con rostro alegre y muestras de aprecio,

tu cautela sea mayor, y por taimado enemigo

le tengas y con quien habrás de lidiar).

Y, para que Ibarra no se olvide de la cita, añade: Baltazar era tan buen poeta como pensador. Son los versos mismos que Antenor, maestro de Florante, dijo a éste antes de partir. Elías, hijo heroico del pueblo y muy fiel amigo, que salvó a Ibarra en dos ocasiones, y puso a buen recaudo, a costa de la propia, la vida de su amigo, es Menandro, camarada el más leal de Florante, que también le salvó la vida en dos ocasiones, y con el mayor desinterés proclamó reyes a Florante y Laura. Elías, además, hace gala de conocer el Florante. Así, dice: "Debemos entrar en el río Beata para simular que soy de Peña-Francia. Vereis el río que cantó Francisco Baltazar".

El P. Salvi, tartufo de la novela, que, humillado por Ibarra y luego perdidamente enamorado de María Clara, determinó asesinar a Ibarra por medio del hombre amarillo, armó una revolución e intento violar a María Clara en el monasterio de Sta. Clara, es el hipócrita conde Adolfo, que, humillado en la Escuela por Florante, también quiso asesinar a Florante, armó una revolución e intentó violar en el bosque a Laura. María Clara misma tiene algo de Laura, en su timidez y en sus prendas morales y físicas. Y, si Ibarra sintió fuertes celos de María Clara, lo mismo Florante de Laura. El ambiente mismo de la novela y el del poema guardan cierto aire de familia, hasta en ciertos detalles de la escena, por ejemplo, las aguas salobres del estero de Binondo y de la barra del Pásig, y las de los ríos Beata e Hilom.

Na cong maliligo,i, sa tubig aagap,
nang hindi abutin nang tabsing sa dagat.


(Cual madrugador bañista que se aprovecha del agua dulce

antes de enturbiarla la salobre del mar).

Las situaciones del poema tanto se grabaron en el alma de Rizal que, cuando compuso en Alemania su Arte métrica tagala, la construyó casi toda por medio de los versos del Florante. "El verso tagalo, dice, considera como consonantes fuertes la b, d, g, k, p, s, y t, y como débiles: l, m, n, ~g, y, y w." Cabalmente los consonantes del poema, especialmente de las cuartetas segunda y primera del Florante.

Pone, por ejemplo, como rima vocal pesada en a lo siguiente: dalitâ, tuâ, nasà. Y he aquí las rimas de vocal pesada del modelo:

Anhin cong saysain ang tinamong tuâ
Namatay si ina ¡ay, laquing dalitâ!
Taroc mo ang lalim nang caniyang nasà

Se dirá que no son versos de una misma cuarteta, pero contestaremos que Rizal tampoco trata precisamente del cuarteto, sino de la rima en general; y además, Rizal, a quien era tan familiar Florante, solía citar sus versos de memoria. De aquí que alguna vez la memoria fuérale infiel. Véase este verso que pone como ejemplo de la elisión tagala:

Ang caloloua co,i, cusang lumiligao,

cita errónea, por cierto, porque el del poema dice otra cosa:

Ang caloloua co,i, cusang dumadalao.

Lo que hubo es que el Dr. Rizal, al hacer la cita de memoria, trocó la palabra final de un verso por otra final de otro verso del mismo cuarteto, o sea, los versos primero y cuarto del séptimo cuarteto (A Celia).

7.


Ang caloloua co,i, cusang dumadalao

sa lansan~ga,t, nayong iyong niyapacan

sa ilog Beata,t, Hilom na mababao

yaring aquing puso,i, laguing lumiligao.

Dejaba el poema a alguno de sus amigos, a Ventura, por ejemplo, y, al recogerlo, consignaba en su Dietario el hecho como digno de memoria. Si no tenía a mano su ejemplar, y usaba el del Dr. Pardo de Tavera, devolvíalo, acentuadas, de su puño y letra, las palabras del poema. Era preocupación constante suya la tirada de un edición especial del Florante con grabados, pero su muerte impidió la realización de tan filipinística obra.

En su viaje a América Rizal mismo cuenta esta anécdota de su vida: "En el vapor me encontré con una familia semifilipina, pues la señora y los hijos lo eran, hija de un inglés, Jackson. El hijo me preguntó si conocía a Richal, autor del 'Noli me tangere', dije sonriendo que sí, como Aladín, de Florante. Y como empezase a hablar bien de mí, me descubrí y dije que yo era el mismo, pues era imposible que no supieran mi nombre durante la travesía."

En España, teniendo a su lado a Pilar y otros compatriotas tagalos, dolíase de que sus compañeros le echasen a perder su tagalo, at nasisira sa m~ga caauaauang pananalitâ nang manga casama, y sentía nostalgia del tagalismo. Si tuviera, decía, su Florante, menos mal, pero "mi Florante pude dejar en Barcelona". Sus diversiones en Pansol son las mismas del Florante en el brañal, pampa, y su bosque de paz, que constituye una de las mejores páginas del poema, digna de Teócrito. Quien haya sentido inefable bienestar con la lectura de los versos del poema y la infinita dulzura de que era capaz la lengua tagala en la ofrenda a Celia, seguramente sería también capaz de sentir la emoción tiernísima que despierta este pasaje del Dr. Rizal: Magagandang ayos at pananamít na karaniwan niyang gamitin (habla de Loleng) ay totoong nababagay sa kulay na azul na may guhit na gintô.... Niyaong unang panahón n~g tayo'y namamayati, naliligò sa Pansol, Prinsa, nagpapasial, náinom n~g tubâ, o namamaklad, o napapasa Mainit.

Mas no sólo en las ya citadas obras del Dr. Rizal, sino en cada una de sus poesías nótanse reminiscencias, inconscientes por cierto, de los pasajes del poema, especialmente en A las Flores de Heidelberg, a las cuales confía su secreto de que

él también murmuraba

cantos de amor en su natal idioma;

Mi retiro, donde viéndose

Lanzado a una peña de la patria que adoro

le entristecen recuerdos de la adolescencia y lamenta los males que turban la paz de su patria, y sobre todo la última poesía, el Ultimo Adiós, donde resume sus dolores y los de su patria, y, con todo, una tolerancia sin límites, un hálito de perdón, una infinita misericordia, se ciernen sobre todas las angustias, humedeciéndolas con lágrimas, que no sólo recuerdan la lengua en que se escribió el Florante y traen reminiscencias de la bellísima ofrenda A Celia y del sentidísimo soliloquio del hijo del duque Briseo, cuando se hallaba atado al tronco del árbol de marras, sino que, en cierto modo, consagran todo el poema para siempre.

Nada debe interpretarse en lo dicho como que sugiera atisbos de plagio en el Dr. Rizal. Nadie es menos capaz de tal calamidad literaria que el Dr. Rizal, la sinceridad por antonomasia. Todo es lógico, necesario, y, ¿por qué no decir providencial? Si el poema es la concreción del genio de la raza y maravilloso condensador de su modo de ser y de sus supremos anhelos, natural es que el carácter, prototipo de la raza, reuna en sí, aparte sus ingénitas cualidades individuales, los rasgos más característicos de su noble estirpe, y que en la lucha haga bizarro alarde de los rasgos fisionómicos de su familia y de sus gloriosos timbres.

El Florante y el Noli serán siempre las dos obras capitales de la raza; la primera, como obra serena en tiempos de paz, épica y filosófica a la vez, con relámpagos líricos y dramáticos y presagios de tempestad próxima; la segunda, como obra de transición y de batalla, y, por lo mismo, dramática por excelencia; la primera brillará siempre, tal vez, sin consideración al carácter del genio que la creó; pero la segunda, brillará y culminará precisamente por consideración al carácter puro y heroico de su autor; Florante será siempre clásico por la lengua, y popular, y su espíritu, el genio tutelar del hogar; pero Rizal, en quien ese espíritu y los rasgos característicos de su raza se encarnaron, será todavía más: ídolo y compendio de los dolores y anhelos de la raza: porque fortificó y consagró nuestra solidaridad nacional. Así la cadena de amor y siemprevivas de la gratitud nacional, constantemente renovadas sobre su tumba, serán perennes como las rosas eternas de la leyenda sobre la tumba de Tristán e Iseo.

Poesía como la de Balagtás es intraducible a otro idioma. Y así, los que siguieron el ejemplo del Dr. Rizal, los llamados precursores, y, en parte, los políticos de la presente generación, que al mismo tiempo son literatos conocedores del tagalo, airearon sus citas en la propia lengua de Balagtás. Rizal en primer lugar, que sólo hace una excepción: en el padre de Ibarra. Y ésto por ser español D. Pedro Eibarramendia, y aconsejar en castellano a su hijo. Y como Rizal, Marcelo H. del Pilar y Emilio Jacinto. Los versos más citados por los políticos son naturalmente los que reflejan noble indignación por los males de la patria, execran a los tiranos y predican la tolerancia religiosa y política, la moderación y la templanza en los actos del hombre.

Marcelo H. del Pilar, para confirmar su aseveración de que la sinceridad para con el pueblo es siempre vilipendiada, y el halago hipócrita, sahumado, dice: Talagang ganito ang nagtatapat sa bayan: siyang alimura.

at sa balang sucab na may asal hayop
magan~gong incienso ang isinusuob
.


(y a cada tartufo de bestial carácter

se sahuma con aromático pebete).

Versos que el traductor anónimo de La Visión de Fr. Rodríguez también cita.

Emilio Jacinto, en el capítulo El Pueblo y el Gobierno de su Liwanag at Dilim, cita:

caliluha't sama ang ulo,i, nan~gag tayo
at ang cabaita,i, quimi,t, nacayuco


(mientras los perversos y traidores yerguen la cabeza arrogantes,

andan los buenos avergonzados y cabizbajos).

Y en el capítulo El Trabajo, de la misma obra

ang laqui sa layao caraniua,i, hubad
sa bait at muni,t, sa hatol ay salat


(los que en las comodidades se crían

desnudos de discurso andan, y de consejo horros)

Rafael Palma cita los versos de los cuartetos 6 y 9 de la ofrenda A Celia, y del poema, los cuartetos 203, y los que describen la hermosura de Laura: 275, 277 y 278; y T.M. Kalaw, los dos primeros versos del cuarteto 263.

Casi no hay escritor u orador que no cite líneas del poema para ornar con relicario de oro sus escritos y discursos. Y es que en el Florante, dice Macario Adriático, "llora un corazón noble con el profundo y delicado sentimentalismo de nuestra raza.... En él cada dolor tiene su rima; una estrofa cada gemido de un pueblo desventurado, una doctrina el padre y enseñanza el hijo de familia. Y, en estos aciagos días para la patria (1901), el Florante nos ofrece una fiel descripción de los cuadros sociales y políticos, en tal forma que podremos decir que el autor había previsto desde hace medio siglo nuestra actual desventura.... Con un acento vigoroso y una dicción incomparable ya nos decía que en este pícaro mundo la iniquidad y la infamia llegan a sentarse en el trono de la injusticia para condenar a la virtud o ahogar el mérito, así como para ensalzar la traición y recompensar el crimen".

Mentamos la imposibilidad de una versión del poema en cualquier otra lengua. Y es que la mejor traducción, y más, en prosa, nunca reflejaría la hermosura real del original. La reducción, aun tratándose de un mismo idioma, a prosa, del dialecto poético, vuelve hiperbólico, manido y hasta grosero cuanto en verso es gracia, elegancia y originalidad. El traductor de buena fe hace a este propósito, inconscientemente lo que conscientemente hizo Voltaire a Corneille. "A cada momento, según Saint-Beuve, dice de Corneille que carece de gracia, elegancia, y claridad; mide, pluma en mano, la altura de las metáforas y, cuando las encuentra mayores que su medida, las llama gigantescas; pone en prosa las frases altivas y sonoras que tan bien parecen en los labios de los héroes y se pregunta si ésto es escribir y hablar francés". Llama groseramente solecismo a lo que debe calificarse de idiotismo, a lo que falta tan completamente en la lengua estrecha, simétrica, a la francesa, del siglo XVIII. Recuérdense los magníficos versos de la Epístola en que Corneille se glorifica después del triunfo del Cid. Voltaire ha osado decir de esta hermosa epístola: Parece escrita enteramente en el estilo de Regnier, sin gracia, sin elegancia, sin imaginación; pero se ve en ella facilidad y candidez. Comentario soberanamente injusto y revelador de una grande ignorancia de los verdaderos orígenes de la lengua francesa, dice el crítico citado, porque "el estilo de Corneille con todas sus negligencias es para nosotros el más hermoso estilo del siglo de Moliere y de Bossuet". Y ésto se dice de Voltaire, hombre de letras y poeta, al fin, de gusto refinadísimo, y "extraordinario hijo de las Delicias" según Diderot.

Los matices unidos a ciertos nombres, epítetos, giros idiomáticos y hasta a ciertas dicciones, según la colocación de las mismas en el discurso, desaparecen todas en una versión. Aquella hermosura secreta que Rizal sentía en la contemplación de nuestras cascadas y que no sentía con la vista del Niágara, ni de las alpinas, y que siente todo filipino en la lectura del Florante, es la que desaparece en la versión o desaparecerá, sea cual fuere, sin exceptuar la nuestra.

A sabiendas, pues, de la dificultad ya expuesta, hemos hecho la versión directa e íntegra del poema en prosa, únicamente para obedecer a un deber sagrado de información literaria, y para dar una ligerísima idea del contenido del poema a los desconocedores del tagalo, y provocar en ellos el estudio del mismo, para que puedan disfrutar directamente de las bellezas del poema, cual hicieron Rost, Kern, Meyer y Blumentritt, a instigaciones de Rizal, y los seglares y misioneros españoles, por propio o ajeno impulso.

Que sepamos, sólo existe una traducción completa inédita, hecha por Alejo Custodio a encargo de Barrantes; Rafael del Pan tradujo el poema en tercetos castellanos, y Rafael Palma en prosa, pero estas versiones rafaelinas se extraviaron. Traducciones parciales las hay en abundancia. Fr. Toribio Minguella tradujo, por vía de muestra, los cuatro primeros cuartetos del poema[42]; Rafael Palma, los cuartetos 15, 16, 17, 18, 148, 149 y 150[43]. T.M. Kalaw aprovecha y amplía los tres últimos cuartetos traducidos por Palma y traduce, además, los versos últimos del cuarteto 285[44]. Rizal, como se ha dicho por excepción, tradujo los tres versos del cuarteto 200[45], y finalmente el poeta Manuel Bernabé tradujo en verso toda la dedicatoria A Celia: 88 versos en conjunto[46].

Nuestra versión es casi literal, sin más libertad de nuestra parte que aquella necesaria para que la versión pueda leerse íntegra, con el menor número posible de hiperbatones, menores atragantamientos de sintaxis, giros idiomáticos y ayuntamientos impropios de palabras y frases. Enumeramos las estrofas y ajustamos la versión de manera que cada línea de prosa sea no más que la traducción del verso correspondiente, y donde fue posible, traduciendo palabra por palabra, epíteto por epíteto, teniendo por pauta conservar el sentido genuino del original.

Hemos querido reflejar también, tal vez con poca fortuna, cierta característica muy elegante del tagalo, pero que en castellano se vuelve obscura, vaga y hasta arbitraria de sintaxis, es a saber: el tránsito continuo y rápido de construcciones en singular y en segunda persona, a plural y tercera o impersonal, y que en tagalo se extiende a las simples dicciones castellanas tagalizadas. No se dice en tagalo, por ejemplo, "tu voz, la sala de tu casa, la vara de justicia", etc., sino voces, salas y varas. Dentro del hogar mismo y en la mayor familiaridad, la cortesía tagala impide que marido y mujer, hablando entre sí, se llamen por sus propios nombres, o por sus apodos. "Pase V. primero; adiós, o me despido de V.", en tagalo se pluralizan e impersonalizan los apelativos, manteniéndose el verbo en singular, así magdaan pô muna silá (ellos, ellas); paalam na pô sa kanilá (ellos, ellas). Véase el cuarteto 285. Florante apostrofa a Laura, y la dice:

¿Era todavía ésto ineficaz para atajar

tu inconsistencia y perversa inclinación?

y, a seguida, sin respirar, añade:

cual culmine en grandeza

tal tableteará cuando de bruces caiga.

Por este estilo, hallará bastante el lector dentro del poema, y todavía con mayor pronunciamiento idiotísmico, que en las cortes de justicia suele desesperar a los intérpretes oficiales. No está de más decir que el Dr. Rizal, fiel a esta manera y tradición tagala, y dentro de la más íntima familiaridad, solía hablar y escribir a sus parientes y amigos íntimos de la manera indicada. Son corrientes en sus cartas las siguientes expresiones: "Supongo que la Sra. Neneng ...; muchos afectos a Sra. Neneng ...; adjunto va una carta para Sra. Neneng". Y Neneng era su hermana Saturnina.

Confesamos que, no fuera por las razones arriba indicadas, hubiéramos rasgado nuestra versión, por ser los primeros en notar que, cuanto hay de más original y elegante en el tagalo, parece en nuestra versión lugar común o imitación, sin novedad de estilo.

Véase, p. e., estos versos de la estrofa 285

Cong ano ang taas n~g pagcadaquila
siya ring lagapac naman cong marapa

los cuales, en nuestro comentario al cuento La Tortuga y El Mono de Rizal en 1911, dijimos que eran equivalentes a "Cuanto mayor es la subida, tanto mayor es la descendida". "De gran subida, gran caída", refranes—según el Diccionario de la Academia Española—que advierten que, cuanto más eleva la fortuna a los hombres, suele ser mayor la caída. Hecha así la traducción, parecerá que los versos tagalos son no más que versión del refrán español, o del de Claudiano: Tolluntur in altum ut lapsu graviore ruant; pero no es así, porque son tagalos en pensamiento, giro y expresión: arrancan, por lo menos, desde el romance de La Tortuga, anterior a la conquista, y su moraleja ha alimentado todos los proverbios sobre la materia. He aquí los principales:

Anhin mo ang lan~git na di masasapit
mahan~ga,i, sa lupa na ualang pan~ganib.


(Que harás en el cielo do no se llega;

preferible es la tierra do peligros no hay).


Caya ipinacataastaas
nang domagondong ang lagpac


(Por eso se le subió tan alto

para que la caída fuese estrepitosa).


Magdalita ang niyog
houag magpapacalayog,
cong ang ouang ang omoc-oc,
maoobos pati obod.


(Que sufra el cocotero,

no se suba tan alto,

porque si el abejaruco le roe las entrañas

ni la médula dejarále).


Mataas man ang pahó
mayangba ang panonobo
ang doso rin ang lalot'
han~ginin ma,i, di maobo


(Aunque el
pajo
es talludo

y frondosamente
germina
,

aun así, aventájale el
doso

porque ni el viento le
descuaja
).

Primera variante

Mataas man ang pahó
malangba ang pagtobo
ang doso rin ang lalo't
han~gini di maobo.


(Aunque el pajo es talludo

y frondosamente crece,

aun así, aventájale el doso

porque ni el viento le descuaja).

Segunda variante

Mataas man ang paho
at malago cung tumubo,
ang doso din ang lalo
han~gin ma,i, di maquibo.


(Aunque el pajo es talludo

y frondosamente crece,

aun así, aventájale el doso,

porque ni el viento le
mueve
).

y más particularmente

Cung saan narapa,i, doon baban~gon

(Ahí donde cayó de bruces allí se levantará).

La primera muestra data de la conquista; las segunda y tercera son por lo menos del siglo XVII; el original de la que ha tenido dos variantes lo trae en 1712 el poeta tagalo D. Felipe de Jesús; la primera variante es del siglo XVIII, la segunda, del XIX, y la última, quizás date antes de la conquista, porque revela un modo de ser de la mujer filipina, que tiene mucho del fatalismo oriental, pues, con amor o sin amor, cualquier desliz suyo o violencia impúdica que se la haga, p.e., un beso a hurto y no consentido, la obliga al sacrificio de casarse con el hombre a quien no ama, y serle fiel de por vida. Balagtás recogió el pensamiento de estos proverbios, lo pintoresco de su expresión y su movimiento particular, dándole forma definitiva poética, y trascendencia.

Hemos enmendado nuestra versión de 1911 en esta forma

Cual culmine en grandeza

tal tableteará cuando de bruces caiga.

versión seguramente más ajustada al sentido, pero distante mil codos del original. Podemos multiplicar los casos, pero, como vulgarmente se dice, para muestra basta un botón. Por lo demás, esperamos que el texto de la versión será inteligible para todo lector, excepto el del 2.o y 4.o verso de la estrofa 12 A Celia, porque en el original está adrede en forma enigmática, cuya solución la dará el lector mismo, pues se trata de ciertos secretos de los amantes, secretos que los dioses mismos, para evitar la indiscreción de los hombres, solían velar con densa nube.



CASTELLANISMOS DEL POEMA

Entiéndase por castellanismos aquí no solamente las palabras netamente castellanas, sino aquellas que, siendo de uso universal, estén castellanizadas por la escritura, y por conducto hispano pasaron a la lengua tagala y de aquí al poema.

He aquí por orden alfabético, en baybayin filipino, estas palabras:

A.—adarga, adiós, Adolfo, Adonis, Adrasto, Aladín, Albania, alpa (arpa), Ali-Adab, altar, Antenor, Apolo, arcon, (halcón), arnés, Astrología, Atenas, Atropos, Aurora, Averno, ay.

B.—banda, baras (vara), basilisco, batalla. Beata, Briseo, buitre.

C.—cabayo (caballo), calis, campo, cárcel, casal (casar), cetro, ciprés, ciudad, Cocito, coleto, concejo, Conde, coral, corona, cristal, Crotona, Cupido.

D.—Diamante, Diana, dicho, Dios, dorado, Ducado, Duque.

E.—edad, Edipo, ejército, Embajador, Emir, Epiro, escuela, espada, esposo, estanque, estatua, Eteocles, Etolia.

F.—Fama, Febo, Filosofía, firma, Flérida, Florante, Floresca, Furias.

G.—General, Gentil, guerra, guerrero.

H.—hardin (jardín), harpía, hiena, higuera, houris (hurí).

I.—incienso.

L.—Laura, legua, león, letra, ley, Linceo, lira, lobo.

M.—maestro, máquina, Marte, Matemáticas, Medialuna, médico, Menalipo, Minandro, Miramolín, Monarca, Moro, Mundo, Musa, Música.

N.—Narciso, natural, Náyade, ninfa.

O.—O, oras (hora), oréades, orden, original, Osmanlic.

P.—palacio, papel, para, Paraíso, Parcas, perlas, Persia, pica, pincel, Pitaco, Pitón, pluma, plumaje, Plutón, Polinice, Princesa, Privado, Profeta.

Q.—quinta.

R.—real, reino, rubí.

S.—salas, santo, secta, sello, serpiente, sierpe, Segismundo, Sileno, sirena, soldado, Sultán.

T.—tanto, tigre, topacio, tono, tragedia, trigo, trono, turbante, turco, Turquía.

V.—vasallo, Venus, verdugo, verso, victoria, Viva, voces.

Y.—Yocasta.

Estas palabras, en su mayoría tagalizadas, son casi todas nombres propios de personas, de lugares y de cosas, imprescindibles, porque la acción pasa en Grecia y se trata de cosas de griegos y persas. Por esta razón, aunque algunas de ellas tienen equivalencia en tagalo, de propósito el autor ha hecho uso de ellas para adaptarlas a los personajes y cosas del poema. Tales palabras, decíamos más arriba, no harán siquiera 28 dodecasílabos de los 1708 de que consta el poema.

No todas pasaron al poema en su sentido genuino; algunas sí, otras, un tanto desviadas, y otras, hasta en sentido contrario.

Calis, tiene dos acepciones: la castellana y la tagala de espada. Úsanse ambas en el poema.

Lira, y tono úsanse solamente en la acepción castellana. Han adquirido ciudadanía en las letras tagalas, no sólo en el dialecto poético, sino también en prosa. Así:

Timuhan nang lira yaring abang auit (21. A Celia)

Taguinting nang Lirang catono nang auit (193. Poema)

Y con igual belleza en este verso de San Raymundo

ang pananagano ay tinutunohan.

Los derivados de tono se encuentran en muchos lugares del poema. En general, si no se trata de la lira de las musas, o del trovador, se suele decir, v. gr.: Ang caayaaya at cahimbing-himbing na man~ga tin~gig at pagaauit (Barlaan, pág. 547, 1837). Hablando de la serenata dada por Boanerges a Magdalena, dice el autor del Sa Mártir n~g Gólgota, que de los rodales percibíase ang cauili-uiling taguinting nang isang lirang tumutugtog nang isang auit (pág. 186. Icalauang Hati); y más adelante dice que la flauta de Boanerges sonaba de una manera tierna, dulce y doliente, maramdaming tuno (pág. 200).

Pincel, por pluma o cincel, es corriente en tagalo y hasta clásico. Así

Sa larauan guhit nang sa sintang pincel
cusang inilimbag sa puso,t, panimdim
(6.
A Celia
)

Aquí pincel es el cincel del grabador. Y cuando el ascético Florentino Ramírez dice: naquiquita mo na ang huling daan nang ualáng uastóng pincél na aquing ipinagguhit, el pincel es la pluma con que escribió su célebre Manga Sariling uicang mag-isá (pág. 140).

Algunas de ellas las acopla el autor, y entonces las tagaliza. No dice reino de Albania sino reinong Albania o Albaniang reino; no dice oreadas ninfas, sino oreadang ninfas. Aun las que van solas las tagaliza, y donde no, las incrusta de una manera tal que no hay modo de sustituirlas como no se desgarre el verso donde se hallan y hasta toda la cuarteta, y todavía el resultado sería dudoso. Las palabras y los epítetos del poema son únicos en tagalo. No en vano advirtió al lector que no tocase verso suyo, que lo dulce y sabroso trocaría en salobre. Tan rico es el tagalo, que será fácil hallar sinónimos de sus términos en el sentido, pero sinónimos en el sentido, ritmo y armonías inefables, imposible.

Para, no viene de para propiamente, sino de parejo, en el sentido de como, semejante, igual, etc. En tagalo tiene los juegos y formas de una palabra autóctona. Ya Pinpín la usó así: paran yysa na ang loob; hindirin macapapara dito sa ysang yto; paran laman yto, at ang yba'y, cabalatcayohan lamang; lahat ay paraparang macaalam (Prólogo de su Librong ... 1610). Así en estos octosílabos de Fr. Pedro Herrera, Horacio tagalo según Gaspar de S. Agustín

Magcasising parapara
...

Loob mong ualang capara
...

Bagsic mo,i, ualang capara
... (
Meditaciones
...

1645)

Es palabra muy usada en los vocabularios y en todo lo largo de la literatura tagala, especialmente en la popular Pasión. Balagtás la usa, además, en lugar de su sinónimo gaya

Parang naririn~gig co ang lagui mong uicá
(12.
A Celia
)

Para nang panaghoy nang nananambitan
(99.
Poema
)

También se usa en su sentido genuino en el lenguaje familiar. Ito'y para sa iyó; para sa kaniyá, esto para tí; para él.

Tantô, también se ha hecho ya clásico, así en prosa como en verso, y tiene todos los juegos de una dicción autóctona desde Herrera, que escribió

Sa manga casi mong tanto
mabubuncat mandin tanto
(Meditaciones)

hasta Balagtás

Di mo tanto yaring binabatang hirap
(154)

Hindi quinucusa,i, tantong nacatulog
(160)

Iyong natatantó ang aquing paglin~gap
(171)

Letra, úsase en el poema en dos acepciones. Como carácter del alfabeto, baybayin, y en el sentido de carta. En el primer sentido:

Punó nang n~galan mong isang letrang L
(48)

Na ang balang letra,i, iuang may camandág
(232)

En sentido de carta:

Patay na dinampot sa aquing paghasa
niyaong letrang titic nang biquig na pluma
(236)

Arnés, úsase en lugar de esgrima, principalmente de espada y daga, y no como armadura defensiva, guarnición o utensilio de caza. Así dice:

Larong bunó,t, arnés na quinaquitaan (223)

y, sobre todo, cuando describe la manera como Aladín acometió y dio muerte a los leones:

Cong ipamilantic and canang pamatay,
at saca isalag and pang-adyang camay
(135)

descripción la más acabada de la esgrima popular en el país, espada y daga, e incluso de las batallas de moro-moro. Los botes de lanza o de arma enastada en el escenario filipino suelen llamarse torneo.

Con todo, Balagtás es el que menos se aparta del sentido genuino o corriente de las palabras castellanas, a diferencia del común uso familiar y popular. Filósofo, p.e., desde la publicación del Si tandang Basiong Macunat, y poco antes de la revolución del 96, es la palabra más sangrienta y cáustica que puede aplicarse a un filipino: equivale al hambuguero del país. En cambio bellaco y bellaca nada tienen de infamante, sino lo que hay para enlabiar al más inflado; bellaco es un a modo de Boanerges filipino, y bellaca, la misma princesa Micomicona hecha poetisa. Esto en los duplos, o sea, en las justas poéticas familiares que ocurren durante el novenario de difuntos. Sin fuerza, p.e., significa precisamente lo contrario de lo que indica. Kinuha si Juan n~g sin fuerza, quiere decir: Juan fue aprehendido por la fuerza armada, y con armas de fuego precisamente. Por regla general, el caló filipino, el uso vulgar y el familiar suelen desnaturalizar las palabras de origen hispano, no así el uso literario, tanto en prosa como en verso. Aniceto de la Merced, p.e., tagaliza "fuerza" dándola el sentido originario en

finuerza ang ca-uri (Pasión, pág. 90)

Por lo demás, con excepción de los nombres de personas, de animales y lugares, las palabras castellanas usadas por Balagtás ya habían adquirido, con anterioridad a su época, cédula de ciudadanía. Así adiós, arpa, caballo, cárcel, coral, dicho, Dios, escuela, espada, estatua, filosofía, jardín, legua, maestro, médico, música, original, papel, para, perlas, pincel, pluma, sala, santo, sello, vara, verdugo, y verso, etc., son corrientes en tagalo.

Añadiremos que, para tagalizar estas palabras, algunas cambian de letra, y a otras, o se les quita o se les añade una o más letras y con acentuación diferente como alpà por arpa; arcon por halcón; cabayo por caballo; casal por casar; Minandro por Menandro; hardin por jardín; houris por hurí; y otras se pluralizan como baras por vara; corales por coral, oras por hora; salas por sala y voces por voz, etc., etc.