Jornales Perdidos.
1 Por la institución y servicio de cofradías 160,734.
2 Por la asistencia, y servidumbre de la sacristía 74,648.
3 Por el servicio personal de conventos 40,334.
4 Por la ración de leña y zacate de los mismos 12,775.
5 Por el ramo de pescadores parroquiales 9,584.
6 Por la conducción de tributos á la capital 1,320.
7 Por las limpias y composturas de caminos públicos 3,380.
8 Por composturas y refacciones de conventos etc. etc. 1,080.
9 Por los empleados de Cabildos y Justicias 77,959.
10 Por el desperdicio que hay en las milpas de Comunidad 17,036.
11 Por el orden de escuelas 9,030.
Total 407,880.

En esta suma, tan espantosa como infalible, no se incluyen los ciento sesenta mil setecientos treinta y cuatro jornales de las indias de cofradía de que habla el Estado número 1.o, ni los trece mil quinientos cinco de las molenderas, especificadas en otro estado, cuyas dos cantidades componen la de ciento setenta y cuatro mil doscientos treinta jornales de mujer, que aunque no se reputen más que á medio real de valor cada uno, forman la suma de diez mil ochocientos ochenta y nueve pesos, siete y medio reales anuales, que equivale talvez á la que podían necesitar las mismas indias para vestirse todo el año.

La pérdida de los cuatrocientos siete mil ochocientos ochenta jornales de los indios á razón de real y medio cada uno, valen en numerario setenta y seis mil cuatrocientos setenta y siete pesos, cuya cantidad produce menos ventajas que si se echasen al río año con año. Con dichos cuatrocientos siete mil, ochocientos ocho jornales que se pierden tan míseramente, había para cultivar casi doble número de cacaotales de los que hay en la provincia.

Si se pregunta, porqué los cacaotales se han perdido y enmontado? porqué se han esterilizado los que parecen limpios? porqué se han abandonado la siembra y beneficio del jiquilite, y de la grana, que antes se cultivaban en estos pueblos? Por qué en ellos no hay ya cosechas ni cuidado del ramo de vainillas, en otro tiempo tan pujante? ¿porqué no hay haciendas ni milpas, ni algodonares correspondientes á la extensión y feracidad de su terreno? ¿porqué se han ido arruinando las poblaciones, los caminos, las iglesias, y lo demás que se divisa de estos objetos, el número de indios, el comercio, la piedad y la moral popular? A todo se debe responder: porque se hace perder á los indios más de medio millón de jornales al año. Si se reproduce: ¿porqué los jueces de provincia no remedian este espantoso y necio desperdicio? Se responde: no lo hacen, porque algunos no saben, porque otros no se atreven, porque otros no quieren, y porque no pueden.

Y si se insta de nuevo: ¿porqué los jefes supremos no ponen este remedio, ya que en ellos no concurren las faltas insinuadas de poder, de voluntad, de valor y sabiduría? También se responde: no lo remedian, porque ignoran el verdadero origen del mal: lo buscan en los objetos de mayor magnitud, en los hechos de bulto, en las combinaciones más generales de la legislación: á estos puntos dirigen sus providencias, y todas caen en vago porque el mal no reside en ellos.

Los subalternos que informan y proyectan, contribuyen por su parte á perpetuar este descamino, por adulación, por orgullo, y por ignorancia. Se avergüenzan de contraerse á cosas pequeñas, de seguir el hilo y últimos resultados de una friolera, de calcular sobre partes mínimas, de dar el debido valor á las cosas obscuras: quieren informar en cosas grandes, proyectarlas lo mismo: así todos pierden el tiempo y los medios, pues el bien ó el mal de una provincia consiste elementalmente en la agregación de una infinidad de poquedades.

Es bien público y notorio que en estas cuatro provincias de la costa, á saber: Soconusco, Suchitepéquez, Escuintla y Sonsonate, el fruto del cacao se ha ido perdiendo progresiva y sensiblemente. Todavía existen monumentos de cuando los barcos del Perú y Panamá frecuentaban el puerto de Sonsonate, y extraían anualmente los diez y los doce mil zurrones. Como cuatro á cinco mil salían por tierra, en atajos para Oaxaca y otras partes de América y Europa, y otros tantos salían, en cabezas de indios, para el resto de este reino, y toda esta extracción en el día se halla reducida á cero.

El número de pueblos y vecinos ha decaído igualmente. Ahora setenta y seis años, por no hablar de más atras, tenía esta provincia de San Antonio treinta y tres pueblos, los veinte de ellos muy pujantes: ahora sólo tiene diez y seis, cinco de ellos regulares, y cinco pequeños y los seis restantes son puras ruinas.

Y supuesto que las leyes, el rey nuestro Señor, y la Real Audiencia, á nombre de S. M., mandan y ordenan en favor de los indios y de la agricultura cuanto se expresa en el rescripto, que se copia al fin de este cuaderno, se debe guardar y cumplir lo siguiente:

1o que no haya más cofradías que las que están fundadas con Real licencia, y aprobadas sus ordenanzas y estatutos por el Real y Supremo Consejo de las Indias.

2o Que no se repartan indios de servicio en los conventos, ni en las Casas Reales, ni indias molenderas, ni zacateros, ni leñateros, ni chajales, ni pescadores ni otro alguno, por ser esto contrario á la razón y justicia, pues S. M. los da por libres de cualquiera obligación que tengan, y en caso de servirse de los indios sea pagándoles su trabajo y ocupación sin apremiarles.

3o Que los indios tengan la misma libertad individual que los ladinos esto es lo que manda el Rescripto referido. Que tengan los indios las mismas pensiones que los ladinos en el Arancel de derechos parroquiales, esto es lo que se propone. La razón del Estado y la Justicia distributiva se interesan directamente en la primera parte. En la segunda se interesan también, con bastante fuerza, aunque de un modo menos inmediato y directo.

A esto se alegará que no tendrán los indios con que sufragar estos derechos. ¿Y cómo tienen para sufragar los exorbitantes desperdicios de una cofradía? Una molendera desnuda halla ochenta y un pesos para entrar de chajala, á pesar de que no puede trabajar á derechas en todo el año. Un indio atado á una precisa y absoluta necesidad, busca y encuentra los ciento y los doscientos pesos para servir una mayordamía; y no hallarán estando libres y trabajando, los diez ó los doce pesos que pueden caberles anualmente en este sistema, por el entierro de un hijo ó por el casamiento de una hija!

También se alegará que quitando las cofradías, servicios conventuales etc., ya los indios no irán á las iglesias. Para este caso, si llegase á suceder, sirven mucho las persuasiones del púlpito, y si esto no alcanza al remedio, seguramente lo conseguirán las providencias del Juez real. En diferentes provincias del Perú se pasa lista de los indios en la puerta de la iglesia cada día festivo, como se practica aquí con los indiezuelos de doctrinas. Parece no habría inconveniente en adoptar este mismo recurso.

A veces profieren algunos curas que los indios se sublevarían si se les quitan sus cofradías y costumbres; pero los que esto dicen dan á entender, que ellos mismos serán los sublevados, á más de que no se pretende que radicalmente se extingan las cofradías, sino el excesivo número de ellas, y el exorbitante de los individuos que las componen con perjuicio de sus intereses y del de la agricultura, y por las demás pésimas consecuencias que ya se han tocado. En fin, las leyes y el Soberano son quienes prohiben absolutamente el servicio personal y gratuito de los indios, sus cofradías no aprobadas, sus raciones parroquiales, sus pescadores, sus zacateros y sus leñateros.

Jueces de Provincias

Por lo que respecta á los Jueces de provincias, como que deben ser los agentes principales de la felicidad, y de los progresos de la Agricultura en ellas, haremos las reflexiones siguientes.

Hay alcaldes mayores, que apenas tienen de sueldo trescientos pesos al año; otros quinientos, y el que más mil doscientos. Con semejantes dotaciones, claro está que no pueden vivir con todo el desinterés, la imparcialidad, el honor y energía, que constituyen y deben acompañar su carácter.

Si para compensar la falta de sueldo, echa mano el juez, y esto es lo común, del comercio, de la estafa, y otros infinitos arbitrios bajos é indecorosos, disfrazándolos con cualquiera nombre honesto, como delincuente que se juzga en ellos, no se atreve á corregir á sus súbditos, ni menos á castigarlos, y éstos por su lado lo hacen temblar con el amago de descubrir sus transgresiones; de manera que por uno y otro motivo, se reduce el mando á cero en la realidad, y en lo exterior á formalidades de papel sellado, adecuadas sólo para deslumbrar, y entretener las sindicaciones de la Superioridad.

Si el juez es justo en todos sentidos, es imposible subsista con la decencia correspondiente, ceñido sólo á su sueldo, y en este estado de indigencia, el respeto y temor que necesita se le tenga para hacerse obedecer, según lo requiere el cargo, son muy débiles cuando no enteramente nulos. Mi juez, dice el intrigante acaudalado, no tiene dinero para sostenerse en el caso que le sea necesario, pues no ha cuidado, sino quiere aprobar mi inicua conducta, y he aquí que por este otro extremo, queda también el mando sin el buen efecto que conviene á la causa pública.

Un juez de provincia en este reino necesita por lo menos de dos mil pesos anuales para poderse mantener con decoro y sin prostituirse á ninguna villanía, y estos sueldos deben salir de las arcas reales, no de aumento de contribuciones, capitaciones, derrames etc., establecidas entre los súbditos, pues aunque sea verdad que del pueblo debe salir el pago de sus magistrados, ha de ser de tal modo que no perciba los muelles y máquinas por donde se haga la extracción.

Respetado un juez, temido, bien quisto en su provincia, y con vigor suficiente en su judicatura, duplicará y triplicará los proventos de alcabalas, tanto por evitar las defraudaciones, cuanto por los aumentos que proporcionará á la agricultura, á la industria y al comercio, y este es el modo de que el pueblo pague los sueldos de su juez, sin que los reciba de sus manos inmediatamente.

Remediado el desorden de los sueldos, es preciso mejorar el estado de las esperanzas del juez, porque si los goces del empleo quedan reducidos al sólo sexenio de su concesión: si un Alcalde mayor vive en el desconsuelo de saber que acabado su mando queda en la calle: si tiene siempre delante de los ojos la perspectiva lúgubre y segura de ir á parar á una vida privada y desnuda, es muy natural tire á asegurarse un pedazo de pan para el tiempo de su desolación, y no robando por necesidades presentes, robará por las que le esperan al fin de su corta carrera.[173]

Para precaver esta vehemente tentación, es muy conveniente viva entendiendo el juez, de que, concluído el término de su judicatura, residenciado y declarado justo y exacto en el desempeño de ella, se le conferirá el mando de otra alcaldía ú otro empleo correspondiente, á que tendrán opción todos los que bien se porten, prefiriendo siempre para las mejores colocaciones á aquel que más visible y palpablemente haya beneficiado la provincia de su cargo en la agricultura, industria y costumbres populares; y que si de la residencia resulta lo contrario, se le declarará incapaz de obtener en lo sucesivo empleo alguno público, y se le impondrá además la pena pecuniaria, y aun corporal, á que haya dado causa su mala conducta, y el abuso de la confianza del mando.[174]

Sentado este principio, ningún alcalde mayor, ni otro empleado público, deberán dar al rey más fiador por las resultas del ejercicio de la judicatura ó administración que S. M. les confíe, que su honor, aptitud y mérito personal, quitando por este medio el perjudicialísimo gravamen que sufre el público y en especial el comercio, fiándolos para el empleo.

Desde luego se presentan desconocidos en la capital, con algunas cartas de recomendación para comerciantes, que se ven por ellas en la peligrosa precisión de fiarlos para que se les dé la posesión, acaeciendo algunas veces, que estas fianzas dan al través con el buen comerciante, que se franqueó á otorgarlas, en cuyo desgraciado caso, queda arruinada su familia, perdiendo el Estado al mismo tiempo un vasallo que le acudía con sus contribuciones, y era contado en el número de los que lo constituyen nervioso y pujante.

Es constante, por una práctica infalible, que en tales ocasiones, la Real Hacienda ó sus Ministros, proceden con el mayor rigor al cobro de los descubiertos que le sobrevienen; y es muy cierto igualmente, que un comerciante, aunque tenga fondos competentes, y créditos bien establacidos para su giro, en ciertas y críticas circunstancias en que suele verse, basta para arruinarlo que se le apremie á un pago perentorio con amenazas de ejecución; y esto es lo que practica la Real Hacienda so el colorido de sus temibles privilegios, y cantinela de que el rey ha de cobrar á pesar de inconvenientes.

Suprímase, pues, el sistema de tener que dar fiadores los jueces por sus resultas, y en vez del público inocente paguen ellos hasta con su pellejo si delinquen, ó sean premiados correspondientemente si cumplen con sus cargos como deben.

En la suposición también de que un Juez de provincia debe ser respecto de sus súbditos, especialmente si son indios, lo que es un padre relativamente á sus hijos, ha de procurar por todos los medios posibles hacerlos felices, laboriosos, morigerados, y en suma hacerles conocer y palpar sus verdaderos intereses. Para ello es sobre todo esencial, el abstenerse de aquella detestable voz preséntate por escrito, cuyo fallo trae consigo el lucro del juez, y la ruina del quejoso y del común, puesto que de ella nacen, se fomentan y eternizan los pleitos entre los súbditos, sólo por el ruinísimo miramiento de coger costas y derechos procesales, en asuntos que el mismo juez puede componer y conciliar paternalmente, sin gastos ni estrépito judicial, en bien de los interesados, de la provincia, y satisfacción suya.

Ilustración adicional.

Dividíase el reino de Guatemala en 15 provincias, á saber: 5 en la costa del mar del S.—5 en la costa del mar del N.

Habitantes.
Chiapa 99,001
Suchitepéquez 15,000
Escuintla 24,978
Sonsonate 24,684
San Salvador 137,270
300,933
Habitantes.
Verapaz 54,138
Chiquimula 52,423
Honduras 93,501
Nicaragua 68,930
Costa Rica 30,000
298,992

5 Intermedias

Habitantes.
Totonicapam 58,450
Quezaltenango 34,000
Sololá 27,953
Chimaltenango 40,082
Sacatepéquez 72,786
233,271

Resumen:

Provincias. Habitantes.
En las de la Costa del Sur 300,933
En las del Norte 298,992
En las intermedias 233,271
Total de habitantes 833,196

Comprenden dichas quince provincias, 4 Intendencias, 39 Subdelegaciones, 4 Comandancias ó Gobiernos políticos y militares, 3 Corregimientos y 7 Alcaldías Mayores.

Hay en ellas

Curatos. Pueblos.
En el arzobispado 125 436
En el obispado de Nicaragua 46 107
En el de Honduras 33 123
En el de Chiapa 40 108
244 774

No se incluyen las plazas militares de Omoa, Trujillo, Petén, Golfo Dulce y San Carlos, donde hay Capellanes Reales, ni las nuevas reducciones de ladinos é indios agregados á Curatos antiguos.

Los indios tributarios por la matrícula de 803, son 111,335.

El tributo que pagan anualmente es de dos pesos. En algunas partes diez y doce reales. Los negros y mulatos libres, no son tributarios en este reino.

La renta de alcabalas se regula en ciento ochenta mil pesos al año común. Cedió el rey todos sus productos en el decenio de 775 á 784 para la traslación de la capital arruinada por los terremotos de 1773, é importaron un millón, setecientos cuarenta y siete mil cuatrocientos cuarenta y dos pesos y tres cuartillos reales. La cesión fué de la cuarta parte de estos productos para los edificios reales, y las otras tres cuartas partes para las comunidades, iglesias y auxilios de particulares.

Los derechos del comercio recíproco del Callao, Guayaquil y Acapulco, con los puertos menores de Realejo y Sonsonate, en el quinquenio de 795 á 99, importaron cincuenta y un mil seiscientos noventa y dos pesos, seis y medio reales.

La renta del tabaco en el quinquenio de 799 á 803 rindió de utilidad líquida novecientos cuarenta y nueve mil setecientos cincuenta y siete pesos, tres cuartillos reales, que corresponde por año común ciento ochenta y nueve mil novecientos cincuenta y un pesos.

El ramo de ventas y composiciones de tierras realengas en el decenio de 793 á 802, produjo la corta cantidad de veinte mil setecientos diez pesos, tres y medio reales.

El medio por ciento del derecho del Real Consulado desde Mayo de 1794 en que se estableció, hasta fin de 803, importó $ 91,820.5½
De Enero de 804 á Diciembre de 810 " 91,395.  -5/8
Inversión $ 183,215.6
En puentes, caminos y puertos " 51,009.6
Costas erogadas en las Oficinas de la Real Audiencia y Superior Gobierno por los negocios que ha promovido en beneficio público " 11,629.2¾

El resto se ha invertido en sueldos de los empleados, incluso el agente de negocios en la corte, asignaciones y suscriptores á periódicos, de orden de S. M., arrendamientos, muebles y utensilios de la casa consular, y gastos de sus oficinas; portes y franqueo de cuentas, cartas, etc., iluminaciones en las solemnidades de tabla. Festividad anual de la santísima Patrona; y en las públicas demostraciones de júbilo en la Augusta Proclamación de nuestro amado Monarca don Fernando VII, que Dios guarde, etc., etc., etc.

En el quinqueneo de 798 á 802, se exportaron para Cádiz por el Golfo Dulce de Honduras en buques de registro.

Tercios ó zurrones de á 214 libras de añil 22,241.
Botijas de bálsamo 1,347.
Arrobas de zarzaparrilla 1,386.
Cajones de cigarros de tusa 391.
Docenas de mechas de papelillo 1,139.
Tercios de caoba 18.
Plata acuñada.—Pesos 532,158. 4
 id.  en pasta 1,636.

Datos que se han tenido presentes para el cálculo más aproximado de la población del reino y división de clases.

Por el censo que se formó en 1778, á virtud de Real orden, resultaron:

Habitantes 797,214
Por la enumeración de las provincias respectivamente, según queda demostrado 833,196

Por padrones posteriores de las cuatro diócesis

Por el de Guatemala, remitido en 1805 á S. M. por el Ilmo. señor Arzobispo Peñalver,

a saber:

Sacerdotes seculares y regulares 453
Religiosos 164
Blancos, pardos y negros de todos estados, sexos y edades 225,661
Indios de todos estados, sexos y edades 411,561
637,439
Por el de la de Honduras: todas clases 93,501
Por el de la de Chiapa: todas clases 99,001
Por el de la de León: todas clases 131,932
961,873

Haciéndola ascender á un millón, y calculado por la Diócesis de Guatemala en cuanto á la división de clases, resulta que el cálculo más aproximado de éstas es el establecido en la pág. 10.

Junta ordinaria, número 735, de 20 de Octubre de 1810.—Párrafo 4........ Y que en cuanto á la Agricultura y Comercio en toda su extensión se forme por N.... la instrucción conveniente del sistema general que, con presencia de las circunstancias del país, sus climas, habitantes y producciones, convenga adoptar en beneficio de una y otra profesión, etc.

En junta número 749, de 29 de Marzo de 1811.

Presentó el individuo del Cuerpo comisionado, el cuaderno concerniente á la comisión, y habiéndose leído y discutido algunos puntos, se aprobó; firmando el acta los señores Prior y Cónsules, y Secretario[175]."


TERCERA PARTE

Los indios después de la independencia de Guatemala. Estado social de esa raza. Medios de acrecentar su civilización


CAPITULO PRIMERO

Los indios, después de la Independencia de Guatemala del Gobierno de España

SUMARIO

La independencia de la América española fué resultado de la lucha entre criollos y peninsulares.—Causas que la prepararon y la produjeron.—Gérmenes de anarquía que las nuevas nacionalidades llevaron en su seno.—Ingratitudes para con los próceres de la revolución.—Estado y condición de los indios durante la guerra de independencia y después de ella.—En las 420,000 leguas cuadradas de territorio que España tenía en sus colonias americanas, había á principios del siglo actual catorce millones de súbditos, que mandaban unos nueve millones de renta anual á la metrópoli.—Quedaron unos ocho millones de indios salvados del naufragio de su raza.—Varias formas de gobierno que la América Central ha ido teniendo al través de los siglos.—Al proclamarse la independencia de este país se declaró iguales á todos los nacidos en su suelo.—Noticia geográfica de Centro-América, escrita por don José C. del Valle, en el año 1830.—La población era de unos seiscientos mil individuos, de los cuales las dos terceras partes eran indios.—Observaciones económicas hechas el año 1823, sobre disminución de la raza indígena.—Cómo estaba el Estado de Guatemala, durante la federación de Centro-América.—Departamentos y pueblos que comprendía.—Aumento posterior de población.—De la independencia para acá, ha triplicado la población.—Falta de brazos para la agricultura.—Opinión del Dr. don Mariano Ospina.—Hace falta una buena legislación agrícola.


El más grandioso y trascendental de los acontecimientos verificados en este siglo, en el Continente americano, es la independencia de las colonias españolas, que á la verdad no fué fruto de reacción de los vencidos contra los vencedores, sino ineludible y lógico final de la tremenda lucha entre dos porciones de la raza conquistadora; entre los miembros de la misma familia, criollos unos y peninsulares otros. Los dueños primitivos de estas bellísimas comarcas no se alzaron en armas, clamando libertad del rey de España. El glorioso estandarte de la rebelión no fué tremolado ni por aztecas, ni por cakchiqueles, ni por muiscas, ni por quichuas, ni por araucanos. Los aborígenes eran espectadores, ó á las veces instrumentos de los españoles nacidos en americano suelo, que desde Chile hasta Méjico, lucharon heroicamente por la emancipación de las colonias, á las órdenes de Bolívar, San Martín, Sucre, Páez, Hidalgo y Morelos, quienes no pudieron invocar los manes de Atahualpa, Caupolicán, Lautaro y Guautimoc, pues al fin corría por las venas de aquellos próceres la misma sangre que diera vida, tres siglos atrás, á Hernán Cortés, Pizarro, Valdivia y Alvarado.

Sea que, desde los albores de la conquista, dejasen los esforzados capitanes el germen de la independencia, al sembrar recelos y odios; sea que el sistema colonial, con sus acerbas injusticias y lamentables errores, hubiese de emancipar al cabo á la América hispana; sea que las teorías de los enciclopedistas difundieran sus efluvios en esta tierra virgen; sea que la independencia de las colonias británicas estimulase el patriotismo de las colonias españolas; sea que la Revolución francesa tuviera resonancia al través de los mares; sea que la invasión napoleónica en España, y el advenimiento de una nueva dinastía, debilitasen el poder peninsular; ello es lo cierto que todo hubo de contribuir, por los misteriosos senderos de la historia, al aparecimiento de una pléyade de repúblicas, que al nacer á la vida, vinieron como los seres humanos vienen, con dolores y con lágrimas; porque la revolución contenía en su seno el pestilente cancro de un militarismo turbulento y antojadizo, poco avenible con las tendencias democráticas de entonces, menos prácticas y científicas que vagas y fantásticas. El camino quedaba erizado de espinas, y la planta del ángel tutelar de las naciones se teñiría en sangre, para percibirse al fin serenos horizontes iluminados por los divinos fulgores de la libertad.

Los héroes mismos de la Independencia, que no fueron víctimas de su gloriosa empresa, bajaron al sepulcro sin recibir más que ingratitud por sus bélicos esfuerzos. El vencedor de Junín, después de escapar providencialmente, el 25 de Septiembre de 1828, de que lo asesinaran en Bogotá, muere de dolor, calumniado y perseguido, en miserable albergue; el inmaculado Sucre, el Gran Mariscal de Ayacucho, cae en Barruecos, al golpe infame de traidoras balas, que frente á frente no pudieron jamás herirlo; San Martín expira en extranjero suelo, olvidadas de los suyos las glorias de Chacabuco y Maipo; Monteaguado paga con alevosa muerte sus esfuerzos por la autonomía de su patria; y Portales, el regenerador de Chile, sucumbe al golpe bárbaro del más favorito de sus amigos.

Entretanto, los descendientes de los primitivos pobladores del Nuevo Mundo, permanecían en el mismo estado de abandono y embrutecimiento en que habían vivido, participando de las consecuencias funestas del desorden consiguiente á las heroicas luchas por la independencia y sin disfrutar ni de las ventajas de los triunfos bélicos, ni de las glorias militares, ni de los frutos que produjo la emancipación política. La América, que se sintió exánime bajo las espadas de Pizarro, Cortés, Valdivia y Alvarado; que fué teatro del poderío de muchos virreyes; que se vió explotada por los aventureros que venían á llevarse la plata y el oro de sus entrañas; durmió, durante tres centurias, un sueño terrible, del cual debía despertar, á los principios del presente siglo, entre convulsiones, delirios y esperanzas. Pasó el poderío español en América, dejando á España pobre y abatida, después que, á costa de su grandeza anterior y merced á funestos errores y á las circunstancias de los tiempos, implantó un sistema antieconómico y nocivo en sus colonias.[176]

¿Qué bienes ó qué males trajo el descubrimiento de América á España, al resto del mundo y á los naturales de este Continente? Cuestión es esa muy compleja, que sólo por lo que á los indios se refiere puede tratarse en la presente obra. Ya se ha visto cual fué la suerte que corrieron mientras duró la dominación española, y puede bien afirmarse que no siguió siendo menos precaria, atentatoria y esclavizadora con posterioridad á la independencia. En aquellos vastos dominios que pertenecieron á Su Majestad, en aquellas 420,000 leguas cuadradas de superficie, había 14 millones de súbditos, según el censo de principios del siglo, los cuales mandaban unos nueve millones de pesos como renta anual á la metrópoli. Serían ocho millones de indígenas los que, salvados del naufragio de su raza, permanecían abyectos y en la misma situación en que habían vivido.

La América Central, al través de los siglos, ha venido asumiendo varias formas de gobierno. Monarquía de reyes indígenas; provincia sometida al rey de España; república unitaria gobernada por un capitán general, de acuerdo con una junta consultiva; provincia sujeta al emperador de Méjico; república central regida por un poder ejecutivo compuesto de tres individuos; república federal dirigida por un presidente y cinco jefes de Estado; cinco repúblicas microscópicas, convertidas á las veces en monarquía vitalicia, en autocracia tiránica ó en burocracia y personalismo. Y los indios de la América Central, han sufrido con esos vaivenes y altibajos constitucionales, siendo siempre instrumentos de la ambición ó de la tiranía.

Proclamada independiente Guatemala de España, la República declaró iguales á todos los que hubieran nacido en nuestro suelo, y los indios fueron así elevados á ciudadanos, con voto activo y pasivo en las elecciones populares; pero, como era natural, dada su ignorancia y abyección, ni los indios comprendían sus derechos políticos, ni les importaba gozar de ellos; y por esto es que más bien han sido un elemento de perturbación en los países hispano-americanos, pues á las veces, y en nombre suyo, se han cometido ultrajes contra la sociedad.

Allá cuando Guatemala era uno de los Estados de la Federación, el sabio don José C. del Valle escribió una noticia geográfica muy interesante acerca de este país, y calculó que era la población de unos seiscientos mil individuos, en una área de siete mil leguas cuadradas. "Se considera, dice, que los dos tercios de la población del Estado son indígenas; y las lenguas que hablan se llaman cakchiquel, mejicana, nahuate, pocomán, aguilac, populuca, subtujil, proconchí, man, quiché, sinca y caichí. Cada una de ellas es un obstáculo opuesto á la civilización de los indios.[177]

En las "Observaciones rústicas, sobre Economía Política," publicadas en Guatemala el año 1823, por F. G. P., se dice: "La población indiana ha rebajado notablemente del tiempo colonial á esta parte. Pinula no es lo que era, cuando fué un señorío independiente, lo mismo que Petapa, los cuales en unión de los Jalpataguas resistieron á Alvarado en su regreso de Honduras. Guazacapan, Taxisco, Escuintla, tampoco son ahora lo que fueron en esta sublevación en que pusieron en tanto aprieto al ejército pacificador. Quezaltenango fué una población de trescientos mil habitantes, y hoy no excede de quince mil, entre ellos cinco mil naturales. La población de Totonicapán, que opuso á los españoles noventa mil guerreros, no tiene hoy nueve mil naturales. Tampoco parecen lo que fueron Tecpán Guatemala y Mixco, sacados de su antiguo territorio. Iquibalam, rey del Quiché, anteriormente había salido con doscientos mil combatientes contra Rumal Ahus, rey Zutujil, que le opuso setenta mil; y en el día ambos reinos apenas componen los corregimientos de Sololá y Totonicapán."[178]

Para formarse una idea exacta de cómo se hallaba Guatemala, cuando era Estado de la Federación, conviene advertir que estaba dividido en siete departamentos, á saber: Guatemala, Chiquimula, Verapaz, Quezaltenango, Totonicapán, Sacatepéquez y Sololá.

El de Guatemala comprendía:
Habitantes
la ciudad del mismo nombre, que tenía 30,775
el pueblo de Jocotenango 1,316
la villa de Guadalupe 288
el pueblo de Ciudad Vieja 328
el de San Pedro 210
el de Mixco 4,820
el de Chinautla 2,791
el de Palencia 2,243
42,951
El de Amatitlán comprendía:
el pueblo de San Juan Amatitlán 2,864
el de San Cristóbal Amatitlán 3,000
la villa de San Miguel Petapa 1,895
la de la Concepción ó Villa Nueva 1,705
el pueblo de Santa Inés Petapa 113
el de Santa Catarina Pinula 5,500
15,087
El de Escuintla comprendía:
la villa de la Concepción Escuintla 2,660
el pueblo de San Pedro Mártir 382
el de Chagüite 112
el de Masagua 189
el de Guanagazapa 550
el de San Juan Mixtán 175
4,068
El de Mixtán comprendía:
el pueblo de Don García 1,219
el de Tescuaco 118
la villa de la Gomera 252
el pueblo de Chipilapa 136
el de Siquinalá 42
el de Santa Ana Mixtán 120
el de Cotzumalguapa 600
2,487
El de Guazacapán comprendía:
el pueblo del mismo nombre 2,562
el de Tepeaco 63
el de Tacuilula 99
el de Taxisco 1,446
la villa de Chiquimulilla 3,284
7,454
El de Jalpatagua comprendía:
el pueblo del mismo nombre 1,234
el de Sinacantán 228
el de Ixguatán 318
el de Nancinta 101
el de Ninistepeque 88
el de Pasaco 226
el de Tecuaco 419
2,614
El de Cuajiniquilapa comprendía:
el pueblo del mismo nombre 2,041
el de Santa Rosa 1,720
el de las Casillas 600
el de Mataquescuintla 554
el de Jumaitepeque 1,448
el de Los Esclavos 483
el de Azacualpa 1,394
el de Conguaco 2,382
el de Comapa 519
el de Moyuta 1,001
el de Asulco 326
12,468

Después que Guatemala se declaró república independiente, rota la federación de Centro-América, merced á la tranquilidad que prevaleció y á la acción benéfica del tiempo, aumentó la población hasta alcanzar un millón de habitantes; y calculándose siempre que las dos terceras partes eran de indios, como puede verse en la Geografía de don Francisco Gavarrete, que se publicó en el año 1868.

En posteriores tiempos, se impulsó la vitalidad del país, y fué aumentando el número de sus habitantes, hasta alcanzar hoy la cifra de un millón y quinientos diez mil trescientos veinte y seis. Nótase, pues, que de la fecha de la independencia para acá, casi se ha triplicado la población de Guatemala; pero no por eso se ha mejorado la situación de los indios, ni éstos producen todo lo que debieran producir.

Respecto de brazos para la agricultura, se presenta en Guatemala un fenómeno que ya lo hizo notar mi maestro el sabio economista Dr. don Mariano Ospina, en un interesante informe. Siendo muy limitada, decía, la producción industrial comparada con el número de habitantes, la oferta de brazos debía exceder á la demanda, y sin embargo no es así. Aunque la población del país es casi toda agrícola y pobre, los empresarios de agricultura se ven con frecuencia embarazados por falta de jornaleros. Procede esto principalmente de lo muy limitado de las necesidades de la masa de la población y de la facilidad de procurarse los medios de satisfacerlas, teniendo á discreción tierras fértiles, que con un débil trabajo les da lo necesario para vivir en su parsimonia habitual. De esto ha resultado que no habiendo adquirido la población todavía hábitos serios de trabajo vigoroso y sostenido, es casi improductiva, vegeta en la pobreza y repugna el trabajo. Esa repugnancia induce á los jornaleros á eludir los contratos de trabajo que celebran. Urgidos por alguna necesidad, ó estimulados por el deseo de las bebidas embriagantes, reciben anticipaciones de dinero por cuenta de trabajo, las disipan luego; y siéndoles cosa dura trabajar, prefieren con frecuencia recibir nuevas anticipaciones de otros empresarios, poniéndose en la imposibilidad de cumplir sus compromisos. Los inconvenientes que de esto resultan á la agricultura son generalmente sentidos en toda la República, pero más especialmente en los territorios en que nuevas empresas agrícolas han aumentado la demanda de brazos.

Si hubiera una buena legislación agrícola, que sobre la base de la libertad de las industrias y del trabajo, facilitara á los indios el conseguirlo, y á los patrones el no verse burlados por los que tienen anticipos, se podrían evitar, en mucha parte, los males que resultan del modo vicioso y primitivo, en que se halla tan importante ramo entre nosotros. Pero ya hablaré en el capítulo siguiente de las ventajas de un Código Rural, en Guatemala.

Entretanto, es oportuno apuntar aquí que el término medio anual de aumento de población en Guatemala es de 7,304 ladinos, y 16,506 indios, conforme al último censo de 1892; de modo que, más del doble del crecimiento de los habitantes de la república es de esa raza que urge se proteja y civilice. Es necesario que las leyes agrícolas, á la par que fomenten el desarrollo de la agricultura, tiendan á atraer á los aborígenes al camino de la civilización.


CAPITULO SEGUNDO

Los mandamientos, ó sea la esclavitud de los indios. El trabajo libre. Los principios económicos. Un Código Rural

SUMARIO

La situación económica de un país ha de juzgarse por el mayor bienestar y cultura de las clases trabajadoras.—Los pueblos que tuvieron esclavos, sufrieron al fin grandes convulsiones.—En Guatemala se abolió la esclavitud desde el año 1824; pero hasta el día son peores que siervos los infelices indios, que forman las dos terceras partes de la población de la república.—Los mandamientos.—Abusos que se cometen.—Imposibilidad de remediarlos.—El mal está en la institución, que ataca la libertad individual y la libertad del trabajo.—Los mandamientos se prestan á preferencias odiosas.—Encarecen las subsistencias.—Sólo en maíz producen los indios más de ocho millones de pesos anualmente.—Es vergonzoso que de California envíen á Guatemala maíz, patatas, cebollas, frijoles y otros artículos que aquí se producen fácilmente.—Los males que sufre el país son efecto de los monopolios y los mandamientos.—Error de suponer que pierde la agricultura si se suprimen los mandamientos.—En ninguna parte del mundo subsiste esa odiosa esclavitud.—La distribución económica de la riqueza es un factor del progreso.—Teoría del economista Droz.—Necesidad é importancia de decretar un buen Código Rural, como el que existe en la república Argentina.


La situación económica de un país, ha dicho Mr. John Mill,[179] ha de juzgarse por el mayor bienestar y cultura de las clases trabajadoras; de tal suerte, que las naciones servidas por esclavos, llevan en su seno el germen de su propia destrucción, por más que en el exterior se ostente á las veces lozanía y vida: podrido el corazón, muerta la savia, viene al fin á corromperse todo el cuerpo social, hasta que, arrancado el cancro, renace vigorosa la fuerza de expansión en la colectividad.

Esta verdad se ha confirmado en la historia de los pueblos. Roma, con sus siervos; la Europa feudal, con sus vasallos; la moderna Federación Americana, con sus esclavos; el Brasil, con los suyos; y todos los pueblos que tuvieron semejante institución, han sufrido al fin grandes convulsiones y trastornos.

En Guatemala fué en donde primero se abolió la esclavitud, desde el año 1824,[180] y por ello nos gloriamos y justamente nos envanecemos; pero á la verdad, la esclavitud que se abolió fué la de unos cuantos negros africanos, que no sufrían malos tratamientos de sus amos. La servidumbre de los indios, que forman las dos terceras partes de nuestra población, existe hasta el día, y acaso con circunstancias más perjudiciales que la de los mismos esclavos; porque éstos, á guisa de cosas, siempre los cuida y trata de conservar el patrón, dado que, como los semovientes, tienen valor en el comercio, y constituyen una riqueza permanente; mientras que el indio, de finca en finca, de diversos dueños, va en trabajo nómade agotando su existencia: tiene amos sucesivos y ninguno de ellos se preocupa por su vida, ni por su conservación.

Cualquiera que haya visto cómo, á media noche, ó á otra hora del día, de orden de la autoridad, se arranca á los indios de sus pobres chozas, sin curarse de si tienen enferma á la mujer ó á los hijos; si la milpa, (maizal) que con gran sacrificio han formado, necesita de su trabajo; si van á recorrer larguísimas distancias para ir á trabajar contra su voluntad; en una palabra, cualquiera que, de cerca vea los gravísimos abusos que se cometen para dar lleno á los mandamientos, se conduele y se lamenta de la triste suerte de tan desgraciada raza.

En ciertas heredades de poderosos mandatarios, en vez de pagarles jornal sólo se les daba de comer á los indígenas, que por turno iban á trabajarlas. Esto era peor que los repartimientos que hacían los conquistadores. En todas las fincas hoy no se les da de comer á los indios, que van en virtud de mandamiento, sino que ellos deben llevar sus bastimentos.

Y no se diga que á los jefes políticos se recomienda que no vejen á los indios, y que los repartan con criterio y atiendan las órdenes de mandamientos procurando que no sufran los trabajadores; porque esto era lo mismo que los reyes españoles hicieron en vano durante tres centurias. El mal está en el principio; y es bárbaro y anticonstitucional ese procedimiento de trabajos forzados, en un país en que se blasona de libertades individuales para todos los que lo pueblan.

Sobre ser inmorales y contrarios á la Constitución los mandamientos, se prestan á otro linaje de abusos, puesto que los jefes políticos y los alcaldes proporcionan gente para sus trabajos á aquellos que son los predilectos; á aquellos que destruyen, mediante adulación y bajezas—si no por concusiones vergonzosas—la igualdad ante la ley.

Con ese trabajo forzado, no produce la agricultura todo cuanto debiera producir, y se encarecen las subsistencias y escasean los granos y demás artículos indispensables para la vida; porque los indios son quienes siembran y cultivan y cosechan el maíz, el frijol, las patatas, las arbejas, el arroz, las legumbres y todo lo que abastece los mercados.

Mucho se habla siempre de las grandes plantaciones de café, de ese artículo de exportación, que enriquece á una exigua minoría de agricultores; pero se ve con desdén y hasta inconscientemente se ataca á la gran colectividad productora de la república que, con sólo maíz, crea una riqueza anual de más de ocho millones de pesos!

¡Vergüenza da que, desde California, nos manden ese grano los yankees; junto con patatas, cebollas y otras muchas cosas que aquí produce admirablemente nuestro suelo!

Esa carestía enorme de lo más preciso para la vida, hace al pueblo infeliz y menestroso. El hambre es la causa de muchos males sociales. El pueblo no siempre razona; pero siente, y á veces se impacienta y busca cómo mejorar su condición.

Dos son las calamidades mayores que económicamente canceran al país. Los monopolios y los mandamientos. Los mandamientos son monopolios de trabajadores forzados, en pro de unos y en perjuicio de la generalidad.

No hay quien no reconozca la injusticia de los mandamientos y lo perjudiciales que son para los indios; pero muchas personas, sin dejar de lamentarlos, arguyen que la supresión de ellos sería un mal para la agricultura, fuente de riqueza pública. Los que así piensan están en un error. La agricultura ganaría sin duda, si los mandamientos se suprimieran; porque el trabajo libre es más productivo y da mejores frutos. Esos mismos indios que hoy trabajan forzados, trabajarían libre y espontáneamente, obligando la autoridad á los vagos á que se emplearan en algo útil. Lo único que resultaría, es que las fincas de ciertas personas privilegiadas, que monopolizan á los peones, trayéndolos de lugares lejanos y sin pagarles el salario justo, ya no tendrían ese monopolio que perjudica á los demás agricultores. Lo que se extirparía sería el abuso; porque claro está que, al abolirse los mandamientos, se dictarían disposiciones enérgicas para no permitir la ociosidad, y reprimir la vagancia, procurando por otro lado crear necesidades á los indios.

Yo no sé que en ninguna parte del mundo subsistan los mandamientos, que la añeja legislación española toleró, por no ponerse en pugna con los que de la Península venían á explotar estos países. Los cabildos elevaban al rey exposiciones diciéndole que sin los mandamientos era mejor abandonar las Indias. Hoy algunos agricultores, de esos que convierten en granos de oro el sudor de los forzados indios, gritan que, sin los mandamientos, perece la agricultura. Siempre el egoísmo pretextando el bien general, para cohonestar la servidumbre.

El hecho es que, mientras unos cuantos privilegiados ganan anualmente miles de pesos con sus cosechas de café, el pueblo se lamenta de la carestía del maíz, del pan y de la carne....

La distribución de la riqueza es uno de los factores del progreso. Cuando ésta se estanca en pocas manos, sufre la colectividad. "La dicha del Estado, dice el economista Droz, depende menos de la cantidad de riquezas que posee, que de su oportuno repartimiento. Supongamos dos naciones igualmente pobladas, de las cuales la una tiene dobles riquezas que la otra: como estén mal distribuidas en la primera y bien en la segunda, ésta alcanzará mayor grado de felicidad. Ningún país es tan notable como la Inglaterra bajo el aspecto de la producción: en Francia la distribución es más ventajosa, y concluyo de aquí que hay mayor masa de felicidad en Francia que en Inglaterra.

Para que la distribución sea copiosa, es de apetecer que la producción sea considerable. Mas acaece con frecuencia que una idea extraña sorprende nuestro espíritu y se ingiere, sin notarlo, en nuestras reflexiones en lugar de otra: así, ciegos ante la prosperidad pública, no pensamos más que en ella, y á fin de acrecentarla, nos ocupamos en examinar cómo pueden multiplicarse las riquezas: bien pronto lo olvidamos todo, menos las riquezas: el medio se convierte en fin, y la felicidad es desatendida. La facilidad con la cual se operan estos cambios de ideas es una sentina de errores. Un distinguido escritor de economía política, Ricardo, toma la pluma para ser útil á sus semejantes; pero arrastrado por sus cálculos, con frecuencia parece olvidar á los hombres, y no tomar en cuenta más que los productos. Asienta, v. gr., que en un país ocupado por diez millones de habitantes, bastando el trabajo de cinco millones de entre ellos para alimentarlos y vestirlos á todos, nada ganaría con aumentar su población hasta doce millones, siendo necesario siete de éstos para obtener iguales resultados.[181] Muéstrase, pues, indiferente á que existan dos millones de hombres ó no existan, si el producto fuere el mismo. Al leer las obras de ciertos economistas, no parece que las riquezas sean hechas para los hombres, sino los hombres para las riquezas.

Bien distribuídas, elevan á los habitantes de un país á una posición favorable, para crear otras nuevas. Si al contrario, la distribución es de tal suerte viciosa, que unos no tengan casi nada, y los otros lo tengan casi todo, falta á los primeros el estímulo para alentar la industria, y los segundos carecen de la posibilidad de hacerlo: entonces todo se agosta, se embota la inteligencia, y los hombres no aciertan á procurarse ni placer ni trabajo. Durante el régimen feudal, el fausto de los señores consistía en rodearse de numerosos domésticos, y su pasatiempo favorito era la caza. Para satisfacer estas necesidades, bastaba la renta de sus dominios mal cultivados y la vasta extensión de sus parques. Las artes les merecían desprecio, y los pobres vasallos, ni aun podían excitar sus deseos con variedad de productos. No parece sino que no hay medio alguno de salir de un estado tal de ignorancia y de miseria, si la experiencia no nos revelase qué cambios prodigiosos puede obrar, á la larga, una serie de causas y de efectos, que se hacen causas á su vez y producen efectos siempre más notables. Sucede, andando el tiempo, que algunos vasallos más inteligentes que el resto, presentan en los castillos las primicias de una naciente industria: sus ganancias infunden aliento, y su ejemplo tiene imitadores. Los grandes propietarios vislumbran que pueden existir placeres hasta entonces ignorados. Los que viajan, los que se alejan por causa de las guerras, quedan absortos á la vista de objetos que les agradan y que desearían encontrar también en su país. Sensibles á deseos nuevos, conocen la necesidad de aumentar y de emplear de un modo distinto sus rentas: se interesan por los progresos del cultivo, á fin de doblar el rendimiento de sus posesiones, despiden pajes y sus sueldos se cambian en salarios de artesanos. La industria despierta, la miseria disminuye, la inteligencia se desarrolla, los capitales se forman, y el trabajo cobra un realce nuevo. En estos cambios afortunados la distribución de las riquezas se presenta, ya como efecto, ya como causa; hija de la industria, se convierte en su custodio y su motor.

Conviene admitir una excepción al principio que hace depender en gran parte la producción de las riquezas de su oportuna distribución. Hay parajes en donde están repartidas de la manera más viciosa, y sin embargo, la producción es considerable. Para realizarse este fenómeno son precisas dos circunstancias: la una es que los hombres que lo tienen todo sean inteligentes: la otra que los que nada tienen sean esclavos. Entonces dichos países se parecen á un vasto taller provisto de máquinas vivas, á las cuales seres industriosos dan movimiento. Tales son esas extensas colonias, en donde el europeo condena á los negros á extenuarse por él. No tratemos de probar que el trabajo de los hombres libres cueste menos que el de los esclavos: admito este hecho como dudoso. Acaso, bajo un cielo abrasador, el hombre libre trabajaría menos que el esclavo: acaso la superioridad de su inteligencia no ofrecería una suficiente compensación ¿Qué importa que estas conjeturas sean fundadas ó no? Las cuestiones relativas á la libertad y á la dignidad del hombre, ¿son cuestiones mercantiles? Cuando los partidarios del tráfico de los negros, ó de los mandamientos de los indios, encomian las ganancias de que les son deudores y se imaginan justificarlo así, creo ver á los ladrones reclamando la impunidad, porque prueban que sus crímenes les son lucrativos.

Apresurémonos á observar que una producción abundante no puede ser obtenida por el medio execrable de que acabo de hablar, sino cuando sea el trabajo tan sencillo que los obreros no tengan necesidad de inteligencia. Si se pretende que un país sea fecundo en productos variados, es indispensable poblarle de hombres industriosos y garantirles el goce del fruto de sus afanes. Así la excepción confirma el principio de que: "la buena distribución de las riquezas es un medio eficaz de multiplicarlas."[182]

Si se quiere engrandecer al país, es preciso que no sean los indios, (es decir más de las dos terceras partes de la población) para unos pocos monopolistas; que no sean los indios para la riqueza, sino la riqueza para distribuirse económicamente entre todos, según su trabajo y actividad. A cada uno según su capacidad y según sus obras, como decía el gran economista francés.

En vez de esa Ley de Trabajadores, que es absurda y viciosa, decrétese un Código Rural, un cuerpo filosófico de leyes, como lo hay en la república Argentina y en otras partes, que, calcado sobre la libertad del trabajo, estatuya todo lo relativo á los deberes, derechos y obligaciones que entre los peones y patrones existan; los deberes de estos últimos entre sí, para no arrebatarse al trabajador que ya tiene compromisos; las habilitaciones que se pueden dar, y la manera de hacerlas efectivas;[183] la policía rural, que garantice la agricultura; las prescripciones especiales á los dueños de tierras; las marcas y contra-marcas; los tránsitos con animales; las cercas; el abijeato; las rondas; las servidumbres; los caminos; las armas lícitas y prohibidas; la vagancia; las penas; las prevenciones á las autoridades políticas; las funciones especiales de los Jueces de Agricultura; el trabajo de los indios; las cuestiones de salarios; los trámites fáciles para decidirlas; los juegos de azar; las bebidas embriagantes, etc.[184].

Un buen Código Agrícola promovería de una manera asombrosa la agricultura en Guatemala, ya que no puede dejar de ser fenomenal que tengamos códigos que reglamenten hasta la marina del país (que no existe), y no hayamos pensado en lo que más se necesita: en el conjunto metódico de leyes que reglamente y garantice todo lo relativo á las personas rurales y á la propiedad rural, en un país como el nuestro, esencialmente agrícola.

La estatua que se levantará á Fr. Bartolomé de las Casas, debía llevar ese libro en la mano, con un mote que dijera: ¡Quedan abolidos los mandamientos! ¡Son libres al fin los indios! ¡Se trabaja por su civilización!