[442] Acerca del tiempo que duraba el noviciado tenemos alguna duda. S. Gregorio el Magno (Epíst., lib. VIII), escribiendo á Fortunato, obispo de Nápoles, dá á entender que se estendia á dos años con estas palabras: prius quam biennium in conversatione compleant, nullomodo audeant tonsurare; que es decir: no se abran corona hasta cumplir dos años en la religion. Aplicando Yepes este pasage á los usos prescritos para los novicios ó conversos, que es todo uno, concluye que las coronas se hacian al profesar, esto es, al terminarse el noviciado. Pero el mismo cronista, esplicando luego el cánon 34 del concilio de Aquisgran, dice que lo que dejó ordenado S. Benito, y lo que se practicó por trescientos años, fué que los religiosos tuviesen un año de probacion antes de profesar: segun lo cual parece reconocer que el noviciado era de un año, y no de dos. Si la probacion y el noviciado no eran una cosa misma, la dificultad desaparece. En efecto, podia el noviciado ser de un año, y sin embargo continuar el religioso sin tonsura y con el mismo hábito de noviciado hasta que se cumpliese otro año de probacion. De esta manera puede esplicarse el cánon 34 citado que manda no se dé fácil ingreso á los novicios en el monasterio, y que no se abran coronas ni cambien de vestimenta hasta hacer profesion terminado el año de prueba.

[443] Solo era permitido comer carne á los muy ancianos, y á los niños que tambien vivian en los monasterios como oblatos ú ofrecidos por sus padres, menores de catorce años.

[444] Son estos religiosos de la congregacion de S. Pablo, primer ermitaño, y viven ejemplarmente siguiendo la primitiva regla, reformada por el venerable Juan de Dios de S. Antonino, en una de las montañas de la Sierra al norte y á una legua escasa de Córdoba. Este instituto existe desde los tiempos de Osio, aunque en Córdoba no se introdujo hasta el año de 1309. «Fueron los primeros (dice D. Francisco Sanchez de Feria en su obra inédita ya en otras ocasiones citada: Descripcion antigua y moderna, etc.) unos soldados castellanos, esforzados y valientes, que cansados de padecer trabajos en las dilatadas guerras sobre Algeciras, y desengañados de las cosas del mundo, desampararon las banderas del rey D. Fernando el IV por lo desabrido que estaba con él todo el ejército, y se resolvieron á militar por el reino del cielo; para lo que se ocultaron en las malezas de los montes cordobeses á hacer vida solitaria. Unos habitaban en cuevas, otros en chozas, otros en ermitas que fabricaban... Unos residian en tierra de Ribera la alta, en un cerro eminente de dificil subida, cerca del arroyo del Gato, no lejos del rio Guadamellato... Otros se situaron en las montañas del Bañuelo, donde permanecen arruinadas sus ermitas... Y otros ocupaban los montes del Albayda... Y habiéndose fundado en 1417 el observantísimo y religiosísimo convento del órden de S. Francisco en el sitio ó pago de la Arrizafa, dícese se juntaron unos y otros ermitaños en sus inmediaciones... para gozar del pasto espiritual del convento.» De nuestro Diario de viaje sacamos los siguientes pormenores descriptivos. La situacion de estas ermitas es en sumo grado pintoresca: desde el mirador que hay á su entrada se divisan, á la derecha, y como á la mitad de la vertiente de la montaña, la quinta de la Albayda, antiguo Castillo Blanco, propiedad hoy del conde de Hornachuelos; mas lejos el castillo de Almodovar, cuya masa cenicienta descuella confusa en la eminencia de un cerro entre los vapores que se levantan de la campiña. Hácia la falda del monte que me sirve de atalaya veo á vuelo de pájaro la Ruzafa, antigua casa de recreo de Abde-r-rahman I, luego convento de padres franciscanos... ¡ahora parador, y fonda casi siempre cerrada! Viven en estas ermitas, bajo la proteccion del señor obispo de Córdoba, diez y siete ermitaños profesos, y un solo novicio. Observan riguroso silencio, é incomunicacion completa entre sí la mayor parte del dia. Reúnense solamente en la capilla, en la lectura que sigue á la misa, y en el refectorio. Cada cual tiene su celdilla, y hace su almuerzo y cena en su cocina: para la comida hay refectorio en la casa principal. Emplean en el trabajo manual y corporal cinco horas diarias. A las horas de oracion cada cual debe tocar su campana en oyendo sonar la de la capilla; é incurre en grave falta el que no lo hace. Visten hábito y escapulario con capilla de paño pardo. Hay casa de novicios, separada de las celdas de los profesos, las cuales estan aisladas y diseminadas por toda la tierra que abraza el Santo Yermo. El noviciado dura seis meses. En una de las peñas mas avanzadas de esta montaña han labrado los ermitaños para el obispo un cómodo sillon, desde el cual se goza una de las perspectivas mas bellas que pueden imaginarse. Descúbrese toda la campiña al frente, haciendo fondo á la ciudad las sierras de Cabra y de Granada con sus azulados festones de crestas, y sobresaliendo al sudeste el pico de Alcaudete: por detrás de la ciudad se desliza culebreando el magestuoso Guadalquivir.

[445] En su famosa carta al obispo de Pamplona Wiliesindo.

[446] Era S. Eulogio, dice su condiscípulo Paulo Alvaro, tan pequeño de cuerpo como grande de alma.

[447] «Vé, carta, y sal con mucha priesa, volando por selvas y collados: atraviesa con apresurado curso los valles y busca los sagrados edificios del amado de Dios Benedicto. Allí siempre hallan reposo los que llegan fatigados: dáseles con abundancia verduras, pan y peces. Hay allí alegre amor, y culto á Jesucristo á todas horas: piadosa paz, entendimiento humilde y hermosa conformidad entre los hermanos. Dirás al abad y á sus compañeros: ¡Dios os guarde, vivid felices!» Trae estos versos Leon Hostiense en el lib. I, c. 17 de su Hist. de Monte Casino.

[448] «Jubet ecclesias nuper structas diruere, et quidquid novo cultu in antiquis basilicis splendebat, fueratque temporibus arabum rudi formatione adiectum elidere, etc.» Memor. Sanctor., lib. III, Destructio basilicarum, cap. 3.

[449] Verificóse aquella en el año 853, y cinco años despues vemos al célebre Sanson hallarse de abad en el monasterio Peñamelariense, cuando vinieron á Córdoba por los cuerpos de los santos mártires Jorge y Aurelio los dos monges Usuardo y Olivardo de la abadía de S. German de Paris.

[450] Almundhyr sin embargo, mas inclinado á la paz que á la guerra, medió eficazmente para restablecer la concordia entre su padre Mohammed y el rey D. Alfonso. Con este motivo pasó á Córdoba el presbítero toledano Dulcidio, el cual cumplió su embajada tan á satisfaccion de ambos, que de vuelta á los estados de D. Alfonso se llevó consigo los cuerpos de S. Eulogio y Sta. Leocricia. El piadoso presbítero salió alegre de Córdoba con las santas reliquias en diciembre de aquel mismo año (883), y en enero del siguiente llegó á Oviedo, donde las recibieron con devocion suma y solemne pompa el rey, el arzobispo Hermenegildo y toda la corte.

[451] En este intérvalo florecieron pacíficamente los condes Adulfo y Guyfredo, á quienes celebró en sus epígramas latinos el arcipreste Ciprian: al primero por la biblioteca que habia regalado á la basílica de S. Acisclo (que tampoco habia sido destruida); y al segundo con motivo de un abanico ofrecido á la condesa Guysinda, su esposa.

[452] Consta de una lápida que en tiempo de Felipe II fué descubierta en el sitio llamado los Marmolejos, descifrada por Ambrosio de Morales, y colocada en el que era convento de S. Pablo.

[453] El rey de Leon D. Sancho, que acudió á Córdoba á curarse una hidropesía calificada de incurable.

[454] El mismo D. Sancho, que se hallaba desposeido de su trono; su abuela la reina Theuda; el rey de Navarra, su hijo; Ordoño IV, rey de Galicia; la condesa de Galicia, madre del conde Rodrigo Velascon; el conde D. Vela y sus hijos, etc.: todos los cuales fueron alojados, mantenidos con gran decencia, y espléndidamente agasajados por An-nasír y Alhakem, que se preciaban de ser el amparo y refugio de los príncipes estrangeros.

[455] El monge aleman Gerberto, que despues llegó á ser pontífice con el nombre de Silvestre II. Vino á Córdoba, dice en su Crónica el monge Ademaro, causa sophiæ, pues rivalizando en el cultivo de las ciencias y de la literatura los árabes, los cristianos y los judíos, llegó verdaderamente esta ciudad á convertirse en una nueva Atenas. Quien desee formarse alguna idea del amor que Alhakem II profesaba á las ciencias, y de los muchos hombres célebres que florecieron bajo su reinado, puede ver el cap. 6 del lib. VI de la Hist. de Al-Makkarí.

[456] Tambien resulta del acta del martirio de esta santa que permanecia en pié la basílica de los santos Fausto, Januario y Marcial. Otro tanto se infiere respecto de la basílica de S. Andrés de una lápida de mármol blanco, sumamente curiosa, que aun conserva la parroquia del mismo nombre en la haz interior de su pared septentrional. Dícese en ella en ocho elegantes versos yámbicos latinos, estar allí enterradas Speciosa y su hija Tranquila, vírgen consagrada á Dios, y que la hija murió en la Era 965 (A-D. 927), muriendo la madre despues en la Era 1004 (A-D. 966). De aquí tambien se deduce la grande antigüedad de esta basílica, puesto que, no siendo verosimil que fuese construida en los tiempos de desolacion y pobreza que siguieron al martirio de S. Eulogio, debe racionalmente creerse que existia ya en tiempo de este santo, y para conservarse en pié durante el reinado de Mohammed, debia ya contar mas de trescientos años de existencia segun el edicto del mismo arriba mencionado. De consiguiente la basílica de S. Andrés debió ser fundacion por lo menos del siglo VI de la Iglesia. Esto no se opone á que pudieran restaurarla despues los mozárabes segun su peculiar arquitectura; pero de todos modos la lápida referida, que cubre en aquel muro un sepulcro nunca violado, es prueba evidente de que dicho muro y la fábrica principal del templo estaban en pié á mediados del siglo X. El arqueólogo debe tener esto presente al visitar dicha iglesia en su parte antigua por dentro y fuera (pues el antiguo templo miraba á oriente y tenia su nave central en lo que es hoy crucero), y al comparar su ábside primitivo y su portada, que aun se conservan, con los de las parroquias que hemos designado como de mas remota edad.

Pegado á este ábside por la parte del mediodia hay un edificio que tambien indica grande antigüedad. Puede haber sido dependencia de la parroquia; pudiera quizás tambien haber servido de asilo á algunas religiosas ahuyentadas de su monasterio de la Sierra cuando las del monasterio Tabanense, entregado á las llamas, se refugiaron asimismo en una casa contigua á la basílica de S. Cipriano. En tal caso viviria la vírgen Tranquila con su madre junto á esta parroquia, como vivian unidas á la otra Sta. Columba y su hermana Isabel.

[457] Distinguiendo al propio tiempo con crecidos estipendios á los mozárabes que militaban bajo sus banderas. «Almanzor autem... ita sibi Christianos alicere satagebat, ut Christianos arabibus ostenderet chariores,» dice el arzobispo D. Rodrigo, lib. 5. Hist. cap. 14.

[458] Hoy todavía se ven las ruinas del famoso castillo de este nombre en el centro de la Sierra, á cuatro leguas de Córdoba y á la derecha del camino que sube desde Trasierra hácia Espiel. Son evidentemente restos de un grande edificio árabe.

[459] Tronco y principio de la ilustre casa de los Manriques de Lara.

[460] Aunque Almanzor era solamente hagib ó primer ministro del verdadero califa, Hixem II, mandaba de hecho como rey, y por tal le tenia el pueblo castellano. Véase pág. 189.

[461] Ambrosio de Morales, Crón. lib. XVI, cap. 45.

[462] S. Zoil y S. Félix, que llevó al famoso monasterio de Carrion.

[463] Así sucederia con las reliquias de diversos mártires que se veneran en la iglesia de los santos Fausto, Januario y Marcial, hoy parroquia de S. Pedro, y que no fueron descubiertas hasta el año 1575, por hallarse debajo de tierra, en una urna de piedra franca; otro tanto puede conjeturarse respecto de las imágenes de Nuestra Señora de la Alegría, que solo reapareció por los años de 1640 al hundir un tabique en la ermita de Rocamador del hospital de S. Hipólito: de Nuestra Señora de los Remedios, que fué hallada al tiempo de la reconquista por unos cautivos cristianos en una heredad de la Sierra, y cedida por el rey S. Fernando al convento de Trinitarios calzados; y de algunas otras.

[464] En la misma parroquia de S. Andrés, arriba mencionada, hay una lápida, cuya inscripcion copiada á la letra con toda su bárbara sencillez dice así: Fino don Pero Perez Villammar alcalde del rey en Cordoba en diez e siete dias de febrero. E. MCC doys feria sexta. Maestre Daniel me fecit. Deus lo bendiga. Amen. Esta lápida, que corresponde al año de Cristo de 1164, está colocada en la haz del muro á la parte esterior junto á la portada de la iglesia, á unos cinco piés sobre el terreno que fué antiguo cementerio de la misma; y prueba dos cosas: 1.º que en 1164 y bajo el imperio de los almohades, aun duraba la grey mozárabe en Córdoba, con algunas de sus basílicas y con sus autoridades privativas; 2.º que la decoracion arquitectónica de esta parroquia es anterior á aquel tiempo, puesto que para colocar la lápida allí hubo que encajarla con gran trabajo en la sillería que acompaña á la portada, cortando hasta cuatro sillares á cincel y á boca de escoda; lo que seguramente no se hubiera hecho si aquella fachada fuera posterior al epitáfio.

[465] S. Martin de Soure, cautivado en Portugal, murió entonces (año 1147) en una mazmorra de Córdoba, donde estaba con otros varios cautivos. Los mozárabes le enterraron en la basílica de Sta. María. Esta basílica cree Gomez Bravo fuese la que hoy se conserva junto á la Corredera con el nombre de Nuestra Señora del Socorro; y añade «que se mantendria á espensas de los cautivos cristianos.» No vemos la razon por qué habian de mantener los cautivos esta iglesia habiendo en la ciudad cristianos libres que podian hacerlo; pues á pesar de la gran persecucion tenian en los años posteriores, como acabamos de demostrar, otras basílicas para el culto, alcaldes nombrados por el rey castellano, y libertad suficiente para consagrarles honrosas lápidas conmemoraticias.

Sirva esta nota de ilustracion complementaria á la que estendimos al pié de la página 209, de la cual pudieran algunos colegir que con la persecucion del año 1125 no habia quedado en pié mas basílica que la de Sta. María.

Esta basílica, dice Al-Makkarí (t. I, lib. III, cap. IV), era la principal de los cristianos, y á ella acudian peregrinos de lejanas tierras. El poeta árabe Ibn Shoheyd entró una noche en ella, vióla toda engalanada, llena de luces, cubierto el pavimento de ramas de mirto, en el momento de celebrarse en ella alguna solemne funcion, y salió escandalizado de las sagradas ceremonias de que habia sido testigo. Cuáles fueran estas no podemos decirlo, porque su narracion parece referirse al Santo Sacrificio, y al mismo tiempo habla de una funcion nocturna. «Estaban, dice, revestidos los sacerdotes con ricas vestiduras de seda, de varios y alegres colores, y adelantábanse á adorar á Jesus; y si se encaminaban hácia la marmórea fuente, era solo para sacar agua de ella en el hueco de la mano. Levantóse luego uno de ellos y se colocó en medio, y tomando el cáliz se dispuso á consagrar el vino; aplicó al licor sus ardientes labios, rojos como los de una doncella, y su fragancia le cautivó el sentido; pero cuando libó la deliciosa copa, su dulzura y suavidad le sumergieron en un profundo arrobamiento.»

[466] La de la catedral.

[467] Córdoba, tan afamada en otros tiempos por sus joyantes sederías, por sus vistosos guadamecíes, por sus delicadas obras de platería, por la abundante esportacion que hacia de sus mercaderías, de sus granos, aceites y otros frutos, á Italia, á Flandes, á las Indias, ve hoy arruinadas su industria y su agricultura, y no esporta mas que barriles de aceitunas, jabon, cordelería, cintas, zapatos y sombreros para las ferias de Andalucía y Estremadura.

[468] Entiéndase de la época de Fernando VII.

[469] Dos de estas recordamos, la de la puerta de Sevilla, y otra que se halla entre la puerta de Almodovar y la de Gallegos, frente al convento que fué de la Victoria.

[470] Supónese que se abrió aquel postigo para introducir ganado en la ciudad durante el cerco que le tenia puesto S. Fernando, y que habiendo logrado algunos soldados cristianos meterse entre el ganado, contribuyendo luego á que se tomase la Ajarquía, el rey moro cuando lo supo esclamó: ¡bien escusada era allí aquella puerta! (Memorias de la ciudad de Córdoba, M. S. de la Real Academia de la Hist. D. 129, relato 1.º)

[471] Historia general de la M. N. y M. L. Ciudad de Córdoba y de sus nobilísimas familias, atribuida al Dr. Andrés de Morales. Lib. VI, cap. I.—M. S. de la Real Academia de la Historia.

[472] Véase su lámina, donde por equivocacion se estampó el nombre de puerta de Sevilla. Sobre su dovelage hay un cartelon de mediano gusto con una inscripcion que dice: Reinando la sacra, católica y real magestad del rey D. Felipe nuestro señor, segundo de este nombre.

[473] Hoy ermita de Sta. Quiteria, en la calle de los Judíos. Véase la pág. 223.

[474] De las puertas interiores de la ciudad que dividian la Almedina y la Ajarquía señala tres Ambrosio de Morales, además de la del Sol y de la del Rincon: el portillo de la calle de la Feria, el de la Fuenseca, y la puerta del Hierro. De esta última hallamos mencion en Al-Makkarí y en Ben Adzarí bajo el mismo nombre (babu-l-hadid), y en algunos documentos posteriores á la reconquista. La puerta del Hierro se designa en la donacion de S. Fernando á los religiosos de Sto. Domingo como punto próximo al solar que se les adjudica para fundar el convento de S. Pablo; y por el mismo instrumento se comprueba que la huerta enclavada en el mismo se llamaba del Almezo y se estendia á toda la manzana. Feria. M. S. cit. fol. 32.

[475] Sin duda empezó á tener origen esta tradicion cuando estaba ya formada la falsa creencia de haber tenido la ciudad otro asiento distinto del que hoy tiene, al pié de la Sierra, en el campo vulgarmente llamado de Córdoba la vieja. Estractaremos el relato que de ella hace Al-Makkarí.

«Habitaba en la fortaleza de Almodovar un rey, que yendo un dia de caza, soltó tras una perdiz un halcon muy querido que tenia, en una floresta donde despues andando el tiempo vino á formarse la ciudad de Córdoba. La perdiz acosada se metió en un espeso zarzal: el halcon persiguiéndola se entró tambien en él; pero viendo el rey al cabo de largo rato que su pajaro favorito no parecia, mandó á sus monteros cortar aquella maleza y sacarlo. Al practicar esta operacion aparecieron los chapiteles de un grande edificio soterrado, y el rey, que era hombre entendido y emprendedor, mandó que inmediatamente se desmontára todo el terreno que le cubria. Hiciéronse las escavaciones con felicidad, y salió á luz un soberbio palacio, cuyos fundamentos se internaban en el agua sobre un sólido cimiento de argamasa puesto segun el arte de los antiguos. El rey lleno de gozo lo hizo restaurar con arreglo á su forma primitiva; residió en él largas temporadas, y poco á poco fueron al rededor levantándose otros edificios, principio y núcleo de la ciudad de Córdoba, donde permaneció la descubierta maravilla como morada perpétua de los reyes que le sucedieron.»

[476] El historiador Aben Hayyán (fol. 14) menciona además la puerta cerrada (bábo-s-suddá), en cuyo arco se pusieron en tiempo de Abde-r-rahman III garfios ó escarpias para clavar las cabezas de los criminales y reos de lesa magestad.

[477] El palacio episcopal fué reedificado á mediados del siglo XV por el obispo D. Sancho de Rojas y Sandoval, y entonces subsistió el pasadizo, y por consiguiente el muro de donde arrancaba. D. Alonso de Aguilar lo incendió pocos años despues, y vuelto á reedificar por el obispo D. Pedro Solier, dejó el pasadizo intacto. Hácia la mitad del siglo XVI lo amplió D. Leopoldo de Austria, sin demoler dicho muro. En 1622 el obispo Mardones lo prolongó con una nueva y suntuosa edificacion hácia el norte, y entonces se demolió el pasadizo árabe dejando en pié el muro primitivo.

Segun la descripcion que hace Aben Hayyán (fol. 26) puede creerse que este muro del palacio episcopal servia al alcázar árabe como de muralla por levante. «Abdalla, dice, hizo abrir una puerta nueva fuera de su alcázar y próxima á él, á la cual concurrian las gentes en dias marcados á reclamar justicia (bábo-l-ádal). Entre ella y el alcázar mandó construír una galería de piedra sillería, cubierta de cristales, la cual... comunicaba por fin con la maksurah de la gran mezquita.» Así pues, la galería ó pasadizo se componia de dos trozos, uno del alcázar á la puerta de la Justicia, y otro de esta puerta á la mezquita; y este segundo trozo sería probablemente el que se conservó hasta el siglo XVII. Y la puerta de la Justicia estaria en el muro que es hoy fachada del palacio del Obispo.

[478] Despues de arrojado al rio el cadáver de S. Eulogio, estaba por la noche de centinela en la torre de la Vela un soldado de Ecija, el cual, acosado de la sed, se pasó á beber al caz que por encima del muro llevaba el agua á los baños del Califa; y estando allí vió en el rio una gran claridad, y observó que encima del cuerpo del santo mártir, que sobrenadaba, se hallaban como suspensos en el aire unos ángeles con blancas vestiduras sacerdotales, salmodiando dulcemente. ¡Qué asunto para un artista de fé! Véase la vida y muerte de S. Eulogio escrita por Paulo Alvaro.

[479] Habiamos pensado dar al lector un estrado de las piezas referentes á la causa formada al célebre inquisidor Luzero con motivo de sus sanguinarios escesos; pero nos vemos precisados á retirarlo por su escesivo volúmen. Debidas á la bondad de los señores canónigos de Córdoba, que nos las permitieron copiar en el archivo de la santa iglesia catedral, las conservamos por si se presenta ocasion de darles cabida entre las memorias de la santa iglesia de Sevilla referentes al arzobispo que se hallaba de inquisidor general de España en tiempo de Luzero, canónigo tambien de aquella catedral. Las cartas que ambos cabildos secular y eclesiástico escribieron á reyes y personages de estos reinos y de fuera de ellos implorando su proteccion contra aquel monstruo de iniquidad, forman en el libro de las Tablas de dicho Archivo una coleccion sumamente curiosa (Caj. A). No lo son menos los documentos del Caj. I, leg.ª 7 y 10, entre los cuales hay un memorial entregado á los condes de Cabra á nombre de diferentes personas que habian los agentes de Luzero llevado presas á los alcázares para que declarasen crímenes de que jamás habian tenido ni remota idea. En un libretillo (núm. 296) se hacen al rey bajo la forma de memorial interesantes revelaciones: se le dice que el alcázar estaba hecho cueva de traiciones y maldades, y despues de referirle los atentados que en él cometian Luzero, el licenciado Lafuente, y otros, se suplica con el mayor ahinco á S. A. vaya á Córdoba á poner remedio, seguros los que esponen de que si el rey accediese á ello, habia de mandar que en el sitio del Marrubial, donde aquellos inicuos jueces habian hecho quemar á ciento siete cristianos inocentes, y luego á otros veintisiete mas, se hiciese casca de mártires.

[480] El sencillo monumento erigido por Ambrosio de Morales en el Campillo desapareció en tiempo de la invasion francesa. El P. Roa y otros escritores han publicado los versos que á los mártires de Córdoba consagró en él el famoso cronista de Felipe II, y recientemente ha publicado un periódico de Madrid la version que de los mismos ha hecho en elegantes endecasílabos castellanos nuestro buen amigo el Sr. D. Francisco de Borja Pavon, natural y vecino de aquella ciudad, anticuario tan erudito cuanto modesto.

[481] El anónimo parisiense (códice de mucha autoridad entre los arabistas) dice que cuando Moguen tomó á Córdoba no habia ya puente, y hubo que vadear el rio, ó pasarlo á nado; que As-samh ben Malek edificó el que hoy existe, con autorizacion del califa Omar, el cual le permitió emplear en su construccion los sillares de la antigua muralla; y que las brechas abiertas en esta se rellenaron con ladrillo por no haberse hallado á mano piedra á propósito (Año 101 de la Egira.).

[482] Véase la lámina Córdoba desde el castillo de la Carraola.

[483] De aquí vino el llamarse despues Campo de la verdad aquel gran llano que está al otro lado del rio al mediodia de la ciudad. Historia de Córdoba, M. S. citado de la Real Academia de la Historia, H. 12, tomo II, pág. 343 y siguientes.

[484] La de los santos mártires Fausto, Januario y Marcial, que se llamó luego de S. Pedro; la de los santos patronos de Córdoba Acisclo y Victoria, y la de Sta. Olalla extramuros de la ciudad.

[485] Asi debió suceder con las de S. Andrés, Sta. Marina, la Magdalena, S. Lorenzo, Santiago, S. Nicolás de la villa, y las demas que creemos existían antes de la reconquista.

[486] Véase la lámina Iglesia de Sta. Marina.

[487] Véase la lámina Iglesia de S. Lorenzo.

[488] Véase la nota de la pág. 349 en sus últimos párrafos.

[489] Véase en la lámina de Detalles correspondiente el Roseton de S. Miguel.

[490] Esta torre fué edificada por el obispo D. Iñigo Manrique, comenzada segun tradicion en 1494, y terminada, segun la inscripcion gótica que se puso en ella, en 1496. La tradicion refiere que el alcaide de los Donceles D. Diego Fernandez de Córdoba, cuya casa, vecina á esta iglesia, recibia molestias de los albañiles que fabricaban la torre, despues de haber inútilmente reclamado del obispo la suspension de la obra, fué una noche con sus criados y peones, y hundió todo lo que los operarios tenian fabricado. Sabedor el prelado del caso, mandó levantar la fábrica de nuevo. Cuanto trabajaban los albañiles de dia, otro tanto deshacian por la noche el caballero y su gente. Mediaron conminaciones, y viendo D. Iñigo Manrique que el alcaide no hacia caso, le declaró descomulgado. Hubo recurso al rey, luego al consejo con demanda formal interpuesta por el caballero; y durante su resolucion la obra estuvo parada. Concluido el pleito, se dió sentencia á favor del obispo, y mandó el tribunal se siguiese la fábrica de la torre, previniendo á los maestros que la dirigian que se pusiesen en las ochavas de su cuerpo principal, mirando á la casa de D. Diego Fernandez de Córdoba, dos efigies en ademan de postradas, cargando sobre sus espaldas el peso de la fábrica restante, y que debajo de ellas se grabasen estas palabras: á un lado Paciencia, y al otro Obediencia: dando á entender al caballero y á sus sucesores la paciencia que habian de prestar en sufrir las vistas de la nueva torre, y la obediencia debida á la Iglesia.

Así se cumplió. Hoy se ven las referidas figuras en aquellas dos esquinas, sirviendo como de remate á dos medias pirámides que arrancan de la base de las mismas ochavas; y para mayor efecto las pintan de colores. Véase la lámina Torre de S. Nicolás de la villa.

[491] No desagradará al lector una noticia sumaria de los principales conventos y casas de las órdenes militares establecidos en Córdoba despues de la reconquista, con espresion de los años en que se fundaron, sitios en que se establecieron, y personages que á ello cooperaron.

Fueron antes que otros atendidos los padres de Sto. Domingo, que acompañaban al ejército del santo rey confesando y auxiliando en todo á los soldados. Dióseles en 1236 solar espacioso junto á la puerta del Hierro para fundar el convento de S. Pablo.

Siguieron los padres de S. Francisco, instalados por el mismo rey, no se sabe en qué año, fuera del antiguo muro divisorio (cerca de la puerta de la Pescadería, dice Feria. M. S. citado), no lejos del convento de S. Pablo en la misma calle de la Feria.

Luego los Trinitarios Calzados (en 1236). Dióles el rey, además del solar donde permanece hoy todo desfigurado su convento, la milagrosa imágen de Nuestra Señora de los Remedios, hallada por los mozárabes cautivos.

Vienen despues: Nuestra Señora de la Merced, de época incierta, fundado extramuros en la antigua ermita de Sta. Eulalia.—S. Agustin, establecido en 1296 en los Visos; luego por bula pontificia (en 1312) entraron sus religiosos en la ciudad, y estuvieron en el alcázar hasta el 1325, en que D. Alfonso XI para ampliar su palacio los estableció donde se ve su convento ahora.—Los santos mártires Acisclo y Victoria, monasterio de benedictinos erigido sobre la basílica antigua de los mismos santos (en 1297) por el P. Fr. Rodrigo de Ordoñez, conventual del de S. Pedro de Gumiel. Contribuyó á su fábrica el rey D. Fernando IV. Desierto desde el año 1527 por haber ido faltando los Cistercienses que lo poblaban, fué cedido en 1530 á los padres Dominicos del monasterio de Scala Cœli, los cuales lo reedificaron. El rey Felipe II, noticioso de que su iglesia amenazaba ruina, dió una copiosa limosna para restaurarla. Eran sus patronos los condes de Torres-Cabrera.—S. Francisco de la Arrizafa, fundado en 1417 por D. Fernando de Rueda, extramuros de la ciudad, al pié de la Sierra, en la famosa Ruzafa de Abde-r-rahman I. Eran sus patronos los condes de Hornachuelos, señores de la Albayda.—S. Gerónimo de la Sierra, erigido por el obispo Gonzalez Deza (en 1408) en el Alcor de la Sierra, en el sitio llamado Valparaiso, en terreno cedido sobre el campo de Córdoba la vieja por D. Martin Fernandez de Córdoba, alcaide de los Donceles, y su piadosa madre D.ª Inés de Pontevedra. La ciudad de Córdoba dió á los padres Gerónimos las ruinas del castillo de Córdoba la vieja para que las aprovechasen en la edificacion de su monasterio.—S. Francisco del Monte, fundado (en 1394) en la Sierra por Martin Fernandez de Andújar, caballero de Córdoba, en una heredad suya, á peticion de D. Enrique III y la reina D.ª Catalina; y trasladado al sitio que hoy ocupa en 1413. En uno de los altares de su iglesia se veneraba la imágen de Nuestra Señora de la Esperanza hallada entre las ruinas del famoso y antiguo monasterio Armilatense. El arco de la portería de este convento estaba sostenido por dos columnas de jaspe blanco que segun tradicion fueron sacadas de las mismas ruinas.—Y siguen otros de no poca importancia fundados en los siglos XVI y XVII.

Las órdenes militares se instalaron en Córdoba en el año 1237. La de S. Juan de Jerusalen en una mezquita de la Almedina (hoy S. Juan de los Caballeros):—la de Santiago en un solar de la calle de Sta. Ana (tambien en la Almedina). No sabemos cuál sea;—la de Calatrava en las Tendillas de Calatrava (hoy casa de la Encomienda, donde se conservan preciosos fragmentos arábigos); la de Alcántara en las casas de Séneca (hoy religiosas del Corpus Christi), en la Almedina, cerca del muro divisorio. Se fundó como convento hospital y oratorio de la regla de S. Benito, y conserva hoy su memoria la cuesta de este nombre;—el Orden Teutónico en la calle de la Madera, en la Almedina. Se estinguió este órden en España en 1310, y en el año 1481 su casa convento de Córdoba estaba ya arruinada;—el Temple en la Ajarquía, en un solar contiguo á la parroquia de Santiago. De sus casas solo existen insignificantes reliquias en la calle llamada del Claustro.

Los conventos de religiosas mas notables eran: el de S. Clemente, fundado por D. Alonso X en 1261 en una huerta suya, en la Ajarquía, y luego por el mismo rey trasladado á Sevilla;—el de Sta. Clara, fundado en 1264 por el arcediano Diaz Sandoval en la iglesia de Sta. Catalina (antigua basílica de S. Jorge: luego mezquita). Para ampliacion de su fábrica compró el fundador al infante D. Luis, las casas labradas por su padre S. Fernando para Juana de Poitiers;—el de Sta. María de las Dueñas, del Cister, fundado en 1372 por el señor de Luque D. Egas Venegas en sus casas propias (colacion del Salvador);—el de Sta. Cruz, fundado en 1465 en las casas de su morada (colacion de S. Pedro) por el P. Fr. Francisco Miranda en nombre de los señores Pedro Gutierrez de los Rios, veinticuatro de Córdoba, y Teresa Zurita, su mujer; quienes ofrecieron costearlo para que Dios sacase con vida al Pedro Gutierrez de las justas que iba á mantener con Suero de Quiñones sobre el paso de los peregrinos por el puente de Orbigo;—el de Sta. Marta, edificado en 1468 por el P. Fr. Pedro de Córdoba en las casas de Cárdenas (donde aun subsiste).

[492] Véanse las láminas Hospital de Espósitos, y Detalles de la fachada del mismo.

[493] Véase la lámina Capilla del hospital del cardenal.

[494] Cada uno en una calle de las que llevan el nombre del Baño (alta y baja).

[495] Véase acerca de esta diferencia la pág. 299.

[496] Véase la lámina que la representa.

[497] En la calle de Carniceros, casa núm. 7, en la de las Cabezas, núm. 16, en la de la Pierna, en la plaza de S. Andrés: ejemplos que recordamos en este momento; lo que equivale á citar uno entre mil.

[498] Afranc, propiamente Francia; pero los árabes aplicaban este nombre á todos los dominios cristianos que caían al norte de sus provincias en España; así como llamaban Andalús á toda la tierra que ellos aquí enseñoreaban.

[499] Ya hemos tenido alguna vez ocasion de advertir que la prohibicion alcoránica de aplicar las artes plásticas á la representacion de seres animados se infringia muy á menudo en esta época tan brillante del califado.

En la descripcion de Azzahra que emprendemos, seguimos fielmente las noticias que hemos recogido en las historias compiladas por Al-Makkarí, en la Historia de Almagreb de Ben Adzarí, y en estractos de otras que bondadosamente nos ha comunicado el Sr. Gayangos. De todas ellas hemos formado un conjunto, descartando las especies en que hay contradicciones. Parecerá exagerado este relato, pero si se observa que otras descripciones de aquellas historias (las de la mezquita de Córdoba, por ejemplo) han resultado exactas, tal vez el lector depondrá su incredulidad para admirar solamente tanta grandeza.

[500] Las rentas del estado cordobés eran: 5,480,000 dinares de oro de las contribuciones de las provincias; 765,000 de los zocos y mercados de Córdoba; el quinto del botin cogido al enemigo, y las capitaciones impuestas á los mozárabes y judíos, que duplicaban aquellos ingresos.

[501] Véase en Al-Makkarí la curiosa descripcion de la que envió el emperador Constantino á Abde-r-rahman III.

[502] Ben Hayyán dice que An-nasír recibió al enviado de Constantino en el pabellon embovedado, lo cual induce á creer que no habia mas que un pabellon con bóveda, que probablemente seria el central, llamado tambien pabellon circular, pabellon dorado, y salon de los califas.