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Vida de Don Quijote y Sancho

Chapter 56: CAPÍTULO XV
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About This Book

El autor propone una exégesis personal de la novela de Cervantes que mezcla comentario literario y reflexión filosófica, defendiendo lecturas místicas y contemporáneas. Sostiene que Don Quijote y Sancho poseen vida autónoma dentro de la mente creadora, explora la condición de la locura y la pasión frente a la razón fría de la sociedad, critica la complacencia colectiva y reclama recuperar el impulso idealista del caballero. La obra alterna análisis, ensayos breves y notas críticas que revaloran a los personajes desde perspectivas éticas, existenciales y estéticas.

CAPÍTULO XV

Donde se cuenta y da noticia de quién era el caballero de los Espejos y su escudero.

En este capítulo de la historia se nos cuenta cómo el caballero de los Espejos no era otro que Sansón Carrasco, bachiller por Salamanca, que de acuerdo con el cura y el barbero, ideó aquella traza para obligar a Don Quijote a que se redujese a su casa.

Y el maligno Carrasco juró vengarse de Don Quijote, moliéndole a palos las costillas, locura mil veces más desatinada y más de verdad locura que la del hidalgo; locura, en fin, de pasión de hombre sensato, que son las peores y las más ponzoñosas de las locuras todas. El loco que lo es por fuerza lo será siempre, y el que lo es de grado lo dejará de ser cuando quisiera—decía el bachiller.

Pero venid acá, señor bachiller por Salamanca, venid y decidme ¿cuál es peor desvarío, el que arranca de la cabeza o el que del corazón brota, la enfermedad del imaginar o la del querer? Y el que de grado o por voluntad se hace el loco, es que tiene la voluntad enferma o torcida, y para esto hay peor remedio que para las enfermedades del entendimiento. Y los que, como su merced, tienen el entendimiento tupido de cordura socarrona, y allende esto se lo han atiborrado de lugares comunes escolásticos en las aulas de Salamanca, suelen tener la voluntad loca de malas pasiones, de rencor, de soberbia, de envidia. ¿Pues qué razón había para ir a pelear Sansón Carrasco contra Don Quijote?

¿He sido yo su enemigo por ventura? ¿Hele dado yo jamás ocasión de tenerme ojeriza? ¿Soy yo su rival o hace él profesión de las armas para tener envidia a la fama que yo por ellas he ganado?—decía Don Quijote. Sí, generoso Caballero, sí; fuiste y eres su enemigo como lo es todo hidalgo heroico y generoso de todo bachiller socarrón y rutinero; le diste ocasión de ojeriza, pues cobraste con tus locas hazañas una fama que él nunca alcanzó con sus cuerdos estudios y bachillerías salamanquescas, y era tu rival y te tenía envidia. Y aunque declaró, y acaso así lo creyese él mismo, que salió al campo con la mira de reducirte a cordura, la verdad es que le movió a ello, tal vez sin él percatarse de tal motivo, su deseo de unir su nombre al tuyo y de andar junto contigo en lengua de la fama, como lo consiguió.

¿Y no sería acaso que buscaba llegase a oídos de aquella andaluza Casilda, con la que se pasó en claro las noches a la reja, allá en las callejas de Salamanca, y a la que envolvió en su Casildea de Vandalia, su hazañosa proeza y su locura? ¿No oiría acaso hablar de ti con admiración a esa Casilda, que habría leído la primera parte de tu historia? Todo podía ser.

Pero tú le venciste, para que se vea que la locura generosa da más arrestos y más bríos que no la cordura menguada y socarrona, y sobre todo para que el bueno del bachiller por Salamanca aprendiese aquello de quod natura non dat, Salmantica non praestat, vieja verdad a pesar de aquel arrogante lema del escudo de la vieja Escuela que dice: Omnium scientiarum princeps, Salmantica docet.