WeRead Powered by ReaderPub
Vida de Don Quijote y Sancho cover

Vida de Don Quijote y Sancho

Chapter 62: CAPÍTULO XXVII
Open in WeRead

About This Book

El autor propone una exégesis personal de la novela de Cervantes que mezcla comentario literario y reflexión filosófica, defendiendo lecturas místicas y contemporáneas. Sostiene que Don Quijote y Sancho poseen vida autónoma dentro de la mente creadora, explora la condición de la locura y la pasión frente a la razón fría de la sociedad, critica la complacencia colectiva y reclama recuperar el impulso idealista del caballero. La obra alterna análisis, ensayos breves y notas críticas que revaloran a los personajes desde perspectivas éticas, existenciales y estéticas.

CAPÍTULO XXVII

Donde se da cuenta de quiénes eran Maese Pedro y su mono, con
el mal suceso que Don Quijote tuvo en la aventura del rebuzno,
que no la acabó como él quisiera y lo tenía pensado.

Luego de eso de Maese Pedro, el cual ya sabemos qué pícaro era, fué cuando Don Quijote se halló entre la gente armada del pueblo de los rebuznadores e intentó persuadirlos a que no peleasen por tal niñería y corroborándole Sancho, dió en la mala ocurrencia de rebuznar, por donde se armó la pedrea de que a todo galope salió Don Quijote, encomendándose de todo corazón a Dios, que de aquel peligro le librase.

Y aquí, al contar esta la primera vez que huye el denodado vencedor del vizcaíno, del Caballero de los Espejos y del león, el que tantas veces afrontó a tropas de hombres, dice el historiador: cuando el valiente huye, la superchería está descubierta, y es de varones prudentes guardarse para mejor ocasión. Y ¿cómo iba a hacer frente Don Quijote a un pueblo que tiene a gala rebuznar? La manera de expresarse colectivamente un pueblo es un a modo de rebuzno, aunque cada uno de los que lo componen use de lenguaje articulado para sus menesteres individuales, pues sabido es cuán a menudo ocurre que el juntarse hombres racionales o semi-racionales siquiera, formen un pueblo asno.

Antes de dictar ordenamientos para regir al pueblo, oigamos su parecer—se dice—, consultémosle. Y es ello algo así como si un albéitar en vez de escudriñar a un asno y tantearle y pulsarle y registrarle para descubrir de qué padece y dónde le duele y de qué remedio ha menester, le consulta y espera a que rebuzne para recetarle, arrogándose el papel de truchimán de rebuznos. No, sino cuando no se logra convencer al pueblo rebuznador, huir de él como prudente y no temerario caballero. Y no hacer caso de los Sanchos egoístas que se quejan porque no los defendimos cuando tuvieron el mal acuerdo de rebuznar ante rebuznadores.

Y volvió después de esto Sancho a lo del salario, y Don Quijote quiso saldar cuentas y despedirle y entonces es cuando le dijo aquellas durísimas palabras de asno eres y asno has de ser y en asno has de parar cuando se te acabe el curso de la vida, al oir lo cual rompió a llorar el pobre escudero y confesó que para ser asno del todo no le faltaba sino la cola. Y le perdonó el magnánimo caballero, mandándole procurara ensanchar el corazón. Y fué y es uno de los más señalados beneficios que Sancho debió y debe a Don Quijote, el de que éste le convenciera y le convenza de que para ser asno del todo no le falta sino la cola. Cola que no le brotará ni crecerá mientras siga y sirva a Don Quijote.