No ménos afortunados por la parte del oeste, los ingleses habian logrado estender su campamento hasta Jesus del Monte, el Cerro i la Cruz del Padre,[135] merced al error capital cometido por el gobernador Prado de reducir la escuadra española a una completa inaccion en el puerto de la Habana.
Despues de la heróica aunque inútil defensa del torreon de la Chorrera, que hizo el 10 de junio el rejidor Aguiar, los enemigos acamparon en la loma de Aróstegui, donde hoi se levanta el poderoso castillo del Príncipe; i habiendo Prado dispuesto el dia 13 que el navio Asia fuese echado a pique en el mismo lugar que el Neptuno i Europa,[136] el almirante Pocock, mas seguro aun de que el puerto estaba enteramente cerrado, pudo desentenderse del bloqueo de aquel punto importante, i dando órden de que cuatro navios continuasen cruzando a lo largo de la costa, acudió con lo demas de su escuadra en ausilio de aquel ejército. Al efecto dispuso que ochocientos hombres de marina fuesen rejimentados formando dos batallones al mando de los mayores Campbell i Collins, i los incorporó a una division compuesta de dos batallones de granaderos i trecientos hombres de infanteria lijera que Lord Albemarle habia enviado al mando del coronel Howe para sostener la posicion de la Chorrera i entretener a los sitiados por aquella parte; i ademas hizo desembarcar dos morteros i toda la artilleria que se creyó necesaria para las baterias que en Taganana i otros puntos se habian mandado construir con la idea de estrechar mas el sitio de la ciudad.[137] Con estas fuerzas i el ausilio que le prestaba la escuadra, pudo el coronel Howe estender sus posiciones a San Antonio, estancia de Jústiz i Puentes Grandes, desde donde salian varios piquetes a recorrer los pueblos del Quemado, Jesus del Monte i Guajai en busca de provisiones para el ejército.[138] Dos de los navios que estaban cruzando a sotavento de la Habana, el Hampton Court i el Defiance, hallándose el 28 de junio a la vista del Mariel, descubrieron ancladas en el puerto las fragatas españolas Venganza de 26 cañones i Marte de 18, i despues de un corto ataque las apresó el Defiance, habiendo encontrado en ellas solo veinte hombres por haberse internado toda la demas tripulacion.[139]
Una de las disposiciones mas acertadas que adoptó el jeneral Prado fué la de conceder grado de coroneles a los rejidores Aguiar, Aguirre i Dn. Laureano Chacon, cuando éstos ofrecieron sus vidas en defensa de la patria, i ponerlos al frente de las milicias del pais, en lugar de darles jefes del ejército i sujetarlas a la severa diciplina de una organizacion militar. Mientras el ilustre Velasco luchaba con valor heróico por la parte del este, aquellos briosos cubanos se distinguian por el lado opuesto de la ciudad, logrando contener las correrias i hostilidades del enemigo i saliendo con honor en varios encuentros que tuvieron: a la intrepidez i valor de las milicias que mandaban se debió el que la ciudad no fuera cercada por aquella parte i cortadas las comunicaciones con el resto de la isla.
Situose Dn. Luis de Aguiar en el Horcon i desde allí contuvo el progreso del ejército ingles, obligándolo a retirarse de todos los puntos a donde intentó avanzar, haciéndole casi siempre prisioneros. Viendo Aguiar el daño que causaba la bateria de Taganana, los acometió en sus trincheras la noche del 18 de julio; i aquellas jentes, nunca acostumbradas al estruendo de la guerra, hicieron una gran mortandad en las aguerridas tropas británicas, forzándolas a emprender la fuga, les clavaron todos los cañones i les tomaron diez i ocho prisioneros, que envió el rejidor a la ciudad con los trofeos de esta accion. El jeneral Prado concedió la libertad en nombre del rei católico a ciento cuatro esclavos que tomaron parte en ella.
El Sr. Chacon ocupó con sus milicianos el Jubajai, cuatro leguas al oeste, i desde allí impidió que los ingleses penetrasen hasta los ricos pueblos de Santiago i el Bejucal de que intentaban apoderarse para surtir de carnes i viandas al ejército, tomando muchas veces la iniciativa i hostilizándolos con ventaja en sus mismas posiciones. Respecto del rejidor Aguirre, dice el Sr. Pezuela que compartió con sus dos compañeros el mando de las milicias, pero ni él ni Valdes refieren ninguna accion particular en que se hubiese distinguido.
A los rejidores Aguiar i Chacon, i quizá tambien a Aguirre, así como al coronel Caro que cubria los pueblos de Jesus del Monte i San Juan, se debió el que la ciudad no hubiese sido asaltada por la parte de tierra; pero teniendo este último la penosa órden de irse retirando a medida que avanzase el enemigo, a escepcion de algunos encuentros afortunados del coronel Gutierrez, toda la gloria de las armas españolas en aquella dilatada e importantísima posicion se debió al valor e intrepidez de las milicias que mandaron Aguiar i Chacon, bajo cuyas órdenes se reunió mucha juventud del pais procurando señalarse en los empeños mas aventurados.[140]
Sin embargo de todos estos patrióticos esfuerzos, despues que la toma del Morro habia hecho a los ingleses dueños de las alturas que dominan la Punta i la Fuerza, i que por la parte del oeste habian estendido su campo hasta Jesus del Monte, el Cerro i la Cruz del Padre, la situacion de la ciudad era crítica en estremo. Podian emprender forzar la entrada del puerto con su escuadra, protejidos por los fuegos del Morro, i debilitar los medios de resistencia de los españoles por el lado del este, i las fuerzas del coronel Howe, reforzadas con la primera division que habia llegado de New York el 28, daban señales de querer circunvalar la plaza i la escuadra por el campo del oeste, situando en la Cruz del Padre o en las posiciones inmediatas alguna division que enlazase sus fuegos con los de la Cabaña i San Lázaro.[141]
Para prevenir ambos males dispuso el gobernador que la artilleria de la Punta i la Fuerza, secundada por el navio Aquilon i dos fragatas de guerra, se dirijiese contra el Morro hasta conseguir su demolicion, la cual se obtuvo en parte a las ocho horas de empezado el ataque: el fuego duró desde el último de julio hasta el 3 de agosto. En la loma de Soto, donde hoi está el castillo de Atáres, se levantó en mui pocos dias una bateria de seis cañones de a 24 i cuatro de a 16. Ademas, con el fin de aumentar la escasa guarnicion que habia en la Habana, se hicieron retirar al recinto todos los destacamentos de tropa veterana, situados fuera de la plaza, esceptuando los dragones que siguieron cubriendo las inmediaciones i causando algun daño al enemigo: aun con este refuerzo la guarnicion no escedió de mil doscientos soldados i trescientos vecinos.
Sin duda que el consejo no hubiera dilatado la rendicion de la ciudad, sacrificando la vida i propiedades del ejército i de los vecinos de la Habana con una inútil defensa, a no haber contado con otros medios que los escasos de que podia disponer en tan apuradas circunstancias. Alentábalo la firme resistencia del vecindario a toda idea de capitular, la buena disposicion de la tropa i los ausilios de jente i municiones que venian del interior. El 5 de agosto llegaron doscientos doce fusiles i algunas municiones enviadas de Santiago de Cuba, quinientos fusiles mas se recibieron de Jagua el 9, i el 10, mil quinientos; los guajiros introducian diariamente en la ciudad con riesgo de su vida, sus frutos i ganados para el abastecimiento de sus defensores; i se habian tenido noticias del gobernador de Cuba anunciando la pronta marcha de una espedicion de mil hombres entre tropa i voluntarios de aquella ciudad i de la parte española de Santo Domingo. Todo esto hacia esperar que si se lograba mantener la ciudad algunos dias mas podria mejorar la crítica situacion en que se hallaban los sitiados i verse en estado de obligar a los ingleses, faltos de víveres i acosados por el vómito negro, a levantar el sitio no obstante las ventajas adquiridas sobre la plaza.[142] Pero todas estas halagüeñas esperanzas se desvanecieron con las medidas que adoptó el conde de Albemarle i la actividad i perseverancia del ejército invasor; i la Habana se vió forzada a capitular a los pocos dias de la toma del Morro.
Dueño el jeneral ingles de esta importante fortaleza, empezó a hacer de ella el mejor uso que la fué posible en el estado ruinoso en que se hallaba: dispuso que las baterias de la Cabaña hiciesen fuego sobre la ciudad i la bombardeasen; i conociendo la resistencia de los españoles a rendirse, empezó a prepararse para reducir la plaza al último estremo. En su consecuencia dió órdenes al jeneral Keppel para que, por un plan propuesto por el jefe de injenieros, mandase construir siete baterias que se estendiesen desde la Pastora hasta la cruz de la Cabaña, i en seguida trasladó el cuartel jeneral[143] al campo del oeste. Allí practicó un reconocimiento minucioso de la calzada de San Lázaro i la Punta dando las disposiciones necesarias para levantar un reducto cerca de esta fortaleza i mandó reforzar los puestos avanzados de Jesus del Monte i las avenidas del Cerro. En medio de estos trabajos tuvieron los ingleses la fortuna de recibir los refuerzos que esperaban de New York, i los náufragos de la division del brigadier Burton, i reparar así las pérdidas de jente que estaban sufriendo: la fragata Echo i la bombarda Thunder regresaron el 2 con la segunda division de trasportes que habia salido de aquella ciudad el 30 de junio; i el 8 llegaron las fragatas Richmond, Lizard i Enterprize i la goleta Porcupine, trayendo parte de la tripulacion i de la tropa que habia naufragado en Cayo Confite.[144]
En medio de esta actividad en ambos campamentos ingleses, la guarnicion de la plaza se mantenia vijilante i animada de una confianza que cada dia se debilitaba mas en su gobernador. El fuego de los españoles era vivo i bien dirijido, tanto por la parte del este como por la del campo: las fortalezas i baluartes continuaron sus ataques por la bahia, i el navio Aquilon estuvo haciendo fuego hasta el 3 que dos obuses de la Cabaña le cansaron grave daño i lo obligaron a desalojar el punto con gran precipitacion: habiendo observado el jeneral Prado que los enemigos hacian preparativos para combinar una accion por la parte del oeste i que habian destacado tropas por el camino que conduce a la Punta para protejer el reducto que estaban construyendo, mandó al amanecer del 10 hacer un vivo fuego de cañon que barriese toda la playa inmediata.[145]
Pocas horas despues aparecieron descubiertas las baterias de la Cabaña, amenazando destruir la ciudad i todas las fortificaciones que defendian el puerto, i el ejército del oeste continuaba sus movimientos con evidentes señales de secundar el ataque. Antes de empezar la accion, Lord Albemarle, usando de un proceder mui distinto del que pocos dias ántes le habia merecido el héroe del Morro, se contentó solamente con enviar al jeneral Prado uno de sus ayudantes con una carta informándole del peligro cierto que corria la ciudad e intimándole la rendicion,[146] i dió órden a aquel de amenazarlo, si persistia en una resistencia inútil, de entrar en ella i tratar a los vencidos con todo el rigor de las leyes militares.[147]
Despues de seis horas de conferencias en el consejo, el jeneral Prado se decidió a tentar una vez mas la suerte de las armas, sacrificando al pundonor militar las convicciones de algunos miembros de aquella junta que veian inevitable la pérdida de la ciudad, i quizá sus propias convicciones; i el parlamentario volvió con una respuesta mui cortes i propia del valor personal de Prado, manifestando al conde de Albemarle que estaba resuelto a defender la plaza hasta morir en sus ruinas. Observa Mr. Entick,[148] que el jeneral español, despues de mantener la bandera de parlamento flameando por tan largo tiempo en el campo, no usó de una atencion conforme con tan bizarra respuesta, mandando renovar el fuego ántes que el ayudante ingles hubiese recorrido dos tercios del campo, a su vuelta de la Habana.
En consecuencia de la resolucion de Prado, aun no habian los primeros albores del dia empezado a platear el azul profundo del cielo en la mañana del 11 de agosto, cuando el Lord Albemarle seguido de sus ayudantes subió a las alturas de la Cabaña, no para admirar las bellezas prodijiosas con que la divina Providencia ha querido dotar la naturaleza de Cuba, sino a satisfacerse de si las órdenes dadas el dia anterior habian sido cumplidas. En lugar de parar su atencion en la bella armonia de aquel cielo riquísimo de estrellas, adornado con los matices de oro i púrpura de que se viste la risueña aurora en las mañanas serenas del estio i de contemplar el suave murmullo de la rica vejetacion de aquella tierra, la innumerable variedad de sus árboles i plantas i la belleza de sus bosques i prados, su espíritu preocupado de ideas de guerra i destruccion no daba lugar a los sentidos para otras impresiones que las del aparato de las máquinas de fuego, el movimiento de las tropas i el desórden aparente de un campamento prócsimo a hacer desaparecer en pocas horas de sobre la faz de la tierra la hermosa capital de Cuba que envuelta aun en los misterios de las sombras, se levantaba a los pies de aquel altivo monte.
Sus leales habitantes, ajenos del peligro inminente que los amenazaba, confiaban a su valor el écsito de la accion prócsima a empezar, mui distantes de creer los que velaban libres i seguros, que estaba cercano el momento en que se verian vencidos, desarmados i a la merced de sus enemigos. El consejo, despues de haberse retirado el dia anterior bien tarde de la noche, estaba reunido desde mui temprano en el hospicio de San Isidoro, i el jeneral Prado habia salido de allí a recorrer el glácis i animar el pueblo de una perseverancia que ya en él habia empezado a decaer, viendo los imponentes aprestos del ejército ingles i el mal estado de la plaza.
Las campanas de los templos acababan de llamar a los fieles a la oracion matutina, i los habaneros habian dirijido sus preces i encomendado sus vidas i la libertad de la patria al supremo Dispensador de todos los bienes, cuando a los primeros rayos del sol se descubrieron las baterias que se estendian desde el Morro por toda la altura de la Cabaña, i empezaron a abrir sus fuegos sobre la plaza en combinacion con el campo del oeste i una division de cinco navios de la escuadra, los cuales fueron contestados en todos los puntos por la artilleria de los baluartes i castillos.
Pero la ventaja del enemigo, tanto en sus posiciones como en el uso de la artilleria, se hizo sentir bien pronto: los fuegos de la Punta fueron apagados entre nueve i diez, quedando reducidos a dos cañones que desde el baluarte del norte disparaban de tarde en tarde, i como a la una se vió a la guarnicion abandonar el castillo i correr a esconderse en la ciudad; la Fuerza sufrió gran daño en sus defensores i murallas con el incesante cañoneo de la Cabaña,[149] i la ciudad estaba medio destruida por mas de seis mil bombas que habian sido lanzadas desde ambos campamentos ingleses durante la accion i en los dias anteriores.[150]
Despues de este último esfuerzo ya no quedó duda alguna de que si se persistia en la resistencia, la ciudad quedaria reducida en pocas horas mas a escombros i ruinas, i sus leales habitantes serian en breve víctimas de la cuchilla enemiga. El jeneral Prado resolvió pues, capitular, i a las dos de la tarde aparecieron en toda la muralla i baluartes de la plaza i en el navio almirante banderas de parlamento, novedad que no esperaba la jente del pais, a lo ménos con tanta prontitud, pues los rejidores pasaron a inquirir el intento de aquella demostracion.[151] Al mismo instante cesó el fuego por ambas partes, el gobernador dirijió una carta al conde de Albemarle manifestándole que habia creido conveniente alterar su resolucion i pidiéndole una tregua corta para presentarle los artículos de capitulacion bajo los cuales entregaria la ciudad,[152] a lo cual accedió el conde; i al dia siguiente el sarjento mayor Dn. Antonio Ramírez Estenoz pasó al campo enemigo, autorizado con plenos poderes del jeneral Prado i el marques del Real Trasporte, para presentar al conde de Albemarle los artículos de capitulacion i convenir en el modo de entregar la ciudad.[153]
El Sor. Ramírez de Estenoz estuvo en conferencias con el almirante Pocock, encargado por el jeneral ingles, i regresó a la Habana al anochecer del mismo dia con las respuestas que aparecen al final de cada uno de los artículos de la capitulacion; i despues de algunas dificultades sobre la entrega de la escuadra i buques mercantes, por los cuales hicieron el jeneral Prado i el marques del Real Trasporte varias proposiciones de gran cuenta, i de tratarse sobre si el puerto de la Habana permaneceria neutral durante la guerra,[154] en cuya discusion se pasó todo el dia 12 i gran parte del 13, oponiéndose a convenir en ambos particulares el jeneral i el almirante ingles; vinieron a un acuerdo definitivo el 13, en que fueron firmados i sellados los artículos de la capitulacion.[155]
La ciudad con todas sus fortalezas, los buques de guerra i mercantes surtos en el puerto, la artilleria i municiones de boca i guerra, i los caudales reales así como los pertenecientes al comercio de Cádiz serian entregados a las tropas de S. M. B. La guarnicion de la ciudad i la del castillo de la Punta saldrian con todos los honores de la guerra i se embarcarian con la tripulacion de la escuadra en buques ingleses para uno de los puertos mas inmediatos de España. Los súbditos españoles que quisieran retirarse del pais podrian hacerlo, vendiendo libremente sus bienes i trasladándose a su costa a donde tuviesen por conveniente. La religión católica, apostólico-romana seria respetada, sin molestar en su culto público ni privado a los naturales del pais, i las autoridades inglesas conservarian los fueros, derechos i privilejios de la iglesia.[156]
En virtud de esta capitulacion, el dia 14 a las diez de la mañana el jeneral Keppel al mando de quinientos hombres pasó a posesionarse del castillo de la Punta i al mediodia de la puerta i baluarte inmediatos, el coronel Howe tomó posesion el mismo dia de la puerta de Tierra con dos batallones de granaderos, habiendo evacuado estos puntos las tropas españolas, i por la tarde hizo su entrada en la ciudad el conde de Albemarle a la cabeza de su ejército,[157] admirando la lealtad de aquellos habitantes al soberano español en la espresion de dolor con que veian penetrar por sus calles desiertas i sus derruidos edificios los macilentos i estropeados restos de la hueste vencedora i ondear por primera vez en sus baluartes i castillos otra bandera que la que siempre fué en sus corazones el símbolo de su oríjen i nacionalidad.
El intendente de marina Dn. Lorenzo Montalvo fué encargado de hacer el 15 entrega de los buques de guerra, almacenes i efectos de mar i tierra que eran propiedad de la corona, triste comisión que fué dulcificada con la mas honrosa i agradable de permanecer en la Habana cuidando de las personas e intereses de los heridos i súbditos españoles a quienes circunstancias particulares no permitieron regresar a España.
Dos fragatas de guerra salieron a tomar posesion de Matanzas, i otros buques fueron enviados con el mismo objeto al Mariel: tambien marchó el 15 i 16 un fuerte destacamento a los pueblos de Santiago, el Bejucal i Managua, donde se habian retirado desde el principio del sitio el obispo Dn. Pedro Agustin Morel, las comunidades relijiosas i muchas familias, quienes regresaron despues a la ciudad.[158] Todas estas poblaciones reconocieron a Jorje III. de Inglaterra: el resto de la isla permaneció sujeto al gobernador español de Santiago de Cuba; no habiendo podido concluir su conquista el conde de Albemarle por haber tenido que dar cumplimiento a órdenes que tenia del ministro de enviar a New York una parte del escaso ejército que habia quedado bajo su mando, i haberse disminuido considerablemente la escuadra con la vuelta del almirante a Inglaterra.[159]
La salida de las tropas españolas se efectuó el 24, embarcándose por la puerta de la Punta en trasportes preparados por el almirante ingles, siete jefes, diez i siete capitanes, sesenta subalternos i ochocientos cuarenta i cinco soldados; i el 30 se hicieron a la vela juntamente con las autoridades i empleados de la ciudad, cuyo número, inclusas sus familias i criados, fué de cincuenta i siete personas.[160] Al jeneral Prado i su familia se les destinó un navio para regresar a España,[161] lo que efectuaron poco ántes que el ejército i empleados, así como el conde de Superunda i Dn. Diego Tabáres.[162]
Era el jeneral Dn. Juan de Prado un sujeto de valor personal jeneralmente reconocido en el ejército español, de una lealtad acrisolada, recto en sus principios i honrado en sus acciones; pero falto de actividad, escaso de recursos naturales, limitado en el conocimiento del arte de la guerra i sin práctica de mandos superiores, sus planes carecieron de base i firmeza en todo el tiempo que duró el sitio, viéndose obligado a alterarlos a cada paso segun que hacia fuerza en él la opinion de cualquiera de los miembros del consejo.
Así que los movimientos del ejército ingles desvanecieron su tenaz confianza con el desembarco en las playas de Cojímar, forzado a tomar medidas que no estaban al alcance de su capacidad i a crear recursos estraordinarios de defensa se enervó su enerjia natural i resolucion, abrumolo a todas horas el peso de la responsabilidad que cargaba sobre sus hombros, i en medio de su confusion i aturdimiento comunicó a sus medidas un carácter de indecision i debilidad i cayó en errores i desaciertos mui ajenos de sus puras intenciones i patrióticos sentimientos. Encerró la escuadra en el puerto abriendo recursos al enemigo para estrechar el sitio de la ciudad, abandonó el punto mas importante de defensa para verse despues en la precision de emplear inutilmente el nervio del ejército en remediar las funestas consecuencias de tal medida, faltole tacto en la distribucion de las fuerzas de su mando esponiendo los cuerpos de milicias al fuego de los ingleses en las acciones mas críticas en lugar de protejerlos i alentarlos con la diciplina de los batallones rejimentados i tuvo la mala fortuna de preferir a los oficiales de marina para el mando del ejército i fortalezas, aunque todos ellos probaron su lealtad i valor en un grado eminente. Esta injusta preferencia, con agravio de los oficiales de infanteria que estaban en las filas de la guarnicion, encendió los odios que siempre han ecsistido en las diversas armas del ejército español por espíritu de cuerpo i disgustó a las tropas, que no obstante dieron pruebas repetidas de estar animadas de los mejores deseos en la defensa de la ciudad.
En tiempos normales su carácter afable i conciliador, su integridad i honradez i el noble deseo que lo animaba de distinguirse en el mando que le habia confiado su rei, hubieran hecho del gobierno del jeneral Prado uno de los mas tranquilos i prósperos que hasta entónces habia tenido aquel hermoso pais. En el consejo de jenerales que se formó en España para ecsaminar la conducta de las autoridades superiores i demas jefes que tomaron parte en la defensa de la Habana, el cual fué presidido por el célebre ministro conde de Aranda, se pronunció sentencia de muerte contra Prado; pero el rei usó de clemencia con el infortunado jeneral i le conmutó la pena en confinamiento perpetuo. El conde de Superunda i Dn. Diego Tabáres, virei del Perú el uno i gobernador el otro de Cartajena, volvian a España concluidos sus gobiernos cuando la invasion del conde de Albemarle los sorprendió en la Habana, i habian asistido al consejo, tomando solo una parte pasiva i empleando sus conocimientos i esperiencia en ilustrar los acuerdos de aquella junta para el mejor acierto en las operaciones militares del sitio.[163]
La conquista de la Habana fué un acontecimiento mui feliz para el ejército i armada inglesa. La oportunidad de su rendicion salvó a uno i otra de una ruina segura, pues era imposible que hubiese podido continuar por muchos mas dias el sitio en una época del año en que el escesivo calor, las fuertes lluvias estacionales i las enfermedades propias del clima hubieran pronto destruido el ejército mas poderoso, no teniendo donde guarecerse i estando rendido de fatiga i falto de los recursos mas esenciales a la vida. Algunos miles de hombres yacian aniquilados en los campamentos i la escuadra por falta de alimento, i las enfermedades tropicales se habian cebado tan cruelmente en el ejército que al tiempo de la capitulacion no habia mas de dos mil quinientos hombres aptos para el servicio.
Bajo el aspecto militar, ella fué la mas grande i en sus consecuencias la mas decisiva de cuantas hicieron los ingleses en el trascurso de la guerra, i en ninguna de las campañas militares que tuvieron lugar en las diversas partes donde pelearon las armas británicas, resplandeció tanto como en el sitio de la Habana la superior intelijencia militar de los jefes i oficiales jenerales, ni el valor, serenidad i perseverancia de las tropas. Esta importante adquisicion reune en sí misma todas las ventajas que pueden obtenerse en la guerra: un triunfo de armas de la clase mas elevada i cuyos efectos sobre la escuadra española equivalieron a una gran victoria naval, pues ademas de los buques apresados en Cayo Sal i bahia del Mariel, cayeron en poder de los conquistadores nueve navios i uno mas que estaba en grada i todos los utensilios del arsenal.[164]
Los ingleses no solo encontraron allí consuelo en sus necesidades i gloria militar, sino tambien grandes riquezas. Ademas de los cañones, provisiones de guerra i otros efectos que habia en gran abundancia, el botin ascendió a tanto como hubiera producido una fuerte contribucion sobre la ciudad: veinte i cinco buques mercantes,[165] varios grandes almacenes llenos de valores inmensos i cerca de tres millones de pesos cayeron en su poder.[166] Estos fondos fueron repartidos con tan parcial desproporcion entre las varias clases del ejército i armada, que hubo multiplicadas quejas i vivos resentimientos por parte de la tropa i marineria.[167] Pero mas que todo esto, el gobierno británico estaba en posesion de un puerto que ponia en sus manos el destino de los pueblos de Europa contra las tentativas de la casa de Borbon rebeladas en el funesto Pacto de familia: porque Cuba podia con razon considerarse la llave de aquellos tesoros del Nuevo Mundo, que debian servir de recurso principal a España i Francia para continuar una guerra cuyo objeto era destruir toda potencia que se opusiese a su ambicion, intereses i voluntad.[168]
El efecto que produjo, tanto en la corte como en el pueblo ingles, la noticia de este acontecimiento se encuentra pintado con esactos colores en los documentos oficiales de aquella época. En una representacion que la municipalidad de Londres dirijió con tal motivo al rei, manifiesta aquel cuerpo que la conquista de la Habana podia considerarse como el medio mas seguro de destruir los proyectos de la casa de Borbon, i ofrece asistir al trono de la manera mas eficaz, hasta que los enemigos de la nacion se viesen forzados a oir las proposiciones de paz que el monarca considerase compatibles con el triunfo de las armas británicas i el comercio i navegacion de sus súbditos. "El Ayuntamiento, dice, se detiene con el mayor placer a considerar el alto precio e importancia de una conquista obtenida con la adquisicion de inmensas riquezas i la ruina irreparable del poder comercial i marítimo de España."[169] El rei en su discurso de apertura, al informar al parlamento de la toma de la Habana, dice: "Una plaza de la mas alta importancia para España;" i en sus peticiones congratulatorias, la cámara de los lores la llama "el baluarte de las colonias españolas," i la de representantes, despues de hacer mencion del feliz écsito de la guerra en la Martinica, añade: "i la mas gloriosa e importante conquista de la Habana."[170]
Aun no habian trascurrido dos meses de esta conquista cuando los ingleses se apoderaron tambien de la ciudad de Manila, capital de la isla de Luzon, una de las Filipinas, plaza no ménos importante en el este que lo es la Habana en el oeste: la ciudad se libertó de ser destruida mediante una suma de cuatro millones de pesos, i el botin fué de varios buques i una cantidad considerable de municiones.
La única compensacion que tuvo España por estas grandes pérdidas fué la toma de la colonia del Sacramento, objeto por largo tiempo de cuestiones con Portugal, con la que se hizo dueño de veinte i seis buques ingleses cargados de mercancias i pertrechos de guerra por valor de cerca de veinte millones de pesos. Los esfuerzos hechos en Portugal no fueron bastantes a reparar las pérdidas de los españoles en América i Asia, aunque el estado de aquel reino al tiempo de la invasion les habia despertado halagüeñas esperanzas de una fácil conquista: despues de alcanzar los aliados ventajas considerables, el ejército anglo-lucitano logró hacerlos retirar a las fronteras de España en el mes de octubre a esperar refuerzos de Francia.
Aunque el cúmulo de tantas desgracias no habia podido abatir el espíritu de la magnánima nacion española, las últimas pérdidas habian agotado los recursos de las dos coronas aliadas. España se veia privada de sus grandes tesoros de América, cortadas las comunicaciones con sus colonias, arruinada su marina, i su ejército disminuido i desalentado con el écsito de una infructuosa i larga campaña emprendida con la plena confianza de obtener un feliz resultado: Francia, amenazada por un enemigo estranjero, fatigada de invasiones repetidas, destruido su comercio i prócsima a una bancarrota, ecsecraba la alianza de Austria como una calamidad pública, i hasta la de España, aunque cimentada en los vínculos de la sangre i mas conforme con los sentimientos nacionales, era considerada como un mal mas bien que como una conveniencia.[171]
En tan crítica situacion las cortes de Madrid i Versalles solicitaron la paz con un empeño i sinceridad iguales a sus infortunios. Felizmente el ministerio del conde de Egremont sostenia la guerra forzado por el espíritu de agresion de los soberanos aliados, i habia apurado las fuerzas i recursos de la nacion en escarmentar a los enemigos del poder marítimo i comercial de Inglaterra, con el fin de obligarlos a suscribir a una paz jeneral que terminase todas las cuestiones pendientes entre las tres principales potencias belijerantes, mas bien que halagado por la ambicion de conquistar las ricas colonias de las Antillas para la corona de la gran Bretaña. Si el célebre Pitt hubiera continuado al frente del gavinete, probablemente la guerra se hubiera dilatado algun tiempo mas, hallando su penetracion i jenio fecundo medios eficaces de conocer el verdadero estado de los enemigos i sacar de él mayores ventajas para su pais; i de seguro que no se hubiera dicho al concluirse las hostilidades, lo que del conde de Egremont decia disgustado el pueblo de Londres despues de firmados los artículos preliminares en Fontainebleau, que aquel tratado habia hecho bueno el refran ingles de que Inglaterra pierde siempre por negociacion lo que sus hijos ganan con la espada.[172]
Despues de una correspondencia entre las cortes de Inglaterra i Francia, se convino en el mes de agosto en el nombramiento de embajadores para arreglar los preliminares de paz, i al efecto el duque de Bedford salió de Londres para Paris el 5 de setiembre i el 10 llegó a Londres el duque de Nivernois. La eleccion de estos dos personajes, los mas distinguidos de la nobleza de ambos paises, demostró las pacíficas intenciones de los dos gobiernos: el marques de Grimaldi, embajador español en la corte de Francia, recibió plenos poderes para representar los intereses políticos de su nacion en el tratado.
Los puntos principales que habian ajitado largas cuestiones en las tres cortes i al fin provocado aquella guerra, quedaron arreglados sin gran dificultad; i para allanar inconvenientes a la conclusion definitiva del tratado de paz, se acordó que las cuestiones pendientes entre Austria i Prusia fuesen asunto de conferencias entre aquellas cortes.[173]
Los artículos preliminares se firmaron en Fontainebleau el 3 de noviembre de 1762, i el 10 de febrero del siguiente año se concluyó el tratado definitivo de paz i amistad entre Inglaterra, Francia i España, conocido con el nombre de la Paz de Paris.
Segun él Francia cede a Inglaterra inmensos territorios en América i Asia, en Africa el Senegal, se obliga a no mantener guarnicion en Bengala i a poner a Dunquerque bajo el pié estipulado en la paz de Aquisgran i otros tratados; i Inglaterra restituye Belleisle, la Martinica, Guadalupe i otras conquistas hechas a la Francia. Inglaterra conviene en restituir a España la Habana i cualquiera otra posesion que hubiese caido en poder de las armas británicas; i España renuncia el derecho que tenga o pueda tener a pescar en la isla de Terranova, reconoce el de los súbditos británicos a cortar el palo de Campeche en la bahia de Honduras i otras partes de sus dominios, i cede a favor de Inglaterra la Florida con el fuerte de San Agustin i la bahia de Panzacola, así como todas sus posesiones en el continente del Norte de América al este i sud-este del Misisipí. Ademas el ejército franco-hispano deberá evacuar el territorio portugues, i la colonia del Sacramento será devuelta a S. M. F.[174]
Luis XV. indemnizó a España de sus pérdidas de territorio cediéndole la Luisiana i Nueva Orleans por un convenio particular que tuvo con Carlos III., ántes de firmarse este tratado, dando así una prueba a su fiel aliado, dice la noticia publicada en Madrid,[175] de la sinceridad, desinteres i pureza de sentimientos que lo animaban por conservar una estrecha union con S. M. C.[176]
Carlos III., creyó conveniente hacer una demostracion de la importancia que daba a la restauracion de la Habana, i quiso que aquel acto fuese revestido de gran solemnidad i aparato. Al efecto nombró para el gobierno superior de la isla a uno de los nobles de mas elevado carácter i jerarquia en la nacion, el teniente jeneral Dn. Ambrosio Fúnes Villalpando, conde de Ricla i grande de España de primera clase; el cargo de inspector jeneral fué concedido al mariscal de campo Dn. Alejandro O'Reilly, i para la organizacion que debia darse al ejército i los nuevos trabajos de fortificacion resueltos por el rei, se destinaron a la Habana los brigadieres Dn. Silvestre Abarca i Dn. Pascual Jiménes de Cisnéros, i otros varios jefes i oficiales facultativos de inferior rango en la milicia.
El nuevo capitan jeneral llegó a la Habana el primero de julio con cuatro navios de guerra i algunos trasportes, que traian a su bordo una division de cerca de dos mil doscientos hombres de todas armas, un numeroso tren de artilleria i varios efectos de guerra. Estas fuerzas así como algunas otras que de órden del supremo gobierno fueron enviadas de Méjico i Costa-firme, se acantonaron en el vecino pueblo de Regla mientras se acordaba el dia de la entrada del conde de Ricla en la ciudad.
La mañana del 6 de julio en que debia hacerse la entrega de la Habana, amaneció aquella capital vestida de ricas colgaduras de variados colores, las calles se veian cubiertas de jentes que corrian gozosas a ocupar las avenidas del camino que conduce a Regla, i toda la poblacion demostraba la ansiedad con que esperaba el momento de ver entre sus muros al representante del monarca español i tremolar en sus baluartes arruinados el pabellon nacional. Pronto se llenaron sus patrióticos deseos: el conde de Ricla, acompañado del jeneral O'Reilly, los brigadieres Abarca i Cisnéros, los jefes i oficiales de estado mayor i lo mas granado de la poblacion, hizo su entrada pública en la ciudad, seguido de todas las tropas del ejército i de un inmenso concurso, i tomó el mando de la isla en nombre de S. M. C. en medio de innumerables vítores i al estruendo del cañon que saludaba el restablecimiento de la autoridad de los reyes de España en la posesion mas preciosa de sus vastas provincias de América. Por la noche se iluminó la ciudad, i hubo espléndidos bailes i fiestas en toda la poblacion así como en Regla i Guanabacoa por espacio de muchos dias.
La Habana i sus pueblos inmediatos permanecieron bajo la dominacion inglesa por cerca de once meses, durante los cuales el conde de Albemarle i su succesor el Honorable Guillermo Keppel procuraron en vano captarse la estimacion de los naturales del pais con la afabilidad de su trato, el desinteres i templanza de su gobierno i la mas ríjida severidad en la diciplina del ejército.
"Los ingleses, dice el Sr. Pezuela,[177] no alteraron el réjimen gubernativo del pueblo, ni cambiaron su municipalidad, ni destituyeron a los mas de los empleados civiles. Por el contrario, Albemarle, desde que tomó posesion de la plaza, nombró por su teniente gobernador civil al rejidor Dn. Sebastian Peñalver, abogado de luces; por suplente de éste al alférez real Dn. Gonzalo Oquendo, i por juez civil ordinario de la Habana a Dn. Pedro Calvo de la Puerta, alguacil mayor, propietario honrado i de buen nombre. Estos tres municipales, a fuerza de cordura, de desinteres i de imparcialidad, hicieron ménos pesado el yugo estranjero. Albemarle i Keppel dieron mas de una prueba de su horror al coecho i artificios del foro. Entre otros testimonios lo acreditó esencialmente un público edicto[178] en que se prohibia hacer dádivas ni regalias de ninguna especie al gobernador principal ni demas autoridades inferiores, considerando tan servil costumbre como un medio de corrupcion. A pesar de tan justos procederes, no se calmaba la aversion profunda que al ingles marcaban todas las clases: la mayor parte de las familias a quienes su profesion i fortuna permitian ausentarse, fijaron su residencia en sus haciendas. Los guajiros i vendedores de artículos de diario consumo se retraian de acudir al mercado, i muchas veces las tropas invasoras hubieron de racionarse con subsistencias enviadas de Charleston i de Jamaica."
A pesar de la humanidad i cordura que en jeneral sirvieron de base al gobierno conquistador, las esacciones que tuvieron que hacer efectivas por prescripcion del gavinete ingles sobre el vecindario, la mitra, los monasterios i parroquias, el celo desplegado por el obispo en favor de los intereses e inmunidades de la iglesia, la lealtad heróica de algunos cubanos de alta posicion que reusaron presentarse a reconocer la autoridad de Jorje III., i la irritacion del pueblo contra el ejército ingles, obligaron al conde de Albemarle i su succesor a adoptar algunas veces medidas rigurosas i violentas. El venerable obispo fué desterrado a la Florida en el mes de noviembre i permaneció allí hasta mayo de 1763 que se le permitió regresar a la Habana; varios hacendados fueron procesados i perseguidos, i debieron el sobreseimiento de sus causas i la conservacion de sus bienes al influjo del habanero Dn. Lorenzo Montalvo, de quien hacia grande aprecio el conde; i hubo algunos individuos que subieron al patíbulo por haber muerto en el campo a muchos soldados ingleses.[179] Fuera de estos casos particulares, que ciertamente la mayor parte de ellos honra a los naturales del pais, si se atiende al noble espíritu de amor al soberano español i a la independencia nacional que los inspiraba, la conducta de las autoridades inglesas fué en su sistema jeneral conforme al carácter conciliador, humano i liberal de aquella nacion i a las ideas avanzadas de gobierno que resplandecen en la constitucion británica i que estaban ya entónces establecidas en sus nacientes colonias del Norte de América.
El jeneral Sir Guillermo Keppel hizo embarcar sus tropas la tarde del mismo dia 6 a bordo de los buques ingleses, i el 7 dejó una ciudad[180] que habia gobernado con las dificultades i sinsabores propios de una dominacion precaria i violenta, llevando pruebas inequívocas del amor i lealtad de los habitantes de la Habana a su patria i a su rei en los trasportes de gozo con que vieron restablecido el gobierno del Sr. Dn. Carlos III. en toda la Isla de Cuba.
FIN.