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Viajes de un Colombiano en Europa, segunda serie cover

Viajes de un Colombiano en Europa, segunda serie

Chapter 40: CAPITULO IV.
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About This Book

El autor recorre detalladamente Suiza, Saboya, la región del Rin y Bélgica, ofreciendo descripciones orográficas de lagos y valles, reseñas históricas y análisis de instituciones cantonales, y panoramas urbanos de ciudades como Ginebra, Berna, Zúrich, Basilea, Heidelberg, Francfort, Colonia, Amberes y Bruselas. Combina observaciones naturales —glaciares, ríos y lagos— con notas sobre costumbres, industria, agricultura, navegación y vida social, además de reflexiones sobre la civilización moderna y escenas de viaje, instituciones culturales y monumentos. La obra organiza impresiones por regiones y localidades, mezclando información práctica y curiosidades anecdóticas.

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CAPITULO III.

AMBÉRES.

Aspecto general de la ciudad.—Comercio y bellas artes.—Carácter múltiple de Ambéres.—Sus calles, monumentos, museos y curiosidades. —Jardines y paseos.

Aunque en Bélgica se encuentran reunidas y armonizan todas las manifestaciones del progreso, sinembargo, cada comarca y cada ciudad tiene ciertos rasgos que le son característicos. Asi, por ejemplo, es en Ambéres, en Ostende, y en las ciudades vecinas á las fronteras de Francia que se hallan las mas notables construcciones militares, símbolo de las luchas provocadas por la ambicion ó el egoismo de los gobiernos. En Lováina, Lieja, Gante y Brusélas está concentrado el movimiento universitario. La minería tiene su terreno inagotable en el sur y el sud-oeste, como la agricultura mas esmerada y valiosa se ostenta en las llanuras flamencas. La fabricacion tiene sus principales centros en Gante, Lieja y Verviers, así como la pesca marítima se radica en Ostende. Por último, es en Ambéres donde, por una singularidad curiosa, se manifiestan con mas energía las fuerzas comerciales y artísticas del pueblo belga.

Ambéres, en efecto, es una vasta ciudad, curiosa bajo todos aspectos, donde todo interesa y llama la atencion: la estructura de los edificios y las calles, como el tipo, la lengua y las costumbres de los habitantes; el movimiento activo del comercio y de la navegacion del Escalda, como el mérito de admirables obras maestras, monumentos y museos; el aspecto de las formidables fortificaciones de la ciudad, como el de sus vastos diques de un lado, y del otro sus alegres campiñas, que hacen contrastar los símbolos de la guerra con los de la paz y la fecundidad.

El aspecto general de Ambéres—ciudad tan célebre por su historia comercial y militar, artística y civil—es interesante y notablemente curioso. La masa de construcciones interiores está comprendida entre la ribera derecha del Escalda y un inmenso arco irregular formado por la línea formidable de las murallas y fortificaciones, defendidas por vastos y profundos fosos. Al S.-O. ó la parte superior del rio, están la Esplanada de armas, la Ciudadela y el Arsenal militar, dominando el muelle. Al N-E. ó la parte inferior, se extienden los Diques «grande» y «pequeño», que abrigan un gran número de buques mercantes de vapor y de guerra y están rodeados por vastos almacenes de depósito. Allí se ve una red complicada de carriles de hierro, por los cuales giran los carros que sirven para el embarque y desembarque de las mercancías, entre los diques y la estacion del ferrocarril que comunica á Ambéres con Malínas. Al poniente de la ciudad, cerca de las fortificaciones y fuera de su angulosa línea, se hallan, al lado de un pequeño arrabal, la estacion del ferrocarril y el primoroso Jardin Zoológico, perla y orgullo de Ambéres.

Al subir sobre alguna de las torres de las numerosas iglesias de la metrópoli brabantina, se contempla en su conjunto un magnífico panorama que interesa mucho cuando sus pormenores son observados con atencion. Si se tiende la mirada del lado del Escalda, se ve en primer término la línea inmensa de los muelles de la márgen derecha, donde reina un gran movimiento de marineros, carreteros, comisionistas, corredores, etc., ocupados en la carga y descarga de centenares de vapores y buques de vela atracados á los muelles, y en las diversas operaciones propias del comercio y la navegacion. El Escalda, corriendo por un lecho arenoso y fangoso, de bajas orillas cubiertas de juncos y otras gramíneas, experimenta la accion poderosa de las mareas, que lo hacen subir y bajar de nivel muy notablemente. Si el rio es majestuoso por su caudal, su anchura y sus ondulaciones, é interesante por el gran número de buques que lo surcan, alimentando la masa principal del comercio marítimo de Bélgica, la comarca que se desarrolla del lado de la márgen izquierda tiene un aspecto melancólico que impresiona mucho. Allí se extiende una inmensa llanura, triste y uniforme, pero admirablemente cultivada y salpicada por algunas poblaciones, que tiene su límite en el bajo Escalda, del lado de la Zelanda. Tornando la vista hácia el interior de Bélgica se contemplan las llanuras del Brabante y Limburgo, donde la agricultura, la ganadería y la horticultura reinan sin competencia; siendo notable el gracioso conjunto de casas campestres, quintas, huertos, jardines y magníficas alamedas que rodean á Ambéres, formándole como un arco de verdura. Allí todo indica gusto y esmero en el cultivo, adelanto y perfeccion en los métodos de labor, y bienestar en la clase média que posee quintas ó casas campestres, y entre los agricultores.

Al observar el interior de la ciudad todas las construcciones presentan un aspecto que contrasta mucho con la frescura y lozanía de las campiñas circunvecinas: Ambéres, cuya poblacion no baja de 109,000 habitantes, y que en el siglo XVI llegó á contar hasta 200,000, es un vasto enjambre de cuadras enteramente desiguales é irregulares, calle y callejuelas tortuosas, estrechas, dislocadas en laberintos extravagantes, casi todas húmedas y sucias, muy mal empedradas y de aspecto por lo comun triste y vetusto. Donde quiera plazas irregulares, orilladas por magníficos monumentos, y casas de antiquísima planta, muy curiosas por su estructura, aunque carecen de la grada original y pintoresca de las construcciones holandesas, ó del sombrío romanticismo de las antiguas casas alemanas. Por todas partes se alzan torres de diversas formas, principalmente góticas, sobre iglesias que merecen casi todas el nombre de museos religiosos. Por todas partes hormiguea una poblacion inquieta, laboriosa y honrada, que llama mucho la atencion por la energía de su lenguaje, áspero y expresivo, la singularidad de su tipo de raza, el liberalismo de sus ideas, el sentimiento de orgullo con que mantiene su patriotismo y sus tradiciones, y la elasticidad particular con que se presta á las mas variadas manifestaciones de la civilizacion.

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El comercio y las bellas artes, como he dicho, son las principales demostraciones de la historia y de la actividad actual de Ambéres. En otro tiempo, bajo el reinado de Cárlos V, esa ciudad fué el emporio del comercio en el norte de Europa, gracias á su magnífico rio, visitado entónces todos los dias por inmensas flotas mercantes, y á causas políticas y económicas que luego han desaparecido ó han modificado profundamente su accion. Pero la dominacion de los Españoles, que ha sido funesta en todas partes, arruinó la prosperidad de Ambéres y el Brabante, como del país flamenco. Las proscripciones perpetradas por el fanatismo religioso, la opresion política y civil, las absurdas leyes fiscales y económicas y los actos de pillaje ejecutados en los tiempos de guerra—política sombría que personificó tan terriblemente en los Países-Bajos el odioso duque de Alba,—diezmaron la poblacion de Ambéres, estancaron la industria y el comercio é hicieron de esa opulenta ciudad casi una ruina. Mas tarde, la pérdida de la libre navegacion del Escalda (consecuencia del tratado de Munster, de 1648) completó la decadencia de Ambéres. Hoy, aunque embarazada la navegacion por los peajes que cobra el gobierno holandes en el bajo Escalda, Ambéres ha recobrado gran parte de su antigua opulencia, gracias á la concentracion que allí se verifica respecto de casi todo el comercio marítimo de Bélgica.

Y á la verdad, la prosperidad comercial de Ambéres en la actualidad, es mas sólida y vale mas que la que alcanzó en el siglo XVI, puesto que esta se basaba en el monopolio y las mas viciosas instituciones, miéntras que la que hoy se palpa se funda en la libertad y la actividad espontánea de los pueblos. A este propósito haré una observacion que me parece pertinente. Los filósofos están divididos en el mundo en dos categorías: unos que, tomando la historia por punto de partida, pero la historia viciosamente comprendida, creen que el progreso tiene límites, que la civilizacion es una serie de evoluciones que se repiten en su espíritu esencial, aunque varían en sus formas,—lo que en definitiva no es mas que la teoría Vico. Según esos filósofos, las sociedades actuales que han llegado á un gran refinamiento de civilizacion, están destinadas á comenzar en breve su período de decadencia, á arruinarse y perecer tan luego como completen su evolucion limitada de progreso.

La segunda escuela filosófica, la escuela jóven, que tiene fé en la perfectibilidad humana y la perpetuidad del bien, y que toma por punto de partida la naturaleza del hombre mismo y de la Creacion entera, en lugar de los sofismas de la historia,—esa escuela, digo, cree que las sociedades no decaen ni perecen por virtud de una ley ciega y fatal, sino por causas lógicas cuya influencia puede conjurar la voluntad humana. Y cree, tambien que, cuando esa decadencia y esa ruina aparecen, no son en realidad sino fenómenos del progreso humano, en virtud de los cuales los pueblos que abrigan en su constitucion un principio falso y nocivo, que son incapaces de producir la fórmula de la justicia y la verdad, son arrastrados por la ola irresistible del tiempo para dar lugar siempre á una sociedad mas sana y justa, á una civilizacion que se acerque mas al ideal de la humanidad.

Así, puede decirse que ningún pueblo está destinado de un modo absoluto á una alta civilizacion ni á la decadencia, la ruina y la trasformacion completa. El que tome la via de la libertad y la justicia, y tenga siempre valor para solicitar el grande ideal, vivirá progresando y modificándose sin violencia, hasta la consumacion de los siglos. El que no sepa comprender, solicitar ni realizar ese ideal, perecerá en el comun naufragio de la historia de los incapaces, á reserva de reaparecer transfigurado y rejuvenecido bajo las nuevas formas que la civilizacion irá creando…. Ambéres me pareció la confirmacion patente de esta filosofía del progreso con que se ha fortificado mi espíritu.

La civilizacion, que por lo comun se manifiesta en un sistema de compensaciones, ha debido muy nobles triunfos al genio de los ambaréses, en el ameno campo de la mas sublime de las bellas artes. Cuando Ambéres, por la decadencia de su antiguo comercio, parecia condenada á la oscuridad, surgió casi de repente en su seno una falange de hombres inspirados que, fundando la escuela brabantina en la pintura (llamada impropiamente escuela flamenca, por ampliacion) debia inmortalizar á los hijos de la antigua metrópoli comercial, prestando servicios eminentes al arte de Rafael. Las provincias de Flándes y Brabante habian sobresalido en ciertas industrias estrechamente ligadas con las artes del dibujo, tales como el bordado, la platería y joyería y la fabricacion de encajes y tapices. De ahí el hecho natural de que el dibujo, y con él la pintura, tomasen en aquellas provincias un vuelo muy notable desde la edad média.

Ya desde principios del siglo XV los célebres hermanos Huberto y Juan Van-Eyck habian creado en Gante y Brujas la escuela flamenca, feliz iniciadora de la independencia, la originalidad y el espiritualismo científico del arte; y Hemling y otros cuantos habian seguido mas ó ménos fielmente las huellas de los maestros. A su turno el Brabante habia entrado en el movimiento artístico, pero sin dar á sus producciones un carácter particular y bien determinado. El arte se resentia mucho de la imitacion italiana ó del giro que le habian dado las escuelas flamencas y holandesas. Fué del fin del siglo XVI al principio del XVII que Ambéres sintió surgir de su seno la pléyade inspirada que debia procurarle tanta gloria. Entónces aparecieron sucesivamente los grandes maestros cuyas obras embellecen los preciosos museos de Europa. De los obradores de Pedro Breughel, Van-Veen, etc., salieron casi en la misma época: Pedro Pablo Rubens, el maestro soberano (de 1577 á 1640); David Teniers (de 1582 á 1647); su hijo del mismo nombre, que le superó con mucho, sobre todo en la pintura de género ó de interior (de 1610 á 1694); Van-Dyck, el admirable discípulo de Rubens (de 1599 á 1641); Jordaens, que tanto se esforzó por imitar las mas voluptuosas creaciones del mismo maestro (de 1594 á 1678); en fin, los dos Seghers ó Zegers, Gaspar de Craeyer, Roose, Neefs, Snyders, Brill y otros notables, hasta Juan Erasmo Quellyn, que falleció en 1715, época en que el noble arte brabantino hubo de correr la misma suerte que el de casi todas las escuelas, decayendo bajo la presion que ejercieron sucesivamente las costumbres cortesanas de los tiempos de Luis XIV, la Regencia y Luis XV.

Es visitando el interesante museo de Ambéres, y sobre todo la catedral y las principales iglesias, que se puede admirar el alto grado de atrevimiento, originalidad, energía de expresion, riqueza de colorido y verdad imitativa a que llegaron los tres grandes maestros: Rubens en la pintura histórica, religiosa y de fantasía; Van-Dyck, en el retrato y la composicion religiosa; Teniers el jóven, en la pintura de cuadros domésticos maravillosos, llamada de género. Verdad es que las mas numerosas y mejores obras de Van-Dyck, en cuanto a retratos, se encuentran en Inglaterra, en el Castillo de Windsor: pero hay bastantes en Bélgica, y sobre todo en Ambéres, para dar idea del mérito de ese artista eminente. En cuanto á Rubens, cuya fecundidad y laboriosidad fueron prodigiosas, aunque su genio y su pincel están muy bien representados en todos los museos de Europa, Bélgica conserva los mejores, particularmente en el género religioso, del cual ofrece pruebas admirables la catedral de Ambéres.

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No pretendo fatigar al lector con apreciaciones especiales respecto de las obras artísticas de Ambéres,—apreciaciones que parecerían pedantescas de mi parte. Así, me limitaré á hacer una rápida mencion de los monumentos y objetos que mas llaman la atencion.

Entre la Plaza-Verde, donde se alza en medio de arboledas la hermosa estatua del admirable Rubens (quien, como se sabe, fué tan hábil artista como magistrado y diplomático) y la Gran-Plaza, donde se halla el Palacio de la ciudad (edificio notable, aunque bien inferior á otros de su clase en Bélgica); entre esas dos plazas, digo, se levanta con majestad la mole sombría de la catedral, monumento magnífico, sin rival, por su tamaño y su hermosura, en toda la region de los Países-Bajos. Mide 117 metros de longitud por 65 de anchura, data en su principio de 1352, y su arquitectura, que es de estilo gótico sencillo, imponente y grandioso, no encanta ménos en su recinto que en su admirable torre principal, la cual, sobre tener la enorme altura de 123 metros, embelesa al que la contempla, por la extraordinaria ligereza de sus formas y el atrevimiento y la perfeccion de sus primorosos calados, con justicia comparados á encajes.

En el interior, el golpe de vista es soberbio, al situarse uno en frente al coro. Dividida la catedral en siete naves sostenidas por seis órdenes de columnas (estructura única entre todas las catedrales) parece una selva de mástiles de piedras trepando hácia el cielo con la ligereza de cien enormes lianas. De resto, el interes del visitante se concentra en los colosales cuadros de Rubens, suspendidos á los dos lados del coro, que representan la Ereccion de la Cruz y el Descendimiento, y otro del mismo artista dominando el altar mayor, que manifiesta la Asuncion de la Vírgen. Si en lo relativo á vírgenes no he hallado nunca nada que me parezca superar las creaciones divinas de Rafael, Corregio y Murillo, en lo que toca á la representacion de Cristo parece imposible producir obras mas grandiosas y mas llenas de religion, ciencia y soberana poesía que las dos mencionadas de Rubens.

Despues de la catedral son muy interesantes, entre los monumentos religiosos: la iglesia de San-Jacoto, que mide cerca de 100 metros de longitud y la mitad de anchura, notable por su abundancia de cuadros de pintura y monumentos sepulcrales magníficos, y su gran riqueza de mármoles y ornamentacion; la iglesia de San-Cárlos, construida por los Jesuitas á principios del siglo XVII, enteramente análoga á las del mismo orígen en otros países, notable por su magnífica torre y su excesivo lujo de ornamentacion ó aparato; la iglesia de San-Pablo, rica tambien por sus adornos y cuadros interiores, y curiosa por un patio que tiene al lado de su entrada lateral, donde está representado el Calvario por estatuas de piedra distribuidas en medio de rocas y escombros artificiales; en fin, la iglesia de San-Andres, notable solamente por su magnífico púlpito de madera esculpida, objeto en que sobresalen sin rival muchas de las iglesias de Bélgica.

Aparte de muchos otros monumentos secundarios, pero todos históricos, que llaman la atencion en Ambéres, lo mas importante, despues de lo que llevo mencionado, es el Museo de pinturas. Su gran valor consiste en su especialidad, pues aunque contiene algunos cuadros de las escuelas extranjeras, se compone principalmente de obras nacionales y holandesas. Son muy numerosas las obras maestras reunidas allí, debidas al poderoso genio de Rubens, al sombrío pincel de Rembrandt, al fielmente imitativo de Van-Dyck, al admirablemente gráfico y chistoso de David Teniers (jóven), y al delicadísimo de algunos pintores en miniatura al óleo, en que abundan los museos flamencos, holandeces y brabantinos.

Si en su recinto es interesante Ambéres, fuera de sus fortificaciones ofrece á la vista del viajero objetos importantes. En su primoroso Jardin Zoológico, uno de los mas bellos y mejor surtidos y mantenidos en Europa, los Amberéses han probado su particular aptitud para esa clase de establecimientos. Si exceptuamos los jardines de ese género que hay en Paris y Lóndres, se puede asegurar que ninguno otro de Europa es comparable á los que en Bélgica y Holanda están consagrados á la botánica y la zoología. Y todavía, bajo el punto de vista de lo pintoresco y agradable, los de estos dos países son superiores á todos los demas.—Los Belgas y los Holandeses tienen el buen gusto de combinar la música y los goces sociales con el interes de la ciencia, lo que hace que, como mas adelante manifestaré, aquellos jardines sean en Ambéres, Brusélas, Amsterdam, Rotterdam, etc., escenarios interesantes y agradables bajo todos aspectos.

Adelante del Jardin zoológico de Ambéres se extienden campiñas muy bien cultivadas, y se prolongan magníficas alamedas, orilladas por casas campestres, jardines, huertos y pequeños parques pertenecientes á los ricos negociantes de la ciudad. El vasto y pintoresco arrabal que existe allí está destinado á hacer parte de la ciudad, tan luego como estén demolidas las actuales fortificaciones.—Cuando visitamos á Ambéres (no en 1859 sino en 1860, despues de recorrer la Holanda) habian comenzado los inmensos trabajos de las nuevas fortificaciones, cuya línea semicircular, alejándose bastante de la ciudad, le dejará desahogo y facilidad para ensancharse. La cuestion de esas fortificaciones agitaba mucho á la opinion belga en 1859, y la prensa, el Parlamento, el Gobierno y los hombres del arte se preocupaban muy seriamente con su solucion. Ambéres se sentia como estrangulada por sus murallas y fortificaciones, sin poder salir de su viejo carapacho de guerra, porque las necesidades sofísticas de la política exigian la subsistencia de ese elemento de defensa nacional.

El patriotismo se mostraba alarmado por los temores, fundados ó infundados, de nuevas conquistas de parte de Francia, temores que acababa de despertar la guerra de Italia. Se queria que en caso de invasion el gobierno belga contase con un refugio seguro en Ambéres, y para eso se creia indispensable mantener las antiguas fortificaciones, ó en caso de demolerlas construir otras nuevas y mas formidables. La segunda opinion triunfó, y el pueblo belga se impuso un sacrificio de cerca de 50 millones de francos, imputables al capítulo miedo y desconfianza, que hace tan gran papel en los presupuestos europeos. Es curioso notar cómo la amenaza y el miedo se ligan en Europa para mantener esta deplorable guerra de presupuestos y tarifas que se hacen con encarnizamiento los gobiernos! Todo se encadena de manera que los gestos y aun la reserva calculada de cada soberano producen su contragolpe en los demas Estados.

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CAPITULO IV.

BRUSELAS.

La sociedad belga bajo el punto de vista político.—Estructura general de Brusélas.—El periodismo y la librería.—Fisonomía moral de Brusélas;—su poblacion.—Monumentos civiles;—la casa municipal,—varios palacios.—Monumentos religiosos.—Museos, bibliotecas y estatuas públicas.—Jardines científicos.

Talvez no hay en el mundo pueblo ninguno que haya ofrecido en tan poco tiempo, como el belga, pruebas tan perentorias de la eficacia de la libertad ó del régimen que funda la prosperidad social en el imperio de la paz y de la opinion libre. Los extraordinarios progresos que ha hecho en medio siglo la América republicana se deben no solo á las instituciones, sino tambien á las inmigraciones, las ventajas del suelo, la novedad del país y el concurso que la Europa proletaria y oprimida le ofrecia, solicitando con avidez el Nuevo-Mundo.

En Bélgica los elementos han sido muy distintos: ese libre, honrado, sensato y laborioso pueblo no cuenta mas que treinta años de vida independiente y gobierno constitucional, y en tan corto tiempo ha hecho prodigios. Y sinembargo, tenia contra sí, en el interior, la division de su poblacion en dos ó tres razas, y la tradicion de muchas dominaciones extranjeras, que podian haber debilitado en el trascurso de tantos siglos el sentimiento nacional ó de independencia y libertad; y en lo exterior, el resentimiento de la Holanda, las pretensiones de la corte romana, y las contrarias influencias de Francia y Austria.

Pero el pueblo belga nutria un profundo espíritu de libertad y un alto sentimiento de dignidad que le hicieron comprender desde el primer dia sus verdaderos intereses. Por eso no solo ha resistido á seducciones deslumbradoreas por un lado, y por otro á todo consejo reaccionario, sino que, mostrándose prudente y animado de una voluntad firme, ha sobrepujado á todos los Estados del continente en la práctica fiel de las instituciones liberales y parlamentarias. Ello es que la Bélgica es un modelo en casi todas las manifestaciones actuales del progreso. Ella ha sabido aprovechar su feliz neutralidad, consagrándose á perfeccionar sus instituciones, en tanto que las demas naciones parecian preocuparse casi únicamente con las intrigas y el antagonismo de la ambicion política.

En Bélgica han encontrado asilo todas las ideas perseguidas ó sujetas á discusion; se ha mantenido la mas saludable actividad en la vida política,—sea en el parlamento y las corporaciones provinciales y municipales, sea en la prensa y las asociaciones privadas, sea en las elecciones y peticiones y en las grandes fiestas nacionales;—y el resultado de esa actividad política se manifiesta en la actitud de los partidos, en la importancia de sus debates ó luchas pacíficas, y en la estabilidad que ha adquirido la constitucion nacional, fundada en la libre manifestacion de todas las opiniones, en el respeto por todos los derechos, en la energía de las costumbres políticas y civiles. El pueblo belga está ya bien educado en la vida progresista, y su educacion, fruto de la práctica de la libertad, es la mas sólida y gloriosa, puesto que se la debe á sí mismo. Allí el rey no es mas que el símbolo popular de la permanencia del gobierno; Leopoldo y sus hijos son verdaderos ciudadanos; la fuerza de la autoridad reposa toda en la ley y la opinion; el país tiene confianza en sus mandatarios y representantes porque la tiene en sí mismo; las razas se han confundido en el amor comun á la independencia y la gloria nacional; la alianza entre el pueblo y la dinastía tiene su garantía en la libertad, y la nacion ha logrado poner en armonía dos elementos que siempre han sido inconciliables en Europa: la democracia y la monarquía hereditaria.

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Ninguna ciudad revela mejor en Bélgica esa alianza de lo pasado con el progreso moderno, que la bella, elegante y animada Brusélas, donde todo hace ver simultáneamente las viejas tradiciones y las esperanzas y reformas del tiempo presente, la justaposicion de dos razas y dos civilizaciones distintas. Brusélas, capital al mismo tiempo de la provincia de Brabante, ocupa una posicion pintoresca, demorando á orillas de un riachuelo, sobre el ancho lomo, las faldas y el pié de una colina notablemente elevada, en el centro de una llanura. Algunas colinas cierran el horizonte por un lado, y el vasto panorama que rodea la ciudad no carece de interes y hermosura. El orígen de Brusélas data del fin del siglo VI, muy humilde por cierto, pero su verdadera importancia no comenzó sino en el XII. Rodeada en otro tiempo par murallas y fortificaciones, el espíritu moderno las ha demolido para reemplazarlas con una cintura de boulevards ó magníficas calles de alamedas, estaciones de ferrocarriles, jardines públicos y privados, elegantes casas de campo, fábricas y arrabales considerables.

La ciudad está naturalmente dividida en dos partes por la configuracion del suelo en que demora: la parte baja y antigua, que tiene su centro en la Gran-Plaza y su admirable Hôtel de Ville ó Palacio municipal; y la parte alta y nueva, que se extiende sobre la planicie de la colina, y tiene su magnífico centro aristocrático y monumental en el Parque, que es el «jardin de las Tullerías» de Brusélas. Abajo vereis, si contemplais, la ciudad desde la Plaza del Congreso, un enjambre de calles y callejuelas formando laberintos, y monumentos y edificios de las mas diversas formas, que resumen por decirlo asíla historia de Brusélas hasta principios del presente siglo. Allí se alzan en confusion, sobre los techos de las viejas casas, las torres góticas de interesantes iglesias, la masa imponente del precioso Palacio municipal, las fachadas de grandes casas de estilo moderno y los techos de cristal de algunos edificios públicos. Allí circulan sin cesar los ómnibus y coches de alquiler, los carros llenos de mercancías, y hormiguea una poblacion activa y de buen carácter (sin contar la gran masa flotante de extranjeros ó transeuntes). Allí se encuentran casi todos los hoteles, las librerías, las imprentas, las fábricas y el gran movimiento del comercio y de los negocios de todo género.

Arriba no hallareis en la ciudad, cotada por los boulevards de Waterloo, del Regente, del Observatorio y del Jardin Botánico, sino palacios y edificios magníficos, sea al derredor del Parque, sea orillando la hermosísima Calle Real, sea recorriendo el espléndido barrio de Leopoldo, enteramente nuevo y aristocrático, llamado el West-End de Brusélas por comparacion al de Lóndres. Esa parte privilegiada de rusélas parece reservada á las clases altas, la ciencia y las bellas artes, á los hoteles donde se alojan los más ricos viajeros, y á los palacios donde residen los miembros de la familia real, los ministerios y los ministros extranjeros y donde tienen sus sesiones las cámaras legislativas. Allí, las calles tiradas á cordel y cortadas en ángulos rectos, las estatuas monumentales, los edificios de hermosas fachadas, los museos de todo género, las bibliotecas, el Observatorio astronómico, los preciosos jardines Botánico y Zoológico, en fin, cuanto manifiesta los progresos recientes, la vida política, intelectual y artística, la elegancia y el comfort, sin perjuicio de la sencillez.

Si del aspecto físico de Brusélas pasamos á observar la fisonomía moral de su poblacion (como he tenido ocasion de observarlo en dos años distintos), encontraremos tambien el contraste de dos tipos muy diferentes que coinciden con las dos grandes formas de la ciudad. En efecto, abajo está la poblacion brabantino-flamenca, y no se oye entre la muchedumbre y aún la clase média sino el acento áspero del flamenco modificado, que llaman el dialecto de Brusélas, ó se habla muy poco frances relativamente. Allí las costumbres conservan en todo los rasgos mas notables de la vieja sociedad semi-holandesa, y el tipo de las gentes tiene esa redondez de formas, esa frescura y robustez y esa sencillez mesurada que distinguen al holandes, aunque bastante modificadas.

En la parte superior de la ciudad, al contrario, nada hace recordar las tradiciones flamencas: allí todo es frances, todo hace recordar á Paris, todo tiene un aire singular de elegancia y buen gusto, de cultura y refinamiento en la vida social. En los conciertos del Parque, en los grupos que vagan por las anchas y sombrías alamedas, en los hoteles y cafés, en los jardines científicos, en los museos y bibliotecas y en todos los lugares de reunion, no se habla mas que frances, no se ven sino manifestaciones de las costumbres francesas ó extranjeras. Ese contraste de situacion ó de fisonomía social le da mucho interes á Brusélas, sea bajo del punto de vista de lo curioso y pintoresco, sea bajo el del fenómeno de la armonía que producen las buenas instituciones entre razas y civilizaciones distintas.

Brusélas, ciudad muy visitada por extranjeros, particularmente alemanes, ingleses y franceses, tiene una poblacion considerable relativamente a la de todo el país. La de la ciudad propiamente dicha no baja de 174.000 habitantes, que se eleva á mas de 284,000 computando la de los suburbios ó arrabales que casi se confunden con Brusélas. Esta capital es el gran centro del liberalismo belga, y no hay esfuerzo necesario en servicio del progreso que no se haga allí, espontáneamente y por la simple iniciativa individual. A esta se debe entre otras cosas la excelente «Universidad libre,» fundada allí en 1884 por los jefes del partido liberal, con el fin de hacer saludable competencia á la Universidad jesuítica de Malínas trasladada á Lováina.

Uno de los objetos que mas llaman la atencion en Brusélas es el vasto y fecundo movimiento de su prensa libre. Es increíble el número de imprentas y librerías que hay en esa ciudad, al servicio de todas las lenguas, de todos los espíritus, de todas las formas literarias, de todos los partidos, de todas las manifestaciones de la vida intelectual de Europa. En Brusélas no solo se publican muchos periódicos diarios, revistas, libros y folletos nacionales, sino que buscan seguro asilo innumerables escritores que carecen de libre publicidad en su patria. Los partidos franceses, italianos, rusos, alemanes y austríacos tienen allí, con mas ó ménos persistencia, órganos de libre accion moral; lo que hace que el periodismo belga tenga en Europa una importancia muy considerable. El libro ó folleto que no tiene cabida en las prensas de Paris, San-Petersburgo, Viena ó Madrid, encuentra segura proteccion en Brusélas para salir á luz y penetrar en todas partes. El jesuita y el republicano encuentran allí la misma hospitalidad para sostener su respectiva causa; y por mas que algunos reaccionarios empedernidos, ó algunos graves meticulosos, pretendan limitar ó perturbar la libertad de la prensa, la nacion siente que esta preciosa garantía hace parte integrante de su existencia. No hay obra interesante que se publique en Europa, en cualquiera de los mas notables idiomas, que no sea traducida ó reproducida en Brusélas á muy bajo precio. Por eso el número de libros que salen anualmente de las prensas de Brusélas es inmenso.

¿No es muy interesante el espectáculo de un pequeño pueblo que, favorecido por su libertad, se ha hecho el órgano comun de publicidad de todos los pueblos europeos? Por desgracia este saludable ejemplo es muy poco imitado por naciones que se jactan de ser superiores á Bélgica. Sinembargo, creo que el papel que ha desempeñado Brusélas en el movimiento tipográfico de Europa tiene sus inconvenientes para el pueblo belga, bajo el punto de vista literario. El hábito de producir ó reproducir las ideas de todos los demas pueblos, ha creado cierto cosmopolitismo de estilo y tendencias que no puede ménos que impedir la formacion de una literatura verdaderamente nacional. Ello es que en Bélgica, si se exceptúan las producciones de muy raros pensadores, y las que tienden á reconstituir una especie de nacionalidad flamenca literaria (de que luego trataré), no hay mas literatura que la francesa, como no hay mas teatro que el frances. Si en la política, en las bellas artes y en los intereses económicos Brusélas tiene vida propia y muy notable, en literatura no es, en rigor, sino un apéndice de Paris.

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No quiero fastidiar al lector con minuciosas descripciones de monumentos, museos y otros objetos análogos, respecto de Brusélas, despues de lo que llevo dicho acerca de Ambéres. Me limitaré á mencionar los objetos mas notables que hacen honor en la capital belga al arte y á la ciencia.

En clase de monumentos civiles Brusélas contiene algunos que no carecen de mérito, entre los cuales son notables: el Palacio de la nacion, donde se reune el Parlamento, agradable por su singular sencillez y excelente distribucion para su objeto; y el del Príncipe de Orange, donde tienen lugar las exhibiciones de pinturas y esculturas. Pero el tesoro de Brusélas es su admirable Palacio Municipal, obra soberana en su género. Es un trapecio de 80 metros de longitud y 16 de anchura, aislado sobre la Gran-Plaza, cuyas mejores obras, las de estilo gótico, datan del siglo XV. Su fachada de esa época es de gran mérito, pero la verdadera maravilla es la torre, que mide cerca de 114 metros de altura y embelesa por su prodigioso atrevimiento, la singular ligereza de sus formas y calados y la armonía elegante que reina en todos sus adornos y su construccion.

Entre los monumentos religiosos no citaré sino la bella iglesia ó catedral de Santa-Gudula y San-Miguel, que es uno de los mas bellos edificios religiosos de Bélgica, sencillo, pero sin la grandiosidad de otros análogos. Fué construido del siglo XIII al XVI, por lo cual sus diversas partes corresponden á estilos diferentes, aunque sin carecer de cierta armonía.

Brusélas es rica por sus museos de varias clases y sus bibliotecas, como es una de las primeras ciudades europeas por sus jardines botánico y zoológico. Aparte de la multitud de cuadros y objetos de arte interesantes que se encuentran en las iglesias, en los palacios y en otros edificios públicos, concentran la atencion del viajero el Palacio de la industria y el Museo nacional. El primero de estos edificios, bonito monumento construido en 1829 á expensas de la ciudad, es el equivalente del «Conservatorio de artes y oficios» de Paris. Allí están reunidos en vastos salones de varios pisos todos los objetos que manifiestan el progreso de la industria nacional, particularmente notable en la metalurgia y los tejidos. En el piso bajo del palacio se halla la Biblioteca real, rica y muy apreciable por su rara abundancia de manuscritos, preciosos en gran parte. No baja su número de 19,000, el de los libros impresos excede de 200,000, y el establecimiento se enriquece sin cesar, gracias á la liberal proteccion del Gobierno.

El Museo, edificio situado á muy corta distancia, contiene tres coleciones: en la parte superior, la vasta galería de pinturas, compuesta de unos 700 cuadros; en la parte baja, los museos de historia natural y mineralogía. La galería, aunque muy estimable por su variedad y el mérito de muchos de sus cuadros, no contiene sino un corto número de obras maestras del arte nacional, pues las mejores se hallan en las iglesias y catedrales belgas y en los museos de Ambéres y Gante. El museo de historia natural es muy rico, muy bello y uno de los mejor acondicionados que he visitado en Europa.

El viajero que se detiene en Brusélas no debe dejar de visitar el palacio del duque de «Aremberg», abierto siempre á los extranjeros con exquisita condescendencia. Allí se encuentran, en la biblioteca del duque, mil preciosidades de tipografía, escultura y antigüedades, y en una galería, cerca de 150 cuadros, casi todos de gran mérito, muchos de ellos delicadas miniaturas del arte flamenco y holandes.

Despues de eso, echad una ojeada á la Plaza-Real, donde se ostenta la magnífica estatua ecuestre de Godofredo de Bouillon; al elegante y suntuoso Parque, cerca del cual se ve la noble estatua consagrada al general frances Belliard, en memoria del reconocimiento de la independencia belga; á la pequeña Plaza del Congreso, donde se alza la soberbia columna de la Constitucion, desde la cual se contempla un magnífico panorama, y á la «Plaza de los mártires», en la parte baja de la ciudad, donde está el sencillo y muy curioso monumento consagrado á la memoria de los patriotas que sucumbieron en 1830 peleando por la independencia y la libertad. Todos esos monumentos hacen mucho honor á los Belgas: un pueblo que sabe mantener el culto de los grandes recuerdos patrióticos no será esclavo jamas.

Para completar la visita de Brusélas, dirigíos hácia el Jardin Botánico, y luego, á las cinco de la tarde, al Zoológico. Ambos deben su existencia a la iniciativa individual, si bien el primero es particularmente protegido por el Estado. El Jardin Botánico, muy felizmente situado en un área desigual de cuatro y media hectaras, al pié de un boulevard, tiene la ventaja de que todo el mundo puede admirar desde el camellon el conjunto gracioso de aquel templo de Flora. Sus inmensos invernáculos son de los mejores de Europa, y es en medio de sus bosquecillos que se ven las gentes mas elegantes de la ciudad, admirando los primores de la naturaleza ayudada por la ciencia y el arte.

El jardin Zoológico, que pertenece á una compañia de accionistas, es uno de los mas pintorescos de Europa, pero como apénas data de 1851 no tiene aún la abundancia de animales de cada especie que luego alcanzará. En el centro de sus graciosos bosquecillos se encuentra una plazuela dominada por un templete y rodeada de cafés ó cantinas, donde se reune por las tardes una numerosa concurrencia de extranjeros y gentes de la ciudad, asistiendo á conciertos musicales. Nada mas delicioso que uno de esos conciertos del arte humano al aire libre, en medio de los conciertos de la naturaleza formados por las mil voces de soprano y contralto, de tenor, barítono y bajo, que lanzan al viento los huéspedes aprisionados allí para representar el reino animal del mundo entero.

Así como se oyen en gritos, silbidos y gorgeos las voces de todos esos idiomas misteriosos que hablan los animales de toda especie, del mismo modo se percibe en los corrillos y grupos humanos del jardin el acento de todas las lenguas europeas. Se habla de todo alegremente: los bruseleses hacen sus comentos locales; los viajeros se narran mutuamente sus aventuras y excursiones recientes; los artistas, los políticos y los literatos departen sobre los ramos que cultivan; las mujeres conversan sobre modas, flores y otras bagatelas agradables; la música completa la seduccion del interesante espectáculo; y el viajero se aleja luego de Brusélas llevando las mas gratas impresiones de esa capital hospitalaria, elegante, animada, liberal y progresista.

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CAPITULO V.

EL PAIS FLAMENCO.

Idea general de Flándes.—La raza, la literatura y el arte flamencos. —Gante: su estructura y sus alderredores.—Monumentos é institutos civiles; el Beffroi y sus tradiciones.—Monumentos ó institutos religiosos; el Béguinage,—Objetos de arte; el Museo de pinturas; el Jardin botánico y el zoológico.

En el primer capítulo de esta parte de mi narracion he recordado al lector en breves palabras las diversas dominaciones á que estuvo sometido sucesivamente el país belga. Así, por lo que hace á Flándes en particular, solo añadiré que, habiendo formado en otro tiempo un solo cuerpo social y político, bajo el nombre de «condado de Flándes,» fué dividido á principios del último siglo en tres porciones: Flándes holandesa, que es actualmente la provincia llamada Flándes oriental; Flándes austríaca, ó sea la actual provincia occidental del mismo nombre; y Flándes francesa, que forma hoy el departamento del Norte en Francia.

Si geográfica é históricamente hablando el país flamenco de Bélgica se reduce á las dos provincias del Este y el Oeste, comprendidas entre la costa marítima, las fronteras francesa y holandesa y las provincias de Ambéres, el Brabante meridional y Hainau, en rigor la unidad etnológica es mas considerable, puesto que la raza flamenca no solo cuenta unos 790,000 individuos en la provincia oriental, 640,000 en la occidental y 440,000 en la de Ambéres, sino tambien un número respetable en el Brabante belga y otras provincias; alcanzando en su totalidad como 2,490,000 individuos que hablan la lengua y conservan las tradiciones de la nacionalidad flamenca.

Es evidente que de los dos grandes grupos que componen la nacion belga en lo principal (puesto que el grupo germánico es muy reducido relativamente), el flamenco es el que ha mostrado mas consistencia en su tipo moral, en la conservacion de sus costumbres y tradiciones, en la índole de sus instituciones municipales, y en su actividad industrial, agrícola y comercial. En el país flamenco todo tiene un sello característico, que se manifiesta igualmente en las fisonomías individuales, en la estructura de las ciudades y villas, en los monumentos é institutos religiosos, en la naturaleza de las industrias, en las bellas artes, en la lengua y en el sentimiento católico de la poblacion, generalmente adversa á las tendencias liberales que predominan en la poblacion francesa.

Gante, un tiempo capital del condado de Flándes, es el centro político y social de la provincia del Este, contando en su seno como 112,000 habitantes. La provincia, que es esencialmente agrícola y fabricante, posee algunos otros centros de poblaciones considerables, tales como San-Nicolas (con 22,000 hab.), Lokeren (con 17,200), Renaix (con 14,000) y Ecloo (con 9,500), localidades importantes por sus fábricas de tejidos de lino y otros objetos, ó por sus férias concurridas. En toda esa interesante provincia, como en la occidental, la agricultura ha alcanzado un alto grado de perfeccion, y sus productos son muy valiosos, particularmente en lino y cáñamo, destinados á la fabricacion, en remolachas, que alimentan á muchas fábricas de azúcar, granos oleaginosos, lúpulo, tabaco, cereales y papas.

Como toda la comarca es llana y carece de bosques generalmente, el país que se recorre yendo de Brusélas á Gante seria monótono y desapacible, si la agricultura no lo embelleciese con sus galas. No carecen de encanto esas llanuras casi enteramente niveladas, cubiertas de plantaciones de lino y trigos que ondean como lagos de verdura al soplo de las brisas, y salpicadas á trechos de grandes entables de remolachas ó papas, de pequeños tabacales, ó bien de grupos elegantes de plantas de lúpulo cuyos festones entrelazados y flotantes forman graciosos pabellones de un verde amarillento muy bonito. Ese conjunto de tintas variadísimas en la vegetacion, que hace contrastar el verde oscuro de los papales, el vivísimo de los tabacales y el pálido de las plantaciones de lúpulo y lino, con el matiz violeta de las remolachas y el algo confuso de las plantas oleaginosas; ese conjunto, digo, tiene su gracia particular, en el fondo del vasto horizonte donde se pierde la mirada al recorrer las provincias flamencas.

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He dicho al hablar de Brusélas que la literatura belga, en su parte francesa principalmente, se resiente, por su falta de carácter nacional, de la influencia que ejerce allí el cosmopolitismo de la prensa. En las provincias de poblacion flamenca sucede lo mismo, por causas diferentes, pero el fenómeno se manifiesta de otro modo. Allí se hacen los mayores esfuerzos por producir una especie de reaccion literaria ó de resurreccion de la lengua flamenca como instrumento literario, y hasta hora esos esfuerzos han sido de poca consecuencia. En Bélgica se halla el singular fenómeno del predominio oficial de una lengua, la francesa, que no es hablada sino por la minoría de los habitantes. En el norte y nor-oeste del país no se habla sino flamenco; en el este y sud-este se habla wallon, en el sur, frances; en otras provincias, el aleman algo corrompido. Pero aún reuniendo toda la poblacion no flamenca en un solo grupo, todavía es evidente su inferioridad numérica respecto de la que habla el idioma holandes. Y sinembargo, la lengua francesa le ha sido impuesta á todo el país como lengua oficial, obligatoria y exclusiva en los asuntos nacionales, y aun en muchos de carácter municipal.

Se comprende muy bien que esto haya contribuido mucho á enardecer la lucha de principios y tendencias que divide á los dos grandes partidos belgas. En efecto, el frances es allí la lengua de los liberales progresistas, como el flamenco es, en lo general, la lengua del partido conservador ó «católico»; y como algun idioma habia de prevalecer en el mundo oficial para evitar la anarquía, es natural que el partido dominante haya impuesto la suya, que es el órgano del liberalismo europeo derivado de la Reforma y la Revolucion francesa. Los Flamencos alegan contra ese predominio el ejemplo de Suiza, donde las tres lenguas principales coexisten bajo el pié de la igualdad perfecta, al ménos en el Parlamento. Pero los liberales replican que no siendo Bélgica una confederacion de Estados autónomos, no es aplicable aquel ejemplo.

Una circunstancia que contribuye mucho á apasionar la competencia de idiomas es el recuerdo de las dos últimas dominaciones extranjeras que pesaron sobre el país. Los liberales, por espíritu de independencia nacional, rechazan la lengua que les recuerda la dominacion holandesa de quince años; miéntras que los flamencos ó conservadores, animados del mismo espíritu, rechazan el idioma frances como el símbolo de la dominacion que Francia impuso al país desde fines del siglo pasado hasta 1814.

Ignoro si el idioma flamenco tiene sólidos elementos de vitalidad, y si él puede servir para reconstituir una literatura original y respetable en los tiempos actuales. Pero sí me parece evidente que la lengua francesa tiende á absorber todas las fuerzas intelectuales del pueblo belga, y gana terreno dia por dia; y creo tambien que los flamencos que han tenido la generosa aspiracion de reconstituir la literatura propia han tomado el peor camino posible, comprometiendo así el éxito de su empresa, á cuya cabeza se ha visto á escritores de talento tales como Enrique Conscience, Renier, Snieders, Dautzenberg, Van Duyse y otros que no carecen de valor. Esos escritores, en vez de servirse de su lengua para defender la libertad y el progreso, la han despopularizado, haciéndola servir de instrumento reaccionario, contra la corriente del siglo. De ese modo su labor era doble, pues debían resucitar al mismo tiempo el cadáver del derecho divino (ó del ultramontanismo) y el cuasi-cadáver de la muy modesta literatura flamenca. Es curioso notar que los periódicos y libros que se publican en lengua flamenca son, con rarísimas excepciones, retrógrados por sus tendencias. Una lengua que voluntariamente se pone al servicio de los muertos, de las causas perdidas, no puede ménos que sucumbir, como instrumento literario, corriendo la suerte del latin, porque toda lengua, siendo el instrumento de las ideas, no puede regenerarse si no representa tendencias é intereses de regeneracion.

Creo que poco mas ó ménos puede decirse lo mismo de las bellas artes que de la literatura flamenca, pero con esta diferencia: que en realidad la antigua literatura de Flándes tuvo muy poca importancia, miéntras que, al contrario, las bellas artes tuvieron muy notable influencia y renombre en Gante y Brujas, en términos de haber formado escuelas y producido numerosísimas obras magistrales en materia de pintura. Si los museos actuales atestiguan el alto grado de adelanto á que llegó la escuela flamenca en el arte de los Van Eyck y Memling, no son ménos preciosos los monumentos que en Gante y Brujas, como en Ambéres y Brusélas, indican los progresos que hicieron la arquitectura y la escultura; así como en los museos de antigüedades se ven las pruebas del perfeccionamento que alcanzaron otras artes, tales como el dorado, la cinceladura, la joyería, el bordado, etc.

Sinembargo, es preciso reconocer que, no obstante los laudables esfuerzos que hacen los artistas de hoy por mantener vivas las tradiciones de los Flamencos, están muy léjos de haber alcanzado grandes resultados. La regeneracion de las bellas artes corre y debe correr parejas con la de las ideas y las costumbres: y así como hoy no es posible reconstituir ninguna literatura con elementos gastados é ideas que han terminado su época, tampoco es dable producir la regeneracion artística, si el artista no busca sus inspiraciones en las necesidades, las creencias y las situaciones modernas. El arte que no entraña la revelacion característica de su época, no es el arte verdadero, si no una mala copia, una exhumacion infecunda,—reaccion impotente que lleva en sus tendencias mismas el gérmen de su ruina.

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Todo viajero que quiere darse cuenta del panorama de Gante y comprender un poco la complicadísima estructura de esa interesante ciudad (patria del funesto emperador Cárlos V de Alemania y rey de España) comienza por subir á lo mas alto del Beffroi, monumento curioso bajo todos aspectos, eminentemente histórico de Gante, y característico de casi todas las antiguas ciudades flamencas y holandesas, que lograron en otros tiempos hacerse otorgar por sus soberanos cartas de franquicias, privilegios y libertades. El Beffroy, edificio comenzado desde fines del siglo XII y situado en el centro mismo de la ciudad, es, por decirlo así, el símbolo histórico de las libertades municipales, las antiguas glorias, las cruentas luchas civiles y las viejas instituciones y costumbres de los ganteses. Era en virtud de privilegio real que los ciudadanos de Gante, enregimentados en corporaciones industriales, siempre celosos por sus libertades y monopolios, tenaces, indomables, arrojados y resueltos, mantenian su enorme torre municipal (el Beffroi) como un atalaya en constante vigilancia. Desde allí se observaban los movimientos del enemigo (el soberano) y las campanas de las torres convocaban á los ciudadanos á armarse y defenderse, cuando la libertad ó los privilegios estaban en peligro, ó á deliberar en las plazas públicas sobre los graves asuntos de interes común que se suscitaban.

Hoy la curiosa historia de la torre no es interesante sino por las tradiciones que hace evocar, puesto que la libertad ha dejado de ser un privilegio ó fuero de ciudades para convertirse en derecho popular, irrevocable y fundamental del órden político y social. El Beffroi es sinembargo muy curioso por su magnífico juego de 44 campanas, que forman sinfonía cada vez que el reló marca una medida del dia. La enorme torre mide hasta la tercera galería, donde están las campanas, 118 metros de altura y todavía la coronacion del edificio se eleva de allí unos 36 metros. El mecanismo de aquella gran orquesta de campanas, que agrada tanto á los ganteses, es muy curioso, y el viajero no puede ménos que examinarlo con entretenimiento, como un objeto característico.

Desde allí se contempla un panorama singularísimo, que no puede tener semejanza sino en Brujas, y hasta cierto punto en algunas ciudades holandesas. En derredor se dilatan en vastísimo horizonte las llanuras flamencas, tan interesantes por sus cultivos, sus canales y polders, ya que no por la topografía que es monótona. Donde quiera caseríos ó pequeñas localidades, casas de campo, cortijos y sementeras muy diversas; el Escalda y el Lys, que tienen su confluencia de un lado de la ciudad, surcan perezosamente las llanuras, difundiendo en todas partes, con sus aguas hábilmente aprovechadas, la vida y la riqueza,—ora alimentando los canales de irrigacion y los de activa navegacion, ora facilitando los trabajos de innumerables fábricas, manufacturas, ingenios y molinos. El juego de los dos rios, del canal de Brujas, del gran canal que conduce directamente al mar, de tantas acequias de irrigacion, y de los numerosos ferrocarriles y excelentes caminos carreteros que giran en todas direcciones, es sumamente interesante, y da mucha animacion al inmenso panorama de verdura que rodea á la gran ciudad flamenca.

Pero si se contrae la mirada á la masa irregular de la ciudad, ella se pierde en el extraño laberinto de tantas calles estrechas, tortuosas, extravagantes; de tanto canales que serpentean en el seno de la ciudad, cortándola en todas direcciones, enlazándose ó bifurcándose de cien modos; de un enjambre de monumentos, de casas antiquísimas, singulares en todo, ora mostrando sobre las calles y plazas sus curiosas fachadas, era alzándose en tortuosas hileras sobre los canales, en cuyas aguas fangosas hunden sus cimientos y sus gruesos muros. Por todas partes se ven edificios públicos que hacen recordar las glorias ó las tradiciones flamencas, ó que manifiestan los progresos modernos. Por todas partes tambien primorosos jardines y huertos, y fábricas de todas clases, que indican la índole de la ciudad bajo el punto de vista económico. Gante, en efecto, no solo mantiene relaciones de comercio muy considerables, sino que, ante todo, es el centro de una fuerte y muy valiosa fabricacion, consistente principalmente en tejidos de lino, algodon y seda y muchos artefactos importantes. Pero si Gante es bajo ese aspecto la Manchester de Bélgica, no es poco importante el cultivo que hace de hortalizas y flores. Sus jardines son afamados y proveen de plantas á los de muchas comarcas de Europa, en considerable cantidad.

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No me detendré en pormenores respecto de los interesantes monumentos civiles y religiosos de Gante, ni de sus institutos y establecimientos de diversas clases, porque una exposicion minuciosa exigiría muchas páginas que, de mi parte, serían necesariamente muy deficientes. Apénas mencionaré lo mas interesante, haciendo notar varios objetos que merecen particular atencion.

En clase de monumentos civiles son dignos de interes por varios motivos los palacios Municipal, de Justicia y de la Universidad, y la Casa de reclusion, que en su género es en Europa un magnífico modelo. El vasto palacio de la ciudad (Hôtel-de-Ville) es uno de los mas bellos monumentos de su clase en Bélgica y en el norte de Europa. Su parte interior nada tiene de notable, pero el exterior, grandioso por sus proporciones, es sumamente curioso por el contraste que ofrecen sus dos fachadas magníficas; la una enteramente gótica, pero del gótico florido y flamante del siglo XV,—extraordinaria por su ornamentacion; la otra de estilo italiano ó del Renacimiento, dividida en tres órdenes superpuestos de columnatas, dórico abajo, jónico en el medio y corintio en el superior.

El palacio de Justicia es notable por la majestad de su conjunto, corresponde al órden corintio, y es el mas moderno de los palacios de Gante. Aunque notable tambien por su conjunto, el palacio de la Universidad lo es mas por su excelente distribucion interior y la magnificencia de su rotunda Ademas de lo que corresponde especialmente á la Universidad y á varias escuelas anexas, el edificio contiene un buen museo de historia natural y algunas colecciones numismáticas y de antigüedades que no carecen de mérito.

Bajo el punto de vista social la casa de reclusion es sin duda el edificio mas interesante. Se halla hácia el vértice del gran triángulo irregular formado por la ciudad, y su terminacion data de 1825. La forma general de aquella penitenciaria tiene mucha analogía con la del Milbank de Lóndres, pues se compone de ocho cuerpos triangulares, tendidos como aspas, tocando en sus vértices á grandes patios ligados á otro central. El edificio puede contener hasta 2,600 reclusos, pero ordinariamente no se numeran sino unos 1,200, exclusivamente varones. La pena de muerte subsiste legalmente en Bélgica, pero es muy rara vez aplicada, gracias al progreso de las ideas y las costumbres y á la excelente organizacion de las penitenciarias. La de Gante, muy análoga á las de Suiza, es notable por el órden, la compostura y el aseo que reinan en ella. Los varios pisos de los ocho triángulos están aplicados de modo que los condenados á trabajos forzados á perpetuidad se hallan en la parte baja, enteramente separados de los reclusos ménos culpables. Los presos trabajan en comun, muy vigilados, en hilados, tejidos y otras operaciones, cuyos productos sirven para el vestuario del ejército; formándose con ciertas economías un fundo de capital para los reclusos. Es consolador observar que en todas partes el desarrollo de la libertad corre parejas con la mejora del régimen penitenciario, como se ve en los Estados de Norte-América, en Suiza, en Bélgica, en Báden y en la Gran Bretaña.

El clase de monumentos religiosos, Gante posee tres de mucho mérito, sea por su estructora ó estilo arquitectónico, sea por sus preciosidades interiores: tales son la catedral de San-Bavon y las Iglesias de San-Nicolas y San-Pedro. Cada una de ellas es un rico museo de pintura y escultura, donde se ostentan en todo su brillo las obras de la fecunda escuela flamenca, que ejerció tan poderosa influencia sobre el arte en el norte de Europa. Donde quiera primorosos pulpitos de maderay mármol, ricamente esculpidos, género de obras en que los Belgas han tenido gusto, originalidad y habilidad especiales. Donde quiera, en todas las iglesias, particularmente en San-Bavon (templo magnífico fundado en el siglo X y terminado en el XVI), una extraordinaria profusion de tumbas y monumentos de mármol muy notables, y sobre todo de obras maestras de pintura, en que revelaron su genio y habilidad los Van Eyck, Van der Meiren, de Causyer, De Crayer, Pourbus, Maes, Jonssens, Zegers, Roose, y tantos otros artistas flamencos de primer órden.

En materia de institutos religiosos hay en las ciudades flamencas un género sumamente original y curioso, que no se encuentra en ningún otro país: hablo de los Béguinages y las Beguinaes, palabras que no tienen traduccion literal en español, á no ser que se les dé la de Beaterios y Beatas, que no concuerda rigorosamente con el carácter de aquellos institutos. Los pueblos católicos del mediodía han tenido su símbolo de la ociosidad ascética en el convento y el monasterio; los protestantes los han abolido abiertamente como contrarios al interés social. Pero los católicos de Flándes, al ménos respecto de las mujeres, han apelado al beaterio como una transacion ó término medio entre el bullicio del mundo y los votos monásticos perpetuos, entre la completa ociosidad piadosa del claustro y cierta actividad en el ejercicio de la caridad y la enseñanza. Asícomo la Iglesia ha sido durante tantos siglos una potencia dentro del Estado, el Béguinage es una pequeña ciudad extranjera en el seno de la ciudad civil.

El de Gante se halla, como sus análogos de Bélgica, situado en una de las extremidades de la ciudad, equidistante casi de la antigua y la nueva ciudadela. Podría llamársele la ciudadela del ejército clerical. Confieso que no tenia idea de un objeto tan original como aquel. El Béguinage, completamente encerrado por altos muros que parecen fortificaciones, del lado de la ciudad, y por fosos ó canales del lado de las campiñas exteriores, abarca un área bastante considerable. Al penetrar por la portada principal nos hallamos en una inmensa plaza irregular, hacia la cual afluyen cinco ó seis calles, y en cuyo centro se levanta la mas considerable de las dos capillas ó iglesias del establecimiento. Todas las calles están formadas por hileras de casitas perfectamente iguales, ó al ménos muy semejantes, habitadas cada cual por una ó varias beatas ó beguinas. Las casitas son todas pintorescas, en número de 400, sin contar 18 salones comunes, y en cada una se ve escrito en la puerta el nombre de un Santo, probablemente el de la devocion de la beata habitadora. Regularmente hay como unas 700 beguinas en el establecimiento, y no bajan de 1,600 las de toda la Bélgica.

Las mujeres que allí viven en cuasi-comunidad no son sino cuasi-religiosas, puesto que no hacen sino cuasi-votos. En efecto, les es permitido salir á la ciudad, recibir visitas y tratar con el mundo, y aun dejar completamente el establecimiento, cuando gusten. El instituto parece tener por objetos principales la beneficencia, la piedad religiosa y la enseñanza de niñas. Sus trabajos ordinarios consisten en la fabricacion de encajes. Eran las cinco de la tarde cuando entramos á la iglesia principal, con la curiosidad de ver reunidas á las beguinas al cantar las vísperas. Poco á poco fueron llegando de todas sus habitaciones y arrodillándose conforme á cierto órden; todas vestidas con un sayon negro de sarga y una cofia blanca de forma particular, y provistas de enormes camándulas y de unos paños ó grandes servilletas de lino muy almidonadas y aplanchadas, que llevaban sobre el brazo izquierdo. Al entrar á la iglesia cada una desdoblaba su paño blanco, y con suma prontitud se lo acomodaba en la cabeza, atado con alfileres, dándole la forma extraña de una especie de cartucho horizontal. Despues comenzó el canto, y los himnos entonados por seiscientas ó mas voces femeninas de muy diversos tonos llenaron la iglesia y la plaza circunvecina de una armonía melancólica y singularísima que nos impresionó mucho.

Dos palabras mas para terminar este capítulo que se prolonga demasiado. El viajero no puede ménos que visitar con interes la Academia de bellas artes, á la cual asisten muchos centenares de alumnos. Sinembargo, el Museo de pinturas está muy léjos de corresponder á lo que uno se promete de él. No faltan obras de mérito, pero es muy rara la que puede llamarse magistral, toda vez que las iglesias contienen los mejores cuadros del país. En compensacion, y reservando para la descripcion de Brujas otros rasgos notables que le son comunes á Gante, los jardines de esta ciudad encantan al viajero. El Zoológico, muy nuevo todavía, pero ya bastante rico y hábilmente distribuido, hace honor á los ganteses; pero le es muy superior el Botánico, lleno de gracia y magnificencia en todo, inmensamente rico y mantenido con el mayor esmero y notable provecho para la ciencia y las artes agrícolas.

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CAPITULO VI.

LA REGION MARITIMA.

La ciudad de Brujas; aspecto genera.—Monumentos é institutos diversos.—Objetos de arte y prácticas religiosas.—Ostende; su panorama; sus baños; su sociedad.—El comercio y la pesca de los Belgas.

La via férea que conduce de Gante á Brujas, tocando en tres pequeñas villas, se recorre en poco mas de una hora y carece de todo interes, á causa de la monotonía ó tristeza del paisaje. La provincia occidental de Flándes es notablemente inferior en riqueza, poblacion y actividad á la oriental, no obstante la posesion de dos puertos marítimos, el de Ostende y el de Newport ó Nieunpoort. El territorio es arenoso y casi estéril hácia la costa; la produccion agrícola y fabril es en todo análoga á la de la provincia oriental; los ferrocarriles, muchos canales importantes, en comunicacion con el mar, el Escalda, el Lys, etc., y numerosas carreteras, favorecen el movimiento social y económico de la provincia, que tiene por capital á Brujas, ciudad en otro tiempo floreciente y hoy relativamente decaída. La poblacion de Brujas que llegó á ser de mas de 200,000 almas hácia el fin de la edad média, está hoy reducida á cerca de 50,000, de las cuales muchas viven en la mendicidad.

Otra ciudad de esa provincia que ha decaído mucho tambien es Ipres ó Iperen, plaza fuerte y ciudad muy antigua que fué un gran centro de fabricacion de tejidos, hoy reducida á 17,000 habitantes, en vez de 200,000 que, dicen, llegó á contar. Los demas centros importantes de poblacion fabricante en la provincia son: Courtrai, ciudad muy productora (con 23,000 habitantes); Thielt, Poperinghe y Roulers ó Rosselaere (cada una con 11,000 habitantes), y Menin y Thourout (que tienen de 8 á 9,000); sin contar el importante puerto de Ostende que reune poco mas de 16,000 vecinos.

El aspecto de Brujas es muy triste, no obstante el interes que inspiran sus muy curiosas construcciones de todo género, que conservan profundamente grabado el sello característico de la edad média. La ciudad tiene la forma de un gran óvalo, circundado por un canal ó gran foso que mantiene la comunicacion entre los seis grandes canales de navegacion que afluyen á Brujas, de Ostende, Gante, Newport y otros puntos de la provincia, y los pequeños canales que cortan la ciudad en diversas direcciones, facilitando las operaciones comerciales. Uno de los de gran dimension, el que conduce á Ostende, es una obra magnífica que se presta á la navegacion de los mas grandes buques marítimos, y fué á ese medio de comunicacion que Brujas debió en otros siglos su importancia como gran centro comercial europeo, ó mejor dicho, universal.

Si las campiñas de vastísimo horizonte que rodean á Brujas son notablemente análogas á las de Gante, desde la cima del alto Beffroi de aquella (108 metros de elevacion) que el pueblo llama la Gran torre, se alcanza á ver un objeto que aumenta mucho el interes del cuadro. El mar del Norte, tumultuoso y amenazante en la costa de Ostende, se ostenta con majestad como una inmensa onda de plata pronta á inundar las comarcas flamencas. Pero al descender de la Gran torre (monumento gracioso y de noble sencillez, cuyo juego mecánico de campanas es superior) se nota en la pobre Brujas un aspecto social muy diferente del de Gante. Ninguna actividad en los negocios ni la vida; las calles desiertas, tanto mas tristes cuanto que son mucho mas anchas y limpias que las de Gante; el silencio reina en todas partes…. Brujas, tan opulenta y animada en otros tiempos, no es hoy sino una inmensa ruina de edificios y monumentos intactos; un vasto museo donde todo es curioso en las cosas materiales, y todo triste y lamentable en las sociales y morales. Donde quiera bandas de mendigos;—comisionistas ó ciceroni que incomodan con suma impertinencia, ofreciendo sus servicios al extranjero;—signos de pobreza y estancamiento en todo.

¿Por qué tal decaimiento en una ciudad que fué la lujosa corte de los duques de Borgoña, como condes de Flándes, que fué el centro y depósito de las artes y del comercio del mundo desde el siglo XIV hasta fines del XVI, y en cuyo seno prosperaron tantas industrias y vivieron los nobles y ciudadanos con extraordinario lujo?… Se alega que Ambéres ha rivalizado á Brujas en el movimiento comercial, que Flándes ha perdido su antigua Corte, y que otros pueblos han reemplazado al flamenco en importantes industrias que ántes alimentaban su comercio. Eso es cierto; pero ¿cuáles son las causas de la decadencia? Es que las ciudades y las naciones decaen solamente por virtud de la prosperidad de sus rivales? No! semejante idea sería una heregía contra la ley divina y social de la armonía del progreso. Ningún pueblo degenera ó decae por contragolpe del progreso natural de otros, sino por sus propias faltas ó las de sus gobiernos é instituciones, ó porque su anterior prosperidad, fruto del monopolio artificial, ha sido en gran parte ficticia. Todo lo que es artificial es débil y fácilmente perecedero, y si la violencia agrava luego el mal fundamental, tanto peor.

Flándes fué un emporio, y sobre todo Brujas, en tanto que la independencia nacional fué el estímulo poderoso que animara al pueblo flamenco. Pero este pueblo no supo comprender la libertad sino á medias, es decir la libertad convertida en privilegio,—exclusiva para las ciudades, nula para los paisanos, y en la ciudad misma fundada en el régimen del monopolio. Cada industria quedó organizada en corporacion privilegiada que rechazaba toda competencia. De ahí un gérmen de ruina bajo la transitoria prosperidad de las ciudades que tanto se esforzaron por obtener privilegios exclusivos para el comercio, la fabricacion y la industria. El dia que asomó la competencia en otras comarcas, las ciudades que habian obtenido la riqueza artificial del monopolio se arruinaron.

En Flándes la dominacion española apuró los motivos de futura ruina. La guerra, la tiranía, el egoismo dinástico y todas las consecuencias de la union artificial en que se hallaron España, el Imperio germánico y los Países-Bajos, hubieron de apresurar la decadencia. La persecucion contra los protestantes de Francia, Bélgica y otros países del continente, obligó á los perseguidos, gentes eminentemente industriosas y honradas, á refugiarse en Inglaterra, en Holanda y Suiza y trasladar allí sus industrias, modificando forzosamente la situacion de los intereses económicos. Por último, es preciso reconocer que el predominio de las ideas clericales en Flándes, deteniendo el vuelo de la regeneracion popular, ha debido embarazar mucho en los tiempos moderaos el progreso. Brujas ofrece una prueba notable en ese sentido.

Aquella ciudad, lo repito, no ofrece hoy interes sino como un museo, pues son numerosos sus monumentos de todo género dignos de atencion, particularmente á los ojos del artista. Citaré muy de paso, como los mas notables del órden civil: el Hôtel-de-Ville ó palacio municipal, edificio bien inferior á otros de su clase en Bélgica, pero notable por la gracia de su arquitectura gótica; el Palacio de Justicia, interesante por sus tradiciones históricas, y curioso por algunas esculturas y la magnífica chimenea consagrada á Cárlos V que decora una de las salas; y el Hospital-de-San-Juan, que contiene en una pequeña sala las prodigiosas obras de Memling, tan célebres entre los aficionados á la pintura, entre las cuales se distingue el primoroso relícario, cubierto en su cuerpo y sus abras de pinturas que representan la vida de Santa Ursula, la tríptica consagrada al matrimonio místico de Santa Catarina y el cuadro que imita la adoracion de los magos.

Bélgica es un país clásico de preciosas iglesias que son todas museos artísticos; pero tambien es el país clásico de la especulacion con las iglesias. Cada una de estas es administrada por alguna congregacion que hace entrar en sus prácticas piadosas la de vender á todo curioso la simple vista interior de cada templo. Mediante dinero fué que logramos visitar las iglesias de Brujas, como casi todas las demas de Bélgica. Todos los monumentos religiosos de Brujas son interesantes por sus riquezas artísticas; los mas notables son: la Catedral ó iglesia de San-Salvador, insignificante por su arquitectura, pero llena de preciosidades de escultura y pintura; la iglesia de Nuestra-Señora, cuya torre tiene proporciones imponentes, y la graciosa iglesita ó capilla de la Santa-Sangre, que dicen debió su nombre á unas cuantas gotas de muy legítima sangre de Jesucristo traida de Jerusalen por un conde flamenco…. De resto, merece tambien una visita la Academia de artes de dibujo, cuyo museo, bastante pobre y mediocre, no interesa sino por algunos cuadros de Memling y los hermanos Van Eyck.

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Contáronme en Brujas que allí, como en Gante, los maestros y compañeros que componen las tradicionales corporaciones de artes, industrias y oficios, conservan muy curiosas costumbres respecto del modo de iniciacion ó admision de un nuevo miembro. Así, por ejemplo, cuando álguien va á incorporarse en la comunidad de los aguadores, el neófito es conducido á una llanura en procesion y colocado sobre un tonel á guisa de tribuna; allí arenga y contrae sus empeños, y en seguida el jefe de la corporacion le vierte en la cabeza un cántaro de agua, aunque sea en el rigor del invierno. Al punto los compañeros de oficio echan mano á los barriles de agua que tienen listos en derredor, y cada cual lanza sobre el infeliz postulante un torrente que lo emparama y entumece. Cuando el pobre diablo no puede moverse y parece exánime, se le conduce en procesion á una taberna, donde el aguardiente, administrado por dentro en gran cantidad, neutraliza los efectos del baño y completa la fiesta de los aguadores. El método no deja de ser brutal, pero no carece de lógica, por via de experimentacion hidroterápica entre gentes que viven siempre en contacto con el agua.

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La transicion que se hace de Brujas á Ostende es tanto mas sensible cuanto que se verifica en poco mas de média hora. En vez de una ciudad antigua y solitaria en medio de su vasta llanura, es una ciudad moderna, graciosa, elegante, donde al estruendo magnífico del mar se junta el bullicio de una sociedad eminentemente promiscua, europea en toda la acepcion del término, ávida de placeres, curiosa de novedades y enteramente ocupada en pasar el tiempo alegremente.

El panorama de Ostende es uno de los mas bellos y curiosos que se pueden hallar en las costas europeas del Norte, no obstante la ausencia absoluta de una topografía pintoresca, tal como se encuentra en otros puntos. En Ostende la naturaleza no tiene mas encantos ni mas acentos que los del mar: todo lo demas es obra del hombre. Allí se encuentran frente á frente la sociedad humana, con todas sus pasiones, sus vanidades y caprichos, y la inmensidad del mar, con todo su misterio, su infinita majestad, su asombrosa elocuencia y sus tesoros inagotables de poesía…. Ningún intermediario, ningún testigo entre las dos potencias, si no son las formidables fortificaciones de la ciudad, símbolos de la guerra,—ese delirio de los pueblos que suele tener por cómplice á la onda colérica del mar!

Ostende es célebre en Europa por sus baños de mar, sus ostras y sus pesquerías de arenques y bacalao. Si en Ambéres se manifiesta la actividad comercial de los Belgas, en Ostende tiene su centro ó base principal la importante industria de la pesca, que produce anualmente valores bien considerables; sin perjuicio del comercio general que se hace por ese puerto, gracias á su canal y su ferrocarril. Es á Ostende que afluyen los vapores belgas ó ingleses que hacen el servicio permanente de las comunicaciones con los puertos de Lóndres y Dover, ademas de la línea entre Lóndres y Ambéres. Es de Ostende tambien que parten todos los años las numerosas flotas de barcas pescadoras, á buscar en el mar de Noruega y todo el mar del Norte su abundante provision de harenques y bacalao, que tienen tan extenso consumo en Europa, en competencia con el producto de la pesca holandesa. Bien sabido es tambien que Ostende especula con la cria permanente de sus renombradas ostras. Como las costas arenosas de Bélgica no pueden abrigar á esos moluscos, los pescadores belgas van á buscarlos á las costas de Inglaterra para aclimatarlos en ostreras artificiales de donde salen al consumo.