WeRead Powered by ReaderPub
Viajes de un Colombiano en Europa, segunda serie cover

Viajes de un Colombiano en Europa, segunda serie

Chapter 37: CAPITULO I.
Open in WeRead

Explore more books like this:

About This Book

El autor recorre detalladamente Suiza, Saboya, la región del Rin y Bélgica, ofreciendo descripciones orográficas de lagos y valles, reseñas históricas y análisis de instituciones cantonales, y panoramas urbanos de ciudades como Ginebra, Berna, Zúrich, Basilea, Heidelberg, Francfort, Colonia, Amberes y Bruselas. Combina observaciones naturales —glaciares, ríos y lagos— con notas sobre costumbres, industria, agricultura, navegación y vida social, además de reflexiones sobre la civilización moderna y escenas de viaje, instituciones culturales y monumentos. La obra organiza impresiones por regiones y localidades, mezclando información práctica y curiosidades anecdóticas.

Es en Bingen que comienza la extraordinaria region de las montañas vólcanicas, y donde el Rin adquiere ese carácter prodigiosamente romántico que lo hace provocar la curiosidad de todos los viajeros. Donde quiera se destacan, sobre colinas revueltas de lava petrificada, castillos estupendos de titánico aspecto,—Bastillas seculares de la feudalidad casi muerta en el mundo, pero todavía muy resistentes en Alemania; ó ruinas monstruosas y sombrías, pero imponentes aún,—osamentas destrozadas de diez generaciones de tiranos y bandidos nobles, petrificadas sobre el lecho volcánico que los propietarios escogieron en armonía con su terrible mision. No se puede contemplar esos escombros y esas moles todavía intactas, que han abrigado á tantos tiranuelos, sin estremecerse de horror al pensar en las tradiciones de iniquidad que allí se anidan, y en las duras pruebas por las cuales ha tenido que pasar, en su interminable peregrinacion de la civilizacion, ese Cristo de todos los siglos que se llama el PUEBLO…. Cuánto no ha debido pesar sobre las muchedumbres el yugo de hierro de esas generaciones de tiranos, cuando todavía hoy las ruinas de sus guaridas casi inespugnables tienen el poder de impresionar al viajero y llenarle, si no de admiracion, de un sentimiento de temor semejante al que se experimenta en presencia de la caverna de un tigre ó ante la mirada fascinadora del boa!…

El conjunto de los mil paisajes del Rin, desde Bingen hasta Coblenza, es generalmente triste y grandioso al mismo tiempo. Unas veces se ve aparecer de repente, á la vuelta de un recodo del rio, alguna ruina colosal y de formas extrañas, ó algun castillo feudal cuyo aspecto de ciudadela inexpugnable contrasta con el pálido color de los viñedos que cubren las faldas de las lomas; otras, se destaca la mole de algun peñasco formidable, severo, imponente, dominando un abismo y como amenazando precipitarse sobre el rio y cubrir gran parle de su estrecho cauce; ó se pronuncia un raudal que, violentando el movimiento de las ondas, parece querer cerrar el paso al navegante.

Pero tambien de trecho en trecho el paisaje pierde mucho de su romántica desolacion, animado por escenas locales ó fugitivas. Ya se pasa delante de una graciosa villa ó aldea, situada sobre la orilla misma del rio, al pié de una alta colina rocallosa coronada por un castillo, ó medio enclavada en el fondo de alguna garganta profunda y bajo la sombra de algun pequeño bosque de oscura tinta; ya se ve un pequeño pueblo medio empinado sobre una falda y literalmente rodeado de sarmientos, como un alegre Baco; ya en fin, se encuentra un enjambre de vapores y botes remolcados y de grandes balsas de maderas, que le dan al rio el aspecto mas pintoresco y variado.

En el trayecto del Rin de que voy hablando todo es interesante de algun modo: la estructura de las localidades es generalmente caprichosa y manifiesta mucha originalidad; cada uno de los 20 ó 25 castillos, intactos ó en escombros, que decoran las orillas, guarda las mas interesantes tradiciones de la Alemania rineana en su mayor parte, y las anécdotas y leyendas abundan en las descripciones de los anticuarios. Así, cuando se llega á Coblenza, ciudad que ha hecho tan gran papel en la política y la guerra, el viajero se siente bajo la influencia de mil diversas impresiones que le preparan el ánimo para saciar mas y mas su curiosidad.

* * * * *

CAPITULO VIII.

LA PRUSIA RINEANA.

Idea general del país.—Coblenza.—El castillo de Stolzenfels.—El Rin abajo de Coblenza.—Colonia;—su catedral;—las fábricas de Juan María Farina.

La Prusia rineana es una de las mas bellas é interesantes provincias de la monarquía prusiana, sea que se la considere bajo el punto de vista topográfico, sea bajo el de las tradiciones, la importancia política, la industria y el comercio. Abarcando las dos riberas del Rin y varias cadenas de montañas, y estando en continuidad con la Westfalia (otra provincia importante de los Estados prusianos), la Prusia rineana, que tiene por capital política á Coblenza, parte límites con Francia, el gran ducado de Luxemburgo, Bélgica, Holanda, Hesse-Electoral, Nassau, Hesse-Darmstad y la Baviera rineana ó Palatinado. Así, una de las tres grandes potencias del Norte es en las orillas del Rin el centinela y defensor de la Alemania respecto del poderoso imperio frances, gracias al célebre congreso de Viena, en cuyo seno se repartieron á su sabor la Europa los soberanos vencedores coligados contra Napoleon.

La Prusia rineana es en realidad la perla de la monarquía fundada por Federico II, ya por su posicion de gran valor estratégico y político y los rios navegables que la surcan, tales como el Rin y el Mosela,—ya por la poblacion singularmente condensada que posee, la importancia de sus centros industriales y comerciales (como Colonia, Aquisgram, Dusseldorf, Elberfeld, Treves, etc.), la actividad y variedad de sus cultivos y la explotacion de sus muy numerosas y diversas minas. Mide el territorio de la provincia rineana de la Prusia 26,782 kilómetros cuadrados, con una poblacion total (en 1858) de 3,046,621 habitantes (113—80 par kilómetro cuadrado) de raza alemana principalmente. Por razón de las religiones, la poblacion se compone de 715,412 protestantes y disidentes, unos 33,000 israelitas, y los demas católicos romanos.

Si en algunos puntos el territorio es árido y triste, donde quiera que las montañas volcánicas hacen sentir su influencia, por regla general el país es muy fértil, y ofrece en todas partes el mas variado aspecto, particularmente del lado occidental del Rin. Pintoresco y muy accidentado en las comarcas surcadas por los montes Vosgas y las cadenas que encierran el curso del Rin, y desarrollándose en hermosas llanuras en la faja intermediaria y del lado de Westfalia, ofrece en las tres zonas perfectamente marcadas (montañas, llanuras, valles y faldas) tres órdenes de vegetacion característica. En las alturas de las montañas se ostentan magníficos bosques de abetos, hayas, encinas, etc., cubriendo un suelo repleto de bancos carboníferos, filones de plomo, hierro, plata y otros metales, y canteras de mármoles y muchas otras piedras de importante explotacion. En las llanuras florecen en vastas plantaciones los trigos, las plantas filamentosas, el tabaco, las papas, el maíz, etc. Por último, en las márgenes del Rin, el Mosela, el Erft y muchos otros rios y riachuelos, medran las excelentes viñas que dan tanto renombre á la provincia. Así, la produccion agrícola y minera es muy considerable y variada, haciendo juego con una fabricacion muy activa y valiosa y un movimiento comercial bien considerable.

En cuanto á la fabricacion, la de la Prusia rineana es una de las mas activas y valiosas de Alemania, y no le cede á ninguna en mérito y baratura. Es notable sobre todo por los tejidos de seda, lana, algodon, lino y cáñamo, la fabricacion de armas blancas y muchos objetos de quincallería, la de máquinas de vapor y muchos aparatos mecánicos é instrumentos de todo género, y la de productos químicos de muy extenso consumo. Esa activa fabricacion está concentrada principalmente en las grandes ciudades, que son numerosas en la Prusia rineana. En efecto, sin contar muchas pequeñas pero industriosas ciudades de 6 á 9,000 habitantes, me bastará citar las mas notables, cuya considerable poblacion indica bien la importancia de todo el país. Tales son:

Colonia, con 110,000 hab.
Elberfeld-Barmen (unidas) 98,000
Aquisgram (Aachen) 56,000
Dusseldorf 48,000
Coblenza 23,000
Bonn 19,000
Treves 17,000

* * * * *

Coblenza, la Confluentia de los Romanos, que los Alemanes llaman Koblenz, es una de las mas curiosas ciudades de toda la region del Rin, mas no á causa de su mérito interior, sino de su posicion y forma general. Situada entre el Rin y el Mosela, en el vértice determinado por la confluencia, la ciudad tiene la forma general de un gran triángulo, cuyos lados son: la márgen izquierda del Rin, la derecha del Mosela, y la línea de formidables fortificaciones que enlazan los dos rios, con un enorme foso de circunvalacion que, en realidad, hace de Coblenza una isla.

Esa situacion feliz procura á la capital política y militar de la Prusia rineana un doble panorama de magníficos paisajes del lado del Rin y del Mosela, al mismo tiempo que un doble movimiento de vapores, botes mercantes y balsas sobre las bellas ondas de los dos rios. Por todas partes, en los dos valles, se admiran comarcas cubiertas de viñedos y plantaciones diversas, dominadas por graciosas colinas ó montañas vestidas de lujosa y alta vegetacion, y se alcanzan á ver interesantes castillos, pequeñas localidades, numerosas casas campestres, fábricas y líneas de ferrocarriles.

Es bien sabido que Coblenza fué en 1792 el refugio de los príncipes y emigrados franceses que conspiraban contra su patria en el suelo extranjero, obcecados por el egoismo de clase ó casta y el furor de las pasiones políticas. Por desgracia, Coblenza ha tenido muchas imitadoras, en términos que su nombre se ha hecho por antonomasia la designacion precisa de todo centro de conspiraciones análogas á las de 1792. Esta circunstancia me ha hecho meditar con tristeza en las miserias deplorables de los partidos políticos, puesto que en estos tiempos he tenido ocasion de ver que no solo en Europa Lóndres ha sido la Coblenza de conspiradores franceses, y Roma de los conspiradores católicos-legitimistas contra la libertad de Italia, sino que hasta hijos del Nuevo Mundo han venido á mendigar en las capitales europeas asilo para sus maquinaciones traidoras contra la libertad de Hispano-Colombia. Así, Madrid ha sido recientemente la Coblenza de los traidores de Méjico, lo mismo que en Paris forman sus Coblenzas en caricatura los malos ciudadanos de otras de nuestras jóvenes repúblicas, quienes, olvidando que en el suelo extranjero la PATRIA no es un partido, sino una madre comun, posponen la santidad del deber nacional al interes oprobioso de las venganzas políticas.

Coblenza es un conjunto de dos masas de construcciones muy diferentes en su aspecto. La parte antigua, tendida hácia la márgen del Mosela y el vértice de la confluencia, contiene los pocos monumentos dignos de alguna atencion, como la catedral y varias iglesias; allí no hay sino calles estrechas, caprichosas, muy irregulares y sucias, y es en esa parte donde se concentra casi toda la actividad industrial y comercial. La parte nueva, compuesta de calles anchas y regulares, con edificios de buena planta y algunos jardines y plazas limpias y risueñas, se extiende al derredor del Palacio-Real, hácia la márgen del Rin. Los pocos monumentos de Coblenza—plaza esencialmente militar—no merecen descripcion ninguna.

Lo que mas llama la atencion, fuera de las fortificaciones, es el curioso castillo de Stolzenfels, situado á unos cinco kilómetros arriba de la ciudad, sobre un peñasco de 100 metros de altura que domina el Rin, cortado á pico y cubierto de hermosos bosques, al pié de otras colinas montañosas. El panorama que desde allí se contempla es muy bello, pues de un lado se registra el valle del Rin en la parte superior, y del otro, hácia abajo, se abarca el interesante conjunto de Coblenza, los dos rios, el gran puente de barcas echado sobre el Rin, que comunica la ciudad con el arrabal ó pequeña villa de Thal-Elhrembreitstein, y el ferrocarril que penetra á Coblenza por la márgen izquierda del gran rio; y todo eso rodeado por una vasta comarca muy accidentada y pintoresca.

El castillo, cuya fundacion data por lo ménos del siglo XIII, y que fué destruido en 1688 por los Franceses, ha sido completamente restaurado en 1845 por la familia real de Prusia, y hoy es una de sus residencias de verano. Súbese al castillo, de la carretera que gira por la orilla del Rin, por una cuesta en zigzag sombreada por un bosque espeso y delicioso, á cuya salida se llega repentinamente delante de la masa imponente del edificio, cuyas tres torres, altos y gruesos muros y puente levadizo le dan el aspecto de una fortaleza. Sinembargo, el castillo no es sino un museo de historia y curiosidades artísticas de diversos géneros. Muchas de ellas son de mérito notable, y llaman la atencion los frescos de uno de los salones; pero hay poco gusto en la eleccion y distribucion de los objetos, y el viajero que visita el castillo no puede ménos que reirse al ver que las tontas precauciones que le hacen tomar para recorrer los salones y aposentos no corresponden á la sencillez y modestia del mobiliario y de los pavimentos, no obstante que los ciceroni de Stolzenfels se dan aires de mostrar maravillas.

De Coblenza para abajo el Rin es al principio medianamente pintoresco. La márgen derecha aparece estrechada por el cordon de montañas, miéntras que del lado izquierdo se desarrolla una vasta llanura que va á terminar al pié de montes lejanos. Despues el rio vuelve á tener el interesante aspecto de la parte superior á Coblenza. El valle se estrecha tanto, desde un poco abajo de la pequeña ciudad de Andernach, que su cauce lo llena todo, oprimido por los dos cordones paralelos de montañas, generalmente desnudas de grandes árboles, y de una composicion basáltica que las hace muy interesantes y curiosas, á veces imponentes.

En todo el trayecto se reproduce el mismo panorama que he descrito rápidamente en el capítulo anterior, es decir una sucesion primorosa de viñedos escalonados, románticas colinas volcánicas, soberbios castillos y escombros solitarios, pequeñas ciudades de industria activa y valiosa (algunas de ellas fortificadas), numerosas aldeas, unas plantadas á orillas del rio, otras graciosamente trepadas en los pliegues de las montañas, y muchos relieves topográficos que llaman mas ó ménos la atencion.

Entre las pequeñas ciudades industriosas de una y otra márgen, cuya poblacion se eleva de 2,500 á 6,000 almas, merecen particular mencion: Vallendar, situada á la extremidad de un pequeño valle;—Bendorf, notable por sus fraguas que trabajan el hierro;—Newried, capital del principado del mismo nombre;—Andernach, rodeada de fortificaciones considerables y bastante curiosa;—Linz, tambien defendida por murallas de basalto. La mas importante localidad es Bonn, situada sobre la márgen izquierda, bien interesante como centro industrial y comercial, y por la posesion de una buena Universidad concurrida por mas de 1,000 estudiantes, que contiene museos y colecciones de mérito y una biblioteca con mas de 150,000 volúmenes. Esa ciudad ha sufrido como pocas de las del Rin las tristes vicisitudes de cien guerras; pero gracias á su actividad industrial y comercial todo manifiesta en su seno riqueza, bienestar y progreso, á juzgar por el buen aspecto y el aseo de las calles, la elegancia de muchos edificios y el movimiento de las gentes. Despues de Bonn no hay en el Rin (parte alemana) mas ciudades importantes que Colonia, Elberfeld y Dusseldorf.

* * * * *

Una circunstancia casual nos impidió detenernos en Colonia durante el tiempo que hubiéramos deseado. Apénas pudimos darle un golpe de vista durante cinco ó seis horas, visitando los objetos mas interesantes. Me limitaré, pues, á muy breves reminiscencias respecto de esa ciudad.

Colonia, la vieja Colonia de Agrippina, patria de la madre de Neron, como del admirable Rubens, un tiempo gobernada por Trajano,—antigua capital de la «Germania inferior,»—sucesivamente opulenta y gloriosa, miserable y conquistada,—miembro poderoso de la «Liga anseática,»—ciudad feudal, ciudad-libre imperial, dominada por arzobispos y generales,—presa del imperio germánico, de la república y del imperio de Francia, y aun de los Rusos en 1814;—Colonia, la metrópoli comercial del Rin aleman, es acaso la mas histórica de todas las ciudades alemanas, la que ha pasado en su larga existencia por una serie mas complicada de acontecimientos diversos, la que ha ejercido mas poderosa influencia en las comarcas del Rin, y la que por los numerosos contrastes de su modo de ser ha ofrecido ejemplos mas elocuentes de lo que influyen las instituciones políticas y religiosas sobre las costumbres de los pueblos.

En un tiempo, apestada por las miserias del régimen clerical y estancada en su desarrollo por el régimen del privilegio industrial y comercial, vivió en la degradacion de la mendicidad, ofreciendo el ejemplo inaudito de una ciudad de 40,000 habitantes de los cuales 12,000 eran mendigos; se despedazó con agitaciones y violencias intestinas, por cuestiones de clases sociales y privilegios de corporaciones, y se despobló á causa de su fanatismo católico, en perjuicio directo de los israelitas y protestantes proscritos á millares. Hoy, gracias á la actividad de la industria y del comercio, á la vasta navegacion del Rin, á los ferrocarriles, y á la influencia de instituciones que han enfrenado el fanatismo de otros tiempos, asegurando la libertad á los numerosos protestantes é israelitas de la ciudad,—gracias á eso, Colonia es la metrópoli de la Prusia rineana, y manifiesta haber entrado en la via de la verdadera regeneracion. Ninguna ciudad alemana tuvo mas conventos y mendigos que Colonia; ninguna de las de la region del Rin interior tiene hoy en su puerto tantos vapores y vehículos de actividad económica.

Pero es verdad tambien que ninguna ofrece un contraste tan vigoroso y chocante entre su conjunto ú aspecto exterior y su interior. Vista un poco de léjos, al descender el Rin hácia ella, ó mas bien desde alguna altura vecina, del lado derecho del rio, el panorama es muy interesante. Su configuracion, determinada por el inmenso arco de sus murallas, cuya cuerda es la línea del Rin; la mole estupenda de su catedral; las puntas sobresalientes de las torres de sus 28 iglesias; el singular aspecto de su largo malecon y sus muelles, dominados por edificios modernos de grandes proporciones y separados de las calles por una muralla irregular; su hermoso puente del ferrocarril, y el de barcas, que mide 469 metros de longitud y comunica la ciudad con su arrabal de Deutz, fortificado; el gran movimiento de vapores y botes de vela y remo, y de carros y mercancías, que reina en el rio y los malecones; en fin, la belleza de la fértil llanura que rodea la ciudad: todo eso le da á Colonia un aire que interesa y predispone favorablemente el ánimo del viajero.

Pero al penetrar al interior de la ciudad, detras de la primera calle, todo el encanto desaparece. No se ve donde quiera sino calles asombrosamente inmundas, tortuosas, quebrantadas, estrechas, enredadas en laberinto; casas extravagantes, sin gusto ni armonía ninguna; un populacho activo, industrioso, pero que manifiesta en sus costumbres la incuria de los pueblos que han recibido educacion frailesca. Todo desagrada y fastidia allí, y el viajero acaba por persuadirse de que Colonia no es interesante sino por su catedral maravillosa y sus fábricas de agua de olor ó de Colonia, bautizada siempre con el nombre inmarcesible de «Juan María Farina», el nombre mas cosmopolita del mundo en toda la acepcion de la palabra.

Y aun esos dos objetos, que son las glorias de Colonia, no lo son sino á médias, puesto que, por una parte, la catedral nunca ha sido terminada, y por otra el nombre sacrosanto de Juan María Farina es casi por entero una mistificacion. Es curioso observar cómo los antídotos están siempre al lado de los venenos ó males que deben combatir. Así como el árbol de quina medra en las regiones donde abundan las fiebres, y el guaco y el cedron donde hormiguean las serpientes venenosas, así mismo Colonia, la ciudad clásica de la mugre y la hediondez, es la ciudad clásica de las fábricas de agua fortificante y perfumada.

Sospecho que el ilustre Juan María Farina, inventor del agua tan famosa, viendo que no habia esperanza de que Colonia se limpiase y purificase, resolvió fundar allí de preferencia su establecimiento como un sistema de compensacion muy oportuno.

Por lo demas, es imposible llegar á Colonia sin comprar un frasco siquiera de su agua preciosa, sin perjuicio de la que uno se bebe en los hoteles. La dificultad está en dar con el verdadero establecimiento de «Juan María Farina,» pues hay en la ciudad unas 25 fábricas, casi todas iguales pero enteramente distintas, cuyos productos llevan invariablemente el mismo rótulo, falso testimonio contra el nombre del difunto inventor de 1670. Tengo para mí que en todas partes se fabrican reputaciones como en Colonia, y que mas de cuatro hombres de Estado, publicistas, literatos, banqueros, artistas y otros personajes son los Juan María Farina apócrifos del gobierno, de la política, la literatura, el crédito, las bellas artes y … sobre todo la teología.

* * * * *

Entre los numerosos edificios religiosos de Colonia ninguno llama la atencion en presencia de esa catedral admirable que los eclipsa á todos. En efecto, es tan imponente y grandiosa aquella construccion, que no obstante la falta de sus torres en la parte superior y la fealdad delas armazones y los materiales que la rodean, con motivo de los trabajos emprendidos para terminarla, produce en el ánimo del espectador una emocion de asombro, respeto y admiracion que no se disipa en muchas horas.

Esa catedral ha pasado por las mas graves vicisitudes. La primera piedra de sus cimientos fué puesta á mediados del siglo XIII, y los trabajos de construccion, despues de una lentitud secular, quedaron suspendidos enteramente en 1509. En el siglo XVIII el capítulo metropolitano degradó torpemente las admirables obras interiores del monumento, verificando modificaciones del gusto mas bárbaro. Durante las guerras de la revolucion francesa la catedral estuvo convertida en almacen de forrajes. Por último, los reyes de Prusia, desde 1820 hasta la actualidad, han tomado interes por hacer terminar la construccion, y actualmente se trabaja en ella con un empeño que hace esperar que al cabo el mundo podrá admirar en su plenitud ese monumento grandioso, que es una de las mas sublimes creaciones del arte gótico. Cuando visitamos á Colonia la catedral estaba colmada de materiales de construccion, y el martillo del obrero ensordecia con sus ecos las inmensas naves del templo.

La leyenda popular cuenta que el diablo, en la época de la fundacion, juró que jamas dejaría terminar la basílica, ni conocer el nombre del arquitecto que concibió y trazó su plan, y eso en venganza de cierta pilatuna jesuitica que diz que le jugaron el obispo y los canónigos á Su Majestad Calientísima el rey de los infiernos. Sea de ello lo que fuere, la catedral es un prodigio, no obstante la falta de sus torres y el deterioro de algunas de sus partes. Mide en su totalidad la enorme longitud de 511 piés de Colonia, y la anchura de 231 piés hácia la entrada. Así como en la parte inferior del edificio la latitud, que es de 161 piés, es igual á la altura del coro, la altura de las torres debia ser igual, según el plan, á la longitud de todo el templo, y la del muro delantero á la anchura de la entrada. Es curioso notar que todos esos guarismos de longitud, anchura y elevacion son divisibles por 7. Renuncio modestamente á describir ese admirable monumento en que todo llama la atencion y asombra. Básteme decir que la fama universal de la catedral de Colonia, que predispone en su favor al viajero, no impide que este se sienta profundamente impresionado al contemplar esa obra sublime del arte religioso y popular por excelencia.

* * * * *

CAPITULO IX.

DEL RIN A LIEJA.

Trayecto entre Colonia y Aquisgram.—La ciudad de Carlomagno;—sus monumentos y curiosidades.—El Sud-este de Bélgica.

El ferrocarril que pone en comunicacion á Colonia con la ciudad belga de Lieja es uno de los mas interesantes de Europa, tanto por la gracia y variedad pintoresca de los paisajes que atraviesa, como por el gran mérito de las obras de arte—túneles, viaductos, zanjas y nivelaciones —que ha sido preciso ejecutar al traves de un país tan accidentado y que corresponde á dos hoyas hidrográficas distintas.

Despues de atravesar en las cercanías de Colonia una fértil llanura, sembrada de fábricas y casas campestres, la via penetra en el túnel de Konigsdorf, bajo un cordon de colinas montuosas que separan la hoya particular del Rin de la de su afluente el Erft; corta la hermosa llanura de Horrem, cuya rica vegetacion riegan las aguas de ese riachuelo, y en cuyo horizonte se destacan numerosos castillos de los nobles del país, y toca luego en Düren, ciudad industrial de mas de 8,000 habitantes, notable por sus fábricas de paños y papeles, pero sin gracia en sus contornos ni conjunto.

En breve el tren salva el pequeño rio Roer, afluente del Meusa, y el viajero puede admirar, aunque con la rapidez de una sucesion de vistas de cosmoramas, los graciosos paisajes que mas adelante se desarrollan en esa pintoresca comarca de la hoya del Meusa. Los túneles se repiten, el terreno se presenta mas onduloso en todas direcciones, se ven frecuentemente minas de hulla y coke en actividad, que aumentan el interes y la variedad de los paisajes, y al cabo de dos horas de trayecto el tren se detiene en la curiosa y cien veces histórica Aquisgram (ó Aix-la-Chapelle), la ciudad predilecta de Carlomagno, un tiempo la segunda capital del inmenso imperio de Occidente fundado por ese extraordinario monarca de la feudalidad.

El nombre de Aquisgram (en aleman Aachen) ha sido tan célebre en la historia de la época feudal como en la de la diplomacia, y aunque la memoria de los hechos mas importantes es casi vulgar en Europa, no estará de mas recordar aquí algunos episodios, puesto que ellos y dos ó tres monumentos constituyen, con las aguas minerales, muy frecuentadas, todo el interés de Aquisgram. Fué en la Civitas aquensis de los Romanos que, según algunos anticuarios ó cronistas, nació el inolvidable Carlomagno; esa fué su residencia mas querida, por motivos que la leyenda explica, y allí murió, en 814, ese gran fundador de un imperio continental, heredero de los Césares por derecho de conquista, héroe y legislador al mismo tiempo, organizador de la gran feudalidad, y autor de ese famoso pacto con el pontificado que, ligando la Iglesia y el Estado por el vinculo del interes, hizo á los papas reyes,—de la Iglesia una monarquía,—de la religion un despotismo,—de la autoridad real un derecho divino, y condenó á la humanidad á una lucha de cerca de once siglos que hoy se acerca á su término, gracias á la solucion preparada por la revolucion italiana.

Si en los tiempos de la feudalidad y del Imperio germánico Aquisgram fué la ciudad de la consagracion de los emperadores, y tuvo tan alto rango como ciudad-libre imperial, lugar de reunion de sínodos y dietas, en los tiempos modernos lo ha sido tambien de congresos diplomáticos que han ejercido considerable influencia sobre las modificaciones del derecho público europeo. Baste recordar que allí se firmó la célebre paz de 1668, relativa á la contienda de Luis XIV con España, respecto de los Países-Bajos; así como la paz todavía mas famosa, que puso término, en 1748, á la guerra de la sucesion de Austria. Fué tambien en Aquisgram que se firmó el tratado de 1818, importante por diversos motivos para la política europea.

* * * * *

Aquisgram, gracias á los progresos de su activa fabricacion, principalmente de paños, máquinas y alfileres, ha sufrido muy saludables modificaciones en su estructura general, que le han hecho perder casi totalmente su antiguo aspecto. Hoy solo la preciosa Catedral, el Palacio municipal y uno ó dos monumentos mas, así como algunas callejuelas y casas de construccion antigua, recuerdan lo que fué Aquisgram. La ciudad se trasforma de tal manera que parece apénas, en parte, hallarse en construccion. Sus dos partes, antigua y moderna, están unidas, habiendo desaparecido las murallas que las separaban; la segunda va absorbiendo á la primera con sus hermosas y anchas calles, orilladas por edificios de planta elegante, y en todas partes se nota la actividad de la industria y del comercio. Por lo demas, la ciudad, situada en un terreno onduloso y rodeada de graciosas colinas, es en su conjunto pintoresca; y la influencia de viajeros que solicitan las aguas medicinales en que abunda Aquisgram aumenta el interes de la localidad durante los meses de verano.

El monumento mas interesante allí, bajo el punto de vista histórico, es el Palacio de la ciudad, sumamente curioso por su vieja fachada de estilo gótico y su torre semicircular, que hizo parte del antiguo palacio imperial, y notable en el interior por los magníficos frescos de su gran salon, las antigüedades que contiene y los recuerdos que hace evocar respecto de los sucesos memorables á que he aludido.

Pero bajo el punto de vista artístico la Catedral llama de preferencia la atencion, por ser, en algunas de sus partes, una de las mas bellas de Alemania, aunque desgraciadamente rodeada de edificios que la esconden en la parte inferior y le hacen perder su perspectiva por un lado. Si yo poseyera los conocimientos y el criterio artístico necesarios para juzgar con acierto del valor de los antiguos monumentos, me abstendría sinembargo de hacer la descripcion de la Capilla ó Catedral de Aquisgram, ya porque no quiero fastidiar al lector con descripciones de esta especie, ya porque en realidad el monumento á que me refiero es tan complicado en su contextura y tan contradictorio en sus pormenores que no se presta á ninguna apreciacion general. No he visto jamas una catedral de formas tan múltiples, divergentes é irregulares como la de Aquisgram, en cuyo conjunto contrastan y se chocan los mas diferentes estilos, desde el romano y bizantino hasta el rococó del tiempo de Luis XV, ostentándose tambien, como se ve en la nave principal y las dos capillas mas antiguas, todos los primores del arte gótico, tal como fué en el siglo XV, sobrecargado de admirables relieves y esculturas. La catedral de Aquisgram es, pues, una masa de construcciones en absurdo antagonismo y dislocacion evidente, cuyo mérito no aparece sino considerando separadamente sus partes mas antiguas, tales como la rotunda bizantina y la nave y las capillas góticas.

El interior de ese curioso monumento está lleno de reliquias muy preciosas, unas por su valor y mérito como joyas ú obras de arte, otras por su significacion histórica, y las mas notables por su relacion (verdadera ó supuesta) con la vida de Jesucristo. Así, puede decirse que los nombres de Jesus y Carlomagno resumen allí las mas venerables tradiciones. Al penetrar bajo aquellas bóvedas y rotundas el viajero va viendo á cada paso alguna evocacion del gran emperador europeo, ora en su modesta tumba, dos veces profanada por sus sucesores, ora en los numerosos muebles que sirvieron al Justiniano de la feudalidad.

Todo aquello es curioso, interesante para la crónica en mayor ó menor grado, pero impresiona poco el ánimo del hijo del Nuevo Mundo que, educado en la escuela todavía turbulenta de la democracia, no puede mirar con interes aquellas reliquias de los antiguos dominadores de Europa, grandes figuras de una civilizacion sepultada para siempre. Lo que sí hace detener las miradas de todo viajero que ha nutrido su alma con las consoladoras máximas del cristianismo, es el conjunto de reliquias, ricamente conservadas en admirables urnas, pertenecientes, según dicen, al fundador mismo de esa noble religion. No sé hasta qué punto merezca fé la autenticidad histórica de esas reliquias, que la crónica cuenta llegaron al poder de Carlomagno, unas de manos de Ivan, patriarca de Jerusalen, y otras (en 799 y 806) del patriarca Juan y de Aaroun-al-Raschid. Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que esas reliquias son conservadas con gran veneracion, y que entre ellas figuran: los pañales de Jesus, cabellos de la Vírgen María, la sábana sobre la cual fué decapitado San Juan Bautista, muchos fragmentos de cuantos objetos sirvieron para el suplicio del Gólgota, y hasta la sangre de un santo y el prodigioso aceite que (afirman los eruditos sagrados) salió de entre la tumba de Santa Catarina, enterrada por los ángeles en el Monte Sinai.

De todas esas reliquias, algunas (telas que sirvieron á Jesus, la Vírgen y San Juan) componen una especie de aristocracia, que solo pueden mirar los ojos de testas coronadas, ó que no son exhibidas sino cada siete años. Las telas de seda en que están envueltos esos objetos, son distribuidas en pequeñísimos fragmentos á los que tienen la fortuna de concurrir oportunamente; y pasan por ser talismanes de gran provecho (?). Sospecho que tal distribucion debe de ser bastante productiva, á juzgar por la considerable renta que la sola vista de esas reliquias procura á la catedral. En Europa, donde se especula con todo, los reyes y príncipes cobran peaje sobre sus palacios y museos, como los obispos y canónigos en las puertas de las catedrales. Y no les falta á los últimos su razón de lógica, puesto que, si para entrar al cielo hay que pagar el pasaporte en la tierra, con igual motivo habrá de pagarse la entrada á las igleslas.

Tolerante como soy respecto de todas las creencias religiosas, con tal que sean inofensivas, respeto la veneracion que el vulgo muestra por las reliquias sagradas. Pero confieso que al visitar la catedral de Aquisgran no pude ménos que hacer ciertas reflexiones amargas. Decíame con tristeza, al ver las reliquias sagradas: «El clero católico-romano ha puesto siempre el mayor esmero en conservar intactos cuantos objetos pueden figurar como símbolos del cristianismo, al mismo tiempo que ha olvidado casi completamente, desde el siglo V, la sustancia, el espíritu, la mansedumbre y el desinteres de esa admirable religion. El símbolo se ha convertido en objeto de especulacion, y al lado de esas reliquias (verdaderas ó falsas) del Crucificado, reinan los testimonios de la idolatría y la iconolatría condenadas por el divino Maestro cuyos restos se veneran; se vende la exhibicion de lo que perteneció ú atormentó á quien todo lo dió á sus hermanos, hasta la vida; se ha proscrito en su nombre, con brutal violencia, á los que no creian lo mismo que los guardianes del templo; se ostenta el lujo deslumbrador del oro y de las pedrerías, ocultándose lo que recuerda la vida del proletario por excelencia; y aun se ha hecho de sus reliquias mismas una impía clasificacion aristocrática, en honor de los creyentes y no creyentes coronados. ¡Qué léjos está la humanidad todavía, al cabo de diez y ocho y medio siglos, de la práctica sincera y pura de los dogmas predicados por ese divino Redentor á quien se aparenta venerar en sus reliquias!»

* * * * *

Aquisgran era la última ciudad de la Alemania del Rin que debíamos visitar en nuestra primera excursion. Mas tarde narraré mis impresiones respecto de Espira y otras ciudades que no he conocido sino en 1860 al recorrer la Alemania meridional, central y setentrional. La liberal, industriosa y progresista Bélgica, hija de la Revolucion, llamaba nuestra atencion como un país digno bajo todos aspectos de atento y cuidadoso estudio. Por desgracia, cuando se viene á Europa por algunos años, dejando la patria en el Nuevo Mundo, es imposible hacer verdaderos viajes de residencia. Si se quiere conocer el mayor número posible de pueblos, para poderlos comparar y deducir de su comparacion alguna enseñanza provechosa, es preciso contentarse con rápidas excursiones, hechas, por lo general, en ferrocarril ó á la vapor. Por eso mis narraciones se reducen modestamente á meras impresiones, que en todo caso reclaman la indulgencia del lector.

No me ha sido posible recorrer el sur y sud-oeste de Bélgica, que son con el sud-este las comarcas mas pintorescas del país, correspondientes á las hoyas del Meusa y su afluente el Sambra. De toda esa interesante region, donde se encuentran las grandes minas de carbon y hierro, muy graciosas y complicadas montañas, y las activas ciudades de Charleroi, Namur, Huy y Lieja, solo pudimos visitar la última, que es la metrópoli del Meusa central, y uno de los mas opulentos centros de actividad industrial en Bélgica. Reservo lo demas para mas tarde.

De Aquisgran á Lieja se recorre una de las mas interesantes vias férreas que se conocen en Europa, tan interesante por el encanto y la variedad de los paisajes como por el mérito de las obras de arte que muestran la insuperable habilidad de los Belgas para la construccion de ferrocarriles. Dos túneles cercanos á Aquisgran y el hermoso viaducto de Astenet, obra de muy considerable mérito, hacen notable el trayecto hasta Terlbesthal, ciudad pruso-rineana (la última en la vía) cuyos 12 ó 13,000 habitantes viven en la actividad de la industria. Inmediatamente despues la via penetra al territorio belga y se hunde en el tortuoso y lindísimo valle del Vesdra, riachuelo afluente del Meusa, cuyo estrecho cauce caracolea por en medio de un laberinto de colinas, montuosas unas, otras esmeradamente cultivadas, ó explotadas en sus ricos depósitos de carbon mineral y sus filones de hierro.

El tren se detiene un minuto al pié de la pobre Limburgo, pequeñísima ciudad que, demorando sobre la falda de una montaña casi desposeida de su nombre por Dolhain (villa inferior situada en el fondo del valle) parece estar lamentando sus perdidas y olvidadas glorias de antigua capital de un gran ducado. Muy cerca esta la ciudad de Verviers, la más importante localidad de la comarca, donde el viajero se detiene á presentar su pasaporte y hacer registrar su equipaje en la aduana. Verviers es una mediana ciudad de mas de 28,000 habitantes (ó de 40,000, si se incluye la poblacion de las localidades contiguas) de planta enteramente nueva, muy favorecida por el tráfico internacional y la proximidad de Spa (ciudad de aguas muy á la moda), asi como de Lieja y Aquisgran, y compuesta en su totalidad de fábricas, almacenes de depósito y habitaciones de fabricantes y obreros. La fabricacion de paños, hilos y tejidos de lana de muchas clases que se hace en Verviers tiene grandes proporciones, produciendo cerca de cien millones de francos anualmente. Sus paños y demas géneros de lana son principalmente consumidos en América y por el ejército belga, y puede decirse sin exageracion que Verviers es «la Leeds de los Belgas.» La ciudad adelanta muy visiblemente, y en ella misma se fabrican las máquinas necesarias para los hilados y tejidos. Considero útil recomendar especialmente á los hispano-colombianos esta parte de la interesantísima fabricacion belga, porque los productos de Verviers son muy adecuados para al consumo de las gentes de medianas comodidades, á causa de su solidez y bajo precio. Mucho celebraría yo que se comprendiese que el mercado belga es uno de los que mas convienen á los hispano-colombianos, respecto de un gran número de articules.

Despues de Verviers el interés de la vía está todo en la topografía y en las obras del ferrocarril, hasta llegar, en el valle del Meusa, á la populosa Lieja.

* * * * *

TERCERA PARTE.

BÉLGICA.

* * * * *

CAPITULO I.

LA NACION BELGA

Resúmen histórico.—Topografía general del país.—Instituciones políticas.—Poblacion.—Estadística.—Agricultura.—Industria y minería.—Comercio y vías da comunicacion.

La nacion belga, aunque relativamente pequeña, es, sin disputa, una de las mas interesantes de Europa, sea que se la considere bajo el punto de vista artístico, sea bajo el político ú el económico. No obstante la modestia de sus proporciones territoriales, creo que Bélgica es en Europa, despues de Inglaterra, el país donde un colombiano, nacido en el tumulto de una democracia rudimentaria, puede estudiar y comprender con mas provecho el fenómeno de la íntima alianza que la naturaleza de las cosas ba establecido entre la libertad y la civilizacion, haciendo que corran parejas, que se sirvan y sostengan mutuamente, y que no puedan vivir la una sin la otra de un modo fecundo para el bienestar de la humanidad.

Sería inoportuno querer ostentar una falsa erudicion histórica en esta narracion destinada solo á ofrecer á mis compatriotas del mundo colombiano el simple recuerdo de algunas impresiones. Por tanto, debo limitarme á refrescar en la memoria del lector los sucesos culminantes de la historia de Bélgica, algunos de los cuales, coincidiendo con las revoluciones de Francia, demuestran la solidaridad que las ideas, maduradas y difundidas por el tiempo, establecen entre los pueblos, por mas que los separen diferencias de raza y tradiciones.

Es bien sabido que las provincias belgas, de poblacion primitivamente céltica, y luego germanizadas por inmigraciones de barbaros de ultra-Rin, fueron sojuzgadas por César, permaneciendo bajo la dominacion romana hasta la época de la invasion de los Francos que se extendió á la Galia francesa. Bélgica corrió la misma suerte que Francia y tantos otros países, haciendo parte del inmenso imperio carlovingiano, despues dividido en tantas porciones entre los herederos de Carlomagno. De ahí la creacion de diferentes Estados de la edad feudal que dividieron á Bélgica, bajo los nombres de principado de Lieja, ducados de Brabante y Limburgo, condados de Flándes, Hainau y Namur, marquesado de Ambéres y señorío de Malínas.

Los enlaces de familia fueron ligando todos esos miembros, que al cabo formaron un solo cuerpo de union personal, bajo la autoridad comun de los duques de Borgoña, célebres por su poder y por las sangrientas guerras que provocaron. Mas tarde otro célebre enlace de familia apuró la concentracion, haciendo pasar la Bélgica al dominio de la casa austríaca de Habsburgo, por ser este país la dote de la hija de Cárlos el Temerario (María), casada con Maximiliano, primer emperador de este nombre en Alemania. En el siglo XVI (1506) Felipe el Hermoso, rey de Castilla y sucesor de María de Borgoña respecto de las provincias belgas, las trasmitió en herencia á Cárlos I de España y V de Alemania, y desde entónces hasta 1598 la dominacion española se sustituyó á la austríaca.

Sinembargo, como en aquellos tiempos las naciones se eclipsaban enteramente ante la soberanía de los príncipes, dependiendo su suerte de sucesos personales, la muerte de Clara-Isabel, hija de Felipe II (quien le dió en dote los Países-Bajos austriacos, al casarla con el Archiduque Alberto de Austria, en 1598) hizo volver el país á la dominacion brutal y estancadora de los vireyes españoles; dominacion que, durando 71 años (desde 1633 hasta 1715) terminó definitivamente por la nueva cesion hecha al Austria en virtud del tratado de paz de Rastadt. Acaso Bélgica es el único país de Europa que conserva testimonios y recuerdos relativamente gratos de la dominacion austríaca, que fué allí tan suave y fecunda como en aquellos tiempos era dable. Con todo, el emperador José II emprendió allí reformas que contrariaban fuertemente las tradiciones municipales del país, profundamente arraigadas, y al cabo estalló la revolucion, en términos que la nacion se habia emancipado y constituido en 1789, bajo el nombre de «Provincias Unidas de Bélgica», en los momentos en que la revolucion acababa de formalizarse en Francia.

Mas á pesar del vigor de la revolucion brabantina, el país volvió á quedar sojuzgado por el Austria en 1791, para ser luego el teatro de las guerras francesas y quedar, de 1794 á 1814, anexado á Francia y dividido en nueve departamentos. Es en gran parte á ese doble movimiento de revolucion é independencia verificado durante 26 años (de 1789 á 1815) y á la influencia de las instituciones francesas engendradas por la república, que debe el pueblo belga la saludable regeneracion de que da tan evidentes pruebas. Casi está demas recordar que los tratados de Lóndres (de 1814) y Viena (de 1815) fundaron la reunion en una sola monarquía de las Provincias holandeses y belgas, bajo la dinastía de los Orange; union rota en 1830 por la gloriosa revolucion con que los Belgas conquistaron su independencia. La Europa, al reconocer en 1831 la independencia belga y la neutralidad perpetua del país, dió un golpe mortal al edificio levantado por los déspotas en 1815, al mismo tiempo que aseguró la existencia de un pequeño pueblo que ha sorprendido al mundo con el noble espectáculo de su libertad y sus progresos de todo género. Lo demas pertenece al dominio de lo contemporáneo, y por lo mismo es inútil recordarlo aquí.

* * * * *

La topografía de las provincias belgas, aunque en su mayor parte llana ó muy ligeramente ondulosa, está perfectamente demarcada por las hoyas ó valles de sus rios, que forman uno de los sistemas hidrográficos de Europa mas abundantes, relativamente, teniendo por bases el Escalda y el Meusa, y hasta cierto punto el Mosela, del lado de Luxemburgo. Toda la region marítima, la de la izquierda del Escalda y la comprendida entre este rio y el Meusa central, que contiene á Flándes y el Brabante meridional, es llana ó de nivel casi enteramente igual; miéntras que las comarcas de Luxemburgo, Lieja, Namur y Hainau, pertenecientes á la hoya del Meusa y de su afluente el Sambra, y las regadas por los riachuelos Geete y Dyle, afluentes del Escalda, son generalmente montañosas ó por lo ménos de suelo bastante accidentado.

El clima es notablemente frio y desapacible, y el país generalmente fértil, excepto del lado de Ambéres, en las márgenes del Escalda.

Mide el territorio belga en su totalidad superficiaria un área de 2,956,183 hectaras; 981 kilómetros de perímetro en sus fronteras con Francia, Alemania y Holanda y su litoral marítimo; 277 kilómetros en su mayor longitud, de Ostende (N.-O.) al límite del Luxemburgo (S.-E.), y 160 en su mayor anchura. El territorio está dividido en 9 provincias que son: Ambéres, Brabante, las dos Flándes, Hainau, Lieja, Limburgo, Luxemburgo y Namur.

Entre todas esas provincias la naturaleza ha establecido una demarcacion muy notable respecto de las condiciones del suelo. Así, en la region montañosa se encuentran inmensos depósitos carboníferos, ricas minas de hierro, cobre, plomo y otros metales, canteras de hermosos mármoles, espesos y graciosos bosques cubriendo las colinas y montañas, viñas que medran en el valle del Meusa, etc.; miéntras que en la faja marítima, mal defendida por sus barrancas arenosas, y en las llanuras de Flándes y Ambéres, florecen los trigos y las papas, la remolacha y el lúpulo, las plantas filamentosas y las oleaginosas, y reina en las ciudades la actividad del comercio, de las fábricas y de las artes. La topografía, pues, produce en Bélgica una gran variedad de industrias, explotaciones y productos, favoreciendo el progreso múltiple del país.

No hay quien no sepa que Bélgica es en Europa, por sus instituciones políticas, un modelo de liberalismo, así como por la práctica de esas instituciones un bello ejemplo de buen sentido y patriotismo. No faltan sinembargo algunas contradicciones en la organizacion belga, tales como la del fuerte censo de imposicion establecido respecto de los senadores elegibles, lo que no es aplicable á los diputados, y el contraste chocante que se nota entre la libertad absoluta acordada á la enseñanza y la que tienen los cultos, limitada esta por la ingerencia ilógica del Gobierno en la dotacion ó mantenimiento oficial de esos mismos cultos.

En realidad Bélgica es una nacion democrática, gobernada aparentemente por un rey-ciudadano y dirigida en realidad por el voto popular y la opinion pública. Es muy lisonjero ver que, asícomo el primer rey de esa jóven monarquía ha sabido acomodarse con entera lealtad á su deber de monarca constitucional, el pueblo entero, no obstante la lucha legal en que se agitan los partidos liberal y ultramontano, ha entrado de lleno desde el primer dia en la práctica del gobierno constitucional democrático, posee la plena conciencia de sus derechos y deberes, y manifiesta en todos los negocios una solidez de miras poco comun y un fondo admirable de buen sentido que no le ha faltado en ningún momento difícil. Libre en las manifestaciones de su opinion, influyente en Europa por la independencia de su prensa, considerado y estimado por la hospitalidad neutral que acuerda al proscrito y al pensamiento extranjero, y engrandeciéndose por medio del trabajo, el pueblo belga es digno de tanto mayor respeto cuanto mas visible es la pequeñez de su territorio.

El Parlamento belga es en Europa, despues del de Inglaterra (actualmente despues del de Italia tambien) el que manifiesta mejor la posesion de las prácticas parlamentarias. Allí ámbas cámaras tienen su orígen en el voto popular, si bien restringido este por un censo electoral que hace depender el derecho de la cuota de imposicion. Los consejos provinciales y municipales funcionan con independencia y hacen del régimen municipal una verdad palpable. El Gobierno ejecutivo, siempre fiscalizado y contenido ó impulsado por las Cámaras y la opinion, practica con sinceridad el régimen constitucional y se muestra en todo caso respetuoso hácia la ley, la libertad y la voluntad nacional. Cada dia las ideas ganan terreno en Bélgica en el sentido de la libertad, de la emancipacion de todos los esfuerzos legítimos y del ensanche de las instituciones democráticas. Así, es de esperar que la nacion belga subsistirá como un feliz ejemplo, como una escuela práctica de liberalismo, y que no muy tarde perfeccionará sus instituciones llevando á sus últimas consecuencias naturales la aplicacion de los principios que le han servido de punto de partida.

La poblacion belga carece de homogeneidad de raza, lengua y aun tradiciones, en parte, pero se halla en via de constante fusion, gracias á las condiciones del suelo, al estímulo de sus libres instituciones y á las grandes facilidades que ofrecen las vias de comunicacion. Alemana en las provincias de Luxemburgo y Limburgo, francesa en la region del Meusa, ó á lo mas franco-alemana, y semi-holandesa ó semi-germánica en Flándes y Ambéres, la poblacion conserva muy notables diferencias de tipo, dialecto y costumbres que parecen repartirla, como un ser mestizo, entre Francia, Alemania y Holanda. Así, en el sud-este prevalece el idioma ó dialecto wallon, mezcla de aleman, roman y frances; en Flándes predomina el holandes algo modificado; en Ambéres y su comarca se habla un dialecto bastante diferente, y en Brusélas, Namur y Mons tiene la superioridad la lengua francesa, que en definitiva es la del gobierno, la literatura, el comercio general, la prensa de primer órden y la sociedad elegante y mas culta.

La poblacion belga es la mas condensada y una de las que progresan mas rápidamente en Europa, El número total de habitantes, que en 1831 era de 3,785,864, habia subido en 1856 á 4.529,460, de los cuales unos 2,500,000 de raza flamenca y los demas de la wallona, con excepcion de muchos miles de extranjeros é isrealitas.

Hoy no baja de 4,600,000 el número total (católicos en las 19 vigésimas partes), con una densidad que, alcanzando á 262 individuos por kilómetro cuadrado en la Flándes oriental, con el mínimum de 44 en Luxemburgo, es, por término medio, en la nacion, de 154 habitantes por kilómetro cuadrado: densidad prodigiosa, sin igual en el mundo.

Si bajo ciertos aspectos la poblacion belga está felizmente dotada, hay en su seno un hecho deplorable que no puede ménos que serle seriamente funesto, si no se buscan remedios eficaces: hablo de la increíble abundancia de conventos y comunidades religiosas, muy arraigados en el país, en posesion de considerables riquezas v en gran parte apoderados de la enseñanza.

Si esos institutos, entre los cuales algunos son realmente benéficos, no interviniesen mas que en la religion, la enseñanza y la beneficencia, por mal que lo hiciesen, el daño no sería muy grave, puesto que la libertad comun podría corregirlo fácilmente. Pero esas corporaciones, mantenidas por la nacion, son la verdadera fuerza de un partido antinacional y reaccionario que pretende no solo explotar libremente al pueblo, sino tambien infeudarlo bajo el predominio de la corte pontificia De ahí la lucha ardiente y no poco apasionada de los partidos, y graves peligros para las instituciones liberales, que no cesarán sino el dia que el Estado, practicando rigidamente los principios, retire á los cultos toda proteccion pecuniaria, los emancipe realmente, y ponga freno á las exacciones y la inmovilizacion de las propiedades pertenecientes á los institutos á que me refiero.

En estos últimos años la prensa y los tribunales han evidenciado muchos y gravísimos escándalos en la conducta de esas comunidades, que se dicen depositarias de la fe, la piedad y la beneficencia, y encargadas de ganar almas para el cielo y enseñar al pueblo, sin perjuicio de atesorar grandes fortunas. Muchos actos de estafa y fraude, de seduccion y concupiscencia, de raptos y ocultacion de jóvenes inocentes (particularmente israelitas y protestantes) y especulaciones muy reprobables, así como fraudes políticos ó eleccionarios, han sido probados, á cargo de comunidades, frailes y misioneros, saliendo á luz en horribles procesos. La opinion se ha indignado con razón, y la gravedad del mal ha hecho pensar seriamente en los remedios.

Por lo que hace al carácter y tipo de la poblacion belga, ámbos varían, según las modificaciones que han sufrido las dos razas principales; pero en general se nota poco vigor de diferencias en los rasgos de las fisonomías, en las costumbres y en los caractéres, y en todas partes se ve siempre asomar un no sé qué de híbrido ó indeciso que indica el contacto de las razas vecinas. Sinembargo, nótase que en Flándes todo tiene un aspecto mas marcado, aunque poco atractivo, distinguiéndose las ciudades de Gante y Brujas, como la de Ambéres, por cierta expresion material y social bastante personal ó característica.

* * * * *

Como base de comparacion de los progresos que hacen las sociedades europeas, la estadística belga es una de las mas interesantes. Sinembargo, debo limitarme á recordar, hechos muy generales, á fin de no fastidiar al lector con guarismos; sin dejar por eso de llamar particularmente la atencion de los pueblos colombianos hacia la industria belga, enorme por sus proporciones relativas, que es una de las mas estimables y populares de Europa, y cuyas relaciones convienen mucho al comercio colombiano.

La agricultura belga es vasta y muy variada, abrazando casi todos los productos principales de Europa, desde las viñas y el lúpulo hasta el tabaco, las moreras para la produccion de seda y las plantas oleaginosas, aparte de la considerable produccion de granos alimenticios, lino, cáñamo, etc., etc. Sin exageracion alguna se puede asegurar que en ningún país del mundo la tierra es tan bien cultivada ni produce tanto como en Bélgica, en proporcion á la extension superficiaria. Las crias de ganados, aunque estimables, son secundarias por su importancia relativa; pero la horticultura tiene en el país gran desarrollo y produce anualmente mas de 9 millones de francos Bélgica, sobre todo en las provincias flamencas, se distingue por la perfeccion de sus métodos de cultivo, irrigacion y abono. Es muy considerable allí el cultivo de la remolacha, que procura anualmente en azúcar un valor de mas de 80 millones de francos.

Casi es superfluo hablar de la minería belga, tan conocida por sus explotaciones de hulla y otros carbones, mineral de hierro, mármoles, piedras y otros minerales. Baste decir que la pequeña Bélgica es el país que ofrece mayor cantidad de combustible mineral, y á menor precio, en todo el continente, con mucha superioridad á los demas países que poseen minas. Esa explotacion da lugar naturalmente á un gran movimiento industrial y comercial, alimentando en Bélgica el trabajo de centenares de hornos, fraguas y herrerías en que la industria metalúrgica produce muy fuertes valores, consistentes en artículos de maquinaria, quincallería, etc., notablemente apreciados, y dando lugar á un prodigioso movimiento de trasportes.

Los demas ramos importantes de la industria belga son numerosos y de valiosa producion, tales como la fabricacion de azúcar y cerveza,—tejidos de lana, lino y algodon muy apreciables (sobre todo los paños, lanillas, encajes, alfombras y adamascados)—locomotivas, rieles, máquinas y aparatos para ferrocarriles, vapores, fábricas, etc.,—armas de varias clases y una multitud de artículos secundarios. Me reservo tratar, de las bellas artes, del comercio marítimo y de la pesca, al ocuparme de Ambéres y Ostende; pero haré notar desde ahora que la industria belga, no solo se manifiesta en el país con esplendor, sino que ejerce su benéfica influencia en otros países y aún continentes, enviando sus capitales, locomotivas y wagones, y sus inteligentes ingenieros y obreros, á extender las empresas de ferrocarriles que revolucionan el mundo.

Terminaré esta breve reseña haciendo notar que, despues de Inglaterra, no hay país en el mundo que tenga, relativamente á su territorio, una red tan completa de vias superiores de comunicacion, unas fluviales ó de canalizacion, otras férreas, y las demas simplemente carreteras. Todo el país está de tal modo cruzado por ferrocarriles en todas direcciones, y magníficas carreteras, generales y vecinales, que se enlazan de mil modos, que nada es mas fácil y sencillo que trasladarse en un dia, con comodidad y baratura, de un punto á otro cualquiera de Bélgica, ó en direccion al exterior. Allí los viajes son como paseos, y todo el mundo vive paseándose.

* * * * *

CAPITULO II.

LIEJA Y EL BRABANTE.

Poblacion y panorama de Lieja.—Importancia Industrial de la ciudad.
—Su aspecto interior y sus monumentos.—Tirlemont.—Lováina.—Malínas.

Lieja, la antigua capital del principado del mismo nombre, y que es el centro mas importante de las poblaciones belgas pertenecientes al interesante grupo de la raza valona (ó wallona), tiene el primer rango industrial, político y social entre todas las ciudades que demoran en la hoya del Meusa, y es por su poblacion (91,000 habitantes) la cuarta ciudad de Bélgica.

Dominada en los tiempos anteriores á la unificacion belga por obispos que tenian el carácter y la autoridad de príncipes soberanos, aunque feudatarios, Lieja supo en todo tiempo resistir á las usurpaciones que podian menoscabarle sus libertades municipales, manifestando siempre la energía de su poblacion laboriosa; y á pesar de las luchas que agitaron su existencia hasta el principio del presente siglo, ha conservado y acrecentado su prosperidad, gracias al carácter de sus habitantes y a la actividad de su industria.

Pocos pueblos, en las comarcas de orígen frances ó céltico, se han mostrado tan decididos y celosos por el mantenimiento de sus libertades como el de Lieja, siempre belicoso y valeroso, siempre enérgico en sus resoluciones, amante del trabajo, emprendedor y perseverante. La raza de las comarcas que tienen por centro á Lieja es la mas bella y robusta de Bélgica, y la historia de su vida política y social ofrece repetidos é interesantes rasgos que prueban cualidades morales muy dignas de aprecio. A la verdad, Lieja es una de las ciudades que caracterizan mejor en Bélgica el genio múltiple de la nacion y el tipo complejo de los progresos ó la civilizacion de ese país. Las tradiciones municipales, el espíritu liberal, el interes por las letras, los bellos monumentos del arte antiguo, la actividad fabril y de la explotacion minera, la agricultura prospera y la rapidez de las comunicaciones, coinciden en Lieja para formar esa noble y fecunda armonía del progreso que caracteriza al presente siglo.

Y sinembargo, nada ofrece contrastes mas evidentes que la estructura interior y el panorama de Lieja. Un pintoresco grupo de pequeñas montañas que parecen afluir hácia la ciudad, determina allí uno de los mas risueños valles que he conocido en las regiones de Europa que se inclinan hácia el canal de la Mancha y el mar del Norte. Tres valles se reunen allí: el del Meusa, el del Urta (Ourthe), riachuelo que tiene su confluencia en el extremo superior de la ciudad misma, y el del Vesdra, que se junta con el Meusa un poco mas abajo. La concurrencia de los tres valles y sus rios, el juego de las colinas que lo dominan, formando un magnífico marco de rica vegetacion, y las ondulaciones del terreno en el fondo, producen un primoroso conjunto topo-hidrográfico, cuyo encanto se completa con la extensa masa de la ciudad, de formas caprichosas é irregulares, el aspecto de los fuertes que la dominan desde las cimas de dos colinas, y el risueño aspecto de las campiñas circunvecinas, pobladas de plantaciones y verjeles, graciosas casas campestres, fábricas y otros objetos que indican actividad y bienestar. No he visto en ninguna de las otras provincias belgas que he recorrido un panorama tan encantador como el de Lieja.

Pero al penetrar al interior de la ciudad, dividida por el Meusa en dos porciones muy desiguales, se disipa al punto la impresion que el conjunto del paisaje acaba de producir. Las calles están ó solitarias ó poco animadas, si se las recorre en las horas de comer, ó cuando la gran masa de poblacion obrera está ocupada en las fábricas; á no ser que uno penetre hasta la Plaza del mercado y la de Lambert. Si en los afueras de la ciudad ó en los hermosos boulevards que van de la estacion del ferrocarril de Malínas hasta la plaza del Teatro, se destacan á uno y otro lado nuevos y elegantes edificios que tienen todos una planta casi uniforme, en el interior ó la parte antigua de la ciudad todo parece oscurecido por un inmenso crespon, por una atmósfera cargada del polvo y los gases del carbon de piedra que se consume allí en enorme cantidad. Baste decir que Lieja, centro muy importante de la explotacion carbonífera, yace sobre vastas galerías subterráneas, teniendo por asiento, como algunas ciudades de Inglaterra, un lecho de carbon. Así, esa ciudad, que trabaja en la superficie como en el seno oscuro de su rico suelo, es hoy esencialmente fabricante, y el viajero curioso no puede ver á sus laboriosos habitantes, sus viejas, tristes y tortuosas calles y sus interesantes monumentos, sino al traves del humo y el polvo de carbon que despiden constantemente las chimeneas de sus numerosas fábricas y fraguas.

La produccion fabril de Lieja en artículos de quincallería es relativamente enorme, y acaso no tiene rival, por lo ménos en cuanto á la cantidad, respecto de cañones, diferentes armas de fuego, armas blancas, y locomotivas ó máquinas de vapor destinadas á todos los países del mundo. De allí salen los instrumentos de guerra que resuelven los problemas políticos de los pueblos (si es que la fuerza puede jamas resolverlos), tanto en Europa como en el Nuevo Mundo; y de allí salen tambien los aparatos de vapor, instrumentos de riqueza y civilizacion, que van á difundir el movimiento en casi todos los ferrocarriles del mundo. Ademas de los 29 ó 30,000 obreros que trabajan en Lieja el fierro y el acero, á 15 minutos de allí demora el distrito de Seraing, que en 1820 contaba apénas 2,000 habitantes y hoy tiene mas de 17,000, gracias al inmenso establecimiento fundado por John Cockerill en 1816, el mas vasto que existe en el continente para la explotacion de hulla, las forjas y hornos de fabricacion de hierro y la construccion de máquinas. Ese solo establecimiento ocupa hoy á cerca de 6,000 obreros y produce una enorme cantidad de valores.

Aparte de la ciudadela y otra fortaleza, y de diez ó doce edificios públicos notables, los mas importantes monumentos de Lieja son tres religiosos y dos civiles: de los primeros, la Catedral de San-Pablo, la iglesia de San-Jacobo y la de Santa-Cruz; de los segundos, el Palacio de Justicia y la Universidad. Casi todos los monumentos religiosos de Lieja son interesantes, al ménos por su antigüedad, pues datan de los siglos X, XI, XII y XIII, y su arquitectura corresponde al mejor y mas sencillo estilo ogival, aunque en algunos templos se ven primorosos arabescos. San-Jacobo y San-Pablo contienen en su interior obras de arquitectura verdaderamente magistrales, y Santa-Cruz, iglesia muy pequeña, es sumamente curiosa y de un estilo encantador por su ligereza, sencillez y armonía de construccion.

El Palacio de Justicia llama notablemente la atencion del viajero. Data del siglo XVI, y su estilo se resiente de la transicion que entónces hacia el arte del gótico florido al Renacimiento, ofreciendo en su conjunto y sus pormenores una curiosa mezcla de los estilos ogival, en lo principal, y morisco y veneciano en los adornos y ciertas formas parciales. Es penetrando á los dos patios del edificio, hoy orillados por tiendas de libros, quincallería, etc., que se puede apreciar el capricho de las construcciones híbridas de aquel curioso monumento.

La Universidad de Lieja, que es una de las dos sostenidas en Bélgica con fondos del Estado, se halla establecida en los edificios del antiguo convento de Jesuitas, y data apénas de 1817. Como monumento, la Universidad no tiene nada muy notable; pero como instituto es interesante no solo por los museos, colecciones científicas y biblioteca que contiene, sino tambien por el papel que hace en esa lucha vigorosa de los partidos belgas, ejerciendo su influencia en apoyo del liberalismo, lucha en que las cuatro universidades del país (dos de ellas libres) intervienen muy activamente.

* * * * *

Al seguir el ferrocarril que de Lieja conduce á Malínas y Brusélas, por Lováina (Louvain ó Leuven) y Tirlemont, la línea recorre hasta Ans un trayecto montañoso, subiendo en plano inclinado hasta una altura de 450 piés sobre el nivel de Lieja. Así, el tren es remolcado por tres locomotivas, y se echa de ver que los trabajos de nivelacion han sido muy laboriosos. El magnífico paisaje de Lieja desaparece, y con él los hornos de fundicion y las minas de hulla. La hoya del Meusa queda atras y se entra en la del Escalda ó sus afluentes meridionales. Al país montañoso y minero de Lieja suceden las ondulosas campiñas del Brabante occidental, interesantes por sus cultivos, sus industrias de tejidos, etc. Se echa de ver que allí vive otra raza y fundó diferentes tradiciones otra civilizacion. Donde quiera se ve no sé qué de intermediario entre el tipo frances y el flamenco ú holandes algo modificado. Es como si un brazo de la vieja Alemania penetrase hasta allí para grabar en parte el sello de sus razas y su civilizacion. Ya no se nota en el gesto, en el lenguaje, en el continente y en las costumbres de las gentes, ni en el aspecto de las localidades, esa movilidad, esa franqueza y ese espíritu despierto y rápido que hacen recordar al frances en el país wallon. Todo ha cambiado de aspecto, y Lováina y Malínas, ciudades silenciosas y tranquilas, preparan el ánimo del viajero á la fuerte transicion que debe hacer pasando de Lieja á Gante ó Ambéres.

El tren se detuvo un momento al tocar en Tirlemont, pequeña ciudad de poco mas de 12,000 almas, que tiene cierto aire de alegría, no obstante la línea de sus murallas ó fortificaciones, cuya circunferencia mide un miriámetro; siendo de notar que, por una prevision poco comun, dejaron entre la ciudad y sus murallas un vasto espacio circular que se presta al cultivo y está cubierto de huertos y graciosas sementeras. Es raro que los hombres de guerra que en otro tiempo se mostraban tan cuidadosos de estrangular las ciudades con fortificaciones, hayan tenido delicadezas como la que se revela en Tirlemont, dejando á la poblacion algunos medios de subsistir en caso de sitio.

A 7 kilómetros de Tirlemont demora, sobre las dos márgenes del Dyle, riachuelo afluente del Rúpel, y por medio de este del Escalda, la triste y solitaria Lováina, cuyas murallas le dan la forma casi perfecta de un círculo. Un tiempo opulenta y populosa (con 200,000 habitantes y 4,000 fábricas de paños, en el siglo XIV) cuando la ciudad era capital del Brabante, hoy no tiene sino poco mas de 31,000 almas, gracias al bárbaro fanatismo y la intolerancia de los hombres de sotana y sable, que proscribieron á los industriosos tejedores, obligándoles á buscar asilo en Inglaterra.

Habiendo perdido su industria y teniendo su poblacion casi en la totalidad consagrada á la agricultura, Lováina carece de todo movimiento comercial y fabril. Hace gran contraste con casi todas las demas ciudades belgas, y no llama la atencion sino por su admirable Casa municipal y su Universidad, que es el cuartel general del ultramontanismo en Bélgica. Es sabido que ahora tres siglos la Universidad de Lováina tuvo en Europa gran celebridad, siendo tal vez considerada como superior á todas sus rivales de Francia, Alemania, Italia, etc. En aquellos tiempos la ciencia tenia otro carácter que en nuestro siglo, y como el ergotismo pedantesco y la teología ocupaban el primer puesto, no era extraordinario que Lováina, ciudad clásica de sotanas, obtuviese la palma. Su Universidad, que habia sido fundada en 1426, llegó á ejercer en el país una especie de omnipotencia, hasta que los Franceses la suprimieron durante su dominacion de conquista. El rey de los Países-Bajos le sostituyó en 1817 un colegio filosófico, que no fué del gusto del clero, y este restableció definitivamente la Universidad en 1835, con el carácter de libre, para hacer competencia á las de Lieja y Gante. Hoy ese instituto es el foco de todas las intrigas que se urden en Bélgica contra la causa liberal, y su audacia se manifiesta tanto en las polémicas de la prensa como en las luchas eleccionarias y los debates parlamentarios.

Bélgica es el país clásico de esos palacios de la clase media y de las muchedumbres, llamados: Casa municipal ó Palacio de la ciudad, monumentos admirables que conservan las mas notables tradiciones de las luchas y libertades de las ciudades antiguas. Bajo este aspecto, Brusélas, Gante, Brujas, Audenarde, Mons y aun Ambéres se distinguen por sus palacios municipales; pero Lováina las sobrepuja á todas con el suyo, que es un primoroso modelo de elegancia y armonía en el arte gótico florido, precursor, en el siglo XV, del Renacimiento.

* * * * *

En Bélgica el paso de una ciudad importante á otra tiene apénas las proporciones de un paseo, de manera que en pocas horas puede el viajero trasladarse sin fatiga desde Verviers hasta Ostende ó Courtrai, pasando por una cadena de ciudades tan importantes como Lieja, Lováina, Malínas, Brusélas, Gante, y Brujas Los ferrocarriles cruzan de tal modo la diminuta pero opulenta Bélgica, que el tránsito de una ciudad á otra equivale, en aquel hogar de cerca de 5,000,000 de hombres libres, al que se hace en una casa comoda y bien servida, de un aposento á otro. Asi, tres cuartos de hora despues de haber partido de Lováina nos deteníamos en Malínas, ciudad célebre por su catedral, sus encajes y sus almuerzos de patas y orejas de cerdo, y no poco afamada entre los Belgas por la terquedad tradicional de sus consejeros municipales. Bajo el punto de vista económico y social tiene la particularidad Malínas de ser el centro de donde parten los ferrocarriles belgas pertenecientes al Estado, en cuatro direcciones distintas, á saber: hácia Holanda, por via de Ambéres; hácia Alemania, por Lováina y Lieja; hácia la costa marítima (Ostende) y la frontera francesa de Lila, por Gante, y hácia Mons, Charleroi y Namur (frontera francesa) por la via de Brusélas.

No he conocido jamas ciudad tan triste y solitaria como Malínas, circunstancias tanto mas extrañas cuanto que á dos pasos de la antigua ciudad reina en la estacion del ferrocarril un movimiento prodigioso de viajeros y mercancías de todos los puntos de Bélgica y del exterior, que afluyen al punto céntrico donde se enlazan todas las vias férreas para distribuirse en muchas direcciones. Al dejar la estacion y penetrar en la ciudad podría uno creer que ha salido momentáneamente de Bélgica y se halla en una ciudad española, triste, abandonada, estacionaria, petrificada por las tradiciones de peor carácter. Allí os afligen las plegarias de los mendigos; abundan las iglesias y los canónigos; faltan las fábricas y los institutos que atestiguan actividad y progreso, y todo tiene un aspecto de vetustez que sorprende en medio de aquel país. En todos mis viajes he podido observar que el progreso de las ciudades está en razón inversa del número de sus canónigos, frailes y demas séres inútiles, que duermen, cantan y consumen. Malínas es á Bélgica lo que Toledo á España y Friburgo á Suiza.

Malínas, atravesada por el riachuelo Dyle (que cerca de allí se reune con el Nethe para formar el rio Rúpel), es sinembargo una ciudad bien construida, que posee calles anchas y hermosas, edificios de buena planta y plazas espaciosas; pero sus 31,400 habitantes deben de vivir acongojados por el tedio y morir de hipocondría.

La catedral de Saint-Rombaut es la joya de Malínas, si bien sus formas exteriores no tienen gran valor. Lo que en ese monumento llama la atencion es: la enormidad de su torre única, que mide casi 100 metros de altura; la grandiosidad de su inmensa nave, cuyo interior impresiona fuertemente, y algunos cuadros de pintura considerables, entre los cuales se distingue un interesante Cristo de Van-Dyck. Otra iglesia de Malínas, la de Nuestra-Señora, posee tambien algunas buenas obras de arte, siendo la mas sobresaliente la admirable Pesca milagrosa trabajada por Rubens en 1618. Despues de esto Malínas no tiene otra cosa que merezca atencion ni curiosidad, por lo cual el viajero se da priesa de ir á observar en Brusélas el movimiento político y las pruebas del gran progreso intelectual y social de los Belgas, ó bien á admirar en Ambéres los esfuerzos del comercio nacional y los monumentos y museos que atestiguan la gloria de esa ciudad que fué la cuna de la escuela brabantina.