CAPÍTULO XII
De la extraña aventura que le sucedió al valeroso Don Quijote con
el bravo caballero de los Espejos.
Conversando sobre lo que es la comedia del mundo se quedaron amo y escudero debajo de unos altos y sombrosos árboles, cuando les rompió el sueño la llegada del caballero de los Espejos. Y allí fué la plática de los escuderos de un lado y de los caballeros por el otro, y el declarar Sancho que a su amo un niño le haría entender que era de noche en la mitad del día, sencillez por la que le quería como a las telas de su corazón y no se amañaba a dejarle por más disparates que hiciera. Aquí se nos declara la razón del amor que Sancho profesaba a su amo, mas no la de la admiración.
¿Pues qué creíais, Sancho? El héroe es siempre por dentro un niño, su corazón es infantil siempre; el héroe no es más que un niño grande. Tu Don Quijote no fué sino un niño, un niño durante los doce largos años en que no logró romper la vergüenza que le ataba, un niño al engolfarse en los libros de caballerías, un niño al lanzarse en busca de aventuras. ¡Y Dios nos conserve siempre niños, Sancho amigo!