EL TRATO DE ARGEL

COMEDIA

DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

INTERLOCUTORES.

AURELIO.
SEBASTIAN.
SAAVEDRA.
PEDRO ALVAREZ.
FRANCISCO Y JUAN: muchachos.
SU PADRE Y MADRE.
SILVIA. Todos cautivos.
FATIMA, Y ZARA: moras.
LA NECESIDAD.
LA OCASION.
UN DEMONIO.
IZUF: Rey de Argel, moro.
BAYRAN: moro.
OTRO MORO.
UN CAUTIVO, que se va.
DOS MERCADERES.
UN PREGONERO.
UN LEON.


JORNADA I.


AURELIO, FATIMA, ZARA, SAAVEDRA, SEBASTIAN, PEDRO ALVAREZ,
cautivos todos tres
.

AURELIO.

Triste y miserable estado,
Dura esclavitud amarga,
Donde es la pena tan larga
Quan corto el bien y abreviado!
O purgatorio en la vida,
Infierno puesto en el mundo,
Mal que no tiene sigundo,
Estrecho do no hay salida,
Cifra de quanto dolor
Se reparte en los dolores,
Daño, que entre los mayores
Se ha de tener por mayor,
Necesidad increible,
Muerte creible y palpable,
Trato misero intratable,
Mal visible é invisible,
Toque, que nuestra conciencia
Descubre si es valerosa,
Pobre vida trabajosa,
Retrato de penitencia!
Callese aqueste tormento,
Que segun me es enemigo
No llegará lo que digo
A un punto de lo que siento.
Ponderese mi dolor
Con decir, bañado en lloros,
Que mi cuerpo está entre moros,
Y el alma en poder de amor.
Del cuerpo y alma es mi pena,
El cuerpo ya veis qual va,
El alma rendida está
A la amorosa cadena.
Pense yo que no tenia
Amor poder entre esclavos;
Mas en mí sus recios clavos
Muestra mas su gallardìa.
Qué buscas en la miseria,
Amor, de gente cautiva?
Dexala que muera ó viva
Con su pobreza y laceria.
No ves que el hilo se corta
De esa tu amorosa estambre
Aqui con sed y con hambre
A la larga ó á la corta?
Mas creo, pues no has querido
Olvidarme en este estrecho,
Que has visto sano mi pecho,
Aunque tan roto el vestido.
Desde agora claro entiendo
Que el poder que en tí se encierra,
Abraza el cielo y la tierra,
Y mas que no comprehendo.
Una cosa te pidiera,
Si en esa tu condicion
Una sombra de razon
Por entre mil sombras viera,
Y es, que pues fuiste la causa
De acabarme y destruirme,
En el contino herirme
Hagas un momento pausa.
Yo no te pido que salgas
De mi pecho, pues no puedes,
Antes te pido que quedes,
Y en este trance me valgas.
Del lugar do me pusiste,
Me procuran derribar:
Pero quién podrá acabar
Lo que una vez, tú, subiste?
Ya viene Zara y su arenga.
Ay enfadosa porfia!
Como que me falte el dia
Antes que la noche venga!
Valedme, Silvia, bien mio,
Que si vos me dais ayuda,
De guerra mas ardua y cruda
Llevar la palma confio.

ZARA.

Aurelio?

AURELIO.

        Señora mia?

ZARA.

Si tú por tal me tuvieses,
A fe que luego hicieses
Lo que ruego, sin porfia.

AURELIO.

Lo que tu quieres, yo quiero,
Porque al fin, te soi esclavo.

ZARA.

Esas palabras alabo,
Mas tus obras vitupero.

AURELIO.

Quál ha sido por mí hecha
Que en ella no te complaces?

ZARA.

Aquellas que no me haces,
Me tienen mal satisfecha.

AURELIO.

Señora, no paro mas:
Por agua me parto luego.

ZARA.

Otra agua pide mi fuego
Que no la que tu trairás.
No te vayas, está quedo.

AURELIO.

De leña hay falta en la casa.

ZARA.

Basta la que á mi me abrasa.

AURELIO.

Mi amo.

ZARA.

       No tengas miedo.

AURELIO.

Dexame, señora, ir,
Que vendrá Izuf mi señor.

ZARA.

Quien queda con tanto amor,
Mal te dexará partir.

AURELIO.

No hay para que mas porfies:
Señora, dexame ya.

ZARA.

Aurelio, llegate acá.

AURELIO.

Mejor es que te desvies.

ZARA.

Ansi, Aurelio, me despides?

AURELIO.

Antes te hago favor,
Si con el compas de amor
Lo compasas y lo mides.
No miras que soi christiano
Con suerte y desdicha mala?

ZARA.

El amor todo lo iguala,
Dame, por señas la mano.

FATIMA.

Zara, señora mía,
Digote que me he admirado,
Mirando lo que ha pasado
Tu altivez y fantasia:
Ver, por cierto es gentil cosa
Indigna de ser notada,
De un cristiano enamorada
Una mora tan hermosa;
Y lo que mas llega al cabo
Tu aficion tan sin medida
Es de ver que estás rendida
A un cristiano que es tu esclavo.
Y monta que corresponde
El galan á lo que quieres:
Perdoname, fragil eres.

ZARA.

Dónde vas?

FATIMA.

          Bien sé yo adonde.

ZARA.

Dulce amiga verdadera,
Lo que dices no lo niego;
Mas qué haré? que amor es fuego
Y mi voluntad es cera.
Y puesto que el daño veo
Y el fin do habré de parar,
Imposible es contrastar
Las fuerzas de mi deseo.
Vuelve tu lengua é intento
A combatir esta roca,
Que no será gloria poca
Gozar de su vencimiento.

FATIMA.

Quiero en esto complacerte,
Pues al fin puedes mandarme.
Cristiano, vuelve á mirarme,
Que no es mi rostro de muerte.

AURELIO.

Mas que muerte me causais
Con vuestros inducimientos;
Dexame con mis tormentos,
Porque en vano trabajais.

FATIMA.

No veis como se retira
El bravo en su pundonor:
Ansi entiende él del amor
Como el asno de la lira.

AURELIO.

Cómo quieres que yo entienda
De amor en esta cadena?

ZARA.

Eso no te cause pena,
Que luego se hará la enmienda:
Las dos te la quitaremos.

AURELIO.

Muy mijor será dexalla,
Que no quiero con quitalla
Pasar de un estremo á estremo.

FATIMA.

A qué estremo pasarás?

AURELIO.

Quitando al cuerpo este hierro,
Cairé en otro mayor yerro,
Que al alma lastime mas.

FATIMA.

Almas teneis los cristianos?

AURELIO.

Sí, y tan ricas y estremadas,
Quanto por Dios rescatadas.

FATIMA.

Qué! son pensamientos vanos.
Pero si almas teneis,
De diamante es su labor,
Pues en la fragua de amor
Muy mas os endureceis.
Aurelio, resolucion:
Ten cuenta en lo que te digo,
No quieras ser tan amigo
De tu ostinada opinion.
Ya te ves sin libertad,
Entre hierros apretado,
Pobre, desnudo, cansado,
Lleno de necesidad,
Sujeto á mil desventuras,
A palos, á bofetones,
A mazmorras, á prisiones
Donde estás de dia á escuras.
Libertad se te promete,
Los hierros te quitarán,
De paño te vestirán,
No hay temor de oscuro brete.
Cuzcuz, pan blanco á comer,
Gallinas en abundancia,
Y aun havrá vino de Francia,
Si vino quieres beber.
No te piden lo imposible,
Ni trabajos demasiados,
Sino blandos, regalados,
Dulces lo mas que es posible.
Goza de la coyuntura
Que se te pone delante,
No hagas del inorante,
Pues muestras tener cordura.
Mira tu señora Zara,
Y lo mucho que merece,
Mira que al sol escurece
La luz de su rostro clara.
Contempla su juventud,
Su riqueza, nombre y fama,
Mira bien que agora llama
A tu puerta la salud.
Considera el interes
Que en hacer esto te toca,
Que hay mil que pondrán la boca
Donde ella pone los pies.

AURELIO.

Has dicho, Fatima?

FATIMA.

                  Sí.

AURELIO.

Quiéres que responda yo?

FATIMA.

Responde.

AURELIO.

         Digo que no.

ZARA.

Ay Ala! qué es lo que oí?

AURELIO.

Yo digo que no conviene
Pedirme lo que pedís,
Porque muy poco advertis
El peligro que contiene.

FATIMA.

Qué peligro puede haver,
Queriendolo tu señora?

AURELIO.

La ofensa, que siendo mora
A Mahoma viene á hacer.

ZARA.

Dexame ya con Mahoma,
Que agora no es mi señor,
Porque soy sierva de amor,
Que el alma sujeta y doma.
Echa ya el pecho por tierra,
Y levantate á mi cielo.

AURELIO.

Señora, tengo un recelo
Que me consume y atierra.

FATIMA.

Dí, qué recelas de mí?

AURELIO.

Señora, de que no veo
Ningun atajo ó rodeo
Como complacerte á tí.
En mi ley no se recibe
Hacer yo lo que me ordenas,
Antes con muy graves penas
Y amenazas se prohibe.
Y aun si bautismo tuvieras,
Siendo como eres casada,
Fuera cosa harto escusada
Si lo que pides pidieras.
Por eso yo determino
Antes morir, que hacer
Lo que pide tu querer,
Y en esto estaré contino.

ZARA.

Aurelio, estás en tu seso?

AURELIO.

Antes por estar en él,
Soi para tí tan cruel.

ZARA.

Ay desdichado subceso!
Es posible que tan poco
Valgan mis ruegos contigo?

FATIMA.

Sin duda que este enemigo
Es muy cuerdo, o es muy loco     Aparte.
Ruin, sin razón ni compas,
Nacido de vil canalla,
Pensabades ya triunfalla,
Holgando sin mas ni mas?
Necio, tanta fantasia
Pensais que hablamos de veras?
Antes de mal rayo mueras
Primero que pase el dia.
Conmigo las has de haber,
Y de modo, que te aviso
Que dirá el que nunca quiso:
Mas me valiera querer.
No estés, Zara, descontenta,
Dexa el remedio en mi mano,
Que á este falso cristiano,
Yo le haré que se arrepienta.

ZARA.

No es bien que por mal se lleve.

FATIMA.

Ni bien llevallo por bien.

ZARA.

Cese, Aurelio, tu desden.

FATIMA.

Con eso el falso se atreve.
Ve, señora, al aposento,
Que en esta pena crecida
O yo perderé la vida,
O tu tendrás tu contento.

Vanse las moras, y queda AURELIO.

AURELIO.

Padre del cielo, en cuya fuerte diestra
Está el gobierno de la tierra y cielo,
Cuyo poder acá y allá se muestra
Con amoroso, justo, y santo zelo;
Si tu luz, si tu mano no me adiestra
A salir deste caos, temo y recelo
Que como el cuerpo está en prisión esquiva,
Tambien el alma ha de quedar cautiva.
Do estás, Silvia hermosa? qué distino,
Qué fuerza insana de inplacable hado
El curso de aquel prospero camino
Tan sin causa y razon nos ha cortado?
O estrella! ó suerte! ó fortuna! ó signo!
Si alguno de vosotros ha causado
Tamaña perdicion, desde aqui digo
Que mil cuentos de veces os maldigo.
Yo morire por lo que al alma toca,
Antes de hacer lo que mi ama quiere.
Firme he de estar qual bien fundada roca,
Que en torno el viento y mar combate y hiere:
Que sea mi vida mucha, que sea poca
Importa poco, solo el que bien muere
Puede decir que tuvo larga vida,
Y el que mal, una muerte sin medida.

Entrase AURELIO, y sale SAAVEDRA y PEDRO ALVAREZ, y SEBASTIAN á su tiempo.

SAAVEDRA.

En la veloz carrera apresuradas
Las horas del ligero tiempo veo
Contra mí con el cielo conjuradas.
Queda atras la esperanza y no el deseo,
Y ansi la vida de la muerte della
El mal, el daño augmentan que poseo.
Ay dura, iniqua, inexorable estrella!
Como por los cabellos me has traido
Al terrible dolor que me atropella!

PEDRO ALVAREZ.

El llanto en tales tiempos es perdido,
Pues si llorando el cielo se ablandara,
Ya le huvieran mis lagrimas movido.
A la adversa fortuna alegre cara
Debe mostrar el pecho generoso,
Que á qualquier mal buen animo repara.

SAAVEDRA.

El cuello enflaquecido al trabajoso
Yugo de esclavitud amarga puesto,
Bien ves que á cuerpo y alma es peligroso;
Y mas aquel que tiene presupuesto
De dexarse morir, antes que pase
Un punto al modo del vivir honesto.

PEDRO ALVAREZ.

Si acaso yo tus obras imitase,
Forzoso me seria que al momento
En brazos de la hambre me entregase.
Bien sé que en el cautivo no hay contento,
Mas no quiero crecer yo mi fatiga,
Teniendo siempre en ella el pensamiento.
A mi patrona tengo por amiga,
Tratame qual me ves, huelgo y paseo,
Cautivo soi, el que quisiere diga.

SAAVEDRA.

Triunfa, hermano, y goza ese trofeo,
Que si por ser cautivo te hermoseas,
Yo sé que es torpe, desgraciado y feo.

PEDRO ALVAREZ.

Hermano Saavedra, si te arreas
De ser predicador, esta no es tierra
Do alcanzarás el fruto que deseas.
Dexate deso, escucha de la guerra
Que el gran Felipe hace, nueva cierta,
Y un poco el pesar de ti destierra.
Dicen que una fragata de Biserta
Llegó esta noche, y alli viene un cautivo
Que ha dado vida á mi esperanza muerta.
Quitole libertad el hado esquivo
De Malaga pasando á Barcelona,
Cautivólo Mamí, cosario altivo.
En su manera muestra ser persona
De calidad, y que es exercitado
En el duro exercicio de Belona.
Dice el numero cierto que ha pasado
De soldados á España, forasteros,
Sin los tres tercios nuestros que han baxado:
Los Principes, señores, caballeros
Que á servir á Filipo van de gana;
Los naturales y los estrangeros.
Y la muestra hermosisima lozana
Que en Badajoz el Rey hacer pretende,
De la pujanza de la union cristiana.
Dicen en esto, que ninguno entiende
El disignio del Rey, y el hablar desto
El grande y el pequeño se defiende.

SAAVEDRA.

Rompeos ya, cielos, y inviadnos presto
El librador de nuestra amarga guerra,
Si ya en el suelo no le teneis puesto.
Quando llegué vencido en esta tierra
Tan nombrada en el mundo, que en su seno
Tanto pirata encubre, acoge y cierra,
No pude al llanto detener el freno:
Que á pesar mio, sin saber lo que era,
Me vi el marchito rostro de agua lleno,
Ofreciendo á mis ojos la rivera,
Y el monte, donde el grande Carlos tuvo
Levantada en el ayre su bandera,
Y el mar que tanto esfuerzo no sostuvo,
Pues movido de invidia de su gloria,
Airado entonces mas que nunca estuvo;
Y estas cosas moviendo en mi memoria,
Las lagrimas truxeron á los ojos,
Forzadas de desgracia tan notoria.
Pero si el alto cielo en darme enojos
No está con mi ventura conjurado,
Y aqui no lleva muerte mis despojos,
Quando me vea en mas felice estado,
O si la suerte, ó si el favor me ayuda
A verme ante Filipo arrodillado,
Mi temerosa lengua casi muda
Pienso mover en la real presencia,
De adulacion y de mentir desnuda,
Diciendo: alto señor, cuya potencia
Sugetas trae las barbaras naciones
Al desabrido yugo de obediencia:
A quien los negros indios con sus dones
Reconocen honesto vasallage,
Trayendo el oro acá de sus rincones,
Despierte en tu real pecho coraje
La desverguenza con que una bicoca
Aspira de contino á hacerte ultraje.
Su gente es mucha, mas su fuerza es poca,
Desnuda, mal armada, que no tiene
En su defensa fuerte, muro ó roca.
Cada uno mira si tu armada viene,
Para dar á los pies el cargo y cura
De conservar la vida que sostiene.
De la esquiva prisión amarga y dura,
Adonde mueren quince mil cristianos,
Tienes la llave de su cerradura.
Todos de allá, qual yo, puestas las manos,
Las rodillas por tierra, sollozando,
Cercados de tormentos inhumanos,
Poderoso señor, te están rogando
Vuelvas los ojos de misericordia
A los suyos, que están siempre llorando:
Y pues te dexa agora la discordia,
Que tanto te ha oprimido y fatigado,
Y á mas andar te sigue la concordia,
Haz, buen Rey, que sea por tí acabado
Lo que con tanta audacia y valor tanto
Fue por tu amado padre comenzado.
Con solo ver que vas, pondrá un espanto
A la barbara gente, que adivino
Yo desde aqui su perdida y quebranto.
Quién dubda que el real pecho benigno
No se muestre, en oyendo la tristeza
Donde están estos miseros contino?
Mas ay! como se muestra la baxeza
De mi tan rudo ingenio, pues pretendo
Hablar tan baxo ante tan alta alteza.
Mas la ocasion es tal, que me defiende.
Mas á todo silencio poner quiero,
Que temo que mi platica te ofende,
Y al trabajo me llaman, á do muero.

Sale SEBASTIAN, Cautivo.

SEBASTIAN.

Hase visto cosa igual?
Hay tierra tan sin concordia,
Do falta misericordia,
Y sobra la crueldad?
Donde se hallará disculpa
De maldad tan insolente,
Que pague el que es inocente,
Por el que tuvo la culpa?
O cielos! qué es lo que he visto!
Este sí que es pueblo injusto,
Donde se tiene por gusto
Matar los siervos de Cristo.
O España! patria querida,
Mira qual es nuestra suerte,
Que si allá das justa muerte,
Quitan acá justa vida.

PEDRO ALVAREZ.

Sebastian, dinos que tienes,
Que hablas razones tales?

SEBASTIAN.

Una infinidad de males,
Y una pobreza de bienes.

SAAVEDRA.

En ser, como eres esclavo,
Se encierra todo dolor.

SEBASTIAN.

Otra pena muy mayor
Me tiene á mí tan al cabo.

PEDRO ALVAREZ.

De donde puede causarse
La pena que dices brava?

SEBASTIAN.

De una vida que hoy se acaba,
Para jamas acabarse.
Ya sabeis que aqui en Argel
Se supo como en Valencia
Murió por justa sentencia
Un morisco de Sargel.
Digo que en Sargel vivia,
Puesto que era de Aragon,
Y al olor de su nacion
Pasó el perro á Berberia:
Y aqui cosario se hizo
Con tan prestas crueles manos,
Que con sangre de cristianos
La suya bien satisfizo.
Andando en corso, fue preso,
Y como fue conocido,
Fue en la Inquisicion metido,
Do le formaron proceso,
Y alli se le averiguó
Como siendo bautizado,
De Cristo havia renegado,
Y en Africa se pasó:
Y que por su industria y mañas,
Traidores tratos esquivos
Havian sido cautivos
Mas de seiscientos cristianos.
Y como se le probaron
Tantas maldades y errores,
Los justos Inquisidores
Al fuego le condenaron.
Supose del moro acá,
Y la muerte que le dieron,
Porque luego lo escribieron
Los moriscos que hay allá.
La triste nueva sabida
Por los parientes del muerto,
Juran y hacen concierto
De dar al fuego otra vida.
Buscaron luego un cristiano
Para pagar este escote,
Y hallaronlo sacerdote,
Y de nacion Valenciano.
Pidieron este á gran priesa
Para executar su hecho,
Porque vieron que en el pecho
Traia la cruz de Montesa.
La qual señal de victoria
Que le cupo en buena suerte,
Si en el suelo le dió muerte,
En el cielo le dió gloria.
Porque esta gente sin luz,
Que en él tal señal han visto,
Pensando matar á Cristo
Matan al que trae su cruz.
A su amo le compraron,
Y aunque eran pobres, á un punto
El dinero todo junto
De limosna le allegaron.
En nuestro pueblo cristiano
Por Dios se pide á la gente,
Para sanar al doliente,
No para matar al sano.
Mas entre esta descreida
Gente y maldito lugar,
No piden para sanar,
Mas para quitar la vida.
Hoy en poder de sayones
He visto al siervo de Dios
No solamente entre dos,
Pero entre dos mil ladrones.
Iba el sacerdote justo,
Entre injusta gente puesto,
Marchito y humilde el gesto,
A morir por Dios con gusto.
Todo el pueblo se desvela
En darle penas dobladas,
Qual le da mil bofetadas,
Qual sus blancas canas pela.
Las manos que á Dios tuvieron
Mil veces, hoy son tenidas
De dos sogas retorcidas,
Con que atras se las asieron.
Al yugo de otro cordel,
El humilde cuello lleva,
Haciendo mil moros prueba,
Quanto pueden tirar del.
A ningun lado miraba
Que descubra un solo amigo,
Que todo el pueblo enemigo
Entorno le rodeaba.
Con voluntad tan dañada
Procuran su pena y lloro,
Que se tuvo por mal moro,
Quien no le dió bofetada.
A la marina llegaron
Con la victima inocente,
Do con barbaria insolente
A una ancora le ligaron.
Dos ancoras á una mano
Vi yo alli en contrario zelo,
Una de hierro en el suelo,
Y otra de fe en el cristiano.
Y la una á la otra asida,
La de hierro se convierte
En dar cruda y presta muerte,
La de fe en dar larga vida.
Ved si es bien contrario el zelo
De las dos en esta guerra;
La una del suelo afierra,
La otra se ase del cielo,
Y aunque corra tal fortuna
Que asombre el cuerpo y el alma,
Como si estuviese en calma,
No hay desasirse ninguna.
Sin yerro al hierro ligado
El siervo de Dios se hallaba,
Y en el cuerpo atado, andaba
Espiritu desatado.
El cuerpo no se rodea,
Que le ata mas de un cordel,
Mas el espiritu del
Todos los cielos pasea.
La canalla, que se enseña
A hacer nueva crueldad,
Truxeron gran cantidad
De seca y nudosa leña:
Y una espaciosa corona
Hicieron luego con ella,
Dexando encerrada en ella
La santa humilde persona.
Y aunque no tienen sosiego
Hasta verle ya espirar,
Para mas le atormentar
Encienden lejos el fuego.
Quieren, como el cocinero
Que en su oficio mas mirase,
Que se ase y no se abrase
La carne de aquel cordero.
Sube el humo al ayre vano,
Y á veces le dá en los ojos,
Quema el fuego los despojos
Que le vienen á la mano.
Vase arrugando el vestido
Con el calor violento,
Y el fuego poco contento
Busca lo mas escondido.
Combatenle fuegos dos,
El uno humano y visible,
El otro santo invisible,
Que es luego de amor de Dios.
Yo no sé á qual mas debia,
Puesto que á los dos pagaba,
Al que el cuerpo le abrasaba,
O al que el alma le encendia.
Los que estaban á mirarle,
La ira ansi se les previerte,
Que mueren por darle muerte,
Y entretienense en matarle.
Y en medio deste tormento
No movió el santo varon
La lengua á formar razon
Que fuese de sentimiento.
Antes dicen, y yo he visto,
Que si alguna vez hablaba,
En el ayre resonaba
Y cielo el nombre de Cristo.
Y quando en el agonia
Ultima el santo se vio,
Cinco ó seis veces llamó
La Virgen Santa Maria.
Al fuego el ayre le atiza,
Y con tal ardor revuelve,
Que poco á poco resuelve
El santo cuerpo en ceniza.
Mas ya que morir le vieron,
Tantas piedras le tiraron,
Que con ellas acabaron
Lo que las llamas no hicieron.
O santo Esteban segundo
Que me asigura tu zelo,
Que miraste abierto el cielo
En tu muerte desde el mundo!
Queda el cuerpo en la marina
Quemado y apedreado,
Y el alma vuelo ha tomado
Acia la region divina.
Queda el moro muy gozoso
Del injusto yerro hecho,
El turco está satisfecho,
Y el cristiano temeroso.
Yo he venido á referiros
Lo que no pudistes ver,
Si os lo ha dexado entender
Mis lagrimas y suspiros.

SAAVEDRA.

Dexa el llanto, amigo, ya,
Que no es bien que se haga duelo
Por los que se van al cielo,
Sino por quien queda acá.
Que aunque parece ofendida
A humanos ojos su suerte,
El acabar con tal muerte
Es comenzar nueva vida.
Mide por otro nivel
Tu llanto, que no hay paciencia
Que las muertes de Valencia
Se venguen aqui en Argel.
Muestrase allá la justicia
En castigar la maldad,
Muestra acá la crueldad
Quanto puede la injusticia.

SEBASTIAN.

En tan amarga querella
Quién detendrá los gemidos?
Ellos con culpa punidos,
Nosotros muertos sin ella.

PEDRO ALVAREZ.

Bastabanos ser cautivos
Sin tener mas desconciertos,
Que si allá queman los muertos,
Abrasan aca los vivos.
Usa Valencia otros modos
En castigar renegados,
No en publico condenados,
Mueran á tosigo todos.
Mas un moro viene aca,
No estemos juntos aqui,
Saavedra por alli,
Yo y Sebastian por aca.

Entranse.


JORNADA II.


Salen
AURELIO
y
IZUF.

IZUF.

Trescientos escudos dí,
Aurelio, por la doncella,
Y estos dí al turco, que á ella
Alma y vida le rendí,
Y es poco, segun es bella.
Vendiómela de aburrido,
Diciendo que no ha podido,
Mientras la tuvo en poder,
En ningun modo traer
Al amoroso partido.
Pusela en casa de un moro,
Sin osarla traer acá,
Y alli está donde ella está
Todo mi bien y tesoro,
Y quanta gloria amor da.
Alli se ve la bondad,
Junta con la crueldad
Mayor, que se vió en la tierra,
Y juntas sin hacer guerra
Belleza y honestidad.
No pueden prometimientos
Ablandar su duro pecho;
Veme en lagrimas deshecho,
Y ofrece siempre á los vientos
Quantos servicios la he hecho.
No echa de ver su ventura,
Ni como el dolor me aprieta
Poco apoco suspirando,
Antes quando yo mas blando,
Entonces ella mas dura.
A casa quiero traella
Para entregarte en tu mano
Mi gozo mas soberano,
Quizá tu podrás movella,
Siendo como ella cristiano.
Y desde aqui te prometo,
Que si conduces á efeto
Mi amorosa voluntad,
De darte la libertad,
Y serte amigo perfeto.

AURELIO.

En todo lo que quisieres,
He, señor, de complacerte,
Por ser tu esclavo, y por verte
Que melindres de mugeres
Te traigan de aquesta suerte.
De qué nacion es la dama
Que te enciende en esa llama,
Sin mirar en su interes?

IZUF.

Española dicen que es.

AURELIO.

El nombre?

IZUF.

          Silvia se llama.

AURELIO.

Silvia? Una Silvia venia
A donde yo me embarqué,
Y segun que yo miré,
No en tanto alli se tenia.

IZUF.

Esa es: yo la compré.

AURELIO.

Si es esa, yo sé decir
Que es hermosa sin mentir,
Y que no es tan cruda, altiva,
Que su condicion esquiva
A ninguno haga morir.
Traela á casa, señor, luego,
Y ten las riendas al miedo,
Y tu verás si yo puedo,
Como á mis manos y ruego
Amaine el casto denuedo.

IZUF.

Yo voy, y mientras se ordena
Su venida, por estrena
Del contento que me has dado,
Yo dire á mi renegado
Que te quite esa cadena.

Vase.

AURELIO.

Qué es esto, cielos, que he oido?
Es mi Silvia? Silvia es cierto;
Es posible, hado incierto!
Que he de ver quien me ha tenido
Vivo en muerte, en vida muerto?
Esta es mi Silvia, á quien llamo,
A quien sirvo, y á quien amo
Mas que todo lo del suelo.
Gracias hago y doy al cielo
Que á los dos ha dado un amo.
Tregua tengan mis enojos
Entre tanta desventura,
Pues por estraña ventura
Vendrán á mirar mis ojos
Tan singular hermosura.
Y si della está rendido
Mi amo, está conocido
Que el que la acertó á mirar,
Era imposible escapar
De preso, ó de mal herido.
Y pues tan lascivos brios
El descubre en sus amores,
Si nos vemos, sus dolores
Se encubrirán, y los mios
Le diré que son mayores.
Y mientras pudiere ver
Su hermosura y gentil ser,
Templaré mi desconsuelo,
Hasta que disponga el cielo
De los dos lo que ha de ser.    Vase.

Salen DOS MERCADERES.

MERCADER.

Al fin, Aydar, que en Cerdeña
Habeis hecho la galima?

AYDAR.

Sí, y no de poca estima,
Segun salió en la reseña.

MERCADER.

Dicen que os dieron caza
De Napoles las galeras.

AYDAR.

Sí dieron, mas no de veras,
Que el peso las embaraza.
El ladron que va á hurtar,
Para no dar en el lazo
Ha de ir muy sin embarazo,
Para huir, para alcanzar.
Las galeras de cristianos,
Sabe, sino lo sabeis,
Que tienen falta de pies,
Y que no les sobran manos.
Y la causa es, porque van
Tan llenas de mercancias,
Que aunque vogasen seis dias,
Un ponton no alcanzarán.
Nosotros á la ligera,
Y sueltos como el fuego,
Y en dandonos caza, luego
Pico al viento, ropa fuera,
Las obras muertas abaxo,
Arbol y antena en crugia,
Y ansi hacemos nuestra via
Contra el viento, sin trabajo.
Pero alli tiene la honra
El cristiano en tanto estremo,
Que asir en un trance el remo
Le parece que es deshonra.
Y mientras ellos allá
En sus trece estan honrados,
Nosotros dellos cargados
Venimos sin honra acá.

MERCADER.

Esa honra y ese engaño
Nunca les salga del pecho,
Pues nuestro mayor provecho
Nace de su propio daño.
Un mozo de poca edad
De esos Sardos, comprar quiero.

AYDAR.

Ya los trae el pregonero
Vendiendo por la ciudad.

Entra el PREGONERO moro vendiendo los dos MUCHACHOS, y la MADRE y el PADRE.

PREGONERO.

Hay quien compre los chiquitos,
Y el viejo que es el grandazo,
Y la vieja y su embarazo?
Pues á fe que son bonitos.
Deste me dan ciento y dos,
Deste docientos me dan.
Pero no le llevarán.
Pasa acá, perrazo, vos.

JUAN.

Qué es esto, madre? por dicha
Vendennos aquestos moros?

MADRE.

Sí, hijo, que sus tesoros
Les crece nuestra desdicha.

PREGONERO.

Hay quien á comprar acierte
El niño y la madre juntos?

MADRE.

O terribles tristes puntos,
Mas amargos que la muerte!

PADRE.

Sosegad, señora, el pecho,
Que pues mi Dios lo ha ordenado
Ponernos en este estado,
El sabe por que lo ha hecho.

MADRE.

Destos hijos tengo pena,
Que no sé por donde han de ir.

PADRE.

Señora, dexad cumplir
Lo que el alto cielo ordena.

MERCADER.

Quanto dan deste? decid.

PREGONERO.

Ciento y dos escudos dan.

MERCADER.

Por ciento y diez darle han?

PREGONERO.

No, sino pasais de ahi.

MERCADER.

Está sano?

PREGONERO.

          Sano está.

Abrele la boca.

MERCADER.

Abre, no tengas temor.

JUAN.

No me la saque, señor,
Que ella mesma se cairá.

MERCADER.

Piensa que sacalle quiero
El rapaz alguna muela?

JUAN.

Paso, señor, no me duela,
Tenga, paso, que me muero.

AYDAR.

Destotro quánto dan dél?

PREGONERO.

Ducientos escudos dan.

AYDAR.

Y por quanto le darán?

PREGONERO.

Trecientos piden por él.

AYDAR.

Si te compro, serás bueno?

FRANCISCO.

Aunque vos no me compreis,
Seré bueno.

AYDAR.

           Serlo heis?

FRANCISCO.

Ya lo soi, sin ser ageno.

MERCADER.

Por este doi ciento y treinta.

PREGONERO.

Vuestro es, venga el dinero.

MERCADER.

En casa daroslos quiero.

MADRE.

El corazon me revienta!

MERCADER.

Comprad, compañero, esotro.
Ven, niño, vente á holgar.

JUAN.

Señor, no he de dexar
Mi madre por ir con otro.

MADRE.

Ve, hijo, que ya no eres
Sino del que te ha comprado.

JUAN.

Ay madre! haveisme dexado?

MADRE.

Ay cielo, quan cruel eres!

MERCADER.

Anda, rapaz, ven conmigo.

JUAN.

Vamonos juntos, hermano?

FRANCISCO.

No puedo, ni está en mi mano,
El cielo vaya contigo.

MADRE.

O mi bien, y mi alegria,
No se olvide de ti Dios!

JUAN.

Dónde me llevan sin vos,
Padre mio, y madre mia?

MADRE.

Quieres que hable, señor,
A mi hijo un momento?
Dame ese breve contento,
Pues será eterno el dolor.

MERCADER.

Quanto quisieres le dí,
Pues será la vez postrera.

MADRE.

Sí, pues esta es la primera
Que en este trance me vi.

JUAN.

Tenéme con vos aqui,
Madre, que voy no sé donde.

MADRE.

La ventura se te asconde,
Hijo, pues yo te parí.
Hase escurecido el cielo,
Turbado los elementos,
Conjurado mar y vientos
Todos en mi desconsuelo.
No conoces tu desdicha,
Aunque estas bien dentro della,
Puesto que el no conocella
Lo puedes tener por dicha.
Lo que te ruego, alma mia,
Pues ya el verte se me impide,
Es que nunca se te olvide
Rezar el Ave Maria.
Que esta Reyna de bondad,
De virtud y gracia llena,
Ha de librar tu cadena,
Y ponerte en libertad.

AYDAR.

Mira la mala cristiana
Que consejo dá al muchacho,
Sí, que no estaba borracho
Como tú, falsa, liviana.

JUAN.

Madre, alfin que no me quedo?
Qué me llevan estos moros?

MADRE.

Contigo van mis tesoros.

JUAN.

A fe que me ponen miedo.

MADRE.

Mas miedo me queda á mí
De verte ir á do vas,
Que nunca te acordarás
De Dios, de tí, ni de mí;
Porque estos tus tiernos años
Qué prometen sino aquesto?
Entre iniqua gente puesto,
Fabricadora de engaños.

PREGONERO.

Calla vieja, mala pieza,
Sino quieres por mas mengua,
Que lo que dice tu lengua
Venga á pagar tu cabeza.
Destotro hay quién dé mas,
Que es mas bello y mas lozano,
Que no su pequeño hermano?

AYDAR.

Dí, por quanto le darás?

PREGONERO.

No os he dicho, que trecientos
Escudos de oro por cuenta?

AYDAR.

Quiés ducientos y cinquenta?

PREGONERO.

Eso es dar voces al viento.

AYDAR.

Enamorado me ha
El donaire del garzon;
Yo los doi en conclusion.

PREGONERO.

Dinero, y señal me da.

AYDAR.

Como te llamas me dí.

FRANCISCO.

Señor, Francisco me llamo.

AYDAR.

Pues has mudado de amo,
Muda el Francisco en Maami.

FRANCISCO.

Eso no, señor patron,
Francisco me has de llamar.

AYDAR.

El palo os hará mudar
El nombre, y aun la intencion.

FRANCISCO.

Pues me aparta el hado insano
De vos, señor, qué mandais?

PADRE.

Hijo mio, que vivais
Como bueno y fiel cristiano.

MADRE.

Hijo, no las amenazas,
No los gustos y regalos,
No los azotes ni palos,
No los conciertos ni trazas,
No todo quanto tesoro
Cubre el cielo, y sol ha visto
Te mueva dexar á Cristo
Por seguir al pueblo moro.

FRANCISCO.

En mí se verá si puedo,
Pues mi buen Jesús me ayuda,
Como en mi alma no muda
La fe, la promesa y miedo.

PREGONERO.

O qué cristiano se muestra
El rapaz! pues yo os prometo
Que alceis á tantico aprieto
El brazo, y la mano diestra.
Estos rapaces cristianos
Al principio muchos lloros,
Y despues se vuelven moros
Mejor que los mas ancianos.

Vanse.


JORNADA III.


Salen
IZUF, SILVIA,
y
ZARA,
y un
MORO.

IZUF.

Dexad, Silvia, el llanto ahora,
Poned tregua al ansia brava,
Que no os compré para esclava,
Sino para ser señora.
Mira que imagino y creo
Que vuestra gran desventura,
Para daros mas ventura
Ha traido este rodeo.
Con vos fortuna en su ley
No usa de nuevas leyes,
Que esclavos se han visto reyes,
Pero vos sois mas que rey.
Limpiad ya esos bellos ojos
Que sujetan quanto miran,
Y al tiempo que se retiran,
De alma llevan los despojos.
Y no cubra el blanco velo
Esa divina hermosura,
Que es como la nieve pura.
Que impide la luz del cielo.

SILVIA.

Esme ya tan natural,
Señor, el llanto y tormento,
Que si me dexa un momento,
Lo tengo por mayor mal;
Aunque sí estoi y estaré
Alegre al obedeceros,
Pues distes tantos dineros
Por mí, sin saber por que.
Porque os prometo, señor,
Que de miseria y pobreza
Tengo quanto de riqueza,
Si la riqueza es dolor.
Y de dolor soi tan rica,
Quanto por darme pasion
Este caudal, la ocasion
Por puntos le multiplica.

IZUF.

Silvia, vives engañada,
Que yo no quiero de tí,
Sino que quieras de mí
Ser servida y regalada.
Que el provecho que yo espero,
Silvia, de haverte comprado,
Es ver tu rostro estremado,
Y no doblar el dinero.
Que el amor que se mejora
En mostrar su fuerza brava,
Me ha hecho esclavo de esclava,
Esclava que es mi señora.
Y quedo tan satisfecho
De perder la libertad,
Que alabo la crueldad
Deste crudo y nuevo pecho.
Y porque lo que aqui digo
Lo entiendas, Silvia, mejor,
Nunca me llames señor,
Sino siervo ó caro amigo.

SILVIA.

Aunque tamaña mudanza
Ha hecho el cielo en mi estado,
No entiendas se me ha olvidado
El termino de crianza.
Bien sé como he de llamarte,
Y sé que es de obligacion,
Que en lo que fuere razon,
Procure de contentarte.

IZUF.

Tu habla tan comedida,
Tu donaire, y gracia, y ser
Claro me dá á entender
Que eres, Silvia, bien nacida.
Y aunque pudiera esperar
De tí un rescate crecido,
A tal termino he venido,
Que tu me has de rescatar.
Mas entanto que á la clara
Veas quanto hago por tí,
Ven, Silvia, vente tras mí,
Verás á tu ama Zara.

SILVIA.

Vamos, señor, en buena hora.

IZUF.

Silvia, no tanto señor,
Pues la ventura y amor
Os ha hecho á vos mi señora.

ZARA.

Seais, Izuf, bien llegado:
Cuya es la esclava?

IZUF.

                   Mia.

SILVIA.

Vuestra soi, señora mia.

IZUF.

Vuestra es, yo la he comprado.

ZARA.

Por cierto la compra es bella,
Si qual hermosa, es honesta.
Decid, señor, quanto cuesta?

IZUF.

Dado he mil doblas por ella.

ZARA.

Espera ser rescatada?

IZUF.

De muy rica tiene fama.

ZARA.

Su nombre?

IZUF.

          Silvia se llama.

ZARA.

Es doncella, ó es casada?

SILVIA.

Casada soy, y doncella.

ZARA.

Cómo es eso, Silvia, dí?

SILVIA.

Señora, ello es ansi,
Que ansi lo quiso mi estrella.
El cielo me dió marido
No para que le gozase,
Sino para que quedase
Yo perdida, y él perdido.

MORO.

Izuf, á llamar te invia
El Rey apriesa nuestro Azan.

IZUF.

Dónde está?

MORO.

           En el Duan,
Metido en grande agonia.
Amés, Xemí, Zaragá,
Y los Balucos Baxies,
Y todos los Debaxies,
Y el Daxés están allá.
Hanse juntado á consejo
Sobre que se ha averiguado
Que el Rey de España ha juntado
De guerra grande aparejo.
Dicen que va á Portugal,
Mas temese no sea maña,
Y es bien que tema su saña
Argel, que le hace mas mal.
En la guerra hay mil ensayos,
De fraudes y astucias llenos,
Acullá suenan los truenos,
Aca disparan los rayos.

IZUF.

Vamos, que el cielo que toma
Por suya nuestra defensa,
A España hará con su ofensa
Sujeta y sierva á Mahoma.
Y vos, señora, ordenad
A Silvia lo que ha de hacer;
Y vos, Silvia, á su querer
Sujetad la voluntad.

ZARA.

Cristiana, de donde eres?
Eres pobre, ó eres rica?
De suerte ensalzada ó chica?
No me lo niegues, si quieres;
Porque soi qual tú muger,
Y no de entrañas tan duras,
Que tus tristes desventuras
No me hayan de enternecer.

SILVIA.

Señora, soi de Granada,
Y de suerte ansi abatida,
Qual lo muestra el ser vendida,
Y á cada paso comprada.
Dicen que fui rica un tiempo,
Pero toda mi riqueza
Se ha vuelto en mayor pobreza,
Y ha pasado con el tiempo.

ZARA.

Has algun tiempo tenido
Enamorado deseo?

SILVIA.

Al estado en que me veo
El crudo amor me ha traido.

ZARA.

Fuiste acaso bien querida?

SILVIA.

Fuilo, y quise con ventaja
Tal, que apenas la mortaja
Borrará fe tan subida.

ZARA.

Fuiste querida primero,
U empezó el amor de tí?

SILVIA.

Primero querida fui
Del que quise, querre, y quiero.

ZARA.

Es mozo?

SILVIA.

        Y aun gentilhombre.

ZARA.

Es cristiano?

SILVIA.

             Pues qué moro?
No sale de su decoro
Quien ha de cristiano nombre.

ZARA.

Y es pecado querer bien
A un moro?

SILVIA.

          Yo no sé nada,
Sé que es cosa reprobada,
Y á cristianos no está bien.

ZARA.

Y querer mora á cristiano?

SILVIA.

Eso tú mejor lo entiendes.

ZARA.

Ay Silvia, como me ofendes
Y me lastimas temprano!

SILVIA.

Yo, mi señora, en qué suerte?

ZARA.

Escucha, y te lo diré,
Que escuchandome, bien sé
Que vendrás á enternecerte.
Has de saber, ó Silvia, que estos dias,
Partieron deste puerto con buen viento
Doce baxeles de cosarios todos,
Y con prospero viento caminaron,
A vuelta de las islas de Cerdeña,
Y alli en las calas, vueltas y revueltas,
Y puntas que la mar hace y revuelve,
Se fueron á esconder, estando alerta
De algun baxel de Genova, ó España,
O de otra nacion, que no fuese Francesa:
Y presto un bravo viento se levanta
Que Maestral se llama, cuya furia
Dicen los marineros que es tan grande,
Que las tupidas velas y las jarcias
Del mas recio navio y mas armado
No pueden resistirle, y es forzoso
Acudir al abrigo mas cercano,
Si su rigor acaso lo concede.
Las levantadas olas y el ruido
Del atrevido viento detenia
Los cosarios baxeles en los cabos,
Sin dexarles salir al mar á viento,
Y en otra parte con furor insano
Mostrando su braveza fatigaba
Una galera de cristiana gente
Y de riquezas llena, que corriendo
Por el hinchado mar sin remo alguno
Venia á su alvedrio, temerosa
De ser sorbida de las bravas hondas;
Pero despues al cabo de tres dias
Del recio mar y viento contrastada,
Descubrió tierra, y fue el descubrimiento
De su mayor dolor y desventura,
Porque á la misma isla de San Pedro
Vino á parar, á donde recogidos
Estaban los baxeles enemigos,
Los quales, de la presa codiciosos,
Salen, y de ardor belico adornados
A la galera acometen destrozada,
Y de solos deseos defendida:
Una pelota pasa en el momento
Al Capitan el pecho, y á su lado
Del Lusitano fuerte muerto cae
Un caballero ilustre Valenciano.
El robo, las riquezas, los cautivos,
Que los turcos hallaron en el seno
De la triste galera, me ha contado
Un cristiano que alli perdió la dulce
Y amada libertad, para quitarla
A quien quiere rendirse á su rendido.
Y este cristiano, Silvia, este cristiano,
Este cristiano, Silvia, es quien me tiene
Fuera del ser que á moras es debido,
Fuera de mi contento y alegria,
Fuera de todo gusto, y estoi fuera,
Que es lo peor, de todo mi sentido.
Compróle mi marido, y está en casa,
Y puesto que con lagrimas y ruegos,
Con suspiros, ternezas, y con dadivas
Procuro de ablandar su duro pecho
Al mio, que contino es blanda cera,
El suyo se me muestra de diamante:
Ansi que, Silvia hermana, como has dicho
Que al cristiano no es licito dé gusto
En cosas del amor á mora alguna,
Tus razones me tienen ofendida,
Y con aquesas mismas se defiende
Aurelio, á quien ha hecho tan cristiano
El cielo para darme á mi la muerte.

SILVIA.

Aurelio, dices, que por nombre tiene
Ese cristiano?

ZARA.

              Ansi se llama.

SILVIA.

La galera que dices segun creo
Se llamaba San Pablo, y era nueva,
De la sacra religion de Malta,
Yo en ella me perdi, y aun imagino
Que conozco á ese Aurelio, y es un mozo
De rostro grave, y de nacion Hispana.

ZARA.

Sin dubda has acertado, Silvia mia,
Quién es este enemigo de mi gloria?
Es caballero, ó rustico aldeano?
Que todo lo parece en su postura,
Y dura condicion, el talle ilustre
De la ciudad, la condicion del monte.

SILVIA.

A mí pobre escudero me parece,
Segun en la galera se trataba,
Que de su hacienda no sé mas, señora.

ZARA.

Ni yo sé que te diga, Silvia mia,
Sino que á tal estremo soi venida,
Que le tengo de amar sea quien se fuere;
Solo te ruego, que procures, Silvia,
De ablandar esta fiera tigre Hircana,
Y atraerle con dulces sentimientos
A que sienta la pena que padece
Esta misera esclava de su esclavo:
Y si esto, Silvia, haces, yo te juro
Por todo el Alcoran de buscar modo
Como con brevedad alegre vuelvas
Al patrio dulce suelo deseado.

SILVIA.

Dexa, señora, el cargo á Silvia dello,
Que tu verás lo que mi industria hace
Por gusto tuyo y por provecho mio.