WeRead Powered by ReaderPub
Vida de Don Quijote y Sancho cover

Vida de Don Quijote y Sancho

Chapter 20: CAPÍTULO XXI
Open in WeRead

About This Book

El autor propone una exégesis personal de la novela de Cervantes que mezcla comentario literario y reflexión filosófica, defendiendo lecturas místicas y contemporáneas. Sostiene que Don Quijote y Sancho poseen vida autónoma dentro de la mente creadora, explora la condición de la locura y la pasión frente a la razón fría de la sociedad, critica la complacencia colectiva y reclama recuperar el impulso idealista del caballero. La obra alterna análisis, ensayos breves y notas críticas que revaloran a los personajes desde perspectivas éticas, existenciales y estéticas.

CAPÍTULO XXI

Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de
Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro invencible Caballero.

Tras esto cobró Don Quijote el yelmo de Mambrino, y Sancho, como despojo de la victoria, trocó los aparejos de su asno por los del asno del barbero, mejor repuesto que el suyo, y almorzaron de las sobras del real que del acémila despojaron. Y luego se pusieron a caminar por donde la voluntad de Rocinante quiso, que se llevaba tras sí la de su amo y aun la del asno, y de camino se quejó Sancho de cuán poco se ganaba con aquellas aventuras. Y departiendo mostró haber calado la raíz del heroísmo de su amo cuando le pidió salieran de aquellas aventuras donde ya que se venzan y acaben las más peligrosas, no hay quien las vea ni las sepa y así se han de quedar en perpetuo silencio y en perjuicio de la intención de vuestra merced—dijo—, y se pusieran a servicio de algún emperador donde no faltaría quien pusiera en escrito las hazañas de Don Quijote, para perpetua memoria. Y añadió, tocado ya de la locura de su amo: de las mías no digo nada, pues no han de salir de los límites escuderiles; aunque sé decir que si se usa en la caballería escribir hazañas de escuderos, que no pienso que se han de quedar las mías entre renglones.

¿Qué es eso, Sancho? ¿Estás pensando también tú en dejar eterno nombre y fama? ¿Andas también enamorado, aunque sin saberlo, de Dulcinea? Tú no has tenido Aldonza Lorenzo que te encienda el amor a la inmortalidad, tú no has tenido amores de los que no se confiesan o no pueden confesarse, tú al llegar a edad y considerando que no está bien que el hombre esté solo, tomaste de mano del cura a Juana Gutiérrez por compañera de tus faenas y para madre de tus hijos, pero andas con Don Quijote, dejaste por él mujer e hijos, y te estás enquijotando ya.

En esta plática, y al explicar Don Quijote cómo podría llegar a casarse con hija de rey, dijo: sólo falta ahora mirar qué rey de los cristianos o de los paganos tenga guerra y tenga hija hermosa; pero tiempo habrá para pensar esto, pues como te tengo dicho primero se ha de cobrar fama por todas partes, que se acuda a la corte, en que parece que la fama no la quiere para fin, sino como medio, a pesar de lo cual puede y debe asegurarse que no habría dejado Don Quijote a Dulcinea por ninguna hija de rey, por hermosa que ella fuese y poderoso y rico su padre. Y continuando el hidalgo mostró dudas de que el rey le quisiese tomar por yerno, visto que no era de linaje de reyes o por lo menos primo segundo de emperador, temiendo perder por semejante falta lo que su brazo tendría bien merecido. Bien es verdad—añadió—que yo soy hijodalgo de solar conocido, de posesión y propiedad, y de devengar quinientos sueldos; y podría ser que el sabio que escribiese mi historia deslindase de tal manera mi parentela y descendencia que me hallase quinto o sexto nieto de rey, y a seguida de esto explicó a Sancho lo de las dos maneras de linajes que hay en el mundo: los que fueron y ya no son y los que son ya y no fueron.

Y aquí encaja lo que dijo aquel capitán de que habla el Dr. Huarte, en el cap. XVI de su Examen de Ingenios y decía: «Señor, bien sé que vuestra señoría es muy buen caballero y que vuestros padres lo fueron también; pero yo y mi brazo derecho, a quien ahora reconozco por padre, somos mejores que vos y todo vuestro linaje». Razón que hace alguna vez suya Don Quijote, declarándose hijo de sus obras.

Y así es; que mi humanidad empieza en mí y debe cada uno de nosotros más que pensar en que es descendiente de sus abuelos y estanque a que han venido acaso a juntarse tantas y tan diversas aguas, en que es ascendiente de sus nietos y fuente de los arroyos y ríos que de él han de brotar al porvenir. Miremos más que somos padres de nuestro porvenir que no hijos de nuestro pasado, y en todo caso nodos en que se recogen las fuerzas todas de lo que fué para irradiar a lo que será, y en cuanto al linaje todos nietos de reyes destronados.