Quince leguas, declinando á los Llanos, deste cerro Guancavilca dista un cerro de minas llamado Choclococha, al pie del cual, porque se descubrió y pobló gobernando el marqués de Cañete, don García de Mendoza, por ser casado con la ilustrísima Sra. Doña Teresa de Castro, que á estos reinos trujo consigo, le pusieron por nombre Castrovirreina, asiento frigidísimo más que Potosí; no es tan rico con mucho.
Este cerro tambien ha consumido parte de los indios que se repartieron para la labor de las minas; porque aunque la labor de las minas de plata no consuma la vida como la del azogue, porque los indios repartidos vienen por tierras frigidísimas, y aquel asiento lo es, y primero que hicieron casas donde guarecerse de las nieves y aguas del cielo, el temple desabridísimo y malo los hacia enfermar y morir como han muerto muchos; ya esto ha cesado con el reparo de las casas.
Volviendo al camino real (es necesario hacer estas digresiones por no volver á ellas) desde Jauja á la ciudad de Guamanga ponen 36 leguas, no de muy buen camino, en el cual no hay pueblo ninguno de indios, sino cinco tambos con servicio de naturales para los pasajeros, donde se halla recado de pan, vino, maíz y carnero, y caballos de alquiler de jornada en jornada, como ya casi en todos los tambos, que son ventas, desde Quito á Potosí, y aun más adelante. Cinco leguas antes de llegar á esta ciudad entramos en el valle llamado Assangaro, donde casi todo el año hay uvas para vender, respecto de tener allí cerca una viña de un vecino de Guamanga, de donde se proveen, y á una legua, poco más, hay un ingenio de azúcar deste mismo vecino, y muy bueno. Dos leguas más adelante de Assangaro es el valle llamado Viñaca, en el cual hay algunas viñas muy buenas que dan buen vino, y parece adivinaron los indios llamándolo así Viñaca, por lo que en él se ha plantado de viñas; es caliente mucho, aunque á su tiempo hiela, no mucho, y el rio arriba á mano izquierda, por una parte y otra del rio, se han plantado y plantan viñas.
La ciudad de Guamanga es de buenos edificios y son los mejores del reino; particularmente las portadas de las casas son muy buenas, de piedra, que la tienen junto al pueblo y la sacan cuan grande quieren, y la cal no está lejos; los monasterios, que son tres, Santo Domingo, San Francisco, La Merced; las tienen buenas, donde en cada convento se sustentan de ocho á diez religiosos; es falta de agua, porque es falta de rio; empero tiene una muy buena fuente en medio de la plaza y de muy buena agua.
Cuando los conquistadores vivian era pueblo muy rico; agora no lo es tanto por haber quedado en poder de nacidos en ella. La comarca es muy buena y abundante de mucho ganado de toda suerte, y no menos de pan y demás mantenimientos, así nuestros como de los que habia en la tierra. El temple es el mejor de los que yo he visto de Quito á Chile; llueve poco; tiene su alguacil, que son pedriscos á la entrada de las aguas, y aun algunos rayos.
Habia en este pueblo la mejor casta de caballos del reino; ya se ha perdido por la negligencia de los que con ellos quedaron. No sé yo si en lo descubierto se hallará mejor temple ni más sano para fundar una Universidad, porque ni el calor ni el frio impide en todo el año que no se pueda estudiar á todas horas. Yo tuve casi concertado con un hijo de un vecino, hombre principal, fundase con su hacienda en nuestra casa un colegio con que ennobleciese su ciudad; sacóme la obediencia para este asiento y quedóse. Fuera obra heróica y de gran provecho para todo el reino, la ciudad se augmentara y de todo el reino acudieran á oir Teología, porque los nacidos en la sierra corren mucho riesgo de su salud en Los Reyes. Por maravilla alcanza aquí temblor de tierra, y cuando llega viene tan cansado, que casi no se siente; la comarca es rica de todo género de minerales, por una parte y por otra.
Edificó aquí un vecino desta ciudad, llamado Sancho de Ure, gran cristiano y no menos su mujer y casa, cuyo nombre corresponde con los hechos, porque Sancho es ó quiere decir Santo; edificó, digo, un convento de monjas de Santa Clara á su costa, con una iglesia, la capilla mayor de bóveda, el cuerpo de la iglesia bueno, y es el mejor del pueblo; déjoles renta bastante, la cual con las que han entrado se ha augmentado y crecido. Puso en él cuatro hijas, que todas profesaron; las tres viven hoy, religiosas muy principales y de mucha cristiandad y gobierno. El fundador no tenia mucha renta de indios, aunque tenia haciendas; oí decir en aquella ciudad que mientras edificaba el convento le proveyó Nuestro Señor en una mina que labraba bastante plata para el edificio, el cual acabado cesó la veta, y aun las demás del cerro, porque el dia de hoy nadie labra en él.
Fué dichoso este fundador en hijos, porque tuvo muchos, once: los seis varones, las cinco mujeres; de los varones los cuatro son religiosos de la Orden del Seráfico San Francisco; los tres muy buenos predicadores, así para españoles como para indios, que todos cuatro viven hoy con gran ejemplo de cristiandad y virtud, á quien la Orden les ha encomendado oficios honrosos y han dado muy buena cuenta dellos.
Al fundador deste convento le dió Nuestro Señor una muerte cual fué su vida, porque demás de la obra famosa deste monasterio, era hombre de mucha oracion y diciplina, y en esto su mujer le era bonísima compañera, la cual, aunque le vió espirar, no hizo los extremos ni tragedias que otras suelen hacer, sino con el semblante alegre ella propia le amortajó, puso en el ataud, y en su casa aquel dia no se vieron lágrimas ni voces, sino un silencio, una tristeza subjecta á la razon y muchas gracias á Nuestro Señor y conformidad con su voluntad, y si lágrimas hobo, fueron piadosas y cristianas; murió esta señora como vivió, con gran satisfacion de su vida.
De la ciudad de Guamanga dista la del Cuzco sesenta leguas, si no son 70, divididas en doce jornadas; el camino es malo y destemplado, porque en algunas jornadas hay dos temples diferentes; salimos de uno templado y llegamos á dormir á donde hace un frio incomportable, como saliendo de Guamanga y parando en los Tambillos de Illaguaci; otras veces salíamos de lugares frios y á tres leguas bajábamos á hornos encendidos, valles calidísimos, y luego subíamos á temple frio, cual es la jornada de Villcas á Uramarca, y desta suerte es casi todo el camino. En esta distancia encontramos con tres rios muy grandes en valles calidísimos: el primero es el de Villcas, á 16 leguas de Guamanga; en tiempo de aguas, poderoso, pásase por puente de creznejas; en tiempo de seca se vadea, y esto como deja el vado, unas veces lo deja pedregoso, otras no con tantas piedras, y cada año muda el vado, no se puede hacer en él puente de cal y canto por no haber cómodo para ello. El agua es gruesa y cálida como las demás de Guamanga al Cuzco, que lo quel (sic) arroyo es de buena agua.
Pasado este rio, dos jornadas adelante, entramos en el valle de Andaguailas, templado, donde se da maíz y trigo; es bien poblado de indios, abundante de ganados nuestros y de la tierra. Tambien aquí se van apocando los indios, por dos vias, la una por Guancavilca y la otra porque de aquí sacan indios para labrar en los Andes del Cuzco las chácaras de coca, y dales allí una enfermedad en las narices que se les ponen como una trompa muy gruesa y colorada, de que algunos mueren, fuera de las enfermedades que allá les dan mortales, como diremos en su lugar. Más adelante se sigue el valle nombrado Amancay por unas flores olorosas blancas que en él nacen en abundancia, así llamadas. Este rio nunca se vadea; tiene puente de cal y canto, mandada hacer por el buen marqués de Cañete, de felice recordacion el primero.
Aquí hay, por ser templado, uno ó dos trapiches donde se hacen buenas cosas de azúcar. Más adelante llegamos al rio de Aporimac; éste tambien no se vadea; pásase por una puente de creznejas asaz larga y angosta, donde hay cantidad de mosquitos zancudos cantores, amicísimos de beber sangre humana, y no menos cantidad de los rodadores, tan sedientos como esotros; hay agua gruesa y muy cálida; todos estos tres rios se juntan con el de Jauja y otro que pasa cuatro leguas del Cuzco, por el valle de Yucay, no menor que cualquiera destos, y hacen aquel grande y famoso rio del Marañon, que desemboca en la mar del Norte con 80 leguas de boca. Es el mayor rio del orbe.
Prosiguiendo nuestro camino adelante, cuatro leguas antes de la ciudad del Cuzco entramos en el valle de Xaquixaguana, donde fué desbaratado el tirano Gonzalo Pizarro y sus valedores, sin rompimiento de batalla, por el gobernador licenciado Pedro de la Gasca y demás servidores de Su Majestad. Valle ancho y largo, donde hay dos ó tres pueblos de indios, apartados un poco del camino real; es más frio que templado, aunque se da maíz en él y trigo; empero, si acierta á helar un poco temprano, arrebátase el hielo al maíz; el trigo sufre más, y por eso no le hace tanto daño.
Es abundante de ganado del nuestro, de todo género. Las aguas son malas, gruesas y salobres.
De aquí á la ciudad de El Cuzco ponen cuatro leguas buenas.
Era el asiento principal de los reyes destos larguísimos reinos, á quien llamaban Ingas. El sitio es malo y las aguas malas; fundaron aquí su ciudad los españoles en el mismo lugar donde la tenian fundada los indios, que es al principio del valle, el cual, en esta parte, es angosto, aunque más abajo, como va corriendo casi al Oriente, se ensancha un poco más. Siémbrase en él trigo é maíz de riego y dase bien si los hielos no acuden temprano. Parte desta ciudad está fundada en una ladera, y aun la mayor parte; no la dividieron los fundadores por cuadras, como las demás deste reino, ni tiene calle derecha ni proporcionada, porque no quisieron los españoles romper los edificios de piedra que en ella hallaron, no siendo muy aventajados; hállanse en ellas muchas calles muy angostas, que apenas pueden ir dos hombres de á caballo á las parejas, á cuya causa en ivierno es muy sucia y lodosa. Pasa por medio della un arroyo de poca agua al verano y aun al ivierno, si no es por alguna gran avenida que luego cesa, por tener su nacimiento muy cercano; este rio es muy sucio y de mal olor; hanle hecho sus alcantarillas para pasar de unas calles á otras. El Inga le tenia tan bien acanalado y recogido con una muralla de piedra, por una parte y por otra, y por donde corria el agua, enlosado, que ni se divertia á otra parte, ni paraba cosa en él. Agora con el buen gobierno de los nuestros se derrama por muchas partes y anega no poca parte del valle, y la huerta de nuestra casa corre riesgo, porque rompiendo el rio el reparo y no reparándolo, se le ha llegado mucho. Gobernando los Ingas, en cayéndose una piedra, se ponia luego otra ó la misma en su lugar, porque el daño no pasase adelante.
Las casas de los españoles, por la mayor parte son sombrias y tristes, si no es la del capitan Diego de Silva, que la labró alegre. Es pueblo muy rico, por la gran cantidad que tiene de indios de encomienda.
Los vecinos antiguos todos lo fueron; sus hijos, agora, tienen abundancia de deudas y no les alcanza la sal al agua; gastan sin órden y sin discrecion. Sustenta cinco monasterios religiosos y uno de monjas de Sancta Clara.
Nuestra casa es la que antiguamente se llamaba gobernando los Ingas, la Casa ó Templo del Sol, á quien adoraban por principal de todos sus dioses falsos. Conforme á lo que los indios edificaban, es bueno el edificio; la piedra es parda y labrada, y tan juntas unas con otras, que parece no tener mescla alguna, y tiénela, y es de plata delgadísima, la cual no sale fuera de las junturas de las piedras.
La piedra es durísima y el edificio fijísimo, que para romperlo se pasa mucho trabajo. Permanece en nuestro convento una pila grande desta piedra, ochavada por de fuera, que de hueco debe tener, por cualquiera parte que la midan, más de vara y media, y de fondo más de vara y cuarta. A esta pila hinchian con cantidad de chicha, escogida de la que el Inga bebia, para que bebiese el Sol, y lo que en ella se embebia creia esta gente bárbara que el Sol lo bebia; cubria la boca desta pila una lámina de oro, en la cual estaba el Sol esculpido. Cuando los españoles entraron en esta ciudad le cupo en suerte á uno de los conquistadores, que yo conocí, llamado Mansio Sierra, de nacion vizcaíno y creo provinciano, gran jugador; jugó la lámina y perdióla: verificóse en él que jugó el Sol.
Sustenta nuestro convento 25 religiosos, y dende arriba; vase poco á poco edificando como los demás; está casi fuera de la ciudad; los demás, dentro. La huerta de nuestra casa era la Huerta del Sol, y la tierra della dicen fué traída en hombros de indios del valle de Chincha, por muy buena; venian á su tiempo todo los indios á labrarla, vestidos de riquísimos vestidos, y aún permaneció por algunos años, é yo vi una vez que se juntaron los más de los ingas y por sus cuarteles la labraron y desmontaron con gran alegria, y ésta fué la última vez, porque se tenia por inconveniente y con mucha justicia se les vedó.
Lo que en esta huerta se sembraba eran unas cañas de maíz, todas de plata, las mazorcas de oro; éstas no han parecido, ni se sabe donde están; será la huerta poco menos de media cuadra; tiene un pilar donde caen dos caños de agua, el uno un poco salobre, el otro algo mejor. No se sabia de dónde ó por dónde venia el uno, hasta que el rio, con una avenida grande se llevó dos ó tres losas, á lo menos las sacó de su lugar, por debajo de las cuales venia encañada el agua á la Huerta del Sol.
Es fama haber en nuestra casa gran mina de oro enterrado, pero no se sabe dónde; unos dicen, y aun se tiene por lo más cierto, que en la capilla mayor; otros, que en la huerta; han cavado en muchos lugares, pero hasta hoy no se ha hallado cosa alguna. Don Carlos Inga salia á este partido: que le dejasen cavar debajo del altar mayor, y de lo que sacase daria tanta parte, y si no hallase cosa alguna, tornaria á reedificar lo derribado, á su costa, de la misma manera que antes estaba. No se le admitió el partido, y así quedó.
El monasterio más rico es el de Nuestra Señora de las Mercedes, y el que tiene mejor sitio, por ser en medio del pueblo y en una de tres plazas, aunque los padres Teatinos se pusieron en la plaza que está delante de la iglesia Mayor y bien junto á la Merced.
El de San Francisco tiene plaza y bien grande; sustenta más de treinta religiosos; ya está acabado. El de San Augustin se va edificando. Sustenta veinte religiosos.
El temple es frio y desabrido, y luego que los españoles poblaron, no se criaba ningun niño mero español; ya se crian, y en cantidad. Al verano, que es cuando no llueve, desde mediado Abril hasta Noviembre, es más frio que lo restante del año al tiempo de las aguas, aunque en este tiempo hay bastante frio y en un dia se hallan tres temples: unas veces, antes que venga el agua mucho calor, arde mucho el sol; en comenzando á llover, frio; en acabando, mucho más, porque como viene el aire de tierra mojada y fria, por cualquier parte que venga viene más frio, lo cual causa mucha destemplanza en los cuerpos. En el tiempo de las aguas es muy lodoso y sucio, y de mal olor, porque como las más de las calles sean angostas y el concurso de pasearlas mucho, así de indios como de españoles, no se puede evitar este inconveniente. Despues de la ciudad de Los Reyes y Potosí es el mejor pueblo destos reinos á la redonda; hay seis ó siete perroquias de indios que bastecen á la ciudad; el valle es muy poblado de muchas chácaras, fuera de que la comarca es muy fértil.
Esta ciudad es cabeza de obispado, y lo era de todo el reino, y aunque así se nombra en los contractos y escripturas que se hacen en ella, va perdiendo este título, porque la ciudad de Los Reyes se lo lleva con la asistencia del virrey, Audiencia y Santa Inquisicion, y otras calidades.
La iglesia Catedral es paupérrima en edificios, aunque en renta es la más aventajada de todas las Indias; hay muchos templos en pueblos de indios, muy mejores; la causa por que no se haya edificado no la sé; algunos echan la culpa á personas ya muertas, otros á vivos; no me quiero entremeter en esto.
Ha muchos años, cuando no tenia tanta renta, que se comenzaron á traer materiales, juntáronse muchos, y en la plaza hay no poca cantidad de cal y arena mezclada, ya perdida con el tiempo; así se ha quedado. En ornamentos es rica, pero en lo que más florecia era en la celebracion de los divinos oficios, viviendo el chantre primero que en ella hubo, porque todas las Horas se cantaban cada dia, y el Oficio menor de Nuestra Señora; á media noche no se sigue el coro por la destemplanza del frio en todo tiempo, y aunque es así que en España los frios son mayores y se sigue el coro á media noche, es de otra calidad el uno quel otro: el de España es frio y húmido; el nuestro, en todo el reino donde lo hay, es frio y seco, muy contrario á la salud corporal.
Carece esta ciudad de leña, por lo cual no ha crecido más; yo la he visto repartir como carne en la carneceria; ni tiene de donde le venga, ni carbon. De cuando en cuando le alcanzan temblores de tierra, y recios, y á las veces son tan vehementes los truenos, que parece temblar los cielos.
Junto á la ciudad, saliendo della caminando para el Collao, hay una fuente de agua salada, clarísima y abundante, la cual recogida en un estanque grande que desde el tiempo de los Ingas está hecho, se reparte por la tierra, en contorno del estanque, la cual dentro de pocos dias se vuelve sal blanquísima.
La tierra en que cae se dividió por chácaras (que así se llaman) por los vecinos de indios y conventos. Tenemos allí nosotros nuestra chacarilla. Hacen los indios desta sal mil pajaritos, leones, tigres y otros animales, y así la venden.
Un poco más adelante entramos en el llano donde se dió la batalla nombrada de las Salinas, por ser cerca destas, entre Hernando Pizarro, ó por mejor decir, por parte del Marqués Pizarro, y don Diego de Almagro; fué la primera que hobo entre españoles, y don Diego de Almagro y los suyos fueron vencidos; fué bien reñida, pero tratar della no hace á nuestro propósito. Y esto cuanto á la ciudad del Cuzco.
Muchas cosas hacen á esta ciudad muy rica: los muchos indios de repartimientos; los que tiene en contorno del pueblo; la contractacion de los mercaderes; pero lo que más le enriquece es la contractacion de la coca, que comen los indios; esta coca es un arbolillo pequeño que no se levanta del suelo cuando mucho una vara, las ramas delgadas, la hoja casi como de zumaque, aunque es más ancha; otra hay más pequeña, pero désta no tractamos. Esta coca no se da sino en tierra muy cálida y lluviosa; siémbrase á mano; tres ó cuatro jornadas del Cuzco, hay una tierra llamada los Andes, donde hay estas chácaras de coca, con las cuales los vecinos y muchos otros han enriquecido, porque se sacan destos Andes, para Potosí particularmente, cada año más de 60.000 cestos de coca, que cada uno debe pesar de 20 á 25 libras; sácanlos en carneros de la tierra y lleva un carnero cuatro y cinco, y por la mayor parte cinco. Desde Potosí vienen al Cuzco con las barras de plata á comprar esta coca. Vale el cesto, cuando menos, tres pesos, que es imaginación, ó tiene esta hoja en sí alguna virtud de sustentar, lo cual parece falso; pero los indios, si han de trabajar, y no traen un poco della en la boca, ó han de caminar, luego se desmayan, y como la lleven, trabajan y caminan todo el dia, si no es cuando se sientan á comer, que brevemente cuncluyen.
Estos Andes donde se da es tierra calidísima, muy lluviosa, llena de mil género de sabandijas ponzoñosas, que en las mismas chácaras se crian y hacen no poco daño, y la picadura es irremediable, hasta agora, que de pocos años se ha hallado el remedio, y es el más fácil del mundo y más manual. Uno de los primeros que lo supo fuí yo, y lo enseñó un perro. Pasó así: que andando á caza de perdices un soldado gentilhombre, arcabuz, llamado Pedro Ruiz de Ahumada, á un perro suyo picóle una víbora en el hocico; hinchósele la cabeza como una bota; viniéndose ya tarde para su casa, que era en el campo, el perro veníase así tras de su amo, pero en viendo un arroyo de agua que cerca de la casa corria, fuese á toda furia para el agua; el amo, pensando que la rabia de la muerte lo llevaba, paróse; vióle poner la cabeza en el agua; dejóle el amo por muerto, pero ya que queria cenar, entra el perro sano y bueno y halagando á su amo. Venido al pueblo, luego me lo dijo: esto era en la ciudad de La Plata; sabido, escrebí á un religioso nuestro que residia en una doctrina en un pueblo de indios cinco leguas de la ciudad, donde se crian cantidad dellas, que hiciese la experiencia en dos perros; hízola, y á uno echó en un estanque de agua, al otro dejóle fuera; el que fué lanzado en el agua, al cabo de media hora que en ella estuvo saltó el pretil, sacudióse y comenzó á retozar con otros perros; el que no fué lanzado, dentro de pocas horas murió. De suerte que en picando la víbora habemos de buscar el agua: si es corriente es mejor, si es embalsada no es inconveniente, y poner el pie ó la mano en el agua, de suerte que sobrepuje un jeme el agua á la picadura, y dejarlo estar allí espacio de una hora, y no es necesario más cura.
Los indios han enseñado otra manera de curar, y es ésta: toman la víbora que picó, y aunque sea otra no creo es inconveniente; córtanle tres ó cuatro dedos de la cola y échanla á mal; luego de allí junto cortan cantidad de tres dedos en ancho, quitan la piel, y tres veces en tres dias continuos dan de comer aquella carne al herido; acuéstanlo y abríganlo; suda, guarda dieta, y no es necesario más cura; desta suerte curaron en una chácara dos leguas de la ciudad de La Plata á una ama suya unos indios del Rio de Plata que con ella vinieron, y su marido é yo propio se lo pregunté y me dijo que desta suerte la curaron no haria dos meses.
Matar la víbora que picó (principalmente si es de las que llamamos y son de cascabel, porque cuantos años tienen tantos cascabeles les nacen en las colas, y cuando van deslizándose por el suelo van haciendo ruido como si llevasen cascabeles), no es dificultoso, porque son torpes en andar, en picar velocísimas; no la han pisado cuando vuelve á picar, cuyos colmillos son más agudos que alesnas; helas visto grandes y gruesas como un grueso brazo.
En el Brasil hay cantidad destas sabandijas, y como ya se comunican aquellos dos reinos, es fácil saber lo que en ellos sucede; sucedió pues así: que una víbora picó á un portugués en un pie y le pasó unas botas de baqueta que llevaba calzadas; murió de la ponzoña de la víbora; hízose almoneda de sus bienes; las botas comprólas otro portugués, y calzándoselas murió; torna otro á comprarlas y cálzaselas; murió tambien; viendo esto los médicos advierten que la causa de la muerte de los dos fueron las botas rotas con la picadura ó diente de la víbora; quemáronlas y no las compró más portugués alguno, y así cesó la muerte dellos; la fe desto y crédito dése á los que lo refirieron; no lo vi, oílo por cierto. Estos Andes del Cuzco son fértiles destas víboras, y de culebras que llaman bobas; éstas son muy grandes y muy gruesas; no hacen daño, sino es cuando, como dicen, andan en celos. Porque en aquellos Andes sucedió lo que diré: tres soldados volvíanse á sus casas de las chácaras de la Coca, á pie; no es tierra para caballos. El uno quedóse un poco atrás á cierta necesidad corporal; acabada siguió su camino solo, pues los compañeros iban un poco adelante; prosiguiéndolo, ve atravesar una culebra destas que tienen de largo más de 16 pies y gruesas más que la pantorrilla de un hombre, silbando, y otra culebra en pos della, de la misma calidad; la postrera, viendo á nuestro soldado, cíñele todo el cuerpo, y la boca encaminaba á la garganta; el pobre que se vió ceñido y la boca de la culebra cerca de su garganta, con ambas manos afierra de la garganta de la culebra con cuanta fuerza pudo, no dejándola llegar á su garganta; la culebra, sintiéndose apretada de las manos del soldado, apretábale con lo restante de su cuerpo fortísimamente, de suerte que le hizo reventar sangre por la boca, ojos, narices y orejas; el pobre, viéndose de aquella suerte, gemia; no podia gritar, sino bramar.
Los compañeros, pareciéndoles tardaba, pararon un poco, oyendo los bramidos; vuelven corriendo en busca de su compañero, halláronle de la suerte que le habemos pintado. Uno sacó una daga que traía en la cinta y metiéndola entre el sayo y la culebra la cortó; luego aflojó la culebra hechas dos partes, y acabáronla de matar. El soldado quedó como muerto; lleváronle y albergáronle; volviósele la color del rostro y cuerpo amarilla como cera; vínose al Cuzco, y dentro de tres meses murió. Oí esto á hombres que le conocieron.
Era este soldado vizcaíno; otro por ventura no tuviera tanto ánimo á echar mano á la culebra de la garganta con ambas manos.
En estos Andes no hay indios naturales; llevan, para el beneficio de la coca, del distrito del Cuzco, indios bien contra su voluntad, porque es llevarlos á la casa de la muerte, como dijimos tractando del valle de Andaguaylas y su menoscabo.
Religiosos nuestros lo han contradicho y predicado contra ello, viendo la diminucion de los naturales que allá entran; pero como es interés de diezmos y de otros particulares, creo hallan aun entre otros religiosos valedores. Vase disminuyendo esta contractacion, porque los indios ya más quieren pan y vino que coca.
La tierra es muy contraria á la salud de los pobres indios y aun á la de los españoles, sino que á nosotros no nos da la enfermedad de las narices como á los indios; es tierra llena de montaña calurosísima, como habemos dicho, y abundantísima de lluvias. Pero el interés la hace habitable por más indios que en ella perezcan, lo cual debian considerar y aun remediar los que nos gobiernan.
Volviendo, pues, al camino Real, y pasando del llano do fué la batalla de las Salinas, va corriendo el valle del Cuzco, ensanchándose un poco más; si le queremos prolongar hasta la rinconada llamada Mohina, terná de largo poco menos de cinco leguas, por medio del cual, el rio los Ingas llevaban acanalado, de suerte que no declinaba á una parte ni á otra; agora, por el descuido de los nuestros, con mediana avenida aniega la mayor parte del valle á mano derecha y siniestra, como lo he visto y pasado con no poco riesgo, compelido por la obediencia, con la cual en medio del ivierno caminaba. Fenecido este valle, diez leguas más adelante llegamos al pueblo é valle de Quiquejana; la mitad del pueblo fundado de la una parte del rio, la otra mitad de la otra; es rio grande y pocas veces se vadea, de gruesa agua; pásase por puente de criznejas, sin riesgo alguno. Luego proseguimos nuestro camino para el Collao el rio arriba, pasando por muchos pueblos de indios que á la mano izquierda dél hay poblados; á la derecha uno solo, ó cuando mucho dos, hasta llegar á su nacimiento, que es una laguna llamada Vilcanota, que se hace de nieves que corren de un cerro alto é nevado, antes de la cual hay unos baños de agua caliente, que de lejos no parece sino que hay allí cantidad de fuegos; tanto es el vapor como humo que de los manantiales sale, y tan caliente el agua, que no se puede poner la mano en ella; hierve á borbotones, y en muchas partes; confieso que la primera vez que vi tanto humo imaginé habia allí muchos indios y fuego; es lugar muy frio. Esta agua, si es de piedra azufre, es singularísimo remedio para el mal de ijada é piedra; bebiéndola callente cuanto se pudiere sufrir, deshace la piedra de los riñones y límpialos: es experiencia hecha, y si se trae y se vuelve fria hase de callentar y beberla caliente como está dicho, y tiene el mismo efecto: ya se puede decir que de historiador me he vuelto médico; no es inconveniente tractar en historia, ó descripción de tierras, las cosas provechosas que en ella se hallan para la salud de los hombres.
Volviendo á nuestra laguna Vilcanota, que terná en torno, ó será tan grande como seis cuadras, es digno de encomendar á la memoria lo que en ella hay.
Este asiento es muy alto y muy frio; la laguna y camino Real entre dos cordilleras nevadas. Vierte á dos partes; el un desaguadero á la mar del Norte, que es el principio deste rio grande de Quiquejana, el cual juntándose con el de Apurimac, Amancay, Vilcas, Jauja y otros, hace el famoso rio del Marañon, que dijimos desembocar en la mar del Norte con ochenta leguas de boca. La otra vertiente ó desaguadero hace el rio que llamamos de Chungara y Ayaviri, que entra en la laguna de Chucuito, y ésta desagua por una parte, como diremos, á la mar del Sur.
Un poco más adelante, como media legua, vemos una pared de piedra de mampuesto que corre desde la nieve del un cerro al otro atravesando el camino Real. Esta pared dicen los viejos se hizo por órden y concierto de paz entre los Ingas y los indios del Callao, los cuales trayendo guerras muy reñidas entre sí, vinieron en este medio: que se hiciese esta pared en el lugar dicho, de un estado de un hombre, no muy ancha, la cual sirviese como de muralla para que ni los Ingas pasasen á conquistar el Collao ni los Collas al Cuzco; rompieron por su mal los Collas las paces y quisieron conquistar á los Ingas, mas los Ingas revolviendo sobre ellos los conquistaron y no pararon hasta Chile. Esta pared se ve el dia de hoy descender desde la nieve del un cerro, y atravesando el valle y camino Real sube hasta la nieve del otro.
Puestos en este paraje[30] de Vilcanota luego comenzamos á bajar (aunque la bajada no es agra, que casi no se siente) hasta el tambo de Chungara, donde en todo el valle se apacienta copia de ganado vacuno, y á la mano derecha no poco ovejuno y ganado de la tierra. Este tambo es muy frio, y desde aquí á la provincia de los Charcas ya no se da maíz, sino papas y quinua, y ha de ser muy buen año, porque si los yelos se anticipan las papas corren riesgo; la quinoa mejor lo sufre. De aquí vamos al primer pueblo del Collao, llamado Ayavire, asaz ventoso y frio, pueblo grande y rico de ganado de la tierra, como lo son los demás desta provincia de Ayaviri. Siete leguas adelante llegamos al pueblo llamado Pucará, tambien pueblo grande, famoso porque aquí se desbarató el tirano Francisco Hernandes Giron; cególe Nuestro Señor, como andaba en deservicio suyo y de su Rey, porque si se tuviera diez dias más, que no saliera del sitio y fuerte donde estaba, siendo señor de las comidas y teniendo agua y leña, no se les podía quitar, y el sitio suyo inexpugnable, y servicio de los indios, que le obedecian por ser de su encomienda; era imposible el real del Rey sustentarse, habiase de deshacer por falta de mantenimientos. Salió una noche á dar en el campo de Su Majestad, pero avisado por un soldado que aquella noche se vino al servicio de su Rey, levantóse el campo de donde estaba, dejando las tiendas armadas, y púsose en escuadron en una hoya donde el tirano no le pudo ver; llegó á las tiendas, desbaratóse en ellas, y viéndose desbaratado, recogióse con hasta 160 soldados descontentos, y á pie y por tierra fragosa y frigidísima tomó la vuelta de Quito; pero llegando al valle de Jauja, ó poco más adelante, salieron á él dos capitanes de la ciudad de Guánuco y lo prendieron, y á los pocos que con él iban, como dejamos dicho tractando del valle de Jauja; los demás ya se le habian quedado cansados y sin armas; trujéronle á la ciudad de Los Reyes, donde como á tirano y traidor á la Corona Real, le cortaron la cabeza y la pusieron en el rollo en medio de la plaza en una jaula de hierro á vista de todo el pueblo, con su letrero que decia: esta es la cabeza del tirano Francisco Hernandez.
Pasando adelante por el camino Real, á pocas jornadas de aquí, no son ocho, damos en la laguna de Chucuito. Es la más famosa del mundo y mayor, muy poblada por una parte é por otra. Tiene en torno, y si hablamos como marineros, de boj, ochenta leguas y cuarenta de travesia; casi á la playa della son las poblaciones; los vientos causan en ella tormentas como en la mar, y aun más ásperas, por no tener puerto fondable. Lo que sirve de puerto son totorales, que son una juncia gruesa como el dedo pulgar, y más; aunque allá dentro (digamos en alta mar) se hunda con vientos y tempestades, en llegando á la totora la ola, cesa toda la tormenta; el agua es muy gruesa, nadie la bebe, con no ser tan salada como la de la mar; es abundante de peces por la una y otra costa. Algunas veces se mete la tierra adentro, pero porque el camino Real del Inga iba muy derecho no lo torcia, antes por medio de la ensenada, más ó menos conforme á la derecera del camino, se proseguia, hechas á mano unas calzadas derechas como una vira, y á trecho sus ojos llanos, por los cuales corria el agua. Hay calzada de dos leguas y más, á lo menos, por el otro camino, llamado de Omasuyo; tambien las hay menores, conforme á como es la ensenada; pero ya muchas dellas por esta parte se han perdido por descuido de nuestras justicias, y se rodean en partes de más de dos leguas, en otras menos, y ver aquellas calzadas y caminos derechos perdidos, es compasion.
El remedio al principio era fácil, agora es irremediable. Casi á la orilla, ó costa, y un poco más adentro, á legua y más, tiene sus islas pequeñas en donde vivian indios pescadores llamados en ambas provincias Uros.
Estos no comian jamás maíz, lo cual de fuera parte se traía, ni otra cosa sino pescado, y la raíz desta totora, que es muy blanca, fria y desabrida; gente barbarísima, con lengua diferente de los demás de la tierra firme y la del Inga; muy raros la entendian, ni sabian, por lo cual dificultosamente recibian la fe; decian eran como puercos, pues comian totora como ellos; ya son un poco más políticos, despues que los redujeron á pueblos sacándolos de las isletas de la laguna; van á Potosí á trabajar á sus tiempos, y hacen sus mitas en los tambos, que es decir sirven en ellos y dan recado, que es regularmente por noviembre, pero malo, porque son faltos de carneros para las cargas é para lo demás necesario, aunque se les paga conforme al arancel. Diré lo que me sucedió con uno destos: yo bajaba de la ciudad de La Plata por órden de mi perlado á la de Los Reyes por este mismo mes, y venia á la ciudad de Arequipa; llegué á un tambo donde servian estos Uros, y habiéndome de partir pedí uno ó dos carneros de carga; diéronseme, y un indio que los llevase y volviese; llegando al otro tambo, pagando su trabajo y de los carneros al Uro, díjome: Padre, cómprame un real de pan; yo le respondí: ve tú á comprarlo; respondió: no me lo dará el indio tambero, porque me conoce, soy Uro; repliquéle: Pues tú, Uro, ¿ya sabes comer pan? respondió: si padre, despues que servimos en los tambos. Hales aprovechado la reduccion para que coman pan y beban vino, y para la doctrina ha sido lo principal. Pero verlos antes que amanesca en sus balsas de totora, casi desnudos y navegar y pescar y meterse tres y cuatro leguas y más, por una parte es para dar gracias á Dios, por otra se les tiene mucha lástima, porque caminamos por tierra muy arropados, no nos podemos valer de frio y éstos, desnudos en el agua no lo sienten, ó si lo sienten lo sufren no con tanta pesadumbre como nosotros. Lo que no vi en la mar del Norte, ni en esta del Sur, vi en esta laguna: fué una manga de agua, la cual vista me admiré mucho: no habia visto otra; en la compañia caminábamos cuatro ó cinco de conformidad; venia un piloto que huyendo de la mar quiso ver á Potosí, pero volviéndose á su inclinacion natural, no le habia parecido bien la tierra, y volvióse; preguntéle qué era aquello; entonces me dijo: aquella se llama manga de agua, y si cae en navio sin puente, sin remedio le anega, y de noche son muy peligrosas, porque no las vemos; de dia huimos della como de la muerte; cae de lo alto de las nubes hasta el agua; al viso parecia tan gruesa como un mastil muy grueso de una carraca, y como va descargándose va adelgazando, á la cual, delgada, el viento la pone como un arco hasta que totalmente la nube se queda sin agua; todo esto vi entonces. He dicho esto para probar las tormentas que aquí se padecen; por lo cual, y porque no hay puertos, no se puede navegar con bergantines; uno se hizo é se comenzó á navegar en él, pero con una tormenta se perdió y nunca más se ha hecho otro, ni intentado hacerle. Los indios en sus balsas tambien usan y se aprovechan de velas conforme á como la balsa la sufre.
Tomó la denominacion esta [31] laguna acerca de los españoles, llamándola la laguna de Chucuito, por razon de una provincia así llamada Chucuito, la más rica del Collao, cuya cabeza es un pueblo así llamado, fundado casi á la playa desta laguna por la una parte, y por la otra sobre un cerro no agrio de subir. Aquí reside, á lo menos tiene su casa, el curaca principal y la justicia, con título de gobernador. Los pueblos subjectos son: á dos leguas, Acora; á tres, Hilavi; á Juli, cuatro; otras tantas á Pomata, y cinco á Cepita, que todas son 18 leguas. Son grandes y ricos de ganados de la tierra, y de los nuestros no hay falta. Nuestra sagrada religion la tuvo á su cargo desde el principio que se redujeron á la Corona Real de Castilla, para la doctrinar, en cuya doctrina se ocupó muchos años augmentando siempre el número de los religiosos, conforme á como nos augmentábamos.
Hobo en ella, ocupados en este oficio evangélico, muchos y muy buenos, y entre ellos el padre fray Melchior de los Reyes, de quien en breve dejamos hecha mencion; el padre fray Augustin de Formicedo, que hoy muy viejo vive; el padre fray Domingo de Narvaez[32], cuyo cuerpo dijimos, enterrado en el Convento de nuestro padre Santo Domingo de los Reyes, en el capítulo pasados siete años se halló entero y los hábitos sin lision; el padre fray Miguel Cerezuela, y el padre fray Domingo de la Cruz, á quien un demonio perseguia de dia y de noche, con otros muchos grandes religiosos y grandes lenguas de la que llamamos Aimará, que es diferente de la general de los Ingas, más abundante y más galana; con cuyos trabajos, artes, vocabularios, cartapacios y sermones otros el dia de hoy triunfan, como si ellos lo hobieran trabajado; quitóla á la Orden don Francisco de Toledo, residiendo en ella treinta religiosos; si con justicia ó con pasion, ya ha dado cuenta á nuestro Señor dello; dióla primeramente á clérigos; despues el pueblo mayor, qu' es Juli, dió á los padres de la Compañia. Pero cuánta diferencia haya (no tracto de los padres de la Compañia, que hacen su oficio religiosamente) del un tiempo al otro, del concierto y ornato de los templos y servicio del altar, los ciegos que pasan por el camino lo ven. Hallábanse en estos pueblos 20.000 indios tributarios; agora no sé si hay tantos, porque se han huido muchos (fama es más de 6.000) á una provincia de infieles y de guerra de los Chunchos, dejando sus mujeres, hijos, casas y haciendas. Por qué causa no es de mio decirla en este lugar; en otro, si me viese sin ningun temor de mal subceso humano, creo lo diria.
En el pueblo de Juli, digo en su término, no lejos, descubrió un indio una veta de plata rica; quiérensela quitar diciendo que el indio no puede tener mina de plata; el procurador del indio apeló para la Real Audiencia de la ciudad de La Plata (yo estaba á la sazon en ella); quítansela; perdióse la veta hasta hoy; no sé en qué se pueda fundar que yo, en mi tierra, como el extraño, no pueda tener mina, principalmente descubriéndola yo.
Desde Pomata, tomando el camino sobre mano izquierda, dejando el Real á la mano derecha, ocho leguas dista el pueblo Copacavana, á donde se redujeron muchos indios que de diversas provincias deste Perú vivian en una isla de la laguna, dos leguas deste asiento y tierra firme, una por mar, otra por tierra; llámase esta isla Tiquicaca, donde era el más famoso adoratorio que el demonio en todos estos reinos tenia, y para su servicio mandaba que de las más provincias dél que señalaba le sirviesen allí indios; solos unos exceptaba, llamados Puquinas, que viven la mayor parte en el camino de Omasuyo, que es de la otra parte de la laguna, por ser gente como de suyo es muy sucia, más que otra destos reinos, como si el demonio fuera muy limpio; antes que estos indios se redujesen y se deshiciese aquel famoso y falso adoratorio, todavia el demonio por los pecados destos, aunque ocultamente, era reverenciado y obedecido, para comprobacion de lo cual diré lo que un religioso nuestro me refirió le habia pasado no ha 25 años, viviendo en un pueblo y doctrinándolo, llamado Tarama, distrito de la ciudad de Guánuco, siete leguas del primer pueblo del valle de Jauja, llamado Butun Jauja, que es decir el gran pueblo de Jauja.
Sucedióle, pues, que estando en esta doctrina llegó á él un fiscal della, indio, y díjole: Padre, aquí está un Cacha, que es un mensajero, de Tiquicaca; el religioso, aunque no habia vivido por allá arriba, tenia noticia deste adoratorio, y luego advirtió á lo que podria ser; dijo al fiscal: tráemelo aquí. Trújoselo. Era un indio bien dispuesto; llegó á guisa de caminante, la manta ceñida; preguntóle: ¿De dónde eres, hijo? Responde: de la isla Tiquicaca. Replicóle: ¿Dónde vas? Respondió: A Quito. (Hay desde Tiquicaca á Quito más de quinientas leguas.) ¿Quién te envia? Responde: El Apo, que es el señor de Tiquicaca. Bien entendió el religioso que el que le inviaba era el demonio. ¿Así Tiquicaca te envia? pues yo os doy mi palabra que no habéis de ir allá y que os tengo de castigar por el mensaje. Del demonio sois mensajero. Respondióle el indio: Padre, yo tengo de ir. El padre: No iréis; yo os azotaré y tresquilaré primero y echaré en la cárcel. Responde el indio: Padre, los azotes y tresquilarme, no lo quitará Tiquicaca; mas dejar de ir no lo impidirás. Viendo esto el religioso, ¿qué habia de hacer? Mándale azotar y tresquilar, á la justicia, por mensajero del demonio, y que lo echen en la cárcel, en el cepo, y toma la llave de la cárcel y cepo; á la mañana va á ver su indio allá en la cárcel; él va á buscar el indio; el cepo hallólo cerrado, pero el indio nunca más le vió. ¿Este fué indio ó demonio, que no pareció más?
El religioso que esto me dijo, y á otros muchos, en la ciudad de Los Reyes, se llama fray Juan de Torrealba, que agora vive en España, hombre de mucha verdad, y no tenia para qué fingirlo.
Para deshacer este adoratorio, que llamamos guacas, fué acertadísimo sacar los indios de aquella isla y poblarlos en la tierra firme, á la lengua casi del agua, en un cerro no alto, llamado así Copacavana. Este pueblo tenia á su cargo un clérigo gran lengua de la Aymará y de la Quichua; así se llama la de los Ingas, llamado el bachiller Montoro; la iglesia es buena; hiciéronla religiosos nuestros, porque este pueblo y otro que dista deste una breve legua, llamado Yunguyo, se encorporaron, cuanto á la doctrina, con la provincia de Chucuito. El buen clérigo mandó hacer á un indio una imágen de bulto, que colocó en la iglesia, al lado de la Epístola, en un altar, por sí; intitulóla de la Purificacion; yo la he visto tres ó cuatro veces; tiene de largo, sin la peana, una vara y cuatro dedos; salió hermosa de rostro, con su Niño Jesús entre los brazos, y aunque es así (como luego diremos) que los indios tienen poca fée ó ninguna, algunos hay en quien Nuestro Señor la ha infundido. Estos son pocos.
En aquel pueblo habia un indio casado que á su mujer daba mala vida y aborrecia grandemente; ella era buena cristiana y devota de aquella imágen de Nuestra Señora; el marido, persuadido del demonio, sacóla al campo para ahorcarla; echóle la soga á la garganta y quísola ahorcar; la india, muy de veras se encomendó á Nuestra Señora, y teniéndola ya su marido para lanzarla de un árbol abajo, apareciósele Nuestra Señora en figura de aquella imágen; el indio deja la mujer é pone pies en polvorosa, mirando para atrás, lleno de temor; la india quedó libre hallándose en el suelo, la cual tambien vió á Nuestra Señora en su favor; vínose á la iglesia, hincóse de rodillas delante del altar de Nuestra Señora, dándola gracias; da noticia deste milagro al clérigo, hácese la averiguacion, traen al marido, confiesa la verdad, que todavia estaba temerosísimo; llámase al corregidor de aquel partido, que á la sazon era don Jerónimo Marañon, convocáronse los clérigos comarcanos, hízose una solemne procesion con los indios del pueblo y otros que acudieron y algunos españoles que por allí se hallaron; luego se comenzaron á multiplicar milagros, que pintaron en las paredes de la iglesia; hízose libro dellos, pero algun luterano oculto que por allí pasó lo hurtó, mas no pudo hurtar la memoria dellos, que como eran frescos no se habian olvidado y tornáronse á escribir.
Los milagros han sido muchos y notables, de los cuales escrebiré dos aquí, que oí al mismo bachiller Montoro: el uno fué que habiendo falta de aguas para las comidas, los indios determinaron hacer una procesion á instancia deste sacerdote, sacando la imágen de Nuestra Señora, y para esto la parcialidad que llaman Hañan saya[33], que es la más principal, tractólo con la menos principal, llamada Urin saya[34], ésta no quiso venir en ellos; los Hañan sayas hacen su procesion; fué Nuestro Señor servido, para confundir á estos indios de poca fe, que, con tener las chácaras juntos, parten linderos, lloviese en la de los Hañan sayas y no en las de los Urin sayas. El otro fué: dos indios, marido y mujer, trujeron de más de cuarenta leguas un hijo solo que tenian contrecho, á Nuestra Señora que se lo cúrase; en abriendo la puerta de la iglesia por la mañana, tomaban su hijo, que ya sabia hablar, tenia de siete á ocho años, y ponian delante del altar de Nuestra Señora; desta suerte le ponian por espacio de diez ó doce dias; sucedió que el niño un dia comenzó á hablar con la imágen de Nuestra Señora y decirla: Señora, ya ha muchos dias que mis padres me ponen aquí delante Vos, para que me saneis, y no me sanais; la comida ya se les ha acabado, y están lejos de nuestra tierra; sáname ya, Señora, y si no, volverémonos á nuestra tierra; dicho esto se levantó el niño sano y salvo, como si no hobiera padecido lesion alguna, y salió á buscar á sus padres que fuera de la iglesia en el patio ó cementerio della estaban.
Volviéronse con su hijo á sus tierras. Las palabras del niño, los demás que allí se hallaron las refirieron. A la fama desta imágen y milagros concurrian en romerias desde el Cuzco, que son más de cien leguas, y desde Potosí, que hay otras tantas, muchas personas, y las que no, enviaban sus limosnas aventajadas; de suerte que si se hobiera tenido un poco más de cuidado fuera riquísima la capilla. Arden delante del altar tres lámparas muy grandes y muy bien labradas, que personas particulares han enviado para el culto de Nuestra Señora; coronas tiene muchas; anillos con piedras riquísimas; quitóse la doctrina al clérigo poco antes que muriese, y dióse por órden de Su Majestad é buena diligencia que se dieron, á los padres de San Augustin, donde tienen un priorato. Ya los milagros no son tan frecuentes, por nuestros pecados, y aun no han cesado los que con las medidas de la imágen se han hecho: el contador Garnica, quebrado, ciñéndose la medida sanó. Los hechos no es de mio escrebirlos, porque piden un libro entero. Los Padres Augustinos ternán cuidado dello.
Fué Nuestro Señor servido, para confusion del demonio y para alumbrar á estos miserables, que cerca de aquel lugar donde con tanta reverencia el demonio era adorado, allí se hiciesen muchos milagros por Nuestra Señora á gloria de Su Majestad y de su Madre sacrosanta.
No creo hay cibdad, en lo que he visto de la de Los Reyes y Potosí, donde no haya capilla de Nuestra Señora de Copacavana, y en pueblos de indios hay no pocas desta advocacion, y en algunos se dice se han hecho milagros, como es en Pucarani, ocho leguas de la ciudad de la Paz; el indio que hizo esta imágen, aunque ha hecho otras, ninguna ha sacado como ella; ha sido llamado á muchas partes y las ha hecho[35], y estando en la ciudad de La Plata le llamó el presidente de la Audiencia para conocerle, el licenciado Cepeda, y dióle silla, diciendo: Quien hace imágen de Nuestra Señora que obra milagros, merece se le dé silla delante de un Presidente.
De Copacavana volvemos al camino Real, sobre mano derecha, en demanda del último pueblo de la laguna de Chucuito, ocho leguas tiradas.
Es pueblo frio y destemplado como los demás, y ninguno tanto como éste en toda esta provincia, del cual dista el Desaguadero desta laguna dos leguas y media. El Desaguadero es tan ancho como un tiro de piedra; el agua tiene muy poca corriente, parece como embalsada. Comunmente se trata en este reino que no se le halla fondo, y que el agua por abajo corre con tanta velocidad que, por mucho que pese una piedra, si con ella la quieren sondar, se la lleva el agua.
La primera vez que pasé por este Desaguadero llevaba intencion de sondarlo y averiguar esta verdad; llegando con más de cincuenta brazas de sogas que saqué de Cepita, me puse en medio de la puente con una piedra como medio adobe; echéla al agua y luego se fué la piedra derecha al fondo como si no hobiera corriente alguna; sompeséla y sacándola hallé cuatro brazas y media de agua, de suerte que lo que se dice es fábula; tambien decian que cayendo alguna cosa en el agua era imposible salir; tambien lancé un perro y fácilmente salió nadando; y que por abajo no haya corriente es fácil de persuadir, aunque no lo hobiera experimentado con la sonda, porque como toda aquel agua sea un solo cuerpo, si por abajo fuera tan raudo y corriente, por el medio y por arriba habia de correr de la misma suerte.
Tiene este Desaguadero una puente, la mejor, más fácil y segura del mundo; es llana y de totora asentada sobre tres ó cuatro maromas de icho, muy estiradas; hacen los indios unas balsas fuertemente atadas desta totora, á manera de media luna cuando se muestra despues de la conjuncion; el convexo, que es el lomo, asientan sobre las maromas muy bien atado, y luego junto á esta otra, y así las multiplican desde el principio al fin y las unas con las otra las atan. El vacio que hay entre una y otra, porque estas balsas son redondas, hínchenlo con enea ó totora suelta, que es lo mismo, de suerte que la puncta queda llana y rema de ancho tres varas largas; es segurísima y puédese pasar á caballo, aunque yo muchas veces que la he pasado me apeo, llevando la cabalgadura de diestro. Hay aquí indios con pescado, los cuales tienen cuidado á su tiempo de renovarla, y son tan diestros en ello, y en saber, por la experiencia que tienen, cuándo conviene hacerlo, que no pierden puncto, porque ya saben cuándo han de renovar las maromas y las balsas.
Deste Desaguadero se hace otra laguna que llaman de Paria, ó de Challacollo por otro nombre, no tan grande, ni con mucho, como ésta; desagua contra la mar del Sur, sumiéndose sin que responda á alguna parte; por ventura por las entrañas de la tierra va á dar á la mar.
Seis ó siete leguas delante del Desaguadero llegamos al pueblo de Tiaguanaco, donde hay, apartado un poco del camino Real, sobre mano derecha, unos edificios antiguos de piedra recia de labrar, que parecen labradas con escuadra, y entre ellas piedras grandísimas; casi no pasa por aquel pueblo hombre curioso que no las vaya á ver.
La primera vez que por allí pasé con otros dos compañeros las fuimos á ver, donde vimos unas figuras de hombres de sola una piedra, tan grandes como gigantes, y junto á ellas de muchachos, la cintura ceñida con un talabarte labrado en la misma piedra, sin tiros, como usan los que traen tahelies. Paredes no habia altas, ni casa cubierta; ocuparia este edificio más que cuatro cuadras en torno. No saben los indios quien lo edificó, ni de dónde se trujeron aquellas piedras, porque en muchas leguas á la redonda no se halla tal cantera. Es fama haber allí gran suma de tesoro enterrado; hase buscado con diligencia, mas como andan á ciegas los buscadores, no han dado con ello, sólo dan con la plata que sacan de la bolsa para el gasto.
Agora se aprovechan de aquellas piedras para el edificio de la iglesia deste pueblo. De aquí á Calamarca, otro pueblo de indios, hay dos jornadas largas, donde se junta el otro camino de Omasuyo, que corre por la otra parte de la laguna; por lo cual es necesario volver á tractar dél.
Desde el pueblo de Ayaviri, que dijimos ser el primero del Collao, tomando sobre mano izquierda, comienza el camino y se sigue la provincia llamada Omasuyo, que corre por la otra parte de la laguna de Chucuito; esta provincia es muy poblada, y por la mayor parte son Poquinas; son recios de ganados de la tierra, y participan de más maíz é trigo que los de la otra parte, por tener sobre mano izquierda la provincia de Larecaja, abundante de lo uno y de lo otro.
Esta provincia es montuosa, llena de sabandijas ponzoñosas, de tigres y osos y leoncillos; de aquí se proveen de madera para las iglesias, así los de la una parte de la laguna como los de la otra, y de otra más menuda para sus casas. Por esta parte la laguna (digamos) se mete más la tierra adentro con esteros, por medio de los cuales llevaba su camino el Inga, derecho, como habemos dicho; agora, por descuido de los corregidores, que con tiempo no lo han querido remediar, está perdido en muchas partes, y rodeamos por algunas ensenadas más de dos leguas, y en otras menos, conforme es la calzada perdida. Tiene tambien esta provincia, á la propia mano izquierda, primero, ó un poco más abajo que á Larecaja, la provincia de Caravaya, ó por mejor decir las montañas, porque no son pobladas, cálida, lluviosa y montuosa, donde antiguamente se sacaba oro en abundancia, subido de la ley; agora tambien se saca, pero mucho menos; la razon es porque siendo tan cálida para los indios que lo han de sacar, que los llevan desta provincia de Omasuyo, es muy enferma, y justísimamente se prohibe vayan los indios á ella contra su voluntad, ni con ella, á sacar oro; con todo eso, hay españoles y corregidor, y no pienso va mal aprovechado el que lo es. Junto á esta laguna hay un pueblo llamado Arapa, de donde dos leguas, ó poco más, segun me dijo un sacerdote clérigo que en él residia, que tiene otro desaguadero esta laguna, no de tanta agua como el que habemos dicho, de suerte que desagua á una y otra mar.
En toda esta provincia no he visto, dos veces que por ella he caminado, cosa digna de memoria, si no es el pueblo de Guarina, dos leguas adelante del cual fué la batalla desgraciada entre el general Diego Centeno, que defendia la parte del Rey, y el tirano Gonzalo Pizarro, éste con cuatrocientos hombres y Centeno con 1.200; aquí fué desbaratado, y la flor de los vecinos y capitanes muertos y presos, y enterrados más de cuatrocientos hombres en un hoyo donde agora está una ermita harto mal parada, sin que los hijos de los que allí tienen sus padres la reparen ni aun hayan gastado un real, y son algunos destos vivos y muy ricos; mas de sus padres creo se acuerdan poco.
De aquí de Guarina á la ciudad de La Paz son dos jornadas, la cual se llamó así por ser poblada en medio de Potosí y el Cuzco, donde habia, los años pasados, ó de donde se temian algunos alborotos, y porque de aquí se habia de salir á apaciguarlos se llama la ciudad de La Paz, en la cual, por la mayor parte, hay poca entre los vecinos della. Poblóse en valle hondo por ser lugar más abrigado, junto á un rio pequeño de buena agua; no lleva peces por la frialdad del temple, pero proveese y bastantemente de la laguna, que la tiene á ocho leguas, poco más; aquí no se da sino muy poco maíz en unas quebradillas junto al pueblo, donde hay un poblezuelo pequeño de indios para su servicio. El rio abajo, á seis leguas y más, se dan viñas y fructas de las nuestras muy buenas, y á diez, y dende arriba, hay valles callentes, principalmente uno llamado Caracato, en el cual se han plantado viñas y se coge mucho y buen vino, y alguno tinto, á quien no hace ventaja el de España.
En este valle tienen los más de los vecinos sus heredades. El trigo é maíz les traen de la provincia de Larecaja, y de otro valle más abajo dicho Cochapampa; los vecinos de aquí, á lo menos los viejos, eran muy ricos asi de plata como de ganados nuestros, particularmente ovejuno, por los muchos y buenos pastos que hay en la comarca y cerca del pueblo; á cuya causa en el mismo pueblo conocí un obraje de paños, donde se hacian blancos y pardos, mejores que los que nos traen de Castilla, frezadas y otras cosas. Sustenta cuatro monasterios: San Francisco; San Augustin, la Merced y Teatinos, que en breve se han hacendado y muy bien; tienen su sitio en una cuadra de la plaza, y en él tiendas no pocas para mercaderes y pulperos. Es pueblo de mucha contractacion, á lo menos solíalo ser, y donde se remediaban soldados pobres hasta que se proveyeron corregidores de naturales.
De aquí al pueblo Calamarca, que quiere decir pueblo fundado en pedregal, y así es, ponen ocho leguas tiradas y largas y llanas, á donde, no una legua dél, se junta con el camino Real que viene de Chucuito el que viene de Omasuyo á la mano derecha, del cual dejamos la mano derecha la provincia llamada de los Pacajes, donde los más de los vecinos de La Paz tienen sus repartimientos. Es provincia riquísima de ganado de la tierra, y es el mejor, los carneros más bien hechos y que llevan más carga, y valen más que los de otras partes. Es tierra llana, muy fria en todo tiempo, de grandes tempestades con truenos, rayos é nieves, como las demás de la Sierra.
Luego se sigue la provincia de Paria, de la misma calidad, fértil juntamente de ganado porcuno, porque se cria mucho en la ribera de la laguna que dijimos se hacia del Desaguadero; de aquí se siguen los Quillacas; ya éstos son del repartimiento de la ciudad de La Plata, y tambien Paria, provincia más seca, pero de la misma calidad en lo demás, y desde el Desaguadero hasta los Quillacas, todo comunmente se nombra Pacajes; en todas estas naciones hay pueblos de indios grandes y ricos de ganados, faltos de leña para cubrir las casas y aun para el fuego, aunque les proveyó Nuestro Señor de una que llaman tola, que casi la hoja tira á nuestro romero, y quemada huele bien, no mucho. Hay en estas provincias grandes salinas, por lo cual agora pocos años se descubrieron unas minas de plata que por este respecto se llamaron de las Salinas; ya creo han cesado por su pobreza.
De Calamarca al tambo de Caracollo, asaz frio y destemplado, se ponen cuatro jornadas, en medio de las cuales se fundó el pueblo llamado Sicasica; tiene este pueblo nombre por una fuente de agua que se le trujo bonísima, y por un espinillo que no crece un palmo, salubérrimo, tomando un sahumerio, para catarros, toses y apretamiento de pecho, y para otras enfermedades bebida el agua de su cocimiento, tanto que de España se pide como cosa preciada. De aquí á Caracollo son doce leguas: las siete á una ventilla, entorno de la cual solia andar un mestizo, famoso ladron de caballos y mulas; esta venta no tiene recado para poner las cabalgaduras en caballeriza; andan al campo al pasto; salia este mestizo de unas quebradas, recogia todos los caballos con dos ó tres indios que traía al tracto, y daba con ellos en Arica; allí las vendia por poco precio; cogióle la justicia, y preguntándole por qué siquiera no dejaba algunas, respondió: porque no fuesen tras mí; finalmente, pagó en la horca sus delitos.
De Caracollo, tomando el camino por la mano siniestra, quince leguas andadas, llegamos al valle de Tapacari y pueblo; en las ocho de las cuales, en medio de una cordillera muy fria, se hizo una ventilla con solas dos casas, que lo más del año no habita nadie en él por destemplanza del frio, y á dos leguas andadas comenzamos á bajar una cuesta no menos que de tres leguas, hasta que damos en el valle y pueblo sobredicho; ya esta tierra es más templada, aunque Tapacari, por estar al pie de la sierra, es más frio que los demás valles y pueblos; dase maíz y trigo, duraznos y membrillos en lugares abrigados; hay aquí un convento de los padres de San Augustin con título de priorato. Los padres que en él residen son dos ó tres. Los demás en otros pueblos.
De Tapacari hay dos jornadas al gran valle y ancho llamado Cochabamba, que quiere decir tanto como valle cenagoso, porque todo está lleno de ciénagas, si no son á las faldas de los cerros, que por la una parte son muy altos y nevados; en estas faldas se da mucho maíz y trigo y aun algunas parras, frutas de las nuestras todas, y árboles, y en medio dél hay algunos altozanillos donde se da lo mismo. Es este valle el sustento de Potosí, de trigo, maíz, tocinos, manteca; habrá 34 años se pobló un pueblo de españoles en él que va en mucho augmento, cuyos vecinos, algunos son ricos de plata, pero de ganados nuestros, casi todos. Hay en este valle dos repartimientos de indios y muy buenos. Aqui tenia su repartimiento el licenciado Polo, con una cría de famosos caballos caminadores y aun corredores; ya se ha perdido despues que murió; su hijo no tiene tanto cuidado como su padre. Es templado el valle, pero tiene una plaga irremediable, ya la hay desde Tapacari en toda esta provincia de Los Charcas, que desde Taquiri comienza y no cesa en todo Tucumán, y llega hasta los primeros pueblos de Chile, y es unas cucarachas llamadas acá hitas, tan grandes como las medianas de los navios de la mar del Norte, de aquella color, con alas; mas diferéncianse, que éstas tienen un agujon casi invisible con que pican, y tan delicadamente que no se siente, de noche despues de apagada la lumbre; empero dende á dos dias se levanta una roncha como una haba, con tanta comezon, que no se puede sufrir, hasta que una poquita de agua que allí se cria la echamos fuera, y luego se descansa; mas al que no tiene buena encarnadura se le hace una llaga que da pesadumbre; tienen miedo á la lumbre, mas apagada ó bajan por las paredes ó del techo se dejan caer á peso sobre el rostro ó cabeza del que duerme. Las que bajan, pican en las piernas; las que se dejan caer, en la cabeza y rostro. No pican á ninguna persona que de suyo sea melancólica, ó que tenga mal olor de cuerpo, ó pies, con ser ellas de muy mal olor; helo visto por experiencia; son torpes de pies por los tener largos y delgados, y llena la barriga con la sangre que han chupado, no pueden andar. Tambien se crian chinches pequeñas como las de España. Críanse en todos estos valles muchas víboras de las de cascabel, de que habemos tratado, y en los altos, con otras pequeñas como las de España, y otras que se abalanzan tanto como una lanza á picar; en las montañas y árboles se suben otras, y de allí se arrojan á picar á los caminantes; estas dicen ser áspides. Todas las picaduras destas víboras son irremediables si luego no se les acude con el remedio que ya dijimos y enseñamos; otro se me olvidó poner allí: cúrase con una raizilla de que hay abundancia en esta provincia, junto á la ciudad de La Plata; ésta es delgada como el dedo, negrilla, huele como higuera; dase en polvos poca cantidad, súdase con ella, y hase de tener dieta; llamámosla en estas partes contrayerba.