La voz, si se modula en sonidos que recorran los grados de la escala armónica, forma el canto, la exposición más natural del sentimiento y de la pasión. La palabra canto, aplicada a la música, indica, la parte melódica que resulta de la duración y sucesión de los sonidos, de la que depende en gran parte, la expresión y a la que se subordina todo lo demás.
"El canto puede dividirse en natural y artificial. Existe el primero, sin conocimiento alguno del arte del canto, y es el segundo su perfeccionamiento, merced al ejercicio del arte".
"Pertenece al arte del canto, en primer lugar, la buena calidad de la voz, la cual debe ser ágil, entonada, clara, robusta, flexible, grata, dulce y rica de extensión. Es necesario, además saber debilitarla o robustecerla a placer; manejar bien los alientos, ligar los sonidos, disminuirlos y destacarlos; pasar con rapidez de la voz de pecho a la de cabeza, y viceversa; pronunciar bien, articular con perfección y leer con facilidad las notas".[26]
El ejercicio respiratorio, que en el tecnicismo de la escuela de canto italiana se denomina il fiato, requiere un estudio especialísimo en consonancia con las facultades vocales, para que resulte la emisión correcta y pura de los sonidos, sin menoscabo de los órganos que los producen.
De ahí, que el estudio del canto sea el más difícil y escabroso entre todos los demás del arte lírico.
El preceptor de una voz, ejerce también una gran influencia en los resultados, pues si, no es un verdadero maestro, en lo absoluto de la expresión, o si carece de conciencia artística para aplicar sus conocimientos, puede, y se registran infinidad de casos, hacer malograr voces de condiciones naturales bellísimas, que educadas convenientemente hubieran alcanzado espléndidas finalidades.
Esa rama de la enseñanza musical ha estado en Puerto Rico casi huérfana de maestros, razón por la cual, con abundancia de voces, dentro de todas las texturas, hayan sido muy escasos los cantantes notables que se han producido.
Como profesionales, muy pocos pudiéramos citar, pero como han existido, y existen un buen número de diletantes, algunos de los que, si se hubiesen dedicado a la carrera artística, hubieran alcanzado puestos de honor, los nominaremos a todos, por si este libro perdurase, que en el mañana sirva nuestra ofrenda de recuerdo y homenaje a sus méritos.[27]
Para que los lectores puedan distinguirlos, tras de los nombres agregaremos, entre paréntesis, las letras P., o D., que indicarán la clasificación.
Aunque nacida en Sevilla, España, su padre era portorriqueño.
Hizo los estudios de canto en la escuela nacional de música y declamación, de Madrid, bajo la dirección del reputado maestro Don José Inzenga.
Su voz, de soprano lírica, cálida y robusta, unida al donaire andaluz de que estaba saturada su elegante figura, la hizo obtener un éxito franco al debutar en uno de los teatros de la corte española.
En 1893 vino a Puerto Rico y organizó una serie de recitales en los principales teatros de la Isla, siendo justamente aplaudida. Dedicose primeramente a la ópera, que después trocó por la zarzuela. Ignoramos si vive.
Este lindo capullito, que, en el jardín capitaleño, brotara de un rosal cuya raigambre tiene filamentos de arte, apenas entreabrió su corola, exhaló, tan pródiga y prematuramente los perfumes del cáliz, que, cuando se transforme en rosa, del bel canto, tal vez si le hagan falta para la fragancia de los pétalos.
La voz de Pepita Berríos, pura, cristalina, fresca, de gran extensión, aunque de escaso volumen,—cualidad que el estudio metódico y constante modifica,—si en la niñez, solamente hubiera practicado ejercicios de solfeo con aditamentos de piezas adaptadas a sus condiciones, y al entrar en la pubertad, los de vocalización, impostación y fiato, prescindiendo en absoluto de interpretar obras superiores a sus conocimientos, seguros estamos, que dadas las características de su voz de soprano lírico-spinto, y su extraordinaria vis cómica, hubiera llegado a ser una cantante de fama en los géneros de la opereta y zarzuela.
No obstante, todavía puede aspirar a esa gloria. Es muy joven y sus facultades, aunque tengan, al presente, ligeros defectos, con firmeza de voluntad en el estudio, estos se corrigen alcanzando la voz modalidades extraordinarias y meritísimas.
Pepita Berríos, apesar de lo expuesto, expresa con refinamientos de artista, por lo cual goza de tantas simpatías entre el público de San Juan.
Calificada dilettante, meramente por practicar el canto como expansión del alma, por las condiciones de su voz y pura escuela de emisión que posee, el epíteto que, en verdad y justicia, le corresponde no es otro que el de artista.
Y artista que, en la escena lírica, hubiera alcanzado gran renombre, tal vez mundial, por la igualdad del color, volumen y elasticidad de su definida voz de mezzo-soprano; equilibrio que establece en los diversos matices de la expresión, uso apropiado del fiato, claridad de emisión, elegancia del fraseo, simpática presencia y arrogancia de la declamación.
Tales características son las resultantes de los dos años de estudios hechos en New York, bajo la competente y severa dirección del maestro de canto italiano, y tenor que fuera de cartel, Sigr. Belari, discípulo de la escuela Lamperti.
Cecilia Bruno, ha sido y es muy solicitada por los centros sociales, de los que es factor por derecho propio, para, con su participación, realzar el valor artístico de los actos públicos; y en los templos de Guayama, San Juan y otros de la Isla los acentos de su voz han resonado frecuentemente. También ha sido de las primeras en brindar su cooperación, como cantante, para cualquier espectáculo de fines caritativos.
A ella debemos, por la manera, indescriptible, con que interpretara una romanza titulada "Soñando," la sensación más grande, que como autor, hemos experimentado.
Guayama debe siempre sentirse orgullosa de contarla entre sus hijas.
Nacido en la Isla, sin que nos haya sido posible obtener la fecha y sitio, con su padre, músico procedente del regimiento de Iberia, cursó los estudios elementales de la música.
Su predilección por el canto le hizo abandonar el país, retornando a los pocos años transformado en tenor de zarzuela, de timbre agradable, mediano volumen y regularmente impostada. Durante permaneció en la isla, cantaba en las iglesias, daba clases de música y ejercitaba la composición.[28]
Designado como maestro director y concertador de una compañía de zarzuela, marchó con ella para la América-Central. En Costa Rica fijó, después de algunos años de excursión artística, definitivamente su domicilio, siendo al poco tiempo nombrado Director de la Escuela Nacional de Música, en cuyo puesto continuaba hasta el 1912, fecha a que alcanzan las últimas noticias.
Conocía varios instrumentos y tenía gran facilidad para trasmitir.
Natural de Loiza, con voz de tenor no muy extensa, pero dulce, afinada y robusta, aunque algo falta de escuela, fué por más de ocho años el tenor de la orquesta de la iglesia de San Francisco, San Juan.
En 1880 se retiró a su pueblo natal en donde falleció hace pocos años.
Nació en Ponce. Sus progenitores—francés el padre y la madre nativa—que ocuparon sólida y elevada posición social la dieron esmerada educación.
Apenas púber, se revelaron sus facultades artísticas y vocación para el canto. Trasladaba a París, en 1910, por motivos de salud, al ser oída en una reunión familiar, por el Director de la Opera Cómica, Mr. Busser, éste la prometió prepararla en un año para el ingreso en el Conservatorio. Y efectivamente, de las 150 damitas que presentaron solicitudes para los ejercicios de oposición exigidos para poderse matricular como alumnas, de las que tan solo 15 obtuvieron buena calificación, la señorita Felici, fué una de las 6 admitidas para el curso de 1912, en el que obtuvo un accésit al practicar los exámenes.
Haciendo los estudios del segundo año, ganó por oposición una beca de 500 francos ofrendada por una artista francesa; y al final del curso conquistó un segundo premio. En ese mismo curso,—1913-1914—, fué admitida a las oposiciones para el primer premio, originándose, con tal motivo, un debate, pues en el Conservatorio no deben aspirar a dicho premio otras alumnas que las del tercer curso. Ella alcanzó el honor de ser admitida y aunque no obtuvo el codiciado galardón, le otorgaron un accésit.
Cuando cursaba el tercero y último de la carrera, le sorprendió la terrible guerra europea y entonces, imitando el ejemplo de sus compatriotas, pues conserva la nacionalidad de su difunto padre, ingresó en la Cruz Roja, en donde continúa sirviendo a su patria con abnegación que le honra.
A no ser por esa circunstancia hubiera debutado en Niza, para donde tenía ofrecida una contrata, con la ópera "Manón" de Massanet.
En el teatro de Bastia tomó parte, recientemente, en un concierto a beneficio de los heridos, dedicándole, la prensa de aquella ciudad, los mayores elogios.
La Legislatura de Puerto Rico la subvencionó durante los años fiscales de 1912 al 1914, con $500, en cada uno.
En el verano de 1911, antes de ingresar en el Conservatorio, vino a la isla y organizó recitales en Ponce y San Juan, siendo aplaudida.
Bella y elegante, con voz de soprano lírica pastosa y simpática, está en condiciones de alcanzar grandes triunfos y días de gloria para su tierra nativa.
Fueron sus profesores: Mlle. Grandjean, del Conservatorio y Mr. Idsuardou, de la Opera Cómica.
Asegúrasenos, por personas dignas de respeto y crédito, que esta señorita mayagüezana, hija de don Rafael Furnis maestro de instrucción de la escuela correccional, posee una bella voz de soprano, con todas las condiciones para, si logra educarlas en una buena escuela, alcanzar puesto preferente entre las cantantes.
Por los programas que hemos leído de conciertos en que ella ha tomado parte, ha abordado de lleno el repertorio moderno de ópera italiana. Si lo hace, careciendo de los rudimentarios conocimientos del arte del canto, le aconsejamos, si es que aspira a cantar profesionalmente, no prosiga haciéndolo pues corre el riesgo de atrofiarse para siempre. He aquí otra señorita, como la Berríos, víctima de la falta de una escuela de canto en el país.
De ascendencia y temperamento artístico, Isabel Giménez, que ejerce en Caguas, su pueblo natal, la profesión de maestra de piano, cultiva también, por afición, la voz de soprano, de mediano volumen, timbre agradable, correcta afinación y texitura no muy extensa que posee.
Con frecuencia toma parte en veladas y conciertos públicos, sobre todo, para coadyuvar a fines de caridad o ameritar los programas de recitales preparados por artistas que solicitan su valioso concurso.
Goza de profundas y merecidas simpatías.
Natural de Ponce, de joven se trasladó a Barcelona, España, en donde tomó lecciones de canto, las que pusieron su agradable voz de tenor en condiciones para dedicarse a la zarzuela. Como tenor de cartel figuró en elencos de algunas compañías que trabajaron en Méjico, y teatro Albizu de la Habana.
Visitó después a Puerto Rico dando algunas audiciones, que fueron aplaudidas, retirándose al poco tiempo de la escena.
Natural de San Juan, e hija del flautista don Manuel, con don Ramón Sarriera cursó los estudios del canto y piano. Su voz de soprano lírico, bien timbrada, aunque de mediano volumen, si hubiese sido educada con el rigor de la escuela europea, hubiera alcanzado altos prestigios en el género de la Zarzuela española. Como dilettante ha sido justamente aplaudida en todos los actos públicos a que ha asistido. Su vis cómica en el género chico le proporcionó grandes triunfos sobre todo en Chateau Margaux, zarzuela en un acto que caracterizó a conciencia. Toma con frecuencia parte como cantante de solemnidades religiosas y no escatima su concurso artístico para toda obra benéfica.
Ejerció durante algunos años la enseñanza del Piano en San Juan y Manatí.
Si preocupaciones paternales, dignas de respeto, no hubiesen cohibido la natural vocación de esta flor de mujer, llamada Luisa Grifo Moncerrate, de no malograrse durante el curso de los estudios, Puerto Rico tendría en ella, en no lejano plazo, la soprano dramática absoluta, compañera del gran tenor ponceño Antonio Paoli.
Y no hay hipérbole en la afirmación.
Los que, con alguna pericia para apreciar cualidades de voces, la oigan cantar nos darán la razón.
Cuadratura completa en timbre, extensión, volumen y elasticidad; indicios de expresión extraordinariamente pasional, y decimos indicios, porque cuando la oímos, el sentir de su alma estaba exento de las torturas de la pasión; solamente tenía 15 años, y sin embargo el calor con que decía las frases, nos hizo presentir hondas conmociones estéticas para cuando goces y dolos, ilusiones y desencantos, por ley inexorable, desgarren el velo que encubre la virginidad de su alma.
Y si a las facultades artísticas se agregan las características personales, cuya candorosa hermosura, corrección de líneas, belleza plástica y energía del conjunto hace recordar a las mujeres de la antigua Roma, impresión que nos producen la mayor parte de las damas de Guayama, en donde naciera Luisa, parécenos que el calificativo de soprano dramática absoluta que la damos, quedaría justificado cuando, ya artista, proyectase desde la escena el sprazzo de su gloria.
Actualmente cursa en la Normal de Río Piedras los estudios del magisterio, cuando en donde debiera estar era en Milán modelando su privilegiada y bellísima voz.
Desde niña manifestó grandes facultades para la música y especialmente para el canto. Con don Genaro de Aranzamendi hizo estudios de piano, y cuando tan sólo contaba diez años empezó a cantar en coros de niños de festividades religiosas y sociales, cautivando la atención por la dulzura de su voz, entonces sin definir.
De familia distinguida, nunca pensó en dedicarse al canto como profesión. Pero su afición, a medida que las facultades vocales adquirían color determinado, se iba haciendo mayor, hasta convertirse en necesidad.
Trasladada con su familia a Mayagüez, los centros sociales de la culta ciudad del Oeste le asignaron puesto preferente en el cuadro de honor de los socios de mérito, pues ya señorita, su voz, regularmente educada, tomó las modalidades de soprano ligera.
El jilguerito, como cariñosamente la designaban, con los trinos, escalas y staccatos de su cristalina voz, dando tonos de alegría permanente a su dulce hogar causaba también la de los mayagüezanos.
Estela, como toda la familia Mangual-Cestero, era artista, demostrándolo así cada vez que ocupaba los escenarios de los Casinos de Mayagüez, ora como cantante, ora como dramática o cómica.
Nadie como ella para la interpretación de las danzas de Campos, a muchas de las que supo adaptar letra adecuada.
Murió, hace pocos años, en Arecibo.
Otra artista segada en flor por suspicacias contra la vida artística.
Voz de contralto con todas sus esenciales. Complexión nerviosa delicadísima, inteligencia superior, educación esmerada y pasión delirante por el arte. Con tales condiciones pulimentadas por estudios metódicos, su voz, cuya texitura tanto escasea, hubiera resonado vibrante en la escena de los grandes teatros proporcionando a ella y a su tierra nativa júbilo y gloria.
Cuando canta, y no es pródiga en hacerlo públicamente, a los pocos momentos el auditorio, hondamente conmovido, la colma de aplausos. ¡Tal es la fuerza de su expresión!
Por referencias que oyéramos a nuestro padre, confirmadas después por profesionales y personas de cultura de la época en que la señorita Montilla cooperaba a las manifestaciones artísticas de San Juan, poseyó una voz pastosa, afinadísima, elástica y dulcemente timbrada de soprano lírica, bastante educada, con la que hacía las delicias de los socios de La Filarmónica y del público, cuando esta sociedad llevaba su cuadro lírico-dramático de aficionados al Teatro.
Ella fué la que hizo el papel de Loarina en la ópera Guarionex del maestro Gutiérrez, participando del éxito alcanzado. La señorita Antonia Montilla, perteneciente a una de las más distinguidas familias portorriqueñas, fué una artista consumada, lo mismo en el canto que en la escena.
En el hogar de la familia Montilla el arte tenía culto especialísimo, no siendo refractarios al mismo, los muchos descendientes que de ella existen.
Hija de don Antonio Moreno Santí y de doña Teresa Calderón, en cuyo hogar distinguido y durante algunos años reuníanse todos los miércoles por la noche, para hacer música además de su hermana Isabel, hoy viuda de Romero, pianista dilettante de gran ejecución y esmerado estilo, los profesores Toledo, Sarriera, Gómez Tizol, Dueño Colón, Julián Andino, y algunos otros, nació en el año 1880 nuestra biografiada.
Desde niña empezó estudios de piano con Sarriera y en 1888 se trasladó con sus padres a Madrid. El maestro de música del colegio en donde estaba internada, recomendó al padre de Teresita la dedicase al canto, pues, había podido apreciar que la voz que entonces poseía al evolucionar con la pubertad, se definiría con texitura de contralto.
Al salir del colegio fué puesta bajo la dirección del maestro Blasco, cuya escuela de canto fué reputada como la mejor de Madrid, en aquella época.
El cambio de soberanía obligó el retorno de sus padres a Puerto Rico y con ellos vino, hecha ya una verdadera contralto de timbre diáfano y afinado, volumen vigoroso y expresión cálida nuestra biografiada Teresina, dejando oir su voz en audiciones públicas en las que fué justamente aplaudida.
Durante algunos meses se dedicó a enseñar el canto, pero suspendió el ejercicio de la profesión para trasladarse a Baltimore, EE. UU. a estudiar inglés y tomar el título de maestra graduada de música.
De Baltimore pasó a Boston, Mass., para ampliar los conocimientos musicales en el Conservatorio de dicha ciudad, siendo llamada por cable en octubre 3 de 1904, para ocupar el puesto de maestra de música de las escuelas públicas de San Juan, por designación que hiciera Mr. E. W. Lord, Sub-Comisionado de Instrucción.
Las fatigas de la enseñanza no la hicieron abandonar sus prácticas vocales y de tiempo en tiempo solazaba el público tomando parte en festivales del Ateneo y en otros de fines caritativos.
En 1911 solicitó de la Legislatura Insular, una subvención para trasladarse a Italia, por concedida por la Cámara, no pasó en el Consejo. El mismo año partió para España y en Madrid se encuentra actualmente ejerciendo el profesorado, siendo actualmente sustituta del maestro de canto del Conservatorio de Madrid, Sr. Tabullo.
Siendo las voces de contralto las que menos abundan, es de lamentarse que Teresina no se hubiese dedicado a la escena lírica en la que hubiese podido obtener, fácilmente grandes triunfos.
Nació en Mayagüez en cuya ciudad recibió esmerada educación elemental. Al morir su padre el Lcdo. don Ramón, honra del foro portorriqueño, su señora madre, aristocrática dama española, se trasladó con toda la familia a Madrid, en donde se desarrollaron sus aficiones por el arte escénico, siendo Juan el más asíduo expectador de los teatros de zarzuela.
Cuando después del cambio de soberanía regresó a Puerto Rico formó parte de la Gira Artística, compañía lírica de aficionados organizada por Evaristo Vélez López y Joaquín Burset.
Juan Nadal se destacó del cuadro, poniendo de relieve sus facultades artísticas.
Al poco tiempo marchaba para la Habana y Venezuela de donde retornó figurando como bajo de cartel en una compañía de zarzuela del género chico, en el que por su gran vis cómica, dominio de la escena y su profunda y bien timbrada voz, ha adquirido puesto de primera fila.
Su nombre artístico es conocido por todos los públicos de Méjico y demás repúblicas de Centro y Sud América.
Aunque la justa fama de que goza Frasquito Oller, que es como se le nombra, la ha adquirido por sus méritos de pintor, como durante su juventud y aun en plena edad viril, cultivaba la música, tomando parte, como barítono, en festividades religiosas y actos del cuadro lírico-dramático de La Sociedad Filarmónica, no debemos omitir su nombre en esta sección, pues las condiciones de su voz y labor realizada en la sociedad citada le hacen acreedor al recuerdo.
Fué amigo íntimo de Gutiérrez, quien compuso y le dedicó una gran salve obligada a barítono, que según nuestro padre, Oller interpretaba a conciencia.
El papel de Indio Taboa—bajo cantante—en la ópera Guarionex, estuvo por él desempeñado magistralmente, según nos refiriera el propio autor de la ópera, cuando meses, antes de morir, en una visita que le hiciéramos, nos contó todos los episodios concernientes a la representación de la ópera.
El mismo Oller, cuando fuimos a verle en febrero de este año, en solicitud de datos históricos para nuestra conferencia de la Biblioteca, nos hizo oir un fragmento de la bella romanza que cantaba el barítono, Sr. Adzuar, en la citada obra. Y aunque su voz ya está casi velada por los años, el modo de frasear, nos indicó que Frasquito Oller, poseía escuela y refinado gusto artístico. Y cómo no, si en París era un asíduo concurrente a la Gran Opera.
Quien, como él, posee la maestría en el arte de los colores, no podía ser ni insensible ni inepto para el de los sonidos.
Esta respetable matrona, hermana del pintor Oller y tronco de una de las primeras familias de San Juan, que ha poco tiempo ha rendido la jornada de la vida, cuando era señorita y aún en los primeros años de casada ejercitaba su bella voz de soprano ligera.
Solicitada por Adelina Patti, cuando en los principios de su carrera visitó la isla, para que la secundara en los conciertos, tuvo el honor de cantar con la afamada diva, el dúo de tiples de la ópera Norma, y otros de las óperas de entonces, no desmereciendo, ni en calidad ni en formas de expresión, a la que hasta hoy no ha sido superada como soprano ligera.
Isabelita Oller, cantó la parte de Anona en la ópera Guarionex. Su esposo Don Manuel Paniagua era también dilettante con voz de tenor y una gran cultura artística.
Diletante ayer, estudiante en Milán hoy, y dentro de poco tiempo, tal vez profesional, en todos y cada uno de esos aspectos, las líneas que forman el contorno de su personalidad son claras, fijas y vigorosamente artísticas.
Alta, bella y elegante; nerviosa, soñadora, apasionadamente enamorada del bel canto; modesta, laboriosa y culta; voz de soprano ligera, extensa, pastosa, cálida, clara, ágil y fresca, que recibió educación primaria en Puerto Rico, secundaria en New York bajo la competente dirección de un maestro de canto italiano, y ahora cursa la superior en la Gran Universidad Musical de Italia, en Milán; está en posesión para, salvo lo imprevisto, llegar, con voluntad firme y decidida, hasta la cima de la gloria.
Y no decimos más, porque próxima a debutar, el juicio definitivo no nos pertenece y sería osada pretensión anticiparlo.
La gentil ponceña, cuyo nombre ha resonado tanto por los ámbitos de la isla cuando la recorriera en peregrinación artística con el fin de trasladarse a Europa para proseguir los estudios del canto, recibió del maestro catalán don José Forns, sólidos conocimientos del piano; y de Lizzie Graham, como cariñosamente llaman en Ponce a una de las más nobles y cultas damas de aquella sociedad, las primeras lecciones de vocalización e impostación, conocimientos que dicha señora posee a la perfección por haberlos adquiridos en la escuela Lamperti, de Florencia, Italia.
Trasladada a Madrid, España, por influencias de su buen amigo don Julio Vizcarrondo, portorriqueño ilustre que en la corte española fué justamente apreciado por sus grandes méritos, la Infanta doña Isabel, cuya nobleza de alma supera a la de su regia estirpe, le concedió una audiencia, cuyos resultados han sido de altas distinciones para Amalia y sus hermanos.
Cursó en la Villa y Corte, estudios superiores de canto bajo la dirección del afamado barítono de ópera señor Vergéz, teniendo la fortuna de debutar en el Teatro Real con la ópera Aida alcanzando un éxito franco, según las revistas de toda la prensa madrileña de aquella época.
Después de algunas representaciones más y de hacer temporadas en otros teatros, marchó a Italia, para perfeccionar su, ya entonces, magnífica escuela; pero casi apenas llegada a Milán, hubo de regresar a Madrid llamada por Vergéz, con motivo de haber este maestro descubierto un tesoro de voz en su hermano Antonio.
Amalia, que bien puede decirse ha sido la madre artística del gran tenor Paoli, después de obtener la protección Real para que éste marchase a Milán, se trasladó con él a dicha ciudad italiana, dedicándose a vigilar los estudios de aquel y a la vez a perfeccionar los propios.
Después del triunfo de su hermano, ella entró de lleno en la carrera del canto, siendo siempre muy aplaudida en todos los teatros en donde lucía las habilidades de su garganta.
Pasado algún tiempo vino a Puerto Rico y en los conciertos que diera por casi toda la isla, sus paisanos pudieron apreciar los grandes adelantos que había hecho así como la delicadeza de su escuela, que le ha permitido ser una cantante, sino de la talla de Antonio, con la suficiente para dejarse oir de cualquier público y ser siempre aplaudida.
Actualmente se encuentra en Milán, centro de contratación para los artistas, y frecuentemente sale a hacer temporadas por teatros de Italia.
Su hermosa voz de mezzo-soprano es siempre fresca y pura.
Véase la sección Biografías, de este libro; página 122, Capítulo XIV.
Los pocos datos que hemos podido adquirir de esta portorriqueña, nacida en San Juan, nos permiten asegurar que debutó en Madrid, en donde hizo los estudios del canto, bajo la dirección del maestro Blasco, y que su voz de soprano lírica, de bastantes buenas condiciones, cautivó por algún tiempo a los públicos de Sevilla, Granada, Valencia y Madrid en donde hiciera magníficas temporadas.
Pasado algún tiempo se dedicó a la zarzuela, y contratada como primera tiple de una gran compañía organizada para la América del Sur, en la Argentina falleció, en 1902 y cuando ya se había captado las simpatías de aquel inteligente público.
Esta distinguida soprano absoluta y cultísima dama, aunque de padres ingleses, nació en Ponce en donde es la reina de uno de los hogares más estimados en todo Puerto Rico.
Muy niña, sus padres la llevaron a educar a Inglaterra, pasando después a Francia, Alemania e Italia, en donde permaneció el tiempo suficiente para aprender a conciencia, no tan sólo los idiomas, si que también la literatura de dichos países, tomando además, en Florencia, Italia, cursos especiales de canto con el profesor Adolfo Bach de la escuela Lamperti, la más correcta y afamada de entonces, hasta, por sus felices disposiciones, transformarse en excelente artista.
Lizzie Graham era una verdadera joya del arte lírico, y el teatro perdió en ella una estrella que hubiera iluminado, toda una época, con fulgores de primera magnitud. Su buena posición social fué la rémora para que no siguiera esa carrera en la que descuellan los privilegiados por la Naturaleza.
Cantaba mucho y canta siempre, en el templo y en los centros sociales, sin otros fines, que el de dar realce a las festividades o cooperar a los nobles fines de la caridad.
Tomó parte activísima en la Feria de Ponce de 1882 y desde esa fecha basta hoy no cesa de prestar su valioso concurso, sobre todo al Templo Católico, consagrándole las primicias de sus tesoros artísticos. La mayor parte de las plegarias religiosas de Campos fueron compuestas expresamente para ella.
Su morada ha sido siempre un centro del divino arte, atrayente por el tono cultural de Lizzie cuya nota predominante es la modestia. La buena sociedad ponceña se congregaba en sus salones en los que no faltaban, atraídos por el Sol, satélites tan brillantes como el inolvidable Dr. Martín Corchado y Juarbe, la señora Amalia Arce de Otero, Gil de Taboada, dilettantes que poseían, en calidad y escuela, voces bellísimas de tenor, soprano y barítono, respectivamente. También fueron asíduos contertulios los maestros Tavárez y Forns. De esos inolvidables reuniones o noches de arte, en que reinaba la mayor armonía moral por efecto de la exquisita cultura de los concurrentes, surgieron infinidad de iniciativas para conciertos y veladas benéficas o en honor de distinguidas mentalidades del país.
Esas reuniones filarmónicas tomaron aspecto de Academia de canto, en la cual, Amalia Paoli, Tomasita Otero, Anatilde Candamo, y otras damitas ponceñas dieron los primeros pasos por la senda del arte con notable aprovechamiento.
Lizzie, hubiera podido alcanzar fácilmente, en la escena lírica mundial, tanta fama como la Patti; pero se ha conformado con obtenerla en Puerto Rico, conquistando además otra no menos hermosa y tal vez más eterna, cual es la de ser Ángel de la Caridad.
Ella fué la fundadora de la Benevolent Society, institución valiosísima de fines caritativos que hace honor a Ponce. Es actualmente la Presidenta del Club de Señoras, que cooperó a fundar, y en el que se celebran frecuentemente, actos sociales en que el arte musical dá la nota más alta.
Las puertas de su casa siempre están abiertas para los que reclaman pan y vestidos.
¡¡Es el ángel de la pobreza y todo Ponce la bendice!!
Nació en Ponce demostrando desde niña gran amor por el canto y notables aptitudes para la música.
A los 7 años dió principio a los estudios del piano bajo la dirección de su señora madre, que fué una pianista dilettante muy notable. Más tarde con Lizzie Graham tomó lecciones de canto, quedando a los 15 años, bajo la exclusiva dirección, en ambos estudios, del que después ha sido su esposo, el connotado maestro Julio C. Arteaga.
En 1895, ya casada, debutó como concertista en el Salón López de la Habana.
En Ponce, al regresar de Cuba cuando estalló la última guerra separatista, y después en New York ejerció el profesorado.
Ha tomado parte integrante en conciertos y veladas públicas y cuando se efectuaban los Lúnes del Ateneo, su cooperación era eficaz.
De 1908 a 1910 fué la profesora de piano y canto del Colegio del Sagrado Corazón, de Santurce, P. R. Y en los coros de las Iglesias de Santa Ana y San Mateo siempre ha prestado ayuda desinteresada.
Actualmente tiene a su cargo las clases de solfeo, canto Y piano elemental en la Academia Arteaga de Santurce.
Fué el organizador de la Gira Artística, cuadro lírico-dramático que por algún tiempo proporcionó noches deliciosas al público de San Juan.
Vélez López es un bohemio que ha derrochado sus facultades artísticas sin beneficio alguno. Nació en Lares.
Voz de bajo, con mejores condiciones que las de Juan Nadal y en cuanto a las facultades escénicas, no tiene por que envidiar las de los afamados actores del género chico en la zarzuela española.
Natural de San Juan e hija del veterano músico don Francisco, es poseedora de una de las cuadraturas musicales mejor delineadas que en el país se han producido.
Su señor padre le enseñó los rudimentos de la música y Ramón Sarriera y Anita Otero, fueron sus preceptores de piano. En Washington tomó lecciones de canto, y aunque posee una bien timbrada voz de mezzo-soprano, no se dedicó al canto, como profesión, sino que prefirió ejercer la dirección orquestal, haciéndolo con tal maestría, que desde que realizó su matrimonio con el aplaudido barítono de zarzuela señor Real, ha sido, y es, la maestra concertadora de todas las compañías en que su esposo figura contratado o como empresario.
Un periódico de Cienfuegos, Cuba, dijo de ella: "Ya quisieran muchos simples 'manejadores de batutas' poseer las facultades de Cruz Verar. Tiene una fácil manera de dirigir las obras y un sentimiento verdadero para hacer que la orquesta dé a las partituras interpretación adecuada."
En la actualidad se encuentra de directora en una gran compañía de zarzuela organizada en Cádiz, para el Teatro Nacional.
Los certámenes musicales, esas justas en que combaten la inspiración, el buen gusto y la preceptiva, contribuyen poderosamente al desarrollo del arte, no solamente por el estímulo que establecen entre los compositores sino porque fomentan las aficiones del público y las dirigen por buenas sendas, si la selección de los temas ha sido hecho con maestría.
El objetivo de los certámenes no es tan sólo el de adjudicar premios a las mejores obras, que dentro de los términos de las convocatorias se presentan a los concursos, sino que tienden más principalmente a mejorar las formas generales de la producción musical.
De aquí, el que los compositores no deben circunscribirse a vaciar sus inspiraciones, a veces apresuradamente, sin orientación fija o desconocimiento de la génesis de los temas, dentro del molde trivial de los géneros escogidos para el torneo, sino que deben consultar los mejores modelos, y después de estar familiarizados con la estructura general, con pensamiento temático bien definido y meditado, desarrollarlo con la mayor perfección, dentro de los conocimientos que posean, tratando de presentar un estilo, propio, original y a ser posible con novedades de giros e instrumentación, sin olvidarse de que dichas obras, sobre todo las premiadas, perduran, pues se publican o archivan y en todo tiempo se podrá apreciar la justicia, error o apasionamiento de los laudos.
Hasta hoy, los certámenes musicales que se han celebrado en Puerto Rico, como se hace en casi todas partes, no han tenido otras finalidades que las de fomentar la producción, olvidándose, casi en absoluto de mejorar, con el estímulo, las condiciones de los intérpretes.
Por lo mismo que carecemos de centros docentes de carácter oficial, estando la enseñanza localizada a los esfuerzos y mayor o menor interés de los profesores particulares, pues con rareza funcionan academias en que se de enseñanza metódica, si anualmente se hicieran concursos en que maestros y educandos manifestaran sus métodos y adelantos, el arte adquiriría un poderoso desarrollo pues se daría interpretación adecuada a obras, propias y extrañas, que en tanto por ciento muy alzado, lo que se hace es guillotinarlas, si se nos permite la expresión.
Convóquense certámenes en que se concedan premios en metálico y diplomas de honor a los profesores que presenten mejores planes de enseñanza, y cuyos resultados puedan apreciarse mediante la presentación de una alumna por cada grado de la enseñanza del plan; concédanse premios idénticos para las alumnas que en esas justas demuestren prácticamente la mejor escuela y los mayores progresos; hágase lo propio con los grupos orquestales o instrumentales, otorgando honores al mejor director, al conjunto más eficiente en organización y ejecución, y hasta a los mejores solistas y en pocos años el progreso general será notable y el gusto público se habrá refinado, sin que por esto se abandone el fomento de la composición.
Los certámenes se empezaron a efectuar en el país el año 1854, con la primera Feria celebrada en San Juan.
De entonces a acá se han generalizado hasta casi celebrarse anualmente. El Ateneo es el centro cultural que se lleva la palma por la frecuencia con que los convoca.
Aunque no con los detalles que desearamos, pues no hemos sido afortunados en la búsqueda de actas o referencias dignas de crédito, reseñaremos todos los que se han realizado, por orden correlativo de fechas.
Los datos oficiales relativos a las primeras ferias-exposiciones, que gobernando el General español don Fernando de Norzagaray, se efectuaron en la Isla, nos ha sido imposible obtenerlas, así es, que ateniéndonos a lo que nos manifestara el Dr. Coll y Toste, actual historiador de Puerto Rico, diremos que se adjudicaron premios de música obteniendo el compositor y pianista arecibeño Adolfo Heraclio Ramos, medalla de plata, en la de 1854 por unas Variaciones para Piano; y medalla de oro, en la del 1860, por otras Variaciones para Piano, sobre el Carnaval de Venecia.
En realidad éste fué el primer certámen musical celebrado en el país, por la exclusividad de la convocatoria y variedad de los temas.
Fué el acto, broche de oro con que se cerrara el hermoso festival, organizado en honor de la patrona del arte y en el que se patentizó el progreso musical del país, en aquella época.
La convocatoria se hizo para adjudicar medallas de oro y diplomas de honor a las mejores composiciones siguientes:
1.—Gran misa para tres voces, coros y gran orquesta.
2.—Obra de concierto para Piano solo, sin género determinado.
3.—Fantasía para uno o varios instrumentos, con acompañamiento de piano u orquesta.
El jurado quedaba autorizado para otorgar los accésits o menciones honoríficas que juzgara pertinentes.
Las obras premiadas fueron:
1.—La Gran Misa de Santa Cecilia del Maestro Gutiérrez. Con medalla de oro y diploma, correspondiente al premio de música religiosa.
2.—Gozos a San Vicente de Paul, por don Sandalio Callejo. Se le adjudicó el accésit, consistente en diploma de honor y un tomo de obras de Beethoven, lujosamente encuadernado.
3.—Ave en el Desierto. Fantasía para piano por Adolfo Heraclio Ramos; medalla de oro y diploma, premio de el tema de concierto.
4.—Vals de concierto para piano, por la Sra. Elisa Rascini de Hecht, mención honorífica.
5.—Variaciones de Cornetín para orquesta, por don José Valero, Músico Mayor del Batallón Cazadores de Madrid, accésit consistente en mención honorífica y un tomo de todos los himnos nacionales del mundo, para piano, correspondiendo el premio al tercer tema de la convocatoria. Ignoramos quien obtuviera la medalla de oro, o si no fué adjudicada.
El jurado lo constituyeron los profesores don Aurelio Dueño, en substitución del señor Ledesma que a última hora renunció el puesto, don Rosario Aruti y don Santiago Arcas, músicos mayores, los dos últimos, de las bandas de los batallones de Artillería y Cádiz, respectivamente.
Único tema: Sinfonía para orquesta.
Premio: 5 onzas de oro españolas y diploma de honor.
Se presentaron 9 composiciones, resultando premiada la titulada: La Amistad.
Autor: Braulio Dueño Colón.
Jurado: don Felipe Gutiérrez, Don Rosario Aruti y don Mateo Tizol.
La obra premiada se publicó para Piano, transcrita por el autor.
Tema: Sinfonía para orquesta.
Premio: objeto de arte y diploma.
Número de obras que concurrieron: 4.
Obtuvo el premio la titulada: Sinfonía Dramática.
Autor: Braulio Dueño Colón.
Jurado: Don Genaro de Aranzamendi, don Sandalio Callejo y don Fermín Toledo.
Tema: Ave María para 4 voces y orquesta.
Premios: medalla de oro, diploma y menciones.
Obras presentadas: cinco.
Fueron laureados: Premio. Don José Agulló. 1er, mención: don Felipe Gutiérrez. 2a. mención: don Braulio Dueño Colón.
Jurado: la Sociedad de Escritores y Artistas de la corte española, designó a tres maestros de Madrid cuyos nombres ignoramos.
El certámen lírico de la Feria comprendía dos secciones; una para trabajos de composición y la otra fué un concurso de orquestas.
El señor don José Ramón Abad autor de la memoria oficial redactada de orden de la Junta Organizadora y publicada el año 1885 por la imprenta "El Comercio" de Ponce, en el párrafo cuarto de la tercera parte, página 89, dice: "Los cinco Jurados determinados por el reglamento, tuvieron que dividirse en sub-comisiones para poder practicar su difícil trabajo, de suerte que, en realidad, quedaron constituídos unos veinte Jurados, entre los cuales, el de la sección literaria y el de la lírica, que eran sub-comisiones del Jurado de Bellas Artes y Mecánica, obraron muy cuerdamente dando su dictámen por separado, con independencia completa de la sección de que nominalmente formaban parte, pues, mal se avienen los conocimientos especiales que se requieren para juzgar las obras de la literatura, la música y la pintura, con los especialísimos también, que son indispensables, para el análisis y estudio de los trabajos de la mecánica".
En la memoria citada no se dan los nombres de las personas que constituyeron las jurados y las sub-comisiones.
La convocatoria para trabajos de composición abarcaba los siguientes temas:
1.—Obertura de Concierto, para gran orquesta.
2.—Obra de Concierto para Piano.
3.—Composición, género libre, para piano y canto.
Premios ofrecidos:
Para el primer tema: Medalla de oro y de plata, con menciones honoríficas de primera y segunda clase, por la Junta de la Feria.
Para la Segunda: Medalla de plata y mención honorífica de primera clase, premio de la Junta.
Para el tercero: Medallas de oro y menciones honoríficas de primera clase, ofrecidas por la Junta Directiva y el Casino de Ponce.
Número de composiciones presentadas: 26:
Obras laureadas:
1.—Obertura La Lira para gran orquesta, por Juan Morell Campos. Primer premio del tema.
2.—Obertura de Concierto, por Casimiro Duchesne, segundo premio del tema.
3.—Polonesa de Concierto, para piano, por Fermín Toledo, premio asignado a este tema.
4.—Alla Luna, romanza para canto y piano, por don José Agulló y Prats, 1er. premio de la Junta.
Además el jurado, de acuerdo con la Junta Directiva, adjudicó medalla de oro y mención honorífica de primera clase, como premio extraordinario, fuera de la convocatoria, a la gran marcha Redención, para gran orquesta, compuesta expresamente para inaugurar la Feria, por el pianista-compositor, don Manuel G. Tavárez; y recomendaba se otorgasen premios extraordinarios para una obra de piano titulada Loarina[29] "la que, decía en el laudo, en medio de bellos pasajes, manifiesta tendencias a elevarse a las grandes dificultades del arte de la composición; y para la preciosa melodía para canto y piano titulada Adiós, que fué presentada a última hora y, por esta causa no pudo oirse en el concierto".
Para el concurso de orquestas se exigía la lectura de dos piezas, una a elección de los Directores, de las que concurriesen y otra, a primera vista, designada por el Jurado, consignándose dos premios consistentes en medallas de oro y de plata con menciones honoríficas de primera y segunda, mas medallas de plata con menciones de segunda clase y menciones de esta clase solamente, para cada músico de los que integrasen las orquestas laureadas.
Se presentaron a concurso la Sociedad de Conciertos de San Juan que dirigía don Fermín Toledo, y la orquesta del teatro "La Perla" de Ponce dirigida por Juan Morell Campos.
La primera ejecutó, como pieza de repertorio la Overtura Paragraph 3º del maestro Suppé; y la de Campos, la marcha Redención de Tavárez. Como pieza de concurso, a primera vista, La Overtura de Concierto premiada en el certámen; y dice Abad, casi al final del tercer párrafo de la página 83, de la referida memoria: "en el mismo orden se dió lectura por las orquestas a la Obertura de Concierto, cuya pieza fué ejecutada a primera vista, sin tropiezo alguno, pero patentizando, de un modo elocuente, las ventajas que sobre su contrincante daba a la Sociedad de Conciertos, la organización y disciplina de su numeroso personal".
Los premios se adjudicaron así: Medalla de oro y mención honorífica de primera clase a don Fermín Toledo como Director de la orquesta "Sociedad de Conciertos"; Medalla de plata y mención honorífica de segunda clase a don Juan Morell Campos como Director de la orquesta del Teatro La Perla; medallas de plata y menciones de segunda clase a cada uno de los profesores de la Sociedad de Conciertos; y menciones honoríficas de segunda clase para los de la orquesta del teatro La Perla.
Además se otorgó a Campos una lira de plata y una batuta, con cabos y centro de oro, obsequio especial ofrecido por las damas que formaban parte de la sociedad "Centro de Recreo", y a Toledo, un ejemplar de la ópera Niebelungen del maestro Wagner, obsequio particular del Presidente del Jurado, don Virgilio Biaggi. Todos los artistas laureados con primeros premios, fueron nombrados socios de méritos del Casino de Ponce.
Tema: Obertura, para gran orquesta.
Premio ofrecido: 200 pesos y diploma de honor.
Composiciones presentadas a concurso: tres.
Obras laureadas:
1.—Noche de Otoño, por Braulio Dueño Colón, primer premio.
2.—Obertura, por Felipe Gutiérrez, primer mención.
3.—Obertura, por Casimiro Duchesne, segunda mención.
Jurados: don Manuel Fernández Caballero, don Ruperto Chapí y don Ignacio Ovejero, maestros compositores de gran prestigio en Madrid y pertenecientes a la Sociedad de Escritores y Artistas.
El único dato que hemos podido adquirir de este Certámen es que fué premiada, con 100 pesos y diploma de primera clase, la sinfonía para gran orquesta del maestro ponceño Juan Morell Campos, titulada: Puerto Rico, y ejecutada por un gran núcleo que dirigió el maestro Mazzi, director de la compañía de ópera que actuaba en el Municipal, con motivo de la exposición, y que Casimiro Duchesne también fué laureado por un grupo de composiciones religiosas para órgano y voces.
Tema: Romanza para canto y piano.
Premio: objeto de arte y diploma de honor.
Composiciones presentadas: cinco.
Obras laureadas: Patria, por Manuel Rodríguez Arreson, maestro compositor portorriqueño de gran cultura, que hace años reside en Puerto Plata, República Dominicana.
Patria, de Juan Viñolo, a la que concedieron mención honorífica.
Jurado: Anita Otero, Trinidad Padilla de Sanz y Braulio Dueño Colón.
Tema:Sinfonía para orquesta.
Danza portorriqueña, para orquesta.
Premios: Medallas de oro y de plata, respectivamente y diplomas.
Obras concurrentes: 1 sinfonía y 3 danzas.
Premios otorgados: Declarado desierto el premio para el primer tema y Medalla de plata para la danza, de nombre Isabel, de la que era autor el flautista Rafael Márquez.
Jurado: Braulio Dueño Colón, Luís R. Miranda y Fernando Callejo.
Como en las actas del Ateneo no se consignan ni las convocatorias ni los laudos que rinden los jurados de los certámenes que dicho centro celebra, y no hemos podido encontrar los datos, que allí deben estar archivados, del certámen correspondiente a este año, lo único que podemos decir es que se adjudicó Medalla de Oro y Diploma de honor a un Vals de Concierto titulado Puerto Rico, original del pianista dilettante don Rafael Balseiro Dávila.
Este concurso fué un concurso especial convocado por la Comisión organizadora de las Fiestas del Carnaval, para escoger la mejor Marcha Festiva con que solemnizar la entrada de la Reina en el baile de inauguración de las fiestas.
Se presentaron varias composiciones, siendo premiada la marcha titulada "El Antifaz Rojo" de Rafael Balseiro Dávila, consistiendo el premio en diploma alegórico de mérito litográfico.
Desconocemos el nombre de las personas que integraron el jurado, como también si se otorgó alguna mención.
Temas musicales:—"Danza", portorriqueña para orquesta y "Two Step", también para orquesta.
Premios:—Un objeto de arte, 50 dólares y diplomas de honor, para cada tema, dejando al jurado en libertad para otorgar menciones.
Obras presentadas:—7 danzas y 8 two-steps.
Fueron laureadas:—la danza "La Reina de las Flores" original de Luís R. Miranda, y el two-step titulado "Bayamón", de Juan Ríos Ovalle, otorgándose mención honorífica a otro de nombre "Apolo", compuesto por la Srta. Monsita Ferrer Otero.
Jurado:—Braulio Dueño Colón, Gonzalo Nuñez y Enrique Simón.
El Sr. Dueño Colón, compuso expresamente para el acto de la Coronación de la Reina de los Juegos Florales la preciosa marcha titulada "La Rosa de Oro", de fino corte y original instrumentación.
Sin programa determinado, con jurado unipersonal, el Sr. Juan Viñolo, y como único premio un pendón conmemorativo, se efectuó el concurso al que asistieron las bandas escolares de Barros, director Francisco de la Gracia; Cabo Rojo, Herminio Brau; Cayey, Luís R. Vázquez; Comerío; Francisco Millián; Juncos, José Pons Zayas; Manatí, Fermín Ramírez; Mayagüez, Enrique Simón; y Santa Isabel, Agustín Monsanto. El premio fué adjudicado a la de Comerío, dirigida por el profesor Millián.
Tema:—"Marcha Triunfal", para gran orquesta.
Premio:—Lira de Oro, 25 dólares, diploma de honor y título de socio de mérito.
Composiciones presentadas: 10.
Obras premiadas:—"Marcha Triunfal" del joven compositor José I. Quintón, premio. "Weber", de Luís R. Miranda, primera mención; y la segunda mención fué otorgada a otra marcha del Sr. Justo Pastor Torres.
Jurados:—Arístides Chavier, Manuel Martínez Plée y José Miguel Morales.
Tema:—"Sinfonía" de tono festivo para pequeña orquesta.
Premio:—Lira de Oro y diploma de primera clase.
Obras presentadas: 4.
Laudo del jurado, publicado en síntesis: "En vista de que las composiciones recibidas para cubrir ese tema, (cuarto de la convocatoria) no tienen mérito alguno, el Jurado correspondiente declaró desierto dicho tema".
Jurado:—Arístides Chavier, Enrique Simón y un tercero que no fué consultado.[30] El premio ofrecido pasó a la sección literaria que lo otorgó, como extraordinario, a la poesía titulada: Isabeau, del laureado poeta F. Matos Bernier.
Temas:
CLASE A.—UN PREMIO consistente en $100.00, INSIGNIA DE ORO Y DIPLOMA, se otorgarán al mejor CUARTETO DE CUERDA que se presente.
CLASE B.—UN PREMIO consistente en $75.00, INSIGNIA DE ORO Y DIPLOMA, se otorgará a la mejor OBERTURA ORQUESTAL.
CLASE C.—UN PREMIO de $50.00, INSIGNIA DE ORO Y DIPLOMA, se otorgará al mejor "set" de VARIACIONES que se presente, sobre un TEMA que será suministrado por la comisión del Certámen.
CLASE D.—Finalmente, UN PREMIO de $40.00, INSIGNIA DE ORO Y DIPLOMA, también, se otorgará a la mejor composición para PIANO SOLO pudiendo el autor escoger la forma que le agrade.
Obras que concurrieron:—SEIS CUARTETOS para cuerda, UNA OBERTURA orquestal, UN "SET" DE DOCE VARIACIONES, sobre un tema dado y TRES SOLOS de Piano, total 11.
Resultaron laureados: Clase A.—Cuarteto en Re Mayor original de José I. Quintón, adjudicándosele la más alta recompensa.
Cuarteto en Sol Mayor, del maestro portorriqueño Pedro Arcílagos, residente en Caracas, Venezuela. Se le concedió, en virtud de recomendación especial que hiciera el Jurado, Un Segundo Premio consistente en el prefijado para la Obertura Orquestal, cuyo tema se declaró desierto.
Cuarteto en Re Mayor, por Luís R. Miranda. También por indicación del Jurado se adjudicó como Tercer Premio, el designado para la Obra de Piano Solo, cuyo tema se declaró por el jurado sin obras dignas de premios.
Clases B. y D.—Declaradas desiertas:
Clases C.—"Variaciones en Si Bemol sobre un tema de Hummel", composición de José I. Quintón al que se concedió el premio de la convocatoria.[31]
Jurados: Braulio Dueño Colón, Arístides Chavier (Secretario), Ramón Morlá, Juan Ríos Ovalle, José Miguel Morales y Dr. Justo R. Rivera.
Este certámen debió efectuarse en diciembre de 1912 para cuya fecha se convocó, pero, por causas que desconocemos se transfirió para el 1914.
Muchos fueron los temas generales de la convocatoria, pues, no era solamente lírico. En cuanto a la sección musical, solamente sabemos que obtuvieron premios las siguientes obras:
"Estudio sobre la Danza portorriqueña". Autor: Braulio Dueño Colón, otorgándosele Un Busto de Oro, de Juan Morell Campos, Y Diploma.
"Una Perla", danza portorriqueña de Rafael Balseiro Dávila, adjudicándosele el primer premio. Copa de plata y Diploma. Otra danza original de la Srta. Monsita Ferrer, laureada con mención honorífica. Carecemos de más detalles con referencia a obras premiadas, sus géneros, así como los nombres de los jurados.
Parecerá inverosímil que siendo este certámen el último celebrado y en fecha reciente, no podamos decir del mismo sino que, siendo varios los temas de la convocatoria, obtuvieron premios: la Srta. Monsita Ferrer Otero, por un "Nocturno" para Piano; Jaime Pericás Díaz, medalla de oro por una composición para canto y piano, titulada "Así canto mis amores" y Rafael Balseiro Dávila, también medalla de oro, por un Vals de Concierto, para piano, titulado "Mariposas".
Por más gestiones que hemos hecho nos ha sido imposible adquirir datos completos, lamentándolo, porque no atribuyan, los otros autores laureados, a envidias o egoísmos, que jamás hemos sentido por nada ni por nadie, la omisión de sus nombres, ya que por la premura del tiempo no podemos demorar el envío de estas cuartillas a la imprenta editora.