En dónde tienen mejor cabida las flores, si no es en las cunas y los cementerios, en los altares y en el casto retrete de la mujer virtuosa y amante?…

[23] La poblacion de Unterwalden es católica en su totalidad

La casa que hacia juego con la iglesia, el cementerio y el arroyo, era completamente típica Vista por su fachada presentaba cuatro pisos superiores al del suelo, los dos inferiores de igual anchura, y los superiores disminuyendo gradualmente al elevarse, á virtud de la forma triangular de la techumbre exterior. En cada piso se veian anchas vidrieras compuestas de pequeñísimos vidrios empatados en marcos de madera, sin abras exteriores y formando una curiosa simetría; y del suelo de la casa, á los lados de la puerta, se alzaban robustas plantas de madreselvas que trepaban hasta los pisos altos, formando en la fachada flotantes cortinajes floridos que se entrelazaban sobre los marcos de las ventanas. La casa reposaba en un cimiento de piedras menudas hasta el suelo del primer piso, y de ahí para arriba todo el edificio se componia de tablas de abeto graciosa y cuidadosamente unidas. En derredor todo era guirnaldas flotantes, enhiestos arbolitos y alfombras de grama salpicada de flores silvestres.

En cuanto al grupo de paisanas que aguardaban el toque de oraciones, sus vestidos originales y pintorescos realzaban la gracia y sencillez de sus fisonomías inocentes. Lo que mas nos llamaba la atencion era su singular tocado de hermosos moños medio cubiertos por cofias negras con encajes, moños trenzados con cintas blancas y prendidos con enormes placas de oro y plata imitando aletas y escamas, adorno que no carece de analogía con el que despues vímos en el tocado de las paisanas de Holanda, sobre todo del lado de Rotterdam. ¿Se me dirá que estos pormenores carecen de interes? Es bien posible; y sinembargo la escena se nos grabó profundamente en la memoria. Había tanto candor, tanta naturalidad y poesía en esa iglesia abierta y repleta de adornos pintorescos;—ese cementerio-jardin, defendido mas por la piedad comun que por su humilde cerca cubierta de guirnaldas;—esa casa-chalet, toda trasparente (con mas vidrieras que muros) y envuelta en un manto de flores y verdura,—y ese grupo de mujeres sencillas, de tipo original, esperando una campanada en la iglesia para entrar á orar! La escena era por sí sola una revelacion completa de las creencias, las costumbres, los hábitos, la raza y las virtudes campestres de aquella modesta poblacion.

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Eran las cinco de la mañana cuando partíamos de Lungern al dia siguiente, en un ligero cochecito, orillando sucesivamente los valles de Lungern, Sachseln y Sarnen. La excursion al traves del pueblo de Sachseln es realmente encantadora. El lugar (que apénas tiene unos 1,500 vecinos) está literalmente escondido, al pié de una magnífica montaña, en una vasta y primorosa floresta de árboles frutales, repleta de perfumes y alfombrada de heno y flores de mil colores. Los grupos de manzanos, perales y ciruelos alternan con los de cerezos, nogales y otros árboles en la mas graciosa confusion. Así, el distrito es literalmente un verjel, y sus habitantes viven entre flores, frutas y bóvedas perfumadas. Dudo mucho que los jueces tengan oficio allí. El crímen debe de ser desconocido en ese pueblo de humildes hortelanos, nacidos entre flores.

El lago de Sarnen, haciendo abstraccion de las ciénagas vecinas, es de un aspecto suave y sereno. Sus orillas se confunden casi con el valle, y el camino pasa rozándole sus murmurantes y adormecidas olas. Al lado opuesto se ven campiñas bien cultivadas y dos ó tres pueblos análogos al de Sachseln. La longitud del lago no excede de 6,366 metros, con 1,916 de anchura y unos 70 de profundidad; y la navegacion se hace en barquichuelos de sencilla construccion.

Sarnen, que cuenta poco mas de 3,400 habitantes, está trepada en parte sobre la falda de una montaña, reposando muellemente en las dos márgenes del Aa y rodeada de bellas arboledas. El estilo de esa pequeña ciudad es tan original como gracioso, y al notar su simplicidad de formas ninguno podría pensar que se halla en la capital de un Sitado soberano. Pero esa simplicidad se comprende con simpatía al saber que el doble canton de Unterwalden no es otra cosa que una humilde y dichosa confederacion de distritos que son otras tantas repúblicas democráticas. Unterwalden, por su pequeñez, no vale la pena de una relacion detenida, como cuerpo político; pero por algunas de sus instituciones características merece que se le cite como un modelo, y que se le respete por la filosofía y el buen sentido de sus ciudadanos.

La poblacion de Unterwalden, de raza primitiva ó mas bien germánica, habla exclusivamente el aleman (muy viciado) y cuenta apénas 24,960 individuos, distribuidos en 13 parroquias, de las cuales 7 corresponden á Obwalden y 6 á Nidwalden. Desde el año de 1150 se estableció la division del Estado en dos entidades de gobierno independiente, teniendo la una su capital en Sarnen y la otra en Stanz. Unterwalden fué uno de los tres confederados que formaron la liga de Guillermo Tell para constituir la nacionalidad suiza, y sus soldados valerosos tomaron parte en todas las batallas de la independencia. El Canton en su totalidad no contiene sino florestas naturales, praderas y verjeles, siendo casi totalmente nulos el cultivo de cereales y la fabricacion. Así, sus producciones se reducen al corte de maderas, las cosechas de frutas (peras, manzanas, cerezas, ciruelas, duraznos, albaricoques y nueces de nogal), la extraccion de cidra (kirchenwasser), aceite de nueces y exquisita miel de abejas, y la fabricacion de quesos; todo lo cual rinde valores relativamente considerables, así como las crias de ganados.

Cada una de las parroquias forma una república democrática, independiente en su gobierno propio y regida por asambleas de todos los ciudadanos, y por funcionarios electivos para los servicios permanentes. Cada medio-canton tiene sus ciudadanos propios, y solo poseen el sufragio comun unas cien familias de patricios primitivos que gozaban del derecho ántes de la division del Estado. Las instituciones de los dos medio-cantones ó gemelos políticos son tan análogas que basta indicar las de uno de ellos para dar idea del todo. Cada año se reunen en Asamblea todos los ciudadanos activos de la confederacion de parroquias[24] con el objeto de discutir y votar las leyes y los presupuestos, aprobar las cuentas de la administracion, nombrar, si es oportuno, la parte de representantes que han de figurar en los cuerpos legislativos de la Confederacion helvética, y elegir los altos magistrados encargados de la administracion comun de la pequeña confederacion. La Asamblea no tiene iniciativa en las leyes y se reduce á aprobar ó rechazar lo que le propone el Poder Ejecutivo. Este se compone de 12 ó 14 magistrados llamados Propuestos (Vorgesetzten), presididos por el Landammann (Hombre que gobierna el país), especie de Presidente elegido anualmente por la Asamblea ó Landsgemeinde. Los Propuestos son inamovibles.

[24] Mas de la cuarta parte de los habitantes son ciudadanos. Obwalden tiene unos 13,400 habitantes y Nidwalden el resto. La ciudadanía se adquiere á la edad de 20 años.

El rasgo mas bello de esas dos confederaciones microscópicas, que viven tan felizmente con su democracia pura, es la institucion relativa á la pena de muerte. Esta no puede ser pronunciada ni ordenada, cuando por gran casualidad ocurre un crímen capital, sino por un gran jurado compuesto de los jueces permanentes y todos los ciudadanos mayores de 30 años (excepto los eclesiásticos) que no son parientes de las partes y pueden prestar juramento. Despues del principio de la inviolabilidad de la vida, que vale mas que todo, nada hay tan bello como ese reconocimiento del principio de la familia social, en virtud del cual no es permitido privar de la vida á uno de sus miembros sin que toda la comunidad dé su voto y lo consienta. Es extraño que un estadito microscópico, perdido entre los contrafuertes y lagos de los Alpes, le esté dando lecciones al mundo que se llama civilizado acerca de la solidaridad fraternal de los hombres y los derechos de la vida humana!

No olvidaré hacer notar que el Poder Ejecutivo es asistido en cada medio-canton por un Gran Consejo de representantes, y que el tribunal superior de cada grupo federal es igualmente un conjunto de jueces ó diputados judiciales de las parroquias. Así, la idea federativa se muestra en todas las entidades, desde la confederacion de los individuos hasta la de las distritos, como se muestra luego en la asociacion de los cantones soberanos.

En el puerto de Alpnach, al pié del monte Pilatos, nos embarcamos á bordo de un vapor para cruzar el lago de los Cuatro-Cantones, en direccion á Lucerna. A nuestra derecha veíamos á Stanz, dormida en su gracioso valle, y el lago desarrollaba á nuestra vista encantada sus ondas reverberantes, sus magníficas montañas y todo un panorama de las mas poéticas y variadas formas, que evoca en todos sus sitios mil recuerdos de los tiempos heróicos de Suiza.

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CAPITULO XII.

LOS CUATRO-CANTONES.

Idea general topo-hidrográfica.—La ciudad de Lucerna.—Curiosidades. —Un contraste social.—Condiciones generales del canton de Lucerna.—El lago de los Cuatro-Cantones.—Su navegacion y aspecto interior.—Recuerdos de la independencia.

Casi en el centro del territorio suizo, en la region donde termina en cierto modo la zona montañosa y comienza la de las planicies ondulosas ó muy accidentadas, se produce una hoya relativamente considerable que, teniendo por centro hidrográfico al rio Reuss, ofrece á la vista del viajero el mas variado y acaso el mas bello panorama de ese país de maravillas naturales.

Esa hoya, de formas muy irregulares y cerrada por todos lados ménos al Norte, es determinada por los numerosos contrafuertes que los Alpes arrojan sobre las planicies en muy diversas direcciones, y su conjunto produce la yuxtaposicion de numerosos valles, bastante estrechos y profundos, que giran todos sobre el valle central del Reuss, rio que, naciendo en las alturas de la Furka, á corta distancia de las fuentes del Ródano, corre en direccion absolutamente opuesta y va, de Sur á Norte, á llevar sus aguas al Rin, confundidas con las del Aar y el Limmat. El sinus ó ensanche del Reuss en el fondo de una cuenca de inmensas rocas perpendiculares, es lo que constituye el lago de los Cuatro-Cantones (Vier-Waldstatter-See), el mas irregular y, sin disputa, el mas curioso de cuantos tiene Suiza.

Al derredor de esa cuenca lacustre y dentro de la hoya indicada se encuentran, en todo ó en parte, los cuatro cantones que le dan su nombre al lago: al O. el de Unterwalden; al S. el de Urí; al E. el de Schwyz, y al N. el de Luzern ó Lucerna,—rodeados por los de Berna, Glaris, Zug, Argovia, etc.

Así, los cuatro cantones forman el mas pintoresco enjambre de montañas empinadas y abruptas (algunas de ellas nevadas), angostos y risueños vallecitos, colinas y riachuelos, bosques, praderas y verjeles, que se amontonan ó alternan al derredor del lago múltiple y caprichoso, como las mil variadas formas de un vasto parque semi-salvaje y semi-artificial al derredor de un enorme estanque de granito en que murmuran ondas trasparentes y azules.

Si la topografía y la comunidad de intereses, de esfuerzos patrióticos, lengua, religion, raza y tradiciones, han creado una íntima confraternidad entre los cuatro ó mas bien cinco cantones mencionados, la conformacion de su admirable lago indica, con no ménos evidencia que la orografía, que aquellos pueblos nacieron destinados á la comunidad social.

En efecto, si se observa la extraña configuracion del conjunto del lago, la direccion opuesta de sus golfos y la de los cinco rios ó riachuelos principales que vierten sus aguas en la cuenca granítica comun, se reconoce fácilmente que en un tiempo muy lejano del actual no existió sino una serie de cinco ó seis lagos, ligados entre sí por los rios que los determinaban y tendiendo todos á confundirse en la cuenca del de Lucerna. Así, teniendo su caudal y cauce principales en el Reuss, el lago total (que debió formarse por la ruptura de diques naturales y el ensanche mas ó ménos lento de los cauces afluentes) recibe: al E., las aguas del Muotta, riachuelo central del canton de Schwyz; al O., sucesivamente el Isenthal, el Aa inferior ó del medio canton de Nidwalden, y el Aa superior, que, como he dicho, recoge las aguas del medio canton de Obwalden.

El lago en su totalidad tiene la forma irregular de una especie de cruz latina con el asta quebrada hácia abajo, pero tendida en sentido inverso. El pié quebrado es la pequeña cuenca correspondiente al valle de Altorf, llamada particularmente lago de Urí, y alimentada solo por las aguas del Reuss y el Isenthal. La parte central del cuerpo de la cruz es determinada por otra cuenca de muy distinta direccion, casi cerrada por dos estrechos, que tiene el nombre particular de lago de Buochs, y recibe en su extremo superior las aguas del Muotta, y hácia el N.-O. las del Aa inferior. Mas abajo se abre otra cuenca que, siendo uno de los rayos de una magnífica estrella de cuatro golfos, es al mismo tiempo el principio del cuerpo ó tronco de la gran cruz. Allí las aguas se dividen en cuatro receptáculos de formas bastante análogas: el de la derecha gira por el pié de la magnífica montaña de Rigi ó Righi, teniendo en su vértice á Küssnach; el de la izquierda, que es el otro brazo de la cruz, se dirige hácia el pié de la mole colosal del Pilatos, y se divide en dos golfos pequeños, uno de los cuales es el lago de Alpnach; en fin, el que determina la cabeza de la cruz toma su direccion hácia Lucerna, con el nombre particular de lago de Lucerna, se abre paso por en medio de bellísimas, colinas, dividiendo en dos partes la ciudad; y restablece el cauce del rio Reuss.

Esta imperfecta y pálida descripcion dará alguna idea del singular capricho ó la multiplicidad de formas del lago de los Cuatro-Cantones, el mas interesante de todos los de Suiza por su aspecto y la composicion geológica de las cuencas encadenadas que lo forman, y el mas poético tambien, á causa de los espectáculos que ofrece y de los recuerdos que hace evocar relativamente á la historia de la Confederacion, Considerado en su totalidad, el lago tiene una elevacion de 438 a 450 metros sobre el nivel del mar, y mide en su máximum 38,530 metros de longitud, 15,100 de anchura, y 360 de profundidad. La varia direccion de los valles ó las abras que se inclinan hácia la cuenca del lago determina las mas diversas y aun opuestas corrientes de vientos, lo que unido á la composicion abrupta y rocallosa de todo el lecho, produce las mas violentas borrascas, que se repiten con frecuencia y a veces súbitamente.

Lucerna es, sin duda, por su situacion y las campiñas primorosas que la rodean, una de las mas graciosas ciudades de Suiza, ó por lo ménos de las que demoran sobre márgenes lacustres. Asi, su conjunto ó aspecto general, sea que se le mire desde el lago, sea que se le contemple desde alguna eminencia, es admirablemente poético y risueño. Sinembargo, en su interior, aparte de algunos curiosos pormenores, Lucerna no corresponde á sus apariencias ni á la idea que su reputacion le hace concebir de antemano al viajero. La fachada no coincide en nada con é interior de la ciudad. Cuando llegábamos á bordo del vapor que nos condujo desde Alpenach eran las once de la mañana, y bajo un cielo lleno de esplendor brillaban bajo el rayo casi perpendicular del sol el lago y el rio, sus muelles y puentes, los grandes y bellos edificios modernos que dominan un ancho malecon en escuadra, los campanarios de la catedral y otras iglesias, y las numerosas torres feudales y bastiones de las murallas almenadas que rodean la ciudad. Ese conjunto era realmente seductor, y sus bellezas se completaban con la magnificencia del paisaje circunvecino, hacinamiento de lindas colinas ondulosas, cubiertas de huertos y jardines y salpicadas de quintas y casas campestres en pintoresca dispersion.

Pero al penetrar al interior de la ciudad, apénas detras de la primera fila de edificios que dominan el lago, todo cambió de aspecto. Allí encontramos donde quiera desaseo en las calles, vestidos tristes, descuidados y sin ningún carácter, calles tortuosas, feas y desapacibles, y casas de aspecto muy poco simpático. Por fortuna, si la mugre y la basura aumentan la tristeza de esas calles, el movimiento industrial y comercial les da alguna animacion de otro género. El viajero se detiene con curiosidad á observar las fuentes públicas de formas tradicionales y características (acaso las mas originales de cuantas se ven en Suiza), y los puentes echados sobre el Reuss para unir las dos partes de la ciudad, casi todos de madera, cubiertos, y adornados con las mas curiosos retablos. Cada país se manifesta en sus monumentos: Suiza, el país de las puras y abundantes aguas, ha prodigado en todas sus ciudades esas fuentes conmemorativas de las tradiciones nacionales, cuyas formas son tan características.

Lucerna no es notable por ninguna especialidad artística, industrial ó literaria, ni por sus monumentos ó edificios públicos. Sus singulares puentes de madera, tan característicos de Suiza, como las fuentes públicas de piedra coronadas por figuras de guerreros ó animales, por curiosos que sean no merecen en rigor el nombre de monumentos. El mas hermoso edificio de la ciudad, situado en la parte S.-O., á la izquierda del rio, es el antiguo colegio de los Jesuitas (hoy convertido en Liceo cantonal), y esa superioridad es una prueba mas de que en todas partes la Compañía de Jesus ha logrado el mejor lote. De los cuatro puentes de Lucerna los mas notables son: el de Hof, que mide 360 metros de longitud y atraviesa el vértice del lago, ofrece un admirable punto de vista sobre las montañas, y está adornado en su interior con 238 malos cuadros pintados al óleo que representan pasajes bíblicos; y el de Kapell, que domina el punto en que el lago se convierte en rio, mide 324 metros y contiene 154 cuadros de muy antigua fecha que representan sucesos de la historia de Suiza y la vida y milagros de los dos santos patronos de la ciudad, Por curiosos que sean esos puentes vetustos es de aplaudirse la resolucion de la ciudad de demolerlos para establecer malecones y muelles á lo largo de las márgenes del rio, y reemplazarlos con mas sólidas y elegantes construcciones.

De todas las curiosidades de Lucerna la que mas llama la atencion de los viajeros paseantes es el monumento consagrado, fuera de la ciudad, a la memoria de los soldados suizos que murieron al servicio de Luis XVI en la famosa jornada del 10 de agosto de 1792, peleando contra el pueblo de Paris. Consiste el monumento de un enorme león alegórico (de 9 metros de longitud y 6 en altura) esculpido en el fondo de una especie de gruta cavada en un gran peñasco. Una cascadita que salta por encima del león, cayendo en un estanque, una capilla cercana, una casita elegante dentro de la cual se hallan de venta mil curiosidades, y los pabellones de verdura que rodean el monumento, completan el gracioso cuadro. Allí encontramos a un guardián vestido con el uniforme de los suizos de Luis XVI, asegurando con mucho aplomo á tres señoras inglesas que él se habia batido como un león en la consabida jornada del 10 de agosto, escapando por milagro. Aunque el ilustre combatiente no manifestaba tener mas de sesenta años, ni se mostraba muy erudito en punto á geografía francesa, eso no impedia que un grave ciudadano de «la pérfida Albion» estuviese recogiendo con avidez las reminiscencias del suizo y anotándolas cuidadosamente en una cartera de viaje, como novedades de primer orden.

Si la credulidad candorosa del insular nos hizo sonreír, confieso que no pude comprender el orgullo con que los ciudadanos de Lucerna conservan ese extraño monumento, que á mis ojos no era sino un padrón de infamia, ó por lo menos una tristísima reminiscencia. En vez de consagrar monumentos á la memoria de la degradacion del noble y libre pueblo suizo, los ciudadanos de la Confederacion deberían hacer todo lo posible por condenar al olvido ese mercenarismo extravagante que desde hace tantos siglos ha hecho de la Suiza un semillero de soldados de las mas odiosas tiranías y de los mas corrompidos y corruptores gobiernos. Si en los últimos diez años se ha visto á los mercenarios suizos saqueando a Peruza, como soldados del Papa, y defendiendo con atrocidades la causa de los Borbones de Nápoles, debe recordarse tambien, en honor del radicalismo helvético, que las asambleas y el gobierno de la Confederacion han adoptado en esta época medidas enérgicas para poner término al mercenarismo. Gracias al incomparable Garibaldi y á Gialdini y otros generales italianos, los soldados suizos han desaparecido ya de la Italia meridional; y entre los grandes resultados de la revolucion italiana no será uno de los ménos apreciables la sustitucion del voluntario heróico y desinteresado (instrumento de emancipacion y símbolo de la fraternidad de los pueblos) en lugar del mercenario de otra época, instrumento de opresion y símbolo de la degradacion humana.

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Lucerna, ciudad esencialmente católica, tiene unos 11,500 habitantes, de los cuales en 1857 solo 317 eran protestantes. Gracias á la navegacion por vapor del lago, en relacion con la via que conduce á Italia por el San-Gotardo, y al reciente ferrocarril que la ha puesto en rápida comunicacion con Berna y los ferrocarriles del occidente y norte de Suiza, Lucerna comienza á tener notable importancia comercial, aunque acaso la perderá en parte cuando Italia y Suiza tengan comunicaciones directas y prontas. La industria de Lucerna se reduce á algunos tejidos de algodon, lino y cáñamo y de objetos de bonetería, y sus fábricas son muy subalternas. Produce tambien sombreros de paja y otros artículos de poca importancia. Por lo demas, Lucerna es fiel al pensamiento general (fruto de la emulacion que engendra el régimen de autonomía federal) que inspira á los Suizos tan cuidadoso interés por los establecimientos de instruccion y beneficencia. El aislamiento en que la naturaleza habia tenido á los pueblos suizos, ántes de las invenciones modernas de la industria en materia de comunicaciones, les habia hecho comprender que debían sacar toda su fuerza de ellos mismos. Por eso ha sido tan profundo y general en Suiza el sentimiento de fraternidad, que se manifiesta en los numerosos hospitales, hospicios y otros establecimientos análogos. En cuanto á los de enseñanza, la emulacion, por una parte, sostenida por la autonomía política y social de los cantones, y por otra el progreso de las ideas é instituciones democráticas despues de 1798, y de 1848 particularmente, han favorecido la multiplicacion de institutos destinados á propagar los conocimientos de todo género en la masa popular.

Haré notar aquí, á reserva de posteriores observaciones, ciertos contrastes curiosos que el viajero atento observa fácilmente en las ciudades de Suiza. En ningún país son tan oportunas las comparaciones como en Suiza, donde en un pequeño pero variadísimo territorio coexisten confederadas varias razas muy distintas, con religiones, prácticas, artes é instituciones muy diversas. Sin querer en manera alguna deducir reglas generales en favor ó en contra de ningúna religion, puedo afirmar que sin excepcion ninguna notable, he observado en todas las ciudades de Suiza un contraste evidente respecto del mercenarismo, el desaseo, la situacion de los establecimientos públicos y las costumbres é instruccion de las masas populares. Los cantones protestantes han suministrado un número insignificante á los déspotas, en calidad de mercenarios; la inmensa mayoría ó casi la totalidad de estos ha salido siempre de los cantones católicos. ¿Es que el protestantismo es favorable á la libertad y mantiene y estimula el sentimiento de la dignidad personal? Creo que sí, á juzgar por los hechos que he observado en muchos de los Estados europeos, correspondientes á distintas razas y religiones.