De mí el vicario Cupido, de línea celestial por el dios de amor elegido y escogido en todo lo temporal, y muy gran administrador, á todas las tres edades, de cualesquier calidades donde su ley sucedió, salud y gratia, sepades: que ante mí paresció un amador que se llama de remedio despedido, el cual se me querelló de una muy graciosa dama, dice que con su beldad y con gracias muy extrañas le robó la libertad de dentro de sus entrañas, dice que le desclavó la clavada cerradura con que su sexo guardaba, y tambien que le tomó toda junta la cordura, cual fortuna le guiaba, que le mató el sosiego sin volverle ningun ruego ni saber, ni descricion, por la cual causa está ciego, y le arden en muy vivo fuego las telas del corazon. Este dios de aficion, cuyo lugar soy teniente, manda sin dilatacion que despache este acto presente. Capellanes, grandes curas deste palacio real de amor y sus alturas, haced esta denunciacion, porque no aclame cautela, desde agora apercibiendo por tres conominaciones, y porque le sean notorios los sacros derecho y vias, por término perentorio yo le asiño nueve dias, porque es término complido, como antedicho es, ya pronunciado y sabido. Del templo luégo la echeis como miembro desipado de nuestra ley tan bendita. Todos cubiertos de luto con los versos acostumbrados que se cantan al defunto, las campanas repicando y el cura diga muera su ánima en fuerte fragua, como esta lumbre de cera veréis que muere en el agua. Véngale luégo á deshora la tan grande maldicion de Sodoma y de Gomorra y de Datam y Abiron, véngale tal confusion en su dicho cuerpo, y si no en su cuerpo en conclusion como á nadie le vino, maldito lo que comiere, pan y vino y agua y sal, maldito quien se lo diere nunca la fallesca mal, y la tierra que pisáre y la cama en que durmiere, y quien luégo no lo dixere que la misma pena pene. Sus cabellos tan lucidos, ante quien el oro es feo, tornen negros y encogidos, que parezcan de guineo, y sus cejas delicadas con la resplandeciente frente, se tornen tan espantables como de un fiero serpiente, y sus ojos matadores, con que robó mis entrañas, hínchanse de aradores, que le pelen las pestañas, y su nariz delicada, con que todo el gesto arrea, se torne grande y quebrada, como de negra muy fea; y su boca tan donosa, con labrios de un coral se le torne espumosa como de gota coral; y sus dientes tan menudos y encías de un carmesí se tornen grandes y agudos, parezcan de jabalí; su garganta y su manera, talle, color y blancura se tornen de tan mal aire, como toda su figura; y sus pechos tan apuestos, testigos de cuanto digo, tornen secos y deshechos, con tetas hasta el ombligo; y sus brazos delicados, cobdiciosos de abrazar, se le tornen consumidos, no hallen de qué tomar, y lo demas y su natura (por más honesto hablar) se torne de tal figura, que dello no pueda gozar: dénle demas la cuerda que ligue su corazon. Dada mes y año del dia de vuestra querella.