CAPÍTULO LVII
Que trata de cómo Don Quijote se despidió del Duque, y de lo que
le sucedió con la discreta y desenvuelta Altisidora, doncella de la Duquesa.
Harto Don Quijote de su ociosidad en casa de los Duques y dolido allá, por muy dentro de sí, aunque su historiador no nos lo apunte, de las burlas que se le hacían, decidió marcharse. Y no nos quepa duda de que las tales burlas ni se le pasaban inadvertidas ni dejaban de dolerle, pues aunque su locura las tomara por buenas y las aprovechase en heroísmo, no dejaba de trabajar por debajo de ella su cordura, a oscuras, y tal vez sin que él mismo se percatara de ello.
Y así pidió un día licencia a los Duques para partirse y se la dieron con muestras de que en gran manera les pesaba de que los dejase. A Sancho le dieron, a escondidas de su amo, un bolsico con doscientos escudos de oro, el triste precio de las burlas, el salario de los juglares. Y después de sufrir una vez más los burlescos requiebros de Altisidora, se salió Don Quijote del castillo, enderezando su camino a Zaragoza.
Toma ya libre huelgo el Caballero de la Fe; respiremos con él.