Montemar, atento sólo a su aventura,
Que es bella la dama y aun fácil juzgó,
Y la hora, la calle y la noche oscura
Nuevos incentivos a su pecho son.
La vida es la vida: cuando ella se acaba,
Acaba con ella también el placer.
¿De inciertos pesares por qué hacerla esclava?
Para mí no hay nunca mañana ni ayer.
Y una calle y otra cruzan,
Y más allá y más allá;
Ni tiene término el viaje,
965Ni nunca dejan de andar.
Y atraviesan, pasan, vuelven,
Cien calles quedando atrás,
Y paso tras paso siguen,
Y siempre adelante van;
970Y a confundirse ya empieza
Y a perderse Montemar,
Que ni sabe a dó camina,
Ni acierta ya dónde está;
Y otras calles, otras plazas
975Recorre, y otra ciudad,
Y ve fantásticas torres
De su eterno pedestal
Arrancarse, y sus macizas,
Negras masas caminar,
980Apoyándose en sus ángulos,
Que en la tierra en desigual,
Perezoso tranco fijan;
Y a su monótono andar,
Las campanas sacudidas
985Misteriosos dobles dan,
Mientras en danzas grotescas,
Y al estruendo funeral,
En derredor cien espectros
Danzan con torpe compás;
990Y las veletas sus frentes
Bajan ante él al pasar,
Los espectros le saludan,
Y en cien lenguas de metal,
Oye su nombre en los ecos
995De las campanas sonar.
Mas luego cesa el estrépito,
Y en silencio, en muda paz
Todo queda, y desparece
De súbito la ciudad:
1000Palacios, templos, se cambian
En campos de soledad,
Y en un yermo y silencioso,
Melancólico arenal,
Sin luz, sin aire, sin cielo,
1005Perdido en la inmensidad.
Tal vez piensa que camina,
Sin poder parar jamás,
De extraño empuje llevado
Con precipitado afán;
1010Entretanto que su guía,
Delante de él sin hablar,
Sigue misteriosa, y sigue
Con paso rápido, y ya
Se remonta ante sus ojos
1015En alas del huracán,
Visión sublime, y su frente
Ve fosfórica brillar
Entre lívidos relámpagos
En la densa oscuridad,
1020Sierpes de luz, luminosos
Engendros del vendaval;
Y cuando duda si duerme,
Si tal vez sueña o está
Loco, si es tanto prodigio,
1025Tanto delirio verdad,
Otra vez en Salamanca
Súbito vuélvese a hallar,
Distingue los edificios,
Reconoce en dónde está,
1030Y en su delirante vértigo
Al vino vuelve a culpar,
Y jura, y siguen andando,
Ella delante, él detrás.
Llegó de Don Félix luego a los oídos,
Y luego cien luces a lo lejos vió,
Y luego en hileras largas divididos,
Vió que murmurando con lúgubre voz
Así en tardos pasos, todos murmurando,
El lúgubre entierro ya cerca llegó,
Y la blanca dama, devota rezando,
Entrambas rodillas en tierra dobló.
Diciendo así, soltó una carcajada,
Y las espaldas con desdén volvió;
Se hizo el bigote, requirió la espada,
Y a la devota dama se acercó.
Y alzó los suyos impaciente al cielo,
Y rechinó los dientes y maldijo,
Y, en él creciendo el infernal anhelo,
Con voz de enojo blasfemando dijo:
Segundo Lucifer que se levanta
Del rayo vengador la frente herida,
1255Alma rebelde que el temor no espanta,
Hollada sí, pero jamás vencida:
El hombre, en fin, que en su ansiedad quebranta
Su límite a la cárcel de la vida,
Y a Dios llama ante él a darle cuenta,
1260Y descubrir su inmensidad intenta.
Mágico embeleso,
Cántico ideal,
1415Que en los aires vaga
Y en sonoras ráfagas
Aumentado va;
Sublime y oscuro,
Rumor prodigioso,
1420Sordo acento lúgubre,
Eco sepulcral,
Músicas lejanas,
De enlutado parche
Redoble monótono,
1425Cercano huracán,
Que apenas la copa
Del árbol menea
Y bramando está;
Olas alteradas
1430De la mar bravía
En noche sombría,
Los vientos en paz,
Y cuyo rugido
Se mezcla al gemido
1435Del muro que trémulo
Las siente llegar;
Pavoroso estrépito,
Infalible présago
De la tempestad.
Y algazara y gritería,
Crujir de afilados huesos,
1450Rechinamiento de dientes
Y retemblar los cimientos,
Y en pavoroso estallido
Las losas del pavimento
Separando sus junturas
1455Irse poco a poco abriendo,
Siente Montemar; y el ruido
Más cerca crece, y a un tiempo
Escucha chocarse cráneos,
Ya descarnados y secos,
1460Temblar en torno la tierra,
Bramar combatidos vientos,
Rugir las airadas olas,
Estallar el ronco trueno,
Exhalar tristes quejidos
1465Y prorrumpir en lamentos:
Todo en furiosa armonía,
Todo en frenético estruendo,
Todo en confuso trastorno,
Todo mezclado y diverso.
Y de pronto en horrendo estampido
Desquiciarse la estancia sintió,
Y al tremendo tartáreo ruido
Cien espectros alzarse miró:
Galvánica, crüel, nerviosa y fría,
Histérica y horrible sensación,
Toda la sangre coagulada envía
Agolpada y helada al corazón....
Se acerca y le dice, su diestra tendida,
Que impávido estrecha también Montemar:
«—Al fin, la palabra, que disteis, cumplida,
Doña Elvira, vedla, vuestra esposa es ya;
«Cualquiera o entrambos con su corte toda,
Estando estos nobles espectros aquí,
No perdiera mucho viniendo a mi boda....
Hermano Don Diego, ¿no pensáis así?»