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Vida de Don Quijote y Sancho

Chapter 51: CAPÍTULO IX
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About This Book

El autor propone una exégesis personal de la novela de Cervantes que mezcla comentario literario y reflexión filosófica, defendiendo lecturas místicas y contemporáneas. Sostiene que Don Quijote y Sancho poseen vida autónoma dentro de la mente creadora, explora la condición de la locura y la pasión frente a la razón fría de la sociedad, critica la complacencia colectiva y reclama recuperar el impulso idealista del caballero. La obra alterna análisis, ensayos breves y notas críticas que revaloran a los personajes desde perspectivas éticas, existenciales y estéticas.

CAPÍTULO IX

Donde se cuenta lo que en él se verá.

Y ¿cuándo disertó así Don Quijote acerca de la gloria y de su vanidad última y de cómo acaba al acabarse el mundo? Cuando iba al Toboso a ver a Dulcinea, e iba dentro de él Alonso el Bueno a ver a Aldonza Lorenzo, por la que suspiró doce años. Gracias a la locura ha vencido el vergonzoso hidalgo su vergonzosidad sublime, y vestido de Don Quijote y arrebujado en él va a ver al blanco de sus ansias, a curarse de su locura al verla y al abrazarla. Nos acercamos al momento crítico de la vida del Caballero.

Y así, en tales pláticas llegaron amo y escudero al Toboso, patria de la sin par Dulcinea.

Llegaron a ella y dijo Don Quijote a su escudero: Sancho, hijo, guía al palacio de Dulcinea, quizá podrá ser que la hallemos despierta.

Observemos que al pedirle tan elevado ministerio y favor tan señalado, se adulcigua el Caballero y le llama a Sancho hijo, y observemos además cómo son los Sanchos, la baja humanidad, los que guían a los héroes al palacio de la Gloria.

Y allí fueron los aprietos de Sancho el embustero, buscando escapatorias a su sandez, hasta que declaró no haber visto jamás a Dulcinea, al modo mismo que su amo decía no haberla visto sino estar enamorado de ella de oídas. De oídas estamos enamorados de la Gloria los que lo estamos, sin que jamás la hayamos visto ni oído. Pero por dentro anda Aldonza, vista y bien vista, aunque sólo sea cuatro veces en doce años. Y al cabo el malicioso Sancho consiguió que el cándido de su amo se saliese del Toboso a esperar emboscado en alguna floresta a que diese el socarrón con Dulcinea.