EL PRÍNCIPE OSO

Había una vez un comerciante que tenía tres hijas muy bonitas, sobre todo la más pequeña a quien quería mucho. 5 Toda su fortuna consistía en un barco que tenía en el mar, con el que hacía sus negocios. Por entonces lo había mandado muy lejos y estaba aguardándolo, cuando le dieron la noticia de que se había ido a pique. El pobre hombre se puso muy triste porque, como no poseía más que aquel barco, estaba 10 arruinado.

Así pasó algún tiempo y gastaron lo poco que tenía, cuando supo que el barco, que sólo había estado perdido, había encontrado el camino y estaba en un puerto aguardando sus órdenes. 15

El hombre estaba muy contento y dispuso ir al puerto donde estaba el barco y preguntó a sus hijas qué querían que les trajese.

—A mí, un vestido de seda,—dijo la mayor.

—Y a mí,—dijo la segunda,—un pañuelo bordado. 20

—¿Y tú, qué quieres?—dijo a la hija menor.

—Yo quiero una flor de lis del huerto que encuentre Vd. en el camino.

Se fue mi hombre, llegó al puerto y vendió el cargamento. Compró el vestido y el pañuelo, pero no pudo encontrar la 25 flor de lis.

Como volvía a su casa, vio una casa con unos jardines tan hermosos, que dijo:—Voy a ver si en estos jardines tienen la flor de lis y me la venden.

Entró en la casa y no vio a nadie a quien preguntar, recorrió 30 todos los jardines y al fin vio una planta con una flor de lis tan bonita, que se decidió a llevársela. Viendo que no había nadie a quien pedirla, fue y la cortó. Tan pronto como la había cortado, se le apareció un oso tan grande que retrocedió asustado. 35

—¿Quién te ha dado permiso para cortar esta flor?—le dijo el oso.

—Nadie, señor, sino que una de mis hijas me había pedido una flor de lis, no la he encontrado en ninguna parte, y al pasar por aquí entré a ver si estaba aquí, pero como no he visto a 40 nadie, creí que no tenía dueño y la he cortado. ¿Cuánto tengo que pagar?

—Estas flores no se venden,—dijo el oso,—pero puesto que la has cortado, llévatela, pero en cambio has de traerme la más pequeña de tus hijas, la que ha pedido la flor. 45

—¡Ah! no señor,—dijo el padre,—a ese precio no quiero la flor, tómela Vd.

—No puede ser,—respondió el oso,—ya la has cortado y el daño que has hecho, sólo tu hija puede remediarlo; si no la traes, moriréis todos. 50

Se fue el pobre comerciante muy desconsolado y así que llegó a su casa, dió los regalos a sus hijas, que se pusieron muy contentas, pero como le veían siempre triste le preguntó la más pequeña:

—¿Porqué está Vd. tan triste padre? 55

—Por nada, hija mía,—contestó el padre.

—No; Vd. oculta alguna pena que no quiere decir, porque siempre que me mira, le veo a Vd. llorar.

Al fin tanto porfió la hija que el padre se lo contó todo.

Entonces la hija le dijo que la llevase a aquel jardín. El 60 padre no quería, pero al fin la llevó al jardín y la dejó en la casa como había prometido al oso. Allí tenía todo lo que deseaba, pero sin ver a nadie en la casa; sólo de noche, solía oír unos quejidos en el jardín, pero no se atrevió a llegarse a ver lo que era. Al fin, una tarde oyó que los quejidos eran más tristes 65 que de ordinario y se decidió a ver lo que era.

Entró en el jardín y junto a la planta de la flor de lis halló un oso tendido moribundo, con una mirada tan triste que a ella le dió compasión.

—¿Qué tienes?—le dijo.—¿Estás malo? 70

El oso le dijo que sí.

—¿Cómo puedo yo curarte?

Entonces el oso, señalando la flor y la planta, le contestó:

—El remedio está en tu mano.

Ella miró la planta y comprendiendo que de allí la había 75 cortado su padre, puso la flor sobre el tallo. Después dió la mano al oso que se levantó convertido en un caballero joven y hermoso, el cual le dijo que era un príncipe encantado y que gracias a ella había salido del encantamiento; que si quería casarse con él, se la llevaría a su corte y sería princesa. 80

Se fueron y se casaron y fueron felices por toda su vida, llevándose ella a su padre y a sus hermanas, que también se casaron.

ADIVINANZAS

¿En qué mes hablan menos las mujeres?—En el de 5 febrero.

¿Cuál es el mayor castigo para un bígamo?—Tener dos suegras.

¿Quién es el que lleva sin escrúpulo su sombrero en la cabeza, lo mismo delante de un príncipe, que de un rey, o de 10 un emperador?—El cochero.

¿Qué es lo que llevaba Alejandro en la mano izquierda, cuando tomó la ciudad de Lamsaco?—Los cinco dedos.

¿Qué es lo que pasa el río sin hacer sombra?—El sonido de las campanas. 15

¿Qué es lo que se deja quemar por guardar un secreto?—El lacre.

¿Qué es lo que va de Madrid a Zaragoza sin moverse y sin dar un paso?—La carretera.

¿Cuándo entran los perros en las iglesias?—Cuando están 20 abiertas las puertas.

¿Porqué es una mujer deforme cuando está remendando sus medias?—Porque sus manos están donde debían estar sus pies.

¿Porqué los molineros llevan sombrero gris y los carboneros 25 negro?—Por cubrirse la cabeza.

¿En qué se parecen las mujeres a los montes?—En que tienen faldas.

¿Qué fue lo último que consiguió Isabel la Católica?—Morirse. 30

¿En qué se parecen las pesetas a los zapatos?—En que se gastan.

¿Qué es lo que hacen con el tiempo todos los hombres y todas las mujeres, los nobles y los plebeyos, los grandes y los pequeños, los ricos y los pobres?—Envejecer. 35

ANÉCDOTAS

—Señores, hay perros de más talento que sus amos.

—Yo poseo uno de esa especie.

—¿Ha leído Vd. Romeo y Julieta?

—Romeo, hace mucho tiempo; pero no he leído Julieta.

—¿Sabe Vd. nadar, Gómez? 5

—Sí, mi capitán.

—¿Dónde lo ha aprendido Vd.?

—En el agua, mi capitán.

—Tiene Vd. un hermoso paraguas.

—Sí, es un regalo. 10

—¡De veras! y ¿de quién?

—No lo sé; pero dice en el mango, "Presentado a Juan Pérez."

—¡He visto al diablo! ¡He visto al diablo!—dijo un hombre huyendo. 15

—¡Cómo! ¿Vd. ha visto al diablo?

—Sí, señor, en figura de borrico.

—¡Bah! ha tenido Vd. miedo de su sombra.

En un hospital.

—¿Cuántos han muerto esta noche? 20

—Nueve, señor doctor.

—Pues yo he recetado para diez enfermos.

—Es que el número siete se ha negado rotundamente a tomar la medicina.

Comía un inglés en una fonda y le sacaron, como era 25 natural, pan tierno.

—Tráigame pan duro—dijo al camarero.

—No lo hay, señor—contestó éste.

—Pues que lo hagan. Yo esperaré.

En un examen. 30

—¿Cuántos son los elementos?

—Cinco.

—¡Cómo cinco! ¿Cuáles son?

—Agua, fuego, tierra, aire y aguardiente.

—¿Porqué el aguardiente? 35

—Porque mi padre, siempre que lo bebe, dice que está en su elemento.

—¡Papá, papá! Planté patatas en el huerto, y ¿sabes lo que ha salido?

—Ya lo creo. Patatas. 40

—No, papá; han salido unos puercos y se las han comido.

Un individuo que venía a Madrid en diligencia, entró en una posada a las doce del día y preguntó:

—¿Cuánto vale la comida?

—Doce reales.

—¿Y la cena? 45

—Ocho.

—Pues déme Vd. de cenar.

—¿Qué tienes José?

—¡Estoy desesperado!

—¿Por qué? 50

—Se me ha perdido el perro.

—¿Y por eso te desesperas?

—¡Ya lo creo! Y te juro que si no aparece, le mato.

En una posada. Un turista inglés pide liebre.

—Vamos, un guisado de liebre—dice la posadera a su 55 marido.

—Pero, hija—responde éste en voz baja—ya sabes que no tenemos.

—¿Y qué?—replicó la mujer ingenuamente—Dale conejo... Como es inglés, no entenderá bien nuestra 60 lengua.

Un recluta escribía a su padre una carta bastante breve y concluyó así:

No escribo más porque tengo tanto frío en los pies que no puedo tener la pluma. 65

Un soldado preguntó a uno de sus camaradas, que volvía de una campaña, si había hallado mucha hospitalidad en Holanda.

—¡Oh! sí, mucha; casi todo el tiempo que he estado allí, lo he pasado en el hospital. 70

En cierta ocasión preguntó un comerciante a un marinero:

—¿En dónde murió su padre?

—En el mar.

—¿Y su abuelo?

—En el mar. 75

—¿Y su bisabuelo?

—Señor, también murió en el mar como los otros dos.

—¡Ah, miserable!—dijo el comerciante—después de esos ejemplos ¿todavía se atreve Vd. a embarcarse?

Calló el marinero, meditó algunos momentos y dijo después 80 al comerciante:

—¿En dónde murió el padre de Vd.?

—En la cama.

—¿Y su abuelo?

—En la cama. 85

—¿Y su bisabuelo?

—En la cama también.

—¡Ah, miserable!—dijo entonces el marinero—después de esos ejemplos ¿todavía se atreve Vd. a acostarse?

Cierta señora fue a visitar a una de sus amigas. No la 90 encontró en casa, pero en cambio vio que los muebles estaban todos llenos de polvo. Queriendo dar a su amiga una lección, escribió con el dedo sobre el polvo que cubría mesa y sillas, la palabra: puerca. Al día siguiente volvió y dijo a su amiga que la tarde anterior había tenido la desgracia de no 95 hallarla en casa.

—Sí, ya sé que estuvo Vd.; encontré su nombre escrito en todos los muebles.

Examinando a una señora como testigo de un pleito, el juez le preguntó cuántos años tenía. 100

—Treinta—respondió.

—¡Treinta!—observó el juez.—Hace tres años que declaró Vd. la misma edad en este juzgado.

—Es—respondió ella—que no soy de esas personas que hoy dicen una cosa y mañana otra. 105

Un alcalde de pueblo, yendo a visitar al gobernador de la provincia, llevó consigo a su familia.

—Tengo el honor,—le dijo,—de presentar a V. E. mi mujer y mi hija, y para que las pueda distinguir, me atrevo a advertirle que la de más edad es mi mujer. 110

—Yo no sé qué hacer,—dijo Juan a su mujer.—Don Cándido me escribe pidiéndome mil reales, y ya sabes que no puedo rehusar darle el dinero.

—Puedes excusarte diciendo que no has recibido la carta,—observó la esposa. 115

—Dices bien.

Y, en efecto, nuestro hombre tomó la pluma y escribió lo siguiente:

—Señor don Cándido: siento infinito no poder servirle; pero no he recibido la carta en que me pidió los mil reales que 120 desea. Suyo, etc.

Un hombre muy rico envió por un médico para curarle de su enfermedad, que era pura aprensión. Cuando el médico llegó, le tomó el pulso, le preguntó qué era lo que sentía y viendo que estaba bueno según todas las apariencias, le 125 preguntó:

—¿Come Vd. bien?

—Sí, señor.

—¿Duerme Vd. bien?

—Sí, señor. 130

—Bien,—dijo el médico;—voy a recetarle una medicina con que pierda Vd. todo eso.

Hallándose un marido en peligro de muerte, llamó a su mujer y le dijo:

—Moriré contento, si me das palabra de no casarte con ese 135 oficial que te hace la corte.

—No tengas cuidado,—respondió ella,—que ya he dado la palabra a otro.


Un borracho oyó las dos
Y dijo con mucha paz                                          140
—¡Hombre! ¿dos veces la una?
Ese reloj anda mal.

Confesábase uno de prestar dinero con usura.

—Si el interés pasa de seis por ciento—decía el confesor—comete Vd. un pecado; no olvide Vd. que Dios todo lo ve 145 desde el cielo.

—Por eso precisamente, señor cura; porque todo lo ve desde el cielo, presto al nueve por ciento, porque el 9 desde arriba le parecerá un 6.

EL BURRO FLAUTISTA[1]                                          150

Esta fabulilla,
Salga bien o mal,
Me ha ocurrido ahora
Por casualidad.
Cerca de unos prados                                        155
Que hay en mi lugar,
Pasaba un borrico
Por casualidad.
Una flauta en ellos
Halló, que un zagal                                            160
Se dejó olvidada
Por casualidad.
Acercose a olerla
El dicho animal;
Y dió un resoplido                                            165
Por casualidad.
En la flauta el aire
Se hubo de colar,
Y sonó la flauta
Por casualidad.                                                170

¡Oh! dijo el borrico:
¡Qué bien sé tocar!
¿Y dirán que es mala
La música asnal?
Sin reglas del arte                                          175
Borriquitos hay,
Que una vez aciertan
Por casualidad.

Sin reglas del arte, el que en algo acierta es por casualidad.

EL OSO, LA MONA Y EL CERDO                                    180

Un oso, con que la vida
Ganaba un piamontés,
La no muy bien aprendida
Danza, ensayaba en dos pies.
Queriendo hacer de persona,                                  185
Dijo a una mona: "¿Qué tal?"
Era perita la mona,
Y respondiole: "Muy mal."
"Yo creo, replicó el oso,
Que me haces poco favor.                                      190
¡Pues qué! ¿mi aire no es garboso?
¿No hago el paso con primor?"
Estaba el cerdo presente,
Y dijo: "¡Bravo! ¡Bien va!
Bailarín más excelente                                        195
No se ha visto ni verá."
Echó el oso, al oír esto,
Sus cuentas allá entre sí,
Y con ademán modesto
Hubo de exclamar así:                                          200
"Cuando me desaprobaba
La mona, llegué a dudar:
Mas ya que el cerdo me alaba
Muy mal debo de bailar."
Guarde para su regalo                                        205
Esta sentencia un autor:
Si el sabio no aprueba, malo;
Si el necio aplaude, peor.

Nunca una obra se acredita tanto de mala como cuando la aplauden los necios. 210

EL PATO Y LA SERPIENTE

A orillas de un estanque
Diciendo estaba un pato:
"¿A qué animal dió el cielo
Los dones que me ha dado?                                      215
Soy de agua, tierra y aire:
Cuando de andar me canso,
Si se me antoja, vuelo,
Si se me antoja, nado:"
Una serpiente astuta,                                        220
Que le estaba escuchando,
Le llamó con un silbo,
Y le dijo: "Seor guapo,
No hay que echar tantas plantas;
Pues ni anda como el gamo,                                    225
Ni vuela como el sacre,
Ni nada como el barbo.
Y así, tenga sabido
Que lo importante y raro
No es entender de todo,                                        230
Sino ser diestro en algo."

Más vale saber una cosa bien, que muchas mal.

LOS DOS CONEJOS

Por entre unas matas
Seguido de perros                                              235
(No diré corría)
Volaba un conejo.
De su madriguera
Salió un compañero,
Y le dijo: "Tente,                                            240
Amigo, ¿qué es esto?"
"¿Qué ha de ser?" responde:
"Sin aliento llego...
Dos pícaros galgos
Me vienen siguiendo."                                          245
"Sí (replica el otro),
Por allí los veo...
Pero no son galgos."
"Pues ¿qué son?"—"Podencos."
"¡Qué! ¿podencos dices?                                        250
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos:
Bien visto los tengo."
"Son podencos: vaya,
Que no entiendes de eso.'                                      255
"Son galgos, te digo."
"Digo que podencos."
En esta disputa
Llegando los perros,
Pillan descuidados                                            260
A mis dos conejos.
Los que por cuestiones
De poco momento
Dejan lo que importa,
Llévense este ejemplo.                                        265

No debemos detenernos en cuestiones frívolas, olvidando el asunto principal.

LA ABEJA Y EL CUCLILLO

Saliendo del colmenar,
Dijo al cuclillo la abeja;                                    270
"Calla, porque no me deja
Tu ingrata voz trabajar.
No hay ave tan fastidiosa
En el cantar, como tú:
Cucú, cucú, y más cucú:                                        275
Y siempre una misma cosa."
—"¿Te cansa mi canto igual?
(El cuclillo respondió:)
Pues a fe que no hallo yo
Variedad en tu panal.                                          280
Y pues que del propio modo
Fabricas uno que ciento,
Si yo nada nuevo invento,
En ti es viejísimo todo."
A esto la abeja replica:                                    285
"En obra de utilidad
La falta de variedad
No es lo que más perjudica.
Pero en obra destinada
Sólo al gusto y diversión,                                    290
Si no es varia la invención,
Todo lo demás es nada."

La variedad es requisito indispensable en las obras de gusto.

LA ARDILLA Y EL CABALLO

Mirando estaba una ardilla                                  295
A un generoso alazán,
Que, dócil a espuela y rienda,
Se adiestraba en galopar.
Viéndole hacer movimientos
Tan veloces y a compás,                                        300
De aquesta suerte le dijo
Con muy poca cortedad;
"Señor mío;
De ese brío,
Ligereza                                                  305
Y destreza
No me espanto;
Que otro tanto
Suele hacer, y acaso más.
Yo soy viva,                                              310
Soy activa;
Me meneo,
Me paseo;
Yo trabajo,
Subo y bajo,                                              315
No me estoy quieta jamás."
El paso detiene entonces
El buen potro, y muy formal,
En los términos siguientes
Respuesta a la ardilla da:                                    320
"Tantas idas
Y venidas;
Tantas vueltas,
Y revueltas,
Quiero, amiga,                                            325
Que me diga:
¿Son de alguna utilidad?
Yo me afano;
Mas no en vano;
Sé mi oficio;                                              330
Y en servicio
De mi dueño
Tengo empeño
De lucir mi habilidad."
Con que algunos escritores                                  335
Ardillas también serán,
Si en obras frívolas gastan
Todo el calor natural.

Algunos emplean en obras frívolas tanto afán como otros en las importantes. 340


VOCABULARY

ABBREVIATIONS

adj., adjective.inter., interjection.
adv., adverb.m., masculine.
art., article.neut., neuter.
coll., colloquial.p. p., past participle.
cond., conditional.pers., personal.
conj., conjunction.pl., plural.
dim., diminutive.prep., preposition.
Eng., English.pres., present.
excl., exclamation.pres. p., present participle.
f., feminine.pret., preterit.
fam., familiar.pro., pronoun.
fut., future.reflex., reflexive.
imp., imperfect.sing., singular.
impers., impersonal.  subj., subjunctive.
impv., imperative.1, 1st person.
ind., indicative.2, 2d person.
infin., infinitive.3, 3d person.