[127] «Responder quería Don Quijote á Sancho Panza, pero estorbóselo una carreta que salió al través del camino, cargada de los más diversos y extraños personajes y figuras que pudieron imaginarse. El que guiaba las mulas y servía de carretero era un feo demonio. Venía la carreta descubierta al cielo abierto, sin toldo ni zarzo. La primera figura que se ofreció á los ojos de Don Quijote, fué la de la misma muerte con rostro humano; junto á ella venía un ángel con unas grandes y pintadas alas; al un lado estaba un emperador con una corona, al parecer de oro, en la cabeza; á los pies de la muerte estaba el dios que llaman Cupido, sin venda en los ojos, pero con su arco, carcaj y saetas; venía también un caballero armado de punta en blanco, excepto que no traía morrión ni celada, sino un sombrero de plumas de diversos colores: con éstas venían otras personas de diferentes trajes y rostros. Todo lo cual, visto de improviso en alguna manera alborotó á Don Quijote, y puso miedo en el corazón de Sancho; mas luego se alegró Don Quijote, creyendo que se le ofrecía alguna nueva y peligrosa aventura; y con este pensamiento y con ánimo dispuesto de acometer cualquier peligro, se puso delante de la carreta, y con voz alta y amenazadora, dijo: «Carretero, cochero ó diablo, ó lo que eres, no tardes en decirme quién eres, á do vas, y quién es la gente que llevas en tu carricoche, que más parece la barca de Caron que carreta de las que se usan.» A lo cual mansamente, deteniendo el diablo la carreta, respondió: «Señor, nosotros somos recitantes de la compañía de Angulo el Malo; hemos hecho en un lugar que está detrás de aquella loma, esta mañana, que es la octava del Corpus, el acto de las Cortes de la muerte, y hémosle de hacer esta tarde en aquel lugar que desde aquí se aparece; y por estar tan cerca y excusar el trabajo de desnudarnos y volvernos á vestir, nos vamos vestidos con los mesmos vestidos que representamos. Aquel mancebo va de muerte; el otro, de ángel; aquella mujer, que es la del autor, va de reina; el otro, de soldado; aquél, de emperador, y yo, de demonio, y soy una de las principales figuras del auto, porque hago en esta compañía los primeros papeles.»—Don Quijote, parte 2.ª, cap. 11.
[128] Don Quijote, parte 1.ª, cap. 12.
En la novela cómica Alonso, mozo de mucho amor (Barcelona, 1625), se lee la siguiente anécdota, relativa á este punto:
«En un lugar de Castilla la Vieja, un día de Corpus, por la festividad y regocijo, hicieron una representación unos mozuelos labradores, y fué el auto de la Cena de Cristo Nuestro Señor: púsose en el tablado una mesa muy bien aderezada; sentáronse á comer los doce apóstoles con su Maestro; sacaron un cordero en una gran fuente de plata; hízose pedazos y fueron comiendo de él, y de tan buena gana, como la que tendrían de almorzar unos mozos en lo mejor de su vida. El que representaba la persona del glorioso evangelista San Juan, aunque estaba como dormido en el pecho del Señor, como veía que los demás apóstoles comían, de la manera que podía, de cuando en cuando, sacaba la mano y cogía del mejor bocado del cordero, y ayudaba á sus compañeros. El que hacía el personaje de Judas, enojado con el apóstol, viendo que no guardaba la propiedad que debía, con mucha cólera le dijo:—O sois San Juan ó no sois San Juan: si sois San Juan, dormid y no comáis; y si no lo sois, comed, y vaya otro á servir por vos.»
[129] Cuenta el héroe de esta historia (pág. 136 vuelta), que mientras sirvió en Sevilla á un director de escena, tenía que escribir los anuncios todas las mañanas; después, desde la una, estar de centinela á la puerta del teatro; su amo acudía más tarde, y se sentaba en el despacho, enviándolo al vestuario para cuidar de los cofres y de los vestidos que habían de usarse en la comedia. Desempeñaba á veces el papel de dragón en las comedias de santos; otras veces el de muerto en las piezas trágicas; luego hacía de bailarín, etc.
[130] Joco-Seria, Burlas veras ó Reprehension moral y festiva de los desordenes publicos en doce entremeses representados y veinte y cuatro cantados. Van insertas seis Loas y seis Jácaras, que los Autores de comedias han representado y cantado en los teatros de esta Corte. Por Luis Quiñones de Benavente: Madrid, 1645, y Barcelona, 1654, fol. 1.—En esta misma obra (fol. 816), se leen también los siguientes versos, análogos á los citados:
«Sabios y críticos bancos;
Gradas bien intencionadas;
Piadosas barandillas;
Doctos desvanes del alma;
Aposentos, que callando
Sabéis suplir nuestras faltas;
Infantería española
(Porque ya es cosa muy rancia
El llamaros mosqueteros);
Damas, que en aquesa jaula
Nos dais con pitos y llaves
Por la tarde alboreada:
A serviros he venido.
Seis comedias estudiadas
Traigo, y tres por estudiar,
Todas nuevas: los que cantan
Letras y bailes, famosos,» etc.
Estos versos de Benavente, que cita el Sr. Schack, han sido copiados del libro que se titula Colección de piezas dramáticas, entremeses, loas y jácaras, escritas por el licenciado Luis Quiñones de Benavente, y sacadas de varias publicaciones ó de manuscritos recientemente allegados por D. Cayetano Rosell, devotísimo del autor, como uno de los Libros de antaño, nuevamente dados á luz por varios aficionados: Madrid, librería de los Bibliófilos, 1872. La obra consta de dos tomos, con curiosas observaciones al final del primero; notas muy interesantes, y distintos apéndices al final del segundo, sobre los actores y actrices de la época.—(N. del T.)
«Si hubiere quien tenga á lengua
Como á mano algún aplauso,
Un vítor ú otra moneda,
En ésta ú otra ocasión
Se lo pagará el poeta.»
(Francisco de Rojas, El más impropio verdugo, á su conclusión.)
[132] Cervantes, Persiles y Sigismundo, lib. III, cap. 2.º—Guevara, El diablo cojuelo, tranco 4.º
[133] Montalván, Fama póstuma.
[134] Lope de Vega dice expresamente (prólogo al tomo IX de sus Comedias), que él no ha escrito ninguna comedia, para ser trasplantadas del teatro al gabinete del lector.—El ejemplo de Cervantes, que imprimió las suyas antes de ser representadas, quizás sea el único que nos ofrezca la literatura española de su época.
[135] Son útiles para este propósito, entre las obras de Lope, sus innumerables epístolas, las dedicatorias de sus comedias, y la segunda parte de La Filomena y La Dorotea. Según parece, el poeta refiere en la última, bajo del nombre de Don Fernando, las aventuras de una parte de su juventud. Pero como la poesía puede ir mezclada con la realidad, es conveniente no dar entero crédito á cuanto en ella dice, y en este concepto el Sr. Fauriel no anda muy acertado, cuando (Revue des deux mondes, cap. 19) considera como sucesos reales de la vida de Lope cuantos en ella se refieren; lo contrario, aunque igualmente erróneo, es lo sostenido por un Sr. Damas Hinard (en la Revue independante), de que toda la novela es una ficción, puesto que el mismo Lope afirma más de una vez que la historia es verdadera, y que mucha parte de la vida de Don Fernando concuerda con las vicisitudes bien conocidas de la suya. Parécenos lo mas sensato adoptar un justo medio entre ambos extremos, considerando á La Dorotea como un auxilio para ilustrar la biografía de nuestro poeta, siempre que sus indicaciones estén confirmadas por otros datos auténticos.
[136] Epístola de Belardo á Amarilis.
[137] En una colección de cartas de Lope de Vega al duque de Sessa, que D. Agustín Durán ha copiado del original autógrafo, y que me ha dejado examinar por la amistad que me profesa, se encuentra lo siguiente:
«Yo nací en Madrid, pared en medio de donde puso Carlos V la soberbia de Francia entre dos paredes, y, siempre que se ofrezca ocasión, hará su nieto lo mismo á ejemplo de su padre, pues de él y de San Quintín no se podrá olvidar las veces que entrare en San Lorenzo.»
Según Mesonero Romanos, el más profundo conocedor de todas las localidades de Madrid, Lope de Vega nació en la calle Mayor, y en la casa, ahora de construcción moderna, números 7 y 8 antiguos y 82 moderno, manzana 415. Como esta casa está situada cerca de la antigua puerta de Guadalajara y de la plazuela de la Villa, en donde Francisco I estuvo prisionero en la casa de los Lujanes, concuerda este dato con la indicación hecha por el mismo Lope de Vega. Es cosa notable que la casa, en donde nació este gran poeta, estuviera frente por frente de aquella otra, en la cual habitó Calderón la mayor parte de su vida.
La colección epistolar mencionada, de cuya autenticidad no puede dudarse, porque el mismo Durán asegura haberla copiado de las originales autógrafas de Lope, y que además ofrecen signos y caracteres intrínsecos muy fidedignos, contiene muchas noticias insignificantes; pero hay otras útiles para completar y confirmar la biografía de Lope.
Lo más importante es el párrafo de una, fecha en Madrid á 6 de julio de 1611, en que dice: «Aquí paso, señor excelentísimo, mi vida con este mal importuno de mi mujer, ejercitando actos de paciencia, que si fuesen voluntarios como precisos, no fuera aquí su penitencia menos que principio del Purgatorio,» y otra de 7 de septiembre de 1611, en la cual dice al duque que su esposa Juana está mejor. Dedúcese también de ella que Lope no entró tan pronto en el estado eclesiástico como Navarrete indica, y, siguiéndolo yo, repetí después... Algunas dudas se me ocurrieron no se hubiese cometido algún error en la copia de la fecha; pero, después de pensarlo maduramente, he averiguado que otras circunstancias confirman su exactitud. Sabemos por Montalván que la segunda mujer de nuestro poeta murió poco después de su hijo Carlos; pero entonces dedicó Lope sus Pastores de Belén, cuya primera edición apareció en 1612 (la licencia es de noviembre de 1611), á este mancebo, y no es posible admitir que, si al publicarse el libro, ó, por lo menos, al escribirse para la impresión, no viviera ya, la dedicatoria no llevara signo alguno de la pena de su padre. Añádese á esto que en otra carta de 4 de agosto de 1604 se dice que Juana da buenas esperanzas; pero como nosotros sólo sabemos de dos hijos, que Lope tuvo de su segunda esposa (Marcela y Lope, el más joven, fueron fruto de otras relaciones amorosas), y como el nacimiento de su hija Feliciana coincide con la muerte de su madre (epístola de Belardo á Amarilis), hay que deducir que el hijo nacido de Juana, á mediados de 1603, fué este mismo Carlos. Este murió, según dice Montalván, á la edad de siete años, y, por tanto, su muerte no pudo ocurrir antes de 1611; y si la fijamos á fines del otoño de este año (cuando Los Pastores de Belén estaban ya en prensa), hubo de vivir Doña Juana, por lo menos, hasta fines de 1612. Lope pudo ser ya entonces hermano de cofradías, y sólo más tarde ordenarse de sacerdote.
De la carta última, á que aludimos, y del contenido de otras, copio aquí la parte de ellas, que ofrece algún interés para conocer la vida de Lope ó la historia del teatro, siendo digno de especial atención lo que dice de Cervantes, porque realmente da á entender que hubo enemistad grave entre estos dos grandes hombres.
«Toledo 4 de Agosto 1604. Yo tengo salud y toda aquella Casa. D.ª Juana está para parir, que no hace menores los cuidados. Toledo está caro pero famoso, y camina con propios y extraños al paso que suele; las mugeres hablan, los hombres tratan, la justicia busca dineros, no la respetan como la entienden, representa Morales, silvale la gente: unos caballeros están presos, porque eran la causa de esto: pregonose en el patio que no pasase tal cosa, y asi apretados los Toledanos por no silvar se peen, que para el Alcalde mayor ha sido doble desacato porque estaba este dia sentado en el patio. Aplacó esto porque hizo La Rueda de la fortuna, comedia en que un Rey aporrea á su muger y acuden muchos á llorar este paso como si fuera possible......
»De poetas no digo muchos en cierne para el año que viene, pero ninguno hay tan malo como Cervantes ni tan necio que alabe á D. Quixote. Dicen en esta ciudad que se viene la corte para ella. Mire Vd. por donde me voy á vivir á Valladolid, porque si Dios me guarda el seso, no mas Cortes, coches, caballos, Alguaciles, músicos, rameras, hambres, hidalguias, poder absoluto y sin P... disoluto, sin otras sabandijas que avia ese Oceano de perdidas y escuela de desvanecidos... no mas, por no imitar a Garcilaso en aquella figura Correctionis quando dijo
A satira me voy mi paso á paso,
cosa para mi mas odiosa que mis librillos á Almendares y mis Comedias á Cervantes.
»Si allá murmuran de ellas algunos que piensan que las escribo por opinion, desengañeles Vm. y dígales que por dinero.»
Carta sin fecha: «Estos dias he escrito un libro que llamo Pastores de Belen, prosa y versos divinos á la traza de La Arcadia. Dicen mis amigos, lisonja aparte, que es lo mas acertado de mis ignorancias, con cuyo animo le he presentado al Consejo y le imprimiré con toda brebedad, que ha sido devocion mia, y aunque de materia sagrada, tan copiosa de historia humana y divina que pienso será recibido igualmente.»
Carta sin fecha: «No hay acá cosa nueva mas de que el gran Morales vino, y anoche estaban Pastrana, etc., la Señora Josefa Vaca descolorida y menos arrepentida. Hiciéronles bayles, vilos desde la calle por la reja, y habiendo dicho Victor, respondió dentro Pastrana: Esto habiamos de decir nosotros, y llovieron albricias de boca por todo el aposento.
»Carlos anda con calzones, dice que desea que V. E. le vea.»
«Toledo á 4 de Septiembre de 1605. Mi Jerusalén enviela á Valladolid para que el consejo me diese licencia. Imprimirela muy á prisa y el primero tendrá V. E. Es cosa que he escrito en mi mejor edad y con estudio diferente que otras de mi juventud, donde tiene mas poder el apetito y corazon.»
«Lerma á 19 de Octubre de 1613. Ya, Señor Exmo., estamos de partida para Ventorrilla. El miercoles se hará en aquel jardin, si quiere el agua, la comedia de estos caballeros y luego tomaré yo, si Dios fuese servido, el camino de mi casa para servir á V. E., como deseo...—Muy metidos estamos en hacer Dragones y serpientes para este teatro; pudiera ahorrarse la costa con darnos algunas de estas Señoras mondongas...—De Madrid me han escrito que por pregon público se ha prohibido que las mugeres no vayan á la Comedia, no se que se murmura aquí acerca de la causa.»
La noticia que doy de que Lope se casó con Isabel de Urbina, inmediatamente después de su vuelta de Inglaterra, se ve confirmada por la siguiente anécdota, por otra parte, insignificante, que cuenta en una carta sin fecha, porque no es posible suponer que, en caso contrario, refiriera de sí mismo lo que dice:
«Quiero contarle á V. E. un cuento, y es, que llegando yo mozuelo á Lisboa quando la jornada de Ingalaterra se apasionó una cortesana de mis partes y yo la visité lo menos honestamente que pude. Dile unos escudillos, reliquias tristes de las que habia sacado á una vieja madre que tenia, la qual con un melindre entre puto y grave me dijo asi: No me pago cuando me huelgo.»
Carta sin fecha: «No se si es sobra de tiempo ó falta de gusto juntar V. E. estos papeles que me escribe, pero de cualquiera suerte quisiera que fueran, ya que ignorancias mias, en su original por lo menos, por que aunque tengan los nombres no serán mias, pues de partos y adulterios ya no tendrian la primera forma que les di en sus principios. Liñan hizo algunas y yo las vi: del Cid eran dos, una de la Cruz de Oviedo y otra que llamaban la Escolastica, de Brabonel tambien, y de un Conde de Castilla: no se que escribiere otras: De Lupercio hubo algunas tragedias, pienso que buenas, lo que permitió aquel siglo en que ni los ingenios eran tantos ni los ignorantes tan atrevidos....... Se entretuviera mucho V. E. viendo tanto representante con el luto en los estómagos que es cosa lastimosa. Todos se han venido aquí, que como es el corazon este lugar no hay parte necesitada que no le pida favor.»
Merece notarse, como consta de la fecha de otras cartas, que Lope residió en Toledo, á fines de julio de 1610, y desde el 15 al 22 de marzo de 1611.—El Marqués de Pidal posee otra colección de cartas autógrafas de Lope de Vega al duque de Sessa.
[138] Libro de la vida del V. Bernardino de Obregón, por D. Francisco de Herrera y Maldonado, pág. 265 b.
[139] Nicolás Antonio.
[140] Montalván, Fama póstuma en Las obras sueltas, tomo XX.
[141] Ibid., y en Filomena, pág. 2.
[142] Arte nuevo de hacer comedias.
[143] Vida del V. Bernardino de Obregón, por Herrera, pág. 265.
«Así desde las Indias á Valaquia
Corra tu nombre y fama,
Que ya por nuestra patria se derrama
Desde que viste la morisca puerta
De Túnez y Biserta.
Armado y niño en forma de Cupido,
Con el marqués famoso
Del mejor apellido,
Como su padre, por la mar dichoso,
No siempre has de atender á Marte airado
Desde tu tierna edad ejercitado.»
[145] Vanderhamen, Historia de D. Juan de Austria, lib. IV.—Torres Aguilera, Crónica de varios sucesos, parte 3.ª, caps. 7.º y 8.º—Babia, Historia pontificia, parte 3.ª, cap. 7.º
[146] Vanderhamen, libs. IV, V y VI.
[147] V. las Memorias de la Academia de la Historia, tomo VI, apéndice 13.—Francisco I, durante su forzosa permanencia en España, exclamó, admirado de la extraordinaria juventud de muchos soldados españoles: ¡Oh bienaventurada España, que pare y cría los hombres armados!—L. Marineo, Cosas memorables, lib. V.
[148] Dedicatoria de Pobreza no es vileza, tomo XX.
[149] Si la historia de Fernando, en La Dorotea, fuese idéntica en todo á la de Lope, como lo es en algunos puntos, hubo de ir á la Universidad á los diez años y abandonarla á los diez y siete; pero lo primero concuerda difícilmente con los otros datos. Ateniéndonos también á La Dorotea, sus padres hubieron de morir mientras él residía en Alcalá, apoderándose de sus bienes un malvado, que huyó con ellos á América.
[150] Epístola de Belardo á Amarilis.
[151] Epístola al Dr. Gregorio de Angulo.
[152] En la Filomena se llama Elisa á Dorotea, y Nise á Marfisa.
[153] Dice así:
«Ni mi fortuna muda,
Ver en tres lustros de mi edad primera
Con la espada desnuda
Al bravo portugués en la Tercera,
Ni después, en las naves españolas,
Del mar inglés los puertos y las olas.»
La nimia precisión con que se expresa este poeta español, hablando de aquel tiempo, nos inclinaría acaso á interpretar las palabras tres lustros por quince años, y así se ha hecho, en efecto. (Véase un artículo sobre la vida de Lope, inserto en el cap. 19 de La Revue des deux mondes.) Pero el suceso, á que alude, ocurrió en el año 1577, y no concuerda con la historia, que nada nos habla de expedición alguna en dicho año contra las islas Azores. Para mí las palabras citadas han de entenderse durante tres lustros, y opino que Lope se refiere á todo el tiempo en que sirvió como soldado, comprendiendo, por tanto, el principio de su carrera militar, esto es, su primera expedición á la costa de África. Este espacio de tiempo abraza justamente unos quince años, desde 1573 á 1588.
[154] Herrera, Historia de Portugal, lib. IV.—Mosquera de Figueroa, Comentario de la jornada de las islas de las Azores, lib. I, fols. 14 y siguientes.—Miñana, en su Continuación á Mariana, tomo III, lib. VIII, cap. 10 de la edición en folio.
[155] Miñana, A., cap. 12.—Herrera, lib. V.—Mosquera de Figueroa, lib. II, fols. 58 y siguientes.
[156] Dorotea, lib. V.—Filomena, parte 2.ª
[157] Dedicatoria de Querer la propia desdicha á Claudio Conde (vol. XV).
[158] «En una jornada de mar, donde con pocos años iba á exercitar las armas, forzado de mi inclinacion exercité la pluma, donde á un tiempo mismo el general acabó su empresa y yo la mia. Allí, pues, sobre las aguas entre jarcias del galeon Sant Juan y las vanderas del Rey Catholico escribí y traduxe de Turpino estos pequeños cantos: á cuyas Rimas puse despues la última lima...» Las palabras acabó su empresa aluden á otra expedición, diversa de la dirigida contra Inglaterra, que fracasó por completo.
[159] Baena, Hijos ilustres de Madrid, tomo I, pág. 309.—Navarrete, Vida de Cervantes, pág. 248.—Pellicer, Vida de Cervantes, pág. 193.
«Esta historia verdadera
Que halló su autor en Italia
Del Caballero de Illescas.»
(Comedias de Lope de Vega, parte 14.)
[161] Dedicatoria de Las Almenas de Toro, parte 14.
[162] Dorotea, lib. V. La Egloga á la muerte de Doña Isabel de Urbina, por D. Pedro Medina de Medinilla, entre las poesías que siguen á La Filomena, y el verso citado antes, de la Egloga á Conde, cuyas palabras, hasta que en Alba fué mi noche obscura, se explican y completan mutuamente.
[163] Así se deduce de un soneto y de un epigrama latino, que se encuentran en Las Rimas, de Lope de Vega. (Parte 1.ª, soneto 178.)
[164] Por el interés que ofrece, en cuanto se refiere á la familia de Lope, es digno de nota el párrafo siguiente de la dedicatoria de El Valor de las mujeres (impresa en 1623 del tomo XVIII de sus Comedias): «Marcela es ya monja descalça. Lope está en Sicilia con el excelentísimo marqués de Santa Cruz, mi señor y mi protector.»
[165] Epíst. á D. Francisco de Herrera.
[166] Fundación y fiestas de la congregación del Oratorio de la calle del Olivar, por D. Joséf Martínez de Grimaldo. Madrid, 1657, IV, fólio 24.—Navarrete, Vida de Cervantes, pág. 468.
[167] D. Agustín Durán poseía un cuaderno autógrafo de Lope, que contiene escritos suyos diversos, y entre ellos algunas poesías líricas inéditas. Muchos de sus renglones aparecen rayados con innumerables enmiendas y adiciones. Es notable el plan de una comedia La palabra vengada, algo detallado, que se encuentra también en este cuaderno.
[168] Dieze, en sus notas á Velázquez y Navarrete, en la Vida de Cervantes, dice que el Arte nuevo de hacer comedias es del año 1602; Moratín le atribuye la fecha de 1609, y este dato parece el verdadero, porque el número de comedias, compuestas por Lope, que indica aquí, concuerda con el señalado por Pacheco en su apología del poeta, que precede á La Jerusalén conquistada, y excede considerablemente al expresado en el preámbulo al Peregrino en 1603.
[169] Cristóbal de Mesa, Rimas: 1611, fols. 187 y 216.—Artieda, Discursos y epigramas, fol. 87.—Villegas, Eróticas, epíst. 7.ª—Figueroa, El pasajero: Madrid, 1607, fols. 103 y 108.
[170] León Pinelo, en sus Anales de Madrid, no impresos, habla así de la fama y admiración general de que gozó Lope de Vega:
«Llegó á conseguir tanta estimacion para con todos, que se puede advertir de esto tres raras circunstancias que de otro ninguno se dicen: la primera, que no hubo en España grande, título, prelado, caballero, ministro, religioso ni hombre de calidad, letras y partes que no le buscase, y si se ofrecia no le diese con mucho gusto su lado y su mesa. Y de fuera de España le comunicaron todos los grandes ingenios, y hasta el pontífice Urbano VIII, de feliz memoria, que no habia persona de cualquier habilidad ingenua en toda Europa de quien no tuviese particular noticia. La segunda circunstancia fué la estimacion que le dió el pueblo donde quiera que estuvo, y particularmente en esta corte, donde en oyéndole nombrar los que no le conocian se paravan en las calles á mirarle con atenzion, y otros que venian de fuera luego le buscavan y á vezes le visitavan solo por ver y conocer la mayor maravilla que tenia la corte, y muchos le regalavan y presentavan alhajas, sin más título que el de ser Lope de Vega, y si llegava á comprar cualquiera cosa de mucha ó poca calidad, en saviendo que era Lope de Vega, se la ofrezian dada ó se la vendian con toda la cortesía y baja de valor que les era posible; la terzera es notable que dieron en Madrid, más de veinte años antes que muriese, ese dezir por adagio á todo lo que querían zelebrar ó alavar por bueno, que era de Lope, los plateros, los pintores, los mercaderes, hasta las vendedoras de la plaza, por grande encarezimiento, pregonavan fruta de Lope, y un autor grave, que escribió la historia del señor D. Juan de Austria, para levantar de punto la alavanza, dijo de uno que era capitan de Lope, y una muger, viendo pasar su entierro, que fué grande, sin saver cuyo era, dijo que aquel era entierro de Lope, en que acertó dos vezes.»
Después de describir prolijamente León el entierro de Lope, dice del año 1636:
«En este insigne ingenio tuvieron principio las comedias en la forma que hasta oy permanezen, y con su muerte han ydo descaeziendo, de modo que el Doctor Montalvan, en el año de 1632, pone setenta y siete poetas, de que refiere los nombres, y los más escrivian comedias; oy no podremos señalar quatro que se apliquen á esta ocupazion, y así se van despoblando los Theatros y desaciendo las compañías de la farsa.»
[171] Pinelo, Anales de Madrid, manuscrito del año 1635.—Francisco Manuel de Melo, Apólogos dialogales: 1657, pág. 635.—Quevedo, en las Obras de Burguillos.—Montalbán, I, c.
[172] Fabio Franchi, el editor de las exequias poéticas é italianas de Lope, dice así: «Negli anni del 30, 31, 32, che mi trovai en Madrid, conobbi e practicai il famosissimo poeta spagnuolo Lope de Vega, é sebbene mio principal fine di audare in Spagna doveva essere per conoscere quest'insigne homo, fu almeno la cosa, che portai piu racomandata al mio desiderio, e con ragione, per che trovai in quel fertilissimo ingegno ed erudito soggetto, che la fama era menore del suo merito. Lo practicai secretamente, e posso dire, che in tre anni nessuna commedia sua usci in teatro, che io non la sentissi una o due volte, trovando sempre che ammirar di nuovo. In fine ricco di tutte le sue opere stampate e di molte manuscritte ed obbligato delle sue cortesie me sie tornai in Italia, dove feci invidia a quelli, que mi sentivano dire aver praticato il gran Lope de Vega. Dopo continuai seco la corrispondenza, finche intesi el suo passaggio á miglior vita.—Essequie poetiche en Las Obras sueltas, tomo XXI, pág. 3.»—En los años 30, 31 y 32, en que estuve en Madrid, conocí y traté al famosísimo poeta español Lope de Vega; y como mi principal objeto al encaminarme á España fué conocer á este hombre extraordinario, una vez logrado, fué también satisfecho mi más vehemente deseo, hallando, al tratar á tan fecundísimo ingenio y erudito, que su fama era inferior á su mérito. Lo traté privadamente, y puedo decir, que, por espacio de tres años, no se representó comedia alguna suya, que yo no viese una ó dos veces, encontrando siempre en ellas algún nuevo motivo de admiración. Rico al fin con todas sus obras impresas y muchas manuscritas, y con un vivo recuerdo de su cortesía, regresé á Italia, excitando la envidia en cuantos me oían decir que yo había tratado al gran Lope de Vega. Después continué con él en correspondencia, hasta que supe su paso á mejor vida.—(T. del T.)
[173] La Spongia, de Torres Rámila, ha desaparecido, según se cree, sin dejar rastro ni huella; pero su refutación, por Francisco López de Aguilar, da una idea de la misma. Además, siendo tan rara esta refutación, no parece inútil extractar algo de ella, para comprender la crítica de aquel tiempo. Se titula así: Expostulatio Spongiae a Petro Turriano Ramila nuper evulgatae. Pro Lupo a Vega Carpio, Poetarum Hispaniae principe. Auctore Julio Columbario B. M. D. L. P. Item Oneiropaegnion et varia Illustrium Virorum poemata. In laudem ejusdem Lupi a Vega V. C. Tricassibus Sumptibus Petri Chevillot: anno 1618.—Rámila había dicho, aludiendo á Lope: «¡Quantos comoediarum acervos aspero nummo histrionibus recitandos commissisti, in quibus plerumque ineptire soles!»—¡Cuán grande muchedumbre de comedias, llenas de ordinario de sandeces, diste á recitar á los comediantes con trabajosa ganancia!—(T. del T.)—El pseudónimo Columbarium (esto es, Aguilar), le contesta de este modo: «O urbanam hominis frontem! qui sic Apollinem nummorum dispensatorem credit, ut alumnis suis cum poeseos splendore divitias putet erogare? Falleris graviter, si credis, musas etiam de egestate cogitare et ut poeticae facundiae ita divitiarum thesauros dominio suo coercere. Pauci certe sunt (in Hispania praecipue) qui carminibus suis e magnatum domibus fortunam deduxerint.»—¡Oh, frente urbana de hombre! Qué, ¿crees á Apolo dispensador de dineros, de suerte, que á sus discípulos concede riquezas á la vez que el esplendor de la poesía? Gravemente te engañas si piensas que las musas se preocupan de la pobreza, y que se hallan bajo su dominio tesoros de riquezas como de facundia poética. Pocos hay seguramente (y más en España), que hayan logrado con sus versos adquirir una fortuna en los palacios de los grandes.—(T. del T.)
Rámila lo atacaba también de esta manera: «Bellerophonti quotidie admoves soccos et cursitando defatigari non cessas, ut doctisimus in te scripserat cordubensis, cujus admirandae posteritati carmina canis potins quam canus allatras et mordes in theatro.»—Cada día arrimas los zuecos á Belerofonte, y no cesas de fatigarle corriendo, como había escrito contra ti el doctísimo cordobés, á cuyos versos, que han de ser admirados por la posteridad, can, más que cano, ladras y muerdes en el teatro.—(T. del T.)—A lo cual responde Aguilar: «Sciscitari parum á te lubet; quando ullos Gongorae versus Lupus noster censoria virgulo notaverit? Quando ipsum in theatro traduxerit? Intonuerat in illum foedis vocibus et magnos viros in Lupi odium concitarat, de ipsius versibus nulla non muginabatur et per suae (ut ita loquar) dicacitatis emissarios libellos volaticos evulgarat, cum ne verbum quidem ullum respondisset Vega, majoris animi esse ducens sola se modestia vindicare.»—¿Tienes á bien hacernos saber cuándo nuestro Lope deprimió con su censura verso alguno de Góngora? ¿Cuándo lo presentó tampoco en el teatro? Se había desencadenado contra él con palabras descompuestas, y había excitado á aborrecer á Lope á algunos magnates; refunfuñaba de sus versos, y además (para hablar así), había publicado libelos hijos de su mala voluntad, sin responderle Vega palabra alguna, y teniendo por más digno vindicarse sólo con su modestia.
Rámila había echado en cara á Lope su ignorancia del latín, y esto da motivo á su defensor para escribir la siguiente diatriba: «¡O ineptam criminandi licentiam et absurdum invidiae commentum, ei Romanae linguae inscitiam objicere, qui toties diversis Galliae, Italiae aliarumque nationum hominibus scripsit, toties incredibili styli suavitate respondit. Qui toties non vulgati saporis versus Ibericae Musae intertexuit, toties Heroum Hispanorum facta latino carmine celebravit. Testes vos facio, celebres tota Hispania Academiæ, quae alumnum vestrum e luce palam publicis honoribus decorastis!»—«¡Oh licencia estúpida de acusar, y absurdas fábulas de la envidia, calificar de ignorante de la lengua Romana á quien respondió tantas veces con increible suavidad de estilo á diversos franceses, italianos y de otras naciones; el que tantas veces interpoló entre sus versos españoles otros de lengua no vulgar, y tantas veces celebró en versos latinos las hazañas de los héroes españoles! ¡Testigos sois vosotras, Academias famosas en toda España, que á vuestro discípulo dispensásteis públicamente vuestros honores.» (T. del T.)—Rámila había dicho también, que pecaba la Jerusalén por no guardarse en el héroe la unidad debida, y que la buena memoria del rey Alfonso padecía con invenciones poéticas deshonrosas, y que la Angélica, la Arcadia y la Dragontea, eran ridículas, etc. La réplica de Columbario á todos estos ataques, es vaga y llena de generalidades. Más digno de atención, aunque lleno de las más exageradas alabanzas al poeta, es lo que dice un cierto Alfonso Sánchez en un apéndice á la obra citada. (Magistri Alphonsii Sanctii, Viri eruditisimi et Sacrae linguae in Complutensi Academia Profesoris publici. Primarii Appendix ad expostulationem Spongiae.) Establece como principios que:
«Artes á natura profectas.
»Licere prudenti doctoque, in repertis artibus mutare plurima.
»Non debere naturam ubique servare artem aut legem, sed dare.
»Lupum novam poematis artem condere potuisse In Lupo omnia secundum artem quod ipsi sit ars.
»Lupum veteres omnes poetas natura superasse.
»Que las artes son hijas de la naturaleza.—Que es lícito al docto y prudente mudar muchas cosas en las artes existentes.—Que la naturaleza nunca debe guardar arte ni ley, sino darlas.—Que Lope pudo fundar un poema nuevo en virtud de otra arte nueva.—Que en Lope todo es con arreglo al arte, porque él mismo es arte.—Y que Lope, por su naturaleza, había aventajado á todos los poetas antiguos.» (T. del T.)—Después intenta desenvolverlos en forma de disputa académica, empleando más bien declamaciones que argumentos. A continuación copiamos algunos párrafos de su apología.
«Ille (Lupus) excusat comoedias ita inventas prosequuntum, ne a more patrio discederet, non esse tamen veteri more a se compositas. Sed quid ad te, magne Lupe, comoedia vetus, qui meliora multa sæculo nostro tradideris, quam Menauder, Aristophanes et alii suo. Est in pretio antiquitas, quia prima, et longinquitas parit venerationem. Sed stet illis sua laus sine fraude, tibi gloriam inmortalem praesentia seacula impartiantur, futura servent. Scriptum reliquit Cicero, illum esse bonum Oratorem qui multitudini placet. Consule ergo multitudinem, nemo discrepat, omnes uno ore id optimum, quod Lupus dixerit, id pro lege normaque poematis. Hic siste parumper el admirandum famam, gloriamque singularem contemplare, quam nemo mortalium, ut, opinor, est adeptus. Omnis conditionis sexus, omnis et aetas, cum quid optimum probat, id a Lupo esse decit. Optimum et aurum, argentium, esculenta, poculenta et si quae ad usum humanae naturae alia, elementa denique ipsa á Lupo; rebus inanimatis vulgus nomem Lupi indidit, detulit illi sceptrum plebs, boni libentes, mali inviti regnum attulerunt, jure ergo regnat inter poetas
Velut inter ignes
Luna, mínores.
»Sic ergo ut Rex jus dici poetis, ipse supra jus poetarum, ipsi sibi ratio normaque poematis, quod sibi visum id ratum firmumque esto. Si quid tibi ab illo factum dictumve in poemate contra jus fasque poeseos esse videtur: non assequeris, causa latet, ille novit, tu pare illius imperio, sic Rex jubet, jus regni est jura dare, non accipere. Hoc tibi suadeas, tantam gloriam in scribendo assequuntum, quantum nemo unquam superioribus seculis, sive de literis sive de armis sit sermo, comparavit Lupus rebus omnibus, quae meliores esse probantur, nomem imposuit suum, et tune dubitas novam poesos artem posse condere? id modo flagitat natura, postulat saeculi conditio, res denique poseunt. Ciceronis orationis hodie in admiratione habemus, si tamen á diis manibus venisset Cicero et in Complutensi theatro unam ex illis repeteret, prae molestia omnes dilaberentur. Quia natura rerum ingenia hominum priscia illa fastidiunt, nova ergo invenienda, sequendum quo natura, ne deseramur. Tempere quo Mena floruit, ipse fuit Hispanus Ennius, Pacuvius et Livius, ecce vetus poema. Sequitur Garcias Lassus, qui poema excoluit, sylvas, bucolica et amores in duxit, en medium. Postremo Lupus, et novum, et noster Maro Ovidiusque, sic eum libet appellare, non Terentium; Natura Maro et Ovidins est.—Si Epici poematis nobis artem reliquisset Maro, non sequeremur? At quia Lupus dat respuemus? An fecundius illi ingenium, quia e Latio, isti non ita, quia ab Hispania? Profecto hic apud nos multo magis floret, quam Maro et Ovidius apud Romanos floruerunt; ingrata patria, quae exteros adorat, cives suos debito fraudat honore.—Non solum ergo novam artem posse tradere ad poemata judico, sed omnibus eum tanquam artem et poetices omnis regulam praeponerem, quem sequi imitarique deberent. Quae eum facit, ea hodie natura, mores et ingenia poseunt, ergo arte facit, quia sequitur rerum naturam. Contra si ad regulas veterumque leges Hispano componeret, contra naturam rerum et ingenia faceret.—Restat ergo apud Hispanos Lupum nihilsine arte imo omnia artificiose prudenter que scribere, ipsumque sibi et aliis artera esse.—Excúsase (Lope) de escribir así las comedias, tales cuales eran, porque de hacerlo con sujeción á la antigua usanza, se apartaría de las costumbres patrias. Pero, ¿qué te importa ¡oh gran Lope! la comedia antigua, cuando compones muchas en nuestro tiempo mejores que las que Menandro, Aristófanes y otros legaron al suyo? Valor tiene la antigüedad, y su prelación y lontananza grangea la veneración. Pero sin disminuir por malas artes su gloria, lo presente te galardona con fama imperecedera, y lo futuro te la conservará.... Cicerón dijo que es buen orador el que agrada al pueblo.
Complácele, pues, que ninguno discrepa de opinión; antes todos claman unánimes que lo óptimo es lo que Lope dijere, y esta ley es regla poética. Detente breve espacio, y contempla el renombre maravilloso, el lustre singular, que ningún otro mortal ha jamás alcanzado. Hombres y mujeres de cualquier clase, edad ó condición, para calificar lo más selecto, llámanle de Lope. El oro, la plata, los víveres, las bebidas, y cuanto sirve á los gustos humanos, si es exquisito, de Lope se apellida; hasta para las cosas inanimadas nombra el vulgo á Lope, y la plebe le ha dado el cetro, de buen grado los buenos, los malos acatan contra su voluntad su soberanía, y con razón reina entre los poetas.»
«Como la luna
Entre los astros inferiores.»
«Así como Rey da leyes á los poetas, y él es superior á toda ley poética, razón y norma de la poesía, y su opinión ha de ser obligatoria y firme para los demás. Y, si al parecer, hace ó dice poéticamente algo contra las leyes y conveniencias poéticas, aunque no lo explique, sus motivos tendrá, y bástete obedecerlo, porque como soberano de su reino, da leyes y no las admite. Hay que convencerse de que son tan celebrados sus escritos, que nunca, en siglos anteriores, lo fué tan famoso ninguno en letras ni en armas.—Si Lope ha impuesto su nombre á todo lo superior que existe, ¿es posible dudar de que ha podido establecer nuevas reglas á la poesía? Demándalo la misma naturaleza, pídelo la condición de nuestro siglo, la necesidad lo exige. Si hoy admiramos las oraciones de Cicerón, cierto es también, que si Cicerón resucitase y repitiese una de aquellas en el teatro complutense, cansaría á todos hasta el extremo, porque es conforme á la naturaleza de las cosas que las antiguas invenciones aburran, y que lo nuevo, si es también natural, agrade. Mena, Envio, Pacunio y Livio español, escribió la poesía antigua; la media, Garcilaso, que pulimentó sus versos, y describió las selvas y los amores pastoriles, y Lope, por último, la nueva, y es nuestro Marrón y nuestro Ovidio, porque tal es su nombre, no el de Terencio, puesto que la naturaleza lo ha hecho Marrón y Ovidio.—Si Virgilio nos hubiese dejado un arte de escribir la epopeya, ¿no la seguiríamos? ¿Y porque es de Lope la rechazamos? ¿Es acaso más fecundo el ingenio del uno, porque es del Lacio, que el del otro, por ser de España? Seguramente florece éste mucho más entre nosotros que Virgilio y Ovidio florecieron entre los romanos. Ingrata es la patria, que adora extraños, y priva á sus hijos del honor debido.—Creo, no sólo que puede trazar nuevos preceptos para escribir poemas, sino que prefiero á todos esos preceptos, por ser como arte y regla de toda poética, digna de ser seguida é imitada. Lo que hace es, porque así lo pide hoy la naturaleza, las costumbres y los ingenios, y por tanto lo hace con arte, puesto que se ajusta á la naturaleza de las cosas, y, por el contrario, se opondría á esto, y á lo que exigen los ingenios modernos, si compusiese con sujeción á las reglas de los antiguos, forzando en este molde las leyes españolas.... Por último, es corriente entre los españoles, que Lope nada escribe sin arte, sino que, antes bien, artificiosa y prudentemente, y él mismo es arte para sí y para los otros.»
A la conclusión entona el pomposo himno siguiente: «Facilis est in faciendo versu Ovidius et dulcis, nullum que reperies apud latinos suaviorem et ad poeticen thabiliorem. At in his non sequitur Lupus noster, sed praecedit, in facilitate par, in suavitate praestantior, in natura superior, in dissolutionibus nulli comparandus, in translationibus et allegoriis admirabilis, in omnibus quae pertinent ad artem quam natura postulat. Ipse videtur natura ipsa eloquens, quae se exprimit, im plurimis inimitabilis, in multis quem imitare non possis quod supra ingenia. Corpus vero poematis sic ornat, componit et illustrat, ut nihil á symmetria et pulchritudine discrepet, imo sic aptat, ut non ab humano ingenio, sed ab ipsa natura profectum esse videatur. In latinis paucos reperies illi pares in aliquibus, in omnibus neminem. In Graecis multo plures. Est in Latinis Maro divinus, hujus tamen Aeneidam ad Jerusalem Lupi appone. Grandis est in illa Maro, grandior in ista Lupus... In Latinis non est cumquo Draconteam aut Angelicam componas... ¡Sed quid plura pro Lupo tota acclamanti et consentiente rerum natura, mirante sæeculo! Non omnes ad omnia nati. Illi soluta claruit oratione, astricta alter, et alii quiden ad Heroica, alii ad dithyrambos nati; sicut in discipliniis aliis Theologi, Philosophi et Medici, Mathematici alii, non enim in omnibus omnia. At in Lupo tam admirabile ingenium, et ad omnia facile, ut qui modo in uno genere floreat, in altero regnare videatur, sic in omni poemate est Lupo, et omnia poemata in Lupo exculta perfectaque. Quare procul livor et invidentia, quamvis invidiosus existat, quia extra omnes aut supra invidentiam est Lupus. Soli ne invideant astra, lumen accipiant et sileant. Nam simul ac Sol is te Hispaniae affulsit nostrae, nulla visa sunt astra poetarum nisi noctu. Vive diu:
«Vir Celtiberis non tacende gentibus
Nostraeque lans Hispaniae.»
»Te Musarun Chorus adoret, Apollo illis praesidere te annuat, et in magno deorum Concilio aurea sede juxta se Jupiter assidere jubeat inter duas perpetuas comites, Minerva et Venerem, Gratiis, Musis deabus acclamantibus. ¡Dicite, Io Paean!
»Fácil y dulce es Ovidio haciendo versos, y ningún otro se encontrará entre los latinos más suave y más hábil para la poética. Pero Lope el nuestro no le sigue, sino que le precede y lo iguala en la facilidad, lo excede en la suavidad, es superior naturalmente, incomparable en los desenlaces, admirable en sus figuras y alegorias, y en cuanto pertenece al arte natural. Es elocuente por si, siguiendo sólo su natural impulso, casi siempre inimitable, no pudiendo imitársele en muchas cosas por ser superiores á los ingenios naturales. Adorna, compone é ilustra el cuerpo del poema de tal modo, que todo es simétrico y bello, y de tal manera lo dispone, que no parece obra de humano ingenio, sino de la misma naturaleza. Pocos se encontrarán entre los latinos que le igualen en algunas prendas; pero en todas, ninguno. Entre los griegos hay más. Virgilio Marón es divino entre los latinos; pero compara su Eneida con la Jerusalén de Lope. Grande es Marón en aquélla, mayor Lope en ésta. Entre los latinos no hay con qué comparar á la Dragontea y la Angélica. Pero, ¿á qué hablar más en favor de Lope, cuando lo aclama y ayuda la misma naturaleza, maravillándose el siglo? Todos no nacen para todo. Uno se hace famoso con la prosa, otros con el verso; unos han nacido para lo heróico y otros para los ditirambos, como en las ciencias unos son teólogos, otros filósofos y médicos, otros matemáticos, y no todos descuellan en todo. Pero el ingenio de Lope es tan admirable y tan flexible para todo, que brilla en un género literario y en otro parece ser soberano. Así, en toda composición se encuentra á Lope, y todos los géneros poéticos han sido cultivados y perfeccionados por Lope. ¡Lejos, pues, malevolencia y envidia, aunque el envidioso exista, porque sobre una y otra está Lope! No envidien los astros al sol, sino reciban su luz y se callen. En cuanto brilló este sol en España, ningún astro poético se vió ya sino de noche. ¡Vive, pues, perpetuamente!»
Vir Celtiberis non tacende gentibus,
Nostraeque laus Hispaniae.
«Adórete el coro de las musas, concédate Apolo presidirlas, y mande Júpiter que en el Gran Consejo de los dioses te sientes á su lado en silla de oro, entre tus dos perpetuas compañeras Minerva y Venus, y aclamándote las gracias, las musas y las demás diosas. ¡Decid, vitor pæan!»
De la veneración, llevada hasta la idolatría, que profesaban á Lope sus admiradores, da también una prueba el índice de la Inquisición de 1647. En el mismo se habla de un escrito, Símbolo de la fe que ha de tener á la poesía el apóstata de ella, que comienza: «Creo en Lope de Vega todo poderoso, poeta del cielo y de la tierra, etc.»