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Viajes de un Colombiano en Europa, segunda serie cover

Viajes de un Colombiano en Europa, segunda serie

Chapter 31: CAPITULO V.
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About This Book

El autor recorre detalladamente Suiza, Saboya, la región del Rin y Bélgica, ofreciendo descripciones orográficas de lagos y valles, reseñas históricas y análisis de instituciones cantonales, y panoramas urbanos de ciudades como Ginebra, Berna, Zúrich, Basilea, Heidelberg, Francfort, Colonia, Amberes y Bruselas. Combina observaciones naturales —glaciares, ríos y lagos— con notas sobre costumbres, industria, agricultura, navegación y vida social, además de reflexiones sobre la civilización moderna y escenas de viaje, instituciones culturales y monumentos. La obra organiza impresiones por regiones y localidades, mezclando información práctica y curiosidades anecdóticas.

La mas interesante excursion que se puede hacer en las cercanías de Báden-Báden, para conocer sus mas bellos sitios, sus poblaciones rurales y algunos de sus preciosos castillos, exige un paseo circular de siete ú ocho horas, siguiendo las líneas de excelentes carreteras. Penetramos hácia las montañas, por la via de Lichtenthal, remontando el vallecito encantador del Oosbach; pasamos por encima del Pequeño-Staufenberg, al traves de magníficas florestas; visitamos el curioso palacio campestre (semi-castillo) de Eberstein (residencia en ciertos meses de la familia gran-ducal), muy bien situado y lleno de preciosidades artísticas; descendimos al valle del Mürg, y despues de recorrerlo hasta salir al valle del Rin, pasando por la hermosa residencia de la Favorita, volvímos á Báden-Báden por el pié de los contrafuertes mas avanzados hácia la llanura, tocando sucesivamente en las pequeñas aldeas y villas de Gernsbach, Ottenau, Gaggenau, Rothenfels, Kuppenheim, Haueneberstein y Oos.

Nada mas grato para el excursionista admirador al mismo tiempo de la naturaleza y de las obras humanas, y deseoso de adquirir alguna idea de las poblaciones rurales, que ese paseo en que las horas vuelan para el espíritu encantado, al traves de aquella sucesion de paisajes tan variados e-interesantes. Las excelentes carreteras que faldean las montañas, por en medio de tupidos bosques, algunas de las cuales son obras de arte dignas de atencion, hacen honor al pueblo y gobierno badenses, que muestran tan particular interes por las vias de comunicacion. Las florestas tienen allí una magnificencia que arrebata y deleita, y las residencias de los príncipes, liberalmente abiertas por ellos á la curiosidad de los viajeros, son notables por la gracia de sus pormenores ó por la frescura y belleza de sus parques y jardines.

Pero lo que allí interesa mas es el lindo valle del Mürg, riachuelo regular cuyas aguas no solo ponen en movimiento un enjambre de molinos, aserríos de tablas y fábricas importantes, y difunden la fertilidad en los campos, gracias á una inteligente irrigacion, sino que tambien dan salida á las innumerables balsas de trozas y tablas de pino, abeto, encina y haya, que descienden del fondo de las montañas hácia el Rin. En todo ese valle angosto y pintoresco reinan la actividad y el movimiento. Las fábricas, los molinos y aserríos no cesan de trabajar durante la mayor parte del año; las ondas del riachuelo están donde quiera cubiertas de balsas larguísimas, laboriosamente conducidas por dos ó tres hombres cada una; en todas partes se ocupan en diversas labores todas las gentes, manifestando con sus fisonomías, sus vestidos, su modo de hablar y su obligante obsequiosidad un carácter dulce y hospitalario, y una sencillez y pureza de costumbres que agradan y seducen fácilmente. Las localidades son graciosas, irregulares, como lo exigen los accidentes del terreno, y pintorescas; los cortijos indican mucho esmero en los cultivos; y la prodigiosa multitud de huertos llenos de árboles frutales, hortalizas y pequeños jardines, le da al valle el aspecto mas risueño, que contrasta enérgicamente con el de las montañas que lo encierran, pobladas de espesos bosques, ricos en maderas de construccion.

Allí, en medio de esos deliciosos paisajes, tan poco lejanos de Báden-Báden, olvida uno con encanto las miserias de vanidad y ostentacion; de imposturas fascinadoras y codicia que se disputan la admiracion y los montones de oro en el Salon de conversacion; la sociedad sofística de la ciudad parece mas absurda, y se comprende cuánto mas vale la vida honrada y tranquila de los habitantes del valle del Mürg, que la estéril agitacion de los que pueblan los hoteles de Báden-Báden.

* * * * *

CAPITULO IV.

LAS CIUDADES BADENSES.

Carlsruhe.—Las ciudades nuevas de Alemania.—Heidelberg;—su Universidad y sus curiosidades.—Los estudiantes de Alemania.—Las ruinas del Castillo.

De Báden-Báden á Carlsruhe, el ferrocarril vuelve hácia la llanura del Rin y va orillando generalmente la línea de la Floresta-Negra, tocando en Rastadt, pequeña ciudad de poco mas de 6,000 habitantes, notable solo como plaza fuerte, por el papel que ha hecho en las guerras franco-alemanas y el que hizo durante la revolucion republicana y unitaria de 1848. Fortaleza federal de primer órden, Rastadt es en la hermosa llanura del Rin un puesto avanzado en prevision de los ataques de Francia; pero el buen sentido hace comprender á los Alemanes que en realidad sus fortalezas sirven mas contra ellos que contra el enemigo. En 1848 el pueblo se insurreccionó en Rastadt y atacó á la guarnicion en la fortaleza. Cuando estaba triunfante en su revolucion democrática y tenia esperanza de asegurar la unidad social y suprema de la Alemania, el ejército prusiano intervino, en virtud del derecho federal, y destruyó la obra del pueblo. Eso era natural, puesto que la Confederacion germánica, en vez de ser una liga de los pueblos, no es mas que la alianza de los príncipes soberanos contra la gran nacion. Rastadt ha sido posteriormente teatro del antagonismo que suele estallar entre las guarniciones de varios Estados alemanes, sobre todo entre las del norte y del mediodía,—antagonismo que revela en parte las contradicciones y la debilidad de la Confederacion.

La llanura se desarrolla con majestad, pero no sin monotonía, salpicada de numerosas villas y aldeas, rodeadas de vastas plantaciones de cereales, tabaco, legumbres, lúpulo y plantas filamentosas y oleaginosas. Del lado del Rin el horizonte es abierto y muy extenso, aunque la mirada se detiene á veces en hermosos bosques que salpican la llanura. Hácia el Oriente se desarrollan las montañas, y el paisaje tiene donde quiera completa ó muy notable analogía con el que média entre Freiburgo y Kehl.

En el centro casi de la llanura, á 7 ú 8 kilómetros del Rin, demora Carlsruhe, capital del gran-ducado de Báden, ciudad enteramente moderna—la mas nueva de las capitales alemanas,—limpia, elegante por sus formas, sólidamente construida, singular en su estilo, interesante por algunos monumentos, pero tambien singularmente monótona y solitaria. Al recorrer sus anchas y hermosas calles, de aspecto casi monumental, el extranjero no se creería en la capital de un Estado relativamente considerable, en medio de 25 á 30,000 habitantes y en presencia de una corte. Tal es el silencio que reina en todas partes, la tranquilidad en que se ven todas las cosas, la seriedad de las gentes. Así, los habitantes de Carlsruhe se muestran fieles á la etimología ó el nombre de su capital, nombre que significa: el reposo de Cárlos, según la voluntad del príncipe que la fundó en el primer cuarto del siglo XVIII, dándole por base ó eje su residencia de retiro. Por lo demas, como el número de católicos de Carlsruhe apénas excede la cuarta parte de la poblacion, hay poco ruido de campanas, todo el mundo es serio, y no siendo la ciudad en nada mercantil ni industrial, sino puramente cortesana y en cierto modo artificial, todo movimiento social parece estar proscrito de allí, al ménos durante el verano.

Carlsruhe parece haber sido una especie de plagio ó caricatura de Versalles. Lo mismo que en la ciudad cortesana de Luis XIV todo indica el ensimismamiento del Rey-Sol, el Rey-Apolo, siempre aspirando á imponer sobre toda cosa su persona, tenerlo todo bajo su mirada soberana, y hacer partir del patio de su palacio todas las calles, carreteras y alamedas, así como de su persona emanaba toda voluntad, toda accion y todo brillo; del mismo modo Carlsruhe tiene su eje, su punto de partida, su ojo vigilante y su gérmen, por decirlo así, en el palacio gran-ducal que sirve de residencia á la corte durante el invierno.

En efecto, Carlsruhe tiene, como es bastante sabido, la forma literal de un abanico. Su eje es una inmensa plaza semicircular en cuyo fondo se destaca el extenso palacio gran-ducal, de estilo sencillo y sin majestad ni particularidad artística ninguna, y dominando, la esplanada que sombrean magníficas arboledas. De allí parten en todas direcciones, rectas ú oblicuas, las grandes calles de la ciudad, que se apartan á medida que avanzan hasta determinar el abanico. Despues, otras calles semicirculares, inmensas y paralelas al semicírculo del eje, cortan y ligan entre sí, de un lado á otro de la ciudad, las calles que parten del centro cortesano, desde el cual, mirando en cualquiera direccion, se ve desarrollarse todo el cuerpo con matemática uniformidad.

A un lado del palacio está el jardin botánico, que por cierto es uno de los mejores de Alemania. Detras se extienden los jardines, los suntuosos bosques, los tesoros de rica vegetacion del magnífico parque. Quisimos visitar el palacio, que estaba solitario, y tuvimos ocasion de notar un rasgo característico de muchos de los Estados alemanes. Un soldado estaba de faccion en la puerta excusada que nos debia dar entrada, y al parecer le habian dejado allí por cumplimiento mas que por guardar ó defender cosa ninguna. Ello es que entramos con franqueza sin que nadie nos dijese palabra; subímos escaleras, llamamos por todas partes, y nadie nos respondió ni se dió á luz. A riesgo de que nos ocurriese un percance, nos echamos á andar y abrir puertas, y entramos á cuantos salones y aposentos hallamos abiertos, sin encontrar alma viviente. El palacio parecia mas bien un inmenso sepulcro que una residencia de corte. Donde quiera reinaban en los muebles y adornos la sencillez, la modestia y la economía. Ningún lujo, ninguna preocupacion de ostentacion artística ó palaciega! Tal parecia como si el palacio fuese una residencia de simples bourgeois alemanes. Confieso que, si bajo el punto de vista artístico quedamos muy descontentos, el espectáculo nos gustó mucho como rasgo indicativo de las costumbres alemanas.

El mejor monumento de Carlsruhe es la Academia, edificio de estilo bizantino, de muy reciente construccion, bien considerable y proporcionado, que contiene los museos ó galerías de pinturas, historia natural y antigüedades y una biblioteca. El Palacio ó Castillo gran-ducal contiene una que cuenta cerca de 100,000 volúmenes. El cementerio de Carlsruhe es uno de los mas hermosos de Alemania, apesar de su aspecto demasiado sombrío.

Apropósito de Carlsruhe, es curioso notar el profundo contraste que hay entre las ciudades alemanas antiguas y modernas. En las primeras, como Nuremberg, Hanóver, Colonia, Mayenza (ó Mainz), Praga, Ratisbona y otras cuantas, se ve donde quiera el estilo enteramente feudal, el sello de los pueblos en accion, de las clases sociales en lucha, del capricho y de las tradiciones de la época feudal. En las totalmente modernas—obra de los príncipes ó gobernantes y no de los pueblos—como Carlsruhe, Mannheim, Darmstad, etc., se encuentra un aspecto general totalmente distinto, sin estilo, ni carácter ni sello alguno. El contraste es todavía mas sensible en las ciudades compuestas de grandes barrios antiguos y modernos, como Berlin, Viena, Hamburgo, Dresde, Munic, Estuttgard y Francfort. En lo totalmente nuevo todo es regular, vasto, uniforme, monótono y sin estilo ninguno; todo es pretensioso, pedantesco, imponiendo la ley de la línea recta en todas direcciones. Esa profunda diferencia se comprende. Las antiguas ciudades eran espontáneas, obra de los pueblos, de la necesidad, y no obedecian á cálculo ni regla. Las modernas, fruto del servilismo imitador del Renacimiento,—de la pedantería ó soberbia de los gobiernos ó soberanos de la escuela fascinadora de Luis XIV,—manifiestan en todo la voluntad del monarca, la tendencia á imponer su persona y su memoria, á deslumbrar á los pueblos con grandes construciones monumentales, estratégicas en gran parte, en cuyas líneas rectas no se ve mas sello que el de la vanidad niveladora, y el símbolo de la obediencia popular pasiva.

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El ferrocarril badense, ántes de salvar el Nékar ó dirigirse á Mannheim, se inclina hácia las montañas, como si fuese á penetrar en ellas por el pintoresco valle de aquel afluente del Rin. En la ribera izquierda, á la salida del valle sobre la llanura y entre dos cordones de montañas cubiertas de rica vegetacion, demora la ciudad de Heidelberg, moderna por sus construcciones, relativamente, pero cuyo orígen remonta hasta la época de los Romanos. Célebre por su Universidad como por las ruinas de su admirable Castillo, Heidelberg seduce al viajero por su aspecto singularmente pintoresco, por las costumbres de su poblacion universitaria y por la hermosura de los sitios casi salvajes de sus cercanías. Para contemplar de cerca el conjunto, ningún sitio mas adecuado que el del gran puente sobre el Nékar—puente de piedra de cerca de 240 metros de longitud—desde cuyo centro se registra un magnífico paisaje.

Sobre la márgen izquierda, la ciudad se extiende al pié de la montaña de Koenigsstuhl, orillando en su longitud el rio, subiendo en plano inclinado hácia la cinta magnífica de verdura que cubre la montaña donde yace el Castillo, y compuesta casi únicamente de dos larguísimas calles paralelas al rio, cortadas por muchas trasversales de aspecto generalmente triste. Arriba se ven las ruinas del incomparable Castillo, dominando con su asombrosa majestad todo el paisaje. Sobre la márgen derecha se destacan numerosas quintas de gracioso aspecto, dominadas por el cordon de cerros que determina la hoya del rio, cubiertos de abetos y encinas en su parte superior y de viñas y hortalizas hácia el pié de las faldas. Por último, el rio desciende por un cauce rocalloso y tortuoso, limpio y cristalino, y soportando en sus ondas algunas barcas y numerosas balsas de maderas.

Heidelberg, como ciudad, no tiene ninguna otra particularidad artística que una casa antiquísima de los mas raros pormenores y formas, resto de la época feudal, que los excursionistas admiran siempre. Lo mas interesante es la Universidad, famosa por sus escuelas de Derecho y Medicina, en la cual siguen sus cursos unos 700 á 800 estudiantes. Es notable el conjunto de institutos de que está dotada la Universidad: su biblioteca, bastante preciosa y considerable, su museos, su jardin botánico, etc. Como la ciudad no cuenta sino unos 15,000 habitantes y es poco industrial y mercantil, su vida principal está en la Universidad, cuyos estudiantes le dan animacion, importancia y alimento económico. Así, en las épocas de vacaciones la ciudad parece silenciosa, ó al ménos pierde muchísimo de su animacion.

Nada mas curioso que ese conjunto de hábitos y costumbres á que da lugar en Alemania la existencia de algunas Universidades. En Lóndres y Edimburgo, como en Paris, Berlin, San-Petesburgo y Viena, las Universidades crean, sin duda, un movimiento que tiene su carácter particular, como el del barrio latino en Paris. Pero en realidad en esas grandes ciudades el estudiante tiene mucho de cosmopolita, se mezcla demasiado al movimiento del mundo, se deja dominar por las exigencias de la moda y pierde mucho de su tipo, casi ahogado ú oscurecido por la grandeza del escenario. En las pequeñas ciudades alemanas que tienen Universidades muy notables, sucede lo contrario. Allí el estudiante se impone, domina como un tipo soberano, absorbente, libre, original, superior á toda influencia, que imprime en cierto modo á la ciudad el sello de sus costumbres. Donde quiera le reconocereis por su fisonomía altiva, pensadora y original, su vestido propio, libre de trabas y de modas, en que la cachucha hace el principal papel; le vereis cantando por las calles, sin cuidarse de nada ni de nadie, con la querida del brazo y la pipa ó el cigarro en la boca; con el cabello y la barba en desórden y creciendo á discrecion; vestido á la diabla; contento, libre, soñador, generoso, extravagante, revolucionario demócrata y dado á las elucubraciones filosóficas; poco dogmático y muy apasionado por las discusiones intrincadas y eruditas, y ya inventando sistemas desde el colegio; buscando desde temprano las agitaciones de la prensa y de los clubs; burlon, pero sin chiste picante; filósofo prematuro, amigo de querellas y asiduo en el culto de la botella ó del jarro de cerveza. Quizás en ninguna parte se puede estudiar á los pueblos mejor que en sus universidades, porque es en esas colonias de la ciencia en embrion donde la sociedad se revela con mas energía en sus aspiraciones mas ardientes, sus instintos mas tenaces y sus aptitudes mas características.

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Me sería imposible hacer una descripcion siquiera sucinta de todos los primores del «Castillo» de Heidelberg, á ménos de escribir muchas páginas que fastidiarían al lector. Aquella ruina extraordinaria no es digna de estudio, en sus pormenores, sino para el artista consumado y el arquéologo. Es en su conjunto y por su significacion general, histórica y social, que el viajero la contempla con pasmosa admiracion y tristeza. Un camino carretero, que serpentea faldeando la montaña, por en medio de magníficos bosques en la parte superior, nos condujo casi hasta la cima, donde se halla el Castillo, á mas de 100 metros de altura sobre Heidelberg y dominando con majestad el abismo de la cuenca del Nékar. Al pasar bajo las inmensas bovedas completamente umbrías del bosque que rodea al Castillo, se siente una especie de recogimiento que prepara el alma á la muda contemplacion de las maravillosas ruinas. Ya se orillan espléndidas terrazas cubiertas de jardines, desde las cuales se tiene un golpe de vista encantador; ya se vaga bajo las espesas alamedas, en un terreno desigual y exuberante de vegetacion, pasando al lado de formidables murallones invadidos por el bosque, de fuentes arruinadas y escombros destrozados, que yacen en la espesura de los tilos, las encinas, etc., como restos de un inmenso cadáver de mármol y piedra.

Al cabo el viajero llega delante de la colosal ruina del Castillo, —enjambre de muros admirables, casi todos sin techumbre, de torres de diversas formas y estilos, de arcos, columnas, restos de estatuas y esculturas primorosas, curiosidades artísticas é históricas, patios diferentes, puentes destrozados, sótanos profundos, balcones y terrazas y laberintos de construcciones de todo género, abrumados por la exuberante vegetacion de árboles gigantescos, coronados de flotantes pabellones de yedra que parecen como la verde mortaja echada por la naturaleza sobre las maravillas del arte para impedir que el tiempo las devore y pulverice…. Donde quiera se ven asomar por entre el follaje de los árboles cien cabezas de mármol, esculturas ó construcciones atrevidas, y admirables relieves y frescos bajo las manchas de la hiedra invasora, como si quisiesen protestar contra el olvido, en nombre de los artistas que grabaron el sello de su inspiracion en cada baldosa, cada estatua, cada piedra y cada monumento de ese enjambre de monumentos que se llama el Castillo.

La historia de esa colosal creacion del arte, que han llamado no sin razón la Alhambra de Alemania, explica perfectamente las circunstancias de su composicion. Era una sucesion de palacios, comenzada por uno de los príncipes ó margraves del país desde principios del siglo XV; cada sucesor fué haciendo agregar una construccion nueva, conforme al estilo de cada época, aunque predominando siempre el italiano, y de ese modo el Castillo era una extraña maravilla, hácia 1680, compuesto de obras que indicaban los progresos del arte en la arquitectura, la escultura, la ornamentacion, etc. El Castillo era al mismo tiempo un conjunto de palacios y una fortaleza, donde se abrigaba la corte de los margraves del Rin y su guarnicion, pudiendo alojar á miles de personas. Durante la guerra atroz de sucesion que hizo Luis XIV al margraviato, por medio del brutal Louvois, de 1688 á 1693, fué destruido ó arruinado casi completamente el Castillo de Heidelberg, como tantos otros de las cercanías del Rin. El cañon implacable del ambicioso rey aniquiló lo que el cincel del artista habia trabajado laboriosamente durante dos siglos y medio. Despues de la guerra, uno de los margraves se propuso reconstruir todo lo arruinado, y lo consiguió, haciendo prodigios de voluntad él y los artistas. Pero la fatalidad parecia pesar sobre aquella maravilla humana: un rayo incendió una de las torres, en 1764; todo el edificio fué al punto devorado por las llamas, en sus partes superiores, y desde entónces no han quedado sino ruinas majestuosas, con los sótanos intactos, las torres y terrazas y casi todos los muros en pié. Solo una parte de la masa del edificio conserva su techumbre, abrigando muchos objetos curiosos.

El espectáculo es tan grandioso y el conjunto de construcciones y primores tan complicado, que no es posible describirlo sin entrar en pormenores detenidos. Lo que el viajero saca en claro de la contemplacion de aquellos prodigios de arte casi aniquilados, es una doble conviccion: primera, que la gloria del artista bien inspirado y hábil es muy superior á la del guerrero que destruye, so pretexto de defender una causa que llama justa, puesto que la conciencia severa del viajero imparcial rinde homenaje de admiracion al artista, dominado por el noble sentimiento de lo bello, miéntras que execra la memoria del rey corrompido y el bárbaro general cuyos cañones convirtieron en ruinas tantas hermosuras; segunda, que en balde las naciones se jactarán de sus progresos hechos en la civilizacion, bajo los puntos de vista del arte, de la ciencia, de la industria, del comercio, etc., si sus progresos en punto á moralidad no han de estar en armonía con aquellos, es decir, si los gobiernos no han de respetar las obras de la civilizacion, renunciando á la salvaje justicia de la guerra que todo lo aniquila.

Es curioso notar que la Francia, el pueblo que desde el siglo XVII ha hecho avanzar mas poderosamente la civilizacion, en el campo de lo espiritual,—de la ciencia y del arte,—es la que con sus guerras inicuas ha destruido mas maravillas ú obras maestras artísticas, en Alemania, en Italia y España, como lo atestiguan tantas ruinas en las comarcas del Rin, algunas en la península italiana, y las del Alcázar de Toledo, la Alhambra y el Jeneralife en Granada, etc., etc. Es que la guerra, careciendo de moralidad y de espíritu creador es el peor enemigo de la civilizacion.

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CAPITULO V.

DE HEIDELBERG A FRANCFORT.

Mannheim y el Rin.—El gran ducado de Darmstad; su gobierno y sus condiciones generales.—La ciudad capital.—Una familia típica.

Despues de visitar á Heidelberg continuamos nuestra excursion directamente hácia Darmstad. Sinembargo, diré dos palabras acerca de Mannheim puesto que esta ciudad es una de las mas importantes del gran-ducado de Báden, y que tuvimos ocasion de visitarla, diez meses despues, al hacer nuestro segundo viaje de Paris á Alemania, por la via de Metz y Espira.

Mannheim, situada casi sobre la ribera derecha del Rin y la izquierda del Nékar, en el vértice de la confluencia y haciendo frente á Ludwigshafen, no llama la atencion sino por su fría y monótona regularidad, que justifica enteramente lo que he dicho acerca del contraste que ofrecen en Alemania las ciudades modernas comparadas con las antiguas. Fundada en 1606 por uno de los antiguos Electores del pais, Mannheim tuvo la desgracia de ser fortificada desde su orígen, es decir, de ser una tentacion para los enemigos en las guerras internacionales. Así, las de Luis XIV le fueron funestas, y un general frances muy expeditivo la destruyó completamente. Reedificada ya del todo en 1794, fué luego presa de Franceses y Austríacos sucesivamente. Gracias á esas tristes aventuras la experiencia sirvió de algo; las fortificaciones fueron demolidas y reemplazadas por hermosos huertos, jardines y paseos; y hoy la ciudad, libre de cuidados artificiales, crece en poblacion, se ensancha sin embarazo, y sus habitantes no piensan sino en el comercio de su puerto, en el movimiento de sus ferrocarriles y de la navegacion de los dos ríos, y en el desarrollo de las artes pacíficas.

Mannheim posee de 25 á 28,000 habitantes que, si no tuviesen negocios en qué ocuparse con actividad, lindos y numerosos jardines en las cercanías, y agradables paseos en las riberas de los rios y en el magnífico parque del palacio gran-ducal, deberían morirse todos de tedio, al vagar por aquellas calles anchísimas, rectísimas y tristísimas, orilladas por hileras de casas absolutamente iguales y cortadas invariablemente en ángulos rectos. La ciudad contiene todos los establecimientos y objetos públicos que distinguen á una localidad populosa y civilizada; pero todo carece allí de distincion á causa de la fría uniformidad de todas las construcciones. El palacio gran-ducal, que contiene una considerable biblioteca y colecciones artísticas generalmente mediocres, no es notable como monumento sino por la inmensidad de su fachada, que mide una longitud de mas de 560 metros.

Por lo demas, Mannheim es un centro notable de produccion agrícola (en la cual figuran principalmente los granos, el cáñamo, el lino, el tabaco y el lúpulo, que pueblan las llanuras vecinas), y contiene algunas manufacturas importantes de tejidos de lino, cáñamo y lana.

* * * * *

Como el ferrocarril que gira entre Heidelberg y Darmstad va orillando la base occidental de la cadena de montañas llamada de Odenwald, que cubre una parte notable de la banda superior del territorio de Hesse-Darmstad, el paisaje tiene en todo el trayecto un aspecto completamente análogo al de las comarcas badenses de que he hablado. Las llanuras se extienden hácia el Rin con gran lujo de vegetacion y esmerado cultivo, y las montañas presentan siempre un conjunto gracioso por las formas y melancólico por las tintas oscuras de sus espesos bosques.

El gran ducado de Hesse-Darmstad, que ocupa el 9° rango en la Confederacion Germánica, es uno de los ménos considerables de los Estados secundarios. Su territorio, que en la parte superior comienza en la línea del Nékar, se divide en dos porciones desiguales, una limítrofe de Báden, Franconia, Francfort, Hesse-Electoral y Nassau, y la otra sobre la márgen izquierda del Rin. Montañoso en parte, y en parte enteramente llano, sobre las márgenes del Rin, ese teritorrio contiene una extension superficiaria de 8,405 kilómetros cuadrados y en 1858 contaba 854,300 habitantes (de ellos 450,000 protestantes), lo que da la proporcion, muy poco comun, aun en Europa, de mas de 101 habitantes por kilómetro cuadrado.

El gran-ducado de Hesse-Darmstad que, como el de Báden y los demas del Rin central, hace parte del Zolverein aleman, ha pasado por todas las vicisitudes que las guerras entre Alemania y Francia, y sobre todo las de Napoleon, hicieron pesar sobre los Estados alemanes mas expuestos al choque. Puede decirse que la verdadera constitucion del gran-ducado no data sino de 1806, época en que el príncipe del electorado anterior, bajo los auspicios de Napoleon, agrandó sus dominios á expensas de otros pueblos y figuró como miembro de la efímera «Confederacion del Rin». Pero el gran-duque supo hacer su negocio, volviendo á tiempo sus armas contra el emperador frances, y gracias á eso obtuvo sus ventajas en la gran partija que, bajo el nombre de restauracion, hizo el Congreso de Viena en 1815.

En 1820 quedó organizado el gran-ducado con el carácter de monarquía constitucional, dotado de instituciones relativamente liberales que la revolucion desarrolló en 1849. Pero la reaccion general de 1851 puso coto á las mas importantes libertades, y desde entónces el gobierno de Darmstad ha figurado en el grupo de los numerosos Estados coligados en la Confederacion contra el progreso de las ideas democráticas, mostrándose perseverante en esa guerra que casi todos los príncipes alemanes hacen á los pueblos que con tanta paciencia los toleran.

Sinembargo de la mezquindad con que gobiernos como los de Hesse-Cassel, Hesse-Darmstad, Nassau y otros se oponen al movimiento liberal que agita al pueblo aleman, no por eso creo que merezca absoluta censura la resistencia que esos pequeños Estados manifiestan respecto de las tendencias unitarias. En mi concepto, el partido democrático aleman ha comprometido mucho la causa de la democracia al empeñarse, contra la lógica y la conveniencia, por hacerla solidaria del unitarismo. Nada mas sano, progresista y ventajoso que hacer de la Alemania una verdadera Confederacion, es decir, un cuerpo de Estados completamente autónomos en su gobierno interior, pero ligados por principios comunes de ciudadanía y derecho público,—aduanas, diplomacia, ejército y marina comunes y un presupuesto nacional. Eso implica una combinacion parlamentaria y gubernamental en que estén representadas la unidad social é internacional del gran pueblo aleman y la autonomía de los diversos gobiernos.

Pero de esa organizacion, que sería lógica, realmente democrática y fecunda, en lugar de la extravagante complicacion actual de tantos Estados antagonistas y gobiernos enemigos de los pueblos,—de esa combinacion á la unificacion completa, aunque disimulada, la distancia es muy grande. La democracia nada puede ganar en Alemania, ni en ningún país del mundo, con la centralizacion unitaria, puesto que los pueblos son siempre mas libres á medida que fiscalizan y tocan mas de cerca los intereses de su administracion y los actos de sus gobernantes.

Por otra parte, la Alemania perdería inmensamente con la centralizacion política, bajo el punto de vista moral, intelectual y económico. El habitante de Estuttgard ó de Munic en nada se parece al de Hamburgo ó Lubeck, ni el de Viena al de Colonia. Cada grupo aleman tiene su índole propia, su método particular de creacion ó de accion, en filosofía y literatura, en punto á ciencias y bellas artes, y en asuntos de administracion y economía. El dia que toda la Alemania se viese sometida al nivel de la unidad, todos ó casi todos sus grupos, absorbidos por Viena ó Berlin, perderían su tipo particular, su originalidad y espontaneidad de accion; el pueblo aleman dejaría de ser lo que es: uno de los mas grandes pueblos del mundo,—el mas estudioso y erudito, el mas fecundo en ideas nuevas é investigaciones originales; el iniciador por excelencia de cuantas verdades se encarga Francia de someter á criterio rigoroso para simplificarlas y vulgarizarlas, despues de lo cual Inglaterra las somete á la prueba definitiva de la experiencia; y tambien, permítaseme decirlo, uno de los pueblos mas sanos, de instintos mas dulces y candorosos, y el mas modesto de cuantos ocupan la primera línea en el movimiento de la civilizacion.

Que el lector me perdone esta digresion, apoyada en las observaciones que he hecho en toda la Alemania, y volvamos a ocuparnos únicamente de Darmstad. La poblacion del gran-ducado es notablemente vigorosa, laboriosa y honrada. Las sectas religiosas gozan allí de libertad, se toleran y son numerosas. La gran mayoría pertenece á la iglesia luterana; los católicos apénas componen la cuarta parte de la poblacion total, en seguida figuran por su número los calvinistas, y luego los judíos, que pasan de 28,000.

Aunque hay algun movimiento fabril en el país, la agricultura es la base general de su riqueza, produciendo maderas en las montañas, excelentes vinos en las márgenes del Rin, y en las llanuras toda clase de cereales (mucho maíz), tabaco, plantas filamentosas, lúpulo, papas, frutas, etc. El país es fértil y rico, y la poblacion parece estar bien distribuida.

* * * * *

Darmstad, la ciudad capital, que cuenta unos 33,000 habitantes (de los cuales poco mas de 2,500 son católicos) es curiosa por la diferencia muy marcada que presentan las dos partes de que se compone: la vieja, que data de algunos siglos, sin rango de ciudad, y la nueva, cuya ereccion fué terminada apénas en 1830. Tanto la parte nueva como la vieja están fortificadas,—mediando entre la ciudad y sus murallas un vasto espacio que apénas está hoy cubierto de jardines, pequeños parques y paseos, generalmente graciosos y agradables.

Es al traves de la parte moderna que circulan los viajeros al dejar la estacion del ferrocarril, concibiendo desde luego la mejor idea al penetrar por la hermosa calle del Rin en direccion á la plaza Luisa y el Palacio-viejo. Pero en breve la ilusion se disipa, porque el viajero se apercibe de que se halla en medio de un inmenso tablero de damas de la mas fastidiosa y monumental monotonía. Donde quiera calles enteramente pulcras, anchas como plazas, tiradas rigorosamente á cordel y cortadas como á compás en porciones absolutamente iguales, con los mismos pavimentos, el mismo aspecto, el mismo silencio y la soledad mas soñolienta que se puede imaginar. Donde quiera casas de igual altura, con puertas, ventanas, techos, piedras y colores matemáticamente iguales en todo y por todo; de manera que cada cuadra parece una sola casa, y que al volver cada esquina cree uno haber comenzado á recorrer de nuevo la misma calle que acaba de transitar. Tal parece como si cada ventana abierta remedase un bostezo de la ciudad, y cada puerta cerrada el sueño profundo de los 33,000 habitantes de aquella capital-cuartel. Realmente, Darmstad es tan fastidiosa en su parte nueva, que el recorrer sus calles dan ganas de acotarse con toda franqueza, sobre los baldosas de una acera, á dormir el sueño eterno de los justos, con la esperanza de despertar, por via de compensacion, en medio de un carnaval italiano.

La ciudad no carece de monumentos interesantes, como el Castillo ó Palacio-viejo, la iglesia de los católicos y la columna y los edificios de la plaza Luisa. Una de las cosas que hacen mas estimable á la Alemania, como pueblo literato y artista, y muy interesante para el viajero, es la profusion y riqueza de sus museos, sus bibliotecas, sus universidades y aún los magníficos parques y jardines de las ciudades, casi todos de estilo inglés. Así, cuando falta todo movimiento industrial y comercial, como sucede en Darmstad, siempre se encuentra en los palacios y otros edificios públicos algo que, ademas de agradar é instruir al viajero, le da una idea bastante clara de la índole literaria ó artística y la ilustracion del pueblo aleman, la mas vasta en Europa, la mas cosmopolita, y la mas sólida bajo ciertos aspectos.

El Palacio-viejo es un vasto edificio rodeado de jardines, que ademas de ser habitado por el príncipe heredero contiene: la biblioteca nacional, compuesta de mas de 115,000 volúmenes, cerca de 100,000 folletos y unos 500 manuscritos, de los cuales algunos son preciosos y de gran mérito por sus trabajos artísticos y la riqueza de sus adornos en piedras preciosas; el museo de pinturas (unos 750 cuadros generalmente mediocres, aunque no faltan unos 40 de bastante mérito); el museo de historia natural, rico y bien acondicionado; en fin los museos de antigüedades, medallas y monedas.

La iglesia de los católicos, situada en una eminencia, dominando varias calles espléndidas, es un monumento curioso por su forma circular, que le da el aspecto de un teatro, y su falla de torres y fachada ostentosa, cosas singulares en una iglesia católica. La inmensa rotunda que le sirve de techo, apoyada sobre un círculo de columnas muy considerables, tiene un aspecto grandioso. Baste decir que esa rotunda mide 75 metros de diámetro, lo que es enorme, y 41 de elevacion.

Por último, la plaza Luisa, aunque triste y solitaria, llama la atencion por los edificios que la encierran (entre ellos el Palacio-nuevo del gran-duque y el Colegio, ámbos notables por su sencillez) y sobre todo por su extraña columna acanalada, de gres rojo, que tiene mas de 44 metros de altura y está coronada por la estatua colosal del gran-duque Luis Iº, que fué el fundador de la nueva Darmstad.

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De Darmstad á Francfort la via es generalmente desapacible, girando al traves de llanuras bien cultivadas pero monótonas. Poco ántes de llegar á Francfort el tren se detuvo delante de una pequeña localidad rodeada de jardines y huertos, donde tienen sus casas de campo muchos de los opulentos banqueros y negociantes de la activa capital de la Confederacion. Al continuar el tren su ruta entró á nuestro carruaje un sujeto vestido con mucha sencillez, á estilo americano, alto, robusto y de fisonomía franca. Llevaba sobre las rodillas un gran canasto con magníficas uvas de varias clases que acababa de hacer coger en sus jardines para ofrecer á su familia. En breve, al oirnos hablar en español, nos dirigió la palabra, con cierta mezcla de familiaridad y respeto, diciéndonos con acento perfectamente yankee: «Cabaliero, ers Ursted y su seniora espanioles?»

Respondímosle que éramos hispano-colombianos, y como su provision de lengua castellana no era muy abundante, nos preguntó si hablábamos inglés. Al ver que podia entenderse con nosotros en su lengua y que éramos hijos del Nuevo Mundo, se manifestó muy amable, nos regaló hermosos racimos de uvas, y, como si fuésemos amigos viejos, nos trató con la mayor cordialidad. Luego luego nos dió cuantos preciosos informes podian importarnos acerca de Francfort, con explicaciones muy interesantes, y nos ofreció mil pequeños servicios. Al salir del tren, se apresuró á conducirnos al mejor hotel y recomendarnos muy particularmente á la consideracion del hostelero y sus sirvientes, y luego nos pidió permiso para volver despues de algunas horas á visitarnos.

Como no conocíamos por experiencia el tipo yankee de buena calidad, nuestro amigo improvisado nos parecia por lo ménos muy singular, y aunque no nos ocurrió ningún pensamiento de desconfianza ofensiva, no obstante que sabíamos que en los ferrocarriles, los hoteles y los teatros de Europa es muy fácil dar con insignes caballeros de industria, no podiamos explicarnos la excesiva obsequiosidad de nuestro desconocido amigote, inmerecida de nuestra parte, sino suponiendo en él un carácter excéntrico en notable grado.

Tres horas despues Mr. D** llegó en su hermoso coche delante del hotel, y entró á suplicarnos que le permitiésemos presentarnos á su familia y que tomásemos el té en su casa. Era imposible no aceptar invitacion tan galante, y ademas nuestra curiosidad estaba vivamente excitada. Mr. D** nos llevó en su coche á su casa, amueblada con elegante lujo, y nos presentó á su familia, compuesta por el momento de una bella señorita, una señora amable y llena de sencillez en su porte, su trato y sus atavíos, y dos señoras mas de su parentela, poco mas ó ménos análogas en sus fisonomías y maneras. Despues de los cumplimientos de ordenanza la conversacion se hizo en breve familiar; cada cual, excepto la modesta señorita, nos hacia cien preguntas llenas de inocente curiosidad respecto de la naturaleza de nuestro país, las costumbres de nuestra sociedad, etc., etc. Luego tuvimos la sencilla explicacion de las bondades de Mr. D**: por una parte, su carácter personal era naturalmente obsequioso, ademas de lo que en ello influian los hábitos y la índole de la buena sociedad setentrional de los Estados Unidos; por otra, le movia un sentimiento de gratitud muy singular. Durante un viaje hecho á Méjico, algunos años antes, habia recibido servicios de hospitalidad muy generosos en ese país, concibiendo un afecto profundo por la sociedad hispano-colombiana. Así, al vernos, habia creido poder corresponder indirectamente las finezas de que habia sido objeto, mostrándose amable con dos colombianos desconocidos. Había para mí no sé qué de profundamente típico en ese espíritu de personificacion de las razas que parece dominar al Yankee de raza pura. Diré tambien que la circunstancia de haber conversado en inglés con Mr. D**, particularmente mi esposa, influyó mucho en nuestro favor. Mr. D** era nada ménos que uno de los mas fuertes propietarios de los valiosos ferrocarriles de Francfort, y sinembargo no hacia la menor ostentacion de su riqueza.

En cuanto á su familia, su carácter era tal que mas tarde, mediante la observacion, pudimos convencernos de que era típico de la buena sociedad femenina de Alemania. Las señoras hablaban tres lenguas de primer órden, mostraban en todo muy buen sentido, un sentimiento natural de sencillez y candor, una conciencia pura, pero muy poco persuadida de la importancia de su sexo, un espíritu de hospitalidad sincera, afectuosa y sin ostentacion, mucha curiosidad de los cosas sociales, y sobre todo una exquisita benevolencia de inclinaciones y de afectos de familia. Mas tarde diré lo que pienso, en general, de la mujeres de Alemania y de las costumbres del país.

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CAPITULO VI.

DOS ESTADOS ALEMANES.

La república de Francfort;—su importancia comercial y política.—La ciudad de Francfort;—su situacion;—su movimiento social;—sus banqueros y sus judíos.—El ducado de Nassau.—Wiesbáden y sus cercanías.

La ciudad de Francfort ó Frankfurt-am-Main, sea que se la considere simplemente como un centro de actividad social, sea como Estado ó entidad política de la Confederacion Germánica, es, sin disputa, una de las mas curiosas é interesantes manifestaciones del genio y la civilizacion de Alemania. En ninguna parte se ve tan patente el contraste de todas las cosas, la contradiccion, la discordancia profunda que reina entre las ideas y los hechos, entre las aspiraciones y las tradiciones del pueblo aleman,—pueblo simultáneamente soñador y laborioso, fantástico y negociante, erudito y artista, judáico y cristiano, creyente y filósofo, liberal y feudatario, republicano y aristócrata, singular, contradictorio en todo….

Francfort fué muy atendida y fortificada por Luis el Bondadoso (emperador franco de orígen) en 838; fué la capital del reino germánico de Austrasia, en 843; fué erigida en ciudad-libre aristocrática, en 1154; fué capital de un gran-ducado artificial (de la fábrica de Napoleon) en 1805; fué capital del imperio-república que inició la revolucion en 1849; y hoy conserva su carácter de república ó ciudad libre y miembro de la Confederacion. Así, Francfort ha hecho todos los papeles, bajo el punto de vista histórico-político, gracias á su antigüedad, su posicion central y otras circunstancias; y en la actualidad tiene el honor de ser la capital aparente de esa aparente reunion de antagonistas de todos estilos que se llama la Confederacion de Alemania.

Bajo otro aspecto, Francfort, en otro tiempo plaza fuerte, ha sido el objeto de cien combates y ocupaciones y de numerosos actos de violencia militar, ora en las luchas puramente germánicas, ora en las franco-alemanas ó las europeas. Pero al mismo tiempo que ha sido un objeto tan importante en la guerra, lo ha sido muy poderoso en la paz, —es decir, para el comercio, el crédito y la industria,—porque sus enormes capitales, sus opulentos banqueros, son acaso, despues de los de Lóndres, los que ejercen mayor peso y mas influencia en los negocios de crédito de Europa.

En Francfort nacieron, crecieron y ganaron gloria ó fortuna dos hombres que han ejercido una formidable influencia en Europa: Goethe y Rothschild;—Goethe, el genio que ha hecho avanzar mas poderosamente la literatura alemana, el gran poeta-práctico de esa gran raza; y Rothschild, el hombre que, levantándose de la nada, gracias á la actividad, la confianza ajena y la probidad (las tres condiciones del crédito), ha hecho del banquero un rey en la sociedad moderna, del crédito uno de los mas fecundos y formidables agentes de la civilizacion.

En Francfort viven el intolerante papista, el rígido calvinista y el severo luterano, representantes de las horribles luchas religiosas que han desolado al mundo; pero viven tambien millares de judíos, y reina el israelita opulento, á quien el espíritu moderno ha permitido emanciparse por medio del dinero,—lo que no deja de ser un sarcasmo para la civilizacion contemporánea.

Y todavía las contradicciones se manifiestan en Francfort bajo otros aspectos. Allí descuellan las mas vigorosas manifestaciones de la industria: bancos, fábricas, almacenes y ferrocarriles,—al mismo tiempo que una multitud de brillantes establecimientos de enseñanza, ricos y hermosos museos, bibliotecas y colecciones artísticas, y un notable jardin botánico-zoológico. Allí contrastan los mas antiguos monumentos de la edad feudal y muchas callejuelas tortuosas, estrechas, extravagantes y del aspecto mas original, con los edificios sencillos y grandiosos del tiempo actual, los lindos jardines, las anchas calles tiradas á cordel y las elegantes casas que representan la aspiracion á lo confortable, limpio y de buen gusto.

Allí vive tambien una sociedad heterogénea bajo todas sus formas. Vegeta, embrollando los negocios, una Dieta federal que representa la ambicion, los intereses y el egoismo suspicaz de los gobiernos ó soberanos; y se agita una prensa libre y activa, representante de la soberanía de la opinion. Existe un gobierno democrático, en su intencion y en los hechos, y lo ejerce un Senado semi-aristocrático por su composicion. Hay una república en el conjunto, cuyo cuerpo legislativo es de composicion heterogénea, y esos republicanos están divididos en tres clases muy distintas: nobles (unas once antiguas familias), ciudadanos ó vecinos (los mercaderes, etc.), y paisanos ó plebeyos de la campaña.

Así, lo repito, Francfort es original, contradictoria en todo. La edad média subsiste al lado de la edad moderna; el cristianismo vive, calle de por medio, con el judaismo; la libertad con el privilegio, el arte con la ciencia, la soberanía de los príncipes con la soberanía de la opinion, las iniquidades tradicionales con la justicia de las aspiraciones modernas. La Alemania tiene, pues, su mas conspicuo representante en Francfort.

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La república de Francfort, incrustada entre los territorios de Hesse-Darmstad y Nassau, contiene una área total de 48 kilómetros cuadrados, y se compone de la ciudad capital, con su arrabal de Sachsenhausen, dos pequeñas villas y cinco aldeas, con una poblacion general de cerca de 74,000 individuos (sin contar la guarnicion federal) de los cuales cerca de 68,000 corresponden á Francfort y su arrabal. De esa poblacion, 8,000 pertenecen al catolicismo, mas de 6,000 al judaismo, mas de 3,000 al calvinismo, y los demas á la comunion luterana. Las rentas y los gastos anuales del Estado alcanzan por término medio á 445,000 talers, y la deuda á 5,000,000. El Estado, en asocio de Hamburgo, Brémen y Lubeck, ocupa el 17° rango en la Confederacion alemana, y el 2° entre las cuatro repúblicas ó ciudades libres.

Situada en medio de una llanura, á corta distancia de la cadena de bajas montañas llamada Taunus, Francfort tiene su base en las dos márgenes del rio Main, extendiéndose sobre la derecha la ciudad propiamente dicha, y sobre la izquierda el arrabal de Sachsenhausen. El país vecino no es hermoso por su topografía; pero el cultivo esmerado de las campiñas, los innumerables y bellos jardines de los alderredores, que han reemplazado las antiguas fortificaciones, y el panorama del rio y las localidades vecinas, le dan al conjunto un aspecto gracioso y pintoresco durante la época de vegetacion.

Si la agricultura de esas campiñas apénas alcanza para las necesidades de la poblacion, la industria fabril de la ciudad tiene mucho mayor importancia, particularmente en artículos de joyería. Pero lo que constituye la verdadera importancia de Francfort es su enorme acumulacion de capitales al servicio de todas las especulaciones de crédito, su gran movimiento comercial de cambios para toda la Alemania, y la concentracion de cuatro líneas de ferrocarriles que sirven de lazo de union á todos los alemanes y á muchos del continente establecidos en otros países. No es fácil apreciar hasta qué punto la riqueza, la actividad y las comunicaciones de Francfort influyen sobre la economía de toda la Alemania y aun de casi toda la Europa, ya facilitando los viajes y las transacciones, ya concurriendo á todos los empréstitos de los gobiernos y las grandes compañías, ó fomentando empresas muy diversas en todos los países. Bajo este aspecto, Francfort concurre con Lóndres, Paris, Amsterdam y Hamburgo á constituir esa irresistible soberanía que el dinero y el crédito ejercen en Europa y que se hace sentir en todas las regiones del mundo.

En Francfort el tiempo ha clasificado muy distintamente las manifestaciones de la vida social. Así, en los alderredores, en las cercanías del vasto semicírculo que ántes describian los fortificaciones, tocando en sus extremidades á la márgen derecha del Main, no se ven sino hermosos barrios enteramente nuevos, vastos y graciosos jardines, alegres quintas, calles anchas y rectas de completa regularidad, alamedas en las vias carreteras, casas elegantes, todas de construccion uniforme y casi todas pintadas; en fin, las estaciones de los ferrocarriles, siempre repletas de viajeros y en incesante actividad.

Pero si penetrais al interior de la ciudad, sea por la puerta San-Gallus, para pasar por delante de la iglesia de Weissfrauen y la casa de Goethe; sea por la puerta del Taunus, desembocando en la plaza del Rorsmark; sea en fin por la puerta Roekenkeimer y la plaza del Teatro, encontrareis en todas las casas un aspecto completamente distinto, no obstante que las nuevas construcciones van invadiendo la ciudad de la edad média y borrándole algunos de sus rasgos característicos. Allí hallareis un gran movimiento de negociantes, obreros y mercancías, de viajeros curiosos, de gentes de los mas diversos tipos. De cada diez casas seis por lo ménos os llamarán la atencion por sus extrañas formas, sus techos puntiagudos, sus fachadas triangulares, sus balcones esculpidos, sus curiosas ventanas superpuestas ó pareadas de un modo singular, sus muros compuestos de trozos de madera conbinados en forma de red, sus tejados que parecen madrigueras de ratas ó palomares amontonados en desórden.

Hallareis un laberinto de callejuelas muy angostas, tortuosas, extravagantes en todo, pasablemente sucias (en los barrios de los israelitas y los católicos particularmente), monumentos sumamente curiosos, palacios que resumen las mas interesantes tradiciones, mercados públicos en que el campesino aleman muestra toda la originalidad de su tipo, en fin un espectáculo que impresiona vivamente al viajero de distinta raza y civilizacion.

Una de las curiosidades mas renombradas de Francfort ha sido la calle de los Judíos, que Víctor Hugo y otros observadores han descrito con mucha energía. Hoy esa calle ha perdido mucho de su carácter particular, á virtud de demoliciones y reconstrucciones importantes, y los habitantes de ese triste barrio tienen una posicion bien distinta de la que en otro tiempo los hizo interesantes. Verdad es que la ley no los ha emancipado todavía, implacable en su miserable egoismo que niega el carácter de ciudadano al que no es cristiano. Pero al ménos el israelita tiene seguridad en su culto, su industria, su persona y su propiedad, el dinero le ha servido para emanciparse civilmente en Alemania como en Inglaterra y otros países, y la nocion de la justicia ha hecho grandes progresos respecto de esa raza perseguida, tan laboriosa como perseverante. Hoy ella trata de regenerarse, sea entrando en las comuniones cristianas, sea modificando el judaismo en el sentido del libre exámen y el progreso. Si ántes los Judíos de Francfort fueron tan cruelmente tratados, hoy su condicion es muy distinta, y si han de conservar sus costumbres de usura, ocultacion, especulaciones sobre harapos y cosas viejas, desaseo repugnante y espíritu estrecho de raza ó comunion, el juicio que en lo futuro se forme les atribuirá la mayor parte de la responsabilidad.

Por curioso que sea todavía el barrio de los Judíos en Francfort, el lector me permitirá que reserve mis descripciones respecto de esa raza para el capítulo en que mas tarde hablaré de Praga, porque es en esta ciudad donde he creido hallar mejor caracterizadas las costumbres de los judíos alemanes.

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Los mas interesantes monumentos públicos de Francfort son: el palacio llamado Rómer, la Bolsa, la catedral ó Dom, la Biblioteca, los museos Stoedel y Bethman, y las estatuas consagradas á Goethe y Guttemberg. El edificio llamado Rómer, de aspecto singular y muy antiguo, guarda las tradiciones históricas de Francfort y del antiguo imperio de Alemania. Allí existen los archivos de la ciudad y tiene sus sesiones muy modestamente el Senado de la república. El salon principal, donde se reunian los Electores ó potentados del imperio á elegir el Emperador (en los tiempos en que los soberanos debian su poder a una ficcion ó forma elecionaria, sin consideracion al derecho divino de sucesion),—el salon principal, digo, embelesa todavía á muchos Alemanes y es el orgullo de la ciudad, porque contiene los retratos de cuerpo entero de todos los emperadores de Alemania, y algunos trastajos que les pertenecieron.

La Bolsa no es notable sino por el extravagante contraste de su parte interior, de estilo casi morisco, y la exterior, adornada con estatuas y una fachada de aspecto muy diferente. Acaso ese edificio es el mas cosmopolita que existe en Europa, en cuanto a sus formas exteriores, pues sus estatuas representan no solo la Esperanza, la Prudencia y el Comercio marítimo y terrestre, sino tambien las cinco grandes regiones del mundo.

El Dom, aunque es el mejor monumento religioso de Francfort y no carece de mérito y curiosidades, es muy subalterno en comparacion de otras catedrales góticas de Alemania. La Biblioteca es un edificio moderno, bien apropiado á su objeto y bastante rico en libros impresos y manuscritos, que componen mas de 100,000 volúmenes. La coleccion de cuadros de pinturas que se halla en la parte baja no contiene obras bien dignas de atencion.

No sucede lo mismo respecto del bello y rico Museo Stoedel, fundado por un opulento negociante de ese nombre. Ese generoso patriota y amigo de las artes del dibujo legó á la ciudad sus casas y colecciones y un capital de 1,200,000 florines para fundar el Instituto que existe, que es al mismo tiempo un museo y una escuela especial. Las colecciones son ricas y variadas, y desde el vestíbulo se encuentra con agrado el culto del arte en dos bellas estatuas de mármol que representan á Rafael Sanzio y Alberto Düren. Los numerosos salones de las galerías contienen muchos centenares de cuadros antiguos y modernos, representantes de todas los escuelas. No son pocas las obras maestras que hay en la coleccion, particularmente de las escuelas italianas, holandesa, flamenca y alemana.

No nos fué posible visitar el museo Bethman, de escultura, que pasa por ser generalmente mediocre, si bien contiene un objeto excepcional de gran fama: la estatua de Ariana, obra de mármol primorosa por la composicion y ejecucion.

El monumento consagrado á Goethe, en el centro de una plaza ó muy ancha calle sombreada por grandes árboles, es digno de ese gran genio y de la ciudad que fué su cuna. Es una hermosa estatua de bronce de gran tamaño (de mas de 14 piés de altura) que reposa sobre un pedestal del mismo metal, de 12 piés de elevacion, y representa al ilustre poeta, filósofo y pensador universal, de pié, apoyado contra un tronco de encina y con una corona de laurel en la mano izquierda. Lo mejor del monumento es el pedestal, cuyos magníficos relieves representan las tres Musas de la poesía y las principales creaciones de Goethe: Fausto y Mefistófeles, Miñon y Guillermo Meister, Tasso, Ifigenia, Herman y Dorotea, Prometeo, etc.

No léjos del monumento de Goethe está otro, compuesto de tres grandes estatuas de bronce, formando grupo y representando á los tres hombres que, de diferentes modos y en diverso grado, concurrieron á la invencion y aplicacion primera de la imprenta: Guttemberg, Fust y Schoeffer. Esa union fraternal de los tres primeros obreros de la publicidad es un noble símbolo bien digno de alabanza.

Apropósito de imprenta haré notar que en Francfort se publica el mas antiguo periódico del mundo: el Diario de Francfort, cuyo primer número apareció en 1615.

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La transicion que hace el viajero de Francfort á Wiesbáden (la ciudad principal del ducado de Nassau) es violenta, no obstante que la distancia es corta ó de pocas horas de ferrocarril, siguiendo la via que conduce directamente á Cástel (lugar situado sobre la márgen derecha del Rin, enfrente á Mayenza) y volviendo hácia el nordeste en direccion á los montes del Taunus.

En efecto, en Wiesbáden la topografía es variada y pintoresca en extremo; el país es montañoso y muy distinto de las llanuras que rodean á Francfort; el movimiento industrial y comercial es casi nulo; y en vez de los bancos y las manifestaciones de la vida fecunda, no sobresalen sino los objetos y las costumbres que indican la aspiracion al goce, la inquietud de la ociosidad y una tendencia viciosa. En Francfort se crean capitales; en Wiesbáden se juegan y disipan.

El contraste no es ménos notable, respecto de Francfort, en cuanto á la situacion política. El ducado de Nasau (ó Nassau) es en apariencia uno de los mas liberales de Alemania, si se atiende á su Constitucion de 1814. Pero la política del gobierno es notablemente retrógrada; la prensa no goza, de hecho, de libertad suficiente, ni la asociacion tampoco; el príncipe reinante piensa mas en sus provechos dinásticos que en los intereses del pueblo; y como las Cámaras legislativas no representan sino á las clases privilegiadas, la administracion puede impunemente persistir en su política de resistencia. Haré notar, sinembargo, en honor del ducado de Nassau, que la instruccion pública tiene allí muy notable desarrollo. Así, ademas de varias escuelas ó colegios importantes, existen unas 28 de distrito y cerca de 700 elementales, lo que es muy considerable para una poblacion de 432,000 habitantes que ocupan un territorio de 4,546 kilómetros cuadrados de superficie. Esa poblacion está distribuida, según las religiones, así: 226,000 luteranos; 199,000 católicos y 7,000 israelitas. Las dos grandes comuniones cristianas tienen representacion especial en las Cámaras legislativas.

El territorio de Nassau, comprendido entre el Rin (ribera derecha) y sus afluentes el Main y el Lahn, casi paralelos entre sí, es enteramente montañoso. La agricultura es la base principal de su produccion, y en segundo lugar la minería. Los productos agrícolas son los mismos que en Báden, siendo de notar particularmente las maderas de vastas y magníficas florestas, los vinos superiores (entre estos el famoso Johannisberg), producto de las viñas establecidas en las riberas de los tres rios, y las frutas de innumerables huertos de las faldas meridionales del Taunus.

Wiesbáden, que contiene poco mas de 15,000 habitantes y es la capital del ducado, es una ciudad de muy pintoresca situacion y rejuvenecida en su mayor parte, gracias al atractivo de sus aguas minerales, que sirven de pretexto al juego desenfrenado, la ostentacion y la ociosidad de gran tono, durante los meses de verano y el principio del otoño. En realidad Wiesbáden no es mas que la reproduccion de Báden, en su carácter principal, lo que me dispensa de hacer descripciones detalladas. La casa de la Conversacion es, sinembargo, mas vasta y curiosa, y ofrece en los jardines y parques que la rodean, como en las calles y alamedas vecinas, y en sus inmensas galerías, repletas de curiosidades artísticas y mil objetos de lujo y capricho en venta, un conjunto mas atractivo, mas agradable y variado que el de la Casa de Conversacion de Báden.

En las cercanías del inmenso edificio,—templo elevado por el duque reinante (mediante utilidad) al juego y la vanidad, así como á la curiosidad inocente de muchos excursionistas,—se desarrollan de un lado magníficos jardines y parques al pié de graciosas colinas coronadas por soberbias quintas, algunas de exquisito gusto en su estilo de construccion. Por allí vaga alegremente la turba de elegantes ociosos y de lujosas cortesanas, que ostentan su hermosura cosmopolita y su fortuna de cotizacion mas ó ménos anónima. Del otro lado de la Casa de Conversacion, hácia la parte nueva de la ciudad, se ven calles espléndidas sombreadas por alamedas y orilladas por vastos y lujosos hoteles que parecen palacios, habitados principalmente por familias inglesas y excursionistas franceses.

Despues, algunas vias carreteras conducen, por los planos inclinados de una sucesion de risueñas colinas y por en medio de numerosas quintas y bonitos bosques y verjeles, á sitios de los alderredores muy solicitados por los viajeros, ya por su belleza pintoresca ó algunos monumentos curiosos, ya por los puntos de vista que ofrecen sobre el rico país circunvecino y las llanuras y riberas del Rin.

Entre aquellos monumentos el mas interesante es la preciosa capilla griega ó de estilo bizantino ruso, llamada Mausoleo, que el duque reinante hizo construir en 1852 en honor de su esposa difunta, princesa de Rusia. Ese monumento, situado sobre una colina solitaria, en medio de bosques, á 5 kilómetros de Wiesbáden, es realmente una primorosa muestra del estilo griego moderno, tanto por la forma singular de sus muros de mármol y sus cinco cúpulas doradas, como por la magnificencia con que en el interior está prodigado ese lujo de dorados, mármoles y frescos que da tan mundanal aspecto á los templos y capillas del arte bizantino moderno.

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CAPITULO VII.

EL RIN.

Cástel.—Mayenza.—Las riberas del rio.—Una hija de la pérfida Albion, á bordo de un vapor y en tierra.

Al volver de Wiesbáden á la márgen derecha del Rin, descendimos del tren en Cástel ó Kastel, pequeña localidad que sirve de cabeza al puente de barcas echado sobre el rio, llenando una funcion análoga, respecto de Mayenza, á la que corresponde á Kehl respecto de Estrasburgo. Así, Cástel no es en realidad sino un arrabal fortificado ó dependencia de Mayenza, cuyo destino es proteger el puente, facilitar el cobro de peajes y ofrecer al mismo tiempo un embarcadero para los vapores y barcas que navegan el Rin y para el ferrocarril que conduce á Francfort. Nos apresuramos, pues, á pasar á Mayenza, ciudad de 38,000 habitantes, que es la capital del territorio que el gran-ducado de Hesse-Darmstad tiene sobre la márgen izquierda del Rin.

Toda la importancia de Mayenza, bajo el punto de vista de la historia y la filosofía social, se resume en dos palabras: fortificaciones é imprenta, que representan el genio destructor de la guerra ó los conquistadores, y el genio creador de Guttemberg, ese divino conquistador de la soberanía perdurable del pensamiento. En efecto, en Mayenza todo hace recuerdar los horrores de la guerra, todo tiene el sello amenazante de las preocupaciones belicosas; al mismo tiempo que en el seno de tantas fortificaciones reinan el nombre y la memoria de Guttemberg y sus compañeros de fecunda labor. Si á las formidables fortificaciones de triple circunvalacion, y la casa y estatua de Guttemberg, agregamos la muy notable catedral de Mayenza, tendremos que sus tres objetos verdaderamente importantes caracterizan vigorosamente el conjunto de las evoluciones de la sociedad europea desde los tiempos de la edad feudal hasta hoy. La catedral, de estilo gótico-romano, ó la Religion;—las fortificaciones, ó la Guerra de conquistas, emancipacion y regeneracion;—la humilde casa y la estatua de Guttemberg, ó la Curiosidad ó insaciabilidad del alma, aspirando á conocerlo todo, vulgarizar la verdad y establecer el cosmopolitismo de las ideas: tales son, en definitiva, los grandes rasgos de las evoluciones humanas despues del advenimiento del cristianismo.

El orígen de Mayenza data de ántes de la era cristiana, aunque, á decir verdad, esa ciudad fuerte ha sido tantas veces medio destruida y reconstruida, por causa de las luchas sucesivas de los bárbaros, del feudalismo primitivo, del imperio germánico y de las guerras europeas ó franco-alemanas, que casi no se puede fijar una fecha exacta para indicar la edad de la patria adoptiva de Guttemberg. La historia conserva grandes tradiciones de la vida política y militar de Mayenza, cuyo papel ha sido tan notable, particularmente en las guerras de la gran Revolucion francesa. Es digno de notarse que, así como en esa ciudad vivió el hombre que debia revolucionar con la imprenta la vida del espíritu humano, fué de allí que surgió tambien, en 1247, esa célebre Liga del Rin que echó las bases de la destruccion del vandalaje permanente de los señores feudales.

Echado un golpe de vista sobre las fortificaciones, que describen un inmenso y triple semicírculo; sobre las calles de la ciudad, generalmente sucias y de aspecto análogo al de las que ofrecen las ciudades flamencas; sobre el largo malecon de la orilla del Rin, encerrado estúpidamente entre el rio y una fila de murallas inútiles, y sumamente desaseado; y sobre el palacio gran-ducal, donde se hallan reunidos algunos museos mediocres y una considerable biblioteca, rica en manuscritos alemanes de los llamados incunables, no queda mas que ver que la catedral y la bella estatua de Guttemberg. Esta es una obra de bronce muy notable, ejecutada conforme á un modelo del célebre Thorwaldsen.

La catedral es un monumento extraño por sus formas exteriores y sumamente curioso por las interiores y las esculturas y antigüedades que contiene. No he visitado talvez una catedral de interior tan sombrío como el de la de Mayenza, cuya historia relata muchas vicisitudes. Esta catedral carece de fachada, y al observar su conjunto no parece sino una masa informe de piedra pintada. En su interior presenta en cada una de sus extremidades un coro ó especie de bóveda romana, que parece cada uno corresponder á una iglesia distinta. Los estilos son bien diversos, aunque del género gótico en gran parte, entre los dos cuerpos, ligados por una inmensa nave; y todavía es mayor la diversidad entre los seis campanarios que coronan la construccion, pintados de diverso modo, según los estilos, que indican las vicisitudes seculares por las cuales ha pasado el monumento.

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Eran las dos de la tarde cuando partíamos de Mayenza, á bordo de un hermoso vapor que, descendiendo el Rin, debia conducirnos hasta Coblenza. Llegaba el momento de satisfacer nuestra ardiente curiosidad de contemplar, siquiera de paso, las admirables riberas de ese rio, entre Mayenza y Colonia, donde la naturaleza, el tiempo y la industria humana han amontonado sobre las rocas volcánicas de un revuelto cordon doble de montañas, cien viejos castillos feudales, monumentos de una civilizacion romántica, de una época de recomposicion social; numerosas ciudades, villas y aldeas, llenas de tradiciones, donde hoy florecen la Industria y el comercio de la Prusia rineana; paisajes encantadores que el arte y la poesía han imitado y cantado mil veces, y vastos y caprichosos viñedos cuyos productos generosos son el orgullo de la Alemania.

Desde lo alto de una colina que domina á Mayenza y sus fortificaciones habíamos contemplado con delicia el vasto panorama que se desarrolla sobre las dos márgenes del Rin, particularmente desde la confluencia del Main hácia abajo. En el puerto del embarcadero la escena, aunque muy reducida, tenia interes por lo pintoresco del conjunto y de los pormenores. Los vapores y las numerosas barcas del rio; el movimiento giratorio de una parte del inmenso puente de barcas (555 metros de longitud) al darles paso á los buques; la actividad mercantil que reinaba en los malecones de ámbas riberas, y el extenso y curioso agrupamiento de 17 casitas-molinos flotando sobre las ondas y en constante movimiento, ofrecian, junto con la mole desigual de la ciudad, un cuadro curioso y lleno de animacion.

A bordo del vapor que nos conducia se hallaban mas de cien personas de todas condiciones, en su mayor parte alemanes, ó excursionistas extranjeros. Como el buque era cómodo y la excursion entretenida, todo el mundo manifestaba buen humor, salvo uno ó dos pares de ingleses taciturnos y seriotes, aburridos hasta de las riberas del Rin al comenzar á verlas. Entre ellos se hallaba una buena señora, hija legítima de Albion, que venia de Roma y se dirigia á Inglaterra, Anglicana ortodoxa, pero llena de ese candor que distingue á casi todos los ingleses excursionistas, contaba con entusiasmo que le habia besado el pié á Pio IX y que este patriarca la habia tratado con la mayor dulzura. Roma, con sus venerables ruinas de quince ó mas siglos, le parecia la mejor cosa del mundo, despues de la reina Victoria, eso sí.

La raza inglesa tiene la singularidad de ofrecer en su tipo dos caractéres enteramente contradictorios: la suprema astucia en la especulacion y la política, y la suprema candidez en la inocencia. Tal parece como si el pueblo inglés hubiera nacido del matrimonio de la «pérfida» Albion con algun genio predilecto del Limbo. Ello es que nuestra compañera de viaje pertenecia completamente al tipo candoroso, y que apesar de sus 65 noviembres hablaba como una criatura inocente. No sabiendo hacerse entender suficientemente en frances, ni ménos en aleman, se nos acercó á hablarnos en inglés, rogándonos que le pidiésemos á un sirviente del vapor un vaso de limonada. Ella, mezclando el inglés con el frances, habia pedido une glass de limonade, y como el criado habia tomado la palabra inglesa glass (vaso) por la francesa glace (helado), la habia perseguido con un helado de limon que la buena señora no queria de ningún modo.

Para que se tenga idea de la inocencia de la excelente inglesa, que en realidad era un tipo, recordaré solo, entre muchas ocurrencias que tuvo hasta separarse de nosotros en Brusélas, estas dos singularidades: A bordo del vapor nos dijo que, como viajaba sola y en los viajes se solian encontrar hombres atrevidos con las señoras, se ponia bajo mi proteccion hasta que llegásemos á Brusélas. Así, la pudibunda hija de Albion no se daba por notificada de sus 65 años y sus venerables arrugas, puesto que les tenia miedo á los Lovelaces. Por la noche, al instalarnos en un hotel de Coblenza, la señora preguntó cuál era el número de su cuarto. Un criado le respondió en frances: Numéro cinq; pero nuestra insular, confundiendo el sonido de la palabra cinq con el de cent, se fué derecho al número 100, que en todos los hoteles es el distintivo característico de cierta localidad que no se puede nombrar. En el momento en que la señora quiso entrar á esa localidad, suponiendo encontrar allí su equipaje, salia un individuo alojado tambien en el hotel. Nuestra inocente señora dió un grito y se quedó pasmada; pero luego bajó las escaleras gritando que un monsieur se habia metido al cuarto de ella, cosa que naturalmente le parecia muy irregular. Averiguado el caso, la honestísima señora descubrió que en lo sucesivo no debia penetrar al número 100, y que tal localidad no podia servir para dormir ni hacer la toilette.

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Desde Mayenza hasta Bingen el aspecto del Rin no es muy interesante. Las riberas son planas, donde quiera pobladas de grupos de álamos y otros árboles, y matorrales de gramíneas, en la proximidad de las aguas. El rio lleva un curso perezoso y muy amplio, dividiéndose en numerosos brazos que abarcan islotes desiertos, llanos y enteramente verdes, que parecen pequeños bosques flotando á flor de agua. El vasto paisaje se compone de cinco términos ó decoraciones sucesivas. En el primero están el rio y sus orillas mismas; en el segundo, la línea de localidades y puertos, donde se ve un considerable movimiento de mercancías y trasportes, y la doble cinta que describen el ferrocarril y el camino carretero que giran de cada lado; en el tercero, interminables viñedos, monótonos y tristes por su regularidad, cubriendo extensos planos inclinados ó faldas de pequeñas colinas; en el cuarto, las lejanas montañas del Taunus, de tinta oscura, cubiertas de bosques de pinos, abetos y encinas; por último, el inmenso pabellon de un cielo de color azul pálido y vago, que parece reflejar las brumas de la vieja Alemania.

Antes de llegar á Bingen no es notable entre los objetos artificiales de las riberas, sino el castillo de Johannisberg, trepado sobre una alta colina y rodeado de su preciosa corte de viñedos, cuyo orígen se debe, según dicen, á la industria de dos frailes. Bien sabido es que el famoso vino que allí se produce no es regalado ó vendido por su opulento propietario, el duque de Metternich, sino para el consumo de soberanos y príncipes, ó de esos reyes de los cofres que se llaman banqueros, capaces de pagar á 27 ó 30 francos la botella del delicioso licor.

En Bingen, pequeña ciudad comerciante de 6,000 habitantes, situada sobre la márgen izquierda en la confluencia de un riachuelo, el Rin se estrecha violentamente por en medio de una garganta profunda de colinas rocallosas, en parte desoladas, y casi totalmente cubiertas de viñedos que trepan hácia las cimas en vastos anfiteatros de muros rústicos, cuyos escalones, sirviendo para contener la tierra vegetal y los sarmientos, que tienden á derrumbarse, forman el mas curioso conjunto de construcciones rurales que se puede ver en tamaña escala. Esas viñas, junto con el producto de los bosques opulentos de las montañas, constituyen la verdadera y mas preciada riqueza agrícola del Rin,—rio tan generoso por sus ondas como por los vinos que ofrece al soñador aleman para deleitarse con sus caprichosas fantasías.