Sinembargo de la expulsion de la aristocracia dominante hasta 1335, la igualdad no reinó en Zuric hasta 1798, época en que cesó la distincion sustancial de ciudadanos y paisanos, estos sin derechos y en condicion servil, y los primeros dominando solamente. Con todo, quedaron trazas de la organizacion aristocrática en la constitucion que se dió el Estado en 1831, y solo desde 1839 data la reforma que fundó el régimen actual completamente republicano. Zuric es célebre por haber sido el teatro de la famosa batalla ganada allí en 1799, en los dias 3 y 4 de setiembre, por el ilustre Massena contra el general Korsakof, batalla que es reputada como uno de los hechos de armas mas extraordinarios y decisivos de las guerras de la Revolucion francesa. Tambien es muy notable Zuric por haber sido la cuna de hombres ilustres, tales como el reformador Zuinglio, el sabio Lavater, Zímmermann y Pestalozzi.
La ciudad abunda en interesantes monumentos é institutos públicos, y posee curiosidades y particularidades diversas que le dan interes. Es notable, aunque sin ligereza ninguna, su sencilla catedral de estilo bizantino, que data del siglo XI. Aparte de la Universidad, el Arsenal y una multitud de edificios públicos de diversa aplicacion, mas ó ménos apreciables, la Biblioteca de la ciudad llama particularmente la atencion, por su buena configuracion y distribucion de los objetos, y su riqueza de libros, manuscritos, curiosidades, autógrafos interesantes, etc. No cuenta ménos de 51,000 volúmenes, 3,000 manuscritos y 4,000 medallas. Ademas contiene la ciudad una Biblioteca cantonal con 25,000 volúmenes, otra de la Sociedad de ciencias naturales con 10,000, el jardin botánico, una galería pública de pinturas, y excelentes colecciones ó museos especiales de mineralogía, zoología, entomología, etc.
Los tres dias que pasamos en Zuric no fueron perdidos, pues durante ellos aprendimos mucho mas que con un año de lecturas. Nada es mas propio para fortalecer el espíritu en su confianza en la libertad y el progreso, que el espectáculo sencillo, prosaico en apariencia, de un pueblo que, centuplicando sus pequeños recursos por medio del trabajo y de la emulacion, se eleva hasta un grado muy alto de civilizacion, probando que la libertad y la práctica del derecho son los medios mas seguros y eficaces de fomentar el bienestar comun.
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CAPITULO XV.
LA HOYA DEL RIN.
Las comunicaciones en Suiza.—De Zuric á Schaffhousen.—La catarata del
Rin.—La ciudad y el canton de Schaffhousen.—Navegacion del alto
Rin.—La ciudad de Constanza.—Los lagos internacionales.
El canton de Zuric contiene en su capital y en la pequeña ciudad de Winterthur dos centros importantes de ferrocarriles, los cuales procuran un gran movimiento de comunicaciones á toda la region de Suiza correspondiente á la vasta hoya del Rin. De Zuric parten dos líneas que se subdividen ó enganchan sucesivamente: la primera se dirige hácia el occidente, siguiendo el curso del rio Limmat, y se bifurca en el canton de Argovia, cerca de la confluencia de aquel rio y del Reus con el Aar; de allí una rama se aparta hácia el norte, orillando el Aar hasta el Rin, atraviesa este gran rio y sigue su márgen derecha por todo el territorio del gran-ducado de Báden, hasta ligarse á las numerosas y complicadas líneas de ferrocarriles alemanes y franceses; miéntras que la línea suiza, cortando el territorio de Argovia, por la via de Aarau, se liga en Olten con los ferrocarriles que en opuestas direcciones giran hácia Basilea, Solera, Berna y Lucerna.
La otra línea de Zuric salva el Limmat á corta distancia de la capital, y luego se bifurca en Walliselten. Allí, una rama va hácia el S. E., por en medio de los lagos de Greiffen y Pfaffikon, costea luego los de Zuric (en su extremo superior) y Wallenstatter, soltando un ramal sobre Glaris, y va á terminar en Coira, capital del canton de los Grisones, el mas montañoso y el segundo en extension de la Confederacion. La otra rama avanza hasta Winterthur y allí se divide en tres ramificaciones: la primera penetra á los cantones de Turgovia y San-Gall, pasa por la capital de este, toca en el lago de Constanza y remontando el valle del alto Rin llega hasta Coira; la segunda pasa por la capital de Turgovia (la ciudad de Frauenfeld) y termina en el puerto de Romishorn, en el mismo lago de Constanza; en fin, la tercera se dirige á Schaffhousen, pasando por encima de la famosa catarata. Esta última ramificacion era nuestra via al partir de Zuric.
No es sin objeto que hago esta ligera indicacion de las líneas de ferrocarriles que posee la Suiza en la hoya del Rin, aparte de las numerosas líneas que corresponden á la hoya del Ródano. He querido hacer notar con esa simple indicacion cuánta es la importancia que esos pueblos libres y progresistas de Suiza dan al desarrollo de las vias de comunicacion que, en el presente siglo, son la manifestacion mas característica y enérgica de la civilizacion. Comunicarse es vivir, progresar, multiplicar la luz, la fuerza y el tiempo; y los Suizos, acaso mejor que nadie, relativamente, han comprendido muy bien que el aislamiento es el estancamiento, la muerte,—porque en esta época el que se queda atras caduca y perece. No hay un rio ni un lago susceptible de navegacion que no esté surcado en Suiza por numerosos vapores, para cuyo servicio se aprovecha en caso necesario el inagotable combustible que ofrecen las florestas de los Alpes y el Jura. La red de caminos carreteros es extensa y complicadísima, y donde el terreno se presta poco á las carreteras se encuentran al ménos excelentes caminos de herradura muy bien conservados. En todas las vias importantes, aun por encima de los abismos de los lagos y al traves de las espesas selvas, hay líneas telegráficas, con un alambre por lo ménos. Los ferrocarriles se cruzan en todas direcciones, y no muy tarde la Europa occidental, así como los pueblos del Rin, tendrán sus comunicaciones directas con Italia y la hoya del Adriático por medio de los ferrocarriles suizos del Rin y el Ródano.
Todo eso es prodigioso, aun relativamente á los demas países europeos, y hace mucho honor al espíritu práctico y progresista de la Confederacion suiza; ademas, es un ejemplo muy digno de ser imitado, porque contiene una gran demostracion en favor de esa política moderna que tiende á suprimir las fronteras, y busca la fuerza de los pueblos no en el número de sus bayonetas y el poder de sus fortificaciones y precauciones egoistas y suspicaces, sino en la multiplicacion de los cambios, sean de ideas ó de valores económicos. Con un territorio asombrosamente sembrado de obstáculos y una poblacion reducida á ménos de dos y medio millones de individuos (pobres en gran parte, en las montañas y los valles alpinos) la Suiza ha podido sinembargo, á fuerza de voluntad y liberalismo, realizar prodigios en pocos años. Los Alpes han dejado de ser barreras divisorias de Europa; y en doce años, gracias al movimiento producido por el triunfo del radicalismo en 1848, la Confederacion ha hecho inmensos progresos que se manifiestan en todas partes con evidencia, particularmente en Ginebra, Zuric, San-Gall y Basilea.
La via que tomamos en Zuric gira por una comarca de alegres y pintorescas planicies hábilmente cultivadas, salpicadas de lindos bosques, pueblos y cortijos, y entrecortada por graciosas colinas que algunas veces ofrecen las proporciones de pequeñas montañas. Todo ese país, hasta las cercanías del Rin, seduce al viajero con sus mil rasgos que indican en la poblacion de las campañas y las localidades inteligencia, pulcritud, actividad y bienestar. Donde quiera los graciosos campanarios de bonitas iglesias, la estructura de las casas, las numerosas arboledas y la disposicion de los objetos ofrecen á la vista del viajero paisajes pintorescos, que contrastan con los severos de las montañas y los valles alpestres.
Winterthur, situada casi en la mitad del trayecto, es la única villa ó pequeña ciudad importante en que se toca. Y en realidad pocas localidades hay en Suiza, de proporciones análogas (5,600 habitantes reformados) que inspiren tanta simpatía como la bella y limpia Winterthur. Demora esta ciudad á orillas del riachuelo llamado Eulach, en el fondo de una bonita llanura rodeada de colinas, unas cubiertas de viñedos y otras de bosques de hayas y encinas, y todas salpicadas de alegres casas de campo ú labor. La regularidad de sus formas, compuesta como está de dos grandes calles rectas cortadas por siete ú ocho trasversales, le da un aspecto enteramente moderno, no obstante que data del siglo XII; y si sus numerosos edificios públicos, muy estimables y dignos de atencion, y sus elegantes casas modernas le dan un aire de bienestar y progreso muy simpático, su multitud de fábricas, su movimiento comercial y el de su gran estacion de ferrocarriles hacen comprender que allí reina la actividad de los negocios, aliándose muy bien con la pulcritud y la hermosura.
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Al llegar al valle mismo del Rin, orillando su márgen izquierda, el paisaje toma un aspecto magnífico y apacible. El rio desciende lento y silencioso por en medio de florestas y viñedos extensos, y donde quiera se comienzan á ver á lo léjos, sobre las colinas rocallosas, unos cuantos de esos castillos feudales tan prodigiosamente numerosos en el Rin, algunos de gracioso aspecto y muchos de ellos románticos por sus hermosas ruinas. Al cabo el ferrocarril se aproxima tanto á la catarata que se percibe el ruido de sus remolinos espumantes; el tren penetra en un pequeño túnel, pasando bajo las rocas que sostienen un antiguo castillo, y al salir de la caverna artificial el viajero se siente sorprendido, hallándose sobre el puente de hierro que atraviesa el Rin en el punto donde se pronuncia el raudal que determina la catarata. Esa impresion momentánea es una de las mas profundas y sorprendentes que se experimentan en Suiza, pues en ménos de un minuto se pasa de las tinieblas del túnel al magnífico espectáculo de la catarata, y de esta, perdiéndola de vista, al valle algo profundo del rio hasta la ciudad de Schaffhousen.
Teníamos priesa de dirigirnos al hermoso hotel establecido sobre la márgen derecha del rio, en frente de la caída ó catarata, para donde partímos al momento mismo en un coche, reservando para el dia siguiente la inspeccion de la ciudad.
El hotel Weber, cuyo nombre es una poética reminiscencia de las obras de uno de los mas simpáticos artistas alemanes, tiene una situacion muy feliz para el viajero que desea admirar ese magnífico rasgo de la poesía suprema de la naturaleza. Trepado sobre un collado á mayor altura que la catarata, en medio de jardines y bosquecillos, domina completamente el abismo azul y trasparente, redondeado en forma de lago, en cuyo fondo se precipita el rio en deslumbradores torbellinos, como una borrasca de perlas y chispas de diamante. Habiendo llegado á las cuatro de la tarde, tuvimos la triple delicia de contemplar ese tesoro á la luz de la tarde, desde la ribera, y á la de la luna y del alba desde los balcones del hotel.
Desde el pié del collado en que nos hallábamos, sobre la orilla misma del rio, teníamos al frente un soberbio cuadro formado por la catarata y las riberas que le sirven de marco. A nuestra izquierda, es decir sobre la márgen derecha del rio, se destacaba sobre un collado de base rocallosa la masa caprichosa y desordenada de la pequeña villa de Neuhausen, que vive ensordecida por el estruendo de las ondas irritadas, y cuyos edificios se avanzan en parte sobre las rocas del raudal, ó trepan hácia la colina, ó se pierden de vista en el fondo del valle superior, á la sombra de algunos grupos é hileras de álamos blancos. A nuestra derecha, del lado opuesto del rio, se levantaba un enorme peñasco abrupto, como una fortaleza, dominado por el castillo de Lauffen, que le da su nombre aleman á la caída: y al pié de ese romántico edificio, siguiendo el curso del rio, giraba un alto y verde collado que iba á perder su graciosa curba en un horizonte estrecho de bosques espesos que dominan el cauce.
Al frente, en medio de las dos vigorosas líneas del marco, se ve el puente del ferrocarril casi saliendo de la negra boca del túnel, y debajo un enjambre de rocas desiguales y revueltas que comienzan el raudal, dislocan el movimiento de las ondas, se estrechan en un espacio de 100 metros y terminan en tres grandes peñascos de formas destrozadas y salpicados de matorrales, que forman una barrera de 15 á 20 metros de altura. Por sus espacios ó boquerones se precipita la enorme mole líquida, espumante, frenética, en chorros desiguales que se multiplican en numerosas cascadas, llenando el aire de nubes de chispas luminosas, retorciéndose en el vacío como legiones de boas diamantinos, azotando las rocas con desesperacion y hundiéndose en el vasto recipiente en remolinos sorprendentes cuyo estridor aturde, impone y hace enmudecer de admiracion…. Tal parece como si el noble y viejo Rin, tan glorioso y fecundo en la historia de Alemania, animado por la conciencia de un genio misterioso, sintiese al mismo tiempo la desesperacion de perder su unidad y su calma generosa en ese abismo de rocas que lo despedazan, y el remordimiento de interrumpir la comunicacion, sobre sus azules ondas, de pueblos hermanos por la lengua, la raza, las tradiciones y los intereses. Se diría que los Alpes, orgullosos de los magníficos horrores que guardan en su seno, han querido perseguir al Rin, el fruto de sus admirables neveras, atravesando en su curso un cordon de peñascos que les hagan recordar á los pueblos de las llanuras alemanas que el imperio de los gigantes graníticos de la Suiza alcanza hasta muy léjos de sus altísimas cascadas, sus picos formidables, sus torrentes coléricos y sus lagos románticos!
Sinembargo de la profunda impresion que nos causó tan bello espectáculo, confieso que no sentímos ese horror que experimentan en su presencia los excursionistas europeos que no han viajado en América. Por grandioso que sea el espectáculo de Lauffen, á causa del volúmen de agua principalmente, no tiene la horrible majestad de las grandes cataratas del Nuevo Mundo, mucho mas imponentes que las de Europa. Esos sublimes desórdenes de la naturaleza parecen exigir siempre en derredor un marco salvaje en armonía con la cólera del torbellino y la grandiosidad del abismo. Así, la caída de Lauffen nos pareció mas hermosa y poética que sublime y aterradora, á la luz del sol de la tarde y bajo los resplandores del crepúsculo matinal.
Pero durante la noche, cuando la contemplamos desde los altos balcones de nuestro aposento, á la luz melancólica de la luna, nos pareció de una hermosura imponderable. Era un espectáculo tan romántico, tan soberanamente triste y elocuente, que sentímos nuestras almas conmovidas hasta lo mas hondo y soñamos despiertos durante horas enteras.! Qué de misterios penetra y analiza el alma, excitada por el sentimiento de admiracion, en aquellos momentos en que Dios se revela en sus sublimes obras y ningún rumor humano se interpone en medio del Creador y el hombre, del corazon y la naturaleza! Entónces, soñando sin sentirlo y perdiéndose en un mundo de cavilaciones luminosas, el alma descubre mil verdades que el bullicio del mundo le habia ocultado,—verdades que brillan, que palpitan por decirlo así, lo mismo en la onda suspendida en el abismo y preñada de la luz de la luna, que en los senos oscuros de la roca y el bosque, y tanto en los maravillas del cielo como en los rumores de la brisa, las ecos del torrente y el sueño tranquilo de la naturaleza orgánica.
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El canton de Schaffhousen se compone de tres porciones aisladas y desiguales de territorio, sobre la márgen derecha del Rin, enclavadas en medio del gran-ducado de Báden y los cantones de Zuric y Turgovia, y con un área total de 300 kilómetros cuadrados. La mas considerable de esas tres porciones es la que tiene por centro á la ciudad capital. Aunque el Canton no carece de industria y de alguna explotacion mineral (particularmente de hierro) la agricultura es su mas importante elemento de riqueza, consistente en la produccion de buenos vinos, crias de ganados y corte de maderas. Casi todo el territorio proviene de adquisiciones hechas por compras verificadas por la ciudad de Schaffhousen en otros tiempos. La poblacion, casi totalmente calvinista, no excede de unos 35,700 habitantes, de raza alemana.
Ciudad libre imperial desde fines del siglo XI y dominando el país anexo, despues de haber vivido bajo la soberanía de un abad, Schaffhousen mantuvo hasta 1798 la constitucion semi-aristócratica que se habia dado en 1411. Su primera liga con los Cantones suizos, que le aseguró la independencia, tuvo lugar á mediados del siglo XV, pero su entrada definitiva á la Confederacion no se efectuó sino al principio del XVI. Los sucesos de 1798 produjeron la reforma de las instituciones que les negaban derechos á los paisanos; y, á pesar de la reaccion de 1814, el Canton está regido desde 1834 por una constitucion liberal y democrática, análoga en lo sustancial á las de otros cantones de gobierno popular representativo.
La ciudad de Schaffhousen, si no es bella según el gusto moderno, es sumamente curiosa por sus formas singulares, enteramente fieles á las tradiciones de la edad média. Bajo este aspecto es la ciudad mas interesante de Suiza. Cuenta unos 7,800 habitantes y está situada en un suelo onduloso á la márgen derecha del Rin, á corta distancia de la caída, lo que unido á sus murallas que la cercan en parte y van desapareciendo, le da un aspecto que no carece de gracia. Sus calles angostas y tortuosas, sus edificios de formas extrañas, cubiertos de frescos históricos ó religiosos y dominados por torreones salientes que proyectan sobre las calles sus balcones cerrados de la edad média, y otros pormenores análogos, le dan un aire de vetustez que contrasta mucho con el de casi todas las ciudades suizas. Por lo demas, Schaffhousen manifiesta con sus establecimientos públicos (entre ellos una biblioteca con mas de 20,000 volúmenes, y colecciones estimables) que donde quiera el genio suizo y el espíritu de emulacion son favorables al servicio público.
Despues de una ligera inspeccion de la ciudad nos embarcamos á bordo de un vapor que debia remontar el Rin y conducirnos á Constanza para luego surcar el lago y dirigirnos á San-Gall. Salvo algunos graciosos paisajes que ofrecen los pueblos de las dos riberas, los castillos que las dominan, el movimiento de los vapores que se cruzan, etc., casi todo el trayecto carece de interes. El Rin no tiene allí contornos bien determinados; las orillas, cubiertas de viñedos literalmente y rara vez encerradas entre pequeñas montañas, son llanas y de triste aspecto; y el rio, dilatado á veces entre juncos espesos y desbordándose, ofrece considerables dificultades á la navegacion, que exigen muchas precauciones.
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Constanza, cuyo nombre y tradiciones político-religiosas predisponen al viajero á la curiosidad, la justifica apénas con algunos objetos. Apesar del valor de algunos templos regulares, su mérito principal consiste en los recuerdos que hace evocar. La ciudad, situada sobre la márgen izquierda del Rin y enclavada en el territorio del canton de Turgovia, pertenece al gran-ducado de Báden, y aunque comienza á renacer de su profunda decadencia, tiene muy poco movimiento industrial y apénas cuenta unos 5,700 habitantes. Su posicion es algo pintoresca, en el fondo de una vasta planicie y dominando la estrecha garganta del Rin que enlaza los dos lagos de Constanza llamados de arriba (Ubersee, el mas considerable) y de abajo (Untersee). El horizonte es vasto y generalmente desapacible, como el de todos los lagos que, siendo considerables, carecen del magnífico marco de altas montañas en todas direcciones.
Constanza es una plaza fortificada, si bien sus fortificaciones nada tienen hoy de formidables. Por una singular contradiccion es al mismo tiempo un puerto franco, y es á esta circunstancia que debe la mediana actividad comercial que en su seno se va desarrollando. Fundada por Constantino Cloro al fin del siglo III, adquirió, despues de hacer muchos progresos en la edad média, el rango de ciudad libre imperial, del cual la privó el emperador Cárlos V, en castigo de su rebeldía religiosa ó la adopcion del protestantismo. Los monumentos y las calles antiguas de la ciudad no carecen de interes por algunos pormenores curiosos. Sinembargo, lo que mas nos llamó la atencion durante las cuatro ó cinco horas que gastamos en visitar á Constanza, fueron las ruinas del convento de los Dominicanos (que yacen en una graciosa islita determinada por un canal y el Rin) y el extraño y tristísimo edificio, especie de museo del horror, donde tuvo sus sesiones el célebre concilio de odiosa memoria que funcionó de 1414 á 1418.
Los nombres de Juan Huss y su discípulo Jerónimo de Praga, esos heróicos precursores de la Reforma que preparó el triunfo de la libertad de la conciencia, parecen vagar aún por todo el ámbito de la ciudad y darle no sé qué de solemne y melancólico. En la islita que he mencionado se encuentra una admirable enseñanza que no impresiona al vulgo de los excursionistas. La iglesia del antiguo convento es una bella ruina cubierta de verdura; los claustros y salones de habitacion, que sirvieron de prision á Juan Huss, están hoy ocupados por una fábrica de tejidos de algodon; y á su lado subsisten aún, olvidados, los restos de una fortaleza romana. Como se ve, el cuadro es en apariencia muy sencillo; y sinembargo él resume la historia de la civilizacion durante la era cristiana. La fortaleza romana, casi borrada del suelo, es el símbolo de la conquista y la fuerza vencidas,—instrumentos de civilizacion en lejana época. Las ruinas del convento son las de un nuevo género de fortaleza y de conquista,—la fortaleza monástica y la conquista religiosa de la edad média,—recordando el martirio de un hombre de conciencia libre y sentimiento indomable. En fin, la manufactura de algodon, fortaleza pacífica del trabajo, es el símbolo del sistema moderno de conquista y civilizacion: el de las colonizaciones fecundas, el comercio libre, la emancipacion del hombre por el trabajo, y la potencia maravillosa de las máquinas que espiritualizan la materia y mejoran la condicion de la humanidad. La fortaleza romana ha desaparecido casi; la iglesia conventual es una ruina; la fábrica prospera, y el nombre de Juan Huss se ha salvado del olvido, porque simboliza la gloria de la conciencia libre, santifica el martirio y condena los crímenes y horrores del fanatismo religioso.
El edificio gótico, de interior casi escueto, donde tuvo sus deliberaciones el Concilio, nos inspiró disgusto. Así como es penosa la visita de una cárcel ó un lugar de suplicio, no se puede penetrar sin repugnancia á un recinto donde se ha perpetrado un gran crímen. El concilio de Constanza, no solo cruel sino pérfido, consumó allí dos, haciendo perecer en la hoguera á los dos heróicos sectarios; y si con eso acabó de justificar la futura Reforma, no comprometió ménos el porvenir del catolicismo con la eleccion de Martin V en reemplazo de dos papas depuestos. Hay actos de autoridad que son por sí solos la condenacion de la misma autoridad en que se fundan.
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Al embarcarnos en el muelle de la ciudad, á bordo de un bonito vapor, comenzamos á navegar el lago de Constanza propiamente dicho, que los alemanes llaman Boden-See. En breve tuvimos á la vista el angosto golfo que se prolonga hácia el N.-E., haciendo un abra en el territorio de Báden, con el nombre particular de Uberlinger-See. A la derecha teníamos, primero, el territorio del canton de Turgovia (ó Thurgovia) y luego el de San-Gall, que íbamos casi orillando; á la izquierda, en lejano horizonte, las costas ó riberas del gran-ducado de Báden, de los reinos de Wurtemberg y Baviera en el centro, y del Austria, en el extremo superior del lago. En todas direcciones veíamos riberas bajas y de tintas melancólicas, rara vez dominadas por colinas de alguna consideracion, literalmente cubiertas de viñedos, y salpicadas de una multitud de pequeñas ó regulares poblaciones. Muy frecuentemente íbamos encontrando ó divisando á lo léjos buques de vapor y barcas veleras considerables, cuyo activo movimiento alimenta un tráfico de grandes proporciones entre los pueblos de las cinco naciones riberanas.
El Boden-See, expuesto á frecuentes y terribles borrascas y muchas veces completamente oscurecido por nieblas espesas, es el lago mas importante de las regiones alpinas, por su carácter internacional, y sus proporciones son muy considerables. Su perímetro es de 194 kilómetros, conteniendo un área de 466 kilóm. cuadrados. Mide en su mayor longitud 64 kilóm., de S.-E. á N.-O., es decir desde Bregens, en la ribera austríaca del Vorarlberg, hasta el fondo del golfo de Uberlinger; y en su mayor anchura 14 kilóm., de Borschbach (en la ribera de San-Gall) á Wasserburg, en la de Baviera. Su profundidad alcanza hasta cerca de 300 metros, y ademas de las aguas del Rin, que forman su caudal principal, recibe las de algunos rios ó riachuelos procedentes de los cinco países riberanos.
Desembarcamos, sintiendo una grata impresion, en el hermoso puerto de Borschbach, pequeña villa de cerca de 2,800 habitantes, graciosa y muy notable por su movimiento comercial é industrial, como por sus grandes mercados de granos. Allí tomamos un tren del ferrocarril que conduce á San-Gall, y una hora despues llegábamos á la bellísima capital del Canton, al traves de risueños paisajes, huertos y jardines, por en medio de los cuales gira el ferrocarril en plano inclinado y ascendente, hasta cortar la ciudad misma bajo la sombra de graciosos collados y hermosas y alegres arboledas.
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CAPITULO XVI.
TRAVESIA DE SUIZA.
El canton de San-Gall;—su historia, sus instituciones, sus elementos económicos.—La ciudad de San-Gall,—su situacion, sus monumentos y curiosidades.—El canton de Turgovia.—El canton de Argovia.—Solera y Basilea-Campaña.
Ya se ha visto que de los veintidos cantones de la Confederacion (todos sometidos desde 1848 á ciertas instituciones liberales y comunes bajo el nombre de garantías) unos son esencialmente reformados ó evangélicos y otros esencialmente católicos,—teniendo cada uno su carácter particular, pero correspondiente á uno de los dos grandes grupos. Solo los cantones de San-Gall y Turgovia tienen la particularidad de ser mixtos en su organizacion social y oficial. Acaso ninguno de los cantones ó Estados suizos ofrece con tanta evidencia como el de San-Gall la prueba de que la libertad, la tolerancia y la justicia son las mejores soluciones de todos los problemas sociales, porque armonizan los intereses mas contradictorios en apariencia, en beneficio del derecho de todos y el progreso comun. En ningún estado europeo se ve mejor practicado el principio de la igualdad y tolerancia religiosa, y gracias á eso los católicos y reformados han dejado de ser dos partidos enemigos para convertirse en dos confraternidades en accion, aunando sus esfuerzos con una noble emulacion que á todos aprovecha.
La ciudad de San-Gall, base del Estado que lleva su nombre, debió su prosperidad y su importancia á una célebre Abadía que en la edad média hizo muy notables servicios á la civilizacion. Con el tiempo los Abades adquirieron el rango de príncipes soberanos, y desde entónces, haciéndose ambiciosos, batalladores y altivos, vivieron en lucha constante con los pueblos deseosos de asegurar su libertad y sus derechos. Despues de su alianza é ingreso en la Confederacion y las trasformaciones acarreadas por la revolucion francesa, la Abadía, perdiendo su autoridad temporal, quedó reducida á la impotencia, y mas tarde fué suprimida. El Canton se dió en 1831 la Constitucion democrática templada que lo rige actualmente, y el liberalismo de las instituciones ha sido fecundo en muy notables progresos.
Conforme á la Constitucion, las dos comuniones religiosas están representadas en proporcion á su fuerza numérica. La poblacion (de raza y lengua alemanas) era, en 1850, de 169,625 habitantes, de los cuales 106,000 católico-romanos y los demas evangelistas. En 1860 el guarismo total subió á 181,091. Cada comunion tiene su consejo ó comision constitucional que dirige los negocios relativos al culto y las escuelas, independientemente del Gobierno propiamente dicho. El poder legislativo es ejercido por un Gran-Consejo, de eleccion de los ciudadanos de edad de 21 años, renovable cada dos años y compuesto de 150 miembros. De estos, 88 representan á los católicos y 62 á los protestantes. Esa coexistencia en la separacion, y esa autonomía de las dos comuniones en la direccion del culto y la enseñanza, impiden toda colision en las elecciones, toda lucha que pueda despertar el fanatismo y afectar los mas caros intereses de la familia, que son los religiosos y de la instruccion pública. El poder ejecutivo está á cargo de un Pequeño-Consejo de 7 miembros, elegidos por el Grande, renovables cada cuatro años y presididos sucesivamente por dos Landamman de duracion semestral que tienen la direccion personal del Estado. El Gran-Consejo elige tambien los representantes á la Dieta federal y los altos magistrados y oficiales del Estado. Los poderes están perfectamente separados; todas las garantías mas importantes son fielmente mantenidas; los ciudadanos son libres, y el régimen municipal favorece el progreso de todas las localidades.
El Canton, sumamente favorecido por la fertilidad de su suelo y las ventajas que le ofrece la navegacion del Rin, de los lagos de Constanza, Zuric y Wallenstatter y de algunos riachuelos, se compone de dos regiones distintas: una montañosa y elevada, del lado del alto Rin ó el sur, y la otra muy ondulosa, surcada por pequeñas colinas y dividida en una multitud de vallecitos pintorescos y muy cultivados. El Canton encierra dentro de su territorio, en su totalidad, al pequeño canton de Appenzel, montañoso y alto, y curioso por su afamada fabricacion de encajes y bordados y sus poblaciones de pastores y escultores en madera[25]. El área del canton de San-Gall contiene 1,952 1/4 kilómetros cuadrados, y su mayor longitud es de unos 78 kilómetros.
[25] El canton de Appenzel, dividido en dos grupos, según las religiones, cuenta 60,624 habitantes, de ellos 48,604 reformados, llamados Ródas exteriores.
Por razón de su agricultura, su industria y su comercio, San-Gall es uno de los mas valiosos é importantes Estados de la Confederacion. Sus productos agrícolas son muy considerables, relativamente á la extension territorial, consistiendo principalmente en vinos, granos, maderas y ganados; y su industria floreciente abarca una multitud de ramos de fabricacion, distinguiéndose por la especialidad de sus preciosos bordados y encajes, sus bellas muselinas y otros artículos de gusto.
La ciudad de San-Gall, poco feliz por su situacion para ofrecer de léjos un panorama ostensible, es sinembargo, por sus graciosos pormenores ó rasgos, una de las mas pintorescas y bellas ciudades de Suiza. Demora en el fondo de un primoroso vallecito formado por dos cordones de altos collados ó colinas que lo encierran, dándole al conjunto el aspecto de una inmensa bandeja de verdura salpicada en su fondo de vivos colores. Así, despues de llenar completamente el lindo vallecito, la ciudad se extiende en dispersos arrabales sumamente graciosos, que trepan por los flancos de los collados y se esparcen en las praderitas bajo las bóvedas que forman innumerables árboles frutales ó de adorno. Sus calles anchas y pulcras, sus graciosos edificios (muchos de ellos de lujoso aspecto y artísticas formas), sus numerosas fuentes públicas (como 120), sus terrazas, á veces escalonadas en anfiteatros irregulares, sus bellos edificios públicos de todo género, sus plazas orilladas de árboles, y los centenares de jardines y aun pequeños parques de estilo inglés que entrecortan las calles y embellecen las casas en el interior, ó afuera en derredor,—forman un paisaje lleno de frescura y gracia, animado por el movimiento industrial y comercial y el ruido de los trenes del ferrocarril que atraviesa de un extremo á otro la ciudad[26].
[26] La capital numera 14,522 habitantes, de los cuales unos 10,000 reformados.
Son notables en San-Gall: la iglesia catedral católica (de la antigua Abadía) restaurada según el estilo italiano, sin mérito exterior particular, pero muy elegante en su interior y riquísima en mármoles soberbios y frescos del pintor italiano Moreto; la iglesia protestante de San Estévan (tambien renovada), edificio muy curioso por su estilo y decoraciones del gusto arábigo y su estructura interior de suma sencillez, que tiene el aspecto de un teatro; en fin el gran edificio de la Abadía, donde reside el Consejo gubernativo y se reune el Gran Consejo,—monumento triste y sin ningún valor artístico, pero importante por la biblioteca (mas de 26,000 volúmenes) y las colecciones que contiene. Entre estas las mas notables son las de manuscritos y antigüedades, donde pudimos admirar obras de caligrafía, escultura en marfil y miniatura verdaderamente maravillosas.
Ademas, llaman la atencion en San-Gall: la Casa de detencion, muy bien organizada; una excelente Penitenciaria; los colegios ó gimnasios de las dos comuniones religiosas; numerosas escuelas públicas bien mantenidas, y muchos institutos de crédito, beneficencia, economía y prevision, debidos al espíritu de asociacion. Todo contribuye en San-Gall á producir en el ánimo del viajero una impresion grata, que es la mejor justificacion del espíritu de libertad y tolerancia que allí reina.
No olvidaré un rasgo curioso, aun á riesgo de incurrir en una repeticion. Al recorrer la ciudad en todas direcciones y visitar algunos almacenes de bordados y objetos artísticos, nos parecia que íbamos á encontrar muchedumbres de obreras trabajando en esos bordados y preciosos encajes, que ostentan con vanidad las damas elegantes de Paris, Lóndres ó Viena. Nada de eso. Esos primores artísticos son obra de las manos mas rudas y callosas,—de los pastores de Appenzell y las montañas de San-Gall,—que al terminar los veranos bajan de las altas praderas con sus rebaños, y se consagran durante los inviernos á labrar sus admirables encajes ó bordados de gran valor, cuando no á esculpir juguetes y graciosas figuras en madera de abeto ó pino, de haya ó encina. Así, uno de los objetos de mas lujo en los grandes salones de Paris, procede de las manos mas humildes y toscas. ¡Cuántas veces el mundo, en su loca admiracion por las apariencias deslumbradoras, olvida las humildes existencias cuyo concurso ha producido las maravillas que se admiran!
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El tren que partió de San-Gall nos condujo á Zuric, de paso, por la via de Winterthur, al traves de una parte, ó casi el vértice, del curioso triángulo que forma el territorio del canton de Turgovia. Como allí no tocamos sino en localidades insignificantes, no me es dado hacer respecto de ese canton ninguna observacion particular. Solo diré que el triángulo de su territorio tiene su base sobre el Rin y el lago de Constanza, con sus lados limítrofes hácia San-Gall y Zuric. Su poblacion (que es tambien alemana) no excede de 90,500 habitantes, protestantes en mas de los dos tercios. Las instituciones de ese canton son liberales y muy análogas á las de San-Gall; y, aunque no carece de regular industria, su riqueza principal es agrícola.
Un segundo tren nos condujo de Zuric á Basilea, al traves del canton de Argovia, de una parte del de Solera y de todo el de Basilea-Campaña. De ese modo, en poco mas de ocho horas (incluyendo detenciones) hicimos la travesía de toda la region de planicies comprendida entre los Alpes de San-Gall y el Jura, en la grande hoya del Rin, casi desde la frontera de Austria hasta la de Francia. Toda esa comarca es bellísima, pintoresca en extremo, y es la mas poblada y mejor cultivada de toda la Confederacion. Al atravesar los cantones de Argovia, Solera y Basilea-Campaña, desaparece el encanto de los lagos y toda esa majestad de las montañas soberbias de los Alpes; pero la civilizacion manifiesta sus progresos en todos los objetos visibles, y el viajero se deleita admirando los lindos valles de los afluentes del Rin, y luego los mil caprichos de las montañas del Jura que surcan el país entre Aarau, capital de Argovia, y Liesthal, que lo es del medio-canton de Basilea-Campaña.
Diré apénas lo esencial respecto de esos tres cantones, por los cuales no hicimos mas que pasar. El de Argovia (cuya poblacion es de raza alemana, como los de Solera, Basilea-Ciudad y Basilea-Campaña) es muy industrial y agrícola, y feliz por la fertilidad de su suelo y su excelente sistema hidrográfico del Rin, el Aar y sus afluentes. Su área territorial contiene 1,389 kilómetros cuadrados, con cerca de 194,600 habitantes (en 1860), reformados en su gran mayoría. Es de notarse que en 1850 la poblacion era de 199,852; la emigracion es la sola causa de la disminucion. Las instituciones del Canton son muy liberales y le dan las formas de una república representativa.
El canton de Solera (ó Solothurn), completamente surcado por las cadenas del Jura y correspondiente á la hoya del Aar inferior, tiene un área excesivamente irregular ó dislocada, de 811 kilómetros cuadrados. El suelo es muy fértil y rico en productos agrícolas y minerales; la agricultura floreciente; la industria manufacturera activa, así como la explotacion de diversas minas y canteras, y el comercio de tránsito considerable. La poblacion alcanzó en 1860 á 69,675 habitantes, católicos en su gran mayoría, y conforme á la constitucion de 1840-41 el Estado forma una república democrática representativa.
En cuanto á Basilea-Campaña, su condicion es particular. En otro tiempo todo el país dependia de la ciudad de Basilea, y esta y los pueblos de la Campaña vivian en lucha permanente. En 1832 se decretó la separacion, que se consumó al año siguiente, y desde entónces el Estado está dividido en dos medio-cantones que tienen sus constituciones separadas y gobierno independiente, representados por mitad en la Dieta federal. Basilea-Campaña, que comprende casi todo el territorio del antiguo canton (el de la izquierda del Rin), cuenta 51,773 habitantes, reformados en mas de sus cuatro quintas partes; es esencialmente manufacturero, sin perjuicio de su agricultura y comercio de tránsito, y es muy estimable por sus libres instituciones democráticas. Allí no hay culto oficial, no existe privilegio ninguno, y la libertad individual es tan completa como la igualdad política y social.
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CAPITULO XVII.
BASILEA Y LA SUIZA.
La ciudad de Basilea; situacion y panorama.—El medio-canton: su historia, sus instituciones, su industria y condiciones sociales.—Monumentos de la ciudad, institutos y costumbres.—Observaciones comparativas respecto de la Confederacion.
Basilea (llamada en frances Bâle y en aleman Basel) hace un juego muy particular con Ginebra, con la cual tiene muchos puntos de analogía. Ambas demoran á orillas de uno de los dos grandes rios que constituyen las bases del sistema hidrográfico de Suiza; ámbas son como las puertas de la Confederacion abiertas sobre las fronteras de Francia, en las dos extremidades de la region surcada por las cadenas del Jura ó sus contrafuertes; ámbas obedecieron en un tiempo á la dominacion de obispos y del imperio franco-burguiñon; ámbas vivieron la vida mas agitada, se distinguieron por su ilustracion y su riqueza, manifiestan en sus monumentos é institutos un alto espíritu de progreso, han sido fieles á la reforma religiosa (á cuyo influjo deben sus mayores ventajas), y se hacen notar por su genio altamente industrial y comercial y las grandes riquezas de sus numerosos capitalistas.
Hablar de Basilea es lo mismo, en rigor, que hablar del medio-canton da Basilea-Ciudad, toda vez que su territorio está reducido al que ocupa la ciudad sobre las dos márgenes del Rin, y su término circunvecino de jurisdiccion, que en su mayor parte está enclavado en el territorio del gran-ducado de Báden. Precisamente ocupa el vértice del enorme ángulo que describe el Rin, cuya direccion general de oriente á poniente desde Constanza hasta Basilea (que es la region central del gran rio) cambia allí repentinamente, torciendo en línea casi recta hácia el norte. El bajo Rin comienza, pues, en Basilea, y es allí que se halla el extremo superior de su gran navegacion, que mantiene tan valiosos cambios entre Suiza, Francia, los Países Bajos, los Estados occidentales de Alemania y otras naciones. La situacion de Basilea es, pues, sumamente feliz bajo el punto de vista comercial, y su panorama, aunque muy diferente de los de otras ciudades suizas, interesa al viajero y abunda en bellos pormenores artificiales. Sus fortificaciones, que en un tiempo la estrechaban, han desaparecido casi completamente para abrir campo á nuevos edificios, fábricas, almacenes y jardines, y á los rieles y trenes de los ferrocarriles.
Basilea, como casi todas las ciudades del principio de nuestra era y particularmente de la edad feudal, nació al derredor de un castillo fuerte (el de Basilia) en el curso del siglo V…. Su notable prosperidad data del siglo X, bajo la autoridad mixta de una serie de obispos. Pasando de la jurisdiccion suprema del reino de Borgoña á la del imperio germánico, vivió durante siglos en lucha constante contra los obispos y sus aliados los nobles, forcejando por asegurar su libertad y sacudir la dominacion eclesiástica. Su entrada á la Confederacion suiza (en 1501) y la adopcion de la reforma religiosa, la pusieron en posesion de su autonomía, agrandada con adquisiciones hechas en el territorio de Liesthal ó la Campaña, y el de la márgen derecha del Rin. Pero á su turno la burgosía ó clase media de ciudadanos dominó como privilegiada, oprimiendo á los paisanos, hasta que la revolucion francesa, en 1798, y luego el «Acto de mediacion», fundaron la igualdad democrática, La lucha sangrienta de 1833 redujo á Basilea á sus proporciones actuales, quedando el primitivo Canton dividido en dos entidades políticas independientas.
Basilea-Ciudad no se ha quedado atras de ningún canton progresista en materia de instituciones. Estas son liberales y hospitalarias; aseguran todas las garantías que puede necesitar un pueblo para ser lire y civilizado, y hacen de la democracia sincera la base fundamental de ese pequeño Estado que, siendo tan insignificante por su territorio y reducido á solo 41,300 habitantes, ejerce sinembargo una influencia muy considerable sobre toda la Confederacion y ocupa una posicion de primer órden entre las plazas industriales y comerciales del Rin.
Si las líneas de ferrocarriles que la ligan con el interior de Suiza y de Francia y con las comarcas alemanas y francesas del Rin, le dan á Basilea tan considerable movimiento, su industria propia y de concentracion y sus institutos de crédito y especulacion variada multiplican la animacion de la ciudad. Ademas de la actividad fabril que los capitales de Basilea alimentan en Basilea-Campaña y las comarcas vecinas, la ciudad misma es una vasta manufactura cuyos productos son de valor considerable, particularmente en cintas, hilados y tejidos de seda y algodon. Acaso algunos de los lectores pensarán que muchas de mis indicaciones acerca de la industria suiza son inoportunas en un libro de impresiones de viaje que puede parecer de carácter principalmente literario. Debo decir, sinembargo, que, así como ninguno de mis viajes ó excursiones ha sido asunto de diversion para mí, pues mi objeto principal ha sido el de adquirir conocimientos útiles, del mismo modo mis incorrectos apuntamientos no tienen por objeto entretener á mis lectores hispano-colombianos, sino hacerles, en la medida de mis fuerzas, un servicio provechoso. Estoy bien convencido de que en Hispano-Colombia se sufre un error al creer generalmente que solo Inglaterra y Francia, y en parte la Alemania del Norte, merecen grande atencion, como elementos de la gran masa de cambios ó especulaciones que subsisten y se van desarrollando entra el mundo europeo y nuestras jóvenes repúblicas. Hay en Europa dos pequeños Estados muy estimables en todos sentidos á cuyo comercio prestamos poca atencion (involuntariamente, sin duda) los Hispano-colombianos,—Estados que pueden ofrecernos mil ventajas, mediante un sistema de especulaciones directas, y cuyo trato nos conviene aun bajo el punto de vista político-internacional: tales son Bélgica y Suiza, cuyos productos tienen la triple ventaja de la solidez, la baratura y el buen gusto. Oportunamente haré resaltar esta verdad en cuanto á Bélgica; por ahora debo decir, con absoluta conviccion, en lo que respecta á Suiza, que si sus excelentes vinos del Rin y sus afluentes, sus relojes é instrumentos de Ginebra y Neuchâtel, sus tejidos delicados y elegantes de San-Gall, ó muy populares de Zuric, Basilea y otras ciudades, así como otra multitud de productos, fuesen suficientemente conocidos en Hispano-Colombia, se ganaría mucho con establecer relaciones directas, pues los mercados suizos no solo ofrecen productos buenos y baratos, y sus negociantes se distinguen por su probidad y puntualidad, sino que tambien los Hispano-colombianos tendrían un buen campo donde colocar ventajosamente mucha parte de sus metales preciosos, su algodon, su tabaco (que en Suiza no está sujeto á ningún monopolio) y otros muchos productos del continente Colombiano.
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Si la situacion de Basilea, ciudad tan célebre por su famoso Concilio, que duró allí diez y seis años haciendo oposicion al pontificado y estableciendo graves precedentes en la Iglesia romana, es notable por su industria, su comercio y sus instituciones liberales, no lo es ménos por los rasgos particulares de sus costumbres y la multitud de establecimientos públicos que le dan el rango de una ciudad muy civilizada. Allí todo parece indicar una constante preocupacion con los intereses públicos,—el celo esmerado con que se ha cuidado de erigir monumentos sólidos á la instruccion, la beneficiencia, la economía popular, etc. La Universidad de Basilea alcanzó gran celebridad en Europa en otros tiempos, y hoy es todavía un instituto muy digno de estimacion. Las escuelas son numerosas y excelentes; y se consagra mucha atencion á las bibliotecas, los museos y las colecciones públicas. El edificio llamado Museo es un espléndido palacio digno de una extensa capital, y en él se hallan reunidos: una hermosa biblioteca con 52,000 volúmenes y mas de 4,000 manuscritos (algunos de gran valor); una abundante galería de pinturas, rica sobre todo en excelentes cuadros de Holbein; colecciones estimables de medallas y antigüedades; un museo de historia natural completo, y de mineralogía y otros ramos; y todo eso sin perjuicio de importantes colecciones particulares, de un bonito jardin botánico y otros institutos importantes.
En cuanto á los monumentos antiguos de la ciudad el único bien digno de atencion es la Catedral, edificio de orígen bizantino y reconstruido según el estilo gótico del siglo XI. Esta circunstancia, que produce el contraste de dos estilos entre algunas partes del monumento, el color rojo de su mampostería, su bella situacion sobre una colina dominando el Rin, y algunas curiosidades interiores, así como las tradiciones que estas evocan, dan á la Catedral interes considerable, no obstante la ausencia total de esas obras artísticas de adorno que la sencillez y el espiritualismo del culto protestante excluyen de los templos cristianos.
El viajero no puede ménos que notar en Basilea ciertos rasgos característicos de las costumbres, que solo se encuentran en las localidades pertenecientes á razas germánicas. Donde quiera, en nuestras excursiones por Alemania, Holanda y la Bélgica flamenca, hemos encontrado un cierto espejito, símbolo original de curiosidad recatada, que en Basilea se muestra en todas las ventanas. Las mujeres asoman rarísima vez la cara al balcon ó la ventana, sea por recato de raza ó tradicion, sea por motivos de secta religiosa, ó acaso por gazmoñería huraña; pero como no por vivir encerradas y evitar las miradas indiscretas del que pasa por la calle dejan de ser mujeres, y por lo mismo curiosas, han inventado desde tiempos antiguos el consabido espejo, adherido a la ventana en el exterior, sobre un gancho que permite darle la situacion é inclinacion que se quiera. De ese modo la imágen de todos los que pasan por la calle y entran á las tiendas se reproduce delante de la curiosa, escondida detras de su ventana y ocupada en su labor ó su lectura, sin que nadie pueda escrutar el interior con indiscretas miradas, ni aun se aperciba de que su fisonomía ó sus actos están llamando la atencion arriba. La misma operacion se reproduce en todos los pisos de cada casa, que presentan interminables hileras de espejos giratorios; y no pocas llevan su curiosidad hasta duplicar el aparato en sus alcobas para tener la imágen completa de lo que pasa en la calle, lo que equivale para su curiosidad á aquello de mascar á dos carrillos.
La pulcritud de las casas y calles de Basilea, como de todo mobiliario, es admirable. Se diría que allí vive una colonia de Holandeses, eternamente ocupada en las faenas del cepillo, la esponja y la brocha. Causa admiracion el extraordinario aseo de las casas en su interior y exterior, de las calles, los muelles y todos los edificios y lugares públicos; y es tal el prestigio de esa pulcritud que aun las casas mas viejas, pintadas con esmero y lustrosas, parecen acabadas de edificar. No pocos viajeros se rien de esos y otros rasgos curiosos; por mi parte diré que todo eso me encanta, porque la pulcritud es, en mi concepto, la prueba material del sentimiento de la dignidad y de la pureza moral, ó del candor de las costumbres ó las inclinaciones de una persona ó de una sociedad. En todos mis viajes he tenido ocasion de observar, sin excepcion, que los hechos jamas dejan de corresponder rigorosamente á la buena impresion de simpatía que causa á primera vista una ciudad aseada, ó al disgusto invencible que inspira una localidad sucia, pestilente y empolvada, como hay tantas en los países católicos de Europa.
No hay quien visite á Basilea que no sienta su curiosidad muy picada por la chistosa tradicion de una costumbre muy original que hubo en la ciudad hasta fines del último siglo: la de tener todos los relojes públicos adelantados una hora, en prueba de gratitud, dicen, por un hecho análogo y casual que en otro tiempo salvó a la ciudad de un gran peligro. Confieso que la especie, aunque singular, no me pareció tan extravagante, considerada filosóficamente. Entre relojes desarreglados, preferiré siempre los adelantados á los atrasados, porque, despues de todo, con los primeros se vive mas apriesa y se trabaja mas en la via del progreso. Ya querría yo que adelantaran su reloj, siquiera un minuto por año, muchos hombres, partidos políticos, religiosos y económicos, y aun gobiernos y Estados, que no solo lo usan atrasado sino hasta parado, porque no tienen valor para darle cuerda ni aceite (ideas) para hacerlo andar.
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En Basilea terminaba nuestra rápida excursion en Suiza, que debíamos continuar por la region del bajo Rin. Habíamos omitido visitar unos pocos cantones, ya porque carecen de interés particular, ya porque debian mas tarde, según nuestro plan, servir á nuestro itinerario respecto de Italia, del lado de la alta Lombardía. Pero los que habíamos recorrido, sobre ser los mas importantes, nos parecian suficientes para juzgar por comparacion del estado general de Suiza en la gran mayoría de los Estados confederados. Así, para terminar esta parte de mi segunda serie de observaciones de viajes, el lector me permitirá hacer el resúmen de los hechos generales mas importantes, del cual se podrán deducir consecuencias útiles y aplicables en mucho á nuestros pueblos hispano-colombianos. Veámos primero en qué órden se hallan los 22 cantones (de los cuales están subdivididos los marcados con asteriscos) por razón de su rango federal ó de admision, su extension territorial, su masa de poblacion y sus razas y religiones.
———————————————————————————————————- | CANTONES | O d | E | O d | CIFRA | RAZAS | RELIGION | | | r e | x | r e | de | principales | dominante | | | d | t | d | poblacion | [27] | | | | e s | e | e p | en | | | | | n u | n | n o | 1860 | | | | | | s | b | | | | | | a | i | l | | | | | | d | o | a | | | | | | m | n | c | | | | | | i | | i | | | | | | s | t | o | | | | | | i | e | n | | | | | | o | r | | | | | | | n | r | | | | | | | | i | | | | | | | | t | | | | | | | | o | | | | | | | | r | | | | | | | | i | | | | | | | | a | | | | | | | | l | | | | | | | | | | | | | ———————————————————————————————————- |Urí | 1º| 11| 22| 14,761| Alemana |Catª-romana| |Schwyz | 2º| 16| 17| 45,593| id. | id. | |Unterwalden*| 3º| 13| 20|[28] 24,960| id. | id. | |Lucerna | 4º| 9º| 7º| 130,965| id. | id. | |Zuric | 5º| 7º| 2º| 267,611| id. | Evangélica| |Zug | 6º| 22| 21| 19,667| id. |Catª-romana| |Glaris | 7º| 17| 19| 33,459| id. |Evangélica | |Berna | 8º| 1º| 1º| 468,515| id. | id. | |Solera | 9º| 15| 15| 69,527| id. |Catª-romana| |Friburgo | 10| 8º| 8º| 105,970| Francesa | id. | |Basilea* | 11| 18| 9º|[29] 93,024| Alemana |Evangélica | |Schaffhousen| 12| 20| 18| 35,616| id. | id. | |Appenzel* | 13| 19| 16|[30] 60,624| id. | id. | |San-Gall | 14| 6º| 5º| 181,091| id. |Catª-romana| |Grisones | 15| 2º| 10| 91,877| Italianas |Evangélica | |Argovia | 16| 10| 4º| 191,600| Alemana | id. | |Turgovia | 17| 12| 12| 90,347| id. | id. | |Tesino | 18| 5º| 6º| 131,396| Italiana |Catª-romana| |Vaud | 19| 4º| 3º| 213,606| Francesa |Evangélica | |Valles | 20| 3º| 11| 90,880| id. |Catª-romana| |Neuchâtel | 21| 14| 13| 87,847| id. |Evangélica | |Ginebra | 22| 21| 14| 83,345| id. | id. | ———————————————————————————————————- [27] No incluyo aquí la raza judáica, porque está disemeninada en casi todos los cantones, en proporciones muy reducidas ó insignificantes.
[28] Obwalden, 13,399; Nidwalden, 11,561.
[29] Basilea-Ciudad, 41, 251, Basilea-Campaña, 51, 773.
[30] Exterior, 48,604; Interior, 12,020.
Ahora, si se atiende á la proporcion en que se encuentran las razas y las religiones, tendremos los siguientes resultados generales:
RAZAS, POR CANTONES.
Germánicas puras 14 cantones
Latinas (francesa é italiana) 4 "
Mixtas (es decir, con poblacion germánica y francesa,
ó romano-germánica) 4 "
La proporcion numérica de las razas en toda la Confederacion es la siguiente:
Germánicas 1,743,519 almas
Latinas 791,792
—————-
2,535,341
INDUSTRIAS.
La poblacion total de Suiza está distribuida, en cuanto á su condicion económica, del modo siguiente:
En la agricultura, la ganadería y el corte de maderas 1,900,000 individuos En el comercio 140,000 En la industria 150,000 Artes, oficios, empleos, fuerza permanente, trasportes, etc. 315,311 —————- Total 2,535,341
Tomando el término medio de las diversas estimaciones que se han hecho de la extension superficiaria de Suiza (unos 40,000 kilómetros cuadrados) resulta la proporcion média de 63 habitantes por kilómetro cuadrado; pero si se tiene en cuenta que los rios, lagos, nevados y montañas inhabitables ocupan por lo ménos 2/5 partes de la superficie, se encuentra la proporcion de 105—65 hab. por kilóm. cuadrado, densidad de primer órden, que explica en gran parte los progresos de Suiza, al mismo tiempo que la persistencia de su corriente de emigracion.
RELIGIONES.
Esa misma poblacion se halla distribuida, por razón de las comuniones religiosas, del modo siguiente, en números redondos:
Evangelistas, ó protestantes calvinistas,
ó reformados 1,492,737
Católico-romanos 1,039,304
Israelitas 3,500
Como se ve, las dos razas principales de Europa, segun las modernas denominaciones generales, que han vivido en profundo antagonismo durante muchos siglos, por no decir durante toda la era cristiana, coexisten en Suiza sin lucha ni colision alguna en el momento actual. Del mismo modo subsisten en el territorio comun de la Confederacion las dos grandes religiones enemigas (consideradas en lo esencial) en que está dividido el mundo cristiano. Pero ¿de qué manera se han distribuido esas razas en el territorio y se han implantado en ellas la iglesia evangelista y la católica-romana? Ningún principio perceptible, ninguna regla ha presidido á ese fenómeno de clasificacion social.
La industria, la agricultura y el comercio han tenido que ajustarse en Suiza, como es inevitable, á las leyes de la topografía, superponiéndose ó concentrándose por zonas, según las facilidades que les ofrecen los climas, la composicion del suelo, lo elementos de navegacion y comunicaciones terrestres, etc. Así, nada es mas natural que la existencia de ciudades comerciales é industriales á orillas del Ródano y el Rin ó de los grandes lagos, la floreciente agricultura de las planicies y los valles, la explotacion de los bosques y praderas de las altas regiones montañosas, y la aclimatacion de ciertas industrias artísticas (como la fabricacion de relojes é instrumentos) allí donde el suelo, por su estrechez ó su pobreza, no es favorable á los trabajos agrícolas en escala considerable.
Pero en punto á religion los fenómenos que se observan en Suiza parecen desmentir todas las reglas que algunos escritores han pretendido establecer acerca de la relacion natural entre la índole y las tradiciones de las razas y la índole de las religiones que les convienen. En efecto, juzgando por los hechos generales en Europa, se ha dicho que las razas latinas tienen instintos esencialmente católicos ó romanos y son las mas accesibles á esa religion, miéntras que las razas germánicas son mas congénitas del protestantismo. Y en realidad se nota la doble coincidencia de que las primeras obran colectivamente en lo politico y social bajo el principio de autoridad, en tanto que las germánicas tienen tendencias de fuerte individualismo, según el principio de libertad, que se acomoda muy bien á los sistemas protestantes.
En Suiza es precisamente la raza germánica la que constituye la fuerza principal del catolicismo romano (en los cantones del lago de Lucerna, San-Gall, Friburgo, Solera, etc.), miéntras que las razas latinas son protestantes en su gran mayoría, formada por la poblacion de Vaud, Neuchâtel, Ginebra y los Grisones. Las religiones se han distribuido sin seguir ningún principio geográfico, y solo en virtud de causas artificiales, y se las ve entremezcladas en todo el territorio, ó separadas en algunas partes por fronteras invisibles ó completamente imaginarias. Así, la fidelidad de cada fraccion á su creencia respectiva no es mas que el resultado de la influencia poderosa, irresistible, que ejercen las tradiciones sobre los pueblos relativamente sedentarios ó confinados por la naturaleza á vivir dentro de los límites de un territorio particular.
Sea de esto lo que fuere, lo que importa averiguar es la causa determinante de esa coexistencia ó armonía que subsiste en Suiza entre las muy distintas razas y religiones que predominan en el país. Allí viven en paz y fraternalmente el montañes y el habitante de los valles y las planicies, el franco-italiano y el aleman, el católico y el protestante; como viven en paz el Canton y la Confederacion, el individuo y la municipalidad. ¿A qué atribuir esa feliz situacion, que contrasta con el antagonismo en que viven las razas, las religiones, las clases sociales y los intereses en la mayor parte de los Estados europeos? No encuentro una explicacion satisfactoria sino en la organizacion política y social de Suiza, que en el fondo no es otra cosa que un conjunto armonioso de confederaciones libres eslabonadas en tres escalas. La Confederacion nacional es una república democrática cuyos miembros ó individuos se llaman cantones, todos iguales en derechos y deberes, todos libres y gozando de personalidad ó autonomía completa en sus negocios particulares. Cada Canton es una confederacion ó república democrática de distritos, tambien libres, autónomos é iguales entre sí, verdaderas repúblicas de 500—2,000—5,000 ó mas almas, en la mayor parte de los cantones, ó cuando ménos favorecidas por un régimen municipal muy liberal. Por último, cada distrito (que en muchos de los cantones parece mas bien una gran familia que una entidad política) es una confederacion de vecinos libres, iguales, cuyo concurso simultáneo es indispensable para toda disposicion colectiva, y que gozan de autonomía real y efectiva en sus negocios personales.
Esa triple escala de confederaciones ha sido prodigiosamente fecunda en bienes de todo género. Todas las razas y religiones han podido subsistir con seguridad y concurrir, según su genio particular, á la obra comun del progreso. Todas las formas del gobierno propio han podido tener aplicacion y ponerse á prueba para que los resultados, permitiendo la comparacion, hiciesen conservar lo bueno y desechar lo malo. Todas las industrias, todas las fuerzas y los intereses sociales han podido desarrollarse simultáneamente y, gracias al espíritu de emulacion consiguiente á la libertad autonómica, erizar á Suiza de bellas ciudades, fábricas activas, excelentes caminos, institutos de todo género, ferrocarriles, vapores, esmerados cultivos y mil manifestaciones de vitalidad y progreso.
Las instituciones de Suiza han reposado por punto general en un principio fecundo: la armonía entre el derecho individual y la iniciativa ó autoridad colectiva. De este modo les gobiernos cantonales, municipales y federal han atendido eficazmente á todos los objetos de interes comun que exigen grandes esfuerzos colectivos,—al propio tiempo que los individuos han tenido siempre un vasto y libre campo donde ejercer su iniciativa y actividad personal. Esa libertad de que los Suizos han gozado y gozan ha producido dos grandes resultados: en primer lugar, cada suizo, sintiéndose libre y con dignidad, ha nutrido en su corazon el mas profundo y altivo sentimiento de patriotismo y fidelidad á la nacion, al canton y al distrito, en virtud del cual está pronto siempre á defender la patria y consagrarle su vida. Por eso la Suiza, en un dia de peligro, puede presentar en batalla 100,000 soldados que no están gravando su tesoro, y una reserva de 200,000 que forman la milicia de los cantones. Es inexacto decir que la Suiza se compone de varias razas y comuniones religiosas separadas; en realidad allí no hay mas que una raza: la de los hombres libres,—ni mas que un culto: el del patriotismo.
En segundo lugar, como ningún producto natural del país está monopolizado[31], y el ciudadano es libre en su conciencia y su pensamiento,—libre para trabajar, viajar, asociarse, etc.,—la accion del interes individual ha hecho prodigios donde quiera en servicio de la riqueza y todos los elementos de la civilizacion. Y digo prodigios intencionalmente, porque en ningún país de Europa el hombre ha tenido que luchar con tantos obstáculos como en Suiza, donde el suelo es un cáos y la fertilidad poco notable, y donde la nacionalidad se ha visto amenazada siempre por vecinos poderosos en antagonismo constante.
[31] Los únicos artículos monopolizados en Suiza son: la pólvora y, en algunos cantones, la sal extranjera. Varios gobiernos se reservan los aseguros contra incendios y la amonedacion, y los correos y diligencias casi totalmente.
Terminaré haciendo una observacion general que manifiesta cuánto las condiciones particulares de la Suiza se prestan al estudio comparativo de las razas y su civilizacion. Donde quiera noté en ese país, en las mesas de los hoteles como en los cafés, en los paseos y lugares públicos lo mismo que en las diligencias, los vapores y los ferrocarriles, la influencia benéfica que ejercen los cruzamientos de las razas, cuando ellos son el resultado de relaciones libres y de un contacto natural y espontáneo. Las razas que así se cruzan, léjos de degenerar mejoran notablemente, perdiendo mucho de sus defectos y fortaleciendo y puliendo sus cualidades, sin privarse por eso de toda su originalidad. El Aleman de Suiza es mucho ménos nebuloso que el de la verdadera Alemania, mucho mas práctico, demócrata, generoso y accesible al progreso; miéntras que el Suizo de raza francesa es mucho mas formal, mas celoso de su personalidad, mas positivamente liberal y emprendedor que el Frances puro (habituado siempre á recibir toda impulsion de la autoridad, á buscar la tutela del gobierno para todo). El libre contacto de las dos razas, favorecido por la emulacion y las instituciones democráticas, ha producido una feliz combinacion de las cualidades generosas y el espíritu lógico y claro del Frances, con la tenacidad, el sentimiento de personalidad, y la fidelidad á las tradiciones que distinguen á las razas germánicas.
Sinembargo, salta á la vista la diferencia profunda de las dos razas en materia de gusto, si se observan con atencion las ciudades de los dos tipos, tales como Ginebra y Zuric. El espiritualismo aleman es mas bien de fantasía ó imaginacion y exagerado que práctico y natural. Sueña con éxtasis, perdido en las nebulosas, adora la música y la poesía; y sinembargo se distingue por su mal gusto. Cuando sueña es teniendo delante un enorme jarro de cerveza y dos kilógramos de pan; fuma brutalmente; come con voracidad y glotonería, y en todas sus manifestaciones es inculto, pero con candor y sin caer en cuenta de su mal gusto. El Suizo aleman no le va en zaga, contrastando en todo lo que es asunto de finura, gusto y elegancia con el suizo ginebrino, neuchatelés ó vaudense. Sinembargo, la sencillez, la sinceridad cruda pero noble, y las cualidades morales y de actividad económica que adornan al honrado Suizo aleman, hacen que el viajero le disimule con benevolencia las asperezas de una corteza que encubre sérias y estimables virtudes.
Por lo que hace á los negocios colectivos, los resultados no han sido ménos felices. Aglomerados en confederacion los veintidos cantones, algunos de territorio microscópico, han comprendido que para mantenerse en el rango de Estados, bajo el pié de igualdad, necesitaban rivalizar en progresos, consagrándose con noble emulacion á la obra de su engrandecimiento;—haciendo mucho, sin embarazar la accion individual. De ahí esa prodigiosa abundancia de museos, bibliotecas, colecciones científicas, hospicios y hospitales, colegios, escuelas especiales y escuelas primarias[32] que se encuentra en Suiza; de ahí tambien la excelencia de las carreteras que surcan el país en todas direcciones, la multiplicidad de ferrocarriles, el buen servicio de correos y telégrafos, y el esmero que se tiene porque las oficinas y los establecimientos públicos tengan una residencia material digna y agradable.
A este propósito haré notar que el pueblo suizo, esencialmente práctico en todo, pero muy accesible á las reformas generosas que pasan por utopias en otros países, no obstante su palpable conveniencia, es el primero que en Europa ha ensayado el mejor de los sistemas penitenciarios de los Estados Unidos. Las modestas pero muy suficientes y bien mantenidas penitenciarias de Ginebra, Losana y San-Gall, y las casas de detencion de esas ciudades y de Berna, Basilea, Zuric, etc., son verdaderos modelos en su clase. En la gran mayoría de los cantones subsiste la pena capital, pero su aplicacion es muy rara.
[32] Recordaré que en casi todos los cantones es obligatoria la instruccion primaria, y que el solo canton de Berna tiene 1,700 escuelas populares.
Ademas de las grandes formalidades que para decretarla se requieren en casi todos los cantones, y particularmente en el de Unterwalden, la conciencia popular rechaza su aplicacion. Así, cuando se suele cometer un crímen capital, casi siempre se adopta la conmutacion, en términos que en Suiza es fenomenal el odioso espectáculo de una ejecucion. Casi está por demas decir que allí ningún delito político tiene asignada la pena capital, barbarie que subsiste en gran parte de la Europa civilizada.
Si esos rasgos hacen honor al carácter y la moralidad de los Suizos, hay otros dos, uno positivo y otro negativo, no ménos generales y estimables: me refiero á los hábitos hospitalarios y la ausencia de mendigos. Todo el mundo sabe que la Suiza, como país libre, neutral y central en Europa, es clásico en materia de hospitalidad. Allí encuentra el proscrito político simpatías, proteccion y asilo, particularmente en Ginebra, Zuric, Berna, Basilea, San-Gall y Losana, y no pocas veces sus gobiernos han probado su energía resistiendo á las exigencias de poderosos gobiernos implacables en la persecucion. En cuanto á la mendicidad, la organizacion comunal la evita con su prevision, la libertad del trabajo la conjura, la ley la prohibe severamente y la emulacion de los cantones la desacredita. No he visto algunos mendigos sino en Friburgo, que fué el cuartel general de frailes y jesuitas.
Por lo que hace á manifestaciones materiales, no omitiré indicar algunas que me parecen características del pueblo suizo, y que son signos siempre seguros de bondad, moralidad, buen gusto y dignidad. Ya he dicho que la pulcritud es general, sobre todo en las localidades protestantes. Agréguese á ese rasgo: la extraordinaria abundancia de jardines, de fuentes públicas en los poblados y los caminos, de arboledas para sombrear y adornar las plazas y calles, los paseos y las vias de comunicacion dilatadas, objetos por los cuales, así como por los museos, bibliotecas, etc., manifiestan mucho interes los Suizos. Nótese tambien que donde quiera las heredades están apénas separadas por insignificantes setos ó demarcaciones, cuando no enteramente continuas, ó apénas demarcadas por hileras de árboles, lo que indica un gran respeto por la propiedad; y que los cementerios se muestran en todas partes abiertos y respetados por todo el mundo con exquisita consideracion, lo que indica moralidad, índole candorosa y la conciencia general de que el interes comun es la mejor garantía de las cosas públicas, sin necesidad de que los gendarmas ó gentes de policía se muestren en legiones numerosas é impertinentes.
La propiedad territorial, semoviente y urbana está muy dividida en Suiza, lo cual explica la existencia de tantas pequeñas fortunas que aseguran al individuo un bienestar modesto pero sólido, y con él la independencia, la dignidad y la moralidad. Sin duda que á esa circunstancia, combinada con el hábito de la division del trabajo, la habilidad en el cultivo y la libertad económica de los ciudadanos, debe atribuirse la baratura de la vida en Suiza, de la cual no se debe juzgar por el alto precio de los servicios que se le prestan al viajero. Necesariamente han de ser caros ciertos hoteles en las regiones montañosas, así como el servicio de guias, caballos y mulas, y las curiosidades artísticas, porque las gentes que especulan con las visitas de extranjeros tienen que indemnizarse en cuatro ó cinco meses de los sacrificios de todo el año. La baratura de la vida, en un país activo, civilizado y donde hay abundancia de todo, es una prueba evidente de los beneficios de la libertad y la autonomía, y de las buenas cualidades de los habitantes.