Le valz bondit dans son sphérique empire.
Alfred de Vigni.
Del valse los acordes
Cual aves voladoras,
Batiendo alas sonoras
El aire hacen vibrar;
Y á sus alegres notas
Los grupos se estremecen,
Como los vientos mecen
Las flores de un rosal.
Ya la armonia
Con freno de oro,
Gobierna el coro
Puesta de pié:
Su alada planta
Traza ligera
Mágica esfera
Que nadie ve.
Unamos
El brazo
Con lazo
Tenaz,
El pecho
Sintiendo
Latiendo
A compas.
Y en rápidos
Giros
Suspiros
De amor,
La brisa
Se lleve
Con leve
Rumor!
Ya cruzan las parejas
Y alegres se suceden,
Y todos se preceden
Girando sin cesar,
Como se balancean
Las matinales brumas,
Ó cándidas espumas
Del agitado mar.
Oh, valz, imágen
De la armonia!
Tú de alegria
Sabes llenar,
El alma triste
De los dolientes
Que en tus corrientes
Pueden flotar.
Tú eres la imágen de nuestra vida,
Cuando con giros precipitados
Por tus cadenas aprisionados
A tus cautivos miras correr.
Así del hombre giran las horas
Encadenadas por el destino,
Y en torno suyo cual torbellino
Pasan.... mas nunca se ven volver!
Cada giro presenta un aspecto
Como faro que brilla y se eclípsa:
Ya es un rostro con grata sonrisa,
Ya una frente que anubla el dolor.
Así el hombre mezclado á la danza
De las horas con paso ligero,
Mira el rostro radiante ó severo
Que entristece ó que llena de amor.
Mas veo que mi alma su vuelo levanta!
Reclina en mis hombros tu cándida sien,
Que el círculo breve que ocupe tu planta
Será mi universo, mi mágico Edén.
Yo quiero cautivo vivir en tus brazos,
Yo quiero á tu ritmo mi paso arreglar,
Y unido á tu vida con mágicos lazos
Mirando tu rostro por siempre valsar!
———
Todos se alejan de mí
Como de un hombre maldito,
Que lleva en su frente escrito
Signo de reprobacion.
Corazon!
Triste estás y solitario,
Como vaso funerario
En túmulo de expiacion.
¡Oh mundo! á la playa estéril
Me lanzaste de tu seno,
Cual deposita en el cieno
Su hirviente espuma la mar;
Y al trazar
Mi oscuro nombre en la arena
Tu planta allí me condena
A ver mi nombre borrar.
Peregrino en tus hogares
Viviendo en perpétua guerra
Llena de espinas la tierra
Bajo mi planta sentí...
Ay de mí!
A la fuente de la vida
Por el mundo bendecida
Solo llanto y sangre dí!
Una llama celestial
Ardió una vez en mi pecho,
Velando junto á mi lecho
Un ángel consolador...
Era amor
Que los dolores suaviza!
Mas se convirtió en ceniza
Aquel sueño encantador!
Pedí consuelo al saber,
Y sus ardientes misterios
Eran horribles cauterios
A mi atormentada sien;
Y al vaiven
De las olas de la duda
Mi inteligencia, desnuda
Quedó de esperanza y bien.
Con la sonrisa en el labio
Y con la miel en el alma
Un dia tuve de calma
Al presentir la amistad.
Falsedad!
Sus manos estaban frias,
Yertas quedaron las mias
Y volví á la soledad.
Culto á la patria rendí,
Y por conquistar un nombre
Que lustre diese á mi nombre
Combatí por su pendon.
Ilusion!
Alcancé lauro bastardo,
Y una corona de cardo
Fué todo mi galardon.
Azoten mi sien tus alas!
Que tus cordeles me amarren,
Que tus uñas me desgarren
Sombrío genio del mal!
Que un fanal
Alza otro genio divino,
Alumbrándome el camino
Que cruza el alma inmortal!
I
Poeta, que cual sombra fugitiva
Cruzaste por el valle mundanal,
Duerme, mientras un hombre á tu sepulcro
Llega á entonar un himno funeral.
¡Leve te sea el polvo! mis acentos
No vengan tu reposo á perturbar.....
Que ensalzando tu genio y tus virtudes
Alta leccion al pueblo quiero dar.
Que aunque yaces helado en ese lecho,
Aun vive aquí tu espíritu inmortal,
Como un perfume que la vida impregna
Y pasa de una edad hasta otra edad.
Y la musa que vela en tu sepulcro
En medio de la negra tempestad,
Aun hace estremecer tu dulce lira
Agitando sus alas al pasar.
II
Como una flor purísima y hermosa
Nacida en estancado cenegal,
Así vivias tú, genio sublime,
En medio de este páramo glacial;
Y cual se eleva del pantano infecto
De su perfume grata suavidad,
Así tu acento se elevaba puro
A la mansion de la eternal bondad.
¡Pobre poeta! Ni un hermano tierno
Llegó tu mano cándida á estrechar,
Mientras que en tu volcánica cabeza
Germinaba la idea fraternal,
Que debian los hombres agruparse
En torno de un pendon universal,
Y ayudándose todos como hermanos
Conquistar la anhelada libertad.
Hoy sobre el yerto polvo que te cubre
Nadie su llanto viene á derramar,
Porque proscripto por feroz tirano
Moriste lejos del pais natal...
Y al estrangero muerto en el destierro
Nadie llega su ofrenda á tributar.
Jamás escelso circundó tu frente
El lauro hermoso que la patria dá,
Y que en la sien augusta del poeta
Semeja una aureola celestial.
La corona de espinas del martirio
Ensangrentó tu macilenta faz,
Como á Jesus clavado en el madero
Porque dijo: «vivimos para amar».
Ignoto y melancólico pasaste
Para volar al cielo á descansar;
Porque el genio es un pobre jornalero
Que fecunda la tierra con afan,
Y la hace producir sabrosos frutos
Que no es dado á sus labios el gustar.
¿Quién como tú sembró, noble poeta,
Esa semilla fértil y vivaz,
Que en los hermosos dias venideros
Ha de regenerar la humanidad?
Republicano de alma incontrastable
Cantaste á la divina libertad,
Con una voz tonante y poderosa
Que los tronos podia hacer temblar,
Y estremecer las masas populares
Cual las furiosas olas de la mar,
Y despertar el alta inteligencia
Que al cielo remontaba en vuelo audaz,
Mientras tranquilo el mundo contemplando,
Como estátua sobre alto pedestal,
Podias con los ojos del espíritu
Ver los hombres y dias de otra edad!
Y te arrojó la patria de su seno
Porque rendiste culto á la verdad!
No la patria, los monstruos que su cuello
Oprimieron con planta criminal.
Errante por el mundo con tu lira
Fuiste sus infortunios á cantar.
Ora en las ruinas de la antigua Roma
Do se asienta la inercia y liviandad,
Evocando la sombra de los Gracos
En las tumbas te vieron meditar:
Que impelida del soplo democrático
Midió el mundo con paso colosal,
Pero cayó sin fuerzas cuando airada
Su escudo le quitó la libertad,
Que deserta las glorias de los pueblos
Si la virtud su apoyo no le dá.
Saludaste las playas de la Grecia
Libre del torpe yugo musulman;
Que un pueblo si desplega su bandera
Guiado de omnipotente voluntad,
Ó muere cual Leonidas en Termópilas,
Ó triunfa cual la Grecia en nuestra edad.
En las montañas de la fresca Helvecia
En la voz del torrente y huracan,
Creiste sentir el silvo de la flecha
Con que á su patria, Tell, dió libertad;
Que la naturaleza habla á los hombres
Para los grandes hechos recordar.
Bajo el arco grandioso de la Estrella,
De estéril gloria monumento audaz,
Pensaste en los principios fecundantes
Que al mundo reveló la libertad,
Y en la palabra que batia en brecha
Cuatro tablas que alzó la vanidad.
Desde ellas el coloso de este siglo
La libertad del hombre quiso ahogar,
Pero tendiendo su ala abrasadora
De su labio brotó la tempestad,
Y lo estrelló en la roca solitaria
Que es á la vez su túmulo y altar.[7]
En el solar de nuestra madre patria
Te miraron su historia interrogar:
Do quier hallar la religion y gloria,
Sin encontrar jamas la libertad:
Flor que ostenta del iris los colores
Sin el perfume que la rosa dá.
Te vieron de Albion en los umbrales
Esa fábrica altiva contemplar,
Donde se quema incienso á la justicia
Y se ensancha la esfera intelectual...
Pero al llegar al interior del templo
Y doblar la rodilla ante el altar,
Viste el becerro de oro entronizado
Y minado en su base el pedestal,
Que no es cimiento sólido de un pueblo
La opulencia sin pública moral.
Pero al volver los ojos á tu patria
Era tu pecho de esperanza un mar,
Que al través de la niebla de los siglos
El porvenir quería iluminar,
Mirándola ceñida con la oliva
Brindar al mundo el néctar de la paz,
Derramando el bautismo de la ciencia
Y alzando las virtudes del hogar,
Ensalzando del hombre los derechos,
Y tributando culto á la verdad.
Las creaciones fecundas de los genios
De su frente mirabas irradiar,
Y veias en su zona luminosa
A la espada civil sobre el altar;
Mudo el cañon, que en los presentes dias
Al mas potente la justicia dá,
Y alumbrando este cuadro de ventura
Del cristianismo el fúlgido fanal.
Dulce era entonces el mirar la patria,
Que era tu canto de la fé raudal,
Y daba aliento al corazon cobarde
Para esperar los dias que vendrán!
Tú nunca renegaste la esperanza
Y á su manto te asiste con afan:
Ella fué tu constante lazarillo
En medio de la densa oscuridad,
Y siguiendo su huella luminosa
Decias:—«Yo te veo ¡oh libertad!
«Fija en el horizonte nebuloso
«Como el astro del polo en alta mar:
«Te veo por el orbe peregrina
«Vestida con el rústico sayal,
«Pero el báculo fiel de la esperanza
«Me indica que tú vas á descansar
«En las hermosas playas de mi patria,
«Mas hermosas el dia que entre palmas
«Te reciban con cántico triunfal.»
Si, poeta, algun dia nuestra patria
Los himnos de la union entonará
Y entonces en la plaza y la tribuna
De un gran pueblo la voz se escuchará,
Y sus nobles instintos dirigidos
Nos darán la comun felicidad;
Porque libre, pacífico y virtuoso
Residirá su fuerza en la moral.
Esperemos los dias venideros:
El rocío la flor fecundará,
El sol relucirá tras negra noche,
Y el cielo nos dará la libertad!
Un himno fué tu vida, que la muerte
Hizo en tus dulces labios espirar,
Como espira el sonido de una cuerda
Que la tension obliga á reventar.
Moriste, y en tu lecho de agonía
Perdió la patria un lauro divinal
Con que adornar su hermosa cabellera
En los benditos dias de la paz;
Perdió el pueblo la luz que lo guiaría
En medio de la negra tempestad,
Y lo llevase al linde del camino
Que el dedo del Señor marcando está.
Mas el mundo, poeta no veia
De tu génio la excelsa potestad:
Como luz encerrada en vaso opaco
Que llena el interior de claridad,
Sin que perciba el ojo indiferente
La misteriosa lumbre que allí está,
Así resplandecia tu alma pura
Bajo el opaco cráneo del mortal.
Y por eso tu estátua no erigieron,
De pié, sobre marmóreo pedestal,
Ni entonaron el himno funerario
Los poetas en coro universal...
Mas qué importan las pompas de la tierra
Que no mira en su necia vanidad,
Que mientras honra la corteza fria
El alma noble en el empíreo está!
En tu fosa los hombres colocaron
Pobre inscripcion en tabla sepulcral:—
«Aquí yacen los restos»... mas abajo:—
«Que murió de veinte años á la edad!»
¡Veinte años! cuando el pié aun vacilante
Ponías de la vida en el umbral,
Cuando para tomar aliento nuevo
Te sentaste un momento á reposar...
Y reposaste en ese frio lecho
En que se acuesta el mísero mortal,
Con la cabeza de la fé en la almohada
Y en brazos de la inmensa eternidad.
Oh tú, que en esa mente generosa
Abrigaste una utopia celestial,
Antes que ver los infortunios nuestros
En tu lecho de tierra duerme en paz!
III
Era una chispa de la luz divina
Que en una noche descendió del cielo
Para alumbrar tu mente peregrina,
Y que al brillar la estrella matutina
Se oscureció en el suelo.
Era una nota del celeste coro
En los espacios del Señor perdida,
Que al encontrar tu corazon sonoro
Lo hizo vibrar, como á la urna de oro
Por el acero herida.
Era una gota de divina esencia
Por un ángel en tu alma derramada,
Emanacion de la alta providencia
Que impregnando tu rígida conciencia
Dejóla perfumada.
Se oscureció la luz pura y radiante,
Se apagó la suavísima armonía,
Se evaporó el perfume penetrante...
Todo se encierra tíbio y palpitante
Bajo esa tumba fria.
IV
Descansa de tu fatiga
En esa tierra enemiga,
Trovador;
Descansa, cual virgen pura
En sus sueños de ventura
Y de amor.
Descansa en esa almohada
Con la frente coronada
De laurel;
Y no te importe que el hombre
No haya gravado tu nombre
Con cincel.
Porque un dorado letrero
Se compra por el dinero
Con baldon;
Mas no se compra la gloria,
Ni en el templo de la historia
La mansion.
Tú has dejado tus canciones
Que á nuevas generaciones
Pasarán,
Y que ante el génio postrados
Nuestros hijos estasiados
Leerán.
Tus páginas inspiradas
Relucirán salpicadas
De dolor,
Sin que se estrellen tus ecos
En cráneos y pechos huecos
Sin amor.
Que si este mundo inclemente
Puso en tu pálida frente:
¡Maldicion!
Al dejar el frio suelo
Estampara en ella el cielo
¡Bendicion!
Poeta, mi lira gime,
Pero ni un canto sublime
Viene á mí,
Que solo, el genio divino,
Que arrastra cual torbellino,
Te dió á tí.
Cubre mi frente sombría
Capúz de melancolía,
Funeral,
Y trae hasta mí el viento
De la campana el acento
Sepulcral.
Pronto en el negro horizonte
De nubes inmenso monte
Se alazará:
El Señor que las concita
El relámpago vomita
¡Hosaná!
V
Yo sobre la cruz pondré
Una purísima flor,
Y por tí derramaré
En una gota de fé
La esencia de mi dolor.
Del crepúsculo á la luz
En la tumba funeraria,
Al pié de cristiana cruz,
Levantaré la plegaria
Que hizo en el clavo Jesus.
Yo quisiera con mi lloro
Este sepulcro regar,
Poeta que tanto adoro,
Sin que de tu sueño de oro
Te pudiese despertar.
La muerte es sueño profundo
Descanso del viajador:
Cuando yace moribundo,
Durmiéndose en este mundo
Despierta en otro mejor.
En el albor de la vida
Es muy hermoso vivir,
Porque su senda florida
Nos dá la imágen querida
Del puerto á que hemos de ir.
Pero esas horas benditas
Pasan con velocidad,
Y envueltas en negras cuitas
Nos quedan rosas marchitas
Que arrastra la tempestad.
Y con su manto de hielo
La eternidad nos envuelve,
Y en ancho mar de consuelo
Se sacia el ardiente anhelo
Que la existencia revuelve.
La muerte es un don bendito,
Porque el Maestro celestial
Solo castigó el delito
De aquel Judio maldito
Con una vida eternal.
VI
Como antes de la victoria
Suele caer el guerrero,
Tú caiste, jornalero,
Sin concluir tu mision;
Y como aquel, que tranquilo
Sobre sus armas espira,
Caiste sobre tu lira
Con noble resignacion.
Pero tu nombre no ha muerto:
Él vivirá en la memoria,
Y será eterna la gloria
Del poeta popular;
Que en el corazon del pueblo
Cuando algun poeta gime,
Su canto noble y sublime
Siempre se oye resonar.
Y sus ecos se difunden,
Y se escuchan con encanto,
Llenando al pueblo de espanto
O haciéndole conmover:
Que el vate en su inspiracion
Nuestros sentidos sujeta,
Y con su brazo de atleta
Postra y alza nuestro ser.
Cual vorágine furiosa
Todo arrastra en su carrera,
Cual las pajas de la hera
Que arrebata el huracan;
Y del genio poseido,
Rie, llora, nos encanta,
Y atrevido nos levanta
En sus hombros de titan.
Tus cantos serán oidos
En el pueblo americano,
Como el nombre de Belgrano,
De Bolívar, San Martin,
Como se oyó en otros dias
La corneta atronadora,
Y la armonía sonora
De Chacabuco y Junin.
VII
Ayer el almendro cargado de flores
Estaba, mas vino furioso huracan,
Y hoy roto y marchito, sin flores, sin hojas,
Se ofrece á los rayos del gran luminar.
Ayer á mi patria miré que gozaba
Los bienes preciosos de paz é igualdad,
Y hoy veo que esclava, y en sangre revuelta
Se ofrece á los rayos del gran luminar.
Ayer un tirano con saña decia:—
«¡Yo soy el que mando, y esclavos serán!»
Y hoy roto en pedazos su trono sangriento
Se ofrece á los rayos del gran luminar.
Ayer un guerrero cubierto de gloria
Hollaba altanero su carro triunfal...
Mirad ese polvo... su humilde sepulcro,
Se ofrece á los rayos del gran luminar.
Ayer un poeta cantaba inspirado,
Mas vino la muerte con soplo letal,
Y hoy frio y vacío su cráneo potente
Se ofrece á los rayos del gran luminar.
VIII
En este lecho de silvestre grama
No te vendrá á turbar ningun mortal,
Ni el eco torpe que al tirano aclama,
Ni el rumor de la orgía mundanal.
Alguna vez al apagarse el dia
Oirás sonar mi fúnebre laud,
Y arrodillado ante tu fosa fria,
Decir al polvo del dolor ¡Salud!
¡Nunca te turbe el grito del hermano
Que cae herido del furor tenaz,
Y al abatir sobre esta cruz mi mano
Puedas, poeta, dormitar en paz!
I
Espíritu invisible, que enajenas
Las potencias del alma, y con cadenas
Atas la voluntad:
Tú que gobiernas la imantada barra
Cuando el manto del cielo se desgarra:
Ven á ensayar aquí tu potestad.
II
Y tú, mujer, bañada en mi creencia,
Recibe en tu alma su impalpable esencia
Cual vaso de eleccion:
Sé tú de la verdad sacerdotiza,
Y ciñe como nueva pitonisa
La aurëola que dá la inspiracion.
III
Duerme, mas no por siempre inanimado.
El sueño por mis manos derramado,
Angel de castidad;
Como la flor que en noches del estío
Se adormece con gotas de rocío,
Y se despierta al ver la claridad.
IV
Reclínate en el ala misteriosa
Del imantado sueño, niña hermosa,
Para soñar de amor;
Que la mujer que sueña es como el ave,
Que oculta su cabeza en ala suave
Blanca como los velos del pudor.
V
Permite que á tus ojos ponga venda,
Y que en el fondo de tu mente encienda
La antorcha de la fé,
Para que pueda ver tu inteligencia
Los mundos que se ocultan á la ciencia,
Y lo que el hombre al despertar no ve.
VI
Tu cuerpo cercaré de espesas nieblas,
Para que tu alma brille en las tinieblas
Cual faro celestial;
Y se estiendan las alas de tu alma,
Para volar á la region de calma
Donde se olvida el mundo terrenal.
VII
Vuela á ese mundo do el error no existe,
Do la verdad magnética se viste
Con casta desnudez:
Y cuando el manto de la fé te cubra,
Dínos lo que tu vista allá descubra,
Y desde lo alto de ese mundo ves.
VIII
Duerme en un lecho de azuladas nubes
Para ir á despertar entre querubes
En la region de luz,
Cual ave peregrina que se ausenta
Donde la noche el negro trono asienta
Para buscar regiones sin capuz.
IX
Duerme de ignotas flores coronada
Entre el aura por Dios magnetizada
Cual ángel infantil,
Para entreabrir tu vista adormecida
Al soplo embalsamado de la vida,
Que refresque tu cuerpo juvenil.
X
Mas allá de ese sueño hay otra vida,
Que como flor á todos escondida
Te dá tu emanacion:
Nueva tierra de América ignorada,
Que en alas de la brisa perfumada
Anuncia su existencia á otro Colon.
———
«Cuando sus alas opacas
Cual la noche oscura y fria,
Apagando mi alegría
Tiende el sombrío dolor;
Yo me siento consolado
Al contemplar tu belleza,
Y disipa mi tristeza
Una lágrima de amor.
«Como una estrella brillando
En la bóveda del cielo
Llena el alma de consuelo
Y de amor el corazon,
Así en medio de la noche
Admiro tus bellos ojos,
Y disipa mis enojos
Una lágrima de amor.
«Esos ojos que derraman
Amores y poesía
Consuelan el alma mia,
Mitigan mi cruel dolor.
De esos astros de mi cielo
Sobre mi frente marchita
Caiga una gota bendita,
Una lágrima de amor.»
De su guitarra al compás
Esto un poeta cantaba,
Y bajo un balcon estaba
Del objeto de su amor:
Caer sintió sobre su frente
Una gota suave y pura,
Una gota de ternura,
Una lágrima de amor.