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Vida de Don Quijote y Sancho

Chapter 84: CAPÍTULOS LXXII Y LXXIII
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About This Book

El autor propone una exégesis personal de la novela de Cervantes que mezcla comentario literario y reflexión filosófica, defendiendo lecturas místicas y contemporáneas. Sostiene que Don Quijote y Sancho poseen vida autónoma dentro de la mente creadora, explora la condición de la locura y la pasión frente a la razón fría de la sociedad, critica la complacencia colectiva y reclama recuperar el impulso idealista del caballero. La obra alterna análisis, ensayos breves y notas críticas que revaloran a los personajes desde perspectivas éticas, existenciales y estéticas.

CAPÍTULOS LXXII Y LXXIII

De cómo Don Quijote y Sancho llegaron a su aldea.

Prosiguiendo su camino, se encontraron en el mesón con D. Álvaro Tarfe; a los dos días acabó con sus azotes Sancho y a poco divisaron la aldea. Entraron en ella y en sus casas. Y al declarar Don Quijote al cura y al bachiller su propósito de que se hicieran pastores, descubrió Carrasco su mal, la locura pegada por Don Quijote y que le llevó a vencer a éste, al decir lo de como ya todo el mundo sabe, yo soy celebérrimo poeta. ¿No os dije que el bachiller estaba tocado de la misma locura del hidalgo? ¿No había acaso soñado entre las doradas piedras de Salamanca, sueño de no morir?

Acudió el ama al oir lo de los pastores a aconsejar a su amo y le dijo: estése en su casa, atienda a su hacienda, confiese a menudo, favorezca a los pobres y sobre mi ánima si mal le fuere.

Esta buena ama habla poco, pero cuando rompe a hablar se vacía en pocas palabras. ¡Y qué bien discurre! ¡con cuánto seso! Lo que aconsejó a su amo es lo que nos aconsejan los que dicen querernos bien.

¡Querernos bien!... ¡querernos bien!... ¡Ay cariño, cariño, y qué miedo te tengo! Así que oigo a un amigo lo de «yo te quiero bien» o «haga caso de los que bien le queremos» me echo a temblar. Los que me quieren bien... ¿y quiénes me quieren bien? Los que quieren que sea como ellos quieren para quererme. ¡Ay Cariño, cariño, terrible cariño que nos lleva a buscar en el querido el que de él hicimos! ¿Quién me quiere como soy? Tú, Tú sólo, Dios mío, que queriéndome me creas de continuo, pues es mi existencia misma obra de tu eterno amor.

Estése en su casa... ¿Y por qué he de estarme en casa? Estése cada uno en la suya y no habrá Dios que esté en la de todos.

Atienda a su hacienda... ¿Y cuál es mi hacienda? Mi hacienda es mi gloria.

Confiese a menudo... Mi vida y mi obra son una confesión perpetua. Desgraciado del hombre que tiene que recogerse a tiempos y lugares para confesarse. Eso de la confesión de que habla el ama de Don Quijote ¿no nos educa acaso a ser reservados y chismosos a la vez?

Favorezca a los pobres... Sí, pero a los verdaderos pobres, a los pobres de espíritu y no con el favor que ellos piden, sino con el que necesitan.

Mira, lector, aunque no te conozco te quiero tanto que si pudiese tenerte en mis manos te abriría el pecho y en el cogollo del corazón te rasgaría una llaga y te pondría allí vinagre y sal para que no pudieses descansar nunca y vivieras en perpetua zozobra y en anhelo inacabable. Si no he logrado desasosegarte con mi Quijote es, créemelo bien, por mi torpeza y porque este muerto papel en que escribo ni grita, ni chilla, ni suspira, ni llora, porque no se hizo el lenguaje para qué tú y yo nos entendiéramos.

Y ahora vamos a asistir a bien morir a Don Quijote.