WeRead Powered by ReaderPub
Viajes por Filipinas: De Manila á Albay cover

Viajes por Filipinas: De Manila á Albay

Chapter 10: CAPÍTULO IX.
Open in WeRead

Explore more books like this:

About This Book

A travel narrative through Philippine provinces that recounts sea voyages and overland routes from Manila into Albay and nearby islands. It combines geographical and geological description—notably volcanic peaks, springs and solfataras—with detailed accounts of towns, ports, markets and local industries such as abacá and ramio. The author records demographics, administrative structures, parish life, economic data, and Chinese settlement, and sketches customs, festivals, hospitality and household practices. Practical notes on infrastructure, trade, schools and reforms mingle with natural-history observations and episodic portraits of local characters encountered during itineraries.

CAPÍTULO VII.

Guinobatan.—Etimologías.—Situación.—Estadística.—Mauraro.—Catástrofes originadas por el volcán.—Eternas amenazas.—La iglesia y la casa parroquial.—El bardo del Mayon.—Tacay.—El Padre Luís.—Aguas y nieblas.—El Banao.—El puente de Isabel II.—Destrozos originados por un tifón.—Un diminuto Galeno.—Los sobanderos.—El mediquillo herborista.—Cómica gravedad.—Pseudo enterradores.—Recetario.—Su copia.—Autógrafo inapreciable.—Descanso.

A seis kilómetros escasos de Camaling, se encuentra Guinobatan, palabra cuya raíz gubat tiene tres significados, dando á conocer lo mismo el terreno desmontado que el lugar en que se ha verificado un asalto, ó conseguido una conquista. Nos inclinamos á creer que la verdadera etimología hay que buscarla en el primer sentido, teniendo en cuenta la necesidad que habría de hacer cortes y talas para formar aquel pueblo.

Guinobatan confina por Este con Camalig, por Oeste con Ligao: Tabaco por el Norte, dejando al Sur Quipia y los mares de Burias.

Tiene con sus barrios un total de población de 15.994 almas, que forman 88 cabecerías con 4.131 tributos. Se registraron 689 bautizos. 111 casamientos y 400 defunciones. Asistieron á las escuelas por término medio 340 niños y 260 niñas, conociendo medianamente el español 40 entre unas y otros. Hay radicados 4 europeos y 57 chinos. La criminalidad figura con 15 procesados.

El pueblo que nos ocupa es uno de los mejores de la provincia de Albay; en lo antiguo fué barrio de Camalig de quien dependió hasta 1688 en que adquirió propia autonomía. El año 1814 fué destruido por el fuego del volcán, formándose el nuevo pueblo en la que hoy es visita de Mauraro. Nueva catástrofe hizo que el caserío se fijara en las playas Panganiran: volviendo por último al primitivo sitio, pesando sobre el pueblo la eterna amenaza del vecino Mayon.

Guinobatan tiene bonita iglesia y espaciosa casa parroquial, morada que fué muchos años del Padre Melendreras, inspirado poeta que ha dejado escritos no pocos versos llenos de melancolía y sentimiento. Este poeta ha sido el bardo de las comarcas del bicol y en todos sus escritos palpitan tiernos recuerdos. La siniestra luz de las rojizas llamas del Mayon, los monstruos y quimeras del Lignion, la flora de sus campos, las leyendas de sus bosques, y sobre todo la originalísima Tacay, hermosa flor ninfácea de sus lagos, de la que hizo el poeta motivo y tema de sus versos, fueron las fuentes en que el Padre Melendreras bebía la inspiración de sus cantares inéditos en su mayoría, y casi podríamos decir en su totalidad, consecuencia de su extremada modestia que á todo trance rehuía la publicidad.

La casa parroquial de Guinobatan tiene suerte con sus inquilinos. Preguntad en toda la provincia de Albay, lo mismo á indio que á castilla por el Padre Luís, y no oiréis más que bendiciones para aquel párroco que durante las últimas epidemias fué la providencia de Guinobatan.

Aguas constantes y tenaces y espesas nieblas hacen que en aquella localidad la humedad sea muy grande, circunstancia que favorece el desarrollo del plátano abacá cuyo textil es el principal producto de su suelo.

El Banao riega la jurisdicción de Guinobatan y sobre dicho río se levantaba hasta hace pocos años el magnífico puente de Isabel II. Tenía 1.500 pies de largo por 54 de ancho, formándolo dos grandes ojos. Este puente fué destruido por un tifón. Igual suerte sufrió el Tribunal. En este pueblo conocí un celebérrimo mediquillo. La rama de este diminuto Galeno era general en el partido de la Iraya. Lo vi por primera vez maniobrando sobre un paciente que seguramente quedaría sin hueso sano. En los distintos sistemas curativos que los mediquillos filipinos emplean, figura el de la soba, ostentando los que la practican el poco tranquilizador título de sobanderos. Líbrelos Dios de caer en manos de uno de esos asesinos, y preferid antes que tal os aconteciese, un vuelco, un despeño, ó un choque de trenes en la seguridad que de estos no saldríais tan magullados como de los aceitosos, largos y apergaminados dedos que la emprenden con vuestras carnes con una fe tal que no hay dolor que no desaparezca, por aquello de que baza mayor quita menor, y de seguro que en aquel juego, la menor es siempre la dolencia, y la mayor la que os propina el sobandero en medio de resoplidos, apretones y magullamientos.

El mediquillo á que me refiero era herborista-sobandero, es decir, que participaba de ambos sistemas curativos, dejando las sobas cuando el paciente prefería las hierbas. Y no se crea que el mediquillo ejerce su noble profesión con el descreimiento del charlatán, no; la practica con la misma fe que el más concienzudo hombre de ciencia, rodeando todos sus actos de una solemne y cómica gravedad, tan rayana al ridículo, que no he podido menos de reirme siempre que he tropezado con alguno de esos pseudo enterradores. El mediquillo de Guinobatan tenía para las funciones de herboristería un recetario, sacado de su propio caletre, recetario que de su puño y letra guardo una copia, como un tesoro, entre otros autógrafos de igual mérito. No quiero privar á mis lectores de tan sabrosísima lectura, y en el mismo castila en que está escrito, y con su propia puntuación y ortografía, lo traslado aquí, y que Dios me perdone.

Dice así:

«Recetario de yerbas y flores de Guinobatan.

«Las hojas del arbol Calongay es medicinal para muchos padecimientos, especialmente para los que provienen de ayre como dolores de Barriga con ventocidad pues tomando de ellas lo necesario y después de piladas esprimir y en el sumo meter una purcion de sal hecho ascua y dando en seguida de tomar al paciente se sanará, Es un activo vegigatorio la corteza de este arbol, pues raspando y mesclando después un poco de sal, y calentar en el fuego y aplicar á la persona que quiere se le ampolle alguna parte del cuerpo no hay duda que se conseguirá el deseo.

«Las hojas ó cogollos de Guayabas colorado también es medicinal para el que esté atacado de ayre, pues se mastica bien y después se traga, verá que después de momento eruptará aire. El cocimiento de las hojas de este arbol es útil para lavatorio á las heridas se evita de gangrena y se cura pronto.

«La cáscara de Narangita mezclando en el cocimiento de té, y calentito se toma y después se arroja bien el que padece de tos por efecto de romadizo mal curado se corrije pronto.

«La fruta del arbol Sampaloc tomándola á manera de cagelada con caramelo, no solo antivilloso sino también cura al que padece ofrecion de pecho hechando sangre por la boca.

«El cosimiento de la corteza del arbol Agoyo tomándolo la muger que se le haya retenido el período, se consigue bajarlo.

«Para el que tiene trastornado la memoria por causa de haber recibido mucho frío se tomara muchas frutas de Limoncito osua y se pone al fuego y cocido, se parte y se aplica á la cabeza del paciente y sanara.

«Para el que padece dolores de dientes por cauza de Gusanos ó irritación, se debe tomar cocimiento de la corteza del arbol Molare ó Santol,enjugando con el únicamente la boca. El mismo cocimiento del Santol es útil lavar] con el la parte llagosa ó canserosa para curarse mas pronto como con el cocimiento de la corteza del Afenic para disolver el lamparon.

«Las hojas de algodón ó Cayo calentándolas un poco en el fuego y aplicándolas á la parte dislocada se cura.

«El pasmo provenido de calor también se cura raspando la corteza del arbol Dapdap y después de calentado al fuego se aplica al vientre y á la espalda, para curar la ventosidad y vapor de tierra, debe rasparse la corteza del arbol Manugal y su cocimiento se da de tomar al paciente.

«Para contener la hemorragia en alguna herida se debe aplicar á ello raspadura de la corteza del arbol Nanca, Baje, ó sea Palmabraba.

«Para el que padece ronquera se le dará de comer fruta del arbol Sua ó limoncito á las cuatro de la madrugada, partiéndose y secándose antes al sereno y verá que la ronquera se quitará.

«Para el constipado mal curado se debe tomar de la fruta de Bayasong ó Leimon y se asa entero en ascuas, y cocido se parte en estremo, y el jugo se unta en el pecho abrigándose después el cuerpo.

«Para el que padece pasmo por el calor del Sol, se le debe aplicar la corteza del arbol Borobarira raspada, y cocida en el fuego envolviéndolo en hojas de plátano se pone en el vientre.

«Para volver su color natural al cutis que lo tenga amarillento á causa de irritación y frío, debe tomarse el paciente el cocimiento de la corteza del arbol Malobayo.

«Para cortar los pujos no hay más que tomar cocimiento de las hojas del arbol Manga.

«Para disolver tumores en cualquiera parte del cuerpo, se consigue sacando un poco de calamasado con el jugo del arbol Ditadita se unta en la parte que trata del tumor para disolverlo. El cocimiento de la corteza de este mismo arbol, sirve para corregir un tanto las tercianas, y para lavatorio de heridas.

«Con el cocimiento de la corteza del arbol del Mambog se lava las implamaciones elifanticas para curarse.

«Para curar la enfermedad que llaman culebra no hay mas que coger pepitas en sazón del arbol Sapran y amasadas con un poquito de agua para estraer la parte colorada que las envuelve, y untado con dicha agua desaparece la enfermedad.

«Con el cocimiento de le corteza del arbol Layoan tomándolo, es un medio de cortar la sangre por la boca.

«Untando en la herida el jugo del arbol Balite sana pronto y revive la carne.

«La suciedad que la lengua demuestra por efecto de alguna calentura, se quita enjuagando la boca todas las mañanas con el cocimiento de la corteza del arbol Ciruelo.

«Es muy útil dar de tomar á las paridas cocimiento de la corteza del arbol Tanag al objeto de echar fuera la sangre coagulada. Para este mismo padecimiento las hojas de la Yerba Daloydoy se pasan un poco al fuego para ahuyentar la frescura y se aplican al vientre. También á falta de Daloydoy suple las hojas de la yerba Peregrina bajo el mismo método de aplicación de la Daloydoy.

«Para calmar los dolores de Barriga, se debe aplicar á ella hojas del arbol Alom.

«Se cura el espasmo tomando el cocimiento de la corteza del arbol Yba.

«Para un constipado mal curado se saca corteza del arbusto Taló ó talago se ajusta ambos estremos de ella y después se pone en forma de rosario para que el constipado salga.

«Con el aceite del arbusto Tagnan-tagnan misturado con polvos de pimienta, se cura la cojera que proviene de tumores.

«La hernia ó sea la potra también se cura con la fruta de papaya asando esta, y cuando esté bien caliente se aplica hasta que se enfrie.

«Cuando la matriz estuviese hinchada á causa de la obstrucción de periodo, se cojen hojas del arbusto Cipris se pasan al fuego y calentito se aplica al bajo vientre y se calmará la hinchazón.

«Para las enfermedades de punzada es muy util las hojas del arbusto Quilala que después de piladas se aplican á la parte dañada.

«Para disolver algún flato en el estómago, efecto del pasmo de hambre, es muy util tomar cocimiento de las raizes del arbusto Talanisog.

«Para la opresion de pecho conviene que las hojas del arbusto Bani calentarlas un poquito al fuego y aplicarlas al pecho.

«Para bajar la calentura que proviene de irritación se toman hojas del arbusto Payatpayat y se las unta jugo de limoncito y se las aplica en el vientre.

«También es muy bueno para la calentura las hojas del arbusto Balensua aplicandola en la cabeza.

«También para disolver tumores é implamaciones es muy util la corteza del arbusto Damos raspándola se aplica á la parte dolorida.

«Para las mugeres de parto que se recaen, las hojas de Pulli sacadas se amasan con sal, y después se pasa al fuego y caliente se aplica al vientre y se sanara.

«Para mugeres que están con la mesturacion y quiere contenerla, se saca el arbol Ydioc una especie de pelusa, y hecho ceniza se mezcla en un vaso de agua, y lo toma, y al poco instante se contiene la hemorragia.

«Para curar el garrotillo no hay mas que raspar la corteza del arbusto Tagum y aplicar á la parte dolorida y se sanara.

«Para picadura de cien piés no hay mas remedio eficaz como coger cogollos del arbusto Anmamali y después de calentar un poco en el fuego aplicarlo en la picadura.

«Para disolver algún bulto en el interior del estómago se saca tres pedazos de las enredaderas Balogo y se pone al fuego, y cuando ya están bastante tiempo, se pila y bien machacado se esplime y el jugo se da de tomar al enfermo.

«Para cortar los pujos se debe sacar hojas de la yerba Santo Angel y se pila y después de mezclar clara de huevo se aplica en la barriga y espalda.

«La enredadera Paytan es antivenenosa, pues al que se le haya picado alguna culebra ponzoñosa debe darle de tomar cocimiento de ella.

«Las hojas de Amargoso se pilan y después se esprime para sacar el jugo que se dará de tomar al chiquillo ó persona flemativa para arrojarla.

«Para curar la hidropesía se debe cojer planta de Tanglad en regular cantidad y con las raíces se cuece en una olla, echandola agua suficiente; se cubre bien con hojas de plátano, cosa que no respire de vapor y cuando ya está hirviendo, se hace sentar al enfermo en una silla, se le cubre bien con sabanas hasta la cabeza, y después se pone la olla debajo del asiento y en la cubierta se forma un ahujero para salir el vapor que el enfermo lo irá recibiendo, para que sude mucho, pues con este sudorífico se curará.

«El cocimiento de Camod es vomitivo.

«El cocimiento de la yerba Penit es eficaz para lavatorio á las heridas cancerosas, pues mata á los bichos que agrupan en el cutis.

«El cocimiento del arbusto Canios ó Tabios es util dando de tomar á los chiquillos que padecen en constipado mal curado.

«El cocimiento de la flor de Manzanilla, es remedio para ventosidad y constipado. Con el cocimiento de las hojas de orégano se consigue que á la muger baje el periodo retenido por efecto de calor.

«La debilidad que padezca la muger á causa del desarreglo de la menstruacion, se corrije comiendo en ayunas flor de Coles.

«Para curar el pasmo que proviene de hambre se saca hojas del arbusto Laguindi y se cuece como la esplicacion de la yerba Tantae bajo la misma aplicación para la cura de esta enfermedad. Las hojas de este mismo arbusto ahuyenta los chinches dejándolas secar sobre sillas ó catres atestados de este bicho.

«Para dolores de cabeza la Yerbabuena se mezcla con un poquito de sal, y se calienta en el fuego y después se aplica á la frente se mitiga el dolor.

«Cuando alguno tiene el cutis amarillento por consecuencia de no haberse salido al sol, se aplica al cuerpo hojas de la yerba Batolong y se sanara.

«Para hinchazon de vientre por causa de calor se debe tomar cocimiento del arbusto Lacadbulan ó salvia.

«Para curar los calambres provenidos de mucho trabajo corporal ó material, las hojas de Romero se friega en la parte dolorida ó suspensa del cuerpo y se sanara.

«Para que los niños de pecho espelan por el conducto natural lo que han mamado en el vientre, se cogen yerbas de Corocanding y después de machacarlas con la mano se aplican al vientre, y verá en breve el efecto también para este fin es bueno las de la Tarotarayo ó Sorosoró machacandolas en el agua que se le ha de dar de bañar al chiquillo.

«También es contra aire la pepita de Calombibit ó Dalogdog, pues para el que padece este mal se le debe de dar medio vaso de agua mezclada con la pepita de dicha yerba asada y polvoreada y se sanara.

«Las hojas de la yerba Rangá ó Camantigue haciendo en cocimiento es bueno para lavar la herida ó llaga que provenga de la enfermedad gangrena.

«El Barang ó Zarzaparrilla, tomando el cocimiento de su tronco en agua de tiempo sirva para purificar la sangre.

«Las Malvas es un refresco sano para el convaleciente, se puede tomar en cocimiento para refrescarse ó en lavativas, para retención de orina es bueno tomar tres cinco ó siete ponos de malvas con la raíz de las que aun no han dado ninguna flor, se quita las ramas y la parte de tallo quedando solo el tronco y raizes de que se hace un cocimiento, y en ayunas ó en cualquier hora del día se toma y verá como se orinará. Para este mismo padecimiento el cocimiento de la yerba Torotogod ó grama.

«Para que los chiquillos que tienen lumbrises las espelan con facilidad se debe coger muchas hojas de la yerba Bagnagan, se pila y después se calienta en el fuego, y á las ocho de la noche se aplica á la boca del estómago del enfermo poniendole una faja para que no se caiga. Para picadura de Culebras ponzoñosas es un remedio infalible las hojas de la yerba Badian na burit pilan dolas y aplicando á la picadura.»

Tras la anterior lectura no hay más remedio que descansar.

CAPÍTULO VIII.

Ligao.—Su situación—Etimología.—Historia—Fundación.—Los libros parroquiales.—Primeras partidas bautismales.—El Padre Crespo.—La fe y el patriotismo—Veladas lírico-literarias.—Gramática bicol-española—Ideas antitéticas—Frey Pedro Payo.—Estadística.—Oás.—Su etimología.—Su fundación—Jurisdicción de Oás.—Productos y estadística.—Párrocos europeos de la Iraya—Polangui.—Su etimología.—Su fundación.—Estadística.—Campos de Polangui.—Libon.—Etimología, situación, historia, productos, obras y estadística.—Antigüedad de su iglesia—Regreso á la cabecera.

En el partido de la Iraya, y entre Guinobatan y Oás, se encuentra el pueblo de Ligao. Está situado en un extenso y hermoso valle á la derecha del río Cabilogan, siendo su clima templado y agradable.

Dista de Guinobatan 12 km., 6 de Oás y 42 de Tabaco por el nuevo camino que recientemente se ha construido, bajo la inteligente iniciativa de su último Alcalde mayor D. Joaquín Beneyto. Esta vía ha abierto nuevos horizontes comerciales á la provincia de Albay, adquiriendo gran importancia el puerto de Tabaco, mucho más seguro y resguardado que el de Legaspi.

Algunos creen que el nombre de Ligao está tomado de un árbol, así llamado, que antiguamente abundaba en su término: nosotros respetando esta opinión nos inclinamos á creer que aquella palabra es corrupción del término bicol Licao que significa irse ó separarse, no siendo extraño se le diera tal denominación al tener en cuenta la situación que ocupa aquel pueblo, separado en la antigüedad por larga distancia de la carretera real.

Los reyezuelos que mandaban las rancherías que formaron Ligao, denominábanse según manifiesta el erudito Padre Huertas, Pagquilatan, Macabangoy, Sampongam, Mabao y Hocoman que imperaban en la ranchería Babasi, la misma que después fué visita del pueblo. Dichos régulos se hallaban discordes entre sí sobre el mando superior, dirimiendo estas contiendas un cabo español, y concediendo el mando al Pagquilatan, quien se sometió á los españoles con todas sus rancherías. La conversión de este pueblo se comenzó por los Padres Franciscanos el año 1606, hallándose una partida bautismal de 24 de Agosto de 1608 firmada por el Padre Luís de San Juan, según consta en los libros de la iglesia de Polangui, á cuya matriz perteneció Ligao en sus principios. Después fué agregado al pueblo de Oás, y más tarde en el año 1665 fué separado adquiriendo propia autonomía. La actual iglesia se construyó en 1709 habiendo sufrido de entonces acá, notables transformaciones. En estos últimos años y merced á la constancia de acero de mi querido amigo el Padre Crespo, se ha cambiado completamente al gusto moderno la iglesia y casa parroquial. E Padre Crespo es el prototipo acabado del misionero de la fe y el patriotismo: espíritu batallador, que lo mismo sabe dominar las fatigas de su cuerpo en las largas noches de insomnio en los hospitales de coléricos, que vencer con un entusiasmo sin límites y una tenacidad á toda prueba los múltiples obstáculos que por doquier se le presentaron para organizar y dar carácter permanente á veladas lírico-literarias, que periódicamente se celebran en aquella casa, en la que el libro, la revista y el periódico tienen un lugar preferente. El Padre Crespo es autor de una notable gramática bicol-española [3] y de sinnúmero de folletos, poesías, artículos y leyendas, todas ellas impregnadas de las notas que vibran siempre en todos los escritos del Padre Crespo. Los antiguos caballeros tomaban por mote Dios y su dama: el franciscano que nos ocupa, su enseña es la de religión y España. De no pocas críticas ha sido objeto el autor de estas líneas por la forma en que ha tratado á los frailes, no viendo muchos la manera de armonizar sus ideas con las antitéticas del fraile: esto, no obstante, diremos que el mutuo respeto ha sido el eslabón que nos ha unido, á pesar de estar tan distantes en no pocas apreciaciones que abrigan algunos, no todos los frailes que hay en Filipinas. Por lo demás, dejando á un lado excepciones que en toda sociedad ó institución existen, repetiré una y mil veces que en los diez y siete años que he vivido en aquellas provincias españolas, siempre he encontrado en mi camino no pocos frailes, verdaderos modelos de patriotas y caballeros, figurando á la cabeza de esta legión el jefe de aquellas Iglesias, el dominico Frey Pedro Payo, que bien recientemente ha adquirido España á sus gestiones un hermoso barco, pudiéndose admirar cuanto contiene la Exposición Filipina, merced á sus esfuerzos, presidiendo aquella junta central.

Dependen de Ligao 11 barrios, comprendiendo entre estos y aquel un total de 17.244 almas y 4.251 tributos. En el año 1878 se verificaron 121 casamientos, 699 bautizos y 432 defunciones. Hay radicados en aquel pueblo 23 europeos y 47 chinos. Asisten á las escuelas, por término medio, 170 niños y 70 niñas, hablando medianamente el español unos 40 entre ambos sexos.

Al Noroeste de Ligao, y á 3 km. de buen camino, se halla el pueblo de Oás. Esta palabra quizás sea derivación del término anticuado bicol Ovás, que quiere decir perder en la carrera. Hoy se sustituye aquella palabra por la de Ombás.

El cronista de la Orden de San Francisco, dice respecto á la fundación de este pueblo que, doce personas principales de varias rancherías, bautizadas en un mismo día, fueron sus fundadores. Dichas personas debieron ser bautizadas por los años de 1585 á 1587. Del día 13 de Setiembre de 1587 ya se registra una partida de bautismo, firmada por el Padre Jerónimo de Aguilar, quien desplegó tal celo por la conversión de este pueblo, que desde el referido día 13 hasta el 8 de Octubre del siguiente año 1588, bautizó aquel Padre 451 personas de 19 años para abajo.

La jurisdicción de Oás se extiende de Norte á Sur 6 leguas, y 2 de Este á Oeste. Tiene montes con buenas maderas, bejucos, burí, excelentes pastos y caza mayor y menor. El terreno cultivado es de regadío gran parte, y sus productos consisten en arroz, abacá, maíz y caña de azúcar. Sus naturales se dedican á la agricultura y beneficio del abacá.

Oás, con sus 12 barrios, contiene 11.373 almas, registrándose en 77 cabecerías 3.343 tributos; hay radicados 1 europeo y 39 chinos. Se inscribieron en los libros parroquiales 464 defunciones, 83 casamientos y 603 bautizos. A las escuelas publicas concurrieron, por término medio, 340 niños de ambos sexos, de los que solo 70 conocen medianamente el español. En el cuadro de criminalidad de la provincia figura Oás con 23 individuos procesados.

El epigramático y profundo bicolista Padre Santos, párroco de Oás, juntamente con el reservado y taciturno de Polangui, el austero y asceta de Camalig, el correcto humanista de Pilar, el furibundo hidrópata de Daraga y el obeso y grave de Libón, constituían el año 1880, con los ya nombrados anteriormente, el clero parroquial europeo del distrito de la Iraya, de cuyo partido solo nos falta conocer los pueblos de Polangui, Libón, Quipia, Donzol y Pilar, encontrándose el primero de estos distante de Oás 6 km., de Ligao 7,50 y de Libón 6.

El nombre de Polangui creen algunos fué tomado de un frondoso árbol así llamado, que existía en el terreno de su fundación. Eruditos filólogos bicoles creen que Palongui se deriva de Polangguisoc, ó sea Pola na Guisoc, que es Guisoc, ó Gijoc, que significa encarnado.

Se formó este pueblo, según el historiador Padre Huertas, de 5 rancherías de unas 100 personas cada una, con la singular circunstancia que los primeros que se bautizaron fueron 25 hombres en un mismo día, y todos ellos aparentaban tener de 60 años para arriba. Su fundación debió verificarse á últimos del año 1583 ó principios del 1584, porque en un antiguo manuscrito que se conserva en los archivos del convento de Franciscanos en Manila, consta que Palangui ya era pueblo en esta última fecha, siendo su fundador el Padre Baltasar de la Magdalena, fijándose primeramente en el sitio llamado Binanuan, de donde se trasladó al hermoso valle que hoy ocupa.

Polangui, con sus 4 barrios, suma 8.490 almas, tributando 4.936 en 54 cabecerías. El número de casamientos, bautizos y defunciones está representado por 93, 374 y 210 respectivamente. Asistieron 120 niños de ambos sexos á las escuelas, de los que escasamente entienden el español media docena. Hay 2 europeos radicados y 26 chinos. Su criminalidad la representan 12 procesados.

Los campos de Polangui son fertilísimos, siendo regados por 10 ríos sobre los que hay 17 puentes. Se cultiva no solo abacá, si que también arroz, calculándose en 20.000 cavanes su cosecha anual.

A 6 km. de Polangui, encontramos el antiquísimo pueblo de Libón, último de la provincia de Albay entre esta y la de Camarines Sur.

Libon ó Libong, pues de ambos modos se pronuncia, significan el acto de matar salteando. Libong es palabra anticuada, diciéndose hoy Ribong que es confusión intelectual, ó acto de engañar á uno en alguna cuenta. Tomando en pasivo aquella palabra, significa marearse. Me inclino á creer que la etimología de Libon hay que buscarla en la palabra bicol Libtong, que quiere decir sitio profundo.

El pueblo que nos ocupa fué fundado por el valiente D. Juan de Salcedo á fines de 1573, siendo por lo tanto uno de los más antiguos de Filipinas. Hasta el año 1847, perteneció como todos los de la Iraya á Camarines Sur.

En Libon hay una magnífica iglesia de ladrillo. La bóveda del presbiterio es del mismo material, y es asombroso el ver cómo ha resistido á tantos y tantos temblores de tierra como se han sucedido desde que fué edificada.

Entre los objetos que posee esta iglesia, hay una campanita en la que se lee perfectamente el año 1600. El altar mayor, de tres cuerpos y de orden compuesto, es exactamente igual al de San Francisco de Manila.

En el barrio de Pantao hubo un arsenal en el que hasta principios de este siglo se construyeron buenas y sólidas embarcaciones. El lugar que ocupó el astillero lo indican dos cañones de hierro de grueso calibre, que en otros tiempos resguardaron aquel puerto de las piraterías moriscas.

El vecindario de Libon con sus barrios llega á 3.666 almas, tributando 1.882 en 21 cabecerías. Su estadística parroquial registra 29 casamientos, 156 bautizos y 75 inhumaciones. Europeo solo lo es el párroco, contándose en aquel vecindario dos chinos. De los 60 niños que asisten á las escuelas, no hay ninguno que conozca el español. No tuvo criminalidad.

Los pueblos de Quipia, Donzol y Pilar, que están muy distantes de la carretera que hemos seguido, ya los encontraremos cuando hagamos la visita al partido de Sorsogon.

De Libon regresamos á la cabecera.

En el tiempo que estuve en Albay, tuve ocasión de apreciar en todas sus manifestaciones, lo que es la prestación personal, siendo mis observaciones objeto del siguiente capítulo.

CAPÍTULO IX.

Prestación personal.

—¿Querías ver funcionar lo que se llama en presupuestos prestación personal? Pues héla ahí.—Esto me decía un amigo encontrándonos sobre el camino que dirige á Daraga en una hermosa tarde, señalándome una doble hilera de indios de poca edad la mayoría, que parecía querían trabajar en el arreglo de un terraplén. Había unos 300 hombres, y entre ellos poquísimos tenían herramientas.

—Y bien, si no me explicas lo que es la prestación personal, poco podré saber por lo que veo.

—Puesto que no tenemos prisa y hay tiempo, sentémonos bajo un árbol y teórica y prácticamente podrás apreciar esa cuestión tan debatida en la prensa y en los proyectos, llamada prestación personal. Todo indio—dijo mi amigo encendiendo un cigarro,—tiene derechos y deberes con relación al Estado y á la provincia en que vive, estando entre los deberes el de trabajar cuarenta días [4] dentro del año, en la jurisdicción de su pueblo. De este trabajo están exceptuados los privilegiados por sangre, por inutilidad ó por edad. No habiendo ninguna de estas circunstancias, todo indio que cumple los 18 años debe trabajar hasta que llega á los 60, los cuarenta días en beneficio de la circunscripción del pueblo en que está avecindado. El indio pudiente que no quiere trabajar puede redimirse, y en este caso la ley le admite dicha exención mediante una cuota. La redención puede ser total ó parcial, la primera se adquiere pagando 3 pesos, al principio del año, llamándose esta contribución exención de polos. Veamos ahora la parcial, ó sea la redención por días llamada falla. [5] El cabeza de barangay una vez que hay dispuesto un trabajo, anuncia con tiempo á sus polistas el día que han de salir á hacerlo, y el que quiere redimirse de él da 12 cuartos y con ellos paga su jornal.

—Pues no exigiéndose más de 12 cuartos y pagando, como en esta provincia paga, el particular á 40 ó más el jornal, desde luego se supone que todos los indios se rediman, bien por año ó bien por días,—objeté yo con la mayor candidez del mundo.

—Pues ahí verás tú, sucede todo lo contrario, y cuesta un triunfo el poder llevar algunas fallas á las cajas de la provincia. La prestación personal es uno de los asuntos más dignos de estudio, y sin embargo, casi puedo asegurarte que es el que menos se ha profundizado. Se juega continuamente con una serie de palabras, cuyos significados constituyen los verdaderos ingresos de la colonia, y sin embargo no se llega á definirlas en la practica en su verdadero valor. Mucho se habla de economía política, de proteccionismo y de derechos y deberes; pero pocas, poquísimas veces, vemos que se aquilaten en lo que significan, en lo que son y en lo que pueden ser las palabras prestación personal, polos, fallas, comunidad y subsidio y tanorias y guardias, palabras en las que se juegan una porción de millones y en las que se encierran todas las obligaciones del indio en la esfera gubernativa, pues en la administrativa tiene otras que tienden de día en día á regularizarse. Un administrador de Hacienda sabe perfectamente cuánto debe ingresar un pueblo por concepto de tributo, lo mismo que el párroco conoce al centimaje la cantidad que á su iglesia corresponde por concepto de santorum; en cambio, los cálculos en las oficinas de fondos locales jamás podrán ser ni aun aproximados en la cuestión de fallas mientras dure el actual sistema. No pudiendo fijarse cifras, dime si hay calculo posible, ni presupuesto aproximado, y dime asimismo si esta cuestión no merece la pena de que se estudie de una vez, se discuta, se analice y se vea la forma y manera de que obedezca á reglas y principios fijos. Ves esos individuos, ¿qué hacen? pasar el tiempo lo mejor posible. ¿Ves aquel que lleva una esportilla? ¿qué ha hecho en la media hora que llevamos aquí? casi nada. ¿Qué ha hecho aquel otro que tiene por toda herramienta de trabajo una caña afilada? remover dos puñados de tierra y levantar un poco de polvo. ¿En qué se han ocupado aquellos otros, que no tienen herramienta alguna? en extender con los pies un poco de arena. ¿Es esto trabajo, es esto beneficio?

—Poco es en efecto—repliqué yo.—¿Pero á esa gente no se la vigila? ¿Por qué no se la reglamenta?

—Tá, tá, tá,—dijo mi amigo,—y al vigilante, ¿qué le importa que trabajen ó no? ¿Es suyo el camino? No, ¿pues entonces? ¿Sientes á nuestra espalda el ruido de la cuchilla del beneficiador de abacá, ó sea el jornalero que paga el particular? Pues bien, á ese bracero nadie le ha preguntado quién es cuando llegó esta mañana á ese late, cogió una herramienta, cortó un pono, limpió sus hebras, las acumuló con las de otros y al caer el sol colgará de la romana el montón de blanco filamento, y ya sabe que si ha beneficiado una arroba, media es suya, recibiendo en el acto el precio de su trabajo. Por bajo que esté el valor del abacá, siempre puede ganar un bracero más de 30 cuartos. ¿Por qué, pues, esos 300 hombres no prefirieron esta mañana al amo que les da 30 ó más y sí al que solo les data 12? La contestación la tienes sobre el terreno. El obrero del Estado trabaja poco ó nada, el obrero del particular, por el contrario, trabaja mucho y duro. Hace falta, muchísima falta, escribir menos y observar en la práctica mucho más.

—De modo que si tú algún día hablaras sobre este particular con el
Ministro de Ultramar, por ejemplo, ¿qué le dirías?

—Pues le diría lo siguiente. Las fallas, tal como hoy existen, perdieron toda su razón de ser en el mero hecho de que no responden á la idea del que las creó. Antiguamente todas las obras de las provincias las hacía el fraile ó el Alcalde con el trabajo personal, ó sea la antítesis de la falla; entonces se hacían obras que requerían trabajo duro, constante y pesado; antes la vigilancia podía hacerse porque se localizaba el trabajo en un punto dado al que podía llegar la inspección; antes un fraile decía á un Alcalde, ó un Alcalde á un fraile, vamos á hacer una iglesia, como San Agustín por ejemplo, ó un puente como el de la Perseverancia, pongo por caso, y tras aquellas palabras, ni más papeles ni más expediente, se abría á las pocas horas un cimiento por la piqueta de la prestación personal, cuya prestación personal no dejaba la obra hasta que fijaba en su punto mas culminante una sencilla cruz con el añejo «Finís coronat opus». El trabajo personal entonces era una verdad, se circunscribía al círculo de los muros de un convento ó al espacio que separan los estribos de un puente, y la prestación personal perfectamente vigilada sabía que desde formar el horno para hacer la cal hasta cepillar el último trozo de madera, todo lo había de hacer. Con esto, dicho se está, que fallaban cuantos querían los encargados de la obra. Faltaba dinero para el hierro, por ejemplo, pues se admitían fallas y se cubría en seguida la cantidad. ¿Pasa hoy esto? No, hoy la prestación personal está reducida á la recomposición de los caminos, á la construcción de escuelas y cuarteles, obras que necesariamente han de ser insignificantes, pues que son de materiales ligeros, y á la limpieza de las calles. Hoy para hacer una alcantarilla se necesita por lo menos un ingeniero, un teodolito, media docena de banderolas, unos cuantos metros de papel tela, un plano, un proyecto, un expediente y un estuche de matemáticas. Hoy, añadiría al señor Ministro de Ultramar, es preciso variar la forma de ser de la prestación personal, y para hacerlo y hacerlo con cordura es preciso oir antes no á los que la conocen en teoría, sino á los que han tenido necesidad de estudiarla y bregar con ella en la práctica en sus menores detalles. De cada una de las órdenes monásticas se podría designar por sus provinciales un individuo de los que siempre han ocupado curatos en provincias, pudiéndose nombrar por el Gobierno general cuatro Gobernadores de los de más antigüedad en el país, formada esta Junta se les pediría informe sobre el asunto y con este primer elemento se vendría á una buena reforma. Muchas más cosas le diría al señor Ministro de Ultramar sobre el particular, pero estas muchas cosas se las diría de silla á silla y como S.E. no puede hacerme el honor de dejarme acercar la mía á la suya por razón del charco [6] que las separa, de aquí el que renuncie á decir más por hoy.

CAPÍTULO X.

Legaspi.—Correrías moras.—El comisario Juan.—Un viejo uniforme y una alma grande.—Cuatrocientas orejas moras.—Estadística.—El Tribunal, la iglesia y la casa parroquial.—La imagen de San Rafael.—Un deportado de tiempo de Narvaez.—El literato Fernández.—Alguaciles y maitines.—Las leyendas del Capuntocan.—Teatro bicol.

Legaspi es el primer pueblo que se encuentra en el partido de
Tabaco. Ya hemos dicho que donde hoy se levanta aquel, existió la
antigua cabecera de Albay, y que aún le llaman algunos naturales
Albay viejo.

El primitivo pueblo como todos los playeros de aquella provincia, fueron blanco en el siglo pasado y principios del presente, de las crueldades y correrías meras, en cuyas empresas vencedores unas veces ó vencidos otras, siempre dejaban á su paso huellas de sangre é incendio.

Las piraterías moras no reconocían cuartel, salvándose únicamente el hombre fuerte que le conceptuaban útil para los duros trabajos del esclavo, ó la mujer joven y hermosa que pasaba á ser en las tolderías moriscas víctima del insaciable sensualismo de aquellas razas.

La esclavitud, el deshonor y el incendio, eran las consecuencias á que se entregaba el vencido, de aquí el que las resistencias fuesen tan tenaces como el ataque.

En el poético canal que se abre frente á Albay y que divide la isla de Bataan de la de Cagraray, achacoso y octogenario vive el célebre comisario Juan, héroe de una de las correrías moriscas. Marcialmente viste en las grandes solemnidades un viejísimo uniforme de sargento y periódicamente cobra una pequeña asignación en premio á sus servicios entre los que descuella el siguiente: Una mañana se encontraba el Gobernador de Albay en su despacho, cuando se le anunció que un indio mal herido y cubierto de sangre deseaba hablarle. Recibido el permiso se presentó el hoy comisario Juan, y con el laconismo, indiferencia y poco valor que le dan los indios á los actos y acciones de la vida, le dijo al Gobernador al par que abría un tosco saco:—«Señor; anoche asaltaron los moros el pueblo; á todos los cogimos, y como eran muchos, y las cabezas seguro no habría podido traer; aquí en este saco hay más de cuatrocientas orejas moras;»—y esto dicho, las presentó ensartadas en una larga cuerda de abacá.

El valor del indio Juan fué recompensado con el título de comisario, uso de uniforme de sargento y pequeña pensión.

El pueblo de Legaspi recibió en 1856 ese nombre en honor del célebre navegante.

Legaspi, con los barrios que de él dependen cuenta con una población de 6.411 almas. Tiene 1.587 tributos, distribuidos en 34 cabecerías. Se inscribieron 35 casamientos, 284 bautizos y 184 defunciones. Hay radicados 8 europeos y 13 chinos, asintiendo, por término medio á las escuelas de 120 á 130 niños y otras tantas niñas, siendo 8 y 6 respectivamente los que hablan imperfectamente el español.

A la estadística criminal dió 8 individuos.

Los grandes acopidores de abacá poseen al pie de los almacenes que hay en Legaspi, sólidos pantalanes de madera que les facilita las faenas de carga y descarga. Este puerto es sin disputa el más importante de la provincia de Albay, sosteniendo un constante movimiento con el arroz que importa, y la gran masa de abacá que exporta, dándole algunos días extremada animación las operaciones del puerto, el prensaje y enfardamiento del abacá en los extensos almacenes.

Fuera de la vida comercial poco notable tiene Legaspi de que podamos ocuparnos. El Tribunal, la iglesia y la casa parroquial son pobrísimas, sin razón de ser que justifique semejante pobreza, puesto que su municipio lo forman no pocos mestizos ricos; y en cuanto á la iglesia, baste decir que en ella se venera una célebre imagen de San Rafael, que viene á representar no solo para la provincia de Albay, si que también para otras de Luzón y aun de Visayas, lo que la Virgen de la Paloma es para los madrileños ó la de Antipolo para los manileños.

Las deportaciones de Narvaez, llevaron bastantes individuos á la provincia de Albay, en donde la mayoría de ellos se casaron y no pocos hicieron su fortuna. En Legaspi, vive un antiguo deportado maestro constructor de coches, que en sus ratos de ocio se dedica á la literatura. Jamás hemos podido amalgamar la pueril inocencia, hábitos pacíficos y bonachón carácter de aquel deportado, con los antitéticos que debían delatar al conspirador; y en efecto, esta es la bendita hora (y cuidado que han pasado unas pocas), que no ha podido averiguar el bueno de Fernández el por qué una noche que se retiraba á su casa después de rezar unos tiernos maitines en San Ginés, le echaron mano los alguaciles encontrándose al cabo de once meses de navegación en pleno Filipinas.

El pueblo que nos ocupa, como todos los indios, tiene sus correspondientes leyendas, fijando la tradición popular una de ellas en las cuevas que á la derecha del pueblo abren hueco en las entrañas del Capuntocan. Se cuenta que en estas cavernas habita encerrado un genio enamorado de una diosa, que á su vez llora ausencias amarrada á las peñas del Griñong de Albay, atribuyendo aquellos naturales que este cautiverio durará hasta que rompa las cadenas el gran monstruo que habita en las profundidades del volcán.

Yo no sé si las aficiones poéticas de Fernández habrán influído en las del pueblo; pero lo cierto es que sus vecinos prefieren el teatro bicol á toda otra diversión, y puesto que nos encontramos en lugar á propósito para tomar del natural un cuadro de costumbres indígenas no desperdiciemos la ocasión.

CAPÍTULO XI.

Talía á la luz de un juepe.

Encontrándome en Legaspi supe que con motivo de aproximarse el pintacasi de dicho pueblo, bullía en las munícipes cabezas, entre otros obsequios, dar una comedia, utilizando únicamente los elementos del pueblo. Tan luego supe semejante proyecto, me propuse seguirlo paso á paso, aun cuando tuviese que detenerme en Legaspi los dos meses que faltaban para la fiesta, y al efecto alquilé una casita inmediata á la que habitaba la respetable persona del Gobernadorcillo, quien en tales casos es empresario, director de escena, y hasta algunas veces autor y actor, siendo, por lo tanto, su casa templo obligado de Talía, y su persona su primer sacerdote.

Al segundo día de ser vecino del más alto de los munícipes, adquirí amistades con la respetabilísima y nunca bastante cantada mi señora Doña Tintay, Capitana en ejercicio, moza ya entrada en años, de anchas caderas, gran verbosidad, gran fama como matrona y gran influencia como legítima esposa, de legítimo matrimonio con el Gobernadorcillo del pueblo de Legaspi, el Sr. Tenten, con quien hacía treinta años compartía en paz y en gracia de Dios la distinción de Cabeza, primero, llamándose entonces Cabezang Tintay, la dignidad de Teniente mayor después, en que pasó á ser Tenientelang Tintay, y la majestad de Capitán más tarde, en que cambió todos los anteriores calificativos por el nuevo y retumbante de Capitana Tintay, capitanía que ya jamás abandonará, pues aun cuando su consorte se despoje de la recortada y negra chaqueta y de los tiesos y blancos faldones que le dan carácter, sustituyéndolos por los remangados calzones y la abierta camisa del sementerero, Tintay seguirá siendo la Capitana Tintay.

Las cañas del batalan de la casa de Tintay y las de la mía, no digamos que se besaban, pero sí se arañaban unas á otras.

Tintay salía con frecuencia al batalan, yendo unas veces en busca de menesteres de una casa arreglada, y otras á hacer menesteres ajenos á la casa. Siempre que la Capitana se hacia visible procuraba serlo yo, y cuando esto ocurría cambiábamos recíprocos cumplimientos, que solían terminar con un chiquirritín buyito, que ella me daba, y un negro y retorcido tabaco de Arroceros, que la daba yo. Tintay mascaba tanto como Tenten, con la diferencia que este tenía siempre la boca llena de buyo, mientras que su cara mitad se las arreglaba con las hojas de Cagayan.

Una de las tardes en que Tintay asomó su arrogante figura al batalan, noté en ella ese embarazo propio de toda india que quiere pedir algo á un castila. Primero, me dijo deseaba dar un rato de conversar conmigo; después, y antes de darme nada, abrevió varias veces los nombres de la Sacra Familia, lanzando, como por vía de exordio, dos ó tres «Osus-María-seff,» hasta que por último, entró en materia, y en materia muy de mi agrado, pues se trataba nada menos que de la proyectada comedia. Tintay, fundándose en que los urofeos somos muy masiados en esto de comedias, me rogaba tuviese un poco no más de paciencia con ellos. Este poco me pareció de una magnanimidad más grande que la de Job; pero á trueque de profundizar todos los misterios de los bastidores bicoles, la prometí tener á su disposición, no un poco, sino toda la paciencia que me pidiera. Hecha mi oferta, me dijo Tintay que aquella noche me esperaba, pues se iba á conversar de la funcia.

Más exacto que un cronómetro, me presenté en la casa de Tintay, quien tanto ella como su marido me recibieron con grandes muestras de contento. Después del consabido siente V. primero, frase en que el indio condensa y sintetiza todas nuestras salutaciones, me hice cargo de cuanto me rodeaba. En la sala había una veintena de Adanes y una mitad de Evas. Ellas y ellos, según supe más tarde, componían lo más azul de la sangre del pueblo. Me río yo de toda la gravedad del Reistag alemán, de toda la seriedad de los Comunes de Inglaterra y de todo el estiramiento de la Puerta Otomana, ante la cómica gravedad que respiraban todas las candongas de las ñoras y toda la tiesura y almidonamiento de los faldones de los munícipes.

Capitán Tenten abrió la boca y en perfecto bicol dijo á la reunión que la derramita que había echado para obsequiar al pueblo había dado 700 pesos, los mismos que guardaba en su arca su digna esposa.

Lo del obsequio y lo de la digna esposa no lo entendí bien al principio, más luego lo fuí comprendiendo tan perfectamente que casi casi me atrevía yo á hacer todos los meses un obsequio como aquel. En cuanto á lo de digna me explicaron que en juntas solemnes como aquella, el capitán siempre que tiene que nombrar á su mujer lo hace anteponiendo un adjetivo más ó menos respetuoso.

Una vez que aquella alta Cámara aprobó, como si dijéramos, la orden del día anterior, que eran los 700 machacantes, se entró de lleno en la del día que era la Comediajan. La discusión fué larga y templada, y aunque las representantes del sexo débil abusaron de la palabra, no se oyó una más alta que otra, viniendo todas á un perfecto acuerdo tan luego como la digna Tintay lanzaba por entre olas de negra saliva su consabido osus-María-seff.

Se trataba de representar una comedia y ni había cómicos—y no cómicos así como se quiera, sino cómicos que habían de resistir ocho ó diez noches seguidas de función,—ni había teatro, ni atrezzo, ni autores, ni obra, ni apuntador, ni nada absolutamente de cuanto hace falta para el más modesto templo de Talía, pero esto para nada preocupa la imaginación del indio que formula un deseo, siendo verdaderamente asombrosa la facilidad con que crea, remedia, adiciona ó remienda cualquier proyecto. Habían dicho que habría comedia y aun cuando nada tenían, de seguro se representaría.

El primer punto que aquella noche se puso á discusión fué la designación de señoras—nombre que dan los bicoles á las actrices.—Aquí no podemos menos de hacer la salvedad—pues es de hacer,—que el capitán de un pueblo cuenta en absoluto con todas las voluntades, así que no hay temor de que al señalar á fulana ó á mengana reciba un desaire.

Una vez aprobado que la comedia precisamente había de tener una reina cristiana, una emperatriz mora y tres princesas neutras, se recorrió todo el personal de dalagas del pueblo, conviniéndose por último en que la cristiana había de ser Pupen, guapa y robusta mocetona de 17 abriles, muy á propósito para representar toda la altivez de una princesa cristiana. Para la mora hubo un poco de discusión, opinando unos que Acay era más á propósito que Beten y otros lo contrario, pero la opinión se decidió por la última, ante la justa observación del Directorcillo, quien dijo que la mora tenía que ponerse calzoncillos muy cortos y las pantorrillas de Acay eran muy delgadas.—Como se ve, aquel Directorcillo presiente el porvenir de los Bufos en el extremo Oriente.—Para las tres princesas no hubo dificultad alguna, en que lo fueran Momay, Ganday y Gisan. En la elección de las cinco señoras supe se había tenido un especial cuidado en escoger dalagas de lo más mabansay del pueblo.

La elección de reyes, príncipes y emperadores la dejaron hasta conocer toda la partida que requiriese el argumento.

En esta clase de espectáculos no visten y costean los trajes de las actrices sus familias y sí las que designa la junta, quien tiene un especial cuidado en dar de vestir á las casas más pudientes del pueblo. Se escogieron las cinco, cuyos dueños, que estaban presentes aceptaron sin objeción alguna, y acto seguido se procedió á nombrar director de escena, director de magia y director compositor. Para el primer cargo se nombró al Juez mayor de policía, cuya obligación se reducía nada más que á construir teatro, adornarlo, iluminarlo y darlo listo: la magia quedó al cuidado de la experiencia del vacunadorcillo y el proporcionar comedia fué encargo que se hizo al Directorcillo, á quien por un favor especial se le agregó el maestro, sin duda para que en sus conocimientos de letras llevase la censura y corrección de la obra. En cuanto á la alta inspección de todo, quedaba, como era consiguiente, á la experiencia de Tenten y de su digna Tintay.

Un maray na bangui de la capitana, que es como si dijéramos, buenas noches, en tierra de Castilla, disolvió aquella pacífica reunión, en que fuí varias veces consultado, diciendo á todo amén, pues mi objeto era ver y no adicionar detalle alguno.

A los ocho días de celebrarse la anterior junta, todo el pueblo estaba en movimiento. Por mañana y tarde un redoble de tambor y un alegre paso doble convocaba á todo el que gratuitamente quería contribuir á levantar el escenario.

Como la fiesta era para el pueblo, este en masa acudía á la gran explanada, cerca de la mar y á la vista del Mayon, que se había elegido para construir el teatro. El que no llevaba una tabla, lo hacía de una docena de cañas, el que no arrastraba cuatro bongas, cargaba diez rollos de bejucos, y el que nada de esto tenía, llevaba sus manos y con ellas y su buena voluntad iba la cosa adelantando como por ensalmo. Esto en cuanto al teatro. En cuanto á la obra, el Directorcillo se había hecho con una antigua comedia de magia, que según todos los que la conocían sobrepujaba á la del célebre D. Teñoso ó á la casi inmortal de Los guantes amarillos. El Directorcillo tuvo que vencer sin embargo varios inconvenientes, pues la comedia tenía tres majestades femeninas y cinco princesas, y como solo podía disponer de dos de las primeras y tres de las segundas, de aquí que el hombre tuvo que comerse por buen componer unos cinco mil versos y sustituir no pocos nombres con otros. Descartado el personal y hecho el arreglo, le quedaba el epílogo en que es de ene que todas y todos convertidos al cristianismo se casen en paz y en gracia de Dios, con arreglo á su clase, uniéndose los reyes con reinas, y las princesas con príncipes, y una vez atados con el santo yugo se adelantan al público y ejecutan una especie de loa en obsequio al Alcalde, al Cura y al Gobernadorcillo, y como los nombres y circunstancias de los actuales señores no eran los mismos, ni las mismas que las del original, cuyos individuos hacía muchos años habían muerto, de aquí que mi pobre Directorcillo menudease las consultas con el maestro, y se rascase varias veces todo lo rascable hasta encontrar un centenar de consonantes para aliñar una veintena de quintillas, que gracias á que el Alcalde no entiende el bicol, y el Cura no asiste al espectáculo, que á no suceder lo primero ó lo segundo estarían muy seriamente amenazadas las costillas del Director coplero.

La comedia que había dado de ver conmigo mi amiga Tintay estaba dividida en diez infolios, conteniendo cada uno de ellos unos 8 á 9.000 versos, formando quintillas y redondillas en su mayoría. Cada parte correspondía á una noche, de modo que la comedia había de durar diez, á no ser que se repitiese—pues se dan casos—y entonces la obra se empalma y se estira un mes.

No quiero privar á mis lectores de la distribución y nombres de los personajes, así que copio al pie de la letra todas cuantas tiene la primera página de la famosísima comedia de magia El Príncipe Don Grimaldo en el Reino de Sansueña.

Hélos aquí:

Eurica, reina mora.

Galiana, idem cristiana.

Rogeria, Robuana, Igmidia, princesas.

Almadan, emperador.

Mahometo, rey.

Grimaldo, Bernardo Carpió, Brabonel, príncipes.

Don Aguilar, consejero.

Don Fernández, conde.

Don Rodríguez, capitán.

Dos graciosos.

Los doce pares de Francia, ejércitos moros y ejércitos cristianos.

Después de lo anterior, ni se marcaba época, ni lugar, ni distribución de escena; bien es verdad que, según iba viendo, para maldita la cosa hacían falta tan pequeñísimos detalles.

Llegó por fin la primera noche de ensayo, y aquí te quiero escopeta, con más fruición que si fuese á ocupar una barrera de sombra en día de plaza partida, me posesioné de un banco, en la mismísima del pueblo, que aunque no era de toros lo sería de la Constitución si estuviese en España.

Los ensayos se hacen siempre al aire libre, no solo porque los actores necesitan gran espacio para ejercitarse en el moro-moro, si que también porque es justo que el público en general participe de todos las incidencias del espectáculo.

Una gran masa de carne humana formaba en extenso círculo, salpicado de gran profusión de juepes que daban más humo que luz: una mesa ante la cual se encontraban tres apuntadores llamados á relevarse unos á otros, cuatro bancos corridos para los comediantes, estando á la derecha ellas y á su mano contraria ellos, y las sillas presidenciales de los maridables Tintay y Tenten formaban el cuadro.

Una vez todos listos empezó el ensayo.

En las comedias bicoles no hay necesidad de lecturas, pases ni copias de papeles: el actor se coloca cerca del apuntador y repite cuanto oye sin variar de tono, parándose á cada final de verso. Con este sistema, claro está que para nada hacen falta los papeles; bien es verdad, que en esta clase de espectáculos, lo que menos significa es la parte literaria.

Siempre que tenía que presentarse en escena un personaje, lo llamaba el apuntador, á cuya llamada se ponía en pie esperando que le avisaran para entrar en su primer verso. Una de las cosas que más me llamó la atención fué que todos los actores declamaban accionando con un bastón, cuyo adminículo lo sustituían las actrices por el abanico.

En una de las escenas en que el rey Mahometo le dice á la princesa Rogeria que ya está al tanto de cuanto ocurre y que si cree que él se mama el dedo está equivocada, Rogeria que sin duda no tiene ganas de broma le contesta que eso de mamarse el dedo se lo cuente á su abuela, y para dar mayor fuerza al argumento llama á sus ejércitos y se provee de daga y espada; en esto el apuntador toca un pito, la música lo hace del Himno de Riego, entran en plaza precipitadamente ejércitos moros y cristianos, y se arma una de polvo y de latigazos que da gozo. Rogeria deja su sexo en el lugar que le corresponde, hiriendo al amigo Mahometo que no le quedan ganas de andar en tratos con princesas.

La parte que llamaríamos de exposición de la obra, lo era, en efecto, en la que se representaba, y tan lo era, que en uno de los ejércitos resultó un estacazo tan realista que tuvieron que dar dos puntos en la cabeza á un moro.

Todas las escenas que se ensayaron aquella noche constituían otros tantos caramillos para acudir á las armas, siendo ellas las más dispuestas á resolver los problemas más sencillos á estacazo limpio. A las dos de la madrugada se pronunció la última letra del primer tomo de la obra, y se anunció su continuación frente á la casa de Capitán Perto.

Pregunté el por qué no habían de seguirse los ensayos en la plaza, y me contestaron que solo se hacía allí el primero, verificándose los demás frente á la casa del que convidaba.—¡Ah, vamos! ¿con que hay convite?—Si señor, me replicaron, el que quiere comedia avisa y toda la gente representa frente á su casa en la que actores, directores, traspuntes y público de categoría cenan después del ensayo. La cosa me pareció muy bien, y como yo componía categoría participé en las noches sucesivas de las doraditas lonchas de lechón asado, víctima irreemplazable en toda reunión india.

Veinticinco de aquellos, que generalmente con perdón se nombran, habían sido inmolados, lo que quiere decir que veinticinco noches habíamos tenido ensayo, y digo habíamos, porque poco á poco me había ido identificando con toda aquella familia real, hasta el punto de creerme muchas veces ciudadano pacífico del reino de Sansueña.

Al llegar al lechón número veintiséis se anunció que el teatro estaba concluído y por lo tanto que los ensayos se harían sobre el tablado.

El teatro en efecto estaba terminado.

Veámoslo por dentro y por fuera.

Un espacioso tablado cubierto de cañas y nipas y cerrado por tres lados de nipas y cañas, formaban el edificio. El tablado se hallaba dividido en dos partes, por medio de un enverjado fabricado con los susodichos materiales, y paralelo á lo que debía ser telón de boca, destinándose la parte posterior, para foyer, como diría mi amigo Luís, de público, actrices y actores. En aquel movible salón me dijeron se colocarían biombos para vestirse y desnudarse tras ellos las señoras, y como las funciones habían de ser de muchas horas, también me aseguraron se establecerían allí varias carenderías. Los tres lados de lo que constituía el palco escénico tenían un corredor, y por bajo de este y á derecha é izquierda de aquel se hallaban sus correspondientes palcos destinados á las personas de distinción que convidase el Gobernadorcillo. En cuanto al corredor se utilizaba para declamar desde él algunas escenas.

El palco escénico no tenía más entradas que dos agujeros que se habían dejado en el fondo. Estos dos agujeros eran los únicos auxiliares de la escena.

Lo anterior éralo visible, pues aun cuando el teatro de Legaspi no tenía bambalinas, ni tetares, ni bastidores, ni telones de boca, ni de no boca, ni escapes laterales, ni gazapera para el apuntador, no faltaban sus intriguillas interioras, que si bien no las tapaban los lienzos de los telones ni las sombras de las bambalinas, las ocultaban las paredes de las casas en que se vestían á las señoras. Un mercader chino, de esos que han nacido para el mostrador y que está tan incrustado á él como la sonrisa á su cara, me puso al tanto de cuanto ocurría. Por su conducto se habían hecho muchos pedidos á Manila de cintas, lazos, plumas, abalorios y lentejuelas, y hasta me dijo que uno de los vestidores había encargado medias de seda, ligas azules, y botitas imperiales de raso grana.

El orgullo y la vanidad habían sacado la cabeza en el pueblo de Legaspi, y cada cual quería que su señora sobrepujase en lujo y riqueza á las demás. Había una de noticias, chismes y enredos, que ni aun Tintay, con su consabido Osús-María-seff, podía contrarrestar. Desde que á las señoras les probaron el primer traje de raso, había entre ellas una marimorena muy cerca del repelón. Ya la cándida Pupen no era la morena dalaga de gustos sencillos, sino la orgullosa señora que presentía hasta la blancura de su cara ante la brocha del colorete. Ni Pupen se llamaba ya Pupen, ni Beten se la conocía por Beten, y sí por la reina Eurica la primera y por la reina Galiana la segunda, identificándose de tal manera en sus papeles, que tenemos la seguridad de que suponían que no otro tanto que ellas eran las reinas moras y cristianas. Este desvanecimiento tiene su lado malísimo, lado que no podemos menos de tratar muy en serio, hablando con la experiencia en la memoria. La mayor parte de las comediantas son muchachas muy jóvenes, tan bonitas como pobres. No conocen del mundo más que las 200 brazas de tierra que siembran, ó el azul del cielo bajo el cual tienden las redes ó peinan el abacá. A inteligencias tan dormidas se las despierta bruscamente, lanzándolas en un mundo completamente desconocido para ellas. Durante dos meses están siendo objeto de toda clase de atenciones, y como son bonitas, sus oídos oyen de continuo frases que, si al principio no comprenden, luego concluyen por envenenarles la existencia. Durante aquellos dos meses, no es solo el halago lo que las rodea, sino que también un lujo que no han visto ni soñado jamás. Su corto y áspero patadión se transforma en la crujiente falda de gró, sus piés los aprisionan diminutas botitas de raso, sus piernas se recubren de finas mallas, y en sus hombros, y entre las negrísimas hebras de su cabellera, descansan perlas y brillantes. El despertar de este hermoso sueño de la juventud debe ser horrible: después de haber llevado tantas galas, volver á la triste realidad de los harapos y la miseria, es de funestísimas consecuencias. Los espectáculos que describimos, en la forma con que se hacen, dan un gran contingente á la prostitución y á la cárcel. Antes de que una joven de quince años, de la clase que nos ocupa, lleve encajes y brillantes, es muy difícil la seducción: una vez que ha sido dueña de ellos, lo difícil es fácil. Conocemos una causa célebre, cuyo sangriento drama es muy de recordar tratándose de este asunto. Su extracto es muy corto: Una fría madrugada de invierno salían varios jóvenes calaveras de una casa en que imperaba la crápula y el desenfreno: al abrir la puerta, cayó al suelo un pobre barrendero que, hambriento y aterido, se había refugiado al hueco de su quicio para librarse de la nieve que caía con gran abundancia. Uno de aquellos calaveras cogió al muchacho del brazo y lo hizo subir al salón que acababan de dejar, en el que quedaban todas las últimas heces del desenfreno y la borrachera. La crápula volvió á empalmarse, haciendo participar al muchacho de todos los goces, recorriendo en dos horas cuantas páginas escribe el delirio inspirado por todas las pasiones. Cuando nada restaba por gozar, volvió el pobre barrendero á ser conducido á la calle. La nieve caía en anchos copos, y el frío era intensísimo. La escoba, que aún estaba arrimada á la puerta, la puso en las manos del muchacho el joven que lo sacó de la calle, y al entregarle la escoba, le dió dos fuertes bofetadas, volviéndole á la triste realidad de la vida, al par que le decía:—¡Imbécil, cuanto acabas de dejar solo se adquiere con dinero!—Aún no se había perdido el ruido de las carcajadas de los libertinos, cuando ya germinaba en la mente del muchacho la idea del robo.

A los dos meses el barrendero estaba en presidio….

Sirva el saludable consejo que envuelve el anterior recuerdo, y volvamos á nuestro teatro de Legaspi.

Los ensayos sobre el tablado se completaron, y como todo llega en la vida, también llegó la alborada del día del pintacasi del pueblo. Nuestra misión no es describir en esta ocasión tales fiestas, de modo que solo lo haremos en cuanto se refieren á los comediantes.

A las ocho de la mañana se reunieron en casa del Gobernadorcillo, cómicas, cómicos y comparsas, vistiendo los trajes de más lujo que habían de lucir en la comedia. Tintay y Tenten con todo el acompañamiento de moras y cristianas, de reyes y emperadores, y de ejércitos fieles é infieles, asisten con todo el municipio á la función de iglesia, de aquí se dirigen al teatro y empieza la comedia. Los días siguientes continúa, pero solo por la noche. En la del día á que me refiero, y siendo las diez de ella, me constituí en uno de los palcos. Frente al teatro estaba todo el pueblo, y el que faltaba se hallaba dentro de aquel, repartido en los corredores, en los palcos y hasta en la misma escena, en la que solo quedaba el espacio suficiente para el accionado. El teatro estaba perfectamente iluminado con toda clase de aparatos. Allí había desde la elegante araña de seis bombas de tulipán, alimentada con petróleo, á la modesta lamparilla que chisporrotea en la chireta de coco.

Las reinas y princesas estaban irreprochables en cuanto á riqueza. Sobre aquellas cinco muchachas podría asegurarse estaban todas las alhajas más valiosas del pueblo, y tanto es así, que se solicitó del Alcalde un guardia civil para vigilar y custodiar á cada una de aquellas niñas; el Alcalde que es algo de broma, dijo bastaba con un fusil de chispa, y en vez de guardias, dió cuadrilleros.

Los trajes de las señoras, tanto moras como cristianas, eran de pura fantasía teniendo de cinco á siete distintos cada una de ellas. Ví una mora cubriendo su cabeza con pamela, y más de un moro que lo hacía con sombrero de copa. Con esto creo baste, pues son dos buenos botones para muestra. La única distinción que pude encontrar entre moras y cristianas, era en que las primeras vestían faldas cortas y las segundas lo hacían de cola muy larga.

En cuanto á los actores no puedo resistir la tentación de bosquejar á D. Bernardo Carpio. Este era un escribiente muy conocido en Legaspi, y su traje consistía en zapato bajo de charol, pantalón negro con ancha franja dorada, casaca azul con vueltas rojas en faldones y solapas y kepis con insignias de coronel, completando su atavío relucientes espolines, ancha espada de cazoleta, tricolor banda de seda, descomunales condecoraciones de papel dorado, amplios guantes de algodón y grueso palasán con puño de plata. Tal se presentó el bueno de Bernardo Carpio en el escenario de Legaspi.

Hasta las dos de la madrugada no terminó la primera parte.

En las noches sucesivas continuó el desempeño de la obra, cuyo argumento me conformaría con que tuviera cuerpo siquiera fuese jorobado, ya que era imposible encontrarle piés, cabeza ni manos. Las escenas amorosas terminaban por lo regular con tan imprevistos incidentes, como imprevistas eran las resoluciones de los consejos y el éxito de las miles de empresas. Excuso decir que en los combates los descalabrados eran siempre los moros, por más razón que tuviesen, no amparándoles ni aun la poderosísima de ser á veces más los malos que los buenos.

El autor de la obra no se había andado con tafetanes, apelando muy á menudo á recursos heróicos. Tan luego como un diálogo se hacía difícil, un monólogo se agotaba, ó una escena no tenía fácil salida, el autor la encontraba bien sencilla en el momento, y al efecto se dió un caso en que la reina mora no sabiendo qué decir, roba en pleno consejo ante el mismísimo rey cristiano una princesa. Excuso decir á ustedes que este robo levantó más polvo que el célebre de las sabinas.

Las representaciones se hacían muy largas, porque cada escena principia y acaba por un paseo triunfal, y suele mediar con el indispensable combate con espada y daga llamado el moro-moro, baile que en honor á la verdad llama la atención la agilidad con que algunos y algunas manejan la esgrima.

En una de las noches de representación se hallaba á mi lado una elegante y airosa mestiza, la misma que había costeado los trajes de la reina mora. Esta se encontraba en escena luciendo un primoroso manto bordado de oro, y á su vista no pude menos de felicitar á la dueña por su exquisito gusto.—Yo lo creo, me contestó, como que es el manto de la Magdalena.—¡¡Pero, señora, le dije con cierta gravedad, el manto de la Magdalena sobre los hombros de una mora!!—Ca, no señor, si mañana han de bautizarla.—La contestación me pareció tan razonable, y sobre todo fué dicha con tal naturalidad, que comprendí sería perder el tiempo añadir una palabra más en el asunto.