The Project Gutenberg eBook of Viajes de un Colombiano en Europa, segunda serie
Title: Viajes de un Colombiano en Europa, segunda serie
Author: José María Samper
Release date: February 14, 2005 [eBook #15054]
Most recently updated: December 14, 2020
Language: Spanish
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VIAJES DE UN COLOMBIANO EN EUROPA
POR
JOSÉ M. SAMPER.
SEGUNDA SERIE SUIZA Y SABOYA.-ALEMANIA DEL RIN.-BÉLGICA.-FRANCIA. PARIS
IMPRENTA DE E. THUNOT Y Cª,
CALLE RACINE, 26.
1862
A MONSIEUR LE PRÉSIDENT DE LA SOCIÉTÉ D'ETHNOGRAPHIE ORIENTALE ET AMÉRICAINE DE FRANCE.
MONSIEUR,
Désirant vivement donner à la savante Société dont vous êtes le digne président, un témoignage de ma reconnaissance et de mon attachement, j'ai l'honneur de vous prier d'accepter la dédicace que je suis heureux de faire à la Société d'Ethnographie, du second volume de mes Voyages en Europe.
Veuillez accepter aussi, mon savant et respectable collègue, l'assurance de ma considération la plus distinguée.
JOSÉ M. SAMPER.
Paris, le 1er juillet 1862.
ÍNDICE.
A MONSIEUR LE PRÉSIDENT DE LA SOCIÉTÉ D'ETHNOGRAPHIE
ORIENTALE ET AMÉRICAINE DE FRANCE v
INTRODUCCIÓN. 1
PRIMERA PARTE
SUIZA Y SABOYA.
CAPÍTULO I.—DE PARIS A GINEBRA.—La Francia centro-oriental.—Los paisanos franceses.—Las campiñas bresanas.—La vuelta del vencedor. 7
CAP. II.—IDEA GENERAL DE SUIZA.—Configuracion orográfica.
—Hidrografía.—Historia de los Suizos.—Instituciones políticas
—Division general del país. 19
CAP. III.—GINEBRA.—Geografía del Canton.—El lago Laman.—Resúmen histórico.—Estructura general de Ginebra.—Sus condiciones políticas y sociales.—Monumentos é instituciones públicas.—Las casas de prision.—Ginebra como centro social europeo. 38
CAP. IV.—LOS ALPES SABOYARDOS.—Los compañeros de viaje.—La hoya del Arve.—El valle de Chamonix.—El grupo del Monte-Blanco.—Las neveras.—Contrastes naturales y curiosidades. 58
CAP. V.—LA HOYA DEL ALTO RODANO.—El camino de la
«Cabeza-Negra.»—El canton de Valais.—El valle del
Dranza y Martigny.—El Ródano. 74
CAP. VI.—EL CANTON DE VAUD.—Territorio y poblacion del Canton.—Su historia;—sus instituciones;—sus producciones;—sus institutos.—La ciudad de Vevey y su panorama.—Objetos interesantes y curiosos. 83
CAP. VII.—VAUD Y NEUCHATEL.—Losana y sus cercanías.—Sus monumentos é institutos.—De Losana á Iverdun.—Iverdun.—El lago de Neuchâtel.—El Canton.—Su historia.—Sus instituciones y productos.—El régimen comunal.—La ciudad de Neuchâtel.—Un panorama suizo. 95
CAP. VIII.—EL CANTON DE FRIBURGO.—La diligencia suiza.—Los tres lagos hermanos.—Morat.—Geografía del Canton;—su historia;—sus instituciones.—Panorama de Friburgo.—Sus monumentos y curiosidades.—La ermita de la Magdalena. 115
CAP. IX.—EL CANTON DE BERNA.—De Friburgo á Berna.—Los artistas y artesanos viajeros.—Topografía del Canton.—Historia de la república bernesa;—su poblacion é instituciones.—Producciones, industria y objetos mas notables.—La ciudad de Berna;—sus institutos y curiosidades. 132
CAP. X.—LA REGION DEL OBERLAND.—De Berna á Thun.—Una reflexion sobre la civilizacion moderna.—La villa de Thun.—Magnificencias de su lago.—Unterseen é Interlaken.—El tipo de las paisanas.—El Lütschina.—Grindelwald.—Las neveras y sus grutas.—Escenas sociales.—La vida campestre. 149
CAP. XI.—EL CANTON DE UNTERWALDEN.—El lago de Brienz.—Giessbach. —Brienz.—El valle de Meyringen.—El cuello de Brünig.—Los valles de Sarnen.—Un paisaje de parroquia.—Condiciones históricas, sociales y políticas del Canton. 165
CAP. XII.—LOS CUATRO-CANTONES.—Idea general topo-hidrográfica.—La ciudad de Lucerna.—Curiosidades.—Un contraste social.—Condiciones generales del canton de Lucerna.—El lago de los Cuatro-Cantones.—Su navegacion y aspecto interior.—Recuerdos de la independencia. 180
CAP. XIII.—LOS PEQUEÑOS CANTONES.—Altorf.—El canton de Urí—Los valles de Schwyz.—Goldau.—La ascencion del Rigi.—Escenas del Rigi-Kulm.—Panorama de la Suiza central. 195
CAP. XIV.—ZUG Y ZURIC.—Küssnach, Immensée y el lago de Zug.—La capital y el canton de Zug.—Horgen y el lago de Zuric.—Instituciones y condiciones sociales del Canton.—La ciudad de Zuric, situacion y aspecto.—Historia, monumentos y curiosidades. 216
CAP. XV.—LA HOYA DEL RIN.—Las comunicaciones en Suiza.—De Zuric á Schaffhousen.—La catarata del Rin.—La ciudad y el canton de Schaffhousen.—Navegacion del alto Rin.—La ciudad de Constanza.—Los lagos internacionales. 229
CAP. XVI.—TRAVESIA DE SUIZA.—El canton de San-Gall;—su historia, sus instituciones, sus elementos económicos.—La ciudad de San-Gall,—su situacion, sus monumentos y curiosidades.—El canton de Turgovia.—El canton de Argovia.—Solera y Basilea-Campaña. 241
CAP. XVII.—BASILEA Y LA SUIZA.—La ciudad de Basilea; situacion y panorama.—El medio-canton: su historia, sus instituciones, su industria y condiciones sociales.—Monumentos de la ciudad, institutos y costumbres.—Observaciones comparativas respecto de la Confederacion. 248
SEGUNDA PARTE.
LA REGION DEL RIN.
CAPÍTULO I.—EL GRAN-DUCADO DE BADEN.—De Basilea á Freiburgo.—El Rin central y sus panoramas.—Nociones importantes respecto del gran-ducado.—Costumbres alemanas.—La ciudad de Freiburgo. 267
CAP. II.—ALGO DE LA FRANCIA ALEMANA.—Kohl.—Un portero frances.—Estrasburgo.—La campaña alsaciana.—Una familia francesa en el campo. 281
CAP. III.—BADEN-BADEN.—El paso de la frontera.—Aspecto general de Báden-Báden.—El mundo á la moda y las ciudades de aguas medicinales.—Monumentos y curiosidades de Báden-Báden.—Sus cercanías. 295
CAP. IV.—LAS CIUDADES BADENSES.—Carlsruhe.—Las ciudades nuevas de Alemania.—Heidelberg;—su Universidad y sus curiosidades.—Los estudiantes de Alemania.—Las ruinas del Castillo. 307
CAP. V.—DE HEIDELBERG A FRANCFORT.—Mannheim y el Rin.—El gran ducado de Darmstad; su gobierno y sus condiciones generales.—La ciudad capital.—Una familia típica. 317
CAP. VI.—DOS ESTADOS ALEMANES.—La república de Francfort; —su importancia comercial y política.—La ciudad de Francfort;—su situacion;—su movimiento social;—sus banqueros y sus judíos.—El ducado de Nassau.—Wiesbáden y sus cercanías. 327
CAP. VII.—EL RIN.—Cástel.—Mayenza.—Las riberas del rio.—Una hija de la pérfida Albion, á bordo de un vapor y en tierra. 338
CAP. VIII.—LA PRUSIA RINEANA.—Idea general del país.—Coblenza.—El castillo de Stolzenfels.—El Rin abajo de Coblenza.—Colonia;—su catedral;—las fábricas de Juan María Farina. 346
CAP. IX.—DEL RIN A LIEJA.—Trayecto entre Colonia y Aquisgran.—La ciudad de Carlomagno;—sus monumentos y curiosidades.—El Sud-este de Bélgica. 357
TERCERA PARTE.
BÉLGICA.
CAPITULO I.—LA NACION BELGA.—Resúmen histórico.—Topografía general del país.—Instituciones políticas.—Poblacion.—Estadística. —Agricultura.—Industria y minería.—Comercio y vías de comunicacion. 365
CAP. II.—LIEJA Y EL BRABANTE.—Poblacion y panorama de Lieja.—Importancia industrial de la ciudad.—Su aspecto interior y sus monumentos.—Tirlemont.—Lováina.—Malínas. 375
CAP. III,—AMBÉRES.—Aspecto general de la ciudad.—Comercio y bellas artes.—Carácter múltiple de Ambéres.—Sus calles, monumentos, museos y curiosidades. —Jardines y paseos 384
CAP. IV.—BRUSÉLAS.—La sociedad belga bajo el punto de vista político.—Estructura general de Brusélas.—El periodismo y la librería.—Fisonomía moral de Brusélas;—su poblacion.—Monumentos civiles;—la casa municipal,—varios palacios.—Monumentos religiosos.—Museos, bibliotecas y estatuas públicas.—Jardines científicos. 395
CAP. V.—EL PAÍS FLAMENCO.—Idea general de Flándes.—La raza, la literatura y el arte flamencos.—Gante: su estructura y sus alderredores.—Monumentos é institutos civiles; el Beffroi y sus tradiciones.—Monumentos é institutos religiosos; el «Béguinage.»—Objetos de arte; el Museo de pinturas; el Jardin botánico y el zoológico. 405
CAP. VI.—LA REGION MARÍTIMA.—La ciudad de Brujas; aspecto general.—Monumentos é institutos diversos.—Objetos de arte y prácticas religiosas.—Ostende; su panorama; sus baños; su sociedad.—El comercio y la pesca de los Belgas. 417
CAP. VII.—DE OSTENDE A PARIS.—El nor-oeste de Bélgica.—Courtrai y la frontera.—La ciudad de Lila.—Donai.—Arras. 426
INTRODUCCION.
La buena descripcion de un viaje, aunque requiere ciertas condiciones poco vulgares, es un trabajo ménos laborioso de lo que generalmente se piensa. Pero viajar, ó saber viajar es un arte mas delicado y difícil de lo que á muchos parece. Cuando se viaja puramente por gozar y sacudir el fastidio, no se hace otra cosa que vagar en un país ó vegetar moviéndose. El pseudo-viajero, impelido por una curiosidad sin consecuencias, se parece entónces á la hoja que flota en el torbellino de un huracan, sin tendencia propia ni significacion.
El viaje es un arte complejo de investigacion metódica al mismo tiempo que de capricho inteligente. Él requiere, por una parte, cualidades de viva impresionabilidad, imaginacion poética, severo criterio, curiosidad de observacion y libertad de espíritu, conjuntamente; y por otra, tiempo, dinero, paciencia, conocimiento de las lenguas y ciertas ventajas aplicables al país que se visita.
Por eso, al emprender una serie de excursiones, mas bien que viajes, en Europa, he comprendido bien, sin alucinarme, las desventajas de mi posicion personal. Colombiano de nacimiento, aunque cosmopolita por mis convicciones, le pertenezco ante todo á mi patria colombiana, de la cual no puedo estar por largo tiempo ausente. Pero ansioso de buscar la verdad, siguiendo y comparando el movimiento vario de los pueblos mas adelantados en civilizacion, he tenido que conciliar dos necesidades igualmente imperiosas.—No pudiendo disponer de mas de cinco años en Europa, he tenido forzosamente que reducirme al estudio atento de las dos sociedades mas adelantadas—Francia é Inglaterra,—y en cuanto á las demas, hacer rápidas excursiones que me permitan palpar y comprender apénas los hechos mas característicos y sobresalientes, las formas ó los fenómenos mas visibles de la civilizacion europea. Es del conjunto de esas grandes formas que un hijo del Nuevo Mundo, ansioso de luz pero sin experiencia, puede obtener la nocion sintética del giro y de la índole de esa civilizacion.
Si hubiera de dirigirme á lectores europeos, ó no escribiria la relacion de mis modestos viajes, ó habría procurado darles á estos otras proporciones, trazándome un método que me permitiese emprender estudios de alguna seriedad ó trascendencia, dentro de la medida de mis débiles fuerzas. Pero no: viajo por mi patria, es decir con el solo fin de serle útil, y escribo para mis compatriotas y hermanos los Hispano-Colombianos. He creido que lo que importa mas por el momento no es profundizar ciertos estudios, sino vulgarizar ó generalizar nociones. A los pueblos de Hispano-Colombia no les ha llegado todavía el momento de los estudios fuertes, por la sencilla razón de que la inmensa masa popular no tiene aún la nocion general del progreso europeo. Hasta tanto que esa masa no haya recibido la infusion elemental de luz y fuerza que necesita para emprender su marcha (porque hoy no se marcha sino que se anda á tientas) el mejor servicio que se le puede hacer es el de la simple vulgarizacion de las ideas elementales. Despues vendrá el tiempo de los trabajos laboriosos y profundos.
La inmensa mayoría de los Hispano-Colombianos no conoce, por falta de contacto íntimo con Europa, los rudimentos ó las verdaderas condiciones del juego general de la política, las letras, la industria, el comercio y todos los grandes intereses vinculados en Europa. De ahí provienen graves errores de apreciacion, de imitacion ó de indiferencia, que se revelan en la política, la literatura, la legislacion y las manifestaciones económicas de Hispano-Colombia.
Desvanecer, si puedo, esos errores, dándole á la expresion de lo que me parece la verdad las formas simpáticas de lo pintoresco y el atractivo de una rápida, fiel y animada narración, tal es el objeto de estas páginas de impresiones.
Hasta ahora no han llegado á Colombia, relativamente á Europa, sino dos géneros de escritos: ó memorias novelescas, escritas con un fin de especulacion literaria, como las de Alejandro Dumas y muchos otros escritores franceses, que desnaturalizan las cosas, á fuerza de ingenio, exageracion y fantasía, y prescinden de los hechos sociales, ocupándose solo de lo pintoresco y divertido; ó estudios especiales y científicos, que presuponen el conocimiento de las situaciones generales. El primero de esos géneros de narracion ó de estudio es pernicioso en Colombia, porque propaga las mas falsas nociones. El segundo es incompleto y árido, incomprensible para los que no conocen la fisonomía general del país de que se trata.
Mi proceder, como narrador de rápidas y modestas excursiones, es muy sencillo: consiste en no dejar en olvido nada de lo que he observado, ó mirado siquiera, interesante por algun rasgo característico; y en no inventar nada, sino relatar con candor cuanto me ha impresionado por cualquier motivo, manteniendo en la exposicion de todos los pormenores, por variados que sean, la armonía de la verdad, de lo bello y lo útil, de lo natural y social. Es así como surge de la narracion la imágen compleja de un país, semejante á una fisonomía humana en que se ven armonizar diversas formas: el ojo ardiente y luminoso, que revela un espíritu; la boca palpitante, que respira pasion, y la protuberancia huesosa ó muscular, donde reside una fuerza.
Aun limitando mis viajes á humildes proporciones, he querido seguir cierto método.—Primero Francia, el gran foco de la civilizacion moderna, de donde irradia toda inspiracion fecunda, en el vasto grupo de sociedades que tuvo su punto de partida en la civilizacion latina.—En seguida España, el país análogo, la fuente europea de las repúblicas Hispano-Colombianas.—Despues la Confederacion Helvética, cuya constitucion política corresponde en sus formas generales á las de mi patria natal.—Luego Alemania, Bélgica y Holanda, donde se asiste, en la primera, á la lucha de instituciones y civilizaciones distintas, revelando una grande y laboriosa transicion; ó se ven en dos pequeños y prósperos Estados los efectos de la libertad política y civil. Mas tarde he estudiado ese gran pueblo de tan peculiares condiciones,—la Gran Bretaña,—que resume en su genio y sus manifestaciones lo que hay de mas cosmopolita, de mas industrial y vigoroso en el juego complicado de la moderna civilizacion. Al fin le llegará su turno á Italia, el país de los grandes recuerdos y de los refinamientos del arte, que representa hoy la aspiracion esencial del siglo: la idea de la unificacion. Y por último, al dejar á Europa, iré á observar las modificaciones profundas que le ha impreso á la vieja civilizacion europea ese pueblo formidable de colonizadores del Nuevo Mundo, que se llama la Union Americana.
Suiza me picaba vivamente la curiosidad por sus especialidades, que la hacen tan singular é interesante en Europa. Su topografía y composicion geológica, su sistema hidrográfico y sus neveras colosales y vastísimas, le dan la prioridad de interes en el estudio de esa maravillosa historia del progreso de la Creacion ó de la fisiología del globo, escrita en grandes y pequeños caractéres en las rocas aglomeradas en el trascurso de millares de siglos, por una serie de revoluciones naturales de la materia orgánica, para ofrecerle al hombre la base de su imperio divino. Las admirables hermosuras de ese inmenso archipiélago de montañas, lagos y nevados que se llama Suiza, excitaban en mí esa irresistible inclinacion hácia lo bello, lo grandioso y poético, que eleva el sentimiento y le da expansion al alma, haciéndole admirar, con éxtasis ó arrebato alternativamente, las obras del Inefable Artífice.
Ademas, yo sentia un vivo deseo de conocer, siquiera fuese someramente, la manera como funciona el espíritu democrático en la sola república importante de Europa, enclavada en el corazon de este viejo mundo de tradiciones formidables y rodeada de poderosas monarquías y aristocracias. Queria observar la yuxtaposicion de dos razas que pasan por antagonistas,—germánica y latina,—esta representada por los cantones franceses é italianos. Queria inquirir ese movimiento ascendente de asociacion que, comenzando en la familia, se condensa en el Distrito, enlaza los distritos en el Canton ó Estado, y fortifica á los cantones en la liga de la Confederacion. Queria buscar el secreto de esa prosperidad que hace de Suiza, relativamente á sus proporciones, el país mas activo y poderoso por su produccion. Queria, en fin, darme cuenta de la relacion en que se hallan respecto de la civilizacion dos de las tres grandes comuniones cristianas de Europa (protestantes y católicos) colocadas frente á frente y en íntimo contacto y lucha permanente, en el terreno comun de la libertad federal.
Mis esperanzas no fueron frustradas. En cuanto era dable obtener nociones importantes, mediante una incompleta y rápida excursion, pude sacar en consecuencia esta conviccion: el estudio atento de la Confederacion Helvética es el que, por las condiciones múltiples y peculiares de ese país, puede ofrecer las pruebas mas perentorias en favor del principio de libertad y justicia, ó de justicia en la libertad, como la base de toda civilizacion fecunda en progreso y bienestar. Tengo la confianza de que algunas de las páginas de esta narracion, sinceramente verídica, justificarán esa conviccion.
PARTE PRIMERA.
SUIZA Y SABOYA.
* * * * *
CAPITULO I.
DE PARIS A GINEBRA.
La Francia centro-oriental.—Los paisanos franceses.—Las campiñas bresanas.—La vuelta del vencedor.
El sol de julio doraba con sus tibios y alegres rayos matinales los pabellones de las magníficas arboledas, las cúpulas y torres de los altos monumentos y el enjambre desigual de los techos de pizarra, que se destacaban sobre las plazas y calles todavía silenciosas de Paris. Apénas comenzaba á despertar la ilustre metrópoli de su sueño de estío, cuando entrábamos á la inmensa estacion ó embarcadero del ferrocarril que conduce á Lyon y el Mediterráneo. Tal debia ser nuestra via para penetrar á Suiza por el lado meridional, y visitar la Saboya del norte, país pintoresco, montañoso y esencialmente estratégico que despues ha sido el objeto de una complicacion para la diplomacia europea.
Al subir á un wagon del tren, mi esposa me decia con dulce confianza: «Por fin vamos á visitar ese país de las montañas y los lagos, el padre de casi todos los grandes rios del continente europeo. Eso nos producirá emociones que nos harán evocar á cada momento la imágen querida de la patria»….
La via férrea, en su primera mitad, era la misma que yo habia tomado, algunos meses antes, para ir á España, y debíamos seguirla hasta Macón, torciendo de allí hácia el este, en direccion al Ródano central y Ginebra. Teníamos que atravesar algunos de los departamentos mas vinícolas de Francia y, en las cercanías del Ródano, despues de cortar la estrecha hoya del Ain, una comarca pintoresca, entrecortada por los estribos y contrafuertes mas meridionales del Jura. Aquellos departamentos, surcados por la via férrea en extension muy desigual, eran:
El del Sena, con 1,727,000 habitantes, cuyas siete octavas partes constituyen la poblacion de Paris;
El de Sena-y-Marna con 341,000, que tiene por capital á la graciosa y pequeña ciudad de Melun.
El del Yona, con 368,000, que cuenta algunas villas y ciudades bastante industriales, como Auxerre (la capital), Sens, Joigny, Tonnerre, etc.
Despues la via sale de la hoya del Sena para pasar á la del Saona, de modo que se sirve sucesivamente del curso de valles que se inclinan, en opuestos sentidos, hácia el canal de la Mancha y el Mediterráneo. De esa manera el ferrocarril sigue por los departamentos de:
La Costa-de-oro, con 386,000 habitantes, centro principal da la antigua Borgoña, teniendo por capital á Diyon (Dijon), ciudad tan interesante por sus monumentos y su historia como por su movimiento social.
El de Saona-y-Loira, con 575,000 almas, no ménos importante que el anterior por sus vinos, y cuya capital es Macón.
Por último, el del Ain, con 370,000 habitantes, capital la ciudad de Burgo ó Villa (Bourg), antiguo centro administrativo de la provincia de Bresa (Bresse); comarca que se extiende entre el Saona, el Ródano y las montañas del Jura, partiendo límites con los cantones helvéticos de Ginebra y Vaud y la alta Saboya, ó Saboya setentrional, hoy departamento frances.
Quiso la fortuna que nuestro primer dia de viaje fuese favorable al natural deseo de recoger impresiones, siquiera fuese al pasar. Aguardábase al emperador de los Franceses, quien volvía de su campaña de Italia,—ese episodio extraño, grandioso por sus formas y contradictorio en su objeto y resultados. Napoleon III venia de Italia vencedor y vencido al mismo tiempo: vencedor en las batallas; vencido despues en el terreno diplomático, caliente todavía la atmósfera con el fuego terrible de Solferino. Pero los pueblos, que jamas juzgan la política sino por las apariencias,—sobre todo los que tienen la candidez campestre,—no sabian de la guerra de Italia sino dos cosas: que los Franceses, sus compatriotas y hermanos, se habian batido heróicamente, según su costumbre, y eran los vencedores, y que su jefe, el emperador, volvia á recibir las ovaciones del triunfo.
Donde quiera, desde Macón hasta adelante de Bourg, se veian los mas curiosos grupos de paisanos, resaltando en los cuadros pintorescos y risueños de las pequeñas poblaciones ó las estaciones del ferrocarril, rodeadas de enanos sauces de ampuloso follaje, huertos y jardines, viñedos escalonados en las faldas de las colinas, lucientes praderas y plantaciones de cereales. Se veia bien que las autoridades habian trabajado con actividad en preparar recepciones oficiales con honores de populares, como acontece donde quiera. En toda la línea se ostentaban bosques de banderas, arcos de triunfo, alegres y vistosos pabellones, escudos de armas y trofeos, inscripciones y medios de iluminacion. Aquello nada tenia da curioso, porque era artificial: era una fiesta de sub-prefectos y alcaldes principalmente. Lo que llamaba la atencion era el largo cordon de grupos de paisanos, llenos de curiosidad, impacientes pero joviales, á veces burlones, que hacian estallar sus estentóreas carcajadas al derredor de las estaciones de la línea.
A cada trecho veíamos, bajo los sombreros de fieltro burdo, ó de paja amarilla y anchas álas, fisonomías femeninas bastante graciosas, con ese color vago del tipo de la Francia centro-oriental, que no es ni el rubio delicado de Picardía y Normandía, ni el suave sonrosado de las alturas jurásicas, ni el moreno picante de las gentes que pueblan las comarcas meridionales de Francia. Donde quiera tambien nos interesaba la robustez del campesino, su rusticidad mezclada de buen sentido y astucia, sus movimientos desembarazados y su insaciable y cándida curiosidad. Y todo eso realzado por cierta originalidad de vestidos que, sin tener la gracia de los alpestres y meridionales, ni la curiosa extravagancia de los bretones, normandos y alsacianos, nos revelaban una tendencia notable hácia las combinaciones pintorescas.
Al pasar ó detenerse el tren que nos trasportaba, estallaba en cada uno de esos numerosos grupos de paisanos un hurrah! borrascoso, por via de saludo, y no faltaban quienes, queriendo sazonar algun chiste del vecino, exclamaban por este estilo:
—Eh, señor maquinista! digale U. á Su Majestad que se dé priesa!
—Bah, gaznápiro! quién te ha dicho que Su Majestad corre como el chorro de tu molino?
—Diantre! si se hace esperar!
—Si así se portara el Recaudador!…
—Que nos sirvan refrescos miéntras viene!—gritaba otro mas atolondrado.
—Y si no viene?
—Será mas largo el refresco.
—Sí; comeremos mas! El emperador pagará todo!
—Viva el emperador!
Mas adelante, al ver que llegaba nuestro tren, un paisano poco erudito en geografía y otras cosas, gritó con todos sus pulmones:
—Bravo! viva el emperador!
—Bruto!—le dijo uno de los compañeros,—¿no ves que ese tren viene de
Paris?
—Y ¿qué me importa eso, si me han encargado que grite cuando llegue el tren?
—Tambien podia ser de carbon ó leña, y serías capaz de tomarlo por el tren imperial….
—Aguarda un poco, Juanillo, añadió otro; ya tendrás ocasion de gritar y dejar contento al alcalde.
En otra estacion, al notar que renovaban el agua en las calderas de la locomotiva, un paisano mazorral observó:
—Diantre! hasta la máquina bebe, miéntras que yo estoy á seco!
—Ella bebe á la salud de la compañía, dijo un chusco, aludiendo á los viajeros del tren.
Y cada cual agregaba una tosca chanzoneta ó un retruécano del mas rústico ingenio. Á este propósito me permitiré una digresion respecto del tipo social en escena.
El paisano frances tiene cualidades muy características que le hacen digno de atencion. Mas tarde tuve ocasion de observarlo así en varias excursiones hechas á los departamentos del centro y del oeste, y en las escenas semi-campestres de las cercanías de Paris. Curioso y desconfiado por igual, todo le llama la atencion, pero lo observa todo con cautela y recelo. Detesta ó teme la guerra, pero se encanta con las escenas militares, por lo que tienen de pintoresco y sorprendente, porque en el fondo de su carácter esencialmente conservador, reácio al progreso y apegado á las tradiciones, hay cierta veleidad de novelería que le tienta á inquirir en las poblaciones todo lo que tiene el sello de lo desconocido, ó que es superior á los alcances, los hábitos y las nociones que implica la vida campestre.
A la desconfianza y la curiosidad se añaden en el paisano frances (de las regiones no montañosas) un rasgo que es comun á todas las clases del país,—el genio burlon y epigramático,—y dos mas que le son peculiares al hombre del campo: cierto instinto diplomático, y una tendencia enérgica hácia la propiedad territorial. Su inteligencia es lenta en la comprension de las cosas y carece de la soltura y ardentía que provienen de la imaginacion. Pero él sabe rumiar una idea, revolverla, pesarla y digerirla con calma y malicia, y acaba siempre por trazarse un plan en cuya ejecucion persiste con invencible tenacidad.
Cuando se le hace una proposicion, por halagüeña que sea, vacila un momento, guarda silencio con aire cazurro, se rasca una oreja y acaba por decir: «Compadre, lo pensaremos.» Ninguno le arrancará jamas una resolucion improvisada ó una respuesta categórica por sorpresa. Pero una vez que reflexiona y se forma una idea fija y clara,—buena ó mala,—no hay razonamiento ni objecion que le desvie de su propósito. A toda réplica responde, tocándose la frente con el índice de la mano derecha:
—«Compadre, tengo otra cosa aquí adentro. Será como U. dice, pero yo tengo mi idea.»
Ello es que la lentitud de espíritu del paisano frances tiene su compensacion en la malicia calculadora, la desconfianza, casi mas intencional que instintiva, y el conocimiento práctico de sus intereses individuales. No hay tipo mas personal, mas individualista que el paisano frances. Él no comprende los hechos ni los intereses colectivos, sino los que afectan íntimamente á su hogar. Si el trabajo, el hábito de los negocios y las relaciones de vecindad le permiten penetrar la situacion económica ó doméstica del vecino, se guarda bien de darle consejos, ó de justificar, con la ingerencia en las cosas ajenas, la de cualquier otro en las suyas propias.
En esto los hábitos del paisano son diametralmente opuestos á los del obrero de las ciudades, en quien el instinto de sociabilidad, fuertemente estimulado por el medio en que vive, favorece mucho la comprension de las cosas colectivas. El paisano, desentendiéndose de lo que preocupa á los vecinos de la cabecera del distrito, calcula y considera á su modo lo que se relaciona con su terruño, su mercado, su feria y sus contribuciones. A eso se reducen toda su política y su economía social.
Sabiendo que el Cura, el Alcalde y el Recaudador de contribuciones son tres fuerzas ó personas distintas que forman una sola potencia verdadera para dominar el distrito, la diplomacia del paisano consiste en lisonjear, á esas tres entidades, vivir en buena armonía con ellas, ocultarles los recursos de que dispone y dejar que ruede la bola del vecino, sin inquietarse por nada. Su egoismo es tan calculado como su diplomacia, porque llegado el momento de hacer bien, sabe mostrarse caritativo y consagrado sin ostentacion, Pero como el círculo de su actividad es tan reducido, maneja sus intereses con acierto y permanece en la mas completa inmobilidad de relaciones y hábitos.
Adherido al trabajo y la tierra por necesidad, sus operaciones son de un positivismo estrecho. El paisano se dice: «Mi hijo ha de ser paisano como yo; poco importa que no aprenda a leer ni escribir, con tal que sepa ganar dinero y tenga fortuna.» Así, léjos de enviarle a la escuela, le asocia á todos sus trabajos, le hace siervo del campo y del arado, y le trasmite rigorosamente sus preocupaciones y costumbres.
Su manía consiste en adquirir propiedad territorial ó aumentarla que tiene, aunque el producto de la tierra sea muy inferior al de las especulaciones ó la industria; sin perjuicio de reservar la suma necesaria para rescatar al hijo mayor de la conscripcion militar. Dominado por esa idea fija, se hace económico y avaro, imponiéndose mil privaciones y atesorando franco sobre franco y escudo sobre escudo. El paisano sabe esperar la buena ocasion, disimulando su tesoro. Cuando llega el momento de una compra ventajosa se sirve de toda su diplomacia para reunir á su fanega de tierra[1] otra contigua, y otra y otras, sin satisfacerse nunca.
[1] El paisano frances no calcula nunca por hectaras, sino por fanegas, arpents.
Su sueño constante de ser propietario de tierra no corresponde á una verdadera aspiracion á gozar de los productos del suelo dándose comodidades: él busca en la tierra una consideracion que le satisfaga su vanidad personal y de familia, y una seguridad tangible contra toda catástrofe, como guerra, hurto, dilapidacion ó cosa semejante. Su frase favorita expresa bien su conviccion: «El viento arranca las mieses en ocasiones, pero nunca se lleva la tierra.»
De algunos años acá el paisano frances está pasando por una crísis peligrosa, especie de fiebre que domina sobre todo á la juventud campesina. La noticia de los altos salarios que obtienen en las grandes ciudades manufactureras ó comerciales ciertas clases de obreros, ha conmovido profundamente á los paisanos proletarios, inspirándoles el deseo ardiente de mayor lucro. Para ellos cada gran ciudad ejerce la misma atraccion fascinadora que la fabulosa California, de 1848 á 1853, para los emigrantes europeos. De ahí esa constante emigracion de paisanos de todas las campiñas de Francia, que abandonan sin pesar sus risueños valles, sus pacíficas llanuras y montañas por aglomerarse á centenares de miles en las sombrías é insalubres callejuelas de las grandes ciudades manufactureras: Paris, Lyon, Roan, Lila, Estrasburgo, Mulhouse, San-Estévan, Marsella y Burdeos.
Y cosa rara! lo que preocupa á los paisanos al ceder á esa corriente de concentracion, no es en realidad la aspiracion clara y precisa á mejorar de condicion adquiriendo mas bienestar positivo. Lo que les tienta, lo que les impulsa es el deseo de la mayor ganancia, de obtener mas alto salario, sin cuidarse de las consecuencias ni averiguar si ese salario elevado de las ciudades manufactureras, debiendo satisfacer mil necesidades facticias y gastos muy considerables, es realmente superior, en el centro de fabricacion, al salario modesto pero suficiente que ofrecen los trabajos agrícolas. Como quiera que sea, la manufactura ha revolucionado la vida del paisano frances, y las condiciones de su existencia íntima y social van sufriendo profundas modificaciones.
A las manufacturas se une la conscripcion militar, como una causa de perturbacion, exagerada en extremo por las exigencias de la política. Cada año salen de los distritos (ciudades y campiñas) cerca ó mas de 100,000 conscritos que van á reemplazar á otros 100,000 en el servicio de las armas. Pero de los reemplazados una gran porcion se queda en las ciudades (sin contar los que han sucumbido bajo el uniforme), de manera que la sangría militar de todos los años no tiene compensacion. En cuanto á los que vuelven, su trasformacion ha sido completa, y su regreso a las campiñas produce una infusion de bienes y males que modifica mucho los hábitos y las nociones de los que no han salido jamas de la comarca. Por una parte, el soldado licenciado, suponiendo que vuelva sano y cabal, trae los hábitos de mando altivo ú de obediencia servil, las tradiciones de la taberna militar, las costumbres y el lenguaje libre de los cuarteles y campamentos, el desprecio por el trabajo pacífico y la tendencia á la holgazanería y las querellas ruidosas. Por otra, su espíritu se ha ensanchado con el contacto del mundo, sus nociones sociales son mas claras y extensas, sabe leer y escribir pasablemente, ha olvidado algo su patué provincial detestable, y trae en el corazon los sentimientos de la patria, del honor y de la valentía, fuertemente desarrollados por el espectáculo á que ha asistido durante algunos años como actor y espectador al mismo tiempo. ¿Será mayor la suma de los males que la de los bienes? Tendré ocasion de tratar este asunto al escribir mis observaciones generales respecto de Francia y las particularmente relativas a Paris. Que el lector me disimule entretanto esta digresion, de que no he podido prescindir.
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Al dejar la estacion de Macón, siguiendo la direccion hácia los contrafuertes meridionales del Jura, al traves de los departamentos de Saona-y-Loira y Ain, el paisaje comenzó á presentar un aspecto mas risueño y hermoso que el de las llanuras burguiñonas. En vez de esas planicies desnudas, ligeramente interrumpidas por colinas graníticas ó pedregosas, sin majestad ni riqueza de tintas en la vegetacion, se extendia hácia el Oriente un inmenso plano inclinado, onduloso, reluciente de verdura y de contornos pintorescos que, dilatándose en escalones de suaves faldas ascendentes, iba á encuadrarse en el marco magnífico de las montañas de poderosa caliza que forman las abruptas serranías paralelas del Jura.
Donde quiera los frescos vallecitos, las alegres faldas y lomas arrugadas y los planos sucesivos ostentaban su vegetacion multiforme y de variados matices, á la luz mate del sol poniente. Vastas plantaciones de viñedos y cereales se encuadraban en los ondulosos pliegues del terreno, orillados en sus bordes superiores por las espesas arboledas de abetos ó las franjas de abedules y los relieves severos de las altas rocas ó barrancas, que sirven de asiento a los estribos de los primeros contrafuertes jurásicos. El tren tocó en la ciudad de Bourg, localidad de unos 11,000 habitantes, sin importancia, y al pasar pudimos ver, destacándose sobre el fondo poco lejano de las montañas, las torres de la iglesia gótica de Brou, monumento magnífico que es uno de los mas acabados y de gusto mas delicioso que cuenta Francia entre sus numerosos templos de la edad média.
Poco despues, cuando habíamos salvado por un hermoso puente el rio Ain, afluente del Ródano, y la noche cobijaba ya con sus vagas sombras el bello paisaje de las campiñas bresanas, el tren se lanzó en un laberinto de estrechos y profundos callejones formados por vallecitos muy tortuosos que sirven de lecho á un limpio riachuelo. El ruido de la locomotiva y los carruajes resonaba ronco y estridente entre las dos filas de altos murallones de caliza, salpicados de matorrales y bosquecillos de abetos, que encajonan aquella sucesion de vallecitos, dándoles la forma de tortuosas calles y románticas encrucijadas. En el fondo, bajo numerosos puentes ó casi escondido al pié de las rocas y la vegetacion, serpenteaba el riachuelo. De trecho en trecho, al voltear los recodos de la via, veíamos algunos pobres pueblecitos, trepados en caprichosos anfiteatros sobre las faldas empinadas, á la vera del camino, ó sobre los relieves abruptos de las rocas que dominan las angosturas.
Al cabo la oscuridad fué completa, y despues de cortar la cadena de bajas montañas que liga al Jura con los Alpes de la baja Saboya, nos hallamos en el angosto valle del Ródano central que debíamos orillar hasta Ginebra. En medio de las tinieblas solo se sentia á veces, confusamente, el ruido casi subterráneo del Ródano, estrechado entre peñascos formidables y aun escondido en cierto trecho en abismos que nadie ha podido sondear; ruido que se perdia, como la voz grandiosa de la naturaleza, confundido con el del tren—la voz de la industria humana—en las lejanas concavidades del complicado laberinto de cerros.
El tren se detuvo largo tiempo en la estacion de Culoz para darle paso (porque el ferrocarril es de una sola via) á otro convoy que venia de Chambery. Algunos soldados, franceses y suizos, formados en grupos cerca de la estacion, lanzaban tiros de fusil y gritos estentóreos de alegría que contrastaban con el silencio y la actitud reservada de algunos paisanos atraidos por la curiosidad. ¿Qué iban á buscar allí? Querian conocer á su emperador, detenido en la estacion por algunos momentos para hacerles á sus fieles súbditos el raro honor de tomar un ligero refrigerio y dejarse contemplar un poco. Tuvimos ocasion de oir á un admirador maravillarse de que Su Majestad hubiese tomado un helado y dos ó tres bizcochos (hubo disputas sobre si fueron dos ó tres). Esa circunstancia inaudita (hablo con absoluta verdad y nada invento) le hizo exclamar á otro curioso entusiasta:
—Conque el emperador ha comido!…
—Pues; su Majestad come á veces, cuando quiere probar su benevolencia.
—Qué bondad! qué bondad!
Al fin la sombra gigantesca del tren imperial se movió y pasó casi tocando el nuestro, dejándonos ver en él fondo de un carruaje la figura del vencedor de Solferino y negociador de Villafranca…. El silencio era completo; ningún grito estalló en medio de las sombras y el soberano se perdió en las tinieblas del valle.
Eran las once y media de la noche cuando, rendidos de cansancio, llegábamos á la activa y poética Ginebra, cuyas mil luces de gas se reflejaban admirablemente en la superficie murmurante de las ondas del Ródano y del lago Leman.
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CAPITULO II.
IDEA GENERAL DE SUIZA.
Configuracion orográfica.—Hidrografía.—Historia de los
Suizos.—Instituciones políticas.—Division general del país.
La descripcion social y pintoresca de un país es incomprensible cuando no se posee la idea general de su configuracion y aspecto, de su historia, sus instituciones fundamentales y su division administrativa. Digamos, pues, con la mayor concision posible, ántes de comenzar la narracion de nuestras impresiones, lo que es Suiza como territorio y nacion.
Nada mas difícil que determinar con absoluta precision, siguiendo un sistema, el aspecto múltiple de ese admirable país, cuyos rasgos, de prodigiosa variedad, rechazan toda clasificacion rigorosamente metódica. Suiza es un aparente cáos de formaciones geológicas, orográficas é hidrográficas en que todo interesa y admira, todo tiene su carácter particular, y sinembargo todo se combina y multiplica maravillosamente. No hay dos valles, dos alti-planicies, colinas, montañas, picos colosales, gargantas, páramos, desfiladeros, rios, lagos ó nevados que se parezcan totalmente entre sí, entre innumerables formaciones análogas.
Imaginad por un momento un inmenso grupo ú archipiélago terrestre compuesto de jardines lucientes de verdura y abismos de concavidad insondable y aterradora; de alegres huertos y rocas desnudas, formidables y sombrías que los dominan; de lujosos plantíos entrecortados por habitaciones campestres de imponderable gracia, al pié de coronas y guirnaldas seculares de negros pinos y abetos, ciñendo los ásperos relieves y las concavidades abruptas de cerros que parecen gigantes evocados en una pesadilla; de ciudades risueñas, industriosas y activas, donde abundan los bellos monumentos del arte y de la ciencia, y rústicos y solitarios caseríos encuadrados ó perdidos en las profundidades de las selvas. Suponed ese archipiélago de mil formas en contraste, rodeado, cortado por laberintos de mil direcciones y por innumerables lagos azules y dormidos; mil cascadas caprichosas que se precipitan sobre los valles de lo alto de rocas tajadas y estupendas, en brillantes remolinos entre cuyas espumas vagan las gasas tornasoladas del arco íris; rios saltadores ó de pérfida mansedumbre, de color gris al pié de los nevados y de un azul trasparente en las regiones bajas; bancos inmensos de hielo, ondulosos y resplandecientes de blancura, que parecen mares mediterráneos de cristal trepados sobre las montañas en momentos de grandes cataclismos, donde imperan el silencio, la soledad y la tristeza; vastas alfombras de verdura, frescas y matizadas de mil flores y tintas diversas, y en derredor barreras colosales de granito y caliza, en cuyas cimas se cierne el águila imperial ó saltan el ciervo de enorme cornamenta y el gamo fugitivo por encima de los abismos;—barreras que encierran tantas hermosuras, escondiéndolas á la vista del viajero que no penetra hasta el fondo mismo del laberinto. Suponed todo eso, repito, y tendreis apénas una idea muy vaga de las maravillas que contiene Suiza.
El habitante de Colombia que no ha viajado en Europa, no tiene idea de las formas de este continente, con solo imaginar valles y llanuras, lagos y rios, bosques y praderas, montañas y mares. El aspecto de los paisajes es absolutamente distinto, aun en zonas análogas por su latitud ó elevacion, como es distinta la composicion geológica de los dos continentes en su corteza exterior. En los Andes la hermosura principal está en la grandiosidad del conjunto,—de los vastos panoramas, las inmensas selvas ó pampas, mas ó ménos desiertas ó salvajes, que parecen océanos interiores, en contraste con estupendas cordilleras que siguen la coordinacion general de un sistema. Allí los pormenores son poco severos, los relieves poco acentuados (permítaseme el neologismo) y el espectáculo de la naturaleza tiene cierta uniformidad imponente, á veces monótona, que agrada mas de léjos que de cerca.
En los Alpes y las montañas que corresponden á su sistema irregular y trunco, la grandiosidad está mas en los pormenores que en el conjunto; en el contraste de lo natural y social, que produce variedades infinitas; en la severa estructura de las rocas abruptas, las hoyas y ramblas estrechas y profundas, los abismos insondables, los picos desnudos en forma de agujas, las neveras fascinadoras y llenas de piélagos (de muy diversa composicion que las colombianas), la multiplicidad de los lagos, y sobre todo la estrechez de los horizontes.
En Colombia se registra desde cualquier altura algun ancho valle, algun vasto anfiteatro de faldas sin violento declive, alguna selva inmensa, algun largo cordon de montañas en direccion regular, alguna pampa en cuyo horizonte luminoso y sin límites se pierde la mirada como en el Océano. En Europa todos los horizontes continentales, excepto los que es extienden hácia el bajo Danubio, son reducidos, y en cada panorama lo inmenso está reemplazado por todo lo que es saliente, condensado y enérgico. El mundo colombiano es un mundo de grandes rasgos y formas, de síntesis topográfica; el europeo, es un mundo de pormenores ó análisis.
Aunque pudiera decirse que Suiza no tiene en realidad sino dos formas generales,—las montañas y las planicies, mas ó ménos interrumpidas,—es exacta la division que se hace del país en tres sistemas topográficos que se enlazan entre sí: la zona de los Alpes, la de las Planicies y la del Jura; la primera oriental, la segunda central y la tercera occidental. Las tres zonas giran en una direccion generalmente paralela de sur á norte. Pero es de notar una curiosa diferencia: miéntras que las mayores alturas de los Alpes se hallan al sur, de modo que sus grupos y eslabones van decreciendo á medida que se acercan al norte, hácia el lago superior de Constanza, las cadenas regulares del Jura, derivadas de los Alpes saboyardos, son mas bajas al sur y se elevan a proporcion que se acercan al Rin en la direccion norte.
Partiendo límites con Francia al sur, por la Saboya septentrional, y al este, por los departamentos del Jura; con el gran ducado de Báden y los reinos de Wurtemberg y Baviera, al norte y nordeste; con Austria, por el Tirol, al este, y con Italia al sud-sudeste,—el territorio suizo mide 41,170 kilómetros cuadrados de superficie, 384 kil. de longitud extrema (del este al oeste) y 200 kil. de latitud, de sur á norte. La hoya ó cuenca multiforme de Suiza está determinada por los Alpes y el Jura, montañas que, enlazadas al sur de Ginebra, no obstante la ruptura del Ródano, describen dos cuerdas irregulares, idealmente paralelas, cuyos extremos reposan al Norte, en cuanto á Suiza, en Schaffhouse y la punta superior del lago de Constanza, encerrando así todo el país.
Suponed dos ondas sólidas encadenadas, la una colosal, que al descender produce una vasta hoya sinuosa ó quebrada en mil pliegues, y vuelve á levantarse adelante para reproducir su forma general en otra onda mucho menor, que al descender á su turno se disuelve en una serie de planos inclinados y llanuras, tal es la estructura de Suiza. La grande onda es la cadena de los Alpes que va descendiendo de oriente á poniente, como de sur á norte, en escalones despedazados y rugosos, para descansar en una hoya intermediaria, region de planicies y bajas montañas. En seguida el terreno se levanta de nuevo hácia el occidente, tambien en escalones, forma las cadenas del Jura, y al llegar á los puntos culminantes desciende sobre Francia, en anfiteatros y planos inclinados, para perderse en los valles del Doubs y el Ain.
Los dos sistemas de montañas difieren en todo. En los Alpes no hay ni paralelismo de cadenas ni enlace alguno de formas regulares ó sostenidas. Es una serie de seis grupos colosales ligados por ramificaciones tortuosas, despedazadas y revueltas, cuyos innumerables estribos y contrafuertes se desprenden en todas direcciones. De ahí provienen numerosos sistemas hidrográficos enteramente distintos y aun opuestos, que corresponden á las hoyas del Rin, el Danubio, el Po y el Ródano. En los Alpes el granito es el elemento casi único de las formaciones geológicas, y así como en la orografía falta la regularidad de formas y direcciones, en la estructura de las rocas son rarísimas las estratificaciones regulares y horizontales. Allí se encuentran los terribles ventisqueros, los páramos desiertos y sombríos, las neveras perpetuas de movimiento misterioso, tan vastas y grandiosas que algunas miden hasta 18 leguas de longitud en varias direcciones, abarcando mas de la décima parte de la superficie del país. Las elevaciones son generalmente muy considerables, contándose muchas de 3, 4 y 4,500 metros sobre el nivel del mar. En esas cimas reina el invierno perpetuo, con mas rigor que en los polos; el hombre está proscrito de allí; la vegetacion ofrece la mas variada escala de gradaciones que es posible en la zona templada del hemisferio boreal.
Es de los Alpes suizos que surgen casi todos los grandes rios de Europa, llevando la fecundidad y el movimiento á las comarcas mas opuestas. El solo grupo complicado y maravilloso que, por un sistema de enlaces, se extiende desde el extremo oriental del San-Gotardo hasta las alturas de Sidelhorit (pasando por Matthorn y Gries, Diechterhorn y Grimsel), da orígen á los siguientes rios que toman las mas opuestas direcciones:
Al sur, el Tesino, el Maggia y el Tosa y Toccia, que llevan sus aguas al lago Mayor y constituyen luego el caudal principal del Po.
Al sud-oeste, el Ródano, que va á llenar la cuenca magnífica del lago Leman ó de Ginebra, y sigue su curso por Francia hasta el golfo de Lyon.
Al oeste, el Aar ó Aare, que despues de ensancharse en los lagos de Brienz y Thun y bañar á Berna y Solera (Soleure ó Solothurn) desemboca en el Rin, entre Schaffhouse y Basilea.
Al norte, el Reuss, rio que alimenta al lago de los Cuatro-Cantones (ó de Lucerna), se escapa de esa cuenca en medio de la ciudad de ese nombre y va á engrosar el Aar, no léjos de la confluencia del Limmat.
En fin, al nordeste, las fuentes del Rin, llamadas Rin superior y medio.
No debe olvidarse que el canton suizo de los Grisones le envia al
Danubio superior su mas importante afluente, el Inn.
Así, pues, de los Alpes de Suiza nomas surgen las aguas principales que, por el Danubio, el Rin, el Ródano y el Po, llevan los aluviones del corazon de Europa hasta las hoyas lejanísimas del mar Negro y el del Norte, el Mediterráneo y el Adriático.
Las montañas del Jura tienen otro carácter. De ellas no surge ningún sistema hidrográfico importante; las neveras perpetuas faltan en sus cimas absolutamente; las formaciones de caliza reemplazan á las de granito; los grupos desordenados, complicados y muy abruptos no existen, sino que en su lugar giran tres cadenas de montañas paralelas y de extension desigual: dos de ellas de 15 leguas cada una, y de 18 la que llega hasta Schaffhouse. La mas alta cima del Jura no excede de una elevacion de 1,720 metros sobre el nivel del mar, y el espesor total de las tres cadenas no pasa de 55 kilómetros; miéntras que los Alpes tienen un espesor de 112 á 285 kilómetros. Por último, la vegetacion del Jura es mucho ménos variada, por el hecho de ser sus zonas ménos numerosas y elevadas.
La region intermediaria ó de la baja Suiza (formada principalmente por los cantones de Vaud, Friburgo, Berna, Solera, Lucerna, Zug, Zuric, Argovia y Turgovia) se compone, como he dicho, de planicies ondulosas, vallecitos estrechos y poco profundos, planos inclinados y colinas, con una elevacion sobre el nivel del mar que varía entre 250 y 390 metros, y algunas montañas cuya altura no excede da 975. Toda esa risueña y pintoresca region está muy poblada y cultivada, y tiene por marco, de un lado la línea occidental de los lagos Leman, de Neuchâtel y de Biena y del bajo Aar,—del otro la línea oriental que, partiendo del mismo lago Leman y terminando en el superior de Constanza, gira por los de Thun, Brienz, Lucerna, Zug y Zuric.
Puesto que he mencionado algunos lagos, diré algo mas sobre el conjunto de los que tiene Suiza. El territorio de la Confederacion contiene, en totalidad ó en parte, 18 lagos de primer órden (aunque muy desiguales en extension), 9 de segundo órden y mas de 60 de tercero, es decir casi microscópicos relativamente á los primeros. Casi todos los de primera clase son navegados por buques de vapor y barcas veleras; algunos solo son surcados por barquichuelos ó canoas de remo insignificantes; el mayor número carece de toda navegacion. La gran multitud de lagos de tercer órden se halla en los laberintos encumbrados de los Alpes, en las cabeceras de los rios ó al pié de las neveras. En cuanto á los de primero y segundo órden mas importantes, se hallan distribuidos así:
En la hoya central del Ródano, el de Leman, el mas considerable de todos.
En las hoyas cuyas aguas recoge el Tesino italiano, los lagos Mayor y de Lugano.
En el curso del Rin, los pequeños de Sils, Siva-Plana y Moriz, y los dos de Constanza, de los cuales el superior es el segundo de la Confederacion.
En la region occidental, al pié del Jura, los de Neuchâtel, Biena y Morat.
En la hoya del Aar central, los de Brienz y Thun.
En las del Reuss y el Limmat y las planicies comarcanas, los de Lucerna, Wallenstadt, Zug, Zuric, Baldeg, Sempach, Hallveil, Greiffen, Pfoeffikon, Egeri, Lowez y Sarnen.
De toda esa multitud de lagos, admirablemente bellos, cinco son internacionales: el de Leman, que demarca límites con Francia (á virtud de la anexin de Saboya); los de Lugano y Mayor, que ligan á Suiza con Italia; el de Constanza superior, límite respecto de Austria, Baviera, Wurtemberg, y el gran-ducado de Báden, y el de Constanza inferior (Unter-See) respecto del mismo Báden. Los demas lagos le pertenecen exclusivamente á la Confederacion.
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La circunstancia de hallarse Suiza en la zona templada, al mismo tiempo que posee tan altas montañas de la mas variada configuracion, le da la singular ventaja de tener, durante la primavera, el verano y el otoño, tres elementos de variedad climatérica y consiguientemente de vegetacion, industrias, costumbres, etc. Las estaciones producidas á virtud de la latitud y las evoluciones del globo, son constantemente modificadas en Suiza, mas que en ningún otro país de Europa, por la influencia de las alturas y la exposicion de los lugares. De ese modo, el territorio suizo tiene tres temperaturas simultáneas de primer órden, determinadas por el sol, la altura atmosférica y las corrientes de aire que descienden de las heladas montañas por los boquerones ó gargantas estrechas.
Con excepcion de los frutos vegetales exclusivos á la zona tórrida, en Suiza crecen al aire libre todas las plantas que pueden vivir desde la zona baja de las viñas hasta las regiones del polo boreal. He visto florecer en plena tierra, en las márgenes del lago Leman, naranjos, granados y otros árboles frutales y arbustos que se ostenian con abundancia en Italia y España. No es, pues, extraño que Suiza sea tan pintoresca, ofreciendo los mas variados paisajes de topografía y vegetacion, desde el profundo valle y la ondulosa planicie hasta las agujas graníticas, negras y completamente abruptas, y las cúpulas de nieves eternas que se pierden en los abismos de la atmósfera, casi jamas holladas por el hombre.
Así, en los valles del Ródano, el Rin y sus afluentes y el Tesino, lo mismo que en las riberas de los lagos de la region central (particularmente en los de Leman, Neuchâtel, Zuric y Constanza) las viñas constituyen la base principal de la agricultura. A 200 ó 300 metros mas arriba, en las planicies montuosas y quebradas, los campos están cubiertos de legumbres, cereales, granos y hortalizas de todas clases, y árboles frutales en mucha abundancia, como el manzano, el peral, el albaricoque y el ciruelo. Se sube un poco mas y aparecen los bosques de hayas ó variedades de encinas, los matorrales interminables de avellanos silvestres y muchos otros árboles frutales resistentes, como el cerezo. Las legumbres escasean ó faltan, los trigos no medran, reemplazados por el heno; todo va cambiando de aspecto. En otra zona superpuesta no viven sino las coníferas, es decir los pinos y abetos en increíble variedad de especies, y las malezas ásperas. Mas arriba desaparecen esos pabellones sombríos de las altas montañas, dejando el campo casi exclusivamente á las gramíneas enanas, que se extienden hácia las cimas de las faldas en inmensas y tupidas alfombras. Encima está la region de los helechos enanos, líquenes y musgos de tintas pálidas ó sombrías. Por último, toda vegetacion desaparece, la vida termina bajo todas sus formas risueñas, las aguas se coagulan ó se filtran para perderse en los abismos subterráneos, y no quedan sino, desiertos de granito y mares de hielo, donde solo se siente el grito estridente del águila ó el mugido aterrador del huracan…. En aquellas alturas el sol mismo pierde frecuentemente su esplendor; la soledad de un eterno invierno impera sobre abismos insondables, que guardan en sus concavidades el misterio admirable de la fisiología del globo.
Esa gran variedad de temperaturas y producciones simultáneas de la flora suiza, ha hecho nacer naturalmente muchos órdenes de industrias y costumbres, escalonados desde el fondo de los valles hasta las mas altas eminencias habitables. Así, hácia las márgenes de los lagos y rios encuentra el viajero activas ciudades fabricantes, manufactureras y comerciales, como Ginebra, Losana y Vevey, Neuchâtel, Lucerna, Zuric, Basilea y Schaffhouse, y numerosísimos cultivadores de viñas y bateleros. En la region inmediata superior halla las bellas artes, las obras de mano delicadas, tales como los trabajos de relojería, escultura en madera, porcelanas, sombreros de paja, encajes y bordados, en Chaux-de-Fonds, Berna, Friburgo, San-Gall, Appenzell, etc. Mas arriba recorre la zona de los pintorescos chalets, de las queserías, las praderas cubiertas de ganados, la vida y las costumbres apacibles del pastor. Por último, en la region mas elevada, el fabricante y el batelero, el comerciante y el artista, el agricultor y el pastor han desaparecido totalmente; allí solo se ve al Inglés extravagante que hace excursiones á los nevados, ó al cazador de ciervos y gamuzas, rey de las soledades que despierta con las detonaciones de su fusil los ecos de los abismos, y sorprende en su voluptuosa somnolencia al águila posada sobre los conos graníticos.
Abajo, los trenes y los buques de vapor lanzan sus silbidos estridentes, en los ferrocarriles que surcan los valles y planicies y sobre las ondas azules de los lagos. Mas arriba no encontrais sino las diligencias y sillas de posta, cuyos conductores de curioso uniforme hacen resonar la voz aguda de sus clarines por carreteras ondulosas que giran al traves de los bosques, ya trepando sobre las altas colinas, ya descendiendo hasta el fondo de las ramblas. Subis algunas centenas mas de metros, y por entre selvas seculares de abetos, pinos y avellanos silvestres, seguis fragosos caminos, tan bien conservados como es posible, caballero en algun caballo ó macho gigantesco, de constitucion férrea, que os conduce á paso lento y seguro por los senderos mas dificiles basta los bancos de hielo. Mas arriba solo existen las sendas imperceptibles, los surcos variables de los torrentes y de los derrumbes del invierno, que sigue el cazador en sus audaces excursiones. Por último, si quereis marchar sobre el lomo brillante y resbaloso de las neveras, exponiendo la vida por un capricho de turista, necesitareis saltar sobre grietas profundas de cristal, y trepar cuidadosamente por escalones que vuestro guia va practicando en el hielo á golpes de pico ú hacha. ¡Qué de transiciones y variedades físicas y sociales entre la region de los ferrocarriles y la de las neveras,—entre el ingeniero y el cazador salvaje! Toda la distancia que média entre una civilizacion muy avanzada y la ausencia completa de la vida!…
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La Confederacion suiza ó helvética es un pueblo formado por la aglomeracion de muchas razas ó derivaciones de razas constituidas sucesivamente en Estados ó entidades que, gozando de soberanía propia, se han ido aliando en nacionalidad compleja, sin perder en manera alguna sus tradiciones y su personalidad política y social. Ese orígen contrasta evidentemente con el de todas las naciones de Europa, cuya unidad ha resultado de una serie de conquistas ó absorciones. De ahí la especialidad del tipo suizo, donde todo tiene el sello de la vida local ó de la independencia y la variedad dentro de la unidad federativa. Sin pretender resumir la historia complicadísima de ese país, que ha sufrido la influencia de muchas ó muy distintas invasiones y dominaciones (romanas, italianas, sarracenas, francesas, alemanas, saboyardas y aun británicas), indicaré rápidamente los episodios generales de primer órden; reservando los pormenores mas curiosos para la página que corresponda á cada canton en particular.
La primera época hasta donde alcanza la historia con alguna precision respecto de los habitantes que los Romanos denominaron Helvecios ó Helvetos, ofrece apénas un enjambre de tribus bárbaras, de carácter áspero y ruda constitucion física, diseminadas en las montañas y planicies desde la orilla setentrional del lago Leman hasta la márgen izquierda del Rin central, y desde las alturas alpestres de los Grisones ó Rhetianos hasta las faldas del Jura vertientes del lado del Franco-condado meridional. Ocupando un territorio intermediario de razas y civilizaciones invasoras, los Suizos sufrieron sucesivamente tres dominaciones extranjeras de primer órden: la del imperio romano,—conquista comenzada 60 años ántes de la era cristiana, y completada por César;—la del imperio franco, que terminó en el siglo IX, poco despues de la muerte de Carlomagno,—y la de los Alemanes y la casa austríaca de Habsbourg, dominacion comenzada á sacudir por la liga de la independencia que inició Guillermo Tell al principio del siglo XIV.
Así, puede decirse que la historia de Suiza se resume en tres grandes épocas. La primera fué de barbarie, de tribus libres que se llamaron Ambronos, Tigurios, Tuginios y Verbigenos, en el centro, el oeste y el norte; Allobroges del lado de Ginebra; Rhetianos en los Alpes orientales, etc. La segunda época, que César inauguró con la gran batalla de Autun (ó Bibracte), fué de conquista, romana durante cinco siglos, continuada luego por los Francos y Germanos durante siete y medio siglos mas. El país se llama entónces Helvecia y recibe poderosamente la infusion del feudalismo. La tercera fué la época federal y de independencia, inaugurada por Guillermo Tell y los cantones de Urí, Schwyz y Unterwalden, coligados para sacudir la dominacion de los Habsbourg representada por el odioso Gessler. Es entónces que el país toma el nombre de Suiza (Schweiz), derivado del de los Schweizer ó habitantes del canton de Schwyz.
En la primera época falta todo lazo de union entre las tribus. En la segunda, despues de los progresos introducidos por la civilizacion romana, el feudalismo hace surgir por todas partes obispos, abades, condes, bailios y señores que dominan porciones de territorio y ciudades libres importantes y privilegiadas. Todas esas porciones rinden vasallaje sucesivamente á los emperadores francos y soberanos alemanes, y la política de los grandes vasallos consiste solo en atacarse mutuamente para engrandecerse unos á expensas de otros; sin perjuicio de las luchas sociales entre los señores y sus siervos y los ciudadanos y paisanos. Así, la verdadera historia nacional de los Suizos no comienza sino en el siglo XIV.
La batalla sangrienta de Morgarten, ganada contra el duque Leopoldo de Austria, descendiente de Rodolfo de Habsbourg, y contra la nobleza del país coligada para oprimir á los pueblos, aseguró la independencia de los tres cantones que fueron el núcleo de la Confederacion. Desde 1308 hasta 1848 Suiza ha pasado por una serie de cruentas luchas y de los mas extraños episodios, peleando unas veces por su libertad doméstica, otras rechazando las invasiones extranjeras, no pocas veces atacándose entre sí los cantones para disputarse territorios contiguos. Durante algunos siglos ese pueblo ha ofrecido al mundo un extraño contraste: miéntras que defendia con ardor su libertad é independencia, daba el escándalo infamante de sus capitulaciones y enganches para suministrar regimientos de mercenarios á casi todos los tiranos ó déspotas de Europa. Hoy, gracias a la energía del gobierno federal y sobre todo á la revolucion italiana, esa ignominia de la civilizacion desaparece, y Suiza no verá en sus hijos sino soldados de su propia causa.
Prescindiendo de los acontecimientos que no se han relacionado directamente con la formacion de la liga federal, los mas notables episodios de la historia de los Suizos se pueden resumir así:
El ejemplo de la fuerza adquirida para la defensa por los tres cantones coligados en 1308 hace entrar sucesivamente en la Confederacion, durante medio siglo, á otros cinco cantones ó Estados independientes: Lucerna, Zuric, Glaris, Zug y Berna,—el primero adherido en 1332 y los demas de 1351 á 1353. Desde entónces la nacion se hace respetable, y uniendo sus fuerzas obtiene conquistas en los territorios aledaños. La lucha contra la nobleza y la casa de Austria continúa con ventaja creciente para los pueblos, y su prosperidad es muy notable.
Hácia fines del siglo XV los Grisones, que habian formado su liga separada, se constituyen en canton independiente. Cárlos el Temerario, duque de Borgoña, ha sido batido por los Confederados en las memorables batallas de Grandson y Morat. La dieta federal de Stans admite en la Confederacion, en 1481, á los cantones de Friburgo y Solera.
Las guerras civiles y exteriores renacen poco despues, y la Confederacion, triunfante una vez mas de los Austríacos en 1499, se acrecienta, de 1501 á 1513, con los nuevos cantones independientes de Appenzell, Basilea y Schaffhouse. Otros cantones libres existian entónces, tales como Neuchâtel, San-Gall, Grisones y Valles, pero no figuraban respecto de la Confederacion sino como simples aliados para la defensa comun.
La reforma religiosa dividió profundamente á los Suizos en guerras civiles muy cruentas y tenaces, complicadas con las cuestiones político-sociales entre la nobleza y los ciudadanos y paisanos, y entre los cantones aristocráticos y católicos y los de organizacion democrática y religion protestante ó reformada.
Fué en 1553 que los cantones católicos dieron el ejemplo del mercenarismo, celebrando la primera capitulacion que puso un regimiento suizo al servicio del rey de Francia Enrique II. Los partidos ó cantones católicos y reformados tuvieron alternativamente la victoria y la preponderancia, y la nacion se vió hasta fines del siglo XVIII envuelta en mil dificultades y aun á punto de disolverse.
La revolucion francesa de 1789 conmovió profundamente los espíritus en Suiza y produjo cambios y episodios muy importantes. Los Franceses invaden el país y los pueblos oprimidos se agitan y levantan donde quiera contra los obispos ó abades soberanos y los señores ó nobles. En unas partes reclaman libertades y garantías, como en Basilea (ó Basel) y los cantones de Vaud, del Tesino, los Grisones, San-Gall, Schaffhouse, Solera y Friburgo; en otras cambian su gobierno, como la república independiente de Ginebra. El general frances Brune se apodera de Berna; la Confederacion queda disuelta y recibe una reorganizacion impuesta por las armas francesas y la revolucion.
Suiza es entónces República una é indivisible, basada en el principio democrático y compuesta de 18 cantones. El de los Grisones queda como aliado; la república de Ginebra y varios territorios del Jura son usurpados por Francia. Algunos cantones alemanes, los mas antiguos, resistieron; pero en breve fueron sometidos. Así, la Confederacion iniciada por Guillermo Tell habia durado 490 años, Nacida del triunfo sobre una dominacion venida del lado de los Alpes, sucumbia bajo el peso de otra invasion procedente del lado del Jura.
Suiza fué entónces un vasto campo de batalla entre los grandes beligerantes europeos, donde Massena y Korsakof se disputaron el terreno palmo á palmo. La paz de Amiens habia suspendido la lucha, que fué reemplazada por la guerra civil. El partido federalista destruyó el gobierno unitario, y Napoleon intervino violentamente, imponiéndole al país la célebre Acta de mediacion que reconstituyó la Confederacion y provocó la nueva guerra europea. Desde 1803, el número de cantones se elevó de 13 á 19, por el ingreso de los de Argovia, Grisones (desmembrado), San-Gall, Tesino, Turgovia y Vaud. Ginebra continuó anexada á Francia, lo mismo que Mulhouse y otros territorios del Jura. Esa Constitucion establecia la igualdad social y cantonal, suprimiendo las prerogativas aristocráticas y todo vasallaje, y asegurando á los Suizos libertades bien importantes.