PERSONAS

D. FÉLIX DE MONTEMAR
D. DIEGO DE PASTRANA
SEIS JUGADORES

435

En derredor de una mesa

Hasta seis hombres están,

Fija la vista en los naipes,

Mientras juegan al parar;

Y en sus semblantes se pintan

440

El despecho y el afán:

Por perder desesperados,

Avarientos por ganar.

Reina profundo silencio,

Sin que lo rompa jamás

445

Otro ruido que el del oro,

O una voz para jurar.

Pálida lámpara alumbra

Con trémula claridad

Negras de humo las paredes

450

De aquella estancia infernal.

Y el misterioso bramido

Se escucha del huracán,

Que azota los vidrios frágiles

Con sus alas al pasar.

ESCENA I

JUGADOR PRIMERO

455

El caballo aun no ha salido.

JUGADOR SEGUNDO

¿Qué carta vino?

JUGADOR PRIMERO

La sota.

JUGADOR SEGUNDO

Pues por poco se alborota.

JUGADOR PRIMERO

Un caudal llevo perdido.

¡Voto a Cristo!

JUGADOR SEGUNDO

No juréis,

460

Que aun no estáis en la agonía.

JUGADOR PRIMERO

No hay suerte como la mía.

JUGADOR SEGUNDO

¿Y como cuánto perdéis?

JUGADOR PRIMERO

Mil escudos y el dinero

Que Don Félix me entregó.

JUGADOR SEGUNDO

¿Dónde anda?

JUGADOR PRIMERO

465

¡Qué sé yo!

No tardará.

JUGADOR TERCERO

Envido.

JUGADOR PRIMERO

Quiero.

ESCENA II

Galán de talle gentil,

La mano izquierda apoyada

En el pomo de la espada,

470

Y el aspecto varonil,

Alta el ala del sombrero

Porque descubra la frente,

Con airoso continente

Entró luego un caballero.

JUGADOR PRIMERO (al que entra)

475

Don Félix, a buena hora

Habéis llegado.

D. FÉLIX

¿Perdisteis?

JUGADOR PRIMERO

El dinero que me disteis

Y esta bolsa pecadora.

JUGADOR SEGUNDO

Don Félix de Montemar

480

Debe perder. El amor

Le negara su favor

Cuando le viera ganar.

D. FÉLIX (con desdén)

Necesito ahora dinero,

Y estoy hastiado de amores.

(Al corro con altivez)

485

Dos mil ducados, señores,

Por esta cadena quiero.

(Quítase una cadena que lleva al pecho.)

JUGADOR TERCERO

Alta ponéis la tarifa.

D. FÉLIX (con altivez)

La pongo en lo que merece.

Si otra duda se os ofrece,

490

Decid. (Al corro)

Se vende y se rifa.

JUGADOR CUARTO (aparte)

¿Y hay quien sufra tal afrenta?

D. FÉLIX

Entre cinco están hallados.

A cuatrocientos ducados

Os toca, según mi cuenta.

495

Al as de oros. Allá va.

(Va echando cartas que toman los jugadores en silencio.)

Una, dos ... (Al perdidoso)

Con vos no cuento.

JUGADOR PRIMERO

Por el motivo lo siento.

JUGADOR TERCERO

¡El as! ¡el as! aquí está.

JUGADOR PRIMERO

Ya ganó.

D. FÉLIX

Suerte tenéis.

500

A un solo golpe de dados

Tiro los dos mil ducados.

JUGADOR TERCERO

¿En un golpe?

JUGADOR PRIMERO (a Don Félix)

Los perdéis.

D. FÉLIX

Perdida tengo yo el alma,

Y no me importa un ardite.

JUGADOR TERCERO

Tirad.

D. FÉLIX

505

Al primer envite.

JUGADOR TERCERO

Tirad pronto.

D. FÉLIX

Tened calma:

Que os juego más todavía,

Y en cien onzas hago el trato,

Y os lleváis este retrato

510

Con marco de pedrería.

JUGADOR TERCERO

¿En cien onzas?

D. FÉLIX

¿Qué dudáis?

JUGADOR PRIMERO (tomando el retrato)

¡Hermosa mujer!

JUGADOR CUARTO

No es caro.

D. FÉLIX

¿Queréis pararlas?

JUGADOR TERCERO

Las paro.

Más ganaré.

D. FÉLIX

Si ganáis, (Se registra todo.)

515

No tengo otra joya aquí.

JUGADOR PRIMERO (mirando el retrato)

Si esta imagen respirara....

D. FÉLIX

A estar aquí, la jugara

A ella, al retrato y a mí.

JUGADOR TERCERO

Vengan los dados.

D. FÉLIX

Tirad.

JUGADOR SEGUNDO

520

Por Don Félix cien ducados.

JUGADOR CUARTO

En contra van apostados.

JUGADOR QUINTO

Cincuenta más. Esperad,

No tiréis.

JUGADOR SEGUNDO

Van los cincuenta.

JUGADOR PRIMERO

Yo, sin blanca, a Dios le ruego

Por Don Félix.

JUGADOR QUINTO

525

Hecho el juego.

JUGADOR TERCERO

¿Tiro?

D. FÉLIX

Tirad con sesenta

De a caballo.

(Todos se agrupan con ansiedad al rededor de la mesa. El tercer jugador tira los dados.)

JUGADOR CUARTO

¿Qué ha salido?

JUGADOR SEGUNDO

¡Mil demonios, que a los dos

Nos lleven!

D. FÉLIX (con calma al primero)

¡Bien, vive Dios,

530

Vuestros ruegos me han valido!

Encomendadme otra vez,

Don Juan, al diablo; no sea

Que si os oye Dios, me vea

Cautivo y esclavo en Fez.

JUGADOR TERCERO

535

Don Félix, habéis perdido

Sólo el marco, no el retrato;

Que entrar la dama en el trato

Vuestra intención no habrá sido.

D. FÉLIX

¿Cuánto dierais por la dama?

JUGADOR TERCERO

540

Yo, la vida.

D. FÉLIX

No la quiero.

Mirad si me dais dinero,

Y os la lleváis.

JUGADOR TERCERO

¡Buena fama

Lograréis entre las bellas,

Cuando descubran altivas

545

Que vos las hacéis cautivas

Para en seguida vendellas!

D. FÉLIX

Eso a vos no importa nada.

¿Queréis la dama? Os la vendo.

JUGADOR TERCERO

Yo de pinturas no entiendo.

D. FÉLIX (con cólera)

550

Vos habláis con demasiada

Altivez e irreverencia

De una mujer ... ¡y si no....!

JUGADOR TERCERO

De la pintura hablé yo.

TODOS

Vamos, paz; no haya pendencia.

D. FÉLIX (sosegado)

555

Sobre mi palabra os juego

Mil escudos.

JUGADOR TERCERO

Van tirados.

D. FÉLIX

A otra suerte de esos dados;

Y el diablo les prenda fuego.

ESCENA III

Pálido el rostro, cejijunto el ceño,

560

Y torva la mirada, aunque afligida,

Y en ella un firme y decidido empeño

De dar la muerte o de perder la vida,

Un hombre entró embozado hasta los ojos,

Sobre las juntas cejas el sombrero;

565

Víbrale al rostro el corazón enojos,

El paso firme, el ánimo altanero.

Encubierta fatídica figura.—

Sed de sangre su espíritu secó,

mponzoñó su alma la amargura,

570

La venganza irritó su corazón.

Junto a Don Félix llega, y, desatento,

No habla a ninguno, ni aun la frente inclina;

Y en pie y delante de él y el ojo atento,

Con iracundo rostro le examina.

575

Miró también Don Félix al sombrío

Huésped que en él los ojos enclavó,

Y con sarcasmo desdeñoso y frío,

Fijos en él los suyos, sonrïó.

D. FÉLIX

Buen hombre, ¿de qué tapiz

580

Se ha escapado—el que se tapa—

Que entre el sombrero y la capa

Se os ve apenas la nariz?

D. DIEGO

Bien, Don Félix, cuadra en vos

Esa insolencia importuna.

D. FÉLIX (al tercer jugador sin hacer caso de Don Diego)

585

Perdisteis.

JUGADOR TERCERO

Sí. La fortuna

Se trocó; tiro y van dos. (Vuelven a tirar.)

D. FÉLIX

Gané otra vez. (Al embozado)

No he entendido

Qué dijisteis, ni hice aprecio

De si hablasteis blando o recio

590

Cuando me habéis respondido.

D. DIEGO

A solas hablar querría.

D. FÉLIX

Podéis, si os place, empezar,

Que por vos no he de dejar

Tan honrosa compañía;

595

Y si Dios aquí os envía

Para hacer mi conversión,

No despreciéis la ocasión

De convertir tanta gente,

Mientras que yo humildemente

600

Aguardo mi absolución.

D. DIEGO (desembozándose con ira)

Don Félix, ¿no conocéis

A Don Diego de Pastrana?

D. FÉLIX

A vos no, mas sí a una hermana

Que imagino que tenéis.

D. DIEGO

605

¿Y no sabéis que murió?

D. FÉLIX

Téngala Dios en su gloria.

D. DIEGO

Pienso que sabéis su historia,

Y quién fué quien la mató.

D. FÉLIX (con sarcasmo)

¡Quizá alguna calentura!

D. DIEGO

¡Mentís vos!

610

D. FÉLIX

Calma, Don Diego,

Que si vos os morís luego,

Es tanta mi desventura

Que aun me lo habrán de achacar,

Y es en vano ese despecho.

615

Si se murió, a lo hecho, pecho.

Ya no ha de resucitar.

D. DIEGO

Os estoy mirando y dudo

Si habré de manchar mi espada

Con esa sangre malvada,

620

O echaros al cuello un nudo

Con mis manos, y con mengua,

En vez de desafïaros,

El corazón arrancaros

Y patearos la lengua;

625

Que un alma, una vida, es

Satisfacción muy ligera,

Y os diera mil si pudiera

Y os las quitara después.

Jugo a mi labio han de dar

630

Abiertas todas tus venas,

Que toda tu sangre apenas

Basta mi sed a calmar.

¡Villano!

(Tira de la espada; todos los jugadores se interponen.)

TODOS

Fuera de aquí

A armar quimera.

D. FÉLIX (con calma levantándose)

Tened,

635

Don Diego, la espada, y ved

Que estoy yo muy sobre mí,

Y que me contengo mucho,

No sé por qué, pues tan frío

En mi colérico brío

640

Vuestras injurias escucho.

D. DIEGO (con furor reconcentrado y con la espada desnuda)

Salid de aquí; que a fe mía,

Que estoy resuelto a mataros,

Y no alcanzara a libraros

La misma Virgen María.

645

Y es tan cierta mi intención,

Tan resuelta está mi alma,

Que hasta mi cólera calma

Mi firme resolución.

Venid conmigo.

D. FÉLIX

Allá voy;

650

Pero si os mato, Don Diego,

Que no me venga otro luego

A pedirme cuenta. Soy

Con vos al punto. Esperad

Cuente el dinero ... uno ... dos....

(A Don Diego)

655

Son mis ganancias; por vos

Pierdo aquí una cantidad

Considerable de oro

Que iba a ganar ... ¿y por qué?

Diez ... quince ... por no sé qué

660

Cuento de amor ... ¡un tesoro

Perdido! ... voy al momento.

Es un puro disparate

Empeñarse en que yo os mate:

Lo digo como lo siento.

D. DIEGO

665

Remiso andáis y cobarde

Y hablador en demasía.

D. FÉLIX

Don Diego, más sangre fría.

Para reñir nunca es tarde.

Y si aun fuera otro el asunto,

670

Yo os perdonara la prisa.

Pidierais vos una misa

Por la difunta, y al punto....

D. DIEGO

¡Mal caballero!...

D. FÉLIX

Don Diego,

Mi delito no es gran cosa.

675

Era vuestra hermana hermosa;

La vi, me amó, creció el juego,

Se murió, no es culpa mía;

Y admiro vuestro candor,

Que no se mueren de amor

680

Las mujeres hoy en día.

D. DIEGO

¿Estáis pronto?

D. FÉLIX

Están contados.

Vamos andando.

D. DIEGO (con voz solemne)

¿Os reís?

Pensad que a morir venís.

D. FÉLIX (sale tras de él, embolsándose el dinero con indiferencia)

Son mil trescientos ducados.

ESCENA IV

LOS JUGADORES

JUGADOR PRIMERO

685

Este Don Diego Pastrana

Es un hombre decidido.

Desde Flandes ha venido

Sólo a vengar a su hermana.

JUGADOR SEGUNDO

¡Pues no ha hecho mal disparate!

690

Me da el corazón su muerte.

JUGADOR TERCERO

¿Quién sabe? acaso la suerte....

JUGADOR CUARTO

Me alegraré que lo mate.

PARTE CUARTA

Salió, en fin, de aquel estado, para caer en el
dolor más sombrío, en la más desalentada desesperación
y en la mayor amargura y desconsuelo
que pueden apoderarse de este pobre corazón
humano, que tan positivamente choca y se quebranta
con los males, como con vaguedad aspira
en algunos momentos, casi siempre sin conseguirlo,
a tocar los bienes ligeramente y de pasada.—"La
protección de un sastre," novela original
por D. MIGUEL DE LOS SANTOS ÁLVAREZ

SPIRITUS QUIDEM PROMPTUS EST; CARO
VERO INFIRMA.—S. MARCOS, "Evangelio"
















Vedle, Don Félix es, espada en mano,

Sereno el rostro, firme el corazón;

695

También de Elvira el vengativo hermano

Sin piedad a sus pies muerto cayó.

Y con tranquila audacia se adelanta

Por la calle fatal del Ataúd;

Y ni medrosa aparición le espanta,

700

Ni le turba la imagen de Jesús.

La moribunda lámpara que ardía

Trémula lanza su postrer fulgor,

Y, en honda oscuridad, noche sombría

La misteriosa calle encapotó.

705

Mueve los pies el Montemar osado

En las tinieblas con incierto giro,

Cuando, ya un trecho de la calle andado,

Súbito junto a él oye un suspiro.

Resbalar por su faz sintió el aliento,

710

Y a su pesar sus nervios se crisparon;

Mas, pasado el primero movimiento,

A su primera rigidez tornaron.

«¿Quién va?» pregunta con la voz serena.

Que ni finge valor, ni muestra miedo,

715

El alma de invencible vigor llena,

Fïado en su tajante de Toledo.

Palpa en torno de sí, y el impio jura,

Y a mover vuelve la atrevida planta,

Cuando hacia él fatídica figura

720

Envuelta en blancas ropas se adelanta.

Flotante y vaga, las espesas nieblas

Ya disipa, y se anima, y va creciendo

Con apagada luz, ya en las tinieblas

Su argentino blancor va apareciendo.

725

Ya leve punto de luciente plata,

Astro de clara lumbre sin mancilla,

El horizonte lóbrego dilata

Y allá en la sombra en lontananza brilla.

Los ojos, Montemar, fijos en ella,

730

Con más asombro que temor la mira;

Tal vez la juzga vagorosa estrella

Que en el espacio de los cielos gira;

Tal vez engaño de sus propios ojos,

Forma falaz que en su ilusión creó,

735

O del vino ridículos antojos

Que al fin su juicio a alborotar subió.

Mas el vapor del néctar jerezano

Nunca su mente a trastornar bastara,

Que ya mil veces embriagarse en vano

740

En frenéticas orgias intentara.

«Dios presume asustarme; ¡ojalá fuera»,

Dijo entre sí riendo, «el diablo mismo!

Que entonces ¡víve Dios! quién soy supiera

El cornudo monarca del abismo.»

745

Al pronunciar tan insolente ultraje

La lámpara del Cristo se encendió,

Y una mujer, velada en blanco traje,

Ante la imagen de rodillas vió.

«Bienvenida la luz,» dijo el impío,

750

«Gracias a Dios o al diablo;» y, con osada,

Firme intención y temerario brío,

El paso vuelve a la mujer tapada.

Mientras él anda, al parecer se alejan

La luz, la imagen, la devota dama;

755

Mas si él se pára, de moverse dejan;

Y lágrima tras lágrima derrama

De sus ojos inmóviles la imagen.

Mas sin que el miedo ni el dolor que inspira

Su planta audaz, ni su impiedad atajen,

760

Rostro a rostro a Jesús Montemar mira.

—La calle parece se mueve y camina,

Faltarle la tierra sintió bajo el pie;

Sus ojos la muerta mirada fascina

Del Cristo, que intensa clavada está en él.

765

Y en medio el delirio que embarga su mente,

Y achaca él al vino que al fin le embriagó,

La lámpara alcanza con mano insolente

Del ara do alumbra la imagen de Dios;

Y al rostro la acerca, que el cándido lino

770

Encubre, con ánimo asaz descortés;

Mas la luz apaga viento repentino,

Y la blanca dama se puso de pie.

Empero un momento creyó que veía

Un rostro que vagos recuerdos quizá

775

Y alegres memorias confusas traía

De tiempos mejores que pasaron ya,

Un rostro de un ángel que vió en un ensueño,

Como un sentimiento que el alma halagó,

Que anubla la frente con rígido ceño,

780

Sin que lo comprenda jamás la razón.

Su forma gallarda dibuja en las sombras

El blanco ropaje que ondeante se ve,

Y cual si pisara mullidas alfombras,

Deslízase leve sin ruido su pie.

785

Tal vimos al rayo de la luna llena

Fugitiva vela de lejos cruzar,

Que ya la hinche en popa la brisa serena,

Que ya la confunde la espuma del mar.

También la esperanza blanca y vaporosa

790

Así ante nosotros pasa en ilusión,

Y el alma conmueve con ansia medrosa

Mientras la rechaza la adusta razón.

D. FÉLIX

«¡Qué! ¿sin respuesta me deja?

¿No admitís mi compañía?

795

¿Será quizá alguna vieja

Devota?... ¡Chasco sería!

En vano, dueña, es callar,

Ni hacerme señas que no;

He resuelto que sí yo,

800

Y os tengo de acompañar.

Y he de saber dónde vais

Y si sois hermosa o fea,

Quién sois y cómo os llamáis,

Y aun cuando imposible sea,

805

Y fuerais vos Satanás

Con sus llamas y sus cuernos,

Hasta en los mismos infiernos,

Vos delante y yo detrás,

Hemos de entrar; ¡vive Dios!

810

Y aunque lo estorbara el cielo,

Que yo he de cumplir mi anhelo

Aun a despecho de vos;

Y perdonadme, señora,

Si hay en mi empeño osadía,

815

Mas fuera descortesía

Dejaros sola a esta hora;

Y me va en ello mi fama,

Que juro a Dios no quisiera

Que por temor se creyera

820

Que no he seguido a una dama.»

Del hondo del pecho profundo gemido,

Crujido del vaso que estalla al dolor,

Que apenas medroso lastima el oído,

Pero que punzante rasga el corazón,

825

Gemido de amargo recuerdo pasado,

De pena presente, de incierto pesar,

Mortífero aliento, veneno exhalado

Del que encubre el alma ponzoñoso mar,

Gemido de muerte lanzó, y silenciosa

830

La blanca figura su pie resbaló,

Cual mueve sus alas sílfide amorosa

Que apenas las aguas del lago rizó.

¡Ay! el que vió acaso perdida en un día

La dicha que eterna creyó el corazón,

835

Y en noche de nieblas y en honda agonía

En un mar sin playas muriendo quedó!...

Y solo y llevando consigo en su pecho,

Compañero eterno su dolor crüel,

El mágico encanto del alma deshecho,

840

Su pena, su amigo y su amante más fiel;

¡Miró sus suspiros llevarlos el viento,

Sus lágrimas tristes perderse en el mar,

Sin nadie que acuda ni entienda su acento,

Insensible el cielo y el mundo a su mal!

845

Y ha visto la luna brillar en el cielo

Serena y en calma mientras él lloró,

Y ha visto los hombres pasar en el suelo

Y nadie a sus quejas los ojos volvió!

Y él mismo, la befa del mundo temblando,

850

Su pena en su pecho profunda escondió,

Y dentro en su alma su llanto tragando

Con falsa sonrisa su labio vistió!!...

¡Ay! quien ha contado las horas que fueron,

Horas otro tiempo que abrevió el placer,

855

Y hoy solo y llorando piensa como huyeron

Con ellas por siempre las dichas de ayer;

Y aquellos placeres, que el triste ha perdido,

No huyeron del mundo, que en el mundo están;

Y él vive en el mundo do siempre ha vivido,

860

Y aquellos placeres para él no son ya!

¡Ay del que descubre por fin la mentira!

¡Ay del que la triste realidad palpó!

Del que el esqueleto de este mundo mira,

Y sus falsas galas loco le arrancó!...

865

¡Ay de aquel que vive sólo en lo pasado!

¡Ay del que su alma nutre en su pesar!

Las horas que huyeron llamará angustiado,

Las horas que huyeron jamás tornarán!...

Quien haya sufrido tan bárbaro duelo,

870

Quien noches enteras contó sin dormir

En lecho de espinas, maldiciendo al cielo,

Horas sempiternas de ansiedad sin fin....

Quien haya sentido quererse del pecho

Saltar a pedazos roto el corazón,

875

Crecer su delirio, crecer su despecho,

Al cuello cien nudos echarle el dolor,

Ponzoñoso lago de punzante hielo,

Sus lágrimas tristes que cuajó el pesar,

Reventando ahogarle, sin hallar consuelo,

880

Ni esperanza nunca, ni tregua en su afán.

Aquél, de la blanca fantasma el gemido,

Única respuesta que a Don Félix dió,

Hubiera, y su inmenso dolor, comprendido,

Hubiera pesado su inmenso valor.

D. FÉLIX

885

«Si buscáis algún ingrato,

Yo me ofrezco agradecido;

Pero o miente ese recato,

O vos sufrís el mal trato

De algún celoso marido.

890

¿Acerté? ¡Necia manía!

Es para volverme loco,

Si insistís en tal porfía;

Con los mudos, reina mía,

Yo hago mucho y hablo poco.»

895

Segunda vez importunada en tanto,

Una voz de süave melodía

El estudiante oyó que parecía

Eco lejano de armonioso canto,