Me alejé de Suiza con pesar, porque ese país admira y seduce en todos sentidos; y si llevaba en el corazon una simpatía, habia fortificado profundamente mis convicciones, mediante la observacion imparcial ó desprevenida de los hechos. Ese bello pais, tan curioso y original en todos sus rasgos prominentes, que ha hecho tan grandes progresos con sus instituciones republicanas, en medio de tantas monarquías, particularmente despues de la revolucion radical de 1846 á 48, me ofreció pruebas irrefutables de esta gran verdad: que la mas práctica, sólida y fecunda solucion de los problemas sociales, porque es la mas justa, natural y sencilla, es la de la LIBERTAD, en todas las esferas y respecto de todas las manifestaciones de la actividad humana!
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PARTE SEGUNDA.
LA REGION DEL RIN.
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CAPITULO I.
EL GRAN-DUCADO DE BADEN.
De Basilea á Freiburgo.—El Rin central y sus panoramas.—Nociones importantes respecto del gran-ducado.—Costumbres alemanas.—La ciudad de Freiburgo.
Al salir de Suiza, en agosto de 1859, nos proponíamos visitar las ciudades y comarcas mas importantes de la region del Rin, á reserva de recorrer, en el año siguiente, toda la Alemania. Si bien es verdad que la Suiza alemana nos habia iniciado ya un poco, aunque muy de paso, en el conocimiento general de la índole de la fuerte y estimable raza germánica, donde quiera, al recorrer la region del Rin, debíamos encontrar diferencias muy notables en los rasgos característicos de las poblaciones. En efecto, las instituciones republicanas y realmente federativas, la influencia de la topografía y de los climas, y otras circunstancias, han modificado tan notablemente los caractéres germánicos en Suiza, que en realidad el Rin ofrece en su vasta hoya, desde la region superior hasta Basilea, el contraste de poblaciones que difieren bastante, apesar de su comunidad de orígen y de tener como lazo de union el mismo rio. Y no es ménos sensible la diferencia si se compara la region del Rin central con la del bajo Rin, comprendida esta, respecto de Alemania, entre el vértice del ángulo que describe el gran rio en Basilea, y las fronteras de Holanda.
Mas tarde pudimos ver tambien cuánto difiere la Alemania del Rin de la del resto de la pseudo-confederacion germánica, correspondiente á las hoyas del Danubio, el Elba y otros rios. Por una parte, las llanuras del Rin, mas abiertas al contacto del mundo, son mas accesibles al contagio de ciertas ideas, aspiraciones y costumbres, que las regiones montañosas del alto Danubio, del Elba central, etc. Por otra, la especialidad de tantas ciudades alemanas del Rin, como objetos de curiosidad y residencias de verano y otoño para los extranjeros; el contacto inmediato con Francia y Bélgica, que facilita y multiplica las relaciones con razas diferentes, y la circunstancia de haber sido la hoya del Rin un campo de lucha nacional, desde hace muchos siglos, entre nacionalidades tan distintas, han determinado una modificacion tan notable en el carácter de la poblacion rineana, que la Alemania parece perder allí mucho de sus rasgos característicos.
Si en toda esa region se ven á cada paso las huellas de los combatientes, en todas las ciudades se halla tambien un no sé qué de mixto en las costumbres, las instituciones y las ideas, que manifiesta al mismo tiempo la influencia del contagio frances y la del movimiento frecuente y complejo de los extranjeros de todos los países que visitan las comarcas magníficas del Rin.
Al partir de Basilea, en el extenso barrio que tiene la ciudad sobre la márgen derecha del Rin, lo primero que se ofrecia á nuestra vista era, de un lado las montañas del gran-ducado de Báden, del otro el lecho mismo del Rin, y á lo léjos las montañas francesas de las Vosgas (Vosges) corriendo paralelamente al rio, en direccion hácia Bélgica, como una especie de continuacion de la cadena del Jura. Si ese cordon de montañas francesas cerraba graciosamente el horizonte del lado occidental, el cauce del Rin, cuyo panorama abarcábamos perfectamente con la vista, á causa de la elevacion de la línea del ferrocarril, nos presentaba un vasto paisaje lleno de melancolía y vaguedad en sus accidentes y contornos.
El rio, como si quisiese cerrarle el paso á la invasion del mundo comercial hácia el corazon de la Europa, se divide, abajo de Basilea, en innumerables brazos, casi todos de muy difícil navegacion, que se juntan, se bifurcan y entrecruzan, formando un inmenso laberinto de islotes, unos desiertos y apénas medio asomando como playas, otros mas determinados y cubiertos de gramíneas, otros pantanosos y dislocados, y otros en fin revestidos de caprichosos bosquecillos de sauces que inclinan su pálido y triste follaje sobre las ondas lentas y vagarosas del rio, salpicadas de estacadas que indican los altos y bajos del lecho para mostrarle al navegante la vía que debe seguir.
Hácia el oriente, el vasto panorama de la Floresta-Negra (Schwarzwald) se desarrolla en numerosos grupos y anfiteatros enlazados, lleno de majestad en unas partes, de capricho y gracia en otras. Así como el ferrocarril frances gira sobre la izquierda del Rin, por el pié de los Vosgas, desde Basilea hasta Estrasburgo, el ferrocarril aleman, que ha descendido hasta Basilea desde la region del lago de Constanza, sigue surcando el valle del Rin, entre su márgen derecha y las montañas de la Floresta-Negra, en direccion á Carlsruhe, Francfort, etc. Donde quiera, en el trayecto que média entre Basilea y el valle de Báden-Báden, la llanura es unida y tersa, variando mucho en anchura, y ofrece á las miradas del viajero un conjunto de magníficos paisajes. En el fondo de la llanura, ricas y graciosas plantaciones por todas partes (principalmente de trigos, lino, cáñamo, tabaco y papas) manifestando un cultivo muy adelantado y cuidadoso, debido en gran parte á la gran division de la propiedad territorial y á la influencia de las instituciones liberales del país. De trecho en trecho, particularmente del lado de las montañas, aparecen graciosas villas y aldeas, ó del lado del Rin se muestran algunos bosques, mantenidos con esmero.
Despues de desplegar en la llanura sus variados matices, el terreno trepa en ondulosos planos inclinados, cubiertos de viñedos escalonados con regularidad, hasta la altura de algunos cordones ó grupos de colinas que son como los escabeles de la Floresta-Negra. Sobre esas primeras alturas veíamos descollar, románticas y solitarias, las ruinas de numerosos castillos feudales (la mayor parte destruidos en las guerras de Luis XIV y Napoleon) tales como los de Báden-weiler, Hochburg y Hohengeroldseck, algunas de aspecto muy imponente y singular. Por último, el horizonte quedaba limitado por la cadena misma de la Floresta-Negra, vasta y complicada formacion de montañas cuya elevacion no excede de 1,550 metros sobre el nivel del mar, que deben su nombre á la tinta oscura y unida de sus interminables bosques de pinos, abetos, hayas y encinas; montañas entrecortadas por una multitud de vallecitos encantadores, en cuyo fondo demora una poblacion de mas de 300,000 habitantes (en la parte badense), original por sus costumbres y su tipo, notablemente rústica y poética, y consagrada principalmente á la pequeña agricultura, la industria pecuaria y el corte de maderas.
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El gran-ducado de Báden, cuya constitucion data de 1805, es el mas occidental, el mas variado por su territorio, el mas nuevo y el mas liberal por sus instituciones entre todos los Estados secundarios de la Confederacion germánica, en la cual tiene el 7º rango de cancillería y de contingentes. El territorio de Báden, teniendo su extremo superior en la ribera setentrional del lago de Constanza y el inferior abajo de la confluencia del Nékar con el Rin, ocupa el espacio comprendido entre el ángulo del gran rio, trazado de Constanza á Mannheim y que tiene su vértice en Basilea,—tocando en el interior á las fronteras de Wurtemberg, Baviera y el gran-ducado de Hesse-Darmstad. Con excepcion de la angosta faja de llanuras que gira por la márgen derecha del Rin, el territorio badense se compone, pues, de montañas bajas (la Floresta-Negra y las que hácia el norte la continúan) entrecortadas por un interesante sistema de pequeños valles y alti-planicies. De un lado, las aguas badenses vierten hácia el Rin, principalmente por el Nékar y el Kinzig; del otro, tienden hácia la hoya del Danubio, que tiene su orígen en el corazón del gran-ducado.
La variedad que tiene ese doble sistema hidrográfico y el de las montañas, determina tambien, naturalmente, una gran variedad en las producciones del suelo y las condiciones de la vida social. Así, en la region montañosa, que es la mas extensa, se hallan los interminables bosques de abetos, pinos, encinas, etc., que dan lugar á una activa y valiosa explotacion de maderas, destinadas á construcciones de todo género en Bélgica, Holanda, etc. En el seno de esas mismas montañas la minería tiene su parte de importancia, y los aserríos de maderas pululan á orillas de los torrentes. En las numerosas alti planicies, las praderas están cubiertas de ganados diversos; miéntras que mas abajo, en el fondo de los vallecitos, florecen los árboles frutales en grande abundancia y medra el cultivo de las legumbres y los cereales. Mas abajo aún, sobre los planos inclinados que descienden hácia las llanuras, y en la márgen del Rin y las del Nékar y demas afluentes, las viñas abarcan grandes extensiones y producen excelentes vinos de valor muy considerable. Luego prospera en esas llanuras el cultivo de las plantas ya indicadas,—cultivo que hace mucho honor al país. Por último, en las ciudades principales están concentradas la fabricacion y las mas nobles manifestaciones del arte y de la inteligencia, como se ve en Heidelberg, ciudad tan célebre por su Universidad como interesante por sus monumentos ú objetos materiales.
Si la navegacion de los rios y las numerosos y excelentes carreteras interiores facilitan las comunicaciones, el Gobierno, sinceramente preocupado con el interes público, ha costeado ferrocarriles que ligan el país con las vias férreas de todos los Estados vecinos. La tarifa oficial de esos ferrocarriles es moderada, sobre todo en los meses de invierno, en que el número de extranjeros es relativamente muy reducido. Asi, esas empresas tienen el carácter de obras destinadas al servicio de los ciudadanos principalmente, y no figuran como especulaciones del Gobierno.
La poblacion badense, ocupando un territorio de cerca de 15,000 kilómetros cuadrados y distribuida en 1,595 municipios ó parroquias, ascendia en 1849 al total de 1,362,774 habitantes, y en 1858, á causa de las emigraciones, ha bajado á 1,357,200. La raza, casi en su totalidad, es alemana pura. Aparte de unos 25,000 israelitas y poco mas de 2,000 disidentes de varias sectas, la masa de la poblacion se compone de católicos, luteranos y calvinistas, en número muy desigual, puesto que los primeros eran en 1858 unos 900,000, los protestantes 435,000, y los israelitas y disidentes componian el resto. Pero esa diversidad de religiones tiene su contrapeso en la tolerancia y la libertad; pues aunque la religion cristiana figura como la del Estado, teniendo cada una de las dos grandes iglesias (católicos y protestantes-unidos) su organizacion propia, los judíos son tolerados y considerados, si bien, por una deplorable anomalía, se les excluia (hasta 1861) de los puestos públicos y del sufragio. Es digno de notar, como prueba del espíritu de independencia que predomina en el país en materia de religion, que recientemente la Cámara electiva del Estado rechazó, por una gran mayoría de votos, un concordato que el Gobierno habia celebrado con la corte romana, que admitia en los negocios eclesiásticos del país una intervencion excesiva de parte de la autoridad romana y sus obispos. Esa conducta de la Cámara badense dió lugar á un feliz cambio de política y sirvió de ejemplo saludable. Hoy el gran-ducado figura en primera línea entre los Estados liberales de Alemania, y en Wurtemberg y otros Estados se han comenzado á manifestar enérgicas tendencias en favor de la igualdad y libertad religiosa y la consiguiente emancipacion de los israelitas.
El gran-ducado de Báden, como he dicho, es uno de los mas liberales de la Confederacion alemana, y por consecuencia natural, uno de los mas ilustrados, industriosos y estimables. A virtud de la Carta constitucional de 1818 (sin igual en Alemania por su liberalismo) los ciudadanos son todos iguales ante la ley,—es decir ante la escuela, el cuartel, el impuesto, los tribunales, etc.,—y gozan de las mas importantes libertades que un pueblo puede apetecer. La prensa, sobre todo, y la tribuna pública, tienen garantías sólidas. La pena de muerte no existe en el país; el régimen civil y penal es bastante sencillo y filosófico; y en las costumbres oficiales se nota una simplicidad, una modestia que cuadra muy bien con las costumbres privadas de los Alemanes.
El gran-duque, cuya autoridad es hereditaria, tiene el rango de príncipe real, y su poder, meramente reinante ó de representacion, está temperado por las libertades constitucionales, la responsabilidad del gobierno y el régimen representativo. Es inútil entrar en pormenores respecto de la organizacion de las Cámaras y los demas poderes públicos, puesto que todo está dicho con indicar la índole del gobierno, que sigue las reglas de toda monarquía constitucional. Solamente me detendré á indicar algunos rasgos particulares que dan idea del carácter general del gran-ducado.
El sistema de imposicion está muy léjos de ser sencillo, puesto que en él figuran las contribuciones directas é indirectas de todo género y aun uno ó dos monopolios; pero como reposa en el principio de la igualdad, y como el gobierno es modesto en sus gastos, es casi constante la feliz circunstancia de un exceso de rentas sobre el monto anual de los gastos públicos.
Sea porque el carácter aleman exíja la sencillez en todo, sea por la influencia que ejerce la grande afluencia de extranjeros, ó por virtud de las instituciones, en el gran-ducado de Báden la autoridad «no brilla en los lugares públicos sino por su ausencia.» En las grandes concurrencias de todo género el órden se mantiene sin necesidad de que los gendarmas ostenten su intervencion; jamas se ve un uniforme entre los funcionarios de la policía; y aunque el Estado tiene su pequeño ejército permanente y su milicia popular, no se sabe, al recorrer las calles de las ciudades, dónde se encuentran los soldados.
La instruccion pública tiene un desarrollo extraordinario en Báden, porque la autoridad y los ciudadanos le consagran los cuidados mas asiduos. Allí la ley declara obligatoria la asistencia á las escuelas primarias durante cierto tiempo, y cada comunion religiosa tiene un número muy considerable de establecimientos de ese género. No hay aldea, por reducida que sea, que no mantenga sus escuelas primarias bien servidas, y en todas partes se atiende tambien á las dominicales. Baste decir que constantemente concurre á las escuelas un número de alumnos equivalente á poco ménos de la sexta parte de la poblacion total. Si se tiene en cuenta que, dividida la edad del hombre (calculada en 48 años) en seis períodos de á ocho años, solo una sexta parte de la poblacion corresponde á la edad escolar (de los 8 á los 16 años), se comprenderá que en el gran-ducado de Báden reciben instruccion popular casi todos los que la necesitan. Esto es bello y muy honroso para ese pueblo. ¿El régimen de la instruccion obligatoria es bueno ó malo? Los publicistas no han podido ponerse de acuerdo todavía respecto de esa gran cuestion, aunque los hechos parecen favorecer la opinion que prevalece en Báden, en Suiza y otros países. Sinembargo, es fuerza reconocer que hasta ahora no se ha ensayado el sistema mixto que puede convenir mas: el de la libertad unida al estímulo;—régimen reducido á estos principios: que el Estado ó el municipio busque al ignorante, donde quiera que se halle, y le ofrezca los medios de instruirse; que el ignorante sea libre de aceptar ó no la enseñanza que se le ofrece, y todo el mundo libre de enseñar ó aprender privada ó públicamente, sin reglamentos de la autoridad; pero que la ley le niegue al ignorante el derecho de intervenir en la direccion de los negocios públicos, puesto que la sociedad tiene el derecho de ser bien gobernada.
Añadiré, en prueba del interes que en Báden se tiene por la instruccion pública, sobre la base de la igualdad de religiones, que el gran-ducado mantiene dos importantes universidades: la de Freiburgo, centro de la enseñanza superior católica, y la de Heidelberg, que corresponde á los protestantes. Son notables tambien las excelentes bibliotecas del gran-ducado, establecidas en Freiburgo, Heidelberg, Carlsruhe, Mannheim y Donaueschingen, que contienen un total de cerca de 600,000 volúmenes, con numerosos manuscritos de gran valor.
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Casi hácia la mitad de la desigual llanura que media entre Basilea y Kehl, demora la antigua ciudad de Freiburgo, al pié de algunos contrafuertes de la Floresta-Negra, y en la confluencia de dos lindos vallecitos que desembocan sobre la llanura y cuyas aguas forman el riachuelo llamado Dreisam. El paisaje es vasto, variado y realmente bello, por el juego que hacen en el panorama las montañas, los planos inclinados, los risueños vallecitos, la limpia y verde llanura y la masa de la ciudad, sobre la cual descuella la admirable torre de su preciosa catedral.
El hotel donde nos hospedamos, situado á poca distancia de la estacion del ferrocarril, se hallaba á un kilómetro de la ciudad, al extremo de una hermosa alameda que sirve en los domingos de paseo favorito. Allí fuímos testigos de una escena de costumbres alemanas, que despues vímos repetirse en toda la Alemania. Nos pareció característica, y por eso quiero describirla brevemente.
Delante del hotel se desarrollaba un inmenso patio, abierto por tres lados apénas, cercado por bajos setos de arbustos y perfectamente sombreado por unos treinta ó mas árboles corpulentos. Debajo de aquel vasto pabellon de verdura se destacaban numerosas mesas de diversos tamaños, unas rústicas y extensas, rodeadas de bancos análogos, y otras algo más decentes y pequeñitas, honradas con una cohorte de silletas. En una de las pequeñitas hicimos servir nuestra comida, aprovechándonos del sans façon que reinaba entre los numerosos grupos del patio.
Hacia ya mas de dos horas que habíamos visto á muchas familias instaladas al derredor de las mesas, formando grupos de una simplicidad patriarcal, por sus vestidos modestos, su conversacion animada y enteramente familiar y su aire de dulzura y bienaventuranza. Pero ninguno de esos grupos mostraba la menor intencion de abandonar el campo. Al contrario, á cada momento llegaban otros, siempre en familia,—los maridos de bracero con sus esposas, los jóvenes solteros con sus hermanas, amigas ó prometidas,—todas joviales, afables, repartiendo saludos á derecha é izquierda y besándose con tal entusiasmo que la cosa parecia un fuego graneado, por pelotones y en guerrilla. Si los bancos ó silletas estaban ocupados, nunca faltaba lugar para los que iban llegando; los cumplimientos y saludos llovian, todo el mundo se acomodaba como podia, y las familias fraternizaban en derredor de una mesa comun.
Al aplicarse la granizada de besos, saludos y apretones de manos, todos los recien llegados llamaban á los sirvientes por medio de signos convencionales. Los mozos del hotel corrian á servir y casi no necesitaban que se les pidiese lo que habian de llevar. El refrigerio habitual era sencillo: pan á discrecion, cerveza y pipas para fumar; y digo pipas, porque el tabaco hace parte integrante en Alemania del régimen de alimentacion. En el centro de cada mesa depositaba el sirviente un monumento de pan ordinario, y delante de cada persona,—vieja ó jóven, masculina ó femenina,—un enorme jarro de peltre con su tapa adherida, lleno de cerveza, el licor nacional, no obstante la abundancia de vinos en el sur, el centro y el occidente de Alemania.
Entónces todo el mundo arremetia con franqueza, y en breve desaparecia el monumento de pan. Cada cual saboreaba con deleite su licor fermentado;—las señoritas y matronas candorosamente, y los hombres acompañando cada libacion con una aspiracion del cigarro ó la pipa y una bocanada de humo espeso y desagradable, tal como lo produce el detestable tabaco que se cultiva en Alemania. A veces dos amigas ó amigos, ó dos cónyuges, bebian en el mismo jarro, alternando con una regularidad matemática. Pero qué algarabía! Todos hablaban á un tiempo, sin tregua ni descanso, en voz alta, con franqueza ruda, cordial y candorosa, y con una rapidez particular, propia de una lengua de palabras compuestas en que cada silaba equivale casi á una palabra de los idiomas latinos, como la palabra misma puede contener toda una frase. Siempre me han llamado mucho la atencion el estrépito de las conversaciones alemanas y la extraordinaria facilidad con que, al juntarse dos ó mas desconocidos, entablan diálogo inmediatamente, como si fuesen viejos amigos. Esa observacion que he hecho en toda la Alemania prueba que en la raza de ese noble país son característicos el candor, la sencillez, la cordialidad, y un espíritu de familia que es el secreto de la unidad moral de ese pueblo despedazado por treinta y tres gobiernos sin armonía ni espíritu de fraternidad.
Volviendo á nuestro gran patio, cuyas escenas observábamos muy atentamente, la atmósfera quedó muy en breve oscurecida por el humo, bajo la sombra de los árboles. La sociedad, según los temperamentos, se clasificó en dos categorías: los comunicativos, y los somnámbulos ó soñadores. Donde quiera que habia mujeres, familias, se charlaba y hacia ruido sin descanso. Donde los grupos eran reducidos y puramente masculinos, los miembros soñaban despiertos: guardaban silencio, que no interrumpan sino de tiempo en tiempo con alguna exclamacion breve: «¡Oh! ¡Ya! », como arrancada mas bien por algun interlocutor imaginario que por los verdaderos; y, embelesados con las espirales de humo de sus pipas, no bajaban á ratos del mundo de los ensueños sino para probar de nuevo la cerveza. ¿En qué pensaban ó con qué soñaban esos graves alemanes? Acaso alguno de ellos, patriota generoso ó gran filántropo, veia al traves de las espirales de humo el Parlamento y la Flota de Alemania, como símbolos de unidad, ó contemplaba á la humanidad redimida y feliz. Talvez otro, inclinado á las investigaciones arqueológicas y eruditas, ó á las especulaciones de la filosofía, se recreaba con la vista imaginaria de algun ladrillo descubierto en las ruinas de Pompeya, ó descifraba un jeroglífico, ó anotaba uno de esos libros preciosos llamados incunables, ó meditaba en los grandes problemas sobre el sér objetivo y los misterios de la Creacion. Quizás combinaba algun sistema todavía nebuloso, ó viajaba moralmente en busca de las fuentes del Nilo, ó calculaba las ventajas que, como futuro inmigrante, podia ofrecerle California, Australia ó la region del Plata.
Terminaré esta incorrecta descripcion recordando un rasgo curioso. El mozo que nos sirvió la comida se mostraba muy admirado, aturdido de nuestra frugalidad, y esto que comímos con gana. Él no comprendia que dos racionales pudiesen comerse apénas la tercera parte de cada porcion servida, quedando satisfechos, ni beberse tan solo una miserable botellita de vino. Los Alemanes, como que son generalmente curiosos, nos miraban con amable extrañeza, á causa de nuestro tipo diferente del suyo, y hacian comentarios sobre nuestra sobriedad, segun nos dijo el sirviente. Despues, en toda la Alemania, tuvimos cien ocasiones de percibir la singular pero inocente glotonería de los Alemanes. Acaso ese defecto no merece reproche, por ser una necesidad del clima ó de las razas setentrionales de Europa, á que no estamos sujetos los hijos de la zona intertropical, en gran parte nutridos por el sol.
La ciudad de Freiburgo, que cuenta poco mas de 16,000 habitantes, es curiosa por muchos motivos y muy interesante como centro de la poblacion católica de Báden. No me detendré á hablar de todas sus curiosidades, porque mi objeto no es escribir un guia de viaje, sino recordar impresiones generales. La estructura de Freiburgo es original, y donde quiera el aspecto de las calles y de las construcciones hace recordar las tradiciones de la edad média; así como la fisonomía de los campesinos que descienden de la Floresta-Negra á la ciudad, en las plazas de mercado, indica la originalidad simpática de la poblacion que vive en las montañas.
Lo que mas llama la atencion en Freiburgo es, la admirable catedral, que es su joya, y la colina llamada Schlossberg (ó Monte-del-Castillo), que ofrece un punto de vista primoroso. La catedral (ó Munster) no tiene rival en Alemania, entre todas las de estilo gótico que han sido terminadas. Aislada como está en el centro de una plaza, al contemplar su masa imponente no se sabe qué admirar mas, si la ligereza y elegancia de sus formas, el atrevimiento de su magnífica torre, ó la imponderable finura y el exquisito gusto de sus adornos ó esculturas, particularmente en el portal principal que sostiene la base delantera de la torre. El edificio entero es de piedra ó gres rojo, lo que le da una tinta singular, en contraste con las manchas negruzcas que el tiempo ha dejado sobre todos los muros y la torre. Ese soberbio monumento, cuyo arquitecto es desconocido, ó muy controvertido por los anticuarios, fué construido de 1122 á 1513. Si el interior es muy interesante por sus grandiosas naves, sus capillas, ornamentos y mil curiosidades artísticas, el exterior asombra y encanta por las superiores estatuas y los complicados adornos del portal, de carácter muy complejo, la originalidad de las figuras alegóricas que se destacan en la base de la techumbre, y las formas singularmente atrevidas de la torre calada. El edificio mide en su totalidad 320 piés de longitud y 94 de anchura, y la torre alcanza la elevacion de 385.
Es profunda la emocion que se siente, en la parte superior de la torre, bajo aquella mole de piedra, que pudiera llamarse trasparente, puesto que desde el fondo del piso se alcanza á registrar con la mirada la vasta campaña de Freiburgo, al traves de los espacios que el arquitecto dejó entre las cintas de gres que, formando como un encaje colosal de filigrana, se reunen en la cúspide, presentando al soplo de los huracanes la construccion mas frágil y delicada en apariencia.
La colina ó eminencia de Schlossberg, cubierta de viñedos en su base y de graciosos bosquecillos en la parte superior, se encuentra en uno de los extremos de la ciudad, sirviendo de límite al pintoresco y fértil vallecito del Dreisam, y es uno de los paseos mas frecuentados por los freiburgueses. El camino trepa la montaña, caracoleando por entre los viñedos y pabellones de verdura, y desde el punto culminante, sobre las ruinas del antiguo Castillo, se puede contemplar uno de los mas bellos panoramas de Alemania.
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CAPITULO II.
ALGO DE LA FRANCIA ALEMANA.
Kehl.—Un portero frances.—Estrasburgo.—La campaña alsaciana.—Una familia francesa en el campo.
Desde Freiburgo hasta Kehl la llanura badense desplega todas sus galas de ricos y variados matices; el viento, al agitar las sementeras, hace aparecer en las rubias ondas de los trigos, cáñamos y linos la ilusion de numerosos lagos de colores diferentes, y las graciosas plantaciones de tabaco le traen al hijo de Colombia que las atraviesa el dulce recuerdo de la patria.
El tren se detuvo en Kehl, pequeño lugar compuesto solo de una calle, destinado principalmente á figurar como aduana fronteriza y puesto militar, guardando la cabeza alemana del gran puente de barcas que une la ribera badense del Rin con la francesa. Estaban entónces construyendo un magnífico puente fijo, de mampostería y hierro, con tarimas levadizas y defendido por fortalezas en ámbos lados, destinado á ligar los ferrocarriles franceses con los alemanes. La obra ha sido terminada en 1861, y pasa por ser el primer monumento de ese género en la parte continental de Europa. Pero ya que la Francia y la Alemania se resolvieron á enlazar sus ferrocarriles sobre las tranquilas ondas del Rin, han tenido buen cuidado sus gobiernos de tomar todas las precauciones necesarias para poder cerrar el paso ó volar el puente el dia en que la maldicion de la guerra venga á protestar contra ese símbolo de fraternidad, ó por lo ménos de armonía, que se ve en el ferrocarril.
Al llegar á Kehl la policía aduanera y militar nos cayó encima, como era natural, puesto que íbamos á entrar á Francia. «Nadie pase sin hablar al portero», decía Larra, y esto en Francia tenia su aplicacion rigorosa[33]. Todos los viajeros hubimos de entregar nuestros pasaportes y equipajes, y dejarnos encerrar en un ómnibus para pasar el puente bajo la vigilancia de un agente de policía. Estábamos ya en territorio frances, sobre la márgen izquierda del Rin, cuando el portero que guardaba la entrada nos interpeló declinando nuestros nombres:
[33] Despues de 1861 se ha suavizado notablemente el régimen de pasaportes, respecto de los extranjeros.
—Señor y señora, UU. no pueden pasar adelante.
—¿Por qué si U. gusta?
—Porque UU. vienen de Suiza, por via de Báden, y su pasaporte no está visado.
—¿Es decir que, habiendo salido de Paris para viajar y volver á Paris, con pasaporte en regla, no podemos visitar á Estrasburgo?
—No; á ménos que UU. traigan el visa necesario.
—¿Y quién lo habría de dar?
—El ministro del país de UU., residente en Estuttgard ó en Carlsruhe.
—Diantre! es decir que para entrar á Francia teníamos que hacer un viajecito léjos de Francia, en busca de un visa?
—Probablemente.
—Pero si en Estuttgard ni Carlsruhe no hay ministros ni cónsules de mi país….
—Eso no es culpa mia.
—Y bien, señor comisario, U. se equivoca. Nosotros tenemos derecho de entrar á Francia, sin visa especial, como cualquier frances.
—¿Por qué?
—Porque conforme al tratado vigente entre nuestro país y Francia, debemos gozar de las mismas ventajas que los Franceses.
—Yo no conozco ese tratado.
—Pero U., señor comisario, tiene obligacion de conocerlo y tenerlo á la vista, puesto que representa á su gobierno en una funcion que afecta á los extranjeros.
—Bah! yo no recibo lecciones ni entiendo de tratados.
—En hora buena, señor comisario. Volveremos á pasar el puente, saliendo de la puerta de Francia; pero U. me dará un certificado de lo ocurrido para quejarme contra U. por medio del ministro de mi país.
La observacion produjo su efecto, porque el comisario tomó un aire de proteccion generosa y me interrogó.
—¿Con qué objeto entran UU. á Francia?
—Con el de conocer á Estrasburgo y visitar á una familia en el departamento.
—Por cuánto tiempo?
—Cuatro dias.
—Bien: pasen UU., y al volver á salir recogerán su pasaporte.
—En hora buena.
El pasaporte quedó, pues, empeñado en representacion de nosotros; nos volvímos al ómnibus, el portero de la Francia rineana quedó muy satisfecho, y seguímos en direccion á Estrasburgo (distante del Rin unos 4 kilómetros) bajo la sombra de una magnífica alameda de olmos centenarios rodeada por ricas y graciosas campiñas.
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Estrasburgo es la ciudad mas importante del nordeste de Francia, ya por su comercio y el movimiento agrícola que centraliza, ya por el carácter de plaza fuerte de primer órden, y por sus tradiciones, sus monumentos é institutos como antigua capital de Alsacia. Esta provincia de orígen aleman, conquistada por Luis XIV en 1681, fué dividida en la época de la primera república francesa en dos departamentos: el del Alto-Rin (que tiene por capital á Colmar), y el del Bajo-Rin, cuyo centro político es Estrasburgo. Esta ciudad, que es una de las plazas mas fuertes de Europa, y que es célebre por su historia como ciudad libre del imperio germánico, y por haber sido la cuna de Guttemberg, posee una poblacion fija de poco mas de 76,000 habitantes, y tiene en Francia un rango bien notable.
El departamento del Bajo-Rin, compuesto de tres porciones correspondientes á las antiguas provincias de Alsacia y Lorena y de la «Tierra-alemana», es, por su poblacion (564,000 habitantes), su riqueza, su agricultura y su industria, uno de los mas fuertes departamentos del imperio frances. Es tambien uno de los que contienen mayor número de protestantes é israelitas, y su poblacion corresponde principalmente á la raza germánica. Así, el frances está muy léjos de ser el idioma social, puesto que la gran mayoría popular no habla sino un patué aleman sumamente áspero; si bien es cierto que la lengua francesa se propaga por medio de las escuelas y de los demas establecimientos de educacion.
Y sinembargo de que esa poblacion corresponde principalmente por su sangre al tipo germánico, es muy fácil reconocer allí, al primer golpe de vista, que la sociedad es mucho mas francesa que alemana en sus costumbres, sus aspiraciones y su temple. ¿De qué proviene esta prodigiosa facilidad que tiene el pueblo verdaderamente frances para asimilarse los que están bajo su accion directa y pueden fusionarse con él? Aunque el genio galo entra por mucho en ese fenómeno, basta recordar que ántes de 1789 la Alsacia parecia completamente extranjera en Francia, á pesar de mas de un siglo de anexion, para reconocer que la fusion ó asimilacion que hoy se palpa es el resultado de las instituciones fundadas por la revolucion francesa. Nada establece tanto entre los pueblos estrechos vínculos de familia, como esa comunidad, derivada del principio de igualdad, que los hace fraternizar en la escuela primaria y el colegio, en el ejército, en el pago del impuesto, en el goce de la libertad religiosa, delante de los tribunales y de la urna elecionaria, y en todos los actos de la vida civil. De ahí viene tambien que en ningún país de Europa es tan evidente como en Francia la conciliacion establecida entre cristianos é israelitas, puesto que á estos se les ve en los altos puestos del gobierno y la administracion, en el ejército, en las Cámaras, en la prensa, las academias, los bancos y todos los negocios, como en la vida civil, alternando sobre la base de la igualdad y la justicia con los que en otros tiempos fueron sus perseguidores.
Cuando se nombra á Estrasburgo, desde el primer instante el gastrónomo y el bebedor recuerdan los famosos pasteles de hígados de gansos y la renombrada cerveza, cuyo nombre es casi tan explotado como el del agua de Colonia; y el artista piensa en los primores de la admirable catedral, y en las bellezas de algunos otros monumentos, como el del Mariscal de Saxe, en la iglesia de Santo-Tomas. Ya se comprenderá que siendo yo lego en punto á pasteles y cerveza, habré de abandonar este asunto á plumas que pertenezcan á la especialidad (como se dice en Francia), y que no teniendo en cuanto á bellas artes mas elementos que el sentido comun y el amor por todo lo que es bello y noble, no me creo autorizado para ofrecer al lector una descripcion de las curiosidades de Estrasburgo.
Si esa ciudad tiene monumentos interesantes para el artista, y fortificaciones de gran importancia para el militar, tambien llama la atencion al que resiste á la seduccion de los primeros y la fascinacion de las segundas, á causa del movimiento activo de la poblacion. Esta se agita en los mercados, las calles, los almacenes, los canales que cortan la ciudad, y los ferrocarriles y carreteras, mostrando en todas partes un alto espíritu de industria y comercio; así como en su extensa y variada fabricacion, y en sus cien institutos de enseñanza, beneficencia, crédito, prevision, economía, etc., manifiesta que todos los esfuerzos de la civilizacion tienen cabida con honor en la patria de Guttemberg. En medio de aquellas calles tortuosas, generalmente estrechas y caprichosas, y que en gran parte conservan muchos rasgos de la estructura que fué característica de las viejas ciudades germánicas, se mueve una poblacion laboriosa, áspera en apariencia, de carácter dulce en el fondo, y que vive en un trabajo insensible pero constante de fusion y trasformacion. Debo hacer notar que casi la mitad de los habitantes de Estrasburgo son protestantes.
La catedral que contribuye á su renombre es, como se sabe demasiado, uno de los mas imponentes y curiosos monumentos góticos del mundo. Ni Nuestra Señora de Paris, ni las catedrales de España, ni ninguna de las de Bélgica ó de Alemania (con excepcion de la de Colonia) tiene tanta majestad ni tan soberana seduccion, por sus formas exteriores, como la de Estrasburgo. No obstante la falta de una de sus torres, que jamas ha sido comenzada, esa catedral tiene el poder de clavar al espectador delante de ella y obligarle á que la contemple con asombro, admiracion y recogimiento, como una de las obras mas atrevidas del genio humano, en arquitectura. Comenzada en el año 1015 y completada, en lo que hoy la compone, hácia 1439, sus formas y sus adornos muestran la sucesion de los tres estilos góticos, produciendo un juego singular de construcciones y esculturas. Baste decir, para que se tenga alguna idea de la grandiosidad del edificio, que es el mas elevado del mundo despues de la mayor de las pirámides de Egipto. Mide 355 piés de longitud total, por 132 de latitud, y la torre alcanza la prodigiosa elevacion de 142 metros ó 490 piés sobre el nivel de la plaza. Esa altura se reparte entre la enorme masa de la fachada principal, cuya plataforma se halla á 288 piés, y la torre propiamente dicha, que se eleva 262 piés sobre la plataforma.
Es imposible detenerse al pié del monumento á contemplar las magnificencias de su fachada principal, sin sentirse arrebatado por tan sublime concepcion y por las maravillas de sus esculturas; sobre todo si se recuerda que una mujer, Sabina Steinbach, contribuyó con su admirable cincel á embellecer la obra de su hermano y su padre. Los tres portales de la base, las ligerísimas columnas del segundo y tercer cuerpo, la enorme roseta que se abre en el centro, como una inmensa filigrana de piedra, las esculturas, estatuas y torrecillas que se destacan sobre los relieves del edificio, los arcos tendidos y las preciosidades de los portales laterales y de las capillas, en fin, la gigantesca torre calada, que termina en una forma semejante á la de una mitra aguda, forman el conjunto mas interesante, aun para el viajero que carece de conocimientos artísticos.
Desde arriba, sobre la plataforma, y teniendo encima la torre como un fantasma colosal, se siente uno sobrecogido de terror, al mirar el abismo en cuyo fondo hormiguean como liliputienses los corpulentos hijos de la Alsacia. Pero si se tiende la mirada en derredor, el espectáculo es magnífico, vasto y variado. De un lado la vista recorre las fértiles llanuras alsacianas, ricas y enteramente cultivadas, y va á detenerse en el enjambre de colinas montuosas del Palatinado y la Prusia rineana; al poniente, de otro lado, sigue la línea de los Vosgas, montañas que limitan el departamento hácia el interior de Francia, y la mirada se pierde luego en la direccion del Jura y Suiza. Si se torna la vista hácia el Rin, se ve á lo léjos la bellísima cadena de la Floresta-Negra, como un inmenso crespon de complicadas formas, y se descubren en raros puntos algunos trozos medio escondidos de la blanca cinta del Rin; ó bien, mirando hácia el norte, el ojo se goza en abarcar las vastas y verdes llanuras alemanas que se desarrollan del lado de Darmstad y Francfort.
La catedral de Estrasburgo contiene mil preciosidades en su interior, cuyo mérito se realza con el claro oscuro de la luz vaga que reina bajo las soberbias naves. Las columnas de la nave central, el hermoso y delicado púlpito, las preciosas pinturas en vidrio de las enormes ventanas, y otras obras de arte, y mas que todo el complicado y admirable mecanismo del reloj astronómico de Schwilgué, construido hace veinte años, y tan afamado en el mundo, le ofrecen al curioso amante de la belleza bajo todas las formas asunto para largas horas y aun dias de contemplacion deliciosa.
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Habíamos prometido en Paris hacer una visita en su casa de campo al Sr. B——, ilustre químico y naturalista frances, tan sabio como franco y obsequioso, que comenzó su carrera científica con estudios prácticos hechos en la antigua Colombia y otras repúblicas españolas. Así, tan luego como terminamos nuestra rápida inspeccion de Estrasburgo, tomamos el ferrocarril que corta el departamento en direccion á Paris, y seguímos la via lateral que conduce al Palatinado por Haguenau y Weissenbourg. La campaña nos llamaba la atencion por sus extensas y variadas plantaciones, entre las cuales descollaban con mucha gracia las de lúpulo,—«esa viña de los países setentrionales,» como lo llama un escritor frances muy hábil en descripciones. Donde quiera flotaban al viento los racimos de flores verde claro de las plantas que suministran su generoso amargo á la cerveza,—crespas, empinadas sobre sus estacas como pabellones trepadores, formando inmensos muros de verdura; en otras partes agitaban sus espigas magníficos cereales, al lado de enanas plantaciones de tabaco, ó se destacaban en algunos puntos del horizonte las negras pirámides de adobes provenientes de vastos depósitos de turba.
En Haguenau debíamos tomar un coche, ó en su defecto algun har-à-cbancs que nos condujese á Liebfraunberg (en el canton de Woerth), objeto de nuestra excursion, Fuéme preciso dar vuelta á todo el lugar hasta encontrar, despues de mil diligencias, un cochecito de dos asientos algo confortable. Eso me dió ocasion de echar una ojeada sobre las calles de Haguenau, villa de poco mas de 11,000 habitantes (mitad católicos y mitad judíos y protestantes) que tuvo en otros tiempos importancia como una de las ciudades libres de la liga de Alsacia, y ha hecho notable papel en las guerras como plaza fortificada. Fea, no poco desaseada y de triste aspecto, Haguenau indica con sus rasgos la presencia de mas de 3,000 judíos, y tiene algun interes por su movimiento industrial.
Eran las siete de la tarde cuando salíamos de Haguenau para entrar inmediatamente en la magnífica floresta del mismo nombre, de 15,000 hectaras de superficie. Solitaria, cortada por varias carreteras y un ferrocarril, llena de ricos aromas, la floresta nos encantaba con su silencio profundo, interrumpido solo á veces por algun lejano silbido de locomotiva, y sus hermosos y oscuros pabellones, reposando sobre altas columnatas de abetos y pinos, parecian anticipar la noche con sus poéticas sombras.
Daban los nueve y la noche estaba profundamente oscura cuando llegábamos á la pequeña villa de Woerth, todavía distante una hora de la hacienda del Sr. B——, y nos fué forzoso detenernos. Confieso que no lo sentí mucho, porque tuvimos ocasion de observar algunas escenas curiosas que nos dieron una ligera idea de algunas de las costumbres de las poblaciones semi-judáicas que habitan el canton.
La plaza del lugar estaba iluminada con ocasion de la fiesta del emperador, y los israelitas parecian ser los mas satisfechos, sea por la fama que tiene Napoleon III de proteger notablemente á los judíos (banqueros, artistas, escritores, hombres de Estado, etc.), sea porque estuviese reciente la guerra de Italia, que los israelitas de Europa, sobreexcitados por el ruidoso episodio de la familia Mortara, habian aplaudido como un medio seguro de emacipacion para los hermanos de Italia y principalmente de Roma. La turba de vecinos se habia dispersado en pequeños y numerosos grupos; los muchachos daban sus últimos gritos de alegría, y en una de las casas cercanas al albergue donde nos habíamos hospedado (dignificado con el nombre de Hotel del Caballo blanco) se reunian los mas alegres vividores, en posesion de un chirivitil que iba á ser teatro de un baile característico del lugar. Nuestro hostelero, que era un buen hombre, mucho mejor que su hotel y sus alcobas de dormir, nos refirió algunos pormenores que nos dieron idea de la originalidad de aquellos bailes, mas parecidos á una escena de sombras chinescas que a otra cosa. Los convidados se agitaban casi en la oscuridad, en medio de una confusion de los muebles mas heterogéneos, ataviados con los vestidos mas extraños, y bebían y bailaban al compás de la orquesta mas extravagante que se puede imaginar: y todo eso en un estrecho aposento del piso mas alto de la casa.
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La mañana estaba fresca y deliciosa cuando atravesábamos, al dia siguiente, las alegres y ondulosas campiñas del canton de Woerth, donde veíamos alternar los pequeños bosques y viñedos de las colinas con los cereales de las planicies, sucediéndose en suaves planos inclinados. En breve trepamos la hermosa colina de Liebfraunberg (Monte de la Vírgen amante) sobre la cual se destacaba la casa del Sr. B——, que conserva en una de sus parles principales las construcciones de uno de esos antiguos conventos ó abadías que la revolucion francesa suprimió é hizo entrar, desamortizando los bienes eclesiásticos, en el movimiento general de los negocios ó de la propiedad territorial.
Los dos dias que pasamos como huéspedes del Sr. B—— y su interesante familia nos fueron sumamente gratos, y aun nos sirvieron para obtener algunas nociones importantes. Con cuánta delicia oíamos al Sr. B——, al recorrer el bosque vecino ó los jardines de la vasta habitacion, hablar entusiasmado de las bellezas del suelo colombiano y de la dulce índole de sus poblaciones. Miéntras que mi esposa conversaba alegremente en los jardines con la ilustrada esposa del Sr. B—— y sus interesantes señoritas, acompañadas de otra amable familia de su parentela, yo procuraba obtener del sabio naturalista, (que de 1849 á 1851 habia tenido puestos notables en los negocios públicos de Francia) algunas nociones sobre la vida de familia en la clase média de la sociedad francesa, sobre las ideas y tendencias políticas de la parte seria y pensadora de esa misma sociedad, sobre las condiciones de la agricultura en Francia, y sobre la aplicacion que los progresos de la agronomía y de la ingeniatura de Europa pueden tener en nuestras comarcas atrasadas del Nuevo Mundo. Como la observacion y el trato con las gentes de buena sociedad me han probado que las opiniones del Sr. B—— predominan en las distinguida clase á que él pertenece, no vacilo en dar á mis lectores un breve resúmen de las reflexiones que me hacia el sabio agrónomo y eminente químico.
«El gran defecto de la sociedad hispano-colombiana, me decia, es el de ser sumamente teórica en todo, olvidando sus propias condiciones y aspirando siempre á las imitaciones sin criterio. ¿Cree U., añadia, que yo habría podido prestar algunos servicios á la química y la agronomía, si no viviese en mi casa de campo, durante seis ó siete meses de cada año, ensayando todas las aplicaciones, sometiendo á prueba los sistemas, observando á la naturaleza en sus actos mas minuciosos? Sin esto, yo no podría ir á dictar mis cursos del invierno en Paris, con la conciencia de decir la verdad, ó lo que mas se aproxime á ella. ¿Por qué no hacen UU. lo mismo en Colombia con sus constituciones, sus leyes y todos sus proyectos de progreso? Miéntras no aprendan á experimentar, observando la naturaleza de las cosas, nada bueno harán. La política es la química de los pueblos: ella tiene sus leyes, sus fuerzas, sus reactivos, sus combinaciones y trasformaciones como las ciencias experimentales. UU., los Colombianos, tienen muy bellas cualidades y un mundo admirable, pero se gobiernan como aturdidos!»
Por via de ejemplo, el Sr. B—— me decia: «¿De dónde les ha venido la idea de imitar á Europa con la construccion de ferrocarriles á la vapor? Los pueblos colombianos carecen del movimiento, la poblacion y los intereses necesarios para alimentar empresas tan costosas, que no dejarán utilidad, como especulaciones, sino de aquí á 50 ó mas años. El combustible adecuado para las locomotivas será siempre muy caro en esas regiones, donde los depósitos de carbon mineral son relativamente reducidos, y en todo caso de costosa explotacion. Pero UU. tienen donde quiera excelentes mulas y caballos, y prados naturales, es decir, los mejores y mas baratos elementos de traccion. Lo que les conviene, pues, es construir ferrocarriles de estilo americano, baratos y sencillos, miéntras estos y el tiempo hacen nacer la necesidad de otros mejores.»
Por ese estilo hacia otras reflexiones el Sr. B——, siempre teniendo en cuenta los condiciones del suelo y de la sociedad de Hispano-Colombia, cuando la conversacion recayó sobre Bolívar. Si en lo anterior se habia mostrado el naturalista, en lo político se manifestó bien el frances, hijo de la sociedad creada por la revolucion de 1789.
«Ah! exclamaba el Sr. B——: es mucha lástima que UU. no hayan sabido comprender á Bolívar ni adoptar su política! El Libertador tenia sus defectos, propios de una organizacion vigorosa y privilegiada, pero comprendia muy bien que un pueblo mestizo ó compuesto de diversas razas, educado por la ignorante España, necesitaba un gobierno fuerte, en que la igualdad tuviese toda su garantía en la autoridad y la ley;—un gobierno que guiase enérgicamente á la sociedad en vez de ser guiado por ella. UU. han querido devorar la fruta peligrosa de la libertad ántes de que ella madurase y de que UU. fuesen capaces de digerirla. Bolívar ha sido el único genio, el único grande hombre que UU. han tenido.»
Tal es la opinion casi universal que los hombres serios tienen en Europa respecto de la política y los hombres de Hispano-Colombia; opinion errónea y evidentemente sofística, pero profundamente arraigada. No espereis que un frances de la nueva escuela piense de otro modo. El Sr. B——es republicano moderado y sinceramente liberal; y sinembargo, él como todos los de su generacion, pensaba que la igualdad no se podia obtener sino por merced de la autoridad, y se mostraba decididamente apegado al régimen de la centralizacion rigorosa y de la reglamentacion excesiva. Es que todavía no ha calado bien en las sociedades esta gran verdad: que la libertad no se adquiere, regular y completa, sino practicando la libertad imperfecta.
Yo le observaba al Sr. B—— que su doctrina, casi universal en Francia, conducia derecho á los mayores abusos y aún al socialismo, cuando en eso tropezamos con unas doce plantas de tabaco que el sabio agrónomo cultivaba para sus experimentos. Notando que el número de plantas era tan reducido, y que todas ellas, rigorosamente reducidas á trece hojas, carecian de señales que indicasen una cosecha anterior, le pedí la explicacion de esas circunstancias.
«El gobierno, me dijo, tiene muy minuciosamente reglamentado el cultivo del tabaco en este y otros departamentos. Solo unos pocos de estos tienen permiso para cultivarlo, aunque muchos otros pudieran hacerlo con gran provecho. La autoridad no concede permiso sino á personas de confianza. El cultivador está obligado á sembrar la planta y coger las hojas en cierto tiempo; no tiene disponibles para el cultivo sino cien dias; le es prohibido dejar á la planta mas de trece hojas, y dejarla en tierra para obtener segunda ó tercera cosecha; el lugar destinado á secar las hojas (el hangar) debe tener cierta forma legal; y la autoridad tiene el derecho de visitar todo, y en caso de contravencion imponer penas y aun destruir lo que es violatorio, y retirar el permiso. Yo mismo, á pesar de las garantías que ofrezco, no he podido obtener licencia para hacer con la planta y sus medios de cultivo ciertos experimentos muy importantes, que implicarían una insignificante relajacion de los reglamentos. El departamento podría ganar mucho con el ensanche del cultivo, pero no se puede.»
«Y bien, le dije al Sr. B—— cogiéndole in fraganti, ¿cree U. que esa reglamentacion es un bien para la Francia?»
«Sin duda que no, bajo el punto de vista de la agricultura, me replicó. Pero ¿qué quiere U. que se haga, si nuestro gobierno tiene una excelente renta con el monopolio del tabaco[34]?» Un frances, por regla general, se detiene en presencia de un hecho como ante una muralla.
[34] Mas de 200 millones de francos, de los ouales solo unos 60 ó 70 representan los gastos.
Nuestras conversaciones en familia con nuestros amigos de Liebfraunberg no eran ménos adecuadas para darnos idea de las cualidades de una parte de la sociedad francesa, la mas sólida, la más influyente en realidad y la mas estimable, Hablo de esa porcion de la clase media en que no figuran ni el banquero (el hombre de Bolsa y de vida agitada y fascinadora), ni el especiero, el confitero y demas entidades vulgares de la bourgeoísie; porcion que se compone de sabios, literatos de conciencia, propietarios y negociantes de vida modesta y regular, en cuyo seno la familia tiene una importancia primordial, el deber preside á todo, la instruccion es una necesidad, la moralidad una condicion esencial de la vida, la moda una extravagancia ridícula, y los goces de la inteligencia los mas dignos de solicitud, así como los del alma.
En esa region de la clase media francesa reinan en las relaciones sociales la cordialidad, la franqueza y la benevolencia, dirigidas por el buen gusto y ese fondo de buen sentido, de razonamiento sólido y claro, que son los distintivos del mundo que no se ha viciado con las intrigas de la especulacion, la vanidad y los delirios de la ostentacion ó la moda, y las indignidades de la vida cortesana. En la clase de que voy hablando, la sencillez es la condicion característica de todos los actos, exentos de los vicios de ciertas aristocracias, y de la vulgaridad, la envidia y la ligereza superficial de ciertas muchedumbres. El calembour maligno, ó indecoroso, ó insustancial cuando ménos, no tiene cabida en la conversacion realmente espiritual y amable de la sociedad á que me refiero. Creo que se sufre un gravísimo error en calificar á los Franceses en general como un pueblo ligero, petulante, novelero y aún vicioso; calificacion que, fundándose solo en la observacion de las clases aristocráticas de mala ley y de las que pertenecen á lo que en Francia se llama el medio mundo, manifiesta una profunda ignorancia respecto de la vida social fuera de Paris, y aún en Paris, en las esferas sanas de la sociedad francesa.
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CAPITULO III.
BADEN-BADEN.
El paso de la frontera.—Aspecto general de Báden-Báden.—El mundo á la moda y las ciudades de aguas medicinales.—Monumentos y curiosidades de Báden-Báden.—Sus cercanías.
Los campos de Alsacia respiraban alegría, brillantemente dorados por el sol de la mañana, cuando dejamos la casa que nos habla dado tan grata hospitalidad. Un char-à-bancs campestre, á falta de coche por el momento, nos llevaba; con una amable familia de excursionistas, al traves de los graciosos planos inclinados y las pequeñas planicies de los cantones que recorríamos, pasando por en medio de viñedos, plantaciones de lúpulo, extensos y tupidos trigales, bosquecillos y huertos de legumbres, al derredor de las aldeas ó los pequeños lugares de esa comarca enteramente agrícola. Poco despues tomamos el tren que se dirigia de Weissenbourg á Estrasburgo, y en breve volvímos á la gran ciudad alsaciana para salir de Francia y continuar nuestra excursion por la Alemania del Rin.
Un ómnibus debía conducirnos á Kehl, como al entrar á Francia. En la ribera izquierda del Rin se repitió la operacion anterior, de manera que pasamos el puente bajo la guardia de un gendarma badense, despues de consignar en el territorio frances pasaportes y equipajes. Como al entrar á Báden por la via de Suiza se nos habia tratado á todos los viajeros con liberalidad y confianza, no pude ménos que extrañar la diferencia respecto de Francia. Un compañero de ómnibus me explicó que el gobierno de Báden procedia de ese modo, haciendo tan notable distincion, no porque el espíritu inquisitorial respecto de los viajeros fuese propio de las instituciones y costumbres badenses, sino por via de compensacion ó represalia, en razón de lo que se hacia en Francia con los viajeros procedentes de Báden. Ademas, en agosto de 1859 estaba muy reciente la guerra de Italia, y esta habia suscitado profundas desconfianzas en Alemania, despertando recuerdos que irritaban el sentimiento nacional. Así, la observacion práctica me hacia ver el triste círculo vicioso de la política internacional, en que todos los hechos se enlazan de tal manera que cada Estado se cree condenado á ser suspicaz y desconfiado por la sola razón de que el vecino le da talvez el ejemplo. Una desconfianza engendra otra, y el resultado es que la política tiende á contrariar los felices resultados de esas creaciones de la civilizacion que, como la prensa, los ferrocarriles, los telégrafos, los bancos y la navegacion á vapor activa, conducen á suprimir las fronteras, en cuanto estas significan separacion y antagonismo de los pueblos.
En estas cosas meditaba yo, al volver á Kehl, cuando un penoso y al mismo tiempo risible incidente nos llamó la atencion hácia algunos de los viajeros que se hallaban en la estacion del ferrocarril. Tres de ellos estaban consagrados exclusivamente á reprimir los arranques inofensivos de un pobre loco, á quien acompañaban con destino á un establecimiento especial de Alemania. Según lo que nos refirió uno de los compañeros, el pobre jóven habia sufrido una desgracia de familia: su padre habia muerto en el lugar natal, en un departamento del nordeste de Francia, dejando muchas deudas que pagar, y sin comprobacion algunas acreencias importantes. Ello es que un acreedor habia caido sobre la herencia negativa, y el jóven huérfano, que tenia como 25 años, sufrió una doble amargura. Como pudo se fué luego á Paris «á pedir justicia al emperador», según decía, como si el emperador tuviese algo que ver con el asunto, y en Paris acabó de perder el juicio. En breve dió en la manía de que le habian arrebatado su herencia, que era nada ménos que el trono imperial de Francia, en su calidad de hijo primogénito de Napoleon II.
Cuando observamos al pobre loco, cuya fisonomía dulce y triste revelaba un carácter benigno, estaba empeñado en comprometer á varios viajeros á que le defendieran su causa, convocando á todos los reyes de Europa (inclusive el cura de la parroquia del demente) para que en Consejo supremo resolvieran que se le devolviese el trono que le pertenecia. Los viajeros oyentes, por no contrariarle, le decían que harían todas las diligencias posibles. Lo curioso es que los tres conductores del loco inofensivo llevaban tambien á su cargo otro furioso, á quien habian encerrado en una pieza de la estacion miéntras llegaba el momento de entrar al tren. Este segundo hablaba nada menos que de serios proyectos de asesinar al Anticristo, y mostraba los puños como un endemoniado, lanzando miradas lenas de cólera sombría. Las señoras le observaban de léjos con terror, y pedian con instancia que los locos tuviesen un wagon aparte. Una de ellas temia que los movimientos del «loco malo» hiciesen descarrilar el tren. En cuanto al «loco bueno», como llamaban al pretendido emperador para distinguirle del otro, dió la última prueba de benignidad, al entrar al wagon, alargando la mano derecha á los viajeros para que se la besasen respetuosamente. El tren partió, y la fresca lozanía de las llanuras badenses nos hizo olvidar en breve las tristes emociones que nos causaron los dos locos de tan distinto estilo. ¿Por qué no ser indulgentes con los locos enfermos, si á cada momento lo somos tanto con nosotros mismos, que por estar ó creernos sanos nos calificamos de cuerdos?
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La graciosa ciudad de Báden-Báden, que cuenta unos 6,000 habitantes y es la residencia de verano de la familia gran-ducal, demora en el fondo de un risueño y pintoresco vallecito, determinado por algunos bajos estribos de la Floresta-Negra. Situada á orillas del arroyo llamado Oosbacht y en plano inclinado sobre las faldas de algunos contrafuertes de las montañas, la ciudad interesa desde el primer momento, por el contraste que hace la sombría vegetacion de las alturas vecinas (compuesta de encinas y corpulentos abetos principalmente) con los viñedos, los árboles frutales, las hortalizas y las bellas alamedas del fondo del valle.
La parte principal de Báden-Báden se extiende sobre la márgen derecha del Oosbacht, y remonta hasta terminar al pié del Castillo-Nuevo, graciosa residencia de verano del gran-duque, rodeada de magníficos bosques artificiales y jardines. Si la ciudad carece de carácter verdaderamente aleman, es porque su tipo es el de todas las ciudades que sirven de punto de reunion á la sociedad elegante ó vagamunda de Europa en los meses de excursiones divertidas. Así, la calle principal es una especie de Prado, orillado por multitud de espléndidos hoteles, á donde afluyen sin cesar las gentes á la moda de todos los puntos de Europa.
Al lado izquierdo del arroyo se destacan vastas y hermosas arboledas, magníficas quintas y residencias suntuosas, y los edificios modernos que son los atractivos principales de Báden: la Casa de Conversacion y la Trinkhalle ó galería de las aguas medicinales que dan tanta celebridad á la pequeña ciudad promiscua. Despues se levantan en todas direcciones bellos cordones de montañas de romántico aspecto, sobre cuyas cimas, dominando los estrechos vallecitos intermediarios, se ostentan como soberbios miradores algunos castillos de opulentos personajes, y principalmente las imponentes ruinas del Castillo-Viejo.
Es recorriendo las alamedas que rodean la Casa de conversacion y la Trinkhalle que el excursionista curioso tiene alguna idea de lo que es en Europa esa parte de la sociedad que se llama «el mundo á la moda,» y del carácter particular de las ciudades de aguas medicinales. Allí todo está destinado á fascinar y aturdir al hombre inexperto y ansioso de impresiones nuevas; á hacer de la vida un torbellino de placeres efímeros y artificiales, una pesadilla de suntuosas miserias, en que la vanidad y la codicia, disfrazadas con las apariencias del vicio elegante, hacen los principales papeles. ¡Ay del que caiga en la tentacion y no sepa resistir á los impulsos de la vanidad ó del espíritu de imitacion!
En Alemania, donde hay tantos Estados literalmente microscópicos, tantos reyezuelos que para no vivir indigentes necesitan aguzar mucho el ingenio en punto á recursos fiscales; en Alemania, donde el orgullo tradicional de tantas dinastías de segundo, tercero y cuarto órden somete á los pueblos á la necesidad de dejarse explotar mas ó ménos para mantener el rango de los príncipes; en Alemania, digo, se ven instituciones y costumbres muy curiosas, que ningún otro país toleraría talvez. De los príncipes alemanes, algunos viven á expensas de los viajeros, gracias á los pasaportes, las propinas que es preciso pagar por visitar innumerables palacios, museos y otros edificios curiosas; y otros no tienen escrúpulo en especular con los vicios y la vanidad, poniendo en arrendamiento grandes garitos europeos que, por ser suntuosos y hasta cierto punto aristocráticos, no dejan de ser garitos públicos. Cuando no es un príncipe el empresario indirecto, el explotador de la mina es alguna ciudad. De ahí esas casas de juego permanente abiertas ante la Europa, que contribuyen tanto á hacer saludables las aguas medicinales de Báden-Báden, Wiesbáden, Homburgo y otras ciudades alemanas de la hoya del Rin. Confieso francamente que, cuando veo que hay en Europa gobiernos que especulan con loterías, casas de juego, bolsas y otras instituciones análogas, no comprendo la razón que tengan para perseguir á los bribones por medio de la policía y los tribunales[35].
[35] Es curioso observar que en Báden el juego les está prohibido á los ciudadanos del Estado, y solo está al alcance de los extranjeros. La policía es muy vigilante y severa respecto de aquellos, quienes se ven obligados, cuando tienen la tentacion de jugar, á pasar la frontera y aprovecharse de la hospitalidad de los garitos espléndidos de Wiesbáden ú Homburgo.
Pero ¿qué cosa es la sociedad que se reune en las ciudades de aguas? En esas ciudades, como en las de baños de mar, la evidente minoría se compone de los enfermos que necesitan un tratamiento hidroterápico. La inmensa mayoría, como he podido verlo en todas partes (en Alemania, en Bélgica, en Inglaterra y Holanda) se divide en dos partes: los simplemente ociosos, vanidosos y fatuos, inofensivos en general, y por lo comun insignificantes; y los caballeros y las damas de industria, familias excesivamente peligrosas é impertinentes. Una inspeccion detenida, durante tres dias, de las escenas sociales de Báden-Báden, me dió la medida del mundo de la moda en descubierto, es decir sin los ambajes con que se disfraza en las grandes capitales.
En Báden-Báden, como en las demas ciudades de la misma naturaleza, todas las seducciones del artificio y de la elegancia se unen á las de la topografía, la vegetacion, etc., para atesorar encantos que halaguen al viajero. Al penetrar bajo las bóvedas umbrías de las alamedas se cree uno en un inmenso bazar parisiense. Donde quiera se destacan entre filas regulares de corpulentos olmos, tilos y castaños, numerosas calles compuestas de casitas y tiendas repletas de todo lo que la industria puede producir mas elegante y rico en materia de joyas, sederías, cristalería, curiosidades artísticas, guantería y mil otros objetos de gusto y de uso indispensable en la sociedad lujosa, que el capricho de la moda se esfuerza por exagerar y variar hasta lo infinito. Por en medio de esas calles y arboledas hormiguea un enjambre de excursionistas que se renuevan sin cesar, entregados al culto de la novedad y en gran parte á la adoracion de sí mismos. Un vértigo de emulacion en el lujo parece dominar al mayor número; cada cual mira á los demas con la esperanza de que álguien le mire y admire. La aristocracia financiera de toda la Europa se pavonea con la pretension de rivalizar ó eclipsar al orgulloso lord inglés; el modesto y sencillo aleman casi olvida sus costumbres por no mostrarse inferior al extranjero; el parisiense, siempre de buen humor y no poco infatuado, se considera como un modelo; el caballero de industria, ambulante á caza de imbéciles de todas las naciones (porque los pillos no tienen nacionalidad) se da grandes airea de marqués ó de banquero; la cortesana de las primeras capitales, creyéndose á cubierto de revelaciones indiscretas, se habilita de princesa rusa, ó condesa italiana, ó viuda de lord ó de banquero, y sabe combinar las sonrisas de la seduccion con los desdenes altaneros de la gente aristocrática; ó bien, si el arte le repugna ó no le ofrece ventajas, ostenta con impudencia su tipo peculiar, llenando la calle con la cola de su traje y el ruido de sus atavíos suntuosos. El jóven novicio con pretensiones á elegante, ó aspirante á relaciones encumbradas (particularmente español ó hispano-colombiano), se muestra poseido del vértigo de la imitacion, haciendo á veces de sí mismo una caricatura; el estudiante en vacaciones observa las cosas al primer golpe de vista, hace sus comentarios epigramáticos y se burla de todo el mundo; y el bourgeois de buen sentido, que llega solo por curiosidad ó por descansar de sus fatigas del año, ve el espectáculo, tiembla al comprenderlo, y se aleja diciendo: «Singular misterio el de la vida de este mundo de la moda!»
En Báden-Báden las horas del dia se distribuyen necesariamente en tres órdenes de entretenimientos: por la mañana, desde muy temprano, la Trinkhalle (hermosa galería de columnas y frescos apreciables) es el punto de reunion; unos van á beber las aguas medicinales de las fuentes y pasearse para hacer ejercicio, y otros asisten como meros curiosos. Mas tarde, todo el mundo emprende agradables excursiones por los alderredores, sea en coche, por el vallecito del Oosbach y el del riachuelo importante llamado Mürg, visitando castillos y aldeas de la Floresta-Negra, sea á pié, en solicitud de los castillos Nuevo y Viejo ó de otros sitios interesantes. En fin, desde las cinco ó las seis de la tarde las gentes comienzan á afluir hácia la Casa de conversacion, inmenso y magnífico edificio que sirve al mismo tiempo de café, casa de juego, local de gabinetes de lectura y templo de Terpsícore, Talía y otras musas. En el centro del edificio se hallan en sesion permanente la roleta, la treinta y una, y el treinta y cuarenta, que le ha inspirado una de sus mas chistosas novelas al ingenioso escritor frances Edmundo About. Allí se juega con furor, se suelen hacer enormes ganancias en pocas horas, aunque por regla general los amateurs salen con los bolsillos limpios, y con deudas de ribete, y la vanidad y la codicia se ofrecen en su desnudez; siendo muy notable sobre todo el entusiasmo con que las mujeres solicitan los favores de la suerte. ¡Desgraciado el que se pique de galante al lado de aquellas jugadoras cubiertas de encajes, cuando la suerte les es adversa!
En otras partes del edificio encuentra el que no quiere jugar, ni ver jugar y rodar montones de oro, salones espaciosos para conversar, gabinetes de lectura muy bien surtidos y servidos, colecciones escogidas de grabados, álbums, libros de viajes, novelas y pinturas, un hermoso salon de conciertos y un bonito teatro para representaciones francesas y alemanas. La noche se pasa allí en una sucesion de muy diversas impresiones. Despues, cada cual se aleja dominado por ideas bien diferentes: unos, con una ilusion ménos respecto de la civilizacion europea y del espíritu del hombre; otros, satisfechos con poder decir luego en Paris ú otra ciudad: «He pasado el último verano en Báden, Wiesbáden, Aquisgran y Espá (Spa), y he cultivado íntimas relaciones con la condesa tal, la marquesita cual, el banquero fulano, el ministro mengano, la mariscala perenzeja, ó la actriz ó cantatriz menganeja….»
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Las cercanías de Báden-Báden son interesantes bajo todos aspectos. Sus hermosas carreteras, que giran por encima de ondulosas y altas colinas ó por el fondo de preciosos vallecitos; sus magníficos bosques de suntuosa vegetacion; sus numerosos castillos campestres admirablemente situados; sus deliciosas residencias de príncipes, como la de la Favorita, y sus pintorescas aldeas agrícolas y laboriosas de las riberas del Mürg, tienen mil atractivos para el excursionista. Prescindiré sinembargo del mayor número de esos objetos, y solo daré una breve idea del «Castillo-Viejo» y del valle del Mürg.
El paseo del Castillo-Viejo (Alle-Schloss), á pié ó en coche, es uno de los mas encantadores que puede ofrecer la Alemania rineana. La montaña se levanta casi repentinamente hasta una altura algo considerable, cubierta en todas sus partes por una magnífica floresta de encinas, abetos y otros árboles corpulentos, cuyo espeso follaje, protegiendo vastas alfombras de musgo, no permite la entrada de los rayos del sol. Una hermosa carretera faldea el cerro y por toda la floresta se cruzan numerosos senderos, por los cuales se puede subir mas pronto hasta la primera cima (á 345 metros sobre Báden, ó 545 sobre el nivel del mar), donde se encuentran las majestuosas ruinas, cuidadosamente conservadas, del Castillo que en siglos anteriores sirvió de residencia a los margraves ó señores de Báden. Por demas está decir que esa soberbia construccion fué destruida por los Franceses, en el siglo XVII, durante la guerra del Palatinado, lo mismo que el admirable Castillo de Heidelberg y otros muy notables.
Al llegar al sitio donde se hallan las ruinas nos apresuramos á subir hasta las roas elevadas murallas, ennegrecidas por el tiempo, que permanecen en pié. Era curioso el contraste que hacian esas ruinas imponentes y llenas de recuerdos históricos, con el movimiento de los carruajes que llegaban hasta el pié de los muros, de los criados del restaurador establecido en la desmantelada capilla, afanados por servir á todo el mundo, y de las gentes que llegaban, ostentando su lujo y elegancia, por en medio de las magníficas bóvedas umbrías de la floresta. El espectáculo que se ofreció á nuestra vista desde los vertiginosos miradores de las ruinas, era admirablemente bello. De un lado teníamos al pié el gracioso valle donde tiene su asiento Báden-Báden: de otro veíamos una parte de las lindas montañas de la Floresta-Negra, formando grupos de inmensas cúpulas de verdura severa y profunda; hácia el norte admirábamos el precioso valle del Mürg, salpicado de cortijos y aldeas; en fin, mirando hácia el poniente, contemplábamos con delicia las llanuras del Rin, los lejanos campos de Alsacia y la cinta azulosa de los Vosgas, distinguiendo mas ó ménos el Rin, la ciudad de Carlsruhe, Kehl, Rastadt y muchos lugares de la márgen derecha del rio. Pocos puntos de vista pueden ofrecer en Alemania un espectáculo tan hermoso y variado como el que se admira desde las ruinas del «Castillo Viejo.»