CAPÍTULOS XIII Y XIV
Donde se prosigue la aventura del caballero del Bosque con el discreto,
nuevo y suave coloquio que pasó entre los dos escuderos.
Mientras platicaban los escuderos entre sí también platicaban los caballeros, y de esta plática y de haber afirmado el de los Espejos ser vencedor de Don Quijote surgió el que concertasen un duelo bajo condiciones de que el vencido quedara sujeto a obedecer al vencedor. Y así que fué de día fué el lance, derribando Don Quijote al de los Espejos, el bachiller Sansón Carrasco, pues no era otro, que habiendo ido por lana y a llevarse al hidalgo a su casa, salió para la suya trasquilado.
Al descubrirle la visera y ver al bachiller, atribuyólo Don Quijote a magia, mas Sancho, que se había encaramado a un árbol para ver la pelea, le pidió metiese la espada por la boca al que parecía el bachiller Sansón Carrasco. ¡Ah, Sancho, Sancho, y cuán bien se aviene tu impiadosa crueldad de ahora con tu cobardía de antes!
Volvió al cabo en sí el bachiller, confesó aventajar Dulcinea del Toboso en hermosura a Casildea de Vandalia y prometió ir a presentarse a ella. Todo lo confieso, juzgo y siento como vos lo creéis, juzgáis y sentís—respondió el derrengado caballero, el burlador burlado, el vencido bachiller. Así, mal que les pese, tienen que declarar los bachilleres ser verdad lo que por tal proclaman los hidalgos; así los burladores son burlados; así el sentido común debe andar por los suelos a botes de la lanza del heroísmo. Pues que ¿no hay sino hacerse el loco para reducir a cordura a los que lo son de veras?