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Viajes por Filipinas: De Manila á Tayabas

Chapter 38: NOTAS
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About This Book

A travel account traces a route from the capital into the Tayabas region, combining route details and vivid descriptions of tropical landscapes, rivers, bridges, and villages. It offers town sketches, notes on churches and convents, administrative and statistical observations, and sustained attention to local customs and rituals such as marriage, funerals, and festivals. The narrative documents everyday life, crafts, social hierarchies, health and climate, agriculture, and municipal elections, and includes ethnographic observations about women, music, and popular poetry. On-the-spot reportage, cultural commentary, and personal reminiscence are interwoven to portray both physical terrain and social customs.

CHAPTER XX

CAPÍTULO XX.

Costumbres.—Aprobación de actas.—Un Gobernadorcillo electo paseando por Manila.—El sastre municipal.—Los faldones del frac, el sombrero de copa, la camisa de chorreras y el bastón.—Vajilla, lámparas y rancho.—Diez varas de glasé y diez de gró.—Los caballeros utraques.—Un lío, otro lío y un liito.—El campanario del pueblo.—Vuelta al hogar.—Exhibición de compras.—La saya de la capitana.—La pagoda.—El 1.° de Julio.—Juramento.—Misa de vara.—Recuerdos de las bodas de Camacho.—Un chocolate serio y un descarnado hueso.—La tenientela mayora y las juezas.—Amontonamiento de alhajas.—Lectura del Tadhana.—La coronación.—El rigodón oficial—Un borracho ante un apellido vascuence.—Fin de la fiesta aniyaya nang bayan.

A los pocos días de llegar á la cabecera se recibieron en el Gobierno aprobadas las actas de las elecciones en la forma que las había redactado el Alcalde.

Tan luego se hacen públicos los nombramientos, todos los Gobernadorcillos electos principian á echar cuentas, y por lo general resuelven, en consejo de sus mayores, marchar á Manila.

Casi todas las provincias tienen su casa posada en la capital, en la que no solamente viven los que de ellas van, sino que también reciben noticias y servicios del casero, estos se convierten en ciceronis y acompañantes de sus huéspedes.

Sigamos á un Gobernadorcillo electo en Manila.

La primera diligencia es llamar al sastre municipal. Este se presenta en la casa con un rollo de telas, hace su correspondiente cortesía al neófito, le da la enhorabuena y el que sea para mucha felicidad del pueblo, se sonríen ambos, y acto seguido el maestro tira de regla, de jabón y de lápiz y cubica, mide y estira al pobre munícipe que empieza á sudar al solo olor del reluciente paño que ha de convertirse en los faldones de un frac. El frac es tan indispensable para el Gobernadorcillo, como el sombrero de copa, el bastón y la camisa de chorreras. El sombrero suele legarse y servir en tres ó cuatro bienios; la camisa lo mismo que el bastón podrán ser manufacturas de el pueblo, pero lo que es el frac necesariamente ha de estrenarse y pasar por el corte de los sastres de Manila. Ni durante la medida, ni en las pruebas, ni en la elección de paño habla una palabra nuestro hombre, y se deja hacer, pues le basta y le sobra con saber que el sastre que le sirve es el mismo que está encargado hace años de proveer á los Gobernadorcillos de Manila de trajes de etiqueta. Un Gobernadorcillo de Manila para uno de provincias, es una especie de amo y se da por satisfecho con solo ponérsele en parangón, siquiera sea ante el recorte de dos varas de faldones.

El Bazar Oriental y el almacén del Vivac indispensablemente son visitados. En el primero compra vajilla y lámparas, y en el segundo le da vueltas y revueltas á latas y frascos, cuyos rótulos no entiende, pero que no implica para que mande encajonar un buen provisto rancho.

Si el Gobernadorcillo es casado, una vez que se haya ocupado del frac, del rancho, del menaje de casa, y algunas veces del sombrero de copa, se acuerda de su munícipe mitad y muestra en mano acude en casa de los Catalanes, en donde se provee de diez varas—ni una más, ni una menos,—de glasé negro, y otras diez de un gró rabioso, cruzado de anchas franjas más rabiosas que el fondo á ser posible, posibilidad que por lo común no puede satisfacerse, por la sencilla razón de que la capitana en ciernes encarga que la saya sea grana.

Hay una cosa que el Gobernadorcillo no compra en Manila; esta otra cosa son las cucharas, tenedores y cuchillos, los que tiene todo indio rico de tiempo inmemorial, por más que no los use, sobre todo si su riqueza no ha sido improvisada. Si su riqueza es moderna la plata de dichos objetos estará más reluciente que la de los primeros fundidos, á no dudar, con los respetables y nunca bien ponderados utraques de ambos mundos, legendarios señores, cuyas bruñidas caras son más caras de ver en el día que la que está en Jaén.

Empaquetadas todas las compras y atados cajones, maletas, tampipis, cajitas, balutanes y el indispensable lio y otro lío y liito de última hora, toma nuestro hombre el vapor, carromata, carabao ó caballo que le conduzca á su pueblo adonde es de ene ha de llegar montado en algo.

Ni la mirada de Isabel I, al ver los castillos y leones ondeando por primera vez en las almenadas torres de Granada, ni la de Napoleón I al admirar las pirámides, ni la de Luís XIV al mirarse á sí mismo, al decir que la Francia era él, retrataron la intensidad que se verificó en la del capitán al divisar el campanario de la iglesia del pueblo, cuyos destinos—hasta cierto punto—estaba llamado á regir y gobernar.

Una vez en su casa—que en breve ha de abandonar para vivir en el Tribunal,—se desempaca lo comprado, que habrá llegado custodiado por un futuro munícipe de cuarto orden, que ha ido al servicio de el que será su jefe. Todos los parientes y amigos alaban el buen gusto de las compras. Se coloca la vajilla en los aparadores, se cuelgan lámparas, se descuelgan las sillas y sofás, que de ordinario las tiene suspendidas en el techo, se clasifican, como Dios les da á entender vinos y conservas, y se pone á pública exhibición la saya que ha de lucir la capitana en la misa nang varas, y la que ha de ostentar en el primer rigodón oficial de la fiesta de la aniyaya nang bayan.

El uso del frac es objeto de una serie de ensayos difíciles de enumerar, no habiendo espejo una legua á la redonda que no lo haya reproducido, colgado por supuesto de los hombros del futuro jefe del municipio.

En el reloj de los tiempos—pues en el del pueblo no podía ser, entre otras razones, por no haberlo—dieron las tres de la tarde del 30 de Junio. A esta hora se sacó del patio del Tribunal cañas, ramaje, flores y bejucos, y aquí amarro, allí cuelgo y más allá adorno, se improvisó con la ayuda de unos 300 taos, una vistosa y engalanada pagoda que fué conducida con gran bulla y algazara al frente de la casa del que será Gobernadorcillo. Esta pagoda es la insignia llamada á dar á conocer á propios y extraños la casa del munícipe.

Como todo llega, amaneció el día 1.° de Julio, y aquí te quiero escopeta. Todas las caras están más rientes que la misma aurora que las alumbra; todos los labios se agitan, y todas las manos se mueven.

A las ocho en punto se encuentra el héroe de la fiesta de tiros largos, que juro á mis lectores que si por tiros entendemos faldones, la frase está perfectamente aplicada. A aquella hora sonó la música y aparecieron juntamente con ella, la principalía, los que habían de cesar y los que habían de posesionarse. A un sostenido redoble salió el munícipe, y todos juntos y al compás de un paso doble, se dirigieron á la Casa Real en la que juraron sus cargos ante el Alcalde, los electos á quienes les hizo comprender en un pequeño discurso sus deberes, después de haberles entregado los bastones y bejuquillos, símbolos de sus empleos. De la Casa Real van á la iglesia en la que oran un breve rato; de allí, dejan en su casa al Gobernadorcillo, y cada cual va á la suya no sin haber antes aplazado la fiesta para el próximo domingo.

El día de la posesión fué el jueves, de modo que poco había que aguardar.

El sábado por la tarde, todo estaba listo y dispuesto.

La misa de vara iba á celebrarse con toda la suntuosidad de quien tiene gana de gastar y sendos doblones en el arca, grandes pilas de palay en el tambobo, cientos de tinajas de coquillo y aceite en los alambiques y bodegas, y no escaso número de lustrosas parenderas en las tanzas. Para que un Gobernadorcillo pueda cumplir con la costumbre, ha de ser rico, y como ya sabemos que el indio por nada prescinde de aquellas, de aquí, que aseguramos lo es.

Alumbró el domingo, y el primer rayo de luz que se desprendió de los cielos, fué saludado con el estruendo de los versos, el volteo de las campanas, el reventar de las bombas y los acordes de la música. Todo es animación, todo risa, todo alegría. A la puerta del Tribunal hay varias tinajas de aguardiente de coco, que gratuitamente van trasegando los transeúntes. En los hornos se cuecen pastas, y en las mesas de la cocina hay tal número de aves y tal cantidad de tasajos de carne, que hacen recordar las bodas de Camacho. Ese día come y bebe todo el pueblo á costa de su nuevo capitán. A las ocho en punto empieza la misa de vara. Esta se celebra con toda solemnidad, y una vez que echa su bendición el sacerdote, sigue la saturnal que ha de durar veinticuatro horas. Toda la principalía en ejercicio, y fuera de él, todos los capitanes pasados, cabezas reformados, vecinos condecorados, jefes de cuadrilleros, caudillos, primogénitos y cuantos tienen, han tenido ó esperan tener algún cargo municipal, se sientan en la mesa del festín en esas veinticuatro horas. Se principia por un chocolate serio que preside el Alcalde acompañado de toda la colonia española, y concluye con las heces del coquillo que apura el tanor, y los últimos huesos que roe el pretendiente á cuadrillero. Desde el chocolate al hueso, desfilan en perfecto orden de categorías, todos los que existen en el pueblo. Tan luego termina el chocolate, que dicho sea de paso, está servido con acompañamiento de jamón, queso,potos, bibincas y toda clase de dulces y pastas ocupan la mesa las capitanas y demás babais de representación; á estas suceden sus maridos siguiendo las cabezang, principalía y demás gente menuda. La música y el baile, no cesan ni un momento.

Concluído el primer refrigerio, se encierra la Tenientela mayora con las Juezas y algunas Cabezang de su confianza, en una de las habitaciones del Tribunal, y confeccionan una corona, amontonando sobre su varillaje todas las mejores alhajas del pueblo. Hemos visto coronas de esta clase, formadas de anillos, pendientes, peinetas, clavos y cadenas de un grandísimo valor. A más de esta corona, se adorna un bastón de mando, cuyos objetos una vez terminados, guarda bajo llave la Tenientela.

Mientras las babais se ocupan en el adorno de la corona, el capitán, rodeado de todo el pueblo oficial, dirige una alocución en la que desarrolla su futura forma de gobierno. Después de esto, lee el tadhana, ó sea el bando. Cada Tribunal, conserva por lo general en sus archivos su tadhana, que se lee no solo ante el Municipio, sino que también se da publicidad á voz de pregón en plazas y esquinas. Tengo entre mis papeles, algunos de dichos tadhanas; todos ellos son curiosísimos, y envuelven en su espíritu, santos y benéficos principios.

Como muestra, traducimos del tagaloc el que oímos publicar en Lucban, cuyo original en forma de acta, lo guardo entre los autógrafos curiosos. Dice así:

«Dios, Supremo Hacedor de todas las cosas, creó el animal y el hombre racional; en cuanto al animal lo perfeccionó en todo, menos en la razón, de que dotó al hombre para que conociese á Dios, respetase á los mayores en edad, dignidad y gobierno, enseñase á sus hijos á no dañar á nadie, dar á cada uno lo que es suyo, y compartir con el pobre lo que tuviese; mas todos estos santos principios se corrompieron, desde que el hombre pecó á su Dios; y he aquí por qué las tribus eligieron rey; mas siendo imposible que este se encuentre en todos los pueblos gobernados, creó Jueces para que lo representasen y por uno de los cuales, hoy me tienen ustedes, señores, aunque indigno, para interpretar la voluntad de los representantes del Rey, por lo que y dentro de las atribuciones de un mísero Gobernadorcillo, vengo en decretar los artículos siguientes, seguro de que ustedes me ayudarán en esta insignificante, pero difícil tarea.

Artículo 1.° Que todos cumplan los santos preceptos de Dios, de la
Madre Iglesia y de sus mayores.

Art. 2.° Que procuren no jurar, sino cuando se les exigiere en los Tribunales de Justicia, acordándose al hacerlo que si lo verificasen en falso, tendrán castigo en esta vida y en la otra.

Art. 3.° Que oigan misa en los dias de domingo y fiestas de guardar.

Art. 4.° Que respeten á los mayores y que estos hagan entrar á sus hijos en las escuelas; haciéndoles rezar á los solteros y solteras el rosario en los sábados, y que no permitan los caudillos de los barrios, permanezcan en las sementeras, los sexagenarios y las preñadas.

Art. 5.° Prevengo en este artículo el que no se deshonre al prójimo, y que sus infractores serán remitidos al Juzgado.

Art. 6.° Prevengo á los padres que no consientan que sus hijas traten por largo tiempo con mancebos, ni reciban dádivas y servicios gratuitos de los amorosos pretendientes.

Art. 7.° Que no dejen de labrar tierras, alzar casas, sembrar palay y árboles provechosos, y que los que tengan no empleen la usura, acordándose de Dios y de que pueden dejar de tener.

Art. 8.° Que los seductores se acuerden del mal que pueden originar, y que pueden algún día convertirse en seducidos.

Art. 9.° Que no infrinjan este precepto, pues que de su infracción nacen los malos deseos.

Art. 10. Que se retiren los vecinos del pueblo al toque de las diez de la noche, á cuya hora deben quedar apagados todos los calanes y encendidos los faroles de la calle.

Art. 11. Hago saber á los tributantes que al llegar los días de trabajos cuarentenales, todos deben concurrir á ellos, pagando á su tiempo su tributo y demás sagrados deberes.

Art. 12. Deben comprender todos los habitantes de este pueblo que el trabajo y la limpieza son cosas que recomiendan los sagrados preceptos, por lo tanto, debe empezarse el trabajo temprano, cuidando antes de barrer y limpiar los alrededores de sus casas.

Art. 13. Los que deseen promover demandas dentro de mis atribuciones, me encontrarán en el Tribunal á cualquier hora que me busquen. Hé dicho.»

A las cinco de la tarde ellas y ellos, llevando las primeras la corona sobre una bandeja, van á buscar al párroco, y este con la comitiva lo hace del Alcalde, dirigiéndose todos al Tribunal. El salón está hecho un ascua de fuego. Donde quiera hay espacio para una colgadura, flota un damasco; donde quiera hay lugar para fijar un clavo, luce una mecha alimentada por aceite, petróleo, cera ó esperma. Ya todos en el salón, la capitana y su marido se arrodillan delante de un altar provisional en el que se coloca la imagen, á cuya advocación está el pueblo; el Alcalde coge el bastón y el párroco la corona, se pronuncia por el último una oración, se coloca sobre la cabeza de la capitana la corona, se entrega el bastón al capitán, y repetidos vivas atruenan el Tribunal; suena la música, se hacen disparos, revientan bombas y cohetes, y en medio de esta alegría y algazara, las dalagas cubren de flores á la capitana. Acto seguido empieza, ó mejor dicho se reanuda el baile, dando comienzo con un rigodón que generalmente baila el jefe de la provincia con la capitana. A las doce se cena, y á la madrugada se retiran los más recalcitrantes haciendo más eses que erres tiene un apellido vascuence.

A esta fiesta se la conoce con el nombre de aniyaya nang bayan. Antes de cerrar este capítulo, bueno es que digamos, para que no se nos tache por algunos de exagerados, que la fiesta que hemos descrito es propia de las cabeceras ó pueblos de primer orden y no de los pequeños, en que no hay recursos ni elementos.

CHAPTER XXI

CAPÍTULO XXI.

Costumbres.—Fiestas.—El bínyagan—El unang pag paligo.—El diariuhan..—El labac, el pulong y la aniyaya..—El suizan.—El tañido del tambulic.—Inspección del barrio.—La cama del Juez mayor.—Cincuenta y dos días de bailujan.—El buisan.— Los pintacasis.—Juntas y cabildeos.—Triunfo de la Liceria y de la Chananay.—Aliño de un teatro en Tayabas.—El cómico de la legua.—¡Ojo con los empresarios!—Un día de buen comer.—Preparativos de cuaresma.—Lapasan.—El vino en vaso y el coquillo en tabo.—El tapatan mang pasion.Moros y cristianos.—El sábado de gloria.—El canto del gallo.—Pascuhan.—El hatiran.—Recuerdo de una pregunta.

A más de las fiestas que dejamos descritas, existen otras muchísimas en la provincia de Tayabas. La muerte proporciona diversiones, el nacer también. El bautizo origina la fiesta llamada bínyagan. A los siete días se baña la parida, y con este motivo se celebra el unang pag paligo. Si el niño muere después de recibir el agua, se le coloca en una bandeja, se le rodea de flores y en vez de lágrimas hay la fiesta del diariuhan.

Si en el hogar nacen un sinnúmero de fiestas no nacen menos en un
Tribunal.

Nombrado un Cabeza de barangay no toma posesión de su cargo ni asiento en la principalía hasta el primer día de misa que sigue á su aceptación, y en el que espera en la sacristía, de donde lo saca el Teniente mayor antes de principiar aquella, dándole asiento en lugar preferente, y quedando desde aquel momento revestido de toda la plenitud de su cargo. La primera misa que oye el Cabeza origina la fiesta llamada labac. La primera junta que preside el Gobernadorcillo crea el pulong. Cuando se propuso al Cabeza ya se consumó la aniyaya.

Las visitas á los barrios que hace el Juez mayor dan nombre á los suizan.

Para llevar á cabo dichas visitas, aquel avisa al matandá sa nayon más viejo—cada barrio tiene tres—el día que ha de hacerla, señalamiento, que da á conocer por medio del tañido del tambuli, que convoca á todos los vecinos. Una comisión de principales montados en buenos y bien atalajados caballos, va á la casa para sacarle. Los vecinos del barrio lo esperan en sus fronteras, y una vez en ellas, lo llevan á una casa perfectamente adornada, en la que se nota un especial detalle. El indio duerme en el suelo, pues bien, al Juez mayor se le prepara en alto una cama, en cuyo adorno emplean las dalagas del barrio gran esmero.

Constituída la visita en el barrio, el Juez mayor, ayudado de otros munícipes, inquiere, inspecciona y averigua los adelantos y mejoras que se han llevado á cabo en el trascurso del año. El Juez, lleva para estos actos una caja que contiene las listas del estado del barrio en la última visita, el tadhana ó bando que le autoriza, unas disciplinas y una palmeta, castigando con esta á las que se han hecho acreedoras é imponiendo correctivo á los delincuentes con las primeras. En estos castigos no hay nada de crueldad, y sí solo, una mortificación al amor propio, por hacerse aquellos á la vista pública.

La inspección del Juez mayor no se limita á la esfera material, sino que también se extiende á indagar la moral de cada individuo.

Concluído el acto oficial da comienzo la fiesta del suizan, que por lo general dura veinticuatro horas. Tayabas tiene cincuenta y dos barrios, de modo, que los aficionados ya saben que estos catapúsanes dan un contingente de cincuenta y dos noches de jolgorio durante el año.

El suizan es la verdadera fiesta del indio; en ella es donde hay que buscarlo para encontrarlo tal cual es.

El buisan es parecido al anterior, con la diferencia que en este el Cabeza convoca á todos sus carolos ó tributantes para un día dado, á fin de rendir y ajustar los finiquitos de cuentas. El buisan irroga algunos gastos al Cabeza, que sufraga la fiesta, más también le evita el tener que andar meses enteros á caza de sus tributantes.

Como cada barrio está bajo la advocación de algún santo, excuso decir á mis lectores que cuando el calendario señala sus nombres hay sus correspondientes pintacasis.

En la fiesta en que realmente se echa el resto es en la del pintacasi del pueblo. Meses antes del en que se celebra aquella principian las juntas, los cabildeos, los proyectos y los preparativos. En el Tribunal se somete á la sanción de la principalía las opiniones que prevalecen. La misa solemne de tres padres, con sermón, las músicas, los globos, los bailes y los fuegos artificiales están fuera de discusión, pues siempre se cuenta con ellos. Donde se riñe la verdadera batalla, donde los oradores esgrimen toda su argucia, es en si ha de haber ó no comedia. Una comedia en Manila se arregla en dos horas, habiendo un socio capitalista que tenga en cartera hasta un billete de Banco de 10 pesos, ó un crédito en plaza, ó plazuela, de 20 pesetas; capitales que, aunados con un industrial que á la par de socio sea cómico, cantante y bailarín, se concierta un programita. Esto, que es tan fácil en Manila, en Tayabas constituye una empresa verdaderamente piramidal, y aun cuando los indios no conocen las colosales masas de piedra del Egipto, sin embargo, recuerdan que la última comedia que tuvieron había costado una derramita de á 20 pesos, si no por barba, por lo menos de bolsillo, y con tal recuerdo no es de extrañar que el asunto se debata, y hasta algunas veces se arañe. Demos de barato—por más que á ellos les ha de salir algo caro—que los amantes de la Chananay y la Liceria triunfen. Este triunfo representa tres noches de comedia de magia, con cantos, bailes y gimnasia. La magia y los turbantes son tan indispensables en toda comedia tagala, como el llamar simpática á la Liceria, omisión que el día que la hiciera un cajista de cartel, produciría un terremoto de bambalinas.

En Tayabas no hay teatro, por consiguiente, hay que hacerlo, y después de hecho aliñarlo para el caso, y el caso tiene más harigues y bejucos de lo que parece. Entre el tablado y Manila hay nueve legüitas de monte—¡pero qué monte!—y á más, el sorbito de agua que tiene la laguna de Bay. La maquinaria, atrezos, vestuarios, telones y demás tarantines hay que llevarlos á brazo, y los brazos son caros.

El cómico indio, cuando viaja por su cuenta, es muy sobrio en comidas, bebidas y bagajes, pero cuando viaja á cuenta de un pintacasi pide billete de cámara, caballo que tenga imbay, merienda, paraguas por si llueve, y sombrilla por si hace sol. Come como un sabañón, y bebe como una cuba. Con estos antecedentes, excuso manifestar á mis lectores que todo empresario de provincias lo primero que pide en el contrato es que los artistas han de ser traídos, llevados comidos y bebidos por cuenta de la principalía. Si esta no tiene la amarga experiencia que da la práctica y cae en tal contrato sin ponerle cortapisas, se ha divertido. EL artista, cuando se convierte en cómico de la legua, se transforma en un sér distinto de los demás, y si esto es ó no cierto, apelo á todas las principalías que han caído en el lazo que les tiende un sutil empresario, desarrollando ante sus ojos un tremendo telón, exhibiendo en almazarrón lo que promete dar en carne y hueso.

Pero en fin, la cosa es que generalmente se vota por la comedia, y más ó menos cara la hay con gran contentamiento de miles de seres.

Las cosas más insignificantes crean un día de jolgorio, de todo sacan partido, y todos los actos de la vida los comienza el indio con unas horas de placer.

En sus expansiones, buscan por lo regular las casas de sementeras; en los pueblos se ahogan, y no se encuentran á sus anchas.

Cualquier convalecencia, satisfacción, enhorabuena, ó cumpleaños, da pretexto á un dadayo ang pagcain sa linang, ó sea día de buen comer en el campo. A la vuelta de estas fiestas, las dalagas se adornan de flores que con gran algazara cogen, combinan y deshojan por el camino.

Al aproximarse la cuaresma el indio de Tayabas se prepara á despedirse de comer carne, con las fiestas de lapasan, las que siempre se celebran en las sementeras. Si los que las dan son ricos, asiste la música; si no lo son, la guitarra, las voces y las palmas la sustituyen. En los aristocráticos lapasan, se bailan habaneras y rigodones, se cantan trozos de … cualquier cosa, y se bebe vino de Europa en vaso: mientras que en los lapasan tradicionales, en los puros tagalos, se empina coquillo, se baila cumintang, se canta cutang-cutang, se bebe en tabo, se come lechón, y por todo mantel está el verde césped, por todo tenedor los cinco dedos, y por todo pan sendas pelotas de morisqueta.

Para todas estas fiestas se construye de cañas y ramaje un emparrado, á cuya sombra se pasa el día.

Durante la cuaresma no se come carne, mas esto no obsta para que continúen las reuniones indias, sustituyendo en lugar de aquella pescados y gulays. El tapatan nang pasion, da origen á una cena. A esta preceden costumbres altamente curiosas. Al intentarse que en una casa se verifique un tapatan nang pasion, acuden por la noche frente á ella varios individuos vestidos de judíos,—según ellos dicen—y simulan alguna de las escenas de la semana del dolor. Los de afuera piden hospitalidad y descanso á los de adentro, cantando la crudeza del tiempo, lo cansado de sus cuerpos y los sufrimientos de su espíritu, hasta que compadecidos los dueños de la casa abren las puertas y una vez que judíos, moros y cristianos fraternizan, se canta la pasión y después se cena.

Este solo cuadro de costumbres, podría llenar un libro. El tapatan nang pasion por sí solo, da origen á una serie de reflexiones y observaciones que ocuparían muchas cuartillas.

El sábado de gloria es animadísimo el ver por las calles de los pueblos de la provincia de Tayabas, á chicos, grandes y mujeres. Todos van provistos de bombones en que rebosa la sangre de cerdo, ó la espuma del coquillo, y ninguno deja de llevar tremendos tasajos de todas las carnes comibles, conocidas en la localidad. A paso largo se dirigen á sus respectivas sementeras, y á buen seguro que prueben un solo bocado de carne hasta que la altura de la luna, ó el canto del gallo anuncie haber mediado la noche.

El nacimiento del domingo de gloria, tiene por mantillas cientos de pieles de otros tantos pobres animales inmolados ante el ara de miles de famélicos dientes, que por espacio de cuarenta días han estado soñando con carne.

Los tres días de Pascua los celebran con el nombre del pascuhan.

Para cerrar este capítulo y hacer comprender el espíritu bullanguero y alegre del tayabense, voy á recordar cómo conocí una de sus fiestas.

Una tarde, que solitario, mustio y pensativo paseaba por la calle del Bambán, llamó mi atención un alegre grupo acompañado de la música, que con gran algazara traía la misma dirección en que yo marchaba. Acorté el paso, levanté los ojos de las espumosas aguas que corren aprisionadas en el bambán, y la curiosidad hizo me fijara en el grupo, llamando mi atención una bandeja llevada en manos de una dalaga. Los seguí, y al ver entraban en una casa, interrogué á uno de los acompañantes quien me dijo iban á tener un hatiran. No comprendiendo la cosa, me entré con ellos y vi que la bandeja contenía un pañuelo rodeado de sampaguitas, campanillas y calachuches. Pregunté, y me dijeron que aquel pañuelo lo había perdido la dueña de la casa, y una vez encontrado y averiguado de quién era, se lo iban á devolver, no sin antes pagar el hallazgo con la fiesta conocida con el nombre ya dicho.

Después de leer estas páginas, y hacer presente á mis lectores que el indio jamás se aburre en sus fiestas, y que asiste á ellas con todo el júbilo infantil de un colegial en día de asueto, no puedo menos de recordar la pregunta que ya queda hecha. ¿Es, ó no, feliz Ambrosio?

CHAPTER XXII

CAPÍTULO XXII.

La provincia de Tayabas á principios del presente siglo.

Registrando crónicas y archivos tuve la suerte de encontrar un precioso manuscrito de principios de siglo, [16] obra del docto religioso Fr. Bartolomé Galán. Dicho manuscrito lo constituye una extensa Memoria referente á la provincia de Tayabas, de cuya cabecera fué Párroco muchos años, y cuya Memoria no encuentro datos de que se haya publicado, y hasta casi puedo asegurar que el ejemplar que tengo á la vista, es el único que existe. Por estas razones, por las comparaciones que puede hacerse de su lectura, y por las curiosas noticias que contiene, acerca de una provincia tan poco conocida, me hace la dedique unas páginas de este libro. El manuscrito es de grandes proporciones, así que he copilado y extractado lo que tiene más interés.

Hélo aquí:

El ramo principal de la riqueza de Tayabas es el arroz; desde las hambres que hubo á consecuencia de la langosta que asoló las islas, los individuos de Tayabas, sin que nadie los dirigiese, mas que la necesidad, hicieron los tubiganes ó sementeras de regadío, abriendo cuantas tierras son susceptibles de este beneficio, con un trabajo inmenso, que asombra á cuantos lo ven, á fin de coger dos cosechas en diferentes estaciones. En el pueblo de Tayabas se cogerán unos 130.000 cavanes de arroz; teniendo dicho pueblo 3.000 vecinos, y gastando unos con otros, ajustando á cinco personas por vecino, 30 cavanes al año, ó sean 15 fanegas, le resta para vender 40.000 que á razón de á 6 reales cavan, importan 30.000 pesos. En algunos terrenos, siembran trigo en pequeña cantidad, de el que se cosechará unos 600 picos que venden á 3 pesos, en los mercados de Santa Cruz. De maíz, se han hecho algunos ensayos: se coge mucho cacao y se cogiera más, si no fuera por lo que esta planta padece con los huracanes. La ganta, ó sea medio celemín colmado de cacao, se vende á 3 pesos. Este ramo de riqueza podría tener mucho incremento en Tayabas, si se apreciara y diera á conocer en los mercados europeos, pues es seguro puede competir con el de Caracas. El cacao que hoy produce, lo consumen en el pueblo, tomándolo los indios en todos sus casamientos y demás fiestas. También hay mucho café que se vende en los mercados de Batangas. Cañadulce se siembra muchísima en este pueblo, y se venden, ocho ó diez por un cuarto; del jugo no se hace azúcar, pero sí unas panochas llamadas pacascás de que hacen gran consumo. El ajonjolí se siembra, pero con el solo objeto de hacer un poco de aceite, que el indio emplea en frotaciones en todas sus enfermedades.

Frutas del país, tales como plátanos, naranjitas, piñas, mangas, limones, lanzones, ates y granadas, hay con abundancia, como también algunas berzas y raíces farináceas.

Tayabas apenas conoce la industria, en lo que respecta á tejidos, si bien hay uno ó dos telares. Por las mujeres se hacen muchos bayones, petates y esteras de la hoja de una palma llamada burí: hacen bayones llamados baluyot, que caben mas de 50 cavanes de arroz. De los petates se sirven para enfardar y también para velas de sus embarcaciones.

Abundando en cocos este pueblo, es consiguiente haga aceite, mas no lo extrae en la proporción de las palmas que posee, por no tener fácil salida, pues el llevarlo á Santa Cruz de la Laguna tiene cada tinaja un recargo de más de 6 reales. Este ramo dará al pueblo un ingreso de 500 pesos. La profusión de cocos se debe á una ordenanza que manda á los Alcaldes mayores hagan que los indios planten cocos por escasear el bonote en Manila, para carenar las embarcaciones del Rey. El valor de un pié de coco en lozanía, con inclusión del terreno, es el de un real. El ramo de industria más útil á este pueblo es el de la cría de vacas; se criarán al año unas 6.000 vendiéndose de 3 á 4 pesos cabeza. La cría de caballos es corta.

Lucban coge unos 100.000 cavanes de arroz, siendo su principal producto, el cual renta al pueblo unos 13.000 pesos anuales. Se fabrican sombreros de las fibras del burí y el pandan que vale de 1 á 3 reales. Se tejen también petates que llaman bancuanes y hacen cajas ó tampipis de mayor á menor.

Tendrá los mismos cocos que Tayabas, y su aceite lo lleva á vender á Santa Cruz.

El comercio que Lucban tiene en grande es el expendio de arroz que venden en Majayjay, Lilio y Nagcarlang, tres pueblos que apenas lo cosechan y que los de Lucban buscan en Sariaya y Tiaong. La ingratitud del terreno la suplen ventajosamente los vecinos de Lucban con su industria y trabajo, pues aunque el natural de esta provincia es laborioso, ninguno llega á aquellos; ellos van hasta Mambulao á cambiar sus productos por oro; van á Polillo por balate, concha y cera; en fin, son los chinos de la provincia, agenciando con el comercio lo que les niega la naturaleza.

Sariaya posee un extenso término de terreno pingüe y feraz, situado en la ladera del monte Banajao. Su agricultura es la siembra de arroz, no solo de secano, sino que mucho más de regadío, por consiguiente, coge dos cosechas. A pesar de ser un pueblo de 1.200 vecinos, coge tanto arroz como Tayabas, siendo de mejor calidad.

El Gobernador D. José Domínguez Samudio, sembró el añil, el cual fructificó muy bien en el barrio llamado Malabambang; el producto fué excelente, habiéndose vendido el quintal á 110 pesos. También se daría el algodón, pero sería necesario seguridad en venderlo y máquina para despepitarlo. La cría de vacas y caballos compite con la de Tayabas.

El pueblo de Tiaong está al final de la provincia por el Poniente, lindando con la de Batangas, por los pueblos de San Pablo y el Rosario, y á pesar de tener mejor término y más que Sariaya, no produce lo que este. El principal renglón de su riqueza es el arroz, sin embargo de que no hay tierras de regadío. Cogerá al año unos 20.000 cavanes, que la mayor parte consumen los 600 vecinos de que se compone su población. Siembra algún trigo, más no como el de Tayabas y Sariaya, sino de grano más pequeño, semejante al que se colecta en Batangas acaso por participar más del temperamento de esta misma provincia en que son uniformes los tiempos de agua y sol y menos los fríos.

Cuando la extinguida compañía de Filipinas empezaba, mandó á Tiaong, varios dependientes para que activasen la siembra del algodón, pero no pudieron adelantar nada: la causa no fué otra que obligar á sembrar á todos y no proveerlos de máquinas para limpiarlo. El añil se da también en su territorio. Hay algún cacao, pero en corta cantidad, y es lástima á la verdad, pues no solo es el mejor de la provincia, sino acaso preferible al de Cebú.

Lindando el pueblo de Tiaong con la laguna de Bay, Batangas y Tayabas, es la unión de todos los malhechores de las tres provincias, y aun del partido de Cavite, cometiendo impunemente robos sin fin. Este es el motivo por el que el vecindario ha tardado tanto en crecer, á pesar de poseer un término grandísimo y excelente, pues hacia la mar tiene un llano de 6 leguas, en el que cría unas 2.000 vacas.

Hay muchos venados en su término y algunos carabaos y caballos, que continuamente son robados por los malhechores.

A pesar de lo antiguo que es Tiaong, no tiene más que iglesia y casa parroquial provisional.

El pueblo de Pagbilao tiene en la actualidad 300 vecinos; se fundó con 200, y en un siglo solo ha aumentado en 100; es decir, que Tayabas duplicará su vecindario en cuarenta años, mientras que Pagbilao no lo hará en doscientos.

Los pueblos tienen ciertas cargas que llevadas por pocos, ni aun tienen tiempo para cumplirlas. Pagbilao, por ejemplo, lo defienden cuatro castillos que hay que guarnecer, y de los seis barangayes de que se compone necesita dos para solo este servicio: agregúese que la fábrica de la iglesia y casa parroquial, por lo menos necesita otro barangay, este último servicio se hace sin detrimento de otros accidentales, pero necesarios, como son el acopio de piedra, cal, maderas y cañas; de suerte que lo referido les ocupa más de la mitad útil del año, y esto sin contar con el ajuste de cóngrua que se le da al párroco.

La agricultura de Pagbilao está circunscrita á la siembra del arroz, del que cogerá unos 7.000 cavanes. Produce café y cacao. Cría algunas vacas, y sus naturales se dedican á la pesca, que venden en Tayabas y Lucban. De la isla de Capuloan extraen brea blanca.

El pueblo de Macalelong, con su visita llamada Pitogo, consta de 200 vecinos. Está situado en la mar del Sur, á unas 12 leguas de Pagbilao, siguiendo para el Oriente, y puede asegurarse no tiene más agricultura que la de raíces indígenas de las islas, tales como camote, úbi y tugui, con las que pasan el año, y cuando faltan echan mano del corazón de la palma llamada burí; en una palabra, Macalelong es un dechado, el más propio, de la miseria y barbarie.

La visita de Pitogo está á una legua de su matriz, pero su vecindario es más laborioso. Está situada en un cerro que arranca desde la orilla de la mar. Tiene dos ríos caudalosos á ambos lados de la población, resguardados por dos castillejos.

Si no fuera por la obligación de pagar el tributo, no tendrían ninguna industria estos pueblos, mas aquella les hace ir al monte á coger cera, que venden á 25 pesos quintal, en Gumaca y Atimonan.

El pueblo de Catanauan tiene magníficas condiciones para ser rico, y sin embargo es de los más miserables. Se cría todo con gran lozanía, sin más trabajo que el sembrarlo, y á pesar de esto y poseer muchos carabaos aradores, solo cultiva unos pedacitos de tierra inmediatos á la población, de suerte que teniendo 360 tributos, solo cosecha unos 3.000 cavanes de arroz, proveyéndose del resto para su manutención en las provincias de Cápiz, Iloilo y Antique, que se lo dan á cambio de brea, con la que también sufragan su tributo, pagándoles el Estado el quintal, puesto en la cotta de la cabecera, á 10 reales.

El pueblo de Catanauan es muy vicioso, dominándole el juego, y el natural que se envicia deja desde aquel momento cuantos medios conocía para buscar dinero; varias causas, largas de referir, han influído para este mal, y se juega con tanto descaro, que se convoca á toque de tambor siempre que hay embarcaciones ó gentes de fuera. Cortado este vicio, se dedicarían á la labranza, en atención á que solo les falta el tiempo que invierten en el juego; carabaos y tierra les sobra. Las vacas que se crían en la jurisdicción de Catanauan son de las más grandes que hay en Filipinas.

Lo mismo que en Catanauan acaece en Mulanay, pueblo de 200 vecinos, que viven con el producto de la brea, con la que pagan el tributo. Este pueblo está á unas 2 leguas de Catanauan, siguiendo la costa al Oriente, hacia Punta Arenas. Tiene una visita llamada Bondo, en la que no solamente se utiliza la brea, sino que hacen tapa de los carabaos cimarrones, vendiendo el pico á 4 pesos.

Torciendo la punta que forma la tierra que avanza más al Sur, y que se extiende entre Pinagbotongan y Punta de Arenas, dirigiéndose al Nordeste, á 2 leguas de la dicha punta, se halla el pueblo de Obuyon, al cual rodean sus visitas de Tinapo, Piris y Niyasas, con las que compone un total de vecindario de 180 tributos. Este pueblo y visitas son, si cabe, más miserables que Catanauan y Mulanay: como están en el seno de Ragay y jamás se hacen en él el corso, andan los moros con la misma satisfacción que si estuviesen en Mindanao.

El pueblo de Guinayangan, situado en lo último del seno de Ragay, al Poniente de Camarines, de donde dista unas 10 leguas, es el último por allí de la provincia de Tayabas. Solo tiene 100 vecinos que se mantienen la mayor parte del año de raíces. Cogen algún balate y cera silvestre, pero todo en corta cantidad, que los dos Cabezas jamás pueden cubrir á tiempo la capitación.

Los pueblecitos de Calauang y su agregado Apat, se encuentran en la mar del Norte, lindando con Camarines por el pueblo de Capalongan, del que dista unas 10 leguas. Ambos pueblos, tienen un vecindario de unos 80 tributos, cuyas cargas las sufragan con el carey, balate y cera, que venden en los pueblos inmediatos.

En las cercanías de Apat, es donde se estrecha más la isla de Luzón, pues de la mar del Norte, á un río bastante caudaloso llamado Cabibijan, que desemboca en la mar del Sur, no hay más distancia que 2 leguas de terreno llano. Siendo Alcalde mayor de Tayabas D. José Domínguez Samudio, pasó por tierra á dicha mar del Norte, dos falúas de diez y ocho remos, operación que no hubiera sido posible llevar á cabo no siendo el terreno llano. Si se abriere este corto trayecto, se establecería comunicación entre el mar Pacífico y el Estrecho de San Bernardino, y los beneficios que esto irrogaría serían incalculables.

Gumaca es el primer pueblo viniendo de la mar del Norte; está situado al comienzo del gran seno que forma la tierra firme de Luzón, con las islas de Alabat y Sangirín, de las que está al Sur. Su agricultura principal es el arroz, del que cogerá unos 30.000 cavanes, incluyendo lo que se cosecha en su visita de Talolon. Su vecindario consta de 1.350 tributos. En Talolon se cosechaba excelente pimienta, ramo de agricultura que se va extinguiendo. Se produce cacao, café, frutas y verduras. Se tejen petates del burí, y algunos vecinos se dedican á la pesca del balate y concha de carey, en la isla de Alabat, y cogen alguna cera en sus montes. Este pueblo es el que extiende más su navegación: embarca en sus balasianes, sal, petates, vinagre, aceite y algunas ropas, y llegan hasta la cabecera de Naga, en que hacen cambios por oro en polvo de las minas de Paracale y Mambulao.

Atimonan, está á unas 3 leguas de Gumaca, siguiendo la misma costa hacia Poniente y tanto un pueblo como otro, extienden su territorio de mar á mar, teniendo en lo más estrecho 4 leguas, y 8 en lo más ancho, de terrenos altamente montuosos, por lo que necesita gran número de baluartes para hacer frente á la rapiña de los moros. Tiene muy bien labrado su término, en el que recogen sus 1.100 vecinos, unos 45.000 cavanes de arroz. En este pueblo hay unos 300 telares de sinamais y guinaras. Estos tejidos y algún balate, cera y carey que adquieren en las costas de la isla de Alabat, constituyen la riqueza de Atimonan.

Mauban se halla al fin del seno que forman las islas de Alabat y Sangirín con la de Luzón y á distancia de 6 leguas de Atimonan; de suerte, que dicho seno mide unas 11 leguas poco más ó menos. Este seno tiene tres entradas y su mayor anchura unas 5 leguas. El pueblo de Mauban cogerá 20.000 cavanes de arroz, y su vecindario lo forman 1.100 tributos. Habrá los mismos telares que en Atimonan, siendo semejantes á los de este pueblo sus demás productos.

De Mauban se va á Lucban, en unas seis horas, por un camino altamente accidentado y montuoso.

CHAPTER XXIII

CAPÍTULO XXIII.

La provincia de Tayabas en general.—Su descubrimiento.—Su situación.—Creación del obispado de Nueva Cáceres.—Un obispo en el año 1600 y otro en el 1875.—Fray Francisco Gainza.—D. Simón Álvarez.—Padrones de 1754, 1831, 1836 y 1875.—Aumento de población y de riqueza.—Montes y vegas.—Aceite de coco.—Caza mayor y menor.—El tabon.—Hierbas y flores olorosas.—Frutos, hortalizas, granos, resinas y caldos.—Minas.—El tayabense psicológicamente considerado.—Costumbres antiguas de los tagalos.—La última cuartilla.—Adiós á Tayabas.—Últimos contornos del Banajao.—La cuna de un hijo.—Confianza en la caridad de Filipinas.

Para terminar este libro vamos á ver en unas cuantas páginas la provincia de Tayabas en general, ya que hemos recorrido uno á uno todos sus pueblos.

Dicha provincia fué descubierta por Juan de Salcedo al ir en busca de los renombrados veneros de oro de Camarines.

Se halla, según el Padre Buceta, entre los 125° 56' longitud, donde se alza el Malarauat, á los 126° 24' situación de la Punta Pusgo, en el seno de Guinayangan, punto el más oriental de la provincia, y entre los 13° 20' latitud, situación de Cabeza Bondo y 14° 22' extremo Norte de la isla Calbalete.

La provincia de Tayabas pertenece en lo eclesiástico al obispado de Nueva Cáceres. Este se creó el año 1595, por bula de Clemente VII, con la asignación de 4.000 pesos. El primer nombramiento que se hizo para ocupar dicha silla apostólica, recayó en Fray Francisco Ortega, de la orden de San Agustín, quien fué electo el año 1600, no llegando á posesionarse. En la actualidad gobierna la diócesis el Excmo. Sr. Fray Francisco Gainza, de la orden de Santo Domingo. Lo que este activo y virtuoso Prelado ha hecho y viene haciendo en su obispado, escrito está en las múltiples y variadas obras en que ha empleado sus conocimientos, su constancia, su hacienda y su salud.

El primer Gobernador con nombramiento Real que tuvo la provincia fué
D. Simón Álvarez mandándola desde el año 1651 al 1655.

Los padrones completos más antiguos que hemos podido encontrar, datan del año 1754, y según aquellos, formados por el Gobernador Rodríguez Morales, la provincia de Tayabas constaba de los siguientes pueblos con el número expresivo de almas.

 Tayabas ………………………… 3.579
 Lucban …………………………. 5.109
 Mauban …………………………. 2.236
 Atimonan ……………………….. 1.455
 Gumaca …………………………. 1.874
 Guinayangan …………………….. 1.073
 Obuyon …………………………. 729
 Catanauan ………………………. 690
 Mayobog ………………………… 654
 Pagbilao ……………………….. 435
 Sariaya ………………………… 1.239
 Tiaong …………………………. 1.436
 Polillo ………………………… 310
 Baler ………………………….. 168
 Cariguran ………………………. 125
 Binangonan ……………………… 364

Cuyas cifras forman un total de 21.476 almas.

Según los padrones hechos por D. Salvador Baquero el año 1831 tenía la provincia 59.433 almas, las que subieron al número de 70.555 en el año 1836, según puede verse en los padrones, elevados al Gobierno general en dicha fecha por D. Isidro Vital.

La estadística de la provincia dió el siguiente resultado el año 1875.

 Pueblos………………………….. 18
 Barrios………………………….. 598
 Cabecerías……………………….. 579
 Almas……………………………. 102.165
 Tributos…………………………. 54.284
 Defunciones………………………. 3.353
 Casamientos………………………. 1.171
 Bautizos…………………………. 4.022
 Chinos empadronados……………….. 220
 Europeos radicados………………… 14
 Licencias para cortes de maderas
   concedidas durante el año ……….. 61
 Idem para uso de armas…………….. 16
 Cuadrilleros……………………… 684
 Mozos sorteados…………………… 5.013
 Soldados que se sacaron……………. 85
 Vacunados………………………… 4.211
 Gasto total de personal y material de
  escuelas……………………Pesos. 4.145

 Presupuesto total de gastos ……….. 24.023
 Gastado …………………………. 13.243
 Ingreso en capítulo de Gobierno ……. 26.257
 Importe de las penúltimas contratas … 24.741
 Idem id. de las últimas …………… 34.324
 Sacado del presupuesto de gastos para
   el mantenimiento de la cárcel ……. 2.072
 Causas criminales que se numeraron en
   el Juzgado …………………….. 136

El aumento de población de esta provincia ha sido verdaderamente asombroso; en poco más de un siglo vemos quintuplicar el número de sus almas. El vecindario que tenía la provincia el año 1754 lo cuenta hoy con exceso la cabecera. Si el aumento de población ha sido grandísimo, el fomento de productos y riqueza no lo ha sido menos, constituyendo aquella demarcación una verdadera y legítima esperanza, no solo por lo que produce, sino por lo que está llamada á producir.

Sus montes son una mina inagotable, principiada á explotar con la activa é inteligente inspección de los ingenieros que velan por el mejor aprovechamiento de la riqueza forestal de estas islas.

En los bosques de Tayabas hay tanta y tal variedad de maderas, que podrían dar abasto por mucho tiempo á todas las necesidades del comercio.

La colección que la Inspección de montes mandó á la Exposición de
Filadelfia ascendía á 281 especies.

La superficie total de hectáreas de la provincia de Tayabas, según los estudios hechos por el Cuerpo de Montes, que tenemos á la vista, asciende á 562.492, siendo forestales 380.000.

En el año económico de 1872 á 73, se concedieron 34 licencias para el corte de maderas en los montes de Tayabas, cortes que produjeron al Estado 83.865 pesetas. Lo producido en los años económicos de 1873 á 74, y de 1874 á 75 no lo conocemos, si bien ha de haber aumentado considerablemente, si se tiene en cuenta que solo en el año 1875 se concedieron 61 licencias, es decir, 27 más que el año 1872.

Si riqueza hay en los montes, no la hay menos en sus dilatados manchones de vegas y cañadas. Solo en los verdes campos que comprende el perímetro que forma Mulanay con San Narciso y Cabeza Bondoc, pueden alimentar muchos miles de reses.

La gran profusión de aguas hace que las cosechas de arroz, cultivadas por el sistema de escalonados tubiganes, sean más productivas.

Las plantaciones de coco aumentan de día en día, siendo esta palma una de las más legítimas riquezas de la provincia. El aceite de Tayabas se confunde con el de la Laguna y se da al comercio con este nombre.

Tanto en las quebradas de sus montes como en las florestas de sus valles, se cría en abundancia caza mayor y menor, figurando en la primera el carabao cimarrón, el venado y el jabalí; en la segunda, hay una gran variedad de pájaros, siendo de notar la gran colección de palomas. El tabon, ave muy digna de estudio por la manera que tiene de incubar sus huevos, enterrándolos, se halla en bastante número en Tayabas.

En flores y hierbas olorosas nada tiene que envidiar á otras provincias, viéndose por doquier el tornasol, la rosa de Alejandría, el camantigue, la sampaca, el campupot, la gumamela, el ilang-ilang, el calachuche, los lirios, las azucenas, las saguilalas, el romero, la salvia, el pandacaque, la albahaca, el hagonoy, la hierba-luisa, el lagundi, la pasionaria y la siempre-viva; hierbas y flores que crecen sin que mano amiga las cuide, riegue y desbroce. Si la inclemencia del campo ó el agrietado muro se convirtiera en la resguardada maceta ó el vigilado arriete, ¡qué combinaciones tan bellas y tan variadas produciría la floricultura de este país!

En frutas también hay gran diversidad, y si no las tiene en hortalizas, es porque no se siembran, y decimos esto al ver los magníficos resultados que han dado algunos ensayos.

Café, cacao, lumban, bongas y trigo se cosechan en bastante cantidad. Resinas y caldos se extraen de valiosa calidad, siendo inmejorables las ceras, las breas y los aguardientes de coco y de nipa.

Al hablar de Lucban ya dimos á conocer el arte y la industria de aquel pueblo.

En minas son de citar: la de carbón, sita en el término de Gumaca, á la confluencia del río Carlati; la de cobre, en el sitio de Lambo-lambo, jurisdicción de Calilayan; la de oro y cobre, registrada en Colon-colon, termino de Atimonan; la de carbón, en los montes de Ayquirín; la de oro en Sangirín; la de carbón de isla Pulon y la de este último mineral del barrio de Bocboc, orilla del río de Pitogo, divisoria y término de Gumaca.

A grandes rasgos ya hemos visto lo que es materialmente hablando la provincia; digamos algo en general de la moral de sus habitantes.

El tayabense tiene orgullo en decir ha nacido en aquella provincia, y lo tiene más por la circunscripción que rodea la pila bautismal que le dió nombre.

Las imágenes que guardan en el hogar, en áureas urnas ó trasparentes fanales, las defenderían en un momento de peligro, con la misma bravura que los romanos defendían sus dioses penates.

Para el tayabense no hay más cielo, más suelo, ni más techo que el suyo. Intentar la más pequeña intrusión en su provincialismo y lo veréis agruparse y fundirse en su idea marchando á su objeto, cueste lo que cueste, y caiga el que cayere. Ni el tiempo, ni el arraigo, ni los lazos del parentesco, ni los del amor dan carta de naturaleza en Tayabas. Para ser tayabense es preciso haber nacido allí, y todos los que no estén en ese caso son conceptuados como extranjeros. Esto que hemos tenido ocasión de observarlo muchas veces, cuando más se acentúa es al aproximarse las elecciones municipales. Desgraciado del que intente ocupar un puesto en la principalía, si no tiene registrada su partida de bautismo en la iglesia del pueblo, y la fosa de sus mayores en su cementerio. Ya podrá ser honrado, rico y hasta casado con tayabense que no le bastará para librarse de la cruzada que ha de levantarse contra él … En esta cuestión el tayabense no prescinde por nada, ni por nadie, y sacrifica si es preciso la honra, la familia y la gratitud.

Esto que pasa en el municipio aumenta en el seno del hogar. Una dalaga que tenga la desgracia—pues de tal debe calificarse,—de aceptar amores con uno que no sea su paisano, tiene que sufrir todo género de tormentos para llegar á realizar su enlace. La raza tayabense es en el Oriente, la guardadora de las tradiciones jitanas. El jitano no se casa sino con jitana, lo mismo que el tayabense no lo hace, salvas pocas excepciones, si no con tayabense.

Las sangrientas conmociones que registra la historia de Tayabas, no obedecen á otro móvil que al religioso culto que rinden á lo suyo.

Todo lo que tiene el tayabense de díscolo, tiene de humilde y obediente, acudiendo á cualquier llamamiento que se haga á sus sentimientos, sabiéndolo llevar. La provincia de Tayabas es la más fácil y difícil de gobernar. En los tres años que allí permanecimos se acudió á ella dos veces; en la una la caridad la pidió una limosna; en la otra, la patria la demandó un auxilio, y en ambas—no quisiéramos equivocarnos,—pero nos parece que computando su población con la de las otras provincias, fué á la cabeza de todas.

Para terminar y como apuntes curiosos, extractaremos de diversos manuscritos que tenemos á la vista, algunos de los usos y costumbres que en lo antiguo tenían los indios de Tayabas.

El indio de aquella provincia, pertenece á la raza pura tagala—palabra que quiere decir hombre de río.

Los casamientos—dicen los manuscritos que consultamos,—se hacen según el ritual romano, pero en los preparativos hay muchas particularidades dignas de notarse. Para casarse no se piensa comunmente en procurarse lo necesario para mantener la casa y los hijos, en contando lo suficiente para la boda, que es muy poco, si no se tiene convite, se casan los tagalos sin más pensar en lo que han de comer al día siguiente del matrimonio. Los padres mismos de los novios no suelen pensar en esto, porque dicen que Dios cuidado; pero nunca dispensan los padres de las novias el que se les sirva tres, cuatro ó más años por su hija, y el que se ha de casar con ella tiene obligación de asistirlos todo ese tiempo con su servicio corporal y remediarlos en sus necesidades, regalarlos en ciertos días, y llevar de comer á la gente que les trabaja la sementera. Esta intimidad tiene sus inconvenientes y no faltan hombres que después de estar en cinta su novia la dejan burlada. Los padres saben estos casos, pero todo lo vence la codicia. Es verdad que una mujer á quien ha sucedido esto no pierde tanto como en España, ni le suele faltar pretendiente. Entre la gente rica se acostumbra á dotar á la mujer por quien ha de ser su marido. Las dotes son de dos maneras: la una se llama bigay-suso, que es lo que se da á la madre por haber dado los pechos á la hija; la otra se llama bigay-caya, que se destina para que los novios se mantengan después de casados, aunque á veces se gasta casi todo en la boda. Más se recibe esta dote por vanidad que por juzgarla necesaria para después del casamiento, y así la novia á quien se señala mayor dote, se la tiene por de mayor suposición porque se compró más cara. La edad en que se casan los tagalos es para las mujeres de 12 á 15 años, y para los hombres de 14 á 17.

Los entierros se hacen en la iglesia ó en el cementerio según el ritual romano, con la pompa correspondiente. Antes del entierro se juntan todos los parientes del difunto, y no cesan de llorar y relatar su vida hasta que lo llevan á enterrar. Al cuarto día del entierro se juntan otra vez en la misma casa cantan el rosario, y suelen pasar allí toda la noche. En su infidelidad dejaban ese día un asiento desocupado en la mesa, y creían que lo ocupaba el difunto; y para persuadirse de ello, esparcían ceniza por la casa, en la que, al día siguiente hallaban impresas sus pisadas.

Son muchos los abusos, ó como ellos dicen, los ugales, que tienen los tagalos; los primeros están basados en la creencia de los nonos; con dichos genios ó nonos, ejecutan los indios muchas y muy frecuentes idolatrías; cuando quieren coger alguna flor ó fruta del árbol, le piden licencia al nono para poderla tomar; cuando pasan por algunas sementeras, ríos, esteros, bosques y cañaverales, piden licencia y buen pasaje á los genios que en ellos habitan. Cuando son obligados á cortar algún árbol viejo ó á no guardar las prácticas y ceremonias que ellos imaginan ser del agrado de los nonos, se excusan con ellos diciendo tres veces en alta voz que el padre se lo mandó, y que no es voluntad suya, faltar á sus respetos. Cuando caen enfermos, les piden salud y les ofrecen comidas, las que consumen en las sementeras y á la sombra del árbol llamado calumpang. Creen que las almas de los muertos vuelven á su casa al tercer día de su entierro, para visitar á la gente de ellas ó asistir á la ceremonia del tibao, que se reduce á tender un petate en el que esparcen ceniza, rodeando aquel de candelas amarillas. A la puerta de la casa ponen una fuente de agua perfumada, para que cuando vaya el alma á acostarse pueda lavarse.

El ticbálang, es uno de los fantasmas á quien acuden para pedirle cosas prodigiosas. Al patianac atribuyen el mal suceso de los partos, y dicen que para dañarlos y echarlos á perder, se colocan cerca de la casa y allí cantan á manera de los que van bogando. Para impedir el daño del patianac, se sitúan armados en los caballetes y alrededores de la casa, y dan tajos á derecha é izquierda y fuertes voces para ahuyentar al mal genio. También atribuyen al patianac la muerte de los niños: dicen que el pájaro llamado tictic, es el que enseña al patianac la casa donde hay un recien nacido: con este aviso el fantasma se coloca en un tejado inmediato, y desde allí alarga la lengua en forma de hilo hasta el vientre del niño, sacándole las tripas.

Cuando se eclipsa la luna arman los tagalos gran ruido, con el que dicen la defienden de la lucha que tiene con el dragón. Creen en amuletos para que no les toquen las balas, y para librarse de otros peligros. Aquellos consisten en libritos que contienen períodos en latín y en español completamente ininteligibles; piedras que hallan en los cuerpos de los animales; granos de fruta petrificada; huesos de esqueletos de niños y dientes de rata, de culebra y de caimán. La creencia en los amuletos data de mucho antes de la conquista, conociéndolos con el nombre de aguimat.

Los indios tagalos forman melancólicos discursos, si la lechuza canta; tienen como buenos augurios el encontrar una culebra en la casa ó en el barco. Algunos creen en las hierbas amatorias.

Estas y otras muchas falsas creencias, de las que aún quedan algunas reminiscencias, poco á poco las va desterrando la vívida luz del Evangelio y la civilización.

* * * * *

Aquí hacemos punto en este libro, en el que nos hemos propuesto dar á conocer una provincia tan rica como ignorada.

Tres años estuvimos en Tayabas, y ni su temperamento nos produjo un dolor de cabeza, ni sus habitantes un disgusto. Al abandonar la provincia, y al entrar en la de la Laguna, no pudimos menos de volver la vista al brumoso horizonte que dejábamos, y al divisar los confusos contornos del Banajao alumbrados por la cansada luz de la caída de la tarde, sentimos una verdadera y tierna emoción al abandonar, quizás para siempre, aquel coloso á cuya sombra ha nacido este pobre hijo mío. Conocida es la caridad en Filipinas, así que el padre confía en aquella, teniendo la seguridad de que lo tratarán con cariño y le darán un modesto rincón en el hogar.

FIN.

NOTAS

[1] Este puente se llama hoy de Ayala.

[2] Téngase en cuenta que este libro se escribió el año 1878, imprimiéndose su primera edición ese mismo año en Manila.—(N. del A.)

[3] Este edificio lo destruyó un tifón levantando sobre sus escombros un verdadero palacio, como quizá no haya otro en Filipinas, el inteligente Alcalde mayor D. Francisco Iriarte.—(N. del A.)

[4] De ahora para adelante, hacemos presente que todos los datos estadísticos consignados en esta obra se refieren al año 1875.

[5] Lo que decíamos en 1878 y su exactitud, se puede comprobar en los magníficos ejemplares que el arte y la industria de Lucban presenta en la Exposición de Filipinas que se celebra al reimprimirse esta obra.—(N. del A.)

[6] Con este pseudónimo escribió Entrala curiosísimos artículos tratando costumbres filipinas. Fué gran entusiasta de la mujer india á quien ha consagrado muchas páginas en sus obras. Este notable escritor murió hace cinco años. Entrala y el veterano Vázquez de Aldana son, á mi juicio, los escritores de costumbres más notables de la literatura filipina moderna. Al último, que vive en el modesto pueblo de la Hermita, con no pocos achaques en el cuerpo y no escasos desengaños en el alma, le envio un tiernísimo recuerdo.—(N. del A.)

[7] En ninguna parte del mundo sufren los nombres más variantes y se hace más uso del apócope que en Filipinas, así que no se extrañará digamos que en algunos puntos se llaman Hasays á las Tomasas—(N. del A.)

[8] En España se llama, D. Diego de Noche.

[9] Los indios lo conocen con el nombre de Salanga.

[10] El veterano general D. Juan Alaminos de seguro ratificará á quien le pregunte la certeza de esta y otras citas,—(Nota del A.)

[11] Este desapareció con la mayor parte de los edificios, en un horroroso incendio acaecido poco después de escrito este libro.—(N. del A.)

[12] Aunque el balitao visaya no tiene, á mi juicio, todo el sabor indio del cundimán y cumintán tagalo, sin embargo, da idea del originalísimo ritmo de la música oriental. Entre los individuos que forman en la Exposición la colonia filipina, hay uno que toca bastante bien el balitao en la guitarra del país con cuerda de metal. Las indias visayas que figuran en aquella agrupación, lo cantan y bailan bastante bien.—(N. del A.)

[13] En este capítulo hay algo imaginativo que lealmente confesamos: el cocal no existe, pero sí la ermita, la imagen, el bastón, las ruinas, el cañón y la leyenda. Algún día relataremos esta última.—(N, del A.)

[14] Hoy ya lo es.—(N del A.)

[15] De la época en que esto se escribía á la fecha, las islas Filipinas han sufrido grandísimas transformaciones, y ante ellas no pecamos de inconsecuentes al abogar ahora por lo que entonces condenábamos, creyendo como creemos un bien la descentralización de poderes.—(N. del A.)

[16] Este manuscrito, figura en la instalación que tiene el autor en la Exposición de Filipinas.—(Nota del A.)