XIII.
Le dijo el grajo al cuervo.
Hora y media después todos los ilustres compañeros
de merienda estaban de vuelta en la
ciudad. El señor obispo y su familia habían
llegado con bastante anticipación, gracias al coche, 45-5
y hallábanse ya en palacio, donde los dejaremos
rezando sus devociones.
El insigne abogado, que era muy seco, y los
dos canónigos, a cual más grueso y respetable,
acompañaron al Corregidor hasta la puerta del 45-10
ayuntamiento, donde su señoría dijo tener que
trabajar, y tomaron luego el camino de sus respectivas
casas, guiándose por las estrellas como
los navegantes, o sorteando a tientas las esquinas
como los ciegos: pues ya había cerrado la 45-15
noche; aun no había salido la luna, y el alumbrado
público, lo mismo que las demás luces de
este siglo, todavía estaba allí en la mente divina.
En cambio, no era raro ver discurrir por
algunas calles tal o cual linterna o farolillo con 45-20
que respetuoso servidor alumbraba a sus magníficos
amos, quienes se dirigían a la habitual
tertulia o de visita a casa de sus parientes...
Cerca de casi todas las rejas bajas se veía, o
se olfateaba, por mejor decir, un silencioso bulto 45-25
negro. Eran galanes que al sentir pasos, habían
dejado por un momento de pelar la pava...
—¡Somos unos calaveras!—iban diciéndose el
abogado y los dos canónigos.—¿Qué pensarán
en nuestras casas al vernos llegar a estas horas? 46-5
—Pues ¿qué dirán los que nos encuentren en
la calle, de este modo, a las siete y pico de la
noche, como unos bandoleros amparados de las
tinieblas?
—Hay que mejorar de conducta... 46-10
—¡Ah, sí... pero ese dichoso molino!...
—Mi mujer lo tiene sentado en la boca del
estómago...—dijo el académico, con un tono en
que se traslucía mucho miedo a próxima pelotera
conyugal. 46-15
—Pues ¿y mi sobrina?—exclamó uno de los
canónigos, que por cierto era penitenciario.—Mi
sobrina dice que los sacerdotes no deben visitar
comadres...
Y sin embargo, interrumpió su compañero, 46-20
que era magistral, lo que allí pasa no puede ser
más inocente...
—¡Toma! Como que va el mismísimo señor
obispo!
—Y luego, señores, ¡a nuestra edad!... repuso 46-25
el penitenciario. Yo he cumplido ayer los
setenta y cinco.
—¡Es claro!—replicó el magistral.—Pero hablemos
de otra cosa: ¡qué guapa estaba esta tarde
la señá Frasquita! 46-30
—¡Oh, lo que es eso... como guapa, es guapa!—dijo
el abogado, afectando imparcialidad.
—Muy guapa... repitió el penitenciario dentro
del embozo.
—Y si no,—añadió el predicador de oficio,—que 46-35
se lo pregunten al Corregidor...
—¡El pobre hombre está enamorado de ella!...
—¡Ya lo creo!—exclamó el Confesor de la catedral.
—¡De seguro! (agregó el Académico... correspondiente).—Conque,
señores, yo tomo por aquí para
llegar antes a casa... ¡Muy buenas noches! 47-5
—Buenas noches...—le contestaron los Capitulares.
Y anduvieron algunos pasos en silencio.
—¡También le gusta a ese la Molinera!—murmuró
entonces el Magistral, dándole con el codo al
Penitenciario. 47-10
—¡Como si lo viera! (respondió éste, parándose a
la puerta de su casa).—¡Y qué bruto es!—Conque
hasta mañana, compañero.—Que le sienten a V. muy
bien las uvas.
—Hasta mañana, si Dios quiere...—Que pase V. 47-15
muy buena noche.
—¡Buenas noches nos dé Dios!—rezó el Penitenciario,
ya desde el portal, que por más señas tenía farol
y Virgen.
Y llamó a la aldaba. 47-20
Una vez solo en la calle, el otro Canónigo (que era
más ancho que alto, y que parecía que rodaba al andar)
siguió avanzando lentamente hacia su casa; pero, antes
de llegar a ella, se paró, y murmuró, pensando sin duda
en su cofrade de coro: 47-25
—¡También te gusta a ti la señá Frasquita!...—¡Y
la verdad es (añadió al cabo de un momento) que,
como guapa, es guapa!
LOS CONSEJOS DE GARDUÑA
Entretanto, el Corregidor había subido al Ayuntamiento,
acompañado de Garduña con quien mantenía
hacía rato, en el salón de sesiones, una conversación
más familiar de lo correspondiente a persona de su
calidad y oficio. 48-5
—¡Crea Usía a un perro perdiguero que conoce la
caza! (decía el innoble Alguacil). La señá Frasquita
está perdidamente enamorada de Usía, y todo lo que
Usía acaba de contarme contribuye a hacérmelo ver más
claro que esa luz... 48-10
Y señalaba a un velón de Lucena, que apenas si
esclarecía la octava parte del salón.
—¡No estoy yo tan seguro como tú, Garduña!—contestó
D. Eugenio, suspirando lánguidamente.
—¡Pues no sé por qué!—Y, si no, hablemos con 48-15
franqueza.—Usía... (dicho sea con perdón) tiene
una tacha en su cuerpo... ¿No es verdad?
—¡Bien, sí! (repuso el Corregidor). Pero esa tacha
la tiene también el tío Lucas. ¡Él es más jorobado
que yo! 48-20
—¡Mucho más! ¡muchísimo más! ¡sin comparación
de ninguna especie!—Pero en cambio (y es a lo que
iba), Usía tiene una cara de muy buen ver..., lo que
se llama una bella cara..., mientras que el tío Lucas
se parece al sargento Utrera, que reventó de feo. 48-25
El Corregidor sonrió con cierta ufanía.
—Además (prosiguió el Alguacil), la señá Frasquita
es capaz de tirarse por una ventana con tal de agarrar
el nombramiento de su sobrino...
—Hasta ahí estamos de acuerdo. ¡Ese nombramiento 49-5
es mi única esperanza!
—¡Pues manos a la obra, señor! Ya le he explicado
a Usía mi plan... ¡No hay más que ponerlo en ejecución
esta misma noche!
—¡Te he dicho muchas veces que no necesito consejos!—gritó 49-10
D. Eugenio, acordándose de pronto de que
hablaba con un inferior.
—Creí que Usía me los había pedido...—balbuceó
Garduña.
—¡No me repliques! 49-15
Garduña saludó.
—¿Conque decías (prosiguió el de Zúñiga, volviendo
a amansarse) que esta misma noche puede arreglarse
todo eso?—Pues ¡mira, hijo! me parece bien.—¡Qué
diablos! ¡Así saldré pronto de esta cruel incertidumbre! 49-20
Garduña guardó silencio.
El Corregidor se dirigió al bufete y escribió algunas
líneas en un pliego de papel sellado, que selló también
por su parte, guardándoselo luego en la faltriquera.
—¡Ya está hecho el nombramiento del sobrino! 49-25
(dijo entonces, tomando un polvo de rapé). ¡Mañana
me las compondré yo con los Regidores..., y, o lo
ratifican con un acuerdo, o habrá la de San Quintín!—¿No
te parece que hago bien?
—¡Eso! ¡eso! (exclamó Garduña entusiasmado, 49-30
metiendo la zarpa en la caja del Corregidor y arrebatándole
un polvo). ¡Eso! ¡eso! El antecesor de Usía
no se paraba tampoco en barras. Cierta vez...
—¡Déjate de bachillerías! (repuso el Corregidor,
sacudiéndole una guantada en la ratera mano).—Mi 50-5
antecesor era un bestia, cuando te tuvo de alguacil.—Pero
vamos a lo que importa. Acabas de decirme que
el molino del tío Lucas pertenece al término del lugarcillo
inmediato, y no al de esta población... ¿Estás
seguro de ello? 50-10
—¡Segurísimo! La jurisdicción de la ciudad acaba
en la ramblilla donde yo me senté esta tarde a esperar
que Vuestra Señoría... ¡Voto a Lucifer! ¡Si yo hubiera
estado en su caso!
—¡Basta! (gritó D. Eugenio).—¡Eres un insolente! 50-15
Y, cogiendo media cuartilla de papel, escribió una
esquela, cerrola, doblándole un pico, y se la entregó a
Garduña.
—Ahí tienes (le dijo al mismo tiempo) la carta que
me has pedido para el alcalde del Lugar. Tú le explicarás 50-20
de palabra todo lo que tiene que hacer.—¡Ya
ves que sigo tu plan al pie de la letra! ¡Desgraciado
de ti si me metes en un callejón sin salida!
—¡No hay cuidado! (contestó Garduña). El señor
Juan López tiene mucho que temer, y en cuanto vea la 50-25
firma de Usía, hará todo lo que yo le mande.—¡Lo
menos le debe mil fanegas de grano al Pósito Real, y
otro tanto al Pósito Pío!... Esto último contra toda
ley, pues no es ninguna viuda ni ningún labrador pobre
para recibir el trigo sin abonar creces ni recargo, sino 50-30
un jugador, un borracho y un sin vergüenza, muy amigo
de faldas, que trae escandalizado el pueblecillo...—¡Y
aquel hombre ejerce autoridad!... ¡Así anda el
mundo!
—¡Te he dicho que calles! ¡Me estás distrayendo! 51-5
(bramó el Corregidor).—Conque vamos al asunto
(añadió luego, mudando de tono). Son las siete y cuarto...
Lo primero que tienes que hacer es ir a casa y
advertirle a la señora que no me espere a cenar ni a
dormir. Dile que esta noche me estaré trabajando aquí 51-10
hasta la hora de la queda, y que después saldré de ronda
secreta contigo, a ver si atrapamos a ciertos malhechores...
En fin, engáñala bien para que se acueste
descuidada.—De camino, dile a otro alguacil que me
traiga la cena... ¡Yo no me atrevo a parecer esta noche 51-15
delante de la señora, pues me conoce tanto, que es
capaz de leer en mis pensamientos!—Encárgale a la
cocinera que ponga unos pestiños de los que se hicieron
hoy, y dile a Juanete que, sin que lo vea nadie, me
alargue de la taberna medio cuartillo de vino blanco.—En 51-20
seguida te marchas al Lugar, donde puedes hallarte
muy bien a las ocho y media...
—¡A las ocho en punto estoy allí!—exclamó
Garduña.
—¡No me contradigas!—rugió el Corregidor, acordándose 51-25
otra vez de lo que era.
Garduña saludó.
—Hemos dicho (continuó aquél, humanizándose de
nuevo) que a las ocho en punto estás en el Lugar. Del
Lugar al molino habrá... Yo creo que habrá una media 51-30
legua...
—Corta.
—¡No me interrumpas!
El Alguacil volvió a saludar.
—Corta... (prosiguió el Corregidor). Por consiguiente,
a las diez... ¿Crees tú que a las diez?... 52-5
—¡Antes de las diez! ¡A las nueve y media puede
Usía llamar descuidado a la puerta del molino!
—¡Hombre! ¡No me digas a mí lo que tengo que
hacer!...—Por supuesto que tú estarás...
—Yo estaré en todas partes... Pero mi cuartel 52-10
general será la ramblilla.—¡Ah, se me olvidaba!...
Vaya Usía a pie, y no lleve linterna...
—¡Maldita la falta que me hacían tampoco esos consejos!
¿Si creerás tú que es la primera vez que salgo
a campaña? 52-15
—Perdone Usía...—¡Ah! Otra cosa. No llame
Usía a la puerta grande que da a la plazoleta del emparrado,
sino a la puertecilla que hay encima del caz...
—¿Encima del caz hay otra puerta?—¡Mira tú una
cosa que nunca se me hubiera ocurrido! 52-20
—Sí, señor. La puertecilla del caz da al mismísimo
dormitorio de los Molineros..., y el tío Lucas no
entra ni sale nunca por ella. De forma que, aunque
volviese de pronto...
—Comprendo, comprendo... ¡No me aturdas más 52-25
los oídos!
—Por último: procure Usía escurrir el bulto antes
del amanecer.—Ahora amanece a las seis...
—¡Mira otro consejo inútil!—A las cinco estaré de
vuelta en mi casa...—Pero bastante hemos hablado 52-30
ya... ¡Quítate de mi presencia!
—Pues entonces, señor...¡buena suerte!—exclamó
el Alguacil, alargando lateralmente una mano al
Corregidor y mirando al techo al mismo tiempo.
El Corregidor puso en aquella mano una peseta, y
Garduña desapareció como por ensalmo. 53-5
—¡Por vida de!...(murmuró el viejo al cabo de
un instante). Se me ha olvidado decirle a ese bachillero
que me trajesen también una baraja! ¡Con ella
me hubiera entretenido hasta las nueve y media, viendo
si me salía aquel solitario!... 53-10
DESPEDIDA EN PROSA
Serían las nueve de aquella misma noche, cuando el
tío Lucas y la señá Frasquita, terminadas todas las
haciendas del molino y de la casa, se cenaron una
fuente de ensalada de escarola, una libreja de carne
guisada con tomates, y algunas uvas de las que quedaban 54-5
en la consabida cesta; todo ello rociado con un
poco de vino y con grandes risotadas a costa del Corregidor:
después de lo cual miráronse afablemente los
dos esposos, como muy contentos de Dios y de sí mismos,
y se dijeron, entre un par de bostezos que revelaban 54-10
toda la paz y tranquilidad de sus corazones:
—Pues, señor, vamos a acostarnos, y mañana será
otro día.
En aquel momento sonaron dos fuertes y ejecutivos
golpes aplicados a la puerta grande del
molino. 54-15
El marido y la mujer se miraron sobresaltados.
Era la primera vez que oían llamar a su puerta a
semejante hora.
—Voy a ver...—dijo la intrépida navarra, encaminándose
hacia la plazoletilla. 54-20
—¡Quita! ¡Eso me toca a mí! (exclamó el tío
Lucas con tal dignidad, que la señá Frasquita le cedió
el paso).—¡Te he dicho que no salgas!—añadió luego
con dureza, viendo que la obstinada Molinera quería
seguirle. 54-25
Ésta obedeció, y se quedó dentro de la casa.
—¿Quién es?—preguntó el tío Lucas desde en
medio de la plazoleta.
—¡La Justicia!—contestó una voz al otro lado del
portón. 55-5
—¿Qué Justicia?
—La del Lugar.—¡Abra V. al señor Alcalde!
El tío Lucas había aplicado entretanto un ojo a cierta
mirilla muy disimulada que tenía el portón, y reconocido
a la luz de la luna al rústico Alguacil del
Lugar 55-10
inmediato.
—¡Dirás que le abra al borrachón del Alguacil!—repuso
el Molinero, retirando la tranca.
—¡Es lo mismo...(contestó el de afuera); pues
que traigo una orden escrita de su Merced!—Tenga 55-15
V. muy buenas noches, tío Lucas...—agregó luego
entrando, con voz menos oficial, más baja y más gorda,
como si ya fuera otro hombre.
—¡Dios te guarde, Toñuelo! (respondió el murciano).—Veamos
qué orden es esa...¡Y bien podía el 55-20
señor Juan López escoger otra hora más oportuna de
dirigirse a los hombres de bien!—Por supuesto, que la
culpa será tuya.—¡Como si lo viera, te has estado
emborrachando en las huertas del camino!—¿Quieres
un trago? 55-25
—No, señor; no hay tiempo para nada. ¡Tiene V.
que seguirme inmediatamente! Lea V. la orden.
—¿Cómo seguirte? (exclamó el tío Lucas, penetrando
en el molino, después de tomar el papel).—¡A
ver, Frasquita! ¡alumbra! 55-30
La señá Frasquita soltó una cosa que tenía en la
mano, y descolgó el candil.
El tío Lucas miró rápidamente el objeto que había
soltado su mujer, y reconoció su bocacha, o sea un
enorme trabuco que calzaba balas de a media libra. 56-5
El Molinero dirigió entonces a la navarra una mirada
llena de gratitud y ternura, y le dijo, tomándole la cara:
—¡Cuánto vales!
La señá Frasquita, pálida y serena como una estatua
de mármol, levantó el candil, cogido con dos dedos, sin 56-10
que el más leve temblor agitase su pulso, y contestó
secamente:
—¡Vaya, lee!
La orden decía así:
«Para el mejor servicio de S. M. el Rey Nuestro 56-15
Señor (Q. D. G.), prevengo a Lucas Fernández, molinero,
de estos vecinos, que tan luego como reciba la
presente orden, comparezca ante mi autoridad sin excusa
ni pretexto alguno; advirtiéndole que, por ser
asunto reservado, no lo pondrá en conocimiento de 56-20
nadie: todo ello bajo las penas correspondientes, caso
de desobediencia.—El Alcalde:
Juan López.»
Y había una cruz en vez de rúbrica.
—Oye, tú. ¿Y qué es esto? (le preguntó el tío Lucas 56-25
al Alguacil). ¿A qué viene esta orden?
—No lo sé...(contestó el rústico; hombre de unos
treinta años, cuyo rostro esquinado y avieso, propio de
ladrón o de asesino, daba muy triste idea de su sinceridad).
Creo que se trata de averiguar algo de brujería,
o de moneda falsa... Pero la cosa no va con V....
Lo llaman como testigo o como perito.—En fin, yo no
me he enterado bien del particular... El señor Juan
López se lo explicará a V. con más pelos y señales. 57-5
—¡Corriente! (exclamó el Molinero). Dile que iré
mañana.
—¡Ca! ¡no, señor!... Tiene V. que venirse ahora
mismo, sin perder un minuto.—Tal es la orden que me
ha dado el señor Alcalde. 57-10
Hubo un instante de silencio.
Los ojos de la señá Frasquita echaban llamas.
El tío Lucas no separaba los suyos del suelo, como si
buscara alguna cosa.
—Me concederás cuando menos (exclamó al fin, 57-15
levantando la cabeza) el tiempo preciso para ir a la
cuadra y aparejar una burra...
—¡Qué burra ni qué demontre! (replicó el Alguacil).
¡Cualquiera se anda a pie media legua! La noche está
muy hermosa, y hace luna... 57-20
—Ya he visto que ha salido...—Pero yo tengo los
pies muy hinchados...
—Pues entonces no perdamos tiempo. Yo le ayudaré
a V. a aparejar la bestia.
—¡Hola! ¡Hola! ¿Temes que me escape? 57-25
—Yo no temo nada, tío Lucas...(respondió Toñuelo
con la frialdad de un desalmado). Yo soy la
Justicia.
Y, hablando así, descansó armas; con lo que dejó ver
el retaco que llevaba debajo del capote. 57-30
—Pues mira, Toñuelo... (dijo la Molinera). Ya
que vas a la cuadra... a ejercer tu verdadero oficio...,
hazme el favor de aparejar también la otra burra.
—¿Para qué?—interrogó el Molinero.
—¡Para mí!—Yo voy con vosotros. 58-5
—¡No puede ser, señá Frasquita! (objetó el Alguacil).
Tengo orden de llevarme a su marido de V. nada
más, y de impedir que V. lo siga.—En ello me van «el
destino y el pescuezo.»—Así me lo advirtió el señor
Juan López.—Conque... vamos, tío Lucas... 58-10
Y se dirigió hacia la puerta.
—¡Cosa más rara!—dijo a media voz el murciano
sin moverse.
—¡Muy rara!—contestó la señá Frasquita.
—Esto es algo... que yo me sé...—continuó 58-15
murmurando el tío Lucas, de modo que no pudiese
oírlo Toñuelo.
—¿Quieres que vaya yo a la ciudad (cuchicheó la
navarra), y le dé aviso al Corregidor de lo que nos
sucede?... 58-20
—¡No! (respondió en alta voz el tío Lucas). ¡Eso
no!
—¿Pues qué quieres que haga?—dijo la Molinera
con gran ímpetu.
—Que me mires...—respondió el antiguo soldado. 58-25
Los dos esposos se miraron en silencio, y quedaron
tan satisfechos ambos de la tranquilidad, la resolución
y la energía que se comunicaron sus almas, que acabaron
por encogerse de hombros y reírse.
Después de esto, el tío Lucas encendió otro candil y 58-30
se dirigió a la cuadra, diciendo al paso a Toñuelo con
socarronería:
—¡Vaya, hombre! ¡Ven y ayúdame... supuesto
que eres tan amable!
Toñuelo lo siguió, canturriando una copla entre 59-5
dientes.
Pocos minutos después, el tío Lucas salía del molino,
caballero en una hermosa jumenta y seguido del
Alguacil.
La despedida de los esposos se había reducido a lo 59-10
siguiente:
—Cierra bien...—dijo el tío Lucas.
—Embózate, que hace fresco...—dijo la señá
Frasquita, cerrando con llave, tranca y cerrojo.
Y no hubo más adiós, ni más beso, ni más abrazo, ni 59-15
más mirada.
UN AVE DE MAL AGÜERO
Sigamos por nuestra parte al tío Lucas.
Ya habían andado un cuarto de legua sin hablar palabra,
el Molinero subido en la borrica, y el Alguacil
arreándola con su bastón de autoridad, cuando divisaron
delante de sí, en lo alto de un repecho que hacía el 60-5
camino, la sombra de un enorme pajarraco que se dirigía
hacia ellos.
Aquella sombra se destacó enérgicamente sobre el
cielo, esclarecido por la luna, dibujándose en él con
tanta precisión, que el Molinero exclamó en el acto: 60-10
—Toñuelo, ¡aquel es Garduña, con su sombrero de
tres picos y sus patas de alambre!
Mas, antes de que contestara el interpelado, la sombra,
deseosa sin duda de eludir aquel encuentro, había
dejado el camino y echado a correr a campo travieso 60-15
con la velocidad de una verdadera garduña.
—No veo a nadie...—respondió entonces Toñuelo
con la mayor naturalidad.
—Ni yo tampoco,—replicó el tío Lucas, comiéndose
la partida. 60-20
Y la sospecha que ya se le ocurrió en el molino principió
a adquirir cuerpo y consistencia en el espíritu receloso
del jorobado.
—Este viaje mío (díjose interiormente) es una estratagema
amorosa del Corregidor. La declaración que
le oí esta tarde desde lo alto del emparrado me demuestra
que el vejete madrileño no puede esperar más.
Indudablemente, esta noche va a volver de visita al
molino, y por eso ha principiado quitándome de en 61-5
medio... Pero ¿qué importa? ¡Frasquita es Frasquita...,
y no abrirá la puerta aunque le peguen fuego
a la casa!... Digo más: aunque la abriese; aunque el
Corregidor lograse, por medio de cualquier ardid, sorprender
a mi excelente navarra, el pícaro viejo saldría 61-10
con las manos en la cabeza. ¡Frasquita es Frasquita!—Sin
embargo (añadió al cabo de un momento),
¡bueno será volverme esta noche a casa lo más temprano
que pueda!
Llegaron con esto al Lugar el tío Lucas y el Alguacil, 61-15
y dirigiéronse a casa del señor Alcalde.
UN ALCALDE DE MONTERILLA
El Sr. Juan López, que como particular y como
Alcalde era la tiranía, la ferocidad y el orgullo personificados
(cuando trataba con sus inferiores), dignábase,
sin embargo, a aquellas horas, después de despachar
los asuntos oficiales y los de su labranza y de pegarle a 62-5
su mujer la cotidiana paliza, beberse un cántaro de vino
en compañía del secretario y del sacristán, operación
que iba más de mediada aquella noche, cuando el Molinero
compareció en su presencia.
—¡Hola, tío Lucas! (le dijo, rascándose la cabeza 62-10
para excitar en ella la vena de los embustes). ¿Cómo
va de salud?—¡A ver, Secretario; échele V. un vaso
de vino al tío Lucas!—¿Y la señá Frasquita? ¿Se
conserva tan guapa? ¡Ya hace mucho tiempo que no
la he visto!—Pero, hombre..., ¡qué bien sale ahora 62-15
la molienda! ¡El pan de centeno parece de trigo candeal!—Conque...,
vaya... Siéntese V., y descanse;
que, gracias a Dios, no tenemos prisa.
—¡Por mi parte, maldita aquella!—contestó el tío
Lucas, que hasta entonces no había despegado los 62-20
labios, pero cuyas sospechas eran cada vez mayores al
ver el amistoso recibimiento que se le hacía, después de
una orden tan terrible y apremiante.
—Pues entonces, tío Lucas (continuó el Alcalde),
supuesto que no tiene V. gran prisa, dormirá V. acá 62-25
esta noche, y mañana temprano despacharemos nuestro
asuntillo...
—Me parece bien... (respondió el tío Lucas con
una ironía y un disimulo que nada tenían que envidiar
a la diplomacia del Sr. Juan López).—Supuesto que la 63-5
cosa no es urgente..., pasaré la noche fuera de mi casa.
—Ni urgente, ni de peligro para V. (añadió el
Alcalde, engañado por aquel a quien creía engañar).
Puede V. estar completamente tranquilo.—Oye tú,
Toñuelo... Alarga esa media-fanega, para que se 63-10
siente el tío Lucas.
—Entonces... ¡venga otro trago!—exclamó el
Molinero, sentándose.
—¡Venga de ahí!—repuso el Alcalde, alargándole
el vaso lleno. 63-15
—Está en buena mano... Médielo V.
—¡Pues, por su salud!—dijo el señor Juan López,
bebiéndose la mitad del vino.
—Por la de V..., señor Alcalde,—replicó el tío
Lucas, apurando la otra mitad. 63-20
—¡A ver, Manuela! (gritó entonces el Alcalde de
monterilla). Dile a tu ama que el tío Lucas se queda
a dormir aquí. Que le ponga una cabecera en el
granero...
—¡Ca! no... ¡De ningún modo! Yo duermo en 63-25
el pajar como un rey.
—Mire V. que tenemos cabeceras...
—¡Ya lo creo! Pero ¿a qué quiere V. incomodar
a la familia? Yo traigo mi capote...
—Pues, señor, como V. guste.—¡Manuela! dile a 63-30
tu ama que no la ponga...
—Lo que sí va V. a permitirme (continuó el tío Lucas,
bostezando de un modo atroz) es que me acueste en
seguida. Anoche he tenido mucha molienda, y no he
pegado todavía los ojos...
—¡Concedido! (respondió majestuosamente el Alcalde).—Puede 64-5
V. recogerse cuando quiera.
—Creo que también es hora de que nos recojamos
nosotros (dijo el Sacristán, asomándose al cántaro de
vino para graduar lo que quedaba). Ya deben de ser
las diez... o poco menos. 64-10
—Las diez menos cuartillo...—notificó el Secretario,
después de repartir en los vasos el resto del vino
correspondiente a aquella noche.
—¡Pues a dormir, caballeros!—exclamó el anfitrión,
apurando su parte. 64-15
—Hasta mañana, señores,—añadió el Molinero,
bebiéndose la suya.
—Espere V. que le alumbren...—¡Toñuelo!
Lleva al tío Lucas al pajar.
—¡Por aquí, tío Lucas!...—dijo Toñuelo, llevándose 64-20
también el cántaro, por si le quedaban algunas gotas.
—Hasta mañana, si Dios quiere,—agregó el Sacristán,
después de escurrir todos los vasos.
Y se marchó, tambaleándose y cantando alegremente
el De profundis. 64-25
. . . . . . . . . . .
—Pues, señor... (díjole el Alcalde al Secretario
cuando se quedaron solos). El tío Lucas no ha sospechado
nada. Nos podemos acostar descansadamente,
y... ¡buena pro le haga al Corregidor!
DONDE SE VERÁ QUE EL TÍO LUCAS TENÍA EL SUEÑO MUY LIGERO
Cinco minutos después, un hombre se descolgaba por
la ventana del pajar del señor Alcalde; ventana que
daba a un corralón y que no distaría cuatro varas del
suelo.
En el corralón había un cobertizo sobre una gran 65-5
pesebrera, a la cual hallábanse atadas seis ú ocho caballerías
de diversa alcurnia, bien que todas ellas del sexo
débil.—Los caballos, mulos y burros del sexo fuerte
formaban rancho aparte en otro local contiguo.
El hombre desató una borrica, que por cierto estaba 65-10
aparejada, y se encaminó, llevándola del diestro, hacia
la puerta del corral; retiró la tranca y desechó el cerrojo
que la aseguraban; abriola con mucho tiento, y
se encontró en medio del campo.
Una vez allí, montó en la borrica, metiole los talones, 65-15
y salió como una flecha con dirección a la Ciudad;—mas
no por el carril ordinario, sino atravesando siembras
y cañadas, como quien se precave contra algún
mal encuentro.
Era el tío Lucas, que se dirigía a su molino. 65-20
VOCES CLAMANTES IN DESERTO
¡Alcaldes a mí, que soy de Archena! (iba diciéndose
el murciano). ¡Mañana por la mañana pasaré a ver
al señor Obispo, como medida preventiva, y le contaré
todo lo que me ha ocurrido esta noche!—¡Llamarme
con tanta prisa y reserva, a hora tan desusada; decirme 66-5
que venga solo; hablarme del servicio del rey, y de
moneda falsa, y de brujas, y de duendes, para echarme
luego dos vasos de vino y mandarme a dormir!... ¡La
cosa no puede ser más clara! Garduña trajo al Lugar
esas instrucciones de parte del Corregidor, y esta es la 66-10
hora en que el Corregidor estará ya en campaña contra
mi mujer... ¡Quién sabe si me lo encontraré llamando
a la puerta del molino! ¡Quién sabe si me lo
encontraré ya dentro!...—¡Quién sabe!...—Pero
¿qué voy a decir? ¡Dudar de mi navarra!... ¡Oh, 66-15
esto es ofender a Dios! ¡Imposible que ella!...
¡Imposible que mi Frasquita!... ¡Imposible!...—Mas
¿qué estoy diciendo? ¿Acaso hay algo imposible
en el mundo? ¿No se casó conmigo, siendo ella tan
hermosa y yo tan feo? 66-20
Y, al hacer esta última reflexión, el pobre jorobado
se echó a llorar...
Entonces paró la burra para serenarse; se enjugó las
lágrimas: suspiró hondamente; sacó los avíos de fumar;
picó y lió un cigarro de tabaco negro; empuñó
luego pedernal, yesca y eslabón, y, al cabo de algunos
golpes, consiguió encender candela.
En aquel mismo momento sintió rumor de pasos hacia
el camino,—que distaría de allí unas trescientas varas. 67-5
—¡Qué imprudente soy! (dijo). ¡Si me andará ya
buscando la Justicia, y yo me habré vendido al echar
estas yescas!
Escondió, pues, la lumbre, y se apeó, ocultándose
detrás de la borrica. 67-10
Pero la borrica entendió las cosas de diferente modo,
y lanzó un rebuzno de satisfacción.
—¡Maldita seas!—exclamó el tío Lucas, tratando
de cerrarle la boca con las manos.
Al propio tiempo resonó otro rebuzno en el camino, 67-15
por vía de galante respuesta.
—¡Estamos aviados! (prosiguió pensando el molinero).
¡Bien dice el refrán: el mayor mal de los males
es tratar con animales!
Y, así discurriendo, volvió a montar, arreó la bestia 67-20
y salió disparado en dirección contraria al sitio en
que había sonado el segundo rebuzno.
Y lo más particular fue que la persona que iba en el
jumento interlocutor, debió de asustarse del tío Lucas
tanto como el tío Lucas se había asustado de ella. Lo 67-25
digo, porque apartose también del camino, recelando
sin duda que fuese un alguacil o un malhechor pagado
por D. Eugenio, y salió a escape por los sembrados de
la otra banda.
El murciano, entretanto, continuó cavilando de este 67-30
modo:
—¡Qué noche! ¡Qué mundo! ¡Qué vida la mía
desde hace una hora! ¡Alguaciles metidos a alcahuetes;
alcaldes que conspiran contra mi honra; burros que
rebuznan cuando no es menester; y aquí, en mi pecho,
un miserable corazón que se ha atrevido a dudar de la 68-5
mujer más noble que Dios ha criado!—¡Oh! ¡Dios
mío, Dios mío! ¡Haz que llegue pronto a mi casa y
que encuentre allí a mi Frasquita!
Siguió caminando el tío Lucas, atravesando siembras
y matorrales, hasta que al fin, a eso de las once de la 68-10
noche, llegó sin novedad a la puerta grande del
molino...
¡Condenación! ¡La puerta del molino estaba abierta!
LA DUDA Y LA REALIDAD
Estaba abierta... ¡y él, al marcharse, había oído a
su mujer cerrarla con llave, tranca y cerrojo!
Por consiguiente, nadie más que su propia mujer
había podido abrirla.
Pero ¿cómo? ¿cuándo? ¿por qué?—¿De resultas 69-5
de un engaño? ¿A consecuencia de una orden?—¿O
bien deliberada y voluntariamente, en virtud de previo
acuerdo con el Corregidor?
¿Qué iba a ver? ¿Qué iba a saber? ¿Qué le
aguardaba dentro de su casa?—¿Se habría fugado la 69-10
señá Frasquita? ¿Se la habrían robado? ¿Estaría
muerta?—¿O estaría en brazos de su rival?
—El Corregidor contaba con que yo no podría venir
en toda la noche... (se dijo lúgubremente el tío Lucas).
El Alcalde del Lugar tendría orden hasta de encadenarme, 69-15
antes que permitirme volver...—¿Sabía todo
esto Frasquita? ¿Estaba en el complot?—¿O ha sido
víctima de un engaño, de una violencia, de una infamia?
No empleó más tiempo el sin ventura en hacer todas
estas crueles reflexiones que el que tardó en atravesar 69-20
la plazoletilla del emparrado.
También estaba abierta la puerta de la casa, cuyo
primer aposento (como en todas las viviendas rústicas)
era la cocina...
Dentro de la cocina no había nadie.
Sin embargo, una enorme fogata ardía en la chimenea...;
¡chimenea que él dejó apagada, y que no se
encendía nunca hasta muy entrado el mes de Diciembre!
Por último, de uno de los ganchos de la espetera 70-5
pendía un candil encendido...
¿Qué significaba todo aquello? ¿Y cómo se compadecía
semejante aparato de vigilia y de sociedad con
el silencio de muerte que reinaba en la casa?
¿Qué había sido de su mujer? 70-10
Entonces, y sólo entonces, reparó el tío Lucas en unas
ropas que había colgadas en los espaldares de dos o
tres sillas puestas alrededor de la chimenea...
Fijó la vista en aquellas ropas, y lanzó un rugido tan
intenso, que se le quedó atravesado en la garganta, 70-15
convertido en sollozo mudo y sofocante.
Creyó el infortunado que se ahogaba, y se llevó las
manos al cuello, mientras que, lívido, convulso, con los
ojos desencajados, contemplaba aquella vestimenta,
poseído de tanto horror como el reo en capilla a quien 70-20
le presentan la hopa.
Porque lo que allí veía era la capa de grana, el sombrero
de tres picos, la casaca y la chupa de color de
tórtola, el calzón de seda negra, las medias blancas,
los zapatos con hebilla y hasta el bastón, el espadín y 70-25
los guantes del execrable Corregidor... ¡Lo que allí
veía era la hopa de su ignominia, la mortaja de su
honra, el sudario de su ventura!
El terrible trabuco seguía en el mismo rincón en que
dos horas antes lo dejó la navarra... 70-30
El tío Lucas dio un salto de tigre, y se apoderó de él.—Sondeó
el cañón con la baqueta, y vio que estaba
cargado. Miró la piedra, y halló que estaba en su lugar.
Volviose entonces hacia la escalera que conducía a la
cámara en que había dormido tantos años con la señá 71-5
Frasquita, y murmuró sordamente:
—¡Allí están!
Avanzó, pues, un paso en aquella dirección; pero en
seguida se detuvo para mirar en torno de sí y ver si
alguien lo estaba observando... 71-10
—¡Nadie! (dijo mentalmente). ¡Sólo Dios..., y
Ese... ha querido esto!
Confirmada así la sentencia, fue a dar otro paso,
cuando su errante mirada distinguió un pliego que había
sobre la mesa... 71-15
Verlo, y haber caído sobre él, y tenerlo entre sus
garras, fue todo cosa de un segundo.
¡Aquel papel era el nombramiento del sobrino de la
señá Frasquita, firmado por D. Eugenio de Zúñiga y
Ponce de León! 71-20
—¡Este ha sido el precio de la venta! (pensó el tío
Lucas, metiéndose el papel en la boca para sofocar sus
gritos y dar alimento a su rabia). ¡Siempre recelé que
quisiera a su familia más que a mí!—¡Ah! ¡No hemos
tenido hijos!... ¡He aquí la causa de todo! 71-25
Y el infortunado estuvo a punto de volver a llorar.
Pero luego se enfureció nuevamente, y dijo con un
ademán terrible, ya que no con la voz:
—¡Arriba! ¡Arriba!
Y empezó a subir la escalera, andando a gatas con 71-30
una mano, llevando el trabuco en la otra, y con el papel
infame entre los dientes.
En corroboración de sus lógicas sospechas, al llegar
a la puerta del dormitorio (que estaba cerrada), vio que
salían algunos rayos de luz por las junturas de las 72-5
tablas y por el ojo de la llave.
—¡Aquí están!—volvió a decir.
Y se paró un instante, como para pasar aquel nuevo
trago de amargura.
Luego continuó subiendo... hasta llegar a la puerta 72-10
misma del dormitorio.
Dentro de él no se oía ningún ruido.
—¡Si no hubiera nadie!—le dijo tímidamente la
esperanza.
Pero en aquel mismo instante el infeliz oyó toser 72-15
dentro del cuarto...
¡Era la tos medio asmática del Corregidor!
¡No cabía duda! ¡No había tabla de salvación en
aquel naufragio!
El Molinero sonrió en las tinieblas de un modo horroroso.—¿Cómo 72-20
no brillan en la obscuridad semejantes
relámpagos? ¿Qué es todo el fuego de las tormentas
comparado con el que arde a veces en el corazón del
hombre?
Sin embargo, el tío Lucas (tal era su alma, como ya 72-25
dijimos en otro lugar) principió a tranquilizarse, no bien
oyó la tos de su enemigo...
La realidad le hacía menos daño que la duda.—Según
le anunció él mismo aquella tarde a la señá Frasquita,
desde el punto y hora en que perdía la única fe 72-30
que era vida de su alma, empezaba a convertirse en un
hombre nuevo.
Semejante al moro de Venecia (con quien ya lo comparamos
al describir su carácter), el desengaño mataba
en él de un solo golpe todo el amor, transfigurando de 73-5
paso la índole de su espíritu y haciéndole ver el mundo
como una región extraña a que acabara de llegar. La
única diferencia consistía en que el tío Lucas era por
idiosincrasia menos trágico, menos austero y más egoísta
que el insensato sacrificador de Desdémona. 73-10
¡Cosa rara, pero propia de tales situaciones! La
duda, o sea la esperanza (que para el caso es lo mismo),
volvió todavía a mortificarle un momento...
—¡Si me hubiera equivocado! (pensó). ¡Si la tos
hubiese sido de Frasquita!... 73-15
En la tribulación de su infortunio, olvidábasele que
había visto las ropas del Corregidor cerca de la chimenea;
que había encontrado abierta la puerta del molino;
que había leído la credencial de su infamia...
Agachose, pues, y miró por el ojo de la llave, temblando 73-20
de incertidumbre y de zozobra.
El rayo visual no alcanzaba a descubrir más que un
pequeño triángulo de cama, por la parte del cabecero...
¡Pero precisamente en aquel pequeño triángulo se veía
un extremo de las almohadas, y sobre las almohadas la 73-25
cabeza del Corregidor!
Otra risa diabólica contrajo el rostro del Molinero.
Dijérase que volvía a ser feliz...
—¡Soy dueño de la verdad!... ¡Meditemos!—murmuró,
irguiéndose tranquilamente. 73-30
Y volvió a bajar la escalera con el mismo tiento que
empleó para subirla...
—El asunto es delicado... Necesito reflexionar.
Tengo tiempo de sobra para todo...—iba pensando
mientras bajaba. 74-5
Llegado que hubo a la cocina, sentose en medio de
ella, y ocultó la frente entre las manos.
Así permaneció mucho tiempo, hasta que lo despertó
de su meditación un leve golpe que sintió en un pie...
Era el trabuco que se había deslizado de sus rodillas, 74-10
y que le hacía aquella especie de seña...
—¡No¡ ¡Te digo que no! (murmuró el tío Lucas,
encarándose con el arma).—¡No me convienes! Todo
el mundo tendría lástima de ellos..., ¡y a mí me ahorcarían!
¡Se trata de un Corregidor..., y matar a un 74-15
Corregidor es todavía en España cosa indisculpable!
Dirían que lo maté por infundados celos, y que luego
lo desnudé y lo metí en mi cama... Dirían, además,
que maté a mi mujer por simples sospechas... ¡Y me
ahorcarían! ¡Vaya si me ahorcarían!—Además, yo 74-20
habría dado muestras de tener muy poca alma, muy
poco talento, si al remate de mi vida fuera digno de
compasión! ¡Todos se reirían de mí! ¡Dirían que
mi desventura era muy natural, siendo yo jorobado y
Frasquita tan hermosa!—¡Nada! ¡no! Lo que yo 74-25
necesito es vengarme, y, después de vengarme, triunfar,
despreciar, reír, reírme mucho, reírme de todos...,
evitando por tal medio que nadie pueda burlarse nunca
de esta jiba que yo he llegado a hacer hasta envidiable,
y que tan grotesca sería en una horca! 74-30
Así discurrió el tío Lucas, tal vez sin darse cuenta de
ello puntualmente, y, en virtud de semejante discurso,
colocó el arma en su sitio, y principió a pasearse con los
brazos atrás y la cabeza baja, como buscando su venganza
en el suelo, en la tierra, en las ruindades de la 75-5
vida, en alguna bufonada ignominiosa y ridícula para
su mujer y para el Corregidor, lejos de buscar aquella
misma venganza en la justicia, en el desafío, en el perdón,
en el cielo..., como hubiera hecho en su lugar
cualquier otro hombre de condición menos rebelde que 75-10
la suya a toda imposición de la naturaleza, de la sociedad
o de sus propios sentimientos.
De repente, paráronse sus ojos en la vestimenta del
Corregidor...
Luego se paró él mismo... 75-15
Después fue demostrando poco a poco en su semblante
una alegría, un gozo, un triunfo indefinibles...;
hasta que, por último, se echó a reír de una manera
formidable..., esto es, a grandes carcajadas, pero sin
hacer ningún ruido (a fin de que no lo oyesen desde 75-20
arriba), metiéndose los puños por los ijares para no reventar,
estremeciéndose todo como un epiléptico, y
teniendo que concluir por dejarse caer en una silla
hasta que le pasó aquella convulsión de sarcástico
regocijo.—Era la propia risa de Mefistófeles. 75-25
No bien se sosegó, principió a desnudarse con una
celeridad febril; colocó toda su ropa en las mismas sillas
que ocupaba la del Corregidor; púsose cuantas prendas
pertenecían a éste, desde los zapatos de hebilla hasta
el sombrero de tres picos; ciñose el espadín; embozose 75-30
en la capa de grana; cogió el bastón y los guantes, y
salió del molino y se encaminó a la Ciudad, balanceándose
de la propia manera que solía D. Eugenio de
Zúñiga, y diciéndose de vez en cuando esta frase, que
compendiaba su pensamiento: 76-5
¡También la Corregidora es guapa!
¡EN GUARDIA, CABALLERO!
Abandonemos por ahora al tío Lucas, y enterémonos
de lo que había ocurrido en el molino desde que dejamos
allí sola a la señá Frasquita hasta que su esposo
volvió a él y se encontró con tan estupendas novedades.
Una hora habría pasado después que el tío Lucas se 77-5
marchó con Toñuelo, cuando la afligida navarra, que se
había propuesto no acostarse hasta que regresara su
marido, y que estaba haciendo calceta en su dormitorio,
situado en el piso de arriba, oyó lastimeros gritos fuera
de la casa, hacia el paraje, allí muy próximo, por donde 77-10
corría el agua del caz.
—¡Socorro, que me ahogo! ¡Frasquita! ¡Frasquita!...—exclamaba
una voz de hombre, con el
lúgubre acento de la desesperación.
—¿Si será Lucas?—pensó la navarra, llena de un 77-15
terror que no necesitamos describir.
En el mismo dormitorio había una puertecilla, de que
ya nos habló Garduña, y que daba efectivamente sobre
la parte alta del caz.—Abriola sin vacilación la señá
Frasquita, por más que no hubiera reconocido la voz 77-20
que pedía auxilio, y encontrose de manos a boca con el
Corregidor, que en aquel momento salía todo chorreando
de la impetuosísima acequia...
—¡Dios me perdone! ¡Dios me perdone! (balbuceaba
el infame viejo).—¡Creí que me ahogaba! 77-25
—¡Cómo! ¿Es V.? ¿Qué significa? ¿Cómo se
atreve? ¿A qué viene V. a estas horas?...—gritó
la Molinera con más indignación que espanto, pero
retrocediendo maquinalmente.
—¡Calla! ¡Calla, mujer! (tartamudeó el Corregidor, 78-5
colándose en el aposento detrás de ella). Yo te lo diré
todo... ¡He estado para ahogarme! ¡El agua me llevaba
ya como a una pluma!—¡Mira, mira cómo me he
puesto!
—¡Fuera, fuera de aquí! (replicó la señá Frasquita 78-10
con mayor violencia). ¡No tiene V. nada que explicarme!...
¡Demasiado lo comprendo todo! ¿Qué me
importa a mí que V. se ahogue? ¿Lo he llamado yo a
V.?—¡Ah! ¡Qué infamia! ¡Para esto ha mandado
V. prender a mi marido! 78-15
—Mujer, escucha...
—¡No escucho! ¡Márchese V. inmediatamente,
señor Corregidor!... ¡Márchese V., o no respondo de
su vida!...
—¿Qué dices? 78-20
—¡Lo que V. oye!—Mi marido no está en casa;
pero yo me basto para hacerla respetar. ¡Márchese
V. por donde ha venido, si no quiere que yo le arroje
otra vez al agua con mis propias manos!
—¡Chica, chica! ¡no grites tanto, que no soy sordo!... 78-25
(exclamó el viejo libertino). ¡Cuando yo estoy
aquí, por algo será!... Vengo a libertar al tío Lucas,
a quien ha preso por equivocación un alcalde de monterilla...—Pero,
ante todo, necesito que me seques
estas ropas... ¡Estoy calado hasta los huesos! 78-30
—¡Le digo a V. que se marche!
—¡Calla, tonta!... ¿Qué sabes tú?—Mira...
aquí te traigo el nombramiento de tu sobrino...—Enciende
la lumbre, y hablaremos...—Por lo demás,
mientras se seca la ropa, yo me acostaré en esta cama... 79-5
—¡Ah, ya! ¿Conque declara V. que venía por mí?
¿Conque declara V. que para eso ha mandado arrestar
a mi Lucas? ¿Conque traía V. su nombramiento y
todo?—¡Santos y Santas del cielo! ¿Qué se habrá
figurado de mí este mamarracho? 79-10
—¡Frasquita! ¡soy el Corregidor!
—¡Aunque fuera V. el Rey! A mí, ¿qué?—¡Yo
soy la mujer de mi marido, y el ama de mi casa!—¿Cree
V. que yo me asusto de los Corregidores? ¡Yo
sé ir a Madrid, y al fin del mundo, a pedir justicia contra 79-15
el viejo insolente que así arrastra su autoridad por
los suelos! Y, sobre todo, yo sabré mañana ponerme
la mantilla, e ir a ver a la señora Corregidora...
—¡No harás nada de eso! (repuso el Corregidor,
perdiendo la paciencia, o mudando de táctica). No 79-20
harás nada de eso; porque yo te pegaré un tiro, si veo
que no entiendes de razones...
—¡Un tiro!—exclamó la señá Frasquita con voz
sorda.
—Un tiro, sí... Y de ello no me resultará perjuicio 79-25
alguno. Casualmente he dejado dicho en la ciudad que
salía esta noche a caza de criminales...—¡Conque
no seas necia... y quiéreme... como yo te adoro!
—Señor Corregidor; ¿un tiro?—volvió a decir la
navarra, echando los brazos atrás y el cuerpo hacia 79-30
adelante, como para lanzarse sobre su adversario.
—Si te empeñas, te lo pegaré, y así me veré libre de
tus amenazas y de tu hermosura...—respondió el
Corregidor, lleno de miedo y sacando un par de
cachorrillos.
—¿Conque pistolas también? ¡Y en la otra faltriquera 80-5
el nombramiento de mi sobrino! (dijo la señá
Frasquita, moviendo la cabeza de arriba abajo).—Pues,
señor, la elección no es dudosa.—Espere Usía
un momento; que voy a encender la lumbre.
Y, así hablando, se dirigió rápidamente a la escalera, 80-10
y la bajó en tres brincos.
El Corregidor cogió la luz, y salió detrás de la Molinera,
temiendo que se escapara; pero tuvo que bajar
mucho más despacio, de cuyas resultas, cuando llegó a
la cocina, tropezó con la navarra, que volvía ya en su 80-15
busca.
—¿Conque decía V. que me iba a pegar un tiro?
(exclamó aquella indomable mujer dando un paso atrás).—Pues,
¡en guardia, caballero; que yo ya lo estoy!
Dijo, y se echó a la cara el formidable trabuco que 80-20
tanto papel representa en esta historia.
—¡Detente, desgraciada! ¿Qué vas a hacer? (gritó
el Corregidor, muerto de susto). Lo de mi tiro era una
broma... Mira... Los cachorrillos están descargados.—En
cambio, es verdad lo del nombramiento...—Aquí 80-25
lo tienes... Tómalo... Te lo regalo... Tuyo
es... de balde, enteramente de balde...
Y lo colocó temblando sobre la mesa.
—¡Ahí está bien! (repuso la navarra). Mañana me
servirá para encender la lumbre, cuando le guise el 80-30
almuerzo a mi marido.—¡De V. no quiero ya ni la
gloria; y, si mi sobrino viniese alguna vez de Estella,
sería para pisotearle a V. la fea mano con que ha escrito
su nombre en ese papel indecente!—¡Ea, lo dicho!
¡Márchese V. de mi casa!—¡Aire! ¡aire! ¡pronto!... 81-5
¡que ya se me sube la pólvora a la cabeza!
El Corregidor no contestó a este discurso. Habíase
puesto lívido, casi azul; tenía los ojos torcidos, y un
temblor como de terciana agitaba todo su cuerpo. Por
último, principió a castañetear los dientes, y cayó al 81-10
suelo, presa de una convulsión espantosa.
El susto del caz, lo muy mojadas que seguían todas
sus ropas, la violenta escena del dormitorio, y el miedo
al trabuco con que le apuntaba la navarra, habían agotado
las fuerzas del enfermizo anciano. 81-15
—¡Me muero! (balbuceó).—¡Llama a Garduña!...
Llama a Garduña, que estará ahí... en la ramblilla...—¡Yo
no debo morirme en esta casa!...
No pudo continuar. Cerró los ojos, y se quedó como
muerto. 81-20
—¡Y se morirá como lo dice! (prorrumpió la señá
Frasquita).—Pues, señor, ¡esta es la más negra! ¿Qué
hago yo ahora con este hombre en mi casa? ¿Qué
dirían de mí, si se muriese? ¿Qué diría Lucas?...
¿Cómo podría justificarme, cuando yo misma le he 81-25
abierto la puerta?—¡Oh! no... Yo no debo quedarme
aquí con él. ¡Yo debo buscar a mi marido; yo debo
escandalizar el mundo antes de comprometer mi honra!
Tomada esta resolución, soltó el trabuco, fuese al
corral, cogió la burra que quedaba en él, la aparejó de 81-30
cualquier modo, abrió la puerta grande de la cerca,
montó de un salto, a pesar de sus carnes, y se dirigió a
la ramblilla.
—¡Garduña! ¡Garduña!—iba gritando la navarra,
conforme se acercaba a aquel sitio. 82-5
—¡Presente! (respondió al cabo el Alguacil, apareciendo
detrás de un seto).—¿Es V., señá Frasquita?
—Sí, soy yo.—¡Ve al molino, y socorre a tu amo,
que se está muriendo!...
—¿Qué dice V.?—¡Vaya un maula! 82-10
—Lo que oyes, Garduña...
—¿Y V., alma mía? ¿Adónde va a estas horas?
—¿Yo?...—¡Quita allá, badulaque!—Yo voy...
¡a la Ciudad por un médico!—contestó la señá Frasquita,
arreando la burra con un talonazo y a Garduña con un 82-15
puntapié.
Y tomó..., no el camino de la Ciudad, como acababa
de decir, sino el del Lugar inmediato.
Garduña no reparó en esta última circunstancia;
pues iba ya dando zancajadas hacia el molino y discurriendo 82-20
al par de esta manera:
—¡Va por un médico!... ¡La infeliz no puede
hacer más!—¡Pero él es un pobre hombre!—¡Famosa
ocasión de ponerse malo!... ¡Dios le da confites a
quien no puede roerlos! 82-25
GARDUÑA SE MULTIPLICA
Cuando Garduña llegó al molino, el Corregidor principiaba
a volver en sí, procurando levantarse del suelo.
En el suelo también, y a su lado, estaba el velón encendido
que bajó Su Señoría del dormitorio.
—¿Se ha marchado ya?—fue la primera frase de 83-5
D. Eugenio.
—¿Quién?
—¡El demonio!... Quiero decir, la Molinera....
—Sí, señor... Ya se ha marchado..., y no creo
que iba de muy buen humor... 83-10
—¡Ay, Garduña! Me estoy muriendo....
—Pero ¿qué tiene Usía?—¡Por vida de los
hombres!...
Me he caído en el caz, y estoy hecho una sopa....
¡Los huesos se me parten de frío! 83-15
—¡Toma, toma! ¡ahora salimos con eso!
—¡Garduña!... ¡ve lo que te dices!...
—Yo no digo nada, señor....
—Pues bien: sácame de este apuro....
—Voy volando.... ¡Verá Usía qué pronto lo arreglo 83-20
todo!
Así dijo el Alguacil, y, en un periquete, cogió la luz
con una mano, y con la otra se metió al Corregidor
debajo del brazo; subiolo al dormitorio; púsolo en
cueros; acostolo en la cama; corrió al jaraiz; reunió
un brazado de leña; fue a la cocina; hizo una gran
lumbre; bajó todas las ropas de su amo; colocolas en
los espaldares de dos o tres sillas; encendió un candil;
lo colgó de la espetera, y tornó a subir a la cámara. 84-5
—¿Qué tal vamos?—preguntole entonces a D.
Eugenio, levantando en alto el velón para verle mejor
el rostro.
—¡Admirablemente! ¡Conozco que voy a sudar!—¡Mañana
te ahorco, Garduña! 84-10
—¿Por qué, señor?
—¿Y te atreves a preguntármelo? ¿Crees tú que, al
seguir el plan que me trazaste, esperaba yo acostarme
solo en esta cama, después de recibir por segunda vez
el sacramento del bautismo?—¡Mañana mismo te 84-15
ahorco!
—Pero cuénteme Usía algo...—¿La señá
Frasquita?...
—La señá Frasquita ha querido asesinarme. ¡Es
todo lo que he logrado con tus consejos!—Te digo 84-20
que te ahorco mañana por la mañana.