NOTAS:

[1] V. el prólogo de Malsburg á su traducción de Calderón.

[2] Si se atribuye á Francisco de Rojas, con razón bastante, el acto segundo de la comedia El mejor amigo, el muerto, hay que admitir también que el año del nacimiento de este poeta hubo de ser ya en las postrimerías del último decenio del siglo XVI, porque Hartzenbusch prueba, en el tomo IV de su edición de Calderón (pág. 661), que dicha pieza se había escrito antes del 25 de diciembre de 1610. Si el epígrafe del acto tercero atribuye el tercer acto de esta comedia á Calderón, que hubo de componerla á los once años, suscítanse también dudas muy fundadas contra la exactitud de este dato.

En un manuscrito de la Biblioteca Nacional de Madrid, H-38, que contiene noticias de sucesos curiosos desde el 23 de febrero de 1636 hasta septiembre de 1642, se lee lo siguiente:

24 de abril de 1638. «Viernes sucedió la desgraciada muerte del poeta celebrado D. Francisco de Rojas, alevosamente, sin que se aya podido penetrar la causa del omicidio, si bien el sentimiento público ha sido general por su novedad.»

22 de mayo de 1638. «A corrido la voz por la corte que la muerte sucedida en días pasados, del poeta Don Francisco de Rojas, trujo origen del vejamen que se hizo en el Palacio del Retiro las carnestolendas pasadas, de donde quedaron algunos Cavalleros enfadados con el dicho.»

Esta noticia de la muerte de Rojas en el año de 1638 es muy singular; pero, por indudable que parezca, ha de suponerse que sólo una herida peligrosa, de la cual sanó el poeta, dió origen á ese rumor. Es evidente que Rojas vivió después del año mencionado: un autógrafo suyo, de Durán, el Auto de la Ascensión de Christo nuestro bien, lleva la firma Francisco de Rojas de hedad de 53 Años aun no cumplidos; sería difícil, que, hablando de un hombre muerto á los cincuenta y tres años, se dijese que excitaba la compasión por su juventud. Con arreglo á una noticia, inserta en las notas á la nueva edición de Calderón, tomo IV, pág. 674, y tomada de los Avisos de Pellicer, en el año de 1640 se representó en el Buen Retiro una fiesta de Solís, Rojas y Calderón, siendo de presumir que se escribió expresamente para esta ocasión. Afírmase, además, como antes vimos, de un auto de Rojas en 1642, que no pareció bien; y puesto que los autos, por lo general, se componían para la fiesta del Corpus de cada año, hubo de suceder esto más especialmente tratándose de éste, á que aludimos, ya que un auto antiguo sólo se hubiera repetido, si su éxito fuese ya incontestable por haberse representado antes con aplauso. Finalmente, consta que el prólogo al segundo tomo de las comedias de Rojas (Madrid, 1646) se escribió expresamente por el poeta para esta edición.

En la Biblioteca del duque de Osuna se encuentra el autógrafo de la comedia Peligrar en los remedios; al fin se dice: «Acabado sabado nuebe de diciembre 1634 para Roque de Figueroa. D. Francisco de Rojas Zorrilla.» Además (sólo copia) La más hidalga hermosura, con licencia para la representación de 1645; Nuestra Señora de Atocha, copia de 1644; Hierusalen castigada, Saber de una vez, La trompeta del juicio, Santa Taez, Judas Macabeo. También se encuentran en la misma los Autos de la viña de Nabot (con la nota para la fiesta de Granada de 1648) y del Robo de Elena y la Traición de Troya.

Un manuscrito de la misma Biblioteca, fecho en 21 de marzo de 1643, lleva este epígrafe: «Auto famoso de la descensión de Nuestra Señora en la Santa Iglesia de Toledo cuando trujo la Casulla al gloriosísimo San Ildefonso. Compuesto por mi Señor y grande amigo M.º Joseph de Valdivieso que aya gloria y trasladado por mí el licenciado Francisco de Roxas.» ¿Sería éste nuestro Rojas?

Ha de tenerse también presente, por último, que hubo un poeta cómico llamado Pedro de Roxas; una comedia, titulada Saber de una vez, atribuída en los catálogos á Francisco, lleva la firma de Pedro en un manuscrito de la Biblioteca citada.

[3] V. la colección escogida de sus comedias, en la Biblioteca de Autores españoles, y el prólogo que le precede de Mesonero Romanos.—(N. del T.)

[4] Los dos volúmenes mencionados son muy raros sólo los he visto en la Bibliothèque de l'Arsenal.

Primera parte de las comedias de D. Francisco de Rojas Zorrilla: Madrid, 1640.

No hay amigo para amigo, No hay ser padre siendo rey, Donde hay agravios no hay celos, Casarse por vengarse, Obligados y ofendidos, Persiles y Segismunda, Peligrar en los remedios, Los celos de Rodamonte, Santa Isabel, reina de Portugal; La traición busca el castigo, El profeta falso, Mahoma; Progne y Filomena.

Segunda parte de las comedias de D. Francisco de Rojas Zorrilla: Madrid, 1645.

Lo que son mujeres, Los bandos de Verona, Entre bobos anda el juego, Sin honra no hay amistad, Nuestra Señora de Atocha, Abrir el ojo, Los trabajos de Tobías, Los encantos de Medea, Los tres blasones de España, Los áspides de Cleópatra, Lo que querrá ver el marqués de Villena, El más impropio verdugo para la más justa venganza.

[5] Como la comedia Los carboneros de Francia, que en la edición que tengo á la vista (Sevilla, imprenta de Josef Padrino) aparece como de D. Francisco de Rojas, pero que es indudablemente de una época anterior, y según todas las probabilidades de Mira de Mescua.

[6] Blankenburg, en sus comentarios á Zulzer, dice (extraviado por el catálogo de La Huerta) que hubo dos poetas dramáticos llamados Francisco de Rojas; pero esto parece un error, porque, según D. Nicolás Antonio (Bib. Scr., H-I. 358), hubo cuatro escritores de este nombre y apellido, pero ninguno de ellos autor dramático; y, por mi parte, no he encontrado noticias de ninguno de ellos, excepto de éste de quien tratamos, y sí sólo un Cristóbal de Rozas (escrito por equivocación á veces Roxas), y un Diego de Rojas y Argomedo, poetas dramáticos.

[7] Aquí tenemos un ejemplo muy interesante de la manera ingeniosa, con que los poetas españoles se apropiaban pensamientos ajenos, les daban nueva forma y los aplicaban con fines distintos. Visiblemente se nota en esta obra una reminiscencia de El villano en su rincón, de Lope. Además, García recuerda también á El celoso prudente, de Tirso, y á El comendador de Ocaña, del mismo Lope.

[8] C. A. Dohrn, en su excelente traducción de dramas españoles, tomo IV, Berlín, 1844, no por cierto muy conocida, vierte así al alemán las últimas palabras de García:

Num, so lasst die Trommel schmettern!
Gleich dem Blitze will ich wettern
Auf die saracen'schen Gauen!
Von des Blutes Purpurströmen
Sei die Kriegesschaale voll,
Und mit diesem Ende soll
Dort mein Ruhm den Anfang nehmen!

Véase también el detenido análisis que hace de este drama L. Viel-Castell en la Revue des deux-mondes, 1841.

[9] La escena principal del acto primero es en todo la española. Copiemos los versos siguientes:

ROJAS.


¡Cómo, les dixe, mi padre
No sacude de los hombros
El peso desta corona,
Flaco Atlante á tanto Globo!
Ya la política he visto;
Ya tengo previsto el modo
De saber regirse un Rey.
No es difícil; pues con sólo
Ser afable de ordinario
Y á veces ser riguroso, etc.


ROTROU.


Comment, dis-je, mon père, accablé de tant d'âge,
Et la force à présent servant mal son courage,
Ne se décharge-t-il, avant qu'y succomber,
D'un pénible fardeau que le fera tomber?
Et n'ai-je pas appris sous son gouvernement
Assez de politique et de raisonnement
Pour savoir á quels soins obligue un diadême,
Ce qu'un Roi doit aux siens, á l'état, à soi-même,
Ne sais-je pas qu'un Roi qui vent qu'on le revère,
Doit mêler á propos l'affable et le sevère?


ROJAS.


Decís que estoy ya muy viejo
(Decís muy bien), que fuera
Razón que aquesta corona
Pusiera en vuestra cabeza.
Eso ha de salir de mí,
Que el gobierno y la grandeza
No consiste en procurarla,
Sino sólo en merecerla.
¿Sabéis á lo que se expone
El que un imperio gobierna?
No hay cosa bien hecha en él
Que á los suyos les parezca.


ROTROU.


Je suis vieil, mais un fruit de ma vielle saison
C'est d'en posseder mieux la parfaite raison;
Regner est un secret dont la haute science
Ne s'acquiert que par l'âge et par l'expérience.
Un Roi vous semble heureux, et sa condition
Est douce au sentiment de votre ambition;
Il dispose à son gré des fortunes humaines;
Mais comme les douceurs, en savez-vous les peines?
A quelque heureuse fin que tendent ses projets,
Jamais il ne fait bien au gré de ses sujets.

[10] V. el tomo III, pág. 96, en que tratamos de la dramatización de este asunto, hecha por Lope. La novela de Bandello, que citamos allí, parece haber servido de fundamento á la comedia de Rojas; pero que no es original esta narración de Bandello, sino que ha imitado á Massuccio y á Luigi da Porta (cuya Giulietta, en el arreglo de Arthur Brooke, sirvió indudablemente á Shakespeare), ha sido ya indicado antes de ahora en la Histhory of fiction, II, 339-341, de Dunloc. Séame lícito, con este motivo, indicar un hecho que conozco bien, en el cual no se ocupa ninguno de los comentadores de Shakespeare. Hay una tragedia antigua, italiana, cuya fábula es semejante en todo á la narración de Luigi da Porta, diferenciándose sólo en ser diversos los nombres de los personajes. Esta tragedia lleva el título de Hadriana, y, según la dedicatoria que le precede (il dí 29 di novembre, MDLXXVIII), se imprimió por primera vez en el año de 1578. La edición que conozco es de Venecia, 1612, appresso Ant., Torino. Algunos detalles de esta Hadriana recuerdan de un modo tan sorprendente otros de Romeo y Julieta, de Shakespeare, que es posible admitir como verdadero el supuesto de que la tuvo á la vista el poeta inglés. Cierto es que no hay dato alguno concreto é irrefutable que lo pruebe; pero la cosa merece la pena de citar un pasaje, cuya chocante semejanza con la tragedia de Shakespeare es de todo punto innegable. Latino, el Romeo de Groto, se despide de Hadriana la noche anterior á su viaje.

LATINO.


S'io non erro, é presso il far del giorno.
Udite il rossignuol, che con noi desto,
Con noi geme fra i spini, é la rugiada
Col pianto nostro bagna l'herbe. Ahi lasso,
Rivolgete la faccia all'oriente.
Ecco incomincia á spuntar l'alba fuori,
Portando un altro sol sopra la terra.


HADRIANA.


Ahime, ch'io gelo. Ahime, che io tremo tutta:
Questa é quell'hora, ch'ogni mia dolcezza
Affato stempra. Ahime, quest'é quell'hora,
Che m'insegna á saper che cosa é affano.
O del mio ben amico, avara notte,
Perche si ratto corri, fuggi voli,
A sommerger te estessa é me nel mare?

Compárese con esto á Shakespeare:


JULIET.


Wilt thou be gone? It is not yet near day;
It is the nightingale and not the lark,
That pierc'd the fearful hollow of thine ear;
Nightly she sings on yon pomegranate tree;
Believe me, love, it was the nightingale.


ROMEO.


It was the lark, the herald of the morn,
No nightingale. Look, love, what envious streaks
Do lace the severing clouds in yonder east;
Night's candles are burnt out, and jocund day
Stands tiptoe on the misty mountain's tops;
I must be gone and live, or stay and die.

Téngase en cuenta que ni Massucio, ni Da Porta, ni Brooke, hablan en esta ocasión del ruiseñor como Groto y Shakespeare.

Recomendamos á los futuros comentaristas de Shakespeare la escena de la tragedia italiana, en que el sacerdote da el narcótico á Hadriana; la en que la última vacía la redoma, y la de su despertar en la bóveda, por su notable semejanza.—V. Walker's, Historical memoir on Italian tragedy, London, 1799, págs. 49 y siguientes.

[11] Para dar una prueba de lo exactamente que se ajusta, á veces, el francés al español, elegimos las palabras, que, en son de burlas, dirige el asendereado Don Lucas á los dos amantes, expresando al mismo tiempo su cólera:


ROJAS.


Pues dadla la mano al punto,
Que en esto me he de vengar;
Ella muy pobre, vos pobre,
No tendréis hora de paz.
El amor se acaba luego,
Nunca la necesidad:
Hoy, con el pan de la boda,
No buscaréis otro pan.
De mí os vengais esta noche,
Y mañana, á más tardar,
Cuando almorcéis, un requiebro;
Y en la mesa, en vez de pan,
Pongáis «una fe» al comer
Y «una constancia» al cenar,
Y pongáis en vez de gala
Un «buen amor» de Milán,
Una tela «de mi vida»
Aforrada en «me querrás»
Echaréis los dos de ver.
Cuál se ha vengado de cuál.


CORNEILLE.


Mariez vous sur l'heure et la prenez pour femme,
C'est par où je prétends me venguer de vous deux,
Elle, sans aucun bien; vous, pasablement gueux,
Allez, vous connaîtrez plus tôt qu'il vous ne semble
Quel diable de rien c'est que deux rien mis ensemble.
Dans la necessité, vous n'aurez point de paix
L'amour finit bientôt, la pauvretè jamais.
A fin que tout vous semble aujourd'hui lis et roses,
J'aurais soin de la noce et paîrai toutes choses;
Mais vous verrez demain qu'on a peu de douceur
A diner de ma vie, á souper de mon cœur
Et qu'on est mal vêtu d'un drap de patience
Double de foi par tout et garni de constance.

[12] Lo probará un solo ejemplo. En español, el célebre monólogo de Sancho sobre el honor, es lo más sublime que ha producido la musa dramática; Scarron ha desfigurado este monólogo en la forma siguiente, en sentido diametralmente opuesto:


JODELET. (Seul, en se curant les dents.)


Soyez nettes, mes dents; l'honneur vous le commande,
Perdre les dents est tout le mal que j'appréhende.
L'ail ma foi, vaut mieux qu'un oignon;
Quand je trouve quelque mignon,
Sitôt qu'il sent l'ail que je mange,
Il fait une grimace étrange,
Et dit, la main sur le rognon:
Fi! cela n'est point honorable.
Que béni soyez-vous, seigneur,
Qui m'avez fait un misérable
Qui préfère l'ail à l'honneur.
Soyez nettes, mes dents, etc.
Quand je me mets à discourir
Que le corps enfin doit pourrir,
Le corps humaine où la prudence
Et le honneur font leur résidence,
Je me afflige jusq'au mourir.
Quoi! cinq doigts mis sur une face
Doivent-ils être un affront tel
Qu'il faille pour cela qu'on fasse
Appeler un homme en duel?
Soyez nettes, mes dents, etc.

[13]

[14] Antonio de Jesús María, Crónica del cardenal Don Baltasar Moscoso: Madrid, 1680 (1657?)

[15] Parte XXXVI de las Comedias escritas por los mejores ingenios de España: Madrid, 1671, pág. 1.ª

[16] D. Luis Fernández-Guerra, colector de las comedias de Moreto en la Biblioteca de Autores Españoles, ha recogido muchos y curiosos datos acerca de la vida de este poeta, que amplían, corrigen y completan los escasos de que pudo disponer el Sr. Schack.—(N. del T.)

[17] Moreto se llama así en su testamento del año de 1669: «Yo D. Agustin Moreto y Cabana, Presbitero, vezino de esta ciudad de Toledo, hijo legitimo de Agustin Moreto y de Violante Cavana su muger, mis padres, difuntos, vezinos que fueron de la villa de Madrid, etc.» La cláusula relativa á su entierro, de que tanto se ha hablado, está concebida en estos términos: «Mando que difunto mi cuerpo sea sepultado en el Pradillo del Carmen, y me acompañe la Cruz, Cura y Clérigos de mi parroquia y la Hermandad de San Pedro, de adonde soy hermano y me haga los oficios, como lo acostumbra la dicha Hermandad con los demas hermanos.» (He leído una copia de este testamento en Toledo, de la Biblioteca de Gallardo, que había fallecido entonces.)

Después que Hartzenbusch, en su excelente edición de comedias escogidas de Tirso de Molina, ha probado que El infanzón de Illescas, nuevamente publicado, atribuído á Lope, es, en su opinión, de Tirso, la fama de Moreto decae sobremanera, habiéndose creído antes que El valiente justiciero era su mejor obra dramática; y, en efecto, en su plan, distribución de escenas y caracteres, es sólo una débil copia de la primera, y en sus rasgos aislados muy inferior al original.

[18] D. Nicolás Antonio dice: Lusitanus ex oppido Alvito. El uso de los nombres latinos de lugares españoles, dificulta muchas veces conocerlos. ¿Será la ciudad de Elvas, en el Alentejo?

[19] Primera parte de las comedias de D. Juan de Matos Fragoso. Contiene:

El hijo de la piedra, Amor, lealtad y ventura, El traidor contra su sangre, La devoción del Angel de la guarda, La tía de la menor, El marido de su madre, Los indicios sin culpa, El genízaro de Hungría, Callar siempre es lo mejor, El yerno del entendido, Con amor no hay amistad, El amor hace valientes.

Matos Fragoso, según dice Barbosa Machado, murió en Madrid el 18 de mayo de 1692. En las poesías compuestas con ocasión de la muerte de Montalbán, en 1639, hay algunas suyas. En la Biblioteca del duque de Osuna se conserva manuscrita su comedia La más heróica fineza y fortuna de Isabel, con su firma, y la licencia de 1668.

[20] En la Biblioteca Colombina de Sevilla encontré un libro antiguo, en el cual están contenidas casi todas las comedias de Monroy, y que perteneció antes á este mismo autor, según se colige de las notas manuscritas que le acompañan. Las comedias que encierra son:

La alameda de Sevilla y recato en el amor, Fuente Obejuna, Lo que puede el desengaño y memoria de la muerte, La sirena del Jordán, San Juan Bautista, Las grandezas de Sevilla (auto sacramental), Todo es industria en amor, Escarmientos del pecado y fuerza del desengaño, El encanto de los celos y fuente de la Judía, Mudanzas de la fortuna y firmezas del amor, La batalla de Pavía, El pastor más perseguido, El robo de Elena, El caballero dama, Héctor y Aquiles, La destrucción de Troya, El ofensor de sí mismo, Los celos de San Josef, El gigante cananeo, San Christóbal, Los príncipes de la Iglesia San Pedro y San Pablo, El horror de las montañas y portento de San Pablo, Los tres soles de Madrid, Las mocedades del duque de Osuna, El más valiente andaluz.—(N. del A.)

D. Cristóbal de Monroy y Silva nació en Alcalá de Guadaira (provincia de Sevilla) el día 22 de octubre de 1612; se bautizó en la iglesia de Santiago el 24 del mismo, y casó en dicha villa y parroquia con Doña Ana Arias Salvador León en 12 de enero de 1637. Murió en el pueblo de su nacimiento el 6 de julio de 1649, á los treinta y siete años. Dejó 37 comedias conocidas, y quemó, poco antes de morir, muchos trabajos literarios que tenía inéditos. Como su muerte ocurrió durante la peste, se ignora el lugar en donde fué sepultado. Debo estos datos al Sr. D. José María Gutiérrez de Alba, paisano de Monroy, poeta distinguido y viajero español en América, y autor de una curiosísima relación de sus viajes por Colombia, que, como tantos otros trabajos que honrarían á nuestra nación, están inéditos hasta ahora, por falta de editor que los publique.—(N. del T.)

[21] Hállanse en la Biblioteca del duque de Osuna las comedias de Cristóbal de Monroy, tituladas Celos, industrias y amor, Lo que pasa en un mesón y No hay amor donde hay celos, con licencias de 1640, 1643 y 1644. No hay más saber que salvarse lleva la fecha de 1648.

[22]

Bien se ve que venís
Al uso de Andalucía,
Donde viven todavía
Las finezas de Amadís.

[23] Comedias de D. Juan Bautista Diamante, del hábito de San Juan, Prior y Comendador de Morón. Madrid, 1670 y 1674: dos tomos.

[24] Voltaire, á la verdad, nombra á Diamante en sus Comentarios á Corneille, pero nada dice de esta cuestión; no así el abate Arnaud, que lo menciona y describe, tal como es, en la Gazette litteraire de París, tomo II.

[25] No disponemos aquí del espacio necesario para tratar de este punto en toda su extensión, y sólo, como ejemplo, aludimos á la segunda mitad del acto primero: ésta, en particular la escena entre Diego y el Conde; la que le sigue, entre el primero y su hijo, y por último, el monólogo de Rodrigo, son literalmente casi las mismas en la obra española y en la francesa, debiendo advertirse que esta semejanza no proviene de haber imitado ambas á Guillén de Castro, porque esas escenas son en la comedia de éste muy distintas.

[26] Como no conocemos más que algunas partes, no toda la serie de la grande y antigua colección de comedias españolas, que lleva el título de Comedias de diferentes autores, y cuya parte XXIX se imprimió en Valencia en 1636, queda firme la presunción de que pueda encontrarse alguna prueba externa de trabajos anteriores de Diamante.

[27] En hojas volantes antiguas se encuentran las noticias siguientes acerca de D. Antonio de Mendoza:

«Carta décima que escribió un caballero de esta corte á un su amigo. Madrid 12 de marzo 1623. A D. Antonio de Mendoza se dió título de Secretario del Rey.»

Sucesos de esta corte desde 15 de agosto hasta fin de octubre 1623: «El señor conde de Olivares, con gran ostentación, dió el hábito de Calatrava á D. Antonio de Mendoza, de la Cámara de S. M. y su valido, justamente por su calidad, su ingenio, agrado y buenas partes, pues pocas veces se hallan hombres de ánimo igual.»

Avisos de Pellicer de 20 de septiembre de 1644: «Ayer vino también aviso que murió D. Antonio de Mendoza, de la Cámara de S. M. y su Secretario de ella, que tantos años se había conservado en la gracia de todos.»

[28] En El laurel de Apolo se le alaba en los términos siguientes:


La gran montaña en quien guardada
La fe, la sangre y la lealtad estuvo,
Que limpia y no manchada
Más pura que su nieve la mantuvo
(Primera patria mía),
A Don Antonio de Mendoza envía,
Aquel famoso Hurtado
De las musas que al monte de Helicona
De las montañas trasladó el cuidado,
Que tan vivos espíritus corona,
A quien Apolo Délphico previene
Tantos laureles como letras tiene
Todo discurso, que su mano escribe,
De las altas ideas que concibe;
Bizarro ingenio dulcemente grave.

[29] Seis están en la colección siguiente de las obras de Mendoza: Obras líricas y cómicas, divinas y humanas, del canoro cisne, el más pulido, más aseado y el más cortesano cultor de las musas castellanas, D. Antonio Hurtado de Mendoza: Madrid, 1728. Esta es reimpresión de una edición desconocida para mí, ya impresa en el siglo XVII. Las comedias que contiene son: Querer por solo querer, No hay amor donde hay agravio, El marido hace mujer y el trato muda costumbres, Los empeños del mentir, Más merece quien más ama, Cada loco con su tema y el montañés en Viana, Entremés de Micer Palomo. Faltan El galán sin dama y Los riesgos que tiene un coche.

[30] El título completo es: El enano de las musas. Comedias y obras diversas de Alvaro Cubillo de Aragón: Madrid, 1654. Las comedias que contiene son las siguientes: La honestidad ofendida de Elisa Dido, Los triunfos de San Miguel, El rayo de Andalucía, Los desagravios de Cristo, El invisible príncipe del Baúl, Las muñecas de Marcela, El Señor de Noches-buenas, El amor cómo ha de ser, La tragedia del duque de Verganza.

[31] Hijos ilustres de Madrid, por Baena.

[32] El suceso, en que se funda el drama Juan Pascual, se cuenta en los Anales de Sevilla, de Zúñiga, del año 1354, tomo II, pág. 136. Si La Hoz, como Baena dice, nació efectivamente en 1620, debió alcanzar una edad muy avanzada, porque un autógrafo suyo de la Biblioteca del duque de Osuna, El deseado príncipe de Asturias, lleva la fecha de 1708.

[33] Juan de Goyeneche, Vida de Antonio de Solís, que precede á las Varias poesías sagradas de este último: Madrid 1692. D. Nicolás Antonio.

[34] Otros aseguran que Alcalá fué el lugar de su nacimiento.

[35] Signorelli, Storia crítica de'Teatri. Nueva edición: Nápoles, 1813, tomo VII, pág. 107.

[36] Cythara de Apolo. Varias poesías divinas y humanas, que escribió D. Agustín de Salazar y Torres, y saca á luz D. Juan de Vera Tassis y Villarroel, su mayo amigo. Primera parte: Madrid, 1694.—Loas y comedias diferentes que escribió D. Agustín de Salazar y Torres. Segunda parte: en el mismo lugar y año.

[37] Prueba no desfavorable de la crítica de este tiempo, nos ofrece El Heráclito y Demócrito de nuestro siglo, por Antonio López de Vega: Madrid, 1641. Algunos párrafos de este escrito nos dan una idea del espíritu y del tono de la misma crítica:

«El Cómico (comencemos por él) se confunde con el Trágico: i no siendo uno, ni otro, no solo alterna en una misma fábula el Coturno con el Zueco, mas aun al mismo tiempo dando su pié á cada uno, se los calça á entrambos juntos. Llora, i rie, en una misma ocasion. A un mismo punto (si se cotejan las personas con el lenguaje) es Patricio i es Plebeyo. Introduze lo jocoso muchas veces en el paso de suspension, que moviendo á risa, disminuye, i aun, desvanece el efecto, que era del intento. Hace sentir, obrar, i hablar los Reyes como los Infimos del pueblo: i los Infimos del pueblo tal vez como los Reyes. Riense de los rigores del Arte, diziendo los más agudos, que si es el caso y se traça á gusto de los oyentes (que es el fin que se pretende), viene á importar poco el mezclar las Especies, como si el escribir á rienda suelta del alvedrio, sin obligarse á ley alguna, siguiendo solo por Norte el capricho propio, mereciera alabança, y fuera obra de grande Ingenio; ó como si el mayor artificio no fuera agradable á todos, i se pudiera negar ser más artificioso seguir un argumento ingenioso i apaciblemente, dentro de un mismo genero, desde el principio hasta el fin, observando sus principales preceptos, sin deslizarle al distrito ageno. Comedias, Pretextatas, i Traveatas, tuvieron tambien los Romanos. Patricios se introducian en las primeras, i Nobles del orden Equestre en las segundas. Y si bien no tan aprobadas por los peritos como las Tabernarias i Atelanas: que no admitian otros personajes, que la gente comun una, i la más vil y baxa de la República la otra; bien vistas y bien oidas, al fin, de todos, porque cada una guardava constantemente sus particulares precetos, i congruencias. Dense, pues, oy, enhorabuena de la misma suerte en las nuestras tal vez las primeras partes á Personas ilustres, tal á Medianas, i tal á las Infimas (aunque esto último se usa menos) i demoslas á todas en quanto á esta calidad, por buenas. Pero siga cada Especie su rumbo particular, i ni se pase al de las otras, ni al de la Tragedia, en que ay mayor desproporcion. Guárdese asi, en la invencion del caso, como en el estilo, la propiedad conveniente á las personas introducidas. Sea festiva la Comedia; triste, i perturbada siempre la Tragedia. ¿Esto porque lo a de alterar ninguna Edad? No digo que se guarden con supersticion las antiguas reglas (que algo se a de permitir al gusto diverso del siglo diferente). No que se ponga cuydado en aquellas ancianas menudencias, cuya falta (segun el uso moderno a observado) ni ofende la buena disposicion, ni lo sustancial de la fábula; que no viene oy á importar que se altere el número de los Actos. No que el caso se finja sucedido en uno ó más dias. No que en una misma Scena concurran hablando más de quatro, por más que Horacio lo repugne. Ni la omision finalmente de los demas accidentes semejantes. Pero que cada Poema, en lo esencial, se escriva segun sus particulares leyes, distinto, i no confuso con el otro, ¿á que Ingenioso i á que cuerdo puede dexar de parecer bien? ¿Y que ofensa puede resultar asi al gusto del Indocto? ¿No será agradable el apretar las perturbaciones, i disponer la gravedad de una Tragedia, sin las indecencias, i enredos populares? Y quando por la delectacion se conceda en ella algo jocoso, ¿ofenderá que sea por Episodio, i no entre las personas principales destinadas á la conmiseracion, ni en las ocasiones della? ¿que su perturbacion no llegue á sangre ni á pena, que pide la compasion Tárgica? Si se puede, pues, acertando satisfacer á todos, ¿que razon tendrá por si el errar, sino el no saber?

»Esto así sumariamente, en quanto á la distincion de las formas, en que no quiero extenderme, por no parecer que me divierto á documentos Poéticos. En quanto á lo Prudencial, disposicion, i verosimilitud de cada una, ¿que costumbre moderna puede disculpar los monstruos, inverosimilitudes i desatinos, que cada dia nos hazen tragar los mas de nuestros Cómicos? ¿Puede ser en esto lícito el dispensar con el Arte? ¿Es muestra de Ingenio el fingir lo no contingente, ó el dezir lo que no conviene, solo por dar Novela apacible, i conforme al mal gusto de la multitud de los Ignorantes, que en nada desto reparan? Con esos ganan los Amantes de comer, i no con los pocos que ay Entendidos (responden ellos). ¿I quantas veces sucede el agradar á unos i otros con lo bueno? (les replico yo). ¿No lo vemos algunas? Luego cosa es posible. Procurad, pues, conseguir el aplauso de todos, con la buena razon, Mentecatos, i no con el desacierto. Fingid con novedad i verosimilitud. Disponed con suspension i claridad. I desatad sin violencia que quando así alguna vez os corresponda el buen suceso, será bien raro; i este por lo menos, es el camino de acertar las más. Pero quan pocos le siguen. I quantas veredas se hallan para errar. No hazen unos más, que ponernos en aquellas tablas, razonamientos i coloquios, ya desabridos, ó impertinentes, ya cortesanos, ó argentados, sin otra invencion, ni argumento considerable, desde la primera Scena, hasta la última. Forman otros la maraña de casos, i acidentes inverosímiles, pareciendoles, si se lo notamos, que satisfacen, con que al examen de la Naturaleza se hallen posibles: sin acabar de reconocer esta diferencia entre la imposibilidad i verosimilitud: ni queriendo persuadirse á que no todo lo posible es verosimil: teniendo lo primero tan anchos términos, quanto es lo que cabe en el poder de la Naturaleza, ó del Arte: i no siendo más lo segundo, que lo que de ordinario suele suceder: si no lo mismo individualmente, lo que parezca (digamoslo así) de aquella casta: bien que dispuesto, i sazonado de forma, que tenga allí lugar alguna novedad: allanandose así aquel dificil concurso de admiracion, i verosimilitud, cuya hermandad tanto encomiendan á los Poetas los Maestros del Arte. Otros se arriman á Historia grave, i en ella (como aquí es más necesaria la prudencia, que les falta) no solo pierden el decoro los Príncipes, publicando indignidades, que no eran para espuestas á los ojos del pueblo: mas tambien sin temor de Dios, ni respeto á lo venerable de las Crónicas, les levantan mil testimonios: alterandolas en lo principal del caso, que eligen (que es lo indisculpable en la Poética) muy satisfechos con la razoncilla, de que no se obliga la comedia á dezir verdades; como si aquella licencia del mentir se la uvieran dado sin límite; i no con preceto de que no pase en lo sagrado, de aquello, en que la Historia no habla, i pudo ser contingente; donde viene la ficcion á tener lugar, sin parecer que se miente, ó se contradize á lo escrito; i en lo profano, fuera de esto mismo, solo en los casos, i sucesos accesorios á los principales, ó en las circunstancias menos importantes destos, cuya alteracion no dexa ofendido lo esencial de su verdad ni violada la autoridad sustancial de la Historia; resultando destas limitaciones el no quedar la fabula inverisimil; pues lo será todas las vezes que hablando de sucesos escritos contradixere en lo principal (de que se tiene mas noticia, i mas memoria) á lo comunmente recibido. Disparan otros muchos más, que todos los referidos: i no es su comedia otra cosa, que una junta de impropiedades, indecencias, i pasos mal avenidos; pueril la invencion; confusa, ó vulgarísima la disposicion de la maraña; i su nudo, aun sin averle apretado, mas cortado, que suelto, como si fuera el Gordiano. ¿No son todos esos disparates, clara señal de que van sus Autores á ciegas, i se atreven á esta parte de la Poesía, fiados solo en la osadia de la ignorancia? Pues en el estilo, i en el artificio de los versos, os digo yo, que lo enmiendan. Pero en esto no ay que extrañar, que aviendo asentado, que no saben lo que escriben, ni viene á hazer novedad, el ver confundir los dos estilos, Trágico, i Cómico, de suerte, que jamas puede percibirse qual dellos siguen; ni admiracion tantos desatinos, tantas coplas sin alma, sin razon, i aun sin inteligencia, como allí se representan. Toda esta suficiencia, i buenas partes, vienen á hazer más ridículos los humos, que con ver aplaudir alguna comedia suya, adquiere un Cómico. Ya no tiene España ingenio, que se le iguale. Ya no ay necesidad de más estudio, ni de mas atencion, que la de escribir mas comedias, si es de los Noveles; i si es de los Veteranos, pasa á gloriarse de que es honra de su Patria. Habla con magisterio. No parece en las Farsas agenas; ó en la que haze digna de su presencia, procura mostrarse divertido. I si merece alabança, i le preguntan su voto, procura darsela tan escasa, i con tales demostraciones de superioridad, que mas parece querer mostrar, que la honra, que aprovarla. ¿No es todo esto Comedia, i mas entretenida que la que ellos componen? De mí os digo, que hallo abreviado, en su vista, i contemplacion, quanto se va á buscar á esos corrales, i que en un mismo sugeto se me ofrece, el Cómico, la Farsa, i el Representante. Mirad si se granjea algo en considerarlos á estas luzes. Bien es verdad, que entre tantos que infaman este Poema, con exercitarle sin mas caudal que ser abundantes versificadores, ay algunos, aunque bien raros, que con natural festivo, copioso, i cuerdo; con algun fundamento de estudios, i o con noticia del Arte; con esperiencia del Tablado, buelven por la honra de la Especie; i el dia que dan al Teatro Fábula suya, no solo corrigen el descrédito de la Clase (aun á pesar tal vez de algunas Serpientes racionales, que sembró el odio, ó la imbidia, por el patio; i despues les enmudeció, i enfrenó la rabia la fuerça de la razon) mas también nos restituyen el gusto que tenia estragado el idiotismo de los demas. Aunque, si bien se considera, así á los unos, como á los otros, solo de risa les quedamos deudores; á estos de la legítima de regocijo, i á aquellos de la bastarda del desprecio.»