Dedicada esta sección a la reseña de los compositores nativos y obras que han producido, con ligeros comentarios propios a cada uno, parécenos oportuno dar ligeras noticias sobre el origen de la composición, que tal vez puedan ser útiles a muchos de los que nos honran leyendo estas humildes páginas.
Decimos al empezar las anotaciones históricas del primer capítulo, que el arte musical, tal como ha llegado hasta nosotros, tiene su origen en la iglesia católica; pero es necesario indicar que el sistema musical de la era cristiana procede, en la forma melódica, de la música griega, traspasada a Roma, aunque ya en decadencia, cuando la gran nación helénica, cuna de la civilización, fué convertida en provincia romana.
La melodía y el ritmo, que son los elementos constitutivos de la música, sin los cuales la armonía no podría existir, formaban la base del sistema musical griego, cuyo estudio era considerado como parte integrante de la educación cívica.
La melodía no era una sucesión de sonidos producto exclusivo de la inspiración, sino que debía producirse de acuerdo con los tetracordes y géneros, que formaban el sistema, y completamente ajustada a las difíciles reglas del ritmo.
El primer sistema, o primera escala, como decimos hoy, componíase de cuatro sonidos a cuerdas, denominados tetracorde, de cuyos sonidos el primero y cuarto eran fijos y el segundo y tercero móviles, permitiendo esa cualidad de los intermedios, diferentes combinaciones en la sucesión de los intérvalos, de las que nacieron tres diferentes sucesiones de tonalidad, llamadas géneros diatónico, cromático y enarmónico.
Cada género tenía su carácter especial; grave y viril el diatónico, grato y patético el cromático y el enarmónico, dulce y animado, siendo el primero el de más aceptación, por el vulgo, por ser el más natural y fácil.
Con la agregación de nuevos tetracordes, se amplió la forma hasta constituirse el gran sistema, formado por quince sonidos, a los que, para completar las dos octavas, agregaban uno, antes del llamado "hypate hupaton",—correspondiente al sí del segundo espacio grave, clave sol, de nuestra notación—, cuyo sonido o nota denominaban, "proslambamenos", o adjunta.
Además de los géneros tenían modos, con los nombres de Dórico, Jónico, Frigio, Eólio y Lidio, según el del pueblo donde lo tomaron. Cada modo distaba de otro un semitono y ocupaba un justo medio en el gran sistema. Los diferentes modos no eran otra cosa, que una trasposición de un tono a otro, como decimos hoy.
Los modos, además se distinguieron por el punto variable que ocupaban los semitonos de la escala, la cual ya constaba de ocho sonidos o sea de dos tetracordes conjuntos.
Si en el sistema reformado, que pasó a Roma, se analizan y comparan los tetracordes de la escala griega, con los que forman la estructura de las escalas diatónicas modernas, base de nuestras tonalidades, se verá la semejanza de origen.
Por eso después de minuciosas investigaciones y estudios prolijos verificados, entre otros, por Mr. Gevaert[32] y el abate Lhoumean,[33] ha podido afirmarse, que el sistema melódico actual, así como el tonal de canto llano, viene del sistema musical griego, estribando las diferencias del último en la división interior de las escalas modales; los tetracordes griegos están sustituídos por exacordes.
Dice Mr. Gevaert: "el arte del ritmo, tan absolutamente necesario como el de la melodía, o las formas rítmicas creadas por el genio griego y su aplicación a la expresión de los sentimientos musicales, quedarán siempre como testimonio imperecedero de las altas dotes musicales de aquella escogida raza."
"La forma melódica griega, tenía también su parte armónica, basada principalmente en los modos en los que se han encontrado los acordes tónicos de fá, (modo Lidio), sol, (modo Frigio) y do, (modo Dórico). El mérito de las obras musicales lo determinaba la pureza del tono, las bellezas armónicas,—intérvalos armónicos—, y perfecta compenetración rítmica con la expresión del sentimiento."
La melodía greco-romana, aunque con orientaciones hebraicas, fué la constitutiva del cantollano y figurado de los primeros siglos del cristianismo, "quedando siempre dentro del inmenso movimiento de la polifonía moderna y del tipo general de la melodía, como elemento común e intermediario, la melodía homofónica, tipo universal e inmutable del canto vocal". (Mr. Gevaert.)
La gran belleza del arte musical contemporáneo estriba en el enlace de la melodía polífona, lo mismo vocal que instrumental, con la armonía, síntesis de la composición.
Después que San Ambrosio y San Gregorio hicieron las reformas tonales del canto llano primitivo, no se dió ningún otro paso de avance hasta finalizar el siglo IX y principios del X en que se estableció la armonía diáfana o rudimentaria de cuatro notas, atribuyéndose la innovación al monge Hucbald y al italiano Guido D'Arezzo.
En el siglo XI, cuando desaparecieron las últimas huellas de la civilización greco-romana, brotaron los primeros gérmenes de un arte nuevo que evolucionó ampliamente en el siglo XIV con los trabajos de Landino el ciego y Jaime de Bolonia. Los maestros franceses, G. Dufay y Gil Binchais, así como el inglés Juan Duntaple,—al que se atribuye el empleo de la tercera en los acordes—, perfeccionaron en el siglo XV la arquitectura de la composición, que cimentaron sólidamente en el XVI, Cristóbal Morales, Palestrina y otros maestros italianos.
El nacimiento del Gran Sebastián Bach, 1685, señaló una nueva era en la historia de la composición, ya que con su genio inmortal, creó de manera espléndida, por la variedad, pureza y profundidad de conceptos armónicos, la escuela del contrapunto y de la fuga, que hasta hoy permanece inmutable.
Bach, Hayden, Mozart y después el inmortal Beethoven, fueron los creadores del género clásico, no debemos olvidar a Gluck y Weber,—en que la sonata y la sinfonía[34] son las únicas formas en la expresión, oratoria, de la música. El siglo XVIII y primer tercio del XIX, pueden considerarse como los de oro del arte de la composición.
Después, y a pesar de que Berlióz trató de introducir innovaciones, solamente Wagner, ha revolucionado la forma de construcción, principalmente en lo que al arte lírico-dramático se refiere, creando un nuevo género de armonía instrumental, que ridiculizado al principio y todavía impugnado, se ha abierto paso franco imponiendo los nuevos rumbos a los compositores del presente siglo, si bien la escuela italiana, secundando a la francesa, pugna, desde Verdi en sus últimas óperas, hasta Mascagni, Puccini, León-Cavallo y otros, por la creación de un género intermedio, más adsequible, en la primer impresión, que el nebuloso y a veces indescifrable, según impugnadores, estilo de Ricardo Wagner.
El estudio de la composición es sumamente complejo. Comprende diversas ramas que si no se estudian a conciencia y con método progresivo de enlace, nunca permitirán producir frutos sazonados y puros.
Los estudios progresivos de la composición siguen este orden: 1.—Pleno conocimiento de lo que se llama teoría musical, indispensable para ajustar la inspiración a los preceptos melódicos. 2.—Estudio de la armonía, parte científica del arte, que comprende las formas de las cadencias, modulaciones, acordes, enlace y resolución de los mismos, retardos y movimientos adecuados de las voces armónicas en las que el bajo reviste suma importancia. 3.—Secretos del contrapunto y fuga. 4.—Estudio de los distintos cuartetos instrumentales, para después aplicarlos con propiedad y elegancia en la orquestación, y últimamente, conocer las leyes fundamentales de la estética y campo de acción de los distintos géneros u órdenes de la arquitectura musical.
El compositor que posea esos conocimientos, puede ostentar con orgullo el calificativo, aunque sus obras no estén saturadas del perfume poético de la inspiración.
¿Los poseen, en mayor o menor proporción, los compositores que vamos a citar?
La crítica del futuro, despojada de los sentimientos pasionales del presente, será la que depure y aquilate, niegue o ratifique, después de un estudio profundamente analítico de las obras, los méritos y deméritos que, con relación al medio ambiente y carácter más histórico que crítico, aplicamos a los que ora por haber sido laureados en certámenes públicos, ora por su intensa y meritísima labor, son acreedores a figurar en esta sección.
Nació en San Juan en los primeros años de la cuarta década del siglo XIX. Procede de un hogar en que se rindió adoración a la música, pues además de su padre que le enseñó el arte, entre sus ascendientes hállase Domingo Andino, organista que fué de la Catedral durante 60 años.
Su temperamento, acentuadamente musical, le hizo, desde niño, realizar grandes progresos. A los 18 años era un buen violín de orquesta, ocupando después y por más de 40 años el puesto de Concertino en las orquestas de las compañías de ópera y zarzuela que actuaban en el teatro, por cuyas habilidades le felicitaban y estimaron en alto grado todos los directores de las referidas compañías.
Está considerado como uno de los mejores violinistas que han habido en el país, pues aunque todavía vive y pulsa tan bello instrumento, los 70 años le han restado algún vigor.
Como compositor su nombre adquirió resonancia, cuando efectuó la transformación rítmica de la danza regional en una que tituló La Margarita, escribiendo la parte acompañante en tresillos.
En este género ha producido con abundancia, aunque con estilo más melódico que armónico y sin otras finalidades que las inherentes al baile.
Posee conocimientos de composición y especialmente de los giros armónicos, modulaciones y ritmos.
Tiene varias composiciones de géneros distintos, algunas de las cuales han sido laureadas en certámenes extranjeros y las demás han sido siempre muy aplaudidas. Entre estas le ha proporcionado gran popularidad, el alegre Seis Chorreao conocido con el nombre de Seis de Andino.
Sus composiciones principales son: Siempre Tú, Adiós, y Rayo de Luna, romanzas para canto y piano, premiadas la primera y tercera con menciones honoríficas de tercera clase, en Catania, Italia. Figuras Chinescas, revista cómico-lírica, letra de Fernando de Ormachea; Amor e Hidrofobia, zarzuela en un acto, letra de Garrido; Agua Mansa, juguete cómico-lírico en un acto y La Soleá, zarzuela en un acto, letra de José Pérez Losada; infinidad de plegarias y otras piezas del género religioso, más los valses, polkas, mazurcas y danzas que forman una colección completa.
Julián Andino, que fué 1er. violín, por oposición de la orquesta de Capilla de la Catedral, vive aún laborando musicalmente a pesar de sus años. La expresión melódica de sus obras, es dulce, equilibrada y produce siempre agradables sensaciones.
Pianista, literato y compositor perteneciente a una distinguida familia de San Juan. Se educó en Europa y ejerció la profesión musical en Bayamón y San Juan.
Como compositor salió triunfante en obras cortas para canto y piano, como romanzas, plegarias y danzas. Más melodista que armonista, saturaba sus cantos con el perfume poético de su alma soñadora.
Natural de Bayamón, recibió en este pueblo educación musical primaria, en la Academia que dirigía Don Sandalio Callejo, poseyendo a conciencia la teoría, solfeo y mecanismo de Trompa, de tono dulce y seguro.
Muy joven abandonó la Isla, y desde hace años reside en Caracas, Venezuela, en donde en posesión de profundos conocimientos de la composición y dirección orquestal, está reputado como uno de los primeros maestros que actúan en la Capital de aquella república, habiendo la prensa caraqueña tributado, frecuentemente, grandes elogios a sus producciones.
En el Certámen que La Liga Progresista, celebrara en Ponce en 1913, obtuvo segundo premio, especialmente recomendado por el jurado calificador, Un Cuarteto en Sol mayor, para cuerda que remitiera desde Caracas y del cual dice el jurado en su laudo: "Los temas expositivos de los cuatro movimientos están bien caracterizados y se desenvuelven de acuerdo con los preceptos establecidos por la tradición clásica. Giran dentro de las tonalidades rigurosamente adoptadas en la forma Sonata en su parte expositiva. Existe un perfecto equilibrio en todas las partes; la línea melódica no se interrumpe un sólo instante; los temas todos se desenvuelven con espontaneidad, poniendo de manifiesto que el autor del cuarteto tiene experiencia en el manejo de los instrumentos. Salvo pequeñas licencias armónicas, esta composición puede calificarse de buena, haciendo honor a su autor, quien tiene valiosos conocimientos de armonía, contrapunto e instrumentación."
Consideramos que ese juicio sintético del laudo, será suficiente para que se aprecien las grandes condiciones artísticas de Pedro Arcílagos.
No hemos podido obtener el catálogo de sus obras.
Véase la sección Biografías, Capítulo V, página 72.
Nació en Arecibo el 24 de septiembre de 1867. De alto temperamento musical, a los 9 años empezó a estudiar el arte con el connotado pianista Heraclio Ramos, que también fué el maestro de Aurea Balseiro, hoy señora de Georgetti, y que es una pianista dilettante de esmerada ejecución, delicado estilo y expresión ajustada a las obras que interpreta, aunque sumamente tímida para dejarse oir fuera del santuario de su hogar.
Rafaelito, que es como lo nombran sus amigos, después de hacer en el piano rápidos progresos con Ramos, cuyo estilo de ejecución se asimilara, mientras hacía los estudios del bachillerato en el colegio de los PP. Jesuitas de Santurce, proseguía los de piano, obteniendo siempre el primer premio al final de los cursos, perteneciendo a la Banda de música del mismo, como bombardino solista, instrumento que llegó a dominar, abandonándolo más tarde.
Los afectos paternales cohibieron la acentuada vocación artística que impulsaba sus deseos de trasladarse a Europa,—y su posición económica lo permitía—, para ingresar en un Conservatorio, del cual, aprovechando tiempo y lecciones, seguros estamos que hubiera salido un pianista compositor de renombre mundial, pues la chispa del genio ardía en su cerebro.
Trasladado su hogar paterno a Manatí, en este pueblo ejerció como profesor de piano, hasta que su señor padre lo llevó a su escritorio agrícolo-comercial como jefe de la contabilidad, con residencia en Barceloneta.
De profesional se transformó en dilettante, y en sus ratos de ocio empezó a verter al pentagrama las inspiraciones de su fantasía, netamente criolla.
Su primer producción fué la danza Amparo, recientemente editada, cuya estructura melódica es completamente distinta al estilo que después ha caracterizado todas sus composiciones. Al poco tiempo componía un vals de concierto, de extrema dificultad, titulado El Niágara, que fué premiado en la exposición de Chicago, EE. UU., con medalla de bronce y diploma.
Mimado por la fortuna y habiendo constituído hogar propio, la educación de sus hijos le hizo fijar su residencia en San Juan, en donde la fiebre de la composición se le desarrolló en alto grado, sin que hasta la fecha encuentre antídoto que la corte.
Su predilección son los valses, sobresaliendo entre los 25 que ha compuesto, además del Niágara citado, los titulados Puerto Rico, de concierto, premiado con medalla de oro y diploma en Certámen del Ateneo; Mariposas, de concierto, laureado en el torneo de la Sociedad de Escritores y Artistas de Ponce, con medalla de oro, y Tu Risa, el de factura melódica más fluída, y de expresión en consonancia con el pensamiento inicial.
Ha obtenido además de los premios referidos, Copa de plata y diploma, primer premio del Ateneo, por una danza titulada Una Perla y Diploma de honor, premio de la Junta organizadora del Carnaval de 1911, por una marcha festiva titulada El Antifaz Rojo. Es también autor de muchas marchas entre las que merece citarse la dedicada a la memoria de Sergio Lecompte, y otras obras de distinta métrica, como también de una zarzuela titulada Amor que Nace y Amor que Muere letra de Felipe Castañón, en la cual, el número más original es el Vals-Intermezzo.
"Rafael Balseiro", decíamos en nuestra conferencia de la Biblioteca: "cuando reduce a notas las idealidades de su morisca fantasía, semeja al ruiseñor que en la espesura, sin orden ni concierto, pero con inimitable agilidad y dulzura, al expresar sus amores, trina, florea, stacatta sus gammas y con piquetatos rapidísimos de entonación precisa, señala las notas del único acorde en que estriba la modalidad de sus cantos."
Es un compositor laureado, en que la preceptiva está en razón inversa a la potencialidad de su inspiración y temperamento.
Desde que concibiéramos la idea de escribir este libro, nuestro primer acto fué concentrar en lo más íntimo del alma los sentimientos pasionales, para que las expresiones que la pluma trazara fueran, tan sólo, resultantes de pensamientos justos y veraces, con más indulgencia que severidad.
No haya por tanto temor alguno de que sea la pasión filial la que trace los méritos de Sandalio Callejo; por el contrario, estas breves notas constituirán la escepción en cuanto a la indulgencia del cronista.
Si lo hacemos figurar en esta sección, es por el hecho de haber obtenido un laudo en certámen público, pero dentro de la rigurosidad del concepto compositor, a pesar de haber producido muchas obras de los distintos géneros de la composición, y poseer conocimientos de armonía que aplicaba con suma corrección, no lo consideramos con las condiciones generales requeridas para adjudicarle el honroso calificativo.
Las características de Sandalio Callejo, fueron las de educador y organizador.
Como educador, tenía el arte especial de la trasmisión, cualidad preferible a la profundidad de conocimientos, en los que se dediquen a la enseñanza.
Sandalio Callejo "hacía músicos de las piedras" es la expresión que repetidas veces hemos oído a los maestros del arte en Puerto Rico, y como testimonio del aserto, muchos son los músicos de valer, que de él, recibieran sólidamente los conocimientos de la teoría musical, solfeo, hasta verificar rápidamente la transportación, y mecanismo elemental de todos los instrumentos, incluso el piano.
Su extremada paciencia, la rigidez de su carácter entremezclada con oportuna dulzura, la puntualidad en las lecciones, la escrupulosidad en los menores detalles de ejecución, la aplicación de sistemas de trasmisión según la idiosincrasia del alumno y la selección en los métodos que empleaba fueron las causales del prestigio que alcanzó como maestro de música.
Como organizador, también ocupaba preferente puesto. Jamás le vimos realizar nada impulsivamente; todo lo meditaba, pesando el pro y el contra, y cuando después de trazado el plan, lo llevaba a la práctica, no había obstáculo que le hiciera retroceder, ni accidentes que lo desviasen del camino emprendido.
El deber fué su religión; el trabajo artístico su culto. Fué un carácter; y como ligera prueba citaremos un hecho.
El que esto escribe, había sido aceptado como maestro de música para el pueblo de Lares. Debía tomar posesión del destino el 1º de febrero de 1882, y para ello le era necesario salir de San Juan, por mar, el 28 de enero.
El 27 de ese mismo mes fué atacado Don Sandalio por rápida y aguda pulmonía. Los médicos consideraron de gravedad el caso, y como era natural, pensamos suspender nuestro viaje hasta ver la resolución de la enfermedad. Nuestra madre aprobó la idea y cuando se la expuso, él, llamándonos a su presencia inmediatamente, nos dijo: "La palabra del hombre es sagrada; tú debes partir esta tarde para Lares a cumplir tu deber, aunque yo muera en este instante y mi cadáver esté de cuerpo presente". Y salimos para Lares dejándole muy grave, aunque afortunadamente recuperó la salud.
En Bayamón fundó una Academia de Música que dió espléndidos resultados; y en San Juan, fué director de orquesta de las iglesias de San Francisco y Santa Ana, de la escuela de música del Asilo de Beneficencia, de una Academia particular, por él fundada, y Músico Mayor, hasta su muerte, del 1er. Batallón de Voluntarios.
Su obra laureada fué, Gozos a San Vicente de Paul, para orquesta, certámen de Santa Cecilia.
A él, principalmente, debemos nuestros pocos conocimientos artísticos.
Nació en San Juan el 3 de septiembre de 1833 y murió repentinamente en junio 16 de 1883.
Desde niño se revelaron sus facultades extraordinarias para el arte musical. Tavárez fué su primer preceptor y tomó a empeño hacerlo pianista. La muerte inesperada del maestro paralizó algo la carrera de Cortés, siendo éste el único que se atreviera a pulsar el piano cuando el entierro del autor de La Margarita, para despedirle con las notas de la Gran Marcha Redención.
Trasladado a Arecibo, se dedicó a la profesión, y organizó una compañía infantil de zarzuela, que debutó con Los Sobrinos del Capitán Grant, obteniendo éxito moral y material para poder realizar su viaje a Barcelona, en donde continuó sus estudios de piano, tomando lecciones de composición. La Diputación Provincial le concedió una pensión durante dos años, con tal objeto.
En posesión de sólidos conocimientos y lleno de legítima ambición artística, se trasladó a París, para adquirir, a ser posible, mayor suma de aquellos y abrirse paso en la Ciudad-Luz.
Sus ilusiones las vió realizadas, como premio a su constancia en el estudio. Primeramente fué clasificado entre los mejores directores de orquesta de la metrópoli francesa, y poco después, su obra La Noche de Navidad, le hizo ceñir los laureles del triunfo como maestro-compositor. La obra fué estrenada en París, repitiéndose infinidad de veces, obteniendo los beneplácitos de la crítica severa y docente y repercutiendo su fama por el extranjero.
Después de largos años de ausencia visitó su país natal, proporcionando al autor de sus días la inmensa satisfacción de que en el teatro de San Juan se le tributasen, como Director y Compositor, los aplausos y homenajes que tan justamente había alcanzado en el exterior. Dió dos o tres conciertos, marchando después para New York, en donde contrajo matrimonio con una portorriqueña de abolengo artístico y en la Babel americana fijó su domicilio dedicándose a la profesión.
Véase la sección Biografías, Capítulo VI, página 78.
Natural de San Juan. Después de haber obtenido los conocimientos elementales del arte con un profesor, cuyo nombre ignoramos, y ya con bastantes del clarinete, en cuyo instrumento sobresalió, especialmente, por la dulzura del tono, ingresó como requinto en la Banda de Artillería, y a la vez era el primer clarinete de la orquesta de baile de Carlos Segnet. Empezó a ejercitarse en la composición de música regional, de la que fué abundante productor. Sus danzas, dentro del estilo característico de las de San Juan, se destacaban por la vivacidad del ritmo e ilación de los pensamientos melódicos, habiendo obtenido bastante popularidad, entre otras, la titulada La Mariposa.
Muerto Segnet, su orquesta continuó bajo la dirección de Duchesne, y era la preferida por los centros sociales.
Su vocación artística le hacía estudiar, solo, los textos de composición y obras de los maestros clásicos, hasta que consolidados sus estudios dió los primeros pasos por las sendas severas, con tanta fortuna, que, en 1882 obtuvo en la Feria de Ponce, medalla de plata y mención honorífica de segunda clase, por una Obertura de Concierto para orquesta.
En el certámen del Ateneo de 1887, el jurado que en Madrid laudó las composiciones concurrentes, le adjudicó una mención honorífica, por otra Obertura para orquesta, que después fué premiada con medalla de oro al ser nuevamente presentada entre un grupo de composiciones, a la Exposición de San Juan de 1894.
En 1891 fué honrado con el título de socio de mérito, medalla de plata y diploma, por una Sinfonía, que remitiera al concurso lírico del Círculo Bellini de Catania, Italia.
Produjo también obras del género religioso, entre estas, una Misa a tres voces y gran orquesta que fué premiada con medalla de oro en la Exposición de 1894. Compuso además un cuarteto de cuerda de bastante mérito.
Fué autor de la zarzuela Cada Loco con su Tema y de muchos bailables. En el Instituto de Música que fundara Segura Villalba, tenía a su cargo la clase de armonía.
Desempeñó el cargo de Músico Mayor de Voluntarios de San Juan, durante los dos últimos años de la dominación española y desde 1882 era socio de mérito del Casino Español.
Su música era a veces simpáticamente expresiva, otras parca de bellezas melódicas, siempre dentro de los preceptos de la composición, con unidad temática, enlace armónico correcto y variedad de instrumentación. Su batuta de director era débil, teniendo, en cambio, sobrada pericia como profesor de orquesta. Su modestia le hizo poseedor de grandes simpatías.
Murió en 1906.
Véase la sección Biografías, Capítulo VII, página 90.
Poquísimos son los datos que de el Nene, por cuyo apodo se le conocía, poseemos, aunque lo conocimos y tratamos algo en nuestra adolescencia.
Sobrino e hijo adoptivo del maestro platero y director de una orquesta de baile de San Juan, de su mismo nombre y apellido, con él aprendió los rudimentos del arte hasta, por sus propios esfuerzos, alcanzar fama de buen clarinete y compositor. En Juana Díaz fijó después su residencia, como director de una academia y banda de música municipal bastante bien organizada. En dicho pueblo produjo mucha música, especialmente del género religioso, según nos han referido personas de aquella localidad, en donde fué muy apreciado hasta su muerte.
Monsita Ferrer, por cuyo nombre se le designa, es hija del Dr. Don Gabriel Ferrer de grata y venerada recordación.
Nació en San Juan y allí, bajo la competentísima dirección de Anita Otero, estudió con tenacidad, aprovechando su temperamento hereditario de artista, hasta transformarse en pianista.
Es una de las discípulas que más honran la memoria de la Vestal humacaeña.
Con Gonzalo Núñez estudió armonía y composición, por la que siente verdadero delirio.
Apenas iniciada en la ciencia de los acordes, dejó fluir la inspiración de su mente por los canales del pentagrama y con valentía espartana, concurrió con uno de sus primeros frutos al certámen de Bayamón—1910—, siendo laureada, con mención honorífica, por un Two-Step titulado Apolo.
Alentada por el triunfo continuó estudiando y produciendo, siendo nuevamente premiada con otra mención, por una Danza que remitiera al Certámen del Ateneo de 1914, la que, por la belleza de la melodía, estilo original, elegancia sin efectismos del acompañamiento y pureza del ritmo, placenteramente criollo, es acreedora a un primer premio.
Nocturno su última composición laureada con primera mención en el Certámen de Escritores y Artistas de Ponce, 1914, es una joyita musical. Con Chopín por modelo, pero sin plagiarlo, el alma de la artista poetizando las ensoñaciones de la mujer, combina el nostálgico pensamiento temático, con modulaciones, cadencias y giros rítmicos tan espontáneos, que imprimen el sello de original belleza a la armonía del conjunto. Si no abandona el estudio, tiene un porvenir de gloria que reflejará en la patria.
Véase la sección Biografías, Capítulo VIII, página 101.
Nació en Utuado el 21 de junio de 1879.
Su vocación por el arte lírico se manifestó desde la niñez, pues frecuentemente sus padres, al notar su falta en el hogar, salían a buscarle y lo encontraban siempre oyendo embelesado la orquesta del pueblo, bien en un baile o ensayando.
Con sus familiares que poseían diversos instrumentos empezó a estudiar solfeo y prácticas del clarinete; después con profesores que ejercieron en Utuado adquirió mayor suma de conocimientos, especialmente con Jesús Muñoz, maestro de piano,—utuadeño procedente del Conservatorio de Madrid—, que le dió lecciones de armonía.
Cuando las tropas americanas formaban campamento en Utuado, él solicitó permiso del Jefe de una banda de música para agregarse a la misma como clarinete. Admitido, en ella practicó lo suficiente para después ser contratado como clarinete solista en la Banda del Regimiento de Puerto Rico, desde su fundación, que dirigía un profesor americano, y al vencimiento del término de este, fué Luís R. Miranda, en 14 de junio de 1901, nombrado Jefe de la Banda, puesto que todavía ocupa y en el cual ha ido alcanzando con tenacidad, constancia en el estudio y noble ambición, el merecido prestigio músico-personal de por goza y que ha hecho extensivo a la Banda.
Primeramente por correspondencia y después aprovechando la estadía, en el País, de Gonzalo Núñez, continuó ampliando sus conocimientos sobre el arte de componer con tanta aplicación, por los frutos empezaron a alcanzar renombre.
Sus obras laureadas en certámenes han sido: Weber, Marcha triunfal para orquesta, primera mención en el certámen de Manatí; La Reina de las Flores, Danza, primer premio del certámen de Bayamón; A Red Red Rose, poema de R. Burns, para orquesta, Lira de oro y $50, segundo premio de un certámen efectuado en Chicago, EE. UU. y Cuarteto en Re mayor para instrumentos de cuerda, $50, Insignia de oro y diploma en el Certámen de la Liga Progresista de Ponce, del cual dice el jurado en su laudo: "La contextura de este cuarteto se asemeja más a la de Hayden y Mozart que a la de Beethoven. El autor de este trabajo tiene aptitudes para cultivar este género de composiciones, pero con mayor acopio de los conocimientos contrapuntales, hubiera podido sacar un partido más ventajoso de los temas expositivos. No obstante, en algunas partes se observan ingeniosas combinaciones que dan relieve e importancia al trabajo, revelando buenas dotes el compositor. La instrumentación no es absolutamente irreprochable; las modulaciones se suceden correctamente de acuerdo con las leyes establecidas, los movimientos están bien equilibrados, aunque acaso el tercero resulte demasiado extenso dada la amplitud de la obra."
Luís R. Miranda es el director de la orquesta de conciertos del "Club Armónico" y es indudable que a su pericia se debe el gran éxito alcanzado por tan artística sociedad.
Hasta hoy no puede decirse que Miranda tenga un estilo propio, original, como compositor. Los pensamientos melódicos no sobrepasan la belleza ordinaria, si se nos permite esta expresión, la factura armónica a veces tiene atrevimientos de carácter innovador. En la estructura general hay arte en el cual, los peritos, pueden ver la influencia del preceptor Núñez, es decir, que Miranda se ha asimilado la forma de construir de Gonzalo, pero sin acudir, naturalmente al plagio.
Es un magnífico director, de mucha conciencia para la interpretación, y severo en la ejecución, consiguiendo siempre una bella igualdad en el conjunto.
Sus composiciones principales, que están por editar son: Zelmira, sinfonía en Do mayor; Diadema, obertura; Recuerdo del Pasado, Novelette; Minuetto, en Sol mayor; Miosotis, Vals-Intermezzo; La Flor de Amor, canción; Souvenir, mazurca; A Tí, elegía; Recuerdos, gavota; e infinidad de danzas, marchas fúnebres y paso-dobles, para banda militar.
Véase la sección Biografías, Capítulo XI, página 130.
El encontrarse sus padres, Don Oriol y doña Teresa Pasarell de temporada en Barcelona, España, hizo que nuestro biografiado naciera el año 1866 en la Ciudad Condal; pero siendo aquellos portorriqueños, la herencia étnica, así cómo el haber venido al país cuando solamente contaba un año, recibiendo aquí todas las modalidades que constituyen su personalidad le hacen acreedor al título de nativo.
Su padre, profesor de piano que ejerció largos años en Ponce, fué su primer preceptor, terminando después los conocimientos, solo, por su inteligencia y constancia en el estudio.
Tocó el violoncello con bastante habilidad, formando parte de la orquesta del teatro La Perla.
Pianista de bastante ejecución y buena lectura, se dedicó a la enseñanza del instrumento. Es desde hace tiempo el organista de la Iglesia parroquial de Ponce, lo que le permitió ampliar sus conocimientos del género y hacerse un buen director de orquesta y compositor sacro.
Ha sido también un abundante productor de música regional, imprimiendo a sus danzas estilo propio, sobre todo en los ritmos, vivaces y placenteros.
Sumamente modesto, labora en silencio, aunque sus danzas Yambú, Pistolos, Anhelos del Alma y Sicilia, han hecho que su nombre sea conocido en la isla.
Nació en Aguadilla el 13 de mayo de 1870, residiendo en Ponce desde la edad de un año.
Con el afamado profesor Antonio Egipciaco empezó los estudios del solfeo y del violín, continuándolos después con Morell Campos y Gabriel Carreras.
Su vocación musical le hizo perseverar en el estudio hasta llegar a penetrar en los campos de la composición.
Sus principales obras son: Lirios y Rosas, vals para orquesta; El día de Farfantón, opereta, letra de el reputado literato Félix Matos Bernier; Así Canto Mis Amores, romanza para canto y piano, laureada con medalla de oro en el Certámen de Escritores y Artistas de Ponce.
Fué organizador de la Banda escolar de Ponce, justamente aplaudida y Director-fundador del Club de Mandolinas, academia en la que han estudiado muchas señoritas de la buena sociedad ponceña.
Su constancia en el estudio, modestia, y el hecho de encontrarse en plena edad viril, hace esperar que continuará en crescendo la producción musical.
Nació en Caguas el 1º de febrero de 1881. Hijo del maestro de música, Don Juan Quintón, recientemente fallecido y que por largos años ejerciera la enseñanza musical en Coamo a cuya Villa se trasladara siendo su hijo muy niño, con él aprendió nuestro biografiado cuanto aquel podía enseñarle. El pianista Catalán Ernesto del Castillo, le hizo progresar bastante en su instrumento favorito y después, como la mayor parte de nuestros artistas, el estudio solitario y reflexivo completó su educación.
Pepito Quintón, como le nombran en el pueblo de su residencia, nació con un gran temperamento artístico. Si prosigue estudiando como hasta aquí, será el primer maestro compositor de la época actual, pero su modestia excesiva y la pobreza del medio ambiente en que gira no le permitirán remontarse a las altas regiones del ideal, para lo que le sobran facultades.
Como pianista, posee asombrosa, limpia y ágil ejecución; como profesor, tiene facilidad para trasmitir; como director su batuta es enérgica, detallista y circunspecta.
Pero en donde su genio se manifiesta radiante es en la composición.
Impulsado por sus amigos, concurrió por primera vez al certámen de Manatí, obteniendo el primer premio, consistente en Lira de Oro, $25, diploma de honor y título de socio de mérito del Casino Portorriqueño, por una Marcha Triunfal para orquesta. Después de ese hermoso triunfo se encerró nuevamente en su querido Coamo, hasta que en 1913, como los cometas errantes, reapareció en el cielo del arte, concurriendo al certámen de la Liga Progresista de Ponce, agregando a su gloriosa corona de laureles, dos brillantísimas hojas.
En dicho certámen obtuvo las distinciones más altas, $100, insignia de oro y mención honorífica de primera clase por un Cuarteto en Re mayor para cuerda y $75, insignia de oro y diploma de honor por Un' Set de 12 variaciones sobre un tema de Hummel, para piano.
Sobre dichas producciones decía el laudo del jurado: "Por el análisis minucioso que se ha hecho del presente Cuarteto en Re mayor, se deduce que su autor tiene verdaderos conocimientos de armonía, contrapunto y composición musical, habiendo así mismo seguido un plan que revela sus aptitudes en el manejo de la forma prescrita para el género Sonata, que es el que fundamenta esta clase de composiciones. Las frases dialogadas, las imitaciones fragmentarias de los temas en el discurso de toda la obra, el desenvolvimiento de las modulaciones, atestiguan elocuentemente que se está en presencia de un compositor de dotes excepcionales y que sabe conciliar su libre fantasía, su delicada inspiración con las exigencias inherentes a la música di camera."
Y al laudar Las Variaciones, dice el jurado: "El autor es indiscutiblemente un compositor de grandes dotes. En las Doce Variaciones, escritas con suma facilidad y elegancia, se desataca siempre el Tema dado, presentando bajo distintos aspectos, luciendo cada vez, por decirlo así, una vestidura distinta y más atrayente pero que no le hace perder de vista, ni por un instante su individualidad, a pesar de la complejidad en que se desenvuelve, en ciertas ocasiones. La 12ª variación, en ritmo de polonesa, es realmente ingeniosa y brillante. Ella por sí sola revela las aptitudes envidiables, del autor, digno de ocupar uno de los más elevados puestos entre los compositores de Puerto Rico."
El Municipio de Coamo a raíz de estos triunfos le declaró Hijo adoptivo de dicha población, acuerdo que honra por igual a otorgantes y adoptado, siendo Quintón el único artista que en Puerto Rico lo ha obtenido.
Además de las laureadas ha compuesto: Overtura, estilo clásico, Misa de Requiem, Scherzo, para piano, Danzas de concierto, para piano (difíciles), Valses de salón y una gran variedad de música religiosa y bailable.
Véase la sección Biografías, Capítulo XV, página 158.
Si fuéramos a juzgarle por el número de sus obras, parecería, como artista, muy superior a su hermano Heraclio, pero ni como compositor, ni como pianista le ha superado.
Federico Ramos nació en Arecibo el 14 de abril de 1857, cuando ya Heraclio era un compositor laureado. Éste fué su preceptor.
Es innegable que posee temperamento musical y conocimientos bastantes, que le permiten cultivar con fortuna los distintos géneros de la composición.
Pero como su producción es vertiginosa, en las obras de empeño nótase, a veces, un desequilibrio en la estructura general; sobre todo, no siempre se destaca con claridad el pensamiento temático o inicial de la composición. Tiene ideas bellísimas junto a otras pobremente expuestas. Pudiera, en general, compararse su labor de compositor, como un jardín en el que han florecido variedad de plantas y que por la falta de jardinero se encuentran todas entremezcladas, siendo muy difícil encontrar los tallos o troncos pertenecientes a cada flor o planta.
La misma impetuosidad de su carácter le perjudica. Como pianista, tiene pasmosa ejecución, digitación bastante correcta, repentiza con facilidad, pero el conjunto semeja el torbellino de una catarata.
Estas deficiencias que expresamente señalamos, pues por lo mismo que vale mucho desearíamos verle producir con más reposo, no quieren indicar que no tenga especiales composiciones. No; en los últimos años ha publicado y compuesto algunas que han sido elogiadas en el extranjero, como la Marcha Triunfal dedicada al Presidente Roosevelt de la cual decía Le Journal Musical de París, en su edición de julio 16 de 1907, "Esta marcha brillante ha penetrado en Francia y será pronto ejecutada en todas partes. Está en efecto bien rimada y de un desarrollo melódico bien señalado, con armonías del mejor efecto."
Recientemente nos dejó oir su última obra Nocturno y un Intermezzo sinfónico, de exquisita factura.
Para que se tenga una idea de su enorme producción, diremos que tiene hechas (en gran número publicadas) 23 obras de baile, 27 de salón, 23 de concierto, 29 para canto y piano, 2 que el titula recitaciones, 4 zarzuelas en 1 acto, 1 drama lírico en 3 actos y 3 didácticas.
Su melodía El Encanto del Hogar es un verdadero idilio de expresión, clara, espontánea y hondamente sentida. Se destaca del resto de las composiciones y sin embargo ¡está expuesta con tanta sencillez y maestría!
Laborioso como la hormiga, modesto cual la violeta, de inteligencia natural, gran intuición artística y con acopio de conocimientos adquiridos asíduamente, es uno de los compositores ponceños, que dedicados más principalmente a la producción del género bailable, tiene facultades para subir hacía la cima de los llamados severos, atestiguándolo la forma de construcción de los bailables y el hecho de haber sido uno de los jurados del certámen de la Liga Progresista, en donde para poder juzgar obras clásicas tenía que estar en posesión de los conocimientos a ellas inherentes.
Buen clarinete y correcto preceptor de música, fué laureado en el certámen de Bayamón con el primer premio, por un Two-Step, para orquesta, titulado Bayamón, lema: Cruz Roja.
Como compositor de danzas ha sido fecundo. Su estilo fué, primeramente, casi una continuación del de Morell Campos, pero después ha tomado carácter propio, algo discutido, por las novedades rítmicas y formas de expresión introducidas, que han desvirtuado, a pesar de las bellezas melódico-armónicas de que están saturadas, la candorosa idealidad de nuestra danza.
Si no estamos mal informados, es natural de Añasco, aunque educado en Mayagüez, en donde se dió a conocer como hábil violinista y correctísimo educador, con aficiones literarias que después ha consolidado prácticamente.
Hace muchos años reside en Puerto Plata, República Dominicana, a donde fuera por primera vez, como Director de la Banda Municipal.
Su intensa labor artística la ha realizado fuera de su país, en el que se dió a conocer como exquisito compositor, cuando fué laureada su romanza para canto y piano titulada Patria en el certámen del Ateneo de 1904.
De sólida cultura lírico-literaria, constantemente labora en pro de sus aficiones.
Uno de los actos de mayor renombre que conocemos de él, fué el Reglamento aprobado por el Ayuntamiento de Puerto Plata, R. D. para la Academia de Música Municipal, que fué puesta bajo su competentísima dirección y en la que ha permanecido hasta hace poco tiempo dando sorprendentes resultados. Para apreciar la capacidad musical de Rodríguez Arreson, transcribimos el programa de estudios de dicha academia, que puede decirse ha desarrollado él sólo.
"PROGRAMA.—Primer Curso.—Nociones sobre el sonido; teoría y práctica del Solfeo; desarrollo de tonalidad; técnica instrumental; ejercicios.—Segundo Curso.—Teoría y práctica de claves; transporte; ejercicios de solfeo en conjunto; afinación y desafinación; armónicas de los sonidos; técnica instrumental; ejercicios.—Tercer Curso.—Armonía hasta las modulaciones por transformación; elementos; ejercicios y dictados; tono o altura; intensidad; cuerdas y tubos sonoros; aplicación de sus leyes en los instrumentos musicales; técnica instrumental; ejercicios en conjunto.—Cuarto Curso.—Armonía (continuación); timbre; aplicación de sus leyes en los instrumentos musicales; técnica instrumental; ejercicios de conjunto.—Quinto Curso.—El arte de instrumentar; breve estudio de los géneros musicales; historia de la música; técnica instrumental; ejercicios en conjunto.—Curso Completo.—El arte de dirigir; bibliografía musical; grandes organizaciones orquestales; orfeones; su influencia socio-moral; experiencias; el drama lírico; su forma presente; la concepción Wagneriana de la ópera; su influencia y su evolución."
Nos consta que produce mucho y bueno. Conocemos de él una Elegía fúnebre y un Nocturno para piano de mucha delicadeza en la expresión y factura. Recientemente le escribimos y al contestarnos, hizo omisión absoluta a uno de los particulares de nuestra carta en que le pedíamos el catálogo de sus obras, traduciendo nosotros, el silencio, como un acto de modestia.
Es un portorriqueño que honra a su país en el extranjero, siendo apenas conocida su intensa labor en la tierruca nativa.
Véase la sección Biografías, Capítulo XVI. página 162.
Aunque las producciones que de él conocemos, pertenecen al género bailable, no dudamos que por sus conocimientos y cuadratura musical completa, haya producido o pueda producir obras de mayor empeño. Su fuerte labor profesional desde el cambio de soberanía, en que su personalidad artística se destacó vigorosa, le ha hecho aparecer en primera línea como organizador de núcleos instrumentales, para los que ha tenido que estar constantemente instrumentando, lo que hace magistralmente, siendo ésta, tal vez, la causa de que su inspiración permanezca algo inactiva.
Es un contrabajista de talla mundial (herencia paterna) y aunque conoce y ha practicado varios instrumentos, su profesión principal es la dirección de orquestas y bandas.
Actualmente es el Director de la Banda de Bomberos Municipal de San Juan, por él organizada y que está reputada como una de las mejores de las Antillas.
En los últimos meses la ha hecho progresar mucho, y en los conciertos públicos que bisemanalmente celebra es muy aplaudida haciéndosele bisar casi todos los números del programa, en el que combina música de los grandes maestros con otras afines al gusto imperante en el público.
Como es joven, tiene amplio porvenir y estamos seguros que, remontando vuelos, honrará dignamente su apellido, de gran abolengo artístico.
Al cerrar esta sección, consideramos justo citar los nombres de algunos dilettantes que con frecuencia han dado y dan a la publicidad las inspiraciones de su fantasía, en las que se encuentran ideas melódicas bien definidas, efluvios estéticos de sus temperamentos artísticos.
Son éstos, los señores Antonio Otero, de Ponce; Federico Porrata Doria, de Naguabo; Juan Garriga, de Utuado; y Emilio R. Dávila, de Ciales.
Este último no conoce siquiera los signos musicales y sin embargo toca, de oído, bastante piano sin alterar, en lo más mínimo, las partituras; y compone diversidad de piezas—algunas están publicadas—que han ido adquiriendo poco a poco sello de originalidad, las cuales son anotadas en los pentágramas por músicos inteligentes a quienes el autor hace oir repetidas veces las frases de la obra.
Puesta de Sol, su último vals, llamará la atención por la expresión intensa del pensamiento musical, en concordancia con el título y la armonía del conjunto.
Emilio R. Dávila es un caso psicológico especialísimo digno verdaderamente de estudio.
De acuerdo con el orden seguido en secciones anteriores, en esta nominaremos, alfabéticamente, a los instrumentistas cuyos méritos hayan sido refrendados por juicios públicos y competentes, eliminando, para no ser difusos, a los que bajo otros aspectos hayan sido citados.
Los relatos tendrán la amplitud de las referencias adquiridas, circunscribiendo la mención de los dilettantes a sus nombres, instrumento en que han sobresalido, y, a ser posible, el nombre del preceptor o escuela de donde proceden.
Puede que incurramos en omisiones, que podemos afirmar serán involuntarias, pues en esta clase de trabajos, por mucho cuidado que se tenga y mejores deseos en la solicitud de informes, siempre hay escapes lamentables.
Las dificultades con que hemos tropezado para formalizar el libro, bien sabrán apreciarlas los que con mayor pericia, han practicado tan delicada y peligrosa tarea.
Tal vez, para muchos de los que nos lean, profanos y hasta algunos artistas, resultará anómalo el que incluyamos a los guitarristas, en nuestro relato, y no por lo que a las personalidades atañe sino por la guitarra en sí, por ser ésta considerada, generalmente, como un simple instrumento acompañador de canciones y bailes populares, de la cual decía Covarrubias en 1675, "Que era un cencerro de fácil tañer, especialmente en los rasgados, y que no había mozo de caballos que no la tocase." Pero el P. Basilio, gran contrapuntista y organista en el convento de la orden del Cister en Madrid, desmintió completamente tal opinión, sobre dicho instrumento, siendo el primero que estableció el método de tocar punteado, sacándola del uso exclusivo, que hasta entonces tuvo, para acompañar seguidillas, canciones y tiranas.
Desde el siglo XVIII data verdaderamente la importancia de la guitarra, dedicándose a ella artistas que, por su buena ejecución, llegaron a conquistar un nombre distinguido, entre los que sobresalieron, Don Dionisio Aguado, Don José Huertas, D. Fernando Sons, el catalán Ferrer y Esteva, Picornell y otros más, que venciendo dificultades inmensas consiguieron presentar de una manera prodigiosa y admirable todas las buenas cualidades y grandes bellezas de este instrumento de punteo, de invención árabe-española.
Si este instrumento no ha podido formar parte de la orquesta, acaso porque sus sonidos dulces y apagados no pueden producir sensaciones vivas e impresiones fuertes, es en cambio tan agradable, se presta tanto a la expresión y tiene tan dulce melancolía, que es irresistible en ocasiones dadas. Para la inspiración de un buen artista, posee la guitarra condiciones muy apreciables, y bajo la presión de una mano maestra, sabe responder a los afectos del alma como si fuera la verdadera manifestación del sentimiento que hace herir sus cuerdas. Ella, puede decirse, forma una pequeña orquesta que el pueblo ha adoptado como muy suficiente para satisfacer sus necesidades musicales.
El hecho de haber podido apreciar el arte exquisito de dos portorriqueños guitarristas a los que hemos de referirnos en esta sección, nos ha movido a exponer los antecedentes históricos musicales sobre tal instrumento.
Hace pocos meses que ha fallecido en Caguas en donde residiera por largos años, cultivando por igual el arte y la literatura. Nació en San Juan y con su hermano Don Mauricio aprendió varios instrumentos y composición. Sobresalió como contrabajista y cellista, también, según las necrologías que publicara la prensa de toda la isla, fué un compositor de exquisita factura y delicada inspiración.
Nosotros no tuvimos el honor de conocerle y no hemos visto ni oído sus composiciones por lo que nos vemos privados de emitir opinión alguna, propia. Pero no dudamos un solo instante de su valer, pues habiendo sido su señor padre y su hermano dos de los mejores músicos del país, la herencia le abona.
Nació en San Juan el año 1842.
Con su padre Don José, músico distinguidísimo que dirigió las bandas militares de "Granada" y "Cataluña", trasladándose en 1851 a Caguas en donde puede decirse que fué el primer maestro que difundió la buena enseñanza general del arte, aprendió nuestro biografiado, teoría musical, solfeo, armonía y composición.
Su primer maestro de violín fué Mateo Tizol, y después en Mayagüez tomó lecciones superiores con Don Rufino Ramírez, quien le educara de acuerdo con la escuela del maestro francés Mr. Beriot, su preceptor en París.
Una inadvertencia, que no hemos podido subsanar por estar ya compaginada la sección Compositores cuando notamos la omisión, hace que no aparezca en ella, Mauricio Álvarez, cuando ha sido uno de los que más ha sobresalido, ya por la exuberancia de la inspiración ya por la corrección de la forma, pues en sus obras patentizó la solidez de los conocimientos armónicos, estructura de los géneros, resortes de la instrumentación y expresión temática. Produjo, dentro del medio ambiente de la época, música religiosa, bailables, algunas overturas y piezas de concierto para violín y piano.
Cuando los funerales del pianista Tavárez, el oficio de difuntos y misa de requiem que ejecutó la orquesta, fuéron compuestos por Mauricio, amigo íntimo del pianista.
De un carácter apacible y bondadoso, no cesa de laborar, pues, como también posee el título de farmacéutico, al retirarse de la profesión musical, tras de cuarenta años de ejercitarla, (hoy tiene 73) se le ve siempre al frente del despacho de la farmacia de su hijo Don José, residente en Caguas, pues le es imposible, según nos manifestara, estar inactivo una sola hora.
Sumamente modesto, cuando se le habla de música, y sobre todo, de la de su tiempo, evita tratar nada referente a sí mismo, pero en la conversación se advierte que tiene pericia artística.
Ha enseñado a dos generaciones haciendo músicos aprovechados, y si como violinista su nombre es poco conocido, débese a haberse encastillado en Caguas.
Pianista dilettante. Natural de Juana Díaz. Discípula de Manuel G. Tavárez, quien le dedicara su renombrada danza Margarita.
Pianista dilettante. Nació en Ponce. Discípula del maestro Torns.
Ponceña y pianista de correctísima escuela.
Gran temperamento musical, vehemente, a la par que delicada expresión; devota de los clásicos cuyas obras interpretaba concienzudamente.
Modesta, ingénua, laboriosa, sumamente simpática y distinguida, fué la inspiradora de una gran pasión, sin que su alma recorriera otros campos que los del arte, síntesis de sus amores.
Compositora, si no de grandes obras, con inspiraciones saturadas de bellezas, que armonizaba con maestría.
Ejerció el profesorado hasta que, prematuramente, se elevara su alma al cielo de encantos con que tantas veces soñara en vida.
Flores y Perlas y Renacimiento, son dos preciosos valses, editados por la casa Otero y Co., que ponen de relieve su facilidad para componer.
En San Juan se meció su cuna, y en la Academia de piano de Anita Otero se desarrolló, vigoroso, su temperamento especial para el arte.
Después de la muerte de su preceptora, cuya memoria honra dignamente, pues es una de las cuatro gracias que ornaron el jardín artístico de aquella academia, se trasladó al Conservatorio de Boston, más que para perfeccionar los conocimientos adquiridos, para obtener el diploma de maestra graduada de música y piano.
El sentir de su alma lo reflejan sus ojos, grandes, negros, bellamente soñadores.
Su técnica es clara, precisa y robusta de detalles.
El estilo de interpretación, bastante parecido al de la Otero, aunque no con tanta maestría.
La modestia de su carácter le hace reservar las delicias de su ejecución para las intimidades del hogar. Es artista.
Pianista dilettante. Discípula de Don Fermín Toledo. Si no estamos mal informados, nació en San Juan.
Pianista dilettante, natural de San Juan, fué una de las mejores discípulas del señor Cabrizas.
Si como literato y periodista alcanzó merecido prestigio proporcionando honor a Mayagüez, su ciudad natal, como pianista y musicólogo no fué menor su reputación.
Carlos Casanova era un temperamento exquisito y absolutamente artístico. No se prodigaba en el piano, pues era algo indolente, pero cuando pulsaba el teclado, sobre todo en el gabinete reservado a la intimidad musical, las horas se deslizaban para los afortunados oyentes, cual para los astrónomos, cuando ante el ocular del telescopio contemplan las bellezas siderales. Su ejecución no era extraordinaria, pero sí la fuerza conmovedora de su expresión.
Su cultura musical hacía pendant a la literaria.
Su estilo periodístico era castizo, sobrio, de argumentación cerrada.
El literario era poético a la par que filosófico.
Su oratoria, más conceptuosa que florida, en donde brillaba radiante era en el anfiteatro de una academia; para el batallar político era mejor con la pluma.
Su conversación familiar era sumamente agradable por las oportunas agudezas y repertorio de cuentos con que las aderezaba.
Como literato fueron varias veces laureadas sus poesías y prosas.
Si se hubiera dedicado a la composición musical, en ella también hubiera alcanzado renombre; más, poseyendo la preceptiva, no tenemos noticias de que produjera.
Jamás le oímos hablar mal de ningún compañero, en cambio ¡Con cuanta nobleza y pericia ejerció la crítica! En Mayagüez se dedicó durante algún tiempo a dar clases de piano y en los centros sociales dirigía la parte lírica de las veladas.
Murió pobre y algo nostálgico, en Ponce, no hace muchos años.
Violinista mayagüezano, discípulo del maestro catalán Don José Gotós.
Fuera de Mayagüez su nombre es casi desconocido y como artista muy pocas son las personas que, aun en su pueblo natal, tengan noticias del puesto distinguido que ocupa en las grandes orquestas de Londres.
Su padre, cubano inteligente, que constituyó su hogar en Puerto Rico, viajó mucho por Europa, y estaba bien relacionado en París y Londres.
A esta última ciudad envió a su hijo mayor, Felipe, quien adquirió puesto de confianza en una casa comercial.
Después que nuestro biografiado obtuvo con Gotós ejecución esmerada y sólida, se fué a Londres con su hermano para ampliar sus estudios.
Sus primeros pasos de artista los dió, de concertino en la orquesta del Yate de uno de los más opulentos Lores ingleses. Viajó mucho, por el Oriente, durante más de 4 años, hasta que sus justas ambiciones de glorias le hicieron fijar la residencia en Londres, no siéndole difícil obtener uno de los primeros puestos, como violín primero en la orquesta del Convent Garden.
Le conocimos íntimamente cuando estudiaba con Gotós y le predecíamos que, si persistía estudiando, podría satisfacer sus anhelos.
Por cartas y recortes de periódicos que hemos leído, nos hemos enterado, con verdadero júbilo, de que, hasta hace tres años (últimas noticias adquiridas) sus progresos eran reales.
¡Otro portorriqueño que en el extranjero enaltece el nombre patrio!