—¡Por lo pronto, contestó el barón de Morel arrancándose el parche que por tanto tiempo cubriera su ojo izquierdo, creo haber cumplido mi voto dando muerte en leal combate á uno de los más pujantes y famosos caballeros enemigos! Y ahora ¡á morir matando!
—Lo mismo digo, asintió tranquilamente Oliver de Butrón, enarbolando pesada maza.
—¡Disparad hasta vuestra última flecha, arqueros! gritó el de Morel. ¡Entonces os quedarán todavía espadas y hachas para vender caras vuestras vidas!
COMO si el enemigo hubiera oído ó adivinado las palabras del intrépido jefe, alzóse entonces en todo el valle y en las cumbres vecinas el grito de venganza y exterminio de aquella raza aguerrida, que llevaba siglos enteros de lucha con los árabes y que preparaba el anonadamiento de otro puñado de invasores, no menos odiados que los sectarios de Mahoma. Cruenta y terrible fué la lucha, tan larga, tan encarnizada que aun hoy día conserva memoria de ella la tradición y entre los montañeses de la comarca se conoce el teatro de la hecatombe con el nombre de la "Roca de los Ingleses."
Mas no cedieron éstos al segundo asalto. Agotadas muy pronto las flechas de los arqueros, lucharon desesperadamente con espadas, picas, hachas y mazas, aprovechando todas las ventajas de su posición. Por fortuna, el combate cuerpo á cuerpo impidió á los honderos castellanos continuar su obra de destrucción. Sitiadores y sitiados luchaban confundidos en el único punto del camino por donde podía escalarse la altura y allí acudieron, dando el ejemplo á sus soldados, los pocos nobles ingleses que rodeaban al barón. Momentos hubo en que éste, Roger y Butrón hubieran perecido sin el oportuno refuerzo del escocés Burley al frente de los veteranos de Gales, que cayeron sobre el enemigo con furia sin igual, obligándole á retroceder buen trecho. Pero las pérdidas de los sitiados eran irreparables, al paso que los castellanos tenían escuadrones y compañías enteras de reserva en el valle, imposibilitados unos y otras de tomar parte en la lucha hasta entonces por las condiciones del terreno.
Un gigantesco caballero de Santiago llegó á escalar los últimos peñascos, y derribando á tres arqueros de otros tantos golpes blandía de nuevo la tajante espada, cuando le asió entre sus nervudos brazos el animoso Sir Oliver. Forcejeando furiosamente ambos enemigos, y rodando por el suelo en mortal abrazo, llegaron al borde de la elevada planicie y cayeron despeñados en el horrendo precipicio. La espada de Simón y la enorme hacha de Tristán brillaban al sol y golpeaban incesantemente sobre las cabezas enemigas, en primera línea. Reno cayó á su lado, malherido, y también pereció allí Sir Ricardo Causton. El señor de Morel, cubierto de sangre, hacía prodigios de valor, acudiendo á todas partes, animando y dirigiendo á sus soldados, seguido de cerca por Roger, que devolvía golpe por golpe, más ganoso de proteger á su señor que á sí mismo. Por último, los arqueros y hombres de armas que formaban á derecha é izquierda del lugar donde era más encarnizada la lucha, hicieron un esfuerzo supremo y precipitándose sobre los sitiadores, persiguiéndolos y atacándolos con desesperación, hicieron retroceder un tanto aquella incesante columna enemiga, en la que parecían no hacer mella las incesantes bajas.
Mientras se rehacían las fuerzas castellanas y consultaban sus jefes, aquella retirada parcial proporcionó á los ingleses que aun quedaban con vida el descanso que tanto necesitaban. Grandes habían sido sus pérdidas. De los trescientos setenta hombres que contaban al emprender la defensa de aquella altura, no quedaban en pie más de ciento cincuenta, heridos muchos de ellos. Entre los muertos se contaban ya los valientes nobles Burley, Butrón y Causton y los veteranos Yonson y Reno. Ni fué completo el respiro de los sobrevivientes, porque apenas deslindados los campos reanudaron el ataque los honderos posesionados de las cumbres inmediatas.
—Ahora más que nunca me enorgullezco de mandaros, dijo el barón contemplando con amor al puñado de héroes que le rodeaba. ¿Qué es eso, Roger? ¿Estás herido?
—Un rasguño, señor barón, contestó el escudero restañando la sangre de un tajo que le cruzaba la frente.
—Deseo hablarte, Roger, y también á vos, Norbury, dijo el barón dirigiéndose al escudero de Sir Oliver.
Los tres se encaminaron al extremo opuesto de la elevada planicie, bajo la cual se veía la roca cortada casi á pico, con algunos peñascos salientes de trecho en trecho.
—Es indispensable, continuó el señor de Morel, que el príncipe tenga noticia exacta de lo ocurrido. Podremos quizás resistir otra acometida porque no pueden atacarnos todos á la vez, pero el fin no está lejano. En cambio, la llegada de auxilios oportunos permitiría prolongar la defensa de esta posición y salvar la vida de los que aún quedasen defendiéndola. ¿Véis aquellos caballos que pastan allá bajo, entre las rocas?
—Sí, señor barón, contestaron los escuderos.
—¿Y aquel sendero que se pierde más lejos entre los árboles y parece conducir al otro extremo del valle? Un jinete resuelto podría quizás llegar hasta el campo del príncipe, ó cruzarse en el camino con las fuerzas de Sir Hugo Calverley, que no deben de estar muy lejos, y procurarnos el ansiado socorro. Hé aquí una cuerda suficientemente larga y fuerte para que uno de vosotros pueda bajar hasta los primeros peñascos de la hondonada. ¿Qué decís?
—Digo, señor, replicó Roger, que estoy pronto á obedeceros ahora mismo. Pero ¿cómo apartarme de vos en estas circunstancias?
—Para servirme mejor y quizás para salvarme, Roger. ¿Y vos, Norbury?
Por toda respuesta el escudero, no menos animoso que Roger, asió la cuerda y empezó á asegurarla firmemente en torno de una saliente roca. Después se quitó algunas piezas de la armadura, ayudado por Roger, que hizo lo propio con la suya, mientras el barón continuaba, dirigiéndose á Norbury:
—Si el príncipe ha pasado ya con el grueso del ejército, indagad como podáis el paradero de Chandos, Calverley ó Nolles. ¡Dios os proteja!
El barón y Roger, profundamente conmovidos, siguieron con la vista, inclinados sobre las rocas, el peligroso descenso del joven escudero. Llegado había éste á corta distancia y trataba de apoyar el pie en una hendidura de la roca, cuando recibió la primera descarga de los honderos enemigos. Una de las piedras le alcanzó de lleno en la sien y extendiendo los brazos cayó desplomado al abismo.
—Si Dios no me da mejor fortuna que á ese infeliz, dijo Roger al barón, hacedme la merced de decir á vuestra hija que he muerto pensando en ella y con su nombre en los labios.
Las lágrimas asomaron á los ojos del noble guerrero, que poniendo ambas manos en los hombros de Roger lo besó cariñosamente. El joven corrió á la cuerda y se deslizó por ella con gran presteza; las piedras lanzadas por las hondas enemigas se estrellaban contra la roca, una le rozó los cabellos y por fin otra le alcanzó en un costado, ocasionándole vivísimo dolor. Llegado, sin embargo, al extremo de la cuerda, se dejó caer desde no pequeña altura sobre la cumbre del más alto risco, que quedaba al pie de la formidable roca donde se hallaban sitiados sus amigos. Tan alta era ésta que todavía tuvo que descender Roger más de veinte varas, por una escarpada pendiente que apenas le ofrecía punto de apoyo. Aferrándose desesperadamente á las plantas silvestres que crecían en las hendiduras de las rocas, poniendo los pies en ligerísimas depresiones del inclinado plano, ó en piedras que con frecuencia se desprendían y amenazaban arrastrarlo consigo, expuesto á morir diez veces, llegó por fin á terreno firme y saltando de roca en roca ó corriendo entre los matorrales, se vió sano y salvo en la planicie que desde arriba le había mostrado el barón y donde pacían algunos caballos. Tendía ya la mano para asir la brida de uno de ellos, cuando recibió en la cabeza fuerte pedrada que lo derribó aturdido.
El hondero autor de aquella hazaña, viendo á Roger solo y exánime y juzgando por el aspecto y traje del joven que se trataba de un caballero inglés, comenzó á bajar precipitadamente de la colina donde se hallaba apostado con otros, ansioso de despojar á su víctima y sabedor de que los arqueros habían agotado todas sus flechas. Pero no contaba con Tristán de Horla, que levantando con sus forzudas manos pesado peñasco lo dejó caer á plomo sobre el hondero, al pasar éste al pie de la roca, con tanto tino que le destrozó un hombro, derribándolo al suelo, donde empezó á dar grandes gritos. Al oírlos se incorporó Roger, miró en derredor como atontado, y de pronto vió uno de los caballos que á pocos pasos de él estaba. Un momento le bastó para ponerse en la silla y lanzarse al galope por el sendero que debía conducirlo fuera de aquel valle fatal. Pero bien pronto conoció que iban á faltarle las fuerzas; sintió en el costado un dolor atroz, nublóse su vista y haciendo un esfuerzo supremo se inclinó sobre el cuello del caballo, lo estrechó fuertemente entre sus brazos y cerró los ojos, casi insensible ya á cuanto le rodeaba.
Nunca supo Roger lo que duró aquella carrera desenfrenada. Cuando volvió en sí se halló rodeado de soldados ingleses que le prestaban solícitos cuidados. Era un destacamento de doscientos arqueros y hombres de armas mandados por el temible Hugo de Calverley, quien á las primeras palabras de Roger despachó mensajeros con dirección al cercano campamento del príncipe y poniéndose al frente de sus soldados se lanzó al galope en auxilio del barón de Morel. Con él fué también Roger, atado sobre el caballo que le conducía, casi exánime por la pérdida de sangre, los golpes recibidos y las peripecias de aquella tremenda jornada.
Llegados los ingleses á una altura que dominaba en parte el valle divisaron en la cima de la roca convertida en fortaleza la bandera castellana. El enemigo se había apoderado por fin de aquel baluarte con tanto heroísmo defendido. Pero la lucha no había cesado por completo; en un extremo de la elevada planicie oponía todavía débil resistencia un puñado de ingleses. Aquel espectáculo arrancó un grito de furor á Sir Hugo y sus soldados, que clavando las espuelas en los ijares de sus caballos se lanzaron, ciegos de ira, contra los escuadrones enemigos.
El furioso ataque sorprendió á éstos sobre manera, é ignorantes del número de sus enemigos y creyendo que los rodeaba el grueso del ejército inglés que se hallaba por aquellos contornos, dieron la señal de retirada, apresurándose á dejar el valle en busca de posición más favorable para la defensa.
Los ingleses no pensaron en continuar su ataque ni en perseguirlos. Su principal anhelo era llegar á la altura donde esperaban rescatar á algunos de sus amigos. Triste cuadro se ofreció á su vista; montones de muertos y heridos castellanos y leoneses, franceses é ingleses; y mas allá, al pie de una roca, siete arqueros, con el indomable Tristán de Horla en el centro, heridos todos pero no vencidos todavía, blandiendo las ensangrentadas espadas y saludando á sus salvadores con un grito de bienvenida.
—¡Tremenda lucha y defensa heróica la vuestra! exclamó Sir Hugo, contemplando con asombro aquella escena asoladora. Pero ¿qué es eso? ¿También habéis hecho prisioneros? continuó diciendo al ver á Don Diego de Álvarez desarmado entre los arqueros.
—Sólo uno, y me pertenece, respondió Tristán. Lo he custodiado y defendido cuidadosamente, porque representa mi fortuna y la de mi viejecita madre si vuelvo á verme algún día en Horla....
—Tristán, ¿dónde está el barón de Morel? interrumpió Roger ansiosamente.
—Creo que ha perecido, como casi todos. Yo ví al enemigo poner su cuerpo sobre un caballo. Estaba desvanecido ó muerto y se lo llevaron....
—¡Dios del cielo! ¿Y Simón?
—También le ví arrojarse espada en mano sobre los captores de nuestro señor, y no sé si lo mataron ó lo hicieron prisionero.
—¡Den los clarines la orden de marcha! gritó Sir Hugo con voz tonante. ¡Maldición! ¡Volvamos al campo, y os prometo que antes de tres días habremos vengado al barón de Morel! Cuento con vosotros, valientes, y desde ahora quedáis incorporados á mi escuadrón predilecto.
—Somos arqueros y pertenecemos á la Guardia Blanca, señor, se aventuró á decir Tristán.
—¡Ah, sí! ¡La famosa Guardia Blanca! repuso el gran guerrillero inglés, mirando tristemente en torno. Pero la Guardia ya no existe; la muerte se ha encargado de desbandarla. Cuidadme bien á ese valiente escudero, porque temo que no vuelva á ver la luz del sol, añadió señalando á Roger desfallecido. ¡En marcha!
NOS hallamos en Inglaterra, en una hermosa mañana de Julio, cuatro meses después de los sucesos que quedan relatados. Por el camino que conducía derechamente á la antigua ciudad de Vinchester y á no muy grande distancia de ella iban dos jinetes, joven, apuesto y ricamente ataviado el uno, con las espuelas de oro del caballero, al paso que el otro, hercúleo mocetón, tenía más trazas de gañán que de soldado, á no revelar su profesión la formidable espada que al cinto llevaba. Sobre la grupa de su caballo veíase un saco que contenía, entre otras cosas, los cinco mil ducados que pagara por su rescate Don Diego de Álvarez. Inútil es decir que era el jinete nuestro jovial amigo Tristán de Horla, elevado recientemente á la dignidad de escudero de Sir Roger de Clinton, señor de Munster, á cuyo lado cabalgaba en aquel momento.
Roger había sido armado caballero por el Príncipe Negro en persona, con aplauso de todo el ejército que le consideraba como uno de los más brillantes soldados del reino. Aquella defensa inaudita, aquel esfuerzo supremo de la Guardia Blanca había sido referido y ensalzado en toda la cristiandad y el príncipe heredero, en nombre del soberano, había colmado de honores á los escasos sobrevivientes de tan honroso hecho de armas. Por más de un mes fluctuó Roger entre la vida y la muerte, y tan luego triunfó su juventud y cesó el delirio, supo que había terminado la guerra y que nada se había podido averiguar sobre el paradero ni la suerte del barón de Morel. Recibió las felicitaciones y alabanzas que le prodigó en persona el príncipe, y tan luego se halló en disposición de soportar el viaje á Londres se embarcó acompañado de su fiel Tristán. Inmediatamente que llegaron á aquella ciudad emprendieron el camino de Hanson, pues Roger carecía de toda noticia desde la carta del prior que le anunció la muerte de su hermano.
Tristán comentaba con admiración y entusiasmo cuanto veían en el camino, la verdura y lozanía de los campos, los matices de las flores y la hermosa apariencia del ganado.
—Bien está que te regocijes, amigo Tristán, le dijo el joven caballero, pero cuanto á mí jamás pensé volver á la patria con tanta amargura en el corazón. Lloro por mi señor y por el valiente Simón Aluardo, y no sé cómo atreverme á comunicar la pérdida del primero á la baronesa y á su hija, suponiendo que no tengan ya noticia de su desgracia.
—¡Ay de mí! exclamó Tristán dando un gemido que espantó á los caballos. Duro es el trance en que os véis y también yo lamento la muerte de ambos. Pero descuidad, que la mitad de estos ducados que aquí llevo se la daré á mi madre y la otra mitad la agregaremos á los dineros que vos tengáis, para comprar el Galeón Amarillo que nos llevó á Burdeos y con él saldremos en busca del barón.
—¡Buen Tristán! dijo Roger sonriéndose. Pero ¡ah! que si el barón viviese ya hubiéramos tenido nuevas suyas. ¿Qué villa es esa? preguntó poco después.
—¡Romsey! La conozco bien. Allí está el monasterio con su vieja torre parda. Permitidme que dé una moneda al venerable ermitaño que allí véis, sentado en aquella piedra junto al camino.
Suspendió el anciano sus preces para aceptar la dádiva del arquero.
—Soldados sois á lo que veo, hijos míos, y mis oraciones os acompañarán en vuestras empresas.
—De España venimos, reverendo padre, dijo Tristán.
—¿De España decís? ¡Ah! Infortunada expedición en la que tantos bravos ingleses han sacrificado las vidas que Dios les concediera. Hoy mismo he dado mi bendición á una noble dama que ha perdido cuanto amaba en esa cruel y lejana guerra.
—¿Qué decís? preguntó Roger con vivo interés.
—Sí, una joven y principalísima dama de esta comarca, tranquila y dichosa cual ninguna pocos meses hace y que se prepara á tomar el velo en el convento de Romsey. ¿No habéis oído hablar, mis buenos caballeros, de una compañía llamada la Guardia Blanca?
—¡Oh, sí, mucho! dijeron ambos á la vez.
—Pues el padre de la dama de que os hablo era el jefe de esa valiente fuerza, y su prometido era escudero del famoso capitán. Llegó aquí la nueva de que ni un solo miembro de la Guardia había sobrevivido á una serie de cruentos combates y la pobre doncella....
—¡Acabad! gritó Roger. ¿Habláis de Doña Constanza de Morel?
—La misma.
—¡Constanza monja! ¿Qué decís? ¿Tan terrible efecto le ha causado la pérdida de su padre?
—De su padre y del gallardo mancebo de rubios cabellos á quien adoraba. La muerte de este último es la que en verdad abre para ella las puertas del claustro....
—¡Á escape, Tristán! ¡Á Romsey! gritó Roger espoleando á su caballo, que partió como una flecha.
Grande había sido la alegría de las monjas de Romsey al saber que la noble cuanto hermosa Constanza de Morel había pedido ser recibida como hermana suya, tras corto noviciado. Hechos estaban todos los preparativos para la solemne ceremonia, decorado el templo, cubierto de flores el altar y numerosos grupos de gentes del pueblo se hallaban congregados en el atrio ó se encaminaban hacia la iglesia inmediata al monasterio, ansiosos de presenciar el imponente acto. Ya habían visto pasar á la venerable abadesa con su gran crucifijo de oro, seguida de las hermanas, del clero y los acólitos con los humeantes incensarios y de unas hermosas niñas que iban alfombrando de flores el suelo, al paso de la novicia. Seguíalas ésta entre cuatro compañeras suyas, cubierta de la cabeza á los pies por el blanco velo, y centro de todas las miradas.
Aquella solemne procesión llegó á las puertas del templo y se disponía á entrar en él cuando se notó súbita confusión en uno de los ángulos de la plaza, de donde pronto partieron grandes clamores. La multitud osciló primero y abrió luego paso á un jinete, á un joven caballero cubierto de polvo, que sin miramientos lanzaba su corcel sobre la compacta masa del pueblo. Era el mensajero de la juventud y del amor, que llegaba á tiempo de arrancar al claustro una vida que por ningún concepto le estaba destinaba. Llegado á los escalones que conducían al atrio saltó de su caballo, y apartando bruscamente á la sorprendida abadesa, dirigióse el doncel al punto donde se hallaba la novicia y extendiendo hacia ella sus brazos, exclamó con amoroso acento, en el que palpitaba profundísima emoción:
—¡Constanza!
—¡Roger!
La novicia iba á caer desvanecida, pero Roger la recibió en sus brazos y la estrechó amorosamente, con gran escándalo de la abadesa y con no menor admiración de las veinte monjas y novicias que presenciaban tan inesperado desenlace. Pero Constanza y Roger no se daban cuenta de lo que en torno de ellos sucedía, perdidos como estaban en mutua contemplación, embriagados con la felicidad inmensa de verse reunidos después de una separación que ella había creído eterna. Tras los amantes quedaba el obscuro arco de entrada del templo; frente á ellos la vida entera, llena de luz, de alegría y felicidad. Su elección quedó hecha en un momento y se dirigieron, entrelazadas las manos, hacia la luz, en busca del amor, abandonando ella para siempre el claustro, olvidados ambos por el momento de sus pasadas tristezas.
El anciano padre Cristóbal bendijo poco tiempo después su unión en la iglesia del Priorato de Salisbury. Los únicos testigos de la tierna ceremonia fueron la baronesa, Tristán de Horla y una docena de arqueros y servidores del castillo. La animosa señora de Morel, tras largos meses de ansiedad y amargos sufrimientos, dudaba todavía de la muerte del barón; parecíale imposible que habiendo regresado de tantas y tan mortíferas campañas, hubiese sonado para él la hora suprema en aquella última expedición, lejos de su hogar, privado del amor de los suyos y de los solícitos cuidados de su amante esposa. Desde luego manifestó el deseo de ir á España en persona y agotar todos los recursos para averiguar el paradero del barón. Disuadióla Roger de su proyecto, convenciéndola de que á él le tocaba emprender aquel viaje, debiendo quedarse ella acompañando á su hija y al cuidado de los múltiples intereses que suponía la administración de las vastas propiedades de Munster, unidas á la del castillo de Monteagudo y sus dependencias.
Fletó Roger el Galeón Amarillo, mandado por el mismo valiente capitán Golvín, y un mes después de su boda partió el joven señor de Munster para Sorel, acompañado de su fiel Tristán, á fin de averiguar si había llegado de Southampton el para ellos inolvidable galeón. Poco antes de llegar á Sorel se detuvieron en Dalton, pueblecillo de la costa, donde notó Roger la presencia de una pequeña galera recienllegada, á juzgar por el número de botes y lanchas que la rodeaban para conducir á tierra su cargamento.
Á un tiro de ballesta del pueblo había un pequeño edificio, entre mesón y taberna, hacia el cual se dirigieron los dos viajeros. Á una ventana del primero y único piso de la casita se asomaba un individuo que parecía contemplarlos con curiosidad. Mirándole estaba Tristán cuando salió corriendo del mesón una robusta moza, riéndose á carcajadas y perseguida de cerca por un truhán que muy pronto desapareció, lo mismo que la muchacha, entre los árboles del huerto. Echando pie á tierra los jinetes, ataron sus caballos á la cerca y apenas tomaron por el sendero que á la casa conducía se detuvieron atónitos, contemplándose en silencio, presa de profunda emoción.
—¡Ah, ma belle! decía una voz sonora. ¿Con que así tratas á un viejo soldado que hace tiempo no ha visto tan siquiera una buena moza inglesa? ¡Por el filo de mi espada! aguarda un poco y en lugar de un beso te daré media docena....
Una exclamación de alegría se escapó de los labios sonrientes de Roger y Tristán. ¡Era Simón, no cabía duda! Simón bueno y sano, que apenas puesto el pie en tierra volvía á las andadas. Iban á precipitarse en su busca, á llamarle á gritos, cuando oyeron otra voz que partía de la ventana.
—¿Qué ocurre, Simón? decía. Si me necesitas, no pido cosa mejor que empuñar la espada y desentumecer un poco el brazo, metiendo en cintura al primero que se desmande y nos busque pendencia, aunque sea en tierra propia.
Apareció Simón al oir la voz de su señor y en un instante se vió asido por los formidables brazos de Tristán, de los que pasó á los de Roger. No había vuelto de su sorpresa el buen Simón cuando se presentó en la puerta el barón de Morel, espada en mano y guiñando más que nunca sus ojillos, en busca de imaginario enemigo. Renováronse entonces los abrazos, que el barón y el veterano no tardaron en devolver con creces, poseídos de inmensa alegría.
Durante el viaje de regreso oyeron sus amigos el relato de sus portentosas aventuras. Hechos prisioneros ambos en la homérica lucha, allá en España, viéronse cautivos de un noble aragonés, que tras largo viaje los condujo á la costa, donde los embarcó con rumbo á unas posesiones que por allí tenía. Sorprendida su embarcación en alta mar por los piratas berberiscos, se acrecentaron sus sufrimientos bajo el yugo bárbaro de su nuevo amo; pero llegados á un puertecillo africano, el indomable barón halló modo de matar al capitán pirata en la barca que á tierra los conducía y arrojándose después al agua seguido de Simón ganaron á nado la tierra y tras mil penalidades lograron embarcarse en la galera que acababa de llevarlos á Inglaterra, no sin rico botín arrebatado con astucia á sus crueles enemigos. Inútil es hablar de su recepción en el castillo de Monteagudo, y de la inmensa ventura que llenó aquel dichoso hogar, poco antes tan agobiado por la tristeza y el dolor.
El barón León de Morel vivió todavía largos años, colmado de honores, tranquilo y feliz. La dicha de Roger de Clinton y su esposa adorada fué también completa. Dos veces guerreó él en Francia, conquistando preciados laureles y altísima fama. Concediósele distinguido puesto en la corte y por muchos años ejerció brillantes cargos en los reinados de Ricardo y de Enrique IV, quien le confirió la orden de la Jarretiera y le honró como á uno de los primeros caballeros y más valientes campeones de su tiempo.
Cuanto á Tristán de Horla, se casó con una linda muchacha de Dunán y allí se estableció definitivamente, gozando del prestigio que le daban sus proezas y los cinco mil ducados tan briosamente ganados allá en tierra de España. Él y su inseparable amigo Simón animaron frecuentemente con su presencia y su alegría perenne las bulliciosas veladas del Pájaro Verde. Simón acabó por ofrecer su amor y su nombre á la buena ventera que tan fielmente le guardara su botín de anteriores campañas. Así vivieron aquellos hombres, rudos si se quiere, como la época que los vió nacer y morir, pero francos, honrados y valientes, dejando á las generaciones venideras un ejemplo digno de imitación y aplauso.
FIN.
GEOGRAFÍAS, MAPAS, CARTAS, ETC.,
PUBLICADAS POR
LA CASA EDITORIAL DE D.
APPLETON Y CÍA.,
Nueva York.
I.
La Geografía Científica. Un tomo de 171 páginas, con mapas y diagramas; encartonado y uniforme con nuestra serie de Cartillas de las cuales forma parte. Precio, 30 centavos.
La Cartilla que hemos publicado bajo este título, por Grove, es la primera de su clase en los países españoles é hispanoamericanos. No es la geografía de este ó de aquel país, ó de tal ó cual estado, sino la geografía propiamente dicha, la Geografía como ciencia; y bajo este punto de vista, no está lejano el día en que se comience á enseñar á los jóvenes La Geografía Científica. Sin el conocimiento de los rudimentos de esta ciencia, ¿cómo se podrá jamás llegar con provecho al estudio y menos aún, al conocimiento de la geografía patria ni de la universal?
II.
Geografía Elemental, la Novísima, de Cornell. Traducida por Veitelle, corregida y adicionada recientemente por varios profesores. Un tomo en 4º menor, 71 páginas, con nuevos mapas, muchas láminas. Undécima edición corregida. Encartonada. Precio, 30 centavos.
Obra adoptada como texto en las escuelas de varias repúblicas hispanoamericanas.
La undécima edición, es más completa que todas las anteriores. Lleva al fin un Cuestionario de mucha utilidad práctica; y se la ha mejorado generalmente en la parte material.
En grandes cantidades, la facturamos á precios netos.
III.
Geografía de Smith, ó Primer Libro de Geografía Elemental, dispuesto para los Niños. Adornado con cíen grabados y catorce Mapas. Por Asa Smith. Traducido del inglés y adaptado al uso de las Escuelas de la América del Sur, las Antillas y Méjico, con Adiciones, por Temístocles Paredes. La nueva edición está adornada con más de 100 grabados, 18 mapas y un cuadro cromo-litográfico de las banderas de todas las Naciones. La obra ha sido enteramente refundida y arreglada por varios profesores. Es la única que conserva el plan original del autor y la ortografía Castellana moderna de la Academia. La nueva edición se vende á 50 centavos.
Esta obrita se ha preparado expresamente para el uso de las Escuelas Primarias. Examinándola, se hallará sumamente simple y fácil. Las definiciones de las divisiones naturales de la superficie de la tierra, son breves; las ilustraciones atractivas, los mapas claros y hermosos y el todo arreglado á la capacidad de los jóvenes estudiantes.
Los libros de Geografía de Smith que se han publicado en inglés, son las obras más populares para los niños en los Estados Unidos.
La Geografía de Smith publicada por esta casa, es la única autorizada por el autor. Multitud de ediciones inferiores y fraudulentas, se han hecho de ella; pero ninguna ha logrado los resultados que la nuestra, de la cual hemos publicado ya numerosas ediciones y cuya impresión se hace por millones de ejemplares.
La edición especial para la República Argentina, contiene un cuadro cromo-litográfico de Prohombres de aquel país.
Importante.—Esta Geografía, si se ordenan grandes cantidades, se factura á precio neto.
IV.
Nociones de Geografía Física. Por Archibaldo Geikie. Un tomo de unas 150 páginas, con láminas. Encartonado y uniforme con nuestra serie de Cartillas de las cuales forma parte. Precio, 20 centavos.
V.
Nociones de Geografía Antigua ó Clásica. Por Tozer. Un tomo encartonado y uniforme con nuestra serie de Cartillas de las cuales forma parte. Precio, 30 centavos.
Aunque de ésta como de otras muchas de nuestras Cartillas, se han hecho traducciones y reimpresiones que abundan en el mercado á precios sumamente bajos; en nuestro deseo de completar la serie de Cartillas, que venimos publicando desde hace muchos años, y de hacer una edición legítima y completa, de una buena traducción castellana, hemos dispuesto llevar á cabo la de ésta obrita, que está ilustrada con mapas y arreglada á los Planes de Estudios de España y de la América española.
VI.
Libro Segundo de Geografía Descriptiva. Por D. Ramón Páez. Destinado á seguir al Primero de Smith. Adornado con doce grandes Mapas enteramente nuevos y multitud de grabados. Forma un tomo de unas 100 páginas grandes, y la NUEVA EDICIÓN DE 1886, no obstante las grandes mejoras, se vende al mismo precio de $1.25.
Edición Enteramente Nueva, corregida y aumentada, conforme á los últimos datos estadísticos y cambios políticos, y arreglada al uso de las escuelas hispanoamericanas.
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Geografía Superior Ilustrada de Appleton. "La mejor de cuantas se conocen hasta ahora en español." Un hermoso tomo de 156 grandes páginas, con numerosos grabados y mapas coloreados, impreso en papel fino y satinado. Precio, $2.00.
El libro ha sido escrito con un espíritu imparcial para los países de América á que está especialmente destinado, y ni las antigüedades de sus primeras épocas, ni las maravillas y riquezas útiles de su suelo, ni su interés actual y porvenir, fueron desatendidos un solo momento en su preparación, compuesta en estricta obediencia con los adelantos de la educación moderna.
VIII.
Geografía Física Superior de Appleton. (Geografía Física Universal.) Un tomo de 120 grandes páginas, con numerosos grabados, mapas de colores, diagramas, etc. Impreso en papel satinado fino y bien encuadernado. Precio,——.
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No. 1. Mapas Mudos (Pliego-doble), comprendiendo los Hemisferios Occidental y Oriental, Diagramas de los Meridianos y Paralelos, Trópicos y Zonas, los Hemisferios del Norte y del Sur, y las Alturas de las Montañas principales.
No. 2. La América del Norte.
No. 3. Los Estados Unidos y Canadá.
No. 4. Los Estados Occidentales y Centrales, con planos grandes de las ciudades de Boston y Nueva York y sus alrededores.
No. 5. Los Estados del Sur.
No. 6. Los Estados Occidentales.
No. 7. Méjico, América Central, y Las Indias Occidentales, con planos grandes del istmo de Nicaragua y las Grandes Antillas.
No. 8. La América del Sur.
No. 9. Europa.
No. 10. Las Islas Británicas.
No. 11. Europa Central, Meridional y Occidental.
No. 12. Asia, con planos grandes de la Palestina y las Islas de Sandwich.
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Clave de los Mapas Mudos de Cornell. Para uso del Maestro. Un tomo de 59 páginas en 12º. Precio, 50 centavos.
Mapa Mudo, No. 14, de la República Argentina, con Clave especial Precio, $1.00.
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Mapa General de la República Argentina y Países Limítrofes. El ejemplar en papel cartulina, artísticamente coloreado, $12.00.
XI.
Mapa-Carta de la Isla de Cuba. Con el mar y las divisorias provinciales en color, papel cartulina, $8.50. El mismo, forrado en tela, barnizado, ribeteado, montado en cañas, $10.00.
XII.
Mapas para Escuelas y para Oficinas en General. Proyectados por Colton y Cía., Publicados por D. Appleton y Cía.
| I. | Hemisferio Oriental cuyo tamaño es de 40 por 35 pulgadas. |
| II. | Hemisferio Occidental, de tamaño y condiciones iguales á los del precedente. |
Estos mapas contienen, no solamente el dibujo principal, sino otros accesorios, colocados en los ángulos y espacios libres, cada cual completo en su género; como los Hemisferios Norte y Sur, los de agua y tierra, los del Atlántico y del Pacifico y otros que determinan las corrientes del Océano, las cuencas de desagüe, vientos dominantes, temperaturas, productos principales, etc. | |
| III. | Europa—cuyo tamaño es de 40 por 40 pulgadas. |
| IV. | Asia—de iguales dimensiones que el anterior. |
| V. | África—de 40 por 35 pulgadas. |
| VI. | América del Norte—de tamaño igual al del precedente. |
| VII. | América del Sur—de idénticas dimensiones que los anteriores. |
| VIII. | América Central—abraza los tres canales ó vías interoceánicas. |
Cada uno de estos mapas de las grandes divisiones del mundo, lleva perfiles que presentan las principales alturas de cada país, y otros hechos en analogía con la materia, todos ellos sobre la misma escala vertical para facilitar la comparación. | |
XIII.
Cuadros Murales, compuestos por Marcio Willson y N. A. Calkins, pudiendo usarse, bien por separado, bien como complemento del Manual de Enseñanza Objetiva de Calkins. La colección, montados en cartón. Precio, $14.00.
Son trece cuadros de Dibujo y Perspectiva, Líneas y Medidas, Formas y Sólidos, Colores, Escala Cromática (de los Colores), Zoología: partes 1ª, 2ª, 3ª, y 4ª; y Botánica: partes 1ª, 2ª, 3ª, y 4ª. Todas las figuras de estos cartones, están coloreadas y sombreadas, y á su incuestionable utilidad reunen las cualidades de adorno y belleza en los planteles de enseñanza. Son un medio eficaz para iniciar á los jóvenes en el conocimiento elemental de estas Ciencias, despertar en ellos el amor á estudios más completos de cada una de ellas y muy particularmente de la Zoología y de la Botánica.
XIV.
Cartones de Appleton para el Estudio y Práctica del Dibujo de Mapas. Arreglados para ser adaptados á cualquiera geografía y muy especialmente á la Superior Universal de Appleton. La colección de cartones y diagramas con instrucciones completas, todo colocado en una cartera de papel, 75 centavos.
La serie se compone de seis diagramas con instrucciones para dibujar los mapas de la América del Norte, América del Sur, Europa, Asia, África y Australia, y quince cartones en los cuales los paralelos y meridianos, están calculados para construir los mapas siguientes:
| 1. | Hemisferio Occidental. | 9. | Colombia, Venezuela y Guayanas. |
| 2. | Hemisferio Oriental. | 10. | Ecuador, Perú y Bolivia. |
| 3. | América del Norte. | 11. | Rep. Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile. |
| 4. | Estados Unidos. | 12. | Europa. |
| 5. | Méjico. | 13. | Asia. |
| 6. | América Central. | 14. | África. |
| 7. | Las Antillas. | 15. | Oceanía. |
| 8. | América del Sur. |
Los diagramas, se han preparado con instrucciones para levantar las líneas de construcción, y en los cartones, los meridianos y paralelos están calculados para los mapas de las cinco partes del mundo; y el resto, para los de los países principales de América. Después de haber hecho dibujos aproximados, pueden los alumnos, provistos de ellos, reunir los resultados de sus estudios en Geografía construyendo mapas completos de cada Continente y de países especiales, y llenarlos con tanta minuciosidad como juzguen oportuna.
OBRAS DE HISTORIA NATURAL
PUBLICADAS POR
LA CASA EDITORIAL DE D. APPLETON Y CÍA.,
Nueva York.
I.
El Reino Animal para Niños. Por el Doctor Juan García Purón. Instruir Deleitando. Serie de Libros Primarios de El Reino Animal para Niños. Arreglados para la instrucción gradual y progresiva de la infancia, en las escuelas y en la familia. Cada cuaderno, contiene 6 hermosas láminas de colores, yendo en cada una numeradas las figuras de los varios animales; y 8 páginas de lectura amena, variada y progresiva, con una cubierta iluminada. En paquetes de una docena surtida (dos ejemplares de cada número). El paquete, $2.00.
La serie se compone de seis libros ó cuadernos:
| No. 1. Animales Domésticos. |
| No. 2. Aves Mayores. |
| No. 3. Animales de Caza. |
| No. 4. Animales Salvajes. |
| No. 5. Aves Menores. |
| No. 6. Cuadrumanos y Pequeños Cuadrúpedos. |
Recomienda Rollin que se enseñe á los niños la Historia Natural; pero del modo que conviene á su edad. "Llamo, dice, Física de los niños, á un estudio de la Naturaleza que no requiere sino vista, y que por lo mismo está al alcance de toda clase de personas, hasta de los niños. Desde la más temprana edad se les puede imponer á los niños; pero proporcionándolo á sus pocos años, y llamando su atención sobre lo que esté más á su alcance, ya sea en lo referente á hechos, ya acerca de las reflexiones á que estos den ocasión. Parece increíble el número de conocimientos agradables y útiles con que ese ejercicio continuado desde los primeros años y metódicamente, llenaría el espíritu de los niños...." Un maestro cuidadoso, encuentra en este estudio el medio de formar el corazón de sus discípulos y de guiarlos á la verdad y el bien valiéndose de la misma Naturaleza.
"El primer libro para instruir á la infancia, dice Figuier, debe versar sobre la Historia Natural; y en lugar de llamar la atención de las jóvenes inteligencias hacia las fábulas y cuentos sin doctrina, es necesario dirigirlas hacia los sencillos y verídicos espectáculos de la Naturaleza; tales como la estructura de un árbol, la composición de una flor, los órganos de los animales, la perfección de las formas cristalinas de un mineral, ó la disposición interior de las capas que componen la tierra que hollamos con nuestra planta." Tal es el objeto con que el autor ha preparado estos libros, en los que ha reunido la instrucción, los ejemplos de moral y el deleite de la infancia.
II.
Nociones de Botánica. Por J. D. Hooker. Precio, 20 centavos.
Esta pequeña obra, que forma parte de nuestra serie de Cartillas Científicas, contiene una serie de lecciones elementales sobre los carácteres generales de las plantas que dan flores; trata de la célula y los tegidos, del alimento y desarrollo de la semilla y de la planta, de la raiz, el tallo, las yemas, las hojas, la flor, el cáliz, la corola y de multitud de otros asuntos presentados de un modo fácil y sencillo. Se ocupa de los Jardines Botánicos para colegios, y da modelos para ejercicios de lecciones con hojas y flores.
III.
Libro Primero de Zoología. Por el Doctor Juan García Purón. Obra adoptada de texto en España y varios países Hispano-Americanos. Forma un tomo uniforme con la Botánica y la Mineralogía del mismo autor; está ilustrado profusamente con hermosos grabados intercalados en el texto y elegantemente encuadernado. Precio, 70 centavos.
El Libro Primero de Zoología que ofrecemos al público, está considerado como el mejor de cuantos se conocen, y el único de su género en castellano. El autor, elevándose á las necesidades de la época y á los adelantos de la ciencia moderna; ha puesto su obra á la altura de los tiempos y al alcance de la juventud. Conduce gradualmente, de lo conocido, á lo desconocido por medio de lo semejante, despertando el interés del joven, y á la ves deleitándolo con el estudio. No existe un libro tan ameno é interesante, ni tan apropósito para el estudio del reino animal; al que no sólo da á conocer en todas sus fases, sino que inspira en los niños el amor hacia los animales.
IV.
Libro Primero de Botánica. Por el Doctor Juan García Purón. Obra adoptada de texto en España y varios países Hispano-Americanos. Precio, 80 centavos.
En esta obra, la Botánica está tratada desde el punto de vista del estudio objetivo, que tanto facilita á los jóvenes el conocimiento de dicha ciencia. Como en la Zoología y la Mineralogía del mismo autor, el plan seguido en la Botánica, es llegar á lo desconocido por medio de lo conocido y lo semejante; empleando para ello, el estudio de lo que más pueda interesar y grabarse en la imaginación de los niños.
La obra, está ilustrada con numerosos grabados; tiene una excelente impresión sobre papel satinado y muy bien encuadernada; circunstancias, que como complemento á su selecto contenido científico, la hacen sin rival en su género. Es un tomo uniforme con los de Zoología y Mineralogía.
V.
Libro Primero de Mineralogía. Por el Doctor Juan García Purón. Obra adoptada de texto en España y varios países Hispano-Americanos. Precio, 80 centavos.
Este tratado de Mineralogía, que con las de Zoología y Botánica por el mismo autor, forma un Curso Completo de Historia Natural; además de tratar extensamente de todo lo que atañe directamente á la Mineralogía, propiamente dicha, estudia las relaciones entre ésta y la Geología, y por lo tanto trata de los fósiles, ó sea de la Paleontología; siguiendo los principios más modernos en su parte didáctica.
La obra tiene numerosos grabados intercalados en el texto; es rica en estilo y asuntos interesantes, y se halla impresa en magnífico papel satinado y empastada en uniformidad con la Botánica y la Zoología.
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Los Cuadros Murales de Willson y Calkins además de otros asuntos, tratan tambien de la
| ZOOLOGÍA en las partes 1ª, 2ª, 3ª, 4ª, y de la |
| BOTÁNICA en las 1ª, 2ª, 3ª, 4ª. |
La colección de trece, artísticamente sombreados, coloreados y montados en cartón. Precio, $14.00.
LAS AVENTURAS DEL
VICARIO DE WAKEFIELD.
Por OLIVERIO GOLDSMITH.
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Versión castellana hecha con sumo esmero y la única completa en nuestra lengua, de esta famosísima obra, considerada universalmente como Clásica.
Un tomo de unas 300 páginas, bien impreso, con preciosos grabados y encuadernado artísticamente.
Edición económica 50 centavos. De medio lujo 75 centavos.
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El Vicario de Wakefield.—"La novela más interesante en lengua inglesa."—Lord Byron.
El Vicario de Wakefield.—"Excelente, interesante, lo mejor de cuanto se ha escrito como novela doméstica."—Goethe.
El Vicario de Wakefield.—"Lo más delicado de cuanto la inteligencia humana ha producido en su género."—Walter Scott.
El Vicario de Wakefield.—"Ningún otro escritor ha logrado con tan buen suceso llegar á los fines del moralista. Pensamientos, humoradas y agudezas abundan en cada página."—Washington Irving.
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La única versión española del Vicario de Wakefield, completa y correcta es la publicada por
D. APPLETON Y COMPAÑÍA,
EDITORES,
NUEVA YORK.