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Vida de Don Quijote y Sancho

Chapter 35: CAPÍTULO XLIII
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About This Book

El autor propone una exégesis personal de la novela de Cervantes que mezcla comentario literario y reflexión filosófica, defendiendo lecturas místicas y contemporáneas. Sostiene que Don Quijote y Sancho poseen vida autónoma dentro de la mente creadora, explora la condición de la locura y la pasión frente a la razón fría de la sociedad, critica la complacencia colectiva y reclama recuperar el impulso idealista del caballero. La obra alterna análisis, ensayos breves y notas críticas que revaloran a los personajes desde perspectivas éticas, existenciales y estéticas.

CAPÍTULO XLIII

Donde se cuenta la agradable historia del mozo de mulas, con otros
extraños acontecimientos en la venta sucedidos.

Dejemos lo del mozo de mulas, que no nos importa.

Reunida toda aquella gente, quedóse Don Quijote a hacer la guardia del castillo. Y el demonio, que no descansa, insinuó a la hija de la ventera, la de la sonrisa, y a Maritornes, que hiciesen una burla a Don Quijote, en pago de su guardia.

A solas y mientras hacía su guardia, recordaba en voz alta Don Quijote a su señora Dulcinea, cuando la hija de la ventera le comenzó a cecear y a decirle: señor mío, lléguese acá la vuestra merced, si es servido. Y el frágil Caballero ablandóse y cedió, y en vez de hacer oídos sordos a los reclamos de retozona semidoncella, se metió a exponerle la imposibilidad en que estaba de satisfacerla, sin advertir el cuitado que discutir con la tentación, reconociéndola así beligerancia, es ya camino para ser vencido por ella. Y así fué que le pidieron una de sus manos, llamándolas hermosas. Y el cuitado hidalgo, rendido al requiebro, le dió la mano a que no había tocado otra de mujer alguna, y no para que la besara, sino para que por ella admirasen la fuerza del brazo que tal mano tenía.

¿Admirar? ¿No ves, sencillo Caballero, el peligroso juego en que te metes al dar tu mano a la admiración de unas damas? ¿No sabes acaso que la admiración de una mujer hacia un hombre no es sino forma de algo más íntimo que la admiración misma? No se admira sino lo que se ama, y en la mujer no hay mas que un modo de admirar al hombre. ¡Y admirar no tus propósitos, no una obra o hazaña tuya, no tus pensamientos, sino admirar tu mano! ¡Oh, si hubieras logrado que la admirase Aldonza Lorenzo; que te la hubiese recogido entre las suyas para que por la contextura de sus nervios, la trabazón de sus músculos, la anchura y espaciosidad de sus venas sacase qué tal debía ser la fuerza del brazo que tal mano tenía, y sobre todo la fuerza del corazón que regaba de sangre aquellas venas!

Cometiste, buen Caballero, una imperdonable lije reza al dar a admirar tu mano a damas que te la pedían para burlarse de ti y lo pagaste caro. Lo pagó caro, porque se quedó preso de la mano por un cabestro. Maritornes y la hija del ventero se fueron muertas de risa y le dejaron asido de manera que fué imposible soltarse. Fíate luego de mujeres retozonas y regocijadas.

Creyólo encantamiento Don Quijote y no era sino castigo a su blandura y petulancia. El héroe no debe dar a admirar sus manos, así sin más ni más y al primero o a la primera que las pida, sino guardarlas más bien de miradas curiosas y lijeras. ¿Qué importa a los demás las manos con que se hace las cosas? Fea costumbre es esa de meterse en casa del combatiente generoso y revisar sus armas, inquirir cómo trabaja y vive y examinarle las manos. Si escribes, que nadie sepa cómo escribes, ni a qué horas, ni con qué pluma ni de qué modo.

En tanto Don Quijote maldecía ante sí su poca discreción y discurso al no estar alerta frente a los encantamientos y allí fué el maldecir de su fortuna y el exagerar la falta que haría en el mundo su presencia y el acordarse de nuevo de Dulcinea y el llamar a Sancho Panza y a los sabios Lirgandeo y Alquife, y a su buena amiga Urganda, y allí le tomó la mañana tan desesperado y confuso que bramaba como un toro. Y aun así, preso de la mano, increpó a cuatro hombres de a caballo, que llamaron a la venta al amanecer, mostrando en ello su indomable fortaleza.