MI PRIMER VIAJE A TOLEDO
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l ferrocarril de Castillejo á Toledo acaba de ser inaugurado, lo cual significa en sustancia que la vetusta ciudad imperial se encuentra ya á las puertas de Madrid.—De esperar es, por consiguiente, que, pues tan rápido, cómodo y barato resulta hoy el viaje, todos los amantes de la belleza artística y de las glorias patrias vayan sin pérdida de tiempo á admirar con sus propios ojos aquel museo de maravillas.
En el ínterin, si á bien lo tienen, dígnense leer los apuntes que yo he hecho en mi cartera durante los dos días que acabo de pasar en la Roma de nuestra historia; apuntes que, si no son una Guía ni mucho menos, revelan todo el entusiasmo que puede inspirar á un buen español, aficionado á las artes, la noble ciudad tantas veces cantada por Zorrilla.
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Toledo es un magnífico álbum arquitectónico, donde cada siglo ha colocado su página de piedra. Ver á Toledo es leer á un mismo tiempo la historia de España y la historia de la Arquitectura.
Más ricas en monumentos árabes son Córdoba, Sevilla y Granada, en obras romanas Mérida y Segovia, en góticas los reinos de León y Castilla la Vieja; pero ninguna ciudad como Toledo lo encierra todo; ninguna como ella puede ostentar juntamente grandes obras de todos los tiempos y de todos los períodos del arte. Y consiste en que Toledo es una ciudad diez veces histórica, que diez veces ha resucitado de sus cenizas, que ha puesto en su frente corona sobre corona, llegando al cabo á verse investida de toda la grandeza de la historia patria.
Su fundación, perdida en la noche de la fábula como todo lo épico, es para unos obra de Hércules, para otros se remonta á la fuente de los días auténticos; al pueblo judío. Y lo mismo que la religión y el paganismo se la disputan, ved cómo luchan después todos los invasores de España por engrandecerla.....
¡Ah! no todos: que si bien es verdad que los bárbaros del Norte la respetaron hace quince siglos, no es menos cierto que los franceses del siglo xix quemaron y destruyeron sus alcázares y templos.
De cualquier modo, Toledo ha sido la ciudad bien amada de los siglos. La antigua Carpetania la cuenta entre sus pueblos patriarcales, Roma entre sus colonias, entre sus esclavas los alanos, entre sus reinas los godos. En ella busca amparo el naciente Cristianismo, y los renombrados Concilios toledanos enaltecen su fama en todos los pueblos visitados por los Varones Apostólicos. Asentará en ella luego Rodrigo su corrompida corte, y la avasallarán después los árabes..... Pero Toledo no habrá muerto todavía. Aun será corte de los grandes Alfonsos, amparo de los errantes judíos, mansión de Isabel la Católica y Carlos I de España, cuna, en fin, de los primeros albores de libertad en tiempo de las Comunidades de Castilla.
Pues bien: toda esta grandeza, todo este poder, toda esta fortuna están escritos en sus innumerables monumentos. En más de una torre desmantelada, á que sirvieron de cimiento ruinas de la dominación de Roma, hay ventana que fué primero ajimez árabe, después ojiva gótica, luego nicho del Renacimiento, y que hoy es balcón adornado de flores á que se asoma la hija del campanero. En él veis borrados los junquillos y doseletes; notáis el rastro del arco estalactítico, echáis de ver un resto de friso greco-romano, y acaso encontráis algún extravagante delirio de Churriguera; todo revuelto y remendado, pero todo elocuente y revelador de pasados destinos.
La Catedral, sobre todo, es la urna cineraria de las grandezas españolas. Cada período de civilización ha grabado en ella su nombre: cada generación ha dejado el polvo de sus héroes.—Crúzase con melancólico orgullo aquel museo en que todos nuestros artistas han labrado una columna, colgado un cuadro ó tallado un santo de madera; donde cada conquistador ha depositado las banderas de su ejército y los trofeos tomados al ejército vencido; donde los reyes han buscado sepultura, así como los poetas y los poderosos; donde uno dejó sus alhajas, otro su librería, este su espada y su armadura, aquel las obras de su ingenio. Parece la Catedral, considerada de este modo, una matrona antiquísima, una venerable abuela, á la cual cada uno ha contado sus tristezas, confiado sus secretos, legado su gloria, pedido consejo en la desgracia y debido una oración en la hora de la muerte.
Allí duermen Enrique de Trastamara, el rey fratricida; allí los santos y los arzobispos que guerrearon contra los moros; allí los mismos arquitectos que sucesivamente, durante muchos siglos, fueron construyendo la Catedral; allí D. Álvaro de Luna, el soberbio enemigo del feudalismo, y D. Enrique III el Doliente, y D. Juan I, y famosas reinas, y capitanes, y prelados, y damas hermosísimas, que reinaron en famosos torneos; allí están las banderas cogidas á los agarenos en cien batallas, y las perlas y los diamantes acumulados por los judíos, y los frescos de Jordán, y las esculturas de Berruguete, y verjas de cien autores, todas de un mérito asombroso, y mil reliquias, mil ex votos, mil preciosidades auténticas, históricas, paleográficas, artísticas.
Lo repetimos: la Catedral es un museo, un archivo, una biblioteca inmensa, donde el artista, el poeta, el arqueólogo, el historiador, todos los que aman el pasado, encontrarán inagotables tesoros.
Pues si la consideramos ya como edificio, como obra de arquitectura, como templo gótico, ¡qué nuevas maravillas, qué riqueza, qué grandiosidad, qué excelsitud!.....
Allí está toda la historia del estilo gótico, desde el godo, anterior á la invasión de los bárbaros, hasta el gracioso y puro del siglo xiii. Allí hay portadas más bellas que las de Nuestra Señora de París y que las elegantísimas de las catedrales de Burgos y Sevilla; allí atrevidas bóvedas, vistosos rosetones, aéreos doseletes, casetones cuajados de estatuas en miniatura, vidrieras de colores que filtran dulcemente la luz del cielo, y mil y mil molduras y archivoltas que entretienen la vista y la imaginación por su interminable variedad.
La primitiva iglesia fué fundada por San Eugenio, y sobre ella bordaron los moros una gran mezquita. Reconquistada la ciudad, San Fernando no quiso que en la Catedral toledana hubiese ni tan siquiera huellas de los infieles, y la destruyó hasta los cimientos, poniendo en aquel mismo sitio la primera piedra del templo actual. Doscientos cincuenta años se tardó en construirlo, y todavía hoy se sigue trabajando en pormenores de ornamentación.....
Pero no me es dado proseguir, ni tampoco me queda tiempo de bosquejar, como quisiera, otros monumentos de Toledo.....—Esta rapidísima reseña ha de publicarse dentro de dos horas, y los cajistas me van quitando de las manos las cuartillas según que las escribo de primera intención.
Dejo, pues, para cuando esté más despacio, suponiendo que llegue á estarlo alguna vez, describir la iglesia y claustro de San Juan de los Reyes....., sobre todo el claustro, que parece un jardín de piedra, medio destruído por una tempestad.....—¡Ah, franceses!..... ¿Cómo no morís de bochorno, al pensar que destrozasteis aquellos primores artísticos?
También siento mucho no poder hablar detenidamente del cesáreo Alcázar que sirve como de corona mural á Toledo, pues que se eleva sobre la más alta cumbre de la ciudad. Baste decir que es una obra digna de Carlos V, de Alonso de Covarrubias y de Juan de Herrera. El gran Emperador mandó edificarlo en aquel eminente paraje, donde yacía en ruinas el viejo Alcázar que habitaron los grandes Alfonsos.....; y es fama que, siempre que bajaba ó subía la monumental escalera, se paraba en su gran meseta y decía:—«Sólo aquí me creo verdaderamente Emperador.»
En fin: un tomo entero no bastaría para reseñar todo lo que hay que ver en Toledo, desde que se la descubre, escalonada en aquella especie de erguida península, ó corpulento promontorio ceñido por el profundo Tajo, y se comienza á subir la áspera cuesta, y se pasa el venerable Puente de Alcántara, y se penetra por la histórica y bellísima Puerta de Visagra, hasta que se recorre aquel dédalo de torcidas calles arábigas, y se baja por el lado opuesto, y se vuelve á salir al campo por el Puente de San Martín.—Sinagogas; mezquitas; alminares que sirven de torres á iglesias cristianas; Puertas tan notables como la del Cambrón, que compendia toda la historia de Toledo, pues en ella han puesto mano Wamba, los moros y Carlos V, ennobleciéndola más y más con cada restauración; ruinas de Palacios tan interesantes, respectivamente, como los que habitaron D. Pedro el Cruel y D. Enrique de Trastamara; murallas del tiempo de D. Rodrigo; el Baño de la Cava; la Capilla mozárabe de la Catedral; la gran Fábrica de Armas, donde se siguen forjando y templando espadas como las que nos valieron tantas victorias en otros días; El Cristo de la Vega de la leyenda de Zorrilla; la romántica Plaza del Zocodover; la Posada de la Sangre, contemporánea de Don Quijote; ¡qué sé yo cuántas cosas me han entusiasmado durante mi estancia en Toledo!.....
Citaré únicamente, para concluir, mis últimas emociones en la que llamaré nuestra ciudad eterna.
Había llegado el momento de regresar á Madrid, al mundo de la política y de los negocios.....
La tarde era tempestuosa..... Negras nubes y remotos truenos amenazaban á los toledanos con una gran tormenta.
Tenía yo resuelto de antemano que mi última visita sería para la Catedral, donde ya había estado lo menos ocho veces en el espacio de dos días.....—Deseaba despedirme allí solemnemente de Toledo.
Mi compañero de viaje y querido amigo el insigne músico D. Mariano Vázquez me esperaba en la gran Basílica, enteramente solo, sentado delante del magnífico órgano llamado del Deán, arrancando de su hondo seno solemnes y patéticos gemidos.—Tocaba la Marcha fúnebre en la muerte de un héroe, escrita por Beethowen el día que supo que Bonaparte «había descendido hasta el extremo de coronarse Emperador».—El sacristán se había prestado también á ejercer el oficio que no era el suyo, encargándose de los fuelles.....
Las bóvedas de la Catedral temblaban ante aquella tempestad de armonía que lanzaba el poderoso instrumento. Las últimas luces de la tarde penetraban desfallecidas por los calados rosetones, dando fantásticos contornos á las figuras pintadas en los vidrios.—Abajo, en el templo, estaba yo solo.....
¿El canto de gloria y de muerte que exhalaba el órgano, caía sobre tantas sepulturas, sobre tanta grandeza desvanecida, sobre tanta soberbia humillada, como un sufragio ó como un anatema?..... ¡No sé!
Perdido yo en la sombra de aquellas frías y solitarias capillas, creía que el héroe muerto de la composición de Beethowen era el honor español.
A lo lejos me pareció oir las carcajadas de la moderna corte de España, confundidas con las risas de desprecio de los riffeños, de los mejicanos y de los poseedores de Gibraltar. ¡Hasta creí sentir ruido de mejillas abofeteadas, y nuevas risas, y crujidos de huesos que se removían indignados bajo las losas de los sepulcros!
«¡Los extranjeros nos insultan!.....»—gritaba una voz en los aires.....
El órgano había callado. Levanté la frente, y quise huir..... Pero ya era de noche, y las tinieblas me rodeaban.—Llegó en esto mi amigo, y me sacó de la Catedral.
Una furiosa tormenta estaba descargando sobre Toledo..... Pero se acercaba la hora de partida del tren, y tuvimos que salir á escape entre la granizada y el huracán, como almas que se lleva el diablo.
Tres horas después me hallaba en el café Suizo de Madrid.
Junio de 1858.
EL ECLIPSE DE SOL DE 1860
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oy fe de haberlo visto con mis propios ojos, ayer á 18 de Julio, de dos á tres de la tarde, desde las venerandas ruinas de Sagunto, ó sea desde lo alto del castillo de Murviedro.
Con este solo fin había salido la víspera de la villa y corte de las Españas en el tren correo. Al pasar por Valencia se me agregaron, según estaba convenido, algunos poetas de las márgenes del Turia, con quienes me liga antigua amistad, y todos juntos llegamos al castillo una hora antes de la anunciada por el Calendario para el comienzo de la gran tragedia celeste.
En aquel histórico lugar, donde comenzaba la zona en que sería totalmente visible la catástrofe, no se hallaba constituída ninguna comisión de astrónomos, armada de instrumentos, con objeto de hacer la autopsia al astro-rey luego que muriese....., y por eso mismo habíamos determinado mis amigos y yo establecer allí nuestro observatorio poético, ganosos de experimentar en el momento solemne todas las emociones dramáticas y religiosas de la inocencia ó de la ignorancia.....—Estábamos, pues, solos con el coro trágico, y el coro trágico se componía de labriegos del país..... ¡De aquellos labriegos que rara vez suben á la antiquísima fortaleza, pero siempre para honra y gloria de España!
Así lo pensaba yo al ver al actual pueblo saguntino subir desde la villa á la ciudadela. Pensaba en el día que sus antepasados subieron por aquellas mismas rampas talladas en la roca, y no volvieron á bajar, sino que perecieron heroica y voluntariamente, dando al héroe cartaginés el más grande espectáculo de patriotismo que registra la historia: ó recordaba aquel otro día, casi de nuestro tiempo, en que las tropas de Napoleón se estrellaron una vez y otra contra aquel ruinoso baluarte, guarnecido por un puñado de valientes, que acababan de dejar el arado para subir á defender á costa de su vida el muro viejo (Murviedro).
A la verdad, estas consideraciones históricas eran muy adecuado prólogo al épico suceso que aguardábamos. Todo ello tenía dimensiones homéricas; y como el cielo, la tierra y el mar que se desplegaban ante nuestra vista eran los mismos de hace veintidós siglos, hubo momentos en que perdí toda conciencia del tiempo, ó en que confundí lo pasado con lo presente, y aun con lo futuro, que era el eclipse.....
A mis pies veía, por una parte, las imponentes ruinas del Anfiteatro romano; por otra, la villa actual; alrededor, una verde llanura poblada de algarrobos, olivos y moreras, y más lejos el azul Mediterráneo, ó suaves cordilleras de montañas que delineaban, por decirlo así, un magnífico y resplandeciente horizonte.
El día estaba sereno y caluroso. El sol inundaba de luz las soledades del espacio, animando y engrandeciendo el vastísimo paisaje. Largos y monótonos zumbidos de cigarras y de otros insectos voladores poblaban el aire de un sordo y soñoliente murmullo, que convidaba á la siesta. Callaban las aves, adormecidas por el calor, y callaban también los hombres, atentos al deicidio que se preparaba en los cielos.
A la izquierda, y precisamente donde empezaban á amontonarse algunas cenicientas nubes, divisábase un rompimiento de la cordillera, que me dijeron daba paso al Desierto de las Palmas.—Allí, lo mismo que en otros parajes de la Península, miles de humanos seres, olvidados de las agitaciones y mezquinos intereses de esta vida, estaban como nosotros en expectación del fenómeno celeste; unos llevados de amor á la ciencia, otros de culto á lo maravilloso, quienes del miedo, quienes de mera curiosidad.
En lo que á mí toca, yo consideraba en aquel instante al género humano de un modo que no lo había considerado nunca: no ya como una especie privilegiada que cumple estos ó aquellos destinos en el mundo; no como actores del gran teatro del universo; no como los personajes principales del largo drama que llamamos Historia, sino únicamente como espectadores alojados en un pequeño planeta, como simples pobladores de nuestro globo, como accidentes de la creación, como testigos de la marcha misteriosa de mil mundos. Las ciencias, la política, la filosofía, los odios, las ambiciones, el amor, la guerra, el infortunio, todo lo que constituye nuestra cotidiana vida, había perdido su interés en aquel momento. Todos los hombres resultaban iguales. Un poder superior, la incontrastable fuerza que rige los orbes, les hacía pensar en cosas más grandes que la sociedad y que la civilización. ¿Qué eran, qué podían ser las potestades humanas, cuando mundos enteros aparecían como frágiles barquillas perdidas en el infinito espacio, y se les veía navegar á merced del potente soplo que los empuja por sus misteriosos derroteros?
Eran ya las dos....., la hora anunciada y esperada hace tanto tiempo por los astrónomos.
El eclipse había principiado; pero aun no se percibía alteración alguna en la luz del sol.
A eso de las dos y media empezaron á palidecer las nubes, mientras que el mar se ponía cada vez más sombrío.
La luz del sol era blanca como la de la luna, y la sombra de los cuerpos intensamente negra, pero de vagos contornos.
El cielo estaba despejado; la atmósfera diáfana. ¡El sol se hallaba en el mediodía; y, sin embargo, se aproximaba la noche!
Nuestros semblantes se iban poniendo lívidos..... Una claridad fúnebre, que ya no era semejante á la de la luna, sino á la de la luz eléctrica, alumbraba fantásticamente la ciudad y las ruinas del Anfiteatro.
Las nubes tomaban un color gris como el de la ceniza. El mar continuaba obscureciéndose.....
¡Y nada de esto se parecía al anochecer!..... Lo imponente era el ver que allá, en las regiones superiores del cielo, seguía siendo de día, mientras que en la infortunada tierra y en su atmósfera cundía la obscuridad. Es decir: ¡que la luz del cielo no llegaba ya á la tierra!
Por lo demás, á la simple vista no se notaba todavía alteración alguna en el disco del sol. Ciertamente, casi todo él estaba eclipsado; pero el ligero limbo que aun se percibía, irradiaba el suficiente fulgor para ocultar á nuestros débiles ojos la gran sombra que ya amenazaba sepultarlo.
Tenemos, pues, que el sol reverberaba en el cenit; que el cielo, ó sea el espacio á que no alcanzaba la sombra de la luna, seguía inundado de luz como antes del fenómeno, y que, sin embargo, la noche caía sobre la tierra, súbita, aceleradamente ya, sin gradación ni crepúsculo, como si nuestro planeta hubiese tenido luz propia y un soplo del Hacedor la hubiera apagado repentinamente.
¡En esto—(todo lo que ya diga sucedió en menos de un segundo)—en esto expira instantáneamente el último fulgor; cambian de aspecto todas las cosas; vense lucir dos estrellas cerca del astro agonizante; levántase un espantoso viento; hace frío; corren las nubes; ennegrécese el mar; camina la sombra á nuestros pies; parece que se desquicia el cielo, como cuando se muda una decoración en el teatro; muere el sol....., y sustitúyele un astro nunca visto, un meteoro fúnebre y grandioso, más bello que todo lo imaginado por el hombre!.....
Un grito de terror sale de mil pechos. Las gentes sencillas que nos cercan creen indudablemente que se acaba el mundo..... Pero, al ver que el sol ha sido reemplazado por aquel fenómeno tan hermoso y sorprendente, nuevo alarde del poder y de la sabiduría del Eterno, prorrumpe en un aplauso, en un viva, en un bravo, en una aclamación frenética y entusiasta.....
Este singular y tierno aplauso al Autor de la naturaleza, pone las lágrimas en mis ojos..... El espectáculo de la conjunción eriza los cabellos..... El cuadro que me rodea, la hora, el sitio, todo contribuye á horrorizarme, á conmoverme, á levantar mi espíritu, á revelarme la inconmensurable grandeza de Dios.
El Gólgota, tal como se le pinta á las tres de la tarde de aquel tremendo y glorioso día en que murió Jesús; el Juicio Final, profetizado por el Apocalipsis; el Diluvio, Pompeya, los terremotos americanos.....; yo no sé cuántas y cuán extrañas cosas pasaron por mi imaginación.
Entretanto....., ¡qué maravillosa, qué sublime apariencia la de los cielos!
El astro que había sustituído al sol, diríase que era su catafalco, su iluminado túmulo, su capella ardente.—Imaginaos un cielo sombrío, y en medio de él una gran placa negra y de oro, una enorme estrella esmaltada..... ¡Yo no sé cómo os lo diga!.....—Imaginaos el disco de la Luna, negro como el azabache, y en torno suyo una orla de lumbre formada por la irradiación del sol, que está detrás. De esta orla parten divergentemente cuatro ó cinco ráfagas de plata y oro, como los destellos que vemos en las aureolas de los santos góticos.—Era, pues, un astro de luto; el cadáver del sol; la luz vestida de negro.—Sol y luna formaban un solo cuerpo, engendro misterioso que representaba á la vez el día y la noche.....
—¡Oh Dios (pensábamos todos en aquel momento)! ¡Cuán infinito es tu poder! ¡Cuántas nuevas maravillas pudieras crear, aun después de haber llenado de ellas tantos mundos! ¡Qué habrá que se iguale á la última de las cosas, si tú pones en ella tu mano augusta!
Poco más de dos minutos, que nunca olvidarán los mortales que han presenciado esta gran tragedia, duró el eclipse total.—El pueblo seguía aclamando á Dios, con los brazos alzados al cielo, con las lágrimas en los ojos.....
La obscuridad no era tanta que dejásemos de vernos unos á otros..... Pero ¡de qué manera! ¡Qué fatídica luz en nuestras frentes! ¡Qué lobreguez en las nubes! ¡Qué aparente movilidad en el suelo que pisábamos!
De pronto cae de aquel extraño fenómeno un borbotón de luz, un río de oro, un torrente de fuego que inunda instantáneamente toda la enlutada atmósfera.....
Un nuevo aplauso, un nuevo grito, mil y mil bendiciones á Dios pueblan el espacio.
—¡El SOL! ¡El SOL!—exclamamos todos con amorosa alegría.
—¡Bendito sea Dios! ¡Bendito sea Dios!—repetimos, llenos de gratitud y de entusiasmo.....
Y hay otro cambio súbito en la naturaleza, y tierra y cielos mudan de color como por encanto, y la mar vuelve á aparecer, y las estrellas se ocultan, y el sol recobra su soberanía—con gran contentamiento de nuestros corazones, apenados un punto al ver vencido tan glorioso y potente astro por el más débil y mezquino de los mil que alimenta y vivifica su bienhechora llama......
Valencia, 1860.
CUADRO GENERAL
DE
MIS VIAJES POR ESPAÑA
I
EXPLICACIÓN PREVIA
demás de la media docena de viajes cuyo relato circunstanciado acabáis de leer, tal y como lo escribí á su debido tiempo, y además también de mi expedición á la Alpujarra, que forma tomo aparte en la presente colección de mis OBRAS, he realizado otras muchísimas correrías, más ó menos poéticas, por esta bendita tierra de España, donde me cupo la honra de nacer, y donde, dicho sea entre paréntesis, protesto vivir y morir á uso y estilo de mis difuntos padres, aunque cada día se invente un nuevo Paraíso terrenal al otro lado de los Pirineos.....—Pero acontece, amigos lectores, que todavía no he tenido ocasión, ni hoy la tengo, de escribir la relación de tales andanzas, y por consiguiente, nada digo en este tomo acerca de Andalucía, Murcia, Valencia, Aragón, Navarra, las Provincias Vascongadas y otros territorios que han sido también objeto de mis peregrinaciones.
Espero en Dios, sin embargo, que algún día podré suplir este hueco, escribiendo una segunda parte de la presente obra, bajo el título de Más viajes por España; y, entretanto, voy á trazar aquí una especie de índice ó cuadro sinóptico de todos esos mis no escritos viajes, ó sea de ese mi futuro libro, como anticipado homenaje de amor á pueblos y regiones que, por más ó menos tiempo, fueron teatro de la tragicomedia de mi vida, y también para que ni por un momento resulte que he dejado de agradecer ninguno de los goces y aprovechamientos que plugo á Dios consentirme, durante mi estancia en su finca de recreo llamada La Tierra, ó, más bien dicho, durante este incomprensible y rápido viaje que, hasta parados y aun dormidos, estamos siempre haciendo los hombres, desde el misterioso reino que hay antes de la cuna, al no menos misterioso que hay más allá del sepulcro.
Echaréis de menos en el siguiente Cuadro general algunas visitas (que por ningún concepto he debido dejar de hacer antes de morirme) á territorios enteros tan importantes como Cataluña, Asturias y Galicia, y á tal ó cual provincia suelta de otros antiguos reinos de España..... Pero ¡amigo! me cansé y me casé: la primitiva fuerza centrífuga de mi carácter se convirtió en centrípeta tan luego como tuve casa y hogar; y desde entonces sólo he viajado lo puramente indispensable, ya comprometido por algún amigo, ó ya á remolque de alguna prosaica obligación.—Quiero decir con esto que, llegado á cierta edad ó á cierto estado de ánimo, mi antiguo afán de esparcirme, de ver, de ser visto, de correr mundo, de presenciar cuantos sucesos notables ocurrían en mi tiempo (afán que me había llevado á todo linaje de inauguraciones y espectáculos, á ver ajusticiar reos, á la primera Exposición Universal de París, á la guerra de Africa, á la transfiguración de Italia en un solo Estado, á la zona en que el eclipse total de sol de 1860 fué visible, etc., etc.), se trocó en una invencible tendencia á recogerme, á concentrarme, á aislarme, á vivir en mi casa, con mi familia y con mis libros, y que, por consiguiente, no pasaron de proyectos infinidad de excursiones que tenía pensado hacer, no sólo por el suelo patrio, sino por toda la redondez de la tierra.....
Portugal, Egipto, el Cabo de Buena Esperanza, los Santos Lugares, Sumatra, Grecia, Méjico, Laponia....., ¡qué sé yo cuántas regiones pensaba visitar y había ya estudiado en mapas y libros!..... ¡Qué sé yo cuántas curiosidades se me han quedado sin satisfacer y cuántos anhelos sin cumplir, para otra vez que vuelva á este planeta, aunque ello sea el propio día del Juicio Final!.....—Baste saber que, entre mis planes juveniles, entraba escribir una novela, ó más bien cuatro novelas en una, con el título de Los cuatro puntos cardinales, cuyos estudios para la parte del Norte dieron origen á El Final de Norma, Los ojos negros, Un año en Spitzberg y otros escritos míos que tienen por teatro los hielos boreales.
Conque terminemos ya este prólogo ó epílogo, y entremos en la enumeración ordenada y cronológica de todas mis caminatas por España.
II
ÍNDICE CRONOLÓGICO
1846 y 1847. Viajes en burro de Guadix al Marquesado del Cenet en busca de las sombras de los Moriscos;
De Guadix á las grutas estalactíticas de los Baños de Alicún de Ortega,
Y de Guadix á Granada, á graduarme de bachiller en filosofía.
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1854. Viaje en galera de Guadix á Almería, en dos jornadas, haciendo noche en Doña María, donde hubo baile.—Pintura de Almería y de sus moradores.
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Viaje en diligencia de Granada á Málaga.—Disertación sobre las antiguas y monumentales diligencias.—Málaga y los malagueños.
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Viaje en vapor de Málaga á Cádiz, con arribada á Algeciras, por no poder pasar el Estrecho.—Disertación contra Gibraltar.—Un mes en Cádiz.
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Viaje en vapor de Cádiz á Sevilla.—Descripción de la llegada á Sevilla por el río, indicada ya en El Final de Norma.—Entre Sevilla y Triana: meditación en un puente que ya no existe, por habérselo llevado el agua.....
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Viaje en diligencia de Sevilla á Madrid, con un vistazo de tres horas á Córdoba.—Consideraciones acerca del ferrocarril de Madrid á Aranjuez, único que entonces llegaba á la Villa y Corte.
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De Madrid á Granada por Jaén, con un tratado sobre la Mancha, Despeñaperros y la Cara de Dios.
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Segundo viaje de Granada á Málaga, por Alhama y Vélez-Málaga, á caballo, haciendo etapas militares de á tres leguas.—Complicaciones políticas de aquellos tiempos.
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1855. Viaje de Madrid á Segovia.—Segovia en invierno.—Un mes de vida cenobítica.—Visitas nocturnas al Acueducto.
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De Madrid á Bayona, en diligencia, por Valladolid, Burgos y las Provincias Vascongadas.—Cuatro palabras, como digresión acerca de Burdeos, Tours, Orleans, París y su Exposición de 1855.
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De Bayona á Madrid, por Elizondo, Pamplona y Soria, en diligencia, con su correspondiente discurso acerca de las ruinas de Numancia.
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Nuevo viaje de Madrid á Granada y Guadix, en compañía del cólera morbo, y de Guadix á Granada y Madrid, en compañía de dos señoritas muy guapas.
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De Madrid á Cuenca.—Viaje inverosímil, á maldita la cosa, ó sin razón ni pretexto alguno, en compañía de tres poetas desocupados.—Hermosura especial de Cuenca, donde corrimos peligro de muerte.
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1856. De Madrid á Trillo.—Conferencias con el Tajo, allí todavía muy joven, y con la Luna, que aquellos días se hallaba en creciente.
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Primer viaje á Valencia, por Albacete, yendo en diligencia desde Tembleque hasta Almansa.—¡Alcira!, ¡Játiva!, ¡Valencia!—Quince viajes matutinos al Grao, á comer melón, remedio infalible contra la ictericia.—Recuerdos de Ronconi.
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De Valencia á Tembleque, y de Tembleque á Guadix.—Historia de una docena de perdices escabechadas.—De Guadix á Madrid, en vísperas de Navidad, todo el camino cubierto de nieve.....
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1858. De Madrid á Alicante, en ferrocarril, con la corte, cuando S. M. la Reina Doña Isabel II inauguró esta línea.—Las alicantinas.—El bosque de palmeras de El Porquet.
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De Alicante á Valencia, por mar, en un buque de guerra.—Sinfonías de cañonazos.—Del alumbrado que se usa en el mar cuando por él viajan de noche personas Reales.
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De Valencia á Madrid, después de haber presenciado en Valencia extraordinarios festejos, inclusas dos Exposiciones de mujeres y una de flores.
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De Madrid á Toledo, primer viaje, cuando se inauguró la vía férrea. (Inserto, no completamente, en el presente tomo.)—Episodios cómicos de la ceremonia oficial.
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Viaje á caballo á todo lo largo del Canal de Isabel II hasta el Pontón de la Oliva, donde conocí al Lozoya en su primitivo estado salvaje.—Vuelta á Madrid, pasando por Hiendelaencina, donde bajé á un pozo de no sé cuántos cientos de varas.
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Viaje á Santander, haciendo alto en Valladolid y en el Valle de Buelna. (Incluído en el presente volumen, aunque no por entero.)—Recuerdos de Ontaneda y Viesgo, y descripción de Santander.
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1859. De Madrid á Guadix.—Las fiestas del Corpus en Granada.—De Guadix á Madrid, en vísperas de la guerra de Africa.—Se declara la guerra.
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De Madrid á Málaga, con el Estado Mayor del tercer Cuerpo del Ejército.—Siento plaza de soldado.—Bailes y fiestas en los altos círculos malagueños.
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De Málaga á Ceuta, y de Ceuta al Campamento del Tarajar. (Viajes escritos en mi Diario de un testigo de la guerra de Africa.)
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1860. Del Campamento del Tarajar á Tetuán, pasando por Castillejos, Río Azmir, Cabo Negro, Fuerte-Martín, Guad-el-Gelú y los Campamentos moros. (Referencias al susodicho Diario.)
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Marzo.—De Tetuán á Cádiz, y de Cádiz á Sevilla y Córdoba, haciendo escala de algunas horas en estas tres ciudades.
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De Córdoba á Madrid, en cuyo camino me alcanza y deja atrás la noticia de que la paz se ha firmado.
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Mayo.—Tres días en Aranjuez.—Espárragos, flores y fresa.
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Junio.—Quince días en El Escorial.—Códices y sepulcros.
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Julio.—Viaje á Sagunto (publicado en este tomo) á ver el Eclipse total de sol con varios literatos de Valencia.
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Agosto.—Un mes en La Granja, ó sea en el Real Sitio de San Ildefonso.—La Arcadia de los cortesanos.—De cómo se pescan truchas á bragas enjutas.—La Boca del Asno.—Mesas giratorias parlantes.
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Septiembre.—De Madrid á Valencia, en donde me embarqué para Francia, Suiza é Italia. (Viajes descritos minuciosamente en mi libro De Madrid á Nápoles.)
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1861. Febrero.—De Hendaya á Madrid.—Estreno del ferrocarril de Burgos á Valladolid, y anécdota burgalesa.—Un vuelco de diligencia en lo alto del Guadarrama, á las doce de la noche y nevando.
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Marzo.—Segundo viaje á Toledo.
Abril.—De Madrid á Granada y Guadix.—La primavera de los bailes en Granada.—Diez leguas á galope la mañana del día de San Pedro.
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Julio.—Segundo viaje de Guadix á Almería, de noche, á caballo y con ladrones.
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Octubre.—De Guadix á Madrid.
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1862. Abril.—Tercer viaje á Toledo.
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Agosto.—Vida militar en el cuartel de Leganés con el teniente coronel D. Ángel María Chacón.
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Triste expedición al Molar y Guadalix de la Sierra en busca de un amigo que había enfermado mortalmente en una cacería.
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Septiembre.—Ocho días en las Navas del Marqués.—La duquesa Ángela de Medinaceli y sus pinares de Guadarrama.
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1863. (El año de las muertes.)—Enero.—Viaje á Guadalajara, donde murió mi amigo Villanueva.
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Febrero.—De Madrid á Guadix, cuando murió mi padre.
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Marzo.—De Guadix á Madrid, llamado por Pastor Díaz, moribundo.
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Junio.—Viaje á Alicante, á la inauguración del vapor Príncipe Alfonso, primero de la Compañía Trasatlántica de D. Antonio López.—Del apuro en que nos vimos cuatro amigos en una cáscara de nuez.
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Julio.—Nuevo viaje á Viesgo y Santander.—Algunos versos inéditos de Ros de Olano y míos.
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Agosto.—De Santander á Bilbao, por Santoña y las Encartaciones.—Recuerdos de Antonio Trueba.—Paseos con el mismo, en Bilbao.—El Puente de Luchana y la casa donde murió Zumalacárregui.
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Portugalete.—Baños de mar.....—Primeros síntomas matrimoniales.
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Septiembre.—Vuelta á Madrid, dejando instituído á mi favor el censo por Nochebuena de un pavo anual salamanquino, que llevo veinte años de cobrar.
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Octubre.—Viaje electoral á mi tierra.—Cambio de ideal del quijotismo poético.—Plagio á Aben-Humeya preparando unas elecciones en los partidos de Guadix y de Iznalloz.
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Noviembre.—Regreso á Madrid.—¡Todo se ha perdido menos el honor!
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1864. Marzo.—La acostumbrada peregrinación á Toledo en Semana Santa.
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Abril.—La peregrinación á Guadix, casi anual también, á ver á mi madre.
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Junio.—Correrías á caballo por veinte pueblos de los montes de Guadix é Iznalloz.—Recuerdos de Montegícar.—La vida del candidato, ya indicada en mi novela La Pródiga.
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Agosto.—De Granada á Almuñécar, por Motril, primero en diligencia, después embarcado, luego en mulo y finalmente andando.—Recuerdos de Almuñécar.
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Septiembre.—De Almuñécar á Granada, primero á caballo y luego en coche.—De la diferencia que existe entre las jamugas y las artolas, con otros síntomas matrimoniales.
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Diciembre.—Heroicidades en miniatura.—De Granada á Iznalloz, de Iznalloz á Guadix y de Guadix á Granada.—Triunfal regreso de Granada á Madrid, ya diputado, pero todavía soltero.
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1865. Marzo.—El consabido viaje á Toledo por Semana Santa.
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Septiembre.—El consabido viaje á Guadix.
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Noviembre.—Otras elecciones.—Correrías por la deliciosa vega de Granada.—Santafé, vista muy despacio.—De cómo no fallaron los susodichos síntomas matrimoniales.
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1866. Febrero.—De Granada á Madrid, muy bien acompañado para siempre.
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Diciembre.—De Madrid á Francia, desterrado de Real orden.—Circunstancias agravantes del caso.—En París, solo, y sin cartas de España.—Biarritz en invierno.—Viajes de tapadillo á la frontera de España.
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1867. De Francia á Granada, sin hacer noche en Madrid.—Nace en Granada mi hija Paulina.
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Año y medio de confinación política en Granada.—Escapatorias á Guadix.
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1868. Septiembre.—De Granada á Aguilar, en camino de hierro.—De Aguilar á Córdoba, en calesa, por estar el ferrocarril cortado.—De Córdoba á Sevilla, en tren insurrecto.—De Sevilla á Córdoba, con el cuartel general del Duque de la Torre.—De Córdoba á Alcolea, á caballo.—De Alcolea á Andújar, con Ayala y Gómez Diez, de noche, en tren clandestino, con bandera y mensaje de paz, recogiendo heridos en estaciones solitarias.—Plan de un libro político, que tal vez escriba algún día.
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Octubre.—De Alcolea á Madrid con el cuartel general del Duque de la Torre.—Lance trágico en Aranjuez.
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De Madrid á Zaragoza en plena Revolución.—Majestad y hermosura de Zaragoza.—Mi adoración de toda la vida á los aragoneses.
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Noviembre.—De Madrid á Granada, donde pude exclamar: ¡Viaje redondo!, acordándome del que emprendí en Septiembre en busca de los insurrectos de Cádiz.
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1869. Febrero.—De Granada á Guadix, y de Guadix á Madrid, después de otras elecciones.
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1870. Marzo.—De Madrid á Alhama de Aragón, y viceversa.
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Agosto.—De Madrid á Málaga.—Baños de mar y otros entretenimientos de verano en vísperas de la elección de Rey.
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Septiembre.—De Málaga á Granada, y de Granada á Madrid.....
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Ídem.—Otra vez á Alhama de Aragón.
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1871. Marzo.—De Madrid á Iznalloz en busca de la cuarta acta de Diputado, y de Iznalloz á Madrid con el acta en el bolsillo.—Nueva disertación sobre la poesía política y electoral.
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Mayo.—De Madrid á Granada y Guadix y vuelta á Madrid en el mismo mes.—Sigue la pícara poesía electoral.
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Junio.—Otra vez á Alhama de Aragón....., siendo de advertir que yo no he usado nunca aquellos baños medicinales.....
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Julio.—De Madrid á los Baños de Archena, que tampoco tomé, ni me habían sido recetados.....—Formo idea de la belleza y fertilidad de la provincia de Murcia.—Vuelta á Madrid á las cuarenta y ocho horas.
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Agosto.—De Madrid á Aguas Buenas (que tampoco había de tomar).—Ocho días en Pau, Bayona y Biarritz.
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Septiembre..—Regreso á Madrid por San Sebastián, Vergara, Arechavaleta, Escoriaza (donde me detengo quince días) y Vitoria (donde permanezco dos).—Elogios debidos á las Provincias Vascongadas.
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1872. Marzo.—De Madrid á la Alpujarra. (Este viaje se halla largamente referido en el libro titulado La Alpujarra, que forma parte de la presente colección de mis obras.)—De la Alpujarra á Madrid, triste fin y remate de la poesía electoral.
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Agosto.—Viaje de El Escorial á Ávila, donde permanezco dos días.—Maravillas arquitectónicas de la ciudad de Santa Teresa.
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Septiembre.—De Ávila á Madrid, y de Madrid al Monasterio de Piedra en Aragón.—Maravillas naturales, construídas por el río Piedra.
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1873. Viaje á Extremadura.—Dos meses en un bosque.—Visita al Monasterio de Yuste (ya publicada en el presente tomo).—Estudios de la naturaleza.
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1874. De Madrid á Despeñaperros.—Dos días vivaqueando en los túneles del ferrocarril.—Correrías en cangrejo.—Noche fantástica en una vía muerta, en la estación de Almuradiel.
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De Despeñaperros á Córdoba.—Excursión á las Ermitas de la Sierra.
1875. Cien días en El Escorial, con una ascensión á las cumbres del Guadarrama á herborizar y á cazar mariposas de primer orden.—Del hijo que enterré y del libro que escribí durante mi estancia en El Escorial.
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Noviembre.—Viaje á Murcia y Cartagena y al pueblo nuevo de La Unión.—Estudio detenido de la hermosura y fertilidad de la provincia de Murcia.—Apuntes literales de mi Libro de memorias, y datos curiosos que me suministraron algunos amigos.
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1876. Febrero.—Viaje á Granada, Córdoba y Sevilla.—Estudio especial de los cuadros de Murillo.—De por qué no fuí aquel año desde Granada á Guadix.—Paralelo entre Sevilla y Granada.—En Sevilla se desconocen las cuestas, las umbrías, el ruido del agua y la majestad de las sierras.
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Agosto (del 17 al 20).—Segundo viaje al Monasterio de Piedra.
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1877. Un verano en Rota.—Excursiones á Cádiz, el Puerto de Santa María, Jerez y Sanlúcar de Barrameda.—Variaciones sobre temas de amontillado.
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Octubre.—Dos días en Salamanca. (Viaje referido en el presente volumen.)
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1878. Muere mi madre y dejo de ir á Guadix.—Planto la tienda en Valdemoro.—Cinco veranos en esta villa.—Libros que escribo allí en la celda prioral que construyo al efecto.
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1879. Alcalá de Henares, el día de la inauguración de la estatua de Cervantes.
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1882. Tercer viaje, y el más solemne de todos, al Monasterio de Piedra, con Tamayo, Cañete, Fernández Jiménez, Catalina, Moraza, Holguín y Moreno (D. Julián).
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1883. La Semana Santa en Córdoba.—Los ingleses en Andalucía.—Epílogo de todos los viajes mencionados, que constituirá una especie de Mapa poético de España, para el uso de los que deseen abandonar la mala costumbre de veranear en tierra extranjera.
COLECCIÓN
DE
ESCRITORES CASTELLANOS
TOMOS PUBLICADOS
- 1.º—Romancero espiritual del Maestro Valdivielso, con retrato del autor grabado por Galbán, y un prólogo del Rdo. P. Mir, de la Real Academia Española. (Agotados los ejemplares de 4 pesetas, los hay de lujo de 6 en adelante.)
- 2.º—Obras de D. Adelardo López de Ayala: tomo I.—Teatro: tomo I, con retrato del autor grabado por Maura, y una advertencia de D. Manuel Tamayo y Baus.—Contiene: Un hombre de Estado.—Los dos Guzmanes.—Guerra á muerte.—5 pesetas.
- 3.º—Obras de Andrés Bello: tomo I.—Poesías, con retrato del autor grabado por Maura, y un estudio biográfico y crítico de D. Miguel Antonio Caro.—Contiene todos sus versos ya publicados, y algunos inéditos. (Agotada la edición de 4 pesetas, hay ejemplares de lujo de 6 en adelante.)
- 4.º—Obras de D. A. L. de Ayala: tomo II.—Teatro: tomo II.—Contiene: El tejado de vidrio.—El Conde de Castralla.—4 pesetas.
- 5.º—Obras de D. Marcelino Menéndez y Pelayo: tomo I.—Odas, epístolas y tragedias, con retrato del autor grabado por Maura, y un prólogo de D. Juan Valera.—4 pesetas.
- 6.º—Obras de D. Serafín Estébanez Calderón (El Solitario): tomo I.—Escenas andaluzas.—4 pesetas.
- 7.º—Obras de D. A. L. de Ayala: tomo III.—Teatro: tomo III.—Contiene: Consuelo.—Los Comuneros.—4 pesetas.
- 8.º—Obras de D. Antonio Cánovas del Castillo: tomo I.—El Solitario y su tiempo: tomo I.—Biografía de D. Serafín Estébanez Calderón y crítica de sus obras, con retrato del mismo, grabado por Maura.—4 pesetas.
- 9.º—Obras de D. A. Cánovas del Castillo: tomo II.—El Solitario y su tiempo: tomo II y último.—4 pesetas.
- 10.—Obras de D. M. Menéndez y Pelayo: tomo II.—Historia de las ideas estéticas en España: tomo I. Segunda edición.—5 pesetas.
- 10 bis.—Obras de D. M. Menéndez y Pelayo: tomo III.—Historia de las ideas estéticas en España: tomo II. Segunda edición.—5 pesetas.
- 11.—Obras de A. Bello: tomo II.—Principios de Derecho internacional, con notas de D. Carlos Martínez Silva: tomo I.—Estado de paz.—4 pesetas.
- 12.—Obras de A. Bello: tomo III.—Principios de Derecho internacional, con notas de D. Carlos Martínez Silva: tomo II y último.—Estado de guerra.—4 pesetas.
- 13.—Obras de D. A. L. de Ayala: tomo IV.—Teatro: tomo IV.—Contiene: Rioja.—La estrella de Madrid.—La mejor corona.—4 pesetas.
- 14.—Voces del alma: poesías de D. José Velarde.—4 pesetas.
- 15.—Obras de D. M. Menéndez y Pelayo: tomo IV.—Estudios de crítica literaria.—Primera serie, 2.ª edición.—Contiene: La poesía mística.—La Historia como obra artística.—San Isidoro.—Rodrigo Caro.—Martínez de la Rosa.—Núñez de Arce.—4 pesetas.
- 16.—Obras de D. Manuel Cañete: tomo I, con retrato del autor grabado por Maura.—Escritores españoles é hispano-americanos.—Contiene: El Duque de Rivas.—D. José Joaquín de Olmedo.—4 pesetas.
- 17.—Obras de D. A. Cánovas del Castillo: tomo III.—Problemas contemporáneos: tomo I, con retrato del autor grabado por Maura.—Contiene: El Ateneo en sus relaciones con la cultura española: las transformaciones europeas en 1870: cuestión de Roma bajo su aspecto universal: la guerra franco-prusiana y la supremacía germánica: epílogo.—El pesimismo y el optimismo: concepto é importancia de la teodicea popular: el Estado en sí mismo y en sus relaciones con los derechos individuales y corporativos; las formas políticas en general.—El problema religioso y sus relaciones con el político: el problema religioso y la economía política: la economía política, el socialismo y el cristianismo: errores modernos sobre el concepto de Humanidad y de Estado: ineficacia de las soluciones para los problemas sociales: el cristianismo y el problema social: el naturalismo y el socialismo científico: la moral indiferente y la moral cristiana: el cristianismo como fundamento del orden social: lo sobrenatural y el ateísmo científico: importancia de los problemas contemporáneos.—La libertad y el progreso.—Los arbitristas.—Otro precursor de Malthus.—La Internacional.—5 pesetas.
- 18.—Obras de D. A. Cánovas Del Castillo: tomo IV.—Problemas contemporáneos; tomo II.—Contiene: Estado actual de la investigación filosófica: diferencias entre la nacionalidad y la raza: el concepto de nación en la Historia: el concepto de nación sin distinguirlo del de patria.—Los maestros que más han enriquecido desde la cátedra del Ateneo la cultura española.—La sociología moderna.—Ateneistas ilustres: Moreno Nieto; Revilla.—Los oradores griegos y latinos.—Centenario de Sebastián del Cano.—Congreso geográfico de Madrid.—Ideas sobre el libre cambio.—5 pesetas.
- 19.—Obras de D. M. Menéndez y Pelayo: tomo V.—Historia de las ideas estéticas en España: tomo III, segunda edición (siglos XVI y XVII).—5 pesetas.
- 20.—Obras de D. M. Menéndez y Pelayo: tomo VI.—Historia de las ideas estéticas en España: tomo IV, segunda edición (siglos XVI y XVII).—5 pesetas.
- 21.—Obras de D. M. Menéndez y Pelayo: tomo VII.—Calderón y su teatro.—Contiene: Calderón y sus críticos.—El hombre, la época y el arte.—Autos sacramentales.—Dramas religiosos.—Dramas filosóficos.—Dramas trágicos.—Comedias de capa y espada y géneros inferiores.—Resumen y síntesis.—4 pesetas.
- 22.—Obras de D. Vicente de la Fuente: tomo I.—Estudios críticos sobre la Historia y el Derecho de Aragón: primera serie, con retrato del autor grabado por Maura.—Contiene: Sancho el Mayor.—El Ebro por frontera.—Matrimonio de Alfonso el Batallador.—Las Hervencias de Ávila.—Fuero de Molina de Aragón.—Aventuras de Zafadola.—Panteones de los Reyes de Aragón.—4 pesetas.
- 23.—Obras de D. A. L. de Ayala: tomo V.—Teatro: tomo V.—Contiene: El tanto por ciento.—El agente de matrimonios.—4 pesetas.
- 24.—Estudios gramaticales. Introducción á las obras filológicas de don Andrés Bello, por D. Marco Fidel Suárez, con una advertencia y noticia bibliográfica por D. Miguel Antonio Caro.—5 pesetas.
- 25.—Poesías de D. José Eusebio Caro, precedidas de recuerdos necrológicos por D. Pedro Fernández de Madrid y D. José Joaquín Ortiz, con notas y apéndices, y retrato del autor grabado por Maura.—4 pesetas.
- 26.—Obras de D. A. L. de Ayala: tomo VI.—Teatro: tomo VI.—Contiene: Castigo y perdón (inédita).—El nuevo Don Juan.—4 pesetas.
- 27.—Obras de D. M. Menéndez y Pelayo: tomo VIII.—Horacio en España.—Solaces bibliográficos, segunda edición refundida: tomo I.—Contiene: traductores de Horacio.—Comentadores.—5 pesetas.
- 28.—Obras de D. M. Cañete: tomo II.—Teatro español del siglo xvi.—Estudios histórico-literarios.—Contiene: Lucas Fernández.—Micael de Carvajal.—Jaime Ferruz.—El Maestro Alonso de Torres.—Francisco de las Cuevas.—4 pesetas.
- 29.—Obras de D. S. Estébanez Calderón (El Solitario): tomo II.—De la Conquista y pérdida de Portugal: tomo I.—4 pesetas.
- 30.—Las ruinas de Poblet, por D. Víctor Balaguer, con un prólogo de D. Manuel Cañete.—4 pesetas.
- 31.—Obras de D. S. Estébanez Calderón (El Solitario): tomo III—De la conquista y pérdida de Portugal: tomo II y último.—4 pesetas.
- 32.—Obras de D. A. L. de Ayala: tomo VII y último.—Poesías y proyectos de comedias.—Contiene: Sonetos y poesías varias.—Amores y desventuras.—Proyectos de comedias.—El último deseo.—Yo.—El cautivo.—Teatro vivo.—Consuelo.—El teatro de Calderón.—4 pesetas.
- 33.—Obras de D. M. Menéndez y Pelayo: tomo IX.—Horacio en España.—Solaces biográficos, segunda edición refundida: tomo II y último.—Contiene: La poesía horaciana en Castilla.—La poesía horaciana en Portugal.—5 pesetas.
- 34.—Obras de D. V. de la Fuente: tomo II.—Estudios críticos sobre la Historia y el Derecho de Aragón: segunda serie.—Contiene: Las primeras Cortes.—Los fueros primitivos.—Origen del Justicia Mayor.—Los señoríos en Aragón.—El régimen popular y el aristocrático.—Preludios de la Unión.—La libertad de testar.—Epílogo de este período.—4 pesetas.
- 35.—Leyendas moriscas, sacadas de varios manuscritos por D. F. Guillén Robles: tomo I.—Contiene: Nacimiento de Jesús.—Jesús con la calavera.—Estoria de tiempo de Jesús.—Racontamiento de la doncella Carcayona.—Job.—Los Santones.—Salomón.—Moisés.—4 pesetas.
- 36.—Cancionero de Gómez Manrique, publicado por primera vez, con introducción y notas por D. Antonio Paz y Melia, tomo I.—4 pesetas.
- 37.—Historia de la Literatura y del arte dramático en España, por A. F. Schack, traducida directamente del alemán por D. Eduardo de Mier: tomo I, con retrato del autor grabado por Maura.—Contiene: Biografía del autor.—Origen del drama de la Europa moderna, y origen y vicisitudes del drama español hasta revestir sus caracteres y forma definitiva en tiempo de Lope de Vega.—5 pesetas.
- 38.—Obras de D. M. Menéndez y Pelayo: tomo X.—Historia de las ideas estéticas en España: tomo V, 2.ª edición (siglo xviii).—4 ptas.
- 39.—Cancionero de Gómez Manrique, publicado por primera vez, con introducción y notas por D. A. Paz y Melia: tomo II y último.—4 pesetas.
- 40.—Obras de D. Juan Valera: tomo I.—Canciones romances y poemas, con prólogo de D. A. Alcalá Galiano, notas de D. M. Menéndez y Pelayo y retrato del autor grabado por Maura.—5 pesetas.
- 41.—Obras de D. M. Menéndez y Pelayo: tomo XI.—Historia de las ideas estéticas en España: tomo VI, 2.ª edición (siglo xviii).—5 ptas.
- 42.—Leyendas moriscas, sacadas de varios manuscritos por D. F. Guillén Robles: tomo II.—Contiene: Leyenda de Mahoma.—De Temim Addar.—Del Rey Tebín.—De una profetisa y un profeta.—Batalla del rey Almohalbal.—El alárabe y la doncella.—Batalla de Alexyab contra Mahoma.—El milagro de la Luna.—Ascensión de Mahoma.—Leyenda de Guara Albochoratl.—De Mahoma y Alharits.—Muerte de Mahoma.—4 pesetas.
- 43.—Poesías de D. Antonio Ros de Olano, con un prólogo de D. Pedro A. de Alarcón.—Contiene: Sonetos.—La pajarera.—Doloridas.—Por pelar la pava.—La gallomaquia.—Lenguaje de las estaciones.—Galatea.—4 pesetas.
- 44.—Historia del nuevo reino di Granada (cuarta parte de los Varones ilustres de Indias), por Juan de Castellanos, publicada por primera vez con un prólogo por D. A. Paz y Melia: tomo I.—5 pesetas.
- 45.—Poemas dramáticos de Lord Byron, traducidos en verso castellano por D. José Alcalá Galiano, con un prólogo de D. Marcelino Menéndez y Pelayo.—Contiene: Caín.—Sardanápalo.—Manfredo.—4 pts.
- 46.—Historia de la Literatura y del arte dramático en España, por A. F. Schack, traducida directamente del alemán por D. E. de Mier: tomo II.—Contiene: la continuación del tomo anterior hasta la edad de oro del teatro español.—5 pesetas.
- 47.—Obras de D. V. de la Fuente: tomo III.—Estudios críticos sobre la Historia y Derecho de Aragón: tercera y última serie.—Contiene: Formación de la liga aristocrática.—Vísperas sicilianas.—Revoluciones desastrosas.—Reaparición de la Unión.—Las libertades de Aragón en tiempo de D. Pedro IV.—Los reyes enfermizos.—Influencia de los Cerdanes.—Compromiso de Caspe.—La dinastía castellana.—Falseamiento de la Historia y el Derecho de Aragón en el siglo xv.—D. Fernando el Católico.—Sepulcros reales.—Serie de los Justicias de Aragón.—Conclusión.—5 pesetas.
- 48.—Leyendas moriscas, sacadas de varios manuscritos por D. F. Guillén Robles: tomo III y último.—Contiene: La conversión de Omar.—La batalla de Yermuk.—El hijo de Omar y la judía.—El alcázar del oro.—Alí y las cuarenta doncellas.—Batallas de Alexyab y de Jozaima.—Muerte de Belal.—Maravillas que Dios mostró á Abraham en el mar.—Los dos amigos devotos.—El Antecristo y el día del juicio—4 pts.
- 49.—Historia del nuevo reino de Granada (cuarta parte de los Varones ilustres de Indias), por Juan de Castellanos, publicada por primera vez con un prólogo por D. Antonio Paz y Melia: tomo II y último, que termina con un índice de los nombres de personas citadas en esta cuarta parte y en las tres primeras publicadas en la Biblioteca de Autores Españoles de Rivadeneyra.—5 pesetas.
- 50.—Obras de D. J. Valera: tomo II.—Cuentos, diálogos y fantasías.—Contiene: El pájaro verde.—Parsondes.—El bermejino pre-histórico.—Asclepigenia.—Gopa.—Un poco de crematística.—La cordobesa.—La primavera.—La venganza de Atahualpa.—Dafnis y Cloe.—5 pesetas.
- 51.—Historia de la Literatura y del arte dramático en España, por A. F. Schack, traducida directamente del alemán por D. E. de Mier: tomo III.—Contiene: la continuación de la materia anterior.—5 pts.
- 52.—Obras de D. M. Menéndez y Pelayo: tomo XII.—La ciencia española, tercera edición refundida y aumentada: tomo I, con un prólogo de D. Gumersindo Laverde y Ruiz.—Contiene: Indicaciones sobre la actividad intelectual de España en los tres últimos siglos.—De re-bibliographical.—Mr. Masson redivivo.—Monografías expositivo-críticas.—Mr. Masson redimuerto.—Apéndices.—4 pesetas.
- 53.—Obras de D. A. Cánovas del Castillo: tomo V.—Poesías.—Contiene: Amores.—Quejas y desengaños.—Rimas varias.—Cantos lúgubres.—4 pesetas.
- 54.—Obras de D. Juan Eugenio Hartzenbusch tomo I.—Poesías, con la biografía del autor, juicio crítico de sus obras por D. Aureliano Fernández-Guerra y retrato grabado por Maura: primera edición completa de las obras poéticas.—5 pesetas.
- 55.—Discursos y artículos literarios de D. Alejandro Pidal y Mon.—Un tomo con retrato del autor grabado por Maura.—Contiene: La Metafísica contra el naturalismo.—Fr. Luis de Granada.—José Selgas.—Epopeyas portuguesas.—Glorias asturianas.—Coronación de León XIII.—El P. Zeferino.—Menéndez y Pelayo.—Campoamor.—Pérez Hernández.—Frassinelli.—Epístolas.—Una madre cristiana.—Una visión anticipada.—El campo en Asturias.—5 pesetas.
- 56.—Obras de D. A. Cánovas del Castillo: tomo VI.—Artes y letras.—Contiene: De los asuntos respectivos de las artes.—Del origen y vicisitudes del genuino teatro español.—Apéndice.—La libertad en las artes.—Apéndice.—Un poeta desconocido y anónimo.—5 pesetas.
- 57.—Obras de D. M. Menéndez y Pelayo: tomo XIII.—La ciencia española: tercera edición corregida y aumentada: tomo II.—Contiene: Dos artículos de D. Alejandro Pidal sobre las cartas anteriores.—In dubita libertas.—La ciencia española bajo la Inquisición.—Cartas.—La Antoniana Margarita.—La patria de Raimundo Sabunde.—Instaurare omnia in Christo.—Apéndice.—5 pesetas.
- 58.—Historia de la Literatura y del arte dramático en España, por A. F. Schack, traducida directamente del alemán por D. E. de Mier, tomo IV.—Contiene: Fin de la materia anterior.—Edad de oro del teatro español.—5 pesetas.
- 59.—Historia de la Literatura y del arte dramático en España, por A. F. Schack, traducida directamente del alemán por D. E. de Mier: tomo V y último.—Contiene: Fin de la materia anterior.—Decadencia del teatro español en el siglo xviii.—Irrupción y predominio del gusto francés.—Últimos esfuerzos.—Apéndices.—5 pesetas.
- 60.—Obras de D. J. Valera: tomo III.—Nuevos estudios críticos.—Contiene: Apuntes sobre el nuevo arte de escribir novelas.—El Fausto de Goethe.—Shakespeare.—Psicología del amor.—Las escritoras en España y elogio de Santa Teresa.—Poetas líricos españoles del siglo xviii.—De lo castizo de nuestra cultura en el siglo xviii y en el presente.—De la moral y de la ortodoxia en los versos.—5 pesetas.
- 61.—Obras de D. M. Menéndez y Pelayo: tomo XIV.—Historia de las ideas estéticas en España: tomo VII (siglo xix).—5 pesetas.
- 62.—Obras de D. Severo Catalina: tomo I.—La Mujer, con un prólogo de D. Ramón de Campoamor: octava edición.—4 pesetas.
- 63.—Obras de D. J. E. Hartzenbusch: tomo II.—Fábulas: primera edición completa.—5 pesetas.
- 64.—Obras de D. M. Menéndez y Pelayo: tomo XV.—La ciencia española: tomo III y último.—Contiene: Réplica al Padre Fonseca.—Inventario de la ciencia española: Sagrada Escritura: Teología: Mística: Filosofía: Ciencias morales y políticas: Jurisprudencia: Filología: Estética: Ciencias históricas: Matemáticas: Ciencias militares: Ciencias físicas: 5 pesetas.
- 65.—Obras de D. J. Valera: tomo IV.—Novelas: tomo I, con un prólogo de D. Antonio Cánovas del Castillo.—Contiene: Pepita Jiménez.—El Comendador Mendoza.—5 pesetas.
- 66.—Obras de D. J. Valera: tomo V.—Novelas: tomo II.—Contiene: Doña Luz.—Pasarse de listo.—5 pesetas.
- 67.—Obras de D. A. Cánovas del Castillo: tomo VII.—Estudios del reinado de Felipe IV: tomo I.—Contiene: Revolución de Portugal: Textos y reflexión.—Negociación y rompimiento con la República inglesa.—5 pesetas.
- 68.—Obras de D. J. E. Hartzenbusch: tomo III.—Teatro: tomo I.—Contiene: Los amantes de Teruel.—Doña Mencía.—La Redoma encantada.—5 pesetas.
- 69.—Obras sueltas de Lupercio y Bartolomé Leonardo de Argensola, coleccionadas é ilustradas por el Conde de la Viñaza: tomo I.—Contiene las de Lupercio: Prólogo.—Poesías líricas.—Epístolas y poesías varias.—Obras dramáticas.—Opúsculos y discursos literarios.—Cartas eruditas y familiares.—Apéndices.—5 pesetas.
- 70.—Rebelión de Pizarro en el Perú y Vida de D. Pedro Gasca, por Calvete de Estrella, y un prólogo de D. A. Paz y Melia: tomo I.—5 pesetas.
- 71.—Obras de D. A. Cánovas del Castillo: tomo VIII.—Estudios del reinado de Felipe IV: tomo II.—Contiene: Antecedentes y relación crítica de la batalla de Rocroy.—Apéndice luminoso con 27 documentos de interés.—5 pesetas.
- 72.—Obras de D. Serafín Estébanez Calderón (El Solitario): tomo IV.—Poesías.—4 pesetas.
- 73.—Poesías de D. Enrique R. de Saavedra, Duque de Rivas, con un prólogo de D. Manuel Cañete y retrato del autor, grabado por Maura: tomo único.—Contiene: Impresiones y fantasías.—Recuerdos.—Hojas de álbum.—Romances.—La hija de Alimenón.—Juramentos de amor.—4 pesetas.
- 74.—Obras de D. M. Menéndez y Pelayo: tomo XVI.—Historia de las ideas estéticas en España, tomo VIII (siglo xix).—4 pesetas.
- 75.—Obras sueltas de Lupercio y Bartolomé Leonardo de Argensola, coleccionadas é ilustradas por el Conde de la Viñaza: tomo II.-Contiene las de Bartolomé Leonardo: Poesías líricas.—Sátiras.—Poesías varias.—Diálogos satíricos.—Opúsculos varios.—Cartas eruditas y familiares.—Apéndices.—5 pesetas.
- 76.—Rebelión de Pizarro en el Perú y Vida de D. Pedro Gasca, por Calvete de Estrella: tomo II.—5 pesetas.
- 77.—Obras de D. J. E. Hartzenbusch: tomo IV.—Teatro: tomo II.—Contiene: La visionaria.—Los polvos de la madre Celestina.—Alfonso el Casto.—Primero yo.—5 pesetas.
- 78.—Obras de D. J. Valera: tomo VI.—Novelas: tomo III.—Contiene: Las Ilusiones del Doctor Faustino.—5 pesetas.
- 79.—Pidal (Marqués de).—Estudios históricos y literarios: tomo I. Con retrato del autor, grabado por Maura.—Contiene: la lengua castellana en los códigos.—La poesía y la historia.—Poema, crónica y romancero del Cid.—Un poema inédito.—Vida del rey Apolonio y de Santa María Egipciaca.—La poesía castellana de los siglos XIV y XV.—4 pesetas.
- 80.—Sales españolas ó Agudezas del ingenio nacional, recogidas por D. A. Paz y Melia.—Primera serie.—Contiene: Libro de Cetrería y profecía de Evangelista.—Carta burlesca de Godoy.—Privilegio de Don Juan II en favor de un hidalgo.—Carta del bachiller de Arcadia al capitán Salazar, y respuesta de éste.—Sermón de Aljubarrota.—Carta de D. Diego Hurtado de Mendoza á Feliciano de Silva.—Proverbios de D. Apóstol de Castilla.—Carta del Monstruo satírico.—Libro de chistes de Luis de Pinedo.—Memorial de un pleito.—Carta hallada en el correo sin saber quién la enviaba.—Carta de un portugués.—Carta burlesca de Fr. Guillén de Peraza.—Descendencia de los Modorros.—Carta de Diego de Amburcea á Esteban de Ibarra.—Carta del Conde de Lemos á Bartolomé L. de Argensola.—Carta de Ustarroz al maestro Gil González Dávila.—Epitafios y dichos portugueses.—Carta de un quídam al Castellano de Milán.—Carta ridícula de Diego Monfor.—Mundi novi y diálogo.—Carta sobre el destierro del Duque de Escalona.—Cartas del Arcediano de Cuenca al cura de Pareja.—Nota de las cosas particulares del anticuario de D. Juan Flores.—5 pesetas.
- 81.—Obras de D. A. Cánovas del Castillo: tomo IX.—Problemas contemporáneos: tomo III.—Contiene: Ejercicio de la soberanía en las democracias modernas.—Las revoluciones de la edad moderna.—Clasificación de los sistemas democráticos.—La democracia pura en Suiza.—La democracia del régimen mixto en los cantones suizos.—La soberanía ejercida en Suiza por la confederación.—El régimen municipal.—La democracia de los Estados Unidos.—El conflicto de la soberanía en los Estados Unidos y en Suiza.—Principios teóricos de la democracia francesa.—Conclusiones.—El juicio por jurados y el partido liberal conservador.—La economía política y la democracia economista en España.—La producción de cereales en España y los actuales derechos arancelarios.—Necesidad de proteger, á la par que la de los cereales, la producción española en general.—De cómo he venido yo á ser doctrinalmente proteccionista. La cuestión obrera y su nuevo carácter.—De los resultados de la conferencia de Berlín y del estado oficial de la cuestión obrera.—Últimas consideraciones.—5 pesetas.
- 82.—Obras literarias de D. Manuel Silvela.—5 pesetas.
- 83.—Pidal (Marqués de).—Estudios históricos y literarios: tomo II.—Contiene: Vida del trovador Juan Rodríguez del Padrón.—D. Alonso de Cartagena.—El Centón epistolario.—Juan de Valdés y el Diálogo de la lengua.—Fr. Pedro Malón de Chaide.—¿Tomé de Burguillos y Lope de Vega son una misma persona?—Observaciones sobre la poesía dramática.—Viajes por Galicia en 1836.—Recuerdos de un viaje á Toledo en 1842.—Descubrimientos en América.—Poesías.—4 pesetas.
- 84.—Obras de D. Juan Valera: tomo VII.—Disertaciones y juicios literarios: Contiene: Sobre el Quijote.—La libertad en el arte.—Sobre la ciencia del lenguaje.—Del influjo de la Inquisición en la decadencia de la literatura española.—La originalidad y el plagio.—Vida de Lord Byron.—De la perversión moral de la España de nuestros días.—De la filosofía española.—Poesía lírica.—Estudios sobre la Edad Media.—Obras de D. Antonio Aparici y Guijarro.—Sobre el Amadís de Gaula.—Las Cantigas del Rey Sabio, 5 pesetas.
- 85.—Cancionero de la Rosa, por D. Juan Pérez de Guzmán: tomo I.—Contiene: Manojo de la poesía castellana, formado con las mejores producciones líricas consagradas á la reina de las flores durante los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX, por los poetas de los dos mundos.—Tomo I, 5 pesetas.
- 86.—Obras de Andrés Bello: tomo IV: Opúsculos gramaticales: tomo I.—Contiene: Ortología.—Arte métrica.—Apéndices.—4 pesetas.
- 87.—Duque de Berwick.—Relación de la conquista de los reinos de Nápoles y Sicilia.—Viaje á Rusia: 5 pesetas.
- 88.—Fernández-Duro (D. Cesáreo).—Estudios históricos.—Derrota de los Gelves.—Antonio Pérez en Inglaterra y Francia: un tomo.—5 pesetas.
- 89.—Obras de Andrés Bello: tomo V.—Opúsculos gramaticales: tomo II.—Contiene: Análisis ideológica.—Compendio de gramática castellana.—Opúsculos.—4 pesetas.
- 90.—Rimas de D. Vicente W. Querol: un tomo, 4 pesetas.
- 91.—Cancionero de la Rosa, por D. Juan Pérez de Guzmán: tomo II.—Contiene: Manojo de la poesía castellana, formado con las mejores producciones líricas consagradas á la reina de las flores durante el siglo xix, por los poetas de los dos mundos.—Tomo II, 5 pesetas.
- 92.—Obras de D. M. Menéndez y Pelayo: tomo XVII.—Historia de las ideas estéticas en España: tomo IX (siglo xix).—5 pesetas.
- 93.—Obras de D. J. E. Hartzenbusch: tomo V.—Teatro.—Tomo III. Contiene: El Bachiller Mendarias.—Honoria.—Derechos póstumos.—5 pesetas.
- 94.—Relaciones de los sucesos de la Monarquía española desde 1645 á 1658, por D. Jerónimo Barrionuevo de Peralta, con la biografía del autor y algunas de sus obras poéticas y dramáticas: tomo I.—5 pesetas.
- 95.—Obras de D. M. Menéndez y Pelayo; tomo XVIII.—Ensayos de crítica filosófica. Contiene: De las vicisitudes de la Filosofa platónica en España.—De los orígenes del criticismo y del escepticismo, y especialmente de los precursores españoles de Kant.—Algunas consideraciones sobre Francisco de Vitoria y los orígenes del derecho de gentes: tomo, 4 pesetas.
- 96.—Relaciones de los sucesos de la Monarquía española desde 1654 á 1658, por D. Jerónimo Barrionuevo de Peralta: tomo II.—5 pesetas.
- 97.—Historia crítica de la poesía castellana en el siglo xviii, por el Marqués de Valmar: tomo I.—5 pesetas.
- 98.—Obras de Fernán Caballero: tomo I. Contiene: Fernán Caballero y la novela contemporánea.—La familia de Alvareda.—5 pesetas.
- 99.—Relaciones de los sucesos de la Monarquía española desde 1654 á 1658, por D. Jerónimo Barrionuevo de Peralta: tomo III.—5 pesetas.
- 100.—Historia crítica de la poesía castellana en el siglo xviii, por el Marqués de Valmar: tomo II.—5 pesetas.
- 101.—Obras de D. Serafín Estébanez Calderón (El Solitario): tomo V.—Novelas, Cuentos y Artículos.—4 pesetas.
- 102.—Historia crítica de la poesía castellana en el siglo xviii, por el Marqués de Valmar: tomo III y último.—5 pesetas.
- 103.—Relaciones de los sucesos de la Monarquía española desde 1654 á 1658, por D. Jerónimo Barrionuevo de Peralta: tomo IV y último.—5 pesetas.
- 104.—Memorias de D. José García de León y Pizarro: tomo I (de 1770 á 1814).—5 pesetas.
- 105.—Obras Completas del Duque de Rivas: tomo I.—Poesías.—5 pesetas.
- 106.—Obras de D. M. Menéndez y Pelayo: Estudios de crítica literaria.—Segunda serie.—4 pesetas.
- 107.—Obras de Fernán Caballero: tomo II.—La Gaviota.—5 pesetas.
- 108.—Obras Completas del Duque de Rivas: tomo II.—Poesías.—5 pesetas.
- 109.—Memorias de D. José García de León y Pizarro: tomo II.—5 ptas.
- 110.—Ocios poéticos, por D. Ignacio Montes de Oca: un tomo, 4 pesetas.
- 111.—Obras de Fernán Caballero: tomo III.—Clemencia.—5 pesetas.
- 112.—Memorias de D. José García de León y Pizarro: tomo III.—5 pesetas.
- 113.—Obras completas del Duque de Rivas: tomo III.—El moro expósito.—5 pesetas.
- 114.—Obras de Fernán Caballero: tomo IV.—Lágrimas.—5 pesetas.
- 115.—Obras Completas Del Duque de Rivas: tomo IV.—Romances históricos.—5 pesetas.
- 116.—Estudios de historia y de crítica literaria, por el Marqués de Valmar.—4 pesetas.
- 117.—Obras Completas Del Duque de Rivas: tomo V.—Tragedias y Leyendas.—5 pesetas.
- 118.—Obras de D. M. Menéndez y Pelayo: Estudios de crítica literaria.—Tercera serie.—4 pesetas.
- 119.—Oraciones fúnebres, por D. Ignacio Montes de Oca; un tomo, 4 pesetas.
- 120.—Obras completas del Duque de Rivas: tomo VI.—Dramas y Comedias.—5 pesetas.
- 121.—Sales españolas ó Agudezas del ingenio nacional, recogidas por D. A. Paz y Melia.—Segunda serie.—Contiene: Diálogo de Villalobos.—Cuentos de Garibay.—Carta de las setenta y dos necedades.—Cuentos recogidos por D. Juan de Arguijo.—Cartas inéditas de Eugenio Salazar.—Carta del licenciado Claros de la Plaza al maestro Lisarte de la Llana.—Máscara en el convento de Trinitarias de Madrid.—Memorial al Presidente de Castilla.—Descripción del Escorial.—Poesía macarrónica á Baldo.—Poema macarrónico de Merlin á la entrada del Almirante en Cádiz.—Pepinada: Poesía macarrónica de Sánchez Barbero.—5 pesetas.
- 122.—Obras de Fernán Caballero: tomo V.—Contiene: Elia ó la España treinta anos há.—Con mal ó con bien á los tuyos te ten.—El último consuelo.—5 pesetas.
- 123.—Obras de Andrés Bello: tomo VI.—Gramática de la lengua castellana: tomo I.—5 pesetas.
- 124.—Obras completas del Duque de Rivas: tomo VII.—Dramas y Comedias.—5 pesetas.
- 125.—Obras de Fernán Caballero: tomo VI.—Contiene: Una en otra.—Un verano en Bornos.—Lady Virginia.—5 pesetas.
- Ejemplares de tiradas especiales de 6 á 250 pesetas.