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Viajes por Filipinas: De Manila á Albay

Chapter 16: CAPÍTULO XV.
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About This Book

A travel narrative through Philippine provinces that recounts sea voyages and overland routes from Manila into Albay and nearby islands. It combines geographical and geological description—notably volcanic peaks, springs and solfataras—with detailed accounts of towns, ports, markets and local industries such as abacá and ramio. The author records demographics, administrative structures, parish life, economic data, and Chinese settlement, and sketches customs, festivals, hospitality and household practices. Practical notes on infrastructure, trade, schools and reforms mingle with natural-history observations and episodic portraits of local characters encountered during itineraries.

CAPÍTULO XV.

Los chinos en Filipinas.

Según los datos estadísticos que venimos consignando en estas páginas, resulta haber radicados en la provincia de Albay gran número de chinos, observación que hace nos detengamos y nos ocupemos de esta raza.

La creciente inmigración china en Filipinas, está siendo en la actualidad objeto de grandes controversias, pues mientras hay pesimistas que creen que todos los males que se desarrollan en aquellas islas son de origen chínico, hay otros optimistas que sostienen que todas las cargas y obligaciones de aquel tesoro, las levanta el espíritu mercantil del hijo del Celeste Imperio; y puesto que estamos frente á este problema, vamos á decir algo por nuestra cuenta. La primera cuestión que surge es la siguiente: Publicado el Código penal en Filipinas, y vigentes por lo tanto sus artículos 155 y 156 que previenen que para los efectos de dicho código se entienda que, al hablar de España se comprende bajo tal denominación, cualquiera parte del territorio nacional: reputándose español toda persona que, según la Constitución de la monarquía goce de tal consideración, ¿se reputarán como españoles y con derechos y deberes de tales, á los hijos de padre y madre chinos nacidos en Filipinas, y á los no nacidos en aquellas tierras, pero sí radicados serán extranjeros con el disfrute del fuero que aquellos tienen? No desconocemos que no poca gravedad envuelve la contestación á esta pregunta; sin embargo, no titubeamos en contestar, que hoy por hoy el chino debe quedar sujeto á su sistema de empadronamiento, mas no irritantes disposiciones que le colocan en desairada situación en aquellas sociedades, que ni le toleran la presencia de sus mujeres, originando con ello sacrílegos contubernios, como medio de llegar por la forma de un Sacramento en que no creen, á la posesión de una mujer que abandonan tan luego pueden volver en busca de la para ellos legítima, como asimismo no les admiten protectores representantes de su raza, al no establecerse la creación de consulados chinos. La orfandad de autoridades propias, el odio y desprecio de que son objeto por parte de los naturales, y los gravámenes y recargos que sobre ellos pesan, la vengan con una perfecta indiferencia envuelta en una permanente é indefinida sonrisa que no abandonan hasta que al dejar el Corregidor en demanda de sus hogares, lanzan sobre las cruces de nuestras torres y los colores de nuestra enseña, la tan vulgar y repetida frase de no más Santa María castila y señolía. Palabras que sintetizan las malas impresiones de la estancia y el placer de la partida. A que esa indiferencia desaparezca, y á que ese poderoso elemento de riqueza al par que de trabajo y sufrimiento, que lleva en sí la raza china se arraigue con carácter permanente, y no de paso ó de invernada, es á lo que yo entiendo se debe dirigir nuestra política colonial. En Filipinas, el chino tiene una personalidad jurídica propia y exclusiva distinta de todas las demás. Sus tributaciones, sus empadronamientos, derechos y deberes, y hasta los rituales civiles para llegar á efectuar casamientos católicos, se ajustan á procedimientos especiales. El chino que llega á Filipinas es un número de orden y otro de chino. El código de comercio de 1830, que se hizo extensivo á Filipinas en la Real cédula de 26 de Julio de 1832, deja en las novedades que introduce las divisiones de raza, pues que da reglas para las inscripciones en la matrícula de comercio de los mestizos é indios sangleyes, quedando desde aquella fecha las razas, jurídicamente hablando, perfectamente definidas y cada una de ellas sujetas á leyes especiales; pero hoy que todo propende á la unificación en cuanto compatible sea con las civilizaciones de Asia, y en que se ha dado el gran paso, en tal sentido, con la creación de la cédula y la abolición del tributo, símbolo de raza; y hoy en que se dice son españoles todos los nacidos en territorios españoles, y extranjeros los que lo fueren en otras tierras, el chino sea fiel ó infiel, nacido en territorio español ó en suelo extranjero, dentro de aquella legislación, de aquella tributación, de aquellas patentes, de aquellas restricciones, no será, si explícitamente no se consigna, dentro de la vida mercantil de aquellos pueblos, ni español ni extranjero; será chino, mejor dicho, será un número ó una patente; número que en sus quejas y reclamaciones no tiene más autoridad á quien acudir dentro de su raza que á su Gobernadorcillo, último remedo de los poderes gubernamentales, estando sujetos lo mismo á las genialidades de los pedáneos indios que á los rigores del trabajo público á que le llevan la más pequeña demora en los pagos.

Más de 70.000 chinos, mejor dicho, más de 70.000 números ó patentes humanas hay empadronados en Filipinas. Números que podrán ser—yo no lo dudo,—malos elementos de colonización, pero que afirmo son uno de los primeros factores de los ingresos del Tesoro, alcanzándoles todas las contribuciones y gabelas, ora directas, ora indirectas, cobrándoseles lo mismo por la virtud del trabajo, signo característico de su raza, como por los extravíos de sus vicios ó necesidades. Los fumadores de opio llevan á las cajas del Estado no pocos millones y se comprende, pues estando estancado el opio, y contrabando fumarlo fuera de los sitios, mejor dicho pocilgas destinadas al efecto, el vicio sale muy recargado, y por lo tanto muy caro. El alcoholismo, el tabaco, los goces sensuales, la gula, y cuanto constituye un vicio ó un placer se puede servir á domicilio en todas partes del mundo, y solo el chino para proporcionarse el goce de aspirar el humo del anfión necesita hacerlo en un sitio determinado, inmundo y nauseabundo, llamado fumadero, so pena de ser reo de una causa criminal por contrabandista, y de incurrir en la pena de 500 duros de multa, mas las costas ó destinársele á trabajos públicos por cada medio peso que dejen de satisfacer, amén de estar presos mientras se tramitan los allí largos procesos, si no prestan cuantiosas fianzas sujetas á arbitrarias apreciaciones.

Hoy existen en Filipinas, como ya hemos dicho, más de 70.000 chinos; todos ellos, salvo poquísimas excepciones, con el carácter de transeúntes, y esa masa de población que se renueva constantemente con todos los perjuicios que trae en pos de sí la accidentalidad, produce solo en los fumadores de anfión y registro de capitación más de 15 millones de reales anuales. Si á esto se agrega que la mayor suma del importe de patentes son chinas, que en la renta de lotería el primer factor que la sostiene es el chino, y que tanto la industria como el comercio filipino tienen en aquella raza un poderosísimo auxiliar, sobradamente demuestra que nuestras leyes no deben tener olvidado á ese numerario humano que constantemente llega á nuestras playas, y que es preciso aumentarlo y ayudarlo. Y no se abriguen recelos en este asunto, ni se busquen restricciones en temores que si en algún tiempo pudieron ser legítimos por más que los desmintieran las derrotas de las potentes armadas de Limahon, y las fuerzas de Sioco; hoy aquellos temores serían puramente imaginarios y el que los tuviera demostraría desconocer en absoluto el espíritu y aspiraciones de la raza china en sus permanencias en otros territorios que no sean los suyos. Y si como dice, y dice muy bien la exposición que precede á los actuales presupuestos de Filipinas, que allí «la producción, como la industria y comercio exigen protección grande para adquirir la virilidad que necesitan para consolidarse y entrar en el concurso general en condiciones de posible competencia,» entiendo que para que esa gran protección sea una verdad en cuanto á uno de los elementos más fuertes de la producción, de la industria y del comercio, se hace preciso en primer término hermanar en cuanto sea posible los reglamentos especiales que se refieren á los chinos con todas aquellas evoluciones que necesariamente ha de llevar á Filipinas la sustancialidad del art. 1.° de la Constitución española.

En mi pobrísimo juicio, entiendo que en toda ley deben presidir conceptos concretos é ineludibles, huyéndose cuanto posible sea de crear dudas y vacilaciones en los resultados de su aplicación, que originen arbitrarias resoluciones, por más que estén aquilatadas en la prudencia que crean largas prácticas de concienzudos tribunales; y digo esto, porque muchos de los artículos del Código de comercio vigente, son objeto en su aplicación del prudencial arbitrio de aquellos tribunales, pudiendo asegurar, sin temor de equivocarme, que de los 70,000 chinos que viven en Filipinas, el 80 por 100 se dedican á comprar y vender, ejerciendo por lo tanto el comercio, sin que ninguno de esos miles de comerciantes esté dentro del Código de comercio, y mucho sería encontrar casas españolas ó extranjeras que puedan justificar estar libres de olvidos de algunas prevenciones del Código. Una de las mayores dificultades que se tocaron en la tristísima memorable quiebra de la casa de Russell Sturgis, la más antigua y poderosa de cuantas hasta ahora han funcionado en Filipinas, fué la forma de llevar los libros contraria á lo que manda el Código. El mismo Banco Español Filipino con toda su legítima preponderancia, reconocida minuciosidad y puritana administración, no juraríamos esté exento de alguna infracción más ó menos grande.

Para comprender las vicisitudes y restricciones que vienen sufriendo los chinos en su vida mercantil en Filipinas, se añadirá á lo ya expuesto algunas indicaciones de los puntos más salientes de la legislación de aquellas islas, en las que es de notar, ya existía antes de la conquista, un vivísimo comercio con los chinos, compartiendo con ellos las transacciones, japoneses y borneys, á los que más tarde se unieron moros y armenios, con sus cargamentos de la India. En la historia filipina se consignan no pocos privilegios mercantiles contrarios á los intereses chínicos.

Por real cédula de 11 de Enero de 1593 se otorgó privilegio especial á los vecinos de Manila para que pudieran despachar todos los años al puerto de Acapulco dos naves, repartiéndose entre aquellos por medio de vales el tonelaje de carga, formándose de esta suerte la razón social llamada La nao de Acapulco. Por reales cédulas de 8 de Enero de 1718 y 27 de Octubre de 1720 se prohibió el que se admitieran en las naos tejidos de seda de la China, prohibición que subsistió hasta la real cédula de 8 de Abril de 1734 que declaró lícito dicho comercio.

Si trabas tuvo el comercio chino y sus productos con las naos de Acapulco, no las tuvo menos con la célebre Compañía de Filipinas, creada por real cédula de 6 de Mayo de 1781, en cuya compañía tomó el rey la octava parte de acciones; concediendo á la expresada compañía entre otros monopolios, el exclusivo de hacer el comercio entre las islas y la Península, el que duró hasta la real cédula de 6 de Setiembre de 1834.

Esto en cuanto al comercio de exportación, pues respecto al interior, los chinos como todos los extranjeros no podían vender al pormenor ni internarse en las provincias, ni mandar agentes ó apoderados para adquirir frutos del país. (Bandos de 4 de Febrero de 1828 y 11 de Noviembre de 1840.)

Desde la creación de la alcaicería de San Fernando, ó sea desde que á los chinos se les señaló como domicilio esa casa de contratación mandada construir por Real cédula de 7 de Septiembre de 1758, no han cesado nuestros legisladores de dictar disposiciones referentes al comercio chino, siendo en verdad la mayoría de ellas altamente odiosas, y si bien el Código de comercio fué promulgado en Filipinas, esto no obstante fué introduciendo la práctica y disposiciones posteriores grandes limitaciones, y al efecto, pueden verse la circular de 31 de Octubre de 1832 sobre capitaciones y empadronamientos de chinos, el superior decreto de 31 de Agosto de 1839 estableciendo prisiones indefinidas por falta de pagos de capitación, y restricciones para ejercer el comercio, y trabas para ausentarse del país, hasta el punto que no podían hacerlo, cual acontece hasta el día, sin licencia del Gobernador general, expediente y fianza. Ese mismo superior decreto dispone en su art. 22 que para ejercer los chinos el comercio necesitan expresa autorización del Gobierno, exigiéndoseles pagos adelantados por las licencias, como asimismo por invernadas para reparos en la Alcaicería donde necesariamente debían pernoctar. Por bando de 13 de Diciembre de 1843 se prohibe á los chinos no radicados obtener licencia para viajar fuera de la provincia de Tondo, de donde no podían ausentarse según el particular cuarto del decreto de 28 de Junio de 1848 sin licencia del Gobierno general. Por decreto de aquella autoridad de 20 de Diciembre de 1849, se ordena que á los chinos no se les conceda ni residencia, ni ejercicio de sus oficios en las Filipinas sin obtener la competente autorización. El decreto de 5 de Agosto de 1850 previene en su particular sexto que los chinos destinados al fomento de las haciendas no podrán dedicarse á otra clase de trajín, comercio, ni oficios mecánicos. El Decreto de 15 de Septiembre de 1852 divide los chinos en tres clases, señalando á cada uno de ellos un número que corresponderá al del padrón y al de la patente que se les expida, y según el artículo 28 de dicho decreto solo los chinos de primera clase ejercerán la profesión, industria ú oficio que más les acomode. Por el art. 31 se les impone trabajos públicos á los insolventes de pagos á la Hacienda, á razón de un mes por cada dos pesos; el art. 40 previene que los chinos no podrán ausentarse de la provincia si no prestaren la correspondiente fianza; el art. 42 establece un impuesto sobre tiendas y talleres de chinos, pagándolo el que esté al frente de dichos establecimientos, sin que pueda servirles la alegación de pertenecer á sus mujeres ó á otras personas; dividiéndose las tiendas en cuatro clases, pagando las de primera 100 pesos, las de segunda 60, 30 las de tercera y 12 las de cuarta; formándose con esta división un registro por las subdelegaciones de Hacienda, á las que están obligados los cabecillas de los establecimientos chínicos á dar cuenta de lo que venden y á cuantas noticias se refieran á abrir, cerrar, vender ó traspasar tiendas ó talleres, llevándose nota de cualquier novedad al registro. La falta de pago de este impuesto se castiga con trabajos públicos.

En el cuadro que precede, y conste que no esta recargado, hay sombras desconsoladoras que es preciso desaparezcan. Ni somos partidarios de las extremadas complacencias, ni de las sistemáticas prevenciones. Corríjase enhorabuena al chino, en lo que de corregir sea, pero considéresele y protéjasele en todo aquello que lo merezca, no olvidándose que las competencias no se vencen con declamaciones, y sí con el trabajo, la baratura y el perfeccionamiento.

CAPÍTULO XVI.

De Tabaco á Calolbon.—Isla de Catanduanes.—Su situación.—Clima, terreno y productos.—Los primeros misioneros.—Calolbon.—Etimología.—Estadística.—Clero.—Medios para que se aprendiera el español.—Birac.—Su extraña configuración.—Censo civil y eclesiástico.—Formaciones auríferas.—La bandera y la lengua patria.—Bato.—Situación, etimología y estadística.—Puente y balsa.—Perecederas obras.—Viga.—Formas de locomoción.—El gran Cantilamo.—Expedicioncita de recreo.—Los altos plenilunios.—El lintianac bicol.—Etimología.—Estadística.—Payo.—Origen de esta palabra.—Censo tributario—Bagamanot.—Etimología, situación, estadística y temperatura.—Ocupación de aquellos habitantes.—Pandan.—Origen de este nombre.—Productos.—Estadística.—Caramoran.—El por qué de este nombre.—Estadística.—Falta de una cifra.

Catanduanes.

De Tiui regresamos al pueblo de Tabaco, en donde nos esperaba un buen baroto en el que habíamos de hacer las 16 millas de travesía que hay de aquel pueblo al de Calolbon, situado en la isla de Catanduanes; travesía que hicimos en seis horas.

La isla de Catanduanes pertenece, según ya dejamos dicho, á la provincia de Albay, derivándose su nombre de uno de los ríos de aquella isla llamado Catandunga. Según el geógrafo, Padre Buceta, se encuentra situada entre los 127° 43' 30'' longitud, punta Siolah, y los 128° 10' ídem, punta Gimoto, y los 13° 30' latitud, punta Taguntum, y 14° 7' 30'' ídem, punta Yot: 2 1/2 leguas de la costa E. de la provincia de Camarines Sur, al E. de esta provincia y al N. de la de Albay. Su mayor longitud desde la punta Taguntum á la de Yot, ó sea de N. á S., es de unas 12 1/2 leguas, y de E. á O., ó sea su mayor anchura, 7 2/3: de modo que conforme á su figura viene á tener por un promedio unas 55 leguas cuadradas. El clima de esta isla es bastante templado; pues á más del mar que la rodea dulcifican también los ardores del sol los muchos montes que en ella se encuentran, sin embargo que ocurren muchas tempestades y que la combaten los vientos del NE. contra los que no tiene ningún abrigo. Contiene la isla 8 pueblos situados al N. y al S. llamados Calolbon, Vira, Bato, Viga, Payo, Bagamanoc, Pandan y Caramoran. Por la costa del E. hállanse primero pegadas á ella los islotes de Minigil y Panay, la punta de Pandan en los 128° 9' longitud, 13° 48' latitud; la ensenada y punta de Gimoto en los 128° 10' longitud, 13° 45' latitud; el puerto de Barás en los 128° 5' longitud, 13° 38' 30'' latitud, y en la costa del S. la punta Nagunbuaya á los 128° 4' latitud, 13° 31' 50'' longitud donde concluye la costa E. de la isla y que forma también por la parte del S. una ensenada con la punta más meridional de la isla, que es la de Taguntum, á los 127°,33' longitud, 13° 50' latitud.

Hállanse también en la costa S. los puertos de Virac y Calolbon, y el bajo Teresa donde se pierden con frecuencia las embarcaciones, y la punta Agojo en los 127° 45' longitud, 13° 48' latitud. De esta punta á la de Siolal presenta la isla esta parte de la costa hacia el SO., cambiándose después desde la referida punta Siolal, que está en los 127° 43' longitud, 13° 52' latitud, al O. En esta parte se encuentra la punta Ilacaong en los 127° 49' longitud, 13° 55' latitud, y la ensenada de Carag, desde donde empieza ya la costa á convertirse al N., encontrándose la punta Yot en los 127° 56' longitud y 14° 7' latitud.

El terreno de esta isla es muy fértil, y abundan los ríos en cuyas arenas se encuentra algún oro en polvo. Sus montañas parten del centro de la isla, dirigiéndose en dos cordilleras, hacia el S. la una, yendo á formar la punta Nagumbuaya, y la otra que se corre al N., á rematar en la punta Yot. Esta cordillera que se dirige de N. á S., extiende sus ramificaciones por toda la isla. Las principales producciones, son: el arroz, maíz, abacá, algodón, burí y cocos. En sus montes se crían buenas maderas de construcción y ebanistería, mucha caza mayor y menor, miel y cera [9] que depositan infinidad de abejas que en todos aquellos sitios se encuentran.

Los primeros misioneros que llegaron á esta isla fueron víctimas de la barbarie de sus naturales. Sus costumbres en aquel tiempo eran casi iguales á las de los visayas; pintábanse el cuerpo como estos últimos, y sus usos eran semejantes á los de aquellos.

Ya hemos dicho que el puerto de desembarque que se elige en la navegación de Tabaco á Catanduanes, es el de Calolbong, palabra bicol que quiere decir lugar oculto ó escondido. Dada la situación de este pueblo, encerrado entre los montes y la mar, nada mas lógico que se le conociera con aquella denominación. Linda con Birac y Caramoran. Tiene dos barrios llamados San Vicente y San Rafael, mas la visita Todón, componiendo una masa de población de 2.248 almas, de las que tributan 1.081. Se inscribieron 141 bautizos, 30 casamientos y 34 defunciones. Asisten 60 niños de ambos sexos á las escuelas, desconociéndose casi por completo la lengua española en toda la isla, en donde no hay radicado más que un europeo y 15 chinos.

El clero que administra la parroquia de este pueblo, como las de los demás de todo el distrito, son clérigos indios, y tanto escasea en aquella isla el conocimiento del castellano, que en las elecciones de Gobernadorcillos, hay que prescindir de este requisito, indispensable según las disposiciones vigentes para ocupar aquel puesto.

Y ya que nos encontramos con esta infracción legal, creemos procedente manifestar que uno de los alicientes más poderosos que podrían llevarse á Filipinas en pro de la lengua española, sería prohibir en absoluto que hubiese Gobernadorcillos, tenientes y jueces mayores que no entendiesen siquiera fuese medianamente el español, previniéndose que caso de no haber en algún pueblo indio que reuniese aquellas condiciones, se le pudiera proveer de autoridades, con naturales de otros pueblos. El amor propio y el espíritu de localidad, serían gran aguijón en el indio, que aspira siempre á la dignidad de Gobernadorcillo, una de las metas de sus ambiciones.

El caserío de Calolbong es de caña, nipa y demás materiales ligeros, no habiendo en todo el pueblo más que ocho casas de alguna solidez. Riegan sus campos los ríos llamados Patorbe y Alibuag.

Pocas horas permanecimos en este lugar triste y solitario. De Calolbong á Birac hay unas cuatro horas de camino en hamaca ó caballo, prefiriendo la primera, por cuanto á la mitad del camino se encuentran pendientes muy pronunciadas.

No encuentro la razón etimológica del nombre de Birac, á menos que no proceda de la extraña configuración panorámica del pueblo visto desde las alturas de sus montes, configuración que se asemeja á las líneas que forman la concha llamada Venus, y en este caso, Birac procedería de la palabra anticuada birat, que significa los órganos genitales de la mujer.

Birac, contando con sus dos barrios denominados Santo Domingo y Antipolo, tiene una densidad de población de 5.066 almas, de las que tributan 2.326. Su censo eclesiástico está representado por 244 bautizos, 36 casamientos y 119 defunciones. A las escuelas asistían unos 60 niños de ambos sexos.

Los campos de Birac producen arroz, maíz, abacá y bejucos. Corren por aquellos 16 ríos.

En los sitios llamados Boyo-Cayanipi y Mapoting-Bulauan, se encuentran formaciones auríferas que los naturales explotan en pequeñísima escala, empleando los medios más rudimentarios que se usan en el mundo para esta clase de trabajos. Bien es verdad, que ¿para qué han de explotar con gran afán los indios de Catanduanes ni el oro, ni los diamantes, si los hubiera, si allí, en aquellas costas que las cierra á toda navegación las bravías monzones del NE., viven aquellos indios en perfecto quietismo ignorando lo que pasa más allá de los estrechísimos horizontes que limitan las altas y encadenadas montañas que por todas partes cierran la isla? Sin necesidades ni aspiraciones, nacen, viven y mueren aquellos seres, yendo muchos de ellos á dormir el sueño eterno, sin conocer de la madre España más que los colores de su bandera, suponiendo, y suponer es, que la tengan todos los tribunales. En cuanto á entender el español en aquellos pueblos, sería tanto como hablarles en caldeo ó en hebreo. Allí se predica, se confiesa y se administra justicia en bicol y nada más que en bicol, y dicho esto, huelgan todos los comentarios y las amargas reflexiones que tales hechos surgen en la mente. ¡Desconsuelo y no poco produce el ver que al pié de una bandera se congregan miles y miles de seres, y que estos no sepan saludarla en la lengua que personifica y encarna!…

* * * * *

De Birac á Bato hay un regular camino, haciéndose un pequeño trecho embarcado. En esta jornada se emplean unas tres horas.

Bato quiere decir piedra, y no pocas, en verdad, abundan por allí.

Bato está situado á la derecha del río de su nombre, teniendo el monte Sipi al O. y el de Cagbalayan al E. Dependen de él 2 visitas y 14 barrios, siendo de citar entre estos los de Gigmoto, Obo y Batalay. Este último recuerda en una modesta cruz la visita del obispo don Diego de Herrera. Bato contiene 5.848 almas, de los que tributan 2.657. Se verificaron 276 bautizos, 62 casamientos y 96 defunciones, y asistieron á las escuelas por término medio unos 70 niños.

Mi cartera de viaje la tengo llena de los infinitos nombres con que se conocen en la localidad los montes, ríos y arroyos que por allí se encuentran. Frente al tribunal se alza un puente que pone en comunicación las dos márgenes del río á que da nombre el pueblo. Por este puente solo se permite pasar peatones, y se comprende, teniendo en cuenta que los materiales ligeros de que se compone, no podrían resistir grandes pesos. Tiene más de 90 brazas, y su construcción, que participa de puente y de balsa, se remienda muy á menudo, y digo se remienda, porque por allí no se emplea en las obras ni un solo clavo, cosiendo y uniendo el bejuco, las cañas, las palmas bravas y el cogon, únicos agentes de aquellas perecederas obras.

Antes de emprender el viaje de Bato á Viga recomiendo al que lo intente haga testamento y se ponga bien con Dios. En cuanto á la forma de locomoción entran todas las conocidas en el país, llegando á algunos puntos, en que el viajero tiene que ayudarse de bejucos tendidos sobre los precipicios, ó las casi verticales estribaciones del gran Cantilamo. Sin la cooperación de aquellos bejucos volantes, y sin la práctica y esfuerzos de los guías indios no habría medio de hacer el viaje de Bato á Viga por tierra. Contando con toda clase de elementos se tarda en esta expedicioncita de recreo diez y seis á veinte horas. Las vertientes del Cantilamo dividen las jurisdicciones de Bato y Viga. La altura del último picacho de este célebre monte es tal, que no hay ninguno de aquellos naturales que no afirme con la mayor ingenuidad que desde allí se oyen en las horas de los altos plenilunios los dulces ecos de las harpas celestiales. Nosotros pasamos por allí en plenilunio bien alto, y aunque varias veces vimos el cielo, y no menos medimos con nuestro cuerpo el suelo, no oímos más música que la producida por el rodar de las piedras en los precipicios, la originada por el despeño de las aguas, y la que arrancaba de nuestros labios el lintianac bicol al caer ó tropezar. Lintianac quiere decir rayo, y es la imprecación más fuerte que conoce el indio.

Viga se llama en bicol á una raíz farinácea de la familia de los gabes que abunda en Catanduanes. Las hojas de esta farinácea son grandísimas sirviendo á los indios de paraguas.

El pueblo que nos ocupa tiene un barrio llamado Napó, contando con el vecindario de este, un total de 2.960 almas de las que tributan 1.378. Se verificaron 118 bautizos, 84 casamientos y 46 defunciones: nos aseguraron que asistían á las escuelas unos 40 niños de ambos sexos. El caserío es todo de materiales ligeros, probando el atraso y pobreza de este pueblo el hecho de no haber chinos radicados.

De Viga á Payo hay un mediano camino, y seguramente como lo pasé bajo la impresión del que habíamos dejado horas antes, me pareció tan superior, que ni el caminito del cielo me lo figuro tan cómodo como el de Viga á Payo. Tardamos en llegar á este pueblo cuatro horas, montando una descomunal calesa tirada por dos buenos jacos.

Payo quiere decir cabeza, y como de estas hay tantas y tan huecas en aquel pueblo, no sabemos el punto facial de arranque de aquella etimología.

De Payo dependen nueve barrios componiendo un total de población de 1.972 almas de las que tributan 891. Se registraron 61 bautizos, 26 casamientos y 22 defunciones: asegurándonos concurrían á las escuelas 25 niños de ambos sexos.

En unas dos horas de camino en carromata hicimos la distancia de Payo á Bagamanot, palabra cuyas raíces baga y manot quieren decir cosa que tiene forma de gallo. Este pueblo tiene por anexo á Payo, y como ya hemos dicho, linda con él y con el de Pandan. Está situado á la orilla del mar, siendo su ensenada, hasta no ha muchos años, uno de los puertos de refugio de las escuadrillas moras. Tiene 417 almas, que con 1.972 que compone su anexo Payo, suman 2.389, de las que tributan 891. Se registraron 47 bautizos, 14 casamientos y 42 defunciones. A las escuelas me dijeron concurren 30 niños de ambos sexos. Payo y Bagamanot son independientes entre si en la administración espiritual y gubernamental, siendo solo anexo el primero del segundo en el orden administrativo. La temperatura que se experimenta en este pueblecito en los meses de Abril á Julio es insufrible, por estar encerrado entre la mar y la cordillera del Malaquio. Produce cera en bastante abundancia, palaí y abacá. La ocupación habitual de aquellos habitantes es la caza de venados y puercos de monte, de cuyas carnes hacen la renombrada tapa, tasajo salado, que se conserva mucho tiempo sin perderse. La tapa de venado bien condimentada es un exquisito manjar.

El viaje de Bagamanot á Pandan, para verificarlo con relativa comodidad, debe hacerse embarcado hasta la visita de Tabobo, y de aquí en hamaca hasta Pandan, no pudiéndose utilizar el caballo por las quebradas y precipicios que tiene el monte Pulipusyan. En esta expedición se invierten de diez á doce horas. Pandan recibe su nombre de un pequeño arbusto así llamado, pródigo en sus campos y semejante en fruto y hojas á la piña. Barrios, propiamente dicho, no tiene Pandan, si bien hay en su jurisdicción diez ó doce agrupaciones de algunas viviendas. El abacá, el arroz, la caza y la ganadería de vacas y carabaos, constituyen la riqueza de este pueblo, que lo forman 2.238 almas, de las que tributan 1.045. Se inscribieron en los libros parroquiales 113 bautizos, 26 casamientos y 32 defunciones. Asistieron á las escuelas 50 niños de ambos sexos.

Caramoran es el último pueblo de los ocho que componen el partido de Catanduanes. Desdentado significa la palabra bicol caramoran, y apropiada está al dar nombre á aquel pueblo asentado entre montes de irregulares cresterías. Lo separa de Pandan cuatro horas de hamaca. El pueblecito que nos ocupa tiene 838 almas, tributando 450. Los bautizos alcanzaron el número de 37, 10 los casamientos y 17 las defunciones; asistieron á las escuelas 20 niños de ambos sexos.

De Pandan, y tras un larguísimo viaje, regresamos al puerto de llegada, ó sea Calolbon, en donde nos embarcamos para Legaspi, cansados de cuerpo y abatidos de espíritu al ver el atraso en que se encuentra la isla de Catanduanes.

La falta de una cifra en sus estadísticas nos reconciliaba hasta cierto punto con el estacionamiento de aquellos pueblos. Aquella falta está en los cuadros de criminalidad en los que aparecen en blanco.

CAPÍTULO XVII.

La cédula y el tributo.

Ya dejamos dicho que en los datos estadísticos conservamos la denominación de tributo, y no el de cédula, porque el indio de Albay sigue conociendo esa contribución con el primitivo nombre con que la ha sufragado tantos años. Y al hablar de esta reforma tributaria veremos que en nada ha gravado el antiguo sistema, limitándose en el indio á un cambio de palabra, y á borrar con ella en los presupuestos el signo característico de la división de razas.

Se ha dado en afirmar, generalizando la idea, por unos inconscientemente, porque no se han detenido en fijarse en los hechos, por otros con la intención que es fácil de adivinar, que el indio satisface en la actualidad, después de las reformas económicas llevadas á cabo en el Archipiélago, más cargas contributivas, que por el antiguo sistema. Nada menos exacto. Téngase en cuenta que nos referimos á la mayoría de los habitantes, á la masa de la población, á los que anteriormente á los decretos que rigen desde Julio de 1884, se comprendía con la denominación de tributantes; no á los que antes y después están obligados por razón de su industria ó comercio al pago de la contribución industrial. Puede decirse que actualmente, lejos de pagarse más, el beneficio que al indio resulta es evidente. Vamos á demostrarlo en pocas palabras.

Antes de la reforma, la contribución única directa que al natural de aquellas provincias se le exigía por el Estado, que hasta sagrada era para aquel, puesto que su imposición data casi de la época de la conquista, era la conocida por tributo, obligando su pago á todos los comprendidos entre los 18 y 60 años de edad; cumplidos los cuales dábaseles de baja en el padrón tributario, á su instancia, pasando á ser inscritos en el de «reservados por edad.» Y para justificar la aseveración que antes hemos apuntado de ser á los ojos del natural hasta sagrado este impuesto, citaremos el hecho á nosotros ocurrido con frecuencia de negarse muchos sexagenarios á dejar de tributar. El pago era el de un peso al año, satisfecho por servicios, se le recargaba además con un real fuerte para el sostenimiento del culto, recargo que se le denominaba sanctorum, más otro real en concepto de la suprimida renta de los alcoholes.

La provincia y el municipio no contaban con más recursos de importancia fuera de los indirectos que con el servicio de la prestación personal. Consistía este en el trabajo á que estaba obligado el indígena durante cuarenta días al año, á prestar en las obras públicas del pueblo de su vecindad ó de la provincia, según los casos; siendo potestativo el redimirse de aquella obligación mediante el pago de tres pesos, á cuya exacción se la distinguía con el nombre de polos, así como se entendía por fallas, la que se satisfacía, digámoslo así, al detalle por el tributante no redimido y por el día ó días que dejaba de concurrir al trabajo que se le señalaba; reducíase este impuesto al pago de doce cuartos por día.

Tenemos, pues, que por tributo y polos satisfacíase cuatro pesos y dos reales fuertes, y de no hacer uso de la redención á metálico, exigíasele un peso y dos reales fuertes y cuarenta días de trabajo. Es nuevamente de advertir que nos referimos solo á los impuestos directos que gravan á la masa de la población, á la clase tributaria.

Veamos si con la reforma sale perjudicada aquella.

Suprímese el tributo y se sustituye la cédula personal de 9.ª clase. Es de advertir que se crean diez clases de cédulas, desde la 1.ª, que importa veinticinco pesos, hasta la 9.ª, en escala gradual descendente, por la que se paga un peso y medio, pues la 10.ª es gratis, creada para los pobres de solemnidad, así como existe otra de privilegiados, igualmente gratis, á la que tienen derecho los Gobernadorcillos, sus mujeres, los munícipes, cabezas de barangay, etc. Están obligados á proveerse de cédula personal todos los habitantes, sin distinción de raza ni nacionalidad, y con arreglo á la renta ó sueldo que perciben. Para nuestro objeto, sin embargo, nos fijamos solo en la clase 9.ª, que es, repetimos, la que realmente sustituye al antiguo tributo, y la 6.ª, pues que proveyéndose de esta, previo el pago de tres pesos, queda el contribuyente relevado de la obligación de trabajar los quince días al año, á que ha quedado reducida la prestación de cuarenta. Estos quince días obligatorios para los que satisfacen cédula de 9.ª clase, son irredimibles, concediéndose la redención solo de hombre por hombre, y pagando una multa de medio peso, en el papel al efecto creado, por día de inasistencia.

Además de las cédulas, como recurso para la provincia se establece el impuesto provincial, que consiste en el pago de un peso y medio, satisfecho por trimestres, como la cédula de 9.ª clase; esta contribución, al igual que las cédulas, obliga á todos.

Así, pues, tenemos que el tributante paga tres pesos por contribución directa al Estado y á la provincia, con la obligación de trabajar quince días al año, ó cuatro y medio pesos sin esta carga, proveyéndose de cédula de 6.ª clase. Véase á qué queda reducido el tan decantado aumento, pues si bien aparece un pequeño gravamen, en cambio los cuarenta días de prestación personal redúcense á quince.

CAPÍTULO XVIII.

Último rincón de la Yraya.—Manantial de Borogborocan.—Quipia.—Su historia.—Estadística.—Donsol.—Situación.—Censo civil y eclesiástico.—Azcune y Melliza.—Un buen astillero.—Música y escuela.—De Donsol á Pilar.—Límites.—Caserío.—El remedio cerca del mal.—Censo tributario.—El Catalina.—Partido de Sosogon.—Castilla.—Su fundación, etimología.—Límites y estadística.—Magallanes.—La _María Rosario.—_Restos de un astillero.—Las armas de Castilla.—Estadística.—Bulan.—Seno de Sorsogon.—Límites.—Productos y censo tributario.—Matnog.—Viaje por tierra y por mar de Bulan á Matnog.—Etimologías y estadística.—Bulusan.—Derivación de esta palabra.—Historia y cifras comparativas.—Volcán de Bulusan.—Barrios y población.—El indio y las galleras.

Nos resta conocer del partido de la Yraya los pueblecitos de Quipia, Donsol y Pilar, que según dijimos los encontraríamos al dirigirnos al partido de Sorsogon.

El punto de partida que elegimos para esta última expedición, por la provincia de Albay, fué Guinobatan, en donde nos esperaban los caballos que nos habían de llevar á Quipia.

A pesar de que emprendimos la marcha á las ocho de la mañana, y á esa hora el sol calienta en Filipinas, lo mismo que á las doce, no pasamos gran calor, merced á las espesas tolderías de aquella rica flora. Antes de llegar á la vista de Mauraro hicimos un pequeño descanso en el manantial de Borogborocan. El agua que brota de la misma peña es riquísima.

De Guinobatan á Quipia se invierten cuatro horas. Este pueblo está situado entre aquel y los de Camalit y Donsol.

De las averiguaciones que hemos practicado no hemos podido precisar la etimología de este pueblo.

Tres campanitas colgadas bajo un tinglado de nipa, un centenar de casas tendidas en una colina, media docena de sucios y adormecidos chinos descansando entre los diversos géneros de su especial comercio, tal cual cara bronceada y desaseada asomada á los tapancos viéndonos pasar, con la indiferencia propia de aquella raza, nos indicaron encontrarnos en Quipia. Este pueblo se formó el año 1649. Su administración parroquial corrió á cargo de los franciscanos hasta el año 1696, en cuya época pasó al clero secular. En 1768 se encargó nuevamente aquella orden de su administración, siendo visita del pueblo de Donsol. En 1794, y á virtud de órdenes superiores, volvió al clero secular. Quipia, con sus barrios, tiene 2.386 almas, de las que tributan 1.136. Los datos eclesiásticos sumaron 128 nacimientos, 38 casamientos y 37 defunciones. Asisten á las escuelas unos 100 niños de ambos sexos, no hablando ninguno de ellos el español. Hay radicados 4 europeos y 7 chinos. Su criminalidad registra 3 procesados.

De Quipia á Donsol puede irse á caballo ó embarcado, preferible es optar por lo último, sobre todo si es época de aguas. En un bote de poco calado puede hacerse la travesía entre aquellos pueblos en cinco horas.

Donsol lo divide el río de su nombre, estando situado en la misma bocana que da salida á las aguas de aquel. Desde las extensas playas en que se asienta, se perciben las islas de Ticao y Burias, y las puntas Colorada y Abuqui de la isla de Masbate.

La playa de Donsol corre por el Este hasta la punta Tomaquip. y por
Oeste llega á la visita de Quimagaam.

Donsol, con sus 25 barrios, compone un total de población de 3.549 almas, de las que tributan 1.847. Se inscribieron 233 bautizos, 48 casamientos y 81 defunciones. Asisten á las escuelas 120 niños de ambos sexos, de los que conocen el español 13. Hay radicados 5 europeos y 8 chinos.

El caserío de Donsol lo divide, como ya hemos dicho, el río de su nombre. En la margen oriental domina con su influencia comercial el bondadoso Azcune, honrado vizcaíno perteneciente á la colonia de Zoilo Aldecoa, rico banquero de Manila, honra del comercio nacional y verdadero patriarca de todos los vizcaínos que hay en aquellos Archipiélagos. Amigo era Azcune, y amigo lo era Melliza, laborioso hijo del país y dueño del magnífico y bien montado astillero que se levanta á las riberas de Occidente, así que tuvimos que aceptar por igual la hospitalidad de aquellos dos hijos del trabajo. Los barcos que se construyen en el astillero de Donsol son bien conocidos, lo mismo que las composiciones y carenas que allí se llevan á cabo por aquel pueblo de trabajadores, sujeto á una disciplina y reglamentación perfectísima. Dentro del astillero hay academia de música y escuela: y al dejar el carpintero el escoplo y el martillo el herrero, se oyen los ecos de una nutrida y afinada música.

Todos los obreros viven al pié de los extensos talleres, contentos y satisfechos. En la escuela se habla el español, verdad es que Melliza ordena y dispone en español. En cambio en las escuelas públicas de aquel pueblo, según los datos oficiales que tenemos á la vista, solo lo entendían 13 niños de los 60 que á ellos asistían, y ninguna niña de las 50 que se calcula concurren á aquellos modestos templos de la lengua … bicol.

Los celosos misioneros de Quipia, fundaron una visita el año 1655 con el nombre de Donsol, la que fué administrada como parte de aquel pueblo hasta el año 1688, en cuya época separándose de su matriz le fué asignado por primer ministro al Padre franciscano, Pedro Perona. Su primera iglesia fué de caña y nipa. En 1696 se dejó su administración. Por decreto del Vicepatrono, de 1768 volvieron los franciscanos á encargarse de la dirección, contando en el citado año 198 tributos. En 1.794 por disposición del patronato se hizo nuevamente cargo el clero secular contando 360 tributos: hoy tiene 1.847 tributantes de sus 3.549 almas. Se registraron 233 bautizos, 48 casamientos y 81 defunciones. Hay radicados 5 europeos y 8 chinos.

Aceptada la galante invitación del Sr. Melliza, hicimos en su vaporcito Catalina la travesía de Donsol á Pilar en hora y media. Este pueblo se erigió por decreto del 6 de Agosto de 1861 con las visitas denominadas Santo Niño, Putiao, Sapa y Cadanlagan, dependientes del pueblo de Cagsaua, y las de Inang y Palatoan, anexas del de Albay.

Tiene iglesia y casa parroquial de madera y nipa, y todo el pueblo se compone de unas 500 casitas de aquellos materiales distribuídas en siete barrios. En su término abundan buenas maderas de construcción, cosechándose arroz, abacá, cacao, café y maíz.

Pilar linda por Nicon Albay, por S. con Donsol, y por NO. con Daraga. Está situado en una pequeña ensenada dentro de la bocana que forman las puntas de Cubcub y Tomaquip, en terreno muy quebrado y desigual. El caserío lo dividen en tres barrios, los montecillos Pinacucan y Quniastiyogan. Cerca de la casa parroquial hay un buen astillero que compite con el de Melliza. Si el remedio debe estar cerca del mal, justificado está, se levanten astilleros en las playas del Estrecho de San Bernardino en donde poder refugiarse, y componerse las cientos de averías más ó menos gruesas que suman todos los años aquel peligroso paso. A esta necesidad presta una gran ayuda los extensos bosques de aquella zona, que cuentan entre sus árboles con más de doscientas especies madereras.

Pilar con sus barrios suma 4.431 almas de las que tributan 2.025. Ascendieron á 206 los bautizos, 22 los casamientos y 95 las defunciones. Asisten unos 130 niños á las escuelas hablando el español 10. Hay radicados 5 europeos y 3 chinos. Su criminalidad representa 5 procesados.

Encendida la pequeña caldera del Catalina, hicimos las 17 millas que separan á Pilar de Castilla en tres horas, principiando en este pueblecito el partido de Sorsogon que como ya dejamos dicho lo componen los pueblos de Castilla, Magallanes, Bulan, Matnog, Bulusan, Barcelona, Gubat, Casiguran, Juban, Sorsogon, Bacon y Manito.

La fundación de Castilla data de gran antigüedad, conociéndose con el nombre de Capuy que significa desfallecimiento. Tal vez se daría este nombre por lo penoso del camino desde la cabecera al antiguo sitio de Castilla pasando por el Tolon-puló, ó sean los treinta montes que separan un lugar de otro. El cansancio ó desfallecimiento que ha de originar esta caminata justifica el nombre de Capuy.

Castilla confina con Pilar Sorsogon, Albay y Manito: tiene cuatro barrios, formando una población entre estos y el pueblo de 2.121 almas, tributando 1.001. Ascendieron los bautizos á 92, 23 los casamientos y 30 las defunciones. Asisten á las escuelas 75 niños, no conociendo ninguno el español. Hay 2 europeos y 4 chinos. Los productos de Castilla son los mismos que ya dejamos relacionados. Ni en obras ni en historia tiene aquel nada notable que de contar sea.

Poco más de una hora de buena boga separa á Castilla de Magallanes. Este pueblo también se llama Pariná, nombre de un árbol muy corpulento, recto y de mucha consistencia que abunda en aquel terreno.

Este pueblo situado á la entrada de la gran ensenada de Sorsogon, fué antiguamente centro de vida y movimiento. En aquella playa existió un magnífico astillero, en cuyos talleres se construyeron no pocos barcos de altura, y entre ellos la María Rosario, de imperecedera memoria para el autor de estas líneas. [10] En la época en que visitamos Magallanes no existía en aquel lugar de actividad más que soledad y compactas malezas que medio ocultaban los carcomidos pilotes que en otros tiempos sostuvieron las quillas de cientos de barcos. Procedente de alguna de las naves que dieron fondo en el astillero de Magallanes, se conservaba en la semiderruída plataforma de un fuerte un curioso escudo de armas de Castilla toscamente talladas y pintadas sobre tabla. [11]

Magallanes con sus barrios cuenta 2.727 almas de las que tributan 1.278. Su censo parroquial anotó 108 bautizos, 20 casamientos y 35 defunciones. De los 100 niños que van á las escuelas solo 14 conocen medianamente el español. Hay radicados 3 chinos, figurando su criminalidad con 2 procesados.

Bulan se encuentra en el seno de Sorsogon, confinando con Magallanes, en donde embarcamos, tardando en arribar al pantalán de Bulan poco más de tres horas.

Bulan está situado en la playa sobre la punta Saban, en terreno desigual, á la orilla izquierda del río de su nombre teniendo al E. á Bulusan y Magallanes con Matnog al SE., con el mar por S. y por O. y por N. con Juban y Casiguran. Tiene extensos montes por la parte O. y en ellos se producen excelentes maderas de construcción. También se encuentra en ellos mucha miel y cera. El río de Bulan nace en las cercanías del llamado Gate y dirigiéndose de E. á O. desagua al N. de la expresada punta de Saban. Los valles y cañadas de este territorio son sumamente fértiles y producen arroz, maíz, caña dulce, abacá, cocos y legumbres.

La población de Bulan con sus barrios la componen 7.855 almas, tributando 3.744. Su censo eclesiástico lo representa 258 bautizos, 34 casamientos y 62 defunciones. Concurren á las escuelas unos 220 niños dé los que hablan muy medianamente el español 23. Hay radicados 9 europeos y 42 chinos. Su criminalidad la representa 3 procesados.

De Bulan á Matnog invertimos seis horas escasas, haciendo muy cómodamente la travesía embarcados.

Preferimos el viaje por mar, porque ya en otra excursión tuvimos ocasión de apreciarlo por tierra, aconsejando á todo el que tenga necesidad de trasladarse de Bulan á Matnog lo haga por agua aun cuando haya temporal y corra el riesgo de ahogarse. Por tierra hay que flanquear el monte Bulusan en donde se alza el volcán de su nombre, y á más de este flanqueo, que es un verdadero quebrantahuesos, no se sale del bosque, cuando se sale, pues se dan casos, en menos de doce horas. Ni existe camino, ni senda, ni vereda, ni nada que lo valga.

El bolo del indio para abrir trocha donde la maleza se estrecha, y la práctica del maderero que constantemente vive entre aquella exuberante y salvaje naturaleza, son los auxiliares á quienes hay que entregarse en absoluto; y vamos, que repito, por lo que valga, prefiérase el viaje por mar, y si se hace por tierra aprovéchese el capricho que pudiera tener de verificar esa expedición, algún Obispo ó Gobernador en cuya compañía se viaja siempre bien en Filipinas.

Matnog se deriva de matanog, que significa ruido, sonoridad. Sin duda se le llamó así por el monótono y triste gemir que produce en aquellos mares al romper en la playa.

Confina aquel pueblo por NE., con Bulusan, y por O. con Bulan: distando del primero 29 kilómetros y 32 del segundo, la mayor parte de bosque. Está situado en el Estrecho de San Bernardino, que lo separa de las costas de Samar.

Matnog, con sus barrios, cuenta 3.435 almas, de las que tributan 1.511. Se inscribieron 147 bautizos, 35 casamientos y 54 defunciones. Ninguno de los 120 niños que asisten á las escuelas hablan español. Hay radicados 3 chinos.

En nuestra corta estancia en Matnog nos hospedamos en casa de Ubaldo, Gobernadorcillo irreemplazable en aquel pueblo, morada de gente díscola y perezosa. Frente á la espaciosa y limpia casa de Ubaldo, enclavada en la playa, se alza, cual un verdadero canastillo de flores, la islita Ticlines.

De Matnog á Bulusan hay, por tierra, 29 kilómetros, haciéndose el viaje en hamaca. A la mitad del camino encuéntrase la visita de Busainga, en donde puede descansarse.

Bulusan significa el sitio por donde corre el agua, y su raíz, bulus, el acto de correr ó despeñarse.

Este pueblo fué visita de Casiguran hasta el año 1630, en cuya época fué separado de su matriz. Está situado en el Estrecho de San Bernardino, frente á la isla de Samar. Linda al N. con Barcelona, al S. con Matnog, al O. con Bulan y al E. con las aguas del estrecho.

La primera iglesia que se erigió, bajo la advocación de Santiago Apóstol, fué construida de caña y nipa, dejando los franciscanos la administración espiritual el año 1696. Por decreto del Vicepatrono se encargaron nuevamente de ella en el año 1768, en cuya época contaba con 410 tributos y una pobre iglesia.

Los franciscanos construyeron en el siguiente año un hermoso templo de piedra, bajo la dirección de Frey Pedro de Villamediana. Este edificio lo destruyó un temblor, quedando de él solo los cimientos. El clero secular es el encargado de la parroquia de este pueblo desde el año 1794.

En la jurisdicción de Bulusan se encuentra el volcán de su nombre, situado en los 127° 42' 30'' longitud, y los 12° 46' 40'' latitud en la cumbre de una elevada montaña, cuyo pico parece contesta en altura al que en la misma cordillera presenta al NO. el Mayon. El volcán de Bulusan está casi apagado, habiendo en otro tiempo contribuido á las violentas convulsiones que han agitado esta parte de la isla. Del monte ó pico de Bulusan se desprenden: al S., los ríos Caman, Rampas y Dinaraso, cuyas aguas se convierten, reunidas al NO., y van al puerto de Sorsogon.

El volcán Bulusan parecía extinguido hacía mucho tiempo, sin embargo de que en 1852 empezó á dar señales de alimentarse el fuego en sus entrañas. Según Mr. Jagor, este volcán se asemeja de un modo admirable al Vesubio; como este, tiene dos picos: al O., una cima redondeada en forma de campana; al E., como resto de una cumbre anular, una alta cresta dentellada, parecida al monte Somma: en sus vertientes se nota bien la estratificación paralela. Como en aquel, el cono de erupción está en medio del antiguo muro del cráter; el espacio que les separa de la valla montañosa situada enfrente, ó sea el piso del antiguo cráter, es considerablemente mayor y mucho más desigual que el Atrio del Caballo, en el Vesubio. ¡Desgraciado del barrio de San Miguel si despierta el coloso! Dependen del pueblo de Bulusan los barrios de Talaonga, San Roque, Buhang, Malabago, Mombon y San Miguel. Este último dista de su matriz 16 km. y tiene mas de 2.000 almas, cifra que, unida al demás vecindario que compone el pueblo, suman un total de 6.592, de las que tributan 3.231. Se verificaron 372 bautizos, 87 casamientos y 128 defunciones. Solo 15 niños entienden algo el español de los 245 de ambos sexos que concurren á las escuelas. Hay radicados 2 europeos y 45 chinos. La estadística criminal solo registra un procesado.

En Bulusan, como en la mayor parte de los pueblos playeros del estrecho hay no afición, sino fanatismo por el gallo y sus peleas, de las que dice un notable escritor. «En Filipinas la pasión por los juegos de gallos es un verdadero delirio, y ninguna ley puede hacer variar el número y duración de las riñas que producen tal carnicería en los combatientes que bien puede dársele el calificativo de inhumana. En otros puntos suelen afilar los espolones de los gallos, pero en Filipinas se les arma de navajas, [12] y la casualidad más bien que la destreza, decide la cuestión. Mueren todos los días una infinidad de gallos, pero no por eso se disminuye su número, pues difícilmente se encontrará un pueblo que no cuente con más gallos que habitantes. En el puente grande de Manila, y entre cuatro y cinco de la mañana se oyen por todas partes, á todas distancias, y en todas direcciones, miles de penetrantes trompetas, pareciéndose á un cordón de señales que pasa de boca en boca, desde el pueblo de Bangui en Ilocos Norte, hasta el de Matnog, situado en la punta Sur de Albay. Hay gallos en cada casa, en cada rincón, al pié de cada árbol, á lo largo de los muelles y playas, en la proa de cualquier barco de cabotaje, y como si todo esto no fuera bastante, se encuentran además esculpidos y pintados con carbón en las paredes.

Es considerada por el indio como una falta de cortesía el tocar á un gallo de pelea, y siempre se solicita permiso del dueño para examinarlo. El gallo es objeto de muchísimos cuidados y caricias; come, canta y duerme en los brazos de su amo; no se aparta de su pensamiento, y hasta lo he visto celebrado en verso en les términos más afectuosos. Cuando ha salido victorioso repetidas veces en la pelea, es sujeto á un minucioso examen con el fin de descubrir por sus señales exteriores lo que puede caracterizar su mérito: se le cuentan las escamas de los pies, se observa su figura y distribución, la tendencia é inclinación de los círculos de los espolones, y si estos se asemejan uno á otro, la forma de los dedos y uñas, y el número y colores de las plumas de las alas, siendo once el favorito. Los ojos blancos son preferibles en el gallo á los castaños, y son buscados los de cresta corta. A cada gallo se le nombra con relación al color de su pluma: al blanco le llaman puti; al rojo pula; talisain al blanco con pintas negras; al de cuerpo rojo, cola y alas negras bulic ó taguiguin; al negro, casilien ó maitin; blanco y negro, bínabai al ceniciento abuen; al blanco y negro, con patas de este último color tagaguin, y así otros muchos. Al gallo silvestre le llaman labuyo

Muchos y buenos artículos, en broma y en serio, hay escritos sobre los gallos filipinos y sus peleas, destacándose entre todos ellos, según mi pobre opinión, por el sabor local de sus apreciaciones, el firmado por el Padre Buceta, no pudiendo resistir á la tentación de transcribir algunas líneas. El indio, dice aquel escritor, tiene una pasión inveterada por este juego, que ocupa el primer lugar entre sus diversiones. El gallo es el principal objeto de su cuidado, su compañero asiduo y lo lleva hasta la puerta de la iglesia, en donde lo deja atado á un palo de caña clavado en tierra, hasta que termina la misa. Por ningún dinero se desprende de su gallo favorito, y algunos poseen hasta media docena de estos inapreciables tesoros, á cuyo servicio se les ve exclusivamente dedicados.

Para estas riñas, cada pueblo tiene su gallera, que produce al Gobierno una renta bastante considerable. Las galleras son grandes edificios construidos de troncos de palmas, caña y nipa, y se reducen á un gran salón á que dan luz varias ventanas abiertas en el techo. En el centro se halla un tablado de unos 5 pies de elevación y rodeado de galerías de caña, á las que llegan los espectadores y pagan con arreglo á la proximidad y conveniencia de los asientos. Las galleras, por lo general, se encuentran llenas de concurrentes. El indio entra con su gallo bajo el brazo, le acaricia y le coloca en el suelo, le vuelve á coger, le acaricia con la mano, le dirige la palabra, le echa el humo de su cigarro, le estrecha contra su pecho, y por fin le dice que pelee con bravura. El gallo generalmente entonces canta como con orgullo y desafiando al enemigo. Se presenta el rival: se les ata á ambos un cuchillo ó navaja de dos filos al espolón natural, y después de hacer que por algún tiempo se miren uno á otro, se da la señal de principiar el combate, notándose entonces extraordinaria agitación en la concurrencia, hasta que un alguacil anuncia que está terminada ó cerrada la puesta: á cuyo anuncio se sigue un silencio universal. Los dueños de los gallos se retiran á otra señal, y los combatientes se contemplan con las plumas erizadas, mueven la cabeza y se arrojan uno sobre otro, continuando la riña hasta que uno de ellos cae mortalmente herido. El vencedor se echa sobre él y canta en señal de victoria, no siendo extraño que el herido se levante y se vuelva contra su enemigo, y si este huye, como sucede algunas veces, pierde y es condenado á ignominiosa muerte, desplumándole y colgándole de esta suerte fuera de la gallera. Las heridas del que sobrevive son lavadas con infusión de hojas de tabaco en vino de coco, teniéndose desde este momento en gran estima para apostar en su favor: pero si queda inútil para nueva refriega, es cuidado cariñosamente por su dueño, habiendo mediquillos y casas á propósito donde se dedican á curar sus heridas.

Es de advertir, como ya se ha indicado que el juego ó mejor dicho la matanza del gallo, constituye en Filipinas un vicio estancado, cuyo desarrollo lo explota el Estado concediendo el monopolio de abrir galleras en sitios, días y horas determinadas al mejor postor. Quizás, y sin quizás uno de los más fuertes alicientes de esa afición está en su misma restricción, pues los indios y chinos que juegan al gallo, humanos son, y como humanos experimentan la picazón que exacerba toda privación.

Tanto la organización de las galleras como las reglas y prescripciones del juego, están consignados en un reglamento á que se sujetan sin comentarios los tahúres como allí llaman á los más asiduos y empedernidos concurrentes á aquellos sangrientos gallicidios.

Es tal la veneración que tiene el indio por su gallo, que creería cometer una profanación si verificada la riña apelase á malas artes para anular el fallo que da el sentenciador que en representación de la autoridad asiste á las galleras.